martes, 24 de marzo de 2026
Cañón Northrop Grumman XM913 de 50 mm
Logros y perspectivas del cañón XM913 de 50 mm de Northrop Grumman
El Pentágono impulsa varios programas orientados al desarrollo de vehículos blindados avanzados para las fuerzas terrestres. Todos estos esfuerzos tienen como objetivo mejorar el desempeño de los vehículos de combate, especialmente en aspectos como la potencia de fuego. En este contexto, se está desarrollando el nuevo cañón automático XM913 de 50 mm, junto con los módulos de combate destinados a integrarlo. Este sistema ya ha superado varias fases de diseño y prueba, lo que ha generado expectativas favorables.
Programas y proyectos
En 2018, el Pentágono retomó la idea de crear un sustituto para el vehículo de combate de infantería M2 Bradley. Paralelamente, puso en marcha el programa Vehículo de Combate de Próxima Generación (NGCV). No obstante, pocos meses después, esa iniciativa fue rebautizada como Vehículo de Combate Tripulado Opcionalmente (OMFV). Desde entonces, la sigla NGCV pasó a identificar un programa más amplio, enfocado en el desarrollo de cinco tipos distintos de vehículos y plataformas blindadas, entre ellos el OMFV.
En la primavera de 2019, el Pentágono dio a conocer los requisitos operativos para el futuro vehículo de combate de infantería OMFV y abrió la convocatoria para su desarrollo en régimen de competencia. En ese momento, el Ejército pretendía contar con un vehículo blindado equipado con una torreta o módulo de combate armado con un cañón automático de 30 mm, una ametralladora y misiles. Más adelante, esos requisitos fueron modificados.
En junio de 2023, el Ejército eligió a los finalistas del concurso del OMFV. La filial estadounidense de la empresa alemana Rheinmetall y General Dynamics Land Systems quedaron como contendientes para los contratos futuros. Para entonces, el programa había sido renombrado como Vehículo de Combate de Infantería Mecanizada, y el nuevo vehículo recibió la designación XM30.
Ambas empresas participantes ya han dado a conocer el diseño y las principales especificaciones de sus vehículos de combate de infantería para la competición. La siguiente etapa de los proyectos será la fabricación de prototipos. Está previsto que en 2026 estos vehículos inicien pruebas preliminares y posteriormente sean entregados al Pentágono para su evaluación comparativa.
El problema del armamento
De acuerdo con los planes iniciales, el vehículo de combate NGCV/OMFV debía estar equipado con una torreta o una estación de armas controlada a distancia, armada con un cañón automático de 30 mm. Además, se preveía la incorporación de una ametralladora y de un sistema moderno de misiles. Todo este conjunto debía complementarse con un sistema digital de control de tiro dotado de funciones estándar.
Conviene señalar que en Estados Unidos se debate desde hace tiempo la conveniencia de dotar a los futuros vehículos blindados con cañones de 30 mm. Los vehículos de combate de posibles adversarios cuentan desde hace años con protección frente a este tipo de armamento, lo que ha llevado a cuestionar su eficacia. Entre las alternativas planteadas figuran el desarrollo de nuevos proyectiles de 30 mm con mayor capacidad de penetración o la creación de cañones de mayor calibre para superar estas limitaciones.
A finales de la década de 2010, casi inmediatamente después del inicio del programa OMFV, el Pentágono decidió estudiar la posibilidad de equipar al futuro vehículo de combate de infantería con un arma de mayor calibre. Tras llevar a cabo las investigaciones correspondientes, se eligió finalmente el calibre de 50 mm.
El desarrollo de este nuevo cañón fue encargado a Northrop Grumman, una empresa con amplia experiencia en sistemas de artillería de pequeño calibre y fabricante de diversos tipos de armamento para vehículos blindados. El plan consistía en aprovechar desarrollos previos como base para el nuevo proyecto. Así, el futuro cañón de 50 mm recibió la designación XM913.
Con el objetivo de acelerar y simplificar el desarrollo, la nueva arma se diseñó a partir de la familia de cañones Bushmaster. Northrop Grumman produce varios sistemas de este tipo, con una arquitectura similar pero en distintos calibres. En este caso, la empresa tuvo que adaptar las soluciones técnicas existentes al nuevo calibre de 50 mm.
Producción y suministro
El desarrollo del nuevo cañón, basado en modelos ya existentes, avanzó con rapidez. Entre 2019 y 2020, Northrop Grumman fabricó el primer lote piloto de cañones XM913 y lo entregó a las agencias competentes del Pentágono para su evaluación. Más adelante se suministraron nuevas unidades. A finales de 2021, la cantidad total de ejemplares piloto y de preproducción rondaba las dos docenas. Junto con el cañón, también se presentaron para pruebas tres tipos de nuevos proyectiles de 50 mm.
Durante esta fase, los cañones experimentales XM913 fueron sometidos a pruebas de tiro en distintos campos de ensayo. Los primeros disparos se efectuaron desde plataformas especiales. Posteriormente, las armas se evaluaron en conjunto con torretas experimentales desarrolladas por varias compañías. Según los informes, los cañones confirmaron sus principales características de diseño, aunque es probable que también se detectaran algunos problemas que exigieron ajustes y correcciones.
Hace unos días, en enero de 2026, la empresa desarrolladora anunció la recepción de un nuevo pedido. Como parte de una nueva etapa de ensayos, el Ejército encargó recientemente otras 16 unidades de preproducción. Las primeras ya han sido entregadas al cliente, mientras que las restantes se enviarán en breve.
Este nuevo lote de cañones XM913 está destinado a su instalación en los vehículos de combate de infantería experimentales MICV desarrollados por ambas compañías. Esto implica que, en un futuro próximo, el sistema será probado como parte de un conjunto de armamento completo integrado en vehículos de combate. Los cañones serán evaluados junto con sus sistemas de control y con las plataformas autopropulsadas que los transportarán.
Todavía no está definido cuál de los dos vehículos de combate de infantería tiene mayores probabilidades de imponerse en la competencia. El Pentágono deberá llevar a cabo un ciclo completo de pruebas, evaluar numerosos factores y extraer las conclusiones correspondientes. No obstante, ya parece evidente que el vehículo seleccionado estará armado con el cañón automático de 50 mm desarrollado por Northrop Grumman.
Características de diseño
El cañón XM913 fue desarrollado a partir de modelos ya existentes, de los que conserva las principales características de diseño, los principios de funcionamiento y otras soluciones técnicas. Al mismo tiempo, todos sus componentes y conjuntos fueron dimensionados nuevamente para adaptarse a las exigencias y cargas derivadas de la nueva munición de 50 mm. Este enfoque permitió simplificar el desarrollo y alcanzar el nivel de rendimiento buscado.
Como ocurre con otros cañones de la familia Bushmaster, el XM913 es un arma automática accionada externamente. Desde el punto de vista estructural, está compuesto por el cañón, el cajón de mecanismos con el portacerrojo, el alimentador por cinta y el motor eléctrico encargado de accionar el sistema automático. El cañón y el cajón de mecanismos están dispuestos en línea, mientras que el alimentador y el sistema de accionamiento externo se integran en el propio cajón de mecanismos.
El arma ensamblada tiene una longitud aproximada de 4,1 metros, de los cuales 2,99 metros corresponden al cañón. El compartimento de combate aloja componentes de 948 mm de longitud y de 469 x 491 mm de sección. El peso total del cañón, sin incluir el sistema de alimentación ni la munición, es de 314 kg.
El sistema de alimentación de la munición y el movimiento del cerrojo funcionan mediante un motor eléctrico independiente. El disparo se realiza según el principio de avance del cerrojo. La ignición de la carga del cartucho se produce antes de que el cerrojo complete totalmente su recorrido hacia adelante, lo que permite compensar parcialmente el retroceso.
El control de tiro se logra mediante la emisión de pulsos eléctricos con los parámetros y la duración requeridos. Se admite fuego simple y en ráfaga a una velocidad de 100 o 200 disparos por minuto. Los parámetros de tiro se controlan remotamente a través del sistema de control estándar del vehículo portador.
El cañón XM913 es compatible con varios sistemas de alimentación de munición, incluyendo la capacidad de alimentar dos tipos de proyectiles. La alimentación se controla mediante el sistema de control de tiro estándar, siguiendo las órdenes del artillero.
Se está desarrollando una nueva familia de proyectiles de 50 x 228 mm para el XM913. Estos proyectiles están diseñados para atacar una variedad de objetivos y se espera que ofrezcan ventajas significativas sobre la munición de menor calibre existente.
Por ejemplo, el proyectil XM1203, que dispara un proyectil perforante subcalibre estabilizado por aletas, se ha desarrollado para combatir vehículos blindados. Las características de penetración de este proyectil aún no se han divulgado, pero debería superar el rendimiento de los proyectiles de 30 y 35 mm existentes.
La munición XM1204 está diseñada para atacar personal y otros objetivos blandos, así como para destruir estructuras. Está equipada con un proyectil de fragmentación de alto explosivo con espoleta programable. Según el tipo de objetivo y la misión, puede detonarse por contacto, activarse en un punto predeterminado de la trayectoria o detonarse con retardo.

Dos vehículos de combate de infantería para el concurso XM30. A la izquierda, el proyecto de GDLS; a la derecha, el de Rheinmetall.
El proyectil XM1202 se utilizará en prácticas de tiro. Su balística es similar a la de un proyectil de fragmentación de alto explosivo y está equipado con un trazador. Esta munición permitirá entrenar a los artilleros y evitará la importante inversión que supone adquirir munición convencional.
Para mejorar el rendimiento
Así, el Pentágono ha concluido que los sistemas de artillería de 30 mm son obsoletos y planea equipar los vehículos blindados con armas de mayor calibre. Además, ya se han tomado medidas concretas: se ha desarrollado un nuevo cañón, módulos de combate para el mismo y vehículos portadores. Dos vehículos avanzados de combate de infantería de este tipo comenzarán pronto las pruebas y demostrarán su potencial.
Cabe destacar que el proyecto del cañón automático XM913 de 50 mm no es el único de su tipo. Por ejemplo, desde principios de la década pasada, la industria rusa ha estado trabajando en una serie de módulos de combate con cañones de 57 mm. Otros países tienen proyectos similares.
Todo esto demuestra la comprensión de los problemas actuales con las características de penetración y la búsqueda de una solución. Claramente, el desarrollo de cañones de mayor calibre continuará, y dichos sistemas serán adoptados eventualmente por los ejércitos de los países desarrollados. La única incógnita es cuándo se desplegarán estas armas y el ritmo posterior del rearme.
Kirill Ryabov || Revista Militar
lunes, 23 de marzo de 2026
EA: Roles en el combate de localidades
Roles de combate
En el entorno urbano, cada integrante cumple una función clave.
🎯 Tirador
💥 Brechero
📡 Radio operador
⛑️ Especialista en primeros auxilios
🔥 Apuntador de ametralladora
Una sola misión: actuar con precisión, coordinación y confianza.
AEW&C: EA-37B Compass Call
Esta brújula no llevará a buen puerto
Un avión EA-37B Compass Call de la Fuerza Aérea de EE. UU., perteneciente al 55.º Grupo de Guerra Electrónica en la Base Aérea Davis-Monthan, Arizona, aterrizó en la Base Aérea de Ramstein, Alemania. Esto formó parte de una gira promocional, una serie de reuniones organizadas entre el producto y los inversores actuales y potenciales.
A pesar de las especulaciones generalizadas sobre su posible despliegue en Oriente Medio en medio de las crecientes tensiones con Irán, la Fuerza Aérea de EE. UU. afirma que la llegada del EA-37B Compass Call a Alemania no guarda relación con los acontecimientos actuales. Este avión especializado en guerra electrónica (EW) realizó su primer viaje a Europa para demostrar sus capacidades como parte de la transición de la Fuerza Aérea de EE. UU. del EC-130 Compass Call a un avión turbohélice.
Personal de la Real Fuerza Aérea Noruega y de la Bundeswehr ya ha inspeccionado el EA-37B Compass Call de la Fuerza Aérea de EE. UU. La demostración de la aeronave a representantes de varias agencias y los planes anunciados para su introducción resaltan el potencial de la aeronave para integrarse en diversos equipos y grupos para realizar diferentes misiones, así como su papel en operaciones conjuntas y de coalición.
El anuncio de la Fuerza Aérea sobre la visita del EA-37B a Europa confirma las especulaciones planteadas en numerosas publicaciones de X y demuestra las limitaciones de la especulación en línea basada únicamente en datos de seguimiento. Esta suposición es comprensible dadas las capacidades de guerra electrónica de la aeronave: puede interferir radares e interrumpir las comunicaciones militares y el mando y control iraníes.
Sin embargo, el EA-37B aún no ha entrado en servicio, según Chris Pierce, portavoz del 55.º Ala de Transporte Aéreo en la Base de la Fuerza Aérea Offutt.
El nuevo Compass Call es un avión ejecutivo Gulfstream G550 modificado sustancialmente. Utiliza una configuración conformada del sistema de Alerta Temprana Aerotransportada (CAEW), desarrollado originalmente para las Fuerzas de Defensa de Israel. Otras características distintivas incluyen grandes carenados a ambos lados del fuselaje.
La Fuerza Aérea planea comprar 10 de estas aeronaves para reemplazar sus aviones turbohélice EC-130H Compass Call, que están envejeciendo y son cada vez más escasos, de los cuales solo quedan cuatro.
El 2 de mayo de 2025, el 43.er Escuadrón de Guerra Electrónica realizó su primer vuelo de entrenamiento con el EA-37B.
Muchos de los sistemas del EA-37B derivan directamente del EC-130H, razón por la cual estas dos aeronaves tan diferentes comparten el mismo apodo. Ambas aeronaves están diseñadas para la interferencia a distancia, incluyendo la supresión de radares y sistemas de comunicaciones enemigos. También realizan misiones secundarias de inteligencia, vigilancia y reconocimiento (ISR), capaces de detectar, rastrear y localizar diversos emisores.
El EA-37B también cuenta con nuevas capacidades que superan las del EC-130H. La Fuerza Aérea de los Estados Unidos ha declarado previamente que el nombre de la aeronave refleja su capacidad no solo para atacar, sino también para destruir objetivos específicos.
En principio, es lógico colocar de 2 a 4 misiles antirradar bajo las alas. Los misiles AGM-88 HARM permitirán atacar objetivos desde una distancia de hasta 150 km, lo que en algunos teatros de operaciones militares, con países que no cuentan con sistemas de defensa modernos, será efectivo.
Además, la aeronave basada en el motor G550 puede ascender a mayor altitud que el EC-130H, lo que le proporciona una mejor visibilidad del espectro electromagnético (EMS) a largas distancias y en áreas extensas. Este avión también supera a su predecesor turbohélice en velocidad, alcance y autonomía.
Aquí, por supuesto, sería interesante escuchar la opinión de Sergei Tikhonov, Mayor de las Fuerzas de Defensa Aérea de las Fuerzas Aeroespaciales Rusas y Comandante del Batallón S-400, sobre las oscilaciones que aumentan la capacidad de supervivencia. Podría tener mucho que decir al respecto, pero lamentablemente, ese no es el tema de este artículo. Así que, los estadounidenses pueden confiar en lo que quieran; por ahora no lo cuestionaremos.
El valor de los aviones Compass Call no fue tanto demostrado como declarado recientemente durante la campaña de presión contra el presidente venezolano Nicolás Maduro. Supuestamente, los aviones EC-130H interfirieron el radar y los equipos de comunicaciones para obstaculizar la respuesta de las fuerzas venezolanas durante la captura de Maduro, pero la supresión del ejército venezolano se logró por medios algo diferentes. También se dice que los E/A-18G Growler desempeñaron un papel en esta operación.
En general, por supuesto, las versiones anteriores del sistema Compass Call basadas en el EC-130H han demostrado repetidamente su eficacia en zonas de combate durante las últimas dos décadas. Claro está, en condiciones de superioridad estadounidense total. Aviación en el aire, al estilo iraquí.
Algunos de estos aviones fueron desplegados permanentemente en Oriente Medio, desde donde también apoyaron operaciones en Afganistán entre 2001 y 2021. El EC-130H participó en la incursión que acabó con la vida del fundador de Al Qaeda, Osama bin Laden, en Pakistán en 2011. Así pues, está claro: puede que no hayan logrado mucho, pero su participación fue total.
Doble interrogante: ¿El Compass Call atacó las defensas aéreas pakistaníes durante la Operación Lanza de Neptuno? Bueno, eso explicaría bastante bien por qué los estadounidenses sobrevolaban Pakistán como si fuera su hogar. Pero plantea muchas otras preguntas.
Si el avión EA-37B que aterrizó en Ramstein se dirigía a Oriente Medio, como afirmaban los rastreadores en línea, habría sido un acontecimiento realmente significativo, marcando su primer despliegue en un posible teatro de guerra. Sin embargo, esta misión, al igual que las dos anteriores a Asia, marcó el primer encuentro de un gran número de pilotos estadounidenses y aliados con una nueva e importante plataforma de guerra electrónica.
¿Qué se puede decir del avión?
El equipo es similar al que lleva el EC-130H. El EA-37B Compass Call (anteriormente EC-37B) es un avión de guerra electrónica basado en el Gulfstream G550, un jet ejecutivo con características de vuelo bastante impresionantes.
Alcance: 12.500 km.
Velocidad máxima: 0,85 M a 12.000 m.
Velocidad de crucero: 0,80 M a 12.000 m.
Techo operativo: 16.000 m.
El rendimiento del EA-37B es naturalmente más modesto. Después de todo, el jet Gulfstream ha perdido su lujosa cabina de jet ejecutivo y ha sido cargado con una cantidad considerable de equipo diverso, reduciendo su techo a 14 metros (000 pies) y su alcance a 7 km (100 millas).
La misión Compass Call es interrumpir los sistemas de mando, control, radar y navegación enemigos, dificultando que el enemigo coordine sus operaciones en la misión de Contra-Mando, Control, Computadoras, Comunicaciones, Ciberespacio, Inteligencia, Vigilancia y Objetivos (Counter-C5ISRT).
La aeronave será capaz de interferir radares, sistemas electrónicos y equipos de comunicaciones. Esto le permitirá participar en la supresión de las defensas aéreas enemigas (SEAD), interrumpiendo la capacidad del enemigo para coordinar operaciones de sensores y desplegar baterías de defensa aérea dirigidas a aeronaves amigas.
El EA-37B está equipado con equipos de guerra electrónica de L3Harris y BAE Systems. Su característica más distintiva son las grandes matrices de antenas montadas a ambos lados del fuselaje. Estas se basan en las matrices de radar utilizadas en la aeronave de alerta temprana y control aerotransportado G550 CAEW (Conformal Airborne Early Warning).
El equipo en el avión también incluye:
- sistemas de objetivos cooperativos centrados en la red (NCCT);
- subsistemas de control y monitoreo del sistema;
- subsistemas de receptor de radiofrecuencia (RFR);
- radio definida por software (SDR);
- subsistemas contra radares;
- estación de radio AN/ARC-210 RT-2036;
- codificadores de red integrados KG-250;
- terminales de banda estrecha KY-100;
- identificador KIV-77 Modo 4/5 "Amigo o enemigo".
Una selección decente. Ahora vale la pena preguntarse por qué los estadounidenses siquiera comenzaron estos espectáculos.
Naturalmente, el dinero es la principal preocupación. La demostración de la aeronave debería principalmente alentar a los aliados de la OTAN a comprar este sistema. Y hay que decir que la diferencia entre el EC-130H y el EA-37B es notable: el EA-37B vuela más lejos, más tiempo, más alto y más rápido que el antiguo EC-130H. Y esto, como todos entienden, significa una mayor probabilidad de supervivencia para la tripulación.
Por cierto, la tripulación es más pequeña: 9 personas (2 pilotos + 7 operadores) frente a 13 en el EC-130H. No hay información sobre la razón de esto.
El EA-37B parece preferible al EC-130H, que data del siglo pasado. Actualmente, los aviones AWACS, ELINT y EW tienden a ser más pequeños, lo que debería mejorar su capacidad de supervivencia. Si bien los aviones AWACS no necesitan acercarse tanto al frente durante un conflicto militar como los aviones EW y ELINT, los misiles aire-aire modernos ya superan los 200 km, y los misiles tierra-aire se acercan a los 400 km.
En este sentido, el EA-37B, más compacto, sin duda parece preferible, pero no es seguro que los aliados europeos de Estados Unidos se apresuren a adquirir estos aviones para sus fuerzas armadas. El costo de cualquier avión ELINT es prohibitivo, y su pérdida es muy difícil de reemplazar.
Por otro lado, si el EA-37B termina en Oriente Medio y entra en combate a gran escala, podría generar una importante publicidad para la aeronave. Además, dado que el equipamiento del EA-37B es comparable al del EC-130H, que está en servicio en países de la OTAN, no se prevén problemas particulares durante la conversión.
Como se suele decir, solo queda probar el avión en acción. Las demostraciones hoy en día son un asunto bastante... incierto.
Roman Skomorokhov
domingo, 22 de marzo de 2026
Argentina: Guerrero, el padre del Cóndor II

Miguel Vicente Guerrero, el patriota que soñó una Argentina fuerte: vida, ciencia y soberanía del “padre” del Cóndor II
Hablar del Comodoro Miguel Vicente Guerrero es hablar de una de esas figuras argentinas extraordinarias que, aun habiendo entregado su inteligencia, su vocación y su vida al servicio de la Nación, no siempre recibieron en su tierra el reconocimiento que merecían. Militar, científico, estratega, docente y nacionalista, Guerrero fue mucho más que el principal impulsor del proyecto misilístico Cóndor II: fue un hombre convencido de que la Argentina debía desarrollar poder propio, tecnología propia y capacidad de defensa propia para dejar de depender de otros y actuar en el mundo con dignidad soberana.
Nacido el 26 de julio de 1943 en Caucete, San Juan, su vida quedó marcada desde la infancia por una tragedia nacional: el devastador terremoto de San Juan del 15 de enero de 1944. Guerrero fue sobreviviente de aquel desastre que destruyó la provincia y se llevó la vida de miles de argentinos, entre ellos dos de sus hermanas pequeñas. Esa herida temprana, atravesada por el dolor, la pérdida y la dureza de un país que tantas veces obligó a sus hijos a levantarse entre ruinas, parece haber forjado en él una fortaleza singular. Desde muy joven entendió que la vida exigía temple, sacrificio y misión.
Estudió con beca en el Liceo Militar de Mendoza y luego ingresó a la Fuerza Aérea Argentina, donde comenzó una carrera brillante. Se recibió como ingeniero electrónico y aeronáutico, egresado de la Escuela de Aviación Militar, y su desempeño sobresaliente lo ubicó rápidamente entre los oficiales más prometedores de su generación. En 1964, siendo alférez, viajó becado a los Estados Unidos para profundizar su formación. Años más tarde, en 1974, regresó para especializarse en tecnología misilística en el Massachusetts Institute of Technology (MIT), una de las instituciones más prestigiosas del mundo, donde se graduó con altísimo mérito académico. Ese paso por el exterior no lo convirtió en un técnico al servicio de intereses ajenos: por el contrario, reforzó su convicción de que el conocimiento más avanzado debía estar puesto al servicio de la Argentina.

Guerrero fue ingeniero electrónico y aeronáutico, egresado de la Escuela de Aviación Militar
Guerrero pertenecía a esa rara estirpe de hombres que comprendían que la ciencia y la defensa nacional no eran mundos separados, sino partes de una misma tarea histórica. Para él, una Nación sin capacidad tecnológica propia era una Nación vulnerable. Y una Nación vulnerable, tarde o temprano, queda sometida a la voluntad de otros. Esa idea se volvería central en su obra.
Su nombre quedó para siempre asociado al proyecto Cóndor, y en especial al Cóndor II, uno de los mayores desarrollos tecnológicos alcanzados por la Argentina en materia estratégica. En las instalaciones de Falda del Carmen, en Córdoba, dentro de un complejo de altísimo secreto y bajo conducción de la Fuerza Aérea, Guerrero encabezó junto a técnicos, científicos y militares argentinos una empresa de enorme envergadura: desarrollar un vector con capacidad de proyección propia, que combinara aplicaciones espaciales, científicas y de disuasión militar.

El proyecto no surgió de la nada ni fue un simple capricho castrense. Respondía a una visión integral de país. Por un lado, buscaba dotar a la Argentina de capacidades para colocar satélites en órbita con medios nacionales, es decir, avanzar hacia la autonomía espacial. Por otro, ofrecía una herramienta concreta de disuasión frente a amenazas externas, especialmente tras la guerra de Malvinas, cuando quedó dolorosamente expuesta la brutal asimetría entre la Argentina y una potencia de la OTAN como el Reino Unido.

Miguel Vicente Guerrero en su época del MIT (Instituto Tecnológico de Massachusetts), donde se graduó en 1974 en Tecnología Misilística
Guerrero comprendió con claridad algo que muchos dirigentes nunca quisieron entender: la recuperación de capacidad negociadora frente al ocupante británico no podía basarse solamente en declaraciones diplomáticas, sino también en la construcción de poder nacional. Su razonamiento era de una lógica geopolítica impecable. Si la Argentina contaba con un sistema capaz de representar una amenaza real sobre el dispositivo militar británico en el Atlántico Sur, Londres se vería obligado a incrementar de manera enorme el costo de sostener su ocupación en las islas. Y cuando el costo de una ocupación se vuelve demasiado alto, la política empieza a cambiar. No se trataba de un impulso temerario, sino de una estrategia de disuasión orientada a reducir la brecha militar y a sentar al Reino Unido a una mesa de negociación desde otra posición.
Por eso, con justicia, muchos lo consideran el “padre del Cóndor II”. Porque no fue un actor secundario ni un mero administrador: fue uno de sus cerebros centrales, uno de los hombres que le dieron dirección, forma y sentido estratégico a uno de los proyectos más ambiciosos de la historia tecnológica argentina.
Su trayectoria, sin embargo, no se agotó allí. Guerrero también fue presidente de la Comisión Nacional de Investigaciones Espaciales (CNIE) y precursor de las telecomunicaciones satelitales argentinas, además de desempeñarse como docente universitario y más tarde como Decano de la Facultad de Ciencia y Tecnología de la Universidad del Salvador. Es decir, no solo pensó en la defensa: también sembró conocimiento, formó profesionales y ayudó a construir capacidades científicas duraderas para el país. Su patriotismo no era declamativo; era concreto, técnico, institucional y profundamente argentino.

Durante la guerra de Malvinas, además, revistó como Mayor de la Fuerza Aérea Argentina y tuvo participación en la planificación de misiones aéreas. Finalizado el conflicto, integró la Comisión Rattenbach, encargada de analizar responsabilidades y evaluar el desarrollo de la guerra. Había combatido, había pensado la defensa, había contribuido a la evaluación crítica posterior. Era, en definitiva, un militar íntegro: comprometido con la Nación antes que con las conveniencias del momento.

Búnker para el lanzamiento y control del misil Cóndor en Cabo Raso, Chubut.
Pero como tantas veces ocurrió en la Argentina con quienes se atrevieron a construir soberanía real, el destino de Guerrero terminó atravesado por la mezquindad política de una época. El proyecto Cóndor, que había avanzado significativamente y despertaba la preocupación de potencias extranjeras, fue finalmente desmantelado durante el gobierno de Carlos Menem, en el marco del alineamiento automático con Estados Unidos y Gran Bretaña. Los nombres de Domingo Cavallo, Guido Di Tella y las presiones ejercidas desde la embajada norteamericana quedaron asociados a aquella decisión que canceló uno de los desarrollos estratégicos más prometedores del país.

Estudió con una beca en el Liceo Militar de Mendoza y luego se incorporó a la Fuerza Aérea
No fue solamente el cierre de un programa: fue la renuncia deliberada a una posibilidad histórica de autonomía. Y como si eso no bastara, a Guerrero no se lo homenajeó por haber cumplido con excelencia la misión que el propio Estado le había encomendado, sino que se lo castigó con el pase a retiro, mientras los equipos de técnicos y científicos que habían hecho posible aquella proeza eran desarticulados. La paradoja fue escandalosa: la Argentina sancionó a uno de sus oficiales más capaces por haber tenido éxito en una tarea clave para el interés nacional.

La Asociación Civil Amigos de Cabo Raso fueron los promotores del homenaje y además construyeron un cenotafio en memoria del Comodoro Guerrero.
Aun así, Guerrero no claudicó. Y allí vuelve a aparecer la dimensión moral de su figura. Tras su retiro, recibió ofertas para continuar su carrera en los Estados Unidos, incluso en el ámbito académico. Habría podido elegir el prestigio exterior, el confort del reconocimiento ajeno o la comodidad de una vida desligada de las frustraciones argentinas. No lo hizo. Eligió quedarse en su país y volcar su conocimiento en la formación de nuevas generaciones. Fue docente, decano, director, maestro. Siguió sirviendo a la Nación desde las aulas y desde la ciencia, con la misma lealtad con la que había servido desde el uniforme.
Quienes lo conocieron lo recuerdan como un hombre noble, brillante, sobrio y profundamente comprometido con la Patria. No era un improvisado ni un aventurero: era un profesional de altísimo nivel, un estratega serio, un científico respetado y un argentino convencido de que la soberanía no se mendiga, se construye. En tiempos de dependencia cultural, él defendía el desarrollo nacional. En tiempos de subordinación política, él pensaba en grande. En tiempos de resignación, él apostaba a una Argentina capaz.
Su fallecimiento, en agosto de 2019, pasó para muchos casi en silencio, como si la desmemoria nacional insistiera en repetir una de sus peores costumbres: olvidar a los mejores. Sin embargo, la figura de Miguel Vicente Guerrero resiste ese olvido. Sobrevive en cada argentino que entiende que no hay independencia sin ciencia, que no hay diplomacia eficaz sin poder propio, y que no hay futuro para la Nación si se desprecia a quienes trabajaron para hacerla más libre, más fuerte y más respetada.

Recordar al Comodoro Miguel Vicente Guerrero no es solo hacer justicia con un hombre excepcional. Es también recuperar una enseñanza central para la Argentina contemporánea: los países que renuncian a su talento estratégico, que castigan a sus patriotas y que entregan sin resistencia sus capacidades tecnológicas, se condenan a la impotencia. En cambio, los pueblos que honran a sus hombres de ciencia, a sus militares honestos y a sus constructores de soberanía, mantienen viva la posibilidad de ponerse nuevamente de pie.

El Cóndor II en su torre de servicio.
Miguel Vicente Guerrero fue uno de esos argentinos imprescindibles. Un sanjuanino marcado por la tragedia, formado en la excelencia, consagrado al servicio, protagonista de la defensa nacional, impulsor del desarrollo espacial y misilístico, y ejemplo de fidelidad a la Patria. Su vida demuestra que la grandeza argentina no es una nostalgia vacía: es una posibilidad concreta cuando aparecen hombres dispuestos a pensar, trabajar y sacrificarse por ella.

Y si la Argentina alguna vez decide reencontrarse con su destino de Nación soberana, industrial, científica y respetada, deberá volver la vista hacia figuras como la suya. Porque allí, en hombres como Guerrero, late todavía una idea de país que no se rindió jamás.

En el 2016 recibió una distinción por su carrera en la Fuerza Aérea












