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miércoles, 4 de marzo de 2026

Guerra del Chaco: La batalla de Campo Vía (1/5)





 

V

BATALLA DE CAMPO VÍA

(Una victoria frustrada)

Zenteno y Campo Vía son la indudable consecuencia de las acciones ofensivas victoriosas de Gondra, primero, y de Pozo Favorito y Pampa Grande después, que tuvieron la virtud de decidir, por fin, en el ánimo del Comandante en Jefe del Ejército que la hora de abandonar la negativa actitud defensiva había llegado.

Como se verá, esta acción de guerra, la batalla de Zenteno, ya estaba planteada en una escala más importante, aunque de ninguna manera representó las características de una auténtica acción que persiguiese proporciones de objetivos de envergadura total como cabía esperar y era altamente deseable, como absolutamente posible. Pero lo más curioso y desconcertante, aunque explicable, como se verá después, reside en la dirección superior del Ejército que, a pesar de encontrarse en situación favorable, dirigió sus esfuerzos iniciales desde puntos y distancias tales que, dada la peculiaridad de esta guerra impuesta por la naturaleza del terreno, jamás podría proporcionar las ventajas de la velocidad, de manera que se pudiese alcanzar la sorpresa, factor decisivo para el éxito. Y este error, francamente injustificable, hizo que la batalla de Zenteno malograse desde sus comienzos, costando al Ejército de campaña, ya bastante debilitado, desviado e inusitado de su objetivo, un elevado número de bajas, entre ellas seis mil muertos y heridos.

En fin, la cuestión importante era la voluntad de abandonar la negativa actitud defensiva, la “psicología del muro” o el espíritu de la línea Maginot, muy peligrosamente desarrollados entonces en la mentalidad de los dirigentes del Ejército, y que, felizmente, fue rota gracias a que nuestra capacidad agresiva, tan indispensable para el éxito en la guerra, no fue vulnerada en el espíritu de los hombres de Gondra, lo que tuvo, por lo demás, evidentes expresiones en las acciones ofensivas victoriosas del mes de julio de 1933, tal como lo hemos comentado anteriormente. Por último, la bestia ya estaba suficientemente sosegada y cuadrada y era ya llegada la hora de que se asestase la estocada final.

Planes del Comandante en Jefe del Ejército

La situación de ambos contendores, en vísperas de la iniciación de la batalla de Zenteno, era la siguiente:

El I Cuerpo de Ejército Paraguayo, que defendía el frente de Arce, incluidos los de Herrera y Falcón y al que correspondía la responsabilidad del esfuerzo principal, fue reforzado por el II Cuerpo de Ejército, menos un Regimiento de Infantería y la División de Reserva General. La IX División Boliviana reforzada, objetivo del ataque paraguayo, ocupaba el frente de Zenteno (Alihuatá) y estaba desplegada desde Pozo Charcas hasta más al Oeste de Puesto J., cubriendo todos los accesos que conducen a las bases de Saavedra y Muñoz desde el Norte.

Cuando todo parecía indicar la inminencia de la batalla, por razones de servicio, y sobre todo, porque deseaba conocer los lineamientos e intención de las operaciones que esbozaba el Mando, me trasladé a Fortín Galpón, asiento adelantado del Cuartel General del Ejército, en ausencia del general Estigarribia, que se encontraba en Asunción en misión de servicio, así como del general Franco, quien accidentalmente había sufrido una herida en la pierna.

La confirmación de la inminencia de la operación, sin embargo, no me fue difícil obtenerla, pues me lo anunció el propio jefe de Estado Mayor general, coronel Garay.

En esa oportunidad me hizo saber el plan proyectado, el cual consistía en que: EL CUERPO DE EJÉRCITO PARAGUAYO, CON SUS DOS DIVISIONES PRINCIPALES, INTERCEPTARA EL CAMINO ZENTENO–SAAVEDRA, DESDE EL SUR DE FALCÓN, Y DESDE EL NORTE LAS ENEMIGAS DE POZO CHARCAS. Y COMO VARIANTE, POR SI FALLABA ESTE PLAN, RESERVABA UNA MANIOBRA ENVOLVENTE CON OTRA DIVISIÓN POR EL OESTE, CON IDÉNTICO OBJETIVO.

Le manifesté:

a) Que conocía personalmente el sector defensivo del enemigo desde Gondra hasta la altura de Zenteno por haberlo reconocido minuciosamente y que era muy potente y casi inexpugnable por una selva y maleza de las más enmarañadas del Chaco.

b) Que siendo imposible ejecutar las acciones preliminares en silencio y desde tan lejos del punto crítico, camino Zenteno–Saavedra, circunstancia que denunciaría nuestra acción, el factor decisivo de la sorpresa podría considerarse descartado.

c) Que esa operación, de ninguna manera podría alcanzar el objetivo de aislar a la IX División Boliviana, por la razón de que la misma contaba con otra ruta —Alihuatá Viejo–Puesto Moreno— que era objeto de preferente atención según informes de patrullas y era tan eficiente como el antiguo camino a Saavedra.

En cuanto a la variante, maniobra envolvente por el ala occidental, aunque más racional, resultaba más intrincada aún, pues si alcanzaba el buen éxito, interceptaría las dos comunicaciones con que contaba el enemigo para conectarse con sus bases. No obstante, entonces, que disponía de otra, que corría por detrás del sector de la IV División boliviana hacia Saavedra. Se expuso el siguiente razonamiento:

a) Porque tropezaría con las mismas dificultades puntualizadas anteriormente, agravadas por la circunstancia de que se resolvería en un espacio mucho más prolongado, unos 70 kilómetros, para alcanzar su objetivo.

b) Que en esa dirección, lógicamente, la vigilancia del enemigo sería mucho más activa, como consecuencia de nuestras recientes acciones ofensivas y por el interés puesto en la defensa de Puesto Sosa, más vulnerable a nuestra acción y estratégicamente más importante, pues su captura nos abriría la posibilidad de flanquear y aislar a la totalidad del frente del I Cuerpo Boliviano.

