domingo, 15 de diciembre de 2013

Historia Argentina: La Revolución Libertadora


La Revolución Libertadora 


La Revolución Libertadora es el nombre con el que se autodenominó el gobierno cívico - militar que gobernó la República Argentina tras derrocar al gobierno del presidente Juan Domingo Perón, clausurar el Congreso Nacional y deponer a los miembros de la Corte Suprema, mediante un golpe de Estado iniciado el 16 de septiembre de 1955 y que, tras más de dos años de gobierno, hizo entrega del mismo al presidente Arturo Frondizi, el 1 de mayo de 1958.

El primer gobernante de facto de la Revolución Libertadora fue el general de división Eduardo Lonardi, quien fue substituido el 13 de noviembre de ese mismo año por el teniente general Pedro Eugenio Aramburu.

Antecedentes y preparativos

Si bien ya había tenido roces y problemas con diversos sectores (Partido Comunista y socialista, y la Federación Universitaria Argentina), los cruces con los militares comenzaron en ocasión de la reforma constitucional de 1949, que entre otras medidas le otorgaba más atribuciones al gobierno para intervenir en la economía, y esto generaba malestar a las clases conservadoras. Posteriormente, estas fricciones se profundizaron cuando en 1951 se comenzó a hablar de la posibilidad de que Eva Perón, fuese candidata a vicepresidente. Además debe señalarse que durante el gobierno del general Perón, la oposición principal estuvo a cargo de la Unión Cívica Radical, caracterizándose dicho gobierno por la afiliación compulsiva de los empleados públicos al Partido Peronista, negándole a los partidos de oposición el uso de la radio y también de la televisión al iniciarse ésta en el país. Finalmente, recién el 27 de julio de 1955, luego de la fracasada asonada del 16 de junio, le fue permitido leer por Radio Belgrano al Dr. Arturo Frondizi, un mensaje que debió presentar previamente para su censura y que se transmitía con una demora de algunos segundos para controlar que no se apartase del texto aprobado. Ese mismo día se conoció la noticia de la desaparición y muerte del médico y dirigente comunista Juan Ingalinella a manos de la policía.

Primer intento de golpe

El 28 de septiembre de 1951 el general de brigada Benjamín Menéndez se sublevó contra el gobierno de Juan Domingo Perón, apoyado por sectores conservadores del ejército y algunos sectores civiles. La confirmación de la renuncia de Eva Perón a su polémica postulación a la vicepresidencia no logró calmar los ánimos de una oposición militar que comenzaba a cerrar filas contra Perón. Las limitaciones a la libertad de prensa y el cierre de los canales de comunicación (radio y televisión) a los partidos opositores, no hizo sino dar espacio a quienes postulaban la opción golpista. Antes de las elecciones de 1951, recrudeció la violencia en el país. El dirigente del Partido Comunista, Rodolfo Ghioldi, fue herido de bala y estuvo cerca de la muerte. Ricardo Balbín, radical, fue objeto de un atentado, y el socialista Alfredo Palacios afirmó que el Partido Socialista no se presentaría a elecciones. Fue en aumento la propaganda antigubernamental de los partidos que se oponían al peronismo. El intento de golpe tuvo su epicentro en Campo de Mayo, pero terminó en fracaso estrepitoso, al no conseguir apoyos sustanciales dentro del Ejército. El mismo 28 de septiembre, Perón declaró el estado de guerra interno, y dijo que "todo militar que no se subordine o se subleve contra las autoridades o participe en movimientos tendientes a derrocarlas o desconocerlas, será fusilado inmediatamente", al tiempo que la CGT convocaba a la huelga general y la movilización. Aun así, y pese a la insistencia de Eva Perón y sectores combativos dentro del peronismo, ninguno de los sublevados fue fusilado. Las "milicias obreras de autodefensa", creadas a iniciativa de Eva, serían desarticuladas poco tiempo después.

