martes, 20 de octubre de 2026

U-209NG: Sistema de combate submarino ORCCA

ORCCA: el cerebro de los nuevos submarinos alemanes y su posible llegada a la Armada Argentina

De la señal acústica a la decisión del comandante: cómo funciona el sistema de combate desarrollado por KTA Naval Systems, qué hay realmente detrás de sus pantallas y por qué su incorporación al Tipo 209NG supondría un cambio profundo para los submarinistas argentinos.

Esteban McLaren - FDRA (c)


Ilustración generada mediante inteligencia artificial. Representa hipotéticamente a oficiales y suboficiales de la Armada Argentina operando un centro de combate integrado inspirado en ORCCA. No muestra un submarino argentino existente ni reproduce interfaces operativas certificadas.

En una sala de combate sumergida, la información nunca llega ordenada. Un operador escucha señales acústicas; otro revisa trazas que podrían corresponder a un contacto; el oficial de guardia examina la derrota propia y las restricciones de navegación. Los datos son parciales y no siempre coinciden. Lo que necesita el comandante no es ver todas las pantallas a la vez: necesita saber qué se ha detectado, con qué grado de confianza y qué opciones tiene disponibles.

Esa es la dificultad a la que intenta responder ORCCA, el sistema integrado de combate para submarinos convencionales que desarrolla KTA Naval Systems, empresa creada por Thyssenkrupp Marine Systems (TKMS), ATLAS ELEKTRONIK y Kongsberg Defence & Aerospace. Su objetivo no es agregar una computadora más a bordo, sino conectar sensores, navegación, comunicaciones, análisis táctico y control de armas mediante una arquitectura común, con puestos de trabajo capaces de asumir distintas funciones.

La cuestión adquirió relevancia para la Argentina: el Tipo 209NG ofrecido por TKMS para recuperar la capacidad submarina de la Armada contempla ORCCA como parte de su sistema de combate. A octubre de 2026, sin embargo, no existe una compra argentina adjudicada ni un ORCCA instalado en una unidad argentina. Las escenas de tripulantes nacionales que acompañan esta nota son ilustraciones de una posibilidad, no fotografías de equipamiento en servicio.

1. De tres compañías a una arquitectura común

El origen institucional del programa se remonta a octubre de 2017, cuando se constituyó KTA Naval Systems. La empresa reúne la experiencia de TKMS como integrador y constructor de submarinos, la trayectoria de ATLAS ELEKTRONIK en sistemas acústicos, electrónica naval y armas submarinas, y las capacidades de Kongsberg en sistemas de combate, navegación, tratamiento de información y simulación.

En septiembre de 2019, durante SubCon, se presentó públicamente ORCCA como la nueva generación de sistemas de combate para submarinos no nucleares. La propuesta se concentraba en tres características: integrar información heterogénea en consolas multifunción, permitir incorporar tecnologías y componentes de diferentes proveedores y mantener una separación segura entre los distintos dominios de comunicación e información.

El desarrollo no quedó en un anuncio inicial. En septiembre de 2024, KTA comunicó que había completado la Critical Design Review (CDR) del sistema para el programa germano-noruego Tipo 212CD. La revisión marcó el cierre de una fase de diseño y el paso hacia integración, construcción y ensayos; no significó que el equipo ya hubiera acumulado años de servicio operativo. Ese mismo mes, KTA mostró en la conferencia SubCon un demostrador del Centro de Información de Combate (CIC) con consolas multifunción, pantallas adicionales y un puesto para el comandante.

El 17 de diciembre de 2025, Kongsberg anunció un contrato de 3.500 millones de coronas noruegas para suministrar elementos de ORCCA destinados a seis submarinos Tipo 212CD, cuatro alemanes y dos noruegos. La cifra corresponde al contrato de componentes de Kongsberg, no al precio total de ORCCA, ni al costo de cada submarino. En su documentación de 2026, KTA lo presenta como una familia de sistemas adaptable a diferentes configuraciones, y TKMS lo incorpora a la oferta de los 209NG y 214NG.


Fotografía del demostrador de ORCCA exhibido por KTA Naval Systems en SubCon 2024. Se observan consolas de uso multifunción; no es una fotografía tomada dentro de un submarino en operaciones. Fuente: KTA Naval Systems.

2. Qué es exactamente ORCCA

En terminología naval conviene distinguir el sistema de gestión de combate (Combat Management System, CMS) del sistema de combate integrado (Combat System). El CMS procesa y presenta información táctica, ayuda a gestionar contactos y facilita decisiones. El sistema integrado comprende, además, las conexiones con sensores, enlaces de datos, navegación, sistemas de mando, control de armas y otros subsistemas. ORCCA se ofrece como ese conjunto integrado, dentro del cual la gestión del combate es uno de los módulos centrales.

La arquitectura difundida por KTA utiliza una infraestructura informática compartida, un concepto de centro de datos escalable para el espacio y las restricciones de un submarino diésel-eléctrico y estaciones de trabajo multifunción. La documentación comercial señala que la plataforma permite actualizaciones de hardware y software, virtualización, integración de equipos de terceros, ciberseguridad desde el diseño y adaptación de las funciones a la doctrina de cada armada.

Esto reemplaza, al menos en el plano de diseño, la lógica de compartimentos informáticos relativamente aislados por una lógica de información interconectada. El operador no necesita consultar una consola diferente para cada origen de datos. Puede acceder a vistas pertinentes a su función dentro de una interfaz coherente; las tareas pueden redistribuirse entre puestos conforme a la configuración y el personal disponibles.

La apertura de arquitectura no equivale a que el código fuente sea público ni a que cualquiera pueda instalar cualquier dispositivo sin ingeniería adicional. Significa que el fabricante prevé mecanismos para integrar, validar y mantener componentes de proveedores diferentes. Cada integración exige interfaces técnicas, certificación, seguridad, mantenimiento y, cuando corresponde, autorizaciones de exportación.

Esquema oficial de arquitectura: sensores y subsistemas —sonar, guerra electrónica, comunicaciones, observación, enlaces, navegación y armas— confluyen en la infraestructura y el centro de información de combate. Fuente: KTA Naval Systems.

Los módulos que aparecen en la documentación oficial

Módulo Función dentro del sistema integrado
Sonar Adquisición y procesamiento de información acústica; detección, clasificación y seguimiento según los sensores instalados.
Guerra electrónica Recepción y análisis de información electromagnética procedente de los equipos incorporados.
Visual / optrónico Incorporación de imágenes e información obtenidas por mástiles y sensores de observación.
Navegación Integración de posición, derrota, cartografía y datos de navegación.
Comunicaciones y enlaces Distribución e intercambio de información por los medios compatibles y disponibles.
Gestión de combate Organización de contactos, representación de la situación táctica y asistencia al análisis.
Mando y control Apoyo a la coordinación de funciones y al proceso de decisión del mando.
Control de armas Integración de los equipos y procedimientos de empleo de armas autorizados para la configuración contratada.
Entrenamiento a bordo Posibilidad de ejercitar procedimientos con simulación en entornos previstos para ello.
Infraestructura Recursos informáticos, interfaces, disponibilidad de servicios y mecanismos de protección.

Esta enumeración describe familias funcionales, no un inventario definitivo de los equipos que recibiría la Argentina. ORCCA puede conectarse con distintos sensores y armas; la selección concreta depende del contrato de cada cliente.

