viernes, 2 de octubre de 2026

FAA: La llegada de la segunda tanda de F-16s

ARA San Juan: ¿Accidente o fue hundido?

¿El ARA San Juan naufrago o fue hundido?

Uno estaba colgado del fondo del Atlántico cerca de la Isla Ascensión, una montaña volcánica británica a medio camino entre África y Sudamérica. El otro, en las Islas Crozet, en el Índico subantártico francés, frente a la Antártida. Ambos forman parte de una red secreta hasta hace pocos años: once estaciones distribuidas por los océanos del mundo, diseñadas para detectar la firma acústica de un ensayo nuclear submarino.

Esa mañana, los hidrófonos no captaron una bomba. Captaron un evento corto, violento y singular, originado a unas mil millas náuticas de la costa patagónica. Tres horas y media antes, en el mismo lugar, un submarino argentino con cuarenta y cuatro tripulantes a bordo había enviado su último mensaje.

Casi nueve años después, con el juicio oral en marcha en Río Gallegos, ese ruido sigue siendo la pieza más importante — y la peor entendida — del expediente. Este artículo se propone explicarla.

La pregunta sin responder

La causa por el hundimiento del ARA San Juan llegó a juicio con un agujero conspicuo: nunca se realizó una pericia técnica integral sobre los restos del submarino. Sobre esa ausencia se construyeron, durante años, dos relatos paralelos.

El relato oficial, sostenido por la Armada y refinado por la Comisión Bicameral del Congreso en 2019, describe una concatenación de fallas: ingreso de agua de mar al tanque de baterías Nº 3, cortocircuito, principio de incendio, operación con la mitad de la energía disponible en mar adverso, pérdida de control de plano e implosión al sobrepasar la profundidad de colapso del casco. “Normalmente estas cosas ocurren de manera multicausal”, declaró en marzo el contralmirante retirado Eduardo Pérez Bacchi durante el juicio. “No es una causa, sino una concatenación de causas”.

El relato alternativo, alimentado desde fines de 2017 por el peritaje del ingeniero Ariel Garbarz y por algunos analistas vinculados a la Red Federal de Investigación, sostiene que el submarino fue hundido por un ataque externo — uno o dos torpedos disparados por un submarino nuclear británico que habría estado vigilando la zona de exclusión alrededor de las Malvinas.

La diferencia entre ambos relatos importa, y mucho. Importa para los familiares de las víctimas, para la justicia que debe dictar sentencia, y para entender qué clase de país somos: uno donde un submarino se hunde por desidia institucional, o uno donde una potencia extranjera asesinó a cuarenta y cuatro marinos en aguas propias y nadie respondió.

La red que escucha los océanos

El ruido del 15 de noviembre llegó a la Organización del Tratado de Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares — la CTBTO, con sede en Viena — apenas unas horas después del evento. La organización monitorea el planeta con cuatro tecnologías complementarias: sismógrafos para detectar explosiones bajo tierra, sensores de infrasonido para detonaciones atmosféricas, radionucleidos para residuos nucleares en el aire, e hidroacústica para todo lo que pasa bajo el agua.

La parte hidroacústica es la más eficiente de las cuatro. Un sonido de baja frecuencia generado en el océano se propaga por una capa especial llamada canal SOFAR — situada a unos mil metros de profundidad — con tan poca atenuación que puede recorrer miles de kilómetros casi sin debilitarse. Por eso a la CTBTO le bastan once estaciones para vigilar los océanos del mundo.

Cada estación es en realidad un conjunto de tres hidrófonos suspendidos en el canal SOFAR, separados por unos dos kilómetros entre sí. Esa geometría — un “triplet” — permite no solo registrar el sonido, sino estimar la dirección desde la cual proviene mediante interferometría. Dos triplets distantes que captan el mismo evento alcanzan para localizarlo por triangulación.

El 15 de noviembre de 2017 dos triplets registraron el evento del Atlántico Sur: uno en Ascensión, llamado HA10, a unos seis mil kilómetros del epicentro; otro en Crozet, llamado HA04, a unos ocho mil kilómetros. La señal viajó durante una hora antes de llegar a Ascensión y casi dos horas hasta Crozet. Cuando los datos terminaron de procesarse en Viena, la organización pudo informar a la Armada Argentina la posición estimada del evento — una elipse de incertidumbre de unos trece mil kilómetros cuadrados con su centro muy cerca de la última posición conocida del submarino.

El experimento que casi nadie recuerda

Dos semanas después del siniestro, el 1 de diciembre de 2017, mientras los familiares de los tripulantes acampaban en Mar del Plata exigiendo respuestas, sucedió algo que la cobertura periodística pasó por alto: la Armada Argentina coordinó con la CTBTO un experimento técnico decisivo.

Una aeronave dejó caer una carga de profundidad — un explosivo submarino estándar, con peso, energía y profundidad de detonación conocidos al detalle — en una posición cercana al lugar del evento original. Los mismos hidrófonos de Ascensión y Crozet, sintonizados a las mismas frecuencias, registraron la explosión controlada.

Visto desde la perspectiva de un investigador forense, esto cambia todo. Una grabación aislada es difícil de interpretar: los algoritmos que procesan señales submarinas tienen incertidumbres considerables sobre la naturaleza, la profundidad y la energía de una fuente desconocida. Pero cuando se tiene una grabación de referencia — una fuente conocida en condiciones similares — el problema se simplifica radicalmente. Ya no hay que caracterizar el evento del 15 de noviembre desde cero. Hay que compararlo con el del 1 de diciembre.

Cuatro hallazgos, una conclusión

En 2021, dos equipos de investigadores publicaron en la revista científica Pure and Applied Geophysics los resultados del análisis comparativo. El primero, liderado por Julien Vergoz desde la sede técnica de la CTBTO en París, aplicó un algoritmo llamado PMCC — Progressive Multi-Channel Correlation, una herramienta estándar para discriminar fuentes acústicas múltiples — sobre los datos crudos de los hidrófonos. El segundo, encabezado por Peter Nielsen, comparó las señales del 15 de noviembre y del 1 de diciembre punto por punto.

Cuatro hallazgos se desprenden de esa comparación. Cada uno es interesante por separado. Juntos, son demoledores.

Primero: la naturaleza del evento

Las dos señales — la del submarino y la de la carga de calibración — tienen formas y duraciones similares. Ambas son lo que en jerga técnica se llama un evento impulsivo: una liberación de energía rápida y concentrada en pocos segundos, no un proceso prolongado como una erupción volcánica submarina o un colapso lento de talud continental. El San Juan no se desinfló: estalló o implosionó.

Segundo: la energía

La señal del 15 de noviembre fue más intensa que la de la carga de calibración — hasta ocho decibelios más fuerte en frecuencias bajas, lo que en términos de amplitud equivale a un evento dos veces y media más potente. El submarino liberó significativamente más energía acústica que la carga de profundidad estándar usada como referencia.

Tercero: la profundidad

Toda explosión o implosión submarina genera una burbuja de gas que oscila brevemente antes de colapsar. La frecuencia de esa oscilación — el llamado bubble pulse — depende de la presión hidrostática en el punto donde se produce el evento. A más profundidad, más presión, y más alta la frecuencia.

