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domingo, 12 de julio de 2026

COAN: Creación de la Aviación Naval Argentina

Creación de la Aviación Naval Argentina (1908-1921)


 

 

Lic. Fabiola Serralunga -ESTUDIOS HISTÓRICOS NAVALES - Publicado en el II CONGRESO DE AERONÁUTICA ARGENTINA  -  CENTENARIO DE LA ESCUELA DE AVIACIÓN MILITAR (1912-2012)

Introducción

La génesis de la Aviación Naval argentina se comprende en el marco de los primeros intentos de aplicar la aeronáutica al arte de la guerra. En la Armada Argentina, tempranamente, se difundieron conocimientos y convicciones acerca de la conveniencia del uso de la aeronáutica a los fines del servicio. Así, durante toda la década de 1910, mediante el estudio de los avances técnicos y el perfeccionamiento de su personal en escuelas de aviación extranjeras, se abonó el camino hacia el propio servicio de aerostación. Finalmente, con la creación de la División de Aviación Naval, en 1919, se inició la etapa orgánica del componente aéreo en la Marina. Un hito significativo y precedente fue el Parque y Escuela de Aerostación y Aviación Fuerte Barragán creado en 1916.

1. La intervención del espacio aéreo

A nivel mundial, la consideración e intervención del espacio aéreo con una finalidad política (y, por ende, militar) comenzó a plantearse en la dirigencia durante los primeros años del siglo XX. Hasta 1901, la aeronáutica había consistido en el uso de globos esféricos, restringidos en su maniobrabilidad, y que no suponían un peligro desde la atmósfera. La situación cambió rápidamente durante los años posteriores en consonancia con la dirigibilidad de los globos y la aparición del aeroplano.

Hacia 1908, la opinión pública anticipaba la proximidad de una guerra aérea donde las naciones multiplican sus elementos de combate en los aires, hacen experimentos continuos, reforman su artillería, estudian sobre el terreno los futuros campos de batalla y planean una nueva estrategia.(“Preparando la guerra aérea”, en: Revista Alrededor del Mundo, volumen 19, números 474-500, pp. 344-345, p. 344, España, 25 de noviembre de 1908) En efecto, para entonces, el Departamento de Defensa de los Estados Unidos, había encargado a los hermanos Wright, la construcción de un aeroplano prototipo para experimentarlo con finalidad militar.(2) En paralelo, el perfeccionamiento de estos aparatos se extendió por toda Europa, donde un concurso deportivo provocó la primer gran señal de alerta en la dirigencia política: el 25 de julio de 1909, el piloto francés Louis Blériot, cruzó de Francia a Gran Bretaña en unos 35 minutos con una aeronave construida por él mismo.

Si bien se habían logrado hazañas similares, el cruce aéreo del Canal de la Mancha, causó sensación al confirmar que la aeronáutica venía a revolucionar el arte bélico, puesto que con su aplicación, Gran Bretaña podría perder su bien asegurada insularidad. Para entonces, Europa permanecía obsesionada con la posibilidad de una guerra que involucrara a las grandes potencias.

Las incipientes aeronaves, tanto globos dirigibles como aeroplanos, fueron absorvidas por la carrera armamentista. En principio, se consideró su uso para la observación del enemigo, pero con celeridad se concentraron esfuerzos para convertirlos en una máquina bélica.

Desde 1906, esas realidades definieron las reuniones internacionales sobre uso del espacio aéreo. Hacia 1910, en la primer conferencia oficial internacional llevada a cabo en Paris, una postura condensó la preocupación por la aerostación aplicada a la guerra al sostener que si cada país pudiese volar en el espacio aéreo de cualquier otro, habrían desaparecido las fronteras.

Hacia 1909, en Argentina, algunos civiles y parte de la oficialidad militar no eran ajenos a esas circunstancias; se consideraba que, si bien se estaba al principio de la conquista del aire, ya se podía vislumbrar que los dirigibles y aeroplanos amenazaban con cambiar el arte de la guerra:

…¿qué será de los acorazados monstruos cuando les arrojen desde arriba explosivos en cantidad aún no prevista, de qué servirán los submarinos, los cruceros rápidos, qué cañones destruirán esas naves aéreas, cuando sus tiros ó trayectorias directas ó curvas serán impotentes para dominarlos?

Asimismo, se ponía sobre el tapete la importancia de la próxima conferencia de aerostática y se anticipaba que ya no se podrá decir que el aire es libre, y nuevas leyes internacionales vendrán á limitar la jurisdicción atmosférica.3 Observando el desarrollo del arma en otros países, se cuestionaba a aquellas naciones que habían delegado enteramente en el Ejército la navegación del aire: ¿Con qué razones algunos países han puesto en manos del ejército los dirigibles y aeroplanos? ¿Debemos seguir este ejemplo en la República Argentina y renunciar á nuestros derechos naturales?4 Desde allí, fue planteada con carácter de urgente la organización en la Marina de una sección aérea porque en el aire como en el agua, siempre estaremos á note y con las mismas obligaciones de la profesión.5 Estas ideas permiten comprender el derrotero de la Marina de Guerra argentina durante toda la década de 1910 en torno al desarrollo de la aviación naval.

A nivel mundial, el uso de la aeronáutica con fines bélicos sobrevino rápidamente. En la guerra de Italia contra el Imperio Turco (1911-1912), el aeroplano tuvo su bautismo de fuego al ser empleado militarmente por dos pilotos italianos. Esta intervención motivó opiniones encontradas acerca de las ventajas en su uso puesto que se los consideraba inestables y de escasa aplicación para el traslado de personas, realidad que contrastaba con el uso de globos dirigibles.


2. Consideraciones acerca del uso de los globos aeroestáticos

En 1908, el Ministro de Marina –contralmirante Onofre Betbeder– encargó al teniente de navío Pedro Padilla el estudio de la dirigibilidad de los globos para evaluar la aplicación práctica que podría dárseles en la fuerza. El resultado de sus investigaciones quedó plasmado en un “Proyecto de Empleo de Globos Dirigibles en la Marina Militar para el Servicio de Exploración Armada”, en el que su autor, sugirió la compra de tres dirigibles para el patrullaje del litoral marítimo, y afirmó que su empleo sería un poderoso auxiliar, utilizándolos para el servicio de exploración en el tramo de costa comprendido entre el puerto de La Plata y Puerto Militar.6 Eso manifiesta no sólo que la Marina estaba al corriente de los avances de la aplicación de la aeronáutica, sino que estaría dispuesta a realizar una inversión racional en tiempo, esfuerzo y dinero, siempre y cuando su implementación fuera factible y redituable para el servicio.

Si bien el proyecto fue aprobado, quedó archivado hasta que las circunstancias permitieron su reconsideración. En efecto, aunque el costo y mantenimiento de los medios aeronáuticos era significativamente menor que aquel que debería invertirse en embarcaciones dedicadas al patrullaje de costas, se insumió un tiempo razonable para la incorporación de globos dirigibles, libres y cautivos, si lo comparamos con los procesos habituales de adquisición de medios navales. A eso se sumó la interrupción en todos los órdenes provocada por la Primera Guerra Mundial la que, no obstante, demostró la eficacia del uso de globos en patrullaje, guerra antisubmarina y exploración. Esos resultados fueron asimilados por la oficialidad naval argentina al definir el rol que la aviación podría ocupar como arma auxiliar de la escuadra en caso de enfrentamientos. En este sentido, el servicio de aerostación sería clave como apoyo de las acciones ofensivas en distancias lejanas al litoral atlántico y, por el contrario, el hidroaeroplano cooperaría en las operaciones contra enemigos ubicados en la costa vecina: Si esta [la Escuadra] lleva una accion ofensiva contra el enemigo a una distancia mayor de trecientas millas de nuestra costa, la Aviación Naval podrá cooperar con suficiente seguridad, solamente con el servicio de globos cautivos en algunas de nuestras unidades y con el de dirigibles que son los aviones de mayor radio de accion, debiéndose en tal caso descartar en absoluto el servicio de los hidroaeroplanos, puesto que largándose desde sus bases terrestres no podrían realizar un servicio á tal distancia y luego regresar á ellas con suficiente margen de seguridad.7

Para entonces, se ponía en tela de juicio la pertinencia y uso práctico de los buques bases de hidroaeroplanos debido a las pocas unidades que podían transportar, lo engorroso y riesgoso del embarque de las máquinas y las dificultades en el amarrizaje.8 Si bien, durante la década de 1920, los avances técnicos tornaron algo obsoleto el uso de “los más livianos que el aire”; aún hacia 1928 la Armada seguía considerando las posibilidades y ventajas de su uso.

3. La Escuela de Aviación Militar (1912-1922)

El 10 de agosto de 1912, el entonces presidente Roque Sáenz Peña resolvió la creación de la Escuela de Aviación Militar; con los elementos que han sido donados para ese objeto y con los que el Aero Club Argentino ha puesto á disposición de los Ministerios de Guerra y Marina.9 La escuela fue pensada para personal militar proveniente de ambas fuerzas, dispuesto a realizar un curso previo de aeronáutica militar que cumplimetara la reglamentación exigida por la Fédération Aéronautique Internationale. Se dictó tanto instrucción de vuelo como mecánica de las aeronaves. Si bien fueron pocos los militares de la Marina que realizaron y dictaron cursos en la misma, es menester considerar su historia como un antecedente de la aviación naval.

La donación a la que hace referencia el texto de la resolución provino de lo recaudado por suscripción nacional y de las donaciones de empresas particulares, obtenidas a raíz de una campaña organizada por la Comisión Central Recolectora Pro Flotilla Aeromilitar, que había sido creada a tal fin en junio de 1912 y a instancias de la iniciativa del mayor retirado Arturo P. Luisoni. En esa tarea, colaboraron asiduamente la Sociedad Sportiva Argentina, el Aero Club Argentino y la opinión pública.

Cabe citar a los integrantes de la misma puesto que permite apreciar el genuino interés tanto de las instituciones civiles como militares en el desarrollo de la aeronáutica: su presidente fue el barón Antonio de Marchi (Sociedad Sportiva Argentina); su vicepresidente, el ingeniero Jorge Newbery (Aero Club Argentino), un secretario honorario, el mencionado mayor Luisoni; y como vocales participaron los directores de todos los diarios de la capital; el jefe del Estado Mayor general Ramón Ruiz; el presidente del Centro Naval contraalmirante Manuel Domecq García; el secretario del ministro de Guerra coronel Martín Rodríguez; el presidente del Círculo Militar coronel José F. Uriburu, el inspector de ingenieros, coronel Carlos R. Sarmiento; y el vicepresidente de la Sociedad Sportiva, Eduardo Hunter.10

Los medios disponibles definieron el número de vacantes posibles. Para el primer curso, se admitieron once alumnos, en su integridad oficiales, diez por el Ejército y uno por la Marina. La totalidad obtuvo su brevet internacional de piloto concedido por el Aero Club, mientras que siete de ellos accedieron al título de aviador militar incluso antes de haberse establecido los requisitos para tal fin.