La falta de experiencia y pragmatismo en el planteo de esta batalla era evidente. Consistía, como ha ocurrido muchas veces en esa guerra, en una de esas concepciones de determinadas academias, desprovistas de los factores elementales indispensables, determinantes del éxito: la SORPRESA.

Pregunté finalmente al Comandante en Jefe qué razones le obligaban a empeñarse en operaciones tan difíciles y complicadas, teniendo virtualmente cortado al enemigo en el objetivo y solamente a pocos kilómetros más al sud del punto elegido en su Plan.

Efectivamente, mi División estaba, entonces, situada a espaldas mismas del enemigo, a nada más que cinco kilómetros del objetivo, en Campo Vía, a raíz de las afortunadas operaciones de julio, y sin exagerar, casi todos los días ocupaba con patrullas el camino Zenteno–Saavedra a la altura del Km. 19, poco más o menos.

La operación, además de que el objetivo de la misma era ampliado, persiguiendo el mismo objetivo de la destrucción de la D.I.4 enemiga, consistiría, pues, en una incursión sorpresiva sobre dicho camino, en el sitio precisamente indefenso y controlado por nosotros. Atacar las espaldas de las posiciones enemigas de Zenteno, asegurándose convenientemente del lado de Saavedra, o viceversa, que sería más efectivo. Sintetizando, dejar cortados a los bolivianos en Zenteno y operar directamente sobre Saavedra, en pos de una operación de escala total.

Este proyecto permitía, por lo demás, contar desde el principio de la batalla con una División más, la Primera, circunstancia que hubiera gravitado extraordinariamente sobre la brevedad, simplicidad y eficacia del esfuerzo, con las consiguientes ventajas de economía de vidas, de material y de energía, que fueron dilapidadas en un terco y largo empeño desde la misma iniciación de las operaciones sin la posibilidad de ningún éxito.

Tampoco estas últimas consideraciones encontraron acogida favorable en las resoluciones del General. Al parecer, ya todo estaba dispuesto para la operación proyectada y el amor propio o la fe en la propia concepción influyeron para que desapareciese la posibilidad de su modificación. Es la única explicación que podía encontrarse desde el punto de vista de la benevolencia para que fuesen desechadas razones tan precisas y que demostraban, de una manera innegable, los errores cometidos en la realización de una empresa semejante en las exigencias de lugar y tiempo, condiciones elementales para lograr un resultado militar favorable.

Así terminó aquella entrevista. No obstante, me retiré confiado, esperanzado en que el Comandante en Jefe meditaría, en último término, sobre mis observaciones que me parecían, más que nunca, justas.

Sin embargo, sería harto superficial considerar el problema con tan simples reflexiones. La cuestión era mucho más seria de fondo de lo que pudiera presumirse, pues caía dentro de los dominios de la aplicación de una determinada escuela y respondía decididamente al carácter de nuestro Comandante en Jefe.

Es por todos conocidos que, particularmente, como experiencia de la primera guerra mundial y otras causas, había surgido con renovada fuerza, especialmente en el sentido francés, la teoría de la guerra de desgaste, sustentada en la idea de la imposibilidad de alcanzar la victoria en el tradicional estilo de la batalla de aniquilamiento, dada la circunstancia del advenimiento de la guerra total, con su secuela de la entrada en acción de ejércitos de millones de hombres dotados de equipos y organizaciones defensivas invulnerables, frentes extensísimos, con profundidades de decenas de kilómetros, carentes de flancos, etc.

En otros términos, en la teoría de la guerra de desgaste, el objetivo general único es considerado imposible en razón de que la maniobra necesariamente se contrae y escapa fatalmente a ella gran parte de las fuerzas enemigas. Y entonces, la guerra se concreta, como la misma denominación sugiere, en la ejecución de acciones de objetivos limitados, que gradualmente, van quebrando la moral a las fuerzas enemigas, hasta que llega un momento en que éstas, en presencia de la crisis provocada por el desequilibrio y la desarticulación, comprendan que la prosecución de la lucha resulta inútil, se consideren vencidas, y pidan la paz.

El ideal del Gral. Estigarribia estaba totalmente dentro de esta tendencia moderna de la guerra. En el teatro del Chaco, y al servicio de pueblos que no disponían de millares de hombres ni de recursos materiales ni técnicos, era estéril y en cierto modo perjudicial, por cuanto la situación moral del enemigo superaba los efectos del desgaste y nuestro poder, por circunstancias geográficas, era inferior al del adversario a esa altura de la guerra.

Tanto el ejército paraguayo como el boliviano, ni en sus mejores momentos, contaron nunca con efectivos de primera línea superiores a los cuarenta mil hombres desplegados en cientos de kilómetros. La profundidad de los frentes era nula, reduciéndose a posiciones o velos debilísimos de una sola línea y casi sin reservas por la enormidad de los espacios que obligadamente debían ser cubiertos. Muchas veces, flancos descubiertos de decenas de kilómetros dejaban virtualmente en el aire vitales puntos estratégicos.

En consecuencia, ¿era lógico que en tales condiciones fuese adoptado el método de la guerra de desgaste? Es evidente que no; pero siendo difícil alterar la invariable ley de la vida que nos enseña que la conducta es el reflejo del carácter, el método empleado conciliaba muy bien con el espíritu eminentemente cauteloso y la tozuda disposición negativa del Conductor de asumir los grandes riesgos.

Y, uno se preguntará, ¿a qué condujo todo esto? El osario del Chaco, y el sacrificio estéril de tantos heroicos esfuerzos del pueblo en armas, y, ningún mérito extraordinario para el General Estigarribia, porque el estilo no daba para más. Como acontece a los que han elegido este método de conducción, no llegaron a protagonizar el acontecimiento esencial, el fin capital de la estrategia, la victoria decisiva. Consiguientemente, se le esfumó para siempre el insigne honor de figurar en la ambicionada galería de conductores militares sobresalientes.

