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jueves, 2 de abril de 2026

Malvinas: El 2 de Abril


El 2 de abril y el plan que cambió la historia argentina: cómo se gestó y ejecutó la recuperación de las Islas Malvinas

El 2 de abril de 1982, Argentina le puso fin a la usurpación británica en las Islas Malvinas y, como si eso no fuera poco, desafió -aún con desventaja de medios- a una de las mayores potencias del mundo. ¿Qué ocurrió en aquella jornada que marcó para siempre el ADN nacional?

Por Patricia Fernández Mainardi || Infobae




Además, había que ganarle al invierno. Por eso, en pocos días, se creó una Fuerza de Tareas Anfibia: hombres del Ejército y de la Armada, con buques y equipos de guerra, debían estar listos para desafiar las indómitas aguas del Atlántico en una audaz operación (Fotos: archivo DEF)

En Argentina, el otoño ya se había instalado. Corría 1982 y, como suele pasar en esos meses en Buenos Aires, los días eran cálidos y agradables. Faltaba poco para Semana Santa, pero, en las calles, el tema dominante era la movilización convocada por la CGT para el 30 de marzo, bajo la consigna “Paz, pan y trabajo”.

Dentro de los edificios del Estado, la palabra “paz” estaba lejos de ser protagonista. Por entonces, el 26 de marzo, y en el ámbito reservado del poder, la Junta Militar tomó una decisión que marcaría un antes y un después en la historia de nuestro país: ordenar a las Fuerzas Armadas la recuperación de las islas Malvinas, usurpadas por el Reino Unido desde 1833. Tenían pocos días, apenas una semana para llevar adelante la operación.

El día D también fue definido en ese encuentro: la noche del 1 de abril. Aunque, considerando que se esperaba mal tiempo en el Atlántico Sur, los movimientos podrían demorarse uno o dos días más. Además, había que ganarle al invierno. Por eso, en pocos días, se creó una Fuerza de Tareas Anfibia: hombres del Ejército y de la Armada, con buques y equipos de guerra, debían estar listos para desafiar las indómitas aguas del Atlántico en una audaz operación. Convocados en la más estricta reserva, los protagonistas sellaron un compromiso inquebrantable: no revelar, bajo ninguna circunstancia, la misión que estaban por emprender.

Finalmente, el mal tiempo definió la fecha final: la operación, bautizada en un inicio como “Azul”, se agendó para la noche del 2 de abril. Además, la misión fue clara: los efectivos militares debían doblegar toda resistencia, tomar la gobernación y Puerto Argentino, y asegurar el aeródromo, llave vital para consolidar la presencia argentina en el archipiélago. ¿Qué pasó entonces?

El 2 de abril de 1982, la operación “Rosario” cumplió su cometido con una eficacia casi quirúrgica

Misión cumplida: ¿qué ocurrió el 2 de abril en las islas Malvinas?

En la madrugada del 2 de abril de 1982, a las 00:30, se inauguró una nueva etapa de la historia argentina. A cuatro kilómetros de Puerto Argentino, las sombras cobraron vida: las tropas especiales de la Armada avanzaron, silenciosas para reducir a los marines británicos y terminar así con la usurpación.

Tres horas más tarde, desde las profundidades del Atlántico Sur, emergieron los buzos tácticos (a bordo del submarino ARA “Santa Fe”). ¿El motivo? Asegurar el faro y allanar el camino para la llegada del buque de transporte “Cabo San Antonio”, con los hombres del Batallón de Infantería de Marina 2 y los del Regimiento de Infantería 25. Estos soldados, sin titubeos y con total profesionalismo, avanzaron sigilosos hacia el aeródromo y lo tomaron. Luego, marcharon sobre Puerto Argentino y cercaron la gobernación desde el este. Al mismo tiempo, los buzos tácticos convergieron desde el oeste. Fue una coreografía precisa de absoluta estrategia. Los militares se movían conscientes de que en ese momento no había margen de error ni lugar para la emoción; los sentimientos llegarían luego, al ver flamear la bandera argentina en las islas Malvinas. Lo que siempre debió haber sido.

El 2 de abril de 1982, la operación “Rosario” cumplió su cometido con una eficacia casi quirúrgica. Para las siete de la mañana, el aeródromo ya estaba bajo control argentino y el puente aéreo, en funcionamiento. A las 9:15, el gobernador Rex Hunt se rindió. En cuestión de horas, las Fuerzas Armadas protagonizaron momentos clave para la soberanía argentina.

Un dato: la operación pensada por la Junta Militar para recuperar las islas Malvinas, inicialmente, llevó el nombre de “Azul”. Pero, luego, se decidió que debía llamarse “Rosario” en honor a la Virgen, pues, en el año 1806, en tiempos de la reconquista de Buenos Aires, Santiago de Liniers le rezó a ella para vencer al enemigo británico. Por eso, los trofeos de guerra obtenidos en aquella oportunidad hoy acompañan a la imagen de María en el Convento Santo Domingo. Al igual que en aquellos años (y que en Vuelta de Obligado), en Malvinas, Argentina volvía a enfrentar a los ingleses.

Tras la usurpación británica, las razones del reclamo argentino

“Las islas Malvinas” es un texto de Paul Groussac que data de comienzos del siglo XX. En sus páginas, el escritor francoargentino fundamenta los derechos argentinos sobre el archipiélago. De hecho, cuando –desde el Congreso Nacional– le pidieron que se encargase del compendio para difundirlo en las escuelas, Groussac escribió: “A la Argentina, esta evidencia de su derecho”.

Para el desembarco, el Regimiento 25 organizó a una de las compañías más emblemáticas del Ejército, la “C”

En su investigación, relata que, a raíz de una expedición del militar francés Louis Antoine de Bougainville –quien instaló una colonia en las Islas–, España reivindicó las Malvinas y el marino debió desmantelar las reducidas instalaciones. De acuerdo con Groussac, el gobierno español consideraba al archipiélago como dependencia de sus dominios continentales.

“Este derecho superior invocado por España y reconocido por Francia es el eje mismo del litigio que, opuesto 17 años antes (1748) a una veleidad de ocupación de las Malvinas por Inglaterra, había bastado para detenerla.. Dicha conexión geográfica y geológica se ha vuelto hoy una noción trivial, admitida en las obras de más alta autoridad científica” (sic), explica Groussac a favor del reclamo argentino.

Años después, en 1828, asumió como gobernador argentino en las Malvinas Luis Vernet. Su objetivo fue fundar una colonia, por eso se organizaron expediciones y se instalaron familias y gauchos (para el manejo de ganado). Pero la iniciativa no prosperó y el funcionario debió precipitar su salida: tras la captura de tres embarcaciones de Estados Unidos por pesca ilícita, el capitán Silas Duncan desembarcó con el USS Lexington en Puerto Soledad, con la orden de proteger los derechos de los norteamericanos “que pesquen y comercialicen”, redujo a las autoridades y destruyó la colonia.

Más tarde, el gobierno de Buenos Aires –en un decreto del 10 de septiembre de 1832– nombró a Juan Mestivier como comandante interino de las Malvinas. También duró poco: fue asesinado en un motín que tuvo lugar poco tiempo antes de la usurpación de las Islas por parte del Reino Unido, hecho que ocurrió el 3 de enero de 1833. Desde entonces, Argentina denuncia la usurpación y reclama sus derechos sobre las Malvinas.

Un detalle: la esposa de Mestivier dio a luz a su único hijo en las Malvinas; el niño se convirtió –junto con otros, como Malvina Vernet y Sáez– en uno de los pocos argentinos nacidos en ese territorio antes de 1833.

Coronel Daniel Esteban: “Una sola compañía iba a desembarcar el día de la operación”

Para reconstruir la recuperación de las islas Malvinas, DEF dialogó con Carlos Daniel Esteban, coronel retirado del Ejército Argentino y secretario de Ciencia, Tecnología e Innovación en la Universidad de la Defensa (UNDEF). ¿El detalle? El coronel, además de haber sido uno de los protagonistas de la Operación “Rosario”, fue distinguido con la medalla “La Nación Argentina al Valor en Combate”, una de las máximas condecoraciones que entregó el país para reconocer a quienes se destacaron por sus méritos, valor y heroísmo en defensa de la Patria.

