domingo, 19 de abril de 2026
Malvinas: ¿Qué podía hacer la Armada Argentina ante ataques de Exocet?
Ataque de misil en Malvinas
Basado en un posteo de Mariano Sciaroni
Mucho se habló de los ataques de misiles Exocet argentinos a la flota británica. Pero ahora, cambiemos de lado, como se defendería la Armada Argentina de un ataque de Exocet por parte de la Royal Navy
Un hilo corto.
La Task Force que fue al sur tenía una gran cantidad de misiles. 24 listos para lanzar, 9 de repuesto. 11 de los #Exocet tenían la cabeza buscadora ADAC 16, que era más difícil de confundir por chaff lanzado. Luego se sumaron más misiles en el mes de mayo.
La Armada Argentina conocía bien al misil, especialmente al MM-38 (teniendo varios en stock para sus buques). Por tanto, sabía como funcionaba, que virtudes poseía y que problemas del misil podía usar a su favor. Veamos:
En primer lugar, no se decidió colocar redes en los buques principales, como se había hecho con el portaaviones ARA 25 de Mayo para el conflicto por Chile. Esas redes antitorpedo, de los acorazados (radiados) Rivadavia y Moreno, harían que el Exocet detonara en ellas.
En algunos casos, un helicóptero Sea King se usó como señuelo. Como el Exocet busca de izquierda a derecha en su fase terminal y se conocía el eje de la amenaza, la idea era que el misil se dirigiera al helicóptero y no a un buque.
Como el misil tiene un techo de trepada, la idea era subir rápidamente al comprobar que el misil había tomado al helicóptero como blanco. El chiste de las tripulaciones era que, por si eso fallaba, volarían con las puertas abiertas y el misil pasaría por el medio.
Obviamente, se tenía más fe en los sistemas de chaff de los buques, que podrían seducir al misil y alejarlo del blanco. El problema era que no estaban en todos los buques, no había muchas recargas y no serían demasiado útiles contra los Exocet ADAC 16 de la @RoyalNavy
El "hardkill" (derribarlo con AAA / misiles SA) de un #Exocet era impensado. Los buques argentinos carecían de armas para destruir un misil rozaolas. De hecho, la Royal Navy solo poseía al misil SeaWolf para hacerlo, pero estaba solo en tres buques y tampoco era infalible. FIN
sábado, 18 de abril de 2026
Revolución Libertadora ¿Se debió impedir que escapara Perón en 1955?
Historia alternativa: La revolución decapitadora
Introducción – Argentina, 1955: un país al borde del abismo
A mediados de 1955, la Argentina era un país profundamente fracturado. La figura de Juan Domingo Perón dominaba la escena desde hacía casi una década, con un gobierno que había transformado radicalmente el país desde su llegada al poder en 1946. Desde el punto de vista de los sectores populares y del movimiento obrero, el país vivía una etapa de inédita inclusión social. Perón había institucionalizado los derechos laborales o, mejor presentado, había logrado hacer creer a la población que las leyes laborales provenían de su mano y obra. Así, se había creado una red de seguridad social robusta y empoderado a los trabajadores como actores políticos fundamentales. La Fundación Eva Perón, aún tras la muerte de Evita, mantenía su impronta asistencial en los sectores más humildes. La economía, sin embargo, atravesaba turbulencias: el agotamiento del modelo industrialista de sustitución de importaciones, las restricciones externas, la galopante inflación y la caída de las reservas comenzaban a generar tensiones. Aun así, el aparato sindical y la maquinaria peronista mantenían una fuerte capacidad de movilización y resistencia. Para millones, Perón era el líder legítimo que había dignificado al pueblo y encarnaba una nueva forma de justicia social.