En septiembre de 1912, la Comisión Técnica del Aero Club Argentino elevó un proyecto de reglamentación y plan de estudios para la escuela. Por dicho reglamento, la Dirección Militar del Curso de Aerostación y de la Escuela de Aviación quedó en manos de un jefe del Ejército, con el personal de clases y tropa que era necesario. La Dirección Técnica estuvo compuesta por el presidente del Aero Club, tres miembros de su comisión directiva, el Director Militar y dos jefes militares puestos en consideración del Ministro de Guerra.

Asimismo, el reglamento estableció que, previo al ingreso, se verificaran una serie de ascensiones en globo libre bajo la dirección de pilotos diplomados del Aero Club, quienes informaron acerca del temperamento, conocimientos y condiciones sportivas del candidato en cuestión.

Los oficiales alumnos fueron divididos en dos grupos: uno de alumnos pilotos y otro de alumnos observadores. Fueron considerados candidatos aptos para el ingreso aquellos que tuvieran conocimientos en mecánica o conducción de automóviles, motocicletas, motores y condiciones operativas, así como quienes pasaran un examen médico que verificara la regularidad de las funciones de los diferentes órganos, especialmente el corazón, los pulmones, el oído y la vista. Para el caso de la Marina, ingresó como alumno el entonces teniente de fragata Melchor Escola, quien desde 1910, había recibido instrucción de vuelo en la Escuela Aérea Argentina, dependiente de la Compañía Aérea Argentina, entidad civil y privada.

Por reglamento, el personal subalterno era pasible de admisión unicamente como piloto, aceptándose el ingreso de aquellos voluntarios con dos años de permanencia en la institución, dispuestos a renovar un nuevo servicio, con aptitud física, buena conducta y conocimientos mecánicos y sportivos. Posteriormente, para los suboficiales se crearon cursos especiales y el diploma de conductor de aeroplano. En concreto, para los talleres de la escuela fueron agregados por la Armada el mecánico maquinista principal Jacinto Riera y los mecánicos maquinistas de segunda Juan Guerín y José Scappuzzi.

Si bien esta escuela fue destinada a la instrucción de militares provenientes del Ejército y de la Armada, la estadística arroja sólo cinco alumnos por esta última, el entonces teniente de navío Melchor Escola (quien obtuvo la patente de aeronauta en 1913), los maquinistas mecánicos Riera, Guerín y Scapuzzi, y el malogrado alférez de navío Mario Sarmiento, fallecido en práctica de vuelo en 1919.

Si comparamos ese número de alumnos con la cifra de setenta tìtulos concedidos en total por la escuela, resulta escasa la participación de la institución naval en los cursos de formación aeronáutica. Sin embargo, lejos de haber sido una deficiencia de la institución naval, esta procuró un desarrollo paralelo.

Asimismo, debido a los buenos resultados del proyecto de la Marina destinado a la creación del servicio aeronáutico naval, los tenientes Ricardo Fitz Simón y Mario Pouchan, a su regreso de Europa y luego de tres años de formación, se integraron como profesores.

4. Hacia el Servicio Aeronáutico Naval

 En paralelo a los albores de la aviación militar, la Armada comenzó a investigar la factibilidad y pertinencia de un desarrollo de la aeronáutica naval en nuestro país. Subyacía la idea de crear un cuerpo de aeronautas y aviadores no sólo con vocación de vuelo sino con conciencia naval y para la tarea se comprendió que era necesaria la constitución de una escuela propia. En principio, la institución naval procuró el conocimiento más actualizado posible sobre la aeronáutica y un perfeccionamiento de su personal, primero en Europa y, luego, en Estados Unidos de Norteamérica. Finalmente, la experiencia de esos militares en el escenario de la Primera Guerra Mundial terminó de completar su formación.

 En efecto, hacia 1913, se aprovechò la presencia del entonces alférez de navío Ricardo Fitz Simón de pase en la Comisión Naval en Europa para el estudio de aeroplanos y dirigibles. En base a su informe, en 1914, fue asignada una partida presupuestaria para la compra de dos hidroaeroplanos y un hangar que serían destinados a la instrucción. Eso motivò el envìo de personal para asesorar en su adquisición. En enero de ese año, los mencionados teniente Escola y maquinistas mecánicos Riera, Guerín y Scapuzzi fueron destinados a la Comisión Naval en Europa para seguir cursos de perfeccionamiento, visitar escuelas militares y fábricas de aviación y reunir antecedentes para la creación, a su regreso, de una escuela de aviación para la Armada.

El teniente de navìo Melchor E. Escola que pasa a ademas de esa Comisiòn ha sido nombrado con el objeto de asesorar a V.S. en este asunto e intervenir en la elecciòn de los hidro aeroplanos como asimismo para completar su instrucciòn del pilotaje de dicha màquina ademàs de dirigir y vigilar la instrucción del Mec. Maqta. Principal Jacinto Riera y la de los Mec. Maqunistas Juan Guerín y José Scapuzzi.11 Se le recomendó especialmente al capitán de navío Julián Irizar, jefe de la Comisión Naval, que tomara las medidas pertinentes para que la instrucción del personal se hiciera a la mayor brevedad posible y para que retornaran al país durante el mes de agosto del mismo año con el material adquirido: En la elección del material a adquirir se tendrá presente que deben responder a las exigencias de una escuela de aviación pues el principal objetivo de esta adquisición es el de la formación de un cuerpo de pilotos voladores para el servicio de la Armada.

 Primeros hangares de la aviación naval argentina

La escuela de aviaciòn serà instalada en el Arsenal de Puerto Militar.12 El comienzo de la Primera Guerra Mundial (1914) truncó la entrega del material adquirido: dos hidroaeroplanos de chasis de aterrizaje terrestre y uno de transporte con sus accesorios comprado en la casa Henry Farman –cuyo valor incluìa el adiestramiento de cuatro pilotos– y dos hangares de la casa Bessoncau.13 Asimismo, si bien la primer escuela de aviaciòn fue instalada en Fuerte Barragàn en 1916 (ver infra), por decreto del 29 de octubre de 1921, fue concretada la creaciòn de la Escuela de Aviaciòn Naval y Base Aeronaval en Puerto Militar cuyo material de vuelo fueron, preferentemente, hidroaviones. Respecto de la instrucción recibida, tras su retorno, los maquinistas mecánicos se sumaron a la experiencia que se estaba desarrollando en el Arsenal de La Plata y de la cual hablaremos en el siguiente apartado. Por su parte, el acervo tecnológico y científico obtenido por el teniente Escola se plasmó tanto en el Parque y Escuela de Aerostación y Aviación creado en Fuerte Barragán, en 1916, como en el envío permanente de personal militar naval a escuelas de aviación en el extranjero. En este sentido, Escola insistía en que la formación de buenos pilotos requería no sólo la práctica constante y progresiva del vuelo, sino conocimientos teóricos; que éstos últimos no sólo eran necesarios para prevenir accidentes sino también para perfeccionar los medios aéreos y que, por lo tanto, aquellos destinados a la direcciòn de los centros de aviación deben poseer la preparación técnica necesaria y la práctica del vuelo que les permita dirigirlos con acierto a fin de mantener constantemente el material en su máximo de eficiencia, proceder al estudio de los aparatos o a su perfeccionamiento.14 La insistencia en el abordaje científico de la formación no era nada nuevo para la Marina y, de hecho, podemos encontrarla desde los primeros tiempos de la Escuela Naval Militar (1872). Asimismo, consideraba que las exigencias del servicio militar en la guerra nos colocará constantemente, para cada época, al margen de los aparatos límites, y esto impone, el conocimiento de los factores que intervienen en el vuelo en una forma más rigurosa, lo que exige métodos de apreciación más exactos y científicos.15

5. Clases de vuelo en el Arsenal del Río de la Plata (1914-1915)

Una resolución del 19 de abril de 1915 firmada por el ministro de Marina, almirante Juan P. Sáenz Valiente, insistía en la instrucción teòrica y pràctica del personal como paso indispensable hacia el servicio de aviación:

Mientras no se constituya definitivamente la Escuela de Aviación de la Armada, se adscribirá a la Sección Armamento del Estado Mayor del Arsenal del Río de la Plata, todo el personal que tenga permiso de este Ministerio para seguir cursos de Aviación, con el fin de aprender y practicar la especialidad. 16 Asimismo, la resolución ministerial vino a oficializar una situación que, desde 1914, se estaba dando en los hechos; y consideraba

Visto los trabajos ya adelantados que con respecto a Aviación se han efectuado en el Arsenal del Río de la Plata y la necesidad de encausar [sic] en un régimen riguroso de enseñanza apropiada a los individuos que soliciten seguir un curso de aviación.17 En efecto, la decisión fue tomada tras una iniciativa propuesta por el condestable de primera Joaquín Oytaben de instruir para el aprendizaje de vuelo al personal militar a designar para ese fin. Desde 1914, dicho suboficial, se había desempeñado en forma privada como instructor de vuelo en el Club de Fomento de Aviación y Sport y Aeródromo de la Provincia de Buenos Aires, sito en la ciudad de La Plata. Así, se lo autorizó oficialmente a continuar dando clases elementales de práctica de aviación.

La resolución estableció que la Dirección General de Personal redactaría la reglamentación provisoria necesaria mientras la Dirección General Administrativa haría el aprovisionamiento de nafta y aceite especial, así como los elementos de consumo y limpieza estrictamente necesarios. Las actividades aéreas del Arsenal del Río de la Plata fueron interrumpidas tras el infortunado accidente del condestable Oytabén, fallecido el 15 de octubre de 1915. Las observaciones realizadas meses antes por el teniente Escola habían anticipado la fatalidad: Las medidas provisorias no tienen justificación, porque en la Aeronáutica, más que en ninguna otra rama, es donde más necesaria es la base de una buena Escuela, donde se inculquen los principios fundamentales que han de ser normas después en el servicio y una mala enseñanza inicial es la fuente de un semillero continuo de accidentes.18 El Parque y Escuela de Aerostación y Aviación Fuerte Barragán creado por decreto presidencial en febrero de 1916, y puesto bajo la jefatura del mencionado teniente Escola, respondió a ese concepto.


