Mostrando las entradas con la etiqueta US Navy. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta US Navy. Mostrar todas las entradas

lunes, 5 de octubre de 2026

Bomba planeadora: JDAM-LR con turborreactor


Boeing ha recibido autorización para comenzar la producción de la munición de ataque directo de largo alcance conjunta (JDAM-LR) para la Armada de los Estados Unidos. La JDAM-LR es esencialmente un
misil de crucero pequeño derivado de la familia de bombas de precisión JDAM. Esta arma proporcionará a la Armada, y potencialmente a otros servicios, una nueva forma de reforzar sus reservas de municiones de ataque a distancia lanzadas desde el aire. Todo esto se produce tras el anuncio de la Armada, en abril, de los exitosos lanzamientos de prueba de la JDAM-LR desde cazas F/A-18E/F Super Hornet.

En un comunicado de prensa emitido ayer, Boeing anunció haber recibido una Acción de Contrato No Definida (UCA, por sus siglas en inglés) de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos por un valor de 75 millones de dólares, relacionada con la producción del misil JDAM-LR para la Armada. La Fuerza Aérea actúa como administrador central del programa conjunto JDAM. Por definición, una UCA implica que las partes aún deben concretar los detalles finales del acuerdo, incluyendo el precio. Las UCA se utilizan a menudo para impulsar proyectos en respuesta a necesidades urgentes.



Se observa un misil JDAM-LR bajo el ala izquierda de un F/A-18E Super Hornet de la Armada de los Estados Unidos durante una prueba
.

«Este primer contrato de producción representa un hito importante para el programa JDAM LR, demostrando nuestra capacidad para ofrecer capacidad de ataque de precisión de largo alcance a un costo significativamente menor», declaró Bob Ciesla, vicepresidente de Boeing Precision Engagement Systems, en un comunicado, subrayando la confianza en el nuevo UCA. «Ampliar la producción de la GBU-75 proporcionará a la flota una solución asequible y sostenible diseñada para eliminar las amenazas terrestres y marítimas de largo alcance contra las fuerzas estadounidenses e internacionales, y permitirles operar de forma segura y eficaz en un campo de batalla disputado».

La designación GBU-75/B se ha aplicado, hasta el momento, a las municiones JDAM-LR completas. El comunicado de Boeing de ayer también reveló que el componente principal del arma, la denominada Unidad de Entrega de Carga Útil (PDU), ahora también ha sido designada BSU-111/B.

Al igual que las JDAM sin propulsión, la JDAM-LR es más un kit que una munición en sí misma. La PDU contiene la sección de guiado, sistemas para interactuar con la aeronave lanzadora, un kit de alas desplegables y un motor turborreactor compacto (que se entiende que es el TDI-J85 ). La PDU se combina luego con una bomba estandarizada de baja resistencia aerodinámica de 500 libras como ojiva para crear un arma completa.

Al igual que con las variantes de JDAM, que también vienen en versiones de 1000 y 2000 libras, el diseño modular tipo kit crea una enorme flexibilidad en la configuración de las JDAM-LR. En el pasado, Boeing mostró imágenes de lo que originalmente denominó JDAM propulsada (PJDAM) combinada con bombas de alto explosivo de uso general y minas antibuque de aguas poco profundas lanzadas desde el aire . Ya existen muchas otras bombas de 500 libras con este mismo formato, incluyendo diseños especializados destinados a reducir el riesgo de daños colaterales.



Modelo para túnel de viento que representa una versión de lo que originalmente se denominó Power JDAM (PJDAM), equipado con una bomba de alto explosivo de uso general como ojiva. Imagen publicada por
Boeing de las pruebas en túnel de viento del PJDAM , que concluyeron a principios de este año.


Otro modelo de túnel de viento del PJDAM, en este caso uno equipado con una mina naval de aguas poco profundas de la serie Quickstrike.
Boeing Un modelo de túnel de viento que representa un PJDAM equipado con una mina naval de aguas poco profundas Quickstrike de fabricación estadounidense como ojiva. Boeing

En cuanto a la guía, el JDAM-LR utiliza el sistema de navegación inercial asistido por GPS de la familia JDAM sin motor. Este método de guía solo puede utilizarse para alcanzar coordenadas estáticas. Boeing ya ha presentado conceptos para sistemas de guía multimodo que podrían incluir buscadores activos, como un radar o un sistema de imágenes infrarrojas, lo que permitiría atacar objetivos en movimiento tanto en tierra como en mar. Boeing ya produce una versión del JDAM de 227 kg (500 libras) que incorpora un buscador láser para interceptar objetivos en movimiento.

La principal ventaja del JDAM-LR sobre los modelos JDAM existentes reside, sin duda, en su mayor alcance. Boeing afirma que la versión propulsada puede alcanzar objetivos a más de 345 millas (300 millas náuticas) de distancia. Un JDAM típico, con poca potencia, puede planear tras su lanzamiento, pero solo hasta unas 15 millas, según la Fuerza Aérea. Con la incorporación de un kit de alas desplegables , los modelos JDAM-ER (Extended Range) tienen un mayor alcance, llegando a aproximadamente 45 millas. Todo esto depende de diversos factores, especialmente de la altitud de lanzamiento y la velocidad de la plataforma de lanzamiento.

Este diseño, y el aprovechamiento de la tecnología existente de la familia JDAM, también ofrecen ventajas en cuanto a costes y escalabilidad de la producción. Boeing afirma haber invertido cerca de 100 millones de dólares de su propio capital en este programa, cuyos orígenes se remontan , como mínimo, a finales de la década de 2010
.

