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domingo, 20 de septiembre de 2026

Malvinas: Operación IMPI, el tercer intento de ataque contra los SuE y Exocet


Operación IMPI

Basado en el relato de Mariano Sciaroni


En junio de 1982, cuando la guerra de las Malvinas entraba en su fase final, el alto mando británico todavía consideraba prioritaria la destrucción de los Super Étendard de la Aviación Naval argentina y de los misiles AM39 Exocet que pudieran permanecer disponibles. La combinación de ambos sistemas había demostrado ser una de las amenazas más serias contra la Task Force y, mientras existiera la posibilidad de nuevos ataques, la Royal Navy no podía considerar neutralizado el peligro.

Durante las semanas anteriores, los británicos habían estudiado distintas alternativas para golpear esa capacidad directamente en el continente. La primera había sido la operación PLUM DUFF, concebida como un reconocimiento previo de la zona de Río Grande. Después había surgido MIKADO, un proyecto mucho más ambicioso: dos aviones Hercules debían aterrizar directamente en la base aeronaval y desembarcar una fuerza de hasta setenta hombres del SAS, cuya misión consistiría en destruir los Super Étendard, localizar los Exocet y eliminar, en la medida de lo posible, al personal y los medios necesarios para continuar las operaciones.



El plan entrañaba riesgos extraordinarios. Río Grande se encontraba en territorio continental argentino, a gran distancia de las fuerzas británicas desplegadas en las islas, y cualquier fracaso podía dejar a decenas de comandos aislados, sin una vía sencilla de retirada y expuestos a una reacción inmediata de las fuerzas argentinas. PLUM DUFF no alcanzó sus objetivos y MIKADO, después de sucesivas revisiones, fue formalmente cancelada el 4 de junio.

La cancelación, sin embargo, no significó que Londres hubiese renunciado al objetivo. Ese mismo día, el cuartel general británico ordenó al comandante de la Task Force 317 preparar una nueva alternativa. El resultado fue la operación IMPI.

A diferencia de MIKADO, IMPI reducía considerablemente la magnitud de la fuerza empleada y buscaba apoyarse más en la sorpresa, la navegación a baja cota y la infiltración desde el mar. El concepto combinaba un único Hercules de la Royal Air Force con dos submarinos británicos y una pequeña fuerza de comandos. El propósito seguía siendo esencialmente el mismo: alcanzar las instalaciones desde las cuales podían operar los Super Étendard y destruir los medios que amenazaban a la flota.



Operación conjunta con Chile, reza la carpeta

La fase aérea estaría a cargo de un Hercules del 47 Squadron de la RAF. El aparato despegaría desde la isla Ascensión y efectuaría reabastecimientos en vuelo durante la larga navegación hacia el extremo austral de Sudamérica. La ruta prevista lo llevaría al este de las Malvinas y luego hacia el sur, evitando en lo posible las áreas cubiertas por los sistemas argentinos de vigilancia. Después debía rodear el Cabo de Hornos y aproximarse a Tierra del Fuego a muy baja altura, durante la noche, con el objetivo de reducir al mínimo las posibilidades de detección radar.

La navegación final exigía una precisión considerable. Un Hercules era un avión grande, concebido para el transporte táctico y no para penetrar clandestinamente un espacio aéreo defendido. Volar de noche, a escasa altura sobre el mar y el terreno austral, después de una misión de miles de kilómetros, representaba por sí mismo un desafío operativo de primer orden. A ello se sumaba la necesidad de localizar con exactitud los puntos previstos para el desembarco o la inserción de las fuerzas especiales.

Los documentos conocidos mencionan dos aeródromos bajo los nombres en clave de “San José” y “Arco Iris”. Su identificación no aparece establecida de manera concluyente en la documentación disponible, aunque distintos indicios permiten relacionarlos con Río Grande y Río Gallegos. La ruta considerada para el Hercules también ha dado lugar a interrogantes acerca de un eventual uso de territorio chileno para apoyo, recuperación o contingencias, aunque el alcance concreto de esa posible participación no puede determinarse con certeza a partir de los documentos actualmente conocidos.

La operación incluía, además, un elemento naval particularmente singular. El submarino nuclear HMS Conqueror debía ocupar una posición desde la cual pudiera servir como referencia radioeléctrica para el Hercules durante la aproximación. En lugar de actuar como plataforma de ataque, el submarino tendría la misión de emitir una señal que facilitara la navegación del avión en una región donde el uso de ayudas convencionales podía comprometer la sorpresa.



El segundo submarino asignado era el HMS Onyx, una unidad convencional especialmente adecuada para operar cerca de la costa. Desde él debía desembarcar una pequeña fuerza compuesta por ocho hombres del SAS y dos del SBS. Los comandos serían trasladados hacia tierra mediante embarcaciones Gemini y llevarían explosivos y armamento antitanque para atacar los objetivos designados.

