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martes, 1 de septiembre de 2026

Doctrina naval: ¿Vuelven los portaaviones ligeros?

El retorno de los portaaviones ligeros

Días del futuro pasado

En las décadas inmediatamente posteriores a la Segunda Guerra Mundial, los portaaviones ligeros decrecieron en número progresivamente, convirtiéndose en la solución de aquellas armadas que no podían permitirse mantener verdaderos portaaviones de flota. Esta tendencia se hizo todavía más acusada con el final de la Guerra Fría y la baja de muchos de los últimos exponentes todavía en servicio. Ahora, ante un nuevo escenario de competición entre grandes potencias en el que la supremacía naval ya no está asegurada para los EE. UU. y sus aliados y ante la imposibilidad de operar un número mayor de supercarriers de las clases Nimitz y Gerald R. Ford, el concepto de portaaviones ligero está recuperando gran parte de su atractivo. Además, no solo gracias a la posibilidad de acceder -al menos para algunos socios de los EE. UU. al F-35B, sino como plataforma desde la que operar drones de ala fija, algo en lo que trabajan entre otros China y Turquía.

Antes de entrar en materia, es obligado hacer alguna referencia a las diferencias entre los portaaviones ligeros, los portaaviones de escolta y, por supuesto, los portaaviones de flota, pues son conceptos que muchas veces se utilizan de forma indistinta. Esto es así especialmente en el caso de los dos primeros, por más que sus orígenes y funciones fuesen diferentes. Podemos definirlos, de forma muy poco ortodoxa pero bastante didáctica, de la siguiente manera:

Portaaviones de flota: Representados por buques como los portaaviones convencionales clase Kitty Hawk y los portaaviones nucleares de las clases Enterprise, Nimitz y Gerald R. Ford estadounidenses, en este grupo, por su papel y aunque no sean comparables en otros aspectos, podrían incluirse buques como el Charles de Gaulle francés o el futuro Tipo 003 chino. Incluso el Almirante Kuznetsov ruso y sus derivados, aunque tanto por sus orígenes como por sus capacidades son un tanto diferentes. Lo importante aquí es que se trata de buques con un clara vocación estratégica (de ahí la inclusión del ruso, como demuestra su papel en la guerra de Siria). Auténticos capital ship de nuestros días (papel que le disputan cada vez más los submarinos), son de diseño CATOBAR -o STOBAR en el caso de los diseños soviéticos- lo que permite a sus aviones embarcados el despegue mediante catapultas de vapor (a la espera de las EMALS) y el aterrizaje mediante cables de frenado o bien recurriendo una rampa ski-jump como sustituto de las primeras. Esto hace posible adoptar versiones navalizadas de los cazabombarderos en servicio con sus fuerzas aéreas en lugar de recurrir a modelos específicos VTOL (Vertical Take-Off and Landing o despegue y aterrizaje vertical) como los Sea Harrier, los Yak-38 o los F-35B. En el caso de aquellos que utilizan catapultas, también pueden operar aparatos de alerta temprana de ala fija como el E2 Hawkeye o el futuro KJ-600 chino. Además, su diseño y su tamaño repercuten también en el ritmo de operaciones que pueden afrontar y en el peso al despegue con el que pueden iniciar estos aviones sus misiones, lo que a su vez incide en el número de equipos y municiones que pueden montar y en su radio de acción. Dado que su misión fundamental es el combate aeronaval y la proyección de este sobre tierra, necesitan de una importante escolta, generalmente formada por cruceros y destructores y, en menor medida, fragatas, además de submarinos.

El «Big-E», USS Enterprise (CVN-65), con sus ocho reactores nucleares, inauguró la era de la propulsión nuclear aplicada a portaaviones. No fue sin embargo el primer portaaviones de flota de la US Navy en lucir este nombre. Su antecesor, el CV-6, tendría un papel estelar en la Batalla de Midway, durante la Segunda Guerra Mundial, hundiendo sus aviones los portaaviones japoneses Kaga y Akagi. Fuente – US Navy.

Portaaviones ligeros: En este caso, su misión fundamental sigue siendo la misma que la de los portaaviones de flota: proyectar el poder aeronaval. Eso sí, a una escala menor. También adoptan misiones secundarias dependiendo de la armada en la que sirvan. Así, por ejemplo, para los EE. UU. podrían ser útiles tanto de cara a emplearse en teatros secundarios, como para aumentar en determinados momentos el número de aparatos disponibles en apoyo de los CVN. Tanto su eslora como su manga y desplazamiento son sensiblemente inferiores, rondando entre el 25 y el 50 por ciento respecto a los supercarriers estadounidenses. Naturalmente, el número de aviones que pueden embarcar es menor. Además, aunque no siempre ha sido así (ahí está el ejemplo de los antiguos Clemenceau y Foch franceses, dotados de catapultas) generalmente se ven obligados a recurrir a aviones con capacidad de despegue corto y aterrizaje vertical. En cualquier caso, esta limitación de tamaño no solo impone un ritmo menor en las operaciones, sino que obliga a renunciar entre otras cosas a los aviones de alerta temprana. Por lo demás, necesitan también de escolta para su protección. Era el caso de la Armada Española en tiempos del extinto «Grupo Alfa» compuesto por el portaaviones «Príncipe de Asturias» y la 41º Escuadrilla de Escoltas. Con todo, son plataformas versátiles desde las que se puede proyectar el poder aeronaval, ofrecen capacidades antibubmarinas y antibuque, la posibilidad de lanzar misiones CAP, CAS como apoyo por ejemplo a desembarcos anfibios o SEAD, etc, pero sin el coste de sus hermanos mayores.

Con poco más de 13.000 toneladas de desplazamiento, los portaaviones ligeros británicos de la clase Colossus podían transportar hasta 48 aeronaves. Se construyeron 8 unidades que terminaron por servir en armadas tan distintas como la de Brasil, la de los Países Bajos o la de Argentina. En la imagen el HMS Ocean (R86), en 1952. Fuente – Royal Navy.

Portaaviones de escolta: En este caso la premisa básica era el ahorro en tiempo y dinero. Su cometido, mientras se utilizaron, fue el de prestar escolta, como su propio nombre indica, a convoyes, fuerzas anfibias, etcétera. Vivieron su apogeo durante la II Guerra Mundial y para su construcción se recurrió a todo tipo de argucias, como utilizar cascos de buques de transporte civiles con tal de reducir costes. Como buques nacidos en un contexto tan determinado, una vez finalizado el conflicto fueron dados de baja en su mayoría, pues adolecían de importantes problemas como la falta de velocidad y la debilidad estructural, consecuencia de su origen civil.

Los portaaviones de escolta británicos de la clase Avenger, como el HMS Avenger (en la imagen), fueron construidos a partir de buques mercantes estadounidenses del tipo C3 y eran una solución barata que buscaba responder a un problema concreto; la defensa de los convoyes que permitían el trasiego de las vitales mercancías entre los EE. UU. e Inglaterra durante la Segunda Guerra Mundial. En el mejor de los casos podían transportar una quincena de aeronaves y alcanzar una velocidad máxima de 16,5 nudos, pero era suficiente para ofrecer protección a los convoyes. Fuente – Royal Navy.

Naturalmente, esta es una clasificación de «brocha gorda» que podría hacerse de muchas otras manera, por ejemplo tomando en consideración la forma en que los aparatos despegan y aterrizan. Al fin y al cabo, existen múltiples casos que difícilmente admiten un encuadre claro, empezando por el mismísimo Almirante Kuznetsov, pasando por los Liaoning y Shandong chinos o el Vikramaditya indio, muy similares al primero y llegando hasta la clase Queen Elizabeth británica. Todos ellos son buques con un desplazamiento superior al de los portaaviones ligeros tradicionales hasta el punto de ser mayores, tanto en eslora como en manga y desplazamiento que el propio Charles de Gaulle francés. En el caso británico, además, si no es un portaaviones CATOBAR es por circunstancias sobrevenidas, puesto que el proyecto original era el de contar con catapultas, algo a lo que hubieron de renunciar por razones puramente económicas. Por otra parte, muchos portaaviones se diseñaron para misiones específicas como la guerra antisubmarina y al cambiar el entorno estratégico y operativo, fueron adaptando su rol hacia nuevas misiones, como ocurrió con nuestro Príncipe de Asturias, concebido en Estados Unidos como una suerte de portaaviones de escolta, pero utilizado por la Armada Española para misiones de guerra antisubmarina, ofrecer apoyo aéreo en operaciones de desembarco, etc.