Modelo del misil JDAM motorizado expuesto en 2021.
Joseph Trevithick. Maqueta del JDAM motorizado con sus alas desplegadas en posición desplegada. Joseph Trevithick.

Se desconoce el costo unitario exacto de un JDAM-LR típico. Sin embargo, históricamente, los kits estándar de JDAM han costado entre  $20,000 y $30,000. Se desconoce el precio actual de un motor TDI-J85, pero TWZ ha utilizado el  Williams F107, un turborreactor más grande empleado en varios misiles de crucero, como punto de comparación. Informes anteriores sitúan el precio del F107 en unos $190,000. Una bomba típica de baja resistencia aerodinámica de 500 libras añadiría otros miles de dólares a ese total.

En cualquier caso, especialmente para la Armada, el JDAM-LR ofrece una vía de menor coste y menor riesgo para reforzar las capacidades de munición de largo alcance de sus alas aéreas de portaaviones y sus reservas de dichas armas para futuros combates. Cabe destacar que la Armada canceló en 2021 los planes previos para adquirir una versión con turborreactor de la bomba planeadora AGM-154 Joint Stand-Off Weapon (JSOW) en favor de una nueva versión del misil antibuque de largo alcance AGM-158C (LRAM) con capacidad secundaria de ataque terrestre. En 2024, la Armada también reveló que estaba descartando los planes para incorporar la funcionalidad de ataque terrestre en la variante AGM-158C-3. También cabe señalar que el LRAM es un arma muy capaz, pero también muy cara, con costes unitarios que generalmente rondan los 3 millones de dólares, independientemente de la versión.

Las alas aéreas de los portaaviones de la Armada también tienen acceso al misil AGM-84K Standoff Land Attack Missile-Expanded Response (SLAM-ER), que puede ser empleado por los F/A-18E/F Super Hornet. El SLAM-ER, una versión de ataque terrestre lanzada desde el aire derivada del misil de crucero antibuque Harpoon, tiene un alcance máximo de aproximadamente 274 kilómetros (170 millas) . El costo unitario de estos misiles ronda los 3 millones de dólares.

Ampliar el alcance de los aviones de ataque en las alas aéreas de los portaaviones de la Armada ya es una prioridad absoluta y seguirá siéndolo en el futuro, a medida que los adversarios, especialmente China , sigan expandiendo sus zonas de negación de acceso y de área (A2/AD). Esto, a su vez, alejará cada vez más a los portaaviones de las zonas objetivo. El alcance de lanzamiento también contribuye a mantener las plataformas de lanzamiento más alejadas de las defensas aéreas hostiles.

Además, los continuos enfrentamientos con Irán , que se suman a años de otras crisis en Oriente Medio y otras partes del mundo , han acentuado la preocupación por las reservas de municiones y la capacidad de reabastecerlas rápidamente. Las alarmas están sonando con fuerza . El ejército estadounidense ha tomado medidas para revertir estas tendencias , pero aún faltan años para que se obtengan resultados sustanciales . Capacidades como el misil JDAM-LR ofrecen vías adicionales cada vez más cruciales para reabastecer las reservas de municiones de ataque a distancia.

Teniendo esto en cuenta, es posible, si no muy probable, que la producción de JDAM-LR se extienda a otros servicios más allá de la Armada. Como se mencionó, la Fuerza Aérea es la principal responsable del programa JDAM y quien realiza los pedidos. Los aliados y socios extranjeros, especialmente aquellos que ya cuentan con existencias de JDAM, también podrían sumarse a esta nueva iniciativa de adquisición, lo que generaría economías de escala adicionales.

Al menos, tras años de desarrollo, Boeing está a punto de comenzar la producción del JDAM-LR, empezando por los pedidos de la Armada.

Contacta con el autor: joe@twz.com

martes, 1 de septiembre de 2026

Doctrina naval: ¿Vuelven los portaaviones ligeros?

El retorno de los portaaviones ligeros

Días del futuro pasado

En las décadas inmediatamente posteriores a la Segunda Guerra Mundial, los portaaviones ligeros decrecieron en número progresivamente, convirtiéndose en la solución de aquellas armadas que no podían permitirse mantener verdaderos portaaviones de flota. Esta tendencia se hizo todavía más acusada con el final de la Guerra Fría y la baja de muchos de los últimos exponentes todavía en servicio. Ahora, ante un nuevo escenario de competición entre grandes potencias en el que la supremacía naval ya no está asegurada para los EE. UU. y sus aliados y ante la imposibilidad de operar un número mayor de supercarriers de las clases Nimitz y Gerald R. Ford, el concepto de portaaviones ligero está recuperando gran parte de su atractivo. Además, no solo gracias a la posibilidad de acceder -al menos para algunos socios de los EE. UU. al F-35B, sino como plataforma desde la que operar drones de ala fija, algo en lo que trabajan entre otros China y Turquía.