En otoño de 1982, Esteban apenas era un joven teniente primero del Regimiento de Infantería 25 (con asiento de paz en la localidad chubutense de Colonia Sarmiento, provincia de Chubut) cuando fue convocado para vivir un momento histórico junto a otros oficiales, suboficiales y soldados que participaron del desembarco del 2 de abril. “Nosotros no teníamos ninguna información de que se estaban por iniciar las operaciones para recuperar la soberanía de Malvinas. El teniente coronel Seineldín, jefe del Regimiento, había viajado a Bahía Blanca y a él le habían dado algún tipo de orden preparatoria o información previa. Mientras, con nuestros soldados, seguíamos con la instrucción habitual de siempre”, relata, antes de describir que, al regresar, Seineldín los reunió a todos: “Una sola compañía iba a desembarcar el día de la operación. Las otras iban a llegar después, por modo aéreo. Además, nos pidió estricto secreto; incluso con nuestras familias. Y, por supuesto, hacia abajo en la cadena de comando, nada. Nuestros suboficiales y oficiales se enteraron de la operación cuando estábamos embarcados”.

En la madrugada del 2 de abril de 1982, a las 00:30, se inauguró una nueva etapa de la historia argentina

Los soldados más calificados para recuperar las islas Malvinas

Para el desembarco, el Regimiento 25 organizó a una de las compañías más emblemáticas del Ejército, la “C”. No tenían armas pesadas, pero sí contaban con los mejores soldados, suboficiales y oficiales. Estaba conformada por tres secciones: “La idea es que la única compañía del Ejército que iba a desembarcar representase a todo el Regimiento. Para eso, se eligió a una sección de cada una de las compañías de la Unidad”.

De esa manera, los mejores efectivos fueron los elegidos para integrar las secciones que participarían de la operación: “La del subteniente Roberto Oscar Reyes, que era de mi compañía. Luego, la del subteniente Juan José Gómez Centurión, de la Compañía B; y, finalmente, la del teniente Roberto Estévez –fallecido en Malvinas–, que era de la compañía A”.

Sobre la orden que habían recibido, el coronel es contundente: debían desalojar a los Royal Marines y, posteriormente, esperar la llegada de una fuerza de seguridad. Luego, regresaban al continente.

¿Por qué el Regimiento 25 había sido el elegido para protagonizar aquel histórico momento? “Creo que por el prestigio y porque estaba cerca de la zona. Además, son tropas que están aclimatadas al frío y al viento”, responde el oficial, al tiempo que rescata que, además, la cúpula del Ejército había decidido enviar a sus mejores oficiales al sur: “Eso lo hizo el general Galtieri, porque sabía lo que iba a pasar. Nosotros no”.

Finalmente, los efectivos del 25 partieron hacia las Malvinas. Antes de dejar el continente, el comandante de la Fuerza de Desembarco, el contraalmirante Carlos Alberto Büsser, los arengó: “Nos pidió, dentro de lo posible, cumplir con la misión sin generar daños innecesarios. Lo llamó una operación incruenta”.

Con el aeródromo asegurado por los efectivos del Ejército, un Hércules C-130 de la Fuerza Aérea Argentina pudo llegar a las islas Malvinas con el objetivo de establecer el puente aéreo con el continente

A bordo del buque de la Armada, se escuchaba la bravura del mar. Sin embargo, relata Esteban, los efectivos estaban orgullosos. “Uno sentía el peso de la importancia de lo que íbamos a hacer. Pero los más experimentados teníamos la responsabilidad de pensar otras cosas y, a su vez, cuidar el bienestar de los subalternos”, recuerda.

Finalmente, los del 25 pudieron desembarcar: “A las 6 de la mañana, los comandos anfibios estaban llegando a la costa. Salimos con lanchones para arribar a lo que iba a ser la zona del aeropuerto”.

Así desembarcó la Armada

Además, tiempo atrás, DEF pudo dialogar con el capitán de navío retirado (y veterano de guerra de Malvinas) Bernardo Schweizer, quien, en 1982, tenía 24 años y el grado de teniente de corbeta. Él, junto al cabo principal Sequeira, fue el primer argentino que desembarcó en las Islas durante aquella madrugada histórica de 1982.

“La navegación fue muy dificultosa. Pero, de cualquier manera, llegamos a un punto en el que yo, con el único visor nocturno que teníamos, divisé la línea de olas adelante, a unos 100 metros, y decidí pasar al kayak, junto a Carlos Sequeira”, comenta y agrega que pensó que “por una bengala” había sido descubierto.

“La técnica en esa circunstancia es agacharse, ofrecer la menor silueta. Así que los dos nos tiramos hacia delante sentados, digamos, doblando el torso, y yo continué mirando a ver de dónde podían venir los tiros, porque a partir de eso era cuestión de segundos, pero no pasó nada”, cuenta y agrega que, inmediatamente, ambos buscaron llegar a las playas con la mayor rapidez posible para evitar ser detectados: “En ese momento, dije: ‘Mejor llegar vivo, antes que llegar muerto y tarde’”.

El Hércules C-130 de la Fuerza Aérea en las islas argentinas

Con el aeródromo asegurado por los efectivos del Ejército, un Hércules C-130 de la Fuerza Aérea Argentina pudo llegar a las islas Malvinas con el objetivo de establecer el puente aéreo con el continente.

El brigadier retirado Ernesto Osvaldo París, en aquel entonces teniente de la Fuerza Aérea Argentina y con 26 años, recuerda que, en otoño del 82, les informaron a él y a otros 28 efectivos del Grupo de Operaciones Especiales (GOE) de la Fuerza que iban a participar de una misión secreta en el sur.

En diálogo con DEF, el oficial contó que llegó en el primer vuelo que aterrizó en el archipiélago tras haber recuperado las islas Malvinas. De acuerdo con su relato, cuando la aeronave tocó tierra, bajó la rampa de lanzamiento y los comandos del GOE debieron ser los primeros en descender. Por delante, estas fuerzas especiales tenían un gran desafío: protagonizar misiones de exploración y reconocimiento con el objetivo de conocer los movimientos británicos.

“Haber visto flamear la bandera en las islas me produjo una emoción tremenda”

“La Operación Rosario fue perfecta. Estuvo bien concebida. Fue conjunta, con movimientos navales, aéreos y terrestres. La planificación se dio como se la había pensado. Ejemplar. Por supuesto que, después, vinieron las improvisaciones, pero no fueron durante la Operación Rosario; llegaron después, cuando se dio lo de Plaza de Mayo”, explica Daniel Esteban.

“La Operación Rosario fue perfecta. Estuvo bien concebida. Fue conjunta, con movimientos navales, aéreos y terrestres. La planificación se dio como se la había pensado", cuenta Daniel Esteban (Fotos: archivo DEF)

Y, si bien esos militares aún tenían mucho por delante, cerraron la jornada con la más plena emoción: fueron los protagonistas del arrío de la bandera británica y del izamiento del pabellón argentino.

“El hecho de haber visto flamear la bandera en las islas me produjo una emoción tremenda e indescriptible. Estar en esa oportunidad, y compartirla al lado de mis compañeros y del subteniente Reyes y todos los hombres de su sección, fue un muy lindo momento, algo emocionante”, recuerda el teniente coronel retirado Abel Aguiar, quien también describe que los recuerdos de aquella jornada están grabados en su memoria: “Yo había llegado en el tercer Hércules al aeropuerto y, cuando descendimos de la aeronave, todavía se escuchaban disparos en la zona de la ciudad de Puerto Argentino. Para el momento en el que arribamos a la casa del gobernador de las islas, pude ver a los soldados ingleses prisioneros. Después de esos movimientos, preparamos la formación para el izamiento de la bandera. Ese día, se había trabado la driza del mástil y el subteniente Roberto Reyes se subió para poder resolver aquel inconveniente”.

