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sábado, 25 de abril de 2026

La Armada Española entre 1860-1890

 

Armada Española - La Armada Española 1860-1890

Alrededor de 45 nuevos barcos 1860-70: 7 acorazados, 7 fragatas, 8 balandras

Una situación difícil para España en 1860



El gobierno provisional de la "Revolución Gloriosa" en 1869.

En 1860, España se tambaleaba por un gran suceso para su imperio: la pérdida de su Imperio Sudamericano y los ingresos que este conllevaba. El reinado de Fernando VII (1813-1833) estuvo marcado por la "Década Ominosa" (1823-1833), en la que al fracaso de la segunda revolución burguesa le siguieron diez años de paz precaria y problemas sucesorios. Fernando finalmente marginó a sus hermanos y, con la "Pragmática Sanción de 1830", permitió que su hija Isabel se convirtiera en reina, mientras que su hermano Carlos huyó a Portugal.

El reinado de Isabel II estuvo marcado por la agitación política, ya que en 1856 el general O'Donnell, tras su pronunciamiento, derrocó a un ministro del partido progresista e intentó formar la Unión Liberal, pero pronto se vio estancada en Marruecos, donde se libró una guerra con Juan Prim. Le siguió el "Sexenio Democrático" de 1868, la "Revolución Gloriosa" que tuvo lugar con los generales progresistas Francisco Serrano y Juan Prim rebelándose contra Isabel, derrotando a sus generales en la Batalla de Alcolea y la reina depuesta y exiliada en París. Para los prefijos se utilizaba generalmente "NSB" de "Nuestra Señora Buque". Artículos a cubrir: Numancia (1863) Tetuán (1863)
Vitoria (1865)
Arapiles (1864)
Zaragosa (1867)
Sagunto (1869)
Méndez Núñez (1869)

S. de madera española. fragatas (1861-65)
Fragata Tornado (1865)
Fragata María de Molina (1868)
Cañoneras de vela españolas (1861-65)

La flota española hasta 1960

Fragata de vapor Concepción de 2300 toneladas.

Establecer una armada sólida y homogénea requería estabilidad y tranquilidad, para asegurar una política inquebrantable durante años y un flujo presupuestario constante. El esfuerzo por modernizar la Armada Española se vio impulsado por la innovación de su vecino del norte, Francia, en 1859, al presentar una "fragata acorazada" que revolucionó la guerra naval. El Ministerio de Marina de la época, bajo el reinado de Isabel II (referencia al hallazgo), sugirió iniciar la construcción de una flota de acorazados para mantener la relevancia de la Armada en el juego imperial.

A pesar de la pérdida de su imperio sudamericano en la primera mitad del siglo XIX, España aún poseía amplios territorios de ultramar y mantenía una armada de tamaño razonable. En 1860, los buques más modernos eran tres fragatas de hélice (Asturias, Berenguela y Blanca), cinco balandras o cañoneras de hélice, tres fragatas de remos y 26 cañoneras de remos. La armada de vela estaba compuesta por dos navíos de línea de 86 cañones, cuatro fragatas, cuatro corbetas y 25 embarcaciones menores. Se estaban construyendo dos fragatas de hélice (Concepción, de 2300 toneladas, y Lealtad, de 3075 toneladas) y seis buques de vapor menores:
  • Dos navíos de línea de 86 cañones:
  • Tres fragatas de hélice: Asturias, Berenguela, Blanca
  • Cuatro fragatas de vela
  • Cuatro corbetas de vela
  • Cinco balandras de hélice
  • Tres fragatas de remos
  • 26 cañoneras de remos
  • 25 pequeños bergantines y balandras de vela

Los desafortunados barcos españoles de 75 cañones

España no completó más navíos de línea después de 1796, durante más de 50 años, pero tres de ellos se encontraban en construcción en Ferrol y La Habana durante la ocupación francesa. Las obras cesaron y todos fueron desguazados en el cepo. Posteriormente, tras el exilio de Napoleón, se adquirieron cinco navíos de 74 cañones de Rusia (febrero de 1818), pero su mal estado los dejó sin servicio.

  • España 74 (botado en 1811 en Arkhangelsk, antiguo Nord-Adler ruso, vendido a España en 1818) - Siniestrado en 1821
  • Alejandro I 74 (botado en 1813 en Arkhangelsk, antigua Drezden rusa, vendido a España en 1818) - Averiado en 1823
  • Numancia 74 (botado en 1813 en Arkhangelsk, antiguo Liubek ruso, vendido a España en 1818) - BU 1823
  • Velasco 74 (botado en 1810 en San Petersburgo, antiguo Tri Sviatitelei ruso, vendido a España en 1818) - Averiado en 1821
  • Fernando VII 74 (botado en 1812 en San Petersburgo, antiguo buque ruso Neptunus, vendido a España en 1818) - Averiado en 1823

Los navíos de línea españoles de 85 cañones

NSB Reina Doña Isabel II, foto de Charles Clifford, Cartagena 1862.

Los cambios decisivos fueron, por fin, dos buques de 86 cañones encargados en 1850, puestos en quilla el 19 de noviembre y el 2 de diciembre de 1850:
- Reina Doña Isabel II , botado el 13 de octubre de 1852 en Carraca. Fue dado de baja el 18 de julio de 1867, pero aún existía en 1885 como pontón.
- Rey Don Francisco de Asís , botado el 18 de septiembre de 1854 en Ferrol. Fue dado de baja en 1876 y BU. Nota: ¡Este es un trabajo en progreso!

La locura de los acorazados y el programa naval








España fue una de las pocas potencias navales de segundo rango que construyó acorazados de costado, la mayoría de los cuales fueron transformados a partir de fragatas de madera en diversas etapas de diseño y construcción, aunque los dos más grandes (adquiridos a Gran Bretaña y Francia) fueron construidos de hierro. Así, a principios de la década de 1870, España poseía, al menos en teoría, una impresionante escuadra de siete acorazados. España también fabricó sus propios cañones Hontoria, pero estos eran principalmente versiones bajo licencia de los Pallisers al principio y diseños Schneider-Canet después. También se adquirieron cañones Parrot, Armstrong y Krupp, y España utilizó torpedos Schwartzkopf.

La Armada Española participó, sin grandes logros, en la guerra de 1864-66 contra Perú y Chile, y el motín de Cádiz de 1868 jugó un papel importante en el fin del largo y despótico gobierno de Isabel II. Siguió un período de inestabilidad política que finalmente desembocó en una guerra civil abierta entre tres facciones, durante la cual Cartagena y su escuadra fueron tomadas por republicanos radicales.

La guerra civil se resolvió en 1874 con la restauración de la monarquía, momento en el que España se enfrentó a la perspectiva de una guerra con Estados Unidos por el caso Virgi. Se creía que los mercenarios a bordo de este vapor se dirigían a ayudar a los rebeldes cubanos (la guerra de guerrillas llevaba en curso desde 1968). El vapor fue capturado por el Tomado y muchos tripulantes estadounidenses y británicos fueron fusilados.

El incidente se apaciguó y se llegó a un acuerdo con Cuba en 1879, pero dejó un legado de resentimiento contra la política española en el Nuevo Mundo. En 1898, el USS Maine explotó en el puerto de La Habana —aunque ciertamente no por intervención española— y Estados Unidos tenía una razón perfecta para declarar la guerra. Durante esta corta guerra, España perdió no solo la mayor parte de su flota en las batallas de la bahía de Manila y Santiago, sino también Cuba, Filipinas y la mayoría de sus colonias restantes. Tras este revés, no hubo ningún intento real de reconstruir la Armada Española, e incluso buques en construcción, como los cruceros acorazados de la clase Asturias, tardaron muchos años en completarse.