El bubble pulse del evento del 15 de noviembre fue de aproximadamente 4,4 hertzios. Aplicando una ecuación clásica de hidroacústica — la ecuación de Rayleigh-Willis — esa frecuencia se traduce en una profundidad estimada de unos 388 metros. La presión del agua a esa profundidad es de unos 39 bar, casi cuarenta veces la atmosférica.

Esa cifra coincide casi exactamente con la profundidad de colapso esperable del casco resistente de un submarino TR-1700 ya con limitaciones operativas. Y, crucialmente, no coincide con la profundidad típica de detonación de un torpedo moderno, que opera contra blancos a profundidades operativas mucho más comunes.

Cuarto: lo que pasó después

El hallazgo más revelador no fue el evento principal sino lo que vino detrás. En los quince minutos posteriores al estallido, los hidrófonos registraron trece arribos secundarios — trece eventos acústicos distintos, espaciados a lo largo del cuarto de hora siguiente.

Ningún arma antisubmarina conocida produce esa secuencia. Un torpedo pesado — el Spearfish británico, el Mk-48 estadounidense — detona una vez. Si la doctrina exige un disparo doble, los dos torpedos se separan por entre diez y treinta segundos, no por noventa, y no van seguidos por once eventos adicionales repartidos en quince minutos.

Lo que sí produce esa secuencia es un proceso que ya conocemos por simulaciones supercomputacionales: una implosión de casco resistente seguida por la fragmentación progresiva del submarino mientras desciende, y por el impacto sucesivo de los restos contra el fondo marino. Los grandes pedazos del SUSJ encontrados por Ocean Infinity en noviembre de 2018 estaban dispersos sobre ocho mil metros cuadrados de lecho oceánico a 907 metros de profundidad. La distribución de ese campo de escombros, leída en clave acústica, es exactamente la firma de los trece arribos secundarios.

¿Y el peritaje que decía lo contrario?

Durante años, la hipótesis del ataque externo se sostuvo en el peritaje del ingeniero Ariel Garbarz, director del Laboratorio de Seguridad de las Comunicaciones de la UTN. En diciembre de 2017 Garbarz informó al ministro de Defensa Oscar Aguad que la explosión había sido “externa al casco” del submarino. En agosto de 2018 ratificó esa conclusión ante la Comisión Bicameral del Congreso.

Garbarz nunca fue convocado por la justicia. Esa exclusión alimentó, comprensiblemente, sospechas de encubrimiento. Pero la pregunta técnica es otra: ¿se sostiene su análisis frente a la evidencia disponible hoy?

Tres elementos sugieren que no. Primero, Garbarz trabajó con los espectrogramas que la CTBTO publicó en su sitio web — gráficos de baja resolución temporal y espectral — y no con los datos crudos de los hidrófonos, que la organización entrega a los Estados firmantes que los pidan. La diferencia entre uno y otro material es comparable a la diferencia entre una fotografía publicada en un diario y el archivo RAW original. Segundo, no aplicó procesamiento PMCC ni análisis multi-triplet, que son las herramientas estándar para discriminar entre fuentes acústicas reales múltiples y trayectorias de propagación múltiples de una sola fuente. Y tercero, ante la propia Comisión Bicameral no pudo responder preguntas básicas de método sobre su triangulación, según consta en la documentación parlamentaria.

Esto no descalifica a Garbarz como profesional ni invalida su intuición inicial. Pero su peritaje de 2017–2018 hoy no puede sostenerse frente al cuerpo de literatura técnica posterior. Cualquier análisis serio del evento debe partir de Vergoz et al. y Nielsen et al., no del peritaje original.

Lo que un submarino bajo amenaza no hace

Hay una segunda línea de evidencia que el debate público pasó por alto: el comportamiento del propio submarino en sus últimas horas.

En la guerra antisubmarina hay reglas básicas que un comandante experimentado conoce de memoria. Un submarino que detecta amenaza hostil — un sonar enemigo activo, un ruido de hélice próximo, un transitorio mecánico de origen no propio — pasa inmediatamente a una condición conocida como EMCON estricto. Apaga emisores radioeléctricos, reduce velocidad para minimizar ruido propio, cambia profundidad y rumbo de manera errática para complicar la solución de tiro del adversario, y se mantiene en silencio acústico tanto como sea posible. La regla doctrinal es simple: bajo amenaza, hay que ser invisible e inaudible.

Lo que sabemos del ARA San Juan en sus últimas horas es exactamente lo opuesto. El comandante reportó la avería por teléfono satelital IRIDIUM. Salió a superficie para ventilar — la peor posición posible si hay un submarino enemigo cerca. Aceptó la orden de regresar a Mar del Plata navegando por superficie. Se comunicó hasta el último mensaje a las 07:19 del 15 de noviembre, y tenía planeado seguir comunicándose.

Estas no son conductas de un buque que se sabe amenazado. Son las conductas de un buque que está lidiando con una avería técnica seria pero no con un enemigo. El propio comportamiento del submarino, antes incluso del análisis hidroacústico, es difícil de reconciliar con cualquier hipótesis de ataque.

La pericia faltante: por qué la ventana ya se cerró

Llegado este punto, alguien podría preguntarse por qué — si la evidencia es tan clara — la justicia no resuelve la cuestión simplemente peritando los restos. La respuesta involucra una mezcla incómoda de límites técnicos y omisiones políticas.

Los restos del ARA San Juan yacen a 907 metros de profundidad, dispersos en un campo de unos ocho mil metros cuadrados sobre el lecho del Atlántico Sur. Una pericia forense seria — cartografía tridimensional del campo de escombros, análisis direccional de las deformaciones del casco, muestreo químico in situ para detectar residuos de explosivos militares como el RDX, el HMX o el PBX — exige medios que la Armada Argentina no tiene y que casi ninguna marina del mundo posee.

El paralelo con el ARA General Belgrano es ilustrativo. El Belgrano yace en el Banco Burdwood a unos cuatro mil metros de profundidad. Nadie en Argentina reclama hoy peritar sus restos para confirmar técnicamente lo que ya sabemos: que fue hundido por torpedos del HMS Conqueror el 2 de mayo de 1982. La ausencia de pericia no obedece a desinterés ni encubrimiento, sino a que la operación es inviable.

Pero hay un segundo elemento, técnicamente más importante. Aún si la operación fuera viable hoy, los residuos químicos de un eventual explosivo militar probablemente ya serían indetectables. Los compuestos como el RDX y el PBX se degradan en agua de mar fría a alta presión por hidrólisis, biodegradación bacteriana y disolución progresiva. La literatura sobre detección forense de explosivos en ambientes marinos sugiere que la ventana útil para muestreo concluyente se sitúa típicamente entre los doce y los veinticuatro meses posteriores al evento.

El submarino fue hallado en noviembre de 2018, exactamente un año después del hundimiento. El pedido conjunto de pericia integral — un caso poco habitual en derecho penal, firmado en un mismo escrito por la querella encabezada por Luis Tagliapietra y por las defensas de dos imputados — se presentó en junio de 2020. La causa estuvo trabada por razones políticas y administrativas exactamente durante el período en que la pericia química probatoria todavía podía haber producido resultados.