Por su parte, el general (retirado) Roberto Reyes compartió con DEF el sentimiento en torno a la presencia de la celeste y blanca en Malvinas: “La bandera argentina es, de todos los símbolos nacionales, el más representativo. Representa a cada uno de los ciudadanos que habita este suelo y a cada uno de los lugares que compone nuestro territorio. Por eso, las islas Malvinas son parte de nuestro país, de nuestro territorio y de nuestro ser nacional”.


sábado, 28 de marzo de 2026

Doctrina militar: Diseño de una fuerza de planificación


Diseño de la Fuerza de Planificación

Entre el pensamiento científico, el pensamiento lateral y la imaginación: Una reevaluación


Haim Assa || Dado Center
 

“Es la lucha ancestral y desigual entre crítica y creación, ciencia y arte; la primera puede tener siempre razón, pero sin beneficio para nadie”.

Hermann Hesse, Bajo la rueda


Introducción

Con el paso de los años, la Investigación Operativa y el Análisis de Sistemas se han vuelto predominantes en los procesos de toma de decisiones sobre el diseño de las fuerzas armadas israelíes . Toda idea conceptual que se convierte en iniciativa práctica debe someterse a un proceso de evaluación analítica extenso, exhaustivo y sistemático. El propósito de este proceso es evaluar la viabilidad tecnológica, la utilidad y los beneficios esperados de la idea, así como otros tipos de evaluaciones que puedan servir de apoyo a los responsables de la toma de decisiones. Si bien se trata sin duda de un proceso importante, con el tiempo se ha convertido en un proceso decisivo, que prácticamente define el marco del discurso. Estos procesos analíticos sistemáticos también tienden a la cautela, es decir, priorizan, aunque sea de forma involuntaria, la reducción del riesgo sobre la maximización de las probabilidades de éxito.

Este artículo intentará esclarecer la conexión entre la tendencia mencionada y la conclusión de que las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) no están logrando diseñar una fuerza que responda a las amenazas que enfrenta Israel. En cada escalada de violencia, resulta evidente que las FDI utilizan los recursos a su alcance, en lugar de los que deberían tener.

Existe un consenso generalizado sobre la transformación de nuestro entorno, la naturaleza de los conflictos y muchas otras dinámicas. Sin embargo, los procesos de diseño de fuerzas de las FDI se han mantenido inalterados. En otras palabras, si bien el entorno y las amenazas han cambiado drásticamente, la planificación del diseño de fuerzas se ha aferrado a los mismos métodos matemáticos y científicos. En general, las FDI no consideran la necesidad de emplear la imaginación para generar una perspectiva que permita comprender el potencial existente del enemigo. Este artículo argumentará que la solución reside en una combinación de pensamiento lateral —en el contexto de las posibilidades que el enemigo pueda desarrollar y su potencial conceptual y tecnológico— junto con una metodología de investigación operativa cuya ventaja radica en la optimización local, un tipo de análisis relacionado con las misiones tácticas.

Cuando la optimización operativa se encuentra con la estrategia subversiva

El centro de gravedad de las amenazas contra Israel se ha desplazado de los Estados (con excepción de la amenaza iraní) a las organizaciones terroristas o guerrilleras. Como resultado de este cambio, surge la pregunta de por qué Israel no logra derrotar a las organizaciones enemigas (partiendo de la base de que este es su objetivo estratégico). Esta pregunta cobra mayor relevancia al analizar las enormes diferencias en inversión y las ventajas cuantitativas y de recursos de las que Israel disfruta en este tipo de conflictos. Al parecer, lo que ha sido, será. En los conflictos recientes, y previsiblemente también en los futuros, la falta de una victoria decisiva es una constante. En cierto momento, ambas partes se reúnen en el Consejo de Seguridad de la ONU y alcanzan un acuerdo para implementar un alto el fuego que no satisface a ninguna, y poco después, estos entendimientos se rompen y el conflicto se reanuda. Dentro del concepto de seguridad israelí, este ritual se conoce como el "concepto de rondas" o "gestión de conflictos".

Aparentemente, el conflicto se está gestionando. Sin embargo, desde una perspectiva amplia, la forma en que se gestiona consume numerosos recursos del Estado de Israel, principalmente en tres áreas: la vida humana, la economía y la gobernanza. Las interconexiones entre estos ámbitos crean una masa crítica que impone un coste sustancial a Israel en materia de seguridad nacional. A diferencia del ámbito de la seguridad, en su definición estricta, que se centra únicamente en cuestiones de seguridad, el ámbito de la seguridad nacional abarca múltiples dimensiones de todos los ámbitos: desde la sociedad hasta la economía, la infraestructura y la seguridad personal, pasando por la gobernanza; e incluye también la seguridad. Esta visión más amplia considera que este enfoque de gestión de conflictos por etapas perjudica los intereses generales del Estado de Israel. Esto se debe principalmente al temor de que la sensación de inestabilidad y escepticismo que probablemente resulten de nuevas rondas de violencia beneficie a las organizaciones terroristas, cuyo objetivo es subvertir el proceso de gestión de conflictos y la sensación de control inherente a él. De hecho, podríamos decir, de forma simplificada, que estas organizaciones tienen la función opuesta: erosionar la estabilidad. No solo eso, sino que las herramientas a su disposición son infinitamente más baratas, accesibles y fáciles de usar que las del Estado que gestiona el conflicto. Además, las bajas civiles que llevan a Israel a atacar a estas organizaciones, paradójicamente, las fortalecen: perjudican la imagen de Israel en el ámbito internacional y consolidan la posición de estas organizaciones en sus respectivos ámbitos internos. En esencia, en caso de guerra con Israel, lo único que estas organizaciones necesitan hacer es resistir el ataque israelí e intentar atacar a la población civil israelí. Este principio organizativo es más fácil, barato y eficiente que los intentos de Israel de atacar quirúrgicamente a grupos terroristas en zonas densamente pobladas por civiles inocentes.

Lo asombroso, y quizás lo más triste, es que Israel continúe haciéndolo, guerra tras guerra, debido a una ceguera persistente.

¿Qué significa derrotar decisivamente al enemigo?

Cualquier debate sobre seguridad nacional debe incluir el término «derrota decisiva» (Hachra'a en hebreo). Es bien sabido que el concepto de seguridad de Israel se compone de tres elementos básicos: disuasión, alerta temprana y derrota decisiva; recientemente se añadió un cuarto concepto: defensa. En este artículo nos centraremos en el término «derrota decisiva». Sostengo que una derrota militar decisiva significa: «Una campaña militar que culmina con la capacidad de una de las partes para imponer un acuerdo diplomático a expensas de la otra». El bando vencedor puede dictar la situación diplomática tras la guerra, y el bando vencido se ve obligado a aceptar estas imposiciones, consciente de que su rechazo acarreará consecuencias aún más graves. En realidad, desde la guerra de Yom Kippur de 1973, no se ha producido ninguna operación militar que haya conducido a una derrota decisiva, salvo quizás la Operación Escudo Defensivo en 2002, que terminó con una derrota militar decisiva, pero sin coacción diplomática posterior. En este mismo contexto, pero desde la perspectiva opuesta, también existe un estado de «ausencia de derrota decisiva». Esto significa que ambas partes llegaron a la conclusión de que habían agotado su capacidad para lograr nuevos avances o que la inversión necesaria para conseguirlos sería demasiado costosa y, por lo tanto, no merecería la pena. En consecuencia, recurrieron al Consejo de Seguridad y el conflicto terminó con un alto el fuego.

