En junio de 1982, cuando la guerra de las Malvinas entraba en su fase final, el alto mando británico todavía consideraba prioritaria la destrucción de los Super Étendard de la Aviación Naval argentina y de los misiles AM39 Exocet que pudieran permanecer disponibles. La combinación de ambos sistemas había demostrado ser una de las amenazas más serias contra la Task Force y, mientras existiera la posibilidad de nuevos ataques, la Royal Navy no podía considerar neutralizado el peligro.
Durante las semanas anteriores, los británicos habían estudiado distintas alternativas para golpear esa capacidad directamente en el continente. La primera había sido la operación PLUM DUFF, concebida como un reconocimiento previo de la zona de Río Grande. Después había surgido MIKADO, un proyecto mucho más ambicioso: dos aviones Hercules debían aterrizar directamente en la base aeronaval y desembarcar una fuerza de hasta setenta hombres del SAS, cuya misión consistiría en destruir los Super Étendard, localizar los Exocet y eliminar, en la medida de lo posible, al personal y los medios necesarios para continuar las operaciones.
El plan entrañaba riesgos extraordinarios. Río Grande se encontraba en territorio continental argentino, a gran distancia de las fuerzas británicas desplegadas en las islas, y cualquier fracaso podía dejar a decenas de comandos aislados, sin una vía sencilla de retirada y expuestos a una reacción inmediata de las fuerzas argentinas. PLUM DUFF no alcanzó sus objetivos y MIKADO, después de sucesivas revisiones, fue formalmente cancelada el 4 de junio.
La cancelación, sin embargo, no significó que Londres hubiese renunciado al objetivo. Ese mismo día, el cuartel general británico ordenó al comandante de la Task Force 317 preparar una nueva alternativa. El resultado fue la operación IMPI.
A diferencia de MIKADO, IMPI reducía considerablemente la magnitud de la fuerza empleada y buscaba apoyarse más en la sorpresa, la navegación a baja cota y la infiltración desde el mar. El concepto combinaba un único Hercules de la Royal Air Force con dos submarinos británicos y una pequeña fuerza de comandos. El propósito seguía siendo esencialmente el mismo: alcanzar las instalaciones desde las cuales podían operar los Super Étendard y destruir los medios que amenazaban a la flota.
Operación conjunta con Chile, reza la carpeta
La fase aérea estaría a cargo de un Hercules del 47 Squadron de la RAF. El aparato despegaría desde la isla Ascensión y efectuaría reabastecimientos en vuelo durante la larga navegación hacia el extremo austral de Sudamérica. La ruta prevista lo llevaría al este de las Malvinas y luego hacia el sur, evitando en lo posible las áreas cubiertas por los sistemas argentinos de vigilancia. Después debía rodear el Cabo de Hornos y aproximarse a Tierra del Fuego a muy baja altura, durante la noche, con el objetivo de reducir al mínimo las posibilidades de detección radar.
La navegación final exigía una precisión considerable. Un Hercules era un avión grande, concebido para el transporte táctico y no para penetrar clandestinamente un espacio aéreo defendido. Volar de noche, a escasa altura sobre el mar y el terreno austral, después de una misión de miles de kilómetros, representaba por sí mismo un desafío operativo de primer orden. A ello se sumaba la necesidad de localizar con exactitud los puntos previstos para el desembarco o la inserción de las fuerzas especiales.
Los documentos conocidos mencionan dos aeródromos bajo los nombres en clave de “San José” y “Arco Iris”. Su identificación no aparece establecida de manera concluyente en la documentación disponible, aunque distintos indicios permiten relacionarlos con Río Grande y Río Gallegos. La ruta considerada para el Hercules también ha dado lugar a interrogantes acerca de un eventual uso de territorio chileno para apoyo, recuperación o contingencias, aunque el alcance concreto de esa posible participación no puede determinarse con certeza a partir de los documentos actualmente conocidos.
La operación incluía, además, un elemento naval particularmente singular. El submarino nuclear HMS Conqueror debía ocupar una posición desde la cual pudiera servir como referencia radioeléctrica para el Hercules durante la aproximación. En lugar de actuar como plataforma de ataque, el submarino tendría la misión de emitir una señal que facilitara la navegación del avión en una región donde el uso de ayudas convencionales podía comprometer la sorpresa.
El segundo submarino asignado era el HMS Onyx, una unidad convencional especialmente adecuada para operar cerca de la costa. Desde él debía desembarcar una pequeña fuerza compuesta por ocho hombres del SAS y dos del SBS. Los comandos serían trasladados hacia tierra mediante embarcaciones Gemini y llevarían explosivos y armamento antitanque para atacar los objetivos designados.
El empleo de sólo diez hombres marcaba una diferencia sustancial respecto de MIKADO. Ya no se trataba de conquistar temporalmente una base mediante un golpe masivo, sino de infiltrar una fuerza reducida, alcanzar objetivos previamente seleccionados, destruirlos y retirarse antes de que las unidades argentinas pudieran organizar una respuesta efectiva. El éxito dependía menos de la potencia de combate que de la coordinación, la sorpresa y la sincronización entre medios separados por enormes distancias.