Esta distinción importa, y mucho. Mueve la responsabilidad desde lo técnico-presente hacia lo político-pasado, que es donde corresponde. Y aclara una cosa fundamental: la conclusión técnica del análisis hidroacústico no depende de esa pericia. La firma calibrada del IMS — la naturaleza impulsiva confirmada, la frecuencia del bubble pulse, la profundidad estimada de implosión, los trece arribos secundarios — es por sí sola suficientemente robusta. La pericia hubiera sido el sello probatorio definitivo. Su ausencia no convierte el caso en irresoluble.

El balance, en una tabla

Si se aplica el filtro doctrinal que cualquier oficial de guerra antisubmarina conoce — los cuatro elementos que un escenario ASW real deja inevitablemente: plataforma atacante detectable, trazado bilateral, firma de arma, restos forenses — el balance es el siguiente:

La columna del medio — “Ataque externo” — registra apoyo solo en una fila, y lo hace con calificación débil. La columna de la izquierda registra apoyo fuerte en seis. Es un veredicto, en términos forenses, bastante claro.

Lo que queda

Cualquier análisis honesto de un caso así debe terminar reconociendo lo que no se sabe y lo que no se puede saber. No se sabe con certeza absoluta cuál fue la cadena exacta de eventos entre las 07:19 y las 10:51 del 15 de noviembre de 2017 — el perito naval Gerardo Bellino, en informe incorporado a la causa, formuló cinco escenarios posibles y consideró “altamente probable” una combinación de ellos. No se sabe qué información de inteligencia británica o estadounidense permanece clasificada. No se sabe si una pericia hecha en 2018 hubiera arrojado evidencia material concluyente.

Pero hay cosas que sí se saben, y este artículo las ha descripto. La señal hidroacústica registrada por la CTBTO el 15 de noviembre de 2017, comparada con la señal calibrada del 1 de diciembre, leída con las herramientas técnicas correctas y publicada en literatura científica revisada por pares, es consistente con una implosión hidrostática del casco resistente del ARA San Juan a unos 388 metros de profundidad, seguida por la fragmentación progresiva de la nave durante su descenso final. No es consistente con un ataque por torpedos.

El ARA San Juan se hundió porque una serie de fallas técnicas, mantenimiento postergado por años y un mar adverso convergieron en una mañana de noviembre, y porque la tripulación — pese a su esfuerzo — no pudo contener la cadena de eventos que se desató esa madrugada. No fue un acto de guerra. Fue un acto de desidia institucional acumulada durante décadas, que costó cuarenta y cuatro vidas.

Esa es la conclusión técnica. La conclusión política — qué hizo o dejó de hacer cada cadena de mando antes, durante y después del siniestro — es lo que el Tribunal Oral Federal de Santa Cruz tiene que dictaminar en los próximos meses. La evidencia hidroacústica, al menos, ya habló.

Fuentes

Este análisis se basa exclusivamente en fuentes abiertas. Las principales son:

Literatura técnica peer-reviewed: Vergoz, J., Cansi, Y., Cano, Y., y Gaillard, P. (2021). Analysis of Hydroacoustic Signals Associated to the Loss of the Argentinian ARA San Juan Submarine. Pure and Applied Geophysics, 178. Nielsen, P. L. y otros (2021). CTBTO’s Data and Analysis Pertaining to the Search for the Missing Argentine Submarine ARA San Juan. Pure and Applied Geophysics, 178. Wei, X. y otros (2020). Implosion of the Argentinian submarine ARA San Juan S-42 undersea: Modeling and simulation. Communications in Nonlinear Science and Numerical Simulation.

Documentación oficial: Comunicados públicos y reportes técnicos de la CTBTO sobre el evento del 15 de noviembre de 2017. Informe final de la Comisión Bicameral del Congreso de la Nación Argentina (2019). Informe pericial del Capitán de Navío (Ing.) Gerardo Bellino. Peritaje del Ing. Ariel Garbarz (UTN, 2017–2018) y su declaración ante la Comisión Bicameral.

Cobertura del juicio oral: Tribunal Oral Federal de Santa Cruz, Río Gallegos (2026), incluyendo la declaración del contralmirante (R) Eduardo Pérez Bacchi en marzo de 2026.

Documentación periodística: Infobae, La Nación, Página/12, Perycia, MisionesOnline, Zona Militar y la entrada “Hundimiento del ARA San Juan (S-42)” de Wikipedia en sus versiones contrastadas.


jueves, 1 de octubre de 2026

Crisis del Beagle: El rol de carne de cañón de los carabineros

Crisis del Beagle: El triste y heroico rol de los carabineros


Esta ha sido una búsqueda personal. No digo que esté concluida, pero he encontrado un grano de arena para agregar al balde. A ver, como ya he recalcado en diversas entradas del blog, siempre me llamó la atención el sorprendente rol asignado a los Carabineros de Chile (CC) (haga clic en los link 1, link 2, link 3) en la potencial guerra entre Argentina y Chile producto de la crisis del Beagle de 1978. No es común el rol preponderante asignado por la estrategia de defensa chilena a una fuerza de seguridad. Las primeras informaciones a las que tuve de esta participación eran medias verdades o mentiras: Habían sido convocados al frente magallánico y fueguino para ser usados, aparentemente, como tropas de retaguardia: policía militar, seguridad contra infiltración de tropas argentinas y, sobre todo, guardias de prisioneros de guerra, los cuales los oficiales chilenos especulaban serían miles. Sin embargo, las mismas fuentes, en el mismo documental, se contradecían más adelante afirmando que las tropas de CC llegaban al teatro de operaciones vía aérea en vuelos de LAN Chile en la base Chabunco de Punta Arenas, realizados de manera nocturna para no ser observados por fuerzas argentinas, pero inmediatamente eran trasladados en barco a Porvenir, en la isla de Tierra del Fuego (link 2). Porvenir, como se recalca en link 3 no era ninguna retaguardia, era el mismísimo frente de combate. Más aún, hay fotos de CC armados con lanzacohetes en Cabeza de Mar, unos kilómetros al norte de Punta Arenas, esperando el avance argentino: nuevamente, era la primera línea de combate.
La deducción era entonces que Chile estaba usando fuerzas de seguridad como tropa frontal. Nuevamente, la remanida frase: "uno va a la guerra con lo que tiene" vuelve a aparecer pero también siempre queda la duda de por qué no se envió a tropas entrenadas, incluso conscriptos entrenados a ocupar esas posiciones de vanguardia.
El propósito de esta entrada en el blog es presentar un pequeño descubrimiento hecho en la red X de quien declara ser hijo de uno de esos CC, enviado al frente fueguino analizado en link 3. Y aquí caen unos breves rayos de luz a la incógnita: este hombre comenta que su padre servía en el frente fueguino esperando enfrentar como fuerza de choque a las avanzadas de la IMARA argentina en Porvenir. Ninguna retaguardia ni tropa de seguridad: los CC iban a ser la carne de cañón que hicieran gastar munición a las tropas argentinas para, RECIÉN DESPUÉS, ser enfrentadas por los expertos en desfiles y rutilantes uniformes prusianos del Ejército de Chile. Uno puede caer en la versión del entendimiento de una situación de guerra y las escaseses que cada fuerza militar enfrenta. Una primera reacción personal fue: ¡Qué vergüenza, gente! ¡Qué tremendos cagones que fueron quiénes diseñaron esta estrategia! CC iba de personal de sacrificio para que los oficiales y soldados del ECh no se mancharan de entrada el uniforme. Obviamente es una versión particular de mi falta de entendimiento a usar tropas de retaguardia como tropa frontal. Una segunda versión para entender esta situación es que, precisamente, las fuerzas terrestres chilenas enfrentaban serios (muy serios) niveles de preparación de tropas y debían resignarse a emplear estas "tropas". En otra entrada de este blog, muy orgullosos, oficiales chilenos comentaban cómo la conducción de blindados en el área de Magallanes había quedado también relegadas a conscriptos con muy pocas semanas de entrenamiento.
Y precisamente, hablando de conscriptos, esta decisión puede tener cierta coherencia: los conscriptos chilenos que sirvieron en el frente magallánico fueron destratados malamente por sus oficiales y suboficiales, con castigos físicos ("patadas en la boca", torturas, entre otros castigos corporales), desabastecimiento de alimentos como disciplinamiento y la provisión de sólo un puñado de balas para todo el conflicto. Aparentemente, el oficial Floyd, a cargo del mando supremo araucano en la región, pensaba sacrificar a todos los subhumanos no militares antes de mandar un uniformado del ECh a que reciba una esquirla.