Leer más y fuente

En history.navy.mil
Vitoria
Tetuán
Numancia
Lista completa de buques de guerra españoles en todoavante.es

Encorazados españoles

Numancia (1863)


Construido en La Seyne, Francia, botado el 19/11/1863. Era un buque con casco de hierro y aparejo de barco, con una chimenea y una proa de espolón. En su estado original, estaba armado con SB de 40 a 68 libras, pero para 1890 el armamento era el mismo que el mencionado anteriormente. Los cañones de 25 cm eran 181 Armstrong montados en la cubierta principal; 4 de los 91 Armstrong de 20 cm también estaban montados en la cubierta principal, con los otros 3 en la cubierta superior y el cañón Hontoris de 19,7 cm en el castillo de proa. El Numancia fue completamente reconstruido en La Seyne en 1897-98 y rearmado con 4 ametralladoras QF de 16 cm, 6 ametralladoras QF de 14 cm, 3 ametralladoras QF de 11 cm, 12 ametralladoras y ZTT. También se le cambiaron los motores y podía alcanzar los 13 nudos

Especificaciones:

Desplazamiento: 7189 toneladas.
Dimensiones: 96,01 m (315 pies) x 17,37 m (57 pies) x 27 m (27 pies)
máx. (96,01 m x 17,37 m x 8,22 m). Maquinaria: 1 eje, 3700 hp, 10 nudos. Carbón: 1100 toneladas.
Blindaje: Hierro. Cinturón de 5 pulgadas, batería de 4 pulgadas.
Armamento: 8-10 pulgadas RML, 7-8 pulgadas RML, 1-7,9 pulgadas BL, 8 ametralladoras, 2-14 pulgadas TT.
Dotación: 500.

Tetuán (1863)


Fue botado en 1861 y originalmente estaba previsto que llevara 41 cañones. Se parecía al Normandie francés en apariencia general, pero con troneras notablemente pequeñas. Capturado por matineros rojos durante la guerra civil, sufrió graves daños en combate con el leal Vitoria y finalmente fue volado en el puerto de Cartagena para evitar su captura

Especificaciones:

Desplazamiento: 7135 t
Dimensiones: 96,37 m x 17,37 m x 8,07 m máx.
Maquinaria: Eje I, 4500 HP = 12 nudos. Carbón 875 t
Blindaje: Hierro. Cinturón de 12,7 cm, batería de 12,7 cm
Armamento: 20-23 cm RML, 2-20 cm RML, 1-20 cm BL, 8 ametralladoras, 2-35 cm TT
Dotación: 500


Vitoria (1865)


Botado el 4 de noviembre de 1865 en Thames Iron Works, este era un buque con casco de hierro y aparejo de barco, con dos chimeneas y una proa de ariete, originalmente armado con 30 ametralladoras de 68 libras. En 1890, los Armstrong de 9 pulgadas se montaron en el costado, con los Armstrong de 8 pulgadas en un reducto de cubierta superior en el costado y el único Hontoria de 7,9 pulgadas bajo el castillo de proa del juanete. El cinturón de blindaje se extendía desde 13 pies por encima del peso hasta 7 pies por debajo. Había un CT en el reducto. El Vitoria fue reconstruido en La Seyne en 1897-98, reducido a aparejo militar y rearmado con 6-6,4 pulgadas, 6-5,5 pulgadas QF, 6-6 libras, 6 ametralladoras y 2 TT. Fue utilizado como TS después de 1900

Especificaciones:

Desplazamiento: 7135 t
Dimensiones: 96,37 m x 17,37 m x 8,07 m máx.
Maquinaria: Eje I, 4500 HP = 12 nudos. Carbón 875 t
Blindaje: Hierro. Cinturón de 12,7 cm, batería de 12,7 cm
Armamento: 20-23 cm RML, 2-20 cm RML, 1-20 cm BL, 8 ametralladoras, 2-35 cm TT
Dotación: 500


Arapiles (1864)

El Arapiles fue una fragata acorazada española con casco de madera y acorazado de costado, construida en Inglaterra, botada en 1864 y en servicio hasta 1882. Fue comprada en el cepo para la Armada Española, mientras se botaba en Green, Blackwall, Londres, en junio de 1861 como una fragata de vapor sin blindaje. Posteriormente fue comprada y convertida en acorazado mientras estaba en construcción. En 1873 sufrió daños tras encallar y fue reparada en Estados Unidos durante el caso Virginius y las tensiones entre Estados Unidos y España. Fue desguazada en 1879, pero nunca volvió a navegar. Fue inspeccionada en 1882 y el mal estado de su casco obligó a cancelar su reconstrucción en 1882, por lo que fue desguazada posteriormente

Zaragoza (1867)


(Por venir)

Sagunto (1869)

(Por venir)

Méndez Núñez (1869)


(Por venir)

Fragatas y corbetas españolas

Fragata Carmen (1861)



(Por venir)

Fragata Villa de Madrid (1862)


Fragata Almansa (1864)



Fragata Gerona (1864)


Fragata Navas de Tolosa (1865)



Corbeta Tornado (1865)



Corbeta María de Molina (1868)



Balandras y cañoneras españolas

Balandra de tornillo de madera Vencedora (1861)

(Por venir)

Balandra de madera con tornillo Sloop Africa (1862)

Cañoneras de madera de la clase Sirena (1863)

Cañonera Prosperidad (1865)

Cañoneras ligeras españolas (1860-70)

viernes, 10 de abril de 2026

Argentina: La guerra del Paraná

Guerra del Paraná

Revisionistas





Patricios de Vuelta de Obligado en El Tonelero


Luego del combate de la Vuelta de Obligado, las fuerzas aliadas que allí desembarcaron con el designio de internarse, habían sido arrolladas en los meses de diciembre y de enero por las del coronel Thorne, que comandaba la línea de observación sobre la costa. El 2 de febrero de 1846 los aliados desembarcaron 300 soldados protegidos por la artillería de sus buques fondeados en la costa. Thorne desplegó contra ellos una fuerte guerrilla, y después de un fuerte tiroteo se les fue encima con dos compañías de artillería y 50 lanceros, obligándolos a reembarcarse.(1) El mismo día enfrentó a Obligado un convoy de más de 50 barcos mercantes, armados y cargados por los interventores y por el gobierno y negociantes de Montevideo, y para seguir aguas arriba con el auxilio de los buques de guerra.

El general Mansilla colocó convenientemente su artillería volante en la costa de San Nicolás del Rosario, San Lorenzo y Tonelero, y se vino a dirigir personalmente la resistencia al pasaje del convoy de los que especulaban con la guerra y al favor de los avances de la intervención. El 9 de enero llegaron los barcos del convoy a la altura del puerto de Acevedo. Mansilla enfiló contra ellos sus cañones. Cuatro buques británicos y franceses fondearon a su frente respondiéndole con su artillería de grueso calibre. Así protegieron el paso del convoy, el cual se alejó de la costa y hacia una isla interpuesta frente a la posición de Mansilla. En la imposibilidad de hostilizarlo al través de las islas que se levantaban entre ambas costas a esa altura del Paraná, Mansilla fue siguiendo por tierra el convoy para verificarlo donde se pusiese a tiro.

En los barrancos de la costa comprendida entre el convento de San Lorenzo y la punta del Quebracho, Mansilla había colocado ocho cañones ocultos bajo montones de maleza, 250 carabineros y 100 infantes en los barrancos de la costa comprendida entre el convento de San Lorenzo y la punta del Quebracho.