HMS Conqueror
El Hercules debía navegar desde Ascensión, recibir combustible en vuelo, rodear el extremo meridional del continente y penetrar a baja altura. El Conqueror tendría que encontrarse en la posición exacta para proporcionarle la referencia prevista. El Onyx, por su parte, debía aproximarse a la costa sin ser detectado y lanzar los botes con los hombres del SAS y del SBS. Cualquier demora, error de navegación o detección prematura podía comprometer el conjunto de la misión.
A mediados de junio, mientras las fuerzas terrestres británicas cerraban el cerco sobre Puerto Argentino, los preparativos continuaban. El 14 de junio, el HMS Onyx embarcó en San Carlos a los integrantes de las fuerzas especiales destinados a la operación. Para entonces, la batalla terrestre en las islas estaba llegando a su desenlace, pero IMPI todavía permanecía dentro de las opciones disponibles.
HMS Onyx
La situación cambió con rapidez. Durante esa misma jornada se produjo el colapso de las posiciones argentinas alrededor de Puerto Argentino y, horas más tarde, la rendición puso término efectivo a las principales operaciones de combate en las islas.
Incluso entonces, la preparación de IMPI no se detuvo de inmediato. El 15 de junio, los hombres embarcados en el Onyx realizaron ejercicios de desembarco con las embarcaciones Gemini. La misión todavía conservaba, al menos desde el punto de vista técnico, una cierta inercia operacional. Sin embargo, el cese de las operaciones aéreas argentinas eliminó la amenaza que había justificado el plan. Sin ataques de los Super Étendard y sin una necesidad inmediata de neutralizar los Exocet, la incursión perdió su razón de ser.
IMPI nunca fue ejecutada.
Quedó como el último plan conocido de operaciones especiales británicas destinado específicamente a destruir la capacidad argentina de operar los Super Étendard y los misiles Exocet durante la guerra de 1982. Su concepción revela hasta qué punto aquella combinación de avión y misil preocupaba al mando británico aun en los últimos días del conflicto.
El proyecto reunía medios de tres ámbitos distintos en una operación de notable complejidad: un Hercules procedente de Ascensión, una ruta de penetración alrededor del Cabo de Hornos, un submarino nuclear empleado como referencia de navegación, un submarino convencional acercándose a la costa y una pequeña fuerza de comandos preparada para desembarcar en territorio continental argentino.
El final de la guerra hizo innecesaria la misión antes de que pudiera ponerse en marcha. El Hercules no realizó el vuelo previsto, el Conqueror no tuvo que guiarlo hacia Tierra del Fuego y los hombres transportados por el Onyx no desembarcaron en la costa argentina.
Buena parte de la historia de IMPI, además, permanece incompleta. Los documentos disponibles permiten reconstruir su estructura general, sus medios y parte de sus objetivos, pero no todos sus detalles. La identificación definitiva de “San José” y “Arco Iris”, el recorrido exacto previsto para las fuerzas especiales, el papel que eventualmente habría correspondido a Chile y otros aspectos del planeamiento continúan sujetos a documentación que todavía no se encuentra plenamente disponible en los archivos británicos de Kew.
Por eso IMPI permanece en una zona particular de la historia militar de la guerra: no fue simplemente una idea preliminar, porque alcanzó un grado considerable de preparación y las fuerzas destinadas a ejecutarla llegaron a embarcarse; pero tampoco llegó a transformarse en una operación de combate.
Durante unas pocas horas de junio de 1982, mientras en las Malvinas se negociaba el final de la lucha, un submarino británico llevaba a bordo a los hombres que debían participar en una incursión secreta contra el continente argentino. Al día siguiente, todavía practicaban el desembarco.
La guerra terminó antes de que recibieran la orden de partir.
El
arma submarina de la Royal Navy, con sus buques de guerra de propulsión
nuclear, fue la opción inicial de respuesta británica después de que
las fuerzas armadas argentinas tomaran el control de las Islas Malvinas en 1982. Los submarinos nucleares británicos fueron los
primeros activos en llegar al teatro de operaciones, lo que permitió la
imposición de un bloqueo, conocido como la Zona de Exclusión Total,
alrededor del archipiélago en disputa.
Mucho
se ha hablado del impacto de los submarinos nucleares británicos en el
conflicto del Atlántico Sur, de cómo neutralizaron a la Armada
Argentina, obligándola a retirarse del teatro de operaciones, con sus
principales buques refugiándose en puertos y limitándose a patrullar las
aguas menos profundas cerca de la costa con unidades más pequeñas. Sin
embargo, poco se ha escrito sobre los torpedos británicos que aportaron a
la guerra.
Por
ejemplo, un torpedo moderno de dudosa eficacia limitaba el armamento de
los submarinos de la Royal Navy. Esto generó la paradoja de que los
modernos submarinos nucleares de la Guerra Fría tuvieran que depender de
torpedos antiguos de trayectoria recta de la Segunda Guerra Mundial
para su potencia de fuego, así como de la observación visual mediante
periscopio para disparar estas armas. Esta desventaja era desconocida
para la Armada Argentina durante el conflicto.