Uno de los pioneros que daba cursos para pilotos: el teniente Melchor Zacarías Escola

6. Parque y Escuela Fuerte Barragán

El presidente Victorino de la Plaza y el ministro de Marina almirante Juan P. Sáenz Valiente suscribieron el decreto del 11 de febrero de 1916 por el que se creó un parque y escuela de aerostación y aviación en Fuerte Barragán.
La escuela funcionó como un comando dependiente en forma directa del Ministerio de Marina por intermedio de la División Escuelas de la Dirección General de Personal. Su jefe fue el entonces teniente de navío Melchor Escola, quien había comenzado con sus clases de vuelo particulares en 1910, luego obtenido su patente de aeronauta militar por la Escuela de Aviación Militar, en 1913 y, finalmente, perfeccionado sus conocimientos de aeronáutica en Europa, en 1914. También se lo designó como profesor: entrenamiento bien dirigido, servicio ordenado, puramente profesional, libre de toda idea o tendencia deportiva y también a una rigurosa selección del personal en todas las jerarquías [sic].19

Así, uno de los objetivos de la escuela fue la enseñanza y preparación general del personal de oficiales de observación y comando, los pilotos y los mecánicos.20 De su experiencia en el extranjero, Escola había señalado que un servicio aeronáutico militar eficiente debía lograr una adecuación inmediata a las exigencias de la guerra. Por lo tanto, se hacía necesario contar con personal capacitado para mantener constantemente el material en su máximo de eficiencia, proceder al estudio de los aparatos o a su perfeccionamiento.21 Por eso, el segundo objetivo de la escuela fue construir, reparar y mantener en perfecto estado de funcionamiento las aeronaves, aviones y hidroaviones [sic] y sus accesorios, que para el servicio de la Armada se crean convenientes.22

7. Hacia el Cuerpo de Aviación Naval

Como ya se ha señalado la meta final del denominado “Parque y Escuela Fuerte Barragán” era la formación de un cuerpo de aeronautas y aviadores escogiéndose su personal dentro de los patentados en todas las categorías y entre los que se hayan distinguido en estos servicios.23 Así, en principio, se formaría al personal con elementos teóricos y práctica de vuelo. Aquellos mejor preparados deberían rendir su examen ante un delegado del Aero Club Argentino para obtener el título de piloto patentado por la Fédération Aéronautique Internationale.

 Finalmente, serían evaluados para la obtención del título de piloto de la Armada. El personal de oficiales y suboficiales que podía ser designado para integrarse a la especialidad en el Parque y Escuela Fuerte Barragán fue establecido también por el decreto en cuestión: - Los oficiales de observación y comando pertenecerán al cuerpo General de la Armada, - los pilotos serán suboficiales y oficiales de mar de las categorías de timonería y de señales, y - los mecánicos serán de las categorías de máquinas y de electricidad. - Como concesión especial podrá permitirse el ingreso de la Escuela de aeronáutica y aviación a los oficiales de los Cuerpos Auxiliares.

8. Las actividades en el Parque y Escuela Fuerte Barragán

El 1º de abril de 1916, bajo la jefatura del teniente Escola, comenzaron los cursos con alumnos pertenecientes a personal militar superior y subalterno. Previamente se había asignado al Parque, el personal que revistó en el Arsenal del Río de la Plata.

La carencia de elementos de vuelo (agravada por las dificultades para conseguir repuestos dada la guerra en Europa), las restricciones económicas y escasez de profesores, hicieron que los cursos fueran muy irregulares. Sin embargo, mediante la gestión de su personal, de continuo se recibía material por donación desde los Estados Unidos donde se estaban perfeccionando los oficiales Ricardo Fitz Simon, Ceferino Pouchan y Marcos Zar en la Naval Air Station Pensacola (Florida).

El teniente Escola fue dado de pase a mediados de 1917, siendo reemplazado en la jefatura por el teniente de fragata Raúl R. Moreno, quien había estado a cargo de los talleres desde los comienzos de actividades. Cabe señalar que, hasta entonces, el primero había sido el oficial naval argentino con mejor instrucción de vuelo, tanto teórica como práctica, y su compromiso con el desarrollo de la aviación naval era indiscutible.

Hacia fines de 1917, la continuidad de la escuela estuvo a punto de ser jaqueada al ser reajustado el presupuesto nacional de 1918 y suprimida la partida para su sostenimiento. Eso generó un debate en comisión parlamentaria que llevó el tema hasta la Cámara de Diputados. Por votación se resolvió su reincorporación al presupuesto.

Sin embargo, a mediados de 1918, la escuela fue clausurada por orden del ministro de Marina, Federico Alvarez de Toledo.

9. Suspensión de actividades en el Parque y Escuela Fuerte Barragán

El 18 de junio de 1918, el ministro de Marina ordenó al teniente de navío Heraclio Fraga, jefe del Parque desde hacía escasos siete días, el cierre de la escuela de Fuerte Barragán y la suspensión de las actividades de vuelo. Se asignó una dotación de personal para el mantenimiento de instalaciones y material. Esa decisión condujo a una interpelación parlamentaria, teñida de rencillas políticas que aquí no consideraremos.

En concreto, existen elementos que hacen suponer que no sólo el ministro sino también el poder ejecutivo nacional estaban convencidos de la implementación del componente aéreo dentro de las fuerzas armadas; e incluso, compartían ideas similares a sus predecesores acerca de cómo llevar a cabo esa tarea.

Los motivos argüidos por el ministro para explicar la interrupción de las actividades en Fuerte Barragán se circunscribieron a que el parque y la escuela no habían sido debidamente tomados en cuenta. El organismo, decía el ministro, se situó en un terreno inapropiado a todas luces, porque no está sobre la costa del río de La Plata, aguas que siempre debe tener debajo el aviador que maneja hidroaeroplanos de la marina. El hangar era un galpón construido en un lote que pertenecía a unos particulares y alguna vez hubo una máquina en condiciones de volar.24 …los elementos, materiales y de personal que se le asignaban eran insuficientes para crear una escuela, nada menos que una escuela de una nueva arma de guerra de costoso y difícil aprendizaje. Y esto explica la existencia ignorada e inútil, tan precaria y vergonzante que el mismo ministerio la ha negado en la cámara.25

Estas consideraciones tenían un precedente. Unos meses antes, Alvarez de Toledo había comunicado a los diputados que muy próximamente entregaré a la cámara un proyecto por el que se salvan todas las deficiencias de que adolece la institución, plan que no llegó a presentar.26

La clausura de la escuela fue parte de una readecuación y no de un abandono de objetivos. No era la primera vez que en la Armada se suspendían y reabrían las escuelas de formación por razones de economía, buena administración o reorganización.

Aún más, los oficiales que en enero de 1917 se habían enviado a perfeccionarse en el extranjero –teniente de fragata Ricardo Fitz Simon y los alféreces de navío Ceferino Pouchan y Marcos Zar–, luego de un año en Pensacola, siguieron su instrucción en dos escenarios de la Primera Guerra Mundial –Francia e Italia– y retornaron al país a fines de 1919 con varios diplomas de piloto. El recambio se dispuso el 3 de marzo de 1920, al ser trasladados a Pensacola los alféreces de fragata Esteban Zanni, Victor Padula y Silvio Leporace. Asimismo, el ingeniero maquinista de tercera Juan Sidoti fue destinado a la fábrica Curtiss (Garden City, Long Island, Estados Unidos). Esto abona la idea que el ministerio, lejos de abandonar el desarrollo de la aviación naval, simplemente reajustó las acciones a seguir.

Asimismo, en la memoria de Marina de 1918, el ministro sostenía que el importante rol que en la actual guerra está jugando la Aviación, señala la necesidad imperiosa hoy de establecer entre nosotros las escuelas para la instrucción del personal y los parques para depósito y recorrido del material.27


Dirigible El Plata en pleno vuelo

Un año más tarde, el mencionado teniente Fraga presentó al ministerio un amplio proyecto para la instalación de bases y escuelas de aviación naval, donde sugería el traslado de las instalaciones de Fuerte Barragán por ser inadecuadas para el servicio:

El único hangar construido en su mayor parte de maderas viejas, está separado del río por un terreno anegadizo de más de mil metros de extensión y cubierto por árboles y juncos; está en un terreno que constituye una buena pista pero que desgraciadamente es de tierra y la aviación naval necesita pista de agua y es por ese motivo que Barragán, se encuentra actualmente con el incoveniente de no poder botar al agua el hidroaeroplano "Besson Levy" para probarlo, operación que en una escuela de aviación naval, tendrá que ejecutarse rapidamente y múltiples veces al día.28

Algunas de las sugerencias de Fraga pueden resultar obvias en la actualidad; por caso que la ubicación de la futura escuela de aviación, la clase de aparatos y los elementos complemetarios debían ser establecidos por los oficiales que más especializados están en esa materia. En consecuencia, el futuro asesoramiento quedó en manos del personal que, en esos momentos, se encontraba aún perfeccionándose en Europa: Fitz Simon, Pouchan y Zar. Como se verá, el retorno de esos oficiales significó una rápida consolidación de los avances en la materia. Ellos asesoraron tanto en la ubicación más adecuada de la escuela como también de las bases aeronavales, en la reglamentación para el servicio aeronaval y la instrucción, en la adquisición de aparatos de vuelo, entre otros. Así, en el término de dos años, el servicio aeronaval estuvo en marcha.

En 1920, las actividades de vuelo fueron retomadas en Fuerte Barragán a instancias del mismo poder ejecutivo que las había interrumpido (a excepción de Alvarez de Toledo que ya no cumplía funciones como ministro), precisamente porque ese terreno y pista, no apto para hidroaeroplanos, sí cumplía las condiciones para globos y dirigibles. A partir de 1922, también durante la presidencia de Yrigoyen, adquirió la jerarquía de segunda base aeronaval del país al albergar la Escuela de Aerostación Naval; y se mantuvo en ese rango hasta la inauguración de la Estación Aeronaval Punta Indio. Finalmente, desde 1930, permaneció vinculada a la instrucción elemental impartida por la Escuela de Aviación Naval.

En febrero de 1919, Alvarez de Toledo renunció como ministro de Marina. Fue reemplazado, en carácter de interino, por el entonces ministro de Guerra, Julio Moreno. En febrero de 1921, el contralmirante Tomás Zurueta accedió al cargo.