Pero la conspiración en contra del gobierno de Perón continuó, conforme aumentaba su respaldo popular. Eduardo Lonardi, que estaba preso, nominó al entonces general de división Pedro Eugenio Aramburu como el jefe del movimiento golpista. El presidente Perón contaba con el apoyo de grupos nacionalistas y católicos, tanto dentro del ejército como de la sociedad civil, sumados a la clase trabajadora y la CGT. Aramburu pensaba que todavía no era momento de sublevarse, pues la muerte de Evita había producido una galvanización del peronismo, y un aglutinación de los trabajadores en torno al que reconocían como su líder indiscutido.

Perón triunfó en las elecciones de 1951 con el 62.49% de los votos. Una orden general del 18 de abril de 1952 decía que se debía "aniquilar a las fuerzas adversarias ante el supuesto de un atentado contra el Presidente. El procedimiento a observar será drástico. A un atentado contestar con miles de atentados". − El enfrentamiento de Perón con los sectores católicos iniciado a fines de 1954 precipitó la conspiración en su contra. Entre otras medias criticadas por la Iglesia, Perón había derogado la enseñanza religiosa en las escuelas, aprobado la ley de divorcio, anulado la mayoría de los feriados por razones religiosas, autorizado la apertura de prostíbulos y llamado a una Convención Constituyente para separar a la iglesia del Estado, lo que puso a los sectores católicos en pie de guerra junto a los otros sectores que venían conspirando.

El 12 de junio de 1955 un grupo de la Alianza Libertadora Nacionalista organizó una protesta frente a la Catedral de Buenos Aires amenazando con incendiarla, rápidamente grupos de estudiantes de la Acción Católica Argentina se presentaron en el lugar y, tras encerrarse en defensa del edificio, fueron arrestados

Segundo intento de golpe

El 16 de junio de 1955 se produce un levantamiento militar en el que la Aviación Naval bombardeó Buenos Aires causando 364 muertos (algunas versiones elevan esa cifra a 500) y un millar de heridos. Perón se refugió en uno de sus bunkers, en los subsuelos de la sede del Ejército dejando el manejo de la situación a su Ministro de Guerra Franklin Lucero.

Se combatió por aire, mar y tierra. Aviones de la Marina se enfrentaron a los de la Fuerza Aérea y atacaron a unidades del ejército que convergían sobre el epicentro de la ciudad. Los puntos bombardeados fueron la Casa de Gobierno, los alrededores de Plaza de Mayo, el Ministerio de Guerra, el Departamento Central de Policía, la zona aledaña a la Residencia presidencial, en la zona norte del Gran Buenos Aires en el barrio de Olivos y otros sectores de la ciudad.

Aviones de la Marina fueron derribados, uno de ellos sobre el Río de la Plata y otro en la localidad de Tristán Suárez y el Regimiento de Granaderos a Caballo y cuerpos del Ejército, con el Regimiento Motorizado Buenos Aires a la cabeza, lograron rechazar el ataque de la Infantería de Marina sobre la Casa de Gobierno y rendir al Ministerio de Marina, donde se había concentrado el alto mando rebelde, cuyo jefe, el contralmirante Benjamín Gargiulo, al ver fracasada la asonada, se suicidó.

Por la noche, tres grupos organizados de personas que partieron de dos reparticiones del Estado y del local del Partido Peronista saquearon e incendiaron los principales templos del casco histórico de la ciudad, la Curia Metropolitana y los edificios de importantes instituciones, provocando la pérdida de invalorables tesoros artísticos, culturales y esencialmente religiosos, y el 40% de las partidas de nacimiento de todos los porteños desde 1580. La policía, las fuerzas militares y los bomberos se abstuvieron totalmente de intervenir, limitándose estos últimos a comenzar a actuar contra el fuego una vez terminada la agresión. Algunos de los templos databan de la época colonial por lo que ciertos daños fueron irreparables. En un discurso pronunciado al día siguiente el presidente Perón atribuyó los hechos a los comunistas. Perón siguió al frente del gobierno como presidente, aunque solo por unos meses más.

El golpe del 16 de septiembre de 1955

Inicio de la insurrección


Situación al 16 de septiembre

El 16 de septiembre de 1955 estalló en Córdoba la insurrección cívico-militar que daría inicio a la Revolución Libertadora. Los rebeldes contaron con el apoyo de los llamados comandos civiles revolucionarios, que combatieron contra las tropas leales al presidente Perón en Alta Córdoba, y mantuvieron escaramuzas en distintos puntos del país, ocupando edificios públicos y constituyeron un factor de enlace permanente con los militares sublevados.