El empleo de sólo diez hombres marcaba una diferencia sustancial respecto de MIKADO. Ya no se trataba de conquistar temporalmente una base mediante un golpe masivo, sino de infiltrar una fuerza reducida, alcanzar objetivos previamente seleccionados, destruirlos y retirarse antes de que las unidades argentinas pudieran organizar una respuesta efectiva. El éxito dependía menos de la potencia de combate que de la coordinación, la sorpresa y la sincronización entre medios separados por enormes distancias.


HMS Conqueror

El Hercules debía navegar desde Ascensión, recibir combustible en vuelo, rodear el extremo meridional del continente y penetrar a baja altura. El Conqueror tendría que encontrarse en la posición exacta para proporcionarle la referencia prevista. El Onyx, por su parte, debía aproximarse a la costa sin ser detectado y lanzar los botes con los hombres del SAS y del SBS. Cualquier demora, error de navegación o detección prematura podía comprometer el conjunto de la misión.

A mediados de junio, mientras las fuerzas terrestres británicas cerraban el cerco sobre Puerto Argentino, los preparativos continuaban. El 14 de junio, el HMS Onyx embarcó en San Carlos a los integrantes de las fuerzas especiales destinados a la operación. Para entonces, la batalla terrestre en las islas estaba llegando a su desenlace, pero IMPI todavía permanecía dentro de las opciones disponibles.


HMS Onyx

La situación cambió con rapidez. Durante esa misma jornada se produjo el colapso de las posiciones argentinas alrededor de Puerto Argentino y, horas más tarde, la rendición puso término efectivo a las principales operaciones de combate en las islas.

Incluso entonces, la preparación de IMPI no se detuvo de inmediato. El 15 de junio, los hombres embarcados en el Onyx realizaron ejercicios de desembarco con las embarcaciones Gemini. La misión todavía conservaba, al menos desde el punto de vista técnico, una cierta inercia operacional. Sin embargo, el cese de las operaciones aéreas argentinas eliminó la amenaza que había justificado el plan. Sin ataques de los Super Étendard y sin una necesidad inmediata de neutralizar los Exocet, la incursión perdió su razón de ser.

IMPI nunca fue ejecutada.

Quedó como el último plan conocido de operaciones especiales británicas destinado específicamente a destruir la capacidad argentina de operar los Super Étendard y los misiles Exocet durante la guerra de 1982. Su concepción revela hasta qué punto aquella combinación de avión y misil preocupaba al mando británico aun en los últimos días del conflicto.



El proyecto reunía medios de tres ámbitos distintos en una operación de notable complejidad: un Hercules procedente de Ascensión, una ruta de penetración alrededor del Cabo de Hornos, un submarino nuclear empleado como referencia de navegación, un submarino convencional acercándose a la costa y una pequeña fuerza de comandos preparada para desembarcar en territorio continental argentino.

El final de la guerra hizo innecesaria la misión antes de que pudiera ponerse en marcha. El Hercules no realizó el vuelo previsto, el Conqueror no tuvo que guiarlo hacia Tierra del Fuego y los hombres transportados por el Onyx no desembarcaron en la costa argentina.



Buena parte de la historia de IMPI, además, permanece incompleta. Los documentos disponibles permiten reconstruir su estructura general, sus medios y parte de sus objetivos, pero no todos sus detalles. La identificación definitiva de “San José” y “Arco Iris”, el recorrido exacto previsto para las fuerzas especiales, el papel que eventualmente habría correspondido a Chile y otros aspectos del planeamiento continúan sujetos a documentación que todavía no se encuentra plenamente disponible en los archivos británicos de Kew.

Por eso IMPI permanece en una zona particular de la historia militar de la guerra: no fue simplemente una idea preliminar, porque alcanzó un grado considerable de preparación y las fuerzas destinadas a ejecutarla llegaron a embarcarse; pero tampoco llegó a transformarse en una operación de combate.

Durante unas pocas horas de junio de 1982, mientras en las Malvinas se negociaba el final de la lucha, un submarino británico llevaba a bordo a los hombres que debían participar en una incursión secreta contra el continente argentino. Al día siguiente, todavía practicaban el desembarco.

La guerra terminó antes de que recibieran la orden de partir.

domingo, 9 de noviembre de 2025

Malvinas: Torpedos, fallas y lecciones

Cuando la tecnología falla: torpedos y las lecciones de la guerra de las Malvinas


Torpedo Tigerfish Mk.24 Mod.2

Por José Luiz Antônio || Poder Naval

El arma submarina de la Royal Navy, con sus buques de guerra de propulsión nuclear, fue la opción inicial de respuesta británica después de que las fuerzas armadas argentinas tomaran el control de las Islas Malvinas en 1982. Los submarinos nucleares británicos fueron los primeros activos en llegar al teatro de operaciones, lo que permitió la imposición de un bloqueo, conocido como la Zona de Exclusión Total, alrededor del archipiélago en disputa.

Mucho se ha hablado del impacto de los submarinos nucleares británicos en el conflicto del Atlántico Sur, de cómo neutralizaron a la Armada Argentina, obligándola a retirarse del teatro de operaciones, con sus principales buques refugiándose en puertos y limitándose a patrullar las aguas menos profundas cerca de la costa con unidades más pequeñas. Sin embargo, poco se ha escrito sobre los torpedos británicos que aportaron a la guerra.