Antes de entrar en materia, es obligado hacer alguna referencia a las diferencias entre los portaaviones ligeros, los portaaviones de escolta y, por supuesto, los portaaviones de flota, pues son conceptos que muchas veces se utilizan de forma indistinta. Esto es así especialmente en el caso de los dos primeros, por más que sus orígenes y funciones fuesen diferentes. Podemos definirlos, de forma muy poco ortodoxa pero bastante didáctica, de la siguiente manera:

Portaaviones de flota: Representados por buques como los portaaviones convencionales clase Kitty Hawk y los portaaviones nucleares de las clases Enterprise, Nimitz y Gerald R. Ford estadounidenses, en este grupo, por su papel y aunque no sean comparables en otros aspectos, podrían incluirse buques como el Charles de Gaulle francés o el futuro Tipo 003 chino. Incluso el Almirante Kuznetsov ruso y sus derivados, aunque tanto por sus orígenes como por sus capacidades son un tanto diferentes. Lo importante aquí es que se trata de buques con un clara vocación estratégica (de ahí la inclusión del ruso, como demuestra su papel en la guerra de Siria). Auténticos capital ship de nuestros días (papel que le disputan cada vez más los submarinos), son de diseño CATOBAR -o STOBAR en el caso de los diseños soviéticos- lo que permite a sus aviones embarcados el despegue mediante catapultas de vapor (a la espera de las EMALS) y el aterrizaje mediante cables de frenado o bien recurriendo una rampa ski-jump como sustituto de las primeras. Esto hace posible adoptar versiones navalizadas de los cazabombarderos en servicio con sus fuerzas aéreas en lugar de recurrir a modelos específicos VTOL (Vertical Take-Off and Landing o despegue y aterrizaje vertical) como los Sea Harrier, los Yak-38 o los F-35B. En el caso de aquellos que utilizan catapultas, también pueden operar aparatos de alerta temprana de ala fija como el E2 Hawkeye o el futuro KJ-600 chino. Además, su diseño y su tamaño repercuten también en el ritmo de operaciones que pueden afrontar y en el peso al despegue con el que pueden iniciar estos aviones sus misiones, lo que a su vez incide en el número de equipos y municiones que pueden montar y en su radio de acción. Dado que su misión fundamental es el combate aeronaval y la proyección de este sobre tierra, necesitan de una importante escolta, generalmente formada por cruceros y destructores y, en menor medida, fragatas, además de submarinos.

El «Big-E», USS Enterprise (CVN-65), con sus ocho reactores nucleares, inauguró la era de la propulsión nuclear aplicada a portaaviones. No fue sin embargo el primer portaaviones de flota de la US Navy en lucir este nombre. Su antecesor, el CV-6, tendría un papel estelar en la Batalla de Midway, durante la Segunda Guerra Mundial, hundiendo sus aviones los portaaviones japoneses Kaga y Akagi. Fuente – US Navy.

Portaaviones ligeros: En este caso, su misión fundamental sigue siendo la misma que la de los portaaviones de flota: proyectar el poder aeronaval. Eso sí, a una escala menor. También adoptan misiones secundarias dependiendo de la armada en la que sirvan. Así, por ejemplo, para los EE. UU. podrían ser útiles tanto de cara a emplearse en teatros secundarios, como para aumentar en determinados momentos el número de aparatos disponibles en apoyo de los CVN. Tanto su eslora como su manga y desplazamiento son sensiblemente inferiores, rondando entre el 25 y el 50 por ciento respecto a los supercarriers estadounidenses. Naturalmente, el número de aviones que pueden embarcar es menor. Además, aunque no siempre ha sido así (ahí está el ejemplo de los antiguos Clemenceau y Foch franceses, dotados de catapultas) generalmente se ven obligados a recurrir a aviones con capacidad de despegue corto y aterrizaje vertical. En cualquier caso, esta limitación de tamaño no solo impone un ritmo menor en las operaciones, sino que obliga a renunciar entre otras cosas a los aviones de alerta temprana. Por lo demás, necesitan también de escolta para su protección. Era el caso de la Armada Española en tiempos del extinto «Grupo Alfa» compuesto por el portaaviones «Príncipe de Asturias» y la 41º Escuadrilla de Escoltas. Con todo, son plataformas versátiles desde las que se puede proyectar el poder aeronaval, ofrecen capacidades antibubmarinas y antibuque, la posibilidad de lanzar misiones CAP, CAS como apoyo por ejemplo a desembarcos anfibios o SEAD, etc, pero sin el coste de sus hermanos mayores.

Con poco más de 13.000 toneladas de desplazamiento, los portaaviones ligeros británicos de la clase Colossus podían transportar hasta 48 aeronaves. Se construyeron 8 unidades que terminaron por servir en armadas tan distintas como la de Brasil, la de los Países Bajos o la de Argentina. En la imagen el HMS Ocean (R86), en 1952. Fuente – Royal Navy.

Portaaviones de escolta: En este caso la premisa básica era el ahorro en tiempo y dinero. Su cometido, mientras se utilizaron, fue el de prestar escolta, como su propio nombre indica, a convoyes, fuerzas anfibias, etcétera. Vivieron su apogeo durante la II Guerra Mundial y para su construcción se recurrió a todo tipo de argucias, como utilizar cascos de buques de transporte civiles con tal de reducir costes. Como buques nacidos en un contexto tan determinado, una vez finalizado el conflicto fueron dados de baja en su mayoría, pues adolecían de importantes problemas como la falta de velocidad y la debilidad estructural, consecuencia de su origen civil.

Los portaaviones de escolta británicos de la clase Avenger, como el HMS Avenger (en la imagen), fueron construidos a partir de buques mercantes estadounidenses del tipo C3 y eran una solución barata que buscaba responder a un problema concreto; la defensa de los convoyes que permitían el trasiego de las vitales mercancías entre los EE. UU. e Inglaterra durante la Segunda Guerra Mundial. En el mejor de los casos podían transportar una quincena de aeronaves y alcanzar una velocidad máxima de 16,5 nudos, pero era suficiente para ofrecer protección a los convoyes. Fuente – Royal Navy.

