domingo, 24 de mayo de 2026
Aviones Argentinos: Proyecto SAIA-90

La lógica y el deseo: Proyecto SAIA-90
Introducción
Argentina tiene un repertorio de leyendas que mezcla misterio, fe y asombro: la Luz Mala en los campos, el Nahuelito en las aguas del sur, la Difunta Correa en las rutas interminables. En el mundo “aviateril”, sin embargo, existe otra historia que —sin fogones ni santuarios— logró instalarse con una potencia parecida: la del SAIA-90, un supuesto caza argentino de cuarta generación que habría estado “a un paso” de nacer antes de ser cancelado.
La popularidad de internet hizo el resto. Foros, recreaciones, discusiones técnicas, debates interminables. Pero lo realmente interesante no es el avión que nunca voló, sino la trama real: un cruce entre programas europeos, oportunidades industriales, documentos de diseño circulando en el momento justo… y un contexto político-económico que terminó por apagar cualquier posibilidad concreta.
Desarrollo
1) Europa busca su caza del futuro (y tropieza con la realidad)
A comienzos de los años 70, el Reino Unido quería reemplazar al Jaguar con un avión capaz de cumplir ataque táctico y también superioridad aérea. En 1972, esos requisitos se formalizaron como la especificación AST.403, que dio origen al Hawker P.96 (luego BAe): un diseño convencional que no prosperó, porque diseñar un caza desde cero era un lujo para la economía británica de la época.
En la Alemania Occidental, el plan era el TKF-90 (Taktisches Kampfflugzeug 90), con competencia interna entre VFW-Fokker y MBB. El concepto de MBB, con ala delta y canards, ganaba simpatías por desempeño y proyección.
En 1979, MBB y BAe propusieron un programa conjunto: ECF (European Collaborative Fighter). Ese mismo año se sumó Dassault, apareciendo el nombre “Eurofighter”. Pero el “paneuropeísmo” duró lo que tarda en complicarse cualquier decisión de diseño compartida: mientras se intentaba acordar un avión común, cada país empujaba su propia idea.
Reino Unido: superioridad aérea con fuertes capacidades aire-suelo.
Francia: prioridad al ataque terrestre; y exigencia de adaptación a portaaviones.
Alemania Occidental: el pliego más duro: aceleración a toda altitud, maniobra supersónica, misiles BVR, toberas vectoriales, giros cerrados a altos ángulos de ataque y autonomía para CAP y escolta; el ataque a tierra era secundario.
Italia se sumó en 1982, y el proyecto derivó hacia el ACA (Agile Combat Aircraft).
En 1983 nació el FEFA (Future European Fighter Aircraft), evolución del ACA. Francia aceptó retirar el requisito naval si Dassault lideraba el diseño; chocó con BAe y el gobierno británico. España amagó con irse, no pudo. Finalmente Francia se retiró en 1985 y siguió con su propio camino (ACX), que desembocaría en el Dassault Rafale. Los demás socios continuaron y en 1986 crearon Eurofighter Jagdflugzeug GmbH (Múnich). El resultado final volaría el 27 de marzo de 1994: el Eurofighter Typhoon.
Hasta acá, Europa. Pero en el margen de esa historia aparece un nombre clave para entender el mito argentino: Dornier.
Denominado P-700 por Northrop, esta ilustración artística muestra como se hubiese visto el ND-102 en su configuración final. Tras ser descartado del programa TKF-90, Dornier intentó comercializar la aeronave como "ND-102 International Fighter".
2) Dornier, el “tercero en discordia”, y el ND-102 que buscó país
Después de la Segunda Guerra Mundial, Dornier sobrevivió a la prohibición de construir aeronaves en Alemania ofreciendo consultoría a Suiza y España. Con el levantamiento de restricciones (1954), reconstruyó reputación con éxitos STOL como el Do 27 y el Do 28, y más tarde se asoció con Dassault-Breguet en el Alpha Jet (1974).
Pero los grandes contratos militares alemanes se los repartían MBB y, en menor medida, VFW-Fokker. Para Dornier, el TKF-90 era la oportunidad de volver a jugar en primera. Y eligió un camino distinto: buscar apoyo externo, firmando cooperación con Northrop.
Bajo la denominación ND-102, el trabajo arrancó en 1978. Se ensayaron 34 modelos en túnel de viento durante 1.200 horas, hasta llegar a un diseño final en 1982.
Evolución del ND-102
Primeras iteraciones: parecido al YF-17 Cobra (ala alta trapezoidal, doble deriva, bimotor, planos de profundidad medios).
Configuración final: más audaz y poco convencional. Conservaba el ala trapezoidal de gran cuerda, eliminaba los planos de profundidad, y apostaba al control mediante redirección de gases: boquillas en toberas que orientaban el flujo caliente de dos turbofans Pratt & Whitney PW1120.
Carga y masa previstas
6 puntos bajo alas + 4 en fuselaje
Peso operativo estimado: 25.000 lb (11.400 kg)
Capacidad bélica: significativa para su clase
Northrop lo ilustró como P-700, y Dornier intentó venderlo como ND-102 International Fighter tras perder el TKF-90 frente al diseño de MBB. Habían invertido US$ 20 millones (la cifra se suele expresar como equivalente muy superior “actual”), y necesitaban un socio que pusiera capital para continuar. Se mostró una maqueta en París 1983, pero no apareció comprador. En 1984 el proyecto se detuvo y la documentación quedó archivada.
Y entonces, casi como un giro de novela, esa carpeta técnica encontró un posible destino al sur del mundo.
Este gráfico permite ver de manera descriptiva la evolución del diseño que llevó al Eurofighter, con los aportes de cada socio del programa.
3) Argentina, el salto industrial y el origen del “SAIA-90”
En los 70, la industria aeronáutica argentina vivía un nuevo impulso con proyectos como el IA-58 Pucará. Pero en paralelo existía un plan más ambicioso: subir escalones tecnológicos y complejidad. A fines de la década, la Fuerza Aérea Argentina (FAA) pidió a la Fábrica Militar de Aviones (FMA), en Córdoba, un entrenador a reacción medio-avanzado para reemplazar al Morane Saulnier MS.760 Paris.
La FMA tenía experiencia, pero necesitaba apoyo en materiales compuestos, tendencias aerodinámicas modernas y aviónica. Tradicionalmente el proveedor principal había sido EE. UU., pero las restricciones de la administración Carter empujaron a mirar a Europa, especialmente a Alemania Federal.
En ese marco, a principios de mayo de 1980, la FAA firmó con Dornier un acuerdo para desarrollar el futuro IA-63 Pampa. Incluía:
asesoramiento y asistencia de diseño,
capacitación en técnicas de construcción con compuestos,
y el diseño del ala supercrítica característica del Pampa.
Pero el convenio iba más allá. Según explicaría el Comodoro Arturo Herberto Ay (Aviation Week & Space Technology, agosto de 1987), había una estrategia en tres pasos:
Pampa (entrenador avanzado)
ATL (transporte ligero, finalmente fallido)
caza de altas prestaciones
Dornier se comprometía a acompañar técnicamente todas las etapas. Y ahí aparece el germen del SAIA-90.
Alemania Federal tenía el requerimiento más exigente, el cual solo podía ser cumplido por el diseño de MBB que se ve en la imagen. Muchas de las decisiones de diseño del actual Eurofighter provendrán de este concepto.
4) Qué era (realmente) el SAIA-90: un concepto con números, no un programa financiado
Dornier entregó estudios basados en su experiencia con el ND-102, adaptables a necesidades argentinas. La documentación incluía líneas generales del avión, escenarios preliminares, opciones de armamento y análisis para formular requerimientos.
