jueves, 2 de abril de 2026

Malvinas: El 2 de Abril


El 2 de abril y el plan que cambió la historia argentina: cómo se gestó y ejecutó la recuperación de las Islas Malvinas

El 2 de abril de 1982, Argentina le puso fin a la usurpación británica en las Islas Malvinas y, como si eso no fuera poco, desafió -aún con desventaja de medios- a una de las mayores potencias del mundo. ¿Qué ocurrió en aquella jornada que marcó para siempre el ADN nacional?

Por Patricia Fernández Mainardi || Infobae




Además, había que ganarle al invierno. Por eso, en pocos días, se creó una Fuerza de Tareas Anfibia: hombres del Ejército y de la Armada, con buques y equipos de guerra, debían estar listos para desafiar las indómitas aguas del Atlántico en una audaz operación (Fotos: archivo DEF)

En Argentina, el otoño ya se había instalado. Corría 1982 y, como suele pasar en esos meses en Buenos Aires, los días eran cálidos y agradables. Faltaba poco para Semana Santa, pero, en las calles, el tema dominante era la movilización convocada por la CGT para el 30 de marzo, bajo la consigna “Paz, pan y trabajo”.

Dentro de los edificios del Estado, la palabra “paz” estaba lejos de ser protagonista. Por entonces, el 26 de marzo, y en el ámbito reservado del poder, la Junta Militar tomó una decisión que marcaría un antes y un después en la historia de nuestro país: ordenar a las Fuerzas Armadas la recuperación de las islas Malvinas, usurpadas por el Reino Unido desde 1833. Tenían pocos días, apenas una semana para llevar adelante la operación.

El día D también fue definido en ese encuentro: la noche del 1 de abril. Aunque, considerando que se esperaba mal tiempo en el Atlántico Sur, los movimientos podrían demorarse uno o dos días más. Además, había que ganarle al invierno. Por eso, en pocos días, se creó una Fuerza de Tareas Anfibia: hombres del Ejército y de la Armada, con buques y equipos de guerra, debían estar listos para desafiar las indómitas aguas del Atlántico en una audaz operación. Convocados en la más estricta reserva, los protagonistas sellaron un compromiso inquebrantable: no revelar, bajo ninguna circunstancia, la misión que estaban por emprender.

Finalmente, el mal tiempo definió la fecha final: la operación, bautizada en un inicio como “Azul”, se agendó para la noche del 2 de abril. Además, la misión fue clara: los efectivos militares debían doblegar toda resistencia, tomar la gobernación y Puerto Argentino, y asegurar el aeródromo, llave vital para consolidar la presencia argentina en el archipiélago. ¿Qué pasó entonces?

El 2 de abril de 1982, la operación “Rosario” cumplió su cometido con una eficacia casi quirúrgica

Misión cumplida: ¿qué ocurrió el 2 de abril en las islas Malvinas?

En la madrugada del 2 de abril de 1982, a las 00:30, se inauguró una nueva etapa de la historia argentina. A cuatro kilómetros de Puerto Argentino, las sombras cobraron vida: las tropas especiales de la Armada avanzaron, silenciosas para reducir a los marines británicos y terminar así con la usurpación.

Tres horas más tarde, desde las profundidades del Atlántico Sur, emergieron los buzos tácticos (a bordo del submarino ARA “Santa Fe”). ¿El motivo? Asegurar el faro y allanar el camino para la llegada del buque de transporte “Cabo San Antonio”, con los hombres del Batallón de Infantería de Marina 2 y los del Regimiento de Infantería 25. Estos soldados, sin titubeos y con total profesionalismo, avanzaron sigilosos hacia el aeródromo y lo tomaron. Luego, marcharon sobre Puerto Argentino y cercaron la gobernación desde el este. Al mismo tiempo, los buzos tácticos convergieron desde el oeste. Fue una coreografía precisa de absoluta estrategia. Los militares se movían conscientes de que en ese momento no había margen de error ni lugar para la emoción; los sentimientos llegarían luego, al ver flamear la bandera argentina en las islas Malvinas. Lo que siempre debió haber sido.

El 2 de abril de 1982, la operación “Rosario” cumplió su cometido con una eficacia casi quirúrgica. Para las siete de la mañana, el aeródromo ya estaba bajo control argentino y el puente aéreo, en funcionamiento. A las 9:15, el gobernador Rex Hunt se rindió. En cuestión de horas, las Fuerzas Armadas protagonizaron momentos clave para la soberanía argentina.

Un dato: la operación pensada por la Junta Militar para recuperar las islas Malvinas, inicialmente, llevó el nombre de “Azul”. Pero, luego, se decidió que debía llamarse “Rosario” en honor a la Virgen, pues, en el año 1806, en tiempos de la reconquista de Buenos Aires, Santiago de Liniers le rezó a ella para vencer al enemigo británico. Por eso, los trofeos de guerra obtenidos en aquella oportunidad hoy acompañan a la imagen de María en el Convento Santo Domingo. Al igual que en aquellos años (y que en Vuelta de Obligado), en Malvinas, Argentina volvía a enfrentar a los ingleses.