Tropas leales al gobierno constitucional resisten el golpe de Estado en la localidad bonaerense de Ensenada.

A la medianoche el general Eduardo Lonardi junto al coronel Arturo Ossorio Arana y otros jefes, sublevó la Escuela de Artillería de Córdoba y abrió fuego inmediatamente contra la Escuela de Infantería, dando inicio al golpe. La Escuela de Infantería, comandada por el coronel Brizuela, se rindió tras un largo parlamento esa misma mañana. La escuela de Artillería rindió honores a los rendidos pero no logró convencerlos para que se plegaran a la insurrección.





Lonardi decidió atrincherar sus unidades de artillería en la Escuela Militar de Aviación, comandada por el comodoro Krause, única parte de la Fuerza Aérea que se sublevó el 16 de septiembre.5 Hubo fuertes enfrentamientos entre la Escuela de Artillería, su aliada, la Escuela de Tropas Aerotransportadas y la vecina Escuela de Infantería, leal al gobierno, en las afueras de Córdoba y se combatió en el centro de aquella ciudad, sobre todo frente al histórico Cabildo; en la Escuela Naval Militar (Argentina) y en la Base Naval de Río Santiago, ambas atacadas por la Fuerza Aérea leal y en el Río de la Plata, donde la Escuadra de Río sufrió serios daños. También se produjeron choques en Curuzú Cuatiá (provincia de Corrientes), en Cuyo y Entre Ríos. Hubo duros enfrentamientos entre fuerzas del Ejército y la Aviación Naval en la zona de Sierra de la Ventana y Tornquist y combates de consideración en Bahía Blanca y la provincia de Río Negro donde un convoy fue atacado por aviones navales.

Halftracks de la Armada ("Marina") toman la municipalidad de Bahía Blanca. Se escribió su pertenencia dado que el bando leal del ejército utilizaba los mismos vehículos.

El almirante Rojas al mando del grueso de la Flota de Mar advirtió a Perón de que "de no promoverse su salida del gobierno, la Flota de Mar bombardearía las instalaciones petroleras de YPF en Mar del Plata,Argentina". Es así que en la alborada del lunes 19 los buques se situaron frente a la costa de Mar del Plata, la que había sido evacuada en la zona adyacente a los depósitos de combustible ante las advertencias de un inmediato bombardeo y procedieron a destruirlos con dos cañonazos, sin producir víctimas según una versión u ocasionando una cantidad no determinada de muertos y heridos según otra versión, y desembarcaron tropas y ocuparon la Escuela de artillería antiáerea de Mar del Plata y la ciudad misma sin encontrar resistencia. Prosiguen viaje hacia Buenos Aires y por Radio Pacheco advierten a la población civil que debe evacuar la zona adyacente al dock de Berisso porque se produciría el bombardeo de la Destilería de La Plata. Unidades rebeldes de la Fuerza Aérea atacaron aeródromos y bases leales en diferentes puntos de las provincias de Córdoba y Buenos Aires. Perón hace caso omiso de varios de sus colaboradores que le aconsejaron "Llevar a la zona de los hechos a los familiares de los revolucionarios para hostigarlos a deponer su actitud".

Combates en las calles de Córdoba. Fuego de artillería contra el edificio del antiguo Cabildo
(Fotografía: Jorge R. Schneider)

En la zona de Cuyo, el golpe fue promovido por el general Lagos, su hermano Carlos y el doctor Bonifacio del Carril. Los tres llegaron a San Luis después del mediodía del día 14 de septiembre, habiendo sido anoticiados el día anterior de la inminente intentona. Dado que Lagos hasta hacía dos meses había sido el jefe de esa guarnición, esperaba poder tomar el mando sin problemas. En reunión con el comandante en jefe Eugenio Andía se anoticiaron de que en la Comandancia Segunda había sido designado José Epifanio Sosa Molina, quien había llegado de Buenos Aires con un grupo de la Policía Federal con las órdenes de investigar la situación de los oficiales para evitar un alzamiento similar al que Videla Balaguer había intentado fallidamente dos semanas atrás en Río Cuarto. Andía agregó que la noticia de la presencia de Lagos en San Luis desataría una intensa búsqueda y su posterior detención por parte de la policía; y que lo mejor era tratar de juntarse enMendoza con el coronel Fernando Elizondo. Más tarde Andía se reunió con los oficiales golpistas, los tenientes coroneles Eppens y Ávila, y el mayor Blanco.