La dificultad de derrotar decisivamente al enemigo

¿Cuáles son los fenómenos que dificultan que un ejército regular nacional derrote de forma decisiva a una organización terrorista o guerrillera, como se logró en la Segunda Guerra Mundial o en la Guerra de Independencia de Israel de 1948? Señalaré cuatro fenómenos clave:

La primera es la falta de soberanía de las organizaciones terroristas o guerrilleras en el territorio del Estado donde operan. Carecen de una estructura gubernamental sólida y de centros de poder militar definidos que puedan ser identificados y atacados. Su principal capacidad radica en extorsionar a los Estados enemigos, principalmente a su población civil. Estas organizaciones, por lo general, no buscan capturar territorio para derrotar al Estado enemigo, sino continuar atacando a la población civil, incluso mientras se llevan a cabo negociaciones de alto el fuego en el Consejo de Seguridad de la ONU. Esto les permite controlar la decisión sobre cuándo cesarán la extorsión a la población civil. Así se desarrollaron los acontecimientos en 2006: la resolución de alto el fuego de la ONU, la Resolución 1701 del Consejo de Seguridad, entró en vigor solo después de que el representante de Hezbolá en el gobierno libanés diera su aprobación y solo después de que Hezbolá comprendiera que las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) estaban a punto de enviar grandes contingentes al Líbano. En el estado de debilitamiento militar en el que se encontraba la organización tras tres semanas de combates contra las FDI, prefirió aceptar un alto el fuego en los términos dictados por Israel.

El segundo fenómeno, el enfoque operativo de estas organizaciones —el ocultamiento, el camuflaje y el fuego rápido tanto hacia la población civil como hacia las fuerzas militares—, dificulta que las fuerzas armadas regulares las ataquen de manera eficiente y rápida y las obliguen a cesar su actividad armada.

El origen del tercer fenómeno reside en las diferentes perspectivas sobre las bajas civiles. Para una organización guerrillera o terrorista, el daño causado a civiles de su bando —civiles que viven en el mismo estado o civiles identificados con la organización pero que «no participan» militarmente— no constituye un fracaso. Más bien, es una forma de generar apoyo popular y fomentar la identificación con la organización, además de presentar al estado enemigo como un adversario común.

El cuarto y último fenómeno se relaciona con el motivo ideológico que propició la creación y la continua motivación de estas organizaciones terroristas y guerrilleras. Buscan alcanzar objetivos políticos mediante la violencia y, por lo tanto, mientras no sean derrotadas de forma decisiva y total, seguirán aferradas a sus valores fundacionales y continuarán recurriendo a la violencia. En consecuencia, incluso las derrotas locales decisivas no suponen una derrota política. Podemos observar, por ejemplo, la falta de una derrota decisiva contra Hezbolá y Hamás reflejada en los intentos de Israel por influir en la situación diplomática, a pesar de no haber logrado una victoria militar decisiva, en las dos retiradas unilaterales que tuvieron lugar.

Una inversión no rentable

Al parecer, la disciplina conceptual que determina que una victoria decisiva sobre el enemigo provocará su rendición ha perdido vigencia en la última década, por decirlo suavemente. Sin embargo, es prematuro concluir que este concepto esté obsoleto. En la planificación del diseño de fuerzas, también se debe considerar la posibilidad de que los enemigos estatales vuelvan a ocupar un lugar central. No podemos descartar la posibilidad de que una recuperación siria amplíe el abanico de amenazas que enfrenta Israel; por ejemplo, un alto el fuego podría permitir que el ejército regular sirio vuelva a representar una amenaza para Israel. Un Estado debe tener en cuenta una amplia gama de amenazas potenciales.

Dicho esto, retomaré el tema de la derrota decisiva del enemigo y lo relacionaré con la cuestión de la inversión. Anteriormente argumenté que la derrota decisiva de un ejército regular depende de dañar su centro de gravedad y destruir sistemáticamente su columna vertebral de mando: la fuerza aérea, los cuerpos blindados, las defensas antiaéreas, el mando y control, e incluso la captura y el control de territorio crítico. Durante la Guerra del Golfo, los estadounidenses añadieron un elemento adicional: el régimen gobernante, cuyo ataque podía provocar el colapso del propio Estado.

Esta perspectiva se complica al aplicarla a las organizaciones. Estas carecen de estructuras organizativas, sistemas jerárquicos y la presencia de estados mayores y niveles logísticos. En consecuencia, los ejércitos regulares se ven obligados a perseguir escuadrones de cohetes o guerrillas que constituyen objetivos de baja detectabilidad. Los intentos por mejorar las capacidades de inteligencia, reducir el tiempo necesario para «cerrar el ciclo entre sensor y tirador» y aumentar la potencia de fuego suelen arrojar resultados insatisfactorios. Además, controlar y capturar el territorio donde operan estas organizaciones no necesariamente pondrá fin al fuego contra Israel, ciertamente no en los plazos que Israel establece para el cese de las hostilidades de este tipo.

Debido a todo lo anterior, podemos argumentar que el nivel de inversión en bajas, presupuesto y desarrollo por parte de una organización guerrillera o terrorista para lograr sus objetivos estratégicos es mucho menor que el necesario para detener, neutralizar o derrotar decisivamente a dicha organización. Este problema se agrava directamente por el hecho de que, a medida que una organización guerrillera desarrolla y utiliza tecnología más antigua o primitiva, sus probabilidades de supervivencia aumentan al enfrentarse a fuerzas armadas regulares. Los misiles Qassam, de maniobra aérea, presentan costos de fabricación y uso insignificantes en comparación con la enorme inversión israelí en el sistema Cúpula de Hierro. El costo de construir túneles para Hamás, que constituyen una amenaza significativa para Israel, es insignificante en comparación con la inversión israelí en el desarrollo de sistemas para contrarrestar esta amenaza. Estos dos ejemplos demuestran lo que aparentemente cabe esperar en el próximo conflicto: organizaciones terroristas y guerrilleras capaces de desarrollar, con relativa rapidez y a bajo costo, desafíos operativos para Israel que requerirán una inversión mucho mayor para desarrollar una respuesta adecuada.

La diferencia entre la inversión que las organizaciones deben realizar para desarrollar sistemas con alta capacidad de supervivencia, capaces de causar daños significativos a Israel, y la inversión que Israel necesita realizar para desarrollar sistemas que neutralicen dichas amenazas es de al menos dos órdenes de magnitud. Por ejemplo, si el desarrollo del sistema Qassam costó alrededor de 10 millones de dólares, el costo necesario para desarrollar el sistema Cúpula de Hierro asciende a mil millones de dólares: una diferencia de dos órdenes de magnitud.

Esta brecha permite a las organizaciones participar en combates durante un período más prolongado del que Israel desearía. El abanico de  posibilidades operativas para estas organizaciones es enorme e ilimitado. Cualquier solución a los problemas de túneles o cohetes sin duda las obligará a buscar otro sistema de armas —económico , eficiente y rápido— y, si bien Israel dará una respuesta, esta llegará tras un largo período y una gran inversión. Además, la posibilidad de lograr una derrota decisiva se vuelve más remota en este caso. Las organizaciones conocen bien esta brecha y se basan en ella para evitar que un Estado enemigo las derrote de forma decisiva. Continuarán operando de la misma manera mientras Israel siga diseñando sus fuerzas a partir de la identificación de brechas, basándose en la experiencia adquirida durante hostilidades anteriores y en su propia percepción de la situación actual.

Es decir, mientras Israel continúe diseñando sus fuerzas basándose en las discrepancias entre su evaluación de la situación y sus capacidades existentes, siempre estará un paso por detrás o se encontrará permanentemente desequilibrado en relación con las capacidades del enemigo.