Tras la usurpación británica, las razones del reclamo argentino

“Las islas Malvinas” es un texto de Paul Groussac que data de comienzos del siglo XX. En sus páginas, el escritor francoargentino fundamenta los derechos argentinos sobre el archipiélago. De hecho, cuando –desde el Congreso Nacional– le pidieron que se encargase del compendio para difundirlo en las escuelas, Groussac escribió: “A la Argentina, esta evidencia de su derecho”.

Para el desembarco, el Regimiento 25 organizó a una de las compañías más emblemáticas del Ejército, la “C”

En su investigación, relata que, a raíz de una expedición del militar francés Louis Antoine de Bougainville –quien instaló una colonia en las Islas–, España reivindicó las Malvinas y el marino debió desmantelar las reducidas instalaciones. De acuerdo con Groussac, el gobierno español consideraba al archipiélago como dependencia de sus dominios continentales.

“Este derecho superior invocado por España y reconocido por Francia es el eje mismo del litigio que, opuesto 17 años antes (1748) a una veleidad de ocupación de las Malvinas por Inglaterra, había bastado para detenerla.. Dicha conexión geográfica y geológica se ha vuelto hoy una noción trivial, admitida en las obras de más alta autoridad científica” (sic), explica Groussac a favor del reclamo argentino.

Años después, en 1828, asumió como gobernador argentino en las Malvinas Luis Vernet. Su objetivo fue fundar una colonia, por eso se organizaron expediciones y se instalaron familias y gauchos (para el manejo de ganado). Pero la iniciativa no prosperó y el funcionario debió precipitar su salida: tras la captura de tres embarcaciones de Estados Unidos por pesca ilícita, el capitán Silas Duncan desembarcó con el USS Lexington en Puerto Soledad, con la orden de proteger los derechos de los norteamericanos “que pesquen y comercialicen”, redujo a las autoridades y destruyó la colonia.

Más tarde, el gobierno de Buenos Aires –en un decreto del 10 de septiembre de 1832– nombró a Juan Mestivier como comandante interino de las Malvinas. También duró poco: fue asesinado en un motín que tuvo lugar poco tiempo antes de la usurpación de las Islas por parte del Reino Unido, hecho que ocurrió el 3 de enero de 1833. Desde entonces, Argentina denuncia la usurpación y reclama sus derechos sobre las Malvinas.

Un detalle: la esposa de Mestivier dio a luz a su único hijo en las Malvinas; el niño se convirtió –junto con otros, como Malvina Vernet y Sáez– en uno de los pocos argentinos nacidos en ese territorio antes de 1833.

Coronel Daniel Esteban: “Una sola compañía iba a desembarcar el día de la operación”

Para reconstruir la recuperación de las islas Malvinas, DEF dialogó con Carlos Daniel Esteban, coronel retirado del Ejército Argentino y secretario de Ciencia, Tecnología e Innovación en la Universidad de la Defensa (UNDEF). ¿El detalle? El coronel, además de haber sido uno de los protagonistas de la Operación “Rosario”, fue distinguido con la medalla “La Nación Argentina al Valor en Combate”, una de las máximas condecoraciones que entregó el país para reconocer a quienes se destacaron por sus méritos, valor y heroísmo en defensa de la Patria.

En otoño de 1982, Esteban apenas era un joven teniente primero del Regimiento de Infantería 25 (con asiento de paz en la localidad chubutense de Colonia Sarmiento, provincia de Chubut) cuando fue convocado para vivir un momento histórico junto a otros oficiales, suboficiales y soldados que participaron del desembarco del 2 de abril. “Nosotros no teníamos ninguna información de que se estaban por iniciar las operaciones para recuperar la soberanía de Malvinas. El teniente coronel Seineldín, jefe del Regimiento, había viajado a Bahía Blanca y a él le habían dado algún tipo de orden preparatoria o información previa. Mientras, con nuestros soldados, seguíamos con la instrucción habitual de siempre”, relata, antes de describir que, al regresar, Seineldín los reunió a todos: “Una sola compañía iba a desembarcar el día de la operación. Las otras iban a llegar después, por modo aéreo. Además, nos pidió estricto secreto; incluso con nuestras familias. Y, por supuesto, hacia abajo en la cadena de comando, nada. Nuestros suboficiales y oficiales se enteraron de la operación cuando estábamos embarcados”.

En la madrugada del 2 de abril de 1982, a las 00:30, se inauguró una nueva etapa de la historia argentina

Los soldados más calificados para recuperar las islas Malvinas

Para el desembarco, el Regimiento 25 organizó a una de las compañías más emblemáticas del Ejército, la “C”. No tenían armas pesadas, pero sí contaban con los mejores soldados, suboficiales y oficiales. Estaba conformada por tres secciones: “La idea es que la única compañía del Ejército que iba a desembarcar representase a todo el Regimiento. Para eso, se eligió a una sección de cada una de las compañías de la Unidad”.

De esa manera, los mejores efectivos fueron los elegidos para integrar las secciones que participarían de la operación: “La del subteniente Roberto Oscar Reyes, que era de mi compañía. Luego, la del subteniente Juan José Gómez Centurión, de la Compañía B; y, finalmente, la del teniente Roberto Estévez –fallecido en Malvinas–, que era de la compañía A”.

