
Arqueología del campo de batalla en Malvinas
Sebastian Avila
@ClamaelViento
A pocos días del 2 de abril, fecha central en la memoria colectiva argentina por el inicio de la Guerra de Malvinas, se presenta un trabajo que combina arqueología, ciencia y testimonio para profundizar en el conocimiento del conflicto desde una perspectiva única. Esta investigación, desarrollada por un equipo interdisciplinario argentino, busca entender cómo se vivió y resistió el combate en el terreno, particularmente en el Monte Longdon, epicentro de algunos de los enfrentamientos más feroces de la guerra. Desde la vivencia directa de los soldados bajo bombardeo, hasta el análisis científico de los vestigios que aún persisten en el suelo isleño, el estudio ofrece una lectura renovada del impacto físico y emocional que dejó el conflicto.
La artillería británica fue responsable de la mayoría de las bajas terrestres argentinas durante la guerra. En este contexto, los soldados soportaron durante 45 días un hostigamiento constante desde tierra, mar y aire, una experiencia que dejó marcas físicas, psicológicas y materiales. Uno de los conceptos centrales vinculados a este fenómeno es el “shell-shock”, término acuñado en la Primera Guerra Mundial para referirse al trauma psicológico producido por los bombardeos, y cuya traducción puede entenderse como "conmoción por bombardeo".
Hoy, las Islas Malvinas conservan las cicatrices de aquellos días en forma de cráteres sin vegetación, pozos donde solo persisten la turba y fragmentos de metralla. En noviembre de 2023, el equipo de investigación argentino llevó adelante un relevamiento en el Monte Longdon, registrando 61 rasgos asociados a artillería y 158 posiciones de combate. Al cargar estos datos en un Sistema de Información Geográfica (SIG), se pudo realizar un análisis de concentración de fuego con gradientes de calor, similar a los utilizados en meteorología. Estos mapas permiten observar las zonas donde el combate fue más intenso, aunque no pueden atribuir con certeza los impactos a un bando u otro.
Durante las tareas de campo también se hallaron restos de metralla y municiones sin detonar, que fueron georreferenciadas y reportadas a las autoridades locales para su posterior neutralización. En cuanto al sistema defensivo argentino, el análisis de las posiciones revela la lógica de los rangos de tiro, siempre condicionados por el tipo de armamento, la topografía, la visibilidad y el clima extremo.
Aunque los estudios continúan, los resultados preliminares ya destacan el valor del enfoque arqueológico para comprender mejor la dinámica del conflicto. Esta metodología no solo reconstruye tácticas militares, sino que también abre una puerta al diálogo entre ciencia, memoria y sociedad. A futuro, este tipo de investigaciones podría extenderse a otros escenarios de combate del conflicto, contribuyendo a una visión más integral desde la ciencia social y el testimonio histórico.
Este trabajo se enmarca en un esfuerzo por recuperar la memoria de los caídos, honrar a los veteranos y aportar, desde el conocimiento científico, al entendimiento profundo de un episodio que marcó a generaciones. Desde la arqueología bajo bombardeo, el Monte Longdon vuelve a hablar.
- "Cuando llovían los bombazos me caía arcilla de turba en el casco. Ahí me comí el rosario bendecido"
- La artillería británica provocó la mayoría de las bajas terrestres argentinas en la Guerra de Malvinas.
- Aquí te contamos qué dice la Arqueología sobre sus vestigios.
"Shell-shock" fue un término creado tras la Primera Guerra Mundial para describir el estrés postraumático de los combatientes. Su traducción puede ser: "conmoción por bombardeo".
En Malvinas nuestros soldados resistieron 45 días de hostigamiento continuo desde la tierra, el mar y el aire.
En la actualidad, las Islas Malvinas se encuentran plagadas de cráteres donde no crece vegetación alguna. En estos pozos de muerte solo sobreviven la turba y la metralla.
Durante noviembre de 2023, nuestro equipo mapeó el Monte Longdon en donde se logró registrar 61 rasgos de artillería y 158 posiciones de combate.
Al volcar estos datos en un Sistema de Información Geografía se realizaron análisis de proximidad similares a los que realiza la meteorología. Allí se observa la concentración del fuego de artillería (gradiente azul a rojo) en relación a las posiciones argentinas (amarillo).
Si bien no resulta posible distinguir los rasgos generados por la artillería argentina o británica, estos mapas permiten observar las zonas donde existió una mayor concentración de fuego y donde el combate fue más encarnizado.
Allí se hallaron restos de la metralla que los cañones hicieron llover sobre Longdon, sembrando sus laderas de muerte y destrucción.
También se halló munición sin estallar, la que fue georreferenciada y sus coordenadas enviadas a las autoridades isleñas para su posterior detonación.
En cuánto al sistema defensivo argentino, la ubicación de las posiciones permitió establecer los rangos de tiro, condicionados por el tipo de arma, la visibilidad y el clima.
Si bien los datos obtenidos continúan siendo analizados por el equipo, los resultados preliminares anticipan el potencial del análisis arqueológico para una mayor comprensión de la dinámica del conflicto.
Este tipo de investigaciones, junto a sus protagonistas tanto argentinos como británicos, pueden extenderse en el futuro a los distintos campos de batalla que tuvo la guerra.
A horas del 2 de abril, presentamos aquí parte del aporte que la Arqueología y las Ciencias Sociales pueden realizar al conocimiento de la guerra. Por la memoria de nuestros caídos y de sus familias, por nuestros queridos veteranos y desde la ciencia argentina bajo bombardeo.
