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miércoles, 28 de enero de 2026

Finlandia: Reporte de Inteligencia Militar 2026


Resumen del informe de inteligencia militar finlandés 2026 

Finnish Military Intelligence Review 2026



Resumen del Informe de Inteligencia Militar de Finlandia – 2026

Introducción y contexto general

El informe, elaborado por el Comando de Defensa de Finlandia, presenta un análisis integral del entorno operativo militar en 2026, subrayando los desafíos actuales y emergentes para la seguridad nacional. La guerra en Ucrania, el deterioro de la situación en el mar Báltico, el fortalecimiento militar ruso cerca de la frontera finlandesa y la competencia entre grandes potencias (EE.UU.–China) son los focos principales.

La membresía de Finlandia en la OTAN ha cambiado significativamente su panorama de inteligencia, promoviendo la integración con la estructura aliada y reforzando su rol como proveedor de conciencia situacional para la alianza.

Análisis del entorno operativo militar

Rusia como amenaza central

Rusia continúa siendo la principal amenaza para Finlandia. Su política exterior es abiertamente hostil hacia Occidente, lo que se manifiesta en su invasión a gran escala de Ucrania, operaciones híbridas y reformas militares agresivas. Desde 2022, las tensiones en la región del Báltico se han incrementado notablemente.

Rusia intenta restaurar su estatus de superpotencia utilizando herramientas como guerras regionales, propaganda, sabotaje e influencia híbrida. Aunque ha perdido influencia en zonas como el Cáucaso Sur (especialmente en Armenia y Azerbaiyán), ha ganado terreno en Georgia y sigue controlando firmemente Bielorrusia.

En África, Rusia utiliza grupos proxy para socavar la influencia occidental. Además, ha estrechado significativamente su cooperación militar y económica con China, lo que incluye ventas masivas de petróleo a ese país e intercambio tecnológico y militar.

Guerra en Ucrania

La guerra en Ucrania lleva casi cuatro años. Rusia no ha alcanzado sus objetivos militares principales, como ocupar completamente el Donbás, pero sigue apostando por una guerra de desgaste. Su capacidad de reponer tropas, producir drones, y contar con apoyo material de Irán, Corea del Norte y China, le permite mantener la ofensiva.

Rusia ha adaptado sus tácticas: ahora prioriza ataques de infantería respaldados por drones y guerra electrónica, en lugar de asaltos con vehículos blindados. Ucrania, por su parte, ha llevado ataques profundos contra objetivos dentro de Rusia, afectando infraestructura energética e incluso áreas cercanas a Finlandia.


Un bombardero estratégico TU-160 Blackjack de la Fuerza Aérea Rusa de Largo Alcance vuela en el espacio aéreo internacional del Golfo de Finlandia. Es escoltado por un caza Su-35S Flanker M armado. Foto: Fuerzas de Defensa de Finlandia.

Región del mar Báltico y frontera con Finlandia

El conflicto ucraniano ha tenido impactos colaterales en el mar Báltico. Rusia realiza operaciones de escolta más agresivas para proteger su "flota en la sombra", cuyos buques suelen tener tripulación poco calificada y problemas técnicos. Esto, sumado a interferencias de GPS y posibles sabotajes, eleva el riesgo de accidentes o incidentes militares.

También es probable que Rusia continúe intentando dañar infraestructura submarina, como cables de energía y datos, y que use buques civiles con fines de inteligencia o desestabilización. Ante esto, la OTAN ha iniciado en 2025 la operación Baltic Sentry, para proteger infraestructuras críticas en la región.

Influencia rusa en el Ártico

Rusia sigue considerando el Ártico como una zona estratégica vital, tanto por sus recursos naturales como por la ruta marítima del Norte. Aunque la guerra en Ucrania ha limitado su presencia militar en la región, Moscú continúa reformando sus fuerzas árticas, transformando brigadas en divisiones y mejorando su infraestructura militar.