Sobre la orden que habían recibido, el coronel es contundente: debían desalojar a los Royal Marines y, posteriormente, esperar la llegada de una fuerza de seguridad. Luego, regresaban al continente.

¿Por qué el Regimiento 25 había sido el elegido para protagonizar aquel histórico momento? “Creo que por el prestigio y porque estaba cerca de la zona. Además, son tropas que están aclimatadas al frío y al viento”, responde el oficial, al tiempo que rescata que, además, la cúpula del Ejército había decidido enviar a sus mejores oficiales al sur: “Eso lo hizo el general Galtieri, porque sabía lo que iba a pasar. Nosotros no”.

Finalmente, los efectivos del 25 partieron hacia las Malvinas. Antes de dejar el continente, el comandante de la Fuerza de Desembarco, el contraalmirante Carlos Alberto Büsser, los arengó: “Nos pidió, dentro de lo posible, cumplir con la misión sin generar daños innecesarios. Lo llamó una operación incruenta”.

Con el aeródromo asegurado por los efectivos del Ejército, un Hércules C-130 de la Fuerza Aérea Argentina pudo llegar a las islas Malvinas con el objetivo de establecer el puente aéreo con el continente

A bordo del buque de la Armada, se escuchaba la bravura del mar. Sin embargo, relata Esteban, los efectivos estaban orgullosos. “Uno sentía el peso de la importancia de lo que íbamos a hacer. Pero los más experimentados teníamos la responsabilidad de pensar otras cosas y, a su vez, cuidar el bienestar de los subalternos”, recuerda.

Finalmente, los del 25 pudieron desembarcar: “A las 6 de la mañana, los comandos anfibios estaban llegando a la costa. Salimos con lanchones para arribar a lo que iba a ser la zona del aeropuerto”.

Así desembarcó la Armada

Además, tiempo atrás, DEF pudo dialogar con el capitán de navío retirado (y veterano de guerra de Malvinas) Bernardo Schweizer, quien, en 1982, tenía 24 años y el grado de teniente de corbeta. Él, junto al cabo principal Sequeira, fue el primer argentino que desembarcó en las Islas durante aquella madrugada histórica de 1982.

“La navegación fue muy dificultosa. Pero, de cualquier manera, llegamos a un punto en el que yo, con el único visor nocturno que teníamos, divisé la línea de olas adelante, a unos 100 metros, y decidí pasar al kayak, junto a Carlos Sequeira”, comenta y agrega que pensó que “por una bengala” había sido descubierto.

“La técnica en esa circunstancia es agacharse, ofrecer la menor silueta. Así que los dos nos tiramos hacia delante sentados, digamos, doblando el torso, y yo continué mirando a ver de dónde podían venir los tiros, porque a partir de eso era cuestión de segundos, pero no pasó nada”, cuenta y agrega que, inmediatamente, ambos buscaron llegar a las playas con la mayor rapidez posible para evitar ser detectados: “En ese momento, dije: ‘Mejor llegar vivo, antes que llegar muerto y tarde’”.

El Hércules C-130 de la Fuerza Aérea en las islas argentinas

Con el aeródromo asegurado por los efectivos del Ejército, un Hércules C-130 de la Fuerza Aérea Argentina pudo llegar a las islas Malvinas con el objetivo de establecer el puente aéreo con el continente.

El brigadier retirado Ernesto Osvaldo París, en aquel entonces teniente de la Fuerza Aérea Argentina y con 26 años, recuerda que, en otoño del 82, les informaron a él y a otros 28 efectivos del Grupo de Operaciones Especiales (GOE) de la Fuerza que iban a participar de una misión secreta en el sur.

En diálogo con DEF, el oficial contó que llegó en el primer vuelo que aterrizó en el archipiélago tras haber recuperado las islas Malvinas. De acuerdo con su relato, cuando la aeronave tocó tierra, bajó la rampa de lanzamiento y los comandos del GOE debieron ser los primeros en descender. Por delante, estas fuerzas especiales tenían un gran desafío: protagonizar misiones de exploración y reconocimiento con el objetivo de conocer los movimientos británicos.

“Haber visto flamear la bandera en las islas me produjo una emoción tremenda”

“La Operación Rosario fue perfecta. Estuvo bien concebida. Fue conjunta, con movimientos navales, aéreos y terrestres. La planificación se dio como se la había pensado. Ejemplar. Por supuesto que, después, vinieron las improvisaciones, pero no fueron durante la Operación Rosario; llegaron después, cuando se dio lo de Plaza de Mayo”, explica Daniel Esteban.

“La Operación Rosario fue perfecta. Estuvo bien concebida. Fue conjunta, con movimientos navales, aéreos y terrestres. La planificación se dio como se la había pensado", cuenta Daniel Esteban (Fotos: archivo DEF)

Y, si bien esos militares aún tenían mucho por delante, cerraron la jornada con la más plena emoción: fueron los protagonistas del arrío de la bandera británica y del izamiento del pabellón argentino.