Diseño científico de la fuerza comparado con el pensamiento lateral de un líder de pandilla callejera

Las metodologías de diseño de fuerzas en Israel se basan en la discrepancia entre la evaluación de la situación israelí —de las amenazas que enfrenta— y las respuestas existentes a dichas amenazas. El estamento militar debe subsanar esta discrepancia mediante una planificación adecuada del diseño de fuerzas. La lógica que subyace a esta subsanación se denomina «lógica minimax»: una lógica cautelosa y calculada que determina que no se puede permitir ninguna oportunidad al enemigo y que es necesario realizar una optimización casi matemática para distribuir los recursos entre todas estas vulnerabilidades. Este concepto tiene su origen en la teoría de juegos. La lógica minimax nos garantiza que, entre los peores resultados posibles, obtendremos el menos grave. Sin esta lógica, una ruptura sería probable y, como consecuencia, nos veríamos obligados a afrontar posibilidades intolerables.

Parecería un proceso de pensamiento lógico y apropiado. Sin embargo, en realidad presenta un problema inherente: nos dedicamos a la optimización basándonos en eventos pasados ​​o en información parcial sobre las intenciones del enemigo. Mientras planificamos en función de nuestra experiencia, el enemigo ya está preparando una amenaza nueva y más económica, que en la mayoría de los casos inicialmente consideraremos una mera curiosidad o algo sin importancia. La diferencia entre una amenaza seria y una inofensiva radica principalmente en la estrategia de uso del enemigo, que se refleja en el nivel de uso y su naturaleza. El misil Sagger era bien conocido por las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) antes de la guerra de Yom Kipur. Su uso sorprendió a las FDI. Lo mismo ocurre con los túneles. Las FDI los conocían desde hacía una década antes de que se enfrentaran a la amenaza en combate, pero su conversión en un activo estratégico por parte de Hamás —numerosos túneles y capacidades ofensivas— sorprendió a las FDI.

El uso de cohetes y misiles es otro ejemplo. Ya en 1991, Saddam Hussein lanzó misiles Scud contra Israel. Muchos investigadores de operaciones predijeron antes de la guerra que no lanzaría misiles contra Israel por temor a una respuesta israelí contundente. Argumentaban que los beneficios esperados de lanzar varios barriles de explosivos —a veces incluso rellenos de hormigón en lugar de explosivos—, comparados con la dura respuesta israelí a los lanzamientos, lo disuadirían de hacerlo. Finalmente, Saddam lanzó 39 misiles contra Israel. Lo hizo porque reconoció una vulnerabilidad israelí: la población civil. Los misiles de hormigón de Saddam no estaban destinados a causar decenas o cientos de víctimas. Su función era perturbar la vida cotidiana de los ciudadanos israelíes, menoscabar su sensación de seguridad personal e interrumpir el funcionamiento continuo de los sistemas existentes. En esencia, Saddam pensaba que estos misiles tenían como objetivo generar una ventaja estratégica al desestabilizar la coalición occidental en su contra y unificar a la opinión pública árabe a su favor. Esta idea se popularizó y, por razones similares, las organizaciones terroristas se equiparon con numerosos cohetes y misiles de gran precisión que transportan explosivos convencionales. Esto generó un nuevo problema para Israel que requirió una enorme inversión.

Hasta hace veinte años, Siria solo contaba con unas pocas docenas de misiles de superficie. Durante ese mismo período, los investigadores encargados del diseño de fuerzas consideraban esta amenaza como de muy bajo nivel. Veían los cohetes como un problema limitado que posiblemente podría convertirse en una amenaza sustancial en el futuro, pero en aquel entonces existían amenazas mayores que requerían inversión. La mentalidad israelí se guía por herramientas de investigación operativa y sigue la lógica de invertir en lo que es claramente visible. Lo que el enemigo pueda hacer en el futuro tiene baja prioridad. El problema radica en los distintos procesos de pensamiento del enemigo, en su lógica diferente: elegiré algo que sorprenda a Israel y lo obligue a luchar durante un largo período, impidiendo que me derrote decisivamente, hasta que se imponga un alto el fuego. El proceso de pensamiento del enemigo no es militar. Es similar al de una organización criminal local: dos entran a un banco, otros dos distraen a la policía y luego todos escapan.

Ante este tipo de pensamiento, contamos con planificadores de fuerzas inteligentes y talentosos que utilizan modelos matemáticos para generar optimizaciones basadas en los tipos de conflicto a los que nos hemos acostumbrado. Estos organismos de planificación no logran comprender la mentalidad de los cabecillas del crimen organizado local. Esta enorme brecha solo puede superarse evaluando las diferentes proporciones de inversión que cada parte necesita para alcanzar sus objetivos. Peor aún, si estas dos líneas de pensamiento coexisten, los delincuentes seguirán teniendo ventaja, llegando a un alto el fuego impuesto sin que el Estado pueda derrotarlos de forma decisiva.

¿Dónde está el problema?

Normalmente podemos encontrar el final del hilo, pero no podemos estimar su longitud, importancia ni naturaleza. En otras palabras, podemos identificar el comienzo de una nueva amenaza para Israel, pero no somos capaces de estimar su verdadera importancia debido a nuestra adhesión al pensamiento y la planificación científica, o al pensamiento dirigido por la investigación operativa. Nos resulta difícil pensar como el líder de una pandilla callejera y, por lo tanto, nos sorprende el "ladrón" enemigo. Necesitamos liberarnos de nuestra esclavitud al pensamiento contable/de investigación operativa y empezar a pensar de forma "lateral". Pensar como ellos. Invertir en posibles situaciones que puedan surgir y que no sean las que ya hemos enfrentado.

El enfoque de la investigación operativa es relevante para evaluar los componentes de la fuerza en una misión definida, una vez que se conocen y definen todos los componentes del enemigo. Sin embargo, para obtener una visión completa, se requiere un enfoque diferente, innovador, centrado en el próximo movimiento del enemigo y en la decisión de invertir con anticipación para detenerlo.

El precio de este enfoque es evidente. Tras identificar el límite de la línea de defensa, necesitamos la capacidad de predecir los pasos lógicos que el enemigo podría dar, lo que obligará a Israel a realizar una inversión considerable para garantizar una cobertura integral, cuando en realidad es probable que no todos estos pasos se materialicen. Sin embargo, sigue siendo conveniente invertir en todas estas posibilidades. Incluso si el enemigo no ha renovado sus capacidades, crearemos un nuevo campo en el que tendremos una ventaja cualitativa preventiva, no como respuesta a una deficiencia, sino en un ámbito de capacidad operativa que nos permitirá tomar la iniciativa de una manera para la que el enemigo aún no ha desarrollado una respuesta adecuada. Y si el enemigo renueva sus capacidades, esta opción se habrá tenido en cuenta en la planificación del diseño de la fuerza. Este resultado es muy significativo e incluso podría permitir la derrota decisiva de un enemigo con capacidades organizativas limitadas.

Dado que el número de "extremos de hilo" no es grande, la inversión siempre valdrá la pena. La lógica que guía este proceso es la siguiente: ¿Cómo puede el enemigo utilizar las nuevas capacidades que surjan y aprovecharlas para convertirlas en una plataforma estratégica que le permita obtener logros (desde su perspectiva)?

El primer elemento de esta lógica consiste en evaluar la capacidad del enemigo para equiparse con armamento y entrenar a técnicos o combatientes en dichas tecnologías. Es evidente que los esfuerzos de inteligencia estatales se centran precisamente en este asunto, pero el punto crucial es el siguiente: incluso si no existen pruebas suficientes de que una nueva plataforma se convierta en un elemento ofensivo estratégico, pero existe la posibilidad de que se extienda hasta el punto de servir a Hamás o Hezbolá, la planificación del diseño de fuerzas debe tratar la amenaza como si dicha capacidad existiera y deben realizarse esfuerzos para neutralizarla lo antes posible.

Una y otra vez, el largo período de tiempo que Israel tarda en encontrar una respuesta a los nuevos acontecimientos de las organizaciones permite a estas resistir, evitar una derrota decisiva y crear una situación en la que Israel prefiere un alto el fuego.