Mi padre, como carabinero y militar a la vez, estuvo atrincherado en diciembre de 1978 para defender la soberanía nacional ante una guerra inminente con Argentina. Si el conflicto hubiese estallado, quizás lo habría perdido y hoy sería un mártir caído en combate. Los carabineros desplegados en la frontera estaban preparados para combatir como infantería en primera línea y luego venía el Ejército. Finalmente pudimos tenerlo de regreso en Santiago para Navidad, barbón, sano y salvo. Falleció hace tres años, a los 70, producto de una grave enfermedad. Por eso para mí la soberanía de Chile no es retórica ni una consigna política. La viví desde niño en mi propia familia. La soberanía se defiende con todo. También fui militar de la verde legión y si algún día Chile volviera a enfrentar una amenaza que exigiera defender nuestra Patria, estaría listo para volver a enlistarme.
 Mi padre es el tercero mirando de izquierda a derecha y en Tierra del Fuego ahí. Lo extraño mucho… 🕊️





Lamentablemente, y probablemente siendo un tanto exagerado, uno no puede dejar de pensar en la escena de la película Enemigo al acecho (Enemy at the Gates) del año 2001.

Francotirador: La herramienta más importante de esta tropa



ARRIBA: Un francotirador noruego con un fusil Barrett MRAD calibre .338. Simen Rudi/Agencia Noruega de Material de Defensa (NDMA)

Tiradores de élite y francotiradores

Tradicionalmente, un pelotón de infantería ha contado con un hombre con una función especial: eliminar objetivos enemigos a distancias de hasta 500 a 600 metros. Este hombre es el tirador designado del pelotón, también llamado francotirador. Los tiradores designados están entrenados en tiro rápido y preciso y se espera que disparen con precisión y rapidez contra los objetivos, ampliando así el alcance del fuego del pelotón. Utiliza un fusil con mira telescópica. El término francotirador se utilizaba en el ejército soviético para referirse a los soldados que usaban un fusil diseñado específicamente para este fin, el Dragunov SVD. Un francotirador es un tirador especializado que normalmente opera en pareja (tirador y observador) o con un equipo de francotiradores para mantener un contacto visual cercano con el enemigo. Los francotiradores disparan a los enemigos desde posiciones ocultas o a distancias que superan la capacidad de detección del enemigo, y a mayor distancia que el tirador designado del pelotón.

Lecciones aprendidas

Sin duda, la guerra asimétrica en Afganistán ofrece valiosas lecciones, ya que las fuerzas estadounidenses y la Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad se enfrentaron a insurgentes en vastos terrenos abiertos y entornos urbanos confinados. Los talibanes eran expertos en ocultarse a sí mismos y sus armas, además de mimetizarse con la población local. Dado que resultaba difícil distinguir a los talibanes de la población general de las aldeas, los civiles no combatientes a menudo se convertían involuntariamente en escudos humanos.

Las exigencias únicas de este entorno de conflicto tuvieron un gran impacto en el desarrollo y despliegue del equipo de francotiradores. Se aprenden muchas lecciones en las operaciones, incluyendo las distancias a las que los soldados atacan a sus objetivos. Muchos insurgentes de Al-Qaeda y los talibanes empleaban tácticas de ataque y retirada desde montañas y crestas. La táctica consistía en desplegarse al amparo de la noche y estar listos para emboscar al amanecer.

El tirador de élite del batallón Telemark noruego maneja su HK417 durante un ejercicio de tiro real en el ejercicio Noble Jump de la Fuerza de Tarea Conjunta de Muy Alta Disponibilidad (VJTF NRF) de la OTAN de 2015 en Polonia. Aleksander Hage/Fuerzas Armadas Noruegas

Era difícil estimar el alcance debido al terreno: muchas áreas eran muy abiertas y no había un punto de referencia para usar la fórmula de la retícula mil-dot para calcular la distancia. La necesidad de un nuevo fusil de francotirador con mayor alcance se identificó claramente cuando los soldados noruegos participaron en combate en Afganistán e Irak. Los disparos de francotiradores enemigos desde distancias de alrededor de 800 metros no eran excepcionales. Los fusiles de asalto HK416 con un calibre de 5,56 mm no eran capaces de disparar eficazmente contra objetivos enemigos a esa distancia. El fusil HK417 de calibre 7,62 x 51 mm del tirador de escuadra de infantería resultó tener un alcance algo limitado en general en Tropas en Contacto. Teóricamente, el HK417 tenía la capacidad de impactar con precisión a tales distancias, pero en la práctica, un enemigo pequeño o en movimiento a una distancia de 800 metros es difícil de neutralizar durante un intercambio de fuego. En muchos casos, la solución fue utilizar el fusil antimaterial Barrett M107 de calibre .50 (12,7 mm). Esto generó cierta controversia cuando algunas organizaciones no gubernamentales alegaron que el uso de un calibre tan grande contra objetivos personales violaba el Convenio de La Haya-Ginebra. Si bien esta discusión pronto se disipó, seguía siendo una carga para los tiradores transportar el Barrett por dunas de arena y montañas. La huella del arma también era enorme: el fogonazo y el estampido generaban polvo y escombros en suspensión. Una vez efectuado el primer disparo, no era prudente mantener la misma posición de tiro.

Muchas fuerzas de la OTAN utilizaron el calibre .338 con éxito durante un tiempo. Su alcance es similar al de un arma de calibre .50. Un arma de calibre .338 con munición pesa aproximadamente la mitad que un sistema de calibre .50. El efecto de la bala de calibre .338 contra objetivos personales es impresionante, incluso a distancias de hasta 2 kilómetros. La experiencia de las fuerzas de la OTAN y Noruega con el calibre .338 dejó claro que un nuevo fusil de francotirador con un calibre entre 7,62 mm y 12,7 mm sería la solución más adecuada.