“El hecho de haber visto flamear la bandera en las islas me produjo una emoción tremenda e indescriptible. Estar en esa oportunidad, y compartirla al lado de mis compañeros y del subteniente Reyes y todos los hombres de su sección, fue un muy lindo momento, algo emocionante”, recuerda el teniente coronel retirado Abel Aguiar, quien también describe que los recuerdos de aquella jornada están grabados en su memoria: “Yo había llegado en el tercer Hércules al aeropuerto y, cuando descendimos de la aeronave, todavía se escuchaban disparos en la zona de la ciudad de Puerto Argentino. Para el momento en el que arribamos a la casa del gobernador de las islas, pude ver a los soldados ingleses prisioneros. Después de esos movimientos, preparamos la formación para el izamiento de la bandera. Ese día, se había trabado la driza del mástil y el subteniente Roberto Reyes se subió para poder resolver aquel inconveniente”.

Por su parte, el general (retirado) Roberto Reyes compartió con DEF el sentimiento en torno a la presencia de la celeste y blanca en Malvinas: “La bandera argentina es, de todos los símbolos nacionales, el más representativo. Representa a cada uno de los ciudadanos que habita este suelo y a cada uno de los lugares que compone nuestro territorio. Por eso, las islas Malvinas son parte de nuestro país, de nuestro territorio y de nuestro ser nacional”.


miércoles, 1 de abril de 2026

CFS: U212 clase Todaro y U209 clase Sauro como opciones para Argentina



La opción italiana




Fuego de apoyo: El prototipo VTS-1, el Marder cañonero

Portacañón experimental VTS-1




  • Portacañones experimental VTS-1, compuesto por un cañón de 105 mm sobre un casco Marder. Diseñado en 1977 por la empresa Thyssen-Henschel.



El tanque VTS1 (VActive tMan S cheitellafette 1) fue un vehículo experimental de Thyssen-Henschel. El estudio Scheitel es parte del proyecto Battle Tank 3, que tenía el objetivo de desarrollar un sucesor del Leopard 1. El estudio se interrumpió en 1978 tras la construcción del prototipo.

Propiedades generales
Tripulación 3 (comandante, conductor, tirador)
Largo 6,79 m
Ancho 3,24 m
Altura 3,05 m
Peso 28,4 t
Armadura y armamento
Principal armamento 1 cañones 105 mm L7
Armamento secundario 1 ametralladora MG 3
Movilidad
Motor Motor diésel de 6 cilindros MTU 833 Ea-500
440 kW (600 CV) en 2200/min
Suspensión Vara rota con amortiguadores y verdaderos verdaderos muelles
Velocidad 75 km/h
Rendimiento/peso PS/t 21,3
Alcance 520 km máximo.

Desarrollo

En el curso de la adquisición de reemplazo prevista para el tanque de batalla Leopard 1, el desarrollo del modelo 3 sucesor en varias variantes comenzó en 1976. Por un lado, imaginaron un tanque en la construcción de Kasematt (VT1-1 y VT1-2), por otro lado, no querían ignorar las ventajas de una armadura de torre escaneada con sistema de carga automática y comenzó en 1978 en Henschel en Kassel con la construcción de un vehículo experimental al que se le dio el nombre VTS1. Era un blindado de Marder 1 del que se retiraba la torre. En su lugar, se acoplaba una plataforma con cuna de pipa, en la que había una pistola L7L7 de 105 mm, que ya se usaba en Leopard 1. El vehículo sirvió varios experimentos principalmente el descrito anteriormente, pero también un posible aumento en el valor del ganado de la marta 1 (mayor calibre del arma principal). Estos últimos resultados también fueron incorporados por Thyssen-Henschel y Bofors en 1980 durante la construcción del prototipo del (Vehículo de apoyo a la infantería de bomberos AIFSV y Armored).



El vehículo, construido por Thyssen-Henschel, se encuentra ahora en la colección de estudio defensivo (Koblenz / Langemarck-Kaserne), no se sabe nada sobre el paradero de otro vehículo construido en Suecia simultáneamente por Hgglund y Bofors. 

  

martes, 31 de marzo de 2026

Fuerza Aérea Argentina: Los técnicos israelíes del programa Dagger

Doctrina militar: La transformación de la división de infantería

La División de Infantería transformada: Cuatro principios de combate

James “Jay” Bartholomees y Greg Scheffler || Modern War Institute of West Point

 



El Ejército de Estados Unidos está redescubriendo a la división como la principal formación de combate. Durante las guerras posteriores al 11-S en Irak y Afganistán, la brigada de combate (Brigade Combat Team) se convirtió en la unidad principal de combate del Ejército. Las brigadas se entrenaban, desplegaban y combatían en gran medida de forma independiente. Los comandantes de compañía y los jefes de sección eran responsables de integrar equipos de apoyo de fuego, ingenieros, recolectores de inteligencia y medios de comunicaciones dentro de las formaciones de maniobra. El éxito de esa integración dependía de la colaboración temprana, del desarrollo conjunto de líderes y de relaciones de trabajo sostenidas en el tiempo. Cuando esas condiciones no estaban presentes, la integración se transformaba en improvisación bajo la presión del despliegue final y el inicio de las operaciones.

Los campos de batalla modernos exigen mayores alcances, más sensores y una coordinación más estrecha entre las distintas funciones de combate. Muchas de esas capacidades que antes estaban desplegadas en el nivel táctico ahora se concentran en el nivel división. La centralización de capacidades como artillería, inteligencia, comunicaciones, ciber y guerra electrónica refleja la evolución del carácter de la guerra, y hace al Ejército más letal y mejor optimizado para el combate moderno, particularmente en escenarios de largo alcance y operaciones conjuntas en el Pacífico.