Por ejemplo, un torpedo moderno de dudosa eficacia limitaba el armamento de los submarinos de la Royal Navy. Esto generó la paradoja de que los modernos submarinos nucleares de la Guerra Fría tuvieran que depender de torpedos antiguos de trayectoria recta de la Segunda Guerra Mundial para su potencia de fuego, así como de la observación visual mediante periscopio para disparar estas armas. Esta desventaja era desconocida para la Armada Argentina durante el conflicto.

Este artículo tratará sobre los torpedos británicos, específicamente los dos modelos utilizados en el conflicto: el torpedo Mk.8, más antiguo y de trayectoria recta (sin guía), y el torpedo Mk.24 Tigerfish, guiado, que en 1982 fue considerado uno de los más modernos del mundo.

Torpedo Mk.8

El torpedo Mk.8 fue diseñado antes de la Segunda Guerra Mundial, en 1925, con un diámetro estándar de 21 pulgadas (533 mm), una longitud de 6,579 m y un peso de 1,566 kg. Al ser un torpedo de trayectoria rectilínea, es decir, sin guiado, su trayectoria se mantenía mediante un giroscopio que, girando a gran velocidad, le permitía mantenerla recta; otros dispositivos mantenían una profundidad constante y nivelaban el torpedo. Una vez lanzado desde el tubo, no existía control alguno sobre su trayectoria, ni por parte del submarino lanzador ni por el propio torpedo, ya que carecía de cualquier tipo de sensor capaz de rastrear el objetivo.

La ojiva contenía 365 kg de explosivo Torpex, un explosivo un 50 % más potente que el TNT, compuesto por una mezcla de 40,5 % de RDX, 40,5 % de TNT, 18 % de polvo de aluminio y 1 % de cera. Su detonación se aseguraba mediante una espoleta magnética de tipo CCR (Compensated Coil Rod), una bobina con amplificador, que se convirtió en el estándar para esta arma después de 1945.

Su propulsión corría a cargo de un motor radial Brotherhood de cuatro cilindros, de ciclo de combustión, que utilizaba queroseno y aire comprimido como combustible. La presión provenía de un tanque de 2500 psi, la cual se reducía a 550 psi en la entrada de combustible, donde también se calentaba, generando una mezcla de aire y gas que producía la ignición en el cilindro, en el punto muerto superior del pistón. Los gases se expulsaban a través del eje de la hélice. El motor producía una potencia de 550 hp, impulsando el torpedo a velocidades de hasta 45,5 nudos, con una autonomía a esta velocidad de 4570 metros. Existía la opción de utilizar una velocidad menor de 41 nudos, aumentando la autonomía a 6400 metros.

El Mk. 8 mod. 4, una versión mejorada, se conectaba al submarino mediante un cable umbilical, no un cable de guiado, ya que era un torpedo de propulsión a la carrera. El cable permitía ajustar la profundidad antes del lanzamiento. Tuvo un uso muy extendido durante la Segunda Guerra Mundial, con aproximadamente 3730 lanzamientos hasta septiembre de 1944, y se consideraba a la par del G7 alemán o el Mk. 14 estadounidense.

Torpedo Tigerfish Mk. 24

El Tigerfish era un torpedo acústico guiado por cable, cuya guía inicial la proporcionaba un fino cable que se desenrollaba tras el lanzamiento a través del tubo y lo conectaba al submarino.

Mediante este control, el torpedo iniciaría su carrera a una velocidad más lenta, disminuyendo la distancia al objetivo y corrigiendo su trayectoria durante la carrera según las transmisiones por cable desde el submarino, que realizaba cambios en la trayectoria del torpedo basándose en los datos del objetivo obtenidos por su sonar superior.

El torpedo aceleró en la fase final al usar su propio sonar para atacar el objetivo. Sin embargo, esta tecnología aún no estaba desarrollada en la década de 1970, y el torpedo Tigerfish tenía tendencia a sumergirse y romper su cable de guiado durante el trayecto.

La versión inicial Mod.0 era un torpedo antisubmarino; su ojiva, debido a limitaciones tecnológicas, no estaba diseñada para usarse contra objetivos de superficie y no superó las pruebas de aceptación. La versión Mod.1, sin embargo, fue rediseñada para corregir algunos de los defectos del modelo original.

