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domingo, 8 de febrero de 2026

Malvinas: El 3 de Oro contraaca en Wireless Ridge

𝗘l contraataque de 𝟯 de Oro 

(𝗽𝗮𝗿𝘁𝗲 𝟭)
𝘗𝘰𝘳 𝘦𝘭 𝘛𝘤𝘯𝘭 (𝘙) 𝘝𝘎𝘔 𝘝í𝘤𝘵𝘰𝘳 𝘏𝘶𝘨𝘰 𝘙𝘰𝘥𝘳í𝘨𝘶𝘦𝘻
𝘌𝘭 𝘢𝘶𝘵𝘰𝘳 𝘴𝘦 𝘥𝘦𝘴𝘦𝘮𝘱𝘦ñó 𝘦𝘯 𝘔𝘢𝘭𝘷𝘪𝘯𝘢𝘴 𝘤𝘰𝘮𝘰 𝘛𝘵𝘦 1𝘳𝘰, 𝘑𝘦𝘧𝘦 𝘥𝘦 𝘭𝘢 1𝘳𝘢 𝘚𝘦𝘤𝘤𝘪ó𝘯 𝘥𝘦 𝘭𝘢 𝘊𝘰𝘮𝘱𝘢ñí𝘢 "𝘈" 𝘥𝘦𝘭 𝘙 𝘐 𝘔𝘦𝘤 3 “𝘎𝘳𝘭 𝘉𝘦𝘭𝘨𝘳𝘢𝘯𝘰”, 𝘣𝘢𝘶𝘵𝘪𝘻𝘢𝘥𝘰 𝘦𝘭 “3 𝘥𝘦 𝘖𝘳𝘰” 𝘥𝘶𝘳𝘢𝘯𝘵𝘦 𝘭𝘢 𝘨𝘶𝘦𝘳𝘳𝘢 𝘥𝘦 𝘭𝘢 𝘛𝘳𝘪𝘱𝘭𝘦 𝘈𝘭𝘪𝘢𝘯𝘻𝘢 𝘱𝘰𝘳 𝘭𝘢 𝘱𝘦𝘤𝘩𝘦𝘳𝘢 𝘢𝘮𝘢𝘳𝘪𝘭𝘭𝘢 𝘲𝘶𝘦 𝘤𝘰𝘯𝘧𝘰𝘳𝘮𝘢𝘣𝘢 𝘴𝘶 𝘤𝘩𝘢𝘲𝘶𝘦𝘵𝘢 𝘢𝘻𝘶𝘭.





13 de Junio de 1982, 22:00 hs, cerro Tumbledown mirando al valle del arroyo de Moody Brook, a la izquierda el Longdon; enfrente el Regimiento 7 de Infantería de La Plata estaba recibiendo fuego intensivo desde hacía dos días el 11 y el 12 de Junio, era un infierno, estábamos unos cien metros en altura más arriba que ellos y allá a 5 Kms de distancia; día y noche el enemigo inglés no dejaba un centímetro sin castigar con fuego naval, artillería y morteros; estaba claro que preparaba el ataque sobre las alturas del Regimiento, de vez en cuando nos atendían a nosotros como para avisarnos que se vendrían luego hacia el Tumbledown.
Debajo del Longdon el capitán Soloaga, héroe en la guerra que supo trasladar sus valores sanmartinianos a la paz, “se aferraba como una ostra” a las rocas; ellos ya estaban en combate resistiendo el cañoneo infernal al que eran sometidos día y noche; veíamos como espectadores privilegiados y azorados su resistencia, algunas patrullas se desprendían...; pero para sacar sus muertos y depositarlos en una ambulancia abandonada y empantanada en el medio del Valle y volvían al combate! El solo verlos marchar nuevamente a esa ducha de artillería, conmovía.
Eran las 22 hs del 13 de junio, me llama el Capitán Zunino, jefe de la Compañía A Tacuarí del 3 de Oro, un capitanazo de aquellos para tenerlo de jefe en la guerra; nos convoca al Tte. Dobrovevic Jefe del grupo apoyo, al Tte. Mones Ruiz jefe de la 2da sección de tiradores, al Subte. Aristegui jefe de 3ra sección y a mi que era jefe de la 1ra sección.

“Debemos ir a apoyar al Regimiento 7 que está siendo atacado en aquella altura”. 