En el otro extremo del escenario, una parte significativa de la sociedad —compuesta por sectores de las clases medias, la cúpula empresarial, amplios sectores de la Iglesia, la intelectualidad liberal y buena parte de las Fuerzas Armadas— consideraba al peronismo un régimen autoritario, populista y corrupto. Acusaban al gobierno de haber cooptado el aparato del Estado para consolidar un culto personalista, perseguir a opositores, controlar la prensa y degradar las instituciones republicanas. La educación había sido subvertida para convertirse desde el jardín de infantes hasta la escuela secundaria en un culto pleno la personalidad del líder. Los únicos que resistían era la universidad, la intelectualidad y los científicos. Las tensiones con la Iglesia, particularmente tras la supresión de feriados religiosos y la legalización del divorcio, escalaron al punto de romper una relación que había sido aliada en los primeros años. El clima político se tornó asfixiante: clausuras de diarios, censura, proscripción de partidos y creciente militarización del discurso. Para la oposición, la defensa de la "República" justificaba el uso de medios extremos, y los sectores más conservadores veían con creciente simpatía la idea de un golpe militar como única salida al “atropello peronista”.
En ese contexto crispado y polarizado, el bombardeo del 16 de junio de 1955 marcó un punto de no retorno. El fallido intento de magnicidio, que dejó más de 300 civiles muertos en Plaza de Mayo, evidenció que la lucha política había cruzado el umbral hacia la violencia. Tres meses más tarde, con una sublevación militar consolidándose desde Córdoba y el país al borde de una guerra civil, Perón entendió que la continuidad de su figura solo significaría más sangre. El 19 de septiembre presentó su renuncia y partió al exilio, dejando un vacío de poder que la Revolución Libertadora se apuraría en llenar con proscripciones, persecuciones en forma de búsqueda de justicia por los abusos y una promesa incierta de “republicanismo recuperado”.
La huida y después
La huida de Juan Domingo Perón en septiembre de 1955 fue tan dramática como reveladora del colapso político que vivía el país. Tras semanas de creciente inestabilidad, con alzamientos militares desde el interior y un respaldo cada vez más debilitado dentro de las propias Fuerzas Armadas, Perón comprendió que su permanencia en el poder podía desencadenar una guerra civil abierta. El 19 de septiembre, presentó su renuncia en una carta dirigida al general Franklin Lucero, ministro de Ejército, invocando su deseo de evitar una “catástrofe fratricida”. A partir de ese momento, comenzó una retirada silenciosa pero cuidadosamente ejecutada.
El general fusilador al final era Perón, como lo dice claramente acá.
Perón pasó esa noche en el Palacio Unzué, su residencia oficial, desde donde partió en secreto al amanecer del 20 de septiembre. En otra carta, a su edecán, le pide traer una lista de objetos de su casa, incluyendo fotos de su amante de 15 años. Fue trasladado al arsenal de la Marina en Río Santiago, donde permaneció oculto bajo protección naval, disfrazado con uniforme de marinero para no ser reconocido. Desde allí, fue llevado en una lancha hasta un buque paraguayo anclado en el Río de la Plata —el Paraguay, una cañonera diplomática— que lo trasladó bajo asilo político a Asunción, con el visto bueno del presidente paraguayo Alfredo Stroessner.
Paraguay fue apenas una escala. Perón pasó unos días allí en condiciones precarias y con la permanente amenaza de ser entregado a los nuevos mandos militares argentinos. Decidido a evitar esa posibilidad, buscó rápidamente un destino más seguro. Viajó primero a Panamá, país que tradicionalmente ofrecía asilo a exiliados latinoamericanos, y desde allí comenzaría un largo periplo que lo llevaría luego a Nicaragua, Venezuela, y finalmente a su exilio más duradero en España, bajo el régimen franquista.
En esos primeros días, sin embargo, el exilio de Perón no fue ni cómodo ni seguro. Viajaba con documentación provisoria, sin garantías de protección diplomática estable, y en muchos casos debió depender del auxilio de amigos personales, contactos del movimiento peronista y gobiernos latinoamericanos afines. En paralelo, en Argentina comenzaba la llamada Revolución Libertadora, que prometía restaurar la “república” pero que rápidamente adoptó una política sistemática de proscripción, persecución y represión contra el peronismo, lo que sellaría la fractura política del país por décadas.
viernes, 17 de abril de 2026
Estrecho de Magallanes: Polémicas por el paso bi-nacional que une a dos océanos
Polémica en Chile por contralmirante argentino que aseguró que parte del Estrecho de Magallanes les pertenece
“La boca de Magallanes es argentina”, sostuvo el jefe del Servicio de Hidrografía Naval, Hernán Montero, y las reacciones no se hicieron esperar
Mauricio Palazzo || Infobae
Desde Santiago de Chile

Dos hombres en videollamada. A la izquierda, un hombre barbudo con auriculares y micrófono. A la derecha, un hombre mayor con cabello blanco y uniforme militar
“La boca que une Cabo Vírgenes con Punta Dúngenes y de ahí hacia el Este, es argentina”, sostuvo el contralmirante Montero.