Una limitada comunicación radial fue complementada por el capitán de fragata Carlos García Favre, que estuvo en Córdoba al estallar la insurrección y en avión viajó a Bahía Blanca el 16, de vuelta a Córdoba el 17, a Mendoza el 18, y volvió otra vez a Córdoba con un refuerzo de doscientos soldados.

Los días 17 y 18 de septiembre



Situación al 17 de septiembre

Los días 17 y 18, casi todos los escenarios entraron en una situación de estancamiento: la Base Comandante Espora en Bahía Blanca se encontraba rodeada, la Escuadra de Río mantenía el bloqueo sobre el Río de la Plata, la Escuadra de Mar continuaba su travesía de dos días y medio entre Puerto Madryn y Buenos Aires al mando de Isaac Rojas, y las fuerzas de Lonardi sobrevivían a duras penas ayudados por civiles armados que intervenían en combates de guerra urbana en el barrio de Alta Córdoba. El único avance golpista se produjo con la instalación de gobiernos paralelos en San Luis el día 17 de septiembre y en Mendoza el día 18, sin que hubiera resistencia armada por parte de sectores del ejército, ni de los sindicatos, ni de los gobiernos provinciales anteriores.

Para evitar los controles policiales, el auto de Lagos salió de San Luis por la ruta hacia San Juan, y después fueron a Mendoza, adonde llegaron a las 15 horas del día 15 de septiembre, 8 horas antes del momento establecido para el comienzo de la revolución: "y en ese momento eramos unos simples fugitivos, sin la más mínimas esperanza de poder cumplir el compromiso de honor que había contraído el general Lagos".13 Se presentaron en la casa de la conocida familia Arizu (de origen vasco, llegados a fines del siglo XIX) donde se había guarecido la imagen de Nuestra Señora de la Merced, generala del Ejército de los Andes, con el bastón de mando que le había sido entregado por José de San Martín. El doctor Romeo de la Vega (marido de Clara Arizu) fue a buscar al coronel Elizondo quien les informó que las tropas estaban en maniobras dispersas a lo largo de las provincias de Mendoza y San Juan, que era imposibles reunirlas para el día siguiente. Del Carril y los hermanos Lagos se alojaron esa noche en casa del doctor Jorge Vera Vallejo, y después en la casa de la familia Vallée, donde entraron en contacto con toda la estructura civil revolucionaria de la ciudad, encabezada por Emilio Olaechea. En cuanto a los militares, el teniente coronel Mario R. Graci y el teniente Ricardo José Ahualli fueron los ayudantes de Lagos. La noche de 16 varias columnas del ejército, lideradas por el general Raviolo, pasaban a las apuradas por Mendoza camino a San Luis con órdenes de sofocar el golpe en Córdoba, pero los contactos establecidos por Lagos lograron convencer a la mayor parte de la comandancia para que se plegaran a Lagos, esperando el momento oportuno para exteriorizar la decisión.


Situación al 18 de septiembre

En la mañana del 17 de septiembre la columna llegó a San Luis y tras una muy tensa reunión se obligó al general Raviolo y a los oficiales leales al gobierno constitucional a que juraran no luchar contra la insurrección  y se le permitió marchar en libertad hacia sus respectivos domicilios.

Esa tarde se estableció el primer gobierno provincial de facto, ubicado en San Luis, a cargo del coronel Carlos Trogliero; además se ocupó el Aeoródromo de Villa Mercedes que contaba con un grupo de bombarderos. La mayor parte de las tropas que habían llegado desde Mendoza fueron enviadas entonces de vuelta a esa provincia para incorporar a todas las provincias andinas al golpe. La mañana del día siguiente se instaló otro gobierno de facto en la provincia de Mendoza.