A mediodía del 16 de enero aparecieron el vapor Gorgon, la corbeta Expeditive, los bergantines Dolphin, King y dos goletas armadas en la Colonia, los cuales montaban 37 cañones de grueso calibre y acompañaban 52 barcos mercantes. Al enfrentar a San Lorenzo, la Expeditive y el Gorgon hicieron tres disparos a bala y metralla sobre la costa para descubrir la fuerza de Mansilla. Los soldados argentinos permanecieron ocultos en su puesto, según la orden recibida. Cuando todo el convoy se encontraba en la angostura del río que se pronuncia en San Lorenzo arriba, Mansilla mandó romper el fuego de sus baterías dirigidas por los capitanes José Serezo, Santiago Maurice y Alvaro de Alzogaray. El ataque fue certero; los buques mercantes rumbeaban desmantelados hacia dos arroyos próximos, aumentando con el choque de los unos con los otros las averías que les hacían los cañones de tierra.

A las cuatro de la tarde el combate continuaba recio todavía, y el convoy no compensaba lo andado con sus grandes averías. Favorecido por el viento de popa y tras los buques que vomitaban sin cesar un fuego mortífero, se aproximó al Quebracho. Aquí reconcentró sus fuerzas Mansilla y batalló hasta la caída de la tarde, cuando desmontados sus cañones y neutralizados sus fuegos de fusil por el cañón enemigo, el convoy pudo salvar la punta del Quebracho, con grandes averías en los buques de guerra, pérdidas de consideración en las manufacturas y 50 hombres fuera de combate. El contralmirante Inglefield, en su parte oficial al almirantazgo británico dice que “los vapores ingleses y franceses sostuvieron el fuego por más de tres horas y media; y apenas un solo buque del convoy salió sin recibir un balazo”.

La pérdida de los argentinos fue esta vez insignificante, y Mansilla pudo decir con propiedad que habíale tocado el honor de defender el pabellón de su patria en el mismo paraje de San Lorenzo que regó con su sangre San Martín al conducir la primera carga de sus después famosos Granaderos a Caballo.(2)

Como se ve, los aliados no continuaban impunemente su conquista en las aguas interiores argentinas. Verdad es que Mansilla, cumpliendo órdenes terminantes del gobierno, recorría incesantemente la extensa costa que defendía, haciendo tronar sus pocos cañones allí donde aquéllos a tiro se presentaban. Así fue como los burló en sus tentativas de desembarque después de Obligado y San Lorenzo. El 10 de febrero, en seguida de fracasar en una de esas tentativas, los buques de guerra ingleses Alecto y Gordon bombardearon durante tres horas el campo del Tonelero con balas a la Paixhans 64. La artillería e infantería de los argentinos mandados por el mayor Manuel Virto les respondió con denuedo, y no consiguieron más que matar algunos milicianos, incendiar dos armones y destrozar los ranchos y árboles que había. (3) Pocos días después renovaron las hostilidades sin mayor éxito. El 2 de abril llegó el Philomel frente al Quebracho. El teniente coronel Thorne les asestó sus cañones, mas como el Philomel huyese aguas abajo, ató tres piezas de a 8 a la cincha de sus caballos y corrió por la costa a darle alcance; lo que no pudo verificar porque el buque francés iba a toda vela y corriente. El día 6 la misma batería de Thorne sostuvo otro combate con el buque de guerra inglés Alecto, que pasó por el Quebracho remolcando tres goletas. Los ingleses tuvieron algunos muertos y su buque salió bastante descalabrado.

El 19, después de otro combate, Mansilla consiguió represar el pailebot Federal, tomado por los aliados en Obligado. Al dar cuenta al gobierno de este suceso, remitiendo la bandera inglesa conquistada, y bajo la relación, todo el equipaje de cámara del ex comandante del preciado pailebot Carlos G. Fegen, Mansilla agregaba en su nota: “Los anglofranceses verán la diferencia que existe entre el saqueo de los equipajes de los valientes de Obligado que hicieron los hombres que se llaman civilizadores, y la conducta de los federales que defienden su patria y respetan hasta los despojos de sus enemigos”. El día 21 le cupo todavía a Thorne sostener otro combate de dos horas con el buque inglés Lizard, el cual acribilló a balazos, volteándole el pabellón que flameaba al tope mayor y dejándole casi inservible para nuevas operaciones. “El enemigo, dice el teniente Tylden, que mandaba el Lizard, en su parte al capitán Hotham, volteó nuestra pieza del castillo de proa; y su terrible fuego de metralla y fusilería, cribando al buque de proa a popa me obligó a ordenar a oficiales y tripulación que bajasen…. El Lizard recibió treinta y cinco balas de cañón y metralla, La lista de los muertos y heridos van al margen….”(4)

Simultáneamente con estos combates en la costa norte, los barcos bloqueadores de la costa sur forzaron el puerto de la Ensenada en la madrugada del 21 de abril y organizaron una columna de desembarco, la cual fue rechazada por las baterías de esa costa al mando del general Prudencio de Rozas. Entonces los aliados penetraron en la bahía a sangre y fuego; se apoderaron de lo mejor que encontraron a bordo de los buques neutrales allí surtos, e incendiaron varios de estos buques con la carga que contenían. Cuatro días después un guardiamarina inglés encargado de practicar un reconocimiento, penetró en el puerto cercano de la Atalaya en un bote con un cañón chico a proa y 15 hombres armados, y sostuvo un tiroteo con la partida que guarnecía el punto. Como varase al querer retirarse, levantó bandera de parlamento y fue recibido en tierra por el jefe argentino, quien mandó un bote con ocho hombres a traer la tripulación inglesa. Esta hizo fuego que le fue contestado, y en la confusión quedó muerto el oficial.(5)

En presencia del incendio y violencias que perpetraron los aliados en la Ensenada, el gobierno argentino expidió un decreto de represalias, en el que “constituyéndose en el deber de poner a salvo esta sociedad, no menos que las propiedades neutrales y argentinas de tales incendios y depredaciones” proscriptas por la civilización; y sin perjuicio de adoptar para lo futuro otras medidas en caso de que se repitan iguales escandalosas agresiones por las fuerzas navales de Inglaterra y Francia, establecía que los comandantes, oficiales o individuos de las tripulaciones de los buques o embarcaciones de guerra de dichas dos potencias, que fueron aprehendidos en cualesquiera de los puertos y ríos de la Provincia, bien para sacar violentamente los buques nacionales o extranjeros, bien para incendiarlos o saquearlos, serían castigados como incendiarios con la pena prescripta para éstos en las leyes generales.(6)

La intervención bélica no resolvía, pues, la situación a favor de los aliados, por mucho que la Gran Bretaña y la Francia confiasen en sus poderosos elementos militares, en los recursos de su diplomacia y en la propaganda y los esfuerzos de los emigrados unitarios y el gobierno de Montevideo. El gobierno argentino permanecía firme defendiendo el suelo y los derechos de la Confederación; y la intervención ya no tenía medida de rigor que emplear contra él para reducirlo. No quedaba más que duplicar o triplicar las fuerzas navales de ambas potencias, y bombardear y ocupar Buenos Aires. Esto último había sido materia de consulta a Londres y París; y si los almirantes Lainé e Inglefield no lo habían llevado a cabo era porque no se resignaban a presentar en seguida la prueba de una impotencia muy parecida a la derrota, cuando en su orgullo inconmensurable no cabía la magnitud de sus hazañas en Malta, en Acre, en Mojador, en San Juan de Ulloa. Ya no se engañaban acerca de esto; y la misma opinión se había generalizado entre los oficiales ingleses y franceses, a tal punto que varios de éstos no ocultaban sus temores de que sufriese un desastre la expedición mercantil que debía bajar el Paraná protegida por las escuadras de las potencias interventoras. “Rosas está levantando baterías a lo largo de las barrancas entre nosotros y Obligado”, escribía el teniente Robins, de la fragata Firebrand surta en la bajada de Santa Fe; “si no hay una poderosa división abajo con fuerzas de tierra para sacar los hombres de la barranca, ellos echarán a pique algunos de los buques del convoy y probablemente harán gran daño a los de guerra. Nos hemos internado muy pronto río arriba. Hemos tomado una posición que no podemos sostener sin muchas posiciones fortificadas. Si la Provincia de Buenos Aires es atacada, el ataque debe ser hecho en Obligado. El país es abierto y propio para reorganizar tropas…” “El San Martín -escribía el teniente Marelly- surto en la bajada de Santa Fe a la espera del convoy que debía salir de Corrientes, después de esta campaña no podrá hacer mayores servicios sin muy costosas reparaciones. Nosotros nos preocupamos mucho de las baterías que Rosas levanta contra nosotros en San Lorenzo…”. (7)