En esta imagen, que distingue los tipos de portaaviones en función del mecanismo de despegue y aterrizaje, se aprecia la diferencia de tamaño entre diversos buques, resaltando las enormes diferencias entre portaaviones que, en principio, son -o eran, ya que alguno ha pasado a mejor vida- del mismo tipo.

Estos cambios y la continua evolución no son ninguna excepción. No debemos olvidar que la historia de los portaaviones fue en sus inicios bastante compleja, haciéndose experimentos de todo tipo, desde modificar otros buques de guerra a utilizar hidroaviones que eran depositados y recogidos de la superficie del mar mediante grúas. El concepto se perfeccionaría en el periodo de entreguerras y especialmente gracias a las lecciones recogidas durante la Segunda Guerra Mundial y llegaría a su cénit con la clase Forrestal y sus sucesores hasta nuestros días. Por el camino, el diseño de los portaaviones, incluso de los ligeros, no dejaría de ganar en tamaño y complejidad hasta llegar, con la clase Ford pronta a entrar en servicio, a su máxima expresión.

Los ingenieros -tratando de cumplir las peticiones de los marinos y aviadores- han buscado en todo momento diseñar buques más adecuados en cuanto a velocidad, autonomía o resistencia estructural, pero especialmente en cuanto al número de misiones que pudiesen lanzar, la variedad en los tipos de aeronaves que pudiesen operar y la capacidad de sostener las operaciones en el tiempo, lo que ha llevado a un crecimiento continuo en su desplazamiento y complejidad. Cambios que han estado íntimamente relacionados con la evolución, en paralelo, de su ala embarcada y que ha venido marcada por fenómenos como:

  • La incorporación de equipos electrónicos de todo tipo (mayores radares, pods, comunicaciones…)

  • La necesidad de transportar una panoplia de armamento mucho más amplia.

  • Los cambios en la propulsión, pues con la llegada de los aviones a reacción se multiplicaban los requerimientos en cuanto a capacidad de almacenamiento de combustible, al tamaño de los hangares y a los equipos necesarios para prestar el adecuado mantenimiento.

Esto se entiende mejor con ejemplos concretos. Si un Mitsubishi A6M Zero contaba con una longitud de 9,06 metros y un peso máximo al despegue de 2.796 kilogramos, los actuales Boeing F/A-18 Super Hornet de la US Navy tienen una longitud de 18,3 metros y un peso máximo al despegue de 21.320 kilogramos, cifras que en el caso de los Sukhoi Su-33 rusos crecen hasta los 21,94 metros y 33.000 kilogramos. A su vez,  si un caza Zero podía cargar con 2 bombas de 60 kg o una de 250 kg, que además tenían un tamaño muy limitado, un Super Hornet cuenta con 11 puntos de anclaje mediante los cuales puede utilizar diversas configuraciones de bombas y misiles, totalizando una capacidad de carga de 8.050 kg, esto es, 32 veces más. Bregar con esta complejidad no ha sido sencillo y ha obligado a:

  • Introducir modificaciones en aparatos cada vez mayores, como el sistema de plegado de las alas que facilita las operaciones a bordo (uso de ascensores, almacenamiento…).

  • Adaptar el tamaño de los buques de forma que pudiesen seguir operando un número adecuado de aeronaves, lo que ha tenido su reflejo en el tamaño. Esto se aprecia a la perfección observando la evolución sufrida por los CV/CVN estadounidenses, pasando estos de las 45.000 toneladas de la clase Midway a las 83.000 de los Kitty Hawk, 94.700 del Enterprise y aproximadamente 100.000 de los Nimitz y Gerald R. Ford.

  • Apostar por ingenios V/STOL como los British Aerospace Sea Harrier y sus desarrollos posteriores, caso de los McDonnell Douglas AV-8B Harrier II en el caso occidental. Más allá del Telón de Acero, a gastar ingentes recursos en el defenestrado Yak-41, un primer intento de crear un cazabombardero STOVL supersónico. Como curiosidad, su sistema de propulsión serviría de inspiración para el F-35B después de Lockheed Martin se hiciese con los derechos de producción de estos aparatos, lo que no quiere decir, ni mucho menos, que el F-35 sea un diseño ruso, como sostienen algunos.

Esta última opción hizo posible mantener unas capacidades aeronavales dignas a países que, en otras circunstancias, se habrían visto forzados a renunciar a sus portaaviones. Además, con notable éxito, como lo atestigua el papel de los Harrier británicos en la Guerra de las Malvinas o de los AV-8B en la Guerra del Golfo y en Yugoslavia. De hecho, diversos buques -como nuestro Dédalo (ex-USS Cabot) fueron adaptados para la ocasión, mientras iban entrando en servicio nuevas clases de portaaeronaves diseñados específicamente para operar este tipo de aparatos. Por desgracia, con el paso del tiempo, la obsolescencia de los Harrier y sus evoluciones y sin más opción de futuro que los F-35B, un aparato caro desarrollado como parte de un programa que ha dado y todavía da muchos problemas pese a sus bondades, la fiebre por los portaaviones ligeros parecía haber amainado, quedando como única opción los portaaviones CATOBAR o STOBAR.

Especialmente estos últimos, que evitan incorporar las complejas y carísimas catapultas, han vivido desde el final de la Guerra Fría un importante auge, aunque no por razones económicas o por su valía como portaaviones, sino por felices -o infelices, como en el caso británico- casualidades. Tanto Rusia como Ucrania disponían de cascos a medio construir o dados de baja de forma prematura. Estos eran una opción ideal como paso intermedio, de forma que países que aspiraban a tener su propio programa de portaaviones pudiesen acortar camino, haciendo ingeniería inversa por una parte y recibiendo asistencia técnica por otra. La idea ha sido un éxito, pese a los sobrecostes y contratiempos, tal y como demuestran los casos de India y China, ambas potencias con importantes aspiraciones navales.

Estos dos países han utilizado como base sendos buques soviéticos (Bakú y Varyag) para sus Vikramaditya y Liaoning, utilizados como escalón previo al lanzamiento de diseños basados en los anteriores, pero totalmente nacionales (Vikrant y Shandong). Es más, siendo totalmente consecuentes con su posición, poderío económico, industrial y tecnológico y ambiciones, en ambos casos trabajan, en base a lo aprendido, en nuevos desarrollos mucho más modernos y capaces, esta vez sí, totalmente originales (IAC-2 y Tipo 003). En el caso de la aviación embarcada, el camino está siendo algo diferente, pues si hasta ahora han apostado por aparatos rusos o derivados (MiG-29K/Shenyang J-15), India continúa valorando qué aparato elegir de entre distintas opciones rusas, francesas y estadounidenses mientras prosigue el desarrollo de la variante naval del HAL Tejas y China parece concentrada en su Shenyang FC-31.

Respecto al Reino Unido, como decíamos, ha seguido un camino contrario, pues de plantearse un portaaviones CATOBAR en colaboración con Francia, ha pasado a tener dos monstruosos portaaviones STOVL de 65.000 toneladas a plena carga. Sin embargo, no parece que muchos más países estén dispuestos a apostar por esta opción, prefiriendo la mayoría optar por diseños mucho más ligeros, en muchos casos derivados de buques anfibios tipo LHD (Landing Helicopter Dock).



El tamaño de los cazas navales ha ido creciendo, multiplicando de paso las necesidades en cuanto a almacenamiento de combustible, recambios y armamento frente a épocas pasadas.



Los Su-33, con una longitud de casi 22 metros y una envergadura de 14,7 metros (7,4 en la imagen, con las alas plegadas) son capaces de transportar hasta 6.500 kilogramos de bombas frente a los 250 de los Zero japoneses de la Segunda Guerra Mundial.


¿El final de los supercarriers?

Si, como veremos, la mayor parte de Estados que se están sumando a la fiebre de los portaaviones lo hacen construyendo nuevos portaaviones ligeros o modificando LHDs para que puedan cumplir con esta función, ¿significa esto el ocaso de los supercarriers? Lo cierto es que no, por las razones que explicaremos a continuación.

