Descubrir antes del desastre: las maniobras de Louisiana y los conceptos de combate no probados del Ejército actual
Matthew Revels y Eric Uribe | Institute of Modern War at West Point
“Entrená como combatís.”
Este lema es uno de los favoritos del Ejército, pero su aplicación a nivel operacional sigue siendo desigual. Las brigadas rotan por centros de entrenamiento de combate, maniobrando en gran medida de forma aislada, mientras que las unidades adyacentes simuladas ejecutan roles guionados que no introducen la fricción propia de los campos de batalla reales. Para compensar la falta de entrenamiento en escalones superiores a la brigada, el Ejército recurre cada vez más a ejercicios de puesto de comando y simulaciones. Si bien estos son útiles para perfeccionar procesos de estado mayor, no pueden replicar la incertidumbre, las comunicaciones degradadas ni la fricción acumulativa inherente a operaciones multidivisión. El resultado es un sistema de entrenamiento optimizado para confirmar, no para corregir.
El giro del Ejército hacia la preparación para conflictos de gran escala obligó a reorientar los centros de entrenamiento desde la contrainsurgencia hacia el nuevo concepto de operaciones multidominio. La doctrina deja claro que las divisiones y cuerpos son ahora los elementos centrales de maniobra. En línea con esto, el plan Army 2030 redistribuye recursos hacia esos niveles, reduciendo la carga sobre los comandantes de brigada y centralizando capacidades en escalones superiores.
Sin embargo, pese a estos cambios estructurales, el Ejército sigue validando sus fuerzas con ejercicios del tamaño de una brigada, en lugar de prepararlas para la guerra a gran escala. Si realmente busca desplegar la fuerza más capaz antes del próximo conflicto, necesita invertir en un aspecto clave: la experimentación. Los entornos controlados no son adecuados para probar conceptos doctrinales ni estructuras de fuerza. En cambio, debería mirar dos ejemplos históricos: las Maniobras de Louisiana y el Exercise Sage Brush. Ambos muestran el valor de los ejercicios de campo a gran escala como herramientas de descubrimiento en tiempos de paz.
Por qué las simulaciones no alcanzan
Durante décadas, el Ejército estadounidense utilizó simulaciones y ejercicios de puesto de comando para entrenar estados mayores. Esto permitió reducir costos y mejorar la formación de oficiales. Tras la Guerra Fría, reemplazar ejercicios de campo por simulaciones tenía sentido. Pero el problema es doble:
La simulación es tan válida como los supuestos sobre los que se construye.
No reproduce la fricción del combate real.
Los conflictos recientes —especialmente Ucrania— cuestionan muchos supuestos sobre maniobra, fuegos y sistemas no tripulados. Aunque el Ejército reconoce estos cambios, no ha probado sus nuevos conceptos a escala real. Las simulaciones parten de la base de que el concepto de operaciones multidominio funciona… pero eso no está demostrado.
Además, simplifican en exceso la realidad. Como ya señalaba Carl von Clausewitz, la fricción es central en la guerra. Esa fricción solo se entiende con experiencia. Y hoy casi ningún líder estadounidense ha comandado combate a gran escala contra un adversario par.
Las simulaciones eliminan problemas reales: logística, mantenimiento, terreno, escasez de personal, etc. Solo el entrenamiento de campo a gran escala permite preparar fuerzas para la complejidad del combate moderno.
Las Maniobras de Louisiana: descubrir antes de la guerra
Antes de la era de las simulaciones, el Ejército utilizaba ejercicios masivos para experimentar. En 1941, mientras la Wehrmacht demostraba la eficacia de su doctrina en Europa, el Ejército estadounidense reunió cerca de 400.000 soldados en maniobras a gran escala en el sur del país.
El objetivo del general George C. Marshall era triple:
Experimentar y aprender en condiciones realistas
Enviar un mensaje estratégico interno
Evaluar líderes
A diferencia de ejercicios guionados, estas maniobras priorizaron el realismo. Permitieron experimentar con logística, integración aire-tierra, operaciones aerotransportadas y doctrina blindada. También facilitaron abandonar doctrinas obsoletas e invertir en nuevas capacidades.
Además, sirvieron para mostrar al Congreso y a la opinión pública las carencias del Ejército.
Y quizás lo más importante: permitieron identificar líderes. De ahí surgieron figuras como Dwight D. Eisenhower y George S. Patton.
Sage Brush y la división pentómica: descubrir mediante el error
En 1955, en el contexto de la doctrina nuclear de Dwight D. Eisenhower, el Ejército reorganizó sus fuerzas en la llamada “División Pentómica”.
El Exercise Sage Brush reunió 85.000 soldados para probar estos conceptos. El resultado fue, en muchos aspectos, un fracaso… pero un fracaso útil.
Demostró que el uso táctico de armas nucleares tiende a escalar rápidamente. También evidenció que la dispersión necesaria para sobrevivir reducía la cohesión y la capacidad de explotar el combate.
No destruyó inmediatamente el concepto pentómico, pero sí expuso sus debilidades. Su valor no estuvo en validar, sino en revelar supuestos erróneos.
Mirando hacia adelante: volver a los ejercicios masivos
La decisión de abandonar ejercicios a gran escala en favor de simulaciones fue, en retrospectiva, un error. Ninguna simulación puede capturar la complejidad real del combate.
El principal obstáculo es el costo. Pero en un presupuesto de defensa de billones de dólares, el costo es una cuestión de prioridades, no de posibilidades.
También hay desafíos logísticos y de infraestructura. Pero justamente esos problemas son parte del aprendizaje: exponen debilidades reales.
Reintroducir ejercicios a nivel división y cuerpo permitiría:
Probar doctrina en condiciones reales
Evaluar líderes
Ajustar estructuras de fuerza
Validar despliegues en distintos teatros
Estos ejercicios no deberían buscar certificar unidades, sino cuestionar supuestos. Realizados cada 3 a 5 años, ligados a cambios doctrinales, servirían como laboratorio de guerra realista.