Un grupo de trabajo del ejército, en colaboración con el Instituto Noruego de Investigación de la Defensa (FFI), comenzó a trabajar para determinar qué sistema de fusil de francotirador sería el más adecuado. El capitán Alan Jensen, instructor jefe de francotiradores de las fuerzas armadas noruegas del Centro de Guerra Terrestre, declaró (en comunicación con el autor de este artículo): «Desde el principio, se determinó una cosa: debíamos contar con la mejor arma, la mejor munición y la mejor óptica disponibles. Si fuera necesario, se fabricarían desde cero».

Francotirador ruso manejando un fusil de francotirador SVD Dragunov de calibre 7,62x54 mmR. El fusil cuenta con una mira óptica de francotirador PSO-1M2. Esta mira está diseñada para disparos de precisión con el fusil de francotirador SVD Dragunov y el fusil especial de francotirador VSS en diversos rangos de tiro. Ministerio de Defensa de la Federación Rusa.

El primer paso de FFI fue identificar qué tipo de bala lograría el efecto deseado, luego qué cartucho y tipo de pólvora le darían la velocidad adecuada y, finalmente, qué arma sería apropiada para ese cartucho. Tras un comienzo algo ambicioso, se concluyó que la bala Lapua Magnum de 300 grains y calibre .338 —optimizada para los disparos más largos con la bala más pesada y de mayor coeficiente balístico de su clase— sería la solución óptima para maximizar el alcance y minimizar los efectos de las incertidumbres del terreno, como el viento y la distancia. Esta conclusión no solo se basó en razones operativas, sino también prácticas, ya que este calibre ya era utilizado por varias naciones.

Selección de armas

Las pruebas de armas implican varios desafíos. Uno de ellos es encontrar fusiles de precisión. Todos los proveedores serios de este tipo de fusiles cuentan con modelos de precisión de la calidad necesaria para lograr exactitud, pero ¿mantendrían esa precisión con el cartucho elegido? El calibre .338 se seleccionó antes que el fusil, y no al revés, como suele ocurrir al elegir un nuevo sistema de armas. Algunas de las armas probadas no cumplieron con el requisito de precisión establecido para el calibre seleccionado.

Las armas seleccionadas se volvieron más difíciles de distinguir entre sí. Los criterios dependían del peso, el tamaño, la ergonomía y las soluciones técnicas. Algunos ajenos al proceso cuestionaron por qué no se eligió una de las armas más utilizadas y probadas en combate durante largos períodos en zonas de guerra. A menudo recurrían a Accuracy International y al Sako TRG. ¿Por qué arriesgarse con un prototipo o un sistema de armas sin probar, como el nuevo Diseño Adaptativo Multirrol (MRAD) de Barrett? Lo que tal vez no era obvio para quienes cuestionaban esto era que los fusiles probados no cumplían con los mismos estándares que los que la mayoría de las naciones tenían en su inventario. Los fabricantes tuvieron que modificar algunos de sus componentes o soluciones para cumplir con los requisitos de las armas a probar. En ese momento, estas especificaciones no eran estándar para ningún fabricante. Se puede decir que pequeños cambios de diseño no tuvieron una influencia sustancial en la precisión. Sin embargo, el resultado general del peso, el tamaño, los accesorios, la robustez y el funcionamiento del arma en condiciones extremas de frío y calor puede hacer que el arma más obvia no sea buena simplemente porque el diseño o los aspectos técnicos no cumplen con la demanda. Tras un periodo de pruebas con armas, munición, accesorios y óptica, se seleccionaron tres candidatos. Si bien todos los sistemas de armas resultaron ser muy buenas soluciones, uno destacó por encima de los demás: el Barrett MRAD. Durante las pruebas, se observó que todos los tiradores que utilizaron el MRAD por primera vez obtuvieron agrupaciones de disparos muy buenas. No necesariamente las mejores, pero dentro de los requisitos establecidos, lo que demuestra la precisión del MRAD. Con otros fusiles, los tiradores tuvieron que realizar varias rondas de prueba antes de obtener buenas agrupaciones. Una de las razones podría ser que el MRAD está diseñado como un arma militar, tomando como modelo el conocido diseño de fusil de asalto. Cualquiera que haya operado un HK416, un M16 o un AR-15 se familiarizará inmediatamente con un MRAD. Debido a la similitud con la empuñadura de pistola del M4 y el M16, el seguro accionado con el pulgar configurado para diestros y zurdos, el liberador de cargador ambidiestro, el cajón de mecanismos superior con espacio para rieles del M1913 y los rieles inferiores para accesorios, el diseño general resulta familiar para la mayoría de los soldados occidentales con experiencia en el sistema de armas. Dicha experiencia ha generado cierta memoria muscular para el manejo de los controles del arma y ha hecho que la ergonomía resulte familiar.

Ilustración de la sesión informativa sobre armas para soldados del director del proyecto de la NDIA, mayo de 2011, (entonces) Brig. Gen. Camille M. Nichols, oficial ejecutiva del programa de armas para soldados y Coronel Douglas A. Tamilio, director del proyecto de armas para soldados.

Como dijo el Capitán Jensen: “Si tienes experiencia con el diseño de fusiles de asalto, casi se puede decir que incluso si nunca has disparado un MRAD antes, sentirás que has disparado cientos de miles de balas cuando dispares con él por primera vez. Además de lo anterior, creo que uno de los criterios de éxito del MRAD es su perfil delgado. El cañón, el receptor superior y la culata proporcionan una línea recta hacia el hombro. Ese diseño da como resultado un retroceso con mínimos saltos verticales y horizontales. Esto también lo convierte en un arma de tiro muy cómoda, especialmente cuando se coloca el amortiguador característico (otros diseños de fusil donde la culata no está alineada con el cañón y el receptor superior, tienden a “saltar” más durante el disparo). También se experimenta claramente su ADN militar cuando se sujeta el MRAD por el guardamanos y la empuñadura de pistola. Mi experiencia personal la primera vez que tuve esta arma en mis manos fue que ya la había sostenido antes. A diferencia de otros competidores como el nuevo fusil de francotirador, que puede tener guardamanos y culatas voluminosas, el MRAD de Barrett tiene un diseño limpio y El MRAD tiene un estilo militar distintivo. No es un rifle de competición ni de caza; está diseñado exclusivamente para uso militar. Además, no presenta ninguna protuberancia que interfiera con el equipo de carga, el chaleco táctico o el chaleco antibalas que suelen usar los francotiradores. Por ejemplo, las pequeñas protuberancias típicas pueden ser los tornillos de ajuste de la culata que se enganchan al chaleco táctico con sus diversas bolsas y bolsillos, o que el cargador se libere involuntariamente al presionar el liberador contra la hebilla del cinturón durante el transporte. Esto no ocurre con el MRAD. Se siente como un equipo que permite al usuario utilizar toda su capacidad durante el combate. Además, el MRAD demostró ser un arma muy robusta. Incluso después de varios miles de disparos, no se observó desgaste mecánico en las piezas que indicara que se habían disparado 100 o 2000 cartuchos. La precisión, el alcance, la facilidad de uso y, sobre todo, la tranquilidad de manejar un arma fiable han convertido al MRAD en el favorito de todos nuestros tiradores.

