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lunes, 2 de noviembre de 2026

Conducta militar: Sobreconfianza y derrota

Generales bocones: Sobreconfianza militar basada en infravaloración de las capacidades del adversario 


La literatura académica da cierto respaldo general a la asociación entre “los soberbios pierden”. Jack Levy identifica la sobreconfianza militar basada en infravalorar las capacidades del adversario como una de las percepciones erróneas capaces de contribuir al estallido y desarrollo de guerras: puede inducir a rechazar compromisos, aumentar compromisos propios, emplear coerción que falla o prepararse inadecuadamente. (Cambridge) Dominic Johnson desarrolla algo similar bajo el concepto de positive illusions: dirigentes que sobreestiman su capacidad de controlar acontecimientos y subestiman al contrario pueden asumir riesgos que una evaluación más realista desaconsejaría. (CISAC)

Y hay incluso evidencia experimental. En juegos de guerra controlados, los participantes tendían a sobreestimar su probabilidad de éxito, y cuanto mayor era esa sobreconfianza, mayor era su propensión a atacar. Eso no demuestra directamente cómo se comporta un Estado Mayor real, pero sí proporciona un mecanismo psicológico plausible independiente de las anécdotas históricas. (PubMed Central (PMC))

Para mí, de estos ejemplos surge una distinción especialmente fértil: el peligro no está necesariamente en insultar al enemigo; está en empezar a creer el insulto. La propaganda puede llamar cobarde, atrasado o incompetente al adversario sin alterar los planes propios. El problema militar aparece cuando esas categorías entran en el modelo mental del mando: “no puede mover artillería hasta allí”, “no intervendrá”, “sus pequeñas unidades carecen de iniciativa”, “sus irregulares no pueden afectar a tropas profesionales”. En Braddock, Bennett, MacArthur y Navarre se puede observar justamente ese paso de la retórica o prejuicio a una restricción imaginaria sobre lo que el adversario es capaz de hacer. Y el adversario obtiene entonces una ventaja enorme simplemente haciendo aquello que el otro había descartado.

Hay además un problema de retroalimentación: una gran victoria propia puede hacer más peligrosa la situación. MacArthur venía de Inchon; los franceses recordaban Na San; los rusos daban por sentada su condición de gran potencia europea. El éxito previo proporciona “evidencia” aparente para la superioridad, y la información contradictoria empieza a interpretarse como anomalía. Esto encaja bien con la literatura sobre sobreconfianza, aunque cada caso necesita un análisis causal particular. (Sage Journals)

Si hubiera que convertir todo esto en una hipótesis histórica comprobable, yo la formularía no como “los generales bocones pierden”, sino como: “el desprecio por el adversario aumenta el riesgo de fracaso cuando reduce el conjunto de capacidades enemigas que el mando considera plausibles, y por tanto deteriora inteligencia, planificación de contingencias y adaptación una vez iniciado el combate.” Los casos Braddock–Bennett–MacArthur–Navarre son especialmente buenos para poner esa proposición a prueba.


  1. Mayor general Edward Braddock — Monongahela, 1755. Este es probablemente uno de los ejemplos históricos más puros. Benjamin Franklin le advirtió que guerreros indígenas podían emboscar la larga columna británica durante la marcha hacia Fort Duquesne. Según el propio Franklin, Braddock respondió que podían ser peligrosos para milicianos coloniales, pero que era “imposible” que causaran impresión sobre tropas regulares británicas disciplinadas. (Biblioteca del Congreso de EE. UU.) El 9 de julio, una fuerza francesa e indígena atacó precisamente de esa manera. La columna cayó en desorganización; de unos 1.400 británicos empeñados hubo más de 900 bajas y Braddock recibió una herida mortal. (Servicio Nacional de Parques) Aquí la relación es mucho más fuerte que la mera ironía: Braddock desestimó explícitamente el tipo de amenaza que terminó destruyendo su formación.


  2. Mayor general John Pope — Segunda batalla de Bull Run/Manassas, 1862. Al tomar el mando del Army of Virginia, Pope publicó una proclama bastante espectacular. Dijo que venía del Oeste, donde habían visto siempre “las espaldas de nuestros enemigos”, y recomendó olvidarse de expresiones como “líneas de retirada” y “bases de suministros”: había que estudiar la retirada del enemigo y dejar que la propia “se cuidara sola”. (Cuaderno de la Guerra Civil) Unas seis semanas después, Pope interpretó erróneamente que Stonewall Jackson se retiraba, atacó repetidamente su posición sin advertir que Longstreet ya estaba desplegado en su flanco, y sufrió una derrota decisiva en Second Manassas; el ejército terminó retirándose hacia Washington. (Servicio Nacional de Parques) Aquí sería excesivo decir que perdió porque era bocón. Pero la proclama refleja bastante bien un problema real de su mando: confianza excesiva en la ofensiva, desprecio por la prudencia operacional y una estimación muy optimista de lo que estaba haciendo el adversario.


  3. Generales Viktor Sakharov y Aleksei Kuropatkin / alto mando ruso — guerra ruso-japonesa, 1904-1905. Es un caso menos individual y más institucional. Al comienzo de la guerra, el jefe del Estado Mayor y luego ministro de Guerra Viktor Sakharov estimaba que Japón no podría poner mucho más de 200.000 hombres en campaña y concedía escasa importancia a sus reservas. Una fuente contemporánea ya advertía que estaba infravalorando seriamente la capacidad japonesa. (Wikimedia Commons) Después de la guerra, el propio Kuropatkin escribió algo mucho más revelador: Rusia había subestimado el poder japonés, especialmente su “fuerza moral”, y había entrado en la guerra con demasiada ligereza. (Literatura Clásica) Investigaciones modernas encuentran además que los estereotipos raciales dentro de la elite y del cuerpo de oficiales rusos contribuyeron a esas percepciones de inferioridad japonesa. (Direct MIT) El resultado fue derrota rusa tanto en grandes batallas terrestres como en la guerra naval. Éste es un caso especialmente útil porque muestra que el menosprecio cultural puede contaminar inteligencia, movilización y cálculo de fuerzas, no sólo generar frases desafortunadas.