Conflictos globales y tensiones regionales

El informe detalla más de 20 zonas de crisis o conflicto en el mundo, desde el Sahel africano hasta Asia Central, Medio Oriente y el sudeste asiático. Algunos focos clave:

  • Oriente Medio: Irán ha perdido influencia tras ataques israelíes y estadounidenses. El régimen sirio ha logrado cierta estabilidad, pero aún es vulnerable. Israel mantiene una postura ofensiva, incluyendo presencia militar en el sur del Líbano y ataques preventivos contra Hezbollah.

  • África y el Sahel: Las juntas militares y los conflictos civiles (Sudán, Etiopía, Libia) mantienen una situación de alta inestabilidad, mientras Rusia gana terreno político y militar.

  • Asia: Las tensiones en la península de Corea, entre China y Taiwán, y entre India y Pakistán, permanecen elevadas.




1. Tensiones: Consecuencias de la migración instrumentalizada en la frontera ruso-finlandesa
2. Tensiones: Incidentes relacionados con la infraestructura submarina en el mar Báltico, interferencias en la navegación aérea y marítima
3. Conflicto: Invasión a gran escala de Ucrania por parte de Rusia desde febrero de 2022
4. Tensiones: Influencia híbrida de Bielorrusia contra Occidente
5. Tensiones: La crisis en Nagorno-Karabaj se ha reducido a medida que avanza el proceso de paz entre Armenia y Azerbaiyán, pero aún es posible que se produzcan pequeños incidentes
6. Tensiones: En el Mediterráneo oriental, las disputas por territorios y recursos naturales, así como el movimiento migratorio, mantienen las tensiones y la inestabilidad regional
7. Crisis: La operación de Israel contra Hamás y la tensa situación entre Israel e Irán aumentan las tensiones en toda la región
8. Crisis: Debido a los intereses contrapuestos entre Siria y sus vecinos, la seguridad de la región sigue siendo vulnerable a cambios rápidos
9. Crisis: La situación de seguridad en el mar Rojo continúa siendo precaria Como resultado de los conflictos en la región.
10. Crisis: El estancamiento político interno en Libia continúa; la lucha por el poder es susceptible a una rápida escalada de la crisis y los enfrentamientos.
11. Crisis: La situación en Etiopía es inestable; la susceptibilidad a nuevos enfrentamientos ha aumentado.
12. Crisis: En la región del Sahel, las juntas militares intentan consolidar sus posiciones; la creciente influencia rusa está aún más centralizada que antes, como resultado de los cambios en las empresas militares privadas que operan en la región.
13. Conflicto: La guerra civil en Sudán continúa; los combates generalizados también contribuyen a la crisis humanitaria y la agravan.
14. Conflicto: El énfasis de los movimientos islamistas radicales se ha desplazado de Oriente Medio a África; los esfuerzos antiterroristas continúan en diversas regiones sin un final a la vista.
15. Crisis: Afganistán, en Asia Central, sigue sumido en una grave crisis humanitaria.
16. Tensiones: Tanto en Kosovo como en Bosnia y Herzegovina, las tensiones entre grupos étnicos están latentes. La influencia híbrida rusa continúa en los Balcanes Occidentales.
17. Tensiones: Las acciones de Corea del Norte están generando tensiones en la península de Corea y en la región.
18. Tensiones: La tensión entre China y Taiwán se mantiene alta.
19. Tensiones: Rusia está utilizando la influencia híbrida contra los países occidentales.
20. Crisis: El declive de la construcción democrática se manifiesta en golpes militares y el comportamiento cada vez más autocrático de diferentes líderes.
21. Tensiones: Los enfrentamientos previos entre India y Pakistán mantienen la tensión y la vulnerabilidad a las crisis a pesar del alto el fuego.


Inteligencia militar finlandesa: funciones y evolución

La inteligencia militar finlandesa tiene como misión anticipar amenazas, proteger al país y colaborar con sus aliados, especialmente dentro de la OTAN. Su desarrollo ha sido posible gracias a la legislación de 2019, que amplió su capacidad legal para recolectar información, especialmente en el ámbito digital y cibernético.

