Durante la Segunda Guerra Mundial surgieron algunos de los cazas más legendarios de la historia. Estas aeronaves no solo dominaron los cielos de Europa y el Pacífico, sino que también impulsaron avances tecnológicos que cambiaron para siempre el combate aéreo.
En esta selección encontrarás auténticos íconos como el Supermarine Spitfire, clave en la Batalla de Inglaterra; el Messerschmitt Bf 109, el caza alemán más producido del conflicto; el P-51 Mustang, famoso por escoltar bombarderos aliados hasta el corazón de Alemania; el resistente Lavochkin La-5FN soviético; el robusto P-47 Thunderbolt; el poderoso Focke-Wulf FW 190; el ágil Mitsubishi A6M Zero, que dominó los primeros años de la guerra en el Pacífico; y el versátil Hawker Typhoon, decisivo en misiones de apoyo terrestre.
Cada uno destacó por diferentes razones: velocidad, maniobrabilidad, potencia de fuego, resistencia o capacidad para adaptarse a las exigencias del combate. Su legado sigue siendo una referencia para la aviación militar moderna y muchos de ellos son considerados auténticas obras maestras de la ingeniería aeronáutica.
La
Ley de Defensa Nacional y la Ley de Reestructuración de las Fuerzas
Armadas contemplan reservas y movilización, aunque sigue pendiente una
actualización legal específica
La
modernización del sistema de defensa, en particular de estructura de
las reservas, es una medida factible. (Imagen Ilustrativa Infobae)
En
un artículo previo “La defensa que tenemos y la defensa que
necesitamos: desafíos para el siglo XXI”, se describían seis líneas de
acción para construir un sistema de defensa creíble y realista. Ellas
eran:
La planificación integral del sistema de defensa nacional.
Adecuación del marco legal.
Asignación continua y previsible de recursos presupuestarios.
Transformación innovadora de las FFAA.
Conformación de un sistema eficiente de reservas y movilización.
Organización del complejo I+D+P (Investigación, Desarrollo y Producción).
Las
dos primeras líneas fueron desarrolladas en artículos precedentes,
abordando hoy sin seguir el orden, la temática de las reservas.
La
conformación de un sistema eficiente de reservas y movilización es una
de las medidas de mejor relación costo/eficacia para incrementar las
capacidades disuasivas y defensivas concretas del país, en la paz o en
caso de conflicto. Los ejemplos de las dos guerras mundiales resultan
contundentes, tanto como muchos otros conflictos de menor escala en los
que el empleo de reservas ha sido la norma. La guerra de Yom Kippur/Ramadán en 1973, la de Irán-Irak entre 1980 y 1988, los conflictos con rebeldes chechenos, Rusia y Ucrania,
muestran una proporción de empleo entre fuerzas activas permanentes y
reservas, que varía entre el 1:2,5 a 1:5. Aunque estos conflictos
difieren en naturaleza (guerra de desgaste a gran escala y/o conflictos
híbridos con apoyo externo) con la naturaleza probable de los conflictos
que puedan afectar a nuestro país, la importancia de las reservas es
innegable.
En nuestra región, la relación entre efectivos activos y reservas varía: 1:0,5 en el caso de Chile; 1:4 de Brasil, hasta el 1:8 en el caso de Paraguay.
Los datos y fuentes son variables y no detallan si es reserva entrenada
o es la totalidad del personal en condiciones de ser movilizado, es
decir “combatientes preparados e integrados organizadamente” o
“ciudadanos con un fusil que apenas saben usar”. Durante el conflicto
de 1978 por el canal de Beagle y durante la guerra de Malvinas,
Argentina recurrió a la movilización parcial de sus reservas y pese a la
utilidad que demostraron, en los años siguientes no hubo mejoras
significativas del sistema, y sus capacidades son hoy muy limitadas.