  4. Mayor general Gordon Bennett — Malaya y Singapur, 1941-1942. Bennett, comandante de la 8.ª División australiana, impartió antes de la campaña una instrucción que suponía que el japonés estaba poco acostumbrado a los ataques por sorpresa, reaccionaba mal a ellos y era débil en iniciativa y entrenamiento de pequeñas unidades. El Australian Army Research Centre documenta esa apreciación y señala que formaba parte de un ambiente más amplio de subestimación británica de las fuerzas japonesas. (CIEA) El problema es que las características que Bennett consideraba débiles —iniciativa táctica, infiltración, sorpresa y maniobra— resultaron precisamente fortalezas japonesas. El mismo estudio muestra cómo Bennett descartó posibilidades de maniobra enemiga que luego se materializaron y cómo sus despliegues contribuyeron a que le giraran el flanco. Malaya cayó en setenta días y Singapur capituló el 15 de febrero de 1942. (CIEA) Este es otro caso muy fuerte para tu hipótesis: la opinión despectiva aparece directamente conectada con supuestos de entrenamiento y despliegue.


  5. General Douglas MacArthur — intervención china en Corea, 1950. Después de Inchon, MacArthur desarrolló una confianza enorme en una victoria rápida. En la reunión de Wake Island aseguró que la resistencia norcoreana organizada terminaría pronto, que buena parte de las tropas podría volver a casa para Navidad, y desestimó la advertencia china: si Pekín intervenía, creía que lo haría en cantidades limitadas que serían destruidas. (Historia de la Marina) Incluso después de que aparecieran tropas chinas, el 4 de noviembre consideraba improbable una intervención a gran escala. (Oficina del Historiador) Pero China ya estaba introduciendo grandes fuerzas clandestinamente al otro lado del Yalu. La ofensiva china de fines de noviembre convirtió la situación; el propio MacArthur informó el 28 de noviembre que enfrentaban “una guerra enteramente nueva”, con fuerzas chinas cercanas a 200.000 hombres según las estimaciones de entonces. (Oficina del Historiador) Historias oficiales estadounidenses describen el avance de las fuerzas de la ONU hacia el norte como realizado sin conocer la magnitud de las tropas que las esperaban y califican el resultado inmediato como una derrota devastadora. (JCS) Probablemente sea uno de los mejores ejemplos modernos de éxito previo → exceso de confianza → filtrado de inteligencia adversa → ampliación de objetivos → sorpresa operacional.

  6. General Henri Navarre — Dien Bien Phu, 1954. Éste es casi experimental. El 8 de febrero de 1954 Navarre le dijo al embajador estadounidense Donald Heath que lamentaba que el Viet Minh aparentemente hubiese desistido de atacar Dien Bien Phu, porque allí tenía la posibilidad de infligirle una derrota “sustancial, si no decisiva”. (Oficina del Historiador) El concepto francés dependía de que Giáp aceptara una batalla convencional en condiciones favorables a la artillería y aviación francesas. Pero los franceses infravaloraron extraordinariamente la capacidad logística del Viet Minh para transportar artillería pesada, munición y defensa antiaérea hasta las alturas que dominaban el valle; análisis militares posteriores identifican precisamente la subestimación de las capacidades enemigas como un error capital. (War Room - U.S. Army War College) Cuando comenzó el sitio, la artillería vietnamita resultó una enorme sorpresa. Dien Bien Phu cayó el 7 de mayo de 1954. (Ministerio de Defensa) Otra vez: “ojalá me ataque aquí porque lo voy a destrozar” es particularmente peligroso cuando uno no entiende cómo piensa librar la batalla el adversario.



  7. General William Westmoreland — Vietnam, vísperas del Tet, 1967-1968. Este caso necesita una precisión importante porque Tet no fue una victoria táctica vietnamita simple. El 21 de noviembre de 1967 Westmoreland anunció que el enemigo estaba “ciertamente perdiendo”, que sus esperanzas estaban prácticamente agotadas y que comenzaba a verse el final de la guerra. (Consejo de Relaciones Exteriores) Unas diez semanas después, las fuerzas comunistas lanzaron la ofensiva del Tet contra más de cien ciudades, instalaciones y posiciones de Vietnam del Sur. Militarmente sufrieron pérdidas enormes y no consiguieron la insurrección general que buscaban; políticamente, sin embargo, el tamaño y simultaneidad de la ofensiva hicieron que las afirmaciones previas de progreso estadounidense parecieran profundamente equivocadas y dañaron la credibilidad de la conducción de la guerra. (DocsTeach) Es un magnífico ejemplo de quedar mal parado por haber definido públicamente expectativas demasiado fuertes, aunque no corresponda describir Tet simplemente como una derrota militar estadounidense.

  8. Mayor general John Sedgwick — Spotsylvania, 1864. Es el ejemplo perfecto de “boconeada” en miniatura, aunque no sirve tanto para estudiar resultados de campañas. Bajo fuego de francotiradores confederados, Sedgwick reprendió a soldados que se cubrían diciendo que los enemigos no podían “acertarle a un elefante a esta distancia”. Un testimonio de su estado mayor conserva la frase; segundos después, un tirador confederado lo mató de un disparo. (American Battlefield Trust) Es irresistible como anécdota sobre exceso de confianza, pero metodológicamente no demuestra que el menosprecio reduzca el desempeño de un ejército: demuestra sólo que incluso un oficial experimentado puede valorar mal un riesgo inmediato.


sábado, 31 de mayo de 2025

Argentina: Comando Conjunto de Operaciones Especiales (CCOE)

El Comando Conjunto de Operaciones Especiales de Argentina: Conjuntez para la mayor eficacia

Entrevistamos al capitán de navío Eloy Eguren, Comandante Conjunto de Fuerzas de Operaciones Especiales, sobre el rol que cumple este nuevo comando para estandarizar la doctrina y el equipamiento de las Fuerzas de Operaciones Especiales en la Argentina, de manera de potenciar sus capacidades y cumplir su misión de una manera más eficaz.


Por Santiago Rivas || Pucara Defensa


En el año 2017 se creó el Comando Conjunto de Fuerzas de Operaciones Especiales (CCFOE) dentro del ámbito del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas de Argentina. Entrevistamos a su actual comandante, capitán de navío Eloy Eguren, sobre cómo nace el comando, su misión y cómo viene trabajando en la estandarización de la doctrina, procedimientos y equipamiento de las distintas Fuerzas de Operaciones Especiales.



Pucará Defensa: ¿Cómo se llega al Comando Conjunto de Fuerzas de Operaciones Especiales?

Capitán de navío Eloy Eguren: Lo primero que hay que tener en cuenta es que en el mundo hay dos aspectos de las organizaciones militares que han crecido enormemente. Uno de ellos es el accionar militar conjunto; nada en las organizaciones militares contemporáneas occidentales se concibe en el marco específico, todo tiene que ser conjunto. Está comprobado que lo conjunto es lo que funciona, no se puede pensar en operaciones en las que no haya integración conjunta.