Objetivo de desempeño (según los estudios)
Optimización en régimen transónico
Giro sostenido: Mach 0,9 a 19.685 ft (6.000 m)
Potencia para acelerar de Mach 0,9 a 1,5 a 29.527 ft (9.000 m)
Autonomía “interesante”, ampliable con tanques externos
Baja firma radar e infrarroja
Armamento propuesto
1× cañón Mauser 27 mm con 150 disparos
2× misiles aire-aire Sidewinder o equivalente en punteras alares
4× misiles aire-aire tipo AMRAAM o equivalente semiempotrados en el fuselaje o hasta 11.023 lb (5.000 kg) de carga bélica
Aviónica (radar)
Radar “de nueva generación” con capacidad aire-aire para detectar blancos de 5 m² de RCS a 48 nmi (90 km) en “modo pasivo” (tal como figura en la documentación)
Integración con IFF
Seguimiento múltiple track-while-scan
En aire-suelo: guía de armamento y navegación con seguimiento del terreno
Materiales y estructura
Uso intensivo de compuestos, área donde Dornier tenía experiencia (Alpha Jet, Do 228)
Propuesta de ala: 65% CFRP, 20% aluminio, más titanio y otras aleaciones
Uso de estos materiales también en fuselaje y cola
Peso vacío estimado: 17.196 lb (7.800 kg)
Cronograma presentado
Duración total: 12 a 15 años desde aprobación de especificaciones (prevista para 1987)
Primer vuelo del prototipo: 1989
Primeras entregas: 1991
Sobre el papel, era un “camino posible”. En la práctica, estaba lejos de convertirse en un programa real.
Una de las primeras iteraciones del diseño conjunto de Dornier y Northrop para el TKF-90. La influencia del YF-17 es claramente visible.
5) “Blue Sky Thinking”: cuando la difusión pública crea la ilusión de avance
La revista oficial de la FAA, Aeroespacio, en su edición julio-agosto de 1981 (69º aniversario del arma), mencionó el proyecto con entusiasmo: el SAIA-90 (Sistema de Armas Integrado Argentino para la década de los 90) como uno de los planes más ambiciosos de la FMA.
Gráfico de tasa de giro sostenido a 9,842 ft (3,000 m), comparando el SAIA-90 contra el IA-63 Pampa y lo que parece ser un AMX o, el aún más esquivo, IA-68.
Gráfico de tasa de giro sostenido a al nivel del mar del SAIA-90 comparada con los mismos aviones que en el gráfico anterior. El eje Y está expresado en (º/S) y el X en Mach.
Pero el SAIA-90 estaba en fase muy preliminar. Las imágenes usadas para ilustrarlo correspondían a iteraciones tempranas del ND-102. La cobertura podía sugerir que el proyecto avanzaba, cuando en realidad el presupuesto de I+D ya estaba absorbido por dos prioridades: IA-63 Pampa y el misil Cóndor (este último, además, en un nivel de secreto profundo). No había margen financiero para un caza nuevo.
Y luego llegaron tres golpes decisivos:
1) Malvinas y el cerrojo externo
Tras la guerra, se impuso un veto de armas a Argentina aplicado por el Reino Unido y respaldado por EE. UU. y Francia. Eso dejó al país prácticamente fuera de los mercados donde habría podido conseguir proveedores y, sobre todo, un socio industrial que hiciera viable el salto.
2) Motores: un punto crítico sin resolver
Mientras el proyecto se mencionaba, no se detallaba un motor específico. En el artículo “Futuro Avión de Combate” (Aeroespacio, septiembre-octubre 1983) se habla de “dos de aproximadamente 5.600 kg de empuje”, es decir alrededor de 12.345 lb (54,9 kN) en seco por motor. Esa cifra lo coloca en el vecindario de turbofanes como Snecma M88, Pratt & Whitney F100 y General Electric F404 (siendo este último el que coincide de forma más directa con esa potencia indicada). Sin acuerdos de suministro y sin acceso fluido por embargos, la planta motriz era una incógnita enorme.
3) Economía argentina en los 80
Entre crisis y hiperinflación, sostener la flota existente (Mirage III/V y Daggers) ya era complejo. Financiar un desarrollo autóctono de cuarta generación era, sencillamente, inviable.
El SAIA-90 se fue desdibujando con los años. Pero internet le dio una segunda vida: “lo que pudo ser” se volvió mito, y el mito se volvió conversación recurrente. Incluso llegó a existir como recreación digital descargable para Strike Fighters 2, lo más cerca que estuvo de “sobrevolar” Argentina.
Del SAIA-90 al “socio tardío”: KAAN y KF-21 como atajo moderno
Si el SAIA-90 fue, en esencia, una carpeta técnica con ambición de cuarta generación sin el músculo financiero para volverse metal y queroseno, hoy existen dos programas que —por filosofía— se le parecen más de lo que parece: el KAAN turco (antes TF-X) y el KF-21 Boramae surcoreano. Ambos nacieron de la misma premisa que rondaba a la FAA en los 80: no resignarse a depender siempre del mercado de segunda mano y construir un sistema de armas que combine velocidad alta (orden Mach 2 en el horizonte de diseño), sensores modernos, BVR y crecimiento futuro. La diferencia crucial es que KAAN y KF-21 ya recorrieron el tramo más caro y riesgoso: prototipos, ensayos, cadena industrial y una hoja de ruta hacia producción.
Ahora bien: si lo que Argentina sueña (y lo que el SAIA-90 insinuaba en números) es un bimotor pesado para control del espacio aéreo, con autonomía, aceleración, radar capaz, baja firma relativa y carga aire-aire potente —algo en la línea “2 motores, gran empuje, radar multi-modo, misiles tipo AMRAAM/Sidewinder o equivalentes, y margen para crecer”—, KAAN encaja por concepto: apunta a mayor supervivencia y a integrar armamento con lógica más “interna/limpia” (más discreción, menos arrastre), mientras que KF-21 se ubica como un 4,5 generación muy moderno, con énfasis en arquitectura abierta, sensores y producción eficiente (aunque, en su configuración conocida, suele pensarse con armamento mayormente externo, es decir, menos “sigilo puro” pero más simple de sostener y desplegar). Para una FAA enfocada en intercepción, vigilancia aérea y escolta en grandes distancias, cualquiera de los dos podría representar —en teoría— el “SAIA-90 que sí llega a pista”, sin necesidad de financiar desde cero el salto tecnológico de materiales compuestos, aviónica y software.
Un KF-21 Boramae reconvertido a un sustituto del proyecto SAIA-90
El gran “pero” no es técnico: es geopolítico, industrial y presupuestario. Asociarse no significa solo comprar; un socio real debe aportar dinero, volumen de órdenes y trabajo industrial (componentes, cableado, estructuras en compuestos, bancos de prueba, MRO regional, simuladores, etc.). Además, tanto KAAN como KF-21 dependen (en mayor o menor medida) de cadenas de suministro con partes críticas sujetas a autorizaciones de exportación: motores, radar, computadoras de misión y armamento BVR suelen arrastrar permisos y vetos cruzados. Para Argentina, eso se cruza con un obstáculo histórico: cualquier sistema con componentes sensibles puede quedar expuesto a bloqueos políticos (y, si hay partes británicas, el riesgo de veto aumenta). Sin un blindaje contractual y logístico —y sin financiamiento sostenido por décadas— el sueño vuelve a parecerse al SAIA-90: atractivo, pero frágil.
Entonces, ¿podría Argentina “cumplir” el SAIA-90 asociándose a KAAN o KF-21? Sí, pero solo en un formato muy concreto: como cliente-socio con participación industrial realista (por ejemplo, mantenimiento mayor y fabricación de subconjuntos no críticos al inicio, escalando con el tiempo), comprometiendo una cantidad suficiente de aeronaves para justificar transferencia y soporte; y asegurando desde el día uno un paquete integral de radar/AESA, guerra electrónica, reabastecimiento, misiles BVR y entrenamiento, que es donde un interceptor pesado se gana la vida. No sería el SAIA-90 “nacional” en sentido romántico, pero sí podría ser el modo más moderno de lograr lo que aquel prometía en papel: un bimotor de alto rendimiento, con sensores y misiles de primera línea, capaz de imponer presencia en el espacio aéreo… sin volver a depender de leyendas para existir.
Conclusiones
El SAIA-90 no fue tanto un avión perdido en un hangar como una idea con sustento técnico, nacida del cruce entre una oportunidad industrial (la relación FMA–Dornier) y documentación real derivada del ND-102. Sus números —materiales compuestos, peso vacío estimado, concepto de baja firma, radar multi-modo, carga bélica importante y prestaciones transónicas/supersónicas— lo convirtieron en un imán perfecto para la imaginación.
Pero también fue un ejemplo nítido de cómo se construyen ciertas “leyendas tecnológicas”: basta una combinación de conceptos plausibles, ilustraciones sugerentes y un contexto donde “querer” no alcanza para “poder”. Sin presupuesto, sin definición operativa firme, sin motor garantizado, sin socios industriales y con embargos tras Malvinas, el programa no tenía suelo.
Aun así, el SAIA-90 dejó algo más valioso que una silueta: un recordatorio de ambición industrial, de la importancia de la cooperación internacional (cuando es posible), y de cómo una carpeta técnica —si cae en el momento y lugar adecuados— puede alimentar durante décadas una de las leyendas más persistentes de la aviación argentina.
Anexo: características técnicas (según la documentación difundida)
Tripulación: 1
Longitud: 16,53 m
Envergadura: 10,95 m
Alto: 3,96 m
Peso vacío: 17.121 lb (7.800 kg)
Planta motriz: 2× turbofans, 12.345 lb (54,9 kN) de empuje en seco (cada uno)
Velocidad máxima (estimada): Mach 2
Armamento
1× cañón Mauser 27 mm, 150 disparos
2× misiles A/A Sidewinder o equivalente (punteras alares)
4× misiles A/A tipo AMRAAM o equivalente (semiempotrados) o hasta 11.023 lb (5.000 kg) de carga bélica
Fuentes citadas en el artículo original
- Pletschacher, Peter. (Abril, 1979). Projeckt TKF-90 In Entscheidender Phase. Flug Revue.
- Disponible en: https://web.archive.org/web/20080905222434/http://www.flug-revue.rotor.com/FRHeft7X/FRHeft79/FRH7904/FR7904a.htm
- D'Odorico, J. C. (Mayo-Junio, 1983). Se destaca la necesidad de colaboración en la industria aeroespacial. Vol.?(?). p.5 a 7.
- Saldivar, J. (Septiembre-Octubre, 1983). Futuro Avión de Combate. Aeroespacio. Vol.?(435). p.44 a 48.
- Dotz, A. (Marzo-Abril, 1984). Peter Kania: Una opinión autorizada. Aeroespacio. Vol.?(438). p.60 a 65.
- D'Odorico, J. C. (Mayo-Junio, 1984). Aeroespacio Piensa y dice...Una decisión clave. Aeroespacio. Vol.?(439). p.4.
- Disponible en: https://archive.org/details/aeroespacio439mayjun1984/page/n4/mode/1up?q=%22SAIA-90%22
- Matthews, H. Prelude to Eurofighter: EAP (Experiemental Aircraft Programme). X Planes Profile 1. Reino Unido: HPM Publications, 2000.
sábado, 23 de mayo de 2026
Control de los mares: ¿Hacia un avión ejecutivo destinado al patrullaje naval? (2/3)
Misiones de alerta aérea temprana
Parte 1 || Parte 2 || Parte 3
Las misiones de alerta aérea temprana (AEW/AWACS) y de reconocimiento electrónico (SIGINT/ELINT) constituyen un ámbito en el que una plataforma furtiva de este tipo podría ofrecer ventajas significativas, especialmente al operar cerca de la línea del frente durante períodos prolongados. La combinación de baja detectabilidad, persistencia en zona y una elevada capacidad de sensores permitiría acercar este tipo de funciones a áreas más disputadas, reduciendo algunas de las limitaciones propias de las plataformas convencionales de gran tamaño.
Las aeronaves de alerta aérea temprana desempeñan un amplio conjunto de funciones críticas. Entre ellas se incluyen la vigilancia del espacio aéreo, la gestión de la batalla, la detección y control de interceptaciones aéreas, la supervisión de enfrentamientos en los dominios aéreo y marítimo, la conducción de paquetes de ataque contra objetivos terrestres, la coordinación del reabastecimiento en vuelo y el control de operaciones de apoyo aéreo cercano. Debido a esta concentración de capacidades de mando, control y vigilancia, se trata de plataformas de muy alto valor estratégico, por lo que suelen convertirse en objetivos prioritarios para el adversario.
Durante la operación Tormenta del Desierto, por ejemplo, se mantuvieron de forma permanente tres aeronaves AWACS en funciones de control de las operaciones aéreas. Estas plataformas coordinaban tareas como la interceptación de aeronaves hostiles, el reabastecimiento en vuelo y el apoyo aéreo a las fuerzas desplegadas, actuando como nodos centrales de mando y control dentro del teatro de operaciones.
La vulnerabilidad inherente de este tipo de aeronaves quedó nuevamente de manifiesto durante las operaciones en Kosovo, el 4 de mayo de 1999. En esa ocasión, un MiG-29 despegó desde Niš y voló a muy baja altitud con rumbo directo hacia un E-3D de la RAF. La aeronave despegó a las 00:41 y fue detectada mientras se aproximaba al AWACS. Como respuesta inmediata, dos F-16 asignados a misiones de supresión de defensas fueron alertados e interceptaron al MiG pocos minutos después, derribándolo aproximadamente cinco minutos más tarde. El episodio ilustra con claridad que incluso bajo un esquema de fuerte control aéreo, las plataformas AWACS siguen enfrentando amenazas concretas y requieren protección constante por parte de cazas de escolta y de la arquitectura de defensa aérea propia.
Puedo seguir con el siguiente apartado y dejarte todo con el mismo estilo técnico y uniforme.
El EMB-145AEW&C indio se llama NETRA.El E-2C Hawkeye controla hasta 40 intercepciones con tres operadores de sistema. Cada operador tiene un límite de aeronave que pueden controlar y el número total depende del número de operadores. En el caso de operaciones a gran escala, como paquetes de ataque, se utiliza más de un E-2 en la misión con uno que opera más adelante y otro en posición defensiva.
Propuesta de un biplaza Flanker equipado con un radar para llevar a cabo misiones aproximadas de alerta aérea. El Sea Harrier también se propuso para realizar AEW y reemplazar a los Sea Kings en la misión.
Flanker chino equipado con un misil PL-21 de ultra largo alcance diseñado específicamente para atacar aviones AWACS y otros aviones como el avión tanque que soporta una batalla aérea. Otros misiles como el ruso S-400 y el R-37 ruso también tienen este objetivo.
Vigilancia terrestre
La USAF ya intentó desarrollar una aeronave furtiva de vigilancia radar mediante el programa Tacit Blue, concebido para ejecutar misiones de vigilancia terrestre equivalentes a las del E-8 JSTARS. El concepto preveía una plataforma capaz de volar próxima al campo de batalla y emplear un radar SAR/MTI para detectar y seguir objetivos móviles en superficie. Se trataba de un proyecto propio del contexto de la Guerra Fría, orientado principalmente a vigilar y contener grandes formaciones blindadas soviéticas en un eventual conflicto en Europa Central, especialmente en el frente alemán. En la práctica, la USAF ha empleado el E-8 JSTARS para esta misión; sin embargo, al tratarse de una aeronave de gran tamaño y elevada firma, debe operar a considerable distancia de la línea del frente, dependiendo de sensores de largo alcance. Una plataforma con mayor capacidad de supervivencia podría desempeñar esa misma función más cerca del área de combate, e incluso desde posiciones situadas detrás de las líneas enemigas.
La USAF tiene previsto retirar su flota de E-8 JSTARS, aunque no ha definido públicamente un sustituto directo. Una de las plataformas que podría asumir parte de estas funciones es el F-35, cuyo radar AESA le permitiría operar mucho más cerca del adversario gracias a su baja detectabilidad y mayor capacidad de penetración. En este tipo de empleo, la información recopilada podría transmitirse mediante enlaces de datos a estaciones terrestres para su procesamiento y análisis. De forma similar, los cazas asignados a misiones de reconocimiento suelen emplear pods con radar SAR para vigilancia terrestre, aunque su efectividad en tiempo real depende de la disponibilidad de un datalink que permita explotar las imágenes y datos fuera de la aeronave.
Un ejemplo relevante del valor operativo de esta capacidad ocurrió durante la invasión de Irak en 2003. En ese contexto, una tormenta de arena detuvo temporalmente el avance de las fuerzas estadounidenses. Aprovechando las condiciones de baja visibilidad, una importante columna de vehículos iraquíes intentó desplazarse hacia la línea del frente, presumiblemente bajo la suposición de que no sería detectada. No obstante, el radar del JSTARS localizó el movimiento, y posteriormente bombarderos B-1 y cazabombarderos F-15E emplearon modos de detección de blancos móviles para confirmar el desplazamiento de los convoyes. A continuación, la columna fue atacada de manera sistemática con bombas JDAM. Se estima que una sola escuadrilla de F-15E, empleando 16 JDAM, logró destruir aproximadamente 70 vehículos y blindados.
Durante esa misma campaña, el Sea King ASaC Mk 7 utilizó su radar para detectar objetivos móviles terrestres, actuando en la práctica como una suerte de mini-JSTARS. La información obtenida fue transmitida a unidades equipadas con UAV Phoenix, que realizaron la identificación visual de los objetivos antes del posterior ataque de artillería. Todo el ciclo, desde la detección hasta la acción de fuego, podía demorar hasta dos horas. Aun así, el resultado fue significativo: se destruyeron 26 vehículos de combate, 15 vehículos blindados ligeros y varias piezas de artillería. Además, fue posible identificar rutas de circulación habitual como libres de minas.
La US Navy también estudió una variante del S-3 Viking orientada a la vigilancia terrestre, denominada Gray Wolf, con una capacidad prevista similar a la del JSTARS. Este concepto también recibió la denominación de SeaSTARS, y reflejaba el interés por disponer de una plataforma embarcada o de menor tamaño capaz de ejecutar misiones de vigilancia terrestre de área amplia con radar.
La FAB utiliza el R-99 en la misión de vigilancia terrestre y sería un candidato para ser reemplazado por el Falcon furtivo. El R-99 tiene la capacidad de detectar un emisor con sistemas COMINT y SIGINT y barrer el sitio con un radar FLIR y SAR para determinar la posición con mayor precisión. Un radar de vigilancia con indicador de objetivo de movimiento de tierra (GMTI) puede barrer el terreno a hasta 150km o más dependiendo de la altitud. Puede detectar movimientos inusuales en el suelo, trenes sospechosos con espacio entre vehículos y vehículos que circulan fuera de la carretera.
El nuevo avión de reconocimiento del Ejército de los Estados Unidos es el ARTEMIS con la capacidad de realizar vigilancia ELINT, COMINT y radar. Tacit Blue era una plataforma furtiva para la vigilancia del suelo.
Reconocimiento electrónico
Los aviones de reconocimiento electrónico (ELINT) presentan el mismo problema de supervivencia que los AWACS. Necesitan operar cerca del frente e incluso tras las líneas enemigas para ser más efectivos, pero deben mantenerse a mayor distancia por seguridad. Un avión furtivo garantizaría la supervivencia al disminuir la probabilidad de ser detectado.Los aviones de combate pueden usar pods de reconocimiento electrónico para operar tras las líneas enemigas, provocando simultáneamente que las defensas activen sus radares, pero los datos solo pueden analizarse después de la misión. El F-35 cuenta con un excelente sistema de reconocimiento electrónico para apoyar misiones de supresión de defensas y puede realizar misiones de reconocimiento electrónico de penetración, así como atacar objetivos detectados. Aún utiliza un enlace de datos para transmitir información a otras aeronaves para su análisis, como el RC-135.
Durante la Guerra Fría, alrededor de 40 aviones de reconocimiento estadounidenses fueron derribados en misiones clandestinas. El episodio más reciente corresponde al EP-3 Aries, que resultó dañado en una colisión cerca de la isla de Hainan, en China, lo que provocó un aterrizaje de emergencia. Los accidentes aéreos actuales están más relacionados con el uso de drones como el Predator y el Reaper. El secretismo es un recurso que permite que estos aviones no sean detectados ni atacados.
Tras la colisión entre el EP-3E y el Flankler chino en 2001, la USAF volvió a interesarse por los drones de reconocimiento furtivos. El RQ-170 se está utilizando de forma provisional hasta que el dron RQ-180 esté disponible.
La USAF ha estudiado previamente el uso de aviones furtivos para misiones de reconocimiento electrónico. A principios de la década de 1990, Northrop propuso la versión RB-2A de reconocimiento y el reconocimiento electrónico EB-2A. Las dos versiones no fueron desarrolladas.
El 15 de abril de 1969, una EC-121 de la Marina de los Estados Unidos con 31 miembros de la tripulación voló una misión ELINT en el Mar de Japón. Fueron interceptados por dos MiG de Corea del Norte y derribados a 10km de la costa de Corea del Norte con todos los miembros de la tripulación asesinados. Es uno de los ejemplos de aviones de reconocimiento que ha sido derribado y se puede evitar con tecnología de furtividad.El RQ-180 será el futuro avión de reconocimiento electrónico de la USAF. La autonomía es de 24 horas contra 5-6h del RQ-170. La Marina de los Estados Unidos ya ha utilizado la ES-3A Shadow en misiones ELINT que operan a bordo, mientras que el EP-3 operaba desde las bases terrestres. El ES-3A recibe datos de otras aeronaves y búsquedas más detalladas, además de enviar los datos a analizar sobre los buques siendo el ES-3 el elemento aéreo de varios sistemas. El ES-3 tenía un radar ISAR y FLIR que le permitía ver la ubicación del emisor y determinar la posición con mayor precisión.En enero de 2020, Dassault fue contratado para proporcionar tres Falcon 8X Archangel para realizar reconocimiento electrónico. El Archangel estará equipado con el sistema de Capacidad de Guerra Electrónica Universal (CUGE) de Thales. El avión sustituirá a la Transall que lleve a cabo la misión ELINT.
Corea del Sur utiliza un Falcon 2000 para SIGINT.La FAB utiliza la R-35AM en la misión de reconocimiento electrónico. Los sensores se instalaron en las puntas de los tanques de combustible y en la cola. El R-35AM sería otro candidato para ser reemplazado por los Falcons furtivos.Interferencia electrónica
La furtividad fue considerada en un principio como una alternativa a la guerra electrónica. Con el tiempo, sin embargo, se comprobó que ambas capacidades no compiten entre sí, sino que se complementan y alcanzan su máxima eficacia cuando se emplean de forma integrada. Las técnicas de guerra electrónica resultan más efectivas cuando se aplican desde una plataforma de baja sección radar equivalente (RCS), ya que un avión con firma reducida es inherentemente más difícil de detectar, seguir y localizar que uno con una firma radar elevada. En ese contexto, una aeronave furtiva especializada en interferencia electrónica ofrece una ventaja operativa importante: puede actuar más cerca de la línea del frente e incluso acompañar directamente a un paquete de ataque.
En la USAF, la misión de interferencia electrónica táctica fue desempeñada por el EF-111 Raven, que posteriormente fue retirado del servicio como parte de medidas de reducción de costos. Tras su baja, la cobertura de esa misión para la Fuerza Aérea recayó en medios de la Armada de los Estados Unidos y del USMC, principalmente el EA-6B Prowler, hasta la incorporación del EA-18G Growler. En paralelo, el F-35 incorpora un radar AESA con capacidad de ataque electrónico, lo que le permite asumir al menos una parte de las funciones que anteriormente cumplía el EF-111. De hecho, la USAF ha sostenido de manera constante que el F-35 debe entenderse como una plataforma multifunción y no solo como un caza, precisamente por el peso operativo de sus sensores, su fusión de datos y sus sistemas de comunicaciones.
Por su parte, la URSS empleó helicópteros Mi-8MV equipados con sistemas de interferencia electrónica para abrir corredores relativamente seguros de hasta 100 km dentro del territorio enemigo. Estas acciones podían complementarse con el lanzamiento de chaff por parte de otras aeronaves, con el fin de generar una cortina de ecos falsos y degradar la capacidad de detección y seguimiento de los radares adversarios. No obstante, una plataforma de ala fija presenta ventajas claras en este tipo de misión, ya que puede operar a mayor altitud y, en consecuencia, ejercer cobertura sobre un área más extensa.
El EC-130H Compass Call es otro avión especializado en interferir con radares y radios de un sistema de defensa aérea que actúa junto con los EF-111 y EA-6B. También tiene capacidad de reconocimiento electrónico secundario. Durante el entrenamiento, utilizó su capacidad de manera limitada porque dificultaba todo el ejercicio. Los aviones de reconocimiento electrónico también tienen su capacidad de escucha interrumpida. Con un experto en idiomas, puede confundir a los operadores de radio enemigos que tienen que realizar un largo proceso de autenticación. Contra Irak, interfirieron con la radiofrecuencia con la música heavy metal. Comenzaron la interferencia unos 30 minutos antes de que los ataques indujeran artillería antiaérea a las presas de fuego pensando que un ataque era inminente.
BAe Systems propone la convocatoria EC-37B Compass basada en el Gulstream G550 CAEW para reemplazar el EC-130.
Reconocimiento aéreo
Las misiones de reconocimiento táctico han pasado a ser ejecutadas, en gran medida, por aeronaves de combate equipadas con pods de designación de objetivos. La resolución de los sensores electroópticos e infrarrojos actuales es lo suficientemente elevada como para sustituir, en muchos casos, a las cámaras de reconocimiento dedicadas. Estos pods permiten realizar tareas de reconocimiento previo y posterior al ataque (pre-strike y post-strike), además de la designación de blancos. En consecuencia, las rutas de las aeronaves de ataque pueden planificarse de modo que capturen imágenes o video de puntos de interés a lo largo del trayecto, asumiendo funciones tradicionalmente asignadas a plataformas especializadas de reconocimiento.
En el ámbito estratégico, los satélites de observación terrestre desempeñan un papel central, proporcionando imágenes de muy alta resolución. Asimismo, el acceso a imágenes de satélites comerciales se ha generalizado y está disponible para numerosos países. No obstante, persisten limitaciones operativas: los satélites pueden no estar disponibles en el momento requerido o no ofrecer cobertura continua sobre una zona de interés debido a las restricciones de sus órbitas. En este contexto, las aeronaves de reconocimiento mantienen su relevancia. Una plataforma operando a altitudes del orden de 15.000 metros puede obtener imágenes a distancias superiores a los 300 km, dependiendo de las condiciones meteorológicas, y los sistemas digitales actuales ofrecen resoluciones significativamente superiores a las de los sistemas analógicos empleados en el pasado.
La USAF ha explorado la sustitución de plataformas tripuladas de gran altitud, como el U-2, mediante sistemas no tripulados. Entre estos esfuerzos se encuentra el desarrollo del RQ-3 DarkStar, concebido para misiones de reconocimiento tanto fotográfico como radar. Aunque este programa no prosperó, actualmente opera el RQ-170 Sentinel en misiones de reconocimiento de alta sensibilidad.
Operaciones Especiales
Una posible capacidad para implementar en el sigiloso Falcon es apoyar a las fuerzas especiales en la misión de reabastecimiento de tropas detrás de las líneas. La USAF utiliza el MC-130 que opera muy bajo para evitar la detección y ya ha estudiado un avión de transporte furtivo para la misión.
En el caso del sigiloso Halcón, las tropas serían arrojadas a través de la puerta lateral utilizada para la entrada y salida. La cantidad de tropas que se lanzarán sería muy limitada y podría necesitar dos aviones para la misión. El lanzamiento de los suministros se puede hacer por el compartimento de armas. En el lanzamiento de paracaidistas de gran altitud en modo HALO/HAHO, la puerta se abriría con el avión mostrando el lado oculto a los radares en el sitio si es posible.
El sigiloso Falcon tendría la capacidad de usar un FLIR para visualizar la zona de aterrizaje antes del lanzamiento, acompañar a los paracaidistas que navegan al sitio y puede dar un apoyo aéreo aproximado durante la inserción si es necesario como la realización de "vigilancia armada" de las tropas que avanzan en tierra.
viernes, 22 de mayo de 2026
Tácticas modernas: Cómo aniquilar a un grupo de tareas multidominio

Cómo aniquilar a un grupo de tareas multidominio
Ben Blane, Ryan DeBooy y Dale Hunter | Institute of Modern Warfare at West Point
Durante la última década, el Ejército ha transformado el concepto de fuerza operativa multidominio, convirtiéndolo en una pieza clave de sus operaciones y una de las expresiones más claras de su estrategia para combatir y vencer a adversarios de similar capacidad. Diseñadas para operar dentro del área de combate del adversario, estas organizaciones se han convertido en un pilar fundamental de la continua transformación del Ejército, materializando los conceptos multidominio y, al mismo tiempo, imponiendo costos reales a los adversarios. De este modo, han redefinido la contribución de las fuerzas terrestres a la disuasión, demostrando que el dominio en futuros conflictos no se logrará únicamente mediante la superioridad numérica, sino mediante la integración, la persistencia y la rapidez en todos los dominios.
Creadas específicamente para desafiar las redes de negación de acceso y de área, las fuerzas operativas multidominio (FOM) se desarrollaron a través de años de experimentación piloto antes de su activación formal y, desde entonces, han demostrado su capacidad para desplegar capacidades avanzadas que complican la toma de decisiones del adversario y desestabilizan la coherencia de los planes operativos de sus adversarios de similar capacidad. Mientras que las brigadas de combate que impulsaron la transformación del Ejército hacia una fuerza modular hace veinte años contaban con cuatro mil soldados o más, las Fuerzas de Tarea Multimodales (MDTF) tienen aproximadamente la mitad de ese tamaño. Como pilar fundamental de la visión de "fuerzas difíciles de aniquilar" del entonces Jefe de Estado Mayor del Ejército, el general James McConville, estas formaciones representan un cambio hacia fuerzas más pequeñas, ofensivas y con mayor capacidad de supervivencia, que operan dentro del nivel de contacto de la fuerza conjunta, donde las actividades de competencia son más trascendentales y los riesgos de escalada son mayores.
Sin embargo, las mismas características que han hecho efectivas a las MDTF también las exponen a vulnerabilidades específicas. Si no se abordan, estas debilidades amenazan con erosionar el impulso que el Ejército ha logrado al crear estas organizaciones —tres se activaron entre 2017 y 2022, con dos más planificadas— y socavar su valor disuasorio en el momento preciso en que más importa.
A continuación, se presenta un análisis sincero de cómo se pueden derrotar a las MDTF, basado en las perspectivas de soldados que han servido en estas formaciones. Comprender cómo neutralizar una MDTF no constituye un argumento en contra del concepto. Más bien, es vital para garantizar que el Ejército mantenga su capacidad decisiva en una guerra adaptativa y prolongada, donde explotar las vulnerabilidades de las MDTF no solo degradaría la formación, sino también la capacidad del Ejército para contrarrestar a los adversarios que estas formaciones fueron diseñadas para derrotar.
Este análisis no es un ejercicio teórico, sino una advertencia urgente. Las MDTF sirvieron inicialmente como la pieza central organizativa del Ejército en su transformación más amplia para adoptar nuevos conceptos y unidades y abordar amenazas en diversos ámbitos. Si bien las MDTF fueron diseñadas para contrarrestar adversarios externos, sus mayores desafíos han sido internos. Por diseño, el concepto de MDTF eludió deliberadamente los procesos tradicionales, lo que, si bien aceleró la innovación, también generó una fuerte resistencia dentro de la institución. En una cultura que valoraba los procedimientos establecidos que permitieron al Ejército prevalecer en la Guerra Fría y la Operación Tormenta del Desierto, las MDTF no fueron vistas como un modelo para el cambio futuro, sino como una aberración contra el proceso.
Esta resistencia cultural interna es, sin duda, más peligrosa para el futuro del Ejército que la de cualquier competidor de similar nivel. Ahora que el Ejército busca extender las lecciones aprendidas de la MDTF a toda la fuerza, estas mismas corrientes de resistencia ven una oportunidad para reafirmar el statu quo anterior. Los obstáculos que superaron las primeras MDTF son los mismos que ahora amenazan con sofocar la transformación más amplia del Ejército, lo que convierte este momento en una oportunidad crucial para comprender y confrontar las fuerzas institucionales que prefieren acabar con la innovación antes que romper con la tradición. 
El misil hipersónico de largo alcance Dark Eagle del Ejército de EE. UU., asignado a la Batería Bravo, 5.º Batallón, 3.er Regimiento de Artillería de Campaña (Batallón de Fuego de Largo Alcance), 1.ª Fuerza de Tarea Multidominio, participa en el ejercicio Resolute Hunter 26-1, liderado por la Armada, en la Base Conjunta Lewis-McChord, Washington, el 19 de noviembre de 2025. Resolute Hunter 26-1 es el único ejercicio del Departamento de Guerra dedicado a la Gestión de Batalla, Mando y Control, Inteligencia, Vigilancia y Reconocimiento (BMC2ISR). (Crédito: Sargento Brandon Rickert, Ejército de EE. UU.)
1. La burocracia lo oculta
Si bien las Fuerzas de Tarea Multidominio están optimizadas para contrarrestar a adversarios de similar capacidad y complementar los conceptos de las demás ramas de las Fuerzas Armadas, un competidor igualmente importante ha estado presente desde su creación: la burocracia. La forma más eficaz de neutralizar las MDTF no es atacar sus sensores, tiradores o redes, sino abrumarlas con procesos. El principal desafío para una MDTF antes de un conflicto —y el que resultaría especialmente peligroso durante el mismo— es la tendencia institucional a acumular estructura y personal, sofocando la agilidad que la hace eficaz. Esto subraya una lección crucial para la transformación general del Ejército: los altos mandos deben tener el tamaño adecuado para facilitar, no para obstaculizar, la innovación.
Concebida como una formación experimental en la transición del Ejército aunque el concepto operativo de las operaciones multidominio es el de la MDTF, esta se diseñó con la clara intención de escalar. Este modelo se eligió deliberadamente porque la MDTF se creó antes incluso de que se presentara la doctrina de operaciones multidominio, sirviendo como un producto mínimo viable para probar conceptos en el campo y fundamentar la doctrina, en lugar de simplemente ejecutarla. Para lograrlo, las MDTF se crearon con personal reducido y eficiente para fomentar una cultura de experimentación rápida. Esta estructura les permitió detectar los errores rápidamente, probando nuevos conceptos y tecnologías con agilidad y demostrando su eficacia antes de comprometerse con una inversión mayor. El consejo de coroneles, tan común en los procesos tradicionales de toma de decisiones del Ejército, no es lo que ha hecho efectivas a las MDTF. En cambio, su éxito y potencial de escalabilidad se deben a la simplificación de las autoridades y a la definición de prioridades, lo que demuestra el valor del concepto y proporciona capacidades relevantes directamente a los comandantes de combate.
Este dinamismo inherente contrasta fundamentalmente con la fricción que imponen los procesos burocráticos, bienintencionados pero engorrosos. La forma más eficaz de neutralizar las iniciativas de las Fuerzas de Tarea Multidistritales (FMD) del Ejército no es mediante la oposición ni los recortes presupuestarios, sino integrándolas discretamente en la administración. Esta integración burocrática no produce un fracaso visible. Al contrario, a menudo se presenta como un éxito institucional: cumplimiento de la doctrina, alineación con las estructuras de fuerza existentes y adhesión a los procesos establecidos. Sin embargo, esta coherencia administrativa enmascara un fracaso operativo más profundo, ya que los programas optimizados para procesos en tiempos de paz se enfrentan a las duras exigencias de un conflicto real, y los incentivos institucionales desalientan la adaptación oportuna a soluciones más pertinentes.
El resultado es una atrofia estratégica, que se vuelve extremadamente peligrosa en un conflicto. Una FMD no necesita poseer orgánicamente las facultades necesarias para lograr resultados con rapidez, pero sí debe tener un acceso ágil a ellas. Si, en cambio, se encuentra oculta bajo múltiples niveles de mando, lejos de los responsables de la toma de decisiones a nivel de teatro de operaciones a los que se supone que debe apoyar, sus ciclos de toma de decisiones se ralentizarán inevitablemente, su capacidad de innovación disminuirá y su rapidez para lograr resultados se volverá irrelevante. De esta manera, la burocracia funciona como un arma de precisión contra la innovación. No ataca directamente a la MDTF, pero la vuelve irrelevante al eliminar la libertad de experimentar, integrar, aprender y generar resultados al ritmo que exige el conflicto moderno.
Este mismo desafío, sin duda, complicará la transformación general del Ejército. A medida que el servicio integre nuevas formaciones, como los comandos multidominio, y tecnologías disruptivas como los drones, estos esfuerzos se enfrentarán a la misma inercia institucional. Si se permite que grandes cuarteles generales impongan una supervisión rígida y excesivamente formalista, sofocarán la innovación que estos nuevos conceptos pretenden fomentar, demostrando que el mayor obstáculo de una organización suele ser ella misma. 
Un sistema aéreo no tripulado modular K1000 de ultra largo alcance y gran autonomía del Ejército de EE. UU. y un globo de gran altitud asignado a la Compañía de Efectos de Alcance Extendido y Detección, 1.er Batallón de Efectos Múltiples, 1.ª Fuerza de Tarea Multidominio, despegan simultáneamente para inspeccionar la zona en apoyo del Ejercicio Balikatan 25 en la Estación Naval Leovigildo Gantioqui, Filipinas, el 28 de abril de 2025. Balikatan es un ejercicio anual de larga tradición entre las Fuerzas Armadas de Filipinas y el ejército estadounidense, diseñado para fortalecer nuestra sólida alianza, mejorar nuestra fuerza combinada y demostrar nuestro compromiso con la seguridad y la estabilidad regionales. (Crédito: Sargento Justin Zehren, Ejército de EE. UU.)
2. Estandarización total
La Fuerza de Tarea Multidominio (MDTF) se diseñó para romper con el modelo tradicional de generación de fuerzas del Ejército. Históricamente, el Ejército dotaba de personal, entrenaba y equipaba a las organizaciones en su forma final antes de entregarlas a los comandantes de combate. Como se indica en el libro blanco de transformación multidominio del Ejército, «las MDTF rompen con este modelo». No son formaciones estáticas, sino organizaciones dinámicas y adaptables, creadas, entrenadas y ejercitadas en el contexto de los requisitos específicos de un comandante de combate. Obligarlas a ajustarse a los modelos de diseño de fuerzas tradicionales neutralizaría su propósito fundamental.
Redividir las funciones de una MDTF en organizaciones aisladas y especializadas en una sola capacidad también mermaría su utilidad para la fuerza conjunta. Cuando la MDTF se ve obligada a seguir las cadenas de aprobación, los plazos de adquisición y los mecanismos de validación establecidos para las formaciones tradicionales, su capacidad de innovación se ve coartada: la experimentación cede ante la dotación de personal y la adaptación se convierte en reuniones de sincronización. La fuerza de tarea deja de ser un laboratorio para impulsar la innovación contra nuevas amenazas y se transforma en un cuartel general de coordinación para capacidades heredadas.
Esto se debe a que la MDTF fue diseñada como una formación de efectos ágil y estratificada. Sus primeros éxitos en ejercicios conjuntos y simulacros en el teatro de operaciones no fueron producto de una sola capacidad, sino de su capacidad para integrar capacidades tradicionales.
Este modelo permite obtener información, capacidades cibernéticas, espaciales y de defensa aérea con rapidez. Cuenta con sensores y sistemas de inteligencia propios para reducir sus propias redes de ataque; capacidades de protección para no tener que competir por un puesto en la lista de activos de defensa de la fuerza conjunta; y recursos propios de información, cibernéticos y espaciales para aumentar la letalidad de sus ataques de largo alcance. Este modelo reconoce que la era actual no se trata de ofrecer capacidades de forma lineal, sino de transformar todo el ecosistema de adquisición para permitir soluciones rápidas e integradas. Separar estas funciones y obligar a la MDTF a depender de apoyo externo la transforma de un facilitador de combate en una carga conjunta.
Incluso si el Ejército abandonara el modelo MDTF, las lecciones aprendidas de estas formaciones multifuncionales deben preservarse y ampliarse. La nueva iniciativa de transformación en contacto del Ejército, que experimenta con nuevos diseños organizativos como divisiones reestructuradas, equipos de combate de brigada móviles y batallones de ataque multidominio de largo alcance, ya se basa en los fundamentos de las MDTF mediante la creación de formaciones más compuestas y con múltiples capacidades. Estas nuevas unidades reconocen una verdad fundamental que las MDTF ya han demostrado: en una era donde la tecnología avanza demasiado rápido como para resolver todos los problemas antes de su despliegue, la capacidad de integrar, experimentar y adaptarse rápidamente es la más crucial.
La lección principal de la estructura de las MDTF no radica en ningún equipo específico, sino en el diseño organizacional. Deshacerse de las MDTF sin un plan claro para institucionalizar su modelo experimental y multifuncional en toda la fuerza sería un error estratégico: un retroceso de la verdadera innovación hacia la comodidad de las estructuras heredadas que las MDTF fueron creadas para superar.
Armas de microondas de alta potencia del Ejército de EE. UU., pertenecientes al 1.er Batallón del 51.er Regimiento de Artillería de Defensa Aérea, se desplegaron para una iteración de entrenamiento en apoyo del Ejercicio Balikatan 25, en la Estación Naval Leovigildo Gantioqui, Filipinas, el 30 de abril de 2025. (Crédito: Sargento Brandon Rickert, Ejército de EE. UU.)
3. Preservarlas para la crisis
En el vasto y disputado escenario bélico del Indo-Pacífico, el mayor desafío de las fuerzas conjuntas estadounidenses es la tiranía de la distancia. Para ser creíble, la disuasión requiere fuerzas persistentes y listas para el combate, capaces de actuar en las cruciales horas iniciales de un conflicto. Las Fuerzas de Tarea Multidispositivos (MDTF) fueron diseñadas específicamente para esta función.
Las MDTF no son formaciones de respuesta rápida en caso de guerra, creadas para un despliegue rápido en el teatro de operaciones; Colocarlas en estado de reserva en el territorio continental de Estados Unidos, a más de 4800 kilómetros de la zona de conflicto, anula su función principal y debilita la defensa antiaérea en la Primera Cadena de Islas, tal como se describe en la reciente Estrategia de Defensa Nacional. Las Fuerzas de Tarea Multidominio (MDTF, por sus siglas en inglés) realizan esencialmente las dos tareas principales de seguridad —filtración y cobertura—, pero a escala de teatro de operaciones, operando en todos los dominios.
Desplegadas en primera línea dentro de la capa de contacto multidominio, las MDTF actúan como fuerza de filtrado, proporcionando alerta temprana al grueso de las fuerzas sin entrar en combate directo. Junto con otras fuerzas terrestres estadounidenses y del país anfitrión desplegadas en primera línea, las MDTF utilizan un conjunto integrado de sensores espaciales, de gran altitud, aéreos, cibernéticos y terrestres para observar el entorno operativo e informar sobre la actividad del adversario.
Al entrar en conflicto, la misión de las MDTF evoluciona hacia la de una fuerza de cobertura, diseñada para establecer el contacto inicial con el enemigo. Aprovechan las posiciones obtenidas en la contienda para enfrentarse al adversario con efectos escalonados y ágiles. Ejecutadas como parte de un plan secuenciado más amplio, estas acciones retrasan y desorganizan al enemigo, otorgando a la fuerza conjunta el tiempo y el espacio cruciales necesarios para desplegar fuerzas aéreas y navales en condiciones favorables y evitar un hecho consumado. A su vez, esto crea las condiciones para el despliegue de una potencia de combate terrestre adicional y decisiva.
Es fundamental destacar que, si bien la mayoría de las unidades del ejército deben movilizarse desde sus bases en oleadas programadas, la capacidad de una Fuerza Multinacional de Tareas (MMT) para desempeñar esta misión de cobertura depende completamente de su posicionamiento avanzado durante el conflicto. Las redes de inteligencia, las relaciones con los países anfitriones y la infraestructura logística que le proporcionan la disposición de fuerza duradera necesaria para operaciones efectivas en un conflicto prolongado no pueden desplegarse desde el territorio continental de Estados Unidos en una crisis. Sin una presencia constante en el teatro de operaciones, una MMT pierde su capacidad de realizar labores de reconocimiento efectivas y, por consiguiente, su capacidad de brindar cobertura a la fuerza conjunta.
Dado que las fuerzas terrestres de seguimiento más grandes simplemente no llegarán a tiempo para una crisis, la relevancia del Ejército para la prioridad de la Estrategia de Defensa Nacional de disuadir y combatir en una contingencia en el Indo-Pacífico depende enteramente de proporcionar unidades posicionadas en primera línea equipadas con tecnologías críticas. Una MDTF posicionada en primera línea no es simplemente un activo valioso; es un requisito previo para una estrategia creíble de disuasión y defensa en el Indo-Pacífico. Desmantelar el modelo de MDTF sin reemplazar inmediatamente no cuenta con una fuerza terrestre avanzada dedicada equivaldría a aceptar la irrelevancia estratégica del Ejército. Sin una fuerza dedicada para influir en una contingencia en Taiwán desde el principio, el Ejército corre el riesgo de convertirse en un mero espectador en el conflicto más trascendental del Indo-Pacífico.