Tablas comparativas

Tipo Diámetro Longitud Peso Ojiva
Mk.8 21 pulgadas – 533 mm 6,57 m 1,566 kg 365 kg
Mk.24 21 pulgadas – 533 mm 6,46 m 1,551 kg 340 kg

 

Tipo Velocidad máxima Alcance
Mk.8 45,5 nudos 4.570 metros
Mk.24 35 nudos 21.000 metros

 

Tipo Velocidad Alcance máximo
Mk.8 41 nudos 6.400 metros
Mk.24 24 nudos 27.400 metros

 

Nombre Propulsión Clase
Armas
HMS Spartan Nuclear Swiftsure
Torpedos: Mk 8 mod 4 y

Tigerfish mod. 0 *

HMS Splendid Nuclear Swiftsure
Torpedos: Mk 8 mod 4 y

Tigerfish mod.0 *

HMS Conqueror Nuclear Churchill
Torpedos: Mk 8 mod 4 y

Tigerfish mod.1

HMS Valiant Nuclear Valiant
Torpedos: Mk 8 mod 4 y

Tigerfish mod.1

HMS Courageous Nuclear Churchill
Torpedos: Mk 8 mod 4 y

Tigerfish mod.1

HMS Onyx Convencional Oberon
Torpedos: Mk 8 mod 4 y

Tigerfish mod.1

 

Observaciones: Tenga en cuenta que, debido a que solo portaban la versión inicial mod.0 del Tigerfish, limitada a su uso contra objetivos submarinos, las unidades HMS Spartan y HMS Splendid dependían exclusivamente del Mk.8 de trayectoria recta para su uso contra barcos.

Así pues, los submarinos nucleares británicos zarparon hacia el sur con una combinación de torpedos de trayectoria recta y misiles guiados desde buques. Los dos primeros submarinos en partir solo llevaban torpedos Tigerfish Mk.24 mod.0 de primera versión, sin capacidad antibuque, estando totalmente limitados al uso del Mk.8 contra objetivos de superficie.

En este caso, el HMS Spartan , el primero en dirigirse al Atlántico Sur, transportaba una carga de cuatro torpedos Mk.8 y ocho torpedos Tigerfish Mk.24 mod.0. Tras atracar en la base británica de Gibraltar, recibió otros siete torpedos Mk.8, seguido por el HMS Splendid, que partió directamente de su base en Escocia con una carga de nueve torpedos Mk.24 mod.0 y doce torpedos Mk.8. Otras unidades ya habían incorporado el Mk.24 mod.1 a su armamento.

Modelo Tigerfish Mk.24

El hundimiento del crucero ARA General Belgrano

El hundimiento del crucero argentino ARA General Belgrano fue un hito histórico, ya que fue el primer, y hasta ahora único, buque en servicio alcanzado y hundido en combate por un submarino de propulsión nuclear, además del segundo buque de superficie hundido por un submarino después de la Segunda Guerra Mundial. El primero fue la fragata india INS Khukri, hundida por el submarino pakistaní PNS Hangor durante la guerra indo-pakistaní de 1971.

El ARA General Belgrano (C-4) fue un crucero de la clase Brooklyn que sirvió en la Armada de los Estados Unidos como USS Phoenix CL 46, participando activamente en la Segunda Guerra Mundial. Este tipo de crucero, considerado ligero para los estándares de la Armada estadounidense durante la Segunda Guerra Mundial, tenía una eslora de 185,4 metros, una manga de 18,8 metros y un calado de 5,9 metros, con un desplazamiento en vacío de 9.575 toneladas, que alcanzaba las 12.242 toneladas a plena carga, convirtiéndolo en el mayor buque de guerra del conflicto, con la excepción de los portaaviones.

En la década de 1960, los argentinos llevaron a cabo una importante modernización de los sistemas de radar del buque, instalando radares modernos, entre los que destacaba el LW 01 neerlandés, caracterizado por su enorme antena situada en lo alto del mástil mayor. Este equipo le permitió al buque detectar objetivos aéreos a altitudes de hasta 30 000 m dentro de un impresionante radio de 259 km. Además de este equipo, se añadieron otros radares de origen norteamericano.

En 1967, tras la incorporación de radares, se instalaron dos lanzadores cuádruples de misiles Sea Cat en sustitución de dos montajes Bofors L/60 de 40 mm. El Sea Cat, un misil antiaéreo de corto alcance británico ampliamente utilizado en la época, contaba con una buena cantidad de recargas, entre 50 y 70, en el pañol de municiones. Sin embargo, el buque presentaba problemas con sus turbinas, lo que le impedía alcanzar velocidades superiores a los 18 nudos, muy por debajo de los 32 nudos para los que estaba diseñado.

Como crucero diseñado para el combate de superficie contra buques o defensa antiaérea, el ARA General Belgrando carecía de sonar propio y armas antisubmarinas, dependiendo enteramente de su escolta para su defensa. A pesar de contar con un helicóptero Alouette III a bordo, no estaba equipado para transportar torpedos antisubmarinos ni poseía sensores o equipos para tal fin, estando destinado únicamente a tareas de enlace y reconocimiento visual.

En la operación del 2 de mayo de 1982, el crucero argentino formó parte del Grupo de Tareas 79.3, que también incluía dos destructores, el ARA Bouchard D 26 y el ARA Piedrabuena D 29, ambos de la clase Allen M. Sumner. Al igual que el crucero, provenían de la Armada de los Estados Unidos y eran buques con capacidades antisubmarinas, aunque limitadas.

Como se ha informado ampliamente, este Grupo de Tareas 79 formaba parte de una maniobra de pinza de la Armada Argentina, que contenía otros elementos como el Grupo de Tareas 79.4 con tres corbetas clase A 69 y el Grupo de Tareas 79.1.2 con el buque insignia argentino, el portaaviones ARA 25 de Mayo , y dos destructores antiaéreos clase Tipo 42, el ARA Santíssima Trindade y el ARA Hércules.