Este
artículo tratará sobre los torpedos británicos, específicamente los dos
modelos utilizados en el conflicto: el torpedo Mk.8, más antiguo y de
trayectoria recta (sin guía), y el torpedo Mk.24 Tigerfish, guiado, que
en 1982 fue considerado uno de los más modernos del mundo.
Torpedo Mk.8
El
torpedo Mk.8 fue diseñado antes de la Segunda Guerra Mundial, en 1925,
con un diámetro estándar de 21 pulgadas (533 mm), una longitud de 6,579 m
y un peso de 1,566 kg. Al ser un torpedo de trayectoria rectilínea, es
decir, sin guiado, su trayectoria se mantenía mediante un giroscopio
que, girando a gran velocidad, le permitía mantenerla recta; otros
dispositivos mantenían una profundidad constante y nivelaban el torpedo.
Una vez lanzado desde el tubo, no existía control alguno sobre su
trayectoria, ni por parte del submarino lanzador ni por el propio
torpedo, ya que carecía de cualquier tipo de sensor capaz de rastrear el
objetivo.
La
ojiva contenía 365 kg de explosivo Torpex, un explosivo un 50 % más
potente que el TNT, compuesto por una mezcla de 40,5 % de RDX, 40,5 % de
TNT, 18 % de polvo de aluminio y 1 % de cera. Su detonación se
aseguraba mediante una espoleta magnética de tipo CCR (Compensated Coil
Rod), una bobina con amplificador, que se convirtió en el estándar para
esta arma después de 1945.
Su
propulsión corría a cargo de un motor radial Brotherhood de cuatro
cilindros, de ciclo de combustión, que utilizaba queroseno y aire
comprimido como combustible. La presión provenía de un tanque de 2500
psi, la cual se reducía a 550 psi en la entrada de combustible, donde
también se calentaba, generando una mezcla de aire y gas que producía la
ignición en el cilindro, en el punto muerto superior del pistón. Los
gases se expulsaban a través del eje de la hélice. El motor producía una
potencia de 550 hp, impulsando el torpedo a velocidades de hasta 45,5
nudos, con una autonomía a esta velocidad de 4570 metros. Existía la
opción de utilizar una velocidad menor de 41 nudos, aumentando la
autonomía a 6400 metros.
El
Mk. 8 mod. 4, una versión mejorada, se conectaba al submarino mediante
un cable umbilical, no un cable de guiado, ya que era un torpedo de
propulsión a la carrera. El cable permitía ajustar la profundidad antes
del lanzamiento. Tuvo un uso muy extendido durante la Segunda Guerra
Mundial, con aproximadamente 3730 lanzamientos hasta septiembre de 1944,
y se consideraba a la par del G7 alemán o el Mk. 14 estadounidense.
Torpedo Tigerfish Mk. 24
El
Tigerfish era un torpedo acústico guiado por cable, cuya guía inicial
la proporcionaba un fino cable que se desenrollaba tras el lanzamiento a
través del tubo y lo conectaba al submarino.
Mediante
este control, el torpedo iniciaría su carrera a una velocidad más
lenta, disminuyendo la distancia al objetivo y corrigiendo su
trayectoria durante la carrera según las transmisiones por cable desde
el submarino, que realizaba cambios en la trayectoria del torpedo
basándose en los datos del objetivo obtenidos por su sonar superior.
El
torpedo aceleró en la fase final al usar su propio sonar para atacar el
objetivo. Sin embargo, esta tecnología aún no estaba desarrollada en la
década de 1970, y el torpedo Tigerfish tenía tendencia a sumergirse y
romper su cable de guiado durante el trayecto.
La
versión inicial Mod.0 era un torpedo antisubmarino; su ojiva, debido a
limitaciones tecnológicas, no estaba diseñada para usarse contra
objetivos de superficie y no superó las pruebas de aceptación. La
versión Mod.1, sin embargo, fue rediseñada para corregir algunos de los
defectos del modelo original.
Tablas comparativas
Tipo
Diámetro
Longitud
Peso
Ojiva
Mk.8
21 pulgadas – 533 mm
6,57 m
1,566 kg
365 kg
Mk.24
21 pulgadas – 533 mm
6,46 m
1,551 kg
340 kg
Tipo
Velocidad máxima
Alcance
Mk.8
45,5 nudos
4.570 metros
Mk.24
35 nudos
21.000 metros
Tipo
Velocidad
Alcance máximo
Mk.8
41 nudos
6.400 metros
Mk.24
24 nudos
27.400 metros
Nombre
Propulsión
Clase
Armas
HMS Spartan
Nuclear
Swiftsure
Torpedos: Mk 8 mod 4 y
Tigerfish mod. 0 *
HMS Splendid
Nuclear
Swiftsure
Torpedos: Mk 8 mod 4 y
Tigerfish mod.0 *
HMS Conqueror
Nuclear
Churchill
Torpedos: Mk 8 mod 4 y
Tigerfish mod.1
HMS Valiant
Nuclear
Valiant
Torpedos: Mk 8 mod 4 y
Tigerfish mod.1
HMS Courageous
Nuclear
Churchill
Torpedos: Mk 8 mod 4 y
Tigerfish mod.1
HMS Onyx
Convencional
Oberon
Torpedos: Mk 8 mod 4 y
Tigerfish mod.1
Observaciones:
Tenga en cuenta que, debido a que solo portaban la versión inicial
mod.0 del Tigerfish, limitada a su uso contra objetivos submarinos, las
unidades HMS Spartan y HMS Splendid dependían exclusivamente del Mk.8 de
trayectoria recta para su uso contra barcos.