A pesar de esos contratiempos y vaivenes, fueron tiempos productivos para la aviación naval y se cosechó lo sembrado en los años anteriores.

10. Destacamento Naval de Hidroaviones en San Fernando

En marzo de 1919 se inició la construcción de un hangar con armazón de madera y lona impermeable para lo que se denominó el Destacamento Naval de Hidroaviones en la localidad de San Fernando. Allí fue recibida una donación del gobierno italiano, gestionada a través del barón Antonio de Marchi, consistente en cuatro hidroaviones Macchi (dos bombarderos M-9 y dos cazas M-7).

Asimismo, resulta evidente la relación entre esta donación con la presencia de los oficiales argentinos Fitz Simón, Pouchán y Zar que se hallaban tomando cursos de perfeccionamiento en las bases italianas de Cascina Costa, Cascina Malpensa y Obertello, coincidentemente, desde enero de 1919.

Buena parte del personal que había revistado en el Parque y Escuela Fuerte Barragán fue designado al servicio del nuevo organismo. En este destacamento hicieron práctica de vuelo los pilotos aviadores que se encontraban en el país y se instruyó en el cuidado y conservación del material al personal subalterno.

11. División de Aviación Naval

El 17 de octubre de 1919, el presidente Hipólito Yrigoyen y el ministro de marina interino Julio Moreno suscribieron el decreto de creación de la División de Aviación Naval; puesto que …las funciones tácticas y estratégicas que ha desempeñado la aviación en las recientes operaciones, modificando fundamentalmente los principios de la Guerra Marítima y su eficacia asignada como arma importante en el combate, ponen de manifiesto la necesidad improrrogable de su creación en la Armada.29 29 Decreto presidencial del 17 de octubre de 1919 sobre creación de la División de Aviación Naval, en Orden General 181/19, Ministerio de Marina.

Esta división dependió de la Secretaría General del Ministerio de Marina y se le encargó la preparación de los proyectos para la formación del cuerpo de Aviación Naval, la utilización del personal y del material con que actualmente se cuenta y que eventualmente se adquiera.30 Días más tarde fue nombrado como jefe de la misma al capitán de fragata José C. Gregores.

Así dio inicio la etapa orgánica del componente aéreo en la Marina.

Nótese la solución de continuidad entre los objetivos de esta división y la meta final del suspendido Parque y Escuela Fuerte Barragán, es decir, la creación de un cuerpo de aviadores y aeronautas. Asimismo, el decreto de creación de la división tomó en consideración la llegada al país de los primeros oficiales aviadores (Fitz Simón, Pouchán y Zar), especializados en las escuelas de los Estados Unidos y de Europa, y enviados en tiempos del mencionado Alvarez de Toledo. Subyacía la convicción que estos oficiales debidamente preparados serían los asesores mejor calificados para la definitiva organización del arma. Esto último se logró el 20 de noviembre de 1921, mediante la aprobación del Reglamento del Servicio Aeronáutico Naval, redactado a instancias de esta división.



Además, desde el 1 de agosto de 1920, los tenientes Fitz Simón y Pouchan fueron nombrados profesores de la Escuela Militar de Aviación de El Palomar, el primero de navegación aérea y aerofoto, y el segundo de aerodinámica y teoría de vuelo. Posteriormente, en 1921-1922, se integraron a la Escuela de Aviación Naval y a la Escuela de Aerostación Naval.

La Marina continuó con el mismo mecanismo de enviar a militares para su perfeccionamiento en el extranjero (privilegiándose a los Estados Unidos como país receptor); una vez egresados aprovecharlos en las comisiones navales en Europa y, a su regreso, destinarlos a la instrucción en las escuelas de aviación.

Así, en 1920, los alféreces Esteban Zanni, Victor Padula y Silvio Leporace se graduaron como pilotos en la Naval Air Station Pensacola (Florida, Estados Unidos); en 1921, realizaron un curso de construcciones en la fábrica de hidroaviones Aircraft Factory del Arsenal de Philadelphia (Estados Unidos); en octubre del mismo año pasaron a la Comisión Naval en Europa a fin de recibir los aviones E-1 y E-10 adquiridos a la casa A.V. Roc Hamble Southampton, a su regreso recibieron el título de piloto aviador naval y, en abril de 1922, fueron destinados a la Escuela de Aviación Naval.

En 1923, el alférez Zanni de pase en la Comisión Naval en Europa, falleció en un accidente de aviación en Pisa (Italia). Le había sido encomendado retirar un material de aviación.

En 1920, el ingeniero Juan Sidoti se incorporó a la fábrica Curtiss (Garden City, Long Island, Estados Unidos) y, en 1922, fue agregado al Departamento de Montaje y Reparaciones en los talleres de la Naval Air Station Pensacola (Florida, Estados Unidos). Adquirió conocimientos completos de aviación, motores de aviación, conservación y reparación de los mismos incluyendo instrumental y manufactura de hidrógeno. A su regreso al país, en 1922, fue destinado como profesor de Construcción y Montaje de la Escuela de Aviación Naval.

Así como la Marina creó su División de Aviación Naval en 1919, el Ejército hizo lo propio con la Dirección del Servicio Aeronáutico en 1920. Eso definió una separación efectiva entre la aviación terrestre y la naval. Para entonces, se contaba con personal idóneo dentro de ambas fuerzas no sólo para instruir sino también evaluar a los futuros alumnos.

La consecuencia lógica de ambas realidades fue el cierre de la Escuela de Aviación Militar, en enero de 1922. Ese mismo año, fue reorganizada como Escuela Militar de Aviación dentro de la orgánica del Ejército, mientras que, en paralelo, unos meses antes se había recreado la Escuela de Aviación Naval, desde el antecedente del Parque y Escuela de Aerostación y Aviación Fuerte Barragán (en funcionamiento entre 1916 y 1918 y con un posterior reflote desde 1920).

12. Las Escuelas de Aviación y Aeroestación Navales (1921)

El Reglamento del Servicio Aeronáutico Naval proyectó la creación de la base aeronaval en Puerto Militar (actual Puerto Belgrano) y de dos centros de enseñanza/aprendizaje, la Escuela de Aviación Naval y la Escuela de Aerostación Naval. Previamente, los presupuestos nacionales de 1920 y 1921 habían destinado una partida de fondos para los trabajos de infraestructura y de creación de dichos organismos. Así, el 29 de noviembre de 1921 fue creada la Escuela de Aviación Naval destinada a preparar el personal necesario para el servicio aeronáutico y utilizar el arma aérea de la Marina de Guerra. Inicialmente, funcionó en el Arsenal de Puerto Militar.

El capitán de fragata José C. Gregores fue designado como director de esta escuela y comandante del guardacostas Almirante Brown, donde se le dio asiento hasta tanto se construyeran los locales apropiados. Como subdirector, segundo comandante y profesor, se designó al teniente de fragata Ricardo Fitz Simón, quien había colaborado en la redacción del reglamento que dio origen a este organismo. Se fijó en veinte el número de alumnos para el curso de pilotos aviadores, y en veinticinco, el número de aprendices de aviación. Las clases se iniciaron el 1º de marzo de 1922.

Asimismo, el 3 de enero de 1922 fue creada la Escuela de Aerostación Naval que funcionará hasta nueva disposición en el emplazamiento actual del Parque y Escuela de Fuerte Barragan. Con ello, se oficializó una situación que se estaba dando en los hechos. Durante 1921, el Parque había recibido por donación un dirigible semirígido para exploración, un hangar, una fábrica de hidrógeno y repuestos. Esos equipos e instalaciones habían sido entregados por la Compañía de Excursiones Aéreas, entidad comercial de carácter privado constituida por capitales argentinos e italianos.

Considerando esos hechos, el citado reglamento había dado pautas para la organización de dicha escuela y el personal que debía ser asignado. El teniente de navío Julio Zurueta fue su primer director mientras que el teniente de fragata Ceferino Pouchán fue subdirector y profesor de la misma. Se fijó en ocho el número de alumnos para el curso de pilotos de aerostación y las clases se iniciaron el 15 de marzo de 1922.

En lo relativo al personal, se mantuvo la clasificación establecida por el decreto de creación de la escuela de aviación de Fuerte Barragán: pilotos aviadores navales y observadores procedentes del cuerpo de comando (cuerpo general), pilotos navales procedentes de los suboficiales y oficiales de mar de las categorías timonería y señales; y mecánicos procedentes de las categorías de máquinas o electricidad. Asimismo, se admitían otras especialidades o cuerpos que a juicio de la superioridad resultaran convenientes. Gracias a la presencia de oficiales militares debidamente capacitados, la Marina logró instruir, evaluar y conceder los títulos de pilotos a su personal, independizándose del Aero Club Argentino.

Corolario

Desde 1908, la Marina de Guerra argentina consideró el uso de la aerostación para actividades de patrullaje y exploración. No obstante, será desde 1913 que empiece a desarrollarse un proyecto destinado a la creación de su propio servicio de aviación y aerostación navales que, además de medios aéreos, debía contar con un cuerpo de aviadores y aeronautas debidamente preparados y personal capacitado para mantener constantemente el material en su máximo de eficiencia, proceder al estudio de los aparatos o a su perfeccionamiento.

En pos de ese objetivo, se procuró un conocimiento acabado de los adelantos técnicos en la materia y la especialización teórica y práctica del personal, tanto en actividades de vuelo como en la mecánica de las aeronaves.
De esas primeras experiencias se comprendió que la formación de pilotos aviadores navales debía estar exenta de cualquier tendencia deportiva y, por el contrario, debía abordarse desde el entrenamiento profesional y una rigurosa selección del personal en todas las jerarquías. Eso motivó el temprano interés de la Marina de Guerra en la instalación de una escuela de aviación, ensayada tanto en el Arsenal del Río de la Plata (1914-1915) y, posteriormente, en Fuerte Barragán (1916).

Tras la finalización de la Primera Guerra Mundial, se tornó imperiosa la implementación del componente aéreo en la Marina. El retorno del personal especializado en la nueva arma significó la consolidación del trabajo realizado en años anterioes. En 1919, fue incorporado a la orgánica mediante la creación de la División de Aviación Naval y, en 1921, se logró la consumación de esta etapa fundacional a través de la aprobación y puesta en funcionamiento del Reglamento para el Servicio Aeronáutico Naval.