La capacidad de una organización enemiga para sorprender y reorganizarse podría convertirse en un arma de doble filo si el diseño de las fuerzas de las FDI logra reducir la preponderancia del enfoque científico tradicional en sus procesos de planificación. No toda inversión en el diseño de fuerzas requiere pruebas físicas y de inteligencia sólidas, como las exigidas en un juicio penal. El enemigo no es inocente hasta que se demuestre su culpabilidad, y su inclinación natural es aprovechar cualquier oportunidad tecnológica para dificultarnos las cosas, sin restricciones organizativas ni procesos de minimización de riesgos ni estudios de viabilidad. El pensamiento y la imaginación son fundamentales, y debemos derivar de ellos las vías de inversión para el diseño de fuerzas. Si bien hemos aprendido que se necesitan pruebas sólidas —base de toda ciencia, excepto la ciencia de la guerra— , en la guerra hay lugar para el pensamiento lateral, que suele ser decisivo.

Conclusión

Invertir en soluciones para nuevos desafíos innovadores, con los que el enemigo pretende sorprendernos, tiene valor estratégico incluso si resulta que Israel invirtió en estrategias ilusorias. La capacidad de Israel para neutralizar el factor sorpresa del enemigo al inicio de las hostilidades también reviste una enorme importancia para su capacidad de derrotarlo decisivamente.

La posibilidad de lograrlo no reside en los procesos de diseño de fuerzas basados ​​en la investigación operativa, sino en aquellos que se fundamentan en la capacidad de imaginar y de pensar como el adversario. El personal involucrado en estos procesos debe adaptarse a una forma de pensar basada en una profunda comprensión de la lógica del sistema enemigo: la lógica del líder de una banda callejera de ladrones. Deben centrarse en cómo las organizaciones que piensan como una banda callejera conciben el éxito en un conflicto contra un Estado. Existe una considerable similitud entre este nuevo mundo y el ciberespacio. El análisis de las posibles acciones del enemigo resulta más apropiado para los «hackers» que para los intelectuales del ámbito académico. Las herramientas de la investigación operativa son cruciales para el diseño de fuerzas, pero no son las óptimas ni las más relevantes para los contextos estratégicos y operacionales. Debemos limitar su uso a los casos en que la misión esté claramente definida y se conozcan la mayoría de los aspectos clave.

[1]  El teniente coronel (res.) Dr. Haim Assa es el jefe del laboratorio de simulación Simlab en el Taller Yuval Ne'eman de Ciencia, Tecnología y Defensa de la Universidad de Tel Aviv.

sábado, 24 de enero de 2026

Dinamarca: Los planes para defender Groenlandia

Dinamarca se prepara para un posible conflicto por Groenlandia: ¡Buena suerte con eso! 

@ChrisO_wiki
 

 

Dinamarca se estaba preparando para enfrentarse militarmente con Estados Unidos por Groenlandia, según informes de medios escandinavos. Alrededor de 1.000 soldados daneses y una fragata equipada con capacidades antibuque y antiaéreas están siendo enviados a Groenlandia, con órdenes permanentes de combatir fuerzas invasoras.

Antes de que Donald Trump retrocediera aparentemente tras la reciente cumbre de Davos, Dinamarca tenía previsto enviar esos 1.000 soldados a Groenlandia a lo largo de 2026. Unos 300 ya llegaron a Kangerlussuaq y Nuuk, y fueron reforzados por una unidad francesa de infantería de montaña.

Dinamarca también desplegó la fragata Peter Willemoes, con capacidades avanzadas antiaéreas y antibuque, para patrullar la costa oeste de Groenlandia. Esto permitió liberar a los patrulleros de clase Thetis, aptos para operar en el hielo, para que se acercaran más a la costa.

Los medios públicos danés (DR) y sueco (SVT) informaron que las tropas fueron equipadas con munición real, y que “Dinamarca estaba preparada para enfrentarse militarmente si, en el peor de los casos, Estados Unidos atacaba Groenlandia”.

Una orden emitida a las tropas señalaba que debían “reforzar la capacidad de ejecutar el plan de defensa para Groenlandia lo antes posible”, lo que llevó a un despliegue acelerado bajo el marco de un ejercicio denominado Arctic Endurance.

DR señaló que “había una amplia voluntad política de combatir si ocurría un ataque estadounidense. No solo dentro del gobierno danés, sino también entre varios partidos opositores, tanto de izquierda como de derecha”.

Si bien se reconoce que Dinamarca difícilmente podría derrotar a EE.UU. en un conflicto directo, “el análisis era que debían tener un plan para ese escenario, y que querían elevar el costo político para el presidente estadounidense en caso de que optara por la vía militar”.

Arctic Endurance es una operación por fases cuyo objetivo es reforzar “la presencia y el nivel de actividad en Groenlandia para demostrar la voluntad y la capacidad de defender la soberanía e integridad territorial del Reino”. Se podrían desplegar más tropas y capacidades en el futuro.

Entre las fuerzas danesas desplegadas se encuentran infantes del Regimiento de Dragones de Jutlandia; zapadores del Regimiento de Ingenieros de Skive, especializados en construir posiciones defensivas; y aviones de combate F-35, que patrullaron Groenlandia por primera vez.

También participaron tropas avanzadas y soldados de otros aliados europeos de la OTAN, incluyendo Suecia, Noruega, Finlandia, Francia, Alemania, Países Bajos y el Reino Unido. Todos ellos fueron amenazados brevemente por Trump con aranceles debido al despliegue, aunque luego se retractó.

Según SVT, la operación “se asemeja a una tradicional operación de disuasión, donde se incrementa el nivel de preparación militar por un período determinado, según personas con conocimiento del tema”.

Pero lo que la distingue de otras operaciones similares es que también busca enviar señales a Estados Unidos, y no solo a Rusia y China. Las tropas, según fuentes danesas, recibieron munición real y órdenes permanentes de combatir invasores.

Dinamarca solicitó ayuda a Suecia a comienzos de la semana pasada, lo que llevó al liderazgo militar sueco a designar rápidamente oficiales de planificación tras consultar con su gobierno. Suecia afirma que planea seguir colaborando con los daneses.

El profesor danés de estudios de guerra, Sten Rynning, declaró: “Nunca en mi vida imaginé que llegaríamos al punto de ver soldados daneses participando en un ejercicio con munición real como parte de un plan de defensa, simplemente porque políticamente se sintiera la necesidad de disuadir a Estados Unidos”.

Fuentes consultadas:
🔹 TV2 Dinamarca
🔹 DR Dinamarca
🔹 SVT Suecia

domingo, 27 de julio de 2025

Argentina: Panorama del EMCO sobre la planificación y adquisiciones para la defensa


El Brigadier general Xavier Julián Isaac comenta los próximos pasos en materia de defensa



En una extensa entrevista al medio Def Online, el brigadier general Xavier Julián Isaac, jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas (EMCO) de Argentina, ofreció detalles sobre la operación “Roca”, los planes estratégicos en curso y la modernización del aparato militar nacional. Isaac destacó el rol clave del EMCO en la coordinación de todas las operaciones militares conjuntas del país, actuando con los recursos de Ejército, Armada y Fuerza Aérea bajo lineamientos del Ministerio de Defensa.

Operación “Roca”: control fronterizo con tecnología

La operación “Roca” tendrá como objetivo la vigilancia y el control de las fronteras del norte argentino, especialmente en áreas geoestratégicas alejadas de núcleos urbanos, con pleno respeto al marco legal. Isaac aseguró que no habrá violaciones a la ley y que se han mantenido reuniones con fiscales y jueces para garantizar el cumplimiento de las normas.

El operativo será liderado por el Comando de Operaciones Conjuntas, con protagonismo del Ejército, y se utilizarán medios tecnológicos avanzados como drones, reconocimiento aéreo y cámaras personales (tipo GoPro) para registrar todas las acciones. La diferencia con operativos anteriores radicará en la magnitud del despliegue y el uso intensivo de tecnología, incluyendo un enlace directo con el Centro de Comando y Control y conexión con la fiscalía para eventuales intervenciones.