En vísperas ya de la iniciación de la batalla, con miras a realizar una efectiva acción de colaboración en cumplimiento de la acción de maniobras tácticas de aferramiento y fijación del enemigo que me había sido asignada, me trasladé nuevamente a Campo Aceval, y ordené la inmediata ejecución de los preparativos para asegurar la supremacía de mi misión, sobre las posiciones de Gondra.

La I División, a mi mando, desplegada en un extenso sector de más de treinta kilómetros, aislada del resto del Ejército, virtualmente ya no disponía de los efectivos indispensables para la ejecución de operaciones ofensivas, por insignificantes que fueran sus alcances.

Mi intención era que al ocupar un sector mucho más reducido, quedase liberado el mayor número posible de efectivos —por lo menos un Regimiento— con el cual pasar al ataque en momentos en que el enemigo tomase nuevamente contacto con nuestras nuevas posiciones, y, en caso de éxito, nuestros inquebrantables deseos y esperanzas que la batalla fuese conducida por el lógico y sensato camino del de Gondra, por la fuerza de las circunstancias impuestas por los efectos de la nueva situación creada.

Fui autorizado para ejecutar esta maniobra y la cumplimos con todo éxito, adoptando mediante todas las medidas y recursos, de modo que el adversario quedase confundido acerca de nuestra real intención y nos presionase en las nuevas posiciones, oportunidad en que la unidad de maniobra, situada en posición favorable y elegida de antemano, desencadenaría su ataque envolvente.

Desafortunadamente, nuestras previsiones no fueron cumplidas. El enemigo procedió con extrema cautela y no tomó contacto con nosotros, sino después de mucho tiempo. La verdad es que nuestra maniobra coincidió con otra del enemigo que partía del Sudeste de Zenteno y estaba encaminada a cortar la ruta Nanawa–Falcón en Campo Aceval amenazando la espalda de la I División. Frente a ella tuvimos que contramarcharnos desde Gondra y al fin empleamos nuestras reservas, desapareciendo con ello la posibilidad de llevar adelante nuestro plan de ataque. Con estas maniobras, perdimos también para siempre la favorabilísima situación con que contábamos en Campo Vía, desde que teníamos íntegramente la posición a operar por detrás del enemigo de Zenteno y Saavedra.

Se inician las operaciones sobre Zenteno

(17 de octubre de 1933)

En las primeras horas del día 17 de octubre, y luego de frecuentes y prolongadas postergaciones, fueron iniciadas las operaciones con un potente ataque por parte de la División de Reserva General arrancando de Falcón en dirección general de Km. 7 del camino Zenteno–Saavedra. Dicha operación fue un fracaso rotundo, frenado en seco, y estrellándose contra las posiciones inexpugnables del enemigo que estando en antecedentes, lo estaba aguardando. Luego, no operó más, para ser abandonado definitivamente este aspecto del Plan.

Posteriormente, y ya a mediados de noviembre, es reiniciada la operación envolvente con la 7ª División de Infantería por el lado Oeste, acompañada de una presión general en todo el frente del I Cuerpo, con diversas alternativas para llegar a su objetivo en cerca de dos meses de esfuerzos y sacrificios inenarrables, que el soldado paraguayo venció con heroísmo y abnegación dignos de su estirpe. Esta operación envolvente fue concebida y realizada con el convencimiento de que el camino Zenteno–Saavedra constituía la única ruta de comunicación enemiga con sus respectivas bases. Resultó, sin embargo, que el enemigo disponía de otras, con lo que el corte de aquel camino, por ese lado, resultaba inútil, y de ninguna manera podía provocar la ruptura del equilibrio a nuestro favor.

Se puede asegurar, pues, que la operación empeñada por el I Cuerpo de Ejército, reforzado por el II Cuerpo, menos un Regimiento, en contra del enemigo situado en Zenteno, fue un esfuerzo verdaderamente heroico, pero mal dirigido y peor concebido, que solo trajo como resultado la pérdida de millares de vidas paraguayas. En la historia de la guerra del Chaco, la batalla del 17 de octubre de 1933 sobre Zenteno, quedará como un ejemplo de lo que no debe hacerse en la conducción de una batalla. Estigarribia, de quien tanto esperábamos, no supo aprovechar el momento de nuestra supremacía moral y material para asestar el golpe definitivo que habría significado el fin de la guerra.




miércoles, 6 de agosto de 2025

Guerra del Paraguay: La batalla de Tuyutí

Guerra de la Triple Alianza: 24 de mayo de 1866, en suelo paraguayo se produce la decisiva batalla de Tuyutí, la más grande librada en Sudamérica

Basado en Sea Eternos los Laureles



El 24 de mayo de 1866, en el contexto de la Guerra de la Triple Alianza, el Ejército paraguayo enfrentó con el grueso de sus tropas a las fuerzas aliadas de Argentina, Brasil y Uruguay, tendiéndoles un cerco con el objetivo de vencerlas decisivamente y poner fin al conflicto. Sin embargo, la operación fracasó debido a la inferioridad numérica de los paraguayos, la falta de coordinación entre sus columnas atacantes y la alta eficacia de la artillería brasileña.

Tras la invasión paraguaya a territorio argentino y la derrota sufrida en la Batalla Naval del Riachuelo, el 11 de junio de 1865 —que otorgó a los Aliados el control del río Paraná—, y más tarde, el 18 de septiembre del mismo año, con la rendición de la columna del teniente coronel Estigarribia en Uruguayana frente a una abrumadora superioridad enemiga, el Ejército paraguayo pasó a adoptar una postura defensiva.

El mariscal Francisco Solano López decidió entonces concentrar sus principales fuerzas en Paso Pucú, dejando al sur, en la ribera paraguaya del Paraná, la posición de Tuyutí, un terreno rodeado de pantanos que dificultaban seriamente cualquier movimiento ofensivo. Su estrategia consistía en inducir a los Aliados a ocupar ese punto durante su avance, para así poder enfrentarlos en condiciones más ventajosas y forzar una batalla decisiva que le permitiera cambiar el curso de la guerra a su favor.


