martes, 16 de junio de 2026
Argentina: El bombardeo de Buenos Aires del 16 de junio de 1955

16 de junio de 1955: bombardeo y masacre
“El pueblo debe estar tranquilo”:
las imágenes de un bombardeo
Matías Izaguirre y Mauro Vázquez
Es difícil, incluso (o sobre todo) hoy en día, imaginarse un bombardeo sobre la Plaza de Mayo. De ahí que revisar las imágenes de los bombardeos implique, en cierta medida, explorar una realidad inverosímil, que poco pareciera tener que ver con nuestra historia: una ciudad en guerra, asediada por un enemigo externo. Sin embargo, es esa Plaza de Mayo que tan bien conocemos, es ese territorio común, atravesado por múltiples sentidos e historias, el que está dañado en las fotografías que vemos de ese trágico día; es ahí donde cayeron las víctimas de una de las peores masacres perpetradas en suelo argentino. La extrañeza y la ajenidad inicial ceden al estremecimiento: realmente sucedió, aunque la masacre no la causó ningún enemigo externo, sino una facción de la Marina y de la Aeronáutica apoyada por civiles.1 Quizá los largos años de silencio, el retaceo de imágenes, la falta de cifras concluyentes y de nombres,2 hayan colaborado en esa falta de imaginación. Quizá en esa relación entre las palabras “imaginación” e “imagen” pueda encontrarse pistas para rastrear la carencia y, a partir de ahí, la poca visibilización que hubo durante tanto tiempo sobre lo que algunos consideran un “atentado terrorista a escala gigantesca”.3 Los bombardeos a la Plaza de Mayo del 16 de junio de 1955 nos meten de lleno en la historia de las mediaciones que velaron las imágenes de la masacre, de las muertes de cientos de civiles indefensos carbonizados y/o ametrallados, pero también –y sobre todo– la de los asesinos. Esa historia de ocultamientos no se limitó, por supuesto, a los días que siguieron a la fallida “intentona militar”. Siguió, por el contrario, durante los últimos meses del gobierno peronista (derrocado finalmente en septiembre de 1955), en la maquinaria cultural de la revolución libertadora, en la resistencia peronista4 y en las efemérides periódicas de los cincuenta años siguientes.5 Por razones diferentes; con objetivos ideológicos dispares, antagónicos. Pero persistió, como la evasiva sombra de un fantasma.
Este artículo pretende desentrañar la génesis de esa falta, sus primeras imágenes. Para ello analizamos diferentes fotografías aparecidas en los diarios y las revistas de la ciudad de Buenos Aires los días posteriores al bombardeo y su colocación en el universo discursivo que los periódicos conforman. Con esa intención, tomamos como corpus los diarios a partir del 17 de junio, aunque centrándonos en Clarín y La Nación (teniendo en cuenta un problema de fuentes, que no deja de ser un dato),6 para, a partir de allí, intentar dar cuenta de las claves interpretativas que las distintas series de imágenes acerca de los bombardeos ponen en movimiento y elucidar qué hilos –si es que los hay– han estructurado su representación fotográfica, privilegiando ciertos “repertorios visuales”.7
Un especial fotográfico del periódico El Líder, aparecido durante esos días, en la bajada titulaba “Documentos de la barbarie” y señalaba que “ahora que todo ha pasado quedan estos documentos irrefutables de la barbarie ensañada. Pasará el tiempo pero no podrá borrarse tanta infamia”.8 Sin embargo, muchos de esos documentos se borraron; otros, ni siquiera aparecieron. Trabajar sobre estas fotografías implica un doble desafío: por un lado, establecer cómo operan, dialécticamente, las ausencias y presencias, y por el otro, reconstruir los conflictos que se articulan alrededor de la producción de imágenes tan pregnantes, y de cómo esas imágenes no son a su vez cualquier registro icónico, sino los modos diferentes, contradictorios y en tensión de poner en escena disputas en torno a un lugar simbólicamente tan denso para la vida política argentina como lo es la Plaza de Mayo.
