sábado, 17 de octubre de 2026

Revolución Libertadora: Pilotos argentinos se refugian en Uruguay

 
El 16 DE JUNIO DE 1955: EL BOMBARDEO A PLAZA DE MAYO 

Uruguay: el pacto que salvó a los aviadores prófugos

by Silvio Bageneta  | Diario de Mar de Ajó


Fuente: martes 16 de junio de 2015 Redacción ADN Por Juan Brodersen




El plan era una locura: asesinar al presidente. Matar a Juan Domingo Perón. Con una estrategia poco sutil, copiada del ataque japonés a Pearl Harbor y pensada por un ex oficial de la SS de Hitler, la idea de bombardear la casa de Gobierno rondaba por la cabeza del entonces Capitán de la Marina. Estaba todo tan bien pensado que luego de las 12:40 las agencias de noticias deberían estar informando el magnicidio. Pero algo salió mal.

Aunque suene a thriller, esto sucedió el 16 de junio de 1955, cuando una facción rebelde de las fuerzas armadas intentó asesinar a Juan Domingo Perón. Y Ataque a Casa Rosada cuenta cuál fue la trama secreta del atentado presidencial más grande que tuvo la Argentina. La investigación, escrita por el historiador , profesor y además piloto civil Horacio Rivara, recoge testimonios inéditos de los propios protagonistas que dejaron una plaza destrozada, 150 muertos y más de 700 heridos.

“Por las actas de los juicios realizados por el Consejo Superior de las Fuerzas Armadas surge que gran parte de la operación fue delatada por la empleada doméstica del teniente de Navío Carlos Massera, piloto naval y conspirador -hermano de Emilio Eduardo-, quien no estaba tan convencido”, revela. Es que la empleada había sido colocada en ese puesto por el Coronel Osinde, jefe de Inteligencia de Perón, según la meticulosa investigación de Rivara.

Para el autor, el bombardeo fue el huevo de la serpiente: “La proscripción, la guerrilla, la triple A y la guerra de Malvinas pueden ser rastreadas hasta su punto de origen, el 16 de junio a las 12:40 horas”, sentencia. A pocos días de cumplirse 60 años del bombardeo, Rivara repasa los hechos contados en su libro: cómo se pensó y se llevó a cabo el violento ataque que fue el preludio de la dictadura de Aramburu y Lonardi.

– ¿Cómo fue, a nivel táctico, el ataque pensado para matar a Perón con los bombardeos?
– El ataque había sido diseñado para realizarse un miércoles, durante la reunión de Gabinete de ministros. De esa manera, el gobierno quedaría acéfalo, y las Fuerzas Armadas también, ya que a la reunión concurrirían los ministros militares de Ejército, Marina y Fuerza Aérea. El plan de ataque consistía en que hacia las 8 despegarían de Punta Indio, en la desembocadura del Río de la Plata, los pequeños bombarderos en picado Texan, cargando bombas de 50 kilos y los Bimotores beechcraft Kansan, con bombas de 110 kilos. Si Perón estaba vivo, lo tomarían prisionero y esperarían que la flota de mar (que no aprobaba el ataque) y algún cuerpo del Ejército, se les uniera.

– ¿Con qué logística contaba el Capitán de la Marina Jorge Bassi, ideólogo del ataque?
– La Fuerza Aérea tenía, gracias al apoyo de Perón, los aviones más modernos del mundo y la ayuda de técnicos y pilotos alemanes traídos al país tras la derrota de Hitler. La Marina, de pésima relación con el líder, solo contaba con aviones de rezago norteamericanos de la II Guerra, diseñados para entrenamiento y exploración más que para ser de ataque. Sin embargo eran fuertes y confiables, y podían lograr su misión siempre y cuando no fueran atacados por los poderosos jets Glosters. A los marinos les habían prometido que la base de Morón, asiento de estos formidables aviones, sería rebelde. Pero parte de los pilotos de Gloster permaneció leal. Ernesto Adradas, piloto de Jet leal, derribó a un Texan Naval rebelde sobre el Río de la Plata. Los marinos no tenían forma de saber si los Gloster que se acercaban eran amigos que venían a ayudar o enemigos que venían a derribarlos. Por eso los llamaban panqueques, porque creían que se daban vuelta en el aire.

– ¿Qué motivo llevó a este plan de matar al presidente?
– El objetivo del bombardeo estuvo a cargo de Bassi, copiando la estrategia de ataque Japonés al puerto norteamericano a Peal Harbor. Era matar a Perón y a todo su gabinete. Si bien había maneras más fáciles de cometer ese magnicidio (Perón salía todo los días exactamente a las 5.45 AM de la Residencia Presidencial manejando su propio auto Cadillac, sin blindaje, acompañado por otro auto con custodios) se buscaba hacerlo de una manera tan espectacular que quitara la voluntad de lucha a sus millones de seguidores. Al copiar Pearl Harbor, Bassi copió y repitió sus errores. Los Portaaviones Norteamericanos no estaban allí porque el secreto se había filtrado, y lo mismo pasó con Perón, y el ataque sorpresa generó incluso más voluntad de lucha.

– ¿Quién fue Otto Skorzeny, cuál fue su relación con Hitler y cómo llegó a la Argentina? ¿Por qué era “el hombre que no conocía la palabra imposible”?
– Terminada la Segunda Guerra Mundial, las potencias aliadas buscaron hacerse de Científicos Alemanes. Allen Dulles, un agente norteamericano, luego fundador de la CIA, creó con el Vaticano una vía de escape llamada Camino de las Ratas, que comenzaba en un monasterio en Austria, pasaba por Roma y terminaba en Buenos Aires. A través de este camino 6.000 científicos, pilotos y Criminales de Guerra llegaron al país. Dulles reclutó a un joven y brillante italiano, Licio Gelli, como nexo con Perón y el Vaticano. Otto Skorzeny era un oficial de la SS, de la especialidad Comando, a quien Hitler encargaba las misiones más imposibles, como el rescate de Mussolini, preso en el Monte Gran Sasso y el secuestro del hijo del presidente de Hungría. Tras la guerra, si bien fue absuelto de la acusación de crímenes de guerra, huyó a la Argentina y, junto al Piloto de Stuka Hans Rudel, se hicieron muy amigos de Perón.

