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sábado, 4 de febrero de 2023

Argentina: El imprescriptible terrorismo peronista

“El poder político brota de la boca de un fusil”: la brutal confesión de Firmenich luego de reunirse con Perón

El 3 septiembre de 1973, un mes y medio antes de asumir el gobierno, Perón definió a los guerrilleros: “Delincuentes que hay que hacerlos tomar por la policía”. Tres días después, el ERP intentó copar el Comando de Sanidad y mató a un coronel. El 8, el futuro mandatario se reunió con la Juventud Peronista. Pero no pudo torcer la violencia que vivía el país
Por Juan Bautista Tata Yofre || Infobae



Juan Domingo Perón y Mario Firmenich

Si Oscar Conde, el maestro del lunfardo, tuviera que definir a la distancia el mes de septiembre de 1973 simplemente nos diría: “un balurdo”. Es decir, desorden, confusión, escasa armonía entre la gente. La Argentina, como en otras ocasiones, estaba envuelta en un gran balurdo del que le costaba salir. Héctor J. Cámpora, el presidente constitucional que había asumido el 25 de mayo de 1973, ya no estaba. Su gestión había durado apenas 49 días signados por el caos al que Juan Domingo Perón puso término con un “golpe palaciego”. Tras encontrar una solución de último momento, lo sucedió momentáneamente Raúl Lastiri, el presidente de la Cámara de Diputados. En agosto el Frente Justicialista de Liberación proclamaba la fórmula Perón-Perón para la contienda presidencial del 23 de septiembre y, para dar una imagen de ficticia unidad, el 31 todo el peronismo lo homenajeó con un desfile de varias horas. Frente a su persona pasaron la juventud que proclamaba la patria socialista y el sindicalismo ortodoxo, más conservador. En esas mismas horas, en Argel, la Argentina se incorporaría como miembro activo al Movimiento de Países No Alineados y Jorge Raúl Carcagno, el jefe del Ejército, viajaría a Caracas con un discurso “progresista” antiamericano que poco tenía que ver con lo que Perón pensaba en la intimidad. Claro, en diciembre el jefe militar era desplazado. Como si todo congeniara con el momento que se vivía, faltaban apenas once días para el martes 11 de septiembre, jornada en que medio Chile, con sus Fuerzas Armadas, terminaba con la gestión socialista-comunista de Salvador Allende Gossens y éste se pegara un tiro dentro del Palacio de la Moneda.

José López Rega, Perón e Isabel saludan a los que desfilan frente a la CGT

En medio de sus actividades de campaña, Perón se dio tiempo para asistir el lunes 3 de septiembre al Ministerio de Economía para escuchar una larga exposición de José Gelbard y una veintena de funcionarios. Todo consistió en un triste inventario de fracasos anteriores y esperanzados objetivos que serian incumplibles. Por la noche fue entrevistado en su residencia de Gaspar Campos durante una larga hora, por los periodistas Sergio Villarruel (comentarista político de Canal 13), Roberto Maidana (división noticias de PROARTEL) y el director del diario La Opinión Jacobo Timerman. Durante el largo diálogo se le preguntó:

-Nace en el país un fenómeno nuevo: el de la resistencia armada en una u otra forma, que poco a poco va derivando a lo que es hoy la guerrilla. ¿Cuál será la estrategia de su gobierno frente a este fenómeno?

-Las fuerzas de izquierda, de cualquier naturaleza que sean, si actúan dentro de la ley, para nosotros son respetables como cualquier otra, pero dentro de la ley. La gente que quiere emplear la metralleta para hacerse rico – porque la emplean también para eso – o para imponer también una voluntad que no es la que fija la ley, eso es una sola cosa: es un delincuente que hay que hacerlo tomar con la policía, para eso está la policía.

Pocas horas más Perón se daría cuenta que con la policía no alcanzaba y se volcaría hacia soluciones más drásticas. También afirmo que a “la juventud hay que tenerla aparte y no contaminarla. A los muchachos no hay que cortarles las alas hay que dejárselas, ya el tiempo se encargará de írselas cortando. Los muchachos se han exacerbado un poco. Por eso dice Chou En-lai: ‘la juventud es maravillosa pero no hay que decírselo’. Dios me libre si se los decimos todos los días”.