Así
pues, los submarinos nucleares británicos zarparon hacia el sur con una
combinación de torpedos de trayectoria recta y misiles guiados desde
buques. Los dos primeros submarinos en partir solo llevaban torpedos
Tigerfish Mk.24 mod.0 de primera versión, sin capacidad antibuque,
estando totalmente limitados al uso del Mk.8 contra objetivos de
superficie.
En este caso, el HMS Spartan
, el primero en dirigirse al Atlántico Sur, transportaba una carga de
cuatro torpedos Mk.8 y ocho torpedos Tigerfish Mk.24 mod.0. Tras atracar
en la base británica de Gibraltar, recibió otros siete torpedos Mk.8,
seguido por el HMS Splendid,
que partió directamente de su base en Escocia con una carga de nueve
torpedos Mk.24 mod.0 y doce torpedos Mk.8. Otras unidades ya habían
incorporado el Mk.24 mod.1 a su armamento.
Modelo Tigerfish Mk.24
El hundimiento del crucero ARA General Belgrano
El hundimiento del crucero argentino ARA General Belgrano
fue un hito histórico, ya que fue el primer, y hasta ahora único, buque
en servicio alcanzado y hundido en combate por un submarino de
propulsión nuclear, además del segundo buque de superficie hundido por
un submarino después de la Segunda Guerra Mundial. El primero fue la
fragata india INS Khukri, hundida por el submarino pakistaní PNS Hangor durante la guerra indo-pakistaní de 1971.
El ARA General Belgrano (C-4) fue un crucero de la clase Brooklyn que sirvió en la Armada de los Estados Unidos como USS Phoenix
CL 46, participando activamente en la Segunda Guerra Mundial. Este tipo
de crucero, considerado ligero para los estándares de la Armada
estadounidense durante la Segunda Guerra Mundial, tenía una eslora de
185,4 metros, una manga de 18,8 metros y un calado de 5,9 metros, con un
desplazamiento en vacío de 9.575 toneladas, que alcanzaba las 12.242
toneladas a plena carga, convirtiéndolo en el mayor buque de guerra del
conflicto, con la excepción de los portaaviones.
En
la década de 1960, los argentinos llevaron a cabo una importante
modernización de los sistemas de radar del buque, instalando radares
modernos, entre los que destacaba el LW 01 neerlandés, caracterizado por
su enorme antena situada en lo alto del mástil mayor. Este equipo le
permitió al buque detectar objetivos aéreos a altitudes de hasta 30 000 m
dentro de un impresionante radio de 259 km. Además de este equipo, se
añadieron otros radares de origen norteamericano.
En
1967, tras la incorporación de radares, se instalaron dos lanzadores
cuádruples de misiles Sea Cat en sustitución de dos montajes Bofors L/60
de 40 mm. El Sea Cat, un misil antiaéreo de corto alcance británico
ampliamente utilizado en la época, contaba con una buena cantidad de
recargas, entre 50 y 70, en el pañol de municiones. Sin embargo, el
buque presentaba problemas con sus turbinas, lo que le impedía alcanzar
velocidades superiores a los 18 nudos, muy por debajo de los 32 nudos
para los que estaba diseñado.
Como
crucero diseñado para el combate de superficie contra buques o defensa
antiaérea, el ARA General Belgrando carecía de sonar propio y armas
antisubmarinas, dependiendo enteramente de su escolta para su defensa. A
pesar de contar con un helicóptero Alouette III a bordo, no estaba
equipado para transportar torpedos antisubmarinos ni poseía sensores o
equipos para tal fin, estando destinado únicamente a tareas de enlace y
reconocimiento visual.
En
la operación del 2 de mayo de 1982, el crucero argentino formó parte
del Grupo de Tareas 79.3, que también incluía dos destructores, el ARA Bouchard D 26 y el ARA Piedrabuena
D 29, ambos de la clase Allen M. Sumner. Al igual que el crucero,
provenían de la Armada de los Estados Unidos y eran buques con
capacidades antisubmarinas, aunque limitadas.
Como
se ha informado ampliamente, este Grupo de Tareas 79 formaba parte de
una maniobra de pinza de la Armada Argentina, que contenía otros
elementos como el Grupo de Tareas 79.4 con tres corbetas clase A 69 y el
Grupo de Tareas 79.1.2 con el buque insignia argentino, el portaaviones
ARA 25 de Mayo , y dos destructores antiaéreos clase Tipo 42, el ARA Santíssima Trindade y el ARA Hércules.