– ¿Cómo fue convenciendo Jorge Bassi, líder de la operación, al resto de los pilotos de su plan?
– La tarea de ir convenciendo a pilotos de unirse al plan era para Bassi como caminar por un campo minado. Cualquier piloto podía denunciarlo ante las autoridades. Generalmente esperaba a que el designado haga un comentario contrario al Gobierno, y recién ahí se lo tanteaba con cuidado. Pero Bassi no puedo interesar a los almirantes y capitanes con mando de barcos, y muchos le dijeron que si les volvía con algo así, le pegarían un tiro. Hasta se lo planteó al General Lonardi, que se opuso por considerar el ataque una locura.

– ¿Cómo se llevó a cabo el ataque el 16 de junio de 1955 y por qué falló?
– Los aviones despegaron de Punta Indio en medio de una tormenta, con techos bajos y con problemas de comunicaciones entre ellos y la base rebelde por culpa de la niebla. Estuvieron dos horas dando vueltas sobre el río sin poder captar la orden de ataque cuando llegaron a Buenos Aires. Mientras, los pilotos de los Gloster de Morón trataban de tomar la base teniendo en contra a los jefes y a más de 1000 suboficiales, muchos de ellos armados y solo apoyados por algunos conscriptos rebeldes. Por ello los primeros cuatro aviones en despegar fueron leales y atacaron a los aviones rebeldes de la marina. Y Perón había sido avisado por cuatro vías diferentes del ataque inminente y se refugió en el Edificio Libertador, sede del ejército, a solo 150 metros de la Casa Rosada.

– ¿Y cómo fue el momento del bombardeo?
– Los pilotos, por culpa de la nubes, atacaron a muy baja altura, lo que hizo que muchas bombas no llegaran a explotar. Arruinado el elemento sorpresa, varios cañones antiaéreos esperaban a los aviones. Los Kansas realizaron maniobras para evitar el fuego defensivo, lo que hizo que muchas bombas cayeran sobre Paseo Colón, en especial una que hizo volar por los aires un trolebús repleto de pasajeros. Aterrizados en Ezeiza, tomada por la marina, se decidió un nuevo ataque conjunto con la fuerza aérea, que ya dominaba Morón, y los aviones que venían de Bahía Blanca. Mientras tanto, la CGT había llamado a los obreros a la Plaza a defender al Gobierno,y estos, ayudados por la Alianza Libertadora Nacionalista de Guillermo Patricio Kelly se batían a duelo con los infantes de marina y los comandos civiles antiperonistas. En lo peor de la batalla se efectuó el tercer ataque aéreo: el más terrible en cuanto a número de víctimas. Al caer la noche los rebeldes perdieron el control de las bases de Ezeiza y Morón y huyeron, con sus aviones gravemente dañados, a Uruguay, donde el presidente Battle les dió asilo.

– Según tu interpretación, ¿qué lugar ocupa este ataque en la historia de la Argentina del siglo XX?
– El ataque fue la mayor tragedia argentina del siglo XX, con todas las características de una guerra civil, que se reanudó 3 meses después. Fue producto de divisiones absolutamente artificiales y fomentadas tanto desde el gobierno como desde la oposición. Ninguno de los problemas que llevaron a los enfrentamientos era irresoluble, y todos escalaron sin que nadie atinara a ponerle freno. El bombardeo, y las represalias de las horas siguientes, desde la quema de las Iglesias hasta la desaparición del Dr. Ingalinella, comunista opositor a Perón , rompió en pedazos la ya lastimada columna vertebral de la democracia. Los fusilamientos de José León Suárez, la proscripción, la guerrilla (dicho sea de paso, muchos hijos y sobrinos de los pilotos atacantes terminaron militando en Montoneros), la triple A y la guerra de Malvinas pueden ser rastreadas hasta su punto de origen, el 16 de junio a las 12:40 horas.

Fuente: Clarin : https://www.clarin.com/ediciones-anteriores 17/06/2005 al 24/02/2017



Noventa aviadores militares argentinos esperaron en Uruguay la caída del general Juan Domingo Perón. La espera comenzó el 16 de junio de 1955, cuando tras los bombardeos a la Plaza de Mayo y la Casa Rosada 28 aviones aterrizaron en Montevideo y otros cuatro en Colonia. Aquí se revelan algunos detalles de la intimidad de ese tramo de historia argentina. En el ataque se estima que hubo 364 muertos y más de 800 heridos. Ayer, Clarín reveló documentos secretos sobre los personajes responsables de la tragedia.

Mientras todavía giraban las últimas turbinas de los 32 aviones argentinos que habían participado del bombardeo de la Casa Rosada y la Plaza, el presidente Luis Batlle reunía al consejo de gobierno y resolvía otorgar asilo a los 90 oficiales que venían a bordo. Fue un pacto no escrito, pero sostenido en el enfrentamiento entre el gobierno uruguayo y el argentino, fundado en profundas diferencias económicas e ideológicas.

Ese enfrentamiento entre Batlle y Perón se manifiesta en las palabras de uno de los aviadores que llegó al Uruguay: el capitán de fragata (aviador) Néstor Noriega, quien era jefe de la Base Aeronaval de Punta Indio recordaría: «Una semana después me recibió el presidente Batlle Berres. Yo quería agradecerle todo lo que había hecho por nosotros. El presidente me recibe, me abraza, prácticamente se pone a llorar y me dice: ‘vea, no se imagina lo que he rogado para que saliera bien esto y mataran al atorrante ese que nos tiene al Uruguay bajo el zapato’. Los uruguayos iban a vender carne a Holanda a 1,50 dólares. Entonces Perón agarraba y decía: ‘A Holanda se la mandamos a 1,25′».

Los últimos aviones aterrizaron a las seis de la tarde. En Montevideo llegaron a la base aérea militar N° 1, junto al aeropuerto de Carrasco, donde se impuso un férreo control para evitar el ingreso de civiles, en particular, de periodistas y reporteros gráficos. De los 32 aviones que se refugiaron en suelo uruguayo, 28 aterrizaron directamente en la base aérea militar Nø1, y los otros cuatro en Colonia. El hecho de que en allí aterrizaran en un aeropuerto civil, permitió rastrear la identidad de los aviadores.

