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martes, 2 de noviembre de 2010

Guerra del Chaco: Una anécdota de la Guerra...

Anecdotario de la Guerra del Chaco
Singular empleo de una ametralladora pesada Colt como si fuese una liviana! 
Por Rafael Mariotti

El siguiente en un relato entresacado del libro LISTO VALOIS (1982) del Cnel. (S.R.) Estéban López Martínez, que actuó durante toda la guerra en el Regimiento de Caballería Nro 1 "Valois Rivarola" con el grado de teniente y comandando un escuadrón del mismo regimiento. 

Este libro consiste en relatos de este participante de primera mano de los combates, encuadrado en el célebre regimiento de elite, que tras un desafortunado comienzo con su derrota en Platanillos (diciembre de 1932), fué convertido en una de las unidades más aguerridas del EP gracias a comandantes como el mayor Alfredo Ramos y Damaso Sosa Valdez. Llegaron a ser conocidos por el enemigo como los "diablos verdes" y siempre se los llamaba allí donde hubisen que hacer rupturas complejas. Su característica principal era su gran movilidad. 
Aquí va el relato: 

Envolvimiento enemigo en el Km 148 (Campo Herraje) 

“Supimos en esos días, en reunión de oficiales, que Comanchazo tenía intenciones de atacar Ballivián y Cañada El Carmen. La materialización de tal proyecto resultaba difícil y compleja. Como habíamos dicho, el ejército boliviano, reforzado y descansado, había comprimido su frente y había organizado una sólida posición defensiva alrededor de los fortines arriba mencionados. 

En ese momento la desigualdad de fuerzas efectivas entre ambos contendores era de 35.000 bolivianos contra 21.000 paraguayos. Empero, esta marcada desproporción de fuerzas no parecía preocuparle mucho al Gral. Estigarribia, insigne cultor del principio de la “economía de fuerzas”, y maestro consumado en el arte de ser el más fuerte en el momento oportuno y en el lugar deseado. 

El II C.E. al mando del Cnel. Rafael Franco, controlaba el eje Camacho-Garrapatal-Picuiba y penetraba hacia el Oeste por el eje Camacho-Florida, es decir, operaba en el flanco este de nuestro dispositivo general. 
El enemigo comenzó a mostrarse extraordinariamente activo. Tanto fue así que picada que hacíamos nosotros era interceptada por picada que hacían ellos. Se entrecruzaban las picadas y contrapicadas, piques y contrapiques, en los cuales se producían choques sorpresivos y violentos. La zona se convirtió en un verdadero dédalo en el cual debíamos ser muy cautos, avisados y rápidos.” 

Esto es mencionado por Zook en su libro, donde dice que luego de la derrota de Strongest, Estigarribia volvió a considerar la penetración hacia el Pilcomayo desde la zona de El Carmen, pero los bolivianos estaban extremadamente atentos, y a cada picada paraguaya le oponían una contra-picada con la que la obstruían, frustrándose los intentos de envolvimiento y avance. Esto hizo intentar a Estigarribia un nuevo esfuerzo para conquistar Ballivián, pero este punto estaba extraordinariamente fortificado. No fue extraño entonces, que el general paraguayo, con su característica flexibilidad, pensase en la incursión por Camacho-Picuiba. 

“Tal como era su costumbre el enemigo hacía un generoso derroche de municiones. Menudeaban los disparos ambulatorios de sus baterías de morteros y cañones, por supuesto, sin ninguna eficacia. Los árboles iban quedándose desnudos de ramas. 

Estuvimos en ese activo tejemaneje hasta el 19 de junio (de 1934), fecha en que elementos de nuestra infantería pasaron a hacerse cargo del sector, no recordando si fue el RI 5 “General Díaz” y el 8 “Piribebuy” o ambas Unidades. Más tranquilos por este cambio de situación, el RC 1 pasó a reagruparse más hacia el Noroeste, sobre una misteriosa picada llamada “Recta H”. En aquel laberinto, la ubicación exacta de esta ruta hasta ahora constituye un problema hasta para los mismos topógrafos y cartógrafos. Habiéndolo recorrido un trecho, paramos a descansar, pues nuestra tropa había trabajado en exceso… 

Y allí se nos armó una podrida de padre y señor nuestro. 

Los muy ladinos nos habían estado esperando!” 

Despuntaba el alba del 20 de junio de 1934, cuando el capitán Dámaso Sosa Valdez, Comandante del RC 1 “Valois Rivarola”, me hizo transmitir una orden verbal por intermedio del Oficial de Ordenes, a quien, por ser de gran talla y gozar de ración triple, le habíamos puesto el remoquete de “Chavetón” (Se trataba del Tte. Manuel Wenceslao Chávez). 




“Lista Valois” –me dijo Chávez al llegar, y a manera de saludo. “Listo” –le contesté- “Je, je, je… Te lo digo, porque ahora sí parece que estamos verdaderamente listos. El enemigo cortó nuestra comunicación a retaguardia esta madrugada, y sigue progresando aceleradamente con la presumible intención de enlazar con tropas amigas por el Norte y completar el envolvimiento. El Comando ordena que Usted agrupe su Escuadrón (en las órdenes no hay tuteo), intercepte la punta de la columna enemiga y trate de contener su progresión”. 

Humm! Mientras encolumnaba mi Subunidad a fin de imprimirle toda su potencia, y ante la necesidad de informarme exactamente sobre lo que estaba ocurriendo, destaqué una patrulla de reconocimiento al mando del tte. César Rojas Duarte. El rápido informe de Rojas no fue nada alentador. Un fuerte Destacamento enemigo, tras cortar a retaguardia nuestra vía de comunicación, seguía progresando a través del bosque a marcha forzada. 