Agosto 16 de 2012


Fuentes y bibliografía

Documentos editados

Decreto presidencial del 11 de febrero de 1916 sobre creación del Parque y Escuela de Aerostación y Aviación de la Armada, en Orden General 39/16, Ministerio de Marina.
Pedido de informe y proyecto de resolución de la Honorable Cámara de Diputados al Ministro de Marina, ingeniero Federico Alvarez de Toledo, del 15 de julio de 1918, sobre el Parque y Escuela Fuerte Barragán, en Diario de Sesiones de la Cámara de Diputados, año 1918, volumen 2.
Interpelación parlamentaria al Ministro de Marina, Federico Alvarez de Toledo, con motivo del cierre de la Escuela de Aviación y Aerostación en Fuerte Barragán, en Diario de Sesiones de la Cámara de Diputados, año 1918, volumen 2.
Memoria de Marina, Ministerio de Marina, 1918.
Decreto presidencial del 17 de octubre de 1919 sobre creación de la División de Aviación Naval, en Orden General 181/19, Ministerio de Marina.
Resolución ministerial sobre reconocimiento de las patentes de aviación a los tenientes Ricardo Fitz Simón, Pouchán y Zar, en Orden General 1/20, Ministerio de Marina.
Decreto presidencial del 29 de octubre de 1921 sobre creación de la Escuela de Aviación Naval, en Orden General 166/21, Ministerio de Marina.
Decreto presidencial del 30 de noviembre de 1921 aprobando la reglamentación referente a la Organización del Reglamento del Servicio Aeronáutico Naval y, provisoriamente, los reglamentos para la Escuela de Aviación Naval y para la Escuela de Aerostación Naval, en Orden General 179/21, Ministerio de Marina. Resolución del Ministerio de Marina del 22 de diciembre de 1921 sobre funcionamiento de la Escuela de Aviación Naval, Orden General 191/21. Decreto presidencial del 3 de enero de 1922 sobre creación de la Escuela de Aerostación Naval, en Orden General 3/22, Ministerio de Marina.
Decreto presidencial del 4 de enero de 1922 sobre funcionamiento de la Escuela de Aerostación Naval en el emplazamiento del Parque y Escuela Fuerte Barragán, en Orden General 4/22, Ministerio de Marina.
 

Documentos inéditos:

FRAGA, Heraclio: “Estudio sobre el servicio de Aviación Naval en nuestra Armada”, 18 de agosto de 1919. AGARA, Caja 12867.
Artículos y obras coetáneas, descriptivas y de opinión
DE LOQUI, Esteban: “Carta al Director”. En: Boletín del Centro Naval, tomo XXVI, nº 305, Buenos Aires, abril de 1909.
ESCOLA, Melchor: "Experiencias en aeroplanos en pleno vuelo", Boletín del Centro Naval, tomo 33, nº 378, julio-agosto de 1915.
“Preparando la guerra aérea”, en: Revista Alrededor del Mundo, volumen 19, números 474-500, pp. 344-345, España, 25 de noviembre de 1908.
PADILLA, Pedro: "Proyecto de empleo de globos dirigibles en la Marina Militar para el servicio de exploración". En: Boletín del Centro Naval, tomo 27, nº 308, julio-agosto de 1909.

Bibliografía

ARGUINDEGUY, Pablo: Historia de la Aviación Naval Argentina, Tomo I, Buenos Aires, Departamento de Estudios Históricos Navales, 1980
BEZZOLA, Eugenio: “Alas sobre el mar. Orígenes y Primera Guerra Mundial”. En: Boletín del Centro Naval, Tomo 115, N° 791, Enero de 1955.
BIEDMA RECALDE, Antonio: “Movimiento Nacional Pro Aeronáutica Militar”, en: Génesis de la Fuerza Aérea Argentina, 1995. Disponible en: http://www.eam.iua.edu.ar/historia.asp>. Fecha de consulta: 4 de marzo de 2012.
DESTEFANI, Laurio: “La Armada Argentina (1900-1922)”. En: Historia Marítima Argentina, Tomo IX, Buenos Aires, Departamento de Estudios Históricos Navales, 1991.
DESTEFANI, Laurio: “La Armada Argentina (1923-1950)”. En: Historia Marítima Argentina, Tomo IX, Buenos Aires, Departamento de Estudios Históricos Navales, 1991.
LIRONI, Julio V.: Génesis de la aviación argentina, 1910-1915: su historia y sus hombres, Buenos Aires, s/e, 1974.
“Reseña histórica de la Escuela de Aviación Naval”, en Boletín del Centro Naval, Tomo 115, nº 785, Enero 1955.

Referencias


2 “Carta al Director”. En: Boletín del Centro Naval, tomo XXVI, nº 305, p. 1024, Buenos Aires, abril de 1909.
3 Idem.
4 “Carta al Director”. En: Boletín del Centro Naval, tomo XXVI, nº 305, p. 1024, Buenos Aires, abril de 1909.
5 Idem
.6 PADILLA, Pedro: "Proyecto de empleo de globos dirigibles en la Marina Militar para el servicio de exploración". En: Boletín del Centro Naval, tomo 27, nº 308, p. 183, julio-agosto de 1909.
7 Heraclio FRAGA, Jefe del Parque y Escuela de Aviación y Aeoroestación Naval “Fuerte Barragán”, al Director General de Personal en su “Estudio sobre el servicio de Aviación Naval en nuestra Armada”, 18 de agosto de 1919. AGARA, Caja 12867.
8 Idem.
9 Resolución presidencial del 10 de agosto de 1912 sobre creación de la Escuela de Aviación Militar. En: Revista de legislación y jurisprudencia nacional y provincial de la República Argentina, Volumen 2, Números 7-12, año 1913.
10 Cfr. BIEDMA RECALDE, Antonio: “Movimiento Nacional Pro Aeronáutica Militar”, en: Génesis de la Fuerza Aérea Argentina, 1995. Disponible en: http://www.eam.iua.edu.ar/historia.asp>. Fecha de consulta: 4 de marzo de 2012.
11 Contralmirante Juan Pablo Sáenz Valiente, Ministro de Marina, al capitàn de navìo Juliàn Irizar, Jefe de la Comisiòn Naval en Europa, 13 de enero de 1914. Libro de Partes de la Comisiòn Naval en Europa, AGARA, Caja 10629.
12 Idem.
13 Cfr. Contralmirante Juan Pablo Sáenz Valiente, Ministro de Marina, al capitàn de navìo Juliàn Irizar, Jefe de la Comisiòn Naval en Europa, 14 de junio de 1914. Libro de Partes de la Comisiòn Naval en Europa, AGARA, Caja 10629.
14 ESCOLA, Melchor: "Experiencias en aeroplanos en pleno vuelo". En: Boletín del Centro Naval, tomo 33, nº 378, p. 182, pp. 182-221, Julio-Agosto de 1915.
15 Idem.
16 Resolución del ministro de Marina, contralmirante Juan P. Sáenz Valiente, 19 de abril de 1915, en Orden General 90/915 del Ministerio de Marina.
17 Idem.
18 ESCOLA, M.: Op. cit., p. 184.
19 ESCOLA, M.: Op. cit., p. 183. 20 Decreto presidencial del 11 de febrero de 1916 sobre creación del Parque y Escuela de Aerostación y Aviación de la Armada, en Orden General 39/16, Ministerio de Marina.
21 ESCOLA, M.: Op. cit., p. 183. 22 Decreto presidencial del 11 de febrero de 1916 sobre creación del Parque y Escuela de Aerostación y Aviación de la Armada, en Orden General 39/16, Ministerio de Marina.
23
24 Cfr. Interpelación parlamentaria al Ministro de Marina, Federico Alvarez de Toledo, con motivo del cierre de la Escuela de Aviación y Aerostación en Fuerte Barragán, en Diario de Sesiones de la Cámara de Diputados, año 1918, volumen
5 Idem. 26 Pedido de informe y proyecto de resolución de la Honorable Cámara de Diputados al Ministro de Marina, ingeniero Federico Alvarez de Toledo, del 15 de julio de 1918, sobre el Parque y Escuela Fuerte Barragán, en Diario de Sesiones de la Cámara de Diputados, año 1918, volumen 2.
27 Memoria del Ministerio de Marina, ejercicio del año 1918.
28 Heraclio FRAGA, Jefe del Parque y Escuela de Aviación y Aeoroestación Naval “Fuerte Barragán”, al Director General de Personal en su “Estudio sobre el servicio de Aviación Naval en nuestra Armada”, 18 de agosto de 1919. AGARA, Caja 12867.

miércoles, 19 de noviembre de 2025

Entreguerra: El lento desarrollo de la aviación naval embarcada

Fuerza de ataque en ciernes

Copyright 2004 por ER Johnson


“La aviación naval no puede tomar la ofensiva desde la costa; debe hacerse a la mar a lomos de la flota... La flota y la aviación naval son una e inseparables.”—Contralmirante William A. Moffett, Jefe de la Oficina Naval de Aeronáutica, 1921–1933.




Uno de los principales aviones de ataque de la Marina de los EE. UU. de finales de la década de 1930, el Curtiss Wright SBC4 todavía estaba en servicio en diciembre de 1941, cuando los EE. UU. entraron en la Segunda Guerra Mundial y fue el último tipo de biplano de combate militar fabricado en los EE. UU.