En 2025, Finlandia presidió el Comité de Inteligencia Militar de la OTAN, lo que fortaleció su integración en las estructuras aliadas. También recibió por primera vez un dron RQ-4D Phoenix de vigilancia estratégica de la OTAN, que operó desde Pirkkala.


La fragata india de fabricación rusa INS Tamal escoltada por el buque de patrulla costera RV-20 de la Guardia Fronteriza finlandesa (izquierda) y la corbeta clase Gävle de la Armada sueca en julio de 2025. Foto: Fuerzas de Defensa de Finlandia

Contrainteligencia y seguridad

La contrainteligencia militar trabaja para prevenir espionaje, sabotaje y amenazas internas. Desde que Finlandia se unió a la OTAN, la necesidad de proteger información y proyectos sensibles aumentó. La autoridad de seguridad designada (DSA) gestiona autorizaciones de seguridad personales y para empresas.

Una nueva ley de 2025 refuerza el rol de las Fuerzas de Defensa en la prevención del delito, especialmente en cuestiones como traición, espionaje o intentos de infiltración. Se introdujeron poderes nuevos como actividades encubiertas, vigilancia en redes informáticas y uso de fuentes humanas confidenciales. Además, se fortaleció la supervisión legal, con la figura del Ombudsman de Inteligencia.


Fuerzas convencionales rusas en la frontera finlandesa
1.ª División de Fusileros Motorizados de la Guardia (14.º Cuerpo de Ejército)
2.ª Brigada de Infantería Naval
3.ª Brigada Separada de Fusileros Motorizados del Ártico (14.ª CA)
4.ª Cuerpo de Ejército (LEMD)
5.ª División de Fusileros Motorizados de la Guardia (6.º Ejército)
6.ª División de Fusileros Motorizados de la Guardia (6.º Ejército)
7.ª División de Asalto Aéreo de la Guardia
8.ª División de Fusileros Motorizados de la Guardia (11.ª CA)
9.ª Brigada de Infantería Naval de la Guardia
10 Flota del Norte
11 Base naval principal de la Flota del Báltico
12 Base naval de Leningrado de la Flota del Báltico
13 Base aérea de Olenya
14 Base aérea de Monchegorsk
15 Base aérea de Besovets
16 Base aérea de Khotilovo
17 Base aérea de Chkalovsk
18.ª Cuerpo de Ejército (LEMD)
19.ª Ejército (LEMD)
20.ª Cuerpo de Ejército
21 Leningrado Cuartel general del Distrito Militar (LEMD)


Necesidades legislativas futuras

Aunque la ley de inteligencia de 2019 fue un avance, se identificaron puntos de mejora. Por ejemplo, actualmente está prohibido recolectar inteligencia en domicilios privados, incluso si agentes extranjeros se reúnen allí. Esto es una limitación importante, aunque también entra en conflicto con los derechos constitucionales a la privacidad del hogar. El Ministerio de Justicia ya trabaja en una posible reforma constitucional para permitir ciertas excepciones bien reguladas.


Un UAV RQ-4D Phoenix de la Fuerza de Inteligencia, Vigilancia y Reconocimiento de la OTAN en la base del Ala Aérea Satakunta en Pirkkala en junio de 2025. Foto: Fuerzas de Defensa de Finlandia

Perspectivas para el futuro

Finlandia, como vecina de Rusia y miembro de la OTAN, deberá seguir reforzando su inteligencia para anticipar amenazas, no solo militares sino también híbridas, cibernéticas y mediáticas. El trabajo conjunto con aliados será clave.

Se prevé continuar desarrollando capacidades de inteligencia para apoyar tanto al alto mando nacional como a unidades operativas en el campo, sobre todo en función de los nuevos sistemas de armas de largo alcance. También se deberá mejorar la capacidad de análisis en entornos saturados de información, con uso intensivo de inteligencia artificial para filtrar, detectar patrones y responder rápidamente.