Paralelamente hay un crecimiento de la importancia de las operaciones especiales. Si tomamos la historia de las guerras, ha habido siempre fuerzas pequeñas que hacían operaciones muy puntuales, difíciles, pero que tenían un impacto desproporcionado con respecto a la cantidad de gente que estaba involucrada. En la Segunda Guerra Mundial aparecen, en la mayoría de los beligerantes, unidades específicas, con un adiestramiento y capacidades especiales que desarrollaron múltiples acciones contribuyentes a los grandes empleos de fuerzas navales, aéreas y terrestres. Ahí las operaciones especiales dan el gran salto y se institucionalizan, es decir, todos los países modernos comenzaron a mantener en forma activa y permanente unidades de operaciones especiales específicas.

En la Argentina, cada fuerza mirando algún espejo de países más avanzados, con mayor experiencia de guerra, toma estas ideas, en general entre los años 50 y 60.

Los más antiguos son los buzos tácticos, que se nutren de un instructor italiano, veterano de la Segunda Guerra Mundial, integrante de la legendaria Decima Flottiglia MAS (Decima Flottiglia Mezzi d’Assalto (Décima Flotilla de Vehículos de Asalto) que empieza a trabajar en la Base Naval Mar del Plata y desarrollar los primeros cursos de buceo táctico a mediados de los 50.

En el caso de la Infantería de Marina, como los Marines eran de donde sacábamos la mayor cantidad de experiencia y doctrina, se empiezan a organizar elementos de reconocimiento anfibio, que, andando el camino, pasan a denominarse Comandos Anfibios, también en Mar del Plata. Es decir, se podría decir que en Mar del Plata nacen las fuerzas de operaciones especiales de la Argentina.

En cuanto al Ejército, el año que viene se van a cumplir 60 años de la impartición del primer curso de comandos en 1964. Con el contacto permanente con el Ejército de Estados Unidos, toman el ejemplo de los Rangers.

Entre los años 1968 y 1973, el curso de comandos extendió su duración a 45 días, dividido en etapas que se desarrollaban en Campo de Mayo, Mazaruca, Córdoba, Bariloche, Tartagal y Mar del Plata.

En 1971, se creó oficialmente la Aptitud Especial de Comandos y se adoptó el actual brevet de la aptitud, se inició un período de intercambios y capacitaciones para adquirir experiencia en otros países como: Colombia, Brasil, Perú y Estados Unidos.

A partir de 1974 se adoptó la estructura actual del curso, con una duración de cuatro meses, dividido en etapas: básica, paracaidista, anfibia, montaña y monte, siempre bajo la órbita de la Escuela de Infantería.

En el año 1978, se creó en el ámbito de la Escuela de Infantería la primera unidad especial del Ejército, denominada Halcón 8, que tenía la finalidad de dar seguridad anti-terrorista durante el mundial de fútbol.

Hago hincapié en el curso de comandos del Ejército porque éste desde un principio tuvo egresados que eran de otras fuerzas. De hecho, el primer muerto en la Guerra de Malvinas es el capitán de corbeta IM Giachino, comando anfibio, quien, además de la capacitación específica recibida en la Armada, había realizado el curso de comandos.

A partir de la década del 90, el curso pasa a ser conjunto. En la actualidad, además de las etapas propias del Ejército ya mencionadas, la Armada conduce la etapa anfibia y la Fuerza Aérea la de búsqueda y rescate en combate.

Hablando de los orígenes del Grupo de Operaciones Especiales de la Fuerza Aérea, en 1980 se organiza el primer grupo, que incluso es desplegado en la Guerra de Malvinas. A lo largo del tiempo, fue creciendo en importancia y agregando funciones, pero siempre manteniendo una única Unidad y dependiendo del máximo nivel operativo de la Fuerza.



PD: Ya que menciona la Guerra de Malvinas ¿Qué nos puede decir al respecto de las unidades de Operaciones Especiales Argentinas?

EE: En la Operación Rosario participaron ambas unidades de la Armada, la Agrupación de Buzos Tácticos y la Agrupación de Comandos Anfibios, llevando con éxito tareas relevantes dentro del marco de la operación, y, de hecho, las únicas bajas propias son de personal perteneciente a las mismas.

Producida la recuperación del Archipiélago, el Ejército creó la Compañía de Comandos 601 sobre la base del equipo Halcón 8, la cual fue desplegada de inmediato. A ésta le siguió la Compañía de Comandos 602. Ambas subunidades desarrollaron una enorme cantidad de misiones de todo tipo. La Armada destacó una sección de Comandos Anfibios e incluso la Gendarmería Nacional destacó al Grupo Alacrán. En numerosas acciones todas estas fracciones fueron empleadas con unidad de comando, es decir que el accionar conjunto se plasmó en combate. Y todas mostraron que el adiestramiento recibido fue diferenciador, hicieron una generosa ofrenda de sangre y valentía a través de numerosos muertos, heridos y condecorados, y estuvieron a la altura de las circunstancias, tanto en lo profesional como en lo espiritual.

Volviendo a la pregunta anterior, entonces, para nosotros esto de ‘conjuntizar’ las fuerzas de operaciones especiales no es algo difícil, porque todos los que hicimos nuestro curso específico tenemos experiencia de haber tenido capacitaciones, instrucción particular o haber participado en ejercicios, desde el desde el inicio de nuestra formación, con otra fuerza. Eso nos facilita muchísimo el entendimiento y, por las mismas características de los cursos, la intensificación del compañerismo hace que esos vínculos se mantengan a lo largo del tiempo. Y, cuando somos más antiguos, nos facilita enormemente establecer coordinaciones y hacer acuerdos para realizar adiestramiento o cualquier tipo de actividad en el marco conjunto. Todo se resuelve mucho más rápido.


PD: Además, ustedes siempre trabajan en todos los ámbitos, en el agua, en el aire y en tierra.

EE: Hay una cosa para particular que caracteriza a las fuerzas de operaciones especiales es que todos los que conforman las fuerzas de operaciones especiales son voluntarios y se someten a ese tipo de entrenamiento porque quieren. Aspirar a tener una mejor condición de soldado, a desempeñar tareas más riesgosas, es decir, a distinguirse de alguna manera. Se toma normalmente como un desafío personal profesional, superar los estándares normales en algún tipo de exigencia.

Particularmente en la Argentina, si bien cada fuerza tiene su ámbito de operación o sus particularidades, todas las unidades desarrollan, en términos generales, la misma cantidad de capacidades: todos son paracaidistas, todos tienen adiestramiento anfibio, todos hacen etapas de formación en ambientes geográficos particulares, como el monte o la montaña. Hay un montón de técnicas comunes, esas vivencias que uno desde el inicio empieza a adquirir y que nos acompañan durante toda la carrera, son comunes. Lo que nos diferencia es la especialización en algún tipo de técnica, por una facilidad de medios o por estar desplegado en un ambiente geográfico particular.