Hace unos meses, en estas mismas páginas, Guillermo Pulido nos explicaba las razones por las que los CVN estadounidenses no iban a ser dados de baja y también cómo en la guerra futura, su papel seguirá siendo clave. Poco antes, Alejandro A. Vilches Alarcón nos hablaba sobre la resistencia estructural de los buques de guerra y las ventajas innegables de operar buques de gran porte. También del error que supone para una armada recurrir (salvo en casos puntuales relacionados con la negación del mar) a buques polivalentes y de escaso tonelaje por ahorrar dinero, al ser una falsa economía.

Actualmente son muchos los que, incluso en el seno de la US Navy, parecen plantearse la validez del concepto de supercarrier. Ahora bien, es un debate mal entendido, pues la mayoría de expertos no hablan en ningún caso de renunciar definitivamente a estos buques, sino que teorizan sobre el papel que han de tener en el seno de la flota, lo que es muy diferente. Las discusiones giran en torno a varios asuntos relacionados:

  • ¿Se está produciendo un cambio de paradigma? Aunque muchos lo dan por hecho, especialmente en webs rusas y chinas con un claro interés en presionar en este sentido, no está nada claro que los CVN vayan a ceder su puesto como buques capitales en el corto plazo. No lo harán ni respecto a los submarinos armados con misiles antibuque supersónicos (que es la idea que sostienen los críticos), ni a cualquier otro tipo de buque ahora en estudio, como es el caso de los buques autónomos. Se afirma constantemente que los submarinos son más difíciles de detectar y hundir, pero quienes sostienen estas tesis podrían estar trabajando sobre información viciada, ya que las capacidades ASW han ido disminuyendo en los últimos años, pero podrían recuperarse (y de hecho se están recuperando) a marchas forzadas, eliminando en gran medida esa supuesta ventaja. Aunque es un ejemplo que debe ser tomado con todas las precauciones, como curiosidad durante la Segunda Guerra Mundial, la US Navy perdió 52 de sus 263 submarinos, el 19,8 por ciento. En el caso de los portaaviones (y metiendo en el saco los portaaviones ligeros y de escolta), se perdieron 15 de 99, esto es, el 15,2 por ciento. Luego hay otra serie de factores a considerar como la incapacidad de los submarinos para ejercer el dominio positivo del mar, ofrecer alerta temprana, apoyo a operaciones de desembarco o la casi inexistente capacidad de autoreparación, que hace que por seguridad, tras sufrir casi cualquier incidente, deban volver a base para su examen y reparación. Al fin y al cabo el número de tripulantes en los submarinos es muy limitado, no cuentan con talleres de envergadura ni con espacio para recambios y, como consecuencia, las capacidades del trozo de reparaciones son mínimas. Por supuesto la resistencia estructural de los submarinos es menor y sigue habiendo problemas importantes por ejemplo a la hora de comunicarse con ellos, lo que les impide asumir el papel de buques de mando, entre otras cosas.

martes, 4 de agosto de 2026

Destructor: clase Fletcher

Clase Fletcher


La Clase Fletcher fue una clase de destructores de la Armada de los Estados Unidos, que alcanzó las 175 unidades entre 1942 y 1944. Fueron construidos por varios astilleros en los Estados Unidos para su servicio en la Segunda Guerra Mundial, y algunos sirvieron durante la guerra de Corea e incluso en la guerra de Vietnam. Muchos de estos fueron vendidos a algunos países contra los que combatió, como Italia, Alemania y Japón, así como a otras armadas.

La Armada Argentina operó cinco destructores de la Clase Fletcher entre las décadas de 1960 y 1980:
  • ARA Almirante Brown (D-20) (ex USS Heermann)
  • ARA Espora (D-21) (ex USS Dortch)
  • ARA Rosales (D-22) (ex USS Stembel)
  • ARA Almirante Domecq García (D-23) (ex USS Braine)
  • ARA Almirante Storni (D-24) (ex USS Cowell)
Fueron incorporados bajo un Programa de Asistencia Militar y sirvieron activamente hasta ser radiados y desguazados entre 1978 y la década de 1980.


sábado, 4 de julio de 2026

Israel: La traición del ataque al USS Liberty

Sobre cómo Israel atacó a Estados Unidos

Pavel Gusterin || Top War



 


Nick Tabor, incidente del USS Liberty

Durante la Guerra de los Seis Días, el 8 de junio de 1967, las Fuerzas de Defensa de Israel atacaron el USS Liberty, un buque de comunicaciones e inteligencia de la Armada estadounidense. El ataque causó la muerte de 34 personas a bordo e hirió a aproximadamente 170. Décadas después, el Washington Post calificó el suceso como "uno de los incidentes en tiempos de paz más sangrientos y extraños en la historia de la Armada estadounidense". Tras el incidente, el gobierno israelí afirmó que se había producido un error de comunicación entre los militares y que los atacantes confundieron el Liberty con un buque enemigo. Sin embargo, varios oficiales militares y de inteligencia estadounidenses han sostenido durante años que el ataque fue deliberado. El incidente sigue siendo objeto de controversia.

El Liberty comenzó su servicio como el vapor mercante armado Simmons Victory, zarpando en los últimos días de la Segunda Guerra Mundial. Tras la guerra, al buque de 140 metros de eslora se le retiraron los cañones de cubierta y se utilizó como buque de carga civil hasta su desmantelamiento en 1958. La Armada de los Estados Unidos adquirió el buque en 1963 y lo rebautizó como Liberty en junio de ese mismo año. A finales de mayo de 1967, la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) solicitó permiso para desplegar el buque en el Mediterráneo oriental. Los conflictos entre Israel y varios países árabes, principalmente Siria, Egipto y Jordania, se estaban intensificando, y la NSA esperaba obtener más información sobre la situación. El buque estaba equipado con varias docenas de antenas diseñadas para recibir transmisiones de radio. Su misión era monitorear las comunicaciones de los países árabes, pero no las de Israel.

La Guerra de los Seis Días comenzó el 5 de junio de 1967, cuando Israel lanzó ataques aéreos contra países árabes. Israel destruyó con éxito aviones egipcios en tierra y controló el espacio aéreo durante el resto de la guerra. Estados Unidos no tomó partido en el conflicto.

El 8 de junio, el Liberty se encontraba en aguas internacionales frente a la península del Sinaí cuando varios aviones de reconocimiento israelíes sobrevolaron la zona esa mañana. El Liberty ondeaba la bandera estadounidense y su número de serie, GTR-5, era claramente visible en la proa y la popa. El ataque comenzó a las 15:05, cuando dos cazabombarderos israelíes Mirage dispararon cañones de 30 mm contra el Liberty. El Liberty estaba armado únicamente con cuatro ametralladoras montadas en cubierta, y algunos miembros de la tripulación intentaron responder al fuego de los aviones atacantes. Estas ametralladoras, así como las antenas de comunicaciones del barco, fueron destruidas rápidamente. Un escuadrón de cazabombarderos israelíes Super Mystere siguió poco después, lanzando napalm y ametrallando el barco con fuego de cañón. Gran parte del Liberty quedó en llamas.



Alrededor de las 15:20, tres lanchas torpederas israelíes se aproximaron al buque. Dispararon sus cañones de cubierta contra el Liberty y comenzaron a lanzar torpedos. Según los informes, una explosión causó la muerte de 25 personas e hirió a decenas más. El ataque finalmente se suspendió alrededor de las 16:30. Oficiales israelíes declararon que fue entonces cuando se percataron de que el buque era estadounidense. Un total de 34 personas a bordo murieron y otras 171 resultaron heridas.



Cuando el presidente estadounidense Lyndon Johnson (presidente 1963-1969 – P.G.) fue notificado del ataque, inicialmente supuso que la URSS era la responsable. Israel pronto informó a Estados Unidos que había atacado al Liberty, confundiéndolo con un barco enemigo. Una investigación posterior del gobierno israelí reveló que el cuartel general naval sabía que el barco era estadounidense al menos tres horas antes del ataque, pero esta información no se transmitió a quienes finalmente autorizaron el hundimiento del Liberty. 