Uso operativo

El Barrett MRAD se introdujo demasiado tarde para que los francotiradores noruegos regulares pudieran usarlo en Afganistán. Sin embargo, la comunidad de tiro noruega acogió con agrado el arma. Tras más de dos años de uso en las fuerzas armadas noruegas, el MRAD, junto con el entrenamiento y la formación, permitió que el Batallón Telemark de Noruega se alzara con la victoria en la competición de francotiradores de la OTAN de 2016. Además, el Batallón Blindado de la Brigada Norte (Panserbataljonen) obtuvo el mejor resultado como equipo extranjero en la competición internacional de francotiradores danesa de 2017, gracias a la excelente herramienta y el entrenamiento de sus francotiradores.

Afganistán 2009, un equipo noruego controla la zona. El francotirador utiliza un Barrett M82 (M107), calibre .50 (12,7x99 mm). Ministerio de Defensa de Noruega.

El capitán Jensen declaró: “Los propios francotiradores se refieren al arma como ‘el rifle láser’ debido a su precisión y fiabilidad inigualables. Saben que si fallan el blanco, ¡no pueden culpar a su MRAD! Tras su uso durante el invierno y la primavera, se han tenido que modificar algunos detalles, algo normal cuando se utiliza un nuevo sistema de armas por primera vez. Pero nada de esto ha disminuido el entusiasmo de los francotiradores por el arma. Es un arma que exhiben con orgullo y que siempre eligen cuando la situación lo exige al máximo. Su capacidad ha demostrado ser eficaz en todas las condiciones. Las soluciones técnicas, combinadas con la calidad de los materiales, han convertido a este rifle de francotirador no solo en una solución para las necesidades actuales, sino también para el futuro. El diseño del MRAD permite adaptar el rifle a las necesidades futuras y a los nuevos requisitos. Esto se aplica tanto al cambio rápido de calibre como a la adición de accesorios adicionales que puedan ser necesarios”.

Barrett MRAD – Diseño adaptativo multiuso

El concepto MRAD proviene de un programa militar real. Buscaban un diseño multifuncional, un fusil multicalibre y un riel extendido para poder montar visión nocturna térmica y cualquier otro accesorio delante de la mira, además de una culata plegable y ajustable en longitud y una carrillera ajustable. Multifuncional significa que el usuario puede cambiar el calibre del cañón utilizando el mismo chasis. El diseño adaptable implica que es ajustable para cualquier persona.

El MRAD entregado a las fuerzas armadas noruegas cuenta con un cañón de precisión que se puede desmontar simplemente desenroscando dos tornillos con una llave Torx estándar. El MRAD incorpora el nuevo módulo de gatillo de competición de Barrett, totalmente ajustable y accesible para el usuario, a prueba de caídas y listo para el combate. El seguro se puede configurar a ambos lados del fusil. El liberador de cargador ambidiestro permite un uso intuitivo manteniendo el agarre y el apoyo de la mejilla. Integrado en el receptor superior de aluminio serie 7000 del fusil MRAD se encuentra un riel M1913 con una conicidad de 20 MOA y 21,75 pulgadas de espacio para rieles. Esto deja amplio espacio delante de la mira telescópica, en los rieles laterales e inferiores para accesorios. La culata del MRAD es plegable para facilitar su transporte y se bloquea con la misma solidez que la de un fusil de culata fija, creando una plataforma rígida para un disparo consistente. La longitud de la culata se puede ajustar a cinco posiciones diferentes con solo pulsar un botón. Durante el transporte, la culata se pliega y se bloquea en la manija del cerrojo. La estilizada culata plegable lateral apenas añade volumen al rifle, manteniendo el mismo ancho tanto plegada como extendida. Este rifle se puede configurar según las necesidades del usuario.

Tras un periodo de pruebas con armas, munición, accesorios y sistemas ópticos, se seleccionaron tres candidatos. Estos sistemas de armas resultaron ser muy buenas soluciones, pero uno destacó especialmente: el Barrett MRAD. Las fotografías fueron tomadas durante algunas pruebas con el MRAD.

1) Culata plegable ligera con longitud ajustable, carrillera de polímero ajustable en altura desde ambos lados y cantonera de retroceso Sorbothane ultra absorbente. Riel Picatinny trasero para instalación de monopié.
(2) Mil-Spec Tipo 2. Cerakote MRB anodizado de capa dura Clase 3, color coyote/camuflaje.
(3) La guía del cerrojo de polímero actúa como cubierta antipolvo y proporciona un ciclo de cerrojo suave.
(4) Schmidt Bender 3-20×50 PMII.
(5) El receptor superior de aluminio integrado tiene un riel M1913 de 21,75 pulgadas con conicidad de 20 MOA. El receptor superior está perforado y tiene rieles para accesorios en las posiciones de las 3, 6 y 9 en punto.

Simen Rudi/NDMA
Simen Rudi/NDMA
Simen Rudi/NDMA

Alcances de combate y dispersión del catálogo de armas de precisión

El Ejército de EE. UU. espera desplegar un nuevo rifle de francotirador de precisión para el año fiscal 2021. El PSR es un rifle multicalibre que permitirá a los equipos de francotiradores alcanzar objetivos del tamaño de una persona a una distancia de hasta 1500 m. Se supone que el PSR reemplazará al rifle de francotirador M2010 del ejército, que utiliza munición .300 Winchester Magnum, y al rifle de francotirador M107, que utiliza munición .50, lo que significa que, de concretarse, se retirarán dos rifles de francotirador existentes: el M2010 y el M107. Fuente: Military.com/Army Maps Out Future Small-Arms Programs.

El Ejército de los Estados Unidos también busca un nuevo fusil de 7,62 mm para que se convierta en el fusil de tirador designado oficial para pelotones y escuadrones de combate. Fuente: Military.com / 27 de abril de 2017 / por Matthew Cox

Los fusiles de 7,62x51 mm suelen ser bastante ligeros y manejables para el tirador de un pelotón, a la vez que ofrecen una buena combinación de precisión y penetración hasta unos 600 m con munición convencional.
El fusil de francotirador M2010, calibrado para el .300 Winchester Magnum, ofrece un buen rendimiento hasta unos 1200 m.

El rifle típico .338 Lapua Magnum pesa solo alrededor de 1 kg más que un rifle .300 comparable. Un rifle .338 es capaz de alcanzar objetivos a distancias superiores a un kilómetro. En comparación con el rifle de francotirador M107 de calibre .50, el rifle .338 Lapua Magnum produce un estampido y un fogonazo considerablemente menores, y resulta mucho más agradable de usar. Esta munición ofrece una opción más económica para el tiro de precisión militar a larga distancia.

El fusil de francotirador NM149 [7,62x51 mm] se fabricó a partir del cerrojo de alimentación controlada de los fusiles Mauser Karabiner 98k que las fuerzas armadas alemanas dejaron en Noruega al final de la Segunda Guerra Mundial en 1945. El NM149 ya había sido utilizado anteriormente tanto por el ejército como por la policía noruegas. Walter Christian Håland

Un francotirador experimentado

Hace un par de años, un soldado noruego del Batallón Telemark, con experiencia como francotirador profesional, explicó en una entrevista sus vivencias durante cinco misiones en Afganistán. Allí, contrarrestó asaltos con fuego de precisión, abatió al enemigo y completó la misión con eficacia y exactitud. Anualmente, dispara entre 10.000 y 15.000 cartuchos de entrenamiento con diversas armas; entre 3.000 y 4.000 se utilizan para el entrenamiento de tiro de precisión. Tres cosas son importantes para él: estar en la naturaleza, cazar y disparar. Inició su carrera
como tirador de élite militar con el fusil de francotirador NM149, un fusil Mauser modificado. Desde entonces, ha utilizado el G3, el PSG, el MSG y, posteriormente, el HK417 y el Barrett calibre .50 (12,7 mm).