Antecedentes

Cuando el primer portaaviones verdadero del mundo, el HMS Furious de la Royal Navy británica, hizo su aparición en 1917, la opinión predominante dentro del Almirantazgo británico era que este nuevo tipo de barco debería operar muy por detrás de la fuerza de protección, donde sus aviones funcionarían principalmente en una función de reconocimiento, y ese pensamiento continuó dominando la planificación de la Royal Navy durante las siguientes dos décadas. Esta política tendría graves consecuencias a finales de 1941 y principios de 1942, cuando, enfrentada a una guerra en múltiples frentes, Gran Bretaña se vio incapaz de contrarrestar eficazmente el poder del Reino Unido. Armada Imperial Japonesa. Japón, utilizando fuerzas de invasión respaldadas por portaaviones, arrebató a los británicos el control de sus posesiones en el Lejano Oriente en cuestión de meses. En ese momento, la única forma de derrotar a los portaaviones era con portaaviones enemigos.
Afortunadamente, la experiencia estadounidense fue considerablemente diferente. Cuando los primeros portaaviones comenzaron a entrar en servicio en la Marina de los EE. UU. (es decir, Langley en 1922, seguido por Lexington y Saratoga en 1927), el contraalmirante William A. Moffett, jefe de la recién creada Oficina Naval de Aeronáutica (BuAer), defendió con éxito que los aviones que prestan servicio a bordo de Estos portaaviones se utilizarán principalmente como armas aéreas para aumentar el poder de ataque de la flota, en lugar de simplemente plataformas de observación y exploración. En ese momento, había mucho debate dentro del establishment militar estadounidense sobre el papel del poder aéreo en el futuro de la nación. En un extremo, el general de brigada del ejército Billy Mitchell (ver “Barling to B36”, Skyways, No. 65, enero de 2003) insistió, hasta el punto de ser degradado y sometido a un consejo de guerra, en que la aviación militar se separara tanto del ejército como del ejército. y la Marina. Moffett, en un estudiado contraste, presionó muy cuidadosamente para integrar su incipiente fuerza de portaaviones en una estrategia general de flota entonces dominada por la Línea de Batalla (es decir, divisiones de acorazados). Como resultado de los esfuerzos de Moffett, además de otros hombres como el Capitán Joseph M. Reeves (primer comandante de Aeronaves, Flota de Batalla) y el almirante Ernest J. King (Jefe de BuAer 19331939, Jefe de Operaciones Navales 19421945), a mediados de la década de 1930 la Marina de los EE. UU. se había convertido en una potencia líder en el desarrollo. de una fuerza de ataque a bordo de portaaviones con un solo rival serio, la Armada Imperial Japonesa.
En vísperas de la Segunda Guerra Mundial, la Armada de Estados Unidos contaba con una fuerza de siete portaaviones y tenía tres más en construcción, frente a los ocho de Japón con cuatro en construcción. Después del ataque japonés del 7 de diciembre de 1941, con la mayor parte de la Línea de Batalla de la Flota del Pacífico en el fondo de Pearl Harbor, los portaaviones reemplazaron a los acorazados como arma principal de los Grupos de Batalla/Fuerzas de Tarea de la Armada de los EE. UU. en tiempos de guerra, y sus aviones de ataque se convirtieron en la punta de la lanza.


Desarrollo de aviones de ataque en general

Junto con el programa de portaaviones en sí, el desarrollo de aviones de ataque basados en portaaviones durante el período 1922-1940 avanzó a un ritmo constante, si no rápido.
Cuando Langley fue encargado en marzo de 1922, la Armada no poseía ningún avión de transporte hecho para ese propósito y aún tenía que desarrollar una base práctica de conocimiento sobre la cual se pudieran emitir nuevos requisitos para los aviones. Hasta 1927, la Armada utilizó aviones terrestres y hidroaviones modificados, como los Vought VE7 y Aeromarine 39 B, para evaluar tipos de equipos de detención, desarrollar procedimientos para el manejo de aviones a bordo de barcos y capacitar al primer grupo de pilotos de portaaviones. Incluso después de que Lexington y Saratoga entraran en servicio a finales de 1927, las limitaciones presupuestarias obligaron a los grupos aéreos de portaaviones recién establecidos a conformarse con una variada combinación de aviones, muchos de los cuales eran todavía diseños obsoletos de hidroaviones y aviones terrestres adaptados para uso en portaaviones. Además, para realizar las numerosas tareas necesarias desde sus aviones, los primeros grupos aéreos a menudo operaban hasta seis tipos diferentes de aviones: bombarderos, cazas, exploradores, aviones torpederos, de observación y utilitarios. Y desde una perspectiva de mantenimiento, la situación se complicó aún más por el hecho de que la mayoría de los tipos en uso habían sido construidos por diferentes fabricantes de fuselajes.
Uno de los primeros objetivos de BuAer al emitir requisitos para aeronaves era combinar tantas funciones como fuera posible en menos células. ¿Qué grupos aéreos necesitaban?
Había más cazas para mejorar la superioridad aérea alrededor del Grupo de Batalla y más aviones de ataque dedicados para ampliar el poder de ataque aéreo de la flota. Con este fin, las necesidades de nuevos aviones de transporte emitidos entre 1927 y 1935 sufrieron una interesante serie de permutaciones (por ejemplo, exploradores, bombarderos, cazabombarderos, cazas biplaza, cazas monoplaza y aviones torpederos) hasta que BuAer se decidió por un nuevo modelo. patrón para tres tipos básicos: (1) cazas monoplaza [F] para proporcionar superioridad aérea alrededor del portaaviones, escoltar a la fuerza de ataque y también operar en un papel de cazabombardero; (2) bombarderos exploradores biplaza [SB], que combinaban las funciones de exploración (muy importante en la época anterior al radar) y bombardeo en picado en un solo avión; y (3) torpederos de tres plazas [TB] capaces de lanzar torpedos o realizar bombardeos nivelados. A partir de ese momento, un único grupo aéreo de portaaviones estaba compuesto típicamente por cuatro escuadrones de 15 a 20 aviones, a saber: un caza (VF), dos bombarderos exploradores (un VS y un VB) y un torpedero (VERMONT). Este formó el patrón básico utilizado hasta mediados de la Segunda Guerra Mundial.
Si bien BuAer hizo buenos avances en el establecimiento de requisitos funcionales, fue decididamente lento a la hora de aprovechar ciertos avances observados en el estado del arte aeronáutico durante la década de 1930. La principal de sus preocupaciones eran las mayores velocidades de aterrizaje y las implacables características de pérdida demostradas por muchos de los nuevos diseños de monoplanos totalmente metálicos, con el resultado de que los tipos biplanos continuaron constituyendo la mayor parte de la fuerza de aviones de combate y ataque de la flota hasta el final de la década de 1930. El enfoque conservador de BuAer hacia la innovación no fue más evidente que en 19341935, cuando emitió requisitos para nuevos portaaviones monoplanos y biplanos al mismo tiempo. Aunque un pequeño número de monoplanos exploradores y bombarderos torpederos (es decir, SB2U1 y TBD1) comenzaron a llegar a la flota a finales de 1937, el proceso de reequipamiento continuó lentamente y todavía estaba en progreso a finales de 1941. El estallido de la guerra en Europa en 1939 y la creciente fricción con Japón resultó ser un catalizador para una expansión sin precedentes de la Aviación Naval; sin embargo, el efecto no fue inmediato, de modo que en diciembre de 1941, el inventario de aviones de ataque de la Armada ascendía a sólo 809 bombarderos torpederos y exploradores de todo tipo, que incluían varios escuadrones de biplanos SBC4.

Aviones torpederos y bombarderos torpederos

Durante la década de 1920, el torpedo lanzado desde el aire se consideraba el principal arma antibuque de la aviación naval, y aunque esta visión se modificó después de 1930 para incluir ataques con bombardeos en picado, el torpedo continuó formando un importante elemento de la estrategia ofensiva de BuAer. Sin embargo, incluso en 1942, una de las principales deficiencias del ataque aéreo con torpedos eran los parámetros de liberación extremadamente estrechos, es decir, (1) una altitud que no excedía los 50 pies y (2) una velocidad aérea que no excedía los 115 nudos (132 mph). y (3) alcance de 2000 yardas. Esta aproximación baja, lenta y cercana dejó a la fuerza atacante de torpederos enormemente vulnerable (como se demostró).


El Martin T3M2 dio a la Armada la capacidad de operar aviones torpederos desde portaaviones. Foto de : Hal Andrews Collection


El T4M1 propulsado por Hornet fue una evolución adicional del T3M. Los T4M construidos por
Great Lakes fueron designados TG.


Los intentos realizados entre 1930 y 1933 para generar reemplazos para los T4M y TG no tuvieron éxito. El Martin XT6M1 de 1930 con motor R1820 y el R1690 El primer avión portador de torpedos desarrollado específicamente para operaciones de portaaviones fue el Martin T3M2, un biplano de tres plazas encargado en 1926.
Derivado del diseño anterior de hidroavión/avión terrestre T3M1, presentaba un Packard 3A de 710 hp más potente. 2500 motor refrigerado por líquido, más área de ala (es decir, el ala superior aumentó en envergadura para que las alas tuvieran la misma envergadura), disposición de la tripulación rediseñada (es decir, piloto, bombardero y artillero en tándem), además de equipo de detención. La Armada adquirió 100 de este tipo y comenzó a equipar unidades VT recién formadas en 1927. Durante el mismo período, BuAer cambió su política de adquisiciones hacia aviones propulsados con los motores radiales refrigerados por aire más nuevos, lo que llevó a Martin a reelaborar y probar el T3M para Instalación del Pratt & Whitney R1690 Hornet de 525 CV. Alas modificadas, un timón equilibrado y otras mejoras dieron como resultado la introducción por parte de Martin del Hornet por experiencia de combate real en junio de 1942) tanto al
fuego antiaéreo de barcos enemigos como al ataque de cazas desde arriba.
T4M1 con motor, que voló en abril de 1927 y fue seguido por 102 modelos de producción. Cuando Martin vendió su planta de Cleveland, Ohio, a Great Lakes Aircraft a finales de 1928, este último emprendió la producción de otros 18 T4M1 bajo la nueva designación TG1. En 1930, la Armada adquirió 34 TG2 mejorados equipados con el motor Wright R1820 de 620 hp, lo que aumentó la carga útil en 350 libras y aumentó la velocidad máxima en 20 mph. Para el bombardeo a nivel, todos los aviones torpederos de este período fueron diseñados para albergar una estación de bombardero ubicada en el vientre del avión. También cabe señalar que a partir de 1919, la Oficina Naval de Artillería (BuOrd) fomentó el desarrollo de
varios tipos de miras, lo que dio lugar, en 1930, a la introducción del Mark XV, una mira giroestabilizada y totalmente sincrónica diseñada por los suizos. inventor Carl L. Norden (para más detalles, ver “Illuminati”, Skyways, No. 69, enero de 2004).