El complejo lugar de la memoria requiere de esta indagación sobre los roles que tuvieron las imágenes a la hora de instaurar una determinada visualidad, que priorizó ciertos itinerarios respecto de los bombardeos entre otros posibles y que eventualmente abonaron determinados imaginarios sociales. Como sostienen Claudia Feld y Jessica Stites Mor:
Las imágenes son consideradas como construcciones: involucran actores y agente, reglas y lógicas propias, contextos sociales, culturales precisos, soportes concretos, elecciones y estrategias […] En sus complejidades, paradojas, dilemas éticos y ambigüedades, las imágenes se revelan como poderosos instrumentos no sólo para conocer el pasado y estudiar representaciones que generan nuevas memorias, sino también para hacer inteligibles los complicados mecanismos de la memoria social.9
Trabajar las imágenes que se generaron en el momento de los bombardeos nos va a permitir analizar los puntos de partida que posibilitaron las complejas sendas de las políticas de (in)visibilización respecto de los bombardeos de junio de 1955.10
Medios gráficos y peronismo: cuadro de situación
Crónica visual de los primeros días

1. La Nación, 17 de junio de 1955, primera plana.

2. Clarín, 17 de junio de 1955, p. 10.

3. Noticias Gráficas, 17 de junio de 1955, p. 9.

4. El Líder, 17 de junio de 1955, p. 2.
A partir del 18 de junio esas bombas entran a formar parte de otras cadenas de sentido. Ese día, El Líder, que durante varias jornadas en su última página realiza especiales fotográficos, muestra una imagen, entre tantas, de una bomba que no había estallado y es revisada por un grupo de uniformados. El título del especial es “Panorama gráfico de la destrucción ocasionada por las bombas”, y aparece en la parte superior izquierda de la página esa fotografía y debajo, en un pequeño texto que parece dar cuenta de todo el conjunto de imágenes, señala que “personal técnico de la Aeronáutica comenzó entonces a localizar las bombas caídas en distintos lugares, que no habían estallado, procediendo a inutilizar su mecanismo a fin de neutralizar definitivamente la posibilidad de su estallido, o haciéndolas estallar ex profeso”.30 Esas bombas que el día anterior aparecían como resto abandonado o como significante que condensaba la muerte, la destrucción y el fuego, vencidas, empiezan a ser objetos de una acción estatal: la reparación. La Razón, en el mismo día, coloca la misma fotografía, agregándole otra donde los mismos uniformados que la observan están intentando llevársela. Crítica es, en última instancia, más contundente en esta transformación significante de un objeto fotografiado: “Ha perdido peligrosidad”,31 titula la fotografía de varios militares llevándose a los hombros una bomba. La relación indiciaria de este objeto ha cambiado: ya no refiere más al bombardeo sino a la pericia técnica de los militares para neutralizar bombas. La causa por la cual las bombas llegaron allí comienza poco a poco a desdibujarse, a perderse tras numerosos velos de sentido, todo parece volver a la “normalidad”. El relato visual se va desarrollando de tal manera que sea posible pasar a la otra etapa, el regreso de la tranquilidad, que será también un denominador común en la prensa.
Cadáveres
Un grupo de hombres se reúne en torno a dos cuerpos de los que sólo se ven con claridad las piernas, los pies descalzos y una de las manos de una de las víctimas. El resto de los cuerpos –ya debidamente tapados presumiblemente con unos sacos o mantas– no son más que dos inquietantes bultos oscuros. Y si bien aquí los muertos son, evidentemente, el centro de atención, el fotógrafo cuidó bien que el encuadre le reserve un lugar a aquellos que, movidos vaya a saber por qué motivación (o necesidad), se acercaron a examinar con detenimiento la situación. Así, entre los hombres que aquí se congregan están quienes se arriman respetuosamente hasta el lugar, mirando, brazos en jarra, la escena y los que tal vez sorprendidos por la presencia del fotógrafo miran a cámara con gesto grave (imagen 5).
5. Clarín, 17 de junio de 1955, p. 9.
Este tipo de fotografías, además, presenta la particularidad de haber sido tomadas cuando los cuerpos ya habían sido acomodados a un costado, a la espera de que las ambulancias –que pese a haber hecho “centenares de viajes […] se vieron superadas por la gran cantidad de víctimas”–32 los sacaran del lugar de los hechos, de la “escena del crimen”. Ese ordenamiento que es, en un principio y sobre todo, el que pueden aportar los voluntarios, descubre, a su vez –quizá por la baja calidad con que se imprimía en aquel tiempo–, una confusión de cuerpos donde a veces cuesta precisar dónde empieza uno y termina el otro. “El caos de las matanzas […] reserva también un lugar en el fondo para los testigos silenciosos del suceso.”33 Es interesante subrayar que en los bombardeos o no hay muertos (en La Nación) o bien son “seres sin rostro” (en Clarín), y quien no tiene rostro no puede tener identidad, no puede tener historia.
