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domingo, 11 de enero de 2026

Argentina: Contactos nucleares del ARA San Juan en 2017

Contactos nucleares del 9 y 10 de julio de 2017


El 9 y 10 de julio de 2017, en plena inmensidad gris del Atlántico Sur, el ARA San Juan vivió uno de esos episodios que en la guerra antisubmarina quedan grabados más por lo que sugieren que por lo que permiten demostrar. A la altura de Puerto Deseado y a unas 250 millas náuticas de la costa —es decir, ya en un espacio donde el mar se abre y el “ruido de fondo” se vuelve un actor tan importante como cualquier buque—, el submarino argentino obtuvo dos contactos que fueron tratados como submarinos. El del día 9 aparece primero por “registrador” y luego por audio: esa secuencia, para quien conoce la rutina de un sonar, es casi cinematográfica. Primero la huella queda en el registro (la traza, el evento, el patrón que sobresale del ambiente), y luego el operador confirma con el oído entrenado: el sonido característico, el tono estable o el “rumor” mecánico que no se comporta como un buque mercante ni como una perturbación biológica. Que haya pasado de registro a escucha sugiere algo más que un eco distante: implica una situación de geometría viva, con ambos submarinos lo suficientemente cerca como para que la señal fuese útil, explotable, y digna de ser grabada con la expectativa de un análisis fino posterior.



   

El 10 de julio, el contacto tuvo un rasgo todavía más revelador: una variación rápida en la marcación (bearing). En sonar pasivo, la marcación es la brújula del cazador: no da distancia, pero sí dirección. Y su velocidad de cambio es, muchas veces, el primer indicio de “proximidad táctica”. Un blanco lejano tiende a moverse lentamente en azimut; cuando la marcación gira rápido, algo está pasando: o el contacto está cerca, o uno de los dos (el propio submarino o el contacto) está maniobrando con decisión, o ambas cosas a la vez. La lectura intuitiva es la que señalás: “si gira rápido, estaba muy cerca”, porque a igual velocidad relativa, el ángulo cambia más deprisa cuanto menor es la distancia. Pero en un análisis serio hay que sostener también la alternativa técnica: una maniobra del San Juan (cambio de rumbo o velocidad) puede “hacer correr” la marcación de un blanco a distancia moderada, y un cambio de capa acústica o de propagación puede intensificar o degradar el contacto en pocos minutos. Por eso estos eventos se tratan como piezas de un rompecabezas: no se interpretan por un solo síntoma, sino por el conjunto de síntomas (estabilidad del contacto, continuidad tonal, coherencia del DEMON/blade-rate si se lo trabajó, consistencia con tráfico mercante, etc.).





Que los contactos se tomaran con sonar pasivo era lo esperable y, de hecho, casi inevitable. El activo ilumina, pero también delata: en un escenario donde no se pretende escalar y donde el valor principal es “saber sin ser sabido”, el pasivo es la herramienta natural. Además, el pasivo permite algo crucial: grabar. Cuando se graba un contacto, se conserva el insumo para el trabajo “de laboratorio” que viene después: separación de banda ancha y banda angosta, búsqueda de líneas tonales estables (maquinaria, bombas, generadores), estimación de velocidad a partir de componentes periódicas (si el análisis lo permite), comparación con bibliotecas de firmas, y clasificación (submarino / superficie; militar / mercante; probable tipo). Ese “después” es donde, en condiciones normales, se decide si la hipótesis “submarino nuclear” es sólida o sólo una etiqueta preliminar. Porque conviene ser estrictos: desde lo técnico, pasivo por sí solo rara vez “prueba” nuclearidad; lo que puede dar es un conjunto de indicios (régimen sostenido alto, ciertos patrones mecánicos, calidad de maquinaria, firma tonal) que llevan a un “probable SSN” con mayor o menor confianza.