•32: El General Francisco Solano López, en una de las últimas imágenes tomadas, sin lugar a dudas fue un patriota paraguayo, tal vez el más grande en su historia, y debió afrontar difíciles determinaciones durante los aciagos años de la Guerra de Triple Alianza. Sin embargo, su decisión de atacar, invadir a la Argentina, entonces militarmente más débil que Paraguay, era abusiva y totalmente injustificada, lo que conllevo una demoledora respuesta argentina que, además, permitió resolver parte de los reclamos argentinos por territorios que siempre consideró propios, obteniendo sólo la mitad de ellos por medio del correspondiente laudo una vez terminada la guerra.


En Estero Rojas, al norte de Tuyutí, Solano López comenzó a organizar una línea defensiva y ordenó al teniente coronel José Díaz realizar un reconocimiento ofensivo hacia el sur de Estero Bellaco, con el propósito de atraer al Ejército Aliado hacia el terreno elegido para el combate.


•38: Plan de operaciones del Mariscal Francisco Solano López en Tuyutí: ataque simultáneo de las columnas de infantería y de caballería sobre el campamento de los Aliados, con apoyo de la artillería emplazada en El Boquerón, con una acción envolvente sobre los flancos de los Cuerpos I y II argentinos y de las Divisiones brasileñas.

Díaz organizó sus fuerzas en dos agrupamientos: un “grupo de ataque” compuesto por 4 batallones de infantería y 4 regimientos de caballería, y una “reserva” formada por 3 batallones y un regimiento. Con esta disposición, lanzó un ataque sorpresivo en Estero Bellaco contra los batallones de vanguardia brasileños, obligándolos a retroceder junto a los batallones uruguayos que se hallaban más atrás. Sin embargo, un contraataque de la 6ª División brasileña, junto con una maniobra envolvente del Regimiento Rosario y la rápida intervención del Batallón Corrientes —respaldados por tropas tucumanas y catamarqueñas—, logró frenar el avance paraguayo. Ante esta situación, Díaz se replegó hacia el norte, llevándose consigo cuatro piezas de artillería capturadas a los brasileños. Las bajas reportadas ascendieron a 2.500 paraguayos y 1.552 aliados, además de 300 prisioneros paraguayos.


•35: Oficiales del Exercito Brasileiro.

La ratonera de Tuyutí

Pese a haber perdido el 50% de sus fuerzas comprometidas en la acción de Estero Bellaco, los paraguayos lograron su objetivo estratégico: atraer al Ejército Aliado hacia Tuyutí. El 9 de mayo, el general Bartolomé Mitre, comandante en jefe de las fuerzas aliadas, envió a la 1ª División de Caballería correntina, bajo el mando del general Cáceres, a realizar un reconocimiento en la zona. Allí encontraron una resistencia débil por parte de las avanzadas paraguayas, lo que reforzó la idea de establecer un campamento en Tuyutí como base para planificar un ataque masivo hacia el interior del Paraguay.


•46: Bartolomé Mitre (Buenos Aires, Argentina; 26 de junio de 1821-Ibídem; 19 de enero de 1906) fue un político, militar, historiador, escritor, periodista y estadista argentino. Fue dos veces presidente de la Nación Argentina entre 1862 y 1868 (la primera vez de facto) y gobernador de la Provincia de Buenos Aires entre 1860 y 1862. Fue uno de los líderes del Partido Unitario, el cual proponía la hegemonía de la ciudad de Buenos Aires sobre el resto de las provincias. Fue vencedor en la decisiva batalla de Pavón durante las Guerras civiles argentinas. Fue fundador y líder del Partido Nacionalista, de la Unión Cívica —con la que organizó la Revolución del Parque— y de la Unión Cívica Nacional. En 1870 fundó el diario La Nación, uno de los más antiguos del país, el cual continúa activo. Sus libros de historia conformaron la llamada «historia mitrista», considerada como «La historia oficial» de la visión liberal-conservadora.

El 20 de mayo de 1866 se estableció finalmente el campamento. El I y II Cuerpo del Ejército argentino se ubicó en el flanco derecho y hacia el norte; la División Oriental (uruguaya) y las 6ª y 3ª Divisiones brasileñas se posicionaron a la izquierda; más atrás, formando una segunda línea al sur, se dispusieron la 1ª y 4ª División, y detrás de ellas, la 2ª y 5ª División brasileña. En total, las fuerzas aliadas reunían 32.000 hombres. Aunque contaban con escasa caballería, su artillería disponía de cañones de ánima rayada, de gran alcance y notable precisión.


•24: Infantería del Ejército Argentino en 1864. Básicamente este fue el uniforme empleado durante la Guerra de la Triple Alianza por la infantería argentina, aunque había variantes entre las diversas unidades y, desde ya, en el campo de batalla la desprolijidad era acentuada en la medida que transcurría la campaña, llegando a vestir la tropa verdaderos harapos muchas veces, e incluso valerse de prendas tomadas a paraguayos abatidos, las pocas veces que los muertos del bando paraguayo tenían alguna prenda aprovechable, pues padecían peores condiciones de suministro que el bando aliado.


•25: Infante argentino, posiblemente del 1 de Línea.


•26: Artillería argentina durante la Guerra de Triple Alianza


•33: Infantería argentina en la Guerra de Triple Alianza.  

Los ejércitos enemigos se encontraban desplegados a muy poca distancia entre sí, separados únicamente por terrenos pantanosos que ofrecían algunos pasos practicables. Según el plan táctico de Solano López, estos pasos serían utilizados como puntos clave para lanzar un ataque en profundidad con sus tropas.