En
nuestro país, la problemática de las reservas y de la movilización de
los recursos nacionales (y no necesariamente armados), no ha ocupado una
posición central más allá de haber sido considerada en el marco legal y
de algunos intentos serios pero aislados de las Fuerzas, que no
resuelven con plenitud la necesidad.
La Ley de Defensa Nacional N.º 23.556, establece en líneas generales que el Sistema de Defensa Nacional incluye a los “elementos de la reserva” de las Fuerzas Armadas.
También introduce el concepto de “Movilización” habilitando al
presidente a ordenarla total o parcialmente, afectando a los recursos
humanos y materiales del país y a disponer la incorporación de
ciudadanos a las Fuerzas Armadas en caso de movilización para atender a
la defensa nacional.
La Ley de Reestructuración de las Fuerzas Armadas N.º 24.948
establece la necesidad de fortalecer el sistema de reservas, para
permitir una rápida transición de una fuerza de paz a una fuerza de
combate en caso de movilización, a través de un sistema de convocatoria
eficiente. La ley establece también un plazo de 365 días (marzo de 1999)
para la promulgación de una ley de reservas y otra de movilización. No
se pretende analizar el incumplimiento de plazos en términos
cuantitativos, sino expresar que, a pesar de la existencia de numerosos
proyectos de ley, la falta de visión estratégica en materia de defensa
ha sido y es perniciosa para los intereses de la Nación.
La Ley de Personal Militar N.º 19.101
define la conformación de la reserva, distinguiendo entre la Reserva
Incorporada (Personal militar en actividad que ha pasado a situación de
retiro y que, por necesidad, es llamado al servicio) y la Reserva Fuera
de Servicio (Ciudadanos que han cumplido el servicio militar obligatorio
o que tienen instrucción militar y están sujetos a ser convocados por
el Estado en caso de conflicto).
El Decreto 1716/2009
(Reglamentación de la Ley de Personal Militar), establece los
mecanismos de convocatoria de la reserva, sea para adiestramiento,
necesidades de servicio, y finalmente movilización real en caso de
conflicto.
Las
capacidades que las reservas adiestradas con rápido alistamiento pueden
otorgar al país, merecen su consideración dentro de cualquier previsión
defensiva, aprovechando y mejorando los sistemas propios de las
FFAA (SIREA en el EA y sistemas de reserva naval y de Fuerza Aérea), y
la presencia de numerosos reservistas voluntarios, comprometidos y a
bajo costo para el estado, contribuyen con la defensa nacional. Ello
permitirá avanzar con seriedad y rapidez.
La implementación de un sistema de Reservas y Movilización eficiente requerirá:
Determinación
de necesidades (cantidad, tipo de reservas, tiempos de respuesta, etc.)
en función de las posibilidades reales del país (población, recursos
financieros, sistemas de armas para equiparla, etc.). En un marco de
recursos muy limitados, disponer de un sistema de reservas eficaz
permitiría mejorar con menores recursos (en relación a una fuerza activa
completa en efectivos y medios), la situación crítica que en términos
materiales, humanos y presupuestarios, afecta hoy al sistema de defensa
nacional.
Elaboración del marco legal
que encuadre su finalidad, composición, organización (incluyendo
creación de elementos), procesos de convocatoria, regímenes de ascenso,
compensaciones y otros aspectos, etc.
Elaboración
y ejecución de los procedimientos de registro, convocatoria,
adiestramiento, promociones y ascensos, empleo efectivo en conflicto y
desmovilización, entre otros.
La
actual distinción entre reserva incorporada y reserva fuera de
servicio, podría mantenerse agregando una nueva categoría de “RESERVA
VOLUNTARIA”, la que a su vez incluiría diferentes agrupamientos en base
al empleo previsto, tiempo de alistamiento y disponibilidad.
Esta reserva se podría conformar en base a tres agrupamientos:
1) Operacional: prevista para completar las organizaciones de combate de las FFAA
con personal instruido (ex soldados y cuadros de baja o retirados,
incluyendo a personal de alta capacitación como pilotos, tripulantes de
buques, operadores y técnicos de sistemas de armas complejos,
tripulantes de blindados, etc.) con tiempos de alistamiento reducidos.