Entonces comenzamos a trotar también nosotros en dirección paralela a la progresión de la columna enemiga, tratando de alcanzar la punta y salirle al paso. 

Vano intento. Ya estaban lejos. 

Ordené, pues, regresar al camino. Paramos a una distancia de 300 metros más o menos y elegimos un sitio. Aquí va a ser la cosa, y Usted, con su pelotón, asaltará el primer escalón –le dije al Sargento 1º José Magín Fernández- y comience de inmediato. 

El pelotón Fernández adoptó la formación adecuada, y debido al apremio, embistió así como así, sin mayor preparación ni conciliábulo. 

Es de hacer notar que aquella instanteneidad se logró quizá recordando la experiencia del Cañadón 13 (durante la batalla de Campo Vía), y también debido al perfecto acuerdo que existía entre oficiales, sargentos, cabos y soldados sobre la falta absoluta de deseo de caer prisioneros, producto de una larga y repetida instrucción teórica… 

Ahí hubimos de comprobar, una vez más, que la decisión y no la duda, unida al coraje y la sorpresa, daban resultados óptimos en el combate de encuentro… 

El pelotón Fernández, apoyado de cerca por el Pelotón del Tte. José Lino Flecha, cortó la columna enemiga, como se corta una víbora de un machetazo. Pero aún así, los “bolos” (bolivianos) seguían presionando con mucho ímpetu, casi en tropel. Los que venían detrás empujaban a los que estaban adelante. Dada aquella presión incontenible, tuvimos que retroceder un tanto. Era un momento difícil de la conducción. Había que mantener la moral, la coordinación y evitar que la tropa se desbandara, presa del pánico. 

Como aquel pique quedó despejado debido a nuestro retroceso, se nos vino encima una verdadera avalancha, tal como si se hubiese abierto la compuerta de una exclusa. Pero el 3er Pelotón del Tte. Toribio Pereira ya estaba aposicionado sobre el centro de gravedad del ataque y pudo acoger al Pelotón Fernández y al Pelotón Flecha sin inconvenientes. Nos favoreció el hecho de que los atacantes no se extendieran hacia los costados y buscaran nuestros flancos. 

Dado que en ese momento ya no contaba sino con el 4to Pelotón del tte. César Rojas, dispuse que el Pelotón Fernández pasara a reorganizarse a retaguardia y se mantuviera a mano. En ese momento el ritmo de las acciones era enloquecedor. Apoyados por un intenso disparo de morteros, tal vez más para darse ánimo que como apoyo real (las granadas caían lejos), pero con una neta superioridad de fuego, remolineaban delante de nuestro desordenado apiñamiento, sin decidirse del todo a entablar el combate cuerpo a cuerpo. 

En un momento dado observé que la “Colt” del Sargento ametralladorista Atanasio Medina (hoy Tte. Ya fallecido) ocupaba un emplazamiento desde donde sus tiros no resultaban del todo eficaces. Le ordené que cambiara de lugar e interviniera más directamente en la acción. Picado en su amor propio o qué se yo, el caso fue que Medina, iluminado por Dios, tuvo una feliz inspiración. Mandó despojar a la pieza aquella de sus accesorios, y diciendo“erú cheve ápe pe mitá” , ordenó al cabo Julián Ramírez que le manejara la cinta y entraron a danzar una enloquecido rock and roll en el grupo más tupido de “bolos”. 

Ya se imaginará usted lo que fue aquello. 250 balas bien aprovechadas y una matanza genuina. Para mayor fortuna aquella “Colt” funcionó como un reloj, premio a la limpieza constante del arma. Pero lo más lindo de todo fue que la sorpresa y la confusión del enemigo hicieron que tanto Medina como Ramírez salieran ilesos! 




Inmediatamente pasaron a intervenir los Pelotones Rojas y Fernández, y recién entonces pudimos enfriar aquel partido. 
En el ínterin de todo aquello, el Comando C.1 había estado recibiendo alarmantes informes por intermedio del Tte. Bernardo Ocampos Lanzóni, quién permaneció conmigo un tiempo, en el sentido de que la situación del 3/C1 era absolutamente insostenible. Sin perder minuto, el Cap. Dámaso Sosa Valdez envió al ayudante del R.C., el tte. Alcibíades Ibáñez Rojas, a fin de constatar, diríamos de visu in situ, y llevar un informe de primera agua sobre todo lo que estaba ocurriendo. 

Iniciamos entonces, en compañía de Ibáñez Rojas, una recorrida de inspección. En algunos sitios tuvimos que hacer pequeños rodeos para no pisar los cadáveres hacinados (80 en total), y el respectivo armamento. Un cuadro que jamás dejaremos de recordar.” 

Desgraciadamente de nuestra parte tuvimos que lamentar 9 muertos y 21 heridos. Entre los más valiosos y experimentados combatientes perdimos a los hermanos Castro (muertos por granadas de Mortero), los cabo Ramón Sandoval y Ernesto Maciel, los soldados Julio Cañete, Gustavo Sánchez, Juan Bautista Orué, Jacinto Roa y otros. 

Debo rendir justiciero homenaje a la memoria del entonces sargento Atanasio Medina, así como al que lo acompañó en aquella oportunidad, el cabo Julián Ramírez (no sé si vive todavía), quienes gracias a su providencial iniciativa, destrozaron por completo la moral del enemigo.” 

Con todos esos datos, se despidió Ibáñez Rojas, llevándose una “Schmeisser” como obsequio para el Comando R.C. y una gorra kaki para sí mismo.” 

Inserto imágenes del lugar donde se combatió y una foto de entrenamiento americana, que nos dará una idea de como el sargento Atanasio Medina empleó su Colt en este encuentro. 

 

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