No es que todos hagan lo mismo de la misma manera, pero sí que todos tienen cierta capacidad de adiestramiento para operar en las diversas formas posibles que tienen las fuerzas de operaciones especiales.

Todo esto contribuye a que el accionar militar conjunto de las fuerzas de operaciones especiales sea mucho más fácil.

Después de Malvinas, la impronta que se le puso a las Fuerzas Armadas de tender hacia lo conjunto y, por otro lado, el crecimiento generalizado de las fuerzas de operaciones especiales, terminan llevando a la creación del Comando Conjunto de Fuerzas de Operaciones Especiales.



PD: ¿Cómo es la evolución post Malvinas?

EE: Como ya lo mencioné, en el ámbito del Ejército, apenas desatado el conflicto, se crea la Compañía de Comandos 601, y a las pocas semanas se activa la Compañía 602 e inclusive se convocó una Compañía 603, que no alcanzó a ser desplegada a Malvinas. Terminada la contienda se desactivan las últimas dos, quedando solamente la 601. En 1999 se activa nuevamente la 602 y a fines del 2005 se crea la Agrupación Fuerzas de Operaciones Especiales, es decir, el Ejército crea un elemento de comando a cargo de un oficial superior con un Estado Mayor, para conducir las unidades de comando que existían hasta ese momento y que se fueron creando a partir de esa activación de la Jefatura de Agrupación. De hecho, el Ejército vuelve a activar la compañía 603, crea una nueva especialización, que es la de fuerzas especiales, distinta de los comandos, crea una unidad de apoyo logístico específica para operaciones especiales y crea una compañía de buzos de Ejército capacitados en operaciones especiales.

Esa agrupación es la que empieza a desarrollar actividades conjuntas aglutinadoras con las unidades de las otras fuerzas. Es la primera que empieza a pensar en la ejecución de operaciones especiales en forma conjunta. Esta Jefatura empieza a organizar seminarios, discusión de temas, hablar sobre equipamiento común, y empieza a desarrollar una serie de ejercicios que se denominan Castor, que ya van por la edición número diez.


PD: ¿Son anuales?

EE: Es anual, casi todos los años se ha dado con ejecución en el terreno. Se elige un ambiente geográfico particular, se convoca a las unidades y se cumple una misión en la cual todos intervienen en forma integrada, cumpliendo cada una su misión particular. Siempre cuentan con el apoyo de aeronaves para poder lanzarlos en paracaídas, normalmente de la Fuerza Aérea. Si es cerca del litoral marítimo o de los grandes ríos, con apoyo de buques de la Armada, es decir, no solo trabajan integradamente las unidades de operaciones especiales, sino que lo hacen también unidades de propósito general de las fuerzas, que prestan los apoyos para que las operaciones se puedan ejecutar. Para esas ejercitaciones se creaba una Agrupación Conjunta de Operaciones Especiales, que se puede decir que es el embrión del Comando Conjunto.

Avanzar en la conjuntez viene también de la mano de que en el año 2006 el gobierno redefinió una serie de empleos de las Fuerzas Armadas y hay un concepto que se estableció y que hoy está totalmente en vigor, qué es que las Fuerzas Armadas adiestran, alistan y sostienen y el que opera es el Estado Mayor Conjunto. Es decir, no hay más operaciones militares específicas, todas las operaciones son conjuntas.

Siguiendo esta misma impronta, el Estado Mayor Conjunto crea el Comando Operacional para que conduzca las operaciones en tiempo de paz, operaciones convencionales o especiales.

Al cabo de unos años de desarrollo del Comando Operacional, se determinó que había algunos aspectos de operaciones particulares que debían ser conducidas por comandos conjuntos dependientes de éste. Por eso, por ejemplo, se activa en forma permanente el Comando Conjunto Antártico y también se creó el Comando Conjunto Aeroespacial, el Comando Conjunto de Ciberdefensa, y más recientemente el Comando Conjunto Marítimo.

En el año 2017 el Jefe del Estado Mayor Conjunto de ese momento, el general Bari del Valle Sosa, ordena la conformación de una serie de comisiones de estudio para analizar diversos problemas para profundizar la conjuntez y, entre esas comisiones, una se dedicó a estudiar la conveniencia o no de un Comando Conjunto de Fuerzas de Operaciones Especiales y qué características debía tener. Con la participación de representantes de todas las fuerzas se analizó detalladamente la misión funciones y tareas que el mismo debía tener y se propuso una organización tentativa. Lo pusimos a consideración del Jefe de Estado Mayor Conjunto y finalmente a través de una Resolución, el Ministro de Defensa aprobó la creación del CCFOE.

Fue a fines del 2017, y la prueba de fuego del comando, cuyo primer comandante era el entonces Coronel Berredo, actual Comandante Operacional, fue dentro del marco de la cumbre del G20 realizada en Buenos Aires a fines del 2018. El presidente ordenó la conformación de una fuerza conjunta de rescate de rehenes que estuviera a la orden, alistada para actuar en caso de que se produzca algún problema con las delegaciones que vinieron de todos los países.



PD: Fue la primera operación.

EE: Exacto. La primera operación real que concretó el CCFOE, y como en ese momento tenía una escasa estructura, el comando de la operación lo asumió el comandante de la Fuerza de Despliegue Rápido del Ejército, que en ese momento era el general Paleo.

Se trasladaron todas las unidades especiales, tanto de la Armada como de la Fuerza Aérea y del Ejército a Buenos Aires. Se planificó operar en los distintos lugares donde podían ser empleadas, se alistó todo el material. Se trabajó sobre previsiones de emplearlas en tierra utilizando medios aéreos y navales de superficie, es decir, con todas las variantes de posibilidades que tienen las unidades de operaciones especiales en cuanto a sus capacidades para llegar a los objetivos.

A partir del fin de ese año se designa a un nuevo comandante que empieza a armar esta estructura, a escribir la doctrina, a capacitar a la gente y a conducir el adiestramiento militar conjunto. Transcurridos cinco años se ha avanzado mucho.


PD: ¿Cómo se ha ido haciendo esa integración?

EE: El lugar de la Agrupación FOE del Ejército, lo pasó a ocupar el CCFOE cuando se crea el 28 de diciembre del 2017, y a partir del 2019 se hizo cargo de planificar, organizar y conducir los Ejercicios “Castor”. La misión concretamente que nos asignan es ‘conducir las operaciones especiales en situación de crisis o conflicto armado, a fin de contribuir al cumplimiento de los objetivos impuestos por el nivel estratégico militar’. Si hay un tipo de elemento al que rápidamente se le puede echar mano para que solucione una crisis son las fuerzas de operaciones especiales. Hay un comandante que tiene un Estado Mayor, que conoce las unidades que le pueden poner a disposición, y que está en capacidad de planificar cualquier tipo de operación en una crisis para dar una respuesta inmediata a algún requisito del poder político.