3. La consola deja de definir el puesto

El detalle más visible del concepto ORCCA es su puesto multifunción. En un centro de combate tradicional hay estaciones asociadas de manera bastante rígida a tareas como sonar, navegación, análisis táctico o control de armas. En la arquitectura promovida por KTA, las diferentes funciones pueden estar disponibles desde cada consola, con vistas y tareas asignadas según el rol de quien la utilice.

No debe interpretarse esto como que todos los tripulantes controlan simultáneamente cualquier arma o acceden sin restricciones a cualquier dato. Los permisos, las autorizaciones, las responsabilidades del mando y la validación de las acciones siguen siendo cuestiones críticas. La novedad reside en separar, en mayor medida, la función operativa del puesto físico y ofrecer una representación coherente de la información.

Hay una consecuencia práctica: una tripulación puede organizarse de manera distinta según la fase de navegación, el tipo de misión, la dotación disponible o una avería. También puede compartir elementos de la situación táctica sin reconstruir manualmente la misma información en varias estaciones. KTA presenta este diseño como una forma de reducir la carga de trabajo y sostener tripulaciones más eficientes, aunque no publica datos independientes que permitan cuantificar cuánto disminuyen los tiempos de reacción o los errores.


Recreación mediante IA de una operadora naval argentina examinando datos de sensores. Las pantallas son conceptuales: no constituyen una captura auténtica de la interfaz ORCCA.

4. Los sensores siguen siendo los ojos y los oídos

La integración informática importa, pero no reemplaza la física. El rendimiento real de un sistema de combate depende tanto del software como del conjunto de sensores que alimentan sus algoritmos, de la calidad del procesamiento y del ambiente submarino.

Sonar. Un submarino convencional basa buena parte de su conocimiento del entorno en la escucha pasiva. Un contacto puede advertirse como energía acústica cuya dirección, características temporales y componentes de frecuencia deben estudiarse. De acuerdo con la configuración elegida, el sistema puede recibir información de arreglos instalados en el casco, arreglos laterales y otros equipos acústicos. No corresponde atribuir a ninguna versión de ORCCA un conjunto fijo de hidrófonos, capacidades de detección o distancias concretas.

Kongsberg describe, dentro de su oferta de procesamiento de sonar para submarinos, técnicas de conformación de haces convencionales, adaptativas y de subespacios, además de capacidades de seguimiento y Target Motion Analysis (TMA). Esa oferta proporciona contexto tecnológico sobre uno de los socios de KTA, pero no demuestra que cada algoritmo anunciado por Kongsberg forme parte, sin modificaciones, de toda instalación ORCCA.

Análisis de movimiento de blancos. Una demora acústica, por sí sola, no proporciona la posición completa de otro buque. Para estimar su rumbo, velocidad y distancia se requiere reunir observaciones y contrastar hipótesis, considerando la incertidumbre. La gestión de combate presenta y correlaciona esos resultados de manera que el oficial pueda compararlos con otros indicios. Una representación gráfica convincente no elimina los errores de medición ni convierte una estimación en certeza.

Guerra electrónica y sensores optrónicos. Cuando el submarino utiliza los sensores adecuados, la información electromagnética y visual puede contribuir a identificar o descartar contactos y completar la situación de superficie. La incorporación de esos datos en una misma arquitectura permite contrastar fuentes, pero cada sensor impone restricciones físicas y operativas propias.

Navegación. La información de posición y movimiento del propio submarino es inseparable de la situación táctica. Una mala referencia de navegación contamina el cálculo de los contactos. La arquitectura de Kongsberg contempla navegación de combate y distribución de datos hacia otros subsistemas, con la posibilidad de integrar equipos específicos del cliente. En mayo de 2026, por ejemplo, Kongsberg anunció un memorando con la canadiense OSI Maritime Systems para explorar la incorporación de su tecnología de navegación al ecosistema ORCCA de una propuesta submarina canadiense. Es una muestra concreta de apertura a terceros, no una garantía de que ese proveedor sea elegido por otras armadas.

Comunicaciones. ORCCA contempla medios de comunicación y enlaces tácticos, pero integrar información no significa que un submarino sumergido disponga de una conexión permanente de gran ancho de banda. Las posibilidades de intercambio dependen de los dispositivos, las condiciones de propagación, el estado del submarino y los procedimientos elegidos. En una plataforma que depende del sigilo, también cuenta el costo operacional de comunicar.

5. Del contacto a la decisión: una situación ilustrativa

Imaginemos un ejercicio sin valor operacional específico. Una consola sonar señala una traza que merece seguimiento. El operador examina su persistencia y características; el sistema de gestión la incorpora como contacto provisional, y otros puestos pueden consultar la misma información. El análisis de movimiento examina diversas hipótesis sobre su desplazamiento. Si se dispone de observación visual u otros indicios pertinentes, se contrastan. El oficial responsable determina qué se sabe, qué sigue siendo incierto y qué necesita comprobarse.

La diferencia buscada por ORCCA no es que una pantalla «descubra» automáticamente un buque enemigo. Es que los componentes del proceso comparten información y presentan resultados consistentes, evitando tareas duplicadas y facilitando una interpretación común. La clasificación de un contacto puede cambiar; la valoración inicial puede ser errónea; las decisiones siguen perteneciendo a la cadena de mando.

En la fase de empleo de armas, la arquitectura contempla la integración del sistema de control correspondiente. Eso no autoriza a afirmar que ORCCA dispare torpedos autónomamente, ni permite deducir qué torpedo, misil, mina o contramedida podrá emplear un futuro submarino argentino. Las armas disponibles, su integración y sus certificaciones serán materia de la configuración realmente adquirida.


Escena hipotética realizada mediante IA. No representa una maniobra real, una carta táctica auténtica ni una instalación ORCCA en servicio en la Armada Argentina.

6. Inteligencia artificial: una posibilidad de crecimiento, no un piloto automático demostrado

La expresión «inteligencia artificial» aparece explícitamente en la documentación reciente de KTA. Su folleto de abril de 2026 describe un concepto de centro de datos que puede apoyar el proceso de decisión táctica mediante IA, mientras que el sitio corporativo señala almacenamiento centralizado, capacidad de procesamiento e incorporación de algoritmos del cliente como vías de crecimiento futuro.

Hay que diferenciar preparación arquitectónica, funciones anunciadas y capacidad validada en servicio. Los materiales públicos examinados no permiten establecer un catálogo completo de modelos de IA instalados, tasas verificadas de acierto de clasificación, desempeño bajo condiciones acústicas adversas ni grado de autonomía para decisiones críticas. Tampoco justifican presentar a ORCCA como un sistema de armas de disparo autónomo.

Su interés tecnológico es otro: una infraestructura diseñada para centralizar datos y ejecutar aplicaciones puede facilitar, con la ingeniería y validación correspondientes, asistencia a la clasificación, manejo de información y simulación. Ese potencial deberá evaluarse por escenario, calidad de datos y tasa de falsas alarmas. Un clasificador muy convincente cuando acierta también puede inducir decisiones equivocadas si el operador desconoce sus límites.

7. Ciberseguridad, redundancia y mantenimiento durante décadas

Para un submarino, la seguridad informática no es un accesorio. ORCCA intercambia información entre subsistemas diferentes; eso exige controlar interfaces y evitar que una falla o una entrada no confiable afecte funciones críticas. KTA declara que la ciberseguridad forma parte del diseño y que la arquitectura busca alta disponibilidad mediante su centro de datos y consolas multifunción. No publica, naturalmente, una descripción exhaustiva de las medidas de protección ni datos suficientes para auditar independientemente su resiliencia.