Una álgida controversia provocaron en Chile las declaraciones del jefe del Servicio de Hidrografía Naval de Argentina, contraalmirante Hernán Montero, quien en un podcast de Youtube llamado ‘OID MORTALES’ aseguró que la boca del Estrecho de Magallanes le pertenece a la Argentina.
Según sus dichos, el Estrecho de Magallanes “es un canal internacional, está dentro de espacios marítimos chilenos (…), tienen que mantenerlo expedito y no se puede interrumpir la navegación, pero es chileno, excepto la boca (...). La boca de Magallanes es argentina. La boca que une Cabo Vírgenes con Punta Dúngenes y de ahí hacia el Este, es argentina”, manifestó.
“El Estrecho de Magallanes no se puede interrumpir su navegación (…) Puedes cobrar si brindas un servicio. Sí, Chile tiene servicio de practicaje“, agregó el uniformado.
Sus afirmaciones, realizadas en enero pasado, se viralizaron recién este martes, razón por la cual diputados de diversos colores políticos criticaron la exposición del contraalmirante Montero y anunciaron un oficio a la Cancillería para que tome cartas en el asunto.
Dos mapas lado a lado muestran las fronteras marítimas del Estrecho de Magallanes entre Chile y Argentina, con diferencias claras en la sección este, cerca del Atlántico
Una comparación cartográfica ilustra las diferentes interpretaciones de Chile y Argentina sobre los límites marítimos en el Estrecho de Magallanes, destacando la zona en disputa.
“Declaraciones improcedentes”
Los primeros en reaccionar fueron los diputados miembros de la Comisión de Relaciones Exteriores (RREE), Juan Carlos Beltrán y Daniel Valenzuela (ambos RN), quienes aseguraron que la soberanía del estrecho “no está en discusión” y “no admiten reinterpretaciones antojadizas“.
“Las declaraciones de autoridades argentinas sobre la boca oriental del Estrecho de Magallanes son improcedentes y desconocen tratados internacionales plenamente vigentes, que establecen con claridad la soberanía chilena sobre este territorio”, sostuvo Beltrán, según reza una nota de BioBíoChile.
“Chile siempre ha respetado el derecho internacional, y esperamos lo mismo de nuestros vecinos. No hay espacio para interpretaciones: el Estrecho de Magallanes es chileno y su soberanía no está en discusión“, indicó.
Sus palabras fueron refrendadas por Valenzuela, quien manifestó como un hecho “preocupante que se emitan este tipo de afirmaciones que no contribuyen al buen entendimiento entre países vecinos. Los límites entre Chile y Argentina están claramente definidos y no admiten reinterpretaciones antojadizas“.
“Como país, debemos ser firmes en la defensa de nuestra soberanía. El Estrecho de Magallanes es parte integral del territorio chileno, y cualquier duda al respecto debe ser descartada con claridad y responsabilidad”, afirmó.
En la misma línea, la diputada de oposición Ericka Ñanco (FA) declaró que “las declaraciones del contralmirante Montero, jefe del Servicio de Hidrografía Naval de Argentina, ponen en duda algo que para Chile es claro: la integridad del Estrecho de Magallanes como territorio es de soberanía chilena“.
“Eso no solo es grave, también desconoce lo pactado en el Tratado de Límites de 1881, particularmente en sus artículos 2 y 3, y lo reiterado en el Tratado de Paz y Amistad de 1984, que además establece que Argentina no puede obstaculizar su ingreso o salida“, fustigó.
Debido a esto, informó que enviará a la brevedad un oficio al Ministerio de Relaciones Exteriores a fin de que “se pronuncie con claridad y defienda, sin ambigüedades, la soberanía de nuestro país”.
Finalmente, y consultados por el medio citado, desde la Cancillería respondieron brevemente que Chile se ajusta a los tratados internacionales que reconocerían la soberanía sobre el estrecho de Magallanes de la nación vecina.