Un TG1, un T4M1 construido en los Grandes Lagos, con su torpedo suspendido. Los T4M y TG tuvieron una carrera relativamente larga en la Armada de 1927 a 1937. Foto de : Colección del editor


Los TBD1 de producción presentaban una capota más alta, un motor de 850 hp y cambios en el capó. El tipo comenzó a entrar en servicio operativo en junio de 1937, y la Marina añadió 15 más al pedido original en 1938. Si bien los TBD eran quizás los torpederos más avanzados de ambos aviones iban a ser propulsados por el Pratt & Whitney R1830 de dos filas y 800 hp, tendrían tren de aterrizaje retráctil y llevarían una tripulación de tres personas. Cada uno estaría equipado con una mira Norden para bombardeos nivelados y estaría armado con dos ametralladoras calibre .30, uno de los Douglas XT3D1 de 1931 con motor eran ambos diseños de biplanos, que a pesar de los métodos de construcción más modernos y el mejor rendimiento general, no se consideraba que ofrecieran ninguna ventaja significativa sobre los T4M y TG existentes. Del mismo modo, el XT3D2 mejorado de 1933, que presentaba mejoras como un motor Pratt & Whitney R1830 de dos hileras de 800 hp, pantalones de ruedas y capó NACA, no
se ordenó para producción. En consecuencia, los antiguos T4M y TG permanecieron en servicio como el tipo torpedo estándar de la flota hasta 1937 (una carrera relativamente larga para los primeros diseños de portaaviones), momento en el que comenzaron a ser reemplazados por monoplanos de cañón delantero fijo disparado por el piloto y un soporte flexible para un artillero estacionado en la parte trasera del recinto de
la cubierta. El XTBD1 era totalmente metálico con superficies de control cubiertas de tela, mientras que las alas superior e inferior del XBTG1 eran estructuras metálicas cubiertas de tela.
El XTBD1 se completó y entregó para pruebas en abril de 1935, seguido del XBTG1 en agosto del mismo año. Curiosamente, las pruebas de vuelo revelaron que el rendimiento del XTBD1 era sólo ligeramente mejor que el del XBTG1 (una velocidad máxima de 205 mph frente a 185 mph, un techo de 20,800 pies frente a 16,400 y un alcance con torpedo de 449 millas frente a 558). millas) pero sus características generales de vuelo y su estabilidad fueron notablemente superiores. El TBD1 se convirtió en el primer monoplano encargado para el servicio de portaaviones en febrero de 1935, cuando la Armada adjudicó a Douglas un contrato para construir 114 ejemplares.
En junio de 1934, BuAer emitió un requisito completamente nuevo bajo su nueva especificación de torpedero bombardero (TB), y se encargaron dos prototipos diferentes: el monoplano Douglas XTBD1 y el biplano Great Lakes XBTG1.


El Douglas XTBD1. El TBD fue el primer monoplano encargado para el servicio de portaaviones en la Armada.
Foto: USN, Colección del editor




El Grumman TBF1 Avenger. El TBF y el TBM, el equivalente construido por General Motors, se convirtieron en los torpederos más utilizados por la Armada en la Segunda Guerra Mundial y en el servicio de posguerra.


El tren retráctil F11C3 se convirtió en el BF2C1 en la categoría de cazabombardero.


El caza Curtiss Wright F11C2 fue redesignado como BFC2 en la categoría de caza bombardero.


del mundo en el momento en que entraron en servicio, más tarde demostraron ser desastrosamente obsoletos cuando fueron destinados al combate durante las primeras batallas de portaaviones de 1942. Curiosamente, la Armada no emitió ninguna nueva especificación para un bombardero torpedero basado en portaaviones hasta abril de 1940, cuando encargó prototipos. Los tipos del XTBF1 de Grumman y del XTBU1 de Vought. El TBF Avenger, también producido por General Motors como TBM, entró en servicio a mediados de 1942 y se convirtió en el principal torpedero bombardero de la Armada y el Cuerpo de Marines durante la Segunda Guerra Mundial.

Bombarderos y cazas biplaza

El deseo de BuAer de combinar una multiplicidad de funciones en una sola estructura llevó, entre 1931 y 1934, a la idea relativamente efímera de los bombarderos caza (BF), cazas monoplaza que poseían una capacidad ligera de bombardeo en picado. Bajo la misma especificación, en 1932 se autorizaron dos diseños de biplanos de Curtiss: el BFC2 de engranaje fijo (inicialmente XF11C2) y el BF2C1 de engranaje retráctil (XF11C3), ambos propulsados por el Wright R. 1820 y compartía muchas características de fuselaje con el P6E del ejército. El Boeing nunca entró en producción, pero Curtiss tuvo más éxito, fabricando 27 BFC2 y 27 BF2C1 desde mediados de 1933 hasta principios de 1934. Sin embargo, el concepto BF se abandonó después de unos pocos años y ambos tipos Curtiss fueron retirados del servicio activo a principios de 1938.
El primer ejemplo de este concepto (inicialmente encargado como XF6B1 en 1931) fue el XBFB1 de Boeing de 1933, un biplano de tren fijo con un motor Pratt & Whitney R1535 de 625 hp. Con un gran parecido con su predecesor F4B4, el XBFB1 fue diseñado para transportar una bomba de 500 lb en la línea central o cuatro bombas de 112 lb en bastidores de alas además del armamento de ametralladora.


Los cazas biplaza Curtiss Wright F8C1 fueron redesignados como OC1.


El concepto de caza biplaza en realidad surgió a partir de un requisito del Cuerpo de Marines de 1927 de que un avión multipropósito cumpliera las funciones de caza, bombardero en picado y plataforma de observación durante las campañas expedicionarias.

Curtiss respondió adaptando su diseño biplaza Army Falcon (A3) a un motor radial Pratt & Whitney R1340 y ofreciéndolo como F8C1. Después de entregar 27 ejemplares (25 al USMC) en 19271928, Curtiss presentó el XF8C2 mejorado, que presentaba un timón equilibrado, un fuselaje reforzado y rediseñado y nuevas alas de igual envergadura. Otras mejoras incluyeron una mira telescópica para bombardeos en picado y dos ametralladoras calibre .30 que disparan hacia adelante en el ala superior. Apodado Helldiver, este modelo se puso en producción posteriormente como F8C4 para la Armada y F8C5 para los Marines, y se entregaron un total de 86 en 1930. El competidor Vought XF2U1 de 1929, un Adaptación más poderosa y fuertemente armada del O2U, nunca llegó a producción. A medida que los aviones más nuevos los reemplazaron a principios de la década de 1930, los F8C1 fueron redesignados como OC1 y los F8C4 y 5 se convirtieron en O2C1, y ambos tipos fueron relegados al estado de reserva.
Uno de los conceptos de caza multifunción biplaza más avanzados de esta época fue el biplano Grumman FF1, que voló a finales de 1931. El primero de una gran línea de aviones de transporte Grumman, el XFF1, fue diseñado con un fuselaje totalmente metálico, tren de aterrizaje retráctil manual y marquesinas cerradas para el piloto y el artillero/observador. Equipado con un motor R1820 de 750 hp, su velocidad máxima de 201 mph era más alta que la de cualquier caza naval monoplaza de la época. La Armada encargó 27 como FF1 y otros 33 como explorador biplaza SF1, y ambos tipos permanecieron en servicio activo hasta 1936. El concepto de caza biplaza en realidad surgió a partir de un requisito del Cuerpo de Marines de 1927 de que un avión multipropósito cumpliera las funciones de caza, bombardero en picado y plataforma de observación durante las campañas expedicionarias.
Los nuevos requisitos de BuAer emitidos en 19311932 generaron cuatro diseños más de cazabombarderos biplaza: el Berliner Joyce XF2J1, el Douglas XFD1, el Vought XF3U1 y el Curtiss XF12C1. Todos eran biplanos de tren fijo con cabinas cerradas, excepto el XF12C1, que presentaba un ala superior única montada en una sombrilla y un tren de aterrizaje retráctil hacia adentro. El XF2J1 y


Los cazas biplaza Curtiss Wright F8C4 y 5 Helldiver se convirtieron en O2C1 en un cambio de  designación y misión.


Otro caza biplaza fue el Grumman FF1. Aquí se ilustra su variante exploradora de dos asientos, el SF1.


Los DH4B del Marine Corps de Havilland como este se utilizaron en el desarrollo de las primeras técnicas de bombardeo en picado en 1927.


El Martin T5M fue aprobado para el servicio en la Marina y recibió la designación BM1 en la
nueva serie de bombarderos. Tenga en cuenta la eslinga debajo de la nariz de este BM1 para asegurarse de que la bomba pase por alto la hélice cuando se suelta en picado.

Los XFD1 fueron cancelados luego de las pruebas de vuelo; sin embargo, los diseños de Curtiss y Vought fueron devueltos a la fábrica para modificaciones, resurgiendo en 1934 como SBC1 y SBU1, respectivamente, lo que efectivamente marcó el fin del concepto de cazabombardero biplaza.

Exploradores, bombarderos y bombarderos

Los exploradores de la Infantería de Marina, utilizando un puñado de DH4B anticuados, se le atribuye el desarrollo de las primeras técnicas de bombardeo en picado probadas en combate durante la campaña
de Nicaragua de 1927. La idea de construir un avión basado en portaaviones Lo suficientemente fuerte como para lanzar una bomba de 1.000 libras de esta manera contra un objetivo de barco llevó a BuAer, en 1928, a publicar su primera especificación para un objetivo construido expresamente para "bombardeo en picado"

Después de eso, Martin autorizó los prototipos como el XT5M1 con motor R1690 y la Fábrica de Aviones Navales como el XT2N1 con motor R1750. Ambos aviones eran sorprendentemente similares en construcción y apariencia: biplanos de igual envergadura cubiertos de tela y con estructura de metal, cabinas abiertas en tándem para el piloto y el artillero/observador, y una muleta de metal en el vientre diseñada para hacer girar la gran bomba más allá del arco de la hélice. Las pruebas de ambos prototipos completadas en 1930 dieron como resultado la selección del Martin T5M1, bajo la designación de nuevo bombardero (B) BM1, con pedidos realizados por 12 aviones. A finales de 1931, la Armada compró 16 BM2, que se diferenciaban del 1 sólo en pequeños detalles. Los BM1 y 2 permanecieron con la flota activa de escuadrones hasta 1937, cuando fueron reemplazados por tipos SB más nuevos que entraron en servicio.


Los Great Lakes BG1 sirvieron a la Armada y a los Marines a mediados y finales de los años 30.