Ambas
unidades principales eran seguidas por submarinos nucleares británicos
fuera de la zona de exclusión. En el caso específico del crucero
argentino, su perseguidor era el HMS Conqueror
, que empleaba una estrategia de persecución a gran profundidad y a la
deriva. Esta consistía en navegar a gran velocidad, un rendimiento
excepcional solo posible con propulsión nuclear, alcanzar la profundidad
del periscopio a una velocidad baja y silenciosa de 5 nudos para
actualizar la posición del objetivo, y luego sumergirse nuevamente a las
profundidades para realizar la persecución a alta velocidad. Esto
dificultaba el seguimiento por sonar debido a la distorsión en la
propagación de las ondas sonoras causada por las capas térmicas.
Mientras tanto, su presa, el crucero ARA General Belgrano, navegaba
lentamente a solo 13 nudos en un suave zigzag, con sus escoltas ARA Bouchard y ARA Piedrabuena navegando por delante con los sonares apagados.
En
el alto mando británico existía el temor de que el crucero y sus
escoltas entraran en la zona donde se encuentra el banco "Burdwood", una
elevación submarina que reduce la profundidad, debilitando así las
ventajas de velocidad y maniobrabilidad del HMS Conqueror en profundidad , lo que hacía urgente que el submarino tomara la iniciativa.
HMS Conqueror
Los seis tubos lanzatorpedos del HMS Conqueror
estaban cargados con tres torpedos Mk. 8 y tres torpedos Mk. 24
Tigerfish mod. 1 guiados por cable, que también tenían capacidad
antibuque. Sin embargo, su comandante decidió atacar con los torpedos de
trayectoria recta. Para ello, el HMS Conqueror
necesitaba realizar una maniobra de aproximación y posicionamiento para
disparar los tres torpedos en una salva en abanico e impactar al
crucero. Si se hubieran elegido los torpedos guiados por cable, el
ataque, en teoría, se habría producido a mayor distancia, eliminando la
necesidad de la aproximación y la exposición del HMS Conqueror al alcance de los torpedos antisubmarinos Mk. 44 que portaban las escoltas.
Finalmente, el HMS Conqueror
se aproximó al crucero a gran velocidad, adelantándolo en profundidad
para posicionarse a su otro lado a profundidad de periscopio, donde
inició la maniobra de tiro, lanzando los tres torpedos a una distancia
muy corta, de aproximadamente 1200 metros. Dos torpedos lograron
impactar en el crucero; uno de ellos alcanzó la proa, provocando una
violenta explosión que la destrozó, dejando al buque completamente
inutilizado. Sin embargo, la robusta construcción permitió que los
mamparos blindados de la proa contuvieran la fuerza de la explosión,
preservando los pañoles de munición de los cañones y evitando así una
detonación catastrófica.
El
submarino británico HMS Conqueror disparó el primero de sus torpedos
Mk.8, que impactaron en la proa y la popa del crucero. La imagen fue
tomada por el teniente Martín Sgut desde una de las barcazas.
El
fatídico torpedo impactó en la sala de máquinas de popa, y la fuerza de
la detonación también afectó al comedor donde parte de la tripulación
estaba comiendo. Esta detonación causó la muerte de doscientos
marineros. La explosión también dañó el sistema eléctrico del General
Belgrano, impidiéndole enviar una señal de socorro por radio.
El
agua que entró por el enorme agujero causado por la detonación de la
ojiva Mk.8 no pudo ser bombeada debido al fallo eléctrico. Además,
aunque el buque estaba en posición de combate, navegaba con las
escotillas estancas abiertas. Como resultado, pronto comenzó a escorarse
a babor y a hundirse hacia la proa. Veinte minutos después del ataque,
el capitán del crucero ordenó a la tripulación abandonar el barco. Se
lanzaron botes salvavidas inflables y la evacuación comenzó sin pánico;
770 tripulantes sobrevivieron al naufragio en aguas heladas con una
temperatura ambiente de diez grados bajo cero, vientos de más de cien
kilómetros por hora y olas altas.
El
tercer torpedo, programado en el lanzamiento para viajar dos grados a
la izquierda, falló su objetivo, pasando por delante de la proa del
crucero y detonando posteriormente, causando daños menores en la popa
del destructor argentino ARA Bouchard debido a la onda expansiva de la explosión cercana, probablemente causada por la espoleta magnética.
Tras el fin del conflicto, el único submarino convencional británico en el Atlántico Sur, el HMS Onyx, recibió la orden de hundir el casco del RFA Sir Galahad
, que había sufrido graves daños en un ataque de la Fuerza Aérea
Argentina. Las condiciones para el lanzamiento de los torpedos eran
ideales; el Sir Galahad
estaba inmóvil. Sin embargo, ninguno de los dos torpedos Tigerfish Mk.