No es necesario concentrar todo en un solo lugar: pueden distribuirse en múltiples instalaciones, replicando despliegues reales, especialmente en escenarios como el Indo-Pacífico.
Conclusión
Volver a los ejercicios a gran escala no es sencillo, sobre todo para un Ejército acostumbrado a las simulaciones. Pero si las divisiones y cuerpos van a ser los protagonistas del combate futuro, no alcanza con entrenarlos en entornos artificiales.
Un Ejército que solo valida sus conceptos corre el riesgo de descubrir sus fallas en la guerra.
El 20 de agosto de 2026, la Armada Argentina anunció el Plan Dédalo, presentado oficialmente como una reestructuración y modernización integral de su Aviación Naval. La palabra elegida fue “modernización”. Sin embargo, la medida más inmediata no fue la incorporación de un sistema de combate, sino la reducción de una base histórica.
A partir de enero de 2027, la Base Aeronaval Punta Indio dejará de funcionar como tal y será convertida en una estación aeronaval. La Escuela de Aviación Naval y la Escuadrilla Aeronaval de Vigilancia Marítima serán trasladadas a la Base Aeronaval Comandante Espora, mientras la Escuadra Aeronaval N.º 1 pasará a reserva. La pista principal de Punta Indio está muy deteriorada, la infraestructura requiere inversiones importantes y la cantidad actual de aeronaves ya no justificaría mantener dos estructuras semejantes.
Punta Indio no desaparecerá físicamente. Pero dejará de ser lo que fue durante más de un siglo. Esa diferencia administrativa no debería ocultar el hecho militar: la Aviación Naval pierde una base operativa, concentra más medios en Comandante Espora y reduce la dispersión territorial que alguna vez sostuvo su capacidad de despliegue.
La decisión puede ser comprensible desde la administración de recursos escasos. Mantener hangares, talleres, pistas y dotaciones para una fuerza que ya no posee decenas de aeronaves cuesta dinero. El propio jefe de la Armada, almirante Juan Carlos Romay, explicó que cuarenta años de reducción presupuestaria, pérdida de medios y deterioro de la infraestructura obligaron a establecer prioridades. También reconoció que la pista de Punta Indio necesitaría una inversión considerable y que Espora dispone de hangares liberados por la desaparición de otros sistemas, como los Tracker. La explicación oficial es clara.
El problema es que achicar una estructura no equivale, por sí mismo, a modernizarla. Puede ser el primer paso de una transformación razonable o la formalización ordenada de una decadencia. La diferencia depende de los medios que lleguen después.
Del portaaviones ausente al avión de ataque ausente
Durante años, la discusión sobre el futuro del Comando de la Aviación Naval giró alrededor de una pregunta equivocada: ¿para qué necesita la Argentina una aviación naval si ya no tiene portaaviones?
El razonamiento confunde plataforma con función. El COAN no existe para justificar la cubierta de un portaaviones, sino para extender el poder de la Armada sobre el mar. Un avión que despega desde Río Grande, Espora o Almirante Zar sigue siendo un medio naval cuando explora el océano, busca submarinos, identifica blancos de superficie, protege una agrupación naval o ejecuta un ataque antibuque.
La experiencia argentina de 1982 demostró precisamente eso. Los Super Étendard operaron desde tierra y alcanzaron objetivos británicos a grandes distancias. No necesitaron despegar desde el ARA 25 de Mayo para producir efectos estratégicos sobre la flota enemiga. La ausencia de un portaaviones imponía restricciones, pero no anulaba la capacidad aeronaval.
Hoy, sin embargo, la pregunta es más grave. Ya no se trata de saber si el COAN puede existir sin portaaviones. Se trata de determinar si puede conservar su condición de fuerza de combate sin aviones de ataque, sin helicópteros antisubmarinos modernos y con una flota de superficie cada vez más reducida.
El Plan Dédalo confirma el retiro definitivo de los Super Étendard durante 2026. Los aparatos originales llevaban años sin volar. Los cinco Super Étendard Modernisé comprados a Francia y recibidos en 2019 nunca pudieron entrar en servicio en la Argentina. Las dificultades con los componentes pirotécnicos de los asientos eyectables, las certificaciones vencidas, la imposibilidad de conseguir determinados repuestos y el paso del tiempo terminaron por volver inviable su recuperación.
La sospecha más amarga quedó así confirmada: los SEM llegaron al país, fueron pagados, trasladados, almacenados y sometidos a distintos intentos de recuperación, pero nunca volaron con la Aviación Naval Argentina. El propio almirante Romay admitió que “nunca pudieron ponerse en servicio” y que, cuanto más tiempo pasaba, más difícil resultaba activarlos. También señaló que su reemplazo continúa en evaluación, aunque las prioridades actuales son los submarinos y los buques.
No hay evidencia de que la desaparición de esta capacidad sea un castigo deliberado contra la Armada. Pero resulta inevitable observar la paradoja. Una de las pocas aviaciones navales latinoamericanas con experiencia real de combate, y la única que lanzó misiles antibuque en guerra, termina perdiendo su aviación de ataque sin tener un sucesor definido.
El sistema que hundió al HMS Sheffield y al Atlantic Conveyor no es reemplazado por otro sistema de armas. Simplemente desaparece.
Los ojos llegan; el puño no aparece
El Plan Dédalo no contiene solamente bajas y traslados. También anuncia incorporaciones valiosas. La Armada espera completar la flota de cuatro P-3C Orion, recuperar la exploración marítima de largo alcance, reemplazar gradualmente los B-200 por B-360, incorporar cuatro helicópteros Leonardo AW109 y recibir cuatro UAV Shield AI V-BAT entre 2028 y 2029. Estos últimos podrán operar desde las cubiertas de los buques de superficie, incluidos los patrulleros oceánicos clase Bouchard. El cronograma oficial también contempla mejoras en los T-34 Mentor y en los sistemas de vigilancia de un B-200M.