Modernización, equipamiento y salarios

Isaac explicó que se trabaja en la incorporación de nuevas tecnologías, con especial énfasis en drones (UAV clase 1, 2 y 3), ciberdefensa y adquisición de armamento liviano. También se mantiene el Plan de Adquisición de Munición Plurianual y se centralizan los requerimientos de las Fuerzas para lograr sinergia y eficiencia en las compras.

En el aspecto económico, adelantó que se está revisando la Ley del Personal Militar para incluir suplementos salariales y se gestionan créditos hipotecarios a bajas tasas junto al IAF y el Banco Nación. La mejora de las condiciones de vida y trabajo del personal, especialmente de los rangos más bajos, es una prioridad.


Salarios, reclutamiento y baja de personal al sector privado


  • Equiparación salarial: Se está trabajando en la continuidad del proceso de equiparación salarial con otras fuerzas del Estado.
  • Modificación legal: Se está reformando la Ley del Personal Militar para incorporar algún tipo de suplemento económico.
  • Beneficios financieros: Junto con el IAF y el Banco Nación, se analizan créditos hipotecarios a baja tasa como incentivo.
  • Preocupación por los rangos bajos: Se busca apoyar especialmente a los grados inferiores, que son los más afectados por las condiciones actuales.
  • Retención de personal: Aunque no se menciona explícitamente la “fuga al sector privado”, la preocupación por mejorar condiciones salariales y ofrecer beneficios sugiere que hay un esfuerzo por evitar la pérdida de personal capacitado.


Comandos conjuntos y balance de gestión

El jefe del EMCO resaltó la importancia de los comandos conjuntos, en especial el Aeroespacial y el Marítimo, por su relación con la misión principal del instrumento militar. También subrayó el rol del Comando Conjunto Antártico y el de Ciberdefensa, que enfrenta constantes ataques informáticos. Además, el Comando de Emergencia ha sido clave en crisis climáticas, mientras que el de Fuerzas Especiales se potencia por su impacto estratégico a bajo costo.

 

Los Stryker

  • Modernización del Ejército: Mencionó la incorporación de los vehículos blindados Stryker como parte del proceso de reequipamiento del Ejército Argentino.
  • Prioridad actual: Es una de las prioridades actuales del Ejército, junto con la renovación de la flota de helicópteros de asalto.
  • Coordinación del EMCO: Si bien la compra fue gestionada por el Ejército, el EMCO apoya y coordina estos proyectos como parte del esfuerzo conjunto de modernización.

En su balance de gestión, Isaac subrayó la equidad en el apoyo a las tres Fuerzas, aunque reconoció que, según la etapa, una puede tener mayor protagonismo: Fuerza Aérea con los F-16, Ejército con los Stryker y renovación de helicópteros, y próximamente la Armada con la reactivación de submarinos.

Recuperación de la capacidad submarina

  • Plan para la Armada: Isaac afirmó que uno de los próximos focos será la recuperación de la flota de submarinos, lo cual forma parte del fortalecimiento de la Armada.
  • En etapa de preparación: Aún no se dan detalles técnicos ni plazos concretos, pero se indica que es una prioridad estratégica en agenda.
  • Apoyo conjunto: Como en otros proyectos, el EMCO acompaña y articula el proceso para asegurar congruencia en las capacidades militares.


Proyectos estratégicos: Base Naval Integrada y Petrel

Isaac detalló avances en la construcción de la Base Naval Integrada en Ushuaia, que incluirá el nuevo Centro Logístico Antártico. Tandanor está a cargo del armado de las estructuras. Este centro permitirá mejorar el abastecimiento de las bases antárticas. En paralelo, continúan las obras en la base Petrel, incluyendo la habilitación de la pista para aeronaves como el C-130, lo que agilizará el puente logístico con el continente blanco.

F-16 y cohetes: recuperación de capacidades

Isaac negó tener inclinación por la Fuerza Aérea, su anterior cargo, y remarcó que el programa de incorporación de los cazas F-16 no es exclusivo de esa fuerza sino un proyecto nacional. Si bien no participó del último viaje a Dinamarca por no ser ya parte de la FAA, sigue brindando apoyo desde el EMCO, incluso con fondos para equipamiento común.

Los F-16

  • Programa estratégico: Isaac remarca que la adquisición de los F-16 no es solo de la Fuerza Aérea, sino un programa estratégico del país, coordinado por el Ministerio de Defensa y con impacto en el sistema militar conjunto.
  • Etapa actual: Si bien ya no es jefe de la Fuerza Aérea, destacó que el proyecto está en ejecución, sólido y al día, y que el reciente viaje a Dinamarca fue para firmar acuerdos de mejora de software.
  • Apoyo desde el EMCO: Aun desde el Estado Mayor Conjunto, Isaac brinda apoyo al programa, incluso con fondos propios del EMCO para equipamiento común.
  • Acuerdos internacionales: Aclaró que no hay trabas de parte de Estados Unidos ni del Reino Unido, y que los acuerdos con Dinamarca, EE.UU. y Argentina se están cumpliendo.

  • Orígenes del proyecto: Señaló que durante su gestión como jefe de la FAA se inició el proceso de evaluación, pero atribuyó el mérito al equipo técnico de la Fuerza Aérea.


Afirmó que el proyecto está en marcha, con acuerdos firmados y cumplimiento pleno de lo pactado con Dinamarca, EE.UU. y el Reino Unido. También celebró el reciente lanzamiento de un cohete sonda MET 1-SO "Escorpio" por parte de la Fuerza Aérea, como parte de la recuperación de capacidades aeroespaciales históricas.



Tropas especiales, elecciones y misiones de paz

Una de sus metas ha sido fortalecer las tropas especiales, que considera estratégicas por su alta eficacia y bajo costo. El Comando Conjunto de Fuerzas Especiales ha recibido apoyo en equipamiento y entrenamiento, y participa de ejercicios conjuntos con fuerzas extranjeras.

Respecto a las elecciones legislativas, confirmó que el Comando de Operaciones Conjuntas se encargará de la custodia de urnas, con responsabilidad y eficiencia en el uso de recursos públicos. Además, mencionó ejercicios operativos en el norte y la campaña “Glaciar” en la Antártida.

Por último, subrayó la continuidad de la participación argentina en misiones de paz de la ONU, como observadores en Siria, Líbano, Israel y Chipre. Aseguró que el país está preparado para asumir nuevas misiones si fuera convocado, manteniendo una línea coherente con su política exterior.

Finalizando...

La entrevista refleja una visión estratégica y coordinada de las Fuerzas Armadas argentinas, enfocada en modernización tecnológica, cumplimiento de la ley, eficiencia operativa y fortalecimiento de capacidades específicas como ciberdefensa, fuerzas especiales y logística antártica. Isaac proyecta una conducción que prioriza el trabajo en equipo, la preparación ante amenazas híbridas y el rol activo de Argentina en el escenario internacional.



sábado, 19 de abril de 2025

Malvinas: El compacto GAE del ARA 25 de Mayo


ARA '25 de Mayo': Muchos aviones para un portaaviones pequeño

Basado en información de @MarianoSciaroni, en X

Demasiados aviones para tan poco espacio: el límite oculto del ARA 25 de Mayo

Uno de los desafíos logísticos más complejos que enfrentó el portaaviones ARA 25 de Mayo (POMA) durante el conflicto de las Malvinas fue uno que no figuraba en los informes de inteligencia, pero que pesaba sobre cada despegue y cada maniobra: el espacio físico a bordo.

Diseñado originalmente para una aviación embarcada más reducida, el buque argentino carecía de la capacidad de hangar suficiente para operar con comodidad una dotación aérea completa, especialmente en condiciones de combate. Durante la navegación inicial, la situación fue manejable. Pero al momento de zarpar en busca de la flota británica, el cuadro cambió drásticamente.

A bordo del 25 de Mayo se encontraban 17 aeronaves:
8 cazabombarderos A-4Q Skyhawk
4 aviones antisubmarinos S-2E Tracker
3 helicópteros Alouette III
2 Sea King de exploración y rescate.