El Ejército viene experimentando con este cambio. La 25ª División de Infantería, designada como una de las unidades de “transformación en contacto”, está probando una estructura más liviana adaptada al teatro Indo-Pacífico. Vehículos de escuadra de infantería, aeronaves no tripuladas, equipos de guerra electrónica y un nuevo batallón de HIMARS están ampliando el alcance de la división. Al mismo tiempo, varias capacidades que antes estaban dentro de las brigadas pasaron a depender directamente de la división. En el centro de este cambio está la integración de batallones independientes de división: unidades subordinadas directamente al cuartel general de la división, que proveen artillería, inteligencia, comunicaciones, ingeniería y sostenimiento. Estos cambios se están validando mediante ejercicios y despliegues en el Pacífico, incluyendo operaciones en Filipinas bajo la Operation Pathways. Estas experiencias, junto con una rotación del Joint Pacific Multinational Readiness Center en Hawái en noviembre de 2025, permitieron identificar cuatro principios clave para integrar estas formaciones y combatir eficazmente.

Principio 1: Las capacidades independientes de división deben estar claramente definidas y entrenadas de forma intensiva.

Durante la era de las brigadas, los equipos de apoyo estaban integrados dentro de las unidades de maniobra, lo que generaba relaciones de trabajo habituales. Esto facilitaba entender capacidades y necesidades, y permitía una integración rápida en operaciones. Aun así, no era un proceso simple: tareas como proteger equipos de guerra electrónica o inteligencia requerían planificación deliberada.

La nueva estructura profundiza la separación al sacar esas capacidades de las brigadas. Esto exige una integración aún más deliberada entre brigadas y estos batallones. Se necesitan definiciones claras de misión y entrenamiento específico para cumplir distintos roles dentro del combate de la división.

Por ejemplo, la 25ª División organizó sus batallones de inteligencia, guerra electrónica y comunicaciones bajo la artillería de división, conectando la gestión del entrenamiento con la integración operativa de sensores y fuegos de largo alcance. A medida que crecen las distancias en el campo de batalla, la artillería de división pasa a coordinar inteligencia, sensores y ataques de largo alcance que antes estaban en brigadas.

Un pequeño equipo de estos batallones puede reforzar puestos de mando, apoyar planificación de inteligencia o operar de manera independiente para recolectar información crítica. Cada función requiere entrenamiento, sostenimiento y protección distintos. Una definición clara de misión permite flexibilidad operativa.

Principio 2: La reconfiguración de las brigadas es una operación deliberada.

Aunque la división vuelve a ser la unidad principal, las brigadas siguen combatiendo como brigadas. Pero al mover capacidades clave a nivel división, ya no se pueden asumir relaciones preexistentes. Estas capacidades deben integrarse bajo control operativo de las brigadas antes de las operaciones.

Durante ejercicios recientes, la integración tardía de ingenieros generó defensas mal preparadas y obstáculos mal coordinados. El problema no era falta de medios, sino mala organización y relaciones de mando poco claras.

Los batallones independientes deben saber cómo integrarse y dónde concentrarse en apoyo del esfuerzo principal. La integración de fuegos es un caso claro: al expandirse las capacidades de largo alcance, su reasignación entre brigadas y división puede romper procesos si no se planifica bien.

La “reformación” sigue siendo una habilidad crítica que requiere práctica constante.

Principio 3: Todo cuartel independiente de división es un cuartel de combate.

Estos batallones no pueden limitarse a proveer medios; deben operar como unidades de combate con misiones claras. La división tiene demasiadas tareas como para sostener estructuras pasivas.

En ejercicios con comunicaciones degradadas, el batallón de inteligencia y guerra electrónica gestionó el combate profundo de la división, coordinando sensores y ataques en conjunto con la artillería. Esto aceleró los tiempos entre detección y ataque.

De forma similar, unidades logísticas asumieron la defensa del área de apoyo, integrando análisis de amenazas y coordinando defensa aérea. Esto mejoró la supervivencia y liberó capacidad de planificación en el nivel división.

Principio 4: La modernización de brigadas móviles no puede superar a los batallones de apoyo.

Las unidades de apoyo deben tener movilidad, comunicaciones y capacidad nocturna equivalentes a las brigadas. Si no, pierden relevancia operativa.

En entrenamiento, las diferencias de movilidad entre brigadas modernas y unidades de apoyo más antiguas ralentizaron operaciones. La introducción de HIMARS aumentó la letalidad, pero también las exigencias logísticas.

Las mayores distancias incrementaron la complejidad del abastecimiento de combustible, obligando a reabastecer más cerca del frente. Se probaron soluciones como reabastecimiento táctico desde vehículos, con buenos resultados iniciales.

También surgieron problemas en comunicaciones y combate nocturno. La solución parcial fue redistribuir equipos modernos entre unidades. Aun así, alinear la modernización entre unidades de maniobra y apoyo sigue siendo un desafío estructural.

lunes, 30 de marzo de 2026

Francotirador acierta al arma de un atacante

Paracaidistas: La Brigada del Diablo americana-canadiense

Una asociación entre Canadá y Estados Unidos condujo a la formación de la «Brigada del Diablo», que llevó a cabo misiones complejas durante la Segunda Guerra Mundial.