24 mod.1 alcanzó el objetivo, y se informó que el fallo se debió a
problemas con las baterías. Finalmente, el Sir Galahad se hundió con un torpedo Mk.8 bien dirigido. El torpedo Tigerfish en Brasil
El
torpedo Tigerfish Mk.24 recibió gran publicidad como arma moderna y de
alta tecnología. Inicialmente, se desconocían sus problemas, por lo que
pronto se exportó a Brasil y Chile, ambos países que operaban submarinos
de la clase Oberon, diseñados y construidos en Gran Bretaña. En la
Armada brasileña, los torpedos Tigerfish incluso se integraron en los
submarinos de la clase Tupi, que reemplazaron a los de la clase Oberon.
En
Brasil, el torpedo Tigerfish también causó problemas, según una
entrevista con un comandante de submarino brasileño publicada en el
sitio web Poder Naval el 23 de noviembre de 2023, durante un ejercicio
de lanzamiento con un torpedo disparado por el submarino Humaitá: “Salió
a la superficie y el comandante del submarino continuó navegando hacia
él. Como estaba a profundidad de periscopio, terminó impactando en la
vela, pero no hubo explosión porque el torpedo no estaba cargado de
explosivos”.
No hay más información sobre el incidente, pero en un escenario real,
el arma podría haber destruido el propio submarino que lo lanzó.
Posteriormente,
la Armada brasileña retiró el controvertido Tigerfish, reemplazándolo
con el Mk. 48 estadounidense, considerado uno de los torpedos más
fiables en la historia de la guerra submarina.
El submarino ARA San Luis y los torpedos alemanes SST-4 defectuosos.
ARA San Luis
Durante la guerra de las Malvinas en 1982, el submarino argentino ARA San Luis
desempeñó un papel importante como una de las principales amenazas
navales de Argentina contra la flota británica. Sin embargo, su eficacia
se vio seriamente limitada por problemas técnicos con sus torpedos
SST-4, lo que comprometió su capacidad de influir en el conflicto.
El ARA San Luis
, un submarino de la clase Tipo 209 de fabricación alemana, era una
nave moderna y una de las pocas plataformas de ataque naval argentinas
capaces de operar sigilosamente contra las fuerzas británicas. Su misión
principal era realizar ataques submarinos contra buques británicos que
transportaban tropas y suministros a las Islas Malvinas, así como
desestabilizar las operaciones de la fuerza naval del Reino Unido.
Tras el inicio de las hostilidades, el San Luis
operó en la zona de exclusión marítima establecida por los británicos,
buscando objetivos de alto valor como destructores, fragatas y
portaaviones. Gracias a su capacidad para permanecer sumergido durante
largos periodos y a su bajo perfil acústico, el submarino logró evadir
la detección por parte de los aviones de patrulla y los modernos
sistemas antisubmarinos de la flota británica.
SST-4
Diagrama de los ataques del ARA San Luis contra barcos británicos.
El armamento principal del ARA San Luis
era el torpedo eléctrico SST-4, diseñado para ser silencioso y
altamente efectivo en ataques a submarinos. Sin embargo, durante la
campaña, el submarino sufrió fallos crónicos en este sistema de armas.
Los torpedos SST-4 no funcionaron como se esperaba debido a problemas
técnicos relacionados con un mantenimiento inadecuado, una calibración
defectuosa y fallos en el sistema de guiado.
En varias ocasiones, el San Luis
lanzó torpedos contra buques británicos, pero ninguno alcanzó su
objetivo. Los informes indican que los torpedos sufrieron desviaciones
inesperadas de su trayectoria o no lograron activar sus sistemas de
detonación. Estos fallos provocaron la pérdida de oportunidades
cruciales para atacar a la flota británica e infligirle daños
significativos.
A
pesar de su sigilo y capacidad para evitar ser detectado, la ineficacia
de los torpedos SST-4 limitó considerablemente la capacidad del ARA San Luis
para influir en el curso de la guerra. El submarino siguió
representando una amenaza psicológica para los británicos, obligando a
la flota a destinar importantes recursos a operaciones antisubmarinas.
Sin embargo, al carecer de torpedos operativos, la amenaza no se tradujo
en un impacto directo.
Arte 3D: ARA San Luis lanzando un torpedo
Por otro lado, los británicos invirtieron fuertemente en operaciones para localizar y neutralizar al San Luis , empleando fragatas, helicópteros Sea King equipados con sonar y aviones de patrulla marítima. A pesar de estos intentos, el San Luis logró seguir operando sin ser destruido, regresando a puerto al final del conflicto.
El desempeño del ARA San Luis
en la Guerra de las Malvinas ejemplifica cómo la tecnología y el
mantenimiento pueden influir directamente en el éxito de las operaciones
militares. Si bien demostró la eficacia de su tripulación y del propio
submarino para evitar ser detectado, las fallas en sus torpedos SST-4
impidieron que el submarino realizara ataques exitosos contra la flota
británica. Esta experiencia puso de relieve la importancia de contar con
sistemas de armas fiables y una logística de mantenimiento adecuada en
los escenarios de guerra modernos.
Poco
después de que Argentina invadiera la isla de Georgia del Sur a finales
de marzo de 1982 y al mismo tiempo que llevaba a cabo la Operación
Rosario a principios de abril para apoderarse de las islas
Malvinas, Inglaterra envió sus primeros submarinos de ataque
de propulsión nuclear al Atlántico Sur para ejercer una zona de
exclusión marítima (ZET) de 200 millas alrededor de las islas.