Un número importante. Demasiado importante para un portaaviones de apenas 200 metros de eslora y un hangar estrecho, que obligaba a una administración milimétrica de cada movimiento, cada ciclo de mantenimiento y cada operación de cubierta. No se trataba solo de volar: se trataba de hacerlo con precisión quirúrgica en un entorno que no perdonaba errores.

En combate naval, la superioridad aérea no solo depende del número de aviones, sino de la capacidad real de operar con ellos en ciclos sostenidos, seguros y eficaces. Y ese fue, quizás, uno de los límites menos visibles del 25 de Mayo, pero no por ello menos crucial.


Transcripción

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SECRETO
GRUPO AERONAVAL EMBARCADO

El Grupo Aeronaval Embarcado efectuó tres navegaciones bien diferenciadas en lo que hace a la operación ejecutada.

1ra. del 28 MAR al 05 ABR
En la ocupación de las Islas, la exploración antisuperficie con S-2 fué prioritaria.

2da. del 18 ABR al 25 ABR
En ella se intensificó el adiestramiento coordinado exploración y ataque (S-2 - A-4) la defensa contra-aérea (A-4) y Antisubmarina (H-3).

3ra. del 28 ABR al 10 MAY
En este período fué intensa la actividad de exploración antisuperficie, de defensa contra-aérea y hubo acciones antisubmarinas coordinadas de H-3 y S-2.

El grupo aeronaval embarcado se constituyó en las diferentes etapas de la siguiente manera y siempre en función de los aeronaves disponibles y no de la misión.

AVION1ra. Etapa2da. Etapa3ra. Etapa
A-4588
S-2344
AT/3122
H-3122

La cantidad de aviones de la 2da. y 3ra. Etapa, saturó en alguna medida el Hangar del Buque, obligó a dejar aeronaves con puertas quitadas, quitó agilidad al movimiento de aeronaves en sus cubiertas y representó un riesgo permanente. No obstante, la incorporación del 4° S-2 brindó mayor confiabilidad a una tarea que era intensiva, de largo alcance y duración.

La presencia de los H-3 en la 2da. y 3ra. Etapa representó un importante esfuerzo de apoyo a la exploración antisubmarina, que en la 1ra. Etapa, descansó en exclusiva sobre el Grupo Aeronaval Embarcado.

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Cuello de botella en cubierta: los límites operativos del ARA 25 de Mayo

Operar un grupo aéreo embarcado en condiciones de combate ya es, de por sí, una tarea compleja. Pero cuando esa operación depende de solo dos ascensores y una única catapulta, la coordinación no es una virtud: es una necesidad absoluta.

El ARA 25 de Mayo contaba con un elevador en proa y otro en popa. Cada uno, en lugar de facilitar, imponía una limitación crítica:
– El elevador de popa, al estar directamente en la senda de apontaje, obstruía las maniobras de recuperación de aeronaves cuando estaba en uso.
– El elevador de proa, por su parte, interfería con las operaciones de catapultaje, complicando el lanzamiento de los A-4Q.

Esto obligaba a planificar cada movimiento como si fuera una jugada de ajedrez, donde un error de sincronización podía significar no solo un retraso, sino una tragedia operacional. Todo debía fluir como un reloj bien calibrado: ascensores, catapulta, ubicación en cubierta, circulación del personal y espacio de mantenimiento.

Y ahí surgía otro problema igual de serio: el espacio en cubierta era extremadamente limitado. Cada avión debía ser colocado con precisión, con apenas centímetros de margen, para permitir el máximo número de unidades listas sin bloquear accesos ni obstaculizar maniobras. La cubierta se convirtió en una coreografía milimétrica de alas plegadas, trenes de aterrizaje y operadores tensos.

En plena guerra, ese tipo de restricciones no son detalles técnicos. Son factores decisivos que determinan si una misión se lanza a tiempo… o nunca despega.



El precio del despegue: cuando un lanzamiento bloqueaba toda la cubierta

En un portaaviones con recursos limitados, cada movimiento es una maniobra estratégica. Y a bordo del ARA 25 de Mayo, donde el espacio y los medios eran escasos, preparar una sola aeronave para el despegue podía significar detener toda la operación aérea durante varios minutos críticos.

Un ejemplo claro: cuando el S-2E Tracker número 8 —encargado de patrullaje antisubmarino— estaba listo para ser lanzado, la situación en cubierta exigía una secuencia compleja y laboriosa. Para llevarlo hasta la catapulta, primero había que remover al A-4Q Skyhawk que estaba ocupando la posición de ILC (Interceptor Listo en Cubierta). Esa aeronave debía ser retirada cuidadosamente hacia popa, sin margen para errores, en un espacio ya congestionado.

Solo entonces el Tracker podía ser desplazado hacia proa, alineado con la catapulta y preparado para el lanzamiento. Pero ese movimiento tenía un costo operativo importante:
Mientras duraba la maniobra, no se podían realizar apontajes.
Los dos elevadores quedaban fuera de servicio.
Toda la cubierta quedaba congelada en espera del despegue.

Lo que en un buque de mayor tamaño se resolvería con plataformas auxiliares o múltiples puntos de catapultaje, en el 25 de Mayo era una operación de alto impacto, donde cada avión movido significaba minutos valiosos de vulnerabilidad táctica.

En medio de un conflicto real, con amenazas constantes desde el mar y el aire, ese tipo de fricción interna era tan peligrosa como el enemigo en el horizonte.

Más allá de los límites: la operatividad del ARA 25 de Mayo en Malvinas

A pesar de las limitaciones materiales, del espacio escaso y de la complejidad de cada maniobra en cubierta, la operación del ARA 25 de Mayo durante el conflicto del Atlántico Sur fue ejecutada con eficacia, precisión y una voluntad inquebrantable.

Cada despegue, cada apontaje, cada movimiento de avión fue el resultado de una coordinación impecable entre mecánicos, operadores de cubierta, pilotos y marinos que llevaron al portaaviones al máximo de sus capacidades. Se enfrentaron a desafíos técnicos reales, a condiciones logísticas adversas y a una amenaza militar abrumadora. Y, sin embargo, respondieron con profesionalismo, sangre fría y entrega total.

El buque operó al límite de su diseño original, soportando una densidad aérea y un ritmo de operaciones que rozaban lo imposible para una plataforma de su tamaño y configuración. Cada avión en cubierta era un desafío. Cada minuto de vuelo, una victoria de la organización, el entrenamiento y el coraje.

Este aspecto —el esfuerzo humano y técnico detrás de la operatividad del 25 de Mayo— suele quedar en segundo plano al narrar la guerra de 1982, eclipsado por los combates más visibles. Pero en esos detalles menos conocidos reside gran parte del verdadero heroísmo técnico de la campaña.

Porque cuando se habla de capacidad de combate, no se trata solo de los medios disponibles, sino de cómo un país, con lo que tiene, decide hacerles frente a los desafíos más extremos.

Y ese espíritu, silencioso pero firme, fue el que mantuvo al 25 de Mayo navegando… y operando.

Portaaviones ARA 25 de Mayo


A-4Q Skyhawk en formación

Libro “Un portaaviones en riesgo”

El excelente libro “Un portaaviones en riesgo – Portaaviones argentino y operaciones antisubmarinas contra los submarinos de la Royal Navy durante la Guerra de las Malvinas, 1982” , del estudioso argentino Mariano Sciaroni, proporciona información sin precedentes sobre las operaciones de los submarinos nucleares ingleses para cazar y hundimiento del portaaviones argentino ARA 25 de Mayo durante la Guerra de las Malvinas en 1982, los equipos utilizados por ambos bandos y los informes del personal militar involucrado. Para completar la obra, el autor tuvo acceso a numerosos documentos desclasificados por los británicos a través de la Ley de Libertad de Información. Haz clic en la imagen del libro para comprarlo en Amazon.