Ambas unidades principales eran seguidas por submarinos nucleares británicos fuera de la zona de exclusión. En el caso específico del crucero argentino, su perseguidor era el HMS Conqueror , que empleaba una estrategia de persecución a gran profundidad y a la deriva. Esta consistía en navegar a gran velocidad, un rendimiento excepcional solo posible con propulsión nuclear, alcanzar la profundidad del periscopio a una velocidad baja y silenciosa de 5 nudos para actualizar la posición del objetivo, y luego sumergirse nuevamente a las profundidades para realizar la persecución a alta velocidad. Esto dificultaba el seguimiento por sonar debido a la distorsión en la propagación de las ondas sonoras causada por las capas térmicas. Mientras tanto, su presa, el crucero ARA General Belgrano, navegaba lentamente a solo 13 nudos en un suave zigzag, con sus escoltas ARA Bouchard y ARA Piedrabuena navegando por delante con los sonares apagados.

En el alto mando británico existía el temor de que el crucero y sus escoltas entraran en la zona donde se encuentra el banco "Burdwood", una elevación submarina que reduce la profundidad, debilitando así las ventajas de velocidad y maniobrabilidad del HMS Conqueror en profundidad , lo que hacía urgente que el submarino tomara la iniciativa.


HMS Conqueror

Los seis tubos lanzatorpedos del HMS Conqueror estaban cargados con tres torpedos Mk. 8 y tres torpedos Mk. 24 Tigerfish mod. 1 guiados por cable, que también tenían capacidad antibuque. Sin embargo, su comandante decidió atacar con los torpedos de trayectoria recta. Para ello, el HMS Conqueror necesitaba realizar una maniobra de aproximación y posicionamiento para disparar los tres torpedos en una salva en abanico e impactar al crucero. Si se hubieran elegido los torpedos guiados por cable, el ataque, en teoría, se habría producido a mayor distancia, eliminando la necesidad de la aproximación y la exposición del HMS Conqueror al alcance de los torpedos antisubmarinos Mk. 44 que portaban las escoltas.

Finalmente, el HMS Conqueror se aproximó al crucero a gran velocidad, adelantándolo en profundidad para posicionarse a su otro lado a profundidad de periscopio, donde inició la maniobra de tiro, lanzando los tres torpedos a una distancia muy corta, de aproximadamente 1200 metros. Dos torpedos lograron impactar en el crucero; uno de ellos alcanzó la proa, provocando una violenta explosión que la destrozó, dejando al buque completamente inutilizado. Sin embargo, la robusta construcción permitió que los mamparos blindados de la proa contuvieran la fuerza de la explosión, preservando los pañoles de munición de los cañones y evitando así una detonación catastrófica.


El submarino británico HMS Conqueror disparó el primero de sus torpedos Mk.8, que impactaron en la proa y la popa del crucero. La imagen fue tomada por el teniente Martín Sgut desde una de las barcazas.

El fatídico torpedo impactó en la sala de máquinas de popa, y la fuerza de la detonación también afectó al comedor donde parte de la tripulación estaba comiendo. Esta detonación causó la muerte de doscientos marineros. La explosión también dañó el sistema eléctrico del General Belgrano, impidiéndole enviar una señal de socorro por radio.

El agua que entró por el enorme agujero causado por la detonación de la ojiva Mk.8 no pudo ser bombeada debido al fallo eléctrico. Además, aunque el buque estaba en posición de combate, navegaba con las escotillas estancas abiertas. Como resultado, pronto comenzó a escorarse a babor y a hundirse hacia la proa. Veinte minutos después del ataque, el capitán del crucero ordenó a la tripulación abandonar el barco. Se lanzaron botes salvavidas inflables y la evacuación comenzó sin pánico; 770 tripulantes sobrevivieron al naufragio en aguas heladas con una temperatura ambiente de diez grados bajo cero, vientos de más de cien kilómetros por hora y olas altas.

El tercer torpedo, programado en el lanzamiento para viajar dos grados a la izquierda, falló su objetivo, pasando por delante de la proa del crucero y detonando posteriormente, causando daños menores en la popa del destructor argentino ARA Bouchard debido a la onda expansiva de la explosión cercana, probablemente causada por la espoleta magnética.

Tras el fin del conflicto, el único submarino convencional británico en el Atlántico Sur, el HMS Onyx, recibió la orden de hundir el casco del RFA Sir Galahad , que había sufrido graves daños en un ataque de la Fuerza Aérea Argentina. Las condiciones para el lanzamiento de los torpedos eran ideales; el Sir Galahad estaba inmóvil. Sin embargo, ninguno de los dos torpedos Tigerfish Mk. 24 mod.1 alcanzó el objetivo, y se informó que el fallo se debió a problemas con las baterías. Finalmente, el Sir Galahad se hundió con un torpedo Mk.8 bien dirigido.