Una arquitectura integrada ofrece ventajas de mantenimiento: plataformas informáticas más homogéneas, reemplazo planificado de componentes y posibilidades de actualizar software sin rediseñar cada equipo desde cero. Pero también concentra dependencias. La integración debe ir acompañada de segmentación, respaldo, procedimientos de recuperación y capacidad de operar con funciones degradadas. No es correcto confundir la redundancia comercialmente anunciada con inmunidad ante averías.

Hay otro punto menos vistoso: el ciclo de vida. Un submarino puede mantenerse en servicio durante varias décadas, más tiempo que la vida comercial de buena parte de sus procesadores, sistemas operativos y pantallas. La promesa de evolución de ORCCA será valiosa si se traduce en contratos claros de soporte, repuestos, control de versiones, actualización de hardware, documentación, ensayos y acceso técnico suficiente para la Armada usuaria.

8. Entrenamiento: el sistema también debe servir cuando no hay un contacto real

El entrenamiento integrado figura entre los subsistemas de ORCCA. Kongsberg ofrece, dentro de su cartera submarina, entornos de entrenamiento a bordo y en tierra, con herramientas como PROTEUS para alimentar las interfaces de los subsistemas con escenarios simulados y permitir que los operadores trabajen sobre pantallas semejantes a las de empleo real.

Su valor no es únicamente ahorrar horas de navegación. Permite practicar coordinación entre sonar, navegación, análisis de situación y mando; reproducir incidentes; analizar errores; y sostener la capacitación durante períodos de mantenimiento. Para una fuerza que debe reconstruir una capacidad compleja, los simuladores, instructores y programas de formación no son un complemento ornamental de la compra: determinan qué parte de las prestaciones nominales puede usar una tripulación.


Representación informática del CIC difundida por Kongsberg en 2019 durante la presentación de ORCCA. Es un diseño conceptual oficial, no una fotografía de un buque entregado.

9. Qué significaría ORCCA en un Tipo 209NG argentino

La Argentina conoce la tradición alemana de construcción submarina: incorporó los Tipo 209/1200 de la clase Salta y posteriormente los TR-1700. Esa experiencia histórica no convierte al 209NG en un simple 209 con pantallas nuevas. TKMS lo presenta como un rediseño que incorpora automatización, renovaciones de planta propulsora y sistemas eléctricos, opciones de baterías y una arquitectura de combate diferente.

En la ficha técnica vigente, TKMS asigna al Tipo 209NG unos 63 metros de eslora y alrededor de 1.590 toneladas de desplazamiento en superficie. Declara que ORCCA forma parte de su configuración integrada de combate. Los sensores específicos, el inventario de armas, las contramedidas y otras opciones se adaptan a lo solicitado y contratado. Por esa razón, no sería serio describir hoy una dotación definitiva de sonares, torpedos o mástiles para un hipotético «209NG argentino».

Durante 2026 continuó la competencia entre la oferta alemana de tres 209NG y la francesa de tres Scorpène. Según la información pública sobre las declaraciones del jefe del Estado Mayor Conjunto, las dos propuestas cuentan con esquemas de financiamiento respaldados por sus respectivos países. Financiar el cien por ciento de una compra no significa donar los submarinos: implica una estructura crediticia cuyas tasas, plazos, garantías y costos deben evaluarse junto con las condiciones técnicas. Al 19 de octubre de 2026, las propuestas difundidas no equivalen a una adjudicación.

Si se optara por la propuesta alemana, el sistema de combate sería uno de los elementos esenciales de la transición doctrinaria. No se trataría de aprender a operar un sonar distinto, sino de adaptar los métodos de trabajo de toda la guardia de combate a una arquitectura integrada. Habría que formar operadores, oficiales de guardia, instructores, especialistas en electrónica e informática y personal de apoyo en tierra.

También sería necesario resolver cuánto control nacional existirá sobre la configuración: actualización de cartografía y bases de datos, administración de usuarios, registros de mantenimiento, bancos de prueba, repuestos críticos, laboratorios de integración y recepción de nuevas versiones. Una armada que compra tecnología avanzada pero carece de los medios para sostenerla durante años puede terminar utilizando solo una fracción de su potencial.

Seis preguntas que deberían figurar en la evaluación argentina

  1. Configuración real: ¿qué versión de ORCCA, qué sensores, qué equipos de navegación, qué armas y qué contramedidas están efectivamente incluidos?
  2. Interfaces y soberanía técnica: ¿qué equipos nacionales o de terceros podrán integrarse, con qué documentación y bajo qué autorizaciones?
  3. Capacitación: ¿qué simuladores en tierra y a bordo, cursos de instructores, escenarios y horas de entrenamiento se entregarán?
  4. Soporte durante la vida útil: ¿cuáles son las condiciones de repuestos, licencias, ciberactualizaciones, reparación y sustitución de componentes informáticos?
  5. Ensayos de aceptación: ¿cómo se comprobarán la coherencia entre sensores, las funciones degradadas, la recuperación de fallas y la operación de cada puesto multifunción?
  6. Costo completo: ¿cuánto cuesta la capacidad disponible durante treinta años, incluyendo software, modernizaciones, infraestructura y formación, además de la compra inicial?

Estas preguntas no cuestionan la calidad del producto: separan una capacidad descrita en un folleto de otra verdaderamente adquirida, probada y sostenida.

10. Lo que ORCCA representa, y lo que todavía falta demostrar

ORCCA sintetiza una tendencia clara en los submarinos convencionales: pasar de equipos especializados conectados de manera limitada a un entorno digital integrado, flexible y centrado en el operador. La gestión de combate, el procesamiento de sensores, la navegación y el control de armas dejan de parecer estaciones independientes y pasan a formar parte de una arquitectura común. El programa germano-noruego Tipo 212CD es su principal referencia contractual pública; la familia Tipo 209NG muestra la intención de llevar ese concepto a una plataforma de exportación más compacta.

Eso no convierte cada afirmación publicitaria en una prestación demostrada. La arquitectura abierta deberá probarse con equipos concretos; la inteligencia artificial deberá evaluarse con datos representativos; la redundancia deberá superar pruebas; y la ergonomía deberá validarse con tripulaciones que operen bajo presión. Sin esos resultados, los superlativos no dicen demasiado.

Para la Armada Argentina, la cuestión de fondo no consiste en disponer de las pantallas más modernas, sino en recuperar una fuerza submarina que pueda detectar, interpretar, decidir, entrenar y sostenerse con continuidad. ORCCA podría ser una parte relevante de esa reconstrucción si el 209NG resulta elegido. Por ahora, corresponde estudiarlo como una tecnología ofrecida y en desarrollo e integración dentro de programas internacionales, no como una capacidad ya incorporada por nuestro país.


Fuentes y documentación

Nota editorial sobre las imágenes: las fotografías del demostrador, las representaciones y los esquemas originales pertenecen a sus respectivos titulares y deben publicarse conforme a los permisos y condiciones aplicables. Las ilustraciones de personal argentino son recreaciones generadas con inteligencia artificial, sin atribución documental a una unidad o dotación real.



lunes, 19 de octubre de 2026

ARA: ¿Las Meko 200 son la mejor opción?