El primero en llegar, sobre las cuatro y media de la tarde, fue el 3B6 piloteado por el teniente de fragata Alfredo Eustaquio, con los tenientes de corbeta Hugo Albanel y Lagos Martínez, y el guardiamarina Miguel Ángel Londoni. Las radios uruguayas ya hacía 3 horas que contaban lo que ocurría en Buenos Aires.

Poco después llegó el 3A29, que venía únicamente con el piloto, el teniente de corbeta Máximo Rivero Kelly, ex número dos de la Armada durante el gobierno de Raúl Alfonsín. La tercera máquina llegó piloteada por el te niente de navío Eduardo Velarde, con el teniente de fragata Rafael Checachile como copiloto.

A las seis menos cuarto de la tarde, un Gloster Meteor sobrevoló Colonia pero siguió a Carmelo, a unos 10 kilómetros. Iba tripulado por el teniente de navío Armando David Yeannet, de 25 años. Se estrelló en el agua. El bullicio despertó la atención de los vecinos, que corrieron a la costa. Cuando vieron lo que ocurría, un lugareño no dudó en arrojarse vestido como estaba, para socorrer al aviador. Yeannet fue trasladado a un sanatorio, donde le practicaron las primeras curas, y puesto a disposición de los mandos militares locales.

Los que llegaron a Colonia fueron trasladados esa misma noche a Montevideo, y reunidos con sus colegas. Aunque se les había prohibido hablar, uno de los oficiales se aproximó a los periodistas, antes de subir al ómnibus que lo llevaría a Montevideo, abrió sus brazos, y dijo: «nos traicionaron». No agregó más nada.

El celo dispuesto por el gobierno uruguayo para controlar a los aviadores argentinos, parecía centrado en mantener en reserva sus identidades. Una vez reunidos en el grupo de artillería Nø 5, en la calle Burgues, se procedió a proporcionarle a todos ropas civiles de buena calidad, con variedad para tiempo seco y húmedo, documentos de identidad uruguayos, y hasta algunos pesos a quienes nada tenían, para que se ambientaran a sus primeros días en Uruguay. Luego se les otorgó libertad plena dentro del territorio uruguayo. En septiembre, cuando Perón fue derrocado, todos volvieron a Argentina.

A Uruguay llegaron ocho aparatos de dos turbinas Gloster Meteor, dos cuatrimotores Douglas DC4, cinco bombarderos bimotores C47, tres bimotores Beechcrafp AT11 de observación y entrenamiento, 11 monomotores AT6, y tres anfibios bimotores Catalina, uno de los cuales, el primero en llegar, había sido equipado con dos bombas que no había lanzado. Los asilados argentinos se incorporaron rápidamente a la vida de Montevideo, cuyos habitantes tenían posición mayoritaria tomada en contra del gobierno del presidente Juan Domingo Perón. La diáspora argentina antiperonista se había iniciado dos años antes. Los exiliados habían sobrevivido en Uruguay como podían. Un grupo de ellos reunió el dinero, y abrió una librería en 18 de Julio y Plaza de Cagancha, pleno centro de la ciudad, donde asistían a los que tenían más dificultades.

La influencia ideológica de los asilados y exiliados se hacía sentir en las habituales peñas que se realizaban en los bares y confiterías del centro de Montevideo, y en Pocitos. Alberto Methol Ferré, hoy docente de historia en Montevideo y Argentina, un intelectual de cuño católico, se había convertido en un ferviente peronista «desde el 17 de octubre de 1945», confesó a Clarín. Methol era habitual animador de las peñas que se realizaban en Montevideo, porque invariablemente era el único que defendía las ideas de Perón. «Era horrible» la hostilidad que sentía de sus compatriotas por defender esas ideas en 1955, confesó Methol.

Daniel Castagnin, hoy abogado jubilado, realizaba el servicio militar voluntario para la reserva cuando se sucedieron los episodios de 1955 en Argentina, y rápidamente tomó partido por los rebeldes. «Pero después que se fueron los asilados, y los exiliados antiperonistas, el Uruguay se pobló de exiliados y asilados peronistas, lo que me permitió conocer la otra cara de la moneda», contó a Clarín.

viernes, 16 de octubre de 2026

CFS: La opción U212

WVRAAM: Ruhrstahl X-4, el primero

 

Misil guiado aire-aire Ruhrstahl X-4 de la Segunda Guerra Mundial

El Ruhrstahl X-4 se desarrolló durante la Segunda Guerra Mundial, y los trabajos comenzaron en junio de 1943. Durante el desarrollo del Ruhrstahl X-1, una bomba planeadora aire-superficie, el Dr. Max Kramer comenzó a trabajar en un misil aire-aire en 1943.

El objetivo era infligir daños significativos a las formaciones de bombarderos aliados, minimizando al mismo tiempo el riesgo para los pilotos de la Luftwaffe. La estrategia consistía en lanzar los misiles aire-aire desde una distancia segura, fuera del alcance efectivo de las ametralladoras de los bombarderos aliados. Para eludir las capacidades de interferencia radioeléctrica de los Aliados, se seleccionó un sistema de guiado por cable para el misil.

Al igual que otros misiles guiados o bombas planeadoras de la Luftwaffe, este misil aire-aire utilizaba un sistema de guiado manual por línea de visión (MCLOS). El sistema incorporaba una configuración FuG 510 “Düsseldorf” a FuG 238 “Detmold”, que incluía un joystick en la cabina para que el piloto guiara el misil.


Dr. Max Kramer

En 1943, el Mando de Bombarderos de la RAF y la Fuerza Aérea de los Estados Unidos lanzaron una serie de intensos bombardeos sobre Alemania. A pesar de sufrir pérdidas significativas en sus flotas de bombarderos, estos ataques obligaron a la Luftwaffe a buscar armamento antibombarderos avanzado para minimizar la pérdida de sus aviones de combate y tripulaciones.


Sistema de guiado: El X-4 utilizaba un sistema de guiado por cable para evitar las interferencias de los Aliados.

Esto dio lugar a un extenso programa de desarrollo que produjo diversos diseños de cañones automáticos de alto calibre, cohetes aire-aire, misiles tierra-aire (SAM) y el X-4.