El torpedo Tigerfish en Brasil

El torpedo Tigerfish Mk.24 recibió gran publicidad como arma moderna y de alta tecnología. Inicialmente, se desconocían sus problemas, por lo que pronto se exportó a Brasil y Chile, ambos países que operaban submarinos de la clase Oberon, diseñados y construidos en Gran Bretaña. En la Armada brasileña, los torpedos Tigerfish incluso se integraron en los submarinos de la clase Tupi, que reemplazaron a los de la clase Oberon.

En Brasil, el torpedo Tigerfish también causó problemas, según una entrevista con un comandante de submarino brasileño publicada en el sitio web Poder Naval el 23 de noviembre de 2023, durante un ejercicio de lanzamiento con un torpedo disparado por el submarino Humaitá: “Salió a la superficie y el comandante del submarino continuó navegando hacia él. Como estaba a profundidad de periscopio, terminó impactando en la vela, pero no hubo explosión porque el torpedo no estaba cargado de explosivos”. No hay más información sobre el incidente, pero en un escenario real, el arma podría haber destruido el propio submarino que lo lanzó.

Posteriormente, la Armada brasileña retiró el controvertido Tigerfish, reemplazándolo con el Mk. 48 estadounidense, considerado uno de los torpedos más fiables en la historia de la guerra submarina.

El submarino ARA San Luis y los torpedos alemanes SST-4 defectuosos.

ARA San Luis

Durante la guerra de las Malvinas en 1982, el submarino argentino ARA San Luis desempeñó un papel importante como una de las principales amenazas navales de Argentina contra la flota británica. Sin embargo, su eficacia se vio seriamente limitada por problemas técnicos con sus torpedos SST-4, lo que comprometió su capacidad de influir en el conflicto.

El ARA San Luis , un submarino de la clase Tipo 209 de fabricación alemana, era una nave moderna y una de las pocas plataformas de ataque naval argentinas capaces de operar sigilosamente contra las fuerzas británicas. Su misión principal era realizar ataques submarinos contra buques británicos que transportaban tropas y suministros a las Islas Malvinas, así como desestabilizar las operaciones de la fuerza naval del Reino Unido.

Tras el inicio de las hostilidades, el San Luis operó en la zona de exclusión marítima establecida por los británicos, buscando objetivos de alto valor como destructores, fragatas y portaaviones. Gracias a su capacidad para permanecer sumergido durante largos periodos y a su bajo perfil acústico, el submarino logró evadir la detección por parte de los aviones de patrulla y los modernos sistemas antisubmarinos de la flota británica.


SST-4


Diagrama de los ataques del ARA San Luis contra barcos británicos.

El armamento principal del ARA San Luis era el torpedo eléctrico SST-4, diseñado para ser silencioso y altamente efectivo en ataques a submarinos. Sin embargo, durante la campaña, el submarino sufrió fallos crónicos en este sistema de armas. Los torpedos SST-4 no funcionaron como se esperaba debido a problemas técnicos relacionados con un mantenimiento inadecuado, una calibración defectuosa y fallos en el sistema de guiado.

En varias ocasiones, el San Luis lanzó torpedos contra buques británicos, pero ninguno alcanzó su objetivo. Los informes indican que los torpedos sufrieron desviaciones inesperadas de su trayectoria o no lograron activar sus sistemas de detonación. Estos fallos provocaron la pérdida de oportunidades cruciales para atacar a la flota británica e infligirle daños significativos.

A pesar de su sigilo y capacidad para evitar ser detectado, la ineficacia de los torpedos SST-4 limitó considerablemente la capacidad del ARA San Luis para influir en el curso de la guerra. El submarino siguió representando una amenaza psicológica para los británicos, obligando a la flota a destinar importantes recursos a operaciones antisubmarinas. Sin embargo, al carecer de torpedos operativos, la amenaza no se tradujo en un impacto directo.

Arte 3D: ARA San Luis lanzando un torpedo

Por otro lado, los británicos invirtieron fuertemente en operaciones para localizar y neutralizar al San Luis , empleando fragatas, helicópteros Sea King equipados con sonar y aviones de patrulla marítima. A pesar de estos intentos, el San Luis logró seguir operando sin ser destruido, regresando a puerto al final del conflicto.

El desempeño del ARA San Luis en la Guerra de las Malvinas ejemplifica cómo la tecnología y el mantenimiento pueden influir directamente en el éxito de las operaciones militares. Si bien demostró la eficacia de su tripulación y del propio submarino para evitar ser detectado, las fallas en sus torpedos SST-4 impidieron que el submarino realizara ataques exitosos contra la flota británica. Esta experiencia puso de relieve la importancia de contar con sistemas de armas fiables y una logística de mantenimiento adecuada en los escenarios de guerra modernos.

Evolución de los torpedos SUT

Fuentes consultadas

Sitios

 

Libro

  • La guerra (que fue posible) por las Malvinas – César Augusto Nicodemus de Souza – Biblioteca del Ejército, 2013. ISBN 978-85-7011-542-3


sábado, 24 de mayo de 2025

Malvinas: Los submarinos enfrentados

Submarinos en la Guerra de las Malvinas

Poco después de que Argentina invadiera la isla de Georgia del Sur a finales de marzo de 1982 y al mismo tiempo que llevaba a cabo la Operación Rosario a principios de abril para apoderarse de las islas Malvinas, Inglaterra envió sus primeros submarinos de ataque de propulsión nuclear al Atlántico Sur para ejercer una zona de exclusión marítima (ZET) de 200 millas alrededor de las islas.