La exactitud de estas observaciones se reveló muy luego. Los buques que habían pasado para Corrientes cargaron juntamente con otros, por cuenta de comerciantes de allí y de Montevideo y aun del gobierno de esta plaza y de los ministros interventores, y se dieron a la vela para bajar el Paraná protegidos por las escuadras combinadas. El 9 de mayo fondearon en una ensenada como a dos leguas de las posiciones que tomó Mansilla en el Quebracho. El 28, Mansilla se corrió por la costa con dos obuses, y les asestó algunas balas obligándolos a retirarse aguas arriba, en medio de la confusión consiguiente a esta operación, cuyo objeto principal era templar los bríos de los soldados noveles que la ejecutaron. El 4 de junio, favorecido por el viento norte, enfrentó la posición del Quebracho todo el convoy de los aliados, compuesto de 95 barcos mercantes y de 12 de guerra a saber: vapores Firebrand, Gorgon, Alecto, Lizard, Harpy, Gazendi y Fulton; bergantines goletas Dolphin y Procida; bergantines San Martín y Fanny, y corbeta Coquette, los cuales montaban 85 cañones de calibre 24 hasta 80, con más una batería de tres cohetines a la Congreve que habían colocado la noche anterior en un islote hacia la izquierda de aquella posición.

La línea de Mansilla se apoyaba en 17 cañones, 600 soldados de infantería y 150 carabineros, así colocados: a la derecha una batería y piquetes del batallón de San Nicolás y Patricios de Buenos Aires al mando del mayor Virto; en el centro dos baterías y dos compañías de infantería al mando del coronel Thorne; a la izquierda otra batería y el resto del regimiento Santa Coloma, al mando de este jefe; en la reserva 200 infantes, dos escuadrones de lanceros de Santa Fe y la escolta del general. En tales circunstancias, Mansilla les recordó a sus soldados el deber de defender los derechos de la patria, ya cumplido en Obligado, Acevedo y San Lorenzo. Y tomando la bandera nacional y al grito de “¡Viva la soberana independencia argentina!” mandó que por sus cañones tronase la voz de la patria, cuando ya las escuadras aliadas habían enfilado contra él su poderosa artillería para que por retaguardia pasasen los barcos del convoy. El fuego sostenido de los argentinos hizo vacilar a los aliados y llevó el estrago a los barcos mercantes, algunos de los cuales vararon por ponerse a salvo, o se despedazaron al chocar entre sí en las angosturas del río por huir pronto. A la 1 p.m., después de dos horas de combate, el convoy no podía todavía salvar los fuegos de las baterías de Thorne.

El Firebrand, Gazendi, Gorgon, Harpy y Alecto retrocedieron para cubrir la línea de barcos más comprometidos. Pero, viendo, después de una hora más de encarnizado combate, que ello era infructuoso y que todos corrían gran riesgo, incendiaron allí los que pudieron y bajaron el río precipitadamente con los restantes. Este combate fue una derrota de trascendencia para los aliados; pues no sólo sufrieron pérdidas más considerables que en Obligado, sin inferirlas de su parte a los argentinos, sino que se convencieron de que no podían navegar impunemente por la fuerza las aguas interiores de la Confederación. Contaron cerca de 60 hombres fuera de combate y perdieron una barca, tres goletas y un pailebot cargados con mercaderías valor de cien mil duros, parte de las cuales salvó Mansilla consiguiendo apagar el fuego del pailebot. De los argentinos sólo cayeron Thorne, herido en la espalda por un casco de metralla y algunos soldados. “El fuego fue sostenido con gran determinación, –dice el teniente Proctor en su parte al capitán Hotham- fuimos perseguidos por artillería volante y por considerable número de tropas que cubrían las márgenes haciéndonos un vivo fuego de fusilería. El Harpy está bastante destruido; tiene muchos balazos en el casco, chimeneas y cofas” El mismo capitán Hotham, en su parte al almirante Inglefield datado a 30 de mayo de a bordo del Gorgon, acompañando la lista de muertos y heridos ingleses y franceses en el Quebracho, declara que “los buques han sufrido muchos”. (8)

El convoy de los aliados era esperado con vivísimo interés por los negociantes de Montevideo, quienes se prometían pingües ganancias dada la escasez que se sentía en esa plaza de muchos de los productos de Corrientes y de Paraguay. Las pérdidas y averías sufridas en el Quebracho aumentaron visiblemente el descontento de los principales comerciantes en cuyas manos estaba hasta cierto punto la suerte del gobierno de Montevideo, y quienes, como accionistas de la compañía compradora de los derechos de aduana bajo la garantía de los ministros Ouseley y Deffaudis, habían ya protestado del nuevo contrato hecho por el ministro Vásquez hasta el año 1848. (9) A fin de cubrir en lo posible esas pérdidas impusieron una fuerte suba en los precios; y el gobierno les ofreció prontas ganancias que facilitaría Rivera, como se va a ver.

Rivera se había puesto en campaña y sus primeras operaciones habían sido tan felices como rápidas. Con poco más de 400 hombres, entre los que se encontraban buenos oficiales como el coronel Mundelle, el cual le fue recomendado por el ministro Ouseley y, auxiliado por una flotilla anglofrancesa al mando de Garibaldi, Rivera se plantó en la Colonia, pasó al Carmelo y lo fortificó después de batir fuerzas del comandante Caballero. Sobre la marcha entró en las Víboras a sangre y fuego, apoderándose de todo cuanto encontró. A pesar de las disposiciones del coronel Montoro, se dirigió a Mercedes, se apoderó de esta ciudad el 14 de junio y derrotó a Montoro tomándole 400 prisioneros, 2.000 caballos y mucho armamento.

Estas operaciones fueron acompañadas de depredaciones, en las cuales estaban interesados los comerciantes de Montevideo y principalmente los ministros interventores de Gran Bretaña y Francia, quienes entraban en los negocios de cueros, ganados y frutos del país, que Rivera les enviaba, y daban en cambio recursos y dineros para proseguir una guerra devastadora.

Es necesario verlo así escrito por los mismos hombres del gobierno de Montevideo para que no quede duda del rol que desempeñaba en su impotencia la intervención anglofrancesa en el Plata. El 5 de junio de 1846 le escribía el ministro Magariños a Rivera: “..he hablado con los ministros (interventores) sobre el armamento que se harán cargo de pagarlo, tomando para su reembolso ganado del que usted tiene y les servirá a las estaciones marítimas. También nos darán estos días 20 quintales de pólvora, y ya pusieron en batería dos de los cañones tomados en Obligado; los otros fueron fueron a Londres como trofeos” “Sale don Agustín Almeida -le escribe el mismo Magariños a Rivera el 24 de junio- para que asociado con la persona que usted elija en ésa, se haga cargo de conducir lo que quieran mandar a ésta de lo tomado al enemigo, y según los contratos que fuese conveniente hacer, porque eso ha parecido más arreglado y expeditivo para ir en armonía…”.