El capitán del USS Liberty, en un discurso pronunciado en el Cementerio Nacional de Arlington, declaró: "No creo que se trate de un caso de identidad equivocada".

La administración Johnson no refutó públicamente la explicación israelí del ataque. Cuando Johnson publicó sus memorias cuatro años después, volvió a aceptar la explicación del gobierno israelí: «Este desgarrador episodio angustió profundamente a los israelíes», escribe, «como a nosotros». Sin embargo, inmediatamente después del ataque, declaró a un reportero de Newsweek que creía que el ataque había sido deliberado. Creía que el motivo de Israel era impedir la interceptación de las transmisiones israelíes desde el Liberty. (Esto pudo haber sido una venganza por la postura de EE. UU. sobre la Agresión Tripartita de 1956. – P.G.)


MASSIE: «Los israelíes napalmearon la cubierta del USS Liberty y luego ametrallaron los botes salvavidas. Estaban decididos a no dejar sobrevivientes.» Tardó 59 años en que los sobrevivientes del USS Liberty fueran siquiera reconocidos por nuestro gobierno ocupado. Dios bendiga a Thomas Massie.

La mayoría de los altos funcionarios de la administración estadounidense compartían estas sospechas en privado. El director de la NSA, el teniente general Marshall Carter, declaró en una entrevista en 1988 que creía que el ataque "no pudo haber sido otra cosa que deliberado". Muchos sobrevivientes y sus familias también estaban convencidos de que Israel sabía que el barco era estadounidense, y durante décadas continuaron exigiendo una investigación completa del Congreso, sin éxito. En 1997, en el 30.º aniversario del ataque, el capitán William McGonagle, excomandante del Liberty, declaró que durante muchos años quiso creer que el ataque fue "un puro error", pero no pudo aceptar esa explicación. Se unió a las peticiones de una investigación.

El político y académico israelí Michael Oren, exoficial de las FDI que ha escrito extensamente sobre la Guerra de los Seis Días, ha sido un firme defensor de la postura del gobierno israelí. En 2000, escribió un artículo titulado "USS Liberty: Caso cerrado", en el que argumentaba que todos los documentos oficiales desclasificados demostraban claramente que el ataque fue un error.

Sin embargo, el tema sigue siendo controvertido. En 2007, varios oficiales militares y de inteligencia declararon al Chicago Tribune que habían visto cables que indicaban que los israelíes estaban al tanto del ataque al buque estadounidense. "Juraría sobre la Biblia que sabíamos que lo sabían", afirmó Oliver Kirby, subdirector de operaciones de la NSA en el momento del ataque.


martes, 12 de mayo de 2026

North American FJ-2/-3/-4 Fury: Alas en flecha embarcadas

North American FJ-2/-3/-4 Fury





Los North American FJ-2/-3/-4 Fury fueron una serie de cazas embarcados en servicio con la Armada y el Cuerpo de Marines de los Estados Unidos. Basados en el F-86 Sabre, la serie FJ fue diseñada con alas plegables y, finalmente, con un tren de aterrizaje bajo la nariz diseñado para incrementar el ángulo de ataque durante el aterrizaje y absorber el golpe en los aterrizajes sobre la pista de vuelo de un portaaviones. A pesar de compartir la designación con su distante predecesor, el FJ-1 Fury, el FJ Fury es un avión totalmente diferente.




Desarrollo

El Fury es la variante naval del North American F-86 Sabre. Curiosamente el North American FJ-2 Fury cierra un círculo ya que el propio F-86 Sabre era una variante del caza naval FJ-1 Fury, un reactor con alas rectas. El FJ-1 fue el primer caza naval a reacción que operó desde un portaaviones, entrando en servicio en 1948 con el escuadrón VF-51. La carrera del FJ-1 fue muy breve, al quedar rápidamente obsoleto, y pronto la Armada solicitó a North American navalizar algunos F-86E y someterlos a pruebas.

FJ-2

Para 1951, los cazas de alas rectas operados por la armada americana eran claramente inferiores a los MiG-15 Soviéticos, de alas en flecha, que operaban en la Guerra de Corea, y los cazas más modernos diseñados para la marina, incluyendo al F7U Cutlass y al F9F Cougar, aún no estaban listos para su construcción. Como una solución transitoria, se compraron tres F-86 con equipamientos específicos de la armada y un fuselaje reforzado. Los tres comenzaron los vuelos de prueba en diciembre de 1951 bajo la designación XFJ-2. Finalmente fue puesto en producción como el FJ-2, pero la construcción fue retrasada debido a la prioridad de la demanda de "Sabres" en Corea, así no llegó a producirse en masa hasta la finalización del conflicto. Para entonces, debido a al débil engranaje de la nariz y el gancho para aterrizajes en los Fury, la armada prefirió el F9F Cougar por su desempeño superior a bajas velocidades, ideales para operaciones embarcadas, y los 200 FJ-2 construidos fueron entregados al Cuerpo de Marines.

FJ-3

FJ-3s of VMF-235 in 1957
Un FJ-4b con seis vainas de cohetes LAU-3/A en 1957.
FJ-4F prototipo con un motor cohete adicional
FJ-1 volando junto a un FJ-2 en 1952
4 FJ-3 en la cubierta del USS Intrepid (CV-11) en el Atlántico norte en 1957 junto con un A-1 Skyraider.
un Fury en la cubierta de vuelo del USS Intrepid (CV-11) Nave Museo.

El desarrollo del FJ-3, que estaba propulsado por el nuevo turborreactor Armstrong Siddeley Sapphire, construido bajo licencia, tuvo su primer vuelo en julio de 1953. Las entregas comenzaron en septiembre de 1954, y se unieron a la flota en mayo de 1955. Un FJ-3 fue el primer caza en aterrizar en la cubierta del súper portaaviones USS Forrestal (CV-59) en 1956. Un total de 538 FJ-3 fueron construidos, incluyendo los 194 FJ-3M, con capacidad para portar los misiles aire-aire AIM-9 Sidewinder. Algunos fueron modificados luego para controlar "Regulus" y como blancos (target drones) para los F9F-6K Cougar. En 1955 la armada adquirió el nuevo diseño de ala probado exitosamente en los F-86F, con espacio extra para combustible y en 1956 doto a todos los FJ-3 con capacidad para reabastecimiento en vuelo.

FJ-4

El FJ-4 fue la cuarta modificación de Fury, con vistas a prestar servicio principalmente con el USMC, y por tanto con mejora en capacidades de ataque. La versión final de la serie Fury fue el FJ-4 y el FJ-4B, que poseían importantes mejoras sobre versiones anteriores. La capacidad de carga de combustible interno fue incrementada. La cola y las alas fueron modificadas para obtener mayor control y estabilidad durante las operaciones en portaaviones y el tren de aterrizaje fue ensanchado. Las entregas comenzaron en febrero de 1955, y excepto por un escuadrón de la armada que entrenaba a los pilotos del FJ-4B, estos Fury fueron usados solo por el Cuerpo de Marines. El FJ-4B era una versión caza-bombardero, capas de cargar armamento en pilotes bajo las alas, incluyendo armas nucleares tácticas. Un total de 152 FJ-4 y 222 FJ-4B fueron producidos.

Redesignación

Cuando el nuevo sistema de designación fue adoptado en 1962, el FJ-4 pasó a llamarse F-1E y el FJ-4B pasó a llamarse AF-1E. Estos últimos sirvieron en unidades de la Reserva Naval de los Estados Unidos hasta el final de los 60’.


Variantes

XFJ-2

Aviones de prueba y evaluación tres construidos

FJ-2 Fury

Aviones de caza y bombardero de un solo asiento, equipados con alas plegables; propulsado por un turborreactor General Electric J47-GE-2; 200 construidos.

FJ-3 Fury (después de 1962 F-1C)

Versión de caza-bombardero de un solo asiento, impulsada por el más potente motor turborreactor J65-W-4 de 7.800 lbf (34.7 kN) o 7,650 lbf (34 kN); 538 construidos.

FJ-3M Fury (después de 1962 MF-1C)

Versión mejorada del FJ-3, con la capacidad de transportar misiles aire-aire AIM-9 Sidewinder; 194 FJ-3 convertido a este estándar.