En 3 semanas, los submarinos ya estaban en la zona de operaciones y llegaron mucho antes que los demás barcos, incluido el transporte de fuerzas especiales del SBS.

El primer submarino nuclear británico enviado a las Malvinas fue el HMS Spartan, el 1 de abril, que zarpó de Gibraltar, donde recibió una recarga de torpedos.

Dos submarinos nucleares más partieron de Faslane en Escocia, el HMS Splendid y el HMS Conqueror. El HMS Splendid fue asignado a cazar al portaaviones argentino ARA 25 de Mayo.

Según el comandante del submarino, el portaaviones argentino estaba “en sombra” y estaba en la mira de su periscopio. La única razón por la que no fue hundido fue porque no hubo tiempo suficiente para confirmar la posición del objetivo en relación a la zona de exclusión y obtener autorización para el ataque y terminó perdiendo contacto.



HMS Conqueror

El submarino HMS Conqueror, que zarpó el 4 de abril, fue el responsable del hundimiento, el 2 de mayo de 1982, del crucero argentino ARA General Belgrano, que navegaba fuera de la zona de exclusión marítima impuesta por Londres.


Mapa que muestra la zona de exclusión marítima y la ubicación del ARA Belgrano cuando fue detectado por primera vez y luego hundido

El submarino argentino ARA San Luis, un IKL-209 de construcción alemana, dio problemas a las fuerzas británicas, al punto de que agotaron sus reservas de armamento antisubmarino en falsos contactos.

Pero el ARA San Luis no pudo realizar ningún ataque exitoso debido a fallas de los torpedos.

El único otro submarino argentino operativo, el ARA Santa Fe clase “Balao” de la Segunda Guerra Mundial, fue alcanzado por fuerzas británicas frente a la isla Georgia del Sur y luego se hundió en el muelle.


ARA San Luis y el portaaviones ARA 25 de Mayo al fondo

sábado, 3 de mayo de 2025

Malvinas: El controvertido hundimiento del ARA Gral Belgrano

El hundimiento del General Belgrano: un capítulo polémico en la historia naval


El 2 de mayo de 1982, el submarino británico HMS Conqueror hundió al crucero argentino ARA General Belgrano. Se trata de uno de los incidentes más controvertidos de la historia naval.

El suceso, que provocó la pérdida de más de 300 vidas, desató acalorados debates sobre la legalidad y proporcionalidad del ataque.


Las Malvinas

La Guerra de las Malvinas estalló en 1982 cuando Argentina, bajo la junta militar encabezada por el general Leopoldo Galtieri, invadió las Islas Malvinas, un territorio británico de ultramar. El conflicto se desarrolló en un contexto de disputas históricas y ambiciones políticas. Argentina había reclamado durante mucho tiempo la soberanía sobre las Malvinas, basándose en precedentes históricos y la proximidad geográfica. Los británicos, por otro lado, mantuvieron su soberanía sobre las islas y han estado presentes allí desde el siglo XIX.

ARA General Belgrano.

Históricamente, las Islas Malvinas han sido objeto de reclamos territoriales en pugna entre Argentina y el Reino Unido. Las islas están ubicadas en el Océano Atlántico Sur, aproximadamente a 300 millas (480 kilómetros) de la costa de América del Sur. Constan de dos islas principales, Malvina Oriental y Malvina Occidental, junto con numerosas islas más pequeñas.

El gobierno británico, a 12.800 kilómetros de distancia, bajo el mando de la primera ministra Margaret Thatcher, respondió rápidamente a la invasión argentina. Se envió una fuerza de tareas militares, compuesta por buques de guerra, tropas y apoyo aéreo, para recuperar las islas. El conflicto marcó el primer enfrentamiento militar importante entre dos potencias modernas desde la Segunda Guerra Mundial.

El contexto histórico y político que rodeó la Guerra de las Malvinas proporciona un marco para comprender las circunstancias que llevaron al hundimiento del Belgrano.

El General Belgrano

La Armada Argentina jugó un papel importante en la Guerra de las Malvinas, siendo el crucero General Belgrano uno de sus activos clave. El Belgrano, originalmente un buque de la Armada de los Estados Unidos llamado USS Phoenix, fue adquirido por Argentina en 1951 y sirvió como un orgulloso símbolo del poder naval del país.


El USS Phoenix en Pearl Harbor, 1941.

Como buque de guerra de la Segunda Guerra Mundial, el General Belgrano poseía una considerable potencia de fuego y capacidades. Era un crucero armado con quince cañones de 6 pulgadas, torpedos y defensas antiaéreas. El barco tenía una larga y distinguida historia, incluida su participación en la Batalla del Río de la Plata durante la Segunda Guerra Mundial.