Estas son las pos del San Juan en la carta y la derrota posible del submarino de otro país, considerando la información que más o menos tenemos. Si hoy intentás reconstruir la escena en una carta, la lógica es la de la geometría de marcaciones: ubicás las posiciones estimadas del San Juan y trazás líneas de demora (bearing lines) para cada marca relevante del contacto. Con dos o más marcaciones tomadas desde diferentes posiciones del propio submarino —idealmente con algo de separación temporal y espacial— se puede armar un esbozo de “solución de seguimiento” (TMA, target motion analysis) aunque siempre con ambigüedades: sin distancia directa, muchas trayectorias pueden calzar con los mismos ángulos. Ahí es donde entra el dato cualitativo de tu relato: el cambio rápido de marcación del día 10, combinado con la obtención clara por audio, tiende a restringir soluciones absurdas y empuja hacia escenarios donde hubo cercanía táctica o maniobras marcadas. En criollo técnico: el contacto dejó de ser un rumor lejano y pasó a ser un problema de geometría inmediata, lo bastante “real” como para justificar grabación y posterior explotación. Y lo más inquietante es justamente lo que queda abierto: si esas grabaciones existieron y fueron elevadas para análisis, la conclusión —la verdadera,_toggle de inteligencia— no está en el momento del contacto, sino en lo que arrojó (o no arrojó) el trabajo posterior de clasificación. En guerra submarina, a veces el episodio más importante no es cuando “lo oíste”, sino cuando alguien, días después, te dice qué era lo que estabas oyendo.

¿De qué país era? Nuclear y en el Atlántico Sur, nos deja básicamente tres opciones. Británico (la más probable): elsnorkel.com/2010/05/enemig ; Estadounidense: en.mercopress.com/2021/02/15/fal o Ruso: elsnorkel.com/2013/01/submar . Veamos.

Contactos históricos en la Patagonia

En la Patagonia argentina, el mar tuvo momentos en que dejó de ser “fondo” y se volvió protagonista. Entre el 21 y 22 de mayo de 1958, y luego otra vez entre el 20 y 29 de octubre de 1959, unidades de la Armada Argentina que estaban en ejercitaciones detectaron contactos submarinos en zonas sensibles: primero en el Golfo Nuevo y después frente a Comodoro Rivadavia, con la fragata ARA Heroína y el refuerzo de los recién incorporados aviones Neptune de la Aviación Naval. Pero la secuencia que quedó grabada como una verdadera cacería se extendió del 30 de enero al 26 de febrero de 1960, también en el Golfo Nuevo: un contacto inicial, fortuito, derivó en persecuciones y ataques repetidos desde superficie y aire. Se intentó identificación, no hubo respuesta, y el comportamiento del intruso resultó tan desconcertante como técnicamente elocuente: parecía “ofrecer” el contacto en ciertos momentos, pero con superioridad de maniobra y velocidad buscaba arrastrar a los perseguidores mar afuera; cuando la persecución cruzó el límite de las 12 millas, se ordenó cortar, y aun así esa misma noche reaparecieron nuevos contactos dentro del golfo, alimentando la sospecha de más de un submarino. El patrón operativo terminó describiéndose por fases: una inicial de choque, una etapa evasiva con múltiples contactos breves (como si un submarino distrajera para aliviar a otro potencialmente averiado), un momento de escape hacia zonas menos “cómodas” y, finalmente, una fase de ausencia con rastrillajes metódicos. Hubo instancias de afloramiento parcial —lo suficiente para clasificar “positivo”—, y con el correr de los días se consolidó un perfil técnico: diesel/eléctrico, con snorkel, capaz de sostener 16 a 20 nudos en inmersión, dotado de buen sonar, con medidas de apoyo electrónicas (MAE/ESM) y la necesidad periódica de asomar la vela o parte de ella. En un teatro donde la mayor parte del tiempo se combate contra un eco, esas características no eran un detalle: eran la firma de una intrusión consciente, moderna para su época, que no buscó combatir ni hablar, sino resistir, confundir y desaparecer.