Hay cadáveres en las fotografías, como vemos, pero no están mutilados sino generalmente cubiertos por algún tipo de ropa. En los dos primeros días, en las páginas centrales, Clarín saca especiales fotográficos sobre los bombardeos, y en el primer día sí aparecen cadáveres. Encontramos allí una suerte de criterio que puede resumirse en una afirmación del estilo: “Hubo muertos, esto realmente sucedió, acá están las pruebas”. Es por ello que, al menos el primer día, esa doble página central a la que recién hacíamos referencia contiene al menos cinco fotografías (sobre nueve) en la que podemos ver a los muertos. “Víctimas inocentes” las llama (“Cayeron víctimas inocentes durante los bombardeos”, es el título del especial fotográfico del 17 de junio de 1955). Tienen los rostros cubiertos esos cadáveres y Clarín lo destaca: en una foto de un cadáver que aparece entre dos automóviles señala que “manos piadosas, mientras aún proseguían los tiroteos, le han cubierto el rostro con un diario”. Los muertos son anónimos y preservar ese anonimato es un acto de piedad. Hay algo que se veda: el rostro. El anonimato, frente a esa fuerte pulsión referencial en estas fotografías, se cuida escamoteando los rostros de los cadáveres, la posible identificación.
7. El Laborista, 17 de junio de 1955, p. 3.
Luego, como decíamos, estos cuerpos sin vida dejan de aparecer, porque comienza a intervenir una serie de operaciones que desplazan el sentido y conforman un régimen de visibilidad. Así, la idea de víctima nuevamente se transforma. En este caso, se pasa de las personas muertas, de los heridos, a la ciudad como escenario de una tragedia, como un paisaje completamente destrozado por los bombardeos. Con el correr de los días este tipo de imágenes, de daños materiales, se multiplican y obtienen cada vez un mayor espacio en la prensa, y por consiguiente también en el terreno simbólico. El círculo comienza a cerrarse. De hecho, se puede establecer la idea de la ciudad como un cuerpo herido, doliente, lastimado. El título del segundo especial fotográfico de Clarín, aparecido el 18 de junio de 1955, señala: “Las heridas tras cuatro horas de bombardeo”. En este especial, otra vez en las páginas centrales del cuerpo del diario, no aparecen cadáveres sino edificios y automóviles destrozados, la plaza y el Ministerio de Marina también destruidos, así como una imagen con personas heridas y un mapa de la Casa Rosada en el que se dibuja dónde impactaron las bombas, con su correspondiente fotografía. Las heridas entonces son, con este giro, principalmente de la ciudad. Y si la ciudad es patrimonio de todos, las heridas son, en alguna medida, diluidas entre todos los porteños, o entre todos los argentinos. Ese juego de espejos refleja a todos pero no enfoca a nadie y es ahí donde una vez más los nombres de los muertos, los heridos y los mutilados se pierden en la niebla. Y ni hablar de la criminalidad de la masacre y sus autores.
8. El Laborista, 17 de junio de 1955.
Ésa es la línea, diríamos, hegemónica del reportaje gráfico a partir del 18 de junio.