En
3 semanas, los submarinos ya estaban en la zona de operaciones y
llegaron mucho antes que los demás barcos, incluido el transporte de
fuerzas especiales del SBS.
El
primer submarino nuclear británico enviado a las Malvinas fue el HMS
Spartan, el 1 de abril, que zarpó de Gibraltar, donde recibió una
recarga de torpedos.
Dos
submarinos nucleares más partieron de Faslane en Escocia, el HMS
Splendid y el HMS Conqueror. El HMS Splendid fue asignado a cazar al
portaaviones argentino ARA 25 de Mayo.
Según
el comandante del submarino, el portaaviones argentino estaba “en
sombra” y estaba en la mira de su periscopio. La única razón por la que
no fue hundido fue porque no hubo tiempo suficiente para confirmar la
posición del objetivo en relación a la zona de exclusión y obtener
autorización para el ataque y terminó perdiendo contacto.
HMS Conqueror
El
submarino HMS Conqueror, que zarpó el 4 de abril, fue el responsable
del hundimiento, el 2 de mayo de 1982, del crucero argentino ARA General Belgrano, que navegaba fuera de la zona de exclusión marítima impuesta por Londres.
Mapa que muestra la zona de exclusión marítima y la
ubicación del ARA Belgrano cuando fue detectado por primera vez y luego
hundido
El submarino argentino ARA San Luis, un IKL-209 de construcción alemana, dio problemas a las fuerzas
británicas, al punto de que agotaron sus reservas de armamento
antisubmarino en falsos contactos.
Pero el ARA San Luis no pudo realizar ningún ataque exitoso debido a fallas de los torpedos.
El
único otro submarino argentino operativo, el ARA Santa Fe clase “Balao”
de la Segunda Guerra Mundial, fue alcanzado por fuerzas británicas
frente a la isla Georgia del Sur y luego se hundió en el muelle.
ARA San Luis y el portaaviones ARA 25 de Mayo al fondo
El
2 de mayo de 1982, el submarino británico HMS Conqueror hundió al
crucero argentino ARA General Belgrano. Se trata de uno de los
incidentes más controvertidos de la historia naval.
El
suceso, que provocó la pérdida de más de 300 vidas, desató acalorados
debates sobre la legalidad y proporcionalidad del ataque.
Las Malvinas
La
Guerra de las Malvinas estalló en 1982 cuando Argentina, bajo la junta
militar encabezada por el general Leopoldo Galtieri, invadió las Islas
Malvinas, un territorio británico de ultramar. El conflicto se
desarrolló en un contexto de disputas históricas y ambiciones políticas.
Argentina había reclamado durante mucho tiempo la soberanía sobre las
Malvinas, basándose en precedentes históricos y la proximidad
geográfica. Los británicos, por otro lado, mantuvieron su soberanía
sobre las islas y han estado presentes allí desde el siglo XIX.
ARA General Belgrano.
Históricamente,
las Islas Malvinas han sido objeto de reclamos territoriales en pugna
entre Argentina y el Reino Unido. Las islas están ubicadas en el Océano
Atlántico Sur, aproximadamente a 300 millas (480 kilómetros) de la costa
de América del Sur. Constan de dos islas principales, Malvina Oriental y
Malvina Occidental, junto con numerosas islas más pequeñas.
El
gobierno británico, a 12.800 kilómetros de distancia, bajo el mando de
la primera ministra Margaret Thatcher, respondió rápidamente a la
invasión argentina. Se envió una fuerza de tareas militares, compuesta
por buques de guerra, tropas y apoyo aéreo, para recuperar las islas. El
conflicto marcó el primer enfrentamiento militar importante entre dos
potencias modernas desde la Segunda Guerra Mundial.
El
contexto histórico y político que rodeó la Guerra de las Malvinas
proporciona un marco para comprender las circunstancias que llevaron al
hundimiento del Belgrano.
El General Belgrano
La
Armada Argentina jugó un papel importante en la Guerra de las Malvinas,
siendo el crucero General Belgrano uno de sus activos clave. El
Belgrano, originalmente un buque de la Armada de los Estados Unidos
llamado USS Phoenix, fue adquirido por Argentina en 1951 y sirvió como
un orgulloso símbolo del poder naval del país.
El USS Phoenix en Pearl Harbor, 1941.
Como
buque de guerra de la Segunda Guerra Mundial, el General Belgrano
poseía una considerable potencia de fuego y capacidades. Era un crucero
armado con quince cañones de 6 pulgadas, torpedos y defensas antiaéreas.
El barco tenía una larga y distinguida historia, incluida su
participación en la Batalla del Río de la Plata durante la Segunda
Guerra Mundial.