El desarrollo del misil X-4 comenzó en junio de 1943 bajo la dirección del Dr. Max Kramer en Ruhrstahl AG. El objetivo era crear un misil que pudiera lanzarse desde una distancia superior al alcance efectivo de las ametralladoras defensivas de los bombarderos, convirtiéndolo esencialmente en un arma de ataque a distancia.

Los cañones defensivos de los bombarderos tenían un alcance efectivo de aproximadamente 1000 metros (3300 pies). El misil fue diseñado para ser lo suficientemente preciso como para garantizar un impacto directo. El X-4 no solo cumplió con estos requisitos, sino que los superó.

Impulsado por un motor cohete BMW 109-448, el misil podía alcanzar velocidades superiores a 1.150 km/h (710 mph) y mantener esta velocidad durante su fase de crucero, que oscilaba entre 1,5 y 4 kilómetros (0,9 y 2,5 millas).

Alas cruciformes Ruhrstahl X-4

El misil X-4 contaba con alas cruciformes aerodinámicamente eficientes, que se inclinaban hacia atrás para minimizar la resistencia al aire cuando se montaba bajo un avión de combate. El control del misil se lograba mediante una combinación de aletas ajustables en las alas y superficies de control adicionales en las aletas de cola.



El misil fue diseñado por el Dr. Max Kramer, ingeniero de Ruhrstahl AG. Tipo: Era un misil aire-aire, uno de los primeros de su clase.

El misil estaba propulsado por un motor BMW 548, que utilizaba propelentes hipergólicos suministrados por un sofisticado sistema de suministro de combustible. Este sistema fue diseñado especialmente para evitar la falta de combustible durante maniobras rápidas y agresivas.

Lanzado desde la misma altitud que el objetivo, generalmente desde atrás, el X4 necesitaba estar a más de 1,5 kilómetros (0,93 millas) de distancia para ser efectivo. Tras el lanzamiento, el piloto mantenía alineados el objetivo y el misil mediante una pequeña palanca de mando integrada en el sistema de control de enlace de mando.

Los cables de control de este sistema se desenrollaban de carretes ubicados en dos de las cuatro alas del misil. Existían planes para equipar el X4 con guiado acústico y un sistema de espoleta para su carga explosiva de 20 kg (40 lb), aunque la mayoría de los misiles finalmente fueron equipados con una espoleta de proximidad.

El cohete del misil utilizaba un propulsor hipergólico compuesto de S-Stoff, que era ácido nítrico con una concentración del 5% de cloruro de hierro, y R-Stoff, una mezcla de aminas orgánicas que comprendía un 50% de dimetilaminobenceno y un 50% de trietilamina, conocida como Tonka 250.

Carenados con forma de bala Ruhrstahl X-4

Esta combinación proporcionó un empuje inicial de 140 kg (310 lb), que disminuyó gradualmente hasta 30 kg (66 lb) durante una combustión de 17 segundos. Debido a las limitaciones de espacio dentro del misil, no había lugar para una bomba de combustible tradicional. En su lugar, los propelentes se inyectaban en el motor mediante pistones dentro de tubos largos y enrollados, diseñados para encajar dentro de la estructura del misil.


Espoleta de proximidad: Utilizaba una espoleta de proximidad conocida como Kranich (Grulla), que estaba sincronizada con el sonido de motores específicos de bombarderos.

El manejo del S-Stoff resultaba particularmente difícil y peligroso, ya que era altamente corrosivo y capaz de disolver metales base. Se habían previsto reemplazar este motor por uno de combustible sólido tan pronto como fuera posible.

El misil se estabilizaba mediante rotación a aproximadamente 60 revoluciones por minuto, o una por segundo. Esta estabilización garantizaba la compensación de cualquier empuje asimétrico del motor o imprecisiones en las superficies de control. Las señales de control para las superficies de cola se transmitían mediante dos cables, una decisión tomada para evitar las interferencias de radio.

Estos cables se desenrollaban de bobinas ubicadas en carenados largos con forma de bala, montados en la base de un par opuesto de las aletas centrales más grandes (inclinadas a 45°), o en las puntas de un par de estas aletas. En total, estos carenados contenían aproximadamente 5,5 kilómetros (3,4 millas) de cable.

Los cables del Ruhrstahl X-4 se controlaban mediante un joystick en la cabina, y se empleaba un giroscopio para mantener la orientación, traduciendo los movimientos del joystick del piloto en ajustes de guiñada y cabeceo a medida que el misil giraba. Para mantener la visibilidad del misil a través del humo de su motor, se colocaron bengalas en dos de las alas de la sección central.

Focke-Wulf Fw 190

La ojiva del misil era un dispositivo de fragmentación de 20 kg (44 lb), con un radio letal de aproximadamente 8 metros (26 pies). El sistema de guiado estaba diseñado para permitir al piloto alinear el misil dentro de este rango en términos de cabeceo y guiñada.


Medidas de visibilidad: Las bengalas acopladas a sus alas ayudaban a mantener la visibilidad a través del humo de su motor.


Sin embargo, dadas las distancias operativas del misil, estimar con precisión el alcance hasta el bombardero objetivo era prácticamente imposible. Por consiguiente, el misil fue equipado con una espoleta de proximidad denominada Kranich (Grulla), que utilizaba un sistema acústico.

Este sistema estaba sintonizado a la frecuencia sonora de 200 Hz de los motores de los bombarderos B-17 durante el vuelo de crucero, y su activación se producía por el efecto Doppler a medida que el misil se aproximaba, con un alcance de activación de siete metros (23 pies).

El primer vuelo de prueba del misil tuvo lugar el 11 de agosto de 1944, utilizando un Focke-Wulf Fw 190 como plataforma de lanzamiento. En pruebas posteriores se utilizaron el Junkers Ju 88 y el Messerschmitt Me 262, aunque no se realizaron lanzamientos desde este último.



Adaptación de la plataforma de lanzamiento: Si bien el Ruhrstahl X-4
fue diseñado inicialmente para cazas monoplaza, posteriormente se adaptó para aeronaves multiplaza debido a la complejidad de su sistema de guiado.

