viernes, 26 de junio de 2026

Entrenador avanzado: Despega el T-7A Redhawk

Avión ideal, desde mi punto de vista, para reemplazar a los A-4AR



Guerra de Corea: La propaganda mutuamente adoctrinante

Guerra de Corea: Lavado de cerebro mutuo

Georgy Tomin || Top War




De la vieja escuela, ¡lo respeto!

El texto es chino simplificado.

El texto grande de abajo dice:

打败美国

Traducción:

“Derrotar a Estados Unidos”
o más naturalmente en propaganda: “¡Derrotemos a Estados Unidos!”

El texto amarillo de arriba, aunque está algo borroso, parece decir:

朝中两国人民和军队团结万岁!

Traducción:

“¡Viva la unidad de los pueblos y ejércitos de China y Corea!”

En conjunto es propaganda de la Guerra de Corea, mostrando la alianza chino-norcoreana contra EE. UU.




La guerra china, que se ha convertido en el modelo para los países del Lejano Oriente, pone gran énfasis en la guerra de información. No citaré aquí extensamente "El arte de la guerra" de Sun Tzu; cualquiera que lo haya leído sabe que, en el paradigma confuciano de la guerra, "derrotar los planes del enemigo", incluyendo privar a sus soldados de la confianza en la justicia de su causa, es más importante que lograr la victoria en el campo de batalla. Sencillamente porque así no hay necesidad de gastar energía luchando. Y cuando este terreno fértil se siembra con el marxismo-leninismo, una interpretación estalinista pero con matices locales...



¡Arrojemos al mar a la banda de traidores de Syngman Li!

Las "operaciones psicológicas" de Kim comenzaron ya el 25 de junio de 1950, cuando el Ejército Popular de Corea (EPC) lanzó una ofensiva bajo el pretexto de que el Norte estaba siendo atacado por "la banda de traidores de Syngman Rhee". Los estadounidenses, que habían estudiado detenidamente la guerra de información de la Guerra de Corea, observaron el éxito de la propaganda comunista, al menos entre la población norcoreana: los norcoreanos estaban convencidos de la justicia de su campaña contra el Sur y de la ilegitimidad del gobierno de Syngman Rhee.


Escriben que los carteles son modernos, pero en aquel entonces se distinguían únicamente por su ejecución artística, no por su significado...

Es coreano, en hangul.

El texto dice:

잊지말자 승냥이 미제놈!

Traducción literal aproximada:

“¡No olvidemos a los yanquis imperialistas, esos chacales!”

Más natural en español:

“¡No olvidemos a los chacales imperialistas estadounidenses!”

Notas:

  • 미제 = “imperialismo estadounidense” / “EE. UU. imperialista”.
  • = insulto, algo como “tipo”, “bastardo”, “sujeto despreciable”.
  • 승냥이 = chacal/perro salvaje, usado como insulto propagandístico.


Pero estas eran disputas internas coreanas. Y pronto el conflicto se internacionalizó gracias a la intervención de las tropas de la ONU, lo que simplificó enormemente el trabajo de los propagandistas norcoreanos: la presencia estadounidense en la península evocaba en los coreanos el recuerdo del colonialismo japonés, ¡y el sentimiento anticolonialista era más que relevante entre los pueblos del Lejano Oriente a principios de la década de 1950! Así que no interpreten con ironía los discursos del periódico Sun of the Nation de la época sobre «eliminar a los saqueadores estadounidenses y sus mercenarios de la faz de la patria»; el mensaje era perfectamente pertinente en aquel momento. La segunda implicación de esta tesis era que se trataba de una guerra en la que «los blancos disparaban a los asiáticos», y esta conclusión afectaba no solo a los coreanos, sino también a otros pueblos del Lejano Oriente. Otro elemento propagandístico era la acusación de que las tropas de la ONU participaban en bombardeos bárbaros contra ciudades pacíficas, hospitales, escuelas y otros objetivos civiles. Pues bien, existen ejemplos del trato inhumano del enemigo a los prisioneros y de su crueldad hacia la población civil.



American Pike y la ciencia coreana

El texto es ruso, en alfabeto cirílico.

Texto principal:

АМЕРИКАНСКАЯ ЩУКА
И КОРЕЙСКАЯ НАУКА

Traducción:

“El lucio americano
y la lección coreana”

Aquí щука significa literalmente lucio, un pez depredador; se usa de forma satírica para representar a EE. UU. como agresor. Наука puede significar “ciencia”, pero en este contexto propagandístico significa más bien “lección” o “escarmiento”.

En la bomba se lee aproximadamente:

Американским агрессорам от корейского народа!

Traducción:

“¡Para los agresores estadounidenses, de parte del pueblo coreano!”

En la bandera negra:

МИРОВОЕ ГОСПОДСТВО

Traducción:

“Dominación mundial”.



En la URSS, la propaganda generalmente mantuvo el mismo tono, aunque algo más suave; después de todo, la Unión Soviética no estaba oficialmente involucrada en la guerra. Sin embargo, los editoriales de Pravda también denunciaron el imperialismo estadounidense, pero fueron más cautelosos con las pruebas de atrocidades que los medios norcoreanos difundían sin tener en cuenta la cruda realidad. Casualmente, los analistas de la CIA, al analizar la discreción de la propaganda soviética, llegaron a la conclusión totalmente correcta de que la URSS no tenía intención de intervenir directamente en la guerra. Incluso el discurso radiofónico de Kim Il-sung, "¡No nos rendiremos!", fue censurado en la URSS: se eliminaron las referencias a la ayuda soviética y china en la guerra, enfatizando únicamente el apoyo moral a la RPDC.


Sin embargo, para el público coreano, también se utilizaron mensajes originales, como el uso de "carne de cañón" japonesa por parte de los estadounidenses. En una península ocupada por los japoneses desde 1911, ¡esto fue un golpe bajo! Y entonces China entró en la guerra... La intervención de Mao en el conflicto fue encubierta mediante una campaña de propaganda que declaraba a las divisiones chinas como "Voluntarios del Pueblo Chino". Mientras tanto, la prensa soviética hablaba en voz baja sobre la presencia de tropas chinas en la península, mientras que la prensa norcoreana ensalzaba el coraje y la ayuda fraterna de los chinos.


Es gracioso, pero no del todo falso...

Es ruso.

Texto superior:

Рис. Л. Сойфертиса (по теме читателя С. Соколова, Ленинград)

Traducción:

Dibujo de L. Soifertis, según una idea del lector S. Sokolov, Leningrado.

Texto principal:

— Наши солдаты плохо воюют в Корее потому, что не знают, за что воюют!
— Почему же вы не расскажете им об этом!
— Боюсь, что тогда они воевать вовсе не будут!

Traducción:

— Nuestros soldados combaten mal en Corea porque no saben por qué están luchando.
— ¿Entonces por qué no se lo explica?
— Me temo que entonces no lucharían en absoluto.

Es una caricatura soviética sobre la Guerra de Corea, criticando la moral de las tropas estadounidenses/ONU.



Sin embargo, el sello distintivo de la propaganda soviética era destacar que los monopolios estadounidenses se beneficiaban de la guerra. Este enfoque no solo estaba dirigido al público interno, sino también al occidental: mientras los soldados morían, los magnates se enriquecían a costa de su sangre; ¡un ejemplo clásico! Los medios soviéticos no pasaban por alto ni una sola declaración inexacta de Truman, por temor a que se convirtiera en noticia. Así, la idea de usar
armas nucleares, expresada durante una conferencia de prensa el 30 de noviembre , fue ampliamente difundida por los medios soviéticos, chinos y coreanos, lo que no contribuyó a la tranquilidad de los estadounidenses.


Esos mismos fragmentos de contenedores de armas biológicas. O tal vez no...

Los estadounidenses también fueron acusados ​​de usar armas biológicas en Corea: una epidemia de viruela comenzaba a extenderse por la península, con 3500 personas contagiadas en Corea del Norte. Es probable que estas acusaciones no se debieran al uso real de armas biológicas (aunque los chinos sí encontraron fragmentos de recipientes de "cáscaras de huevo", y los japoneses usaron recipientes similares durante la Segunda Guerra Mundial para transportar roedores e insectos portadores de peste y cólera). Sin embargo, la naturaleza específica del arma dificulta determinar si se trató de una epidemia natural o artificial. Pyongyang también acusó a los estadounidenses de usar prisioneros de guerra como sujetos de prueba para bacterias de combate. Independientemente de la veracidad de las acusaciones, su efectividad fue innegable: Truman, Ridgway y otros funcionarios estadounidenses negaron repetidamente las acusaciones, pero sus negaciones solo avivaron el interés en el tema.


¡"Cocodrilo" está en llamas!

Las negociaciones constituyeron una ronda aparte de guerra de información. La Unión Soviética enfatizó su naturaleza pacífica y culpó a Wall Street del fracaso de las conversaciones: supuestamente, los magnates de la industria militar, reacios a perder contratos lucrativos, estaban torpedeando las iniciativas de paz soviéticas. Pekín, sin embargo, fue más beligerante en su retórica, compartiendo informes de progreso junto con materiales sobre nuevas campañas de reclutamiento para academias militares o recaudación de fondos para aeronaves para la Fuerza Aérea del Ejército Popular de Liberación. Curiosamente, con el inicio de las negociaciones, la palabra "unificación" desapareció de la retórica norcoreana; quedó claro que las perspectivas de una Corea unificada se alejaban cada vez más.

El tema de los prisioneros de guerra se convirtió en un ataque aparte en la guerra de información. Se volvió particularmente relevante después del levantamiento en el campo de prisioneros de la isla de Geoje en febrero-marzo de 1952 y su brutal represión. Pero el golpe más significativo se produjo cuando la delegación norcoreana anunció que los estadounidenses habían bombardeado un convoy que transportaba negociadores norcoreanos, lo que provocó el fracaso de las negociaciones.


La última carta de un soldado estadounidense es una obra maestra de la propaganda, si lo piensas bien...

Los propagandistas chino-coreanos también explotaron puntos débiles reales de la sociedad estadounidense, como la segregación racial: las unidades compuestas exclusivamente por soldados negros seguían activas en Corea (aunque esta práctica se suspendió al final de la guerra). Asimismo, explotaron el sentimentalismo estadounidense, citando la última carta que un soldado estadounidense escribió a su madre. También lanzaron tarjetas navideñas tradicionales al estilo estadounidense en el frente, con deseos de feliz año nuevo en el reverso. En resumen, estos individuos eran enérgicos y demostraban una gran imaginación; por ejemplo, arrojaban con frecuencia cuadernos llenos de citas de grandes figuras de la historia estadounidense —Jefferson, Roosevelt, Lincoln, etc.— sobre posiciones estadounidenses. O utilizaban citas de Shakespeare como: «Mejor pan seco en casa que carne asada en el extranjero», «La culpa persigue» y «En el este o en el oeste, el hogar es el mejor lugar».


Un periódico pseudoestadounidense en chino, ¡incluso hay béisbol!

Sin embargo, los chinos y sus aliados coreanos eran excelentes psicólogos y comprendieron que un folleto publicitario directo era menos creíble que su propia prensa. Por lo tanto, imprimieron ediciones falsas de periódicos estadounidenses, insertando material propagandístico. O bien, los folletos citaban artículos reales de la prensa estadounidense, ¡mientras que los estadounidenses creían en sus propios periódicos en aquel momento!


¿Entendiste lo que está escrito aquí? El soldado chino tampoco...

Es chino tradicional.

El texto principal dice, leído en columnas de derecha a izquierda:

送死?
逃生?
你選擇吧!!
現在!!!

Traducción:

¿Ir a la muerte?
¿Escapar con vida?
¡Tú eliges!
¡Ahora!

Abajo, en el avión, parece decir 聯軍, que significa “fuerzas aliadas” o “ejército aliado”.



¿Y qué hay de los estadounidenses? Hoy en día, tendemos a sobreestimar la maquinaria propagandística estadounidense, pero no debemos olvidar que fue en Corea donde el enemigo les demostró claramente a los estadounidenses lo que es una verdadera guerra de información. No, los estadounidenses también participaron, pero su trabajo a menudo se asemejaba a una campaña relámpago de presupuesto: costosa, a gran escala, pero... ¡ineficaz! Las "tropas de la ONU" imprimían 23,5 millones de folletos semanales —basados ​​en los mejores modelos nazis, en forma de pases de prisioneros de guerra— que se lanzaban sobre las posiciones enemigas. Solo en los primeros tres días de la guerra, se lanzaron 100 millones de ejemplares impresos. ¡Un plan excelente! Tan fiable como un reloj suizo. Lo único que no tuvieron en cuenta fue que la inmensa mayoría de los soldados coreanos y de los Voluntarios del Pueblo Chino eran completamente analfabetos. Y nadie era tan tonto como para ir a un comisario y pedirle que le leyera un folleto enemigo. Entonces los estadounidenses comenzaron a imprimir cómics para los soldados enemigos. Es cierto que algunas de las frases de los personajes en los cómics de propaganda todavía se imprimían en jeroglíficos, pero... ¡Eso es todo!



"La Voz de MacArthur" - todos los días a las 9:00 p. m. en 950 kilohertz

Es coreano — está escrito en hangul.

El texto de abajo está algo borroso, pero parece decir algo cercano a:

맥아더 장군의 950원을 쓰이는
로켓과 수류탄 속에서 …
… 죽은 것
을 보기 바란다.

La lectura exacta no es del todo clara por la baja resolución, pero el sentido propagandístico parece ser:

“Mirad lo que ocurre con los hombres de MacArthur bajo cohetes y granadas.”
o más libremente:

“Ved la muerte que les espera a los soldados de MacArthur entre cohetes y granadas.”

La imagen muestra a MacArthur, así que probablemente es propaganda norcoreana o china de la Guerra de Corea contra las fuerzas de la ONU/EE. UU.


Pero a pesar del fracaso de sus materiales impresos, los estadounidenses no se acobardaron: comenzaron a transmitir mensajes de radio al enemigo, con Douglas MacArthur dirigiéndose personalmente a los soldados. Los folletos que anunciaban las transmisiones decían: «Sintonice todos los días a las 9:00 p. m., hora de Corea, en 950 kHz para obtener noticias veraces del cuartel general del general MacArthur». No, esta vez los discursos del general se traducían al coreano y al chino. El problema era que la recepción de radio en las unidades de campo enemigas era incluso peor que la alfabetización.


Un salvoconducto para ser capturado por los estadounidenses: alguien ya había impreso algo parecido, unos nueve años antes de la Guerra de Corea...

Ambos bandos en el conflicto hicieron especial hincapié en animar a los soldados enemigos a rendirse. La lógica es clara: es más fácil convencer a alguien con palabras que matarlo. Los estadounidenses prometieron a los chinos y coreanos que se rindieran no solo «ropa seca, té caliente y nuestra hospitalidad», ¡sino incluso la ciudadanía estadounidense! Sin embargo, por las razones ya mencionadas, no todos entendieron lo que prometían sus adversarios al otro lado del frente. También se imprimieron folletos especiales en ruso para los pilotos soviéticos. El efecto fue aún menor que en los chinos: aviadores ideológicamente firmes fueron enviados a Corea, así que los folletos se usaron para su propósito original: para liar cigarrillos o como papel higiénico.


¡El centro de detención provisional está contento! Mao también.

Es coreano — está escrito en hangul.

El texto rojo vertical de la derecha parece decir:

유엔군의 소멸

Traducción aproximada:

“La destrucción de las fuerzas de la ONU”
o “La aniquilación del ejército de la ONU”

En la figura de la izquierda se lee 중공, abreviatura de 중국 공산당 / 중공군, es decir “comunistas chinos” o “fuerzas comunistas chinas” en el contexto de la Guerra de Corea.



Otra vertiente de la propaganda estadounidense fue el intento de sembrar la discordia entre coreanos y chinos: vívidas representaciones del sufrimiento de los soldados rasos en la guerra y de Stalin y Kim Il Sung sonriendo satisfechos, los principales beneficiarios de la participación de los Voluntarios del Pueblo Chino en el conflicto.



Voluntarios del Pueblo Chino capturados se dirigen a Taiwán.

¿Cuál fue el resultado de esta propaganda mutua? En primer lugar, cabe destacar que la "agitación comunista" fue muy superior tanto en ejecución como en creatividad. Durante el primer año y medio de la guerra, aproximadamente 47.000 hombres desertaron del ejército estadounidense. Posteriormente, el número de desertores se mantuvo entre 18.000 y 20.000 cada seis meses. En segundo lugar, surgió por primera vez el fenómeno de los desertores. De los prisioneros de guerra chinos y coreanos (que sumaban 20.000 y 130.000, respectivamente, en los campos al final de la guerra), aproximadamente 47.000 expresaron su deseo de no regresar a casa tras el fin del conflicto. Sin embargo, conviene recordar que la Guerra Civil China acababa de concluir, por lo que no todos los soldados chinos eran completamente leales al "gran líder", del mismo modo que no todos los coreanos sentían entusiasmo por Kim Il-sung. Y nadie los obligó a integrarse en una sociedad extranjera: a los chinos, a pesar de las promesas de ciudadanía estadounidense, la mayoría fueron enviados a Taiwán, que sigue siendo China, solo que con el generalísimo Chiang Kai-shek en lugar del presidente Mao Zedong. Los coreanos simplemente permanecieron en el sur, esencialmente, en su país de origen.


Los desertores estadounidenses están practicando actividades de propaganda.

Pero los estadounidenses que no regresaron se vieron obligados a integrarse en una sociedad completamente ajena. Por lo tanto, los 23 estadounidenses que se negaron a regresar representan mucho más que las decenas de miles de desertores coreanos y chinos. Además, fue con prisioneros de guerra estadounidenses en la Guerra de Corea donde se probó por primera vez la práctica conocida en Estados Unidos como "lavado de cerebro".

Los campos chinos empleaban psicólogos realmente talentosos. Todos los prisioneros de guerra eran conducidos a sesiones informativas políticas diarias, donde los oradores, que no se andaban con rodeos (la más suave de las cuales era "¡Los enterraremos a todos aquí!"), les inculcaban ideas a los estadounidenses como orugas de tanque. Luego, cada prisionero era llamado por turno para ser interrogado. Aquí, nadie gritaba ni exigía secretos militares; al contrario, el amable interrogador simplemente fomentaba la conversación: sobre su hogar, sobre su familia, qué coche había dejado en Estados Unidos y qué tipo de refrigerador tenía. ¿Cuál era su comida favorita? Luego se les pedía que escribieran un ensayo sobre lo que más les gustaba de Estados Unidos. Y luego, sobre lo que más les disgustaba. ¡Y los prisioneros escribieron! El campamento era aburrido, pero aquí, al menos, había algo de entretenimiento. Y entonces, para su asombro, oyeron fragmentos selectos de sus escritos leídos por la radio del campamento... Esto sembró la discordia entre los estadounidenses, obligándolos a menudo a cooperar aún más con la administración. Además, los campos de prisioneros de guerra tenían un sistema demostrativamente democrático: soldados y oficiales se mantenían en las mismas condiciones, blancos y negros en las mismas habitaciones, y las raciones eran las mismas para todos los estadounidenses y los militares extranjeros que se unían a ellos.

Los resultados fueron impresionantes. Incluso aquellos que regresaron a casa después del intercambio de prisioneros de guerra volvieron siendo personas completamente diferentes. Como dijo un prisionero de guerra negro al regresar a Estados Unidos: "¿Lavado de cerebro? Los chinos me lavaron el cerebro. ¡A un hombre negro en Estados Unidos le lavaron el cerebro mucho antes de la Guerra de Corea!". Cientos de prisioneros de guerra que regresaron se unieron al Partido Comunista Estadounidense a su regreso. Este hecho debe evaluarse teniendo en cuenta que la palabra "comunista" en Estados Unidos es un insulto mucho más grave que cuestionar la normalidad de la orientación sexual de alguien. Por cierto, uno de los estadounidenses que se quedaron en China, James Veneris, tuvo una destacada carrera en ese país: en 1977 se convirtió en profesor de inglés en la Universidad de Shandong y falleció en 2004.

jueves, 25 de junio de 2026

Conquista del desierto: Vestuario de la tropa de línea

Vestuarios del tropaje en la Conquista del Desierto





"El vestuario será el mismo que usan nuestros soldados para el servicio ordinario, con las siguientes reformas. En lugar del capote llevará un poncho de buen paño, forro de bayeta, y una capucha.
El poncho le defiende del frío, como el capote, pero le defiende mejor de la lluvia a la vez que defiende el todo de la montura que le sirve de cama, y le abriga más completamente para taparse por la noche".

Álvaro Barros, "Indios, fronteras y seguridad interior".

Teoría de la guerra: La tecnología moral

La ventaja “tecnológica” de los valores morales

Por EMcL





Imaginemos una situación extrema. Dos bandos se enfrentan en una contienda prolongada. Uno de ellos acepta restricciones morales: no atacar deliberadamente a civiles, no torturar prisioneros, no emplear escudos humanos, no destruir indiscriminadamente aquello que dice querer salvar. El otro, en cambio, se considera libre de esas limitaciones. Puede mentir sin freno, intimidar, infiltrar, secuestrar, aterrorizar, manipular a la población civil o convertir la ambigüedad moral en un arma. La pregunta surge casi de inmediato: ¿no tiene este segundo bando una ventaja decisiva? ¿No posee, por así decirlo, una “tecnología moral” superior, entendida no como virtud, sino como libertad de acción?

La intuición inicial parece favorecer al actor sin restricciones. En términos estrictamente tácticos, quien se libera de ciertos frenos dispone de un menú más amplio de acciones. Puede hacer cosas que el adversario no puede o no quiere hacer. Puede ocultarse entre civiles porque sabe que el enemigo vacilará antes de disparar. Puede usar hospitales, escuelas o templos como cobertura porque explota deliberadamente la inhibición moral del otro. Puede recurrir al terror selectivo para disciplinar poblaciones, asesinar colaboradores, sabotear infraestructuras críticas o producir efectos psicológicos desproporcionados con recursos relativamente escasos. Desde esta perspectiva, la moral aparece como una carga operativa: una fricción adicional en el campo de batalla, una demora en la cadena de mando, una limitación autoimpuesta en el uso de la fuerza.

Esta es la dimensión más inquietante del problema. Las normas morales, cuando son respetadas por un solo lado, pueden ser explotadas por quien no las respeta. Allí nace la idea de una asimetría moral: no simplemente una diferencia de armamento, presupuesto o tecnología, sino una diferencia en los límites de lo concebible. Para un actor, ciertas acciones están prohibidas; para el otro, están disponibles. En ese sentido preciso, el bando menos escrupuloso parece poseer una ventaja “tecnológica”: no porque tenga mejores máquinas, sino porque su arquitectura moral le habilita procedimientos vedados al adversario.

La guerra asimétrica ha ofrecido innumerables ejemplos de este fenómeno. Las insurgencias suelen operar en un terreno donde la distinción entre combatiente y no combatiente se vuelve difícil, a veces deliberadamente difícil. La población civil se transforma en refugio, fuente de información, escudo, base logística y escenario propagandístico. El adversario regular, especialmente si pertenece a una democracia liberal o a una coalición internacional, no sólo combate contra una fuerza armada; combate también contra la mirada de su propia opinión pública, de los medios, de los tribunales, de los aliados y de la historia. Cada error táctico puede convertirse en derrota política. Cada víctima civil puede tener un efecto estratégico superior al de una batalla perdida.

Pero esta ventaja inicial es menos sólida de lo que parece. La ausencia de restricciones morales amplía el espacio de acción, sí, pero también contamina el espacio político en el que toda guerra finalmente se decide. La brutalidad puede producir obediencia inmediata, pero rara vez produce lealtad estable. Puede conquistar una ciudad, pero no necesariamente gobernarla. Puede sembrar miedo, pero también odio. Puede desorganizar al enemigo, pero también unificarlo. Puede destruir la resistencia visible, pero alimentar una resistencia más profunda, más paciente y más radicalizada.

Por eso la moral no debe entenderse sólo como restricción. También puede funcionar como una tecnología de coordinación, legitimidad y supervivencia institucional. Un ejército que acepta límites no siempre es más débil; a veces es más confiable, más disciplinado y más capaz de sostener alianzas. Una sociedad que cree combatir por una causa justa puede soportar costos que serían intolerables si la guerra apareciera como mero saqueo o exterminio. Un Estado que respeta ciertas reglas preserva mejor su autoridad, incluso cuando pierde batallas. La moral, en este sentido, no es una decoración humanitaria colocada sobre la estrategia. Es parte de la estrategia misma.

La Segunda Guerra Mundial ofrece un caso extremo. Las potencias del Eje, en particular el régimen nazi y el militarismo japonés, llevaron adelante formas de guerra y dominación de una brutalidad sistemática: exterminio, trabajo esclavo, masacres, experimentación humana, castigos colectivos, desprecio generalizado por la vida de prisioneros y civiles. Esa ausencia de límites produjo efectos tácticos y políticos inmediatos. El terror desorganiza. La crueldad paraliza. La guerra total permite movilizar recursos humanos y materiales sin consideración por el costo moral. Pero esa misma lógica contribuyó a crear una resistencia feroz en los territorios ocupados, a cohesionar a sus enemigos y a justificar una guerra de aniquilación contra sus propios sistemas políticos. La violencia sin límites no sólo destruyó a sus víctimas; también erosionó las condiciones de posibilidad de una victoria duradera.

La comparación, por supuesto, no debe idealizar a los Aliados. Los bombardeos estratégicos sobre ciudades, desde Dresde hasta Tokio, muestran que incluso los actores que se presentan como defensores de un orden moral pueden transgredirlo gravemente. Pero justamente allí aparece un punto crucial: la fuerza de la moral como tecnología estratégica no depende sólo de proclamar normas, sino de sostenerlas con cierta consistencia. Cuando el bando que invoca la justicia viola sus propios principios, pierde parte de su ventaja simbólica. La moral no funciona como escudo retórico automático. Exige credibilidad.

Vietnam muestra una dinámica distinta, más ambigua y más moderna. Las fuerzas norvietnamitas y el Viet Cong explotaron con notable eficacia las ventajas de la guerra irregular: movilidad, ocultamiento, conocimiento del terreno, inserción entre la población, ataques sorpresa, túneles, emboscadas y una extraordinaria capacidad para convertir la supervivencia en victoria política. Estados Unidos y Vietnam del Sur, aunque contaban con superioridad material abrumadora, estaban condicionados por reglas de enfrentamiento, presión mediática, límites diplomáticos y una opinión pública cada vez menos dispuesta a aceptar los costos de la guerra. La ofensiva del Tet, militarmente costosísima para los comunistas, fue sin embargo una victoria estratégica en el plano perceptivo: mostró que el enemigo no estaba derrotado y quebró la confianza pública en el relato oficial de progreso.

Pero Vietnam también advierte contra una lectura demasiado simple. Estados Unidos cometió graves violaciones, desde matanzas como My Lai hasta campañas de bombardeo de enorme impacto civil. El problema no fue que un bando tuviera moral y el otro no. El problema fue que la legitimidad se volvió un campo de batalla en sí mismo. La insurgencia entendió que no necesitaba derrotar militarmente a Estados Unidos en sentido convencional; necesitaba hacer políticamente insostenible su permanencia. Allí la “tecnología moral” no consistió únicamente en carecer de límites, sino en explotar las contradicciones del adversario: obligarlo a elegir entre eficacia militar inmediata y legitimidad política de largo plazo.

Las guerras de Irak y Afganistán después de 2001 llevaron esta tensión a un nuevo nivel. Grupos como Al Qaeda, los talibanes o ISIS recurrieron a atentados suicidas, ejecuciones filmadas, bombas en mercados, uso de civiles como cobertura, destrucción patrimonial y violencia ejemplarizante. Esa brutalidad tuvo una eficacia táctica evidente: con recursos limitados, podían generar efectos psicológicos, mediáticos y políticos enormes. Una bomba improvisada podía alterar una campaña electoral, condicionar la estrategia de una coalición o forzar cambios doctrinarios en ejércitos enteros. En términos de costo-beneficio inmediato, la crueldad podía parecer racional.

Sin embargo, la misma brutalidad que les otorgó visibilidad también les impuso límites. ISIS, por ejemplo, logró una expansión territorial vertiginosa, pero su régimen de terror produjo rechazo local, coaliciones internacionales, rebeliones internas y una movilización militar sostenida contra su proyecto. La violencia extrema puede servir para capturar poder; es mucho menos eficaz para institucionalizarlo. Gobernar exige previsibilidad, extracción regular de recursos, administración, alianzas, obediencia no puramente coercitiva. La amoralidad puede ganar espacio; rara vez construye orden estable.

Algo semejante puede observarse en las guerras coloniales. En Argelia, el FLN recurrió al terrorismo urbano y a la guerra de guerrillas, mientras Francia respondió con tortura, desapariciones y represión sistemática, especialmente durante la Batalla de Argel. Desde el punto de vista táctico, la tortura produjo información. Desde el punto de vista estratégico, destruyó legitimidad. Francia podía ganar operaciones, desmontar células y controlar barrios; pero cada victoria obtenida mediante métodos moralmente corrosivos debilitaba la justificación misma de su presencia. El resultado fue una paradoja recurrente: el poder colonial podía imponerse militarmente y, al mismo tiempo, perder políticamente.

Roma ofrece una lección más antigua y quizá más profunda. Los romanos no fueron un pueblo sentimental ni ajeno al terror. Destruyeron ciudades, esclavizaron poblaciones y castigaron rebeliones con ferocidad. Pero su grandeza imperial no se sostuvo sólo en la violencia. También dependió de una formidable capacidad de integración: derecho, ciudadanía progresiva, cooptación de élites locales, infraestructura, rituales compartidos, administración. Roma entendió que la dominación duradera requiere algo más que miedo. Requiere convertir enemigos en subordinados, subordinados en aliados y aliados en romanos. Su “tecnología moral” no fue humanitaria en el sentido moderno, pero sí institucional: supo combinar coerción con incorporación. Allí donde otros actores sólo destruían, Roma absorbía.

La cuestión filosófica de fondo es si la moral en la guerra es una ilusión, un lujo de los fuertes o una condición de racionalidad estratégica. El realismo político, desde Maquiavelo en adelante, ha insistido en que el poder no puede ser juzgado con la ingenuidad de la moral privada. El gobernante que se ata las manos frente a enemigos despiadados puede condenar a su comunidad. Hay en ese argumento una verdad incómoda: ninguna sociedad sobrevive si convierte sus principios en una forma de suicidio. Pero también hay una verdad opuesta, igualmente severa: ninguna comunidad política sobrevive indemne si, para vencer, destruye todos los principios que justificaban su existencia.

Autores contemporáneos como Jeff McMahan han insistido en que la guerra no suspende la moralidad. Los actos siguen siendo evaluables; los individuos siguen siendo responsables; la pertenencia a un bando no absuelve automáticamente. Esta perspectiva obliga a rechazar la idea de que la guerra sea una zona moralmente vacía. Pero incluso si uno adoptara un enfoque más realista, menos normativo, la conclusión no sería muy diferente: la moral tiene consecuencias estratégicas. No es sólo un deber; es también un recurso. Produce confianza, reputación, obediencia voluntaria, alianzas, disciplina y continuidad institucional.

Aquí resulta útil volver a Shannon Vallor y a la idea de virtudes tecnomorales. En sociedades tecnológicamente complejas, virtudes como honestidad, humildad, justicia, autocontrol, prudencia y responsabilidad no son adornos éticos. Son capacidades operativas. Una comunidad científica no puede funcionar sin confianza epistémica. Una alianza militar no puede sostenerse sin credibilidad. Un sistema de inteligencia artificial no puede desplegarse socialmente si se percibe como arbitrario, opaco o abusivo. Una economía de innovación no prospera donde cada actor espera ser traicionado por el otro. La moral, en estos contextos, no reduce simplemente el conjunto de acciones disponibles; estructura las condiciones bajo las cuales la cooperación compleja se vuelve posible.

Esta es la inversión conceptual decisiva. El actor sin restricciones parece más libre porque puede hacer más cosas. Pero muchas de esas cosas destruyen las condiciones que permiten hacer cosas más difíciles: coordinar, innovar, gobernar, persuadir, reconstruir, heredar legitimidad. La amoralidad expande el repertorio táctico y empobrece el horizonte estratégico. Permite golpear con menos freno, pero dificulta construir con mayor profundidad. En el corto plazo, la restricción moral puede parecer una desventaja; en el largo plazo, puede ser una forma superior de tecnología social.

La historia militar, la política internacional y la competencia económica muestran una regularidad persistente: quienes renuncian a todo límite pueden ganar ventaja inicial, pero pagan costos acumulativos en legitimidad, cohesión y sostenibilidad. La moral no garantiza la victoria. Ningún principio detiene por sí solo a un ejército, a una insurgencia o a una corporación depredadora. Pero la ausencia de moral tampoco garantiza eficacia duradera. A menudo produce victorias huecas, territorios ingobernables, alianzas imposibles, sociedades quebradas y enemigos más determinados.

La pregunta inicial, entonces, debe reformularse. No se trata de saber si el bando sin restricciones tiene más opciones. Las tiene. La verdadera cuestión es qué tipo de opciones son esas, qué destruyen al ser usadas y qué clase de orden permiten construir después. La moral es una restricción, sin duda. Pero también es una tecnología de largo plazo: una arquitectura invisible que permite sostener confianza, coordinar esfuerzos, limitar la autodestrucción y convertir la fuerza en autoridad legítima. Quien carece de ella puede ganar una batalla con menos escrúpulos. Quien logra incorporarla de manera consistente puede estar mejor preparado para ganar la paz, que es siempre la forma más exigente de la victoria.

miércoles, 24 de junio de 2026

SOLGW MK1, nuevo fusil del US SOCOM

Subfusil: Fort 320 (Ucrania)

Subametralladora Fort 320  

Modern Firearms


La subametralladora Fort 320 fue desarrollada y es producida por la empresa ucraniana NPO Fort. Se presentó al público por primera vez en 2021, y su producción en masa aparentemente comenzó alrededor de 2024. Actualmente, se está distribuyendo a personal no de infantería de las fuerzas armadas ucranianas como arma de defensa personal para artilleros, tripulaciones de vehículos, especialistas en comunicaciones, etc. También se dice que es utilizada por la policía ucraniana y otras unidades militarizadas.


Subametralladora Fort 320, prototipo inicial

La subametralladora Fort 320 es un arma de fuego selectivo que utiliza un sistema de retroceso simple tradicional y dispara el cartucho de pistola más popular del mundo, el 9x19 mm Luger/Parabellum. Cuenta con un cajón de mecanismos de acero estampado y un armazón inferior de polímero con empuñadura de pistola, que sirve como alojamiento del cargador. Las palancas de seguridad/selector de fuego y los botones de liberación del cargador son ambidiestros. Curiosamente, los primeros prototipos incluían una palanca para liberar manualmente el cerrojo, pero los modelos de producción no la tienen. El Fort 320 utiliza cargadores de doble hilera y doble alimentación, de diseño propio, con capacidades de 20 y 30 cartuchos.


Metralleta Fort 320


La parte superior del receptor está equipada con un riel Picatinny integral y se pueden instalar rieles adicionales a los lados del receptor en la parte delantera. Hay un riel corto ubicado debajo del cañón y, por lo general, se toma con una empuñadura delantera plegable estándar de fábrica. Los modelos de producción incorporan un apagallamas en la boca del cañón y pueden equiparse con un silenciador opcional.


Subfusil Fort 320

Por razones desconocidas para el autor, el Fort 320 de 9 mm se compara frecuentemente con el subfusil Heckler-Koch MP7 de 4,6 mm. Si bien ambos subfusiles presentan similitudes evidentes en su forma, tamaño y función principal como armas de defensa personal (PDW), también tienen diferencias significativas en su diseño interno y en las propiedades balísticas de su munición. Por lo tanto, es más prudente comparar la subametralladora Fort 320 con otras armas modernas de 9 mm de la misma clase, como la Uzi Pro, la B+T MP9 o la PP 2000.

Especificaciones básicas de la subametralladora Fort 320:

  • Calibre: 9 × 19 mm
  • Longitud total: 600 / 400 mm
  • Longitud del cañón: 160 mm
  • Peso (con cargador vacío): aprox. 2,5 kg
  • Cadencia de fuego: 800 disparos/minuto
  • Capacidad del cargador: 20 y 30 cartuchos

martes, 23 de junio de 2026

EA: Busca camiones para sus radares RMF-200V

El Ejército Argentino busca camiones 6x6 para transportar los radares RMF-200V de INVAP



El Ejército Argentino inició un nuevo proceso de adquisición de equipamiento estratégico mediante la Licitación Pública Nacional N.º 0371/2026, destinada a la compra de cuatro camiones pesados 6x6 para el transporte y operación de los radares tácticos RMF-200V desarrollados por INVAP. La convocatoria, impulsada por la Dirección General de Material del Ejército, se inscribe dentro del proceso de modernización de las capacidades de vigilancia, defensa antiaérea y control del espacio aéreo nacional.


 

La elección de una plataforma pesada con tracción 6x6 indica que los vehículos deberán transportar sistemas de volumen y peso significativos, incluyendo el radar, centros de comando, equipos de comunicaciones, generadores eléctricos, elementos de apoyo logístico y componentes auxiliares para despliegue en campaña. Según los requisitos difundidos, el camión deberá contar con motor de aproximadamente 12.000 cm³, seis cilindros, 410 cv de potencia, capacidad de carga de 15 toneladas, tracción integral 6x6 y cumplimiento de norma de emisiones Euro V.

Entre los modelos civiles que podrían ajustarse a esos parámetros se encuentra el Iveco Trakker, equipado con motor Cursor 13 de aproximadamente 12.880 cm³, seis cilindros en línea, potencia de entre 380 y 420 HP según versión, y capacidad de carga desde 11.000 hasta más de 15.000 kilos. También aparece como alternativa la familia Scania G/P Series, con motor DC13 de 12.700 cm³, seis cilindros y versiones de 410 CV.

En el segmento militar, las opciones compatibles incluyen el Mercedes-Benz Zetros 6x6 o configuraciones militarizadas del Arocs 6x6, con motor OM 460 LA de seis cilindros en línea, 12.816 cm³, potencia de entre 410 y 449 cv, y capacidad de carga de 15 toneladas o superior, según configuración. Otra referencia posible es el Oshkosh MTVR 6x6, en versiones MK23, MK25, MK29 u otras, equipado con motores Caterpillar C-12 o C13, de seis cilindros en línea, cilindrada de 11,9 litros en el C-12 o entre 12,5 y 12,8 litros en el C13, potencia de entre 410 y 440 cv, y capacidad de carga de hasta 15 toneladas en ruta o entre 7 y 9 toneladas fuera de camino.

El sistema que deberán transportar estos camiones es el INVAP RMF-200V, un radar táctico 3D multimisión y multifunción de defensa aérea, de diseño compacto y liviano. Emplea tecnología AESA con conformación digital de haces, opera con cobertura tridimensional y dispone de IFF integrado. Su alcance de detección público informado llega hasta 100 millas náuticas, equivalentes a 185 km, con más de 70 grados de cobertura en elevación. El sistema puede explorar todo el volumen de cobertura en un segundo y está diseñado para detectar y seguir distintos tipos de blancos, incluidas amenazas de muy baja velocidad.

Entre sus características técnicas se destacan la cobertura de 360° en acimut, elevación superior a 70°, velocidad de exploración variable entre 7,5 y 60 RPM, precisión de 10 metros en distancia, menor a 0,2° en acimut y menor a 0,4° en elevación. La antena tiene aproximadamente 1 metro de ancho, 0,5 metros de alto y un peso inferior a 250 kg. El sistema puede alimentarse por línea o generador, con tensión de 110-240 VAC y frecuencia de 50-400 Hz, con consumo inferior a 3 kW.

En términos tácticos, el RMF-200V puede seguir más de 600 blancos simultáneos, cuenta con orientación y georreferenciación automáticas, interfaces flexibles para integración con sistemas de armas, enlaces de datos y centros C3, y está diseñado para despliegue y repliegue en menos de 15 minutos con dotación reducida. Sus alcances varían según la velocidad de exploración: a 7,5 RPM puede detectar un avión de línea de 100 m² a unos 189 km, un avión mediano de 10 m² a 112 km, un blanco tipo caza de 1 m² a 67 km y drones de 0,1 m² a 40 km. A mayores velocidades de exploración, el alcance disminuye, pero aumenta la frecuencia de actualización del volumen vigilado.

Según el cronograma previsto, las empresas interesadas podrán presentar ofertas hasta el 2 de julio de 2026, fecha en la que se realizará la apertura electrónica a través del sistema COMPR.AR. Por el momento, la licitación no detalla públicamente el presupuesto asignado ni la totalidad de las especificaciones técnicas del vehículo, información que queda disponible dentro de la documentación para oferentes.