Naturalmente, esta es una clasificación de «brocha gorda» que podría hacerse de muchas otras manera, por ejemplo tomando en consideración la forma en que los aparatos despegan y aterrizan. Al fin y al cabo, existen múltiples casos que difícilmente admiten un encuadre claro, empezando por el mismísimo Almirante Kuznetsov, pasando por los Liaoning y Shandong chinos o el Vikramaditya indio, muy similares al primero y llegando hasta la clase Queen Elizabeth británica. Todos ellos son buques con un desplazamiento superior al de los portaaviones ligeros tradicionales hasta el punto de ser mayores, tanto en eslora como en manga y desplazamiento que el propio Charles de Gaulle francés. En el caso británico, además, si no es un portaaviones CATOBAR es por circunstancias sobrevenidas, puesto que el proyecto original era el de contar con catapultas, algo a lo que hubieron de renunciar por razones puramente económicas. Por otra parte, muchos portaaviones se diseñaron para misiones específicas como la guerra antisubmarina y al cambiar el entorno estratégico y operativo, fueron adaptando su rol hacia nuevas misiones, como ocurrió con nuestro Príncipe de Asturias, concebido en Estados Unidos como una suerte de portaaviones de escolta, pero utilizado por la Armada Española para misiones de guerra antisubmarina, ofrecer apoyo aéreo en operaciones de desembarco, etc.


En esta imagen, que distingue los tipos de portaaviones en función del mecanismo de despegue y aterrizaje, se aprecia la diferencia de tamaño entre diversos buques, resaltando las enormes diferencias entre portaaviones que, en principio, son -o eran, ya que alguno ha pasado a mejor vida- del mismo tipo.

Estos cambios y la continua evolución no son ninguna excepción. No debemos olvidar que la historia de los portaaviones fue en sus inicios bastante compleja, haciéndose experimentos de todo tipo, desde modificar otros buques de guerra a utilizar hidroaviones que eran depositados y recogidos de la superficie del mar mediante grúas. El concepto se perfeccionaría en el periodo de entreguerras y especialmente gracias a las lecciones recogidas durante la Segunda Guerra Mundial y llegaría a su cénit con la clase Forrestal y sus sucesores hasta nuestros días. Por el camino, el diseño de los portaaviones, incluso de los ligeros, no dejaría de ganar en tamaño y complejidad hasta llegar, con la clase Ford pronta a entrar en servicio, a su máxima expresión.

Los ingenieros -tratando de cumplir las peticiones de los marinos y aviadores- han buscado en todo momento diseñar buques más adecuados en cuanto a velocidad, autonomía o resistencia estructural, pero especialmente en cuanto al número de misiones que pudiesen lanzar, la variedad en los tipos de aeronaves que pudiesen operar y la capacidad de sostener las operaciones en el tiempo, lo que ha llevado a un crecimiento continuo en su desplazamiento y complejidad. Cambios que han estado íntimamente relacionados con la evolución, en paralelo, de su ala embarcada y que ha venido marcada por fenómenos como:

  • La incorporación de equipos electrónicos de todo tipo (mayores radares, pods, comunicaciones…)

  • La necesidad de transportar una panoplia de armamento mucho más amplia.

  • Los cambios en la propulsión, pues con la llegada de los aviones a reacción se multiplicaban los requerimientos en cuanto a capacidad de almacenamiento de combustible, al tamaño de los hangares y a los equipos necesarios para prestar el adecuado mantenimiento.

Esto se entiende mejor con ejemplos concretos. Si un Mitsubishi A6M Zero contaba con una longitud de 9,06 metros y un peso máximo al despegue de 2.796 kilogramos, los actuales Boeing F/A-18 Super Hornet de la US Navy tienen una longitud de 18,3 metros y un peso máximo al despegue de 21.320 kilogramos, cifras que en el caso de los Sukhoi Su-33 rusos crecen hasta los 21,94 metros y 33.000 kilogramos. A su vez,  si un caza Zero podía cargar con 2 bombas de 60 kg o una de 250 kg, que además tenían un tamaño muy limitado, un Super Hornet cuenta con 11 puntos de anclaje mediante los cuales puede utilizar diversas configuraciones de bombas y misiles, totalizando una capacidad de carga de 8.050 kg, esto es, 32 veces más. Bregar con esta complejidad no ha sido sencillo y ha obligado a:

  • Introducir modificaciones en aparatos cada vez mayores, como el sistema de plegado de las alas que facilita las operaciones a bordo (uso de ascensores, almacenamiento…).

  • Adaptar el tamaño de los buques de forma que pudiesen seguir operando un número adecuado de aeronaves, lo que ha tenido su reflejo en el tamaño. Esto se aprecia a la perfección observando la evolución sufrida por los CV/CVN estadounidenses, pasando estos de las 45.000 toneladas de la clase Midway a las 83.000 de los Kitty Hawk, 94.700 del Enterprise y aproximadamente 100.000 de los Nimitz y Gerald R. Ford.

  • Apostar por ingenios V/STOL como los British Aerospace Sea Harrier y sus desarrollos posteriores, caso de los McDonnell Douglas AV-8B Harrier II en el caso occidental. Más allá del Telón de Acero, a gastar ingentes recursos en el defenestrado Yak-41, un primer intento de crear un cazabombardero STOVL supersónico. Como curiosidad, su sistema de propulsión serviría de inspiración para el F-35B después de Lockheed Martin se hiciese con los derechos de producción de estos aparatos, lo que no quiere decir, ni mucho menos, que el F-35 sea un diseño ruso, como sostienen algunos.