Tendrían períodos de adiestramiento trimestrales según los planes de
educación de las fuerzas. Su función principal sería integrar la fuerza
activa en operaciones militares. Aunque pueda parecer contradictorio
mantener adiestrados a personal con alta capacitación técnica como un
piloto, el uso intensivo de simuladores y el contacto permanente con el
personal en actividad, ayudaría a mantener una aptitud mínima (la que se
incrementaría intensivamente en caso de movilización), hoy inexistente.
2)
Complementario: conformado por organizaciones semipermanentes de
reserva (compañías, escuadrones, etc.) e integradas con personal que con
instrucción militar (cursos para reservistas, ex liceístas, etc.). Sus
tiempos de alistamiento serían mayores. Sus funciones en tiempos de paz,
incluirían a las misiones complementarias de las FFAA (incluyendo
protección civil y apoyo a la comunidad). En conflicto instruirían a la
Reserva Fuera de Servicio movilizada para proporcionar reemplazos, y
podrían desarrollar operaciones como fuerzas de resistencia local (OFRL)
en territorios propios ocupados, previstas en los planes militares. Su
empleo complementario para operaciones de protección civil (bomberos,
brigadistas, rescatistas, etc.), permitiría a la fuerza activa, un uso
adecuado de recursos y tiempo para enfocarse en su misión principal, la
preparación para la guerra.
3)
Funcional: integrado por ciudadanos con o sin instrucción militar
previa incorporados para satisfacer necesidades puntuales, por tiempo
reducido y al solo efecto de dicha función o necesidad (por ejemplo,
profesionales cuyas capacidades no están cubiertas en las FFAA).
El
proyecto preveía la elaboración y actualización de los planes de
carrera para los reservistas, tanto como su promoción y ascensos sobre
la base de su capacitación, en muchos casos demoradas en la actualidad.
El cambio de gestión ministerial en diciembre de 2023 impidió que el
proyecto avance, aunque sus postulados mantienen hoy plena vigencia.
La organización de un sistema de reservas eficiente impone adecuar la estructura y dimensiones del Sistema de Defensa Nacional
para optimizar organizaciones ineficientes, redundantes u obsoletas. El
empleo de los recursos que se economicen, debe volcarse al sistema de
reservas para mantener un equilibrio aceptable en el gasto en defensa
(reiterando la necesidad de un mayor presupuesto).
La
reserva no debe ser vista como un mecanismo de ajuste financiero, sino
como una capacidad en la que se debe invertir. Es un error ver a las
reservas como una solución austera para mitigar la escasez
presupuestaria de las Fuerzas Armadas. Un reservista sin un fusil
moderno, sin horas de adiestramiento real y sin sistemas de armas
disponibles carece de sentido. Un sistema de reservas eficiente y creíble exige un presupuesto sostenido.
En materia de defensa, la economía de fuerzas es el resultado de una
inversión inteligente y no el sustituto de un presupuesto limitado.
Nuestro vacío legal muestra una parálisis estratégica crónica. Y aunque en 2023 el Estado Mayor Conjunto de las FFAA
presentó sendos proyectos de ley de Reservas y de Movilización, además
de un Sistema de Incorporación y Adiestramiento de Reservas (SIARES),
que no avanzaron. Mientras, el mundo optimiza constantemente la doctrina
de sus reservas, el marco legal permanece en una obsolescencia
conceptual que dificulta dar respuesta a las necesidades defensivas del
país. Mantener la situación actual no es gratis: implica debilitar a la
capacidad de disuasión del Estado de manera deliberada.
El artículo 21 de la Constitución Nacional impone a todo ciudadano la obligación de armarse en defensa de la Patria.