Inicialmente diseñado para cazas monoplaza, como el Me 262 y posiblemente el Dornier Do 335, el misil X-4, debido a su complejidad para guiar simultáneamente el misil y la aeronave, resultó demasiado difícil de manejar. Por consiguiente, se reasignó para su uso en aviones multiplaza como el Ju 88, mientras que el cohete no guiado R4M se destinó a monoplazas.

Diseñado para un montaje sencillo por mano de obra no especializada, el fuselaje del X-4 comenzó a fabricarse a principios de 1945, utilizando materiales económicos y no estratégicos como madera para las aletas. La producción sufrió contratiempos debido a los bombardeos aliados contra la fábrica de motores de cohetes BMW en Stargard.

Aunque se estima que se fabricaron hasta 1000 unidades del X-4, nunca se entregó oficialmente a la Luftwaffe. El caza interceptor diseñado para desplegar principalmente este misil, el Focke-Wulf Ta 183 Huckebein, nunca pasó de la fase de proyecto.

De la posguerra

Tras la guerra, ingenieros franceses intentaron desarrollar una versión nacional del X-4, denominada Nord SS.10. Entre 1947 y 1950 se fabricaron alrededor de 200 unidades.


El misil francés Nord Aviation SS.10.


A finales de 1955, Israel encargó 36 lanzadores de misiles SS.10, que se entregaron al año siguiente. Sin embargo, su llegada fue demasiado tardía para que las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) los utilizaran durante la
Crisis de Suez de 1956. Posteriormente, se desarrolló una versión autopropulsada con cuatro lanzadores montados en un camión Dodge. A principios de la década de 1960, las FDI retiraron gradualmente los misiles SS.10, sustituyéndolos por los SS.11.

El Ejército de los Estados Unidos mostró interés en el misil desde un principio, pero se centró inicialmente en desarrollar el suyo propio, conocido como el misil SSM-A-23 Dart. Tras la cancelación del SSM-A-23 en 1958, el Ejército de los Estados Unidos comenzó a considerar seriamente los misiles SS.10 y SS.11. En febrero de 1959, optaron por adquirir el SS.10 como solución provisional. El misil se entregó en enero de 1960 y permaneció en servicio hasta 1963, cuando fue reemplazado por el MGM-32 Entac. Durante su servicio en el Ejército de los Estados Unidos, el misil fue designado como MGM-21A.

El Ruhrstahl X-4 sentó las bases de los misiles antitanque contemporáneos, muchos de los cuales adoptaron sistemas de guiado por cable por su fiabilidad y resistencia a las contramedidas.





jueves, 15 de octubre de 2026

Malvinas: Gran Bretaña preocupada por los futuros 3 SSK argentinos

Sikorsky UH-60: Los nuevos super interesantes morros de los Blackhawks

Sikorsky pretende que las modificaciones en la parte delantera de los helicópteros Black Hawk estén disponibles en el próximo año.

Un morro intercambiable de mayor tamaño ofrece la oportunidad de incorporar rápidamente nuevas capacidades y flexibilidad a los helicópteros H-60, tanto antiguos como nuevos.

Joseph Trevithick , Howard Altman || TZW




La nueva sección frontal modular del UH-60 permitirá añadir rápidamente nuevas capacidades según lo requieran las misiones.
Sikorsky

Sikorsky tiene previsto ofrecer en el próximo año una nueva sección frontal modular y fácilmente intercambiable para la veterana familia de helicópteros H-60 . Estas secciones estarán disponibles para los H-60 ​​de nueva producción, además de poder adaptarse a los helicópteros actualmente en servicio. La modificación de la sección frontal permitirá a los operadores reconfigurar sus H-60 con relativa rapidez para misiones muy diversas, desde el transporte de carga hasta el uso como helicópteros de ataque , según sea necesario. Asimismo, abre nuevas posibilidades para la integración de capacidades autónomas y otras funcionalidades avanzadas.

Nuestro compañero Howard Altman tuvo la oportunidad de hablar con representantes de Sikorsky, ahora filial de Lockheed Martin, sobre los planes para el nuevo morro de la serie H-60 en la convención anual principal de la Asociación del Ejército de los Estados Unidos (AUSA) . Esto forma parte de una visión más amplia para mantener la relevancia operativa del diseño en la década de 2070, que también incluye motores mejorados y una mayor capacidad de carga útil total. Puede leer más sobre la estrategia general del Black Hawk 2070 aquí .



Dentro del plan “Black Hawk 2070” de Sikorsky para el UH-60

De los distintos elementos del Black Hawk 2070, «el morro es uno de los mejores, y su desarrollo avanza a un ritmo bastante acelerado. En el próximo año, aproximadamente, estará disponible para su modernización o para su producción en serie», declaró Jason Wrigley, director de desarrollo comercial de Black Hawk en Sikorsky. «Hemos completado un ciclo de diseño».

Tal como está planteada actualmente, la nueva estructura del morro ofrecerá aproximadamente el doble de espacio físico que el morro estándar de los H-60 de la generación actual.

“Hemos terminado el diseño. Luego imprimimos en 3D las partes frontales para poder interactuar físicamente con ellas, ya que el objetivo principal es facilitar el mantenimiento y el acceso para poder integrar estos diferentes sensores y equipos de comunicaciones”, continuó. “Hemos recibido comentarios de los ingenieros, los operadores y el personal de mantenimiento, y eso se incorpora al siguiente ciclo de diseño”.

Explorar formas de optimizar el acceso a las áreas del nuevo morro fue un objetivo principal de esta "prueba de impresión", según Wrigley. Sikorsky exhibe esta semana en AUSA un modelo a escala que muestra cómo el diseño actual se abre desde la parte superior, como se ve a continuación. Garantizar que sea posible mantener los sistemas internos suficientemente refrigerados también ha sido una consideración importante en el diseño.


Jamie Hunter

En general, “simplemente estamos confirmando si podemos llegar a todos los lugares que necesitamos. ¿Cuáles son las diferentes configuraciones?”, añadió. Ha habido “mucho trabajo con el Ejército [de EE. UU.] sobre qué se podría instalar aquí”.