Entre otros, rodean a los novios Vicky y Joaquín, Santiago Costantini, César “Banana” Pueyrredón, su hermano Daniel, Juan José Guiraldes, “Tano” Ruzzi y Santiago Berhongaray

En particular, cuando el candidato hablaba de la juventud se refería a los “muchachos” que más se hacían ver en los diarios por sus rebeldes y criminales actitudes. Existían otros que se preparaban para transitar otros caminos y en muchos casos serian exitosos. El miércoles 5 de septiembre, bendecidos por el Obispo de San Isidro Jorge Casaretto, se casaron Joaquín Alonso con “Vicky” Correa Ávila. La fiesta se realizó en el club sirio-libanés de Ayacucho y Melo y hasta allí concurrieron a saludar al escribano Joaquín Alonso, director del Banco de la Provincia de Buenos Aires, y los novios, parte de la flor y nata del peronismo en el poder. Entre varios, el ministro del Interior, Benito Llambí y su señora Beatriz Haedo, el senador Ítalo Luder, Antonio Cafiero (Caja Nacional de Ahorro y Seguro), Ricardo Guardo, el ministro Jorge Taiana, Ildefonso Recalde (presidente de la CGE), Juan José “Cadete” Güiraldes y el periodista Bernardo Neustadt. Entre las jóvenes sobresalían Myette Ferrecio, “Guagua” Alonso y Patricia la hermana de la novia. Pasada la medianoche -el novio recuerda hoy—”los mayores”, como respondiendo a una señal convenida, se fueron retirando con caras de preocupación. “Algo estaba pasando y no lo decían”: en esas horas del jueves 6 de septiembre, la “Compañía José Luís Castrogiovanni” del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) atacaba el Comando de Sanidad ubicado en la zona sur de la ciudad de Buenos Aires, con la intención de robar armas, municiones y equipos médicos. La incursión terrorista fue posibilitada por el entregador soldado dragoneante Hernán Invernizzi, encargado de los relevos de la guardia, que ordenó abrir las puertas del Puesto 2 del instituto militar para dejar entrar un camión Ford 350 que, supuestamente, traía vituallas.

Título de tapa de Clarín del 7 de septiembre de 1973

Así fueron sorprendidos el teniente primero Eduardo Rusch y el soldado dragoneante Osvaldo Degdeg heridos con varios disparos. El operativo fracasó porque dos soldados lograron evadirse y se presentaron a la comisaría 28a, cercana a tres cuadras, y puso sobre aviso al Comando Radioeléctrico que rodeó la guarnición. Cuando tomaron conciencia de que estaban cercados, los asaltantes discutieron si debían rendirse o resistir el ataque. El primer paso fue la entrega de los heridos Rusch y Degdeg --llevaban horas sin ser atendidos—dejados en la vereda de la Unidad. Por los fondos entró un grupo de militares al mando del teniente coronel Raúl Juan Duarte Ardoy. Cuando los terroristas se vieron atacados por su retaguardia –pese a haberse rendido e izado una sábana como bandera blanca- abrieron fuego y la metralla mató a Duarte Ardoy, segundo Jefe del Regimiento Patricios. También fueron heridos otros oficiales y soldados, como es el caso del teniente Néstor Castro Vellaz, herido en el hígado cuando acompañaba a su jefe. Luego de arduas negociaciones, vía telefónica, los guerrilleros –que reclamaban la presencia de un juez, periodistas y legisladores—se rindieron.