El medio de que los interesados vayan en armonía lo da el ministro de Hacienda Bejar, escribiéndole a Rivera en esa misma fecha: “Anteriormente he dicho a usted que la compra del armamento estaba arreglada con los ministros interventores, los cuales me habían dicho del modo de arreglar ese negocio….. Ultimamente han dicho que tomarán ganado para cobrarse su importe….. Para el mejor desempeño en la remisión de cueros, ganado y demás frutos tomados en el territorio que ocupaba el enemigo, el gobierno ha nombrado un comisionado, que lo es don Agustín Almeida, quien procederá en unión de otro que usted nombre. De este modo nos ha parecido que será más conveniente, y que más pronto vendrán a disposición del gobierno esos recursos”. Ratificándole las seguridades de Bejar, le escribe todavía Magariños a Rivera en 5 de julio: “Ayer se acordó avisar a usted que para cubrir el contrato de armamento, se debe entregar su valor en cueros y ganado a orden de los ministros y almirantes”. Con fecha 11 de junio el ministro Bejar le acusa recibo a Rivera de una remesa de cueros, pero le encarece nuevas remesas, “porque usted sabe bien nuestro estado y la necesidad de evitar inconvenientes que puedan presentarse en este asunto”.

Es claro que esto último se refería a las exigencias de los ministros interventores, como que las remesas de cueros y frutos no debían de ser muy abundantes. Es que aunque Rivera hiciese enormes acopios, todo era poco para entretener su sistema de dilapidaciones. Asediado por los que iban al olor de sus larguezas; explotado por los que medraban al favor del desbarajuste que lo caracterizaba, siempre estaba urgido de dinero, que nada reservaba para sí. A fines de agosto ya le pedía más dinero al ministro de Hacienda, y éste al remitírselo no podía menos que pedirle el informe sobre cueros “con los documentos que puedan ilustrar el particular”. Así entretenían la intervención y la guerra los ministros interventores de Gran Bretaña y Francia, cuando el repentino arribo del comisario británico Thomas S. Hood comenzó a imprimirle nuevo giro a la cuestión del Río de la Plata.


Referencias

(1) Véase El Comercio del Plata del 10 de febrero.

(2) Véase este parte del almirante Inglefield que transcribió La Gaceta Mercantil del 8 de enero de 1847, del Morning Herald del 12 de setiembre de 1846. Parte del general Mansilla y carta del capitán Alzogaray en La Gaceta Mercantil del 9 de febrero de 1846. El Nacional y El Comercio del Plata de Montevideo, al referirse al combate de San Lorenzo, silenciaban las averías y pérdidas que sufrió el convoy; pero es lo cierto que muchos de los barcos mercantes quedaron inútiles, y que el Dolphin y Expeditive no pudieron después continuar sus servicios sino a costa de serias refacciones.

(3) Parte del teniente Austen del Alecto al capitán Hotham, transcripto en La Gaceta Mercantil; idem de Virto a Mansilla.

(4) Este parte se publicó en el Morning Herald de Londres del 12 de setiembre de 1846. Véase los partes de Mansilla, Thorne y Santa Coloma, relativos a estos cuatro combates, en la Gaceta Mercantil del 14 de mayo de 1846. Véase también las cartas de los marinos ingleses y franceses, tomadas con la correspondencia de pailebot Federal, y en las que éstos sienten la necesidad de aumentar sus fuerzas marítimas contra la Confederación, y descubren todos los descalabros y pérdidas que sufrió en San Lorenzo la expedición mercantil de los aliados.

(5) Véase la Gaceta Mercantil del 2 de mayo de 1846. La muerte del guardiamarina Wardlaw dio tema a El Comercio del Plata para un romance heroico, en el que los soldados argentinos aparecían como asesinando a ese oficial poco menos que a mansalva.

(6) Decreto de 1º de mayo de 1846.

(7) Correspondencia tomada a los aliados juntamente con el pailebot Federal. Véase la Gaceta Mercantil del 2 de mayo de 1846.

(8) Estos partes los transcribió La Gazeta Mercantil del 8 de enero de 1847, del Morning Herald de Londres de 12 de setiembre de 1846. Parte oficial de Mansilla en la Gaceta Mercantil del 12 de junio de 1846. Véase El Comercio del Plata del 3 y 4 de junio de 1846 y lo que al respecto dice Bustamante (equivocando el combate de San Lorenzo con el de Quebracho) en su libro los Errores de la Intervención, página 114.

(9) Esta protesta se insertó en El Nacional de Montevideo de 17 de enero de 1846.




Fuente

Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado

Portal www.revisionistas.com.ar

Saldías, Adolfo – Rozas y el Brasil – Ed. Americana – Buenos Aires (1945)

Turone, Oscar A. – Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado.

lunes, 6 de abril de 2026

Malvinas: Decreto de creación de la Comandancia Militar de las Islas Malvinas

Decreto que crea la Comandancia Militar de las Islas Malvinas y costas adyacentes







Copia manuscrita del Decreto que instituye una Comandancia Militar en las Islas Malvinas y costas adyacentes, Buenos Aires - Año: 10 de Junio de 1829. 

TRANSCRIPCIÓN: 

Cuando por la gloriosa revolución de 25 de Mayo de 1810 se separaron estas provincias de la dominación de la Metrópoli, la España tenía una porción material de las Islas Malvinas y de todas las demás que rodean el Cabo de Hornos, incluso la que se conoce bajo la denominación de Tierra del Fuego, hallándose justificada aquella porción por el derecho de primer ocupante, por el convencimiento de las principales potencias marítimas de Europa, y por la adyacencia de estas Islas al continente que formaba el Virreinato de Buenos Aires, de cuyo Soberano dependían. Por esta razón habiendo entrado el Gobierno de la República en la sucesión de todos los derechos que tenía sobre estas provincias la antigua Metrópoli y de que gozaban sus virreyes, ha seguido ejerciendo actos de dominio en dichas islas, sus puertos y costas; a pesar de que las circunstancias no han permitido hasta ahora dar a aquella parte del territorio de la República la atención y cuidados que su importancia exige. Pero siendo necesario no demorar por más tiempo las medidas que puedan poner a cubierto los derechos de la República haciéndole al mismo tiempo gozar de las ventajas que pueden dar los productos de aquellas islas y asegurando la protección debida a su población, el Gobierno ha acordado decretar: 

Artículo 1º. Las Islas Malvinas y las adyacentes al Cabo de Hornos en el Mar Atlántico serán regidas por un comandante político y militar nombrado inmediatamente por el Gobierno de la República. 

Artículo 2º. La residencia del comandante político y militar será en la Isla de la Soledad y en ella se establecerá una batería bajo el pabellón de la República. 

--Fin 1ra Parte--


martes, 3 de febrero de 2026

Encorazados: Un fenómeno global

Un fenómeno global

  • Desde Kinburn en 1855 hasta el río Yalu en 1894, la era del acorazado revolucionó la guerra naval.

Por Bruce Taylor
Junio ​​de 2020
Naval History


Es bien sabido en la historia naval que el acorazado alcanzó una prominencia temprana y espectacular con el CSS Virginia y el USS Monitor en Hampton Roads los días 8 y 9 de marzo de 1862. Menos conocido es que esta multifacética expresión tecnológica —y la revolucionaria transformación que impuso en las operaciones litorales, fluviales y, finalmente, oceánicas—, en la mayoría de los aspectos, se originó lejos de las costas estadounidenses y, como se vio después, estaba destinada a ser perfeccionada por potencias extranjeras en aguas distantes. Como ocurre con todo lo demás en la historia naval, las razones de esto residen en una combinación de requisitos estratégicos, necesidad táctica, conveniencia financiera, capacidad técnica y la coyuntura política y diplomática más amplia.