Esta última opción hizo posible mantener unas capacidades aeronavales dignas a países que, en otras circunstancias, se habrían visto forzados a renunciar a sus portaaviones. Además, con notable éxito, como lo atestigua el papel de los Harrier británicos en la Guerra de las Malvinas o de los AV-8B en la Guerra del Golfo y en Yugoslavia. De hecho, diversos buques -como nuestro Dédalo (ex-USS Cabot) fueron adaptados para la ocasión, mientras iban entrando en servicio nuevas clases de portaaeronaves diseñados específicamente para operar este tipo de aparatos. Por desgracia, con el paso del tiempo, la obsolescencia de los Harrier y sus evoluciones y sin más opción de futuro que los F-35B, un aparato caro desarrollado como parte de un programa que ha dado y todavía da muchos problemas pese a sus bondades, la fiebre por los portaaviones ligeros parecía haber amainado, quedando como única opción los portaaviones CATOBAR o STOBAR.

Especialmente estos últimos, que evitan incorporar las complejas y carísimas catapultas, han vivido desde el final de la Guerra Fría un importante auge, aunque no por razones económicas o por su valía como portaaviones, sino por felices -o infelices, como en el caso británico- casualidades. Tanto Rusia como Ucrania disponían de cascos a medio construir o dados de baja de forma prematura. Estos eran una opción ideal como paso intermedio, de forma que países que aspiraban a tener su propio programa de portaaviones pudiesen acortar camino, haciendo ingeniería inversa por una parte y recibiendo asistencia técnica por otra. La idea ha sido un éxito, pese a los sobrecostes y contratiempos, tal y como demuestran los casos de India y China, ambas potencias con importantes aspiraciones navales.

Estos dos países han utilizado como base sendos buques soviéticos (Bakú y Varyag) para sus Vikramaditya y Liaoning, utilizados como escalón previo al lanzamiento de diseños basados en los anteriores, pero totalmente nacionales (Vikrant y Shandong). Es más, siendo totalmente consecuentes con su posición, poderío económico, industrial y tecnológico y ambiciones, en ambos casos trabajan, en base a lo aprendido, en nuevos desarrollos mucho más modernos y capaces, esta vez sí, totalmente originales (IAC-2 y Tipo 003). En el caso de la aviación embarcada, el camino está siendo algo diferente, pues si hasta ahora han apostado por aparatos rusos o derivados (MiG-29K/Shenyang J-15), India continúa valorando qué aparato elegir de entre distintas opciones rusas, francesas y estadounidenses mientras prosigue el desarrollo de la variante naval del HAL Tejas y China parece concentrada en su Shenyang FC-31.

Respecto al Reino Unido, como decíamos, ha seguido un camino contrario, pues de plantearse un portaaviones CATOBAR en colaboración con Francia, ha pasado a tener dos monstruosos portaaviones STOVL de 65.000 toneladas a plena carga. Sin embargo, no parece que muchos más países estén dispuestos a apostar por esta opción, prefiriendo la mayoría optar por diseños mucho más ligeros, en muchos casos derivados de buques anfibios tipo LHD (Landing Helicopter Dock).



El tamaño de los cazas navales ha ido creciendo, multiplicando de paso las necesidades en cuanto a almacenamiento de combustible, recambios y armamento frente a épocas pasadas.



Los Su-33, con una longitud de casi 22 metros y una envergadura de 14,7 metros (7,4 en la imagen, con las alas plegadas) son capaces de transportar hasta 6.500 kilogramos de bombas frente a los 250 de los Zero japoneses de la Segunda Guerra Mundial.


¿El final de los supercarriers?

Si, como veremos, la mayor parte de Estados que se están sumando a la fiebre de los portaaviones lo hacen construyendo nuevos portaaviones ligeros o modificando LHDs para que puedan cumplir con esta función, ¿significa esto el ocaso de los supercarriers? Lo cierto es que no, por las razones que explicaremos a continuación.

Hace unos meses, en estas mismas páginas, Guillermo Pulido nos explicaba las razones por las que los CVN estadounidenses no iban a ser dados de baja y también cómo en la guerra futura, su papel seguirá siendo clave. Poco antes, Alejandro A. Vilches Alarcón nos hablaba sobre la resistencia estructural de los buques de guerra y las ventajas innegables de operar buques de gran porte. También del error que supone para una armada recurrir (salvo en casos puntuales relacionados con la negación del mar) a buques polivalentes y de escaso tonelaje por ahorrar dinero, al ser una falsa economía.

Actualmente son muchos los que, incluso en el seno de la US Navy, parecen plantearse la validez del concepto de supercarrier. Ahora bien, es un debate mal entendido, pues la mayoría de expertos no hablan en ningún caso de renunciar definitivamente a estos buques, sino que teorizan sobre el papel que han de tener en el seno de la flota, lo que es muy diferente. Las discusiones giran en torno a varios asuntos relacionados:

  • ¿Se está produciendo un cambio de paradigma? Aunque muchos lo dan por hecho, especialmente en webs rusas y chinas con un claro interés en presionar en este sentido, no está nada claro que los CVN vayan a ceder su puesto como buques capitales en el corto plazo. No lo harán ni respecto a los submarinos armados con misiles antibuque supersónicos (que es la idea que sostienen los críticos), ni a cualquier otro tipo de buque ahora en estudio, como es el caso de los buques autónomos. Se afirma constantemente que los submarinos son más difíciles de detectar y hundir, pero quienes sostienen estas tesis podrían estar trabajando sobre información viciada, ya que las capacidades ASW han ido disminuyendo en los últimos años, pero podrían recuperarse (y de hecho se están recuperando) a marchas forzadas, eliminando en gran medida esa supuesta ventaja. Aunque es un ejemplo que debe ser tomado con todas las precauciones, como curiosidad durante la Segunda Guerra Mundial, la US Navy perdió 52 de sus 263 submarinos, el 19,8 por ciento. En el caso de los portaaviones (y metiendo en el saco los portaaviones ligeros y de escolta), se perdieron 15 de 99, esto es, el 15,2 por ciento. Luego hay otra serie de factores a considerar como la incapacidad de los submarinos para ejercer el dominio positivo del mar, ofrecer alerta temprana, apoyo a operaciones de desembarco o la casi inexistente capacidad de autoreparación, que hace que por seguridad, tras sufrir casi cualquier incidente, deban volver a base para su examen y reparación. Al fin y al cabo el número de tripulantes en los submarinos es muy limitado, no cuentan con talleres de envergadura ni con espacio para recambios y, como consecuencia, las capacidades del trozo de reparaciones son mínimas. Por supuesto la resistencia estructural de los submarinos es menor y sigue habiendo problemas importantes por ejemplo a la hora de comunicarse con ellos, lo que les impide asumir el papel de buques de mando, entre otras cosas.

martes, 4 de agosto de 2026

Destructor: clase Fletcher

Clase Fletcher


La Clase Fletcher fue una clase de destructores de la Armada de los Estados Unidos, que alcanzó las 175 unidades entre 1942 y 1944. Fueron construidos por varios astilleros en los Estados Unidos para su servicio en la Segunda Guerra Mundial, y algunos sirvieron durante la guerra de Corea e incluso en la guerra de Vietnam. Muchos de estos fueron vendidos a algunos países contra los que combatió, como Italia, Alemania y Japón, así como a otras armadas.

La Armada Argentina operó cinco destructores de la Clase Fletcher entre las décadas de 1960 y 1980:
  • ARA Almirante Brown (D-20) (ex USS Heermann)
  • ARA Espora (D-21) (ex USS Dortch)
  • ARA Rosales (D-22) (ex USS Stembel)
  • ARA Almirante Domecq García (D-23) (ex USS Braine)
  • ARA Almirante Storni (D-24) (ex USS Cowell)
Fueron incorporados bajo un Programa de Asistencia Militar y sirvieron activamente hasta ser radiados y desguazados entre 1978 y la década de 1980.


sábado, 4 de julio de 2026

Israel: La traición del ataque al USS Liberty

Sobre cómo Israel atacó a Estados Unidos

Pavel Gusterin || Top War



 


Nick Tabor, incidente del USS Liberty

Durante la Guerra de los Seis Días, el 8 de junio de 1967, las Fuerzas de Defensa de Israel atacaron el USS Liberty, un buque de comunicaciones e inteligencia de la Armada estadounidense. El ataque causó la muerte de 34 personas a bordo e hirió a aproximadamente 170. Décadas después, el Washington Post calificó el suceso como "uno de los incidentes en tiempos de paz más sangrientos y extraños en la historia de la Armada estadounidense". Tras el incidente, el gobierno israelí afirmó que se había producido un error de comunicación entre los militares y que los atacantes confundieron el Liberty con un buque enemigo. Sin embargo, varios oficiales militares y de inteligencia estadounidenses han sostenido durante años que el ataque fue deliberado. El incidente sigue siendo objeto de controversia.

El Liberty comenzó su servicio como el vapor mercante armado Simmons Victory, zarpando en los últimos días de la Segunda Guerra Mundial. Tras la guerra, al buque de 140 metros de eslora se le retiraron los cañones de cubierta y se utilizó como buque de carga civil hasta su desmantelamiento en 1958. La Armada de los Estados Unidos adquirió el buque en 1963 y lo rebautizó como Liberty en junio de ese mismo año. A finales de mayo de 1967, la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) solicitó permiso para desplegar el buque en el Mediterráneo oriental. Los conflictos entre Israel y varios países árabes, principalmente Siria, Egipto y Jordania, se estaban intensificando, y la NSA esperaba obtener más información sobre la situación. El buque estaba equipado con varias docenas de antenas diseñadas para recibir transmisiones de radio. Su misión era monitorear las comunicaciones de los países árabes, pero no las de Israel.

La Guerra de los Seis Días comenzó el 5 de junio de 1967, cuando Israel lanzó ataques aéreos contra países árabes. Israel destruyó con éxito aviones egipcios en tierra y controló el espacio aéreo durante el resto de la guerra. Estados Unidos no tomó partido en el conflicto.

El 8 de junio, el Liberty se encontraba en aguas internacionales frente a la península del Sinaí cuando varios aviones de reconocimiento israelíes sobrevolaron la zona esa mañana. El Liberty ondeaba la bandera estadounidense y su número de serie, GTR-5, era claramente visible en la proa y la popa. El ataque comenzó a las 15:05, cuando dos cazabombarderos israelíes Mirage dispararon cañones de 30 mm contra el Liberty. El Liberty estaba armado únicamente con cuatro ametralladoras montadas en cubierta, y algunos miembros de la tripulación intentaron responder al fuego de los aviones atacantes. Estas ametralladoras, así como las antenas de comunicaciones del barco, fueron destruidas rápidamente. Un escuadrón de cazabombarderos israelíes Super Mystere siguió poco después, lanzando napalm y ametrallando el barco con fuego de cañón. Gran parte del Liberty quedó en llamas.