Pueblo
Noticias Gráficas retoca ese esquema al jugar con la densidad significante de la Plaza de Mayo. La fotografía de los camiones llevando pueblo es acompañada con un titular que particulariza a ese pueblo: “Dispuestos a defender a la Patria y a su Líder, los trabajadores invadieron la Plaza de Mayo”.37 La plaza todavía está en disputa y los ecos del 17 de octubre de 1945, presentes. Federico Neiburg señala que el 17 de octubre de 1945 la gran movilización que llegó a la Plaza de Mayo pidiendo la libertad de Perón había logrado hacer algo novedoso: ocupar un espacio prohibido. “Al invadir aquel espacio y al realizar lo que nadie había osado realizar hasta entonces, la multitud proclamó una nueva soberanía sobre la ciudad”,38 convirtiendo la plaza “en un verdadero centro de la vida política del país”. Diez años después, la plaza era el centro de esas batallas y los trabajadores todavía, en plena disputa, la invadían. La historia, descripta, parecía repetirse: “De todos los ángulos de la ciudad y sus alrededores, nutridos grupos de civiles, obreros en su mayor parte, avanzaron inmediatamente sobre la Plaza de Mayo apenas oído el llamamiento radiotelefónico de la Confederación General del Trabajo”, decía el epígrafe. Volvía a estar, retomando a Neiburg, “la ciudad como escenario y objeto de lucha”,39 la invasión y el avance sobre el centro. Centro que, al parecer, todavía permanecía en disputa.
Crítica dedica una página entera, plagada de imágenes, a la llegada de los trabajadores a la Plaza de Mayo. Se trata de seis grandes fotografías, tres sobre grupos de personas con pancartas y gritando, y tres sobre camiones repletos de personas, llegando a la plaza. Dos de los títulos que acompañan esas imágenes son citas de los cantos y los gritos en la plaza: “¡A defenderlo!”, “Perón… Perón”. “Entusiasmo popular”, dice el título de una fotografía de un camión repleto circulando por una avenida. Y agrega:
Portando insignias de su sindicato, con auténtico entusiasmo y heroísmo, estos obreros marchan hacia el lugar en donde caen las bombas y silban las balas, con compacto desprecio por sus vidas y decididos a librar batalla, si fuera necesario, contra las fuerzas que se han levantado contra las instituciones y el gobierno del pueblo.40
El epígrafe marca un tiempo y un lugar, un presente y un espacio concreto: el mediodía del 16 de junio y la Plaza de Mayo. Las bombas están cayendo mientras el camión avanza hacia “ese lugar”. Y son trabajadores, como los de la imagen de un grupo con una pancarta de la UOM, al costado de la Catedral de Buenos Aires, que parecen disputar la Plaza de Mayo a ese ícono de la argentina católica. “Los obreros de la construcción ostentan con orgullo su galón sindical y avanzan a la altura de la Catedral, en la Plaza de Mayo”, dice el epígrafe. El pueblo, en este caso los obreros, es un grupo de personas que avanza sobre la plaza, y sobre una plaza que está siendo bombardeada. No por nada aparece el cielo en esta fotografía, casi como apertura visual del campo de batalla, como si la presencia de un avión fuera pura potencia, posibilidad. “Ya han caído en el lugar dos bombas, ya se alzan los primeros heridos, ya se cuentan las primeras víctimas. Ellos prosiguen su marcha y, como todo el pueblo trabajador, demuestran valor”, cierra. Clarín y La Nación parecen desconocer ese avance hacia la plaza y esas luchas por el espacio. En ellos, o todo se reduce al gobierno, en el caso de La Nación, o lo que hay son víctimas pasivas, muertos o heridos, como en Clarín.
Ciudad herida

9. Clarín, 1 de junio de 1955, pp. 8-9.
En La Nación esta última característica es recurrente. Desde sus páginas enfatiza que “ha renacido la tranquilidad en todo el país”,44 que “la intentona subversiva que se produjo ayer ha sido dominada”,45 en definitiva, que el gobierno se ocupa. El 18 de junio publican dos fotografías en las que sólo hay m...

lunes, 15 de junio de 2026
COAN: SuE 0756/3-A-206
LUCAS, los Shahed-136 norteamericanos, ya operan en enjambres de inteligencia colectiva
El sistema de ataque de combate no tripulado de bajo costo (LUCAS) del ejército estadounidense , un dron de ataque unidireccional de largo alcance recientemente probado en combate y diseñado para operaciones masivas, estará equipado con el software de autonomía Hivemind de Shield AI . La empresa fue seleccionada para la integración por la Oficina del Subsecretario de Guerra para Investigación e Ingeniería (OUSW R&E) como parte de un esfuerzo para incorporar capacidades de enjambre y trabajo en equipo autónomo con IA al LUCAS. El objetivo de incorporar capacidades de enjambre al LUCAS, fabricado por SpektreWorks , fue algo que los funcionarios nos comunicaron poco después de que se hiciera público el programa.