Una nueva era comenzó con el primer uso operativo del acorazado en la Guerra de Crimea de 1853-56, luego continuó durante la Guerra Civil y hasta la Guerra Sino-Japonesa de 1894-95, momento en el que una Armada estadounidense revitalizada estaba lista para volver a entrar en el juego naval como una potencia significativa en la Guerra Hispanoamericana de 1898. Para entonces, también, la era del acorazado estaba llegando a su fin en el contexto de la gran carrera naval de principios del siglo XX, que marcó el comienzo de otra revolución naval, encarnada por el HMS Dreadnought. 



La Naturaleza de la Bestia

¿Qué es, entonces, un acorazado? Para los lectores acostumbrados a las certezas taxonómicas de Jane’s Fighting Ships, Flottes de combat, Weyer’s Warships of the World y los números de casco, definir el acorazado presenta un desafío. El término se acuñó, como era previsible, en 1862, pero tanto entonces como desde entonces se ha aplicado a muchos tipos y descripciones de buques: baterías flotantes, morteros, monitores, fragatas y cruceros, así como a los diversos diseños que conforman el linaje del acorazado al llegar al siglo XX. Más que aplicarse a un tipo específico, el término acorazado puede caracterizarse por la presencia irreductible de tres características: propulsión a vapor mediante hélice, un casco revestido de metal y un armamento principal que dispara proyectiles explosivos.

La distinción de ser el primer buque de guerra propulsado por hélice recae, por fecha de botadura, en el balandro británico de nueve cañones HMS Rattler (Sheerness, abril de 1843), pero por fecha de puesta en servicio en otro balandro, el USS Princeton (Filadelfia, septiembre de 1843). El primer buque de guerra operativo con casco de hierro y propulsión a vapor fue el Némesis de la Compañía Británica de las Indias Orientales, botado en Birkenhead, Inglaterra, en 1839 y destinado al servicio de la Infantería de Marina de Bengala. Finalmente, el cañón de proyectiles fue una creación del coronel Henri-Joseph Paixhans del Ejército Francés, inventado por él en 1823 y puesto en servicio seis años después. El primer uso operativo de proyectiles en el mar se produjo 30 años después, en noviembre de 1853, cuando una escuadra de navíos de línea rusos destruyó una flota turca en Sinop, en el Mar Negro, durante la Guerra de Crimea. El acorazado es, por lo tanto, una confluencia de tecnologías, cada una de las cuales remonta su origen inmediato a las primeras décadas del siglo XIX. De esta agregación en evolución surgió la extraordinaria gama de buques que definieron y percibieron la política, la estrategia y las tácticas navales durante el resto del siglo.
Prácticamente todas las potencias navales europeas probaron los nuevos desarrollos en el género acorazado, ya sea en forma de buques de costado, de batería o de torreta, monitores o arietes.

Tecnología en la práctica

El primer uso operativo de un buque que responde a esta descripción se produjo en el Mar Negro durante la Guerra de Crimea, el 17 de octubre de 1855, cuando las baterías flotantes francesas Dévastation, Lave y Tonnant silenciaron las obras costeras rusas en Kinburn, cuyos proyectiles simplemente rebotaron en este trío de atormentadores en la ladera. Dos meses antes, escuadrones de morteros británicos y franceses (no acorazados) habían bombardeado con éxito la fortaleza insular de Sweaborg en el mar Báltico, lo que provocó la retirada de la flota rusa a su base principal en Kronstadt. Al desmentir la máxima de Nelson de que los buques de guerra no pueden enfrentarse con éxito (y mucho menos reducir) las fortificaciones modernas, estos dos incidentes ampliaron enormemente el potencial de las operaciones navales y alteraron la propia definición de buque de guerra.

Pero las operaciones litorales contra un enemigo estático eran una cosa, enfrentarse a una flota marítima muy distinta. En noviembre de 1859, el gran arquitecto naval francés Stanislas Dupuy de Lôme se adelantó a los británicos con la botadura del primer acorazado de gran escala del mundo, el buque de andanada La Gloire. De construcción tradicional de madera, pero con un blindaje total de 11,4 cm, La Gloire ofrecía un grado de protección comparable al del Dévastation y otros, además de ser capaz de alcanzar los 14 nudos a vapor.

La noticia de que se estaba construyendo un buque de estas características pronto cruzó el Canal de la Mancha, y la Marina Real Británica respondió sin demora. Aprovechando su inigualable capacidad industrial, la respuesta británica fue el buque de costado con casco de hierro HMS Warrior, botado en Blackwall, junto al Támesis, en diciembre de 1860, al que pronto seguiría su gemelo, el Black Prince. Con una potencia de fuego que duplicaba la de La Gloire, un desplazamiento un 70 % superior y unas dimensiones de 420 pies frente a los 256 de su buque, el Warrior anunció la llegada de un nuevo tipo de buque, uno de los pocos buques de guerra de la historia que, de un plumazo, han dejado prácticamente obsoletos a todos los demás, y cuyo último descendiente directo, el acorazado USS Missouri (BB-63), no se retiró del servicio hasta 1992. Y al igual que el Missouri y sus tres hermanos, el Warrior, por algún milagro, ha sobrevivido para la posteridad; son el alfa y el omega del diseño de acorazados.

De barco a barco


“El comienzo de una nueva era en la construcción de buques de guerra”. Construido para contrarrestar las innovaciones francesas al otro lado del Canal, el poderoso buque de guerra de casco de hierro HMS Warrior, botado en 1860, “anunció la llegada de un nuevo tipo de buque, uno de los pocos buques de guerra en la historia que, de un plumazo, han dejado prácticamente obsoletos a todos los demás”. Alamy

Si bien el Warrior marcó el comienzo de una nueva era en la construcción de buques de guerra, no había transcurrido ni un año desde su puesta en servicio en agosto de 1861 cuando la Batalla de Hampton Roads provocó una reevaluación completa de las operaciones navales. En la tarde del 8 de marzo de 1862, el acorazado confederado Virginia zarpó del río Elizabeth hacia Hampton Roads con el objetivo de levantar el bloqueo de la Unión a Norfolk y Portsmouth, albergando instalaciones de construcción y reparación vitales para la causa secesionista. En cuestión de horas, el Virginia inutilizó a cañonazos la fragata USS Cumberland y luego la hundió embistiéndola, encalló a la fragata Congress antes de incendiarla, obligó a la fragata de vapor Minnesota a hundirse en aguas poco profundas y concluyó la acción dañando a cañonazos otra fragata, la St. Lawrence. Los proyectiles hicieron poco efecto en el Virginia, mientras que el impacto de este espectáculo en las miles de personas que se alineaban en la costa mientras causaba estragos en el fondeadero con impunidad es... Se podría imaginar.

Al reaparecer de Norfolk para reanudar sus depredaciones a la mañana siguiente, el Virginia no iba a tener todo a su favor, ya que la Unión había preparado una respuesta con el acorazado Monitor, de la batería central, armado con dos cañones Dahlgren de 11 pulgadas y precursor de un nuevo tipo de buque de guerra. Así, dos buques, uno con la apariencia poco marinera de un techo flotante con chimenea y otro parecido a una caja de quesos sobre una balsa, se enfrentaron sin éxito, a menudo a quemarropa, durante horas antes de que la acción se extinguiera y los antagonistas se retiraran, desatándose el bloqueo de la Unión. Pero nadie con el más mínimo conocimiento de la guerra naval podía dudar del comienzo de una nueva era.