No conocíamos el terreno sino por las vistas, nunca habíamos hecho un reconocimiento, ya que el día anterior nos habíamos desplegados en Tumbledown abandonando nuestras antiguas posiciones, no estaba previsto nuestro empleo en esa dirección, nos estábamos preparando para sostener nuestra posición contra el ataque que sería al otro día, sobre nuestras posiciones que no eran otras que unas pocas piedras bajas, ya que las palas Tempex que llevamos se rompieron antes de cumplir una semana; eran de aluminio roscado y la presión de la greda las hacía polvo, no teníamos con qué hacer pozos. Equipo.... manta y paño de carpa terciado, solo 5 cargadores.  Infrarrojo... uno solo, el del Capitán.  Radios, ninguna, sin pilas, sin comunicación con el jefe de compañía ni entre nosotros.
Porque solo teníamos 5 cargadores, entonces ordené llevar munición dentro de medias que uníamos y nos las poníamos sobre el cuello...



Hablamos con Aristegui, era un cadete de 4to año “comisionado subteniente” para Malvinas, de la misma edad que sus soldados, no obstante siempre un ejemplo.  “Aristegui, formemos en cadena Ud. a la derecha yo a la izquierda, salgamos cuanto antes del valle, vamos a atravesarlo a paso firme para llegar a las alturas cuanto antes”.  El campo de combate era un infierno, todo rugía, todo era incandescente, el Longdon , el valle, Wirelles Ridge donde estaba el R I 7, Puerto Argentino, el Williams, las trazantes, los lanzacohetes, toda la guerra a pleno, el asalto final a full. Hacha y tiza de los dos lados. Cruzamos el arroyo donde nos mojamos hasta la cintura, nevaba..., frío... no me acuerdo, la adrenalina a mil calentaba nuestros cuerpos.
De pronto observamos desde el valle, que donde debía estar el Regimiento 7 esperándonos, había ingleses allá arriba que estaban tirando con fuego de fusil y de cohetes sobre los ex cuarteles de los Royal Marines; nada entendíamos, sin comunicaciones solo podíamos resolver sin esperar órdenes de nadie.
“Aristegui, arriba está el enemigo tratemos de sorprenderlo, no siga derecho para no chocar, gire a su derecha y ganémosle la altura” luego de esa conversación de combate el joven oficial camina cinco metros y me gritan... "¡el subteniente cayó herido en el cuello!". Corrí hasta el lugar y luego de tocar su cuello ensangrentado escucho que uno de sus hombres le dice... golpeándolo en la mejilla con su palma de la mano... “Vos te portaste muy bien con nosotros pendejo, nosotros te vamos a sacar de acá” y rápidamente se lo llevaron para abajo.



Hoy es un ejemplar oficial malvinero, el “Nono” Aristegui, que supo ganarse el respeto de sus soldados con solo 19 años, el disparo le atravesó el cuello detrás de la columna vertebral.
El enemigo nos detecta y nos ilumina con bengalas aéreas, todavía estábamos en el valle, con cuarenta hombres de Aristegui y cuarenta míos; advirtiendo que harían fuego de eficacia mandé el asalto sobre sus posiciones que estaban unos cien metros arriba del cerro, en la alturas de Wirelles Ridge.
Segundos después caía sobre el lugar donde estábamos antes una barrera de fuego de artillería de aquellas...  No me entraba en la cabeza que mis hombres iban a contraatacar en el medio de esas bombas que conocimos esa misma noche, explotaban cincuenta metros arriba de nuestras cabezas y caían las esquirlas con una ducha encendida para destruir todo lo que tocaban. 

¡Al asalto!.... ordené; no había opción para llegar arriba y apoyar al RI 7, que alegría, que emoción ver mis soldados y los de Aristegui con todos los suboficiales a la carrera que llegaban arriba, era increíble verlos al “Cata” Carballo mi estafeta veloz, al “Mono” Paz mi radiooperador sin radio, Aumasane, Izaguirre, “Bombón Díaz”, Juan Fernández, todos soldados porteños impulsados por el amor a la Patria pechando desde el valle la pulseada con los ingleses por ése pedazo de tierra malvinera. Y tenían solo 18 años y hambre y frío y sin comunicaciones, pensar que la prensa amarilla los Llamó “chicos de la guerra”;

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