Hoy es un mandato inaplicable sin una reforma profunda que optimice
nuestras capacidades de movilización. Un sistema de reservas nuevo,
creado sobre una estructura diseñada para conflictos del pasado, es un
contrasentido, y la capacidad de disuasión de un país no se mide por la
cantidad de ciudadanos en condiciones de movilizarse, sino por la
capacidad real del Estado para adiestrarlos, equiparlos y desplegarlos
en el menor tiempo posible.
La
modernización del sistema de defensa, en particular de estructura de
las reservas, es una medida factible para concretar ese precepto
constitucional y para disponer de una herramienta útil a la hora de
proteger los intereses nacionales.
Federico II: La respuesta prusiana a las lecciones de Poltava
Top War
El 1er Batallón de la Guardia de Vida Prusiana en la Batalla de Kolín (1757). El autor de esta histórico pinturas de Richard Knötel
En el verano de 1709, cerca de Poltava, la infantería sueca avanzó hacia las fortificaciones rusas mediante fuego de fusilería y cañón desde una línea fortificada, disparando desde posiciones fijas. Medio siglo después, la línea prusiana avanzó de manera diferente: la artillería ligera avanzaba junto a ellos, y el fuego seguía al soldado hasta el enemigo. Entre estas dos imágenes se encuentra el legado de toda una generación de pensamiento militar. Poltava no puso fin a la guerra, pero ilustró vívidamente la cuestión que aquejó a Europa durante otro medio siglo: con qué sustituir el asalto frontal cuando este ya no funciona.
Poltava como frontera
Poltava
puso fin a la era conocida como la Guerra de las Carolinas, llamada así
en honor al rey sueco Carlos XII. Su filosofía era simple: el resultado
se decidía mediante el ataque frontal, la carga a la bayoneta a
cualquier precio, una voluntad que rompía la línea enemiga antes de que
pudieran disparar un segundo tiro. En Poltava, este modelo se vio
destrozado por las defensas preparadas, el sistema de reductos de artillería y un frente disciplinado. El ataque audaz fue frustrado por la ingeniería y el fuego.
Es
importante señalar que no hubo una revelación instantánea. Lecciones de
esta magnitud se aprenden a lo largo de generaciones, a través de los
cuarteles generales, los tratados y los recuerdos de los oficiales que
estuvieron bajo el fuego enemigo. A mediados del siglo XVIII, se hizo
evidente un cambio. Los teóricos militares comenzaron a debatir cada vez
más sobre el impulso heroico y a considerar la relación entre la
artillería, las fortificaciones, la infantería y la caballería. Poltava
se convirtió en una especie de laboratorio para un nuevo tipo de guerra:
una guerra de fuego, orden, ingeniería y maniobra.
La esencia
del cambio no radica en que la valentía se haya devaluado. El coraje ya
no basta. En una batalla contra una defensa organizada, la tenacidad
tiene poca importancia; la organización de las tropas es decisiva. El
defensor responde al ataque con fuego organizado y fortificaciones de
campaña, y la pregunta que Poltava dejó de lado resurge con toda su
fuerza: cómo reemplazar un ataque que ha perdido su efectividad.
Ejército sin escritura a mano
La
respuesta se buscó por toda Europa, pero se manifestó con mayor
claridad en Prusia. Para cuando Federico II ascendió al trono en 1740,
había heredado un ejército de excepcional calidad. Su padre, Federico
Guillermo I, había elevado la instrucción militar a la categoría de
culto. Los "Prusianos Largos", los espigados granaderos de la guardia
real, eran famosos, y la disciplina de la infantería prusiana era
inigualable. Un soldado recargaba su fusil casi mecánicamente,
manteniendo el paso y la formación con la precisión de una máquina.
Pero
era una herramienta sin método. El ejército existía, pero no había un
sistema para su despliegue; lo que faltaba era una mano maestra, una
visión que transformara una máquina bien engrasada en un instrumento de
victoria. Friedrich Wilhelm reunió y entrenó al ejército. Le
correspondía a su hijo comandarlo.