Rosemary Giles || War History Online

 
Crédito de la foto: MidJourney

Durante la Segunda Guerra Mundial, las unidades de Fuerzas Especiales fueron fundamentales para definir las tácticas militares modernas. Una de las unidades más emblemáticas de esta época fue la Primera Fuerza de Servicios Especiales (1SSF), conocida comúnmente como la "Brigada del Diablo". Formada en 1942 mediante una alianza entre Canadá y Estados Unidos, esta unidad de élite se hizo famosa rápidamente por sus valientes misiones y su notable eficacia en combate en el teatro de operaciones europeo.

Aunque la 1.ª SSF solo estuvo activa por un breve periodo, dejó una huella imborrable en la historia militar. Las tácticas innovadoras de la unidad, su alto nivel de entrenamiento y su firme espíritu de cuerpo sentaron un precedente para las futuras fuerzas de operaciones especiales. La influencia de la Brigada del Diablo aún se puede apreciar en grupos militares modernos como el Regimiento Canadiense de Operaciones Especiales (CSOR), el Comando Canadiense de Fuerzas de Operaciones Especiales (CANSOFCOM) y el 1.er Comando de Fuerzas Especiales (Aerotransportado) del Ejército de los Estados Unidos.

La Brigada del Diablo demostró la eficacia de una fuerza pequeña y altamente cualificada para ejecutar misiones complejas y peligrosas. Su legado sigue inspirando y moldeando las operaciones de las unidades de fuerzas especiales en todo el mundo.

Proyecto Plough y la formación de la Primera Fuerza de Servicio Especial


El M29 Weasel fue creado inicialmente para su uso por la Primera Fuerza de Servicios Especiales (1SSF) durante la Segunda Guerra Mundial. (Crédito de la foto: Hyoung Chang /
The Denver Post / Getty Images)

Geoffrey Pyke, bajo el Mando de Operaciones Combinadas británico, concibió la idea de la Primera Fuerza de Servicio Especial. Su visión era crear un equipo de élite de soldados capaces de operar en duras condiciones invernales y ejecutar misiones en zonas controladas por el enemigo, como Noruega, Rumanía y los Alpes italianos.

En marzo de 1942, Pyke propuso el Proyecto Plough, cuyo objetivo era establecer una base de comandos en un glaciar noruego. Si bien los funcionarios británicos vieron la idea prometedora, la envergadura del proyecto excedió los recursos disponibles del Cuartel General de Operaciones Combinadas. Como resultado, el plan se transfirió a Estados Unidos. El general George Marshall, jefe del Estado Mayor del Ejército estadounidense, apoyó plenamente la propuesta y garantizó su implementación.

Para equipar a la nueva unidad para sus misiones únicas, el ejército estadounidense desarrolló un vehículo especializado: el M29 Weasel. Este pequeño vehículo de orugas, diseñado con orugas dentadas, era capaz de desplazarse por la nieve, terrenos fangosos e incluso desiertos. Resultó invaluable para transportar suministros a zonas remotas donde los vehículos tradicionales con ruedas no podían llegar.

Un nuevo oficial al mando

 
General Robert T. Frederick, comandante de la Primera Fuerza de Servicios Especiales (1SSF) durante la Segunda Guerra Mundial. (Crédito de la foto: Autor desconocido / Departamento de Guerra de EE. UU. / Wikimedia Commons / Dominio público)

A pesar de que los estadounidenses asumieron la responsabilidad del Proyecto Plough, hubo una persona que no estaba conforme con la idea: el mayor Robert T. Frederick, de la División de Operaciones del Estado Mayor de los EE. UU. Consideraba que la unidad propuesta no causaría suficiente daño como para justificar su uso en el frente. También le preocupaba que :

  • El Ejército de Estados Unidos había establecido objetivos poco realistas para el tamaño de la fuerza.
  • Una fuerza pequeña sería fácilmente superada en número.
  • No había manera de sacar a las tropas una vez completada su misión; todo el equipo tendría que ser abandonado.
  • No había suficientes aviones disponibles para lanzar a los hombres a Noruega.
  • Los aviones necesitarían lanzar constantemente suministros para los hombres.

A pesar de sus objeciones, los superiores de Frederick no estaban dispuestos a desviarse del plan original y, en cambio, lo pusieron a cargo de reclutar y comandar la fuerza, ahora con el rango de coronel. No fue el primero en tomar el control del Proyecto Plough. El teniente coronel Howard R. Johnson había sido destituido del cargo tras discutir con sus superiores sobre la viabilidad de la unidad.

Reclutamiento de soldados canadienses y estadounidenses

 
El teniente J. Kostelec y el teniente HC Wilson de la Primera Fuerza de Servicios Especiales (1SSF) cerca de Venafro, Italia, 1944. (Crédito de la foto: Teniente Frederick G. Whitcombe / Departamento de Defensa Nacional de Canadá / Biblioteca y Archivos de Canadá / Wikimedia Commons / Dominio público)

Robert Frederick ascendió rápidamente a un rol de liderazgo y en julio de 1942 reemplazó a Geoffrey Pyke en la planificación del Proyecto Plough, la operación que eventualmente evolucionaría hasta convertirse en la Primera Fuerza de Servicio Especial.