Alrededor de las 15:20, tres lanchas torpederas israelíes se aproximaron al buque. Dispararon sus cañones de cubierta contra el Liberty y comenzaron a lanzar torpedos. Según los informes, una explosión causó la muerte de 25 personas e hirió a decenas más. El ataque finalmente se suspendió alrededor de las 16:30. Oficiales israelíes declararon que fue entonces cuando se percataron de que el buque era estadounidense. Un total de 34 personas a bordo murieron y otras 171 resultaron heridas.



Cuando el presidente estadounidense Lyndon Johnson (presidente 1963-1969 – P.G.) fue notificado del ataque, inicialmente supuso que la URSS era la responsable. Israel pronto informó a Estados Unidos que había atacado al Liberty, confundiéndolo con un barco enemigo. Una investigación posterior del gobierno israelí reveló que el cuartel general naval sabía que el barco era estadounidense al menos tres horas antes del ataque, pero esta información no se transmitió a quienes finalmente autorizaron el hundimiento del Liberty. 



El capitán del USS Liberty, en un discurso pronunciado en el Cementerio Nacional de Arlington, declaró: "No creo que se trate de un caso de identidad equivocada".

La administración Johnson no refutó públicamente la explicación israelí del ataque. Cuando Johnson publicó sus memorias cuatro años después, volvió a aceptar la explicación del gobierno israelí: «Este desgarrador episodio angustió profundamente a los israelíes», escribe, «como a nosotros». Sin embargo, inmediatamente después del ataque, declaró a un reportero de Newsweek que creía que el ataque había sido deliberado. Creía que el motivo de Israel era impedir la interceptación de las transmisiones israelíes desde el Liberty. (Esto pudo haber sido una venganza por la postura de EE. UU. sobre la Agresión Tripartita de 1956. – P.G.)


MASSIE: «Los israelíes napalmearon la cubierta del USS Liberty y luego ametrallaron los botes salvavidas. Estaban decididos a no dejar sobrevivientes.» Tardó 59 años en que los sobrevivientes del USS Liberty fueran siquiera reconocidos por nuestro gobierno ocupado. Dios bendiga a Thomas Massie.

La mayoría de los altos funcionarios de la administración estadounidense compartían estas sospechas en privado. El director de la NSA, el teniente general Marshall Carter, declaró en una entrevista en 1988 que creía que el ataque "no pudo haber sido otra cosa que deliberado". Muchos sobrevivientes y sus familias también estaban convencidos de que Israel sabía que el barco era estadounidense, y durante décadas continuaron exigiendo una investigación completa del Congreso, sin éxito. En 1997, en el 30.º aniversario del ataque, el capitán William McGonagle, excomandante del Liberty, declaró que durante muchos años quiso creer que el ataque fue "un puro error", pero no pudo aceptar esa explicación. Se unió a las peticiones de una investigación.

El político y académico israelí Michael Oren, exoficial de las FDI que ha escrito extensamente sobre la Guerra de los Seis Días, ha sido un firme defensor de la postura del gobierno israelí. En 2000, escribió un artículo titulado "USS Liberty: Caso cerrado", en el que argumentaba que todos los documentos oficiales desclasificados demostraban claramente que el ataque fue un error.

Sin embargo, el tema sigue siendo controvertido. En 2007, varios oficiales militares y de inteligencia declararon al Chicago Tribune que habían visto cables que indicaban que los israelíes estaban al tanto del ataque al buque estadounidense. "Juraría sobre la Biblia que sabíamos que lo sabían", afirmó Oliver Kirby, subdirector de operaciones de la NSA en el momento del ataque.


martes, 12 de mayo de 2026

North American FJ-2/-3/-4 Fury: Alas en flecha embarcadas

North American FJ-2/-3/-4 Fury





Los North American FJ-2/-3/-4 Fury fueron una serie de cazas embarcados en servicio con la Armada y el Cuerpo de Marines de los Estados Unidos. Basados en el F-86 Sabre, la serie FJ fue diseñada con alas plegables y, finalmente, con un tren de aterrizaje bajo la nariz diseñado para incrementar el ángulo de ataque durante el aterrizaje y absorber el golpe en los aterrizajes sobre la pista de vuelo de un portaaviones. A pesar de compartir la designación con su distante predecesor, el FJ-1 Fury, el FJ Fury es un avión totalmente diferente.




Desarrollo

El Fury es la variante naval del North American F-86 Sabre. Curiosamente el North American FJ-2 Fury cierra un círculo ya que el propio F-86 Sabre era una variante del caza naval FJ-1 Fury, un reactor con alas rectas. El FJ-1 fue el primer caza naval a reacción que operó desde un portaaviones, entrando en servicio en 1948 con el escuadrón VF-51. La carrera del FJ-1 fue muy breve, al quedar rápidamente obsoleto, y pronto la Armada solicitó a North American navalizar algunos F-86E y someterlos a pruebas.

