sábado, 24 de octubre de 2026

Crisis del Beagle: Simulando 140 mil veces un desastre naval chileno en ciernes


La batalla aeronaval del Beagle simulada 140 mil veces

Qué pasa cuando uno le pide a una computadora que pelee, casi ciento cuarenta mil veces, la batalla naval que el Papa evitó en diciembre de 1978.

Por EMcL y colaborador anónimo
FDRA
 

El 22 de diciembre de 1978 había dos flotas en el Atlántico Sur con órdenes de combatir entre sí. La Flota de Mar (FLOMAR) argentina había zarpado el 7 de diciembre y para la tercera semana del mes operaba al este de la Isla de los Estados, con el portaaviones ARA V-2 25 de Mayo, su grupo aéreo embarcado y los buques asignados a la Operación Tronador. La Escuadra chilena estaba desplegada para recibir el ataque esperando el momento para contraatacar. Las dos armadas tenían planes escritos, fuerzas asignadas a esos planes, y esas fuerzas puestas donde los planes mandaban.

No pasó nada. La mediación papal se aceptó horas antes de la ejecución y las flotas volvieron a puerto.

Durante cuarenta y siete años, la pregunta de qué habría pasado se discutió con memorias, entrevistas y artículos de revista profesional. Lo que sigue es el resumen de un trabajo que intenta contestarla de otra manera: construyendo un modelo del combate, corriéndolo casi 140 mil veces, y contando cómo terminó cada vez. Este ejercicio, que será evaluado para su publicación por el autor que no soy yo, ha estado inspirado sí, en los artículos respectivos publicados en el blog FDRA.

Por qué esta batalla sí se puede simular

La historia contrafáctica tiene mala fama, y con razón. Preguntar "¿qué habría pasado si Alemania no invadía la Unión Soviética?" no tiene respuesta disciplinada: hay demasiadas cosas que podrían haber sido distintas, durante demasiado tiempo, y el que cuenta la historia elige cada una.

Diciembre del 78 es un caso raro, y por tres motivos.

Las opciones eran pocas. Despojado de todo lo demás, el combate admite una lista cortita de acciones. La Escuadra chilena podía acercarse a unos cuarenta kilómetros y tirar misiles, o acercarse más y usar los cañones. Eso era todo lo que tenía contra blancos de superficie. La flota argentina podía hacer exactamente lo mismo, más una cosa que el otro no podía devolver: aviación embarcada, capaz de pegar a varios cientos de kilómetros. Y ninguna de las dos flotas pasaba de los 20 nudos, porque las dos estaban organizadas alrededor de cruceros y un portaaviones de la Segunda Guerra. No hay muchas partidas posibles en ese tablero.

El reloj era corto. Las flotas ya estaba enfrentadas, la cuestión iba a tomar días, no meses. Un contrafáctico que tiene que correr durante semanas acumula error en cada bifurcación; uno que se resuelve en dos o tres días, no.

Y los dos planes estaban escritos. Esto es lo decisivo, porque cambia la pregunta. No estamos preguntando qué se le podría haber ocurrido a dos almirantes, que es irrespondible. Estamos preguntando qué pasa si se ejecutan los planes que las dos armadas redactaron, dotaron y pusieron en posición. Y hay un detalle que lo vuelve limpio: lo único que hay que cambiar para que la batalla ocurra es que una comunicación diplomática llegue unas horas más tarde. No hace falta cambiar el régimen, ni la doctrina, ni los buques, ni los despliegues. Todo eso ya había pasado. Las flotas estaban donde estaban, con lo que tenían, con las órdenes que tenían, llegara o no la mediación.

El detalle que pocos conocen: Chile ya había corrido esta simulación

Enfrentada a un adversario materialmente superior, la Armada de Chile hizo lo que hace una marina profesional con un plan del que no está segura: lo probó. En el simulador táctico Redifón de la base naval de Talcahuano jugaron el combate antes de que pasara, con las dos agrupaciones de superficie con las que pensaban enfrentar a la flota argentina: Acero y Bronce (o Hierro, como aparece en algunas publicaciones).

La postura era ofensiva. La fuerza más débil se acercaría, aceptaría el intercambio y buscaría una decisión.

Esto importa más de lo que parece. Significa que este trabajo no es la primera simulación de esta batalla: es la segunda. La primera la corrió uno de los beligerantes, en equipamiento analógico, antes de decidir qué hacer. Tenga presente el lector que el resultado de este ejercicio realizado por los oficiales navales será el que será juzgado por este ejercicio de simulación. Cómo es que la oficialidad realizó ese ejercicio, en el cual la Escuadra salía exitosa y por ello se adoptó como doctrina, permanece como una gran incógnita.


El escenario y las dos flotas enfrentadas

Cómo funciona esto: Hechizo del tiempo, pero con amnesia

Una simulación basada en agentes no es un programa que calcula quién gana. Es un mundo chiquito donde cada buque, cada submarino, cada formación de aviones y cada base aérea es un actor independiente programable, con su posición, su velocidad, sus armas, su radar y, sobre todo, con lo que cree saber del enemigo. Se los suelta y se los deja hacer. Cada corrida vuelve a repetir el Día D con diferencias programadas.

Una imagen muy didáctica para entenderlo es Hechizo del tiempo (Atrapado en el tiempo en España) —Groundhog Day, en el original—, la película donde Bill Murray se despierta todos los días en el mismo día. Pero hay que corregirla en un punto, y la corrección es justamente lo que explica el método.

En la película, el día es siempre igual y Murray es el que cambia: aprende, prueba cosas distintas, mejora. Acá es exactamente al revés. Nuestro Murray tiene amnesia: cada mañana se despierta y hace exactamente lo mismo que el día anterior, porque su conducta la fija la doctrina, no la experiencia. Lo que cambia es el día. El mar está un poco más picado o un poco más calmo. El radar detecta tres minutos antes o tres minutos después. El misil acierta o no. Un mensaje llega o se pierde.

Entonces uno lo hace despertarse casi 140 mil veces, anota cómo terminó cada día, y recién ahí hace la cuenta.

Si eso suena a poco riguroso, pensemos en el pronóstico del tiempo. Cuando el servicio meteorológico dice "70% de probabilidad de lluvia", no es que haya una lluvia que mide el 70%. Corrieron la atmósfera muchas veces con variaciones mínimas en las condiciones iniciales, y llovió en siete de cada diez. Esto es exactamente lo mismo, con buques en lugar de nubes. La respuesta no es "Argentina gana", la respuesta es una proporción.


Algo que ocurre muchas veces... el GT2 de la FLOMAR se aleja y lanza la aviación mientras los escoltan los protegen y otros buques distraen

Alguno dirá que esto es un jueguito de computadora y que la guerra real no funciona así. Tiene razón en lo segundo. Pero conviene mirar cuál es la alternativa, porque el que afirma “Argentina o Chile ganaba” también está corriendo una simulación: en su cabeza, con supuestos que no declara, y que arroja un solo resultado sin margen de error. La diferencia no es que uno use modelo y el otro no — es que uno de los dos modelos está escrito. Está obligado a ponerle un número a cada cosa que supone, incluidas las que preferiría dejar vagas; se publica con el código y los datos; y cualquiera puede volver a correrlo con sus propios números a ver si le da distinto. Un modelo no es una bola de cristal: no predice, ordena. Dice qué opción era peor que cuál y cuáles son las incertidumbres que mandan. Y si a alguien le sigue pareciendo una frivolidad simular esta batalla, hay un dato incómodo: la Armada de Chile la simuló en 1978, en el simulador de Talcahuano, antes de decidir qué hacer. Los que la iban a pelear pensaban que valía la pena.

El corazón del modelo: el misil va a donde el buque estaba

Si hay una sola cosa de este modelo que vale la pena entender, es esta.

En casi todas las simulaciones de combate, cuando un buque dispara un misil, el programa calcula si le pega. Acá no. Acá un contacto es una creencia, y es un objeto separado del buque real. Cuando un radar detecta algo, no nace un blanco: nace la creencia de que hay algo ahí, con una hora de nacimiento y un error de posición que crece solo, a medida que envejece, porque el buque de verdad se siguió moviendo.

El MM38 Exocet de 1978 era inercial: volaba hacia un punto calculado en el momento del disparo y recién al final encendía su propio radar, con una ventana de unos pocos kilómetros. No iba hacia el blanco. Iba hacia donde uno creía que estaba el blanco cuando apretó el botón. Contra un buque a 20 nudos, un dato de diez minutos de antigüedad corre el punto de impacto más de tres kilómetros y el radar de aproximación final podía llegar a cometer, con baja probabilidad, algún error de bloqueo.

Las cuatro apuestas chilenas

La fuerza más débil tenía cuatro maneras de jugar, y cada una define "ganar" de manera distinta. Esta es la parte que la discusión pública casi siempre se saltea: no hay un marcador único. Asimismo, aprovechamos las ventajas de un entorno simulado, y probamos escenarios que el mando chileno no pensaba jugar. Que quede claro: los primero y segundo escenarios mencionados en la lista de abajo son los únicos que iba a jugar la Armada de Chile, los otros dos fueron recreados por el sentido común y un mínimo conocimiento de historia naval, y ya se verá la importancia de esta modelización. Entonces la lista de estrategias jugadas por la ACh son:

  • Salida mahaniana. Salir a buscar la decisión. Es comprometerse con el Redifon, es la carta que iba a jugar la ACh. Gana si rompe el núcleo aeronaval argentino conservando a Acero como fuerza coherente. Es la única de las cuatro que exige destruir al otro.
  • Negación anfibia. Hacer inviable el desembarco. Gana si sostiene presencia sobre el área del objetivo el tiempo suficiente. No depende de sus propias pérdidas: la agrupación puede morir entera y haber cumplido. Algo que estaba programada para el grupo Bronce.
  • Guerrilla de fiordos. Existir al final habiendo cobrado un precio. Algo que yo sugerí en mi blog la primera vez que caí en la cuenta qué querían hacer los chilenos.
  • Flota en potencia. Existir al final, y haber mantenido a la flota argentina atada a cubrir los accesos en vez de libre para otras tareas. No es necesariamente rehuir el combate, sino preservarse en la zona de conflicto.

Y Argentina gana, en todos los casos, si desarticula a la Escuadra —si la deja sin salva útil, sin poder de combate, o sin mando— y conserva el portaaviones. Sin portaaviones no hay asedio sostenido, y el asedio era el plan.


Extracto de un escenario Salida mahaniana


Extracto de un escenario Negación anfibia


Extracto de un escenario Guerrilla de fiordos


Extracto de un escenario Flota en potencia


Quién es quién adentro de la simulación

Conviene aclarar qué significa "agente" acá, porque no es lo que suena. Un agente no es un personaje con intenciones: es una entidad que tiene su propio estado —dónde está, qué le queda, qué cree— y que cada minuto simulado decide algo por su cuenta. El modelo tiene ocho clases de agente, y dos de ellas no son cosas físicas.

Clase Qué es Qué sabe y qué decide
Buques Cada casco, uno por uno Velocidad, aguante, daño acumulado, misiles y antiaéreos que le quedan, señuelos, alcance de radar y de escucha, si está emitiendo o en silencio, su puesto en la formación. Decide si tira, a qué le tira y si se separa del grupo.
Submarinos Cada boya, en su zona de patrulla Si está sumergido, cuánta batería le queda, si puede usar snorkel, cuántos torpedos tiene y el centro y radio de su zona asignada. Patrulla solo, no navega con la flota.
Aviones Formaciones aéreas, no aparatos sueltos De qué portaaviones o base salió, cuánto combustible y cuántas bombas lleva, en qué fase va —yendo, buscando, atacando, volviendo—, a qué contacto fue asignada y a qué altura va a soltar. Si va en patrón de búsqueda, su propio eje, tramo y viraje.
Bases aéreas Los aeródromos de tierra Cuántos aviones de ataque, de caza y de exploración tiene listos, cuánto falta para la próxima salida, y si está suprimida por un bombardeo.
Misiles Cada misil en vuelo Su velocidad, el ancho de la ventana donde el radar propio se va a encender, cuánto le queda de vida… y el punto al que le dijeron que vaya en el momento del disparo, que no se actualiza nunca más.
Contactos Creencias, no cosas De qué bando es la creencia, a qué buque real se refiere, dónde se cree que está, cuánto error tiene esa estimación, qué tan confiable es, a qué hora se actualizó por última vez y qué sensor la generó. Es la clase que hace que el modelo sea este modelo.
Comandantes Uno por bando Su doctrina y su postura. Es el que traduce "flota en potencia" o "ataque frontal" en órdenes concretas al resto.
Objetivos Las islas en disputa Quién las tiene y si están disputadas en ese momento.

El dato que sorprende es que, en plena batalla, los agentes más numerosos no son los buques: son los contactos. Cada bando genera y pierde creencias todo el tiempo, y cada una vive y envejece por su cuenta. Hay momentos de la simulación en que hay más creencias dando vueltas que buques en el agua — y buena parte de ellas están equivocadas.

Y estos son, con nombre y apellido

Ninguno es genérico. Cada casco entra al modelo con su velocidad sostenida, su aguante según el desplazamiento y su armamento real, uno por uno. Un destructor Fletcher sin misiles no es lo mismo que un Sumner con cuatro Exocet, y contarlos juntos como "destructores" es exactamente el error que el modelo evita.

Flota de Mar argentina

Grupo del portaaviones
25 de Mayo (portaaviones) · Hércules (destructor antiaéreo, el único Sea Dart del teatro) · Drummond y Guerrico (corbetas)

Grupo del crucero
General Belgrano (crucero artillero) · Bouchard y Piedrabuena (con Exocet) · Rosales (solo cañones) · Punta Médanos (petrolero)

Grupo anfibio
Cabo San Antonio y Cándido de Lasala

Grupo de superficie
Py y Seguí (con Exocet) · Almirante Storni y Domecq García (solo cañones)

Submarinos, cada uno en su zona
San Luis y Salta (Type 209) · Santa Fe y Santiago del Estero (GUPPY)

Bases
Río Gallegos (ataque) · Río Grande (exploración)

Escuadra chilena

Los misileros
Williams y Riveros (destructores con Exocet) · Condell y Lynch (fragatas con Exocet)

Los artilleros
Prat y Latorre (cruceros) · Portales, Zenteno, Blanco Encalada y Cochrane (destructores)

Submarino
Simpson (Balao sin snorkel) en patrulla al sur de la Isla de los Estados (y el Hyatt en las variantes con dos, aunque solo fue agregado para darle variabilidad al resultado)

Base
Chabunco, con sus cazas

Cuatro de los ocho destructores y fragatas llevaban Exocet. Ese número, y no el total de cascos, es el que fija el techo de lo que la Escuadra podía poner sobre un blanco escoltado.

Las dos agrupaciones chilenas —Acero, la fuerza de choque, y Bronce, la encargada de negar el desembarco— se arman con estos buques, y qué barco va en cuál depende de si los misileros van adelante o atrás. Esa decisión de formación es una de las cosas que la simulación prueba en ambos sentidos, porque nadie sabe cuál habrían elegido.


Los resultados

Todo el ejercicio técnico de simulación abarca 40 o más páginas de texto. No se va a desarrollado aquí, pero para que tengan un mínima idea es una simulación basada en agentes. Como mencionó, cada agente es una entidad programable y asume un rol en la simulación: un agente se comporta, por ejemplo, como una fragata Tipo 42 (la ARA Hércules). Ese agente puede disparar misil antiaéreos Sea Dart. Cada misil Sea Dart, a su vez, es un agente: se comporta como un misil, es decir, despega con el cohete, recibe dirección de vuelo del radar del Tipo 42 e impacta y "muere" si alcanza su blanco. Así es para cada avión, buque, misil, base aérea, submarino, etc. A cada uno se le asignan atributos propios del agente: el agente ARA "25 de Mayo", portaaviones clase Colossus, puede navegar sólo hasta un máximo de 21/22 nudos. El agente "ACh Zenteno", siendo un destructor clase Allen M. Summer, puede alcanzar los 35 nudos de máxima. Cada A-4Q Skyhawk y cada S-2 Tracker, lo mismo: agentes que pueden volar a distintas velocidades y alcances siendo que el A-4Q puede, a su vez, "lanzar" otro agente: bombas de 250kg. Al mismo tiempo, los buques argentinos y chilenos lanzan también otro agente: el misil MM-38 Exocet.


La rayas celestes son Trackers realizando exploración y reconocimiento. Las líneas rojas, la aviación naval atacando. Note arriba la línea que va de Río Gallegos a Chabunco: es el ABA (Airbase Attack) que destruiría la base aérea chilena a la hora H.

A cada agente, con sus atributos, se le asignan una conducta: la Escuadra chilena se divide en dos fuerzas llamadas Acero y Bronce con distintos objetivos en la batalla. Del mismo modo, la FLOMAR se divide en tres Grupos de Tareas: GT1, GT2 y GT3. Cada formación y grupos operan como una red (escuadrilla) pequeña dentro de su formación pero también a una red más grande de la flota o escuadra respectiva. Cada buque cumple una función: un LPD lleva tropas, un submarino lleva torpedos, cada buque lleva misiles y cañones. Cada "almirante" busca cumplir el objetivo moldeado por la doctrina. No hay un proceso de optimización pero si de aprovechamiento de sus recursos y aquí viene la gran diferencia en los resultados: los buques con cañones y misiles solo pueden causarle daño o desincentivar ciertas conductas mediante el uso de sus armas dentro de su alcance efectivo. Ningún agente dispara un arma fuera de su alcance, obviamente ni de su objetivo. Un Exocet nunca es lanzado contra un avión, del mismo modo que un cañón naval tampoco abre fuego sobre aviones.

Luego, cada corrida de simulación arrancan con un seteo (setup) específico: Se fijan ciertas condiciones iniciales y se corren decenas de veces ese escenario y se guardan esos resultados. Luego, se modifican esos seteos: algo cambia ahora. Puede ser que el GAE tenga un avión más, puede ser que la ACh arranque el día D en otra posición levemente desplazada de la anterior y así, ante cada cambio, se vuelve a correr y se guardan los resultados. Ahora, lo que nos va a interesar es, en promedio, cómo fueron los resultados agregados.
 
Bien, ahora veamos estos resultados basado en las apuestas chilenas anteriormente enumeradas. Cada barra es la proporción de veces, sobre miles de repeticiones, en que cada lado cumplió su objetivo.

Salida mahaniana — el ataque frontal ensayado en Talcahuano
Objetivo argentino cumplido
99,0%
Objetivo chileno cumplido
0,0%
Negación anfibia
Objetivo argentino cumplido
98,1%
Objetivo chileno cumplido
11,4%
Guerrilla de fiordos
Objetivo argentino cumplido
86,4%
Objetivo chileno cumplido
24,1%
Flota en potencia — la mejor opción chilena
Objetivo argentino cumplido
33,2%
Objetivo chileno cumplido
52,1%

Nota aclaratoria: Esto no es un marcador de fútbol. Cada bando tenía un objetivo distinto, y cada barra mide si lo consiguió, sin importar lo que lograra el otro: podían salirse con la suya los dos a la vez, o ninguno. Cada barra se mide contra el objetivo de ese bando, no contra el otro: los dos pueden cumplir, o ninguno. Por eso no suman cien.

La primera lectura es la que importa: la postura ofensiva es la peor de las cuatro, y por lejos. Contra la mejor opción chilena —quedarse quieta, conservarse, obligar a la flota argentina a cubrir los accesos— el objetivo argentino se cumple en apenas uno de cada tres combates.

Dicho de otro modo: el peor enemigo de Argentina no era la Escuadra saliendo a pelear. Era la Escuadra no saliendo.

 


 

Pero el ataque frontal no era una idiotez

Acá conviene frenar, porque es fácil leer el cuadro de arriba como una burla al estado mayor chileno, y los números no dicen eso.

El ataque frontal es la única postura bajo la cual la batería de misiles chilena se emplea en serio: la Escuadra dispara un promedio de 8,2 misiles, contra 0,2 si se queda quieta. Y es la única que le cuesta algo a Argentina. Las pérdidas argentinas de poder de combate pasan de 2,3% a 11,3%: cinco veces más. Es también la más rápida: se resuelve en unas 27 horas contra 37 de los otros escenarios.

Acero y Bronce compran una batalla más sangrienta, más corta y una derrota segura. Una marina que juzgara que su objetivo era imponer un costo —y no disputar el control del mar— eligió bien. Una que esperara prevalecer, no. El modelo no puede decidir cuál de los dos objetivos tenían en la cabeza; eso es una discusión histórica, no estadística.

Y si Chile atacaba de frente, ¿qué le convenía hacer a Argentina?

La respuesta del modelo es incómoda y bastante elegante: casi nada. Se probaron dos posturas argentinas distintas frente al ataque frontal —campaña aeronaval escalonada y evasión y desgaste— y los resultados fueron 99,2% y 98,9%. La primera sería una táctica mahaniana desde el lado argentino, ataca toda la flota en conjunto aprovechando la distancia primero, y la superioridad numérica lograda después. La segunda es un proceso de destacar un destructor misilero como piquete adelantado y forzar la salida de la Escuadra para luego atacarla. La postura argentina es el factor menos consecuente de todo el estudio.

Si la Escuadra se acerca, el duelo de misiles ocurre, Argentina lo gana y lo paga. No hay plan argentino que lo evite. Lo que sí controlaba Argentina era el grupo aéreo, y ahí está el dato que mejor resume la campaña entera: a lo largo del estudio, la flota argentina larga entre 50 y 130 bombas por combate, y dispara entre 0,5 y 4 misiles. El duelo naval de superficie, que es el que los oficiales de ambas marinas estaban entrenados para pelear, era un efecto secundario de que el otro se acercara. La campaña corría con los aviones. Más aún, miles de batallas son ganadas por la FLOMAR sin que ninguno de los dos bandos llegue a disparar ningún Exocet.

Cinco cosas que no importaban (y dos que sí)

Lo más útil de una simulación no suele ser quién gana, sino descubrir qué cosas cambian el resultado y qué cosas no cambian nada. Acá hubo varias sorpresas.

No movieron la aguja:

  • La Fuerza Aérea Argentina. Con la FAA plenamente operativa —llegando al rol antibuque en el 86,8% de las corridas y golpeando la base aérea chilena adelantada de Chabunco en el 98,4%—, el resultado cambia entre −2,5 y +0,9 puntos. Cuarenta y seis salidas adicionales no cambian nada.
  • Si el 25 de Mayo tenía 8 u 11 A-4Q. Una diferencia de casi 40% en la plataforma que todos consideran decisiva: 30,8% contra 31,6%. Es ruido. El GAE chico o grande sigue siendo letal.
  • Los submarinos y los torpedos. Duplicar los submarinos argentinos, duplicar los chilenos (en una fantasía para agregar variabilidad suponemos que el ACh Hyatt llegó al TOAS), variar diez veces la probabilidad de impacto del torpedo: nada afecta al resultado final.
  • La calidad de las comunicaciones. La demora de los mensajes variada quince veces y la probabilidad de pérdida siete veces no producen ningún efecto.
  • El tiempo de rearmado de los aviones. El mecanismo responde como debe —rearmar más lento da menos salidas— y el resultado no se mueve. Se tarde mucho o poco, mientras despegue y pegue, gana la FLOMAR.

Movieron mucho la aguja:

  • El clima. El estado del mar máximo que permite operar aviones y el viento mínimo sobre cubierta están entre los dos mayores impulsores físicos del resultado. La superioridad material argentina estaba condicionada a poder volar, y el Pasaje de Hoces en diciembre no es un lugar confiable para volar desde un portaaviones de 1945.
  • La capacidad de generar y entregar ataques —a qué distancia tiene que quedarse el portaaviones, cuántos aviones hay, cuántos se pierden por pasada— pesa alrededor del doble que la letalidad de las armas que esos aviones llevan. Y los parámetros de armamento naval puro —probabilidad de impacto de torpedos y misiles, potencia de las ojivas, alcance— explican menos del 2,5% de la variación. Lo que decide no es cuánto daño hace cada golpe, sino cuántos golpes se logran poner.




Una trampa que encontramos de casualidad

Hay un último resultado que no buscábamos y que es, probablemente, el más importante para cualquiera que haga este tipo de ejercicios.

Entre las cosas que más mueven el resultado no están los misiles, ni los radares, ni los aviones. Está la definición de qué cuenta como ganar.

Pensemos un segundo lo que eso significa. ¿Qué tan grande hay que dibujar el "área del objetivo" para decir que una flota la está cubriendo? ¿Cuántos buques tienen que quedar en pie para seguir llamando "escuadra" a lo que queda? ¿Cuánto daño hay que hacerle al otro para decir que uno le cobró un precio? Ninguna de esas tres preguntas tiene respuesta en ningún archivo. Las contesta el que arma el modelo — y resulta que esas tres respuestas pesan casi tanto como todo lo que hacen los misiles, los aviones y el clima juntos.

Por eso el trabajo publica el rango entero en vez de un número solo: ese 33,2% se mueve entre 24,5% y 40,7% según dónde se pongan esos umbrales. Es incómodo y es honesto. Y es, en el fondo, un resultado sobre cómo se hacen estos ejercicios más que sobre esta batalla en particular.

Qué NO prueba esto

Un modelo no es una bola de cristal. Este tiene cuatro agujeros y conviene decirlos antes de que los diga otro.

a. No hay con qué comparar. 
El que simula Midway puede fijarse si le dio parecido a lo que pasó de verdad, y corregir hasta que dé. Acá no hay contra qué chequear, porque la batalla no ocurrió. Y no es que falte revolver archivos: el dato no existe, no existió nunca.

b. El clima está puesto a ojo. 
El estado del mar, el viento y la visibilidad se sortean al azar dentro de rangos razonables, en vez de usar las estadísticas reales de cómo está el Hoces en diciembre. Y justo el clima resultó ser una de las cosas que más pesan. O sea: sabemos que importa mucho, pero no sabemos bien cuánto. Es lo primero que habría que arreglar, y para eso hace falta ir a buscar los datos meteorológicos de la zona.

c. Nadie sabe cómo estaban los buques ese día. 
Ninguna de las dos armadas publicó qué radares andaban, qué cañones estaban fuera de servicio ni cuánta munición había en cada pañol. El modelo supone que todo funcionaba. Seguro que no era así en ninguno de los dos lados — pero no hay manera de saber de qué lado estaba peor, así que tampoco se puede corregir. Ojo que Escobar Doxrud (2025) en su prosaico trabajo expone algunas deficiencias de los buques chilenos ocultadas al público.

d. Faltan los aviones de exploración que salían del continente. 
Están cargados en el modelo pero nunca despegan. Eso hace que Argentina "vea" menos de lo que probablemente habría visto, así que el error juega en contra del resultado argentino, no a favor.

¿Entonces qué hay que creerle a todo esto? El orden, no el número exacto.

Que a Chile le hubiera ido mejor quedándose quieto que saliendo a pelear de frente es una conclusión firme: se probó con miles de combinaciones distintas de parámetros y siempre dio lo mismo. La razón es simple: si el modelo se equivoca en algo, se equivoca igual para las dos posturas, así que la comparación entre ellas aguanta.

Saliendo del modelo: Si el dúo López-Merino hubiesen decidido usar un enfoque de racionalidad más reflexiva, la lógica operativa los iba a cubrir mejor. Si la Escuadra se quedaba "escondida" esperando que la FLOMAR se acerque, iba a ser mas probable causarle daños. Una Escuadra que no se ve o que está repartida, era una espada de Damocles sobre la FLOMAR. Ir a atacar a la FLOMAR a mar abierto teniendo la impunidad de la aviación naval, es asaltar un nido de ametralladoras a bayoneta calada y tranquilamente todos pueden llegar a morir en el intento.

Reflexiones finales

Finalmente, existió (y existe) increíblemente una discusión sobre el resultado potencial de esta batalla aeronaval. Que las fuentes chilenas no hayan llegado a este resultado se entiende: a nadie le sale fácil escribir que la maniobra que su propia institución ensayó habría terminado con la escuadra destruida y sin cumplir su objetivo. Lo llamativo es el otro lado. La literatura argentina es optimista en general, pero nunca llegó a plantear una victoria clara. Siempre apareció con reservas: el clima, las comunicaciones precarias, los submarinos chilenos, los Exocet de la Escuadra. Nadie escribió nunca “el ataque frontal chileno fracasa en todos los casos”, y no por falta de ganas: sin un modelo no hay manera de decir “todos los casos”. Una narración no tiene denominador. Un relato que sale bien y un relato que sale bien nueve de cada diez veces se cuentan con las mismas palabras. Algunas fuentes chilenas auguraban (y lo siguen afirmando) en un pensamiento mágico una victoria o, por lo menos, casi un empate técnico. Algún payaso sin la nariz colorada colocada ha afirmado que incluso la Escuadra iba a capturar por abordaje algún buque argentino. Bueno, siempre es bueno recordar a Twain y la necesidad de quedarse callado y no confirmar que se es idiota. La probabilidad de que ese marino muy mal preparado de apellido López Silva, en teoría "experto en guerra aeronaval", e inflado por un inútil y charlatán como Paco Toribio Merino, volviera con la escuadra a Talcahuano era nula con 99% de probabilidad. 

Perdón, entonces... ¿contra quién íbamos a pelear? ¿Contra el marino que se olvidó de leer los aportes de la doctrina naval de la Segunda Guerra Mundial? ¿Contra el general que llevaba a las trincheras a policías como carne de cañón? ¿Contra los montajes de cañones falsos que portaban los buques chilenos (Escobar Doxrud, 2025)? ¿O a una fuerza aérea a nivel operativo africano? Valió la pena despejar el humo de toda esta historia.

Lamentablemente los acontecimientos de estos últimos meses exhiben y han exhibido en parte del pueblo chileno un nivel desquiciado de comentarios y mentiras sobre el tema de Malvinas y el estrecho de Magallanes. Nunca hubo un mejor escaparate antropológico. Parece imposible dialogar dentro de la mínima racionalidad. Pero uno ya anticipa la remanida pregunta: ¿y entonces por que no atacaron si era tan fácil? Quiénes están del otro lado del paredón, piensan que esta batalla naval era fundamental para resolver el conflicto. Su visión se centró en las tres islas y esa visión de túnel les hizo ver que si se defendían las islas (que como se aprecia, no iban a poder) se "ganaba" la guerra. De este lado de la cordillera, la ecuación era mucho más grande como se menciona en este artículo. Si bien la batalla aeronaval presentaba altas probabilidades, dentro de la incertidumbre, de ser ganada, en los otros (y muy distintos) frentes (Paso Internacional Libertadores, Paso Puyehue, Tierra del Fuego, Frente Norte, etc.) la situación no era tan clara. La decisión se tomó, aparte de sopesar la intervención papal, considerando toda la información de una guerra total, no de una guerra limitada.

Para seguir leyendo en este blog

Este artículo resume un trabajo académico en preparación. Quien quiera la reconstrucción narrativa y el detalle operativo de la crisis puede seguir por acá:

El trabajo citado como Escobar Doxrud (2025) es el siguiente:

Escobar Doxrud L. Maniobra de la Escuadra chilena en 1978. Rev Mar. 2025;142(1005): 31-37. https://revistamarina.cl/es/articulo/maniobra-de-la-escuadra-chilena-en-1978  

Léanlo porque es un plato, todo lo contrario de este artículo.



El modelo está implementado en NetLogo, es georreferenciado y trabaja a resolución de plataforma individual: cada buque, submarino, formación aérea y base es un agente autónomo. El código, el diseño experimental completo y las casi 140 mil corridas se publicarán como material suplementario del artículo. Las cifras provienen de un manuscrito en evaluación y pueden ajustarse en la versión final.

Fusil de asalto: Un análisis brasileño del IWI ARAD 7

Defensa de puerto: Re-aprendiendo la tarea de protección de base

Cómo re-aprender a defender un puerto 





Por qué defender un puerto contra drones submarinos exige métodos diferentes de los utilizados para buscar submarinos en mar abierto

Los marinos lo saben desde hace mucho tiempo: un buque amarrado es más vulnerable que uno que navega en alta mar. En aguas abiertas, localizar un blanco puede demandar horas; junto al muelle, en cambio, permanece inmóvil y ocupa una posición conocida. Los británicos lo comprobaron en Alejandría, en diciembre de 1941, cuando saboteadores italianos ingresaron en la rada con torpedos tripulados y dejaron fuera de combate a dos acorazados dentro del propio puerto. Desde entonces cambiaron los medios, pero no el principio. Hoy el atacante puede ser un vehículo submarino no tripulado, y la Guardia Costera de Estados Unidos busca cómo detectarlo y detenerlo.

Una consulta para empezar

A fines de julio de 2026, la Guardia Costera de Estados Unidos (USCG) publicó en el portal oficial de contrataciones una solicitud de propuestas dirigida a la industria. La redacción era poco habitual para un documento de ese tipo: el organismo buscaba tecnologías capaces no solo de detectar vehículos submarinos no tripulados (UUV), sino también de actuar contra ellos. La iniciativa quedó a cargo del área responsable de adquirir e incorporar nuevas tecnologías, y las empresas interesadas dispusieron de apenas dos semanas para presentar sus propuestas.

El planteo central era sencillo: ya existen capacidades para detectar y seguir UUV, pero todavía son escasos los sistemas de neutralización probados y listos para desplegar. Esa es la brecha que la Guardia Costera intenta cerrar. En la jerga militar, el proceso completo se denomina kill chain o cadena de ataque: detectar, seguir, clasificar, identificar y finalmente neutralizar. El eslabón más complejo, sin embargo, no siempre se encuentra al principio o al final, sino en el medio. Dentro de un puerto no alcanza con observar un objeto bajo el agua. En el mismo espacio hay peces, restos, buzos y vehículos civiles, por lo que la amenaza debe distinguirse dentro de un entorno cargado de ruido antes de adoptar cualquier medida. Durante mucho tiempo, los primeros pasos de esa cadena funcionaron de manera razonablemente confiable, mientras que el último —la neutralización efectiva— permaneció más cerca de la teoría que de una capacidad operativa.

Los requisitos publicados son concretos: nivel de madurez tecnológica TRL 5 o superior. En la escala utilizada por el Pentágono, eso significa que no basta con presentar una idea o un diseño sobre el papel. El sistema debe haber superado, al menos, pruebas limitadas en condiciones representativas. Tampoco se considerarán propuestas dedicadas únicamente a la vigilancia: cada solución deberá incluir un efector, es decir, un dispositivo capaz de destruir, inmovilizar, capturar o neutralizar directamente el blanco. Además, tendrá que funcionar en puertos, vías navegables y aguas costeras, los espacios donde, según la Guardia Costera, los vehículos submarinos no tripulados representan la amenaza más inmediata.


Una amenaza que ya ha funcionado

La solicitud no surgió de la nada. El episodio más significativo ocurrió en diciembre de 2025, en Novorossiysk. Según la versión ucraniana, un dron submarino Sub Sea Baby ingresó en las aguas de la base naval y detonó una carga cerca de un submarino diésel-eléctrico del Proyecto 636.3 —clase Improved Kilo para la OTAN y Varshavyanka en Rusia— que se encontraba amarrado. Rusia niega que el submarino haya sufrido daños graves; no existe una confirmación independiente de que haya quedado fuera de servicio y todavía se desconoce el alcance real de los daños. Lo relevante es el escenario: un dron que consigue penetrar en un puerto protegido y explotar junto al muelle, precisamente la clase de ataque que hace un siglo se intentaba impedir mediante redes de contención.



dron marino Sea Baby

Esta no es la primera vez. En febrero de 2024, las fuerzas del CENTCOM tuvieron que destruir un vehículo submarino no tripulado (UUV) hutí en el Mar Rojo; según su informe, por primera vez desde que comenzaron los ataques en la región. Incluso antes, en 2021, Hamás intentó atacar buques israelíes: según informes israelíes, el UUV transportaba varias decenas de kilogramos de explosivos y estaba guiado por GPS. Las cifras son modestas, pero el principio es el mismo: una plataforma submarina barata contra un objetivo costoso.

El tema también es desarrollado por grandes empresas. flotasChina ha presentado sus drones en dos ocasiones: el HSU001 en el desfile de 2019 y el HSU100 en el de 2025. No se han publicado las especificaciones exactas, y juzgarlas basándose en las imágenes del desfile es una tarea ingrata. Pero el mero hecho de que estos dispositivos desfilen por la plaza principal de Pekín dice mucho sobre la importancia de esta categoría. Y aquí reside la compleja cuestión para el defensor: el dron atacante puede ser simple y económico, mientras que el sistema diseñado para detenerlo de forma fiable es complejo y caro. Esta diferencia de costes juega en contra de la defensa: interceptar cada dron es costoso, lo que la hace especialmente vulnerable a un ataque coordinado por un enjambre de drones baratos, cuando hay múltiples objetivos.


El vehículo submarino no tripulado (UUV) de largo alcance AJX002 de China fue presentado por primera vez en un desfile militar.

De brazos articulados a cortinas de aire


Volvamos a Alejandría. La noche del 19 de diciembre de 1941, seis nadadores de combate italianos en tres torpedos guiados (fueron apodados cerdos, "cerdos", por su naturaleza obstinada) penetraron en el puerto, superaron las barreras y colocaron cargas bajo los acorazados. Valiente и La reina IsabelAmbos yacían en el suelo cerca del muelle. Los saboteadores habían hecho lo que la armada británica no les habría permitido hacer en alta mar.

La respuesta a tal amenaza ya se estaba desarrollando por aquel entonces, y era sumamente física: barreras flotantes y redes antisubmarinas en las entradas de las bases. Una barrera de acero que un nadador o una pequeña embarcación no podía atravesar sin ser detectado. La lógica era simple: si no se puede localizar con certeza a un intruso en el agua, se le coloca una barrera en el camino.

Más de ochenta años después, el desafío de ingeniería sigue siendo el mismo; solo han cambiado los materiales. Los recientes ejercicios de la OTAN en el Báltico demostraron, entre otras cosas, una red señuelo llamada "algas artificiales": una barrera diseñada para vehículos submarinos no tripulados (UUV) en lugar de buceadores. Es la misma idea que una barrera física en la entrada de un área protegida, solo que contra un objetivo no tripulado. Existe una conexión directa entre la red de 1941 y la red actual, y esto demuestra claramente que, en la defensa portuaria, lo nuevo a menudo termina siendo una reinterpretación de lo antiguo.

Dos niveles de defensa y por qué el puerto se distingue

La defensa contra vehículos submarinos no tripulados se organiza en dos capas. La de largo alcance apunta a detectar amenazas con anticipación y cubrir grandes extensiones marítimas. La de corto alcance protege puertos, accesos y muelles, donde el intruso ya se encuentra cerca del objetivo.

La capa más alejada de la costa tiene una larga historia. Durante la Guerra Fría, su principal exponente fue el SOSUS: una red de hidrófonos instalados en el fondo marino para detectar el ruido de los submarinos soviéticos. Era un sistema costoso de construir y mantener, concebido para localizar blancos de gran tamaño y no pequeños drones silenciosos. Parte de esa infraestructura todavía existe, aunque hoy se utiliza principalmente con fines científicos. En el plano operativo fue reemplazada por el IUSS, que combina sensores de fondo, sonares remolcados y centros terrestres de procesamiento. La industria también ofrece alternativas más económicas y flexibles, como la red modular de sensores submarinos Seabed Sentry, de Anduril, que se está probando junto con el sonar remolcado Sea Spear en demostraciones del programa Lanternfish.

La capa cercana es precisamente la que interesa a la Guardia Costera. Durante esos mismos ejercicios en el Báltico, además de las redes de sensores, se presentó una cortina de aire. El sistema inyecta aire en el agua frente al objetivo protegido y crea una pared de burbujas que perturba los sonares y sensores de profundidad del dron, dificultando su navegación. Es una medida no cinética: no busca destruir el vehículo, sino impedir que alcance su blanco. Neutralizar un dron tampoco significa necesariamente hacerlo explotar. Junto con las cargas explosivas, se consideran la interferencia de sus sistemas de navegación y su captura intacta. De todos modos, las soluciones cinéticas siguen disponibles: las demostraciones incluyeron cargas neutralizadoras, mientras que el patrullaje de las aguas portuarias comenzó a confiarse a drones Iver3. La lógica es sencilla: dentro de un puerto estrecho puede resultar más fácil hacer que un dron pierda su objetivo que asegurar su destrucción.

Por eso la defensa portuaria constituye una especialidad propia y no una versión reducida de la guerra antisubmarina oceánica. En mar abierto se puede operar sobre un gran volumen de agua sin demasiada preocupación por terceros. En un puerto, en cambio, conviven embarcaciones civiles, remolcadores, buzos, pilotes y estructuras de amarre. El fondo, los muelles y las paredes generan numerosos ecos y falsas detecciones. Por lo tanto, el costo de una falsa alarma es elevado y la prioridad deja de ser el alcance para concentrarse en la precisión de la clasificación: distinguir un UUV de un pez, un resto flotante o un vehículo civil. También aumenta el valor de los medios no cinéticos, como redes, barreras e interferencias, porque allí sencillamente no existe espacio para emplear armamento convencional en toda su potencia.


Tres enfoques para un mismo problema.

Mientras los ingenieros ensayan cargas explosivas y cortinas de aire, distintos países comienzan a organizar la defensa portuaria mediante programas específicos. La estructura de esas iniciativas permite reconocer con bastante claridad qué amenaza considera prioritaria cada uno.

El ejemplo más ilustrativo es REEF, sigla que distintas publicaciones especializadas desarrollan como Robotic Exclusion and Engagement Framework. Esta iniciativa conjunta de Estados Unidos y el Reino Unido, anunciada en 2026 junto con la Unidad de Innovación de Defensa estadounidense y organismos de defensa naval británicos, resulta más relevante por su arquitectura que por cada equipo en particular. No busca una única solución decisiva, sino integrar un sistema modular compuesto por medios de detección, seguimiento y clasificación, junto con efectores intercambiables: redes, interferidores y armas cinéticas. El conjunto debería responder a distintos tipos de vehículos submarinos, desde UUV de gran tamaño hasta pequeños aparatos operados a distancia.

El detalle central es que REEF fue concebido originalmente para proteger puertos y solamente después extendió su alcance hacia mar abierto. La guerra antisubmarina tradicional se desarrolló desde el océano hacia la costa; en este caso, el recorrido es inverso. Tal vez sea la señal más clara de que la defensa portuaria se convirtió en una disciplina propia, en lugar de funcionar como una simple rama de la guerra antisubmarina naval.

El pedido de la Guardia Costera mencionado al comienzo representa un segundo enfoque, mucho más concreto. No se trata de un programa general, sino de la búsqueda de un componente específico para cubrir una capacidad faltante. REEF pretende abarcar toda la cadena; la Guardia Costera, en cambio, reconoce que ya dispone de sensores y sistemas de detección, pero necesita medios para actuar sobre los blancos identificados. La diferencia de escala es lógica: debe proteger decenas de puertos y mantener una compatibilidad estricta con equipos que ya se encuentran desplegados. Busca una pieza que pueda incorporarse al sistema existente, no una arquitectura completamente nueva. De allí el requisito de alcanzar, como mínimo, un nivel de madurez tecnológica TRL 5: no se solicitan conceptos puramente experimentales.

Rusia muestra un tercer enfoque mediante el sistema Korvet, presentado como una solución para defender bases frente a varias amenazas simultáneas: buzos de combate, embarcaciones no tripuladas y vehículos submarinos autónomos. Sus especificaciones detalladas no son públicas, por lo que no tiene demasiado sentido intentar evaluar su eficacia a partir de la escasa información disponible. Sin embargo, el concepto resulta revelador: la amenaza se entiende de manera integral, combinando incursiones submarinas, ataques de superficie y acciones de sabotaje. Su lógica se acerca más a la defensa completa de una base que a la neutralización de una clase particular de dron.

Las tres respuestas se diferencian principalmente por sus supuestos. REEF parte de que las amenazas serán numerosas y variadas, por lo que desarrolla una estructura flexible. La Guardia Costera considera que falta un eslabón determinado y procura adquirirlo. Korvet responde a la vulnerabilidad de una base frente a ataques provenientes de distintos medios. Las tres coinciden en algo: ya nadie supone que un puerto pueda protegerse solamente mediante una versión reducida de los sistemas antisubmarinos empleados en mar abierto.

La capacidad para detectar objetos submarinos avanzó más rápido que los medios disponibles para detenerlos, y el pedido de la Guardia Costera apunta precisamente a cubrir esa brecha. La competencia entre drones relativamente baratos y sistemas defensivos costosos recién empieza. Las barreras en los accesos portuarios vuelven así a ocupar un lugar comparable al que tenían hace un siglo, aunque ahora estén construidas con sensores, algoritmos, interferidores y vehículos no tripulados.

viernes, 23 de octubre de 2026

EA: Licita la compra de 4x4 JLTV

CAE: Historial operativo de los legendarios Bell UH-1H

Pioneros argentinos del asalto aéreo

Resumen de un artículo por Santiago y Joaquín Rivas 



Visitamos el Batallón de Helicópteros de Asalto 601 del Ejército Argentino, una de las unidades más importantes de la Aviación de Ejército y el mayor elemento de helicópteros del país. Con una extensa experiencia operativa, cumple un papel central tanto en tiempos de guerra como de paz.

La Guerra de Vietnam demostró el valor del helicóptero para las operaciones de asalto aéreo: permitió mover tropas con rapidez, sorprender al enemigo, ejecutar maniobras de flanqueo, abastecer unidades de primera línea y evacuar heridos. Con el tiempo, la incorporación de visores nocturnos (NVG) y nuevas tecnologías extendió esas capacidades a operaciones durante las 24 horas.

El Ejército Argentino incorporó tempranamente estos conceptos. En 1970 creó la primera unidad de helicópteros de asalto de América Latina, inicialmente con entidad de compañía. Con los años, aquella organización evolucionó hasta convertirse en el actual Batallón de Helicópteros de Asalto 601 “Teniente Coronel VGM Jorge Roberto Svendsen”, integrante de la Agrupación de Aviación de Ejército 601 y con asiento en el Aeródromo Militar Campo de Mayo.

Desde sus orígenes, la unidad se especializó en apoyar a tropas de asalto, infantería y fuerzas especiales, transportando personal, equipos y abastecimientos, además de insertar y extraer efectivos en zonas de difícil acceso. También desarrolló una importante actividad de apoyo a la comunidad ante emergencias, desastres naturales y misiones humanitarias.

Un largo camino

La historia de la unidad comenzó con la Compañía de Helicópteros de Asalto, creada en 1970 luego de la llegada del primer Bell UH-1H en diciembre de 1969.

En 1975 tuvo su bautismo de fuego durante el Operativo Independencia en Tucumán. El 7 de febrero se organizó el Equipo de Combate “Cóndor”, que incluía una sección con cuatro UH-1H, dos Piper L-21B y un elemento de mantenimiento.

Durante ese año los helicópteros participaron en diferentes acciones, brindando apoyo de fuego y evacuación sanitaria. En Acheral, el UH-1H matrícula AE-412 recibió fuego enemigo y murió su artillero de puerta, cabo primero mecánico de aviación Anselmo Ramírez. En mayo de 1976 también se perdió el AE-411 durante un vuelo de búsqueda, con cuatro de sus seis tripulantes.

En diciembre de 1975, cinco helicópteros participaron además en las operaciones contra el intento de copamiento del Batallón de Arsenales 601 Domingo Viejobueno, en Monte Chingolo.

La incorporación de nueve Aérospatiale SA-330L Puma en 1978 permitió crear una segunda compañía: los Puma pasaron a integrar la Compañía de Helicópteros de Asalto A y los UH-1H permanecieron en la B.

Malvinas

Tanto los UH-1H como los Puma participaron activamente en la Guerra de Malvinas. La primera acción de un Puma tuvo lugar durante la recuperación de las Georgias del Sur, el 3 de abril de 1982.

Durante abril fueron desplegados a las islas nueve UH-1H y cinco Puma, junto con tres Agusta A-109A y dos Boeing Vertol CH-47C Chinook pertenecientes a otras unidades de Aviación de Ejército.

El 9 de mayo se produjo la primera pérdida de un Puma, el AE-509, derribado por un misil Sea Dart, con la muerte de sus tres tripulantes. A lo largo del conflicto, los helicópteros realizaron transporte, rescate, reconocimiento y operaciones de asalto aéreo. El 29 de mayo participaron en misiones durante los combates de Darwin y Pradera del Ganso, operando también junto a un Chinook de la Fuerza Aérea.

Otro Puma cumplió tareas sanitarias desde el buque hospital ARA Bahía Paraíso. La guerra dejó una enorme experiencia operativa, pero también una flota muy disminuida.

En 1986 llegaron tres AS-332B Super Puma destinados inicialmente a operaciones antárticas. Ese mismo año, la experiencia acumulada llevó a transformar las dos compañías en el actual Batallón de Helicópteros de Asalto 601.

Durante los años siguientes, la flota de Huey recibió distintos refuerzos. Desde comienzos de los 2000, además, el Ejército inició localmente la modernización de los UH-1H al estándar Huey II, a cargo del Batallón de Abastecimiento y Mantenimiento de Aeronaves 601.

En total, dieciséis UH-1H fueron convertidos a Huey II, a los que se sumaron dos ejemplares provenientes de Gendarmería Nacional y el demostrador entregado originalmente por Bell.

Organización y operaciones

Actualmente el Batallón cuenta con tres escuadrones:

  • el Escuadrón Apoyo y Asalto, equipado con Bell 212 y el último Super Puma;

  • el Escuadrón de Asalto, que opera la flota de Bell UH-1H/Huey II;

  • y el Escuadrón Comando y Servicios, responsable del apoyo terrestre y mantenimiento de primera línea.

Las tareas de mantenimiento mayor, modernización y conversión de aeronaves quedan en manos del Batallón de Abastecimiento y Mantenimiento de Aeronaves 601.

La misión principal sigue siendo brindar movilidad, rapidez y flexibilidad a las fuerzas terrestres mediante operaciones aeromóviles, apoyo de combate y tareas logísticas.

La enorme variedad geográfica argentina impone un desafío particular. La unidad debe estar preparada para actuar en la estepa patagónica, la Cordillera de los Andes, las selvas del noreste, la llanura pampeana, zonas desérticas, humedales e islas.

Eso obliga a entrenarse para operar con altura, calor, humedad y escenarios de visibilidad degradada (DVE), incluidos polvo, arena y condiciones de luminosidad extremadamente baja.

El Batallón trabaja habitualmente con el Regimiento de Asalto Aéreo 601, también basado en Campo de Mayo, y con otras unidades de la Fuerza de Despliegue Rápido, incluidos los regimientos de paracaidistas y las compañías de comandos. También opera con fuerzas especiales de las demás Fuerzas Armadas.

Además del desembarco convencional, ejecuta inserciones mediante rappel, fast rope y helo cast, así como lanzamientos de paracaidistas.

Sus helicópteros pueden transportar carga interna o mediante eslinga externa. La incorporación de grúas de rescate Goodrich, canastillas y camillas amplió además su capacidad de evacuación sanitaria. Para las operaciones nocturnas dispone también de reflectores Spectrolab SX-16 Nightsun.

Fuera del ámbito estrictamente militar, la unidad cumple un papel importante en apoyo a la comunidad: evacuaciones médicas, transporte, lucha contra incendios mediante Bambi Bucket, asistencia humanitaria y apoyo ante inundaciones y otros desastres.

Durante cada verano participa habitualmente en el combate contra incendios forestales en la Patagonia. También intervino en emergencias como la pandemia de COVID-19 y las inundaciones de Bahía Blanca.

Entrenamiento

Los pilotos llegan desde la Escuela de Aviación de Ejército, donde ya adquirieron los conocimientos básicos de vuelo en helicóptero y realizaron entrenamiento inicial en simulador del Huey II.

Una vez destinados al Batallón, completan una etapa intensiva de instrucción teórica sobre sistemas de la aeronave y procedimientos de emergencia. Luego comienza la fase de vuelo para obtener la habilitación correspondiente.

Aunque previamente hayan volado AB-206 o Bell 206, dentro de la unidad empiezan a operar helicópteros en condiciones reales: con tropas, carga y en distintos ambientes geográficos.

La primera etapa los forma como copilotos del sistema UH-1H/Huey II. Con experiencia pasan a comandantes de aeronave y, eventualmente, a instructores.

Los mecánicos también cumplen funciones de artilleros de puerta, operando ametralladoras MAG de 7,62 mm instaladas en montajes desarrollados por CITEDEF. Su misión consiste en brindar apoyo de fuego y supresión durante el vuelo y durante el propio asalto aéreo.

A medida que progresa la capacitación, las tripulaciones vuelan en distintos terrenos y practican inserciones y extracciones tanto de día como de noche. El empleo de NVG constituye una capacidad fundamental para operar en condiciones complejas y de baja visibilidad.

El futuro

La recuperación de los Super Puma fue finalmente descartada por su costo, antigüedad y escasa comunalidad con variantes modernas. En 2023 se firmó una carta de intención por doce Airbus H225M, aunque hasta el momento el programa no avanzó hacia un contrato.

También se decidió no continuar convirtiendo UH-1H a Huey II debido a la edad de las células. Por esa razón, el Ejército busca un reemplazo para una familia de helicópteros que ya acumula décadas de servicio.

Al mismo tiempo existe la intención de crear un elemento especializado con entrenamiento más intenso y permanente, orientado a operaciones complejas, de precisión y especialmente nocturnas. Para concretarlo serán necesarios nuevos equipos, una estructura modernizada y un salto tecnológico.

Durante los últimos años se estudiaron principalmente tres alternativas para reemplazar a los Huey:

Sikorsky UH-60/S-70 Black Hawk. Se evaluaron UH-60A+ y UH-60L usados y modernizados, además del S-70i nuevo. Es la alternativa con mayores prestaciones de las analizadas, aunque también implica los costos operativos más elevados.

Bell 412. Ofrece continuidad logística y tecnológica, pero no representaría un salto demasiado grande respecto de la flota actual y conservaría varias de sus limitaciones.

Leonardo AW139. Aparece como una alternativa intermedia por costos y prestaciones, aunque su célula no fue concebida originalmente como un helicóptero militar específico.

El objetivo actual apunta a incorporar, en una primera etapa, al menos doce helicópteros, aunque el número final dependerá del presupuesto disponible.

Después de más de medio siglo, los Huey siguen siendo parte central de la Aviación de Ejército. Sin embargo, mantener una capacidad creíble de asalto aéreo y apoyo a fuerzas especiales exigirá avanzar hacia una nueva generación de aeronaves. La extensa disponibilidad internacional de UH-60L retirados de servicio en Estados Unidos podría abrir una oportunidad particularmente interesante para esa renovación.


jueves, 22 de octubre de 2026

FAA: Estado operativo de los Hercules y F-16

Doctrina naval: Marine Air-Ground Task Force, MAGTF


Marine Air-Ground Task Force, MAGTF




La Fuerza de Tareas Aeroterrestre de Marines (en inglés Marine Air-Ground Task Force, MAGTF) es un término usado por el Cuerpo de Marines de los Estados Unidos para describir la organización principal de todas las misiones de las operaciones militares de los Marines. Las MAGTF son una organización militar equilibrada compuesta de armas combinadas y unidades aéreas y terrestres orientada a las Fuerzas del Cuerpo de Marines, estando al mando un solo comandante que está designado para una misión específica. La MAGTF fue formalizada con la publicación de la Orden 3120.3 del Cuerpo de Marines en diciembre de 1963.


13.ª Unidad Expedicionaria de Marines durante los ejercicios Bright Star en 2005

«El Cuerpo de Marines en la Defensa Nacional MCDP 1-0» declaró:

Una Fuerza de Tareas Aeroterrestre de Marines con mandos de Aire y Tierra separados, es formada normalmente para operaciones de combate y ejercicios de entrenamiento, en el que las fuerzas de combate sustanciales tanto del Aire como de Tierra están incluidas en la organización de tareas de las Fuerzas de Marines participantes.[1]

Desde la Segunda Guerra Mundial en muchas crisis el Cuerpo de Marines de los Estados Unidos ha desplegado proyecciones de fuerza en tierra con la capacidad de actuar con suficiente sustentabilidad en operaciones prolongadas. Las MAGTF han proporcionado durante mucho tiempo a los Estados Unidos un amplio espectro de opciones de respuesta cuando los intereses aliados han sido amenazados en situaciones difíciles que han requerido una respuesta rápida. A menudo acciones selectivas, oportunas y eficaces de las unidades aeroterrestres de Marines han ayudado a traer estabilidad a una región, y han demostrado a todo el mundo que los Estados Unidos están dispuestos a defender sus intereses y que son capaces de hacerlo con una fuerza poderosa en poco tiempo.[2]


Composición

Los cuatro elementos principales de una Fuerza de Tareas Aeroterrestre de Marines son:

  • El Elemento de Mando (CE) es una unidad de cuartel general organizada como grupo de cuartel general (HQ) de una Fuerza de Tarea Aire-Tierra de la Infantería de Marina (MAGTF —ya sea MEU, MEB o MEF—), que ejerce el mando y control (gestión y planificación de las funciones de personal, inteligencia, operaciones y adiestramiento, y logística) sobre los demás elementos de la MAGTF. El grupo de cuartel general está compuesto por destacamentos, compañías y batallones de comunicaciones, inteligencia, vigilancia y fuerzas del orden (es decir, policía militar), así como por pelotones, destacamentos y compañías de reconocimiento (Reconocimiento de Fuerza) y de enlace (ANGLICO).
  • El Elemento de Combate Terrestre (GCE, por sus siglas en inglés) está compuesto principalmente por unidades de infantería (batallones de infantería organizados en equipos de desembarco de batallón, equipos de combate de regimiento y divisiones de Marines). Estas organizaciones incluyen una unidad de cuartel general que proporciona mando y control (gestión y planificación de personal, inteligencia, operaciones y adiestramiento, y funciones logísticas), así como personal de exploración y francotiradores, enlace aéreo y controladores aéreos avanzados, defensa NBQ (nuclear, biológica y química), comunicaciones, servicios (abastecimiento, transporte motorizado, mantenimiento de armamento y comedores) y personal médico de combate y capellanía de la Armada. El GCE también cuenta con unidades de apoyo al combate, que incluyen artillería, unidades acorazadas (tanques, vehículos anfibios de asalto y reconocimiento blindado ligero), ingenieros de combate (incluida la desactivación de explosivos o EOD) y unidades de reconocimiento. A nivel de división, el GCE dispone asimismo de un apoyo orgánico limitado de servicios de combate, que incluye una compañía de camiones, una compañía de policía militar y la banda de la división.
  • El Elemento de Combate de Aviación (ACE), que aporta el poder aéreo a la MAGTF, incluye todas las aeronaves (de ala fija, helicópteros, aeronaves de rotor basculante y vehículos aéreos no tripulados o UAV) y las unidades de apoyo a la aviación. Estas unidades se organizan en destacamentos, escuadrones, grupos y alas, a excepción de las unidades de defensa aérea a baja altitud, que se organizan en pelotones, destacamentos, baterías y batallones. Dichas unidades integran a pilotos, oficiales de vuelo, tripulantes aéreos de escala básica, personal de logística de aviación (mantenimiento de aeronaves, electrónica de aviación, armamento aéreo y abastecimiento aeronáutico) y personal médico y de capellanía de aviación de la Armada, así como unidades de defensa aérea terrestre y aquellas necesarias para el mando y control (gestión y planificación de personal, inteligencia, operaciones y adiestramiento, y funciones logísticas), el mando y control de aviación (mando aéreo táctico, control de defensa aérea, control de apoyo aéreo y control de tráfico aéreo), las comunicaciones y el apoyo terrestre a la aviación (por ejemplo: servicios de aeródromo, suministro de combustible a granel/reabastecimiento de aeronaves, rescate en accidentes, construcción de ingeniería y apoyo de servicios básicos, desactivación de artefactos explosivos o EOD, transporte motorizado, suministro y mantenimiento de equipos terrestres, seguridad local/policía y la banda del ala).
  • El Elemento de Combate Logístico (LCE), organizado en batallones, regimientos y grupos, cuenta con su propio elemento de mando y control (para la gestión y planificación de personal, inteligencia, operaciones y adiestramiento, así como funciones logísticas) de sus unidades subordinadas, y agrupa a la mayoría de las unidades de apoyo de servicios de combate de la MAGTF, incluyendo: transporte motorizado pesado, abastecimiento terrestre, apoyo de ingeniería pesada, mantenimiento de equipo terrestre y unidades médicas y odontológicas avanzadas, junto con ciertos grupos especializados como los de lanzamiento aéreo, desactivación de explosivos (EOD) y equipos de apoyo al desembarco.


Los cuatro elementos nucleares describen tipos de fuerzas necesarias y no las unidades o mandos militares reales. La estructura básica de la MAGTF nunca varía, aunque la cantidad, tamaño y el tipo de unidades del Cuerpo de Marines comprendiendo cada uno de estos cuatro elementos siempre dependerán de la misión siendo llevada cabo. La flexibilidad de la estructura organizacional permite que una o más MAGTF sean asignadas.

Tipos

Fuerza Expedicionaria de Marines (MEF)

Una Fuerza Expedicionaria de Marines (MEF), bajo el mando de un teniente general, está compuesta por un grupo de cuartel general de la MEF (MEF HQG), una división de Marines (MARDIV), un ala de aviación de Marines (MAW) y un grupo de logística de Marines (MLG).

A efectos comparativos, y en relación con otras fuerzas de combate terrestre y aéreo de los EE. UU., el MEF HQG puede considerarse aproximadamente análogo a un cuartel general de división hipotético del Ejército de los EE. UU. (USA) que integre también una brigada combinada de vigilancia del campo de batalla (BFSB) y una brigada de mejora de la maniobra (MEB del Ejército).[cita requerida] Esta comparación se basa en el hecho de que el MEF HQG incluye varios componentes clave de las BSB y MEB del Ejército (a saber: soporte de red, inteligencia militar, policía militar y vigilancia de largo alcance), los cuales se encuentran en sus batallones orgánicos de comunicaciones, inteligencia, policía militar y radio, así como en la compañía de reconocimiento de fuerza agregada. [¿investigación original?]

La MARDIV —que comprende dos o tres regimientos de infantería, un regimiento de artillería, varios batallones independientes de vehículos blindados (es decir, tanques, vehículos anfibios de asalto y reconocimiento blindado ligero) y otros batallones de apoyo al combate (reconocimiento, ingenieros de combate y cuartel general)— es aproximadamente equivalente a una división de infantería ligera hipotética del Ejército de los EE. UU. organizada con dos o tres equipos de combate de brigada, artillería divisional (DIVARTY), una brigada de sostenimiento divisional, un batallón de cuartel general divisional, entre otros elementos, y reforzada con un equipo de combate de brigada blindada (ABCT).[cita requerida] (Si bien el batallón de tanques de una MARDIV cuenta con menos tanques que una ABCT —58 frente a 90, respectivamente—, el batallón de vehículos anfibios de asalto (AAV) de la MARDIV dispone de cuatro compañías de 42 AAV cada una, lo que le permite transformar un regimiento de infantería de Marines completo en una fuerza de infantería mecanizada anfibia). [¿investigación original?]

El MAW, con sus grupos de aeronaves (MAG) y grupos de control aéreo (MACG), es comparable a una fuerza aérea numerada hipotética de la Fuerza Aérea de los EE. UU. (USAF) compuesta por una combinación de varias alas de la USAF y brigadas de aviación de combate del Ejército (nominalmente, al menos dos de cada tipo). [cita requerida] Por último, el MLG y sus regimientos logísticos orgánicos son los equivalentes organizativos y funcionales, dentro del Cuerpo de Marines (USMC), de un Mando de Sostenimiento (Expedicionario) del Ejército de los EE. UU. (USA) y sus brigadas de sostenimiento integrantes.[cita requerida]

La MEF, cuyo tamaño varía, tiene capacidad para llevar a cabo misiones en todo el espectro de operaciones militares, así como para apoyarse y sostenerse a sí misma durante un periodo de hasta 60 días en un entorno expedicionario austero. Por ejemplo, la I Fuerza Expedicionaria de Marines (I MEF) está compuesta por el Grupo de Cuartel General de la I MEF, la 1.ª División de Marines, la 3.ª Ala Aérea de Marines y el 1.er Grupo Logístico de Marines, todos ellos con base en la Costa Oeste. Dos despliegues notables de una MEF completa se produjeron cuando la I Fuerza Expedicionaria de Marines se desplegó en apoyo de las operaciones Escudo del Desierto y Tormenta del Desierto. En última instancia, la I MEF estuvo integrada por la 1.ª y la 2.ª División de Marines, además de importantes unidades aéreas y de apoyo del Cuerpo de Marines. La I MEF también se desplegó en Somalia en diciembre de 1992 para participar en las labores de ayuda humanitaria, así como en Kuwait a partir de 2002, tomando parte en la invasión de Irak de 2003.

Las tres Fuerzas Expedicionarias de los Marines son:

  • I Fuerza Expedicionaria de Marines localizada en Camp Pendleton, California
  • II Fuerza Expedicionaria de Marines localizada en Camp Lejeune, Carolina del Norte
  • III Fuerza Expedicionaria de Marines localizada en Camp Courtney, Okinawa, Japón


Brigada Expedicionaria de Marines (MEB)

Una Brigada Expedicionaria de Marines es más grande que una Unidad Expedicionaria de Marines pero más pequeña que una Fuerza Expedicionaria de Marines. La MEB, que varía en tamaño, y es capaz de llevar a cabo misiones que abarcan todo el espectro de las operaciones militares. Está construida alrededor de un regimiento de infantería reforzado, un grupo de aviación de Marines y una brigada de servicios de apoyo. La MEB, bajo el mando de un oficial general (ya sea un mayor general o un brigadier general), está organizada orientada a la tarea para cumplir con los requerimientos de una situación específica. Puede funcionar como parte de una fuerza de tareas conjunta, o como el escalón delantero de la MEF, o en solitario.

Las tres brigadas son:

  • 1.ª Brigada Expedicionaria de Marines
  • 2.ª Brigada Expedicionaria de Marines
  • 3.ª Brigada Expedicionaria de Marines


Unidad Expedicionaria de Marines (MEU)

El tipo más pequeño de MAGTF es la Unidad Expedicionaria de Marines Capacitada para Operaciones Especiales.

Usualmente existen tres MEU asignadas a cada una de las flotas de la Armada de Estados Unidos (la del Atlántico y la del Pacífico, con otra MEU basada en Okinawa. Mientras que una MEU está desplegada, una MEU está entrenando para ser desplegada y una está dando descanso a su personal y reequipándose. Cada una de las MEU está calificada como capacitada para realizar operaciones especiales.

  • 11.ª Unidad Expedicionaria de Marines
  • 13.ª Unidad Expedicionaria de Marines
  • 15.ª Unidad Expedicionaria de Marines
  • 22.ª Unidad Expedicionaria de Marines
  • 24.ª Unidad Expedicionaria de Marines
  • 26.ª Unidad Expedicionaria de Marines
  • 31.ª Unidad Expedicionaria de Marines