La explicación más inquietante no estaba dentro del golfo, sino en el mundo que lo rodeaba: la Guerra Fría empujaba submarinos oceánicos a mares “periféricos” para medirlo todo —temperaturas, salinidad, corrientes— y, sobre todo, para ensayar rutas y condiciones de operación futura. En ese tablero, los soviéticos ya disponían de submarinos de largo alcance clase Zulu (Proyecto 611), diseñados como oceánicos y capaces de campañas extensas sin reabastecimiento, con velocidades en inmersión del orden de los 16 nudos y equipamientos que calzaban con lo observado en Patagonia. Se registran campañas largas, con apoyos logísticos y misiones de recopilación ambiental y geofísica pensadas para facilitar operaciones posteriores en un Atlántico Sur considerado con defensas antisubmarinas relativamente escasas. Del lado estadounidense, el Atlántico Sur tampoco era ajeno: en 1958 se ejecutó Operación Argus con detonaciones nucleares atmosféricas desde una fuerza naval ubicada aproximadamente entre Malvinas y Ciudad del Cabo (un despliegue que razonablemente habría requerido vigilancia y seguridad submarina), y en 1960 el enorme USS Triton realizó su circunnavegación sumergida, con episodios de búsqueda de contactos y un itinerario que incluyó proximidad operativa al área y posterior navegación hacia el sur bordeando la costa argentina. En el propio Golfo Nuevo, incluso, se sumaron expertos de la U.S. Navy y se aportaron medios de detección y torpedos aéreos guiados, un dato que sugiere que, para Washington, aquello no era una anécdota local sino un evento técnicamente serio. Sin embargo, el enigma nunca se cerró con reconocimiento oficial de ningún país: quedaron croquis nocturnos, mástiles vistos contra la luna —¿periscopio, radar, snorkel?—, una estructura en proa interpretada como carenado sonar o como antenas de comunicaciones, y un detalle técnico casi “de manual” que alimentó hipótesis: ciertos submarinos soviéticos necesitaban aflorar para operar comunicaciones de alta frecuencia sin riesgos en acopladores y aisladores, algo que encajaba con la conducta observada. Por eso, cuando décadas más tarde el Atlántico Sur volvió a llenarse de silencios después de 1982, la sorpresa no fue que hubiera submarinos extranjeros: la verdadera lección era que la Patagonia ya había sido, desde mucho antes, un escenario real del ajedrez submarino global, donde lo único permanente es que casi nada se ve y casi todo se infiere.


Contactos británicos del tercer tipo

Años después de 1982, el Atlántico Sur siguió siendo un tablero con piezas visibles y una pieza invisible (El Snorkel). En la superficie, la presencia británica se sostuvo con un esquema casi permanente: un buque de combate (destructor o fragata), un buque logístico de la Royal Fleet Auxiliary y un patrullero con base en las islas, de modo que nunca faltara una “bandera” naval cerca de Malvinas y, si por rotaciones no estaba en estación, al menos hubiera una unidad lista para llegar en menos de dos semanas de navegación. Pero el verdadero núcleo disuasivo fue menos fotogénico: a intervalos regulares, un submarino de ataque se sumaba al dispositivo. Sus movimientos no se anunciaban; se filtraban lo justo para que el adversario supiera que, en cualquier crisis, podía haber un casco silencioso escuchando, siguiendo o cerrando una derrota. Cada vez que subía la tensión —por ejemplo, cuando se reactivaban polémicas políticas o económicas alrededor de los recursos en aguas circundantes—, la mera posibilidad de un submarino en patrulla funcionaba como mensaje estratégico: no se ve, no se discute, pero condiciona todo.