FJ-2

Para 1951, los cazas de alas rectas operados por la armada americana eran claramente inferiores a los MiG-15 Soviéticos, de alas en flecha, que operaban en la Guerra de Corea, y los cazas más modernos diseñados para la marina, incluyendo al F7U Cutlass y al F9F Cougar, aún no estaban listos para su construcción. Como una solución transitoria, se compraron tres F-86 con equipamientos específicos de la armada y un fuselaje reforzado. Los tres comenzaron los vuelos de prueba en diciembre de 1951 bajo la designación XFJ-2. Finalmente fue puesto en producción como el FJ-2, pero la construcción fue retrasada debido a la prioridad de la demanda de "Sabres" en Corea, así no llegó a producirse en masa hasta la finalización del conflicto. Para entonces, debido a al débil engranaje de la nariz y el gancho para aterrizajes en los Fury, la armada prefirió el F9F Cougar por su desempeño superior a bajas velocidades, ideales para operaciones embarcadas, y los 200 FJ-2 construidos fueron entregados al Cuerpo de Marines.

FJ-3

FJ-3s of VMF-235 in 1957
Un FJ-4b con seis vainas de cohetes LAU-3/A en 1957.
FJ-4F prototipo con un motor cohete adicional
FJ-1 volando junto a un FJ-2 en 1952
4 FJ-3 en la cubierta del USS Intrepid (CV-11) en el Atlántico norte en 1957 junto con un A-1 Skyraider.
un Fury en la cubierta de vuelo del USS Intrepid (CV-11) Nave Museo.

El desarrollo del FJ-3, que estaba propulsado por el nuevo turborreactor Armstrong Siddeley Sapphire, construido bajo licencia, tuvo su primer vuelo en julio de 1953. Las entregas comenzaron en septiembre de 1954, y se unieron a la flota en mayo de 1955. Un FJ-3 fue el primer caza en aterrizar en la cubierta del súper portaaviones USS Forrestal (CV-59) en 1956. Un total de 538 FJ-3 fueron construidos, incluyendo los 194 FJ-3M, con capacidad para portar los misiles aire-aire AIM-9 Sidewinder. Algunos fueron modificados luego para controlar "Regulus" y como blancos (target drones) para los F9F-6K Cougar. En 1955 la armada adquirió el nuevo diseño de ala probado exitosamente en los F-86F, con espacio extra para combustible y en 1956 doto a todos los FJ-3 con capacidad para reabastecimiento en vuelo.

FJ-4

El FJ-4 fue la cuarta modificación de Fury, con vistas a prestar servicio principalmente con el USMC, y por tanto con mejora en capacidades de ataque. La versión final de la serie Fury fue el FJ-4 y el FJ-4B, que poseían importantes mejoras sobre versiones anteriores. La capacidad de carga de combustible interno fue incrementada. La cola y las alas fueron modificadas para obtener mayor control y estabilidad durante las operaciones en portaaviones y el tren de aterrizaje fue ensanchado. Las entregas comenzaron en febrero de 1955, y excepto por un escuadrón de la armada que entrenaba a los pilotos del FJ-4B, estos Fury fueron usados solo por el Cuerpo de Marines. El FJ-4B era una versión caza-bombardero, capas de cargar armamento en pilotes bajo las alas, incluyendo armas nucleares tácticas. Un total de 152 FJ-4 y 222 FJ-4B fueron producidos.

Redesignación

Cuando el nuevo sistema de designación fue adoptado en 1962, el FJ-4 pasó a llamarse F-1E y el FJ-4B pasó a llamarse AF-1E. Estos últimos sirvieron en unidades de la Reserva Naval de los Estados Unidos hasta el final de los 60’.


Variantes

XFJ-2

Aviones de prueba y evaluación tres construidos

FJ-2 Fury

Aviones de caza y bombardero de un solo asiento, equipados con alas plegables; propulsado por un turborreactor General Electric J47-GE-2; 200 construidos.

FJ-3 Fury (después de 1962 F-1C)

Versión de caza-bombardero de un solo asiento, impulsada por el más potente motor turborreactor J65-W-4 de 7.800 lbf (34.7 kN) o 7,650 lbf (34 kN); 538 construidos.

FJ-3M Fury (después de 1962 MF-1C)

Versión mejorada del FJ-3, con la capacidad de transportar misiles aire-aire AIM-9 Sidewinder; 194 FJ-3 convertido a este estándar.

FJ-3D (después de 1962 DF-1C)

conversiones a aviones de control para misiles Regulus SSM-N-8 y drones objetivo KDU.

FJ-3D2 (después de 1962 DF-1D)

conversiones a aviones de control para aviones no tripulados de F9F-6K Cougar.


Usuarios

Bandera de Estados Unidos Estados Unidos
  • Cuerpo de Marines de los Estados Unidos
  • Armada de los Estados Unidos


Especificaciones

Características generales

  • Tripulación: 1
  • Longitud: 11,1 m (36,4 ft)
  • Envergadura: 11,9 m (39 ft)
  • Altura: 4,2 m (13,8 ft)
  • Superficie alar: 31,5 m² (338,6 ft²)
  • Peso vacío: 5992 kg (13 206,4 lb)
  • Peso cargado: 9130 kg (20 122,5 lb)
  • Peso máximo al despegue: 10 750 kg (23 693 lb)
  • Planta motriz: 1× Turbojet General Electric J47.
    • Empuje normal: 34 kN (3467 kgf; 7644 lbf) de empuje.


Rendimiento

  • Velocidad máxima operativa (Vno): 1090 km/h (677 MPH; 589 kt)
  • Alcance: 1530 km (826 nmi; 951 mi)
  • Alcance en ferry: 3250 m (10 663 ft)
  • Techo de vuelo: 14 300 m (46 916 ft)
  • Régimen de ascenso: 38,9 m/s (7657 ft/min)


Armamento

  • Cañones: 4× cañones de 20 mm
  • Misiles:
    • 4xAIM-9 Sidewinder