Otra acción notable de un solo buque con acorazados durante la Guerra Civil fue el prolongado enfrentamiento del 15 de julio de 1862 entre el ariete CSS Arkansas y el cañonero USS Carondelet, a 480 kilómetros de la costa. Mississippi, después de que este último y otros 11 buques de la Unión, al mando del contralmirante David Farragut, superaran con éxito las baterías confederadas en Vicksburg y Warrenton. Aunque el Carondelet sufrió una avería en la dirección y encalló con 35 bajas, finalmente fue reparado, mientras que el Arkansas sorprendió a Farragut y logró escapar, una derrota estratégica para la Unión. La robustez de los acorazados, con su armamento y propulsión cerrados, quedó demostrada de nuevo en la bahía de Mobile el 5 de agosto de 1864, cuando el ariete de casamata CSS Tennessee arrió su bandera solo después de horas de embestidas a corta distancia por parte de no menos de cuatro monitores de la Unión y otros buques.


Una ilustración de época de dos de las primeras unidades de la flota acorazada danesa, que muestra a la izquierda el buque de torreta Rolf Krake, construido en Gran Bretaña en 1863, con dos torretas tipo Coles y dos cañones de 25 cm cada una, y el buque de andanadas Peder Skram, convertido de fragata de vapor a acorazado y botado en 1864. Ilustración de época de dos de las primeras unidades de la flota acorazada danesa. A la izquierda, se muestra el buque de torreta Rolf Krake, construido en Gran Bretaña en 1863 y equipado con dos torretas tipo Coles con dos cañones de 25 cm cada una, y el buque de costado Peder Skram, convertido de fragata de vapor a acorazado y botado en 1864. ILLUSTRATED LONDON NEWS

Guerra y Paz

Los avances forjados en el yunque de la guerra no agotan en absoluto el estímulo para el progreso tecnológico en asuntos navales. Las posibilidades reveladas durante la Guerra Civil fueron rápidamente aprovechadas por pequeños estados europeos interesados ​​en combinar disuasión, defensa costera y operaciones coloniales. Cuatro de ellos fueron Suecia, Dinamarca, Países Bajos y España.

Una de estas posibilidades, y no menos importante, fue la clara conciencia de que la tecnología, por el momento, había nivelado el terreno de juego entre las potencias marítimas y abierto nuevas vías, en particular para la defensa costera. En este aspecto, Suecia tuvo un comienzo brillante, ya que el USS Monitor fue una creación de John Ericsson, originario de la provincia de Värmland, al oeste del país. Tres meses después de Hampton Roads, las conversaciones entre Ericsson y el gobierno sueco culminaron en la decisión de este último de adquirir un pequeño escuadrón de monitores. La situación se vio facilitada por el hecho de que Ericsson, patrióticamente, donó el armamento principal del primer buque (un cañón de proyectiles diseñado por otra figura clave de la herencia sueca, John Dahlgren), que recibió su nombre. El concepto de monitor resultó ideal para la Armada sueca; estos buques no solo eran pequeños y rentables con un presupuesto de defensa limitado, sino que también encajaban a la perfección con una estrategia que planteaba un sistema de minas y buques de poco calado entre los islotes, islas y archipiélagos de la costa sueca, difíciles de navegar para buques de mayor tamaño.

Si bien Europa no representaba un desafío evidente para la integridad sueca a mediados del siglo XIX, no ocurrió lo mismo con Dinamarca, que se vio envuelta en la prolongada disputa sobre la lealtad de los ducados de Schleswig y Holstein a la Corona danesa o a la Confederación Germánica. Las victorias militares en tierra aseguraron el control continuo de Dinamarca sobre los ducados en la Primera Guerra de Schleswig (1848-1851), durante la cual la Armada Real Danesa bloqueó con éxito los puertos del Báltico y la bahía de Heligoland. Sin embargo, el asunto seguía lejos de resolverse, y cuando la cuestión de Schleswig-Holstein volvió a surgir, Dinamarca decidió encargar el buque de torreta Rolf Krake a la firma Robert Napier & Sons de Glasgow en 1862.

Diseñado por el pionero arquitecto naval Capitán Cowper Coles, con un desplazamiento de 1350 toneladas y armado con dos de las novedosas torretas de Coles (cada una con un par de cañones de ánima lisa de 68 libras) en la línea central, el Rolf Krake ostenta el honor de ser el primer acorazado de torreta de Europa. Aunque el Rolf Krake no pudo alterar el resultado de la Segunda Guerra de Schleswig de 1864, durante la cual se perdieron los ducados, la responsabilidad de su mantenimiento proporcionó a los ingenieros daneses una valiosa introducción a la construcción de buques de guerra de hierro y a la fabricación de máquinas de vapor. En 1866, se colocó la quilla del buque de torreta Lindormen, el primero de siete buques de defensa costera diseñados y construidos por el astillero naval de Copenhague durante los siguientes 30 años como parte del plan defensivo que rigió la planificación naval danesa hasta la Segunda Guerra Mundial.

Un ejemplo más, el de los Países Bajos, basta para ilustrar el impacto del acorazado en las adquisiciones navales en lo que era esencialmente un contexto de paz. Aunque ya habían pasado los tiempos en que la Koninklijke Marine contaba con los recursos para construir, dotar y mantener una armada capaz de competir con las de Gran Bretaña, Francia o Alemania, la situación era muy diferente en las Indias Orientales Neerlandesas. Los Países Bajos eran la única potencia colonial cuya flota de ultramar no solo superaba en número, sino que finalmente eclipsaba a la que mantenía en aguas nacionales. De hecho, la llegada a la base de los buques de torreta Prins Hendrik der Nederlanden (1866) y Koning der Nederlanden (1874), y la posesión de una importante base naval en Surabaya, en la costa noreste de Java, proporcionaron a los holandeses la flota más grande del sudeste asiático en aquel momento. La Armada Real de los Países Bajos conservó una variedad de acorazados para la defensa costera en aguas nacionales, y afortunadamente dos de las primeras unidades de esta flota sobreviven como museos: los espolones de torreta Schorpioen y Buffel (ambos de 1868), construidos con diseños similares en Toulon y Glasgow, respectivamente, y ahora conservados en Den Helder y Róterdam.



El espolón de torreta Schorpioen, de fabricación francesa, de 1868, se conserva y exhibe en el Museo de la Armada Holandesa en Den Helder. ARCH PHOTOGRAPHY

Aguas del Pacífico

Una de las primeras armadas en adoptar la idea del acorazado fue la española, que en 1862 encargó el buque de andanada Numancia, de 7.500 toneladas, al astillero francés La Seyne en Tolón. La adquisición se produjo en el contexto de uno de los recurrentes intentos de España por reafirmar su influencia sobre sus antiguas colonias en Sudamérica; en este caso, la toma en abril de 1864 de las islas Chincha, ricas en guano, frente a Perú, acción que desencadenó la Guerra Hispano-Sudamericana (1864-1866). Para fortalecer la posición de España en el Pacífico, el recién construido Numancia zarpó del puerto mediterráneo de Cartagena en enero de 1865, cruzando el Estrecho de Magallanes tres meses después. El esfuerzo bélico español se caracterizó por la incertidumbre de sus objetivos, el fracaso diplomático y la falta de bases y de instalaciones carboneras, además de un inesperado grado de resistencia y solidaridad entre Perú y Chile. El mando de la escuadra española se volvió tan difícil que el vicealmirante José Manuel Pareja se suicidó en su buque insignia, la fragata de hélice Villa de Madrid, en noviembre de 1865.



