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miércoles, 28 de mayo de 2014

Revolución Libertadora: El avance de los leales se detiene



Tanques del Regimiento 2 de Caballería en Tornquist (cerca de Sierra de la Ventana y a 75km de Bahía Blanca) (Imagen: Isidoro Ruiz Moreno: La Revolución del 55, Tomo II)


Los tanques se detienente

1955 Guerra Civil. La Revolucion Libertadora y la caída de Perón

En el extremo sur bonanerense, los regimientos peronistas llegaron a situarse a solo 80 kilómetros de las bases revolucionarias[1]. Se esperaba la embestida final para la noche del 18 al 19 de septiembre y en base a esa suposición se adoptaron las últimas medidas defensivas tendientes a contrarrestarla o dificultarla lo más posible. Sin embargo, después de conferenciar con el capitán Lava, el capitán Perren tuvo la impresión de que el ataque no se produciría ya que durante la jornada que finalizaba (18 de septiembre), las fuerzas peronistas habían recibido un duro castigo y la falta de combustible les impedía seguir avanzando durante la noche. Si el Ejército pretendía atacar las bases, primero debía apoderarse de Bahía Blanca y eso iba a resultar sumamente difícil ya que, a esa altura, el camino a Tornquist se hallaba obstaculizado por voladuras y demoliciones.

Esa misma noche, las fuerzas gubernamentales detuvieron su avance. Tal como suponía Perren, el castigo que la Aviación Naval les había propinado había sido tremendo y los daños sufridos, sumamente graves.
En vista de esa situación, el teniente coronel Roberto Manuel Barto, comandante del Regimiento 1 de Caballería resolvió evacuar los puntos que había alcanzado, retirándose hacia el norte, sumamente abatido y desmoralizado.
En esa situación se encontraba la unidad cuando se toparon con ella el coronel Quinteiro y el teniente coronel Arrechea, quienes se dirigían al pueblo de Sierra de la Ventana para entrevistarse con el comandante de la III División de Caballería, general Eusebio Molinuevo.
Arrechea no pudo con su genio y al ver el repliegue del regimiento se presentó ante Barto, para exigirle una explicación. Encontró a aquel desanimado y presa de la confusión.

-Esto es un desastre - dijo - No se que tengo que hacer. Me dan una orden y al instante me llega la contraorden.
Sorprendido y molesto a la vez, Arrechea preguntó a su camarada cuales eran las últimas directivas que había recibido y cuando aquel le respondió que debía atacar Puerto Belgrano, estalló indignado.

-¡¿Y que mierda estás esperando entonces?! ¡¡Atacá de una vez!!.
Pero Barto no reaccionó. Desmoralizado y confundido, continuó su repliegue, llevando sus fuerzas a la estancia “La Ventana”, propiedad de Ernesto Tornquist, donde finalmente acampó.
Los propietarios del campo vieron llegar a la columna de más de 40 camiones y salieron al exterior para recibirla. Los vehículos se detuvieron en torno a la edificación principal, un verdadero castillo en medio de la pampa, edificado a principios de siglo y sin perder tiempo, conscriptos y suboficiales arrancaron ramas y hojas de la vegetación circundante, para cubrirlos.
Los Tornquist invitaron a la oficialidad a alojarse en el castillo y en los edificios del establecimiento en tanto la tropa, extenuada y congelada, desmontaba sus tiendas de campaña en los bosques próximos y empezaba a consumir su ración.
Quinteiro y Arrechea, llegaron al puesto en el que Molinuevo había instalado su Estado Mayor y lo encontraron acompañado por el coronel Martín Barrantes, el teniente coronel Serres y el coronel Martín Garro, jefe del Regimiento 2 de Artillería, todos ellos dentro de una precaria edificación rural.
Los oficiales mantuvieron un diálogo angustiante en el que los primeros relataron con lujo de detalles los pormenores del castigo sufrido por parte de la Aviación Naval y la considerable cantidad de muertos y heridos que habían sufrido durante los ataques. Molinuevo, por su parte, los puso al tanto de otro hecho grave: sus jefes de Caballería lo habían abandonado y solo disponía del 2 de Artillería al mando de Garro, para seguir adelante. A continuación, explicó que sus órdenes eran atacar Puerto Belgrano y que, en vista de los últimos acontecimientos, estaba dispuesto a escuchar opiniones.
El coronel Garro propuso detener toda acción porque la situación en el frente no era clara y las comunicaciones con Buenos Aires estaban cortadas. Quinteiro por su parte explicó que al partir de Buenos Aires se le había dado la orden de atacar y que, por consiguiente, creía que se debía proceder sin necesidad de establecer contacto con la capital y Arrechea, consultado por Molinuelo, se manifestó completamente de acuerdo, agregando que, según su parecer, disponían de fuerzas suficientes como para cumplir su cometido.
-Bien señores - dijo Molinuevo- Hemos recibido una orden y vamos a cumplirla. Atacaremos Puerto Belgrano.
Tomada la decisión, los altos oficiales se pusieron a trabajar en el plan de asalto y al finalizar, Quinteiro y su segundo, regresaron inmediatamente a Pringles para alistar a sus tropas y reiniciar la marcha.
Pocos minutos después, un AT-6 North American al mando del teniente Raúl Fitte despegó de la Base Comandante Espora en misión de observación. Eran las 06.30 de la mañana y los altos jefes rebeldes del comando revolucionario estaban plenamente convencidos de que las fuerzas leales se hallaban al menos a 30 kilómetros del perímetro defensivo y en permanente avance, por lo que era imperioso detectar sus posiciones.
Fitte daba por hecho que a poco de despegar, recibiría disparos desde tierra pero, para su alivio, nada de eso ocurrió. El enemigo parecía haberse esfumado porque no se lo veía por ninguna parte y eso fue lo que informó por radio a la torre. Seguido por otros cazas, continuó patrullando los alrededores hasta Tres Arroyos, Tornquist y Coronel Pringles, sin ninguna novedad, confirmando que los alrededores de las bases se hallaban despejados.