El Ejército paraguayo estaba compuesto por un total de 24.000 hombres, de los cuales 8.500 formaban parte de los Regimientos de Caballería. La relación de fuerzas entre atacantes y defensores era de 0,75 a 1. Aunque los paraguayos contaban con una caballería numerosa, los defensores disponían de una marcada superioridad en artillería. Es claro que esta desproporción favorecía a las fuerzas defensoras, a pesar de que los atacantes contaban con el elemento sorpresa a su favor.



•28: Infantería y caballería paraguaya


•29: Infante paraguayo en Tuyutí.


•30: Infantería y caballería paraguaya en Tuyutí.

El plan del mariscal Francisco Solano López consistía en lanzar un ataque simultáneo con tres columnas dirigidas contra el centro y los flancos del campamento aliado. Las columnas de los flancos debían dividirse para envolver al enemigo por la retaguardia, encerrándolo en una especie de bolsa con el fin de aniquilarlo. Tanto las maniobras previas para ocupar las posiciones de partida como el avance sobre las fuerzas enemigas requerían una coordinación precisa, ya que cualquier retraso permitiría a los defensores reorganizarse, aferrarse al terreno y repeler el ataque.

Las fuerzas paraguayas fueron organizadas en cuatro columnas:

  • Columna del Centro: integrada por 4 batallones de infantería y 2 regimientos de caballería, sumando 4.200 hombres bajo el mando del comandante Marcó. Su objetivo era atacar a las divisiones oriental y brasileña.

  • Columna de la Derecha: formada por 5 batallones de infantería, 2 regimientos de caballería y 4 obuses, con un total de 5.000 hombres al mando del coronel Díaz. Su misión consistía en atacar el flanco izquierdo de la División Oriental.

  • Columna de la Extrema Derecha: compuesta por 10 batallones de infantería y 2 regimientos de caballería, con 8.700 efectivos comandados por el general Barrios. Debía atacar a las divisiones brasileñas por el flanco izquierdo y la retaguardia, desbordarlas y luego unirse a la Columna de la Izquierda.

  • Columna de la Izquierda: integrada por 2 batallones de infantería y 8 regimientos de caballería, con un total de 6.300 hombres al mando del general Resquín.

La artillería paraguaya fue posicionada estratégicamente para apoyar con su fuego el avance de todas las columnas y, si fuera necesario, cubrir su retirada.


  Para su estudio, la batalla de Tuyutí puede dividirse en tres fases:
▪️1ª Fase (ver diagrama foto 39). Casi simultáneamente, las columnas de la Derecha, al mando del coronel Díaz, y la de la Izquierda, bajo el mando del general Resquín, se lanzaron al combate. La columna de Díaz logró arrollar a los dos batallones orientales, y su caballería avanzó en dirección a la batería central de los Aliados. Sin embargo, fue detenida por la intervención de la 6ª División brasileña y dos batallones orientales que acudieron en apoyo.


•27: Caballería paraguaya a la carga en Tuyutí.

La columna recibió la orden de replegarse, aunque algunos escuadrones de caballería se unieron a la columna de la Izquierda. Esta última había lanzado un ataque contra las fuerzas argentinas, logrando desorganizar a los escuadrones correntinos. Sin embargo, la caballería paraguaya, que debía continuar hacia el sur para enlazarse con la columna de la Extrema Derecha al mando del general Barrios, se desvió en una persecución que la condujo directamente al centro de las fuerzas argentinas. Allí, la infantería y la artillería aliadas lograron detener el avance y aniquilar a la caballería enemiga.

  "Los Regimientos paraguayos, con ardor temerario, se consumen inútilmente en cargas sucesivas contra los cuadros de la Infantería argentina y contra sus cañones, que los aniquilan a boca de jarro. La caballería de Resquín resultó totalmente destruida en una acción estéril, y la ausencia de una dirección consciente hizo fracasar el éxito que hubiera podido tener la aparición de los Regimientos paraguayos sobre las espaldas de los aliados en circunstancias en que éstos no estaban en condiciones de contrarrestar rápidamente su acción" señala el Coronel Juan Beverina (Coronel Expedicionario al Desierto Juan Beverina; "La Guerra del Paraguay (1865-1870) Resumen Histórico"; Institución Mitre, Bs. As. 1973).


La infantería del General Resquín, mientras tanto, avanzó lentamente hasta ser detenida por la tenaz defensa de los argentinos. Cuando Resquín advirtió que su Caballería había sido aniquilada, ordena la retirada.


•39: Primera fase: ataque de las columnas del Centro, de la Derecha y de la Izquierda sobre las posiciones de los batallones orientales y de los argentinos, mientras la columna de la Extrema Derecha aún se encontraba en camino hacia el objetivo. Aniquilamiento de la caballería paraguaya de la columna del General Resquín por el II Cuerpo de Ejército argentino.

  Por su parte, la columna del Centro (Comandante Marcó) ataca con la Caballería "sable en mano" y la infantería "a la bayoneta", llegándose a pelear casi sobre los cañones de los aliados y en tres oportunidades es rechazado, decidiéndose la reorganización de las fuerzas para emprender un cuarto e infructuoso ataque.
▪️2ª Fase (ver diagrama foto 40). Reorganizada la columna de la Derecha del Coronel Díaz, inicia una nueva carga. La posición aliada había sido reforzada con infantería y artillería gracias a una rápida decisión tomada por el Mariscal Osorio y el jefe de la artillería brasileña, Coronel Emilio Luis Mallet, lo que les permite contener y rechazar el ataque del Coronel Díaz. El contraataque aliado es de gran efectividad.


•40: Segunda fase: Reforzamiento de las posiciones aliadas del centro gracias a un rápido movimiento de la artillería brasileña al mando del Coronel Mallet y envío a la retaguardia de los batallones orientales. Contraataque de los Aliados en todas las líneas del frente.

▪️3ª Fase (ver diagrama foto 41). La llegada de la columna de la Extrema Derecha del General Barrios para atacar a las fuerzas brasileñas se produce sobre el final de la batalla. Los brasileños, emplazados en tres líneas rechazan el ataque y lo obligan a retroceder. En este punto, los paraguayos se baten en retirada en toda la línea del frente sin que se cumpliera el plan del Mariscal Solano López.