Los V-BAT representan una incorporación adecuada. Un UAV de despegue y aterrizaje vertical puede ampliar considerablemente el horizonte de vigilancia de un patrullero, seguir contactos, reconocer embarcaciones y transmitir información sin exponer una aeronave tripulada. Para el control de la zona económica exclusiva, la búsqueda de buques con comportamientos anómalos y las operaciones de presencia, su utilidad es evidente.
Pero un dron de vigilancia no transforma a un patrullero oceánico en una fragata. Tampoco reemplaza un helicóptero antisubmarino, un avión de ataque ni un sistema de armas capaz de actuar sobre el blanco detectado. Los OPV clase Bouchard fueron construidos para patrullar, identificar e interceptar embarcaciones en situaciones de baja amenaza. No poseen las capacidades antiaéreas, antisubmarinas y antisuperficie de un escolta moderno.
La tecnología no elimina esa diferencia. Un sensor puede encontrar el blanco, pero no necesariamente puede neutralizarlo. Si no existe un medio de combate conectado al sensor, la cadena queda incompleta.
El COAN que surge del Plan Dédalo parece orientarse hacia la exploración marítima, la vigilancia, el entrenamiento, el enlace, el sostén logístico y la operación de vehículos no tripulados. Son funciones necesarias. Algunas habían quedado peligrosamente degradadas y la llegada de los P-3C Orion constituye una recuperación concreta. Sin embargo, esa estructura se parece cada vez menos a una aviación naval capaz de disputar el control del mar.
Tendrá mejores ojos, pero no se ha definido con qué puño golpeará.
Una aviación naval no combate sola
La situación del COAN tampoco puede analizarse separada del resto de la Armada. La aviación naval forma parte de un sistema. Explora para los buques, protege sus movimientos, busca submarinos, transmite información y, cuando dispone de armas apropiadas, ataca más allá del horizonte. Su valor depende de la integración entre sensores, aeronaves, submarinos, escoltas, enlaces de datos y armamento.
La Argentina lleva nueve años sin un submarino operativo. El ARA Salta permanece como plataforma de instrucción, pero no navega. Para completar la formación práctica de los nuevos submarinistas, la Armada depende actualmente de la colaboración de la Marina de Guerra del Perú. Se han considerado distintas alternativas, entre ellas el Scorpène francés y propuestas alemanas derivadas del Tipo 209, pero todavía no existe una elección definitiva ni un contrato de adquisición.
El problema no es solamente material. Cada año sin submarinos reduce la experiencia acumulada, dispersa especialistas y vuelve más costosa la recuperación futura. Se puede comprar una unidad, pero no se compra de inmediato una fuerza de submarinos. El conocimiento operativo se forma durante años dentro de los buques.
La flota de superficie enfrenta otro límite. Sus principales destructores y corbetas rondan los cuarenta años. El ARA Heroína fue retirado después de permanecer inmovilizado durante más de quince años y terminó convertido en fuente de repuestos. Otras unidades sobreviven gracias al trabajo de arsenales, personal militar y técnicos civiles que reparan sistemas para los cuales cada vez resulta más difícil obtener componentes.
Existen proyectos para recuperar al ARA Sarandí y modernizar tres corbetas MEKO 140. Esos trabajos pueden extender la vida de algunas unidades y evitar una caída todavía más rápida de la flota. Pero no resuelven la ausencia de un programa firme para incorporar nuevos escoltas. Algunas plataformas todavía pueden recuperarse; otras ya atravesaron el límite económico y técnico que separa una modernización razonable de una reconstrucción demasiado costosa.
El propio jefe de la Armada reconoció que los buques están tecnológicamente desactualizados y que “no queda mucho tiempo más”. También señaló algo que debería encender todas las alarmas: continúan navegando por el esfuerzo del personal, no porque haya desaparecido su obsolescencia. Romay fue igualmente explícito sobre los submarinos: la Armada no puede pensarse sin ellos.
En estas condiciones, los UAV embarcados aportarán información, pero operarán desde una flota que todavía no tiene asegurado su reemplazo. Los P-3C podrán construir una imagen más amplia del Atlántico Sur, pero esa información necesitará submarinos, fragatas, helicópteros y armas modernas para convertirse en disuasión.
Mirar el mar no es lo mismo que controlarlo.
El contraste que incomoda
El silencio naval resulta todavía más notorio cuando se observa lo que ocurre en las otras fuerzas.
La Fuerza Aérea Argentina ya comenzó a volar sus F-16. Las primeras seis aeronaves llegaron en diciembre de 2025; en abril de 2026 comenzaron las operaciones con pilotos argentinos y en julio se habilitó al primer grupo de aviadores. El programa incluye infraestructura, formación técnica, simulación, armamento, mantenimiento y un cronograma para incorporar el sistema completo. No se trata solamente de comprar aviones: se está construyendo una capacidad alrededor de ellos. Los primeros vuelos forman parte del programa Peace Condor.
El Ejército, por su parte, firmó el 21 de agosto de 2026 la aceptación de la oferta estadounidense para avanzar en la incorporación de 235 vehículos blindados Stryker. El paquete contempla transportes de infantería, vehículos de comando, evacuación médica y apoyo de fuego. Todavía deberá atravesar las etapas de implementación y entrega, pero la decisión política y la escala del programa ya están expresadas. La operación amplía considerablemente las ocho unidades incorporadas inicialmente.
Mientras el Ejército avanza hacia una familia de cientos de blindados y la Fuerza Aérea se adapta a un nuevo caza supersónico, la Armada anuncia la reducción de Punta Indio, la puesta en reserva de una escuadra y el retiro del último sistema de ataque del COAN.
La comparación no busca enfrentar a las fuerzas. El reequipamiento del Ejército y de la Fuerza Aérea es necesario y largamente postergado. Lo que muestra es que, cuando existe una decisión, pueden establecerse prioridades, firmarse acuerdos y organizarse programas de incorporación. En la Armada, en cambio, las decisiones cruciales siguen pendientes: qué submarino comprar, con qué reemplazar los destructores, qué escolta moderna necesita la flota y si alguna vez volverá a existir una aviación aeronaval de ataque.