La tarea de Federico II
resultó más compleja que la de los comandantes del siglo anterior. Tuvo
que aprender a derrotar ejércitos que ya sabían defenderse con
artillería y formación. Intimidar a un enemigo así con una carga de
bayoneta era imposible: no se dispersaban, sino que mantenían su
posición y respondían con una descarga. La única solución era superarlos
tácticamente con velocidad, cálculo y coordinación de sus armas.
Batalla de Hohenfriedberg, "Carga de la infantería prusiana", pintura de Carl Röchling.
Fuego que se mueve
Lo
primero que Federico replanteó fue el papel de la artillería. Sin
embargo, no la inventó desde cero. Gustavo II Adolfo ya había comenzado a
romper con la tradición de la batería estática en el siglo XVII.
Introdujo cañones regimentales ligeros capaces de desplazarse junto a la
infantería y distribuyó la artillería a lo largo de la línea de
batalla. Pero a lo largo de un siglo, esta tendencia se fue imponiendo
lentamente. Las clásicas baterías de campaña de principios del siglo
XVIII aún solían ocupar posiciones fijas y desempeñaban el papel de
fuerza pesada e inmóvil. La artillería seguía siendo un preludio:
retumbaba antes del ataque, y luego la batalla avanzaba sin ella.
Friedrich
llevó la antigua idea al extremo. Las baterías ligeras debían moverse
con la línea de batalla y apoyar el ataque con fuego durante todo su
recorrido, no solo antes de que comenzara. Este principio fue llevado al
máximo por la artillería a caballo prusiana, que apareció en 1759. Sus
dotaciones cabalgaban a caballo y alcanzaban las zonas peligrosas con la
misma rapidez que la caballería. No se trataba de un invento repentino,
sino de un desarrollo radical de una idea largamente acariciada: ahora
el fuego podía avanzar a toda velocidad tras el ataque.
Aquí
radica la línea divisoria entre dos épocas. En Poltava, los suecos
rompieron las fortificaciones bajo fuego sostenido. Los prusianos, en
cambio, avanzaron en combate bajo su propia cobertura de fuego móvil,
que se desplazaba a su lado. Federico aplicó el mismo principio a la
infantería. La formación prusiana no se limitaba a disparar
estáticamente; se movía y disparaba, manteniendo el orden. La línea
estática se convirtió en una línea de maniobra, y su estabilidad bajo
fuego se convirtió en su principal ventaja.
"La
batalla de Zorndorf", pintada por Alexander Kotzebue en 1852,
representa una batalla ocurrida durante la Guerra de los Siete Años, el
14 (o 25) de agosto de 1758, entre los ejércitos ruso y prusiano. Esta
batalla es considerada una de las más sangrientas de la guerra y terminó
con un resultado indeciso, ya que ambos bandos sufrieron grandes
pérdidas.
Un sistema en lugar de amateurismo
La
verdadera respuesta de Federico a la pregunta de Poltava iba más allá
de mejoras aisladas. En las guerras del siglo anterior, los ejércitos
solían operar como varias fuerzas paralelas: la infantería por su
cuenta, la caballería por la suya y la artillería en segundo plano. Cada
rama libraba su propia guerra. Federico las integró en un único
escenario, en el que ninguna unidad podía actuar sola.
Los roles se asignaron con antelación:
La infantería crea un frente y acorrala al enemigo, impidiéndole reorganizarse;
La artillería descarga fuego sobre zonas clave, sacudiendo las defensas y minando la voluntad de resistir;
La caballería asesta un golpe decisivo al flanco o a la retaguardia cuando la resistencia ya ha sido quebrada.