El programa LUCAS, desarrollado por la Oficina del Subsecretario Adjunto de Guerra para Prototipos y Experimentación bajo la Dirección de Investigación y Evaluación de la OUSW, tiene como objetivo desplegar una "masa asequible" mediante la producción de un gran número de drones de coste relativamente bajo que puedan desplegarse en oleadas coordinadas para saturar las defensas enemigas y ampliar las capacidades de ataque a gran escala. Cada dron LUCAS cuesta alrededor de 35.000 dólares , una fracción del precio de los misiles disponibles con un alcance similar.
Basado en el misil iraní Shahed-136, el LUCAS se utilizó en combate por primera vez cuando un gran número de ellos fueron disparados contra objetivos iraníes en las primeras andanadas de la Operación Furia Épica, la parte estadounidense del ataque conjunto entre Estados Unidos e Israel contra Irán que comenzó el 28 de febrero de este año.
“LUCAS, indispensable”, declaró el jefe del Comando Central de Estados Unidos, el almirante Brad Cooper, a TWZ cuando se le preguntó sobre la eficacia de los drones y su contribución a preservar la capacidad de almacenamiento de municiones, dado su coste relativamente bajo y su producción más rápida y sencilla.
Mientras tanto, el Shahed-136 original , así como sus derivados de la serie Geran rusa, se han convertido rápidamente en un arma emblemática de la guerra en Ucrania, sirviendo como la principal munición de ataque a distancia de Moscú. Durante años, los Shahed han liderado la campaña rusa de bombardeos contra la infraestructura y las ciudades ucranianas. Si bien el Shahed tiene un alcance superior a las 1000 millas, el LUCAS, en su configuración actual, es algo más pequeño, con un alcance de aproximadamente la mitad. Una versión de la estructura actual del avión utilizada para el programa LUCAS también sirve como blanco simulado para entrenamiento y pruebas.
En el marco de esta nueva iniciativa, Hivemind actuará como un "piloto" de IA para LUCAS, permitiendo que grupos de drones coordinen movimientos, maniobren de forma colaborativa y se adapten a las cambiantes condiciones del campo de batalla en tiempo real. El proyecto culminará con una demostración operativa este otoño, en la que un solo operador dirigirá un enjambre de drones LUCAS, pero las pruebas de vuelo iniciales con el software instalado se llevarán a cabo antes, según informó Shield AI a TWZ .
En declaraciones a TWZ durante la conferencia anual SOF Week celebrada ayer, Brandon Tseng, de Shield AI, explicó que gran parte del trabajo de integración del programa piloto de IA Hivemind en LUCAS ya ha sido probado por la experiencia de la compañía trabajando con Ucrania.
“LUCAS
es el resultado de aproximadamente dos años de trabajo con OUSW
R&E, y también refleja gran parte del trabajo que estamos realizando
en Ucrania con drones de ataque unidireccionales”, explicó Tseng. “Durante los últimos meses, hemos enviado cientos de
pilotos de IA para drones de ataque unidireccionales a Ucrania. Estos
drones han aumentado la probabilidad de éxito. Han reducido el tiempo
necesario para eliminar un objetivo y el costo por impacto. En lugar de
que uno de cada diez drones de ataque unidireccionales alcanzara su
objetivo, ahora lo logran los diez. Se trata de aprovechar gran parte
del desarrollo que hemos realizado en Ucrania e implementarlo en un
programa como LUCAS para aumentar la probabilidad de éxito, reducir el
costo por impacto y mejorar las probabilidades de éxito”.
En el contexto ucraniano, Tseng confirmó que sus agentes de IA se emplean en diversas plataformas no tripuladas. En un extremo, se encuentran drones de ataque unidireccionales con un alcance de aproximadamente 100 kilómetros y un coste total de 8000 dólares, de los cuales el piloto de IA cuesta alrededor de 1000 dólares. En el otro extremo, se sitúan drones y misiles mucho más grandes y costosos, incluidos misiles de crucero de la empresa suiza Destinus .
Volviendo al ámbito militar estadounidense, el proyecto actual comenzó con Shield AI trabajando en autonomía colaborativa con OUSW R&E, algo que se inició antes de la segunda administración Trump. Ese trabajo continuó hasta que la empresa fue una de las varias preseleccionadas para proporcionar pilotos de IA para LUCAS.