Caza: Pfalz D.III

Pfalz D.III



El Pfalz D.III fue un avión de caza utilizado por la Luftstreitkräfte (Servicio Aéreo Imperial Alemán) durante la Primera Guerra Mundial . El D.III fue el primer diseño original importante de Pfalz Flugzeugwerke . Aunque generalmente se le consideraba inferior a los cazas Albatros y Fokker contemporáneos, el D.III fue ampliamente utilizado por las Jagdstaffeln desde finales de 1917 hasta mediados de 1918. Continuó sirviendo como avión de entrenamiento hasta el final de la guerra.




Pfalz D.III (serie 4114/17) de Marine Feld Jasta II

Antes de la Primera Guerra Mundial, Pfalz Flugzeugwerke fabricaba bajo licencia diseños de monoplanos Morane-Saulnier. Estas aeronaves entraron en servicio militar como las series A y E de Pfalz. En septiembre de 1916, Pfalz comenzó a producir bajo licencia los primeros 20 cazas Roland DI y 200 Roland D.II. 

En noviembre de 1916, Pfalz contrató a Rudolph Gehringer de Flugzeugbau Friedrichshafen GmbH. Gehringer comenzó de inmediato a trabajar en un diseño original de caza. El D.III resultante apareció en abril de 1917.


Prototipo Pfalz D.III en abril de 1917

Diseño

Antes de la Primera Guerra Mundial, Pfalz Flugzeugwerke GmbH producía bajo licencia los monoplanos de la compañía francesa Morane-Saulnier tipos H y Morane-Saulnier L. Estos aviones entraron en servicio como Pfalz A.I, A.II y E.III. Después de un intento fallido de desarrollar su propio biplano (D.4) En septiembre de 1916, Pfalz comenzó a producir 20 cazas LFG Roland D.I y 200 LFG Roland D.II bajo licencia. Cuando finalizó la producción su capacidad volvió a quedar libre para el desarrollo interno.

En noviembre de 1916, esta firma contrató a Rudolph Gehringer como su nuevo jefe de diseño. Al igual que otros fabricantes, Pfalz había recibido un caza Nieuport 11 capturado, y Gehringer y sus ingenieros Paulus y Goldmacher intentaron adaptar el diseño para un nuevo avión tanto como fuera posible sin adoptar las debilidades del avión Nieuport. El avión se construyó según el método de construcción de fuselaje envolvente denominado Wickelrumpf, típico de los aviones Roland que, sin embargo, también demostró requerir más horas de trabajo y por consiguiente ser su precio más elevado. Se colocaban dos delgadas capas de tiras de madera contrachapada en un molde de cemento para formar una mitad del fuselaje. Las mitades del fuselaje eran pegadas a continuación y el conjunto era cubierto con una capa de lona y barnizado. Este método dio al fuselaje gran fuerza, peso ligero, y contornos suaves en comparación con las técnicas de construcción convencionales.



A partir de estas experiencias se creó el D.III, el primer diseño propio verdaderamente exitoso de Pfalz-Flugzeugwerke. El avión, diseñado en abril de 1917, fue probado en junio con un motor Mercedes D.III de 160 hp. En abril, Pfalz recibió un nuevo pedido de cien Roland D.III más; su producción se detuvo tras la entrega de treinta unidades y se reemplazó por un pedido de setenta Pfalz D.III, que fue aumentado por otro pedido de la Idflieg Inspektion der Fliegertruppen, (castellano: Inspección de Tropas Aéreas) para otros 300 a 370 después de la realizar la evaluación de tipo oficial en Berlín-Adlershof. Sin embargo, la Idflieg requirió diversas modificaciones, como la extensión del timón y los alerones equilibrados.

Las alas de envergadura desigual, eran de construcción convencional, con radiador fabricado por la firma Teves und Braun GmbH Kühlerfabrik desplazado hacia el lado derecho de la aleta superior. Los alerones eran de madera, en lugar de la construcción de tubos de acero más convencional. El estabilizador horizontal tenía una sección de perfil aerodinámico invertida.

Pfalz D.III

El Pfalz D.III era un modelo convencional. El fuselaje era de construcción monocasco y estaba envuelto en madera contrachapada de forma aerodinámica. Lo que llamó la atención fue la gran estabilidad debajo del ala gracias a un doble larguero, lo que también influyó significativamente en el buen rendimiento del avión en los picados. En cotas altas, el Pfalz D.III incluso pudo superar en algunas áreas el rendimiento del Albatros, un poco más inestable.

Como era habitual en la época, el chasis era rígido. El motor D.III con una potencia de 150/160 hp suministrado por la compañía Mercedes alcanzó un rendimiento aceptable y estaba conectado a un refrigerador de superficie Teves und Braun. El armamento estándar consistía en dos ametralladoras fijas MG 08/15 cal. 7,92 mm que disparaban hacia adelante; estas, estaban integradas en el fuselaje, lo que dificultaba su funcionamiento y mantenimiento, especialmente la eliminación del encasquillamiento del arma durante el vuelo; aquí, también se instaló - con poca fortuna - el mecanismo de sincronización desarrollado por el ingeniero suizo Franz Schneider, que anteriormente trabajó para la firma Société Anonyme des Etablissements Nieuport y que, en aquel entonces trabajaba para la empresa alemana Luftverkehrs Gesellschaft (LVG) . Una vez completada la entrega de 260 D.III a finales de mayo de 1918, la producción pasó al D.IIIa.

Pfalz D.IIIa

El D.IIIa se distinguía por las puntas de las alas redondeadas y las superficies de la cola más grandes, también redondeadas. Las ametralladoras se habían trasladado a la cubierta superior del fuselaje para que fueran más accesibles para el piloto y los armeros. El mejorado motor de seis cilindros en línea, Mercedes D IIIa de 170 hp logró mayores prestaciones.

Historia operacional

El Pfalz D.III, pintado de fábrica en gris plateado, apareció en el frente a partir de agosto de 1917; primero con el Jasta 10 , luego con el Jasta 4 y con los Jagdstaffel 16, 23, 32, 34 y 35, que desde julio se convirtieron en unidades bávaras. Resultó superior al Albatros D.III , pero no igualó la velocidad del más rápido Albatros D.V ni la capacidad de ascenso de los triplanos Fokker Dr.I, más maniobrables. Además, amenazaba con "mancharse" al girar a baja altura, lo que hacía peligrosas las peleas aéreas en estas cotas. En particular, los cazas más nuevos de los aliados, como el Royal Aircraft Factory S.E.5a , el Sopwith Camel y el SPAD S.XII , eran superiores a él. Aun así, gozó de popularidad entre los pilotos porque se consideraba confiable y, en particular, más robusto que el Albatros D.V, que era propenso a rotura de las alas durante los picados, o el Fokker Dr.I, que también era propenso a lo mismo. El Pfalz D.III era muy a prueba de balas y, por tanto, especialmente adecuado para ataques en picado contra globos cautivos enemigos, aunque su diseño permitía prenderle fuego más rápidamente que otros aviones. Pilotos de combate de éxito como Julius Buckler y Heinrich Gontermann lo utilizaron para derribar numerosos globos cautivos. Los aliados tuvieron la oportunidad de examinar un avión que realizó un aterrizaje de emergencia en el lado británico el 26 de febrero de 1918 y confirmaron su gran estabilidad, su excelente visibilidad desde la cabina, su agilidad y su maniobrabilidad. 