•34: Infantería argentina avanza en formación de batalla.

  Al término de la batalla y tras cinco horas de encarniza dos combates, los paraguayos tuvieron 14.000 bajas (7.000 muertos e igual cantidad de heridos), mientras que los aliados tuvieron 4.000 bajas (3.000 brasileños, 600 argentinos y 300 uruguayos), fue, sin dudas, la batalla más sangrienta de la historia de América Latina.


•41: Tercera fase: Llegada de la columna de la Extremia Derecha de los paraguayos (General Barrios), que es rechazada y diezmada por las divisiones brasileñas. Las fuerzas del Mariscal López se baten en retirada en todo el frente.
 

El mariscal Francisco Solano López cometió el grave error de comprometer la totalidad de su ejército en una batalla decisiva sin contar con tropas de reserva. Ordenó el ataque contra un enemigo numéricamente superior, atrincherado y alerta ante su proximidad.

En relación con esto, el coronel Beverina señaló que “mucho se ha criticado el plan del mariscal López de lanzar casi todo su ejército contra un enemigo superior, atrincherado en su campo y completamente prevenido por la proximidad misma de su adversario, concibiendo una maniobra tan vasta como un ataque frontal combinado con un doble envolvimiento de los flancos; una operación solo viable en condiciones muy favorables y con superioridad numérica. Además, el ataque debía ejecutarse atravesando un obstáculo serio, que algunas columnas debían franquear prácticamente bajo fuego enemigo, con el agravante de que, por la naturaleza del terreno, no era posible mantener una conexión constante ni organizar una retirada eficaz en caso de fracaso”.


•9: Cadáveres de paraguayos.

Los brasileños atribuyeron su victoria al liderazgo del mariscal Osorio, comandante de sus divisiones, y a la habilidad táctica del jefe de artillería, coronel Mallet. Por el contrario, criticaron al general Mitre por su falta de energía. La batalla de Tuyutí fue calificada como “la victoria sin cabeza”. No era la primera vez que Mitre quedaba sin claridad sobre el resultado de una batalla, como ya había sucedido en Pavón. En esta ocasión, decidió no arriesgar sus tropas persiguiendo al enemigo en retirada. Según Beverina, esta actitud respondió a la escasez de regimientos de caballería disponibles.


•21: Más imágenes de paraguayos muertos.

La batalla de Tuyutí resultó decisiva. Paraguay no solo perdió a la mayor parte de sus soldados, sino también a sus tropas mejor entrenadas. Las causas de la derrota se atribuyen a la débil planificación y a la falta de coordinación entre las unidades. Solano López moriría tiempo después, en el combate de Cerro Corá, proclamando “muero con mi patria”. La Guerra de la Triple Alianza concluiría en 1870 con la victoria de los aliados.

Las consecuencias para Paraguay fueron catastróficas. Perdió gran parte de su territorio, incluyendo zonas que Argentina ya reclamaba legítimamente desde antes del conflicto (vale destacar que Argentina no fue el país agresor). Además, sufrió un colapso demográfico: estudios recientes estiman que entre el 60% y el 80% de los varones adultos paraguayos murieron durante la guerra, lo que generó serios problemas de natalidad y crecimiento en las décadas siguientes.

Un hecho de gran valor histórico es que esta fue la primera guerra en Latinoamérica documentada fotográficamente. Para entonces, la tecnología del daguerrotipo ya estaba bastante desarrollada, y hubo quienes tuvieron la visión —y el coraje— de registrar la contienda.

El impulsor de esta iniciativa fue George Thomas Bate, un estadounidense de origen irlandés que había fundado en 1859 una tienda de fotografía en Buenos Aires, llamada Casa Bate & Cía.. En 1861, se trasladó a Montevideo, donde abrió una nueva sede.

Al estallar la guerra contra Paraguay, Bate, que había presenciado el auge de la fotografía de guerra durante la Guerra de Secesión en Estados Unidos, vio una oportunidad. En aquel país, las familias de los soldados pagaban por obtener imágenes de los campos de batalla donde combatían sus seres queridos.

En 1866, un año después del inicio de la Guerra de la Triple Alianza, Bate solicitó permiso al gobierno uruguayo para enviar un fotógrafo al frente. Contrató entonces a un uruguayo llamado Javier López, quien viajó a la zona de operaciones —una franja de unos 100 kilómetros en el sur de Paraguay, en la frontera con Argentina—.

Así fue como Javier López, en representación de Bate & Cía., se convirtió en el primer fotógrafo en registrar en tiempo real una guerra en Sudamérica.


•4: Representación artística (1876-1885) de la batalla de Tuyutí, por Cándido López.

Son célebres las pinturas del argentino Cándido López (Buenos Aires, 29 de agosto de 1840 – Baradero, 31 de diciembre de 1902), quien se inició como daguerrotipista en 1858. Debido a las limitaciones técnicas de ese método —que exigía una cuidadosa composición y preparación previa—, comenzó a desarrollar esbozos y bocetos que lo llevarían, con el tiempo, a dedicarse por completo a la pintura. Fue así como se convirtió en un artista clasificado dentro del estilo naïf, reconocido mundialmente por sus representaciones históricas de la Guerra de la Triple Alianza.

Durante los años 1859 a 1863, recorrió diversas localidades de la provincia de Buenos Aires y el sur de Santa Fe, realizando una gran cantidad de retratos fotográficos, entre ellos al propio Bartolomé Mitre. Estaba planeando un viaje de perfeccionamiento artístico a Europa cuando estalló la guerra con Paraguay. Como muchos argentinos, se enroló en el Ejército como teniente, incorporándose al Batallón de Infantería de San Nicolás, bajo las órdenes del coronel Juan Carlos Boerr, dentro de la división comandada por el general Wenceslao Paunero.