Este esfuerzo podría representar un paso significativo hacia el despliegue de la autonomía colaborativa, un objetivo a largo plazo de las operaciones masivas con drones, donde equipos de sistemas autónomos operan conjuntamente en entornos de combate dinámicos y altamente complejos. Estos entornos podrían incluir aquellos donde se interrumpe la señal GPS y las comunicaciones se ven afectadas por el uso intensivo de armas electrónicas por parte del enemigo.
“LUCAS se centra en proporcionar acceso masivo a un coste asequible, pero un acceso masivo sin coordinación tiene un valor limitado”, declaró Tseng, presidente y cofundador de Shield AI, en un comunicado de prensa. “Hivemind es el piloto de IA que dota de inteligencia a ese acceso masivo. Es la capa de autonomía que permite a los equipos de drones detectar, decidir y actuar a gran escala. Nos enorgullece colaborar con OUSW R&E para poner esta capacidad en manos de los combatientes con la rapidez que requiere”.
Hivemind
está diseñado para optimizar el funcionamiento de sistemas no
tripulados en red, permitiendo que un único operador supervise y dirija,
según sea necesario, múltiples plataformas simultáneamente durante
misiones complejas y altamente coordinadas. Con Hivemind, los operadores
humanos conservan la autoridad sobre las decisiones de ataque, mientras
que el software de autonomía se encarga de la navegación, la
coordinación y la ejecución general de la misión. El operador puede
anular y redirigir las operaciones del enjambre y redefinir sus
objetivos en cualquier momento. Automatizar al máximo las operaciones
del enjambre acelera el tiempo desde la detección del objetivo hasta el
ataque en toda la cadena de destrucción. El enjambre también debería ser
capaz de actuar colectivamente más rápido que el enemigo, abrumándolo y
potencialmente rompiendo su ciclo de decisión.
“Nuestra política establece que la decisión moral sobre el uso de la fuerza letal siempre la toma un ser humano, por lo que la intervención humana es fundamental en ese proceso de toma de decisiones”, destacó Tseng. “Una vez tomada esa decisión, del mismo modo que cuando se decide lanzar un misil de crucero, la IA contribuye a garantizar que se cumpla”.
Por el momento, el ejército estadounidense exige la presencia de un operador humano en el proceso de control de acciones cinéticas o potencialmente letales, en lugar de permitir que las armas autónomas elijan sus objetivos sin autorización adicional. Si bien esto resulta menos controvertido desde el punto de vista moral, también puede representar un obstáculo táctico, limitando el potencial del enjambre y aumentando la complejidad y las vulnerabilidades de sus operaciones. El debate en torno a esta decisión se intensificará a medida que los adversarios eludan esta restricción para obtener ventaja en futuros escenarios de combate.
Como señalamos en nuestro informe inicial sobre la aparición de LUCAS, es muy destacable que algunos de sus drones ya incluyan terminales
SATCOM en miniatura. Al fin y al cabo, el control humano en enjambres no
sería posible sin este tipo de comunicación en las distancias de vuelo
más allá del alcance visual. Además, todo un enjambre puede controlarse
de esta manera, incluso si solo unos pocos drones están equipados con
terminales SATCOM. Si bien un enjambre puede conectarse en red mediante
líneas de visión, debe retransmitir toda la información importante a un
operador. Al utilizar algunos de los drones como nodos de retransmisión
SATCOM, todo el enjambre puede controlarse de forma remota desde
prácticamente cualquier lugar del planeta.
En cualquier caso, el piloto automático Hivemind permitirá que los drones LUCAS equipados adecuadamente perciban su entorno, tomen decisiones y actúen de forma autónoma sin intervención humana continua. A diferencia de los pilotos automáticos convencionales, que siguen rutas de vuelo fijas, Hivemind está diseñado para ajustar dinámicamente los planes de misión, reaccionar ante imprevistos, evitar obstáculos y realizar tareas complejas con una mínima supervisión del operador.
En cuanto a cómo un piloto de IA puede ayudar a los drones LUCAS, incluyendo la ejecución autónoma de misiones y el vuelo en enjambre en entornos sin GPS ni comunicaciones, Tseng comparó la tecnología con la que hay detrás de los coches autónomos.