Su arma favorita es la PSG. Le pareció interesante que el ejército estuviera considerando fusiles de francotirador del calibre .338 Lapua. En su opinión, ese tipo de fusil llega un poco tarde, pero cuando llega, es bueno.

Le hubiera gustado tener ese tipo de fusil en Afganistán, comentó. «Allí les faltó un calibre medio, sobre todo en los años en que comenzaron las escaramuzas», dijo. «A veces las distancias eran demasiado largas para el HK417, mientras que el Barrett de 12,7 mm era brutal de usar. Lo usaban porque no les quedaba otra». No quiso revelar el número de bajas ni hablar de los detalles de su experiencia. Participó en escaramuzas y respondió con fuego preciso. Estuvo en situaciones donde las balas trazadoras y las granadas lanzadas desde lanzagranadas antitanque portátiles pasaban muy cerca, pero era importante mantener la calma en esos casos. No era la primera vez que se encontraba en escaramuzas donde tenía que responder al fuego. «El entrenamiento marcó la diferencia», afirmó. «Está claro que habríamos reaccionado de forma diferente si hubiéramos sido más jóvenes o si hubiera sido la primera vez que estábamos en la zona de peligro. Pero con algunos años en los campos afganos y junto a otros soldados experimentados, combinado con un entrenamiento muy realista, uno está mejor preparado».

El PSG1A2 [7.62x51mm] se basa mecánicamente en el fusil G3 e incorpora un mecanismo de cierre del cerrojo silencioso. Se espera que su precisión disparo a disparo sea inferior a un minuto de ángulo (MOA) con munición de competición. Su nivel de precisión es promedio en comparación con la mayoría de los fusiles de francotirador modernos, pero sigue siendo excepcional para un fusil semiautomático. Walter Christian Håland
El MSG90 [7.62x51mm] es una variante militarizada del PSG1, reforzada y aligerada. El PSG1 y el MSG90 tienen mecanismos de disparo diferentes. El MSG90 utiliza una versión modificada de los mecanismos de disparo con pasador de los fusiles de asalto HK de fuego selectivo con cierre de rodillos. El MSG90 es más pequeño y ligero que el PSG1. Los MSG90 tienen un cañón ligeramente más corto y contorneado en lugar del cañón pesado del PSG1, pero conservan la flotación libre y la capacidad de acoplar un silenciador, lo que supone una ventaja sobre el PSG1. Walter Christian Håland











 

miércoles, 30 de septiembre de 2026

FAA: RAM, la pintura que recubre los F-16 AM/BM argentinos

Antártida Argentina: Los cosechadores (1/2)

Los cosechadores

Parte 1


En 1969, la política antártica argentina se debatía entre la rutina y el abandono logístico. Para el Estado Mayor en Buenos Aires, el Sector Antártico era una abstracción que se atendía únicamente durante la Campaña de Verano. 
Cada diciembre, el rompehielos General San Martín zarpaba para relevar a las dotaciones, dejar víveres y combustible, y regresar antes de que los hielos volvieran a cerrar el mar de Weddell en abril. 
Durante los ocho meses restantes, el continente blanco quedaba en un aislamiento absoluto. Si un científico sufría una apendicitis en julio o si una base se incendiaba en agosto, la respuesta oficial era aguantar o morir. El invierno no admitía rescates. 
Las potencias extranjeras operaban con otra mentalidad. 
Desde el fin de la Segunda Guerra, tanto los Estados Unidos como la Unión Soviética y Gran Bretaña entendían que la soberanía en la Antártida ya no se defendía con banderas clavadas en el hielo, sino con la capacidad de proyectar poder aéreo durante todo el año. 
La introducción de pistas de aterrizaje permanentes era la nueva frontera geopolítica. Quien lograra romper el aislamiento invernal y poner un avión con ruedas convencionales dominaría el acceso estratégico al continente. 
En ese escenario de parálisis institucional la figura de Olezza, comenzó a incomodar a los burócratas de los escritorios de la Capital. 
A mediados de ese año, veintiún integrantes de la Fuerza Aérea se concentraron en la Base Teniente Matienzo, ubicada en el Nunatak Larsen. 
Allí, el invierno los recibió con un temporal que sepultaba las instalaciones obligando a los hombres a convivir encerrados. 