La posguerra inmediata tuvo un clima raro, casi de “alto el fuego imperfecto”: la rendición en las islas no implicó, en términos estrictamente operacionales, que el continente quedara desarmado de un día para el otro, y esa ambigüedad alimentó una vigilancia británica intensa alrededor del archipiélago y también frente al litoral argentino. En ese marco hubo patrullas prolongadas de submarinos convencionales y nucleares, con misiones que rozaban la “semi-guerra”: permanecer cerca, recolectar inteligencia, y estar listos para reaccionar ante cualquier señal de recomposición ofensiva. El nerviosismo llegó a un punto álgido en mayo de 1983, cuando circularon temores de un posible raid argentino para el 25 de mayo y se reforzó el despliegue submarino, aunque el golpe nunca se materializó. Durante los años 80, los submarinos convencionales —especialmente los diesel-eléctricos de gran discreción acústica— fueron instrumentos finos de espionaje: patrullas largas, escucha de emisiones, observación por periscopio y aproximaciones que, para lograr ciertos avistamientos costeros, sólo podían hacerse entrando muy cerca y, en términos prácticos, cruzando límites sensibles de jurisdicción marítima. En paralelo, el submarino ofrecía algo más que sensores: podía ser plataforma para operaciones especiales, insertando o recuperando comandos (SAS/SBS) en litorales remotos; y el viejo lenguaje simbólico naval —el “Jolly Roger” con dagas— insinuaba ese tipo de acciones sin describirlas. Los convencionales, limitados por autonomía, podían apoyar la logística local atracando en instalaciones en las islas; los nucleares, con patrullas mucho más largas, rara vez necesitaban emerger y, cuando lo hacían, solía ser para visitas discretas a puertos “amigos” en la ruta.


HMS “Sceptre” en Simonstown, principios de abril de 2010. Nótese el pésimo estado del recubrimiento anecoico de la vela – similar estado al de su gemelo HMS “Spartan” en su visita a Río de Janeiro en 2005 (Foto1: The People’s Navy – South Africa)

En ese juego, la Armada Argentina buscó aprovechar las pocas oportunidades en que el velo se levantaba: cuando un submarino aparecía en superficie o transitaba por corredores previsibles hacia un puerto regional, se abría una ventana para “tocar” al intruso con medios antisubmarinos y, sobre todo, para medirlo. El objetivo técnico clave era capturar su firma: su huella acústica (tonales de hélices, maquinaria, ritmos característicos) y parámetros observables que alimentan una biblioteca de inteligencia naval y mejoran la detección y clasificación futuras. Hubo al menos un caso paradigmático: al conocerse que un submarino británico ingresaría en superficie a aguas territoriales argentinas en tránsito hacia Punta Arenas, se planificó una intercepción con aeronaves S-2 Tracker de la aviación naval antisubmarina, precisamente para registrar datos y firma acústica. Ese tipo de “contacto” no implica combate; implica ganar información en un dominio donde casi todo es negación y silencio. Con la baja de los últimos submarinos convencionales británicos, el problema tendió a concentrarse en unidades nucleares —más persistentes, más difíciles de forzar a exponerse— y el costado estratégico se volvió más serio: un submarino de ese tipo, además de vigilar, puede portar armamento de largo alcance, y su mera presencia cerca del litoral altera el cálculo político-militar. La conclusión operativa es directa: sin sensores, plataformas y doctrina antisubmarina sostenidas, el mar propio se vuelve un lugar donde el adversario entra, escucha y se va; con capacidades adecuadas, al menos se lo incomoda, se lo mide y se eleva el costo de cada patrulla.


Contactos norteamericanos en el Atlántico Sur

En el Atlántico Sur, donde la geografía parece fija pero la señal política cambia con un solo mensaje, un episodio reciente volvió a encender alarmas en Buenos Aires: desde la cuenta oficial del Comandante de la Fuerza de Submarinos del Atlántico de la Marina de EE.UU. (Comsublant), se informó que un submarino nuclear estadounidense —el USS Greenville (SSN-772)— había operado en mar abierto “con apoyo británico” y con colaboración de una aeronave asociada a Malvinas, mencionadas en ese mismo marco como “British Independent Overseas Territory”. En términos operacionales, el cuadro es claro: un SSN (submarino de ataque de propulsión nuclear) que patrulla en aguas internacionales y coordina con un medio aéreo —típicamente empleado para enlace, vigilancia, reconocimiento y apoyo a operaciones antisubmarinas— proyecta alcance, interoperabilidad y control del dominio submarino; en términos estratégicos, el gesto es aún más elocuente porque toma como punto de apoyo una base militar británica instalada en territorio cuya soberanía la Argentina disputa y que, además, se ubica en una región que el país reivindica como “zona de paz”. Esa combinación —submarino nuclear + soporte desde el enclave militar británico en Malvinas + lenguaje de “alcance global” y “dominación” del espacio submarino— fue leída en Argentina no como un hecho aislado, sino como una demostración de geoestrategia que trasciende lo bilateral y reubica el Atlántico Sur en el mapa de las grandes potencias.