Es
importante no caer en simplificaciones fáciles. Federico no tenía una
única receta para cada situación; consideraba cada rama del ejército por
separado, a veces incluso en oposición directa. La infantería se
defendía de la caballería mediante la disciplina de formación: mantener
una línea o cuadrado compacto y disparar a lo largo del frente, mientras
que la caballería o bien se desmoronaba contra este "erizo" o se
retiraba con las manos vacías. Federico prescribió algo completamente
diferente para su propia caballería. Los jinetes de Seydlitz estaban
preparados para un ataque preventivo, para tomar la iniciativa, para que
el enemigo sintiera primero el ataque. Ordenó a la infantería que se
mantuviera firme y disparara, pero exigió exactamente lo contrario de la
caballería: atacar primero.
La máxima expresión de este enfoque
fue la formación de batalla oblicua. En lugar de una línea uniforme a lo
largo de todo el frente, Federico concentró sus fuerzas en un flanco,
avanzando en una cornisa y creando así una formación oblicua e
inclinada. De esta manera, se generó una superioridad abrumadora de
infantería y artillería, y toda la fuerza se abalanzó sobre el sector
elegido mientras la caballería completaba la derrota. En Leuthen, el 5
de diciembre de 1757, esta técnica contribuyó a la victoria sobre un
enemigo numéricamente superior y se convirtió en el sello distintivo de
la escuela prusiana.
Detrás de estos mecanismos subyacía una
nueva filosofía de la guerra: la guerra como cálculo. En sus "Principios
generales de la guerra", recopilados para generales en 1748, Federico
formuló los requisitos para un comandante:
Es necesario preverlo todo, reconocer todas las dificultades y saber cómo eliminarlas.
Su
creencia en una batalla general decisiva provenía de la misma lógica.
Dado que un ejército es un instrumento preciso para un solo golpe,
desperdiciarlo en maniobras prolongadas es un desperdicio, y su fuerza
debe aplicarse a las cosas más importantes:
La guerra solo se decide mediante batallas y no termina de otra manera que no sea a través de ellas.
La
batalla de Kunersdorf, que tuvo lugar el 1 (12) de agosto de 1759. El
artista Alexander Evstafievich Kotzebue pintó el cuadro.
Moritz de Sajonia: el campo de batalla como escenario.
Existía
otra respuesta a un desafío similar, aunque vincularla directamente con
Poltava sería demasiado atrevido. La proporcionó Mauricio de Sajonia
(1696-1750), mariscal de Francia, estratega y teórico cuyo mayor logro
fue la victoria en Fontenoy en 1745. Pertenecía a una cultura militar
distinta, y su pensamiento se orientaba en dirección opuesta a la de
Prusia. Su enfoque puede considerarse una respuesta al mismo problema
planteado por Poltava, pero interpretada de manera diferente.
Maurice
expuso sus ideas en el tratado "Mis Sueños" (Mes Rêveries), escrito
alrededor de 1732 y publicado póstumamente. Hizo hincapié en la
flexibilidad, el aprovechamiento del terreno y la cuidadosa preparación
posicional. Formaciones de batalla mixtas, fortificaciones de campaña,
reductos y campamentos fortificados: estas eran sus herramientas. Para
Maurice, el campo de batalla no era solo un lugar de enfrentamientos. Lo
diseñaba con antelación: algunas zonas se convertían en lugares
extremadamente peligrosos para el atacante, mientras que otras se
transformaban en trampas.
Aquí se aprecia una afinidad con
Friedrich: ambos entendían la guerra como un sistema, no como una
colección de hazañas aisladas. Sin embargo, diferían en un punto clave.
Friedrich se basaba en maniobras agresivas y ataques oblicuos. Moritz
preparaba el terreno y obligaba al enemigo a atacar donde era más
vulnerable. Hablaba del precio de dicha preparación como una forma de
burlar al destino.
Así es como, mediante medidas hábiles, uno puede lograr que la felicidad se incline a su favor.
Esta
frase refleja el mismo cambio que se gestaba tras Poltava. El éxito en
la batalla, entonces, también era cuestión de cálculo, y ya no se
esperaba como un regalo.