Coronel Raúl Duarte Ardoy

Además del propio soldado entregador, figuraban como miembros del comando asaltante Alberto Clodomiro Elizalde Leal, Miguel López, Ramón Gómes, Martín Ricardo Marcó y Carlos Ponce de León amnistiados el 25 de mayo de 1973. En el caso de Ponce de León había sido condenado por la Cámara Federal Penal de la Nación, previo a su amnistía, por el secuestro y asesinato del presidente de la FIAT, Oberdan Sallustro, en abril de 1972. Otro, Alejandro “Lucas” Ferreyra Beltrán, había participado en la fuga de los presos del penal de Rawson hacia Chile y posteriormente a Cuba en agosto de 1972. La Prensa agregó otros nombres: Eduardo Anguita, Rubén Oscar Juárez, Rodolfo Rodríguez, Oscar Mathews, Arturo Vivanco y Gabriel Di Benedetti, hermano del “Tordo” Osvaldo Sigfrido Di Benedetti, sindicado como responsable y partícipe de numerosos hechos terroristas. Apenas unos días más tarde, el Poder Ejecutivo Nacional emitió el Decreto Nº 1453/73 por el que se declaró ilegal la actividad del autodenominado Ejército Revolucionario del Pueblo.

Carlos Ponce de León

El ataque del PRT-ERP tenía una explicación: la conducción ya estaba pensando en la formación de la Compañía de Monte Ramón Rosa Jiménez que aparecería en Tucumán algunos meses más tarde y los 150 fusiles FAL y municiones que estaban en la Sala de Armas les eran imprescindibles.

El ataque fue el primero de la guerrilla marxista -- del PRT-ERP-- desde la asunción de las autoridades constitucionales el 25 de mayo del 1973 ( Cámpora – Lima ) y marcaba la tendencia de este grupo subversivo a focalizar su táctica de combatir a las Fuerzas Armadas y de Seguridad, sumado a los secuestros extorsivos.

Los atacantes una vez terminados los combates dentro del Comando de Sanidad

El sábado 8, Juan Domingo Perón se reunió con representantes de la juventud peronista por espacio de dos horas en una casa vecina de Gaspar Campos 1065. La cumbre fue el resultado de conversaciones previas con varios grupos y en especial, unos días antes, cuando Roberto Quieto y Firmenich se entrevistaron con Perón. En esta ocasión concurrieron representantes de otros sectores, como la Concentración Nacional Universitaria (CNU), Juventud Sindical Peronista (JSP), Guardia de Hierro, Fuerzas Armadas Peronistas “17 de Octubre” (FAP-17). Por la Tendencia Revolucionaria asistieron, entre otros, Juan Carlos Dante Gullo, Jorge Obeid, Miguel Mosse, Guillermo Amarilla, Ismael Salame, Pablo Ventura, que representaban a distintos estamentos con relación directa a Montoneros. Por Montoneros concurrió el propio Firmenich junto a Alberto Molina. Por FAR lo hicieron Roberto Quieto y José Lewinger. Durante la reunión se habló de la futura organización de la juventud, algo que no se concretaría desde el momento en que la denominada Juventud Peronista iba tomando distancia del líder y al año siguiente—tras la muerte de Perón—Montoneros pasaría a la clandestinidad. Lo más relevante no se dijo adentro de la reunión sino afuera. Lo afirmó Firmenich, tras una pregunta de la propia revista El Descamisado del 11 de septiembre, es decir era un diálogo preparado de antemano:

-¿Hasta ahora las organizaciones político militares FAR y Montoneros se han caracterizado por expresarse militarmente a través de la guerrilla urbana, esta gestión de ustedes implica un cambio de método en el accionar político de estas organizaciones?

-La guerrilla es sólo una de las formas de desarrollar la lucha armada; es sin duda el más alto nivel de lucha política. Este método se desarrolla cuando los objetivos políticos no pueden ser alcanzados a través de las formas no armadas de la lucha política.

-¿Esto quiere decir que ustedes abandonan las armas?

-De ninguna manera: el poder político brota de la boca de un fusil. Si hemos llegado hasta aquí ha sido en gran medida porque tuvimos fusiles y los usamos; si abandonáramos las armas retrocederíamos en las posiciones políticas. En la guerra (existen) momentos de enfrentamientos, como los que hemos pasado, y momentos de tregua en los que cada fuerza se prepara para el próximo enfrentamiento. En tanto no haya sido destruido el poder del imperialismo y la oligarquía debemos prepararnos para soportar y afrontar el próximo enfrentamiento…”

Para no ser menos, el 25 de septiembre de 1973 asesinaron a José Ignacio Rucci, el secretario general de la CGT.

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