Soldados del 5.º Batallón, 3.er Regimiento de Artillería de Campaña (Batallón de Fuego de Largo Alcance), 1.ª Fuerza de Tarea Multidominio, guían por tierra el arma hipersónica de largo alcance Dark Eagle hasta una plataforma plana durante un ejercicio de carga y descarga en el Puerto de Tacoma, Washington, el 2 de febrero de 2026. Las operaciones de carga y descarga garantizan que las formaciones multidominio puedan desplegarse rápidamente y mantener fuego de precisión de largo alcance, lo que permite a la fuerza conjunta desplegar fuerzas con capacidad de combate en todo el Indo-Pacífico. (Crédito: Sargento Brandon Rickert, Ejército de EE. UU.)
4. Suprimir su voz
Una Fuerza Multinacional de Tarea (FMT) que no puede dominar su propia narrativa con la rapidez necesaria para ser relevante es una fuerza que lucha con una mano atada a la espalda. Quizás la forma más insidiosa de derrotar a una FMT sea cortar su conexión con el diálogo global. Esto se logra mediante la calcificación de la información: un endurecimiento de las estructuras burocráticas que ralentiza la difusión de información hasta casi detenerla, volviéndola irrelevante al llegar y permitiendo que nuestros adversarios definan nuestras acciones antes de que podamos hacerlo.
El valor estratégico de una voz externa sin suprimir quedó demostrado durante los ejercicios rotatorios en Filipinas en 2024. El histórico primer despliegue de un sistema de fuego de largo alcance del Ejército provocó denuncias inmediatas y contundentes por parte del Partido Comunista Chino. Este resultado no fue casual; fue un esfuerzo deliberado de señalización, posible gracias a la integración de las relaciones públicas en el proceso de toma de decisiones del comandante desde el principio. El despliegue fue un poderoso recordatorio de que la narrativa en torno a una capacidad puede ser tan influyente como una demostración de la capacidad en tiempos de guerra. El riesgo de esta parálisis no es teórico. El general Bryan Fenton, antes de retirarse como comandante del Comando de Operaciones Especiales de EE. UU., lo destacó al advertir que Estados Unidos sufre un "vacío" en las operaciones de información, donde la aprobación de un solo mensaje puede demorar meses. Sugirió además que se delegaran autoridades en niveles inferiores para mantenerse al día con la velocidad de la información antes de que la narrativa se desvanezca.
Igualmente perjudicial, sin embargo, es silenciar la voz de la MDTF internamente dentro del Ejército, lo que frena la propia evolución de la institución. El Ejército designó a la MDTF como su formación emblemática para su cambio organizacional. Esto hace que las lecciones aprendidas por la MDTF sean esenciales para toda la institución, especialmente en sus continuos esfuerzos de transformación. Sin embargo, las iniciativas de transformación a corto plazo deben ir más allá de un fugaz momento de contacto dentro de un plazo limitado. Las MDTF mantienen un contacto constante con el entorno operativo, con los socios y con el adversario. Por lo tanto, las lecciones derivadas de este contacto constante y real deberían tener mucha más relevancia que las aprendidas en un laboratorio cerrado o en un entorno de entrenamiento en EE. UU. La lección más crucial es la mentalidad ágil que han cultivado las Fuerzas de Tarea Multimodales (MDTF, por sus siglas en inglés): un indicador de un cambio cultural que prioriza la resolución rápida e iterativa de problemas ante la ambigüedad, en contraposición al modelo lineal y reacio al riesgo del statu quo, que busca ofrecer una solución perfecta pero tardía. Combinadas con las nuevas tecnologías de IA e interoperabilidad máquina a máquina, las MDTF pueden aplicar un mando y control ágil y proactivo para mantenerse a la par del adversario. Si estas lecciones aprendidas en primera línea no se transmiten al resto de las fuerzas armadas, la transformación en contacto se convierte en un eslogan vacío. Silenciar la voz de las MDTF, ya sea interna o externa al Ejército, debilita su doble propósito. Aislarlas del diálogo global neutraliza el efecto disuasorio de sus capacidades de combate creíbles. Aislarlas del resto del Ejército las convierte en un experimento aislado en lugar del motor de cambio transformador para el que fueron diseñadas. 
La 3.ª Fuerza de Tarea Multidominio (3MDTF) llevó a cabo el primer ejercicio de fuego real de capacidad de alcance medio fuera de los Estados Unidos continentales, hundiendo con éxito un objetivo marítimo con un misil Standard Missile-6 durante el ejercicio Talisman Sabre 25 el 16 de julio de 2025. El ataque exitoso validó la interoperabilidad conjunta de objetivos y mando y control entre la 3MDTF y la fuerza conjunta combinada. La demostración resalta la solidez de la alianza Australia-EE. UU. y la capacidad en rápido avance de la 3MDTF y la 10.ª Brigada Australiana para desplegar capacidades avanzadas de ataque marítimo terrestre en apoyo de la seguridad y la estabilidad regionales. Talisman Sabre es un ejercicio bilateral que refleja la estrecha relación militar entre Australia y los Estados Unidos, con participación multinacional. (Crédito: Sargento Perla Alfaro, Ejército de EE. UU.)
Cruzando el Rubicón de la relevancia: Oportunidad y Responsabilidades para el éxito y el fracaso
El Ejército se encuentra al borde de una decisión trascendental entre dos futuros irreconciliables. Detrás de ellos se halla la cómoda estabilidad del statu quo: una maquinaria de la era industrial que perfeccionó procesos, estandarizó soluciones y cosechó éxitos en la Guerra Fría y la Operación Tormenta del Desierto, pero que garantiza su irrelevancia estratégica en la era digital. Ante ellos se extiende el crisol caótico, ambiguo y necesario de la adaptación continua para estar preparados para una guerra prolongada en dominios en disputa; un futuro que las Fuerzas de Tarea Multidistritales (FMD) han ofrecido un atisbo.
Por lo tanto, desmantelar las iniciativas que han definido a las FMD —ya sea sepultándolas en la burocracia, obligándolas a adoptar modelos obsoletos, preservándolas para una crisis sobre la que no pueden influir o silenciando las lecciones que han proporcionado— es tomar una decisión deliberada. Se trata de una declaración que reconoce que las valiosas lecciones aprendidas junto a aliados y socios en el Indo-Pacífico durante casi una década fueron simplemente un experimento interesante, no un mandato urgente para mejorar la capacidad de combate del Ejército. Es permitir que la institución se deje seducir por el canto de sirena de los procesos burocráticos, incluso mientras se intensifican las amenazas de una posible guerra futura.
Sin embargo, existe la oportunidad de aprovechar este momento e institucionalizar la transformación iniciada con la MDTF. Las iniciativas en curso para desarrollar un mando multidominio a nivel de teatro de operaciones, junto con la transformación de las formaciones tradicionales del Ejército, representan una oportunidad para ampliar estos conceptos e integrar las lecciones aprendidas de la experimentación en primera línea en la estructura y cultura en constante evolución del Ejército. Esto plantea una cuestión crucial: ¿Fue la MDTF simplemente un prototipo exitoso que debe descartarse, o es un modelo para el diseño de las futuras fuerzas del Ejército? No se trata de una cuestión de estructura de fuerzas, sino de una elección entre la comodidad institucional y la necesidad operativa; una decisión que determinará si el Ejército acepta dejar a la fuerza conjunta y a los socios multinacionales con una brecha de capacidad crítica en su momento de mayor necesidad.




