Este avión, que en ese momento se fabricaba en Speyer, Baviera, equipaba principalmente a escuadrones de caza bávaros. A finales de octubre de 1917, 145 aviones estaban en servicio en el frente, el 31 de diciembre de 1917, 276 D.III y 114 D.IIIa. Las recién fundadas Jastas 76-80 y el Marine Jagdgeschwader también recibieron los Pfalz D.III/D.IIIa. Sin embargo, hubo quejas sobre temblores en las alas, y cuando los mecánicos del Jasta 24 descubrieron daños en el alerón de un avión, Pfalz tuvo que reemplazar y reforzar todos los alerones. Después de un uso prolongado, se hicieron evidentes otras debilidades; el fuselaje de madera contrachapada se volvió susceptible a torcerse o deformarse, ya sea porque en la construcción no se utilizó madera suficientemente curada o porque la humedad relacionada con el clima afectó a los aviones, ya que normalmente estaban estacionados en simples aeródromos sin protección contra la intemperie expuestos el sol, la lluvia y el viento.

Mientras que el D.III disminuyó gradualmente, el número de D.IIIa aumentó a 433 en abril de 1918; 46 Jagdstaffel tenían cazas Pfalz en sus filas. Incluso después de la incorporación del Fokker D.VII , todavía había 430 aparatos en uso en junio de 1918 y 166 en agosto de 1918; El último avión no fue retirado de las operaciones de primera línea hasta octubre de 1918 y entregado para entrenamiento de pilotos.

En total se fabricaron unos 260 Pfalz D.III y 750 D.IIIa. La última serie, fabricada entre mediados de abril y el 15 de mayo de 1918, estaba equipada con un segundo radiador y entregada a los Escuadrones de Aviación del Imperio Otomano.


Operadores


Imperio alemán

  • Luftstreitkräfte
  • Marina Imperial


Imperio Otomano

  • Fuerza Aérea Otomana


Réplica de avión


Réplica del Pfalz D.III (ZK-FLZ) en la exhibición aérea Classic Fighters 2015 en Blenheim, Nueva Zelanda.

Actualmente, no se conocen restos de ningún avión D.III. Sin embargo, se construyeron dos réplicas voladoras para la película de 1966, El Blue Max . Una de ellas se construyó desde cero, mientras que la segunda se adaptó a partir del fuselaje de un de Havilland Tiger Moth . Ambas réplicas se encuentran actualmente en Nueva Zelanda. Una tercera réplica voladora fue construida por Ron Kitchen de Nevada en 1987, pero ahora se exhibe de forma estática en el Museo de Vuelo Cavanaugh en Addison, Texas.



Otra réplica estática fue construida por la empresa moderna Pfalz en 2005 y se exhibe en el Museo de Tecnología de Speyer .


Especificaciones (D.IIIa)



Datos de aviones alemanes de la Primera Guerra Mundial [ 19 ]

Características generales

    Tripulación: 1
    Longitud: 6,95  m (22  pies 10  pulgadas)
    Envergadura: 9,4  m (30  pies 10  pulgadas)
    Altura: 2,67  m (8  pies 9  pulgadas)
    Superficie del ala: 22,17  m² (238,6 pies cuadrados )  
    Peso en vacío: 695  kg (1.532  lb)
    Peso bruto: 933  kg (2056  lb)
    Motor: 1 × Mercedes D.IIIa , motor de pistones en línea de 6 cilindros refrigerado por agua, 130  kW (180  hp)



Dibujo de Pfalz D.III Baubeschreibung

Rendimiento

    Velocidad máxima: 165,0  km/h (102,5  mph, 89,1  nudos) a 3.000  m (10.000  pies)
        147,3  km/h (91,5  mph) a 4.600  m (15.000  pies)
    Duración : aprox. 2 1/2 horas
    Techo de servicio: 6.000  m (20.000  pies) [ 20 ]
    Tiempo para alcanzar la altitud:
        1500  m (5000  pies) en 6 minutos y 55 segundos
        3.000  m (10.000  pies) en 17 minutos y 30 segundos

Armamento

    Cañones: 2 ametralladoras LMG 08/15 "Spandau" de 7,92 mm



domingo, 18 de octubre de 2026

EA: VCTP antiminas en el ejercicio Biguá

Malvinas: Los submarinos británicos en el TOAS

Submarinos británicos en el conflicto de las Malvinas de 1982





Emblema de la Marina Real Británica


Ya he escrito sobre las acciones de los submarinos argentinos en «Military Review» (véase « Submarinos argentinos en el conflicto de las Malvinas »). Ahora pasemos a las acciones de los submarinos británicos. Naturalmente, no puedo garantizar la exactitud absoluta de la información proporcionada, ya que suele ser bastante contradictoria.

En respuesta a la ocupación argentina de las Islas Malvinas (2 de abril de 1982) y parte de la isla de Georgia del Sur (3 de abril), el gobierno británico, liderado por Margaret Thatcher, decidió devolver estos territorios británicos por la fuerza si los esfuerzos diplomáticos fracasaban.

El 5 de abril, la fuerza naval británica Task Force 317 fue enviada al Atlántico Sur. Incluso antes, el 1 de abril, dada la tensa situación en la región, dos submarinos nucleares de la clase Swiftsure —el HMS Spartan (comandante: James Bradley Taylor) y el HMS Splendid (comandante: Roger Charles Lane-Nott)— fueron enviados al sur.


HMS Spartan


Cargando un torpedo

El HMS Spartan, que participaba en el ejercicio Springtrain frente a Gibraltar, recibió la orden de dirigirse al sur. Descargó torpedos de práctica en Gibraltar y recibió torpedos reales "donados" por el submarino diésel HMS Oracle. El HMS Splendid zarpó de la base naval de Faslane en Escocia. El submarino de la clase Churchill HMS Conqueror, al mando del comandante Christopher Louis Wreford-Brown, también zarpó de allí el 4 de abril, transportando un destacamento del Servicio Especial de Embarcaciones (SBS) (seis efectivos y nueve toneladas de equipo). Los submarinos navegaron hacia el Atlántico Sur a una velocidad media de 23 nudos.


HMS Splendid




HMS Conqueror

Entre el 12 y el 13 de mayo, tres submarinos más partieron hacia el Atlántico Sur: el HMS Valiant, de la clase Valiant (comandante: Thomas Maitland Le Marchant), y el HMS Courageous (comandante: Rupert Thomas Nicholas Best), que debía relevar al HMS Splendid, así como el HMS Onyx, de la clase Oberon y propulsado por diésel (comandante: teniente comandante Andrew P. Johnson), que debía apoyar las operaciones de las fuerzas especiales y estaba equipado con una esclusa de aire para cinco buceadores de combate. Las fuerzas especiales debían ser recogidas en la isla Ascensión.


HMS Valiant


Submarino diésel-eléctrico HMS Onyx (S21)

El HMS Spartan llegó a la zona de las Islas Malvinas el 11 de abril, y al día siguiente entró en vigor la Zona de Exclusión Marítima (ZEM) de 200 millas impuesta por el gobierno británico alrededor de las islas. Cualquier buque de guerra o auxiliar naval argentino que entrara en esta zona estaba sujeto a ataque por parte de las fuerzas británicas. El 15 de abril, el HMS Splendid también llegó a las islas, y el 18 de abril, el HMS Conqueror arribó a la zona de Georgia del Sur.

El HMS Spartan tomó posición cerca de Puerto Argentino, mientras que el HMS Splendid patrullaba las aguas que separan las Malvinas de Argentina. El HMS Conqueror, por su parte, buscaba al enemigo frente a Georgia del Sur. La unidad del SBS a bordo del submarino fue trasladada en helicóptero al destructor HMS Antrim y a la fragata HMS Plymouth el 26 de abril, ya que se consideró que desembarcarlos en tierra desde un submarino tan grande y valioso sería demasiado arriesgado para la embarcación.