El bloqueo de la Escuadra de Mar, desde el punto de vista de las potencias internacionales, era ilegal ya que ningún gobierno se hacía cargo de él como parte beligerante, al contrario, podía ser considerado un acto de piratería. Durante la tarde del 18 el capitán García Favre se percató de que la situación en Mendoza reunía los requisitos mínimos para que se pudiera formar un gobierno paralelo que asumiese su condición de beligerante: tenía dominio sobre un territorio y poseía una frontera internacional abierta. Consecuentemente en Mendoza se iniciaron gestiones con los partidos Conservador, Radical y Socialista para que se presentaran los nombres de ciertas personas que pudieran integrar temporalmente parte de ese gobierno.

La noche del 18, Perón delegó el poder en una junta militar peronista, que ejercía la presidencia de facto. Desde ese momento la cúpula revolucionaria consiguió tranquilizar a muchos oficiales que antes se podían exponer a ser fusilados por sublevarse contra las autoridades constituidas; dado que la constitución no permite que un presidente entregue las instituciones republicanas en manos de una junta militar, entonces ya no habían autoridades legítimamente constituidas, ya no había "rebeldes y leales". A la mañana siguiente se conoció tregua solicitada por la junta militar peronista, y esa noche el general Lagos recibió un telegrama invitándolo al edificio del Cabildo de Buenos Aires o a la sede de la Corte Suprema de Justicia a fin de realizar las gestiones necesarias para el cese de la lucha y la pacificación definitiva. Lagos, a pesar de haber triunfado por sí mismo en tres provincias, prefirió dejar esas gestiones en manos del general Lonardi, a quien consideraba autor de la revolución.

Desde un punto de vista formal, los momentos en que Perón cesó en el cargo de presidente y en el que asumieron las nueva autoridades son confusos. El 19 de septiembre al mediodía, Perón escribió una confusa carta dirigida al general Franklin Lucero, Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas y leal al gobierno constitucional. En la carta Perón da a entender su renuncia:

Hace algunos días... decidí ceder el poder...Ahora mi decisión es irrevocable... Decisiones análogas del vicepresidente y de los diputados... El Poder del Gobierno pasa por ello automáticamente a las manos del Ejército.
Juan D. Perón. Carta al general Franklin Lucero.

La carta fue asumida por Lucero como una renuncia, tras lo cual procedió a formar una junta militar integrada entre otros por los generales José Domingo Molina, Raúl D. Tanco, Juan José Valle, Angel J. Manni, Emilio Forcher y Oscar A. Uriondo, que declaró haber asumido el Poder Ejecutivo. Esta junta militar peronista fue también un gobierno de facto inconstitucional, pero técnicamente no realizó un golpe de estado porque fue el titular del poder ejecutivo quien activamente eligió entregarle el poder. Luego, el general Lucero leyó la carta de Perón, por la cadena de radio y televisión. Esa misma noche Perón se reunió con la junta militar para informarle que él no había renunciado; la junta sin embargo no fue disuelta.

Esta nueva situación del gobierno nacional hacía que la declaración de un gobierno de facto pudiese ser interpretada por las autoridades extranjeras como una maniobra para aprovecharse de la situación de incertidumbre institucional. Se decidió no instituir un gobierno ilegímito para evitar una eventual intervención internacional.

La tregua del 19


Situación al 20 de septiembre

Si bien el día 19 había una tregua, el ejército leal al gobierno continuó con la concentración de tropas en Río Cuarto. Según Del Carril, "esas fuerzas podían optar por pulverizar primero a Lonardi y después a Lagos, en etapas sucesivas, o podían dividirse en dos sectores, y pulverizar a Lonardi y a Lagos simultáneamente, esto a su entera elección, tal era la superioridad de sus elementos bélicos". Una vez triunfado el golpe, el teniente coronel Cabello fue enviado a Río Cuarto para conocer la situación real de las fuerzas allí reunidas: fue recibido como héroe por la población y los efectivos del ejército que en su mayor parte se habían negado a atacar a los rebeldes. Los cañones estaban todavía guardados y los tanques traídos de Buenos Aires nunca habían sido desembarcados de los trenes.