El búnker de chapa 

Base Teniente Matienzo, Fuerza Aérea Argentina — 64°58′S 60°04′O — 29 de agosto de 1969, 18:00 hs. 
El invierno no daba tregua en el Nunatak. Afuera de la Base el viento blanco soplaba a noventa nudos, limando las paredes de chapa acanalada con un chirrido constante. 
Adentro, el bloque principal estaba sumido en una penumbra, apenas rota por el resplandor de la estufa de campaña que tosía un humo denso y aceitoso cada vez que las ráfagas del exterior taponaban la chimenea. 
Olezza, con las mangas de la camisa de abrigo enrolladas y los ojos enrojecidos por el encierro, mantenía los puños clavados sobre una carta náutica del Mar de Weddell. 
Frente a él, el Teniente Oscar José Pose Ortiz de Rozas, jefe de la base —un oficial curtido en el terreno, de pocas palabras y autoridad natural—, fumaba en silencio. Observaba el punto exacto donde el dedo de su jefe insistía en golpear: una pequeña silueta alargada llamada Isla Seymour. 
—Mirá esto, Pose —dijo Olezza, quebrando el silencio—. La burocracia de Buenos Aires padece de ceguera invernal. Para ellos, mantener bases acá es dejar a unos tipos encerrados contando los días para volver. Pero mirá esta posición. 
El Vicecomodoro Mario Luis Olezza un piloto de una pieza que combinaba la audacia del aviador militar con una visión geopolítica a largo plazo, no se resignaba a la doctrina de la soberanía estática. Pasaba horas revisando el archivo histórico de la Fuerza Aérea, buscando informes que la desidia administrativa había sepultado en muebles de metal gris. 
Pose se acomodó los puños del suéter de lana y se inclinó sobre el mapa. 
—Conozco el informe que el Vicecomodoro Marambio dejó asentado, Señor. Él fue muy claro: la meseta de la Seymour está orientada en la dirección de los vientos predominantes. El mismo temporal que a nosotros nos entierra acá, a la Seymour la limpia. El viento hace el trabajo de una escoba. No junta nieve, deja la costra de barro al descubierto. Pero una cosa es verla desde un Avro Lincoln y otra muy distinta es pararse arriba. 
Olezza sacó una carpeta ajada, atada con hilos gastados, que llevaba la firma del Vicecomodoro Gustavo Argentino Marambio. 
Eran las anotaciones de la Operación Enlace de 1952 y los informes técnicos posteriores. Marambio, antes de perder la vida trágicamente, había dejado un testamento aeronáutico clarividente tras estudiar con obsesión aquella isla. 
Exhaló el humo de su cigarrillo hacia las vigas del techo. —En Buenos Aires cajonearon estos papeles porque consideran que operar aviones con ruedas en el permafrost es un delirio de pilotos obsesivos. 
—Los ingenieros argumentan que para construir una pista allí se requiere una flota de buques de gran calado para transportar maquinaria pesada, además de grúas capaces de subir ese equipamiento por las escarpadas barrancas de la isla, que caen a pique doscientos metros hacia el mar congelado. Como la Fuerza Aérea no dispone de esos medios ni del presupuesto para alquilarlos, el veredicto es lapidario: el sueño de Marambio es impracticable. 
—¿Y cómo piensa que movamos miles de toneladas de piedra para nivelar novecientos metros de pista sin una sola topadora, Señor? —preguntó Pose, cruzando los brazos. 
—A lomo, Pose. A puro lomo y brazo —afirmó Olezza, mirándolo fijo—.
Para eso formamos este grupo, para que no dependa de la tecnología que no tenemos. Veintiún hombres. Tipos elegidos uno por uno. Si esperamos el papelerío oficial, los británicos o los chilenos van a poner una rueda en esa meseta antes que nosotros. La geopolítica no espera. Quien domine la Seymour tendrá la llave de entrada permanente a la Antártida durante todo el año. 
Olezza había presentado el proyecto a sus superiores con el título de Operación Marambio. 
La respuesta inicial fue el rechazo sistemático por "falta de factibilidad técnica y presupuestaria". Pero Olezza no era un hombre que aceptara un "no" por respuesta. 
Decidió eludir los carriles normales y plantear una estrategia de hecho consumado. Si no había maquinaria, la pista se haría con lo único que la Fuerza Aérea tenía de sobra: hombres con el cuero duro y la mística de los pioneros. Consiguió el aval político mínimo para realizar una misión de exploración y se dispuso a armar, en el más absoluto secreto operativo, la dotación que pasaría a la historia como la Patrulla Soberanía. 
El reclutamiento no se hizo por boletín oficial ni convocatorias abiertas. Olezza viajó personalmente por distintas unidades del país, buscando perfiles específicos en los talleres y hangares. 
No buscaba héroes de desfile, sino suboficiales mecánicos, radiotelegrafistas y operarios que entendieran el lenguaje del metal bajo el frío extremo y que tuvieran la templanza psicológica para soportar el aislamiento total. Hombres acostumbrados a resolver problemas con alambre y astucia cuando los repuestos oficiales no llegaban. 
El diseño del grupo de tierra recayó en el propio Teniente Pose Ortiz de Rozas y en el Teniente Mario Víctor Licciardello, quien asumiría el rol operativo directo sobre el terreno. Entre los suboficiales, el alma técnica era el Suboficial Mayor Mario Rogelio Ranieri, un veterano de campañas anteriores que conocía los secretos de los motores radiales como nadie. 
El listado de los veintiún hombres se completó con dieciséis suboficiales y una pieza civil que resultaría crítica: el meteorólogo Alberto Omar Amistadi, con capacidad para leer las sutiles oscilaciones de los barómetros de mercurio y adivinar las breves ventanas de buen tiempo antes de que la tormenta cerrara la trampa. 
La puerta del bloque se abrió de golpe, dejando entrar una ráfaga de aire helado y al Suboficial Ranieri, cuyas manos cargaban con las cicatrices de viejas quemaduras por congelamiento sufridas al ajustar tuercas a la intemperie. Detrás de él entró el meteorólogo, frotándose los brazos para entrar en calor.
—El barómetro está subiendo, Señor —anunció Amistadi, barriendo la nieve de su campera—. Si la presión se mantiene, mañana tendremos una ventana de visibilidad sobre el estrecho. Corta, pero limpia.
Olezza asintió y miró a Pose. —Ahí tenés tu oportunidad. Licciardello, Luján y Velázquez ya tienen los trineos listos. Ranieri, ¿cómo están los motores? 
—El combustible de los calentadores Primus está racionado al gramo, Señor —respondió Ranieri con la seriedad de un veterano—. Y las herramientas ya están embaladas. Picos de punta, palas anchas y barretas de hierro dulce. Si el permafrost es tan duro como granito, vamos a gastar más cabos de madera que dinamita, pero los muchachos no se van a doblar. 
Pose miró a sus hombres. Eran operarios rústicos que no se iban a quebrar cuando la lona de una carpa Alberta fuera lo único que los separara de una tormenta de treinta grados bajo cero. 
Una vez depositados en la cumbre de la Seymour, estarían completamente solos. Si el "fading" magnético dejaba muda la radio HF, nadie en el continente sabría si seguían vivos. La única forma de salir de esa isla sería terminando la pista con sus propias manos. 
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Durante dos meses, Pose sometió al grupo a un entrenamiento de resistencia brutal. Practicaban el armado de las carpas de campaña tipo Alberta bajo vientos huracanados, racionaban el combustible y aprendían a transportar cargas pesadas sobre la nieve polvo usando trineos improvisados. Sabían que,  si un operario se lesionaba con una herramienta, no habría evacuación médica posible. 
El listado histórico de los 21 hombres es el siguiente:
Mandos superiores y personal que coordinaba y ejecutaba las operaciones:
1. Vicecomodoro Mario Luis Olezza (Ideólogo, promotor y jefe de la Operación Marambio).
2. Teniente Oscar José Pose Ortiz de Rozas (Jefe de la Base de Ejército/Fuerza Aérea Matienzo, comandante de la Patrulla en el terreno y piloto del histórico primer aterrizaje en la meseta).
3. Teniente Mario Víctor Licciardello (Encargado operativo en la meseta y jefe del Campamento Beta).
4. Suboficial Mayor Mario Rogelio Ranieri (Encargado técnico de la patrulla).
5. Cabo Primero Juan Carlos Luján (Integrante operativo).
6. Cabo Primero Ramón Alberto Velázquez (Integrante operativo).
7. Alberto Omar Amistadi (Meteorólogo civil de la Fuerza Aérea).
Suboficiales y cabos que completan la dotación total de los 21 pioneros: 8. Suboficial Principal Juvencio Daniel Iturra 9. Suboficial Ayudante César Jaime Carrizo 10. Suboficial Auxiliar Agustín Edison Beltrán 11. Suboficial Auxiliar Silvano Andrés Barrera 12. Cabo Principal Jacinto Pérez 13. Cabo Principal Omar Juan Aimaretti 14. Cabo Primero Luis Fioramonti 15. Cabo Primero Hugo Adolfo Cortella 16. Cabo Primero Castor Eustaquio Ayala 17. Cabo Primero Francisco Ignacio Alfonso 18. Cabo Primero José Oscar Medina 19. Cabo Primero Archimedes Segundo Sancochia 20. Cabo Primero José Luis Cortese 21. Cabo Segundo Gabriel Arturo Escalante
Pioneros que, a puro lomo y brazo con picos y palas, rompieron el aislamiento invernal del continente blanco.
Alejandro G. Mazzuchi Aviador militar retirado – Escritor de relatos históricos