Ese es el silencio ensordecedor. No faltan diagnósticos. Faltan decisiones. ¿No será que es necesario que la Armada no tengo medios aéreos, de superficie o submarinos para que no sobrevuelen la explotación de petróleo de Sea Lion operada por Israel y Gran Bretaña? ¿Conoce la gente que la mínima interferencia armada con una explotación de ese tipo hace caer los seguros por dicha actividad extractiva haciéndolo inviables de operar económicamente? ¿Por qué la Cancillería sale a calmar a un vecino que no nos sirve para nada como Chile mientras que no hace ninguna declaración respecto a Sea Lion? El simple sobrevuelo de un Super Etendard sobre esa explotación o una operación encubierta con un submarino nacional sobre esas instalaciones provocaría un aumento exponencial del riesgo de explotación que se trasladaría automáticamente a las pólizas... Fuimos en 1966 a desembarcar en playa Vaca y ¿no iríamos a ponerle una puta carga explosiva a esas instalaciones en el medio de nuestro propio mar? ¿Ese es el costo a pagar por tener el presidente más extremista de una rama religiosa no contemplada en nuestra constitución nacional?
¿Qué COAN emerge?
El resultado más probable es un COAN más pequeño, concentrado y tecnológicamente orientado hacia la vigilancia. Contará con P-3C Orion para exploración de largo alcance, aviones ligeros para patrulla y enlace, helicópteros AW109 y UAV VTOL embarcables. Podrá controlar mejor la actividad pesquera, detectar comportamientos sospechosos, participar en búsqueda y rescate y sostener operaciones marítimas en tiempos de paz.
Lo que no aparece es una capacidad aeronaval de combate equivalente a la que se pierde. No hay un reemplazo definido para los Super Étendard. No hay una solución moderna de guerra antisubmarina embarcada claramente anunciada. Los Sea King serán retirados a partir de 2031 y los Fennec en 2027. Tampoco existe todavía una flota de superficie renovada que pueda aprovechar plenamente la información generada por los nuevos sensores.
La concentración en Comandante Espora puede reducir gastos y mejorar el aprovechamiento de hangares y talleres. También concentra aeronaves, personal e infraestructura en menos puntos. Para una fuerza pensada únicamente para tiempos de paz, eso puede parecer eficiente. Para una fuerza que debe conservar capacidad de combate, la dispersión, las bases alternativas y la redundancia siguen teniendo valor.
El COAN no necesita recuperar un portaaviones para volver a ser relevante. Necesita algo más realista: una arquitectura aeronaval basada en tierra, conectada con submarinos y escoltas modernos, apoyada por P-3C, drones, helicópteros, sensores costeros, enlaces de datos y algún vector capaz de ejecutar ataques antibuque. Sin eso, corre el riesgo de convertirse en una excelente organización de vigilancia incapaz de disputar aquello que vigila.
Punta Indio resume todo el problema. La Armada sostiene que la base no se cierra, sino que cambia de categoría. Es cierto. Pero también es cierto que pierde sus unidades principales, su escuela, su taller y buena parte de su personal. La diferencia entre una base y una estación no es solamente una palabra pintada en la entrada. Expresa la escala de la fuerza que puede operar desde allí.
Tal vez el portaaviones no vuelva nunca. Eso no condenaría al COAN. Lo que sí podría condenarlo es aceptar que la exploración reemplaza al combate, que un UAV sustituye a un sistema de armas o que mantener instituciones sin capacidad ofensiva alcanza para conservar poder naval.
La Aviación Naval Argentina sobrevivió a la desaparición del portaaviones. Ahora debe sobrevivir a algo más peligroso: la posibilidad de quedar reducida a observar el mar que alguna vez estuvo preparada para combatir.
Rifle Sako ARG, Automatkarbin 24 / AK 24 (Finlandia)
Modern Firearms
El Sako AK 24 (Automatkarbin 24 – carabina automática, modelo 2024) es un fusil de asalto de 5,56 mm, adoptado por el ejército sueco en 2024. Forma parte de la familia de fusiles Sako ARG (Arctic Rifle Generation), anunciada oficialmente en 2025.
Fusil de asalto Sako Automatkarbin 24 / AK 24 de 5,56 mm, adoptado por el ejército sueco
Originalmente, la empresa SAKO (que forma parte del gran grupo italiano Beretta) comenzó a trabajar en un fusil de francotirador semiautomático de 7,62 x 51 mm para el ejército finlandés en 2020. Posteriormente, el alcance del proyecto se amplió para incluir armas semiautomáticas y de fuego selectivo de 5,56 mm más pequeñas y ligeras, adaptadas a las exigencias específicas de los entornos fríos, nevados y cercanos al Ártico, típicos de países como Finlandia. Finlandia y Suecia. Hacia 2021, el ejército sueco manifestó su interés en unirse a este programa, con el objetivo de reemplazar los fusiles AK-5 de 5,56 mm (con licencia de FN FNC) y los aún más antiguos AK-4 de 7,62 mm (con licencia de HK G3) que todavía utilizaban el Ejército y la reserva activa. Como resultado, el ejército sueco fue el primero en adoptar un fusil de 5,56 mm de la familia Sako ARG en 2024, denominándolo AK-24 (Automatkarbin 24). Esta variante se comercializa como Sako ARG 40 GP.
Fusil semiautomático Sako ARG de 5,56 mm
Otras variantes que ofrece actualmente Sako son el fusil de asalto Sako ARG 40 DI de 5,56 x 45 mm con selector de tiro y el fusil semiautomático Sako ARG 50 de 7,62 x 51 mm, apto para tirador designado/francotirador. El fusil de asalto Sako ARG 40 GP / AK 24 es, básicamente, otro clon del AR-15, modificado con la adición de un sistema de pistón de gas de carrera corta con regulador de gas manual, controles totalmente ambidiestros y componentes modernos. Cuenta con receptores superior e inferior de aleación de aluminio y un guardamanos flotante de aleación de aluminio con riel Picatinny integrado y ranuras MLOK. El diseño interno sigue de cerca el sistema original, con un cerrojo rotativo de múltiples tetones que se bloquea directamente en la extensión del cañón y un muelle amortiguador que se desliza dentro del tubo que se proyecta hacia atrás desde el receptor superior. La munición se alimenta mediante cargadores estándar compatibles con M16 / M4, con una capacidad estándar de 30 cartuchos. Todos los controles son totalmente ambidiestros, y el selector de seguridad/disparo de tres posiciones tiene una rotación total de 90 grados (45 grados entre las posiciones "Seguro" y "Semiautomático", y entre "Semiautomático" y "Automático"), a diferencia de la rotación típica de 180 grados que se encuentra en la mayoría de los fusiles de tiro selectivo tipo AR-15/M16.