FJ-3D (después de 1962 DF-1C)

conversiones a aviones de control para misiles Regulus SSM-N-8 y drones objetivo KDU.

FJ-3D2 (después de 1962 DF-1D)

conversiones a aviones de control para aviones no tripulados de F9F-6K Cougar.


Usuarios

Bandera de Estados Unidos Estados Unidos
  • Cuerpo de Marines de los Estados Unidos
  • Armada de los Estados Unidos


Especificaciones

Características generales

  • Tripulación: 1
  • Longitud: 11,1 m (36,4 ft)
  • Envergadura: 11,9 m (39 ft)
  • Altura: 4,2 m (13,8 ft)
  • Superficie alar: 31,5 (338,6 ft²)
  • Peso vacío: 5992 kg (13 206,4 lb)
  • Peso cargado: 9130 kg (20 122,5 lb)
  • Peso máximo al despegue: 10 750 kg (23 693 lb)
  • Planta motriz: 1× Turbojet General Electric J47.
    • Empuje normal: 34 kN (3467 kgf; 7644 lbf) de empuje.


Rendimiento

  • Velocidad máxima operativa (Vno): 1090 km/h (677 MPH; 589 kt)
  • Alcance: 1530 km (826 nmi; 951 mi)
  • Alcance en ferry: 3250 m (10 663 ft)
  • Techo de vuelo: 14 300 m (46 916 ft)
  • Régimen de ascenso: 38,9 m/s (7657 ft/min)


Armamento

  • Cañones: 4× cañones de 20 mm
  • Misiles:
    • 4xAIM-9 Sidewinder








jueves, 7 de mayo de 2026

Un Skyhawk con esteroides: Propuesta A4D-6


Skyhawk como alternativa al A-7: el A4D-6






Introducción

Pocas aeronaves han logrado lo que el Douglas A-4 Skyhawk: atravesar generaciones, conflictos y doctrinas manteniéndose vigente. Apodado “Scooter”, “Tinker Toy” o incluso “Halcón”, el pequeño reactor de ataque embarcado debutó en la década de 1950 y aún hoy continúa operando en fuerzas aéreas y navales —como la Fuerza Aérea Argentina y la Aviación Naval brasileña— además de empresas privadas Red Air.

Sin embargo, la historia pudo haber sido distinta. A comienzos de los años sesenta, la Armada de los Estados Unidos evaluaba seriamente su reemplazo. En ese proceso emergió una alternativa que hoy permanece como un fascinante “qué hubiera pasado si”: el A4D-6, una versión profundamente modernizada del Skyhawk, concebida para ofrecer mayor radio de acción, mejor aviónica todo tiempo y una nueva planta motriz turbofan.

Este artículo reconstruye ese proyecto, analizando su contexto doctrinal, su configuración técnica y las razones por las que no llegó a producción.

El origen: del VAX al VAL

En 1960 la US Navy comenzó a detectar limitaciones estructurales y operativas en los Skyhawk en servicio. Más allá del desgaste natural, existía una demanda creciente por:

  • Mayor alcance y carga útil

  • Aviónica todo tiempo de mayor precisión

  • Mejor capacidad de supervivencia

  • Evaluación de prestaciones supersónicas

Estas necesidades se formalizaron en el programa VAX (Heavier-than-air, Attack, Experimental) en diciembre de 1962. La industria respondió, pero pronto quedó claro que el VAX requería desarrollos tecnológicos completamente nuevos, especialmente en aviónica, lo que implicaba altos costos y largos plazos.

El Secretario de Defensa, Robert McNamara, condicionó la financiación a una revisión exhaustiva de los requerimientos. Así nació el grupo Sea-Based Air Strike Forces (SBASF) en 1962.

Sus conclusiones fueron disruptivas:

  • Una aeronave subsónica podía ofrecer mejor desempeño integral que una supersónica.

  • La velocidad supersónica no mejoraba significativamente la supervivencia.

  • La precisión en el lanzamiento era más relevante que la velocidad.

  • Reducir el costo por objetivo era clave en la evaluación estratégica.

Estas conclusiones derivaron en el programa VAL (Heavier-than-air, Attack, Light) el 17 de mayo de 1963. Se solicitó a la industria propuestas basadas en aeronaves existentes, adaptadas a un nuevo motor —preferentemente el turbofan Pratt & Whitney TF30—.

Respondieron cuatro fabricantes:

  • LTV (derivado del F-8 Crusader)

  • North American (FJ-5 Fury)

  • Grumman (derivado simplificado del A-6)

  • Douglas (A4D-6)

La mejor manera de reemplazar al Skyhawk es con otro Skyhawk

Douglas apostó por una evolución profunda del diseño existente: el A4D-6, basado en el A4D-5 (A-4E).

Comparación dimensional


Imagen: Comparación entre el A4D-5 (A-4E) y el propuesto A4D-6.
Fuente: U.S. Navy National Museum of Naval Aviation vía Wikimedia Commons.

El A4D-6 crecía en dimensiones:

  • Longitud: 14,17 m

  • Envergadura: 9,29 m

  • Superficie alar: 28,6 m²

  • Perfil alar: NACA 0008-1.1-25 (raíz) / NACA 0005-.825-50 (punta)

  • Relación de aspecto: 3.02

El aumento estructural permitía mayor combustible interno:

  • De 810 gal EE.UU. (3.066 L)

  • A 1.100 gal EE.UU. (4.164 L)

Distribuidos en dos celdas principales.

Pesos

  • Peso vacío: 11.150 lb (5.057 kg)

  • Peso máximo al despegue: 25.531 lb (11.580 kg)

  • Sobrecarga: 27.531 lb (12.488 kg)

  • Factor de carga: 5.0 (normal), 4.6 (sobrecarga)

Modificaciones estructurales

  • Tren de nariz con ruedas duales

  • Barra de lanzamiento para catapulta

  • Nariz rediseñada, más abultada

  • Blindaje lateral de cabina (2.5 mm)

  • Nueva carlinga ampliada

Mantenía capacidad nuclear: Mk.105, 28, 43 y Mk.91 (3.500 lb).

Aviónica y sistemas

El A4D-6 integraba una suite avanzada para la época:

  • AN/ASQ-17B (UHF, IFF, SIF)

  • AN/ARN-52

  • AN/ASN-41

  • Computadora TAS

  • AN/APN-141 (radioaltímetro)

  • AN/APN-153 (Doppler)

  • AN/APG-53A (radar)

El armamento interno permanecía:

  • 2 cañones de 20 mm (250 proyectiles cada uno)

  • 5 estaciones externas

Capacidad de carga:

  • 3.575 lb central

  • 1.750 lb intradós (hasta 2.240 lb con restricciones)

  • 550 lb extradós

El gran cambio: el TF30

La adopción del turbofan Pratt & Whitney TF30 (JTF10A-8) fue la transformación más significativa.

  • Longitud: 3,17 m

  • Diámetro: 96 cm

  • Empuje máximo: 11.350 lbf (50,5 kN)

  • Empuje continuo: 9.100 lbf (40,4 kN)

Comparado con el J52:

  • Mayor eficiencia de consumo

  • Mayor empuje

  • Mejora en alcance

Las tomas de aire fueron ampliadas para satisfacer la demanda de flujo.

Douglas ya había explorado conceptos similares, incluyendo una propuesta con Rolls-Royce Spey para Canadá.

Perfil de misión



Imagen: Perfil de misión del A4D-6 en CAS con 3 Mk.83 y 2 Mk.82.
Fuente: Standard Aircraft Characteristics A4D-6 Skyhawk.

En configuración CAS con:

  • 6x Mk.82 (500 lb)

  • 6x Mk.81 (250 lb)

Prestaciones estimadas:

  • MTOW: 26.424 lb (11.985 kg)

  • Velocidad máx: Mach 0.77 a 12.500 ft

  • Radio combate: 840 nmi (1.555 km)

Propuesta

Desde el punto de vista doctrinal, el A4D-6 representaba una solución intermedia ideal:

  1. Reducción de riesgos tecnológicos.

  2. Integración de aviónica moderna sin rediseño total.

  3. Mejora sustancial en alcance.

  4. Compatibilidad con infraestructura existente.

  5. Costos unitarios menores que un diseño nuevo.

El concepto anticipaba lo que décadas más tarde sería norma: evolución incremental sobre plataformas probadas.