8 de octubre de 1879: El humo inunda el aire durante el combate entre el buque de torreta peruano Huáscar (izquierda) y el buque de batería central chileno Almirante Cochrane, la culminación de la parte naval de la Guerra del Pacífico. La batalla resultó en la captura del Huáscar por parte de la Armada chilena, que aún se conserva como buque museo. PINTURA DE THOMAS SOMERSCALES, ARCHIVO HISTÓRICO DE LA ARMADA DE CHILE, SANTIAGO


Frustrado en sus propias estrategias, el sucesor de Pareja, el comodoro Casto Méndez Núñez, izó su gallardete en el Numancia y procedió, junto con el resto de su escuadra, a bombardear el indefenso puerto chileno de Valparaíso el 31 de marzo de 1866, destruyendo parte de la ciudad y gran parte de la flota mercante del país. Esta desesperada medida fue seguida por una acción similar contra el puerto peruano de El Callao el 2 de mayo. En esta ocasión, sin embargo, las baterías que defendían el puerto acapararon la mayor parte de la atención de Méndez Núñez. El Numancia recibió 52 impactos, y el propio comodoro se encontraba entre los heridos. El Numancia regresó a España vía Filipinas, Batavia y el Cabo de Buena Esperanza, convirtiéndose en el primer acorazado en circunnavegar el mundo.

Un buque que no llegó a tiempo para entrar en acción fue otro diseño de Cowper Coles, el pequeño buque peruano de torreta Huáscar (1865), construido por Laird's de Glasgow con dos cañones Armstrong de 10 pulgadas en una sola torreta Coles. El Huáscar entró en acción por primera vez en mayo de 1877, cuando fue tomado por rebeldes durante los disturbios políticos en Perú. Esto habría permanecido como un asunto interno si no fuera porque el acoso a la navegación frente a El Callao llamó la atención del mando naval británico local, que envió dos unidades no blindadas, la fragata Shah y la corbeta Amethyst, para capturarlo. El 29 de mayo se produjo el inconcluso Incidente de Pacocha frente a la costa peruana. Se produjo un intenso intercambio de disparos, y el Huáscar recibió 60 impactos sin resultado, mientras que su armamento principal, afortunadamente para los británicos, se encontraba escaso de personal. La acción terminó con el acorazado aprovechando su velocidad para escapar de sus perseguidores al amparo de la oscuridad. Se rindió al gobierno peruano dos días después. Dos años después, el Huáscar volvió a la acción, esta vez en el contexto de la importante disputa fronteriza conocida como la Guerra del Pacífico (1879-1883). Bajo el mando de su veterano comandante, el capitán Miguel Grau, el Huáscar llevó a cabo una serie de incursiones sumamente disruptivas contra puertos y buques chilenos, que culminaron el 21 de mayo de 1879 con el levantamiento del bloqueo chileno de Iquique. El Huáscar hundió la corbeta Esmeralda, que no tenía blindaje, embistiéndola repetidamente. Grau continuó evadiendo a la flota chilena, mucho mayor, durante cinco meses más, durante los cuales capturó el transporte de tropas Rímac. Finalmente, fue puesto a disposición frente al cabo Angamos el 8 de octubre por una escuadra chilena al mando de los buques de la batería central Almirante Cochrane y Blanco Encalada. Grau, ya ascendido a contralmirante, no sobrevivió a la acción, lo que resultó en la captura y posterior incorporación del Huáscar a la flota chilena. Navegando bajo la bandera chilena, el Huáscar entró en acción contra el monitor peruano Manco Cápac (el ex-USS Oneota) mientras bombardeaba la ciudad de Arica el 27 de febrero de 1880. El enfrentamiento terminó de forma indecisa, aunque con la pérdida del comandante del Huáscar. Buque sagrado para dos países, el Huáscar se ha conservado como monumento conmemorativo en Talcahuano, Chile.

Armamento naval chino, estilo siglo XIX: El buque torreta de la Flota Peiyang, el Ting Yuen, se construyó en Alemania a principios de la década de 1880. Tanto él como su gemelo, el Chen Yuen, fueron "los buques de guerra más grandes de Asia en su época".



Armamento naval chino, estilo siglo XIX: El buque torreta de la Flota Peiyang, el Ting Yuen, se construyó en Alemania a principios de la década de 1880. Tanto él como su gemelo, el Chen Yuen, fueron "los buques de guerra más grandes de Asia en su época". COMANDO DE HISTORIA NAVAL Y PATRIMONIO


El encorazado en el Lejano Oriente

A finales de agosto de 1884, dos años después del ataque británico a Alejandría, una escuadra francesa al mando del almirante Amédée Courbet llevó a cabo una acción igualmente unilateral contra la Flota de Fujian, seguida inmediatamente por un bombardeo del cercano Astillero Naval de Fuzhou durante la Guerra Sino-Francesa (1883-1885). Liderados por las corbetas blindadas Triomphante y La Galissonnière, el bombardeo de Fuzhou destruyó toda la Flota de Fujian, pero una vez más infligió menos daños de los esperados al astillero. Con la excepción de dos cañoneras Rendel de fabricación británica, la Flota de Fujian —una de las cuatro flotas regionales chinas— carecía de buques modernos para contrarrestar estas emanaciones de la tecnología occidental, pero en el caso de la Flota de Peiyang (Océano Norte), al menos esa situación se estaba abordando bajo el mando de Li Hung-chang, ministro imperial de Asuntos Exteriores y Comercio y gobernador general de la provincia de Zhili. Inició un importante programa de adquisición de buques de guerra tras la anexión japonesa de las islas Ryukyu en 1879.

Entre los resultados de esta política se encontraba la adquisición en Alemania de dos buques de torreta con un desplazamiento superior a las 7000 toneladas y cuatro cañones de retrocarga de 30 cm, el Ting Yuen y el Chen Yuen, los buques de guerra más grandes de Asia en su época. La guerra con Japón, temida durante mucho tiempo por Li Hung-chang, finalmente estalló en 1894 y resultó en la destrucción de la Flota Peiyang, que dejó de existir por completo. El combate decisivo fue el del río Yalu, el 17 de septiembre de 1894, en el que la flota japonesa, al mando del almirante Ito Sukeyuki, expuso las deficiencias de liderazgo, organización, entrenamiento y material de su contraparte de Peiyang.

Tras replegarse sobre Weihai para recuperarse, la Flota Peiyang fue rematada en febrero del año siguiente en una sucesión de ataques marítimos y terrestres con torpederos, destacamentos de desembarco y artillería que destruyeron o capturaron todos los buques, siendo el Chen Yuen remolcado de vuelta a Japón como premio final. En un contexto más amplio, la Batalla del Río Yalu sirvió para destacar la importancia de una alta cadencia de fuego precisa y la alta inflamabilidad resultante de impactos contundentes, observaciones aprovechadas por marineros, tácticos y diseñadores, privados durante mucho tiempo de datos de batalla. Se avecinaba una nueva era en la artillería, el blindaje, el diseño y la construcción naval.

La era de los acorazados ya pasó, pero el mundo está rodeado, aunque muy escasamente, de los supervivientes de una época verdaderamente revolucionaria en la construcción naval. En China, mientras tanto, se ha completado recientemente una réplica a tamaño real de su primer buque insignia, el buque de torreta de 1881 Ting Yuen (Paz Eterna). Este gesto —que recuerda una época anterior de poder naval en el mismo momento en que China se embarca en un ambicioso programa de expansión naval para el siglo XXI— no es en absoluto casual.



G. A. Ballard, The Black Battlefleet (Lausanne, Switzerland: Edita, 1980).

David K. Brown, Warrior to Dreadnought: Warship Development, 1860–1905 (London: Chatham Publishing, 1997).

William M. Fowler Jr., Under Two Flags: The American Navy in the Civil War (New York: W. W. Norton, 1990).

Robert Gardiner, ed., Conway’s All the World’s Fighting Ships: 1860–1905 (London: Conway Maritime Press, 1979).

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Jack Greene and Alessandro Massignani, Ironclads at War: The Origin and Development of the Armored Warship, 1854–1891 (Conshohocken, PA: Combined Publishing, 1998).

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Theodore Ropp, The Development of a Modern Navy: French Naval Policy, 1871–1904, Stephen S. Roberts, ed. (Annapolis, MD: Naval Institute Press, 1987).

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