El equipamiento estándar también incluye una culata telescópica tipo M4.
Fusil semiautomático Sako ARG de 5,56 mm
El ejército sueco está adquiriendo fusiles de asalto Sako ARG 40 GP / AK 24 con cañones cortos de 292 mm (11,5 pulgadas), aunque Sako también ofrece variantes con cañones más largos. Otros miembros de la familia Sako ARG incluyen actualmente dos versiones más básicas: el Sako ARG 40 DI de 5,56 mm y el Sako ARG 50 de 7,62 mm, ambos con sistemas de gas de impacto directo tipo Stoner. Actualmente, se ofrece comercialmente una versión semiautomática del fusil de impacto directo de 5,56 mm a los reservistas del ejército finlandés, bajo la denominación SAKO ARG S 40 Reserviläinen.
Especificaciones del fusil de asalto Sako ARG 40 GP / AK 24
Calibre: 5,56 x 45 mm OTAN
Longitud del cañón: 292 mm
Longitud total: 715-800 mm
Peso (con cargador vacío): 3,2 kg Capacidad del cargador: 30 cartuchos Cadencia de tiro: 800-900 disparos por minuto
Al igual que en Estados Unidos , el detonante inmediato es la rápida evolución de los misiles aire-aire chinos , en particular el PL-15 y los sistemas más recientes que están surgiendo a su alrededor . La experiencia del combate aéreo entre India y Pakistán
del año pasado ha puesto de relieve este problema, demostrando las
consecuencias operativas de subestimar las capacidades aire-aire de
largo alcance del adversario. Sin embargo, si bien Pakistán afirmó que
sus cazas y misiles de fabricación china derribaron varios aviones
indios, las circunstancias precisas, el número de aviones derribados y
las tácticas involucradas siguen siendo objeto de versiones
contradictorias y análisis externos.
Imágenes del cuerpo del misil PL-15E que cayó en la región de
Punjab, en India, durante el conflicto indo-pakistaní en mayo de 2025. vía X
Para Europa, el MBDA Meteor
representa actualmente lo último en misiles aire-aire de largo alcance,
y su singular conjunto de capacidades es algo que hemos analizado en profundidad en el pasado
. La cuestión ya no radica simplemente en cómo mejorar el Meteor, sino
en qué debería sucederle y qué tipo de arquitectura de armas (o «cadena
de ataque») será necesaria para la próxima generación de aeronaves de
combate tripuladas y no tripuladas y sus armamento.
Un Typhoon de la Real Fuerza Aérea Británica despega, cargado con misiles Meteor bajo el fuselaje. Derechos de autor de la Corona.
Uno
de los proyectos más interesantes en la actualidad es el programa
francés Comet, que parece estar liderado por la filial francesa del
consorcio paneuropeo MBDA. Se sabe muy poco públicamente sobre esta
arma, y sus especificaciones exactas aún no están claras. Sin embargo,
parece representar un esfuerzo por dar un salto significativo con
respecto a la actual familia MICA
, ofreciendo mayor alcance y velocidad. Si el plazo previsto para
alrededor de 2030 es correcto, Comet podría considerarse una respuesta
relativamente inmediata a un entorno de amenazas cada vez más exigente.
Douglas Barrie
, investigador principal de temas aeroespaciales militares en el
Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS) de Londres,
declaró a TWZ
que el Comet parece ser "una respuesta a los intercambios entre
pakistaníes e indios, donde, desde el primer día, los indios
subestimaron la agresividad de los pakistaníes, especialmente con el
misil PL-15. Resulta, cuanto menos, una coincidencia que este tipo de
situación haya surgido de repente".
Cuatro misiles PL-15 simulados en la bahía de armas interna de un caza chino J-20. Internet chino
Eso
distinguiría al Comet del programa británico Future Air Superiority
Effectors (FASE), que parece estar asociado mucho más estrechamente con
los requisitos a largo plazo del Future Combat Air System y el GCAP/Tempest del Reino Unido .
En declaraciones a TWZ , Justin Bronk
, investigador de poder aéreo en el Royal United Services Institute
(RUSI), explicó que el FASE "probablemente tenga como objetivo
proporcionar capacidades de combate significativamente mejores para
principios o mediados de la década de 2030 que las que podría ofrecer
una actualización de mitad de vida del misil Meteor dentro de los
límites de su diseño y tamaño básicos".
Un interesante paralelismo entre FASE y Comet es un estudio conjunto franco-británico
que analiza las consecuencias del lanzamiento de Meteor. En abril,
ambos países firmaron un memorando de entendimiento que dio inicio a un
proyecto de 12 meses para evaluar las futuras amenazas en el combate
aéreo y los posibles conceptos de misiles de próxima generación. El
estudio busca identificar las tecnologías necesarias para un arma
sucesora y establecer una hoja de ruta para su desarrollo. Si bien ambos
países están examinando formalmente el mismo problema posterior a
Meteor, sus prioridades a largo plazo en materia de combate aéreo
parecen divergir.
Más allá del meteorito
El
Meteor sigue siendo una de las armas aire-aire más capaces de Europa.
Su sistema de propulsión ramjet le confiere una importante ventaja sobre
los misiles convencionales de combustible sólido, ya que le permite
mantener la propulsión y la energía durante mucho más tiempo en un
enfrentamiento.