Se despacharon otros aviones más al sur y fueron ellos quienes detectaron indicios de que las fuerzas peronistas estaban colapsando. El primero, un North American que irradió un mensaje indicando que había camiones del Ejército abandonados en los alrededores de Carmen de Patagones (uno de ellos tenía enganchado un mortero), con signos de haber sido ametrallados y que, al parecer, el aeródromo de la histórica ciudad estaba vacío.
Un segundo aparato informó que en inmediaciones de Sierra de la Ventana se hallaba abandonada una columna motorizada y otra atacada el día anterior en cercanías de Tornquist, se aprestaba a ingresar al poblado del mismo nombre, buscando protección. El aviador inclinó su aparato y ametralló en picada la unidad militar, provocando su inmediata dispersión y mientras disparaba vio otros vehículos abandonados o destruidos en rutas y caminos adyacentes.
A las 07.20 el Comando Revolucionario del Sur recibió información de que un convoy integrado por una locomotora y ocho vagones-tanque había hecho su arribo a la estación de Río Colorado, procedente de Neuquén, con la misión de reabastecer de combustible a la Agrupación 5 de Montaña que se encontraba allí, prácticamente inmovilizada y que en esos momentos, transfería su cargamento. Se ordenó atacarlo de inmediato y hacia allí partió un PBY Catalina, que al llegar al objetivo, arrojó sus bombas con gran precisión.
La formación fue alcanzada y sus tanques destruidos. Le siguieron otros ataques que entre las 07.30 y las 10.20 en los que se descargaron un total de 14 bombas y destruyeron más vagones, parte de la playa de maniobras, el edificio de la estación y cañones enemigos entre aquella y los lindes del pueblo, en dirección sur. El humo provocado por los incendios alcanzó a verse desde un radio de 180 kilómetros dentro del cual, se hallaba la base Espora.
Para entonces, en Neuquén, el capitán Lino Montiel Forzano, hermano del bravo oficial que tan destacada actuación había tenido durante las acciones de Curuzú Cuatiá, se apoderó de los cuarteles de la Agrupación 5 de Montaña reduciendo, sin incidentes, a la reserva que allí había quedado al mando del coronel Luis Gómez Forgués. Se le plegaron poco después, el destacamento de policía local, el aeródromo, numerosos civiles y la emisora radial LU5, desde donde comenzó a difundir el pronunciamiento revolucionario hacia toda la región patagónica. Sin embargo, esa fuerza quedó inmovilizada y prácticamente aferrada a sus posiciones cuando el Destacamento de Exploración Blindado y el VI Batallón de Comunicaciones, manifestaron su adhesión al gobierno. De esa manera, las fuerzas rivales del sector se neutralizaron al inmovilizarse mutuamente.

Notas

    1. El Regimiento 3 de Infantería Motorizado, del Regimiento 2 de Artillería, de la Escuela de Artillería Antiaérea, de los Regimientos 1 y 2 de Caballería, del Regimiento 3 de Artillería, de la Agrupación 5 de Montaña Neuquén, de los destacamentos blindados y del Destacamento de Comunicaciones.

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