Sin embargo, la Navy seleccionó en 1964 el derivado del F-8: el A-7 Corsair II.

Douglas sufrió además la intención de cancelación de contratos A-4 (FY65-66), aunque la Guerra de Vietnam sostuvo la producción.

El A-4 permanecería en fabricación hasta 1979, con 2.960 unidades producidas.

Tres vistas


Imagen: Tres vistas del A4D-6 con medidas en pies.
Fuente: Standard Aircraft Characteristics A4D-6 Skyhawk.

Características técnicas

• Tripulación: 1
• Longitud: 14.17 m
• Envergadura: 9.29 m
• Superficie alar: 28.6 m²
• Peso vacío: 11,150 lb (5,057 kg)
• Peso máximo al despegue: 25,531 lb (11,580 kg)
• Planta motriz: 1× Pratt & Whitney TF30 (JTF10A-8)

  • 11,350 lbf (50.5 kN) máximo

  • 9,100 lbf (40,4 kN) continuo

Performance (3x Mk.83 + 2x Mk.82)

• Velocidad máxima: Mach 0.86 (549 kn / 1.016 km/h)
• Crucero: 423 kn (783 km/h)
• Tasa ascenso: 7.650 fpm
• Techo: 37.400 ft
• Radio acción: 300 nmi / 1.9 h
• Carrera despegue: 1.900 ft

Conclusiones

El A4D-6 no fue simplemente una versión ampliada del Skyhawk. Fue una apuesta estratégica por la evolución sobre la revolución.

Mientras el A-7 Corsair II terminó imponiéndose, el concepto de Douglas tenía virtudes claras:

  • Menor riesgo tecnológico

  • Mejor transición logística

  • Excelente equilibrio costo-capacidad

  • Evolución natural de una plataforma probada

La historia demostró que el Skyhawk aún tenía décadas por delante. Quizás el A4D-6 habría extendido aún más esa longevidad.

A veces, la mejor manera de reemplazar un ícono… es perfeccionarlo.

Fuentes

• Douglas Aircraft. (Agosto 1, 1962). Standard Aircraft Characteristics A4D-6 Skyhawk.
Disponible en: http://www.alternatewars.com/SAC/A4D-6_Skyhawk_SAC_-_1_August_1962.pdf

• Booda, L. (Agosto 12, 1963). Navy Evaluates Light Attack Aircraft Bids. Aviation Week & Space Technology Vol.79(7).

• Foster, W. (Septiembre 11, 2006). A-4 Skyhawk Production History.
Disponible en: https://skyhawk.org/article/douglas-a4-skyhawk-production-history#a4e

• Francillon, R. J. McDonnell Douglas Aircraft since 1920. 1990.

• Gunston, B. y Gilchrist, P. Jet Bombers. Osprey, 1993.

• Donald, D. Wings Of Fame, Vol. 5. Aerospace Publishing, 1996.


Si desea, puedo convertir esto en una versión lista para revista especializada o incluir análisis comparativo técnico A4D-6 vs A-7A en tabla detallada.

viernes, 24 de abril de 2026

CVN: Clase Forrestal

Primer Superportaaviones – Clase Forrestal

War History





Primer Superportaaviones – Clase Forrestal

Lo que se convertiría en la clase Forrestal surgió como una consecuencia de la cancelación de la clase Estados Unidos. Si bien su propósito había cambiado del ataque estratégico nuclear puro con unas pocas aeronaves grandes a un diseño de propósito general capaz de realizar misiones tácticas con un grupo aéreo mucho mayor de aeronaves más pequeñas, su apariencia era notablemente similar. De hecho, las primeras fotografías de maquetas y concepciones artísticas de ambos diseños son casi idénticas, y la configuración inicial del contrato se asemejaba mucho a la del buque anterior. La principal diferencia exterior residía en una proa cerrada tipo "huracán". El diseño debía contar con una cubierta a ras de suelo con una isla retráctil, cuatro chimeneas a babor y cuatro a estribor, diseñadas para minimizar el efecto de los gases de escape en las operaciones de vuelo, y cuatro elevadores de borde de cubierta: uno a estribor, entre el puente retráctil y las chimeneas, dos a babor y uno a popa. Se instalarían cuatro catapultas: dos a proa y una en cada posición de cintura, a babor y a estribor. El armamento incluía pares de montajes de cañones de 5″ en barquillas a cada cuadra. A medida que avanzaba la construcción del primer buque, se aplicaron otros avances en el diseño de portaaviones, como la cubierta inclinada y las catapultas de vapor, mientras el Forrestal aún se encontraba en construcción.

La idea de inclinar la zona de aterrizaje de la cubierta de vuelo de un portaaviones era simple, pero revolucionaria, y se originó en los británicos. Con la cubierta inclinada, la forma tradicional de aterrizar un portaaviones, una aproximación nivelada con corte de potencia, podía cambiarse a una aproximación con potencia, lo que permitía a los pilotos aterrizar con el tren de aterrizaje de emergencia y aplicar inmediatamente toda la potencia para despegar y volver a intentar la vuelta si era necesario. Cuando se introdujeron los nuevos aviones a reacción después de la Segunda Guerra Mundial, sus motores requerían tiempo para alcanzar su máxima potencia. Una aproximación deficiente a menudo implicaba chocar contra las barricadas para evitar chocar con aviones estacionados hacia adelante. Durante la Guerra de Corea, la primera generación de aviones a reacción de ala recta, con sus velocidades de aproximación relativamente bajas, pudo adaptarse a los portaaviones de cubierta recta existentes. Sin embargo, tras la Guerra de Corea, con la entrada en servicio de la segunda generación de aviones a reacción de ala en flecha, las tasas de accidentes aumentaron de forma alarmante. La Armada estadounidense comenzó a considerar seriamente la cubierta angulada en 1951. En 1952, el Midway y el Wasp recibieron modificaciones superficiales para probar el concepto, y el Antietam, un portaaviones de la clase Essex no modernizado, fue equipado con una cubierta angulada real ese mismo año; el primer aterrizaje con cubierta angulada real se realizó en 1953. Como resultado de la experiencia adquirida, se decidió modificar el diseño del Forrestal para adaptarlo a la cubierta angulada.

Las catapultas hidráulicas utilizadas en portaaviones anteriores estaban llegando a sus límites de diseño, y la Armada estadounidense estaba considerando tecnologías alternativas para adaptarse al creciente peso de los portaaviones. Para una carrera de catapulta más eficiente, se requiere una aceleración casi constante y, dadas las limitaciones de longitud, cuanto menor sea la distancia de frenado, mayor será la carrera de potencia. Mientras los estadounidenses trabajaban en diseños de cargas de pólvora, los británicos trabajaban en diseños de cilindros ranurados propulsados ​​por vapor. La primera catapulta de vapor a escala real se instaló en el HMS Perseus en 1950. Una característica destacada de este diseño era un freno de agua, que podía detener una lanzadera de catapulta de 2276 kg en tan solo 1,5 metros.

La tercera innovación británica que condujo al éxito del diseño de Forrestal fue el sistema de aterrizaje por espejo. Para aprovechar las capacidades que ofrecían la cubierta inclinada y la catapulta de vapor, fue necesario desarrollar un nuevo método para controlar las aeronaves a medida que subían a bordo. Un oficial de señales de aterrizaje (LSO) solo podía controlar una aeronave a la vez, y las limitaciones del ojo humano limitaban el control mediante paletas a un máximo de 800 metros. El sistema británico utilizaba un gran espejo, cóncavo respecto a su eje horizontal, situado junto a la zona de aterrizaje, en el borde de la cubierta de vuelo inclinada. El espejo apuntaba hacia atrás, en el ángulo de la senda de planeo, y estaba montado sobre cardanes conectados al sistema de control de tiro del buque, que estaba giroestabilizado. Esto permitía al espejo compensar cualquier movimiento del buque. A popa del espejo se dirigía una potente fuente de luz, de modo que un cono de luz se reflejaba a lo largo de la senda de planeo. El piloto veía un punto de luz, la "bola", cuando volaba en el centro del haz. Para posicionar la aeronave con mayor precisión, se montó una fila horizontal de luces de referencia a ambos lados del espejo. Si el piloto se encontraba en una posición alta en la senda de planeo, la bola aparecía por encima de las luces de referencia; si se encontraba demasiado bajo, aparecía por debajo de ellas. Posteriormente, el espejo fue sustituido por lentes Frenel y colores a la bola, pero el principio del Sistema Óptico de Aterrizaje (OLS) era el mismo.

Estados Unidos se había diseñado con la premisa de operar un avión a reacción de 45.000 kilos que sucedería al AJ-1 Savage como bombardero nuclear embarcado. (En 1952, Estados Unidos detonó su primera bomba termonuclear. Poco después del armisticio coreano de 1953, los rusos también detonaron lo que se creía una bomba de hidrógeno. Posteriormente, las armas atómicas anteriores se incluyeron bajo el término "armas nucleares", que se generalizó). A medida que se desarrollaban nuevas armas nucleares de menor tamaño, la Oficina de Aeronáutica seleccionó el Douglas A3D Skywarrior de 31.000 kilos (posteriormente conocido como A-3) como su bombardero de ataque pesado en 1949. Con un avión más pequeño, era posible construir un portaaviones más pequeño. Incluso antes del estallido de la Guerra de Corea, el representante Carl Vinson, amigo de la Armada desde hacía tiempo, indicó informalmente que el Congreso podría respaldar un portaaviones más pequeño. Sugirió un límite de tamaño de 60.000 toneladas y, aunque no se elaboraron nuevos planes, la Oficina de Buques (BuShips) continuó estudiando las posibles compensaciones de diseño para que el portaaviones no superara el límite de 60.000 toneladas. Estos estudios sentaron las bases de lo que se convertiría en la clase Forrestal cuando se aprobaran los nuevos portaaviones.

En julio de 1950, tras el estallido de la Guerra de Corea, el secretario de Defensa Johnson ofreció al jefe de Operaciones Navales, el almirante Sherman, un nuevo portaaviones, y en octubre, el secretario de la Armada Matthews aprobó un presupuesto revisado de construcción naval para el año fiscal 1952 (AF52) que incluía al Forrestal. El Forrestal se puso en quilla el 14 de julio de 1952 como CVB-59 (la designación CVB, que significa "portaaviones grande", incluía a los Estados Unidos como CVB-58 y a los portaaviones de la clase Midway). Mientras se colocaba la quilla del Forrestal, el Congreso autorizó un segundo portaaviones grande, el Saratoga. Otro portaaviones grande sería financiado cada año durante los siguientes cinco años. El Saratoga se incluyó en el programa de construcción naval del año fiscal 53, el Ranger en el 54 y el Independence en el 55. Con el resurgimiento del apoyo a los portaaviones, se produjo una redesignación para reflejar su misión en lugar de su tamaño. El nuevo buque (junto con los CVB de la clase Midway, los buques CV de la clase Essex y el Enterprise, descontinuado) fueron reclasificados como portaaviones de ataque CVA el 1 de octubre de 1952. A partir del año fiscal 52, la construcción de un nuevo portaaviones cada año fue un objetivo principal de la Armada. El Estado Mayor Conjunto adoptó el objetivo de una fuerza de 12 portaaviones para el año fiscal 52, que se incrementó a 14 en 1952. Finalmente, se estableció un número de 15 portaaviones en tiempos de paz.
Ezoic

El Forrestal, el primer portaaviones construido después de la Segunda Guerra Mundial, tenía un desplazamiento estándar de 60.000 toneladas, de las cuales 76.600 a plena carga. (El desplazamiento es el peso real del buque, ya que un cuerpo flotante desplaza su propio peso en el agua. El desplazamiento a plena carga incluye el peso del buque con todo el combustible y las provisiones a bordo). Con una eslora total de 313 metros, el Forrestal fue también el portaaviones más grande construido hasta ese momento (a excepción del efímero Shinano japonés de la Segunda Guerra Mundial) y fue el primero en ser diseñado específicamente para albergar aviones a reacción. En comparación con un portaaviones modernizado de la clase Essex, el Forrestal tenía una capacidad significativamente mayor: un 70 % más de combustible para buques (2,5 millones de galones frente a 1,5 millones), un 300 % más de combustible de aviación (1,3 millones de galones frente a 440 000), un 154 % más de munición de aviación (1650 toneladas frente a 650) y un 15 % más de almacenamiento de armas nucleares (150 toneladas frente a 130). Gracias a las capacidades del Forrestal, se produjo una notable mejora en la eficacia de las operaciones aéreas, lo que permitió una rápida rotación de aeronaves y una mayor seguridad. Estudios determinaron que su tamaño y diseño le permitieron operar el 96 % del año, en comparación con el 60 % de un portaaviones de la clase Essex, y las tasas de accidentes aéreos se redujeron a la mitad. La propulsión la proporcionaba una planta de turbina de vapor de 260.000 caballos de fuerza (SHP) con cuatro ejes, cuatro turbinas de vapor y ocho calderas Babcock & Wilcox capaces de impulsarlo a 33 nudos. El Forrestal, primer buque de su clase, contaba con una planta de 600 libras por pulgada cuadrada (psi), pero todos los buques posteriores contaban con sistemas de 1.200 psi que proporcionaban 280.000 SHP. (Los sistemas de caldera de 1.200 psi se introdujeron en 1954 y ofrecían mayor eficiencia, menor peso, menor volumen y un mantenimiento simplificado en comparación con los sistemas de 600 psi de la Segunda Guerra Mundial).
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Los portaaviones de la clase Forrestal estaban armados con ocho cañones automáticos de doble propósito (objetivo aire/superficie) Mark 42 de calibre 5″/54, de dos sponson en cada cuadrante. Generalmente se controlaban remotamente desde un Sistema de Control de Fuego de Cañón Mark 68, o localmente desde el montaje en la estación de Control Único (OMC). (En la terminología de cañones navales estadounidenses, 5″/54 indica un cañón que dispara un proyectil de cinco pulgadas de diámetro y un cañón de 54 calibres de longitud, es decir, la longitud del cañón es de 5″ × 54 = 270″). Los montajes de cañones autocargables pesaban aproximadamente 60 toneladas cada uno, incluyendo dos tambores bajo el montaje con capacidad para 40 cartuchos de munición de casquillo semifijo (el proyectil y la carga son independientes). La cadencia de fuego máxima era de 40 disparos por minuto; el alcance máximo era de aproximadamente 13 millas náuticas y la altitud máxima era de aproximadamente 50.000 pies. A medida que aumentaban las amenazas de aeronaves y misiles, estas armas perdieron eficacia y fueron posteriormente retiradas y sustituidas, en la mayoría de los casos, por lanzamisiles Mark 29 NATO Sea Sparrow y montajes de cañones Mark 15 Phalanx de 20 mm del Sistema de Armas de Cercanía (CIWS). Los sponsons delanteros también creaban efectos de impacto con mal tiempo, lo que reducía la velocidad debido a la pulverización. La mayoría de los montajes delanteros de 5″ se retiraron en la década de 1960, y los sponsons fueron retirados o rediseñados.



La filosofía de diseño anterior de los portaaviones estadounidenses establecía que la cubierta del hangar sería la principal cubierta de resistencia y la cubierta de vuelo, la superestructura que la cubría. En la jerga naval estadounidense, la cubierta del hangar era la primera cubierta y las cubiertas inmediatamente inferiores eran la segunda, la tercera, etc. Por encima de la cubierta del hangar se encontraban los "niveles": la cubierta del castillo de proa era el nivel "01", la cubierta de galería el nivel "02" y la cubierta de vuelo el nivel "03". En las clases Essex y Midway, esto resultó en una altura libre de la cubierta del hangar de 17'6". Los laterales del hangar se mantenían abiertos para una ventilación máxima y permitir que las aeronaves se calentaran en la cubierta. En la clase Essex, la protección del blindaje provenía principalmente de la cubierta blindada del hangar; en la clase Midway, la cubierta de vuelo también estaba protegida por blindaje. En la clase Forrestal y posteriores, la estructura de soporte de los laterales del barco llegaba hasta la cubierta de vuelo, que se convirtió en la principal cubierta de refuerzo, además de proporcionar protección del blindaje. La cubierta de vuelo se encontraba ahora en el nivel "04", lo que resultaba en una altura libre del hangar de 7,6 metros. Dado que los laterales del casco del barco formaban parte de la estructura portante, las grandes aberturas en los laterales del casco para los elevadores de borde de cubierta debían diseñarse cuidadosamente para no debilitarlo.

El hangar contaba con dos juegos de mamparos deslizantes que permitían dividir la cubierta en tres compartimentos para contener explosiones e incendios. Había dos salas de espera para la tripulación aérea con capacidad para 25 hombres en la cubierta de la galería, que permitían a la tripulación acceder a la proa y al centro. Catapultas, una sala para 60 hombres en la galería central, junto al Centro de Información de Combate (CIC), y cuatro amplias salas de preparación (dos para 60 y dos para 45 hombres) bajo la cubierta del hangar, con escaleras mecánicas para acceder a la cubierta de la galería.
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El cambio de diseño para incluir una gran superestructura de isla resolvió muchos de los problemas planteados por el diseño de cubierta enrasada, con sus conductos de humo para los gases de chimenea, puente retráctil y mástiles electrónicos. El conjunto electrónico de la nueva isla incluía un gran radar de altura SPS-8 sobre un pedestal en la timonera y un enorme mástil que albergaba un radar de búsqueda aérea SPS-12 con una baliza de Navegación Aérea Táctica (TACAN) en su parte superior. Un segundo mástil de gran tamaño albergaba antenas de contramedidas electrónicas (ECM). Ambos mástiles estaban articulados para poder abatirse (el mástil central, más grande, se plegaba a babor y descansaba sobre la cubierta de vuelo, mientras que el mástil más pequeño se plegaba a popa) para el paso bajo el Puente de Brooklyn, un requisito para los grandes buques de guerra en El tiempo para tener acceso al Astillero Naval de Nueva York en Brooklyn. Se instaló un radar de aproximación controlada por portaaviones (CCA) SPN-8 en el extremo de popa de la isla.

Tanto el Forrestal como el Saratoga se construyeron con dos catapultas de vapor C-7 en la proa y dos catapultas C-11 en el sponson de cubierta inclinada de babor. La C-7 era una catapulta de cilindro ranurado de alta capacidad, diseñada originalmente para usar cargas de pólvora y rediseñada como catapulta de vapor debido al éxito de las catapultas de vapor británicas. La versión original utilizaba vapor de 600 psi debido a las limitaciones del sistema de propulsión del Forrestal. Las versiones posteriores utilizaban vapor de 1200 psi. La C-11 fue la primera catapulta de vapor estadounidense y se basó en el sistema británico BXS-1, pero con mayor presión de vapor. Cuando la catapulta C-11, que debía estar en el sponson de estribor en el diseño original de cubierta a ras, se trasladó a babor del sponson inclinado... En la cubierta, esto creó un problema, ya que, por razones estructurales, las vías de las dos catapultas debían estar muy juntas. Operacionalmente, esto significaba que las aeronaves podían posicionarse en las catapultas de cintura al mismo tiempo, pero no podían ser lanzadas simultáneamente. Buques posteriores de la clase Forrestal, el Ranger y el Independence, estaban equipados con cuatro catapultas C-7.

El mecanismo de detención de un portaaviones limita el rendimiento de las aeronaves, ya que como el tamaño de la cubierta de vuelo y la capacidad de la catapulta. Los portaaviones de la clase Forrestal estaban equipados con sistemas Mark 7, que representaban mejoras respecto a los diseños Mark 4 de la Segunda Guerra Mundial y Mark 5 de posguerra, capaces de detener una aeronave de 22.760 kg (hasta 27.660 kg en caso de emergencia) a 105 nudos (195 km/h).<sup>19</sup> Al cambiar el diseño de una cubierta axial a una cubierta en ángulo, se redujo el número de plataformas colgantes transversales, lo que redujo el número de motores de tren de aterrizaje necesarios, ahorrando peso y espacio. Originalmente, había seis plataformas colgantes, pero posteriormente se redujeron a cuatro.

La vida de un buque de guerra pasa por muchas etapas, desde su diseño aprobado hasta su puesta en servicio. A mediados de la década de 1950, cuando se construyeron el Forrestal y sus gemelos, existían varios astilleros comerciales, así como astilleros navales, capaces de construir buques de guerra tan importantes como portaaviones. Aunque muchos componentes del buque se hayan ensamblado previamente, la colocación de la quilla es el reconocimiento simbólico formal del inicio de su construcción. La botadura es el momento en que el buque entra al agua por primera vez y, según la tradición, se bautiza rompiendo una botella de champán en la proa mientras se desliza por las vías de construcción con un chapoteo. Entre 12 y 18 meses antes de la entrega del buque a la Armada, se selecciona y se asigna a la tripulación de precomisionamiento (marineros que eventualmente tripularán el buque). El resto de la tripulación suele llegar poco antes de la entrega. Las pruebas de mar son una serie de pruebas intensivas para demostrar que el rendimiento del buque cumple con los requisitos de la Armada y que todo el equipo instalado a bordo funciona correctamente. Los buques de nueva construcción también se someten a pruebas de construcción y pruebas de aceptación antes de la entrega, momento en el que la custodia oficial del buque pasa del astillero a la Armada. La ceremonia de puesta en servicio marca la aceptación de un buque como unidad operativa de la Armada, y con el izamiento del gallardete de puesta en servicio, el buque cobra vida mientras la tripulación lo tripula ceremonialmente. A partir de entonces, el buque pasa a denominarse oficialmente Buque de los Estados Unidos (USS).

El Forrestal se encargó a la Newport News Shipbuilding and Drydock Company de Newport News, Virginia, mientras que el Saratoga se encargó al Astillero Naval de Nueva York (conocido localmente como Brooklyn Navy Yard). Aparte de las plantas motrices de 1200 psi y algunos otros cambios de detalle, ambos buques eran muy similares en apariencia. El Ranger y el Independence, que les siguieron, tenían el mismo diseño básico, pero entre los cambios más notables estaban sus popas cerradas, en comparación con las popas con muescas de los dos primeros. El Ranger tenía barandillas de cañón de proa de forma diferente a las del Forrestal y el Saratoga, y las conservó tras retirar sus cañones de 5″ de proa. Contaba con un elevador de aluminio totalmente soldado a babor, a diferencia de las estructuras de acero de los demás buques de la clase Forrestal. Además, debido a la ligera modificación del ángulo del extremo de popa en la cubierta de vuelo, su eslora total aumentó a 325 metros. El Ranger se construyó en Newport News y el Independence en el Astillero Naval de Nueva York. Para agilizar su construcción, el Ranger se inició en un dique seco más pequeño y, unos cuatro meses después, su casco parcialmente terminado se trasladó al dique seco más grande donde se había construido el Forrestal. El Independence comenzó su construcción en un dique seco, con la proa orientada hacia la cabecera del dique, para permitir el transporte de material por una rampa para camiones desde la cabecera del dique hasta la cubierta del hangar en la popa. La isla y las barandillas no se instalaron para evitar interferencias con una grúa puente. También fue trasladado a otro dique seco para su construcción final.
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El Forrestal fue botado en Newport News el 11 de diciembre de 1954, patrocinado por Josephine Forrestal, viuda del Secretario de Defensa Forrestal, y entró en servicio el 1 de octubre de 1955. Justo antes de su puesta en servicio, el coste de construcción del Forrestal se estimaba en 218 millones de dólares. A medida que otros buques le seguían, el creciente coste de construcción y operación de buques de este tamaño se convertiría en el centro del debate tanto en la Armada como en el Departamento de Defensa. Desde su puerto base en Norfolk, el Forrestal pasó su primer año de preparación en intensas operaciones de entrenamiento frente a los cabos de Virginia y en el Caribe, operando a menudo desde Mayport, Florida. Como el primero de su clase, una parte importante de este proceso fue la formación de aviadores en el uso de sus instalaciones avanzadas. En noviembre de 1956, zarpó de Mayport para operar en el Atlántico oriental durante la Crisis de Suez, listo para entrar en el Mediterráneo si era necesario, y regresó a Norfolk en diciembre. En enero de 1957 zarpó hacia su primero de muchos despliegues con la Sexta Flota en el Mediterráneo.