Por último, se destaca la importancia del desarrollo académico y de la investigación abierta sobre inteligencia en Finlandia. Esto apunta no solo a mejorar las capacidades técnicas, sino también a fomentar una comprensión democrática y transparente del rol de la inteligencia militar en la sociedad.

Conclusión

El informe concluye que Finlandia enfrenta un entorno de seguridad cada vez más complejo, donde la inteligencia militar tiene un papel esencial. Las amenazas ya no son solo convencionales, sino que combinan lo militar con lo informativo, lo cibernético y lo político. La anticipación, la cooperación internacional y el desarrollo continuo de capacidades tecnológicas y humanas son claves para mantener la seguridad nacional en este nuevo escenario.



  • The Military Intelligence Review for the year 2026  puede ser descargado desde pdf 2.7MB

    • The Military Intelligence Review for the year 2025 puede ser descargado desde pdf 7.5MB .


domingo, 11 de enero de 2026

Argentina: Contactos nucleares del ARA San Juan en 2017

Contactos nucleares del 9 y 10 de julio de 2017

Basado en un posteo de Mariano Sciaroni


El 9 y 10 de julio de 2017, en plena inmensidad gris del Atlántico Sur, el ARA San Juan vivió uno de esos episodios que en la guerra antisubmarina quedan grabados más por lo que sugieren que por lo que permiten demostrar. A la altura de Puerto Deseado y a unas 250 millas náuticas de la costa —es decir, ya en un espacio donde el mar se abre y el “ruido de fondo” se vuelve un actor tan importante como cualquier buque—, el submarino argentino obtuvo dos contactos que fueron tratados como submarinos. El del día 9 aparece primero por “registrador” y luego por audio: esa secuencia, para quien conoce la rutina de un sonar, es casi cinematográfica. Primero la huella queda en el registro (la traza, el evento, el patrón que sobresale del ambiente), y luego el operador confirma con el oído entrenado: el sonido característico, el tono estable o el “rumor” mecánico que no se comporta como un buque mercante ni como una perturbación biológica. Que haya pasado de registro a escucha sugiere algo más que un eco distante: implica una situación de geometría viva, con ambos submarinos lo suficientemente cerca como para que la señal fuese útil, explotable, y digna de ser grabada con la expectativa de un análisis fino posterior.



   

El 10 de julio, el contacto tuvo un rasgo todavía más revelador: una variación rápida en la marcación (bearing). En sonar pasivo, la marcación es la brújula del cazador: no da distancia, pero sí dirección. Y su velocidad de cambio es, muchas veces, el primer indicio de “proximidad táctica”. Un blanco lejano tiende a moverse lentamente en azimut; cuando la marcación gira rápido, algo está pasando: o el contacto está cerca, o uno de los dos (el propio submarino o el contacto) está maniobrando con decisión, o ambas cosas a la vez. La lectura intuitiva es la que señalás: “si gira rápido, estaba muy cerca”, porque a igual velocidad relativa, el ángulo cambia más deprisa cuanto menor es la distancia. Pero en un análisis serio hay que sostener también la alternativa técnica: una maniobra del San Juan (cambio de rumbo o velocidad) puede “hacer correr” la marcación de un blanco a distancia moderada, y un cambio de capa acústica o de propagación puede intensificar o degradar el contacto en pocos minutos. Por eso estos eventos se tratan como piezas de un rompecabezas: no se interpretan por un solo síntoma, sino por el conjunto de síntomas (estabilidad del contacto, continuidad tonal, coherencia del DEMON/blade-rate si se lo trabajó, consistencia con tráfico mercante, etc.).





Que los contactos se tomaran con sonar pasivo era lo esperable y, de hecho, casi inevitable. El activo ilumina, pero también delata: en un escenario donde no se pretende escalar y donde el valor principal es “saber sin ser sabido”, el pasivo es la herramienta natural. Además, el pasivo permite algo crucial: grabar. Cuando se graba un contacto, se conserva el insumo para el trabajo “de laboratorio” que viene después: separación de banda ancha y banda angosta, búsqueda de líneas tonales estables (maquinaria, bombas, generadores), estimación de velocidad a partir de componentes periódicas (si el análisis lo permite), comparación con bibliotecas de firmas, y clasificación (submarino / superficie; militar / mercante; probable tipo). Ese “después” es donde, en condiciones normales, se decide si la hipótesis “submarino nuclear” es sólida o sólo una etiqueta preliminar. Porque conviene ser estrictos: desde lo técnico, pasivo por sí solo rara vez “prueba” nuclearidad; lo que puede dar es un conjunto de indicios (régimen sostenido alto, ciertos patrones mecánicos, calidad de maquinaria, firma tonal) que llevan a un “probable SSN” con mayor o menor confianza.




Estas son las pos del San Juan en la carta y la derrota posible del submarino de otro país, considerando la información que más o menos tenemos. Si hoy intentás reconstruir la escena en una carta, la lógica es la de la geometría de marcaciones: ubicás las posiciones estimadas del San Juan y trazás líneas de demora (bearing lines) para cada marca relevante del contacto. Con dos o más marcaciones tomadas desde diferentes posiciones del propio submarino —idealmente con algo de separación temporal y espacial— se puede armar un esbozo de “solución de seguimiento” (TMA, target motion analysis) aunque siempre con ambigüedades: sin distancia directa, muchas trayectorias pueden calzar con los mismos ángulos. Ahí es donde entra el dato cualitativo de tu relato: el cambio rápido de marcación del día 10, combinado con la obtención clara por audio, tiende a restringir soluciones absurdas y empuja hacia escenarios donde hubo cercanía táctica o maniobras marcadas. En criollo técnico: el contacto dejó de ser un rumor lejano y pasó a ser un problema de geometría inmediata, lo bastante “real” como para justificar grabación y posterior explotación. Y lo más inquietante es justamente lo que queda abierto: si esas grabaciones existieron y fueron elevadas para análisis, la conclusión —la verdadera,_toggle de inteligencia— no está en el momento del contacto, sino en lo que arrojó (o no arrojó) el trabajo posterior de clasificación. En guerra submarina, a veces el episodio más importante no es cuando “lo oíste”, sino cuando alguien, días después, te dice qué era lo que estabas oyendo.

¿De qué país era? Nuclear y en el Atlántico Sur, nos deja básicamente tres opciones. Británico (la más probable): elsnorkel.com/2010/05/enemig ; Estadounidense: en.mercopress.com/2021/02/15/fal o Ruso: elsnorkel.com/2013/01/submar . Veamos.

Contactos históricos en la Patagonia

En la Patagonia argentina, el mar tuvo momentos en que dejó de ser “fondo” y se volvió protagonista. Entre el 21 y 22 de mayo de 1958, y luego otra vez entre el 20 y 29 de octubre de 1959, unidades de la Armada Argentina que estaban en ejercitaciones detectaron contactos submarinos en zonas sensibles: primero en el Golfo Nuevo y después frente a Comodoro Rivadavia, con la fragata ARA Heroína y el refuerzo de los recién incorporados aviones Neptune de la Aviación Naval. Pero la secuencia que quedó grabada como una verdadera cacería se extendió del 30 de enero al 26 de febrero de 1960, también en el Golfo Nuevo: un contacto inicial, fortuito, derivó en persecuciones y ataques repetidos desde superficie y aire. Se intentó identificación, no hubo respuesta, y el comportamiento del intruso resultó tan desconcertante como técnicamente elocuente: parecía “ofrecer” el contacto en ciertos momentos, pero con superioridad de maniobra y velocidad buscaba arrastrar a los perseguidores mar afuera; cuando la persecución cruzó el límite de las 12 millas, se ordenó cortar, y aun así esa misma noche reaparecieron nuevos contactos dentro del golfo, alimentando la sospecha de más de un submarino. El patrón operativo terminó describiéndose por fases: una inicial de choque, una etapa evasiva con múltiples contactos breves (como si un submarino distrajera para aliviar a otro potencialmente averiado), un momento de escape hacia zonas menos “cómodas” y, finalmente, una fase de ausencia con rastrillajes metódicos. Hubo instancias de afloramiento parcial —lo suficiente para clasificar “positivo”—, y con el correr de los días se consolidó un perfil técnico: diesel/eléctrico, con snorkel, capaz de sostener 16 a 20 nudos en inmersión, dotado de buen sonar, con medidas de apoyo electrónicas (MAE/ESM) y la necesidad periódica de asomar la vela o parte de ella. En un teatro donde la mayor parte del tiempo se combate contra un eco, esas características no eran un detalle: eran la firma de una intrusión consciente, moderna para su época, que no buscó combatir ni hablar, sino resistir, confundir y desaparecer.



La explicación más inquietante no estaba dentro del golfo, sino en el mundo que lo rodeaba: la Guerra Fría empujaba submarinos oceánicos a mares “periféricos” para medirlo todo —temperaturas, salinidad, corrientes— y, sobre todo, para ensayar rutas y condiciones de operación futura. En ese tablero, los soviéticos ya disponían de submarinos de largo alcance clase Zulu (Proyecto 611), diseñados como oceánicos y capaces de campañas extensas sin reabastecimiento, con velocidades en inmersión del orden de los 16 nudos y equipamientos que calzaban con lo observado en Patagonia. Se registran campañas largas, con apoyos logísticos y misiones de recopilación ambiental y geofísica pensadas para facilitar operaciones posteriores en un Atlántico Sur considerado con defensas antisubmarinas relativamente escasas. Del lado estadounidense, el Atlántico Sur tampoco era ajeno: en 1958 se ejecutó Operación Argus con detonaciones nucleares atmosféricas desde una fuerza naval ubicada aproximadamente entre Malvinas y Ciudad del Cabo (un despliegue que razonablemente habría requerido vigilancia y seguridad submarina), y en 1960 el enorme USS Triton realizó su circunnavegación sumergida, con episodios de búsqueda de contactos y un itinerario que incluyó proximidad operativa al área y posterior navegación hacia el sur bordeando la costa argentina. En el propio Golfo Nuevo, incluso, se sumaron expertos de la U.S. Navy y se aportaron medios de detección y torpedos aéreos guiados, un dato que sugiere que, para Washington, aquello no era una anécdota local sino un evento técnicamente serio. Sin embargo, el enigma nunca se cerró con reconocimiento oficial de ningún país: quedaron croquis nocturnos, mástiles vistos contra la luna —¿periscopio, radar, snorkel?—, una estructura en proa interpretada como carenado sonar o como antenas de comunicaciones, y un detalle técnico casi “de manual” que alimentó hipótesis: ciertos submarinos soviéticos necesitaban aflorar para operar comunicaciones de alta frecuencia sin riesgos en acopladores y aisladores, algo que encajaba con la conducta observada. Por eso, cuando décadas más tarde el Atlántico Sur volvió a llenarse de silencios después de 1982, la sorpresa no fue que hubiera submarinos extranjeros: la verdadera lección era que la Patagonia ya había sido, desde mucho antes, un escenario real del ajedrez submarino global, donde lo único permanente es que casi nada se ve y casi todo se infiere.


Contactos británicos del tercer tipo

Años después de 1982, el Atlántico Sur siguió siendo un tablero con piezas visibles y una pieza invisible (El Snorkel). En la superficie, la presencia británica se sostuvo con un esquema casi permanente: un buque de combate (destructor o fragata), un buque logístico de la Royal Fleet Auxiliary y un patrullero con base en las islas, de modo que nunca faltara una “bandera” naval cerca de Malvinas y, si por rotaciones no estaba en estación, al menos hubiera una unidad lista para llegar en menos de dos semanas de navegación. Pero el verdadero núcleo disuasivo fue menos fotogénico: a intervalos regulares, un submarino de ataque se sumaba al dispositivo. Sus movimientos no se anunciaban; se filtraban lo justo para que el adversario supiera que, en cualquier crisis, podía haber un casco silencioso escuchando, siguiendo o cerrando una derrota. Cada vez que subía la tensión —por ejemplo, cuando se reactivaban polémicas políticas o económicas alrededor de los recursos en aguas circundantes—, la mera posibilidad de un submarino en patrulla funcionaba como mensaje estratégico: no se ve, no se discute, pero condiciona todo.


Corazón delator: El HMS “Sealion” arribando a Gosport, luego de su patrulla en Malvinas en el año 1987. Nótese el “Jolly Roger” con dos dagas –operaciones de comandos - y la bandera chilena, que indica que tocó un puerto de dicha nacionalidad en el camino de regreso. El “Sealion” fue dado de baja ese mismo año (Foto3: Chris Parfitt) 

La posguerra inmediata tuvo un clima raro, casi de “alto el fuego imperfecto”: la rendición en las islas no implicó, en términos estrictamente operacionales, que el continente quedara desarmado de un día para el otro, y esa ambigüedad alimentó una vigilancia británica intensa alrededor del archipiélago y también frente al litoral argentino. En ese marco hubo patrullas prolongadas de submarinos convencionales y nucleares, con misiones que rozaban la “semi-guerra”: permanecer cerca, recolectar inteligencia, y estar listos para reaccionar ante cualquier señal de recomposición ofensiva. El nerviosismo llegó a un punto álgido en mayo de 1983, cuando circularon temores de un posible raid argentino para el 25 de mayo y se reforzó el despliegue submarino, aunque el golpe nunca se materializó. Durante los años 80, los submarinos convencionales —especialmente los diesel-eléctricos de gran discreción acústica— fueron instrumentos finos de espionaje: patrullas largas, escucha de emisiones, observación por periscopio y aproximaciones que, para lograr ciertos avistamientos costeros, sólo podían hacerse entrando muy cerca y, en términos prácticos, cruzando límites sensibles de jurisdicción marítima. En paralelo, el submarino ofrecía algo más que sensores: podía ser plataforma para operaciones especiales, insertando o recuperando comandos (SAS/SBS) en litorales remotos; y el viejo lenguaje simbólico naval —el “Jolly Roger” con dagas— insinuaba ese tipo de acciones sin describirlas. Los convencionales, limitados por autonomía, podían apoyar la logística local atracando en instalaciones en las islas; los nucleares, con patrullas mucho más largas, rara vez necesitaban emerger y, cuando lo hacían, solía ser para visitas discretas a puertos “amigos” en la ruta.


HMS “Sceptre” en Simonstown, principios de abril de 2010. Nótese el pésimo estado del recubrimiento anecoico de la vela – similar estado al de su gemelo HMS “Spartan” en su visita a Río de Janeiro en 2005 (Foto1: The People’s Navy – South Africa)

En ese juego, la Armada Argentina buscó aprovechar las pocas oportunidades en que el velo se levantaba: cuando un submarino aparecía en superficie o transitaba por corredores previsibles hacia un puerto regional, se abría una ventana para “tocar” al intruso con medios antisubmarinos y, sobre todo, para medirlo. El objetivo técnico clave era capturar su firma: su huella acústica (tonales de hélices, maquinaria, ritmos característicos) y parámetros observables que alimentan una biblioteca de inteligencia naval y mejoran la detección y clasificación futuras. Hubo al menos un caso paradigmático: al conocerse que un submarino británico ingresaría en superficie a aguas territoriales argentinas en tránsito hacia Punta Arenas, se planificó una intercepción con aeronaves S-2 Tracker de la aviación naval antisubmarina, precisamente para registrar datos y firma acústica. Ese tipo de “contacto” no implica combate; implica ganar información en un dominio donde casi todo es negación y silencio. Con la baja de los últimos submarinos convencionales británicos, el problema tendió a concentrarse en unidades nucleares —más persistentes, más difíciles de forzar a exponerse— y el costado estratégico se volvió más serio: un submarino de ese tipo, además de vigilar, puede portar armamento de largo alcance, y su mera presencia cerca del litoral altera el cálculo político-militar. La conclusión operativa es directa: sin sensores, plataformas y doctrina antisubmarina sostenidas, el mar propio se vuelve un lugar donde el adversario entra, escucha y se va; con capacidades adecuadas, al menos se lo incomoda, se lo mide y se eleva el costo de cada patrulla.