Sin
embargo, el entorno de amenazas para el que se diseñó el misil Meteor
está cambiando. Sus requisitos se establecieron en un entorno dominado
por la amenaza de los misiles aire-aire soviéticos/rusos. Hoy en día, la
planificación debe tener en cuenta cada vez más las armas chinas, como
el PL-15 y los sistemas más modernos, que pueden combinar un alcance muy
largo con una velocidad considerablemente mayor.
Un Su-35S lanza un R-37M, el misil aire-aire ruso de mayor alcance. Captura de pantalla del Ministerio de Defensa ruso.
“Dado
que el Meteor sigue siendo más que capaz de igualar a los misiles
aire-aire rusos actuales en enfrentamientos aire-aire, es probable que
los objetivos de capacidad del programa FASE utilicen misiles aire-aire,
aeronaves y sensores chinos mucho más capaces como amenazas de
referencia”, añadió Bronk.
Esto
plantea la incómoda pregunta de qué sucede cuando ambos bandos pueden
lanzar armas BVR (más allá del alcance visual) extremadamente capaces
una contra la otra.
En
pocas palabras, ahora la velocidad es más importante, ya que reduce el
tiempo de reacción del objetivo y puede hacer que el enfrentamiento
final sea mucho más exigente. Una de las ventajas del Meteor es la
considerable energía que conserva al llegar a la fase terminal, pero la
contrapartida es una velocidad media más baja en todo su rango de vuelo.
Meteor
Barrie explicó: “La velocidad de lanzamiento del Meteor está entre Mach 3,5 y Mach 4. Si lanzas un PL-15 desde un J-20
, que vuela a Mach 2, es probable que esa arma se mantenga por encima
de Mach 5 durante muchísimo tiempo, lo cual es uno de los problemas. Es
el riesgo de una destrucción mutua. Obviamente, si el arma contra el
J-20 sale a Mach 3,5 o Mach 4, entonces tienes un problema”.
Al
mismo tiempo, la efectividad de un misil depende de muchos otros
factores, incluidas las condiciones de lanzamiento, el perfil de vuelo,
la guía a mitad de trayectoria, el rendimiento del buscador, el entorno
de guerra electrónica y las maniobras del objetivo.
Sin
embargo, la naturaleza de la amenaza podría impulsar a la próxima
generación de armas europeas hacia una combinación de mayor alcance,
velocidad sustancialmente superior y mayor energía terminal, en lugar de
una simple mejora incremental del misil Meteor. De hecho, el Reino
Unido ha abandonado sus planes
para una modernización a mitad de vida del Meteor, presumiblemente para
centrar sus esfuerzos en un sucesor, o sucesores, mucho más ambiciosos y
capaces.
¿Necesitará la próxima arma un estatorreactor?
El
misil Meteor fue diseñado en torno a un motor estatorreactor,
especialmente porque se esperaba que se enfrentara a una versión
estatorreactora del misil ruso R-77 (AA-12 Adder). Este misil nunca
llegó a desplegarse y, hasta donde sabemos, China tampoco posee un arma
de esta clase. Por lo tanto, un sucesor del Meteor no necesariamente
utilizará el mismo tipo de propulsión.
Personal de la Fuerza Aérea del Ejército Popular de Liberación de China traslada misiles estándar R-77 .
El
Meteor demostró las ventajas de la propulsión con aire comprimido, pero
el uso de un estatorreactor u otro sistema de propulsión con aire
comprimido conlleva ciertas desventajas. Alcanzar velocidades muy altas
manteniendo un alcance y una maniobrabilidad útiles puede resultar cada
vez más difícil, y la complejidad de la propulsión aumenta los costos y
puede consumir un valioso volumen interno.
El
hecho de que en fuentes abiertas se atribuya el rendimiento a armas
chinas de propulsión sólida como el PL-15 sugiere que es posible otro
enfoque.
A
Barrie no le sorprendería que se descartara el estatorreactor. «El
problema con un estatorreactor es que, si bien no es imposible superar
Mach 5, es difícil y probablemente haya que hacer muchas concesiones… Me
pregunto si simplemente considerarán los combustibles sólidos
energéticos».
Por
lo tanto, un futuro misil europeo podría utilizar un motor de
propulsión sólida considerablemente más grande, posiblemente combinado
con una arquitectura de impulso y sostenimiento diferente, para lograr
la combinación requerida de velocidad y alcance. El uso de más de una etapa o un motor de cohete sólido de impulsos múltiples podrían ser otras soluciones al problema.
El problema del tamaño
Quizás la mayor oportunidad para una nueva arma europea de largo alcance provenga de la aeronave que la transportará.
El
misil Meteor se desarrolló dentro de las limitaciones físicas impuestas
por los aviones de combate existentes y sus sistemas de transporte de
armamento, incluido el transporte interno en el F-35. Se espera que un
futuro avión de combate como el Tempest tenga un volumen interno significativamente mayor disponible para armamento.
“Uno
de los factores clave para el Tempest es, obviamente, su gran capacidad
de carga interna”, continuó Barrie. “Una bahía principal amplia y,
probablemente, también bahías laterales de tamaño considerable. Esto
permite transportar internamente una masa de armamento considerablemente
mayor que la de un F-35. Si se observa el tamaño de la plataforma según
la información disponible, se trata de un avión grande, y cabría
suponer que cuenta con una bahía de armamento interna muy
significativa”.
Configuración actual del sistema de transporte interno del
misil AIM-120 AMRAAM en el F-35, con dos misiles en cada compartimento
de armas. Derechos de autor de la Corona.
Un
misil de mayor tamaño puede transportar más propelente, potencialmente
soportar un sistema de propulsión más potente, albergar un buscador más
grande o más capaz y proporcionar volumen adicional para la electrónica y
otros subsistemas.
Existen diferentes maneras de aumentar el alcance de un misil aire-aire, pero este proceso siempre es más sencillo si el arma puede ser de mayor tamaño
. Mayores dimensiones permiten incorporar un motor más potente, mayor
cantidad de combustible, motores de cohete multietapa y motores de
respiración atmosférica, como el estatorreactor utilizado en el Meteor.
Otras opciones para extender el alcance que Estados Unidos ha analizado
incluyen motores de cohete de combustible sólido multipulso regulables y propelentes, configuraciones de grano
, carcasas y revestimientos más sofisticados, que también garantizarían
un mayor alcance y una mayor velocidad en comparación con las armas
existentes.
El
resultado podría ser un arma considerablemente más grande que el misil
Meteor, pero totalmente compatible con la aeronave para la que fue
diseñada.
Esta realidad, y el uso del plural " efectores"
en la terminología FASE del Reino Unido, plantea la posibilidad de que
el futuro requisito europeo de misiles BVR no sea para un solo misil,
sino para una familia de armas, al menos en lo que respecta a los
británicos.
Por qué los “efectores” pueden ser importantes
Si
FASE se refiere en última instancia a múltiples efectores en lugar de
un solo misil, eso podría indicar la dirección más amplia del combate
aéreo futuro, que involucrará tanto aeronaves tripuladas como diversos
aviones de apoyo no tripulados.
Se
prevé que Tempest funcione como una especie de centro de operaciones,
apoyado por varias aeronaves de combate no tripuladas, portaaviones
remotos u otros sistemas que operen considerablemente más adelante.
Estos sistemas no tripulados tendrán limitaciones de tamaño, carga útil y
transporte de armamento diferentes a las de las aeronaves tripuladas.
Esto
significa que no todas las plataformas necesitarán la misma arma BVR,
ni siquiera podrán alojarlas, cuando se trata de misiles de mayor
tamaño.
En cambio, una fuerza futura podría requerir algo parecido a una familia:
Un
arma de gran tamaño, largo alcance y alta velocidad para el avión
tripulado Tempest, optimizada para los enfrentamientos de superioridad
aérea de más alto nivel.
Un
arma de tamaño mediano, adecuada para los cazas actuales y,
potencialmente, para futuros aviones con capacidades de transporte de
armamento más limitadas.
Un
arma más pequeña optimizada para aeronaves de combate estacionarias u
otros sistemas no tripulados donde las dimensiones de la bahía interna,
la carga útil y el costo son más restrictivos.
Un
misil modular podría abarcar dos de estas categorías simultáneamente.
En términos más generales, estas armas podrían compartir tecnologías sin
necesidad de ser misiles idénticos. Los buscadores, la electrónica, los
enlaces de datos, el software, las tecnologías de guiado u otros
subsistemas comunes podrían reutilizarse en toda la familia.
El resultado sería un enfoque fundamentalmente diferente al de simplemente desarrollar un único sustituto para Meteor.
El buscador puede ser tan importante como el motor.
La
parte frontal de una futura arma europea de largo alcance es otra área
donde es probable que se produzcan cambios significativos.
Un
buscador de matriz de exploración electrónica activa (AESA) parecería
una base lógica para un arma de próxima generación. El trabajo previo
del Reino Unido con Japón en el programa conjunto de misiles aire-aire
(JNAAM)
resultó particularmente interesante en este sentido, dada la
experiencia de Japón con buscadores aire-aire de exploración electrónica
activa.
Una infografía del programa JNAAM ofrece una representación
visual aproximada de cómo se habrían combinado los componentes japoneses
y británicos en un solo misil. Ministerio de Defensa de Japón
Un
arma futura podría incorporar capacidad de radiofrecuencia pasiva junto
con su radar activo. Esto proporcionaría otro medio para detectar o
rastrear objetivos emisores y podría aumentar la resistencia del arma en
un entorno electromagnético altamente disputado.
Esta imagen de 2016 nos brindó el primer vistazo al PL-17.Internet chino
Si
dicha capacidad justifica el costo y la complejidad adicionales es otra
cuestión. Un misil multimodo altamente sofisticado será inevitablemente
costoso; sin embargo, las mismas tecnologías podrían resultar útiles
contra una gama más amplia de objetivos que los enfrentamientos
convencionales entre cazas. Tampoco debe descartarse la capacidad
aire-superficie, ya que un buscador pasivo podría dotar al arma de
capacidad antimisiles (ARM).
Otra alternativa de buscador pasivo podría basarse en un sensor infrarrojo de imágenes (IIR)
. Esto podría complementar de forma interesante un buscador de radar
activo, utilizando el mismo tipo de sistema de guiado de trayectoria
intermedia con enlace de datos bidireccional que ya incluye el Meteor.
Podría ser especialmente relevante para interceptar objetivos pequeños o
de baja firma (furtivos) y en un entorno electromagnético muy
disputado.
El arma se está integrando a la red.
Quizás
el cambio más significativo radique en la medida en que los futuros
misiles BVR (más allá del alcance visual) exploten la cadena de ataque más amplia , convirtiéndose en mucho más que armas guiadas por la aeronave que las lanza.
El
requisito fundamental es que el misil sea independiente de la fuente de
seguimiento. Esto significa que un futuro misil aire-aire de largo
alcance podría recibir información de localización de objetivos de un
avión de control de crucero, un avión de alerta temprana
aerotransportado, otro caza, una plataforma naval o, potencialmente,
sensores espaciales.
Por
ejemplo, si el misil Tempest opera junto con los aviones CCA
desplegados en primera línea, el sensor que detecta inicialmente un
objetivo podría ser el propio avión CCA. El avión lanzador podría
entonces recibir la trayectoria, lanzar el arma y seguir recibiendo
actualizaciones de múltiples plataformas.
Como
alternativa, un CCA podría lanzar el arma utilizando la información de
puntería generada por la aeronave tripulada u otro sensor ubicado en
otro lugar de la fuerza, siempre que esté conectado a la red.
Un gráfico de BAE Systems muestra un caza Tempest trabajando
como parte de un equipo en red junto con Typhoon, F-35, E-7 Wedgetail y
drones tipo "compañero de ala leal". BAE Systems
Los
enlaces de datos bidireccionales, la guía en fase intermedia, la
resistencia a la guerra electrónica y la capacidad de aceptar
información de puntería de terceros de alta calidad se convierten en
requisitos fundamentales. Parte de esta funcionalidad está disponible,
en diversos grados, en algunos misiles aire-aire actuales, pero será aún
más importante a medida que el combate aéreo dependa cada vez más de
redes de sensores distribuidas y de la colaboración entre aeronaves
tripuladas y no tripuladas.