La reacción argentina se articuló en capas, todas apuntando al mismo núcleo: presencia militar extrarregional y normalización del dispositivo británico en Malvinas. Cancillería expresó preocupación por la navegación de unidades “susceptibles de portar o emplear” armamento nuclear en el Atlántico Sur, invocando la Resolución 41/11 de la Asamblea General de la ONU sobre la Zona de Paz y Cooperación del Atlántico Sur (con su llamado a reducir y eventualmente eliminar la presencia militar externa y evitar la introducción de armas nucleares u otras de destrucción masiva), y recordó también el espíritu de la Resolución 31/49, que insta a Argentina y al Reino Unido a acelerar negociaciones por la disputa de soberanía y a abstenerse de adoptar medidas unilaterales que alteren la situación mientras dure el proceso. En paralelo, se reforzó el encuadre regional: se convocó a los Estados parte del Tratado de Tlatelolco y sus protocolos a preservar el estatus de desnuclearización militar en América Latina y el Caribe. Del lado estadounidense, la embajada en Buenos Aires buscó “enfriar” la lectura política: sostuvo que el Greenville realizaba una navegación rutinaria en aguas internacionales, sin escalas logísticas en la región, y que sólo colaboró con una aeronave británica mientras transitaba mar abierto. Aun así, la discusión interna escaló: el gobernador fueguino Gustavo Melella calificó el hecho como extremadamente grave —sobre todo por la denominación de Malvinas—, y el senador Jorge Taiana lo enmarcó como una violación de la Zona de Paz y Cooperación y como un acto que tiende a legitimar la ocupación, subrayando además el trasfondo antártico y la proyección global de poder naval. En la lectura de analistas, el episodio se acopló a una fricción previa: la visita frustrada del guardacostas estadounidense Stone durante una gira “Southern Cross” orientada a cooperación marítima e IUU fishing, cancelada por “problemas logísticos”, que dejó la sensación de una relación bilateral atravesada por señales operativas en el mar y respuestas políticas en tierra, con Malvinas siempre en el centro del encuadre.


viernes, 21 de julio de 2023

ARA San Juan: La razón por la que el buque estaba condenado desde su MLU



martes, 27 de septiembre de 2022

ARA San Juan: Lo hundió la política de defensa del kirchnerismo

Dedicado a los retrasados mentales de la secta K que buscan afanosamente sacarse de encima la responsabilidad del pésimo mantenimiento del ARA San Juan que derivó en la muerte de toda su tripulación. Ni olvido ni perdón. Cuando la chapuza gobierna, muertos se carga. Ningún país resiste al peronismo, es el culto del fracaso, la corrupción y la muerte.

viernes, 11 de diciembre de 2020

Los submarinos y el Mar Argentino: Una necesidad vital

Submarinos Argentinos: una opción política y estratégica posible

Por Alejandro Kenny || Fundación Nuestro Mar





El Atlántico Sur es escenario obligado de un país de grandes dimensiones geográficas e históricas, que necesita del mar básicamente para comunicarse, extraer sus recursos, y transportar personas y bienes. Estas acciones las realiza por medio de plataformas que lo permitan, aunque también utiliza buques que naveguen para vigilar, monitorear, investigar, mostrar la bandera, proteger y mantener el buen orden en el mar, cooperando con otros actores que tengan los mismos intereses.

La República Argentina es uno de esos actores, que a lo largo de su historia ha procurado no sólo usar el Atlántico Sur, sino también influir y proyectarse estratégicamente a través de él. Y lo ha realizado desde los albores de la Patria a través de la ininterrumpida presencia de los medios de la Armada Argentina. Una política de Estado actual, enfocada en el mar, debería fortalecer la premisa de que la presencia del Estado en el mar es irreemplazable.

En el mar las fronteras son difusas, y la libertad de movimiento es mucho mayor que dentro de las fronteras terrestres. En tanto en la alta mar no hay restricciones a la libertad de navegación, y esos espacios abarcan sectores significativos del globo terrestre, en la zona económica exclusiva (ZEE), la libertad de navegación es sólo restringida para extraer recursos o investigar, y hasta en las aguas territoriales el paso inocente está permitido.

En el mar no hay edificios, ni puestos de vigilancia, ni banderas fijas, ni poblaciones atentas. Por ello, si un país ribereño desea proteger sus intereses en el mar, debe hacerlo principalmente con buques y aeronaves del Estado, que mantengan una presencia acorde a los riesgos. En relación con las actividades productivas, hay buques que básicamente transportan, mantienen la navegabilidad, investigan, o pescan.

También hay estaciones fijas de extracción de hidrocarburos y hay satélites que pueden observar. Pero para que las actividades productivas puedan realizarse por quien corresponda, el Estado debe poder materializar su presencia en el mar, como acción ineludible de un país ribereño de envergadura, que por añadidura se encuentra en un lugar de confín, junto a otros países del Cono Sur. Por otra parte, el Atlántico Sur es un lugar remoto, alejado de los principales centros del poder mundial.

¿Pero el Atlántico Sur es estratégicamente importante? La respuesta surge del interés que demuestran, o del valor que le asignan, los actores que se manifiestan. Por ejemplo, a instancias de Brasil, el Atlántico Sur es considerado como Zona de Paz y Cooperación desde 1986.

Análogamente, las expresiones “Amazonia Azul” y “Pampa Azul” son una demostración del interés por parte de Brasil y Argentina respectivamente. Pescadores de China, España, Corea del Sur y de otros países, muestran con su accionar su interés en los recursos pesqueros, especialmente los del área adyacente a nuestra ZEE continental. El interés se manifiesta también a través de la posesión de las Islas del Atlántico Sur, tales como Isla Ascensión, Isla Santa Elena, Isla Bouvet, Isla de Gough y el grupo Tristán de Acuña. Las Islas Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur son también denominadas Islas del Atlántico Sur.

Salvo Bouvet que pertenece a Noruega y las islas antárticas, tales como las Islas Orcadas, que permanecen bajo el paraguas del Tratado Antártico, todas las demás islas están hoy bajo administración del Reino Unido.

El Atlántico Sur pareciera entonces ser estratégicamente importante para el Reino Unido, quizá por la posibilidad de extender desde distintas posiciones, jurisdicciones soberanas sobre el mar, y por poder proyectar su interés sobre la Antártida.

¿El Atlántico Sur es estratégicamente importante para nuestro país? Si la perspectiva fuera desde los fines, aquellos que establecen el mapa bicontinental que por Ley indica que el centro geográfico de la República Argentina se encuentra ahora en la Tierra del Fuego, podemos afirmar que el Atlántico Sur junto al territorio, es innegablemente nuestro lugar estratégico.

Si la perspectiva se centrara en los medios, para inspirar respeto y lograr aquellos fines, debemos reconocer que estamos muy lejos de poder alcanzarlos. Las alternativas son entonces, adecuar los fines –reduciéndolos– o bien adecuar los medios, incrementándolos, o haciéndolos existentes.

Instrumentos para materializar la presencia del Estado en el mar

Los sistemas y equipos para la obtención de información sobre lo que acontece en la superficie del mar, basados en satélites, aviones y buques, constituyen los primeros medios que surgen en la contabilidad de los instrumentos necesarios.

Los buques en particular son insustituibles, porque además de poder observar con sus sensores, pueden hacer flamear un estandarte, mostrando inequívocamente que representan a un Estado. Además, los buques pueden replicar o dