lunes, 26 de octubre de 2026

COAN: Puertas abiertas en Ushuaia

 

Gran despliegue de la Aviación Naval Argentina en el Fin del Mundo, Ushuaia 🇦🇷🇦🇶





Se observan aeronaves T-34C Mentor, B-200, P-3C/N Orión y Helicópteros Sea King y Fennec, también vehículos terrestres.



Argentina: Conferencia "El dominio de los vectores no tripulados"

 
Ideas para UGV de la empresa FixView

El Ministerio de Defensa se sube a la guerra de los drones y las Fuerzas Armadas ya piensan en una flota propia

Un caza F-35 cuesta hasta 100 millones de dólares. Un dron puede costar una fracción y cambiar el resultado de una batalla. Argentina reúne a militares, científicos y empresas para no quedarse atrás en una tecnología que ya redefinió la guerra moderna

CITEDEF fue uno de los protagonistas del encuentro. En la imagen, uno de sus desarrollos en materia de Sistemas no tripulados (Fotos: Fernando Calzada)

Del lado de las Fuerzas Armadas, estuvieron las autoridades y efectivos que contaron qué necesitan y mostraron lo que ya lograron puertas adentro: proyectos nacidos, muchas veces, del ingenio y el esfuerzo de sus propios equipos. Del otro lado, científicos e investigadores de los centros tecnológicos de Defensa, empresas privadas y funcionarios de la cartera que conduce el teniente general Carlos Alberto Presti. La meta: que esas ideas dejen de ser prototipos aislados y se conviertan en una agenda común de desarrollo.

La jornada, organizada por la Secretaría de Investigación, Política Industrial y Producción del Ministerio, a cargo del licenciado Mario Katzenell, se llevó adelante en el Centro Cultural de la Ciencia (C3) bajo el título “Sistemas autónomos: el dominio de los vectores no tripulados. UAV (aéreos), USV (marítimos) y UGV (terrestres)”.

Un dato: el programa se organizó en tres tramos. En el primero, además de la exposición del agregado militar ucraniano, coronel Andrii Matsiuk, el Ejército Argentino presentó, a través de su Dirección General de Investigación y Desarrollo, el diseño de un vehículo aéreo no tripulado, y el Servicio de Hidrografía Naval analizó el potencial de estos vehículos para la hidrografía. En el segundo bloque, la Facultad de Ingeniería del Ejército mostró su vehículo autónomo de exploración (VAE); el CITEDEF, un radar de apertura sintética de bajo peso para drones; y la CONAE, sus desarrollos en navegación autónoma y aplicaciones. También expusieron el Instituto de Ciberdefensa de las Fuerzas Armadas, con su experiencia en vectores no tripulados, y distintas empresas vinculadas al área que buscan, desde el sector privado, llevar respuestas a las Fuerzas Armadas.

Con la jornada sobre sistemas no tripulados, el Ministerio de Defensa sentó un precedente en el área al reunir , por primera vez, a los empresarios, las universidades, las Fuerzas Armadas y los organismos del Estado

Además, la jornada tuvo la mirada del Comando de Guerra Autónoma del Comando Sur de los Estados Unidos, a cargo del coronel Ian Fletcher. El último tramo estuvo dedicado a desarrollos más cercanos al terreno: la FAdeA presentó el proyecto IA-210 Tero, un tricóptero eléctrico de reconocimiento y observación; CITEDEF presentó el bloqueo de sistemas aéreos no tripulados; y la Armada Argentina, su lancha no tripulada USV-01.

Las empresas, los científicos, las universidades y las Fuerzas Armadas: los socios para la red de drones de Argentina

El comodoro César Oscar Lencina, subsecretario de Ciencia y Tecnología de la Nación, planteó que este contexto es el de una “transformación tecnológica acelerada” en la que la inteligencia artificial, la robótica y los sistemas autónomos obligan a tomar las riendas del asunto para evitar quedar atrás de las tendencias. Para el oficial de la Fuerza Aérea, los sistemas no tripulados “son un ejemplo concreto de esta evolución” y son de “importancia estratégica para la defensa nacional”. Subrayó, además, que su desarrollo requiere integrar conocimientos que van desde la ingeniería y la electrónica hasta las comunicaciones, la navegación y el procesamiento de información. “El desarrollo tecnológico requiere del trabajo coordinado entre el Estado, el sistema científico, las universidades y el sector productivo”, sostuvo, al tiempo que agregó que el desafío es conectar a todos esos actores para “generar las condiciones para que el conocimiento se transforme en desarrollos tecnológicos y en capacidades concretas”. Además, puso a la CONAE como “una muestra” de lo que el sistema científico-tecnológico puede aportar “en áreas de alta complejidad”.

Por su parte, el director nacional de Planes y Programas para la Industria y la Producción para la Defensa, Leandro Gabriel Gargiulo, repasó lo hecho en el último año desde la cartera castrense: un relevamiento que identificó 253 empresas vinculadas al sector, un catálogo de firmas y la reducción de los plazos para autorizar exportaciones de material sensible y bélico, un trámite que ahora puede iniciarse en línea. Resumió el rol de la Secretaría en tres verbos, “identificar, conectar y desarrollar”, y planteó que el objetivo es que las iniciativas “no sean esfuerzos aislados, sino parte de una política sostenida, capaz de generar resultados y fortalecer capacidades a largo plazo”.

“Un nuevo paradigma militar”, la voz del agregado militar de Ucrania sobre una tecnología probada en combate

El coronel Andrii Matsiuk, agregado militar de Ucrania en Argentina, fue quien se encargó de abrir los paneles. No hace falta justificar su presencia, solo cabe recordar que su país desarrolló sistemas no tripulados para enfrentar a una potencia militar, y el uso de estos dispositivos en el campo de combate no hace más que mostrar su efectividad y una serie de ventajas a la hora de compararlos con otro tipo de equipamiento.

En ese sentido, el militar ucraniano contó que su país creó en junio de 2024 una rama independiente de sus Fuerzas Armadas dedicada exclusivamente a los sistemas no tripulados, la primera de este tipo en el mundo, a la que definió como un “nuevo paradigma militar”. Para el coronel, estos sistemas pasaron de ser un medio auxiliar de reconocimiento a un componente fundamental en el combate. De todas maneras, advirtió que, para que sean eficaces, deben ser integrados con el área de inteligencia, la guerra electrónica, la defensa antiaérea y el mando y control. De hecho, sostuvo que uno de los avances más importantes no fue el dron en sí, sino la red operativa que lo rodea.

La Facultad de Ingeniería del Ejército Argentino presentó en sociedad al vehículo autónomo desarrollado en esa casa de estudios

Matsiuk detalló además cómo se reparten las tareas: los aéreos hacen observación, reconocimiento, ataque e intercepción; los terrestres, logística y evacuación de heridos (la cifra no es menor, el 80 % de estas operaciones son protagonizadas por los sistemas no tripulados); y los marítimos demostraron su importancia en el mar Negro y les permitieron “tener una superioridad naval”.

Sistemas autónomos no tripulados en la Fuerza Aérea y la Armada Argentina

El comodoro Horacio Larrosa fue el elegido por la Fuerza Aérea para contar cómo nació la incorporación de vehículos remotamente pilotados en la institución: según relató, fue a partir de una directiva de 2010 que se hizo efectiva hacia 2012. Desde entonces, fueron desarrollando diferentes iniciativas que ganaron lugar progresivamente en el día a día de la Fuerza: el expositor contó que algunos desarrollos ya participaron en ejercicios, se avanzó en un sistema de reconocimiento que incorpora inteligencia artificial y, además, intervinieron en un simulacro de emergencia nuclear junto a otras Fuerzas y organismos.

Pero no todo en las Fuerzas Armadas es de uso militar (o sí, pero también de uso dual). Por ejemplo, el capitán de corbeta Fernando Cristian Bravo subrayó el potencial que tienen los vehículos no tripulados en el Servicio de Hidrografía Naval. De hecho, el organismo encargado de brindar seguridad náutica en los ámbitos marítimos de interés del país, promover la investigación científica y cumplir con estándares de la Organización Hidrográfica Internacional ya cuenta con un desarrollo con capacidades fotogramétricas. ¿En qué se traduce? En mayor flexibilidad para programar campañas sin depender de aeronaves tripuladas y obtener datos de alta resolución en áreas estratégicas. Con estos sistemas, se generan modelos digitales de elevación, ortomosaicos y nubes de puntos, que pueden integrarse con las superficies batimétricas relevadas con sondas multihaz para obtener una representación continua desde el fondo marino hasta el terreno, como se hizo con el predio de la Escuela Naval.

Bravo destacó que esta integración permite la actualización de la cartografía náutica oficial. Desde la óptica de la defensa, aporta información útil para planificar operaciones anfibias, evaluar qué embarcaciones pueden amarrar en determinados muelles según su profundidad y distancia, y estudiar la dinámica y erosión costera para conocer el teatro de operaciones.

El Ejército Argentino no se queda atrás: dos iniciativas propias para cambiar las operaciones

El Ejército Argentino también habló de distintas iniciativas propias. Fue el capitán Juan Manuel Terán quien presentó el diseño de una aeronave no tripulada de despegue y aterrizaje vertical, explicando el proceso de desarrollo de un vector de este tipo, que sigue la misma lógica que el de una aeronave de gran porte. El punto de partida son los requerimientos de los usuarios: en este caso, capacidad de carga, una cámara electroóptica (más un equipo de comunicaciones para extender enlaces), autonomía de ocho horas, entre otros factores. Tras el análisis, la Fuerza puso manos a la obra y comenzó a trabajar en un desarrollo concreto.

De izquierda a derecha: comodoro César Oscar Lencina (subsecretario de Ciencia y Tecnología de la Nación), contraalmirante Eduardo Ignacio Llambí (director de Educación de la Armada), Mario Katzenell (secretario de Investigación, Política Industrial y Producción del Ministerio de Defensa), Leandro Gabriel Gargiulo (director nacional de Planes y Programas para la Industria y la Producción para la Defensa); y el general Luis Guimpel (comandante Conjunto de Ciberdefensa de las FF. AA.)

De hecho, otro de los grandes avances del Ejército fue presentado por el teniente coronel Marcelo Andrés Acuña, de la Facultad de Ingeniería del Ejército: el VAE, un vehículo autónomo de exploración pensado y desarrollado en esa casa de estudios para que pueda ser empleado por la Fuerza para evacuaciones sanitarias o como apoyo en catástrofes naturales, en logística de operaciones militares y también en el ámbito civil, en actividades como la minería o la seguridad.

En cuanto a sus características, el vehículo puede transportar unos 250 kilos y tiene una autonomía estimada de 150 kilómetros (dependiendo del terreno, la carga y la velocidad).

De los cazas a las plataformas autónomas: la guerra ya no es lo que era

Uno de los expositores planteó la ecuación económica con una cifra: un F-35 cuesta entre 80 y 100 millones de dólares por unidad, y al sumar equipamiento, costos operativos, capacitación del piloto y evolución del armamento, una flota de diez aeronaves puede acercarse a los 1500 millones. La pregunta que dejó abierta es quién puede afrontar hoy una inversión así en un medio que, además, depende de una base fija o de un portaaviones y puede ser destruido en un ataque sorpresa. Los datos de la guerra en Ucrania refuerzan el argumento: las pérdidas de aviones de combate llegaron a su máximo durante 2022 y cayeron abruptamente no por una mejora en los equipos ni por la supresión de las defensas antiaéreas, sino porque las aeronaves dejaron de operar en territorio enemigo y pasaron a lanzar misiles y bombas planeadoras desde su propio espacio. Es decir, las operaciones con aviones caza son necesarias, pero hoy se complementan con otras tecnologías, como los sistemas autónomos, ya sea aéreos, terrestres o navales.

De hecho, desde el C3, los especialistas destacaron que, frente a los medios tradicionales, los sistemas no tripulados tienen capacidad multimisión, mayor supervivencia y alcances que pueden llegar a las 2000 millas.

Es decir, hay una nueva lógica para pensar la guerra: las plataformas tradicionales suelen ser costosas frente a los nuevos sistemas que, además, pueden conseguirse fácilmente en el mercado.

De hecho, esa misma lógica de bajo costo apareció en el desarrollo nacional de un radar de apertura sintética (SAR) para drones, creado íntegramente en el CITEDEF: emite con muy baja potencia y asegura varias horas de operación con pocas baterías. A esto, se sumó una charla sobre navegación autónoma, que subrayó que un vehículo es tan preciso como su sistema de navegación. Para lograrlo, se combinan sensores inerciales, que no dependen de señales externas.

El ingeniero Pablo Ristori, de CITEDEF, presentó un radar de apertura sintética de bajo peso para drones pensado y desarrollado en el predio de Villa Martelli

El otro lado de la ecuación es la defensa frente a estos sistemas. Un grupo de investigadores presentó un experimento que aprovecha las limitaciones de diseño de los receptores GPS comerciales para confundirlos y hacer que un dron pierda su referencia de posición. Según relataron, en las pruebas, lograron que el dispositivo quedara anulado y que su ubicación apareciera en un lugar completamente distinto. Una muestra de que, así como los drones abaratan la capacidad ofensiva, también existen respuestas de bajo costo para neutralizarlos.

Los drones, dispositivos bajo costo, pero con alta tasa de efectividad

La jornada sobre sistemas no tripulados dejó en claro que Argentina trabaja en una amplia gama de plataformas en los tres dominios: aire, tierra y agua. En el plano terrestre, el Vehículo Autónomo de Exploración (VAE) y los UGV como plataforma logística multipropósito mostraron el avance hacia vehículos eléctricos capaces de operar en terrenos difíciles, con aplicaciones que van del apoyo en catástrofes y la logística militar a la minería y la seguridad. En el aire, el abanico incluyó desde proyectos de diseño nacional, como el tricóptero eléctrico de reconocimiento y observación IA-210 Tero, hasta el desarrollo de un radar de apertura sintética de bajo peso para drones y las experiencias reales con vectores no tripulados. El ámbito naval tampoco fue la excepción. A ello se sumó el costado defensivo, con exposiciones sobre drones de intercepción y sistemas de bloqueo como respuestas a la proliferación de estas tecnologías en manos de distintos actores.

El encuentro del Ministerio se llevó adelante en el Centro Cultural de la Ciencia (C3) bajo el título “Sistemas autónomos: el dominio de los Vectores No Tripulados. UAVs (aéreos), USVs (marítimos) y UGSv (terrestres)” (Fotos: Fernando Calzada)

La mirada hacia afuera y hacia adelante estuvo presente en las charlas sobre el Comando de Guerra Autónoma del Comando Sur, el futuro de la aviación de combate y la nueva asimetría bélica que introducen los drones FPV, que están transformando los conflictos modernos al permitir que dispositivos de bajo costo cumplan funciones antes reservadas a sistemas mucho más caros. En conjunto, las presentaciones mostraron un ecosistema en crecimiento, con fuerte articulación entre las Fuerzas Armadas, universidades y centros de investigación, y una meta compartida: pasar de los prototipos a la producción.

Los vehículos no tripulados se convirtieron en una realidad que, además de tener usos civiles, está siendo probada en combate. El desafío: avanzar en la adquisición de estas tecnologías, adiestrar a los operadores e incluir los sistemas en la doctrina militar.

sábado, 24 de octubre de 2026

Crisis del Beagle: Simulando 140 mil veces un desastre naval chileno en ciernes


La batalla aeronaval del Beagle simulada 140 mil veces

Qué pasa cuando uno le pide a una computadora que pelee, casi ciento cuarenta mil veces, la batalla naval que el Papa evitó en diciembre de 1978.

Por EMcL y colaborador anónimo
FDRA
 

El 22 de diciembre de 1978 había dos flotas en el Atlántico Sur con órdenes de combatir entre sí. La Flota de Mar (FLOMAR) argentina había zarpado el 7 de diciembre y para la tercera semana del mes operaba al este de la Isla de los Estados, con el portaaviones ARA V-2 25 de Mayo, su grupo aéreo embarcado y los buques asignados a la Operación Tronador. La Escuadra chilena estaba desplegada para recibir el ataque esperando el momento para contraatacar. Las dos armadas tenían planes escritos, fuerzas asignadas a esos planes, y esas fuerzas puestas donde los planes mandaban.

No pasó nada. La mediación papal se aceptó horas antes de la ejecución y las flotas volvieron a puerto.

Durante cuarenta y siete años, la pregunta de qué habría pasado se discutió con memorias, entrevistas y artículos de revista profesional. Lo que sigue es el resumen de un trabajo que intenta contestarla de otra manera: construyendo un modelo del combate, corriéndolo casi 140 mil veces, y contando cómo terminó cada vez. Este ejercicio, que será evaluado para su publicación por el autor que no soy yo, ha estado inspirado sí, en los artículos respectivos publicados en el blog FDRA.

Por qué esta batalla sí se puede simular

La historia contrafáctica tiene mala fama, y con razón. Preguntar "¿qué habría pasado si Alemania no invadía la Unión Soviética?" no tiene respuesta disciplinada: hay demasiadas cosas que podrían haber sido distintas, durante demasiado tiempo, y el que cuenta la historia elige cada una.

Diciembre del 78 es un caso raro, y por tres motivos.

Las opciones eran pocas. Despojado de todo lo demás, el combate admite una lista cortita de acciones. La Escuadra chilena podía acercarse a unos cuarenta kilómetros y tirar misiles, o acercarse más y usar los cañones. Eso era todo lo que tenía contra blancos de superficie. La flota argentina podía hacer exactamente lo mismo, más una cosa que el otro no podía devolver: aviación embarcada, capaz de pegar a varios cientos de kilómetros. Y ninguna de las dos flotas pasaba de los 20 nudos, porque las dos estaban organizadas alrededor de cruceros y un portaaviones de la Segunda Guerra. No hay muchas partidas posibles en ese tablero.

El reloj era corto. Las flotas ya estaba enfrentadas, la cuestión iba a tomar días, no meses. Un contrafáctico que tiene que correr durante semanas acumula error en cada bifurcación; uno que se resuelve en dos o tres días, no.

Y los dos planes estaban escritos. Esto es lo decisivo, porque cambia la pregunta. No estamos preguntando qué se le podría haber ocurrido a dos almirantes, que es irrespondible. Estamos preguntando qué pasa si se ejecutan los planes que las dos armadas redactaron, dotaron y pusieron en posición. Y hay un detalle que lo vuelve limpio: lo único que hay que cambiar para que la batalla ocurra es que una comunicación diplomática llegue unas horas más tarde. No hace falta cambiar el régimen, ni la doctrina, ni los buques, ni los despliegues. Todo eso ya había pasado. Las flotas estaban donde estaban, con lo que tenían, con las órdenes que tenían, llegara o no la mediación.

El detalle que pocos conocen: Chile ya había corrido esta simulación

Enfrentada a un adversario materialmente superior, la Armada de Chile hizo lo que hace una marina profesional con un plan del que no está segura: lo probó. En el simulador táctico Redifón de la base naval de Talcahuano jugaron el combate antes de que pasara, con las dos agrupaciones de superficie con las que pensaban enfrentar a la flota argentina: Acero y Bronce (o Hierro, como aparece en algunas publicaciones).

La postura era ofensiva. La fuerza más débil se acercaría, aceptaría el intercambio y buscaría una decisión.

Esto importa más de lo que parece. Significa que este trabajo no es la primera simulación de esta batalla: es la segunda. La primera la corrió uno de los beligerantes, en equipamiento analógico, antes de decidir qué hacer. Tenga presente el lector que el resultado de este ejercicio realizado por los oficiales navales será el que será juzgado por este ejercicio de simulación. Cómo es que la oficialidad realizó ese ejercicio, en el cual la Escuadra salía exitosa y por ello se adoptó como doctrina, permanece como una gran incógnita.


El escenario y las dos flotas enfrentadas

Cómo funciona esto: Hechizo del tiempo, pero con amnesia

Una simulación basada en agentes no es un programa que calcula quién gana. Es un mundo chiquito donde cada buque, cada submarino, cada formación de aviones y cada base aérea es un actor independiente programable, con su posición, su velocidad, sus armas, su radar y, sobre todo, con lo que cree saber del enemigo. Se los suelta y se los deja hacer. Cada corrida vuelve a repetir el Día D con diferencias programadas.

Una imagen muy didáctica para entenderlo es Hechizo del tiempo (Atrapado en el tiempo en España) —Groundhog Day, en el original—, la película donde Bill Murray se despierta todos los días en el mismo día. Pero hay que corregirla en un punto, y la corrección es justamente lo que explica el método.

En la película, el día es siempre igual y Murray es el que cambia: aprende, prueba cosas distintas, mejora. Acá es exactamente al revés. Nuestro Murray tiene amnesia: cada mañana se despierta y hace exactamente lo mismo que el día anterior, porque su conducta la fija la doctrina, no la experiencia. Lo que cambia es el día. El mar está un poco más picado o un poco más calmo. El radar detecta tres minutos antes o tres minutos después. El misil acierta o no. Un mensaje llega o se pierde.

Entonces uno lo hace despertarse casi 140 mil veces, anota cómo terminó cada día, y recién ahí hace la cuenta.

Si eso suena a poco riguroso, pensemos en el pronóstico del tiempo. Cuando el servicio meteorológico dice "70% de probabilidad de lluvia", no es que haya una lluvia que mide el 70%. Corrieron la atmósfera muchas veces con variaciones mínimas en las condiciones iniciales, y llovió en siete de cada diez. Esto es exactamente lo mismo, con buques en lugar de nubes. La respuesta no es "Argentina gana", la respuesta es una proporción.


Algo que ocurre muchas veces... el GT2 de la FLOMAR se aleja y lanza la aviación mientras los escoltan los protegen y otros buques distraen

Alguno dirá que esto es un jueguito de computadora y que la guerra real no funciona así. Tiene razón en lo segundo. Pero conviene mirar cuál es la alternativa, porque el que afirma “Argentina o Chile ganaba” también está corriendo una simulación: en su cabeza, con supuestos que no declara, y que arroja un solo resultado sin margen de error. La diferencia no es que uno use modelo y el otro no — es que uno de los dos modelos está escrito. Está obligado a ponerle un número a cada cosa que supone, incluidas las que preferiría dejar vagas; se publica con el código y los datos; y cualquiera puede volver a correrlo con sus propios números a ver si le da distinto. Un modelo no es una bola de cristal: no predice, ordena. Dice qué opción era peor que cuál y cuáles son las incertidumbres que mandan. Y si a alguien le sigue pareciendo una frivolidad simular esta batalla, hay un dato incómodo: la Armada de Chile la simuló en 1978, en el simulador de Talcahuano, antes de decidir qué hacer. Los que la iban a pelear pensaban que valía la pena.

El corazón del modelo: el misil va a donde el buque estaba

Si hay una sola cosa de este modelo que vale la pena entender, es esta.

En casi todas las simulaciones de combate, cuando un buque dispara un misil, el programa calcula si le pega. Acá no. Acá un contacto es una creencia, y es un objeto separado del buque real. Cuando un radar detecta algo, no nace un blanco: nace la creencia de que hay algo ahí, con una hora de nacimiento y un error de posición que crece solo, a medida que envejece, porque el buque de verdad se siguió moviendo.

El MM38 Exocet de 1978 era inercial: volaba hacia un punto calculado en el momento del disparo y recién al final encendía su propio radar, con una ventana de unos pocos kilómetros. No iba hacia el blanco. Iba hacia donde uno creía que estaba el blanco cuando apretó el botón. Contra un buque a 20 nudos, un dato de diez minutos de antigüedad corre el punto de impacto más de tres kilómetros y el radar de aproximación final podía llegar a cometer, con baja probabilidad, algún error de bloqueo.

Las cuatro apuestas chilenas

La fuerza más débil tenía cuatro maneras de jugar, y cada una define "ganar" de manera distinta. Esta es la parte que la discusión pública casi siempre se saltea: no hay un marcador único. Asimismo, aprovechamos las ventajas de un entorno simulado, y probamos escenarios que el mando chileno no pensaba jugar. Que quede claro: los primero y segundo escenarios mencionados en la lista de abajo son los únicos que iba a jugar la Armada de Chile, los otros dos fueron recreados por el sentido común y un mínimo conocimiento de historia naval, y ya se verá la importancia de esta modelización. Entonces la lista de estrategias jugadas por la ACh son:

  • Salida mahaniana. Salir a buscar la decisión. Es comprometerse con el Redifon, es la carta que iba a jugar la ACh. Gana si rompe el núcleo aeronaval argentino conservando a Acero como fuerza coherente. Es la única de las cuatro que exige destruir al otro.
  • Negación anfibia. Hacer inviable el desembarco. Gana si sostiene presencia sobre el área del objetivo el tiempo suficiente. No depende de sus propias pérdidas: la agrupación puede morir entera y haber cumplido. Algo que estaba programada para el grupo Bronce.
  • Guerrilla de fiordos. Existir al final habiendo cobrado un precio. Algo que yo sugerí en mi blog la primera vez que caí en la cuenta qué querían hacer los chilenos.
  • Flota en potencia. Existir al final, y haber mantenido a la flota argentina atada a cubrir los accesos en vez de libre para otras tareas. No es necesariamente rehuir el combate, sino preservarse en la zona de conflicto.

Y Argentina gana, en todos los casos, si desarticula a la Escuadra —si la deja sin salva útil, sin poder de combate, o sin mando— y conserva el portaaviones. Sin portaaviones no hay asedio sostenido, y el asedio era el plan.


Extracto de un escenario Salida mahaniana


Extracto de un escenario Negación anfibia


Extracto de un escenario Guerrilla de fiordos


Extracto de un escenario Flota en potencia


Quién es quién adentro de la simulación

Conviene aclarar qué significa "agente" acá, porque no es lo que suena. Un agente no es un personaje con intenciones: es una entidad que tiene su propio estado —dónde está, qué le queda, qué cree— y que cada minuto simulado decide algo por su cuenta. El modelo tiene ocho clases de agente, y dos de ellas no son cosas físicas.

Clase Qué es Qué sabe y qué decide
Buques Cada casco, uno por uno Velocidad, aguante, daño acumulado, misiles y antiaéreos que le quedan, señuelos, alcance de radar y de escucha, si está emitiendo o en silencio, su puesto en la formación. Decide si tira, a qué le tira y si se separa del grupo.
Submarinos Cada boya, en su zona de patrulla Si está sumergido, cuánta batería le queda, si puede usar snorkel, cuántos torpedos tiene y el centro y radio de su zona asignada. Patrulla solo, no navega con la flota.
Aviones Formaciones aéreas, no aparatos sueltos De qué portaaviones o base salió, cuánto combustible y cuántas bombas lleva, en qué fase va —yendo, buscando, atacando, volviendo—, a qué contacto fue asignada y a qué altura va a soltar. Si va en patrón de búsqueda, su propio eje, tramo y viraje.
Bases aéreas Los aeródromos de tierra Cuántos aviones de ataque, de caza y de exploración tiene listos, cuánto falta para la próxima salida, y si está suprimida por un bombardeo.
Misiles Cada misil en vuelo Su velocidad, el ancho de la ventana donde el radar propio se va a encender, cuánto le queda de vida… y el punto al que le dijeron que vaya en el momento del disparo, que no se actualiza nunca más.
Contactos Creencias, no cosas De qué bando es la creencia, a qué buque real se refiere, dónde se cree que está, cuánto error tiene esa estimación, qué tan confiable es, a qué hora se actualizó por última vez y qué sensor la generó. Es la clase que hace que el modelo sea este modelo.
Comandantes Uno por bando Su doctrina y su postura. Es el que traduce "flota en potencia" o "ataque frontal" en órdenes concretas al resto.
Objetivos Las islas en disputa Quién las tiene y si están disputadas en ese momento.

El dato que sorprende es que, en plena batalla, los agentes más numerosos no son los buques: son los contactos. Cada bando genera y pierde creencias todo el tiempo, y cada una vive y envejece por su cuenta. Hay momentos de la simulación en que hay más creencias dando vueltas que buques en el agua — y buena parte de ellas están equivocadas.

Y estos son, con nombre y apellido

Ninguno es genérico. Cada casco entra al modelo con su velocidad sostenida, su aguante según el desplazamiento y su armamento real, uno por uno. Un destructor Fletcher sin misiles no es lo mismo que un Sumner con cuatro Exocet, y contarlos juntos como "destructores" es exactamente el error que el modelo evita.

Flota de Mar argentina

Grupo del portaaviones
25 de Mayo (portaaviones) · Hércules (destructor antiaéreo, el único Sea Dart del teatro) · Drummond y Guerrico (corbetas)

Grupo del crucero
General Belgrano (crucero artillero) · Bouchard y Piedrabuena (con Exocet) · Rosales (solo cañones) · Punta Médanos (petrolero)

Grupo anfibio
Cabo San Antonio y Cándido de Lasala

Grupo de superficie
Py y Seguí (con Exocet) · Almirante Storni y Domecq García (solo cañones)

Submarinos, cada uno en su zona
San Luis y Salta (Type 209) · Santa Fe y Santiago del Estero (GUPPY)

Bases
Río Gallegos (ataque) · Río Grande (exploración)

Escuadra chilena

Los misileros
Williams y Riveros (destructores con Exocet) · Condell y Lynch (fragatas con Exocet)

Los artilleros
Prat y Latorre (cruceros) · Portales, Zenteno, Blanco Encalada y Cochrane (destructores)

Submarino
Simpson (Balao sin snorkel) en patrulla al sur de la Isla de los Estados (y el Hyatt en las variantes con dos, aunque solo fue agregado para darle variabilidad al resultado)

Base
Chabunco, con sus cazas

Cuatro de los ocho destructores y fragatas llevaban Exocet. Ese número, y no el total de cascos, es el que fija el techo de lo que la Escuadra podía poner sobre un blanco escoltado.

Las dos agrupaciones chilenas —Acero, la fuerza de choque, y Bronce, la encargada de negar el desembarco— se arman con estos buques, y qué barco va en cuál depende de si los misileros van adelante o atrás. Esa decisión de formación es una de las cosas que la simulación prueba en ambos sentidos, porque nadie sabe cuál habrían elegido.


Los resultados

Todo el ejercicio técnico de simulación abarca 40 o más páginas de texto. No se va a desarrollado aquí, pero para que tengan un mínima idea es una simulación basada en agentes. Como mencionó, cada agente es una entidad programable y asume un rol en la simulación: un agente se comporta, por ejemplo, como una fragata Tipo 42 (la ARA Hércules). Ese agente puede disparar misil antiaéreos Sea Dart. Cada misil Sea Dart, a su vez, es un agente: se comporta como un misil, es decir, despega con el cohete, recibe dirección de vuelo del radar del Tipo 42 e impacta y "muere" si alcanza su blanco. Así es para cada avión, buque, misil, base aérea, submarino, etc. A cada uno se le asignan atributos propios del agente: el agente ARA "25 de Mayo", portaaviones clase Colossus, puede navegar sólo hasta un máximo de 21/22 nudos. El agente "ACh Zenteno", siendo un destructor clase Allen M. Summer, puede alcanzar los 35 nudos de máxima. Cada A-4Q Skyhawk y cada S-2 Tracker, lo mismo: agentes que pueden volar a distintas velocidades y alcances siendo que el A-4Q puede, a su vez, "lanzar" otro agente: bombas de 250kg. Al mismo tiempo, los buques argentinos y chilenos lanzan también otro agente: el misil MM-38 Exocet.


La rayas celestes son Trackers realizando exploración y reconocimiento. Las líneas rojas, la aviación naval atacando. Note arriba la línea que va de Río Gallegos a Chabunco: es el ABA (Airbase Attack) que destruiría la base aérea chilena a la hora H.

A cada agente, con sus atributos, se le asignan una conducta: la Escuadra chilena se divide en dos fuerzas llamadas Acero y Bronce con distintos objetivos en la batalla. Del mismo modo, la FLOMAR se divide en tres Grupos de Tareas: GT1, GT2 y GT3. Cada formación y grupos operan como una red (escuadrilla) pequeña dentro de su formación pero también a una red más grande de la flota o escuadra respectiva. Cada buque cumple una función: un LPD lleva tropas, un submarino lleva torpedos, cada buque lleva misiles y cañones. Cada "almirante" busca cumplir el objetivo moldeado por la doctrina. No hay un proceso de optimización pero si de aprovechamiento de sus recursos y aquí viene la gran diferencia en los resultados: los buques con cañones y misiles solo pueden causarle daño o desincentivar ciertas conductas mediante el uso de sus armas dentro de su alcance efectivo. Ningún agente dispara un arma fuera de su alcance, obviamente ni de su objetivo. Un Exocet nunca es lanzado contra un avión, del mismo modo que un cañón naval tampoco abre fuego sobre aviones.

Luego, cada corrida de simulación arrancan con un seteo (setup) específico: Se fijan ciertas condiciones iniciales y se corren decenas de veces ese escenario y se guardan esos resultados. Luego, se modifican esos seteos: algo cambia ahora. Puede ser que el GAE tenga un avión más, puede ser que la ACh arranque el día D en otra posición levemente desplazada de la anterior y así, ante cada cambio, se vuelve a correr y se guardan los resultados. Ahora, lo que nos va a interesar es, en promedio, cómo fueron los resultados agregados.
 
Bien, ahora veamos estos resultados basado en las apuestas chilenas anteriormente enumeradas. Cada barra es la proporción de veces, sobre miles de repeticiones, en que cada lado cumplió su objetivo.

Salida mahaniana — el ataque frontal ensayado en Talcahuano
Objetivo argentino cumplido
99,0%
Objetivo chileno cumplido
0,0%
Negación anfibia
Objetivo argentino cumplido
98,1%
Objetivo chileno cumplido
11,4%
Guerrilla de fiordos
Objetivo argentino cumplido
86,4%
Objetivo chileno cumplido
24,1%
Flota en potencia — la mejor opción chilena
Objetivo argentino cumplido
33,2%
Objetivo chileno cumplido
52,1%

Nota aclaratoria: Esto no es un marcador de fútbol. Cada bando tenía un objetivo distinto, y cada barra mide si lo consiguió, sin importar lo que lograra el otro: podían salirse con la suya los dos a la vez, o ninguno. Cada barra se mide contra el objetivo de ese bando, no contra el otro: los dos pueden cumplir, o ninguno. Por eso no suman cien.

La primera lectura es la que importa: la postura ofensiva es la peor de las cuatro, y por lejos. Contra la mejor opción chilena —quedarse quieta, conservarse, obligar a la flota argentina a cubrir los accesos— el objetivo argentino se cumple en apenas uno de cada tres combates.

Dicho de otro modo: el peor enemigo de Argentina no era la Escuadra saliendo a pelear. Era la Escuadra no saliendo.

 


 

Pero el ataque frontal no era una idiotez

Acá conviene frenar, porque es fácil leer el cuadro de arriba como una burla al estado mayor chileno, y los números no dicen eso.

El ataque frontal es la única postura bajo la cual la batería de misiles chilena se emplea en serio: la Escuadra dispara un promedio de 8,2 misiles, contra 0,2 si se queda quieta. Y es la única que le cuesta algo a Argentina. Las pérdidas argentinas de poder de combate pasan de 2,3% a 11,3%: cinco veces más. Es también la más rápida: se resuelve en unas 27 horas contra 37 de los otros escenarios.

Acero y Bronce compran una batalla más sangrienta, más corta y una derrota segura. Una marina que juzgara que su objetivo era imponer un costo —y no disputar el control del mar— eligió bien. Una que esperara prevalecer, no. El modelo no puede decidir cuál de los dos objetivos tenían en la cabeza; eso es una discusión histórica, no estadística.

Y si Chile atacaba de frente, ¿qué le convenía hacer a Argentina?

La respuesta del modelo es incómoda y bastante elegante: casi nada. Se probaron dos posturas argentinas distintas frente al ataque frontal —campaña aeronaval escalonada y evasión y desgaste— y los resultados fueron 99,2% y 98,9%. La primera sería una táctica mahaniana desde el lado argentino, ataca toda la flota en conjunto aprovechando la distancia primero, y la superioridad numérica lograda después. La segunda es un proceso de destacar un destructor misilero como piquete adelantado y forzar la salida de la Escuadra para luego atacarla. La postura argentina es el factor menos consecuente de todo el estudio.

Si la Escuadra se acerca, el duelo de misiles ocurre, Argentina lo gana y lo paga. No hay plan argentino que lo evite. Lo que sí controlaba Argentina era el grupo aéreo, y ahí está el dato que mejor resume la campaña entera: a lo largo del estudio, la flota argentina larga entre 50 y 130 bombas por combate, y dispara entre 0,5 y 4 misiles. El duelo naval de superficie, que es el que los oficiales de ambas marinas estaban entrenados para pelear, era un efecto secundario de que el otro se acercara. La campaña corría con los aviones. Más aún, miles de batallas son ganadas por la FLOMAR sin que ninguno de los dos bandos llegue a disparar ningún Exocet.

Cinco cosas que no importaban (y dos que sí)

Lo más útil de una simulación no suele ser quién gana, sino descubrir qué cosas cambian el resultado y qué cosas no cambian nada. Acá hubo varias sorpresas.

No movieron la aguja:

  • La Fuerza Aérea Argentina. Con la FAA plenamente operativa —llegando al rol antibuque en el 86,8% de las corridas y golpeando la base aérea chilena adelantada de Chabunco en el 98,4%—, el resultado cambia entre −2,5 y +0,9 puntos. Cuarenta y seis salidas adicionales no cambian nada.
  • Si el 25 de Mayo tenía 8 u 11 A-4Q. Una diferencia de casi 40% en la plataforma que todos consideran decisiva: 30,8% contra 31,6%. Es ruido. El GAE chico o grande sigue siendo letal.
  • Los submarinos y los torpedos. Duplicar los submarinos argentinos, duplicar los chilenos (en una fantasía para agregar variabilidad suponemos que el ACh Hyatt llegó al TOAS), variar diez veces la probabilidad de impacto del torpedo: nada afecta al resultado final.
  • La calidad de las comunicaciones. La demora de los mensajes variada quince veces y la probabilidad de pérdida siete veces no producen ningún efecto.
  • El tiempo de rearmado de los aviones. El mecanismo responde como debe —rearmar más lento da menos salidas— y el resultado no se mueve. Se tarde mucho o poco, mientras despegue y pegue, gana la FLOMAR.

Movieron mucho la aguja:

  • El clima. El estado del mar máximo que permite operar aviones y el viento mínimo sobre cubierta están entre los dos mayores impulsores físicos del resultado. La superioridad material argentina estaba condicionada a poder volar, y el Pasaje de Hoces en diciembre no es un lugar confiable para volar desde un portaaviones de 1945.
  • La capacidad de generar y entregar ataques —a qué distancia tiene que quedarse el portaaviones, cuántos aviones hay, cuántos se pierden por pasada— pesa alrededor del doble que la letalidad de las armas que esos aviones llevan. Y los parámetros de armamento naval puro —probabilidad de impacto de torpedos y misiles, potencia de las ojivas, alcance— explican menos del 2,5% de la variación. Lo que decide no es cuánto daño hace cada golpe, sino cuántos golpes se logran poner.




Una trampa que encontramos de casualidad

Hay un último resultado que no buscábamos y que es, probablemente, el más importante para cualquiera que haga este tipo de ejercicios.

Entre las cosas que más mueven el resultado no están los misiles, ni los radares, ni los aviones. Está la definición de qué cuenta como ganar.

Pensemos un segundo lo que eso significa. ¿Qué tan grande hay que dibujar el "área del objetivo" para decir que una flota la está cubriendo? ¿Cuántos buques tienen que quedar en pie para seguir llamando "escuadra" a lo que queda? ¿Cuánto daño hay que hacerle al otro para decir que uno le cobró un precio? Ninguna de esas tres preguntas tiene respuesta en ningún archivo. Las contesta el que arma el modelo — y resulta que esas tres respuestas pesan casi tanto como todo lo que hacen los misiles, los aviones y el clima juntos.

Por eso el trabajo publica el rango entero en vez de un número solo: ese 33,2% se mueve entre 24,5% y 40,7% según dónde se pongan esos umbrales. Es incómodo y es honesto. Y es, en el fondo, un resultado sobre cómo se hacen estos ejercicios más que sobre esta batalla en particular.

Qué NO prueba esto

Un modelo no es una bola de cristal. Este tiene cuatro agujeros y conviene decirlos antes de que los diga otro.

a. No hay con qué comparar. 
El que simula Midway puede fijarse si le dio parecido a lo que pasó de verdad, y corregir hasta que dé. Acá no hay contra qué chequear, porque la batalla no ocurrió. Y no es que falte revolver archivos: el dato no existe, no existió nunca.

b. El clima está puesto a ojo. 
El estado del mar, el viento y la visibilidad se sortean al azar dentro de rangos razonables, en vez de usar las estadísticas reales de cómo está el Hoces en diciembre. Y justo el clima resultó ser una de las cosas que más pesan. O sea: sabemos que importa mucho, pero no sabemos bien cuánto. Es lo primero que habría que arreglar, y para eso hace falta ir a buscar los datos meteorológicos de la zona.

c. Nadie sabe cómo estaban los buques ese día. 
Ninguna de las dos armadas publicó qué radares andaban, qué cañones estaban fuera de servicio ni cuánta munición había en cada pañol. El modelo supone que todo funcionaba. Seguro que no era así en ninguno de los dos lados — pero no hay manera de saber de qué lado estaba peor, así que tampoco se puede corregir. Ojo que Escobar Doxrud (2025) en su prosaico trabajo expone algunas deficiencias de los buques chilenos ocultadas al público.

d. Faltan los aviones de exploración que salían del continente. 
Están cargados en el modelo pero nunca despegan. Eso hace que Argentina "vea" menos de lo que probablemente habría visto, así que el error juega en contra del resultado argentino, no a favor.

¿Entonces qué hay que creerle a todo esto? El orden, no el número exacto.

Que a Chile le hubiera ido mejor quedándose quieto que saliendo a pelear de frente es una conclusión firme: se probó con miles de combinaciones distintas de parámetros y siempre dio lo mismo. La razón es simple: si el modelo se equivoca en algo, se equivoca igual para las dos posturas, así que la comparación entre ellas aguanta.

Saliendo del modelo: Si el dúo López-Merino hubiesen decidido usar un enfoque de racionalidad más reflexiva, la lógica operativa los iba a cubrir mejor. Si la Escuadra se quedaba "escondida" esperando que la FLOMAR se acerque, iba a ser mas probable causarle daños. Una Escuadra que no se ve o que está repartida, era una espada de Damocles sobre la FLOMAR. Ir a atacar a la FLOMAR a mar abierto teniendo la impunidad de la aviación naval, es asaltar un nido de ametralladoras a bayoneta calada y tranquilamente todos pueden llegar a morir en el intento.

Reflexiones finales

Finalmente, existió (y existe) increíblemente una discusión sobre el resultado potencial de esta batalla aeronaval. Que las fuentes chilenas no hayan llegado a este resultado se entiende: a nadie le sale fácil escribir que la maniobra que su propia institución ensayó habría terminado con la escuadra destruida y sin cumplir su objetivo. Lo llamativo es el otro lado. La literatura argentina es optimista en general, pero nunca llegó a plantear una victoria clara. Siempre apareció con reservas: el clima, las comunicaciones precarias, los submarinos chilenos, los Exocet de la Escuadra. Nadie escribió nunca “el ataque frontal chileno fracasa en todos los casos”, y no por falta de ganas: sin un modelo no hay manera de decir “todos los casos”. Una narración no tiene denominador. Un relato que sale bien y un relato que sale bien nueve de cada diez veces se cuentan con las mismas palabras. Algunas fuentes chilenas auguraban (y lo siguen afirmando) en un pensamiento mágico una victoria o, por lo menos, casi un empate técnico. Algún payaso sin la nariz colorada colocada ha afirmado que incluso la Escuadra iba a capturar por abordaje algún buque argentino. Bueno, siempre es bueno recordar a Twain y la necesidad de quedarse callado y no confirmar que se es idiota. La probabilidad de que ese marino muy mal preparado de apellido López Silva, en teoría "experto en guerra aeronaval", e inflado por un boconazo irrespuestoso como Pepe Toribio Merino, volviera con la escuadra a Talcahuano era nula con 99% de probabilidad. 

Perdón, entonces... ¿contra quién íbamos a pelear? ¿Contra el marino que se olvidó de leer los aportes de la doctrina naval de la Segunda Guerra Mundial? ¿Contra el general que llevaba a las trincheras a policías como carne de cañón? ¿Contra los montajes de cañones falsos que portaban los buques chilenos (Escobar Doxrud, 2025)? ¿O a una fuerza aérea a nivel operativo africano? Valió la pena despejar el humo de toda esta historia.

Lamentablemente los acontecimientos de estos últimos meses exhiben y han exhibido en parte del pueblo chileno un nivel desquiciado de comentarios y mentiras sobre el tema de Malvinas y el estrecho de Magallanes. Nunca hubo un mejor escaparate antropológico. Parece imposible dialogar dentro de la mínima racionalidad. Pero uno ya anticipa la remanida pregunta: ¿y entonces por que no atacaron si era tan fácil? Quiénes están del otro lado del paredón, piensan que esta batalla naval era fundamental para resolver el conflicto. Su visión se centró en las tres islas y esa visión de túnel les hizo ver que si se defendían las islas (que como se aprecia, no iban a poder) se "ganaba" la guerra. De este lado de la cordillera, la ecuación era mucho más grande como se menciona en este artículo. Si bien la batalla aeronaval presentaba altas probabilidades, dentro de la incertidumbre, de ser ganada, en los otros (y muy distintos) frentes (Paso Internacional Libertadores, Paso Puyehue, Tierra del Fuego, Frente Norte, etc.) la situación no era tan clara. La decisión se tomó, aparte de sopesar la intervención papal, considerando toda la información de una guerra total, no de una guerra limitada.

Para seguir leyendo en este blog

Este artículo resume un trabajo académico en preparación. Quien quiera la reconstrucción narrativa y el detalle operativo de la crisis puede seguir por acá:

El trabajo citado como Escobar Doxrud (2025) es el siguiente:

Escobar Doxrud L. Maniobra de la Escuadra chilena en 1978. Rev Mar. 2025;142(1005): 31-37. https://revistamarina.cl/es/articulo/maniobra-de-la-escuadra-chilena-en-1978  

Léanlo porque es un plato, todo lo contrario de este artículo.



El modelo está implementado en NetLogo, es georreferenciado y trabaja a resolución de plataforma individual: cada buque, submarino, formación aérea y base es un agente autónomo. El código, el diseño experimental completo y las casi 140 mil corridas se publicarán como material suplementario del artículo. Las cifras provienen de un manuscrito en evaluación y pueden ajustarse en la versión final.

Fusil de asalto: Un análisis brasileño del IWI ARAD 7

Defensa de puerto: Re-aprendiendo la tarea de protección de base

Cómo re-aprender a defender un puerto 





Por qué defender un puerto contra drones submarinos exige métodos diferentes de los utilizados para buscar submarinos en mar abierto

Los marinos lo saben desde hace mucho tiempo: un buque amarrado es más vulnerable que uno que navega en alta mar. En aguas abiertas, localizar un blanco puede demandar horas; junto al muelle, en cambio, permanece inmóvil y ocupa una posición conocida. Los británicos lo comprobaron en Alejandría, en diciembre de 1941, cuando saboteadores italianos ingresaron en la rada con torpedos tripulados y dejaron fuera de combate a dos acorazados dentro del propio puerto. Desde entonces cambiaron los medios, pero no el principio. Hoy el atacante puede ser un vehículo submarino no tripulado, y la Guardia Costera de Estados Unidos busca cómo detectarlo y detenerlo.

Una consulta para empezar

A fines de julio de 2026, la Guardia Costera de Estados Unidos (USCG) publicó en el portal oficial de contrataciones una solicitud de propuestas dirigida a la industria. La redacción era poco habitual para un documento de ese tipo: el organismo buscaba tecnologías capaces no solo de detectar vehículos submarinos no tripulados (UUV), sino también de actuar contra ellos. La iniciativa quedó a cargo del área responsable de adquirir e incorporar nuevas tecnologías, y las empresas interesadas dispusieron de apenas dos semanas para presentar sus propuestas.

El planteo central era sencillo: ya existen capacidades para detectar y seguir UUV, pero todavía son escasos los sistemas de neutralización probados y listos para desplegar. Esa es la brecha que la Guardia Costera intenta cerrar. En la jerga militar, el proceso completo se denomina kill chain o cadena de ataque: detectar, seguir, clasificar, identificar y finalmente neutralizar. El eslabón más complejo, sin embargo, no siempre se encuentra al principio o al final, sino en el medio. Dentro de un puerto no alcanza con observar un objeto bajo el agua. En el mismo espacio hay peces, restos, buzos y vehículos civiles, por lo que la amenaza debe distinguirse dentro de un entorno cargado de ruido antes de adoptar cualquier medida. Durante mucho tiempo, los primeros pasos de esa cadena funcionaron de manera razonablemente confiable, mientras que el último —la neutralización efectiva— permaneció más cerca de la teoría que de una capacidad operativa.

Los requisitos publicados son concretos: nivel de madurez tecnológica TRL 5 o superior. En la escala utilizada por el Pentágono, eso significa que no basta con presentar una idea o un diseño sobre el papel. El sistema debe haber superado, al menos, pruebas limitadas en condiciones representativas. Tampoco se considerarán propuestas dedicadas únicamente a la vigilancia: cada solución deberá incluir un efector, es decir, un dispositivo capaz de destruir, inmovilizar, capturar o neutralizar directamente el blanco. Además, tendrá que funcionar en puertos, vías navegables y aguas costeras, los espacios donde, según la Guardia Costera, los vehículos submarinos no tripulados representan la amenaza más inmediata.


Una amenaza que ya ha funcionado

La solicitud no surgió de la nada. El episodio más significativo ocurrió en diciembre de 2025, en Novorossiysk. Según la versión ucraniana, un dron submarino Sub Sea Baby ingresó en las aguas de la base naval y detonó una carga cerca de un submarino diésel-eléctrico del Proyecto 636.3 —clase Improved Kilo para la OTAN y Varshavyanka en Rusia— que se encontraba amarrado. Rusia niega que el submarino haya sufrido daños graves; no existe una confirmación independiente de que haya quedado fuera de servicio y todavía se desconoce el alcance real de los daños. Lo relevante es el escenario: un dron que consigue penetrar en un puerto protegido y explotar junto al muelle, precisamente la clase de ataque que hace un siglo se intentaba impedir mediante redes de contención.



dron marino Sea Baby

Esta no es la primera vez. En febrero de 2024, las fuerzas del CENTCOM tuvieron que destruir un vehículo submarino no tripulado (UUV) hutí en el Mar Rojo; según su informe, por primera vez desde que comenzaron los ataques en la región. Incluso antes, en 2021, Hamás intentó atacar buques israelíes: según informes israelíes, el UUV transportaba varias decenas de kilogramos de explosivos y estaba guiado por GPS. Las cifras son modestas, pero el principio es el mismo: una plataforma submarina barata contra un objetivo costoso.

El tema también es desarrollado por grandes empresas. flotasChina ha presentado sus drones en dos ocasiones: el HSU001 en el desfile de 2019 y el HSU100 en el de 2025. No se han publicado las especificaciones exactas, y juzgarlas basándose en las imágenes del desfile es una tarea ingrata. Pero el mero hecho de que estos dispositivos desfilen por la plaza principal de Pekín dice mucho sobre la importancia de esta categoría. Y aquí reside la compleja cuestión para el defensor: el dron atacante puede ser simple y económico, mientras que el sistema diseñado para detenerlo de forma fiable es complejo y caro. Esta diferencia de costes juega en contra de la defensa: interceptar cada dron es costoso, lo que la hace especialmente vulnerable a un ataque coordinado por un enjambre de drones baratos, cuando hay múltiples objetivos.


El vehículo submarino no tripulado (UUV) de largo alcance AJX002 de China fue presentado por primera vez en un desfile militar.

De brazos articulados a cortinas de aire


Volvamos a Alejandría. La noche del 19 de diciembre de 1941, seis nadadores de combate italianos en tres torpedos guiados (fueron apodados cerdos, "cerdos", por su naturaleza obstinada) penetraron en el puerto, superaron las barreras y colocaron cargas bajo los acorazados. Valiente и La reina IsabelAmbos yacían en el suelo cerca del muelle. Los saboteadores habían hecho lo que la armada británica no les habría permitido hacer en alta mar.

La respuesta a tal amenaza ya se estaba desarrollando por aquel entonces, y era sumamente física: barreras flotantes y redes antisubmarinas en las entradas de las bases. Una barrera de acero que un nadador o una pequeña embarcación no podía atravesar sin ser detectado. La lógica era simple: si no se puede localizar con certeza a un intruso en el agua, se le coloca una barrera en el camino.

Más de ochenta años después, el desafío de ingeniería sigue siendo el mismo; solo han cambiado los materiales. Los recientes ejercicios de la OTAN en el Báltico demostraron, entre otras cosas, una red señuelo llamada "algas artificiales": una barrera diseñada para vehículos submarinos no tripulados (UUV) en lugar de buceadores. Es la misma idea que una barrera física en la entrada de un área protegida, solo que contra un objetivo no tripulado. Existe una conexión directa entre la red de 1941 y la red actual, y esto demuestra claramente que, en la defensa portuaria, lo nuevo a menudo termina siendo una reinterpretación de lo antiguo.

Dos niveles de defensa y por qué el puerto se distingue

La defensa contra vehículos submarinos no tripulados se organiza en dos capas. La de largo alcance apunta a detectar amenazas con anticipación y cubrir grandes extensiones marítimas. La de corto alcance protege puertos, accesos y muelles, donde el intruso ya se encuentra cerca del objetivo.

La capa más alejada de la costa tiene una larga historia. Durante la Guerra Fría, su principal exponente fue el SOSUS: una red de hidrófonos instalados en el fondo marino para detectar el ruido de los submarinos soviéticos. Era un sistema costoso de construir y mantener, concebido para localizar blancos de gran tamaño y no pequeños drones silenciosos. Parte de esa infraestructura todavía existe, aunque hoy se utiliza principalmente con fines científicos. En el plano operativo fue reemplazada por el IUSS, que combina sensores de fondo, sonares remolcados y centros terrestres de procesamiento. La industria también ofrece alternativas más económicas y flexibles, como la red modular de sensores submarinos Seabed Sentry, de Anduril, que se está probando junto con el sonar remolcado Sea Spear en demostraciones del programa Lanternfish.

La capa cercana es precisamente la que interesa a la Guardia Costera. Durante esos mismos ejercicios en el Báltico, además de las redes de sensores, se presentó una cortina de aire. El sistema inyecta aire en el agua frente al objetivo protegido y crea una pared de burbujas que perturba los sonares y sensores de profundidad del dron, dificultando su navegación. Es una medida no cinética: no busca destruir el vehículo, sino impedir que alcance su blanco. Neutralizar un dron tampoco significa necesariamente hacerlo explotar. Junto con las cargas explosivas, se consideran la interferencia de sus sistemas de navegación y su captura intacta. De todos modos, las soluciones cinéticas siguen disponibles: las demostraciones incluyeron cargas neutralizadoras, mientras que el patrullaje de las aguas portuarias comenzó a confiarse a drones Iver3. La lógica es sencilla: dentro de un puerto estrecho puede resultar más fácil hacer que un dron pierda su objetivo que asegurar su destrucción.

Por eso la defensa portuaria constituye una especialidad propia y no una versión reducida de la guerra antisubmarina oceánica. En mar abierto se puede operar sobre un gran volumen de agua sin demasiada preocupación por terceros. En un puerto, en cambio, conviven embarcaciones civiles, remolcadores, buzos, pilotes y estructuras de amarre. El fondo, los muelles y las paredes generan numerosos ecos y falsas detecciones. Por lo tanto, el costo de una falsa alarma es elevado y la prioridad deja de ser el alcance para concentrarse en la precisión de la clasificación: distinguir un UUV de un pez, un resto flotante o un vehículo civil. También aumenta el valor de los medios no cinéticos, como redes, barreras e interferencias, porque allí sencillamente no existe espacio para emplear armamento convencional en toda su potencia.


Tres enfoques para un mismo problema.

Mientras los ingenieros ensayan cargas explosivas y cortinas de aire, distintos países comienzan a organizar la defensa portuaria mediante programas específicos. La estructura de esas iniciativas permite reconocer con bastante claridad qué amenaza considera prioritaria cada uno.

El ejemplo más ilustrativo es REEF, sigla que distintas publicaciones especializadas desarrollan como Robotic Exclusion and Engagement Framework. Esta iniciativa conjunta de Estados Unidos y el Reino Unido, anunciada en 2026 junto con la Unidad de Innovación de Defensa estadounidense y organismos de defensa naval británicos, resulta más relevante por su arquitectura que por cada equipo en particular. No busca una única solución decisiva, sino integrar un sistema modular compuesto por medios de detección, seguimiento y clasificación, junto con efectores intercambiables: redes, interferidores y armas cinéticas. El conjunto debería responder a distintos tipos de vehículos submarinos, desde UUV de gran tamaño hasta pequeños aparatos operados a distancia.

El detalle central es que REEF fue concebido originalmente para proteger puertos y solamente después extendió su alcance hacia mar abierto. La guerra antisubmarina tradicional se desarrolló desde el océano hacia la costa; en este caso, el recorrido es inverso. Tal vez sea la señal más clara de que la defensa portuaria se convirtió en una disciplina propia, en lugar de funcionar como una simple rama de la guerra antisubmarina naval.

El pedido de la Guardia Costera mencionado al comienzo representa un segundo enfoque, mucho más concreto. No se trata de un programa general, sino de la búsqueda de un componente específico para cubrir una capacidad faltante. REEF pretende abarcar toda la cadena; la Guardia Costera, en cambio, reconoce que ya dispone de sensores y sistemas de detección, pero necesita medios para actuar sobre los blancos identificados. La diferencia de escala es lógica: debe proteger decenas de puertos y mantener una compatibilidad estricta con equipos que ya se encuentran desplegados. Busca una pieza que pueda incorporarse al sistema existente, no una arquitectura completamente nueva. De allí el requisito de alcanzar, como mínimo, un nivel de madurez tecnológica TRL 5: no se solicitan conceptos puramente experimentales.

Rusia muestra un tercer enfoque mediante el sistema Korvet, presentado como una solución para defender bases frente a varias amenazas simultáneas: buzos de combate, embarcaciones no tripuladas y vehículos submarinos autónomos. Sus especificaciones detalladas no son públicas, por lo que no tiene demasiado sentido intentar evaluar su eficacia a partir de la escasa información disponible. Sin embargo, el concepto resulta revelador: la amenaza se entiende de manera integral, combinando incursiones submarinas, ataques de superficie y acciones de sabotaje. Su lógica se acerca más a la defensa completa de una base que a la neutralización de una clase particular de dron.

Las tres respuestas se diferencian principalmente por sus supuestos. REEF parte de que las amenazas serán numerosas y variadas, por lo que desarrolla una estructura flexible. La Guardia Costera considera que falta un eslabón determinado y procura adquirirlo. Korvet responde a la vulnerabilidad de una base frente a ataques provenientes de distintos medios. Las tres coinciden en algo: ya nadie supone que un puerto pueda protegerse solamente mediante una versión reducida de los sistemas antisubmarinos empleados en mar abierto.

La capacidad para detectar objetos submarinos avanzó más rápido que los medios disponibles para detenerlos, y el pedido de la Guardia Costera apunta precisamente a cubrir esa brecha. La competencia entre drones relativamente baratos y sistemas defensivos costosos recién empieza. Las barreras en los accesos portuarios vuelven así a ocupar un lugar comparable al que tenían hace un siglo, aunque ahora estén construidas con sensores, algoritmos, interferidores y vehículos no tripulados.