Si
puede depender de sensores externos, el alcance del misil ya no estará
limitado por el alcance de los sensores propios del caza lanzador. Ante
la creciente realidad de un entorno de negación de acceso/área
(A2/AD), esto podría permitir el desarrollo de armas que vuelen mucho
más allá de lo que la plataforma de lanzamiento podría detectar e
interceptar de forma independiente. La amenaza A2/AD ya está impulsando
la investigación de misiles de defensa aérea de mayor alcance, potencialmente con un alcance de hasta 1.600 kilómetros (1.000 millas).
Esto
también abre la puerta a conceptos de propulsión más sofisticados,
incluidas armas multietapa diseñadas para combinar un impulso de muy
alta velocidad con una etapa terminal o de sostenimiento independiente.
Por lo tanto, la próxima generación de misiles aire-aire de largo alcance podría definirse tanto por la cadena de ataque en la que se integran como por la arquitectura y el rendimiento del propio misil.
¿Qué le sucede a Meteor?
Meteor
es uno de los ejemplos más destacados de un programa de defensa
multinacional exitoso en Europa. Seis naciones europeas participaron en
su desarrollo, y el programa finalmente produjo un arma que es
ampliamente considerada un sistema de alta capacidad.
Sin embargo, los países que desarrollaron Meteor no necesariamente tienen los mismos requisitos para la próxima generación.
El
Reino Unido está avanzando hacia el programa GCAP/Tempest junto con
Japón e Italia. Sus futuras necesidades de aviación de combate estarán
cada vez más condicionadas por dicho programa y por la evaluación de
amenazas que lo impulsa.
La última maqueta a tamaño real del Tempest da una idea de sus dimensiones. GCAP
El
Reino Unido parece desear un arma de gran tamaño y alto rendimiento,
optimizada para el misil Tempest y la futura misión de superioridad
aérea, especialmente en la región del Indo-Pacífico. Es probable que
Japón necesite algo muy similar.
Mientras
tanto, otros usuarios del Meteor podrían priorizar un arma que pueda
integrarse en los cazas existentes y que siga siendo asequible en
grandes cantidades.
El
programa Comet de Francia podría satisfacer ese requisito, ya que
parece ser una respuesta relativamente rápida a la amenaza emergente. En
ese sentido, Francia podría contar con un arma a corto plazo, un futuro
proyecto completamente nuevo y una relación continua con la familia
Meteor, todo ello mientras persigue sus propios objetivos para el
desarrollo de sistemas aéreos de combate.
En definitiva, no está nada claro si el consorcio Meteor sobrevivirá una generación más, al menos en su forma actual.
¿Podría Japón formar parte de la solución?
Dado
que Japón es socio en el proyecto GCAP/Tempest, y basándose en sus
estudios previos sobre misiles aire-aire con los británicos, resulta
particularmente interesante en este contexto.
Japón
se enfrenta a un entorno de amenazas en el que el combate aéreo de
largo alcance es de suma importancia, y ya ha demostrado capacidades
avanzadas en sistemas de guiado aire-aire con escaneo electrónico activo
(AESA). El misil Mitsubishi AAM-4B, desarrollado en Japón, se convirtió en el primer misil aire-aire en incorporar un buscador AESA.
Aunque
la cooperación previa en materia de misiles aire-aire entre Japón y el
Reino Unido no llegó a convertirse en un programa operativo, ambos
países están desarrollando ahora conjuntamente un avión de combate a
través del programa GCAP.
Dado
que Gran Bretaña y Japón diseñan conjuntamente los futuros aviones de
combate, podrían llegar a desarrollar también algunas de sus principales
armas en colaboración, aunque es probable que los requisitos de Italia
sean muy diferentes.
Pensar más allá del misil
Es
casi seguro que Europa puede construir un misil más rápido que el
Meteor, pero aún quedan muchas preguntas sobre en qué tipo de sistema de
combate aéreo encajará ese misil, o esos misiles.
Un
arma BVR del futuro tendrá que operar desde múltiples tipos de
plataformas (tripuladas y no tripuladas), recibir datos de puntería de
sensores externos, comunicarse con CCA, funcionar en un entorno
electromagnético altamente disputado, atacar objetivos en maniobra a
distancias extremas y conservar suficiente energía para seguir siendo
peligrosa en la fase terminal.
Cada vez parece más evidente que, en lugar de una sola arma, la solución será una familia de efectores.
Para
el Reino Unido, FASE podría convertirse en uno de los programas más
importantes a seguir, ya que podría revelar cómo Gran Bretaña pretende
cerrar la brecha entre Meteor y las armas de la era GCAP/Tempest. En
esta etapa, FASE parece estar dirigido exclusivamente al Reino Unido,
aunque Japón e Italia serían beneficiarios probables, debido a su
colaboración en GCAP.
Maqueta de una posible configuración del Tempest, con los distintivos de la Fuerza Aérea Italiana.Leonardo
Por
otra parte, el misil Comet podría ofrecer una primera indicación de
cómo Francia pretende responder a la creciente amenaza de los misiles de
largo alcance, manteniendo al mismo tiempo la flexibilidad necesaria
para un futuro sistema.
En
cuanto al consorcio Meteor en general, queda por ver si el éxito del
programa se puede trasladar a otra arma multinacional, o si la aparición
del GCAP/Tempest y los requisitos nacionales cada vez más divergentes
marcan el principio del fin del modelo Meteor.
En
cualquier caso, es probable que la próxima generación de armas europeas
de largo alcance sea más grande, más rápida, esté más interconectada y
más integrada con el sistema aéreo de combate que la rodea. Al mismo
tiempo, la necesidad de crear una familia de efectores diseñados en
torno a una fuerza distribuida de aeronaves tripuladas, aviones de
combate aéreo y sensores externos planteará desafíos formidables.