En 1931, la Armada evaluó brevemente el Consolidated XBY1, un monoplano de ala alta con motor R1820 basado en el diseño comercial Fleetster de esa compañía.
Aunque rápido para los estándares de la época (velocidad máxima de 181 mph), finalmente se consideró demasiado grande para el almacenamiento en portaaviones e inadecuado para bombardeos en picado. Un requisito de bombardero en picado BuAer más convencional emitido en 1932 dio lugar a una competencia entre el Great Lakes XBG1 y el Consolidated XB2Y1, ambos biplanos de piñón fijo propulsados por motores R1535 de 700 hp.
Después de que ambos tipos volaron a mediados de 1933, el BG1 demostró ser superior en las pruebas, lo que resultó en un contrato de producción para 60 ejemplares entregados durante 1934/1935, y la mitad
de ese número fue asignado a la Infantería de Marina. El tipo continuó en servicio activo con la Armada hasta 1938 y con la Infantería de Marina hasta 1940.
La Marina asignó por primera vez la designación de explorador (S) en 1931 a la serie Vought SU, un derivado del O3U con un motor más potente y mayor capacidad de combustible, pero que carecía de capacidad ofensiva real. El primer tipo de exploración con auténtico potencial de ataque fue el Curtiss XS2C1 de finales de 1932, que era esencialmente una versión navalizada del monoplano A10 Shrike del Ejército . Sin embargo, después de un breve período de evaluación, se consideró que no era apto para operaciones de transporte. Más prometedor fue el biplano XSBU1 de Vought (anteriormente XF3U1), que fue devuelto a la Armada para nuevas pruebas a principios de 1934.
Se encargaron ochenta y cuatro en 1935 como SBU1 y 40 más en 1936 como SBU2, pero su servicio activo fue muy breve, y la mayoría fueron degradados al estado de reserva a finales de 1937. 1934 fue sin duda un punto de referencia. año en adquisiciones de aviones navales. Además de la competición de torpederos mencionada anteriormente, BuAer también solicitó múltiples propuestas para prototipos simultáneos de biplanos y monoplanos bajo la nueva especificación de bombarderos exploradores.



Un Vought SBU1, un ejemplo de la serie de bombarderos exploradores de la Marina. Los SBU tenían una vida útil relativamente corta.


El Curtiss Wright SBC3 surgió como el ganador de la competencia de bombarderos exploradores de la Marina de 193536.

Una gran parte de esto fue inducido por el hecho de que un nuevo portaaviones, el Ranger, se había unido a la flota en 1934 y dos más, Yorktown y Enterprise, estaban programados para seguirle dentro de unos años. Así, además de sustituir los modelos obsoletos, la Armada necesitaría hasta 220 aviones nuevos más para equipar a los próximos grupos aéreos.
A partir de finales de 1935 y durante el resto de 1936, la Armada probó no menos de siete prototipos SB diferentes (cuatro biplanos y tres monoplanos) construidos por seis fabricantes de aviones diferentes, y con el objetivo aparente de simplificar los procedimientos de mantenimiento y revisión. Seis de los siete iban a diseñarse alrededor del motor R1535 de dos filas de Pratt & Whitney (tenga en cuenta que el Brewster XSBA1, equipado con un Wright R1820, fue la excepción).
Si bien el material de referencia disponible no indica exactamente quién competía contra quién, parece, al menos cronológicamente, que el primer grupo de rivales de los bombarderos exploradores eran todos biplanos, formados por el Curtiss XSBC2 (un diseño completamente nuevo, no un desarrollo del monoplano XSBC1), el Great Lakes XB2G1 (una variación de engranaje retráctil del BG1) y el Grumman XSBF1 (un rediseñado desarrollo de la serie FF/SF). Las pruebas de los prototipos a finales de 1935 y principios de 1936 dieron como resultado que Curtiss fuera declarado ganador con un contrato para 84 aviones que se producirían como SBC3. En 1938, Curtiss presentó el SBC4 mejorado que, equipado con un motor R1820 de 950 hp y otras mejoras, elevaba la carga de la bomba a 1.000 libras, mucho más letales. Los últimos 50 de los 125 SBC4 construidos para la Armada (que estaban especialmente destinados a reemplazar a 50 que habían sido prestados y arrendados a Gran Bretaña) se entregaron a principios de 1941, lo que lo convirtió en el último tipo de biplano de combate militar de cualquier tipo que se fabricó. en los EE.UU.
El segundo grupo, un poco más tarde, estaba compuesto por tres monoplanos: el Vought XSB2U1, el Brewster XSBA1 y Northrop XBT1, y un biplano, el Vought XSB3U1 (esencialmente un SBU2 con  retráctil tren de aterrizaje). El XBT1 fue entregado a la Marina para pruebas en diciembre de 1935 y los otros tres llegaron en abril de 1936. Dado que BuAer todavía albergaba serias reservas sobre los monoplanos, el XSB3U1 representaba una protección obvia contra la posibilidad de que los otros tres los diseños podrían no funcionar. Como resultaron los acontecimientos, los monoplanos generalmente superaron a los biplanos en términos de velocidad máxima y de crucero (y por lo tanto tiempo para alcanzar el objetivo) y los igualaron en términos de alcance y carga útil, al mismo tiempo que demostraban velocidades de aproximación y características de onda aceptables. En un esfuerzo por equipar más rápidamente su fuerza de portaaviones emergente, la Armada ordenó la producción de los tres diseños de monoplano SB. En cuanto al SB2U, Vought entregó 169 aviones durante 19371940 a la Armada y al Cuerpo de Marines en tres versiones (es decir, SB2U1, 2 y 3) y construyó 50 adicionales para la Flota Aérea Británica.


Un Vought SB2U2 con las marcas distintivas del Commander Wasp Air Group.



El Northrop BT1 mostrando sus flaps de borde de salida perforados y de tipo dividido.


El tren de aterrizaje del BT1 se retrajo hacia atrás dentro de alojamientos externos debajo de las alas. Este es el XBT2, un BT1 modificado con un tren de aterrizaje totalmente retráctil.


El Northrop XBT2 se modificó aún más con refinamientos aerodinámicos y muestra claramente su evolución final hasta lo que se convirtió en el Douglas SBD en producción.

Los SB2U, a pesar de ser un avión muy avanzado en el momento de su debut operativo, fueron rápidamente superados por tipos más nuevos, de modo que en diciembre de 1941 solo estaban sirviendo en dos escuadrones de primera línea de la Infantería de Marina.

El Northrop XBT1 exhibió un rendimiento comparable al SB2U y compartió muchas de las características del A17 de engranaje fijo de esa compañía, construido para el Ejército.
Al encerrar el tren de aterrizaje en carenados aerodinámicos que se retraían contra la superficie inferior del ala, la sección central del A17 sufrió pocos cambios. Y para resolver el problema de las fuertes sacudidas a altas velocidades en picado, el BT1 fue el primer bombardero en picado en introducir flaps de borde de salida perforados y de tipo dividido. Después de la aceptación a finales de 1936, la Armada encargó 54 BT1 y las entregas comenzaron en noviembre de 1937. En el momento en que el nombre de Northrop se cambió a El Segundo Division of Douglas Aircraft en 1938, la compañía estaba completando el trabajo en su BT2, que venía con un motor R1820 más potente (1000 hp frente a 825 hp) y un tren de aterrizaje rediseñado que se retraía al ras de las raíces de las alas. En 1939, mejoras adicionales, como una aleta/timón remodelado y una nueva cubierta, dieron como resultado un modelo definitivo, que posteriormente se ordenó su producción en 1939 como SBD1. La Armada había planeado originalmente poner fin a la producción de SBD a principios de 1942 después de la entrega de 174 SBD1, 2 y 3, pero el inicio de la Segunda Guerra Mundial mantuvo la línea de montaje en movimiento hasta mediados de 1944, después de
lo cual se entregaron 5.267 SBD en todas las versiones (incluidos 615 construidos para la USAAF como A-24).


Cuando Northrop se convirtió en la División El Segundo de Douglas en 1938, un mayor diseño y desarrollo condujeron al SBD1 Dauntless, que iba a ser ampliamente utilizado tanto por la Armada como por el Ejército (como el A24) en la Segunda Guerra Mundial.

El XSBA1, el primer diseño original de Brewster Aeronautical Corporation, se diseñó según un requisito algo diferente: un motor R1820 y una forma en planta de ala media con un compartimento interno para bombas, y a 263 mph, era el más rápido de todos. al grupo por un margen de 16 mph. La Marina emitió un contrato por 30 de este tipo, pero, curiosamente, no a Brewster. Debido a que la compañía no tenía experiencia aparente en la fabricación de estructuras de aviones completas, el contrato de producción se adjudicó en septiembre de 1938 a la Naval Aircraft Factory, propiedad del gobierno, bajo la nueva designación SBN1. Sin embargo, la producción avanzó a un ritmo notablemente letárgico: los primeros ejemplares se entregaron a finales de 1940 y el resto del pedido no llegando hasta mediados de 1941, momento en el que el SBN1 estaba prácticamente obsoleto.
Pero a principios de 1939, BuAer ya veía el SB2U, el SBD y el SBN como meros recursos provisionales y tenía los ojos puestos en cosas más grandes y mejores. En abril de 1939, la Armada le dio a Brewster un pedido para su Modelo 340 (XSB2A1) propulsado por R2600, que se esperaba que llevara una carga de bomba de 1000 libras a una velocidad y alcance un 25% mayor que el SBA. Un mes después, se otorgó otro contrato a Curtiss para el desarrollo del XSB2C1 de potencia similar. Los 302 SB2A de la Marina y la Marina entregados entre 1942 y 1944 nunca vieron un solo disparo con ira y fueron parte de un fiasco corporativo más grande que finalmente significó la desaparición de Brewster. Al mismo tiempo, el desarrollo del SB2C se prolongó tanto que no alcanzó el estado operativo hasta finales de 1943, pero aun así se redimió en las posteriores campañas de portaaviones de la Segunda Guerra Mundial.


Después de un prolongado esfuerzo de desarrollo y producción, el SBA1 diseñado por Brewster salió de la producción como el Naval Aircraft Factory SBN1 que se muestra aquí, demasiado poco y demasiado tarde para marcar la diferencia.


Se entregaron trescientos dos bombarderos exploradores Brewster SB2A a la Armada y los Marines, pero ninguno entró en servicio en primera línea

Independientemente de lo que se pueda decir sobre el enfoque a veces divergente y confuso de BuAer para el desarrollo de aviones de ataque durante el período mencionado, al final sentó las bases para los éxitos tácticos de la aviación de la Marina y la Marina desde mediados de 1942 en adelante. Todos los tipos
de torpedos y bombarderos exploradores utilizados durante la guerra ya estaban en producción o en desarrollo antes de diciembre de 1941. Estos aviones, concretamente el SBD, el SB2C y el TBF (TBM), no sólo desempeñaron un papel importante en la comprobación de la ataque enemigo a través del Pacífico, pero también encabezó el avance de la Armada y la Marina hacia las Islas de Origen Japonesas. ¡Tres hurras por la BuAer!


El Curtiss Wright XSB2C1, el primero de muchos SB2C Helldivers entregados a la Armada en la Segunda Guerra Mundial