El hundimiento del Belgrano

A fines de abril, la fuerza de tareas británica llegó a las Islas Malvinas e implementó una Zona de Exclusión Total (TEZ). En virtud de esta medida, la Marina Real designó un área que abarca 200 millas náuticas (230 millas, 370 km) desde el centro de las Malvinas como parte de la zona de conflicto activo. Se comunicó un mensaje claro a todos los barcos y aeronaves, independientemente de su nacionalidad, de que ingresar a la TEZ implicaba el riesgo de ser atacado sin previo aviso.

Un mapa de las Malvinas, que muestra la Zona de Exclusión Total.

En la tarde del 2 de mayo de 1982, el submarino británico HMS Conqueror, bajo el mando del capitán Christopher Wreford-Brown, había estado siguiendo al crucero argentino durante algún tiempo, monitoreando sus movimientos y evaluando las posibles amenazas a las fuerzas navales británicas. El Belgrano estaba acompañado por dos destructores. Los tres buques estaban fuera de la ZTE y se dirigían hacia el oeste, alejándose de las Malvinas.

Alrededor de las 15:00 horas, el HMS Conqueror disparó tres torpedos Mark VIII hacia el crucero argentino. Dos de los torpedos impactaron con éxito al Belgrano, causándole graves daños.

El HMS Conqueror regresa de las Malvinas.

Como consecuencia de los impactos de los torpedos, el Belgrano comenzó a hacer agua rápidamente. Los esfuerzos por controlar la inundación y estabilizar el buque se vieron obstaculizados por la magnitud de los daños sufridos. El crucero se inclinó hacia babor y a las 16:24 horas, el capitán del Belgrano dio la orden de abandonar el buque.

Los dos barcos que estaban con el Belgrano no supieron qué había pasado con el buque y continuaron su rumbo hacia el oeste.


Durante los dos días siguientes se realizó un esfuerzo de rescate para salvar a los sobrevivientes: barcos argentinos y chilenos sacaron del mar a 772 hombres.

El número exacto de víctimas del naufragio del Belgrano es tema de debate. Las cifras oficiales indican que 323 marinos argentinos perdieron la vida en el incidente.

Controversia

El hundimiento del General Belgrano ha sido objeto de mucho debate y controversia, incluidas discusiones sobre la legalidad y la clasificación del ataque como crimen de guerra.

Desde la perspectiva británica, el hundimiento del Belgrano se consideró una acción militar legal. El gobierno británico justificó el ataque basándose en la amenaza potencial que el crucero representaba para sus fuerzas navales. Argumentaron que el Belgrano era un objetivo militar legítimo y que su hundimiento era una respuesta proporcionada para garantizar la seguridad de sus propias fuerzas.

Por otra parte, los críticos de la acción británica sostienen que el hundimiento del General Belgrano constituyó un crimen de guerra. Sostienen que el ataque violó el principio de proporcionalidad, ya que la pérdida de vidas resultante del hundimiento superó la amenaza potencial que representaba el crucero en el momento del ataque. Argumentan que el barco se estaba alejando de la zona de conflicto y, por lo tanto, no representaba una amenaza inmediata para las fuerzas británicas.

La clasificación de un acto como crimen de guerra suele quedar dentro del ámbito de aplicación de los marcos jurídicos internacionales, como las Convenciones de Ginebra y el derecho internacional consuetudinario. Estos marcos establecen directrices y principios para la conducción de los conflictos armados y definen los crímenes de guerra como violaciones graves de esas normas.

El ARA General Belgrano se hunde tras el ataque.

En el caso específico del hundimiento del Belgrano, ningún tribunal internacional se ha pronunciado formalmente sobre si constituyó un crimen de guerra. Por lo tanto, la cuestión de si el hundimiento puede considerarse un crimen de guerra sigue siendo objeto de interpretación y debate jurídicos.

Es esencial reconocer que existen diferentes perspectivas e interpretaciones sobre la legalidad y la moralidad del ataque. Estos debates ponen de relieve las complejidades que rodean la aplicación del derecho internacional humanitario en los conflictos armados y los desafíos que plantea determinar la legalidad de las acciones militares, especialmente en situaciones dinámicas y de alta presión como las de guerra.


Conclusión

El conflicto de las Malvinas finalizó oficialmente el 14 de junio de 1982, con la rendición de las fuerzas argentinas. El conflicto duró un total de 74 días, del 2 de abril al 14 de junio de 1982. Después de una serie de enfrentamientos militares, que incluyeron batallas terrestres, enfrentamientos navales y ataques aéreos, las fuerzas británicas recuperaron con éxito las Islas Malvinas, poniendo fin de manera efectiva a las hostilidades. La junta militar argentina, al mando del general Leopoldo Galtieri, anunció la decisión de rendirse y las fuerzas británicas tomaron el control de las islas.

En el contexto de la historia naval, el hundimiento del General Belgrano es un triste testimonio del poder destructivo de la guerra moderna y del profundo costo humano que puede generar. Su legado perdura en forma de debates actuales sobre la ética militar, las reglas de enfrentamiento y el camino hacia la resolución de conflictos.