“Utilizamos muchos de los mismos enfoques técnicos que Tesla o Waymo; empleamos sensores a bordo de estos drones y sistemas de armas para percibir nuestro entorno. Contamos con una GPU (unidad de procesamiento gráfico, un circuito electrónico especializado diseñado para el procesamiento de imágenes digitales) que analiza qué hacer y está programada para considerar las diferentes misiones que ejecuta en dicho entorno. Luego, actuamos, maniobrando el dron o el sistema de armas en ese entorno.”
Hivemind ya se ha integrado en diversas plataformas, incluyendo el avión YFQ-44A de Anduril, perteneciente al programa de Aviones de Combate Colaborativos (CCA) de la Fuerza Aérea de EE. UU., el avión de pruebas BQM-177 de la Armada de EE. UU., el helicóptero Airbus UH-72B Lakota y la plataforma Destinus Hornet. La compañía afirma haber integrado pilotos de IA en 28 plataformas diferentes hasta la fecha.
Tseng afirmó que la compañía quiere comenzar las pruebas de vuelo con Hivemind en julio. "Espero que lo pongan en funcionamiento lo antes posible", añadió.
La experiencia previa de Ucrania debería facilitar el camino hacia la puesta en servicio, donde solo se necesitaron ocho semanas para integrar un piloto de IA en una de sus plataformas de ataque unidireccional.
Sin embargo, la decisión final sobre el despliegue de los drones LUCAS equipados con IA recae en el cliente. «Depende del gobierno, y no voy a revelar plazos sobre cuándo el gobierno considera su despliegue», dijo Tseng sobre el dron LUCAS equipado con Hivemind.
Si bien los drones LUCAS sin pilotos de IA ya han logrado resultados impresionantes en el reciente conflicto con Irán, según el Pentágono, Shield AI confía en que las capacidades de la plataforma mejorarán significativamente una vez que operen con IA a bordo. Se espera que esto se traduzca en una mayor probabilidad de éxito, una menor relación coste-beneficio y una mayor tasa de éxito en las misiones.
«Si
tienes drones de ataque unidireccionales baratos, pero necesitas 10 o
20 para destruir un objetivo, ya no son tan baratos, ¿verdad?»,
argumentó Tseng. «Pero si de repente tienes drones de ataque
unidireccionales baratos, y uno solo puede destruirlo, y ahora puedes
destruir 20 objetivos, eso representa un costo por efecto realmente
bajo, y eso es lo que Estados Unidos busca al fin y al cabo».
Integrar un piloto de IA en el dron LUCAS es un gran avance para el programa. Si funciona según lo previsto, debería contribuir a materializar la antigua aspiración de crear enjambres coordinados de drones, y no solo el despliegue masivo de drones.
Mediante este software, varios drones LUCAS podrán compartir tareas y maniobrar de forma cooperativa, lo que hará que los ataques de saturación sean aún más efectivos. Además de que los drones redirigen dinámicamente su ruta, evitan las defensas aéreas y se adaptan a las cambiantes condiciones del campo de batalla, un piloto con IA facilita la continuidad de las misiones a pesar de las interferencias hostiles o la pérdida de conectividad de datos. De hecho, gracias a la IA, los enjambres de drones pueden mantener una eficiencia de combate casi perfecta incluso si pierden miembros. Los drones pueden configurarse con diversas cargas útiles, adaptando la composición del enjambre a cada misión, y el sistema de IA puede maximizar su efectividad colectiva en todo momento.
Dado que se espera que las pruebas de vuelo de los drones LUCAS equipados con Hivemind comiencen en tan solo un par de meses, deberíamos empezar a observar mejor la transformación de estos drones kamikaze, que pasan de ser armas individuales desechables a grupos de armas conectadas en red que, en conjunto, representan mucho más que la suma de sus partes.



El dron kamikaze Shahed-136 del ejército estadounidense está adquiriendo capacidad de enjambre con inteligencia colectiva
Shield AI está proporcionando el software para desbloquear el potencial de enjambre cooperativo del LUCAS, probado en combate, lo que podría aumentar drásticamente su letalidad.
Thomas Newdick || TMZ