El HMS Conqueror durante una transmisión SBS al destructor HMS Antrim y a la fragata HMS Plymouth.

Se cree que la información difundida por los medios británicos sobre submarinos que se dirigían al sur (¿una filtración controlada?) presionó a la junta argentina para adelantar la fecha de la invasión. Después de todo, una vez que los submarinos hubieran llegado a las islas, la invasión se habría vuelto sumamente problemática o simplemente imposible.

Esta no era la primera vez que se utilizaban submarinos británicos para impedir una invasión argentina de las Malvinas. En noviembre de 1977, se envió una fuerza operativa (Operación Journeyman) a las islas, incluyendo el submarino HMS Dreadnought (S101), el primer submarino nuclear británico. Sin embargo, el submarino, que se dirigía a Australia en una misión de ocho meses, fue llamado de urgencia a Gibraltar y desde allí navegó hacia el Atlántico Sur. La fuerza regresó a casa a principios de 1978, una vez resuelta la crisis.

El HMS Spartan permaneció frente a Puerto Argentino hasta el 21 de abril, observando durante varios días cómo dos buques, incluyendo el buque de desembarco ARA Cabo San Antonio, colocaban minas. Los submarinistas no recibieron órdenes de atacar a los argentinos, ya que el gobierno británico aún esperaba una solución pacífica a la crisis.


ARA Cabo San Antonio

El 21 de abril, el sonar del HMS Conqueror detectó los sonidos de un submarino con propulsión diésel (el Santa Fe). Sin embargo, antes de que el submarino pudiera posicionarse para un ataque con torpedos, se perdió el contacto por sonar. El 24, se interceptaron las transmisiones de radio del Santa Fe y el Conqueror inició una búsqueda infructuosa. Cuando finalmente se neutralizó al Santa Fe al día siguiente, el submarino británico partió hacia las Malvinas el 29 de abril y se unió a sus "compañeros".
A cada uno de los tres submarinos británicos se le asignó un área de patrulla estrictamente definida. La propuesta del almirante Woodward de permitir que los submarinos cazaran libremente en Northwood no fue respaldada.


Comandante del Grupo de Trabajo 317, Almirante John Forster "Sandy" Woodward

Es interesante notar que los submarinos británicos que operaban en el Atlántico Sur no reportaban al comandante de la Fuerza de Tarea 317, el almirante John Forster "Sandy" Woodward, sino directamente al Oficial de Bandera de Submarinos, cuyo cuartel general estaba en el suburbio londinense de Northwood.

23 de abril: las fuerzas británicas están autorizadas a usar armas si se ven amenazadas.

El 26 de abril, se declara una "zona defensiva" de 50 millas alrededor de la Fuerza de Tarea 317.

El 29 de abril, se autoriza el uso de armas contra cualquier barco que siga a la Fuerza de Tarea. La Fuerza de Tarea 317 llega a la ZEM.

El 30 de abril, se impone una Zona de Exclusión Total (ZET) de 200 millas alrededor de las Malvinas. La entrada a ella ahora está prohibida no solo para barcos sino también para aeronaves .
El 2 de mayo, los submarinos británicos reciben permiso para atacar buques de guerra argentinos.

El 7 de mayo, la ZET incluye todas las aguas del Atlántico Sur, excluyendo una zona de 12 millas de aguas territoriales argentinas.

El 12 de mayo se autorizó el ataque a cualquier buque mercante o pesquero que abasteciera al enemigo en las Islas Malvinas.

A partir del 21 de abril, el Splendid buscó la fuerza de portaaviones argentina y, el 26, descubrió destructores que formaban parte de ella. Sin embargo, el portaaviones no fue hallado.

El 29 de abril, el Spartan descubrió destructores de la fuerza de escolta "25 de Mayo".



Portaaviones "Vainticinco de Mayo" ("25 de Mayo")



Aviones y un helicóptero en la cubierta del 25 de Mayo.

En ese momento, tres grupos de Tareas de la Armada Argentina se encontraban en el Atlántico Sur, conformando la Fuerza de Tareas 79 (Fuerza de Tareas 79) bajo el mando del Contralmirante Gualter Oscar Allara. El núcleo de la Fuerza de Tareas 79.1 era el portaaviones Veinticinco de Mayo (25 de Mayo), que llevaba a bordo ocho aviones de ataque A-4Q Skyhawk, seis aviones antisubmarinos S-2E Tracker, tres helicópteros antisubmarinos S-61D Sea King y tres helicópteros multipropósito Alouette III. La 79.1 también incluía un destructor británico Tipo 42, tres corbetas armadas con misiles antibuque MM38 Exocet y un buque cisterna. El 1 de mayo, tres corbetas, que anteriormente formaban parte del Grupo 79.1, fueron asignadas al OG 79.4, al que también se le asignó un buque cisterna.


Contraalmirante Gualter Óscar Allara

La TF 79.2 estaba compuesta por tres destructores, uno de ellos Tipo 42, y un buque cisterna. El núcleo de la Fuerza de Tarea 79.3 era el crucero General Belgrano (ARA General Belgrano), al mando del capitán Héctor Elías Bonzo. También incluía dos destructores armados con misiles Exocet y un buque cisterna. El 26 de abril, el crucero zarpó de Ushuaia (Tierra del Fuego), donde había estado reabasteciendo combustible.


Suministro de combustible en Ushuaia


Capitán de Navío Héctor Elías Bonzo

Los dos primeros grupos de trabajo operarían al noroeste y al norte de la MEZ, mientras que el tercero (TF 79.3) operaría al suroeste y al sur de la zona. El vicealmirante Juan Carlos Lombardo supervisaba estas fuerzas desde su cuartel general en la base naval de Bahía Blanca.


Operaciones navales y aéreas argentinas en el Atlántico Sur los días 1 y 2 de mayo de 1982.


sábado, 17 de octubre de 2026

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El 16 DE JUNIO DE 1955: EL BOMBARDEO A PLAZA DE MAYO 

Uruguay: el pacto que salvó a los aviadores prófugos

by Silvio Bageneta  | Diario de Mar de Ajó


Fuente: martes 16 de junio de 2015 Redacción ADN Por Juan Brodersen




El plan era una locura: asesinar al presidente. Matar a Juan Domingo Perón. Con una estrategia poco sutil, copiada del ataque japonés a Pearl Harbor y pensada por un ex oficial de la SS de Hitler, la idea de bombardear la casa de Gobierno rondaba por la cabeza del entonces Capitán de la Marina. Estaba todo tan bien pensado que luego de las 12:40 las agencias de noticias deberían estar informando el magnicidio. Pero algo salió mal.

Aunque suene a thriller, esto sucedió el 16 de junio de 1955, cuando una facción rebelde de las fuerzas armadas intentó asesinar a Juan Domingo Perón. Y Ataque a Casa Rosada cuenta cuál fue la trama secreta del atentado presidencial más grande que tuvo la Argentina. La investigación, escrita por el historiador , profesor y además piloto civil Horacio Rivara, recoge testimonios inéditos de los propios protagonistas que dejaron una plaza destrozada, 150 muertos y más de 700 heridos.

“Por las actas de los juicios realizados por el Consejo Superior de las Fuerzas Armadas surge que gran parte de la operación fue delatada por la empleada doméstica del teniente de Navío Carlos Massera, piloto naval y conspirador -hermano de Emilio Eduardo-, quien no estaba tan convencido”, revela. Es que la empleada había sido colocada en ese puesto por el Coronel Osinde, jefe de Inteligencia de Perón, según la meticulosa investigación de Rivara.