La misión no solo dice lo que tienen que hacer, lo que se espera del comando, sino que, acorde con las capacidades que tiene actúe, comande; no se puede esperar a que se a que se haya desatado un conflicto para activarlo.

En la paz, el CCFOE cumple funciones de adiestramiento conjunto, de establecer la doctrina conjunta y de estandarizar el equipamiento. Vayamos primero al adiestramiento, todas las unidades de operaciones especiales tienen un nivel de adiestramiento muy bueno, sean de la fuerza que sean. Ahora, cuando hay que hacerlos trabajar en conjunto, hay pequeñas diferencias de procedimientos o de vocabulario o de la forma de realizar alguna cosa, entonces el CCFOE tiene que intervenir.


PD: ¿Para estandarizar?

EE: Absolutamente, una estandarización de procedimientos, es decir, todos saben lo que tienen que hacer, con mínimos márgenes de error, sin confusiones. ¿Se hace necesario normalizar todo? Sí, y para eso el CCFOE realiza periódicamente actividades de adiestramiento conjunto en diversas técnicas, sin necesariamente incluir una situación táctica. ¿Vamos a trabajar en paracaidismo? Entonces convocamos y vamos todos a Córdoba o Bahía Blanca y se normalizan las pequeñas diferencias. Nos nutrimos de la experiencia común, determinamos de común acuerdo y queda como un procedimiento que ya todos utilizan; se saca una circular de conocimiento y cumplimiento obligatorio por parte de las fuerzas. Lo mismo se puede decir con respecto al combate a cuarto cerrado, que también tiene sus pequeñas diferencias.



PD: ¿Había muchas diferencias en procedimientos cuando empezaron?

EE: No, pero cada fuerza tiene su forma de enseñar. Es bueno intercambiar opiniones y ver lo que hace cada fuerza, y de común acuerdo seleccionar la mejor. Eso hace que no solo se estandarice, sino que crezca el nivel de adiestramiento general y facilita la operación conjunta.

Eso en cuanto al adiestramiento en técnicas. Después, cuando hacemos ejercicios de adiestramiento en tácticas, que ya trabajamos las unidades sobre un mismo sistema o varios objetivos en forma simultánea, vamos a otro tipo de estandarización, a los procedimientos de planeamiento, de comunicaciones, a cómo enlazarnos con cada una de las fuerzas subordinadas, cómo coordinar los efectos de cada una de las unidades, aunque estén muy dispersas en el terreno.

Todas esas tareas que parecen de pequeña magnitud son de una enorme fortaleza, porque preparan a estas unidades para operar en forma conjunta con máxima eficacia.

Y a su vez, todo esto también sirve para aunar lazos, porque normalmente el operador de fuerzas especiales tiene una autoestima elevada, se siente satisfecho de sus capacidades, es competitivo. Esa competitividad sana la transformamos en cooperación.

Ese conocimiento personal y profesional en el marco del adiestramiento, sirve muchísimo para derribar un montón de prejuicios o cosas que dañan la eficacia de las operaciones y no tienen sustento.


PD: ¿Cómo ha sido la integración en cuanto a equipamiento?

EE: Con respecto a eso, a partir de este gobierno se inició un proceso de planeamiento del ámbito de la defensa, con una serie de pasos y documentos que llevan al diseño del instrumento militar. Se define claramente qué problemas hay que solucionar y qué tipo de fuerza se necesita para solucionar esos problemas. A diferencia de cada una de las fuerzas, que intervino en el diseño de sus capacidades, presentándolo en el Estado Mayor Conjunto, en el caso de las operaciones especiales ese trabajo lo hizo por completo el CCFOE. Nosotros dijimos qué equipos de comunicaciones van a tener todas las unidades, qué tipo de armamento deben tener, qué tipo de visores nocturnos, por nombrar algunos. Obviamente se busca la congruencia técnica y operacional, que lo que se compre sea compatible entre todos los usuarios, de modo que no haya cosas que, a lo mejor tienen muy buenas características, pero que no pueden ser integradas al ámbito conjunto. Por otro lado, que eso sirva para los fines del diseño general del instrumento militar.

Por esa razón el CCFOE participó en varias ferias internacionales cuya asistencia fue ordenada por el Jefe del Estado Mayor Conjunto, para nutrirse de los últimos adelantos tecnológicos y ponerlos a consideración y decir ‘esto es lo que deberíamos comprar y lo que nos conviene a todos’. Si hay materiales que son específicos de una unidad, no vamos a intervenir, por ejemplo, si los buzos tácticos necesitan ser equipados con minisubmarinos para hacer operaciones puntuales. No todas las unidades de operaciones especiales van a tener minisubmarinos, pero si se va a tratar de que sea compatible para ser operado por buzos tácticos junto con otras con los medios de otras fuerzas sin inconvenientes.


PD: ¿Las compras las hacen ustedes o las fuerzas?

EE: La gestión en gran parte del material de operaciones especiales para utilizar el FONDEF la hace el CCFOE. Hay cosas que las compran las fuerzas, pero hay otras que se compran centralizadas a través del CCFOE, obviamente con la aprobación del Estado Mayor Conjunto. Si no existiese el CCFOE sería mucho más complicado, tiene un claro rol de facilitador.

A nivel adiestramiento, volviendo a ese punto, por ejemplo, el CCFOE también se encarga de facilitar. Por ejemplo, el Ejército necesita ir a ejercitarse a una base de la Armada, se coordina con la otra fuerza la autorización, se ve la posibilidad de incorporar unidades de otras fuerzas, para que se aproveche ese entrenamiento, se puede indicar hacer particular hincapié en determinada técnica que les sirva a todos, es decir, es un facilitador, un orientador. Sirve a su vez para ver el nivel de adiestramiento en determinadas técnicas y siempre tendiendo a la integración.


PD: ¿Cómo evalúan junto con las unidades los cambios doctrinarios?

EE: Por un lado, toda la doctrina de conducción y de planeamiento conjunto de operaciones especiales se desarrolló en el CCFOE y está en vías de aprobación. Además, se desarrolló un curso principalmente destinado a oficiales jefes y superiores de todas las fuerzas capacitados en operaciones especiales, que es un aspecto que no es muy tratado en las escuelas de guerra específicas, ni en la escuela de guerra conjunta. Cubre un vacío importante para decir ‘las operaciones especiales conjuntas se conducen de esta manera o se planifican de esta manera y sirven a la estrategia operacional de esta manera’, es decir que hay toda una educación interna de la comunidad de operaciones especiales y una educación externa a otros elementos que participan de la solución de un problema militar que tienen que conocer cómo operamos nosotros y qué nos pueden ordenar y qué no. No somos un fin en sí mismo, formamos parte de un sistema, por ahí hacemos cosas muy puntuales, chicas, pero que a lo mejor nadie las puede hacer en nuestro lugar. Entonces, qué mejor que los decisores conozcan exactamente cuáles son las capacidades y limitaciones, los alcances que tienen nuestras operaciones, para emplearlas lo más correctamente posible y que beneficie al conjunto en el éxito de la campaña como un todo.


PD: ¿Cómo se denomina el curso?

EE: Se llama Curso Conjunto de Conducción de Operaciones Especiales, es un curso que está también en vías de aprobación en el ámbito conjunto. Destaco además que participan suboficiales que integran las planas o los estados mayores de las unidades y que son potenciales integrantes del CCFOE. Esto ayuda muchísimo a normalizar el vocabulario de cómo se clasifican las operaciones, cuáles son las finalidades, cómo se integran en los niveles superiores. Esto también ha significado un gran avance en el tema doctrinario.


PD: ¿Cómo se trabaja con fuerzas de otros países para poder adquirir doctrina o conocimientos?

EE: El CCFOE desde un principio ha participado en varias ejercitaciones en el extranjero. Por ejemplo, el ejercicio PANAMAX, que desarrolla el Comando Sur de Estados Unidos, en el cual se analiza un problema militar puntual en torno a la libre navegación del Canal de Panamá. Ese comando de fuerza tiene cuatro componentes, terrestre, naval, aéreo y de operaciones especiales. Tanto Estados Unidos como la OTAN manejan siempre las operaciones especiales con un componente separado por diversas razones, porque normalmente son empleados muy tempranamente en el conflicto y porque eso evita que las fuerzas sean utilizadas en cosas que a lo mejor no tienen un gran rédito operacional. Nosotros participamos desde el 2017 en todas las ediciones del ejercicio Panamax, integrando en diversos puestos el comando del componente de operaciones especiales. Eso nos permite visualizar y experimentar cómo es un comando de una coalición de grandes proporciones y ver el vocabulario y los procedimientos de planificación de países que están en el marco de la OTAN o que tienen mucha más experiencia de combate que nosotros.


PD: Les permite ver el equipamiento, la doctrina y cómo se incorpora en la Argentina.

EE: Claro, también tenemos contacto con el Comando Conjunto de Operaciones Especiales de España, que es muy similar a éste. Hemos trabajado con Perú y trabajado con otros países, hay intercambios que nos enriquecen. Es claro que la Argentina ha dado un paso importante y es un precursor en el tema de las operaciones especiales conjuntas, pero el aprendizaje es continuo.


PD: ¿Hay otro país de la región que tenga un comando conjunto?

EE: No de estas características, la mayoría tienen esbozos de trabajo conjunto, pero no existen comandos como tal. Creo que Colombia es el único país latinoamericano, además de Argentina, que tiene un comando conjunto de estas características.


PD: ¿Cuáles son las unidades que dependen operacionalmente?

EE: Ejército tiene la Agrupación de Fuerzas de Operaciones Especiales del cual dependen tres compañías de comando, las 601, 602 y 603, una compañía de fuerzas especiales, una compañía de buzos de operaciones especiales y una compañía de apoyo. La Armada tiene su Agrupación de Buzos Tácticos y la Agrupación de Comandos Anfibios, y recientemente creó un Comando de Fuerzas Navales Especiales, en una situación similar al Ejército, se consideró que era necesario en la Armada aglutinar a las unidades de operaciones especiales y que dependan orgánicamente de ese comandante único y no como se hacía hasta ese momento en que los Buzos Tácticos dependían de la Fuerza de Submarinos y los Comandos Anfibios de la Brigada Anfibia.

LA Fuerza Aérea tiene el GOE, conducido por un oficial superior. Está nucleado en la VII Brigada Aérea en Moreno, muy asociado a donde tienen asientos los helicópteros, porque es el medio primario que ellos utilizan para operar.


PD: ¿Cómo se integra el CCFOE en el empleo del instrumento militar?

EE: El comando conjunto cumple un rol muy importante en lo que es la estrategia defensiva, de restricción de áreas por capas, que es el concepto que ha adoptado el instrumento militar. Las operaciones multidominio, que se desarrollarán sobre las distintas capas y cómo emplear los medios que tiene la nación para una supuesta agresión estatal militar externa. En todas las capas está previsto el uso de unidades de operaciones especiales y este comando va a hacer directamente lo que el comandante de teatro decida para conducir las operaciones especiales.


PD: Ustedes quedarían subordinados al comandante del teatro de operaciones.

EE: Exacto, lo importante de esto es que ya desde la paz funciona aceitadamente, es una enorme ventaja porque ya sabemos las capacidades de las unidades y conocemos el nivel de adiestramiento que tienen. Hemos hecho multitud de ejercicios, para saber en qué empleos nos pueden utilizar y, llegado el caso, es subordinarnos a la autoridad militar que se designe para contribuir a solucionar el problema.

Se conocen las técnicas, las tácticas y las personas y es fundamental, porque eso nos facilita el entendimiento.

Pero también hay que tener en cuenta el empleo en situaciones de crisis. por ejemplo, en la reciente Operación “Regreso Seguro”, conducida por el Comando Operacional para evacuar a los compatriotas argentinos que estaban en Israel, iba un elemento de operaciones especiales a bordo de los aviones.


PD: ¿Del GOE?

EE: Si, del GOE. Principalmente para dar seguridad, pero además, porque pueden hacer muchas otras cosas y facilitar las operaciones, más en un marco absolutamente incierto, en un ambiente complejo, como era el de esa operación. Es imprescindible que hayan participado.


PD: Si bien algunos los vieron como vuelos comunes, se estaba entrando a una zona de guerra.

EE: Exactamente. EL GOE en este caso particular, al igual que el resto de las unidades mencionadas, está compuesto por personal que está habituado a actuar en forma independiente lejos de sus mandos, tienen un entrenamiento para hacer un adecuado uso de la libertad de acción, de aplicar criterios sin recibir órdenes detalladas, ahí está una de las grandes fortalezas que tienen las unidades de operaciones especiales. Están acostumbrados a niveles de riesgo alto, a operar en ambientes complejos. Sobre todo, en ese tipo de operaciones donde cualquier error se magnifica. Entonces ¿conviene tener ese tipo de perswonal que está habituada a operar en ese marco complicado? Sí. A lo mejor son oficiales y suboficiales de baja jerarquía, pero tienen ese entrenamiento particular.


PD: En relación a la recientemente implementada Estrategia de Restricción de Áreas por capas, ¿Qué rol juegan los FOE?

EE: La “Restricción de Áreas por capas”, concepto central inherente de la concepción estratégica militar, busca en primer lugar denegar al enemigo el acceso al teatro de operaciones, accionando sobre el mismo desde las más largas distancias y; en caso de que el agresor logre ingresar, negarle el control efectivo de áreas consideradas estratégicamente críticas.

Por las mismas capacidades de las FOE, pueden operar en ámbitos aislados, con gran autosuficiencia, sobre la base de la austeridad logística y resistencia que las caracteriza. Siempre generan una relación costo – beneficio que resulte favorable.

Sus efectos se potencian al integrarse sin inconvenientes en todos los dominios. Su capacidad para infiltrarse en cualquier tipo de terreno, permaneciendo “invisibles”, junto al empleo de medios satelitales, están en capacidad de obtener, transmitir y proveer información en tiempo real, y esto resulta fundamental para agilizar el proceso de toma de decisiones en todos los niveles. Sus efectos se harán sentir a través del conocimiento acabado de la propia geografía, potenciando el alcance efectivo de las armas letales y no letales, a través de un control efectivo y adelantado de las mismas.

Siempre podrán contribuir a limitar al agresor accionando sobre sus vulnerabilidades críticas y así degradar su capacidad para combatir y, principalmente, en su aptitud para controlar el espacio que ocupa, pasando a denegarle áreas críticas de importancia estratégica y operacional por períodos cortos. E inclusive, llegado el caso, recuperar objetivos de alto valor, cuando hayan caído en poder del agresor.

Además, como multiplicador de fuerzas, las FOE están en condiciones de operar con fuerzas locales, por lo que resulta fundamental el adiestramiento previo en coordinación con otras agencias, ya sean gubernamentales o privadas.

Finalmente, quiero aclarar que todo esto es posible principalmente por la elevada motivación de nuestras unidades, su actitud profesional y proactiva, las características de nuestro personal hasta en las más bajas jerarquías, habituado a hacer uso de la libertad de acción y de la iniciativa, sumado a una silenciosa y humilde contracción a todos los detalles que hacen a nuestra profesión, movidos por un espíritu de cuerpo formidable.

En síntesis, las FOE han ganado su lugar es todas las organizaciones por propio derecho, y sin lugar a dudas tienen un futuro promisorio, lleno de desafíos profesionales.


jueves, 1 de mayo de 2025

Teoría de la guerra: La inteligencia artificial y el mando y control del futuro

Aspectos clave de las tecnologías militares avanzadas en el contexto de las guerras del futuro

CZ Defence

Gracias al rápido desarrollo de las tecnologías modernas, estamos presenciando un auge sin precedentes en su aplicación en el ámbito militar, y si seguimos las tendencias tecnológicas al menos desde la perspectiva del potencial futuro, queda claro que las operaciones militares enfrentan cambios revolucionarios como nunca antes se han visto.



Foto: Gracias al desarrollo acelerado de las tecnologías modernas, estamos presenciando un auge sin precedentes en su aplicación en el ámbito militar | Shutterstock

Un campo de batalla orientado a la eficiencia: el resultado de un enfoque puramente pragmático

Una suposición lógica, inspirada en los dominios y tendencias industriales, es que los campos de batalla futuros se desarrollarán siguiendo enfoques altamente pragmáticos, basados en la optimización de costos en el contexto de la efectividad operativa de cada solución. Este factor inevitablemente llevará a la eliminación de toda una serie de dogmas y conservadurismos militares, que muchas veces han bloqueado el camino a nuevas ideas y enfoques no convencionales en las operaciones de combate. La principal razón que fuerza a todos los actores a hacer la transición hacia un campo de batalla altamente tecnologizado es la eficiencia dramáticamente creciente de los sistemas de armas automatizados, lo que afecta las perspectivas de la presencia humana en el campo de batalla del siglo XXI.

La experiencia histórica muestra que el éxito en las operaciones militares se asegura fundamentalmente por dos componentes: la gestión efectiva y coordinada (mediada por una secuencia óptima de procesos de toma de decisiones) y la eficiencia de la tecnología utilizada. Este hecho está vinculado desde hace más de una década a discusiones sobre las principales limitaciones de los sistemas biológicos, donde los principales obstáculos parecen ser el tiempo de reacción y la capacidad para tomar decisiones rápidas y complejas en el contexto de los requisitos del entorno operativo. Dado que la toma de decisiones consiste fundamentalmente en buscar en un espacio de estados para encontrar un conjunto de pasos que lleven a un objetivo con el mínimo esfuerzo, tiempo, riesgo, etc., esto implica un amplio potencial para el modelado matemático, la optimización multicriterio y la posterior automatización e implementación de tecnología informática. Aunque estos procesos representan un gran desafío para la tecnología actual, es seguro que estos factores fundamentales que subyacen a las operaciones militares ya son dominio de los sistemas informáticos avanzados y son ejecutados muchas veces más rápido por sus contrapartes electrónicas.

Transición a un sistema de mando y control apoyado por IA

Basándonos en una amplia experiencia operativa y en las previsiones sobre el desarrollo de la guerra moderna, existe una suposición lógica de que los campos de batalla futuros requerirán un nuevo concepto de mando y control (C2) en todos los niveles. La idea original detrás de esta afirmación fue presentada en 2008 como parte del proyecto DARPA Deep Green, inspirado en una supercomputadora para la toma de decisiones asistida por computadora en ajedrez de los años 90 (DeepBlue). Deep Green introduce una transformación fundamental del paradigma OODA (observar, orientar, decidir, actuar) en relación con el esperado aumento de la dinámica del campo de batalla, donde el enfoque OODA serial original puede llevar a retrasos significativos, especialmente en la comprensión y la predicción del desarrollo de la situación operativa, lo que tiene un impacto fatal en la efectividad de toda la operación.

El enfoque OODA actual es más reactivo que proactivo, lo cual resulta inadecuado en el contexto de un campo de batalla futuro dinámico y cambiante. Un enfoque proactivo consiste en la previsión iterativa de los movimientos enemigos, basada en una simulación táctica-física de una imagen compartida de la situación operativa. La mejora de la arquitectura del paradigma OODA se demuestra en la siguiente figura.


Foto: Transición del paradigma OODA serial a una versión paralelizada | Universidad de Defensa

La paralelización del ciclo OODA trae una pequeña revolución en el enfoque de la toma de decisiones militares y en la implementación de tecnologías avanzadas. Este enfoque también apoya una jerarquía de mando y control descentralizada, dando a los niveles inferiores de mando la capacidad de responder de manera flexible a los resultados de las simulaciones de juegos de guerra y a las amenazas derivadas de ellas en tiempo real, incluyendo una comprensión integral del contexto más amplio del campo de batalla y de las intenciones de los comandantes de niveles superiores, lo que lleva a una mejor conciencia situacional.

La conciencia situacional es crítica para la efectividad operativa y la dominancia en el campo de batalla del siglo XXI. Cuando se agrega la dimensión temporal necesaria para identificar configuraciones críticas futuras del campo de batalla al espacio de estados del mismo, este espacio se vuelve tan vasto que debe procesarse utilizando recursos informáticos de vanguardia y algoritmos avanzados dentro de la categoría de inteligencia artificial. Aunque se ha trabajado mucho en la implementación de la inteligencia artificial en el análisis operativo, la evaluación y la planificación de escenarios tácticos, la complejidad del campo de batalla moderno todavía presenta muchos desafíos, muchos de los cuales no pueden resolverse con recursos informáticos estándar en el futuro previsible. Su implementación práctica depende de las esperanzas puestas en la investigación futura relacionada con las computadoras cuánticas.

El papel de la autonomía y la automatización en la guerra

La autonomía y la automatización jugarán inevitablemente un papel crucial en las operaciones militares futuras. Esto cambiará fundamentalmente el arte operacional y la táctica, y estará plenamente integrado en el mando y control en muchas áreas. Los sistemas autónomos permitirán realizar misiones complejas con mayor eficiencia, menores costos económicos y menor riesgo para el personal humano. Sin embargo, esto abre una nueva dimensión de desafíos y problemas que los departamentos de defensa nunca han enfrentado antes. Los ejércitos que lleguen tarde a dominar esta transformación podrían fácilmente quedar "descalificados" tanto del campo de batalla futuro como de la cooperación con socios significativamente más avanzados.

Uno de los principales problemas radica en la gestión efectiva de un número extremo de entidades tácticas, particularmente en un entorno con comunicaciones limitadas (denegadas). Este problema lleva a promover tecnologías avanzadas de control autónomo, arquitecturas organizativo-control distribuidas y la introducción de plena autonomía en algunas áreas del despliegue operativo de tecnologías de defensa. Sin embargo, este paso requiere una cuidadosa consideración de las implicaciones éticas, legales y operativas, incluyendo asegurar que la integración de autonomía y automatización sea consistente con los valores y objetivos sociales establecidos, lo que puede limitar significativamente la efectividad final de determinadas tecnologías y sin duda será objeto de mucho debate y compromiso.

Uno de los componentes clave de este proceso es generar confianza en las tecnologías avanzadas, especialmente los sistemas autónomos, mediante exhaustivas pruebas y evaluaciones operativas (OT&E). El sector militar suele ser altamente conservador, y construir confianza en tecnologías nuevas y revolucionarias lleva tiempo. Cualquier error o fallo puede resultar en un serio retraso en el proceso de implementación o en el rechazo de la tecnología seleccionada, lo que se agrava por las perspectivas menos prometedoras en el área de recursos humanos en muchos ejércitos. En cualquier caso, la automatización integral de sistemas, componentes y recursos militares, incluido el mando y control, parece inevitable para sobrevivir en el campo de batalla del futuro.

Cooperación internacional

La cooperación internacional y la estandarización en el ámbito militar son esenciales para crear un marco coherente y eficaz para operaciones multinacionales conjuntas, ya que las coaliciones de estados más débiles generalmente no tienen otra forma de contrarrestar eficazmente a un enemigo más fuerte. Organizaciones como la OTAN han profesionalizado estos esfuerzos, desarrollando normas, procedimientos y tecnologías estandarizadas que los países miembros se han comprometido a seguir, facilitando así la interoperabilidad y cooperación mutuas. Sin embargo, lograr incluso una estandarización básica es un proceso complejo y largo que implica muchos obstáculos. A pesar de estos desafíos, la búsqueda de estandarización en la cooperación militar internacional sigue siendo una prioridad clave y continuará siéndolo en el futuro, ya que fortalece significativamente la capacidad colectiva de los ejércitos en coalición para responder de manera coordinada y eficaz a los desafíos de seguridad global.

Conclusión

Los resultados de los avances tecnológicos actuales indican que los campos de batalla futuros probablemente diferirán significativamente del concepto tradicional de "línea del frente" del entorno operativo moldeado por enfoques doctrinales y factores geográficos y climáticos del siglo XX. Al observar las tendencias y previsiones actuales centradas en la eficiencia y la “economía” de la guerra, podemos esperar que el campo de batalla futuro integre una enorme cantidad de sistemas tecnológicos avanzados con importantes vínculos con el dominio operacional cibernético y un desbordamiento hacia las áreas de operaciones informativas y psicológicas.

Estos factores inevitablemente llevarán a la transformación de un entorno operacional altamente dinámico y complejo en el que podemos esperar un aumento de las amenazas no convencionales, el surgimiento de actores no estatales, una hibridación más intensa de las guerras futuras, una combinación de conflictos simétricos y asimétricos, y la rápida expansión del campo de batalla no solo a países vecinos sino también a estados más distantes gracias a la interconectividad global.

Además, la probabilidad de un conflicto global crece constantemente, y con el desarrollo del entorno de seguridad global, no parece haber una reversión inminente de esta tendencia. Esto conduce a una necesidad sin precedentes de desarrollar fuerzas armadas que respeten los principios de alta flexibilidad, avance tecnológico y enfoques no convencionales para resolver los desafíos futuros. Dado que gran parte del segmento de tecnología militar se superpone significativamente con las aplicaciones civiles, existe una fuerte suposición de que los avances en tecnología militar influirán rápidamente en las áreas civiles y viceversa, es decir, que el aumento de los presupuestos de defensa debería tener un impacto positivo secundario en la sociedad en su conjunto.

La experiencia histórica muestra claramente que el grado de diferencia en la sofisticación de las tecnologías utilizadas determina el resultado. Si la diferencia es tan grande que no puede compensarse de ninguna manera —por ejemplo, mediante superioridad numérica o un entorno operativo favorable—, entonces el ganador se decide de antemano. Es natural que todo ejército que se tome en serio su misión quiera seguir este camino, razón por la cual las tecnologías avanzadas se han convertido en una de las áreas centrales de competencia entre los ejércitos avanzados del mundo, y el Ejército Checo no debería quedarse al margen.

Autor: coronel Jan Mazal, teniente coronel Jiří Novotný