El concepto original era una unidad conjunta canadiense-estadounidense, con la inclusión de comandos noruegos debido a su experiencia en la guerra encubierta invernal. Sin embargo, no había suficientes soldados noruegos cualificados disponibles para apoyar la misión. Como resultado, los canadienses asumieron muchos de los roles clave, representando la mitad de los oficiales y aproximadamente un tercio de los soldados rasos de la recién formada fuerza.

Los reclutas pensaron que se unirían a una unidad de paracaidistas

 
Soldados del 5-2, Primera Fuerza de Servicio Especial, preparándose para salir en una patrulla vespertina en la cabeza de playa de Anzio, abril de 1944. (Créditos de las fotografías: Teniente CE Nye / Canadá. Departamento de Defensa Nacional / Biblioteca y Archivos de Canadá / PA-183862 / Wikimedia Commons / Derechos de autor canadienses expirados / Dominio público / US-PD).

Los reclutas de ambos países creían que se unían a una unidad paracaidista y fueron cuidadosamente seleccionados. Tom Gilday, el único instructor de esquí del Ejército Canadiense en aquel entonces, fue nombrado uno de los comandantes del batallón y se le encomendó la tarea de reclutar voluntarios. Escogió a «tramperos y cazadores, bosquimanos, hijos de granjeros, todos con buenas aptitudes para la vida al aire libre, que se desenvolvieran bien en el bosque, el campo y en todo tipo de condiciones climáticas».

Los estadounidenses enviaron cartas de reclutamiento buscando hombres solteros, de entre 21 y 35 años, con tres o más años de estudios de primaria. Ocupaciones preferidas: guardabosques, leñadores, leñadores del norte, cazadores, prospectores, exploradores y guardabosques. También visitaron campamentos en el oeste de Estados Unidos para encontrar posibles reclutas.

Los voluntarios recibieron una formación intensiva

 
El capitán George F. Evashwick, cirujano de campaña paracaidista, salta de un avión mientras otros esperan su turno, 1943. (Crédito de la foto: Archivo del Cuerpo de Señales / Archivo Nacional de EE. UU. / Wikimedia Commons / Dominio público)

La Primera Fuerza de Servicios Especiales realizó un entrenamiento intensivo en Helena, Montana, con un plazo de despliegue ajustado. A las 48 horas de iniciarse, los voluntarios comenzaron ejercicios de paracaídas. Su entrenamiento abarcó una amplia gama de habilidades, incluyendo armas de fuego, explosivos, tácticas de unidades pequeñas y un acondicionamiento físico extenuante. El programa también incluyó ejercicios de resolución de problemas, escalada en roca, esquí, familiarización con el vehículo M29 Weasel y adaptación a climas fríos.

El énfasis estaba firmemente puesto en la preparación para el combate y la resistencia física.

Los soldados completaron regularmente marchas de 97 kilómetros, adquirieron competencia en el armamento enemigo, dominaron las técnicas de combate cuerpo a cuerpo, realizaron operaciones anfibias y avanzaron en su entrenamiento de esquí con instructores noruegos hasta que sus habilidades rivalizaron con las del ejército noruego.

En su primer despliegue, todos los miembros de la 1SSF eran paracaidistas certificados y, según se informa, superaban incluso a las unidades de élite del Cuerpo de Marines de los EE. UU. durante los ejercicios.

La Primera Fuerza de Servicios Especiales llega a Italia

 

Médicos de la Primera Fuerza de Servicios Especiales (1SSF) se familiarizan con la sensación de un paracaídas mediante arneses de práctica, 1943. (Crédito de la foto: Archivo del Cuerpo de Señales / Archivo Nacional de EE. UU. / Wikimedia Commons / Dominio público)

La Primera Fuerza de Servicios Especiales participó en cuatro operaciones durante la Segunda Guerra Mundial , totalizando 22 batallas, de las cuales salió victoriosa. Inicialmente desplegada para ayudar en la invasión de Kiska, como parte de la Campaña de las Islas Aleutianas, descubrió a su llegada que los japoneses ya habían desalojado la zona, lo que provocó su regreso a Estados Unidos.  

Ese mismo año, a pesar de estar entrenados para la tarea, se decidió no desplegar la 1SSF en Noruega. En su lugar, la unidad fue enviada a Italia en octubre de 1943, uniéndose al Quinto Ejército estadounidense.  Los hombres llegaron el 19 de noviembre de 1943 y se integraron en la 36.ª División de Infantería estadounidense. Se les encomendó tomar las posiciones alemanas en Monte La Difensa y Monte La Remetanea , controladas por el 104.º Regimiento de Panzergrenadier , ya que nadie más había podido hacerlo.

Entre el 3 y el 6 de diciembre, la 1SSF capturó con éxito el Monte La Difensa, seguido de la toma del Monte La Remetanea entre el 6 y el 9 de diciembre. A principios de enero de 1944, habían asegurado el Monte Sambúcaro y el Monte Vischiataro, consolidando su reputación como fuerza de élite. Sin embargo, estas victorias tuvieron un alto coste, con una asombrosa tasa de bajas del 77 % para la unidad.