Para el autor, el bombardeo fue el huevo de la serpiente: “La proscripción, la guerrilla, la triple A y la guerra de Malvinas pueden ser rastreadas hasta su punto de origen, el 16 de junio a las 12:40 horas”, sentencia. A pocos días de cumplirse 60 años del bombardeo, Rivara repasa los hechos contados en su libro: cómo se pensó y se llevó a cabo el violento ataque que fue el preludio de la dictadura de Aramburu y Lonardi.

– ¿Cómo fue, a nivel táctico, el ataque pensado para matar a Perón con los bombardeos?
– El ataque había sido diseñado para realizarse un miércoles, durante la reunión de Gabinete de ministros. De esa manera, el gobierno quedaría acéfalo, y las Fuerzas Armadas también, ya que a la reunión concurrirían los ministros militares de Ejército, Marina y Fuerza Aérea. El plan de ataque consistía en que hacia las 8 despegarían de Punta Indio, en la desembocadura del Río de la Plata, los pequeños bombarderos en picado Texan, cargando bombas de 50 kilos y los Bimotores beechcraft Kansan, con bombas de 110 kilos. Si Perón estaba vivo, lo tomarían prisionero y esperarían que la flota de mar (que no aprobaba el ataque) y algún cuerpo del Ejército, se les uniera.

– ¿Con qué logística contaba el Capitán de la Marina Jorge Bassi, ideólogo del ataque?
– La Fuerza Aérea tenía, gracias al apoyo de Perón, los aviones más modernos del mundo y la ayuda de técnicos y pilotos alemanes traídos al país tras la derrota de Hitler. La Marina, de pésima relación con el líder, solo contaba con aviones de rezago norteamericanos de la II Guerra, diseñados para entrenamiento y exploración más que para ser de ataque. Sin embargo eran fuertes y confiables, y podían lograr su misión siempre y cuando no fueran atacados por los poderosos jets Glosters. A los marinos les habían prometido que la base de Morón, asiento de estos formidables aviones, sería rebelde. Pero parte de los pilotos de Gloster permaneció leal. Ernesto Adradas, piloto de Jet leal, derribó a un Texan Naval rebelde sobre el Río de la Plata. Los marinos no tenían forma de saber si los Gloster que se acercaban eran amigos que venían a ayudar o enemigos que venían a derribarlos. Por eso los llamaban panqueques, porque creían que se daban vuelta en el aire.

– ¿Qué motivo llevó a este plan de matar al presidente?
– El objetivo del bombardeo estuvo a cargo de Bassi, copiando la estrategia de ataque Japonés al puerto norteamericano a Peal Harbor. Era matar a Perón y a todo su gabinete. Si bien había maneras más fáciles de cometer ese magnicidio (Perón salía todo los días exactamente a las 5.45 AM de la Residencia Presidencial manejando su propio auto Cadillac, sin blindaje, acompañado por otro auto con custodios) se buscaba hacerlo de una manera tan espectacular que quitara la voluntad de lucha a sus millones de seguidores. Al copiar Pearl Harbor, Bassi copió y repitió sus errores. Los Portaaviones Norteamericanos no estaban allí porque el secreto se había filtrado, y lo mismo pasó con Perón, y el ataque sorpresa generó incluso más voluntad de lucha.

– ¿Quién fue Otto Skorzeny, cuál fue su relación con Hitler y cómo llegó a la Argentina? ¿Por qué era “el hombre que no conocía la palabra imposible”?
– Terminada la Segunda Guerra Mundial, las potencias aliadas buscaron hacerse de Científicos Alemanes. Allen Dulles, un agente norteamericano, luego fundador de la CIA, creó con el Vaticano una vía de escape llamada Camino de las Ratas, que comenzaba en un monasterio en Austria, pasaba por Roma y terminaba en Buenos Aires. A través de este camino 6.000 científicos, pilotos y Criminales de Guerra llegaron al país. Dulles reclutó a un joven y brillante italiano, Licio Gelli, como nexo con Perón y el Vaticano. Otto Skorzeny era un oficial de la SS, de la especialidad Comando, a quien Hitler encargaba las misiones más imposibles, como el rescate de Mussolini, preso en el Monte Gran Sasso y el secuestro del hijo del presidente de Hungría. Tras la guerra, si bien fue absuelto de la acusación de crímenes de guerra, huyó a la Argentina y, junto al Piloto de Stuka Hans Rudel, se hicieron muy amigos de Perón.

– ¿Cómo fue convenciendo Jorge Bassi, líder de la operación, al resto de los pilotos de su plan?
– La tarea de ir convenciendo a pilotos de unirse al plan era para Bassi como caminar por un campo minado. Cualquier piloto podía denunciarlo ante las autoridades. Generalmente esperaba a que el designado haga un comentario contrario al Gobierno, y recién ahí se lo tanteaba con cuidado. Pero Bassi no puedo interesar a los almirantes y capitanes con mando de barcos, y muchos le dijeron que si les volvía con algo así, le pegarían un tiro. Hasta se lo planteó al General Lonardi, que se opuso por considerar el ataque una locura.

– ¿Cómo se llevó a cabo el ataque el 16 de junio de 1955 y por qué falló?
– Los aviones despegaron de Punta Indio en medio de una tormenta, con techos bajos y con problemas de comunicaciones entre ellos y la base rebelde por culpa de la niebla. Estuvieron dos horas dando vueltas sobre el río sin poder captar la orden de ataque cuando llegaron a Buenos Aires. Mientras, los pilotos de los Gloster de Morón trataban de tomar la base teniendo en contra a los jefes y a más de 1000 suboficiales, muchos de ellos armados y solo apoyados por algunos conscriptos rebeldes. Por ello los primeros cuatro aviones en despegar fueron leales y atacaron a los aviones rebeldes de la marina. Y Perón había sido avisado por cuatro vías diferentes del ataque inminente y se refugió en el Edificio Libertador, sede del ejército, a solo 150 metros de la Casa Rosada.

– ¿Y cómo fue el momento del bombardeo?
– Los pilotos, por culpa de la nubes, atacaron a muy baja altura, lo que hizo que muchas bombas no llegaran a explotar. Arruinado el elemento sorpresa, varios cañones antiaéreos esperaban a los aviones. Los Kansas realizaron maniobras para evitar el fuego defensivo, lo que hizo que muchas bombas cayeran sobre Paseo Colón, en especial una que hizo volar por los aires un trolebús repleto de pasajeros. Aterrizados en Ezeiza, tomada por la marina, se decidió un nuevo ataque conjunto con la fuerza aérea, que ya dominaba Morón, y los aviones que venían de Bahía Blanca. Mientras tanto, la CGT había llamado a los obreros a la Plaza a defender al Gobierno,y estos, ayudados por la Alianza Libertadora Nacionalista de Guillermo Patricio Kelly se batían a duelo con los infantes de marina y los comandos civiles antiperonistas. En lo peor de la batalla se efectuó el tercer ataque aéreo: el más terrible en cuanto a número de víctimas. Al caer la noche los rebeldes perdieron el control de las bases de Ezeiza y Morón y huyeron, con sus aviones gravemente dañados, a Uruguay, donde el presidente Battle les dió asilo.

– Según tu interpretación, ¿qué lugar ocupa este ataque en la historia de la Argentina del siglo XX?
– El ataque fue la mayor tragedia argentina del siglo XX, con todas las características de una guerra civil, que se reanudó 3 meses después. Fue producto de divisiones absolutamente artificiales y fomentadas tanto desde el gobierno como desde la oposición. Ninguno de los problemas que llevaron a los enfrentamientos era irresoluble, y todos escalaron sin que nadie atinara a ponerle freno. El bombardeo, y las represalias de las horas siguientes, desde la quema de las Iglesias hasta la desaparición del Dr. Ingalinella, comunista opositor a Perón , rompió en pedazos la ya lastimada columna vertebral de la democracia. Los fusilamientos de José León Suárez, la proscripción, la guerrilla (dicho sea de paso, muchos hijos y sobrinos de los pilotos atacantes terminaron militando en Montoneros), la triple A y la guerra de Malvinas pueden ser rastreadas hasta su punto de origen, el 16 de junio a las 12:40 horas.

Fuente: Clarin : https://www.clarin.com/ediciones-anteriores 17/06/2005 al 24/02/2017



Noventa aviadores militares argentinos esperaron en Uruguay la caída del general Juan Domingo Perón. La espera comenzó el 16 de junio de 1955, cuando tras los bombardeos a la Plaza de Mayo y la Casa Rosada 28 aviones aterrizaron en Montevideo y otros cuatro en Colonia. Aquí se revelan algunos detalles de la intimidad de ese tramo de historia argentina. En el ataque se estima que hubo 364 muertos y más de 800 heridos. Ayer, Clarín reveló documentos secretos sobre los personajes responsables de la tragedia.

Mientras todavía giraban las últimas turbinas de los 32 aviones argentinos que habían participado del bombardeo de la Casa Rosada y la Plaza, el presidente Luis Batlle reunía al consejo de gobierno y resolvía otorgar asilo a los 90 oficiales que venían a bordo. Fue un pacto no escrito, pero sostenido en el enfrentamiento entre el gobierno uruguayo y el argentino, fundado en profundas diferencias económicas e ideológicas.

Ese enfrentamiento entre Batlle y Perón se manifiesta en las palabras de uno de los aviadores que llegó al Uruguay: el capitán de fragata (aviador) Néstor Noriega, quien era jefe de la Base Aeronaval de Punta Indio recordaría: «Una semana después me recibió el presidente Batlle Berres. Yo quería agradecerle todo lo que había hecho por nosotros. El presidente me recibe, me abraza, prácticamente se pone a llorar y me dice: ‘vea, no se imagina lo que he rogado para que saliera bien esto y mataran al atorrante ese que nos tiene al Uruguay bajo el zapato’. Los uruguayos iban a vender carne a Holanda a 1,50 dólares. Entonces Perón agarraba y decía: ‘A Holanda se la mandamos a 1,25′».

Los últimos aviones aterrizaron a las seis de la tarde. En Montevideo llegaron a la base aérea militar N° 1, junto al aeropuerto de Carrasco, donde se impuso un férreo control para evitar el ingreso de civiles, en particular, de periodistas y reporteros gráficos. De los 32 aviones que se refugiaron en suelo uruguayo, 28 aterrizaron directamente en la base aérea militar Nø1, y los otros cuatro en Colonia. El hecho de que en allí aterrizaran en un aeropuerto civil, permitió rastrear la identidad de los aviadores.

El primero en llegar, sobre las cuatro y media de la tarde, fue el 3B6 piloteado por el teniente de fragata Alfredo Eustaquio, con los tenientes de corbeta Hugo Albanel y Lagos Martínez, y el guardiamarina Miguel Ángel Londoni. Las radios uruguayas ya hacía 3 horas que contaban lo que ocurría en Buenos Aires.

Poco después llegó el 3A29, que venía únicamente con el piloto, el teniente de corbeta Máximo Rivero Kelly, ex número dos de la Armada durante el gobierno de Raúl Alfonsín. La tercera máquina llegó piloteada por el te niente de navío Eduardo Velarde, con el teniente de fragata Rafael Checachile como copiloto.

A las seis menos cuarto de la tarde, un Gloster Meteor sobrevoló Colonia pero siguió a Carmelo, a unos 10 kilómetros. Iba tripulado por el teniente de navío Armando David Yeannet, de 25 años. Se estrelló en el agua. El bullicio despertó la atención de los vecinos, que corrieron a la costa. Cuando vieron lo que ocurría, un lugareño no dudó en arrojarse vestido como estaba, para socorrer al aviador. Yeannet fue trasladado a un sanatorio, donde le practicaron las primeras curas, y puesto a disposición de los mandos militares locales.

Los que llegaron a Colonia fueron trasladados esa misma noche a Montevideo, y reunidos con sus colegas. Aunque se les había prohibido hablar, uno de los oficiales se aproximó a los periodistas, antes de subir al ómnibus que lo llevaría a Montevideo, abrió sus brazos, y dijo: «nos traicionaron». No agregó más nada.

El celo dispuesto por el gobierno uruguayo para controlar a los aviadores argentinos, parecía centrado en mantener en reserva sus identidades. Una vez reunidos en el grupo de artillería Nø 5, en la calle Burgues, se procedió a proporcionarle a todos ropas civiles de buena calidad, con variedad para tiempo seco y húmedo, documentos de identidad uruguayos, y hasta algunos pesos a quienes nada tenían, para que se ambientaran a sus primeros días en Uruguay. Luego se les otorgó libertad plena dentro del territorio uruguayo. En septiembre, cuando Perón fue derrocado, todos volvieron a Argentina.

A Uruguay llegaron ocho aparatos de dos turbinas Gloster Meteor, dos cuatrimotores Douglas DC4, cinco bombarderos bimotores C47, tres bimotores Beechcrafp AT11 de observación y entrenamiento, 11 monomotores AT6, y tres anfibios bimotores Catalina, uno de los cuales, el primero en llegar, había sido equipado con dos bombas que no había lanzado. Los asilados argentinos se incorporaron rápidamente a la vida de Montevideo, cuyos habitantes tenían posición mayoritaria tomada en contra del gobierno del presidente Juan Domingo Perón. La diáspora argentina antiperonista se había iniciado dos años antes. Los exiliados habían sobrevivido en Uruguay como podían. Un grupo de ellos reunió el dinero, y abrió una librería en 18 de Julio y Plaza de Cagancha, pleno centro de la ciudad, donde asistían a los que tenían más dificultades.

La influencia ideológica de los asilados y exiliados se hacía sentir en las habituales peñas que se realizaban en los bares y confiterías del centro de Montevideo, y en Pocitos. Alberto Methol Ferré, hoy docente de historia en Montevideo y Argentina, un intelectual de cuño católico, se había convertido en un ferviente peronista «desde el 17 de octubre de 1945», confesó a Clarín. Methol era habitual animador de las peñas que se realizaban en Montevideo, porque invariablemente era el único que defendía las ideas de Perón. «Era horrible» la hostilidad que sentía de sus compatriotas por defender esas ideas en 1955, confesó Methol.

Daniel Castagnin, hoy abogado jubilado, realizaba el servicio militar voluntario para la reserva cuando se sucedieron los episodios de 1955 en Argentina, y rápidamente tomó partido por los rebeldes. «Pero después que se fueron los asilados, y los exiliados antiperonistas, el Uruguay se pobló de exiliados y asilados peronistas, lo que me permitió conocer la otra cara de la moneda», contó a Clarín.