Desde los polos de Europa
Así,
Europa respondió al desafío inminente de dos maneras distintas. Los
prusianos prepararon su ejército para un único y devastador golpe,
priorizando la velocidad y la concentración de fuerzas en el punto
preciso. Mauricio, en Francia, actuó de forma diferente: no preparó
tanto un ejército para el ataque, sino más bien un espacio flexible y
bien planificado donde el enemigo se encontraría en una posición
desventajosa.
Ambos enfoques surgieron de un rechazo compartido a
la confianza en el valor puro, y ambos dejaron un legado duradero. Las
ideas de Federico sentaron las bases de la tradición de la maniobra de
ataque, a través de la cual las tácticas del siglo XVIII se extendieron
al arte militar de Napoleón, quien también buscaba derrotar al enemigo
en una sola batalla decisiva. La Línea Moritz fomentó algo diferente:
fortificaciones de campaña, formaciones mixtas y un enfoque "teatral" de
las campañas, donde el terreno y la preparación eran tan importantes
como la fuerza del golpe.
El debate aquí no gira en torno a la
cuestión de la razón, sino al ritmo de la guerra, y cada bando lo
gestionó a su manera. Friedrich lo redujo todo a una sola hora decisiva.
Moritz se tomó su tiempo con esa hora, prolongando la guerra con
antelación y preparando el terreno mucho antes de que el enemigo pusiera
un pie en él. Ambas escuelas sobrevivieron a sus fundadores y
divergieron notablemente.
Poltava es significativa no solo por
ser una victoria rusa. Suscitó un largo debate entre los teóricos
europeos sobre cómo combatir en la era de la artillería, la disciplina y
la ciencia. Este debate se plasmó en tratados, manuales y cálculos de
estado mayor. Federico II se pronunció con más vehemencia que muchos.
Mauricio de Sajonia, con más discreción, pero su línea nunca fue
desalojada. Ambos compartían la misma visión: los suecos en Poltava
avanzaban hacia las fortificaciones y no lograron alcanzarlas. Cada uno,
a su manera, buscó evitar repetir el mismo error.
¡Sí! Y parece que llamarlo así molesta a mucha gente. Algunos insisten en que «no es un tanque, es un CVRT» (Vehículo de Reconocimiento de Combate Oruga). Esto es bastante absurdo, ya que nadie se niega a llamar al FV103 Spartan un APC solo porque también sea un CVRT. El acrónimo simplemente describe su función prevista, al igual que los vehículos blindados CVR(W) Fox y CVR(L) Vixen, que pertenecen a la categoría de Vehículos Blindados de Combate (AFV), incluidos los tanques de batalla principales.
Estos vehículos se originaron a partir de los proyectos de Vehículos Blindados de Reconocimiento (AVR) y Vehículo Blindado de Combate Aerotransportado (APAFV), que a su vez derivaron de programas anteriores con numerosos acrónimos, que se remontan al GSOR 1010.
Entonces, ¿qué es realmente un tanque según el Ejército Británico, el Ministerio de Defensa y la OTAN desde hace décadas?
Definición del tanque: “Un tanque es un vehículo blindado diseñado para transportar potencia de fuego.”
Función del tanque: “La función del tanque en combate es establecer potencia de fuego en aquellas zonas donde pueda utilizarse con mayor eficacia para ganar la batalla.”
No se especifican requisitos para blindaje pesado, cañones de gran calibre, torretas giratorias ni cestas de combate. Sin embargo, el uso del vehículo y la doctrina que lo sustenta son temas aparte, razón por la cual el tema suele ser tan politizado, especialmente en lo que respecta a las exportaciones. El CVR(T) Scorpion fue clasificado oficialmente como tanque ligero no solo por el Ministerio de Defensa, sino también por su fabricante Alvis, la antigua Royal Ordnance y RARDE en su propia documentación.
¿Crees que es un tanque o no, y cuál? Déjanos estar bien.