Luchando en la cabeza de playa de Anzio


Personal de la Primera Fuerza de Servicios Especiales (1SSF) recibiendo instrucciones antes de iniciar una patrulla en la cabeza de playa de Anzio, Italia, abril de 1944. (Crédito de la foto: Teniente C. E. Nye / Departamento de Defensa Nacional de Canadá / Biblioteca y Archivos de Canadá / Wikimedia Commons / Dominio público)

La Primera Fuerza de Servicios Especiales permaneció en Italia para su gran ofensiva inicial, llegando a la cabeza de playa de Anzio el 1 de febrero de 1944 para reemplazar al 1.er y 3.er Batallón de Rangers, que habían sufrido numerosas bajas durante la Batalla de Cisterna . Los miembros de la unidad tenían la tarea de mantener la posición y realizar incursiones cuando fuera posible, tarea en la que sobresalieron.

Los alemanes tuvieron dificultades para enfrentarse a la 1SSF e incluso retiraron sus unidades del sector del Canal de Mussolini debido a las agresivas patrullas de la fuerza. Las incesantes incursiones nocturnas obligaron al enemigo a fortificar sus posiciones más de lo previsto, y los miembros de la unidad en ocasiones penetraron hasta 450 metros tras las líneas alemanas.

“Lo peor está por venir”

La Primera Fuerza de Servicio Especial aborda un avión Douglas C-47 durante un entrenamiento de paracaidismo en Fort William Henry Harrison, Helena, Montana, 1942. (Créditos fotográficos: Cuerpo de Señales de EE. UU. / Biblioteca y Archivos de Canadá / PA-183755 / Wikimedia Commons / Derechos de autor canadienses expirados / Dominio público)

La 1SSF se hizo aún más conocida durante este período, sobre todo entre los alemanes. Actuaron como si fueran una fuerza mucho mayor de lo que realmente eran, una maniobra estratégica ordenada por Robert Frederick.

Los "Diablos Negros", como los llamaba el enemigo, llevaban pegatinas con el emblema de su unidad y el lema "Lo peor está por venir", escrito en alemán. Las pegaban en los cuerpos de quienes mataban, así como en las fortificaciones alemanas. La reputación de la 1SSF era tan pésima que, antes de enfrentarse al grupo, se informó a los soldados alemanes que lucharían contra una fuerza de élite canadiense-estadounidense. Son traicioneros, despiadados y astutos. No pueden permitirse el lujo de relajarse.

En Anzio, la 1SSF luchó durante 99 días antes de ser relevada, para luego avanzar hacia Monte Arrestino y Rocca Massima. A principios de junio de 1944, fue una de las primeras unidades aliadas en entrar en Roma.

Disolución de la Primera Fuerza de Servicios Especiales

Veteranos de la Primera Fuerza de Servicios Especiales (1SSF) marchan en formación durante un servicio conmemorativo por su 60.ª reunión, agosto de 2006. (Crédito de la foto: SSG Roger Dey / Ejército de EE. UU. / Wikimedia Commons / Dominio público)

El último combate de la Primera Fuerza de Servicio Especial tuvo lugar en Francia, en el marco de la Operación Dragoon . A principios de agosto de 1944, la unidad capturó cinco fortificaciones en la isla de Port-Cros, tras lo cual se unió a la 1.ª Fuerza de Tareas Aerotransportada del Séptimo Ejército de los Estados Unidos para defender la frontera entre Francia e Italia.

El 5 de diciembre de 1944, la 1SSF se disolvió en Villeneuve-Loubet, Francia. La unidad, compuesta por aproximadamente 1800 hombres, se le atribuyeron aproximadamente 12 000 bajas alemanas y la captura de unos 7000 prisioneros enemigos . También tuvo una tasa de deserción superior al 600 %. Muchos de sus hombres, incluido el canadiense Tommy Prince , fueron condecorados por su servicio.

El legado de la 1SSF


El mayor general Thomas Csrnko (derecha), comandante del Comando de Fuerzas Especiales del Ejército, ayuda a colocar una corona que representa a las Fuerzas Especiales modernas en el monumento de la Primera Fuerza de Servicios Especiales en Helena, Montana, durante un servicio conmemorativo en honor a su 60.ª reunión, el 18 de agosto de 2006. (Créditos de la foto: SSG Roger Dey / Ejército de EE. UU. / Wikimedia Commons / Dominio público)

Tras el fin de la 1.ª SSF, los miembros del grupo fueron redistribuidos. Los canadienses regresaron a sus unidades nacionales (principalmente al 1.er Batallón Paracaidista Canadiense), mientras que los estadounidenses se dividieron entre divisiones aerotransportadas y el recién formado 474.º Regimiento de Infantería.

Tras la guerra, las lecciones aprendidas en la unidad se aplicaron a las Fuerzas Especiales estadounidenses y canadienses, incluyendo a los SEALS de la Marina de los EE. UU. y a los Boinas Verdes del Ejército de los EE. UU. Cada año, el 5 de diciembre, las unidades de Fuerzas Especiales de EE. UU. y Canadá recuerdan a la 1SSF con un pase de revista, un salto en paracaídas y un baile formal.