Contactos norteamericanos en el Atlántico Sur

En el Atlántico Sur, donde la geografía parece fija pero la señal política cambia con un solo mensaje, un episodio reciente volvió a encender alarmas en Buenos Aires: desde la cuenta oficial del Comandante de la Fuerza de Submarinos del Atlántico de la Marina de EE.UU. (Comsublant), se informó que un submarino nuclear estadounidense —el USS Greenville (SSN-772)— había operado en mar abierto “con apoyo británico” y con colaboración de una aeronave asociada a Malvinas, mencionadas en ese mismo marco como “British Independent Overseas Territory”. En términos operacionales, el cuadro es claro: un SSN (submarino de ataque de propulsión nuclear) que patrulla en aguas internacionales y coordina con un medio aéreo —típicamente empleado para enlace, vigilancia, reconocimiento y apoyo a operaciones antisubmarinas— proyecta alcance, interoperabilidad y control del dominio submarino; en términos estratégicos, el gesto es aún más elocuente porque toma como punto de apoyo una base militar británica instalada en territorio cuya soberanía la Argentina disputa y que, además, se ubica en una región que el país reivindica como “zona de paz”. Esa combinación —submarino nuclear + soporte desde el enclave militar británico en Malvinas + lenguaje de “alcance global” y “dominación” del espacio submarino— fue leída en Argentina no como un hecho aislado, sino como una demostración de geoestrategia que trasciende lo bilateral y reubica el Atlántico Sur en el mapa de las grandes potencias.



La reacción argentina se articuló en capas, todas apuntando al mismo núcleo: presencia militar extrarregional y normalización del dispositivo británico en Malvinas. Cancillería expresó preocupación por la navegación de unidades “susceptibles de portar o emplear” armamento nuclear en el Atlántico Sur, invocando la Resolución 41/11 de la Asamblea General de la ONU sobre la Zona de Paz y Cooperación del Atlántico Sur (con su llamado a reducir y eventualmente eliminar la presencia militar externa y evitar la introducción de armas nucleares u otras de destrucción masiva), y recordó también el espíritu de la Resolución 31/49, que insta a Argentina y al Reino Unido a acelerar negociaciones por la disputa de soberanía y a abstenerse de adoptar medidas unilaterales que alteren la situación mientras dure el proceso. En paralelo, se reforzó el encuadre regional: se convocó a los Estados parte del Tratado de Tlatelolco y sus protocolos a preservar el estatus de desnuclearización militar en América Latina y el Caribe. Del lado estadounidense, la embajada en Buenos Aires buscó “enfriar” la lectura política: sostuvo que el Greenville realizaba una navegación rutinaria en aguas internacionales, sin escalas logísticas en la región, y que sólo colaboró con una aeronave británica mientras transitaba mar abierto. Aun así, la discusión interna escaló: el gobernador fueguino Gustavo Melella calificó el hecho como extremadamente grave —sobre todo por la denominación de Malvinas—, y el senador Jorge Taiana lo enmarcó como una violación de la Zona de Paz y Cooperación y como un acto que tiende a legitimar la ocupación, subrayando además el trasfondo antártico y la proyección global de poder naval. En la lectura de analistas, el episodio se acopló a una fricción previa: la visita frustrada del guardacostas estadounidense Stone durante una gira “Southern Cross” orientada a cooperación marítima e IUU fishing, cancelada por “problemas logísticos”, que dejó la sensación de una relación bilateral atravesada por señales operativas en el mar y respuestas políticas en tierra, con Malvinas siempre en el centro del encuadre.