El 20 de septiembre


Civiles armados celebran en la ciudad de Córdoba el derrocamiento de Perón.

El día 20 Lonardi envió al mayor Juan Francisco Guevara y al capitán Landaburu para exigir la rendición incondicional del gobierno de Buenos Aires. Esa noche Lonardi, sin esperar los resultados de las gestiones que sus colaboradores estaban haciendo en Buenos Aires, constituyó un gobierno revolucionario. Perón trató de recuperar el poder alegando que lo que había firmado no era una renuncia sino un renunciamiento, pero esa noche el general Ímaz en una reunión de la junta militar de gobierno dejó zanjada la cuestión cuando obligó a todos los presentes a que consideraran al ex-presidente como definitivamente renunciado. A la madrugada pudieron establecerse comunicaciones telefónicas entre Mendoza y Buenos Aires, con el general Tassi y con el doctor Alberto Tedín para intercambiar información.


Triunfo del golpe

Los enfrentamientos finalizaron cuando en la madrugada de ese día tanques del Ejército cañonearon y demolieron la sede de la Alianza Libertadora Nacionalista en el centro de Buenos Aires, sin causar muertos y hubo 54 detenidos.6 Ese día a las 6:00 am cayeron las últimas bombas rebeldes en las pistas de Las Higueras (Córdoba) todavía en manos de fuerzas que respondían al gobierno.

El golpe militar de septiembre de 1955 constituyó el bautismo de fuego de la Aviación Naval (nada tenía que ver con la Fuerza Aérea, ya que era un comando de la Marina de Guerra y por lo tanto dependía de ésta).



El 20 de septiembre por la mañana, Perón pidió asilo en la embajada de Paraguay y una vez que le fue concedido subió a bordo del buque paraguayo "Paraguay", una cañonera militar. Ese mismo día, una vez asilado Perón, Lonardi emitió un bando con el nombre de "Decreto Nº 1" por el que se nombra a sí mismo como "presidente provisional de la Nación", solicita el reconocimiento de los otros países y establece la sede provisoria del gobierno en la Ciudad de Córdoba. Al día siguiente, 21 de septiembre, la Junta Militar, que había estado negociando con el contraalmirante Rojas y el general Uranga las condiciones de paz a bordo del crucero "17 de Octubre", canceló esas gestiones y aprobó que Lonardi fuese a Buenos Aires a hacerse cargo del gobierno. El 22 de septiembre Uruguay reconoció a Lonardi como presidente de Argentina, en tanto que éste disolvió el Congreso Nacional y nombró interventores en varias provincias. Ese mismo día el general Aramburu y un colaborador del general Lagos se reunieron a evaluar el escenario, y concluyeron que el ala liberal se encontraba en problemas e iba a ser excluida del gobierno que se estaba organizando.

Bustos de Juan Perón y  Eva Duarte en la cumbre del Aconcagua (1954)
Bustos de Perón y Duarte, destruidos luego de la Revolución. La asfixia cultural del culto a la personalidad del peronismo fue uno de los detonantes del estallido del 1955.

El 23 de septiembre el general Lonardi y el almirante Rojas llegaron a Buenos Aires. Ese mismo día el primero prestó juramento asumiendo el título de "Presidente Provisional", y al día siguiente designó al almirante Isaac Rojas con el título de "Vicepresidente Provisional". La portada del diario Clarín de ese día convocaba a la población a hacerse presente en la Plaza de Mayo con el siguiente titular: "Cita de honor con la libertad. También para la República la noche ha quedado atrás".

La asunción de Lonardi fue acompañada por una gran multitud reunida en la Plaza de Mayo. Algunas consignas de los manifestantes fueron: "Argentinos sí, nazis no"; "San Martín sí, Rosas no", "YPF sí, California no", "No venimos por decreto, ni nos pagan el boleto". El 25 de septiembre reconocieron al gobierno militar los gobiernos de Estados Unidos y Gran Bretaña, éste último luego de prestar importante apoyo a los insurrectos.

Wikipedia

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