Participó en los combates de Paso de la Patria e Itapirú. Durante los períodos de inactividad de su regimiento, que no estuvo involucrado en operaciones ofensivas en ese momento, López aprovechó para pintar paisajes de los campamentos militares. Estas obras fueron enviadas a Buenos Aires, donde se vendieron con rapidez y generaron gran interés, ya que la ciudadanía deseaba conocer detalles del frente de batalla.

Posteriormente, participó en las batallas de Estero Bellaco, Yataytí Corá, Boquerón y Sauce. En la batalla de Curupayty, en septiembre de 1866, una granada le destrozó parte del brazo derecho, por lo que fue dado de baja como inválido de guerra. Luego de una larga convalecencia en Corrientes, regresó a San Nicolás.

Al borde de la indigencia, Cándido López comenzó a aprender a pintar con la mano izquierda. Recién en 1869 retomó plenamente su actividad artística. Desde entonces, se dedicó casi exclusivamente a plasmar en sus lienzos los campos de batalla y campamentos de la Guerra del Paraguay, obras que lo consagraron y que hoy siguen siendo mundialmente reconocidas. Su trabajo llegó incluso a competir en importancia con la fotografía, y varios de sus cuadros pueden verse en colecciones públicas y privadas.

Para los argentinos, la Guerra contra el Paraguay —como se la conoció en su momento, y posteriormente como la Guerra de la Triple Alianza— generó fuertes controversias, sobre todo por su prolongación y violencia inesperadas. Estas críticas surgieron, en parte, de las tensiones políticas internas del país. Sin embargo, desde el comienzo, el conflicto fue percibido como una cruzada patriótica, ya que Argentina había sido agredida con la invasión paraguaya a la provincia de Corrientes y con el ataque a los buques de guerra 25 de Mayo y Gualeguay. Estas acciones estuvieron acompañadas de saqueos, actos de violencia contra la población civil y destrucción de propiedades, lo que generó una ola de indignación.

En ese contexto, el presidente Bartolomé Mitre hizo un llamado enérgico a la defensa nacional, convocando a los ciudadanos con la arenga: “En veinticuatro horas a los cuarteles, en quince días en campaña, en tres meses a Asunción”. La frase, aunque entusiasta, resultó errónea: se subestimó tanto la capacidad de resistencia paraguaya como el alcance del conflicto.

El mariscal Solano López llevó adelante una resistencia prolongada desde un país mediterráneo y aislado, enfrentando a tres potencias con recursos superiores. Esta decisión terminó arrastrando a su población al desastre. En los últimos años de la guerra, la situación fue tan crítica que incluso se reclutaron niños para combatir en el frente. La tragedia fue aún mayor cuando, desde el gobierno paraguayo, se intentó responsabilizar al enemigo por las consecuencias de esa desesperada estrategia.

Con el paso del tiempo, el sentimiento patriótico que despertó en Argentina la necesidad de defenderse ante una agresión injusta fue cediendo espacio a una visión crítica y, en muchos casos, una fuerte deslegitimación del rol argentino en la Guerra de la Triple Alianza. Esta reinterpretación, en parte, surgió por la fuerte victimización del Paraguay, una postura comprensible dadas las devastadoras consecuencias humanas y materiales que el conflicto tuvo para su población. Sin embargo, por trágica y demencial que sea toda guerra, no debería dejarse de lado, al menos desde la perspectiva argentina, el contexto que dio origen al conflicto, las causas forzadas por la acción paraguaya, y el desarrollo inicial de los hechos.

Argentina no realizó ninguna provocación que justificara una invasión armada. La ocupación de la provincia de Corrientes por fuerzas paraguayas se caracterizó por actos de violencia, pillaje y maltrato hacia civiles y prisioneros. Estas acciones generaron una profunda indignación en Buenos Aires, que respondió con firmeza, aunque sin recurrir a los mismos niveles de brutalidad que marcaron la agresión inicial paraguaya. Aun cuando posteriormente la guerra se trasladó casi por completo al territorio paraguayo, las consecuencias para ese país fueron inevitables, en buena medida como resultado del curso que sus propios dirigentes decidieron tomar desde el inicio del conflicto.

Uno de los episodios que marcó un cambio en la percepción histórica del accionar argentino ocurrió durante el gobierno del entonces presidente Juan Domingo Perón. En un gesto de acercamiento hacia el régimen paraguayo liderado por el general Alfredo Stroessner, Perón no solo devolvió a Paraguay los trofeos de guerra capturados por el Ejército argentino durante el conflicto, sino que también ofreció disculpas por la participación argentina en la guerra. Si bien es posible que su intención haya sido la reconciliación y el fortalecimiento de la hermandad latinoamericana, este acto fue visto por muchos como una afrenta al sacrificio de miles de soldados argentinos que lucharon en defensa del país.

Desde entonces, sectores identificados con el peronismo más incondicional intentaron justificar esa decisión, reinterpretando los hechos históricos y, en ocasiones, deslegitimando a figuras clave del conflicto, como el general Bartolomé Mitre. En ese contexto, incluso se llegó a afirmar que Mitre nunca ganó una batalla, a pesar de que fue precisamente bajo su mando que se libró y se ganó la Primera Batalla de Tuyutí —la mayor confrontación militar en suelo latinoamericano—, una victoria decisiva de las fuerzas aliadas.

En homenaje a ese episodio histórico, una de las subunidades del Regimiento de Artillería 1 "Brigadier General Tomás de Iriarte" del Ejército Argentino lleva el nombre "Tuyutí". Esta unidad tiene como misión principal la participación en ceremoniales militares, la prestación de honores fúnebres, así como brindar seguridad y cumplir funciones protocolares vinculadas al Ministro de Defensa de la Nación.




•48 al 53: La Batalla de Tuyutí hoy da nombre a una de las subunidades del Regimiento de Artillería 1 "Brigadier General Tomás de Iriarte" del Ejército Argentino, cuya misión principal es la de cumplir con el ceremonial militar, participar de todas las formaciones y encargada de efectuar la rendición de honores fúnebres, y que también brinda seguridad y el ceremonial pertinente al Ministro de Defensa argentino.