“Este es uno de esos casos en los que todo nuestro equipo de ingeniería se siente más cómodo. No fue algo en lo que el Ejército se acercó a nosotros y nos dijo: ‘Esto es exactamente lo que quiero. Estas son mis especificaciones’”, señaló también. “Fue más bien: ‘Esto es lo que quiero lograr. Esto es lo que quiero poder hacer’. Y entonces nos pusimos manos a la obra y lo diseñamos”.


Otra mirada al modelo Black Hawk de morro alargado que se exhibe en AUSA. Jamie Hunter

“Me gusta destacar esto porque forma parte de la manera en que también estamos cambiando la forma en que diseñamos y entregamos el Black Hawk”, agregó Wrigley a modo de comentario. “Así que estamos trabajando en un entorno basado en modelos”.

Si bien Wrigley mencionó inicialmente, cuando habló con nosotros hoy, sensores y equipos de comunicaciones como posibles cargas útiles para alojar en ese espacio adicional, más adelante dejó claro que estas son solo algunas de las opciones potenciales.

“Se utiliza el término antiguo, pero es arquitectura abierta, y la idea principal es que todo lo que requiera la misión” puede integrarse en estas nuevas extensiones del morro, explicó. “Siempre hay demanda de espacio en la parte delantera”.

Es cierto que las variantes más especializadas del H-60, como los MH-60 operados por el elitista 160.º Regimiento de Aviación de Operaciones Especiales del Ejército de EE. UU. , suelen tener morros modificados equipados con radares, otros sensores y sistemas adicionales. Los nuevos helicópteros de rescate HH-60W Jolly Green II de la Fuerza Aérea de EE. UU. son otro claro ejemplo de esto, y existen muchos más.


Vista frontal de uno de los MH-60 del 160.º Regimiento de Aviación de Operaciones Especiales, con el morro completamente repleto de sensores y otros sistemas. USN


Una mirada al distintivo morro del HH-60W Jolly Green II, repleto de sensores y otros equipos. USAF

“Hay un gran énfasis en la arquitectura abierta y en la capacidad de conectar y usar rápidamente”, dijo Wrigley a TWZ a principios de este mes en el contexto del plan más amplio del Black Hawk 2070. “El nuevo morro modular cambiará la apariencia del Black Hawk en la parte delantera para proporcionar aún más espacio para equipos que funcionarán directamente con la nueva arquitectura digital”.

En lo que respecta al intercambio de morros modulares en helicópteros individuales, Wrigley dijo que todavía es demasiado pronto en el proceso de diseño para saber exactamente cómo se haría y cuánto tiempo podría llevar hacerlo en la práctica.

“Parte del proceso de diseño consiste también en redactar la documentación para la reforma, pero no consideramos que esta sea muy invasiva”, explicó.

No es difícil imaginar casos de uso para los H-60 ​​de morro alargado, especialmente aquellos que pueden reconfigurarse entre misiones, y no solo para el Ejército de EE. UU. Como ya señaló Wrigley, existe una demanda de larga data de H-60 ​​con morros más largos y grandes para albergar sistemas de misión adicionales. Los morros modulares, en general, se han vuelto cada vez más comunes en el diseño aeronáutico desde hace algún tiempo.

La capacidad de intercambiar fácilmente las secciones frontales modulares también podría permitir a los operadores, incluso de flotas relativamente pequeñas de H-60, obtener un valioso grado de capacidad multimisión. Por ejemplo, los helicópteros de carga podrían convertirse en helicópteros de ataque y viceversa, según sea necesario, utilizando un pequeño conjunto común de secciones frontales con los sensores, designadores láser y demás equipos necesarios. Todo esto podría ofrecer ventajas en cuanto a costes de mantenimiento y logística, así como una mayor flexibilidad operativa.

El modelo Black Hawk de morro alargado que se exhibe en AUSA está configurado como helicóptero de ataque. Sikorsky también ha mencionado anteriormente la posibilidad de aprovechar el nuevo morro para reconfigurar los H-60 ​​para búsqueda y rescate, control de drones aéreos y otras misiones.


Vista completa del modelo del H-60 configurado como helicóptero de ataque con el nuevo morro modular, expuesto en AUSA. Jamie Hunter

El simple hecho de poder instalar un radar para una serie de misiones y luego cambiar rápidamente a un sistema de vigilancia electroóptica de amplio alcance u otro tipo de sensor para la siguiente tanda de salidas, aportaría una mayor adaptabilidad al ya de por sí flexible Black Hawk. Los sistemas defensivos también podrían intercambiarse fácilmente entre aeronaves, así como actualizarse con mayor rapidez, según fuera necesario.

El morro modular también abre la puerta a una nueva forma de integrar capacidades avanzadas, incluidos los paquetes de autonomía, lo que, según Wrigley, también impulsa la demanda de más espacio en la parte delantera del helicóptero. Sikorsky lleva años desarrollando diversos niveles de capacidades autónomas para la familia H-60 , incluidos "copilotos" impulsados ​​por inteligencia artificial diseñados para ayudar a reducir la carga de trabajo de la tripulación humana y aumentar los márgenes de seguridad. Las capacidades de vuelo autónomo requieren sensores adicionales, como LIDAR y cámaras, para ayudar con la navegación y proporcionar una mayor conciencia situacional. Al menos algunos de estos componentes podrían alojarse en los nuevos morros modulares.

Al mismo tiempo, integrar mayores grados de autonomía podría requerir modificaciones más sustanciales. Sikorsky está desarrollando una versión totalmente no tripulada del H-60, con la intención de adaptar los Black Hawk más antiguos a esta configuración a medida que se retiran del servicio, como se puede leer aquí.



Presentación de la miniatura del S-70UAS™ U-Hawk™
Presentamos el S-70UAS™ U-Hawk™

En consonancia con la visión del Black Hawk 2070, los morros modulares también podrían formar parte de una estrategia más amplia para modernizar las flotas de H-60 existentes.

“En nuestras conversaciones con el Ejército, creo que han estado usando una frase que llaman modernización selectiva”, nos dijo Wrigley, hablando en términos generales. “Es una tarea abrumadora, considerando que hay entre 1000 y 1500 helicópteros Black Hawk en inventario. Si se intentara modernizar cada uno de ellos, sería una empresa muy costosa y probablemente llevaría mucho tiempo”.

“No creo que lo estén pensando de esa manera. Creo que lo están considerando más bien a nivel de batallón o de unidad”, continuó. “Por ejemplo, ¿cuál es la misión? Y tal vez algunos Black Hawk se modernizan con autonomía, y otros con capacidad de lanzamiento de efectos ampliada, el motor, mejoras estructurales, alas cortas, cosas así”.

“Tal vez algunos de ellos se conviertan en 'Superhawks' o algo así, [y] obtengan el paquete completo”, agregó.

Sin duda, aún queda trabajo por hacer en el desarrollo del nuevo morro modular y su posterior integración en la plataforma H-60. Al mismo tiempo, Sikorsky ya percibe una clara demanda para esta nueva característica, lo que podría generar un amplio abanico de nuevas oportunidades para los helicópteros H-60, tanto nuevos como antiguos.

miércoles, 14 de octubre de 2026

Ejercicio Arandú 2026: Leopard 1A5 marchando con un TAM 2C A2

SAM: La historia del reciclado AGM-122 "Sidearm"


El misil antirradiación AGM-122 “Sidearm” (ARM) es uno de los sistemas de misiles operativos menos conocidos en los anales de la historia del combate aéreo, pero su creación fue bastante ingeniosa y probablemente podríamos usar algo muy similar hoy en día. 

La historia del legendario misil aire-aire Sidewinder es compleja, con docenas de variantes que llevan diferentes designaciones de letras, todas diseñadas, probadas y, en muchos casos, desplegadas operativamente durante las últimas seis décadas. Entre ellas se incluyen una variante superficie-aire, el MIM-72, que equipaba el sistema móvil de defensa aérea de corto alcance  M48 Chaparral , el misil aire-tierra AGM-87 Focus, e incluso una variante destinada a defender submarinos que intentaban ocultarse de la vigilancia de los aviones de patrulla marítima y los helicópteros antisubmarinos. Pero la versión AGM-122 del Sidewinder es quizás la más novedosa, y su origen se remonta a la fusión de dos tipos de Sidewinder, siendo el otro el efímero AIM-9C. 

A finales de la década de 1970, se hizo evidente que el Pentágono necesitaba un misil antirradiación ligero capaz de ser desplegado en helicópteros de ataque, concretamente en el futuro AH-64 Apache y el ya probado en combate AH-1 Cobra. Estos helicópteros podían encontrarse operando cerca de sistemas de defensa aérea guiados por radar enemigos o bajo su amenaza. Debido a su tamaño, el misil también podría desplegarse teóricamente a bordo de aviones de ataque que proporcionaran apoyo aéreo cercano en lugar de misiles aire-aire de corto alcance.

Adaptar el diseño básico del popularísimo AIM-9 Sidewinder para este requisito era la opción más lógica, ya que ahorraría en costes de desarrollo y producción, y facilitaría su integración en las aeronaves. Sin embargo, no se llegó a construir nuevas variantes del Sidewinder, el AGM-122 «Sidearm». En su lugar, el programa ideó una solución innovadora: reutilizar una variante del Sidewinder ya fuera de servicio para satisfacer sus necesidades de misiles antirradiación ligeros.

El AIM-9C Sidewinder, a veces denominado "Sidewinder de radar", fue diseñado específicamente para el F-8 Crusader a principios de la década de 1960. El misil era similar al AIM-9D en muchos aspectos, pero en lugar de un buscador infrarrojo, utilizaba un buscador de guiado por radar semiactivo (SARH) capaz de alcanzar objetivos detectados por el radar del F-8. La principal ventaja del SARH sobre el guiado infrarrojo radicaba en que los misiles podían impactar directamente a las aeronaves enemigas, algo que los Sidewinder de aquella época no podían hacer. En cambio, requerían que el F-8 maniobrara hacia la parte trasera del objetivo para que el buscador infrarrojo detectara los gases de escape calientes de la aeronave enemiga. Los Sidewinder guiados por radar también podían emplearse con mayor facilidad en cualquier condición meteorológica y de noche.


Un F-8 con misiles AIM-9C.,
Armada de los Estados Unidos

Se fabricaron aproximadamente 1000 misiles AIM-9C, pero el concepto tuvo una vida corta debido a las limitaciones del radar y el sistema de control de tiro del F-8. Como resultado, dos décadas después, mucho después de que el F-8 hubiera cesado sus operaciones de caza, y en un momento en que el programa AGM-122 estaba llegando a su fin, existían grandes existencias de estos misiles. La conversión Sidearm consistió básicamente en la instalación de un buscador de guiado por radiación electromagnética pasiva de banda ancha en lugar del buscador SARH de banda estrecha del AIM-9C, así como en la revisión de otros componentes del misil y la instalación de una nueva sección de espoleta y un motor cohete actualizado, similar al utilizado en el AIM-9L/M. 

Piénsalo como una especie de ingenioso programa de reciclaje de misiles. 

La configuración general se probó en NAWS China Lake en 1981 y se consideró un éxito. Para entonces, el Ejército había perdido interés en el programa, pero el Cuerpo de Marines de los Estados Unidos siguió adelante con una iniciativa para desplegar el misil antirradiación ligero en sus aviones AV8 Harrier, A-4 Skyhawk y helicópteros de ataque AH-1 Cobra.


Un misil AGM-122 a punto de destruir el emisor del radar durante una prueba en el campo de tiro de la estación meteorológica automática de China Lake. (
USN)

Motorola ganó un contrato en 1984 para convertir las existencias restantes de misiles AIM-9C a la configuración AGM-122A, y las conversiones comenzaron en 1986. Para 1990, los últimos de los aproximadamente 700 misiles AIM-9C se habían convertido en AGM-122A. 

El misil podía fijar como objetivo una amplia variedad de sistemas de radar enemigos y perseguirlos incluso en movimiento, aunque a distancias relativamente cortas (alrededor de nueve millas en teoría), pero a menudo mucho menores en la práctica, ya que el arma se disparaba desde baja altitud. La artillería antiaérea y los sistemas de defensa aérea de corto alcance (SHORADS), como las posiciones de misiles tierra-aire de defensa puntual y los sistemas antiaéreos móviles montados en vehículos, eran los objetivos principales del misil, pero también podía usarse para atacar buques enemigos que emitieran energía de radar amenazante. Era un arma increíblemente simple pero efectiva.


Un AV-8A Harrier en NAWS China Lake equipado con un misil AGM-122 Sidearm. ,
USN

Una vez disparado, el misil estaba programado para realizar una maniobra de ascenso rápido que le permitiera realizar un ataque terminal en picado contra el emisor objetivo. Si bien carecía del alcance, la velocidad y la capacidad de procesamiento avanzada del misil antirradiación de alta velocidad AGM-88 (HARM), seguía siendo relevante. La única salvedad era que la aeronave que lo transportaba tendría que enfrentarse a la amenaza a una distancia considerablemente menor para poder destruirla. 

Cabe destacar también que el misil Sidearm estaba diseñado para destruir el emisor del radar —básicamente la antena— y no el vehículo blindado ni la infraestructura circundante en la que está montado. En otras palabras, se trata de un arma de supresión de defensas aéreas enemigas, concebida para neutralizar un sistema de defensa aérea enemigo, no para aniquilarlo por completo junto con sus operadores. El AGM-122 utilizaba la misma ojiva de fragmentación continua que el AIM-9C, lo que le confería una capacidad destructiva limitada, pero una alta probabilidad de causar un impacto fatal en el emisor. 

Finalmente, el misil Sidearm fue desplegado principalmente por el Cuerpo de Marines de los Estados Unidos en sus helicópteros de ataque Cobra y aviones de despegue vertical AV8 Harrier. Con el paso de los años, los misiles fueron retirados gradualmente o dados de baja al alcanzar su fecha de caducidad. Se planeó construir desde cero un sucesor mucho más capaz y reprogramable, denominado AGM-122B, una vez que todos los AIM-9C fueran convertidos, pero la financiación de las fuerzas armadas para esta extensión del programa nunca se materializó.


Un misil AGM-122 montado en un Cobra durante las pruebas realizadas en 1981. ,
USN

La historia de Sidearm es relevante no solo porque demostró que reutilizar una plataforma existente puede ser una propuesta viable y económicamente beneficiosa, sino también porque un ARM ligero es realmente más relevante hoy en día que hace 30 años. 

Los modernos sistemas de defensa aérea terrestres actuales son cada vez más móviles y letales. Sistemas como el Pantsir S1 , el 2k22 Tungusta y el Tor, sistemas móviles de defensa aérea de corto alcance rusos, y muchos otros de países aliados y no aliados, se han proliferado drásticamente en todo el mundo. Estos sistemas son difíciles de localizar y destruir mediante tácticas convencionales de supresión y destrucción de defensas aéreas enemigas (SEAD/DEAD) y pueden aparecer prácticamente en cualquier lugar. 

Los helicópteros avanzados con receptores de radar de alerta y guiado capaces podrían detectar la presencia de estos sistemas, tras lo cual podrían intentar evitarlos o atacarlos; sin embargo, contar con la opción de neutralizarlos sin tener que realizar un ataque convencional sería beneficioso. Una versión actualizada del Sidearm, capaz de ascender desde baja altitud, detectar, localizar y destruir un emisor enemigo sin poner en riesgo directo al helicóptero, podría ser una herramienta muy útil en los campos de batalla de negación de acceso del futuro. La flota de A-10 Warthog de la USAF, que se supone que estará en servicio al menos hasta 2030, también podría beneficiarse de un arma de este tipo, al igual que un avión turbohélice de ataque ligero si la USAF finalmente lo desplegara de forma permanente.

Basar dicho diseño en la versión más reciente del Sidewinder, el AIM-9X, tendría mucho sentido y ofrecería un rendimiento cinemático mejorado con respecto al AGM-122, pero un misil de corto alcance ya tiene la capacidad de dirigirse hacia las emisiones de los radares enemigos: se trata del pequeño pero muy ágil misil RIM-116 Rolling Airframe Missile (RAM). 

Este misil se utiliza como arma principal de defensa puntual para la Armada de los EE. UU. y muchos buques de la OTAN. Al igual que el AGM-122, utiliza componentes del Sidewinder para su plataforma básica, pero cuenta con un buscador de modo dual que localiza rápidamente las emisiones de radar de los misiles enemigos, además de incorporar el buscador infrarrojo de un sistema portátil de defensa antiaérea  FIM-92 Stinger  (MANPADS) . Utiliza ambos sistemas para fijar y atacar con precisión los misiles de crucero antibuque enemigos entrantes, algunos de los cuales pueden alcanzar velocidades supersónicas. 


El misil RIM-116 está siendo probado. (
AP)

Una versión simplificada de este misil, sin buscador infrarrojo y con un piloto automático especializado, podría proporcionar a los helicópteros y aviones de ataque estadounidenses que vuelan a baja altitud la capacidad de reacción rápida para neutralizar las defensas aéreas enemigas que necesitan. Además, probablemente podrían programarse para detectar y destruir otras emisiones, como señales de radio y enlaces de datos. Si se mantuviera el buscador infrarrojo, podrían funcionar como un misil de doble función, capaz de destruir emisores de radar enemigos y derribar otros helicópteros y aviones que vuelan a baja altitud, así como drones, a corta distancia.
 

El AT-6 es uno de los aviones que la USAF está considerando como posible avión ligero de ataque y vigilancia.
Beechcraft

En cierto modo, el AGM-122 puede considerarse casi un programa piloto, un precursor de un misil mucho más capaz, pero también relativamente disponible en el mercado, que puede adaptarse para usos similares y ampliados. Pensemos en él como el Sidearm II. Pero todo depende de que exista voluntad política en las fuerzas armadas para respaldar un proyecto de este tipo. Por el momento, no parece existir, lo cual resulta extraño. La fuerte dependencia de la guerra electrónica y la mejora del conocimiento de la situación podrían ser las responsables. Sin embargo, ahora que el A-10 seguirá en servicio durante mucho tiempo, y que una flota de aviones ligeros de apoyo aéreo podría empezar a desempeñar las funciones de los cazas en conflictos de menor intensidad, sin mencionar la creciente amenaza de los drones, quizás haya llegado el momento del concepto Sidearm.