El hundimiento del Belgrano
A
fines de abril, la fuerza de tareas británica llegó a las Islas
Malvinas e implementó una Zona de Exclusión Total (TEZ). En virtud de
esta medida, la Marina Real designó un área que abarca 200 millas
náuticas (230 millas, 370 km) desde el centro de las Malvinas como parte
de la zona de conflicto activo. Se comunicó un mensaje claro a todos
los barcos y aeronaves, independientemente de su nacionalidad, de que
ingresar a la TEZ implicaba el riesgo de ser atacado sin previo aviso.
Un mapa de las Malvinas, que muestra la Zona de Exclusión Total.
En
la tarde del 2 de mayo de 1982, el submarino británico HMS Conqueror,
bajo el mando del capitán Christopher Wreford-Brown, había estado
siguiendo al crucero argentino durante algún tiempo, monitoreando sus
movimientos y evaluando las posibles amenazas a las fuerzas navales
británicas. El Belgrano estaba acompañado por dos destructores. Los tres
buques estaban fuera de la ZTE y se dirigían hacia el oeste, alejándose
de las Malvinas.
Alrededor
de las 15:00 horas, el HMS Conqueror disparó tres torpedos Mark VIII
hacia el crucero argentino. Dos de los torpedos impactaron con éxito al
Belgrano, causándole graves daños.
El HMS Conqueror regresa de las Malvinas.
Como
consecuencia de los impactos de los torpedos, el Belgrano comenzó a
hacer agua rápidamente. Los esfuerzos por controlar la inundación y
estabilizar el buque se vieron obstaculizados por la magnitud de los
daños sufridos. El crucero se inclinó hacia babor y a las 16:24 horas,
el capitán del Belgrano dio la orden de abandonar el buque.
Los dos barcos que estaban con el Belgrano no supieron qué había pasado con el buque y continuaron su rumbo hacia el oeste.
Durante
los dos días siguientes se realizó un esfuerzo de rescate para salvar a
los sobrevivientes: barcos argentinos y chilenos sacaron del mar a 772
hombres.
El
número exacto de víctimas del naufragio del Belgrano es tema de debate.
Las cifras oficiales indican que 323 marinos argentinos perdieron la
vida en el incidente.
Controversia
El
hundimiento del General Belgrano ha sido objeto de mucho debate y
controversia, incluidas discusiones sobre la legalidad y la
clasificación del ataque como crimen de guerra.
Desde
la perspectiva británica, el hundimiento del Belgrano se consideró una
acción militar legal. El gobierno británico justificó el ataque
basándose en la amenaza potencial que el crucero representaba para sus
fuerzas navales. Argumentaron que el Belgrano era un objetivo militar
legítimo y que su hundimiento era una respuesta proporcionada para
garantizar la seguridad de sus propias fuerzas.
Por
otra parte, los críticos de la acción británica sostienen que el
hundimiento del General Belgrano constituyó un crimen de guerra.
Sostienen que el ataque violó el principio de proporcionalidad, ya que
la pérdida de vidas resultante del hundimiento superó la amenaza
potencial que representaba el crucero en el momento del ataque.
Argumentan que el barco se estaba alejando de la zona de conflicto y,
por lo tanto, no representaba una amenaza inmediata para las fuerzas
británicas.
La
clasificación de un acto como crimen de guerra suele quedar dentro del
ámbito de aplicación de los marcos jurídicos internacionales, como las
Convenciones de Ginebra y el derecho internacional consuetudinario.
Estos marcos establecen directrices y principios para la conducción de
los conflictos armados y definen los crímenes de guerra como violaciones
graves de esas normas.
El ARA General Belgrano se hunde tras el ataque.
En
el caso específico del hundimiento del Belgrano, ningún tribunal
internacional se ha pronunciado formalmente sobre si constituyó un
crimen de guerra. Por lo tanto, la cuestión de si el hundimiento puede
considerarse un crimen de guerra sigue siendo objeto de interpretación y
debate jurídicos.
Es
esencial reconocer que existen diferentes perspectivas e
interpretaciones sobre la legalidad y la moralidad del ataque. Estos
debates ponen de relieve las complejidades que rodean la aplicación del
derecho internacional humanitario en los conflictos armados y los
desafíos que plantea determinar la legalidad de las acciones militares,
especialmente en situaciones dinámicas y de alta presión como las de
guerra.
Conclusión
El
conflicto de las Malvinas finalizó oficialmente el 14 de junio de 1982,
con la rendición de las fuerzas argentinas. El conflicto duró un total
de 74 días, del 2 de abril al 14 de junio de 1982. Después de una serie
de enfrentamientos militares, que incluyeron batallas terrestres,
enfrentamientos navales y ataques aéreos, las fuerzas británicas
recuperaron con éxito las Islas Malvinas, poniendo fin de manera
efectiva a las hostilidades. La junta militar argentina, al mando del
general Leopoldo Galtieri, anunció la decisión de rendirse y las fuerzas
británicas tomaron el control de las islas.
En
el contexto de la historia naval, el hundimiento del General Belgrano
es un triste testimonio del poder destructivo de la guerra moderna y del
profundo costo humano que puede generar. Su legado perdura en forma de
debates actuales sobre la ética militar, las reglas de enfrentamiento y
el camino hacia la resolución de conflictos.