Imágenes



•1: Batería de artillería aliada en acción en Tuyutí. La rápida maniobra de la artillería al mando del Coronel Mallet y sus fuegos de gran precisión fue definitorio en la batalla. Por las dificultades de sacar las fotos, esta imagen es la única de un campo de batalla en acción (Foto: Esteban García, Bate & Cía, col BNU: Blibioteca Nacional de Uruguay).
 


•2: Carros de municiones de la artillería brasileña en el campamento de Tuyutí (E. García, Bate & Cía, col BNU)


•3: Campamento argentino en Tuyutí, antes del ataque del Ejército Paraguayo (E. García, Bate & Cía, col BNU)


•5: Soldados uruguayos en una trinchera durante la Guerra de Triple Alianza.


•6: Oficiales del Batallón 1 de Corrientes del Ejército Argentino.



•7: Niños soldados paraguayos junto a un militar. Así fueron forzados a luchar por la dirigencia paraguaya.


•8: Hospital paraguayo.




•10: Soldados argentinos mateando.


•11: Soldados argentinos en un momento de descanso, que aprovecharon para retratarse.


•12: Gauchos integrados en el Ejército Argentino. 


•13: Tropas, presumiblemente argentinas, en uno de los insalubres campamentos de campaña, responsables de más bajas que el fuego enemigo.


•14: Niño soldado, Tambor del Ejército Argentino.



•15 y 16: Niños paraguayos víctimas de la guerra. La imagen de estos niños aun hoy conmueve al mundo, sin embargo fueron los propios mandos paraguayos quienes los enviaron al combate, y en el caso de los niños no combatientes que fueron víctimas, hay que resaltar que en principio fueron víctimas de los paraguayos los niños argentinos, pero debido a que no fueron retratados y las tornas de la guerra pronto se volvieron contra Paraguay (los daguerrotipistas comenzaron a llegar al frente mucho después, ya más avanzado el conflicto), la mayoría de la lucha se dió en territorio paraguayo, y por ello hubo muchos más civiles, incluidos niños y niños soldados paraguayos víctimas de la guerra, pero como se evidencia hubo niños soldado en ambos bandos ya que era bastante habitual en aquellas épocas, aunque no tan expuestos al enemigo ni en tanta cantidad por lo menos en el bando argentino.


•17: Javier López viajó dos veces al campo de batalla en 1866. En uno de sus viajes capturó esta imagen del general Mitre, líder de Argentina, y su Estado mayor (Javier López,  Bate & Cía, col BNU).


•18: Algunos de los prisioneros paraguayos capturados por Uruguay. Más de la mitad de la población paraguaya falleció en esta guerra (Javier López,  Bate & Cía, col BNU).


•19: Iglesia empleada como improvisado hospital militar (Javier López,  Bate & Cía, col BNU).


•20: Procesión en un campamento brasileño.


•22: Tropas, presumiblemente argentinas, aunque también podrían ser brasileñas, operando piezas de artillería.


•23: Prisioneros paraguayos tomados por Venancio Flores, militar y político uruguayo, presidente de la República en los períodos de 1853-1855 y 1865-1868. Asumió la jefatura del Estado uruguayo con el título de «gobernador provisorio» durante casi cuatro años. Se involucró, conjuntamente con el Imperio de Brasil y los unitarios de Buenos Aires, en la Guerra de la Triple Alianza contra Paraguay (Javier López,  Bate & Cía, col BNU).




•31: En la desesperación del conflicto, los niños paraguayos fueron utilizados como carne de cañón por los mandos paraguayos durante la Guerra de Triple Alianza, siendo el Presidente paraguayo, General Francisco Solano López el mayor responsable de este abuso.






•36: Prisioneros paraguayos en manos de tropa brasileña a la izquierda, y de tropa argentina a la derecha.


•37: Fotografía tomada en 1866 y publicada por la Biblioteca Nacional de Uruguay que representa a un grupo de sodados del 26 Corpo de Volun­tarios da Patria brasileño de Ceará, durante un simulacro en Paraguay durante la Guerra de la Triple Alianza 1864-70 (Javier López,  Bate & Cía, col BNU).


•42: Soldados argentinos del Batallón San Nicolás durante la Campaña del Paraguay.


•43: La brutalidad del conflicto se dio en ambos bandos, aunque la historia suele apuntar sólo contra el bando aliado, en especial el brasileño; los paraguayos fueron bestiales en el trato a prisioneros y contra la población civil en los territorios que ocupaban, pero como la suerte de la guerra muy rápidamente se tornó en su contra y casi toda la guerra se luchó luego en suelo paraguayo, terminaron llevando la peor parte por obvias razones y consecuencia de la brutalidad con que se condujeron desde un principio. Su incursión en Argentina, al invadir Corrientes, fue bestial, dedicándose las tropas paraguayas al pillaje, la violación y el asesinato, lo que despertó la ira en Buenos Aires y la famosa, y trágica, frase de Bartolomé Mitre “En veinticuatro horas a los cuarteles, en quince días en campaña, en tres meses a la Asunción”. En la imagen advertimos a un sacerdote brasileño (adelante, a la izquierda, parado) con refugiados de la ciudad de San Pedro, Paraguay, en su mayoría mujeres y niños, en 1869 o 1870. El grupo de personas atrás a la derecha pertenece al bando Aliado.


•44: Décadas más tarde de terminada la Guerra con Paraguay, luego conocida como Guerra de la Triple Alianza, vemos a veteranos de guerra argentinos, Jefes y Oficiales de la Campaña del Paraguay con el Presidente Carlos Pellegrini de Argentina.


•45: Durán, veterano de la Guerra de la Triple Alianza, uno de los primeros en llegar al entierro del General Bartolomé Mitre, en 1906 (AGN_DDF/ Caja 544, inv: 25886).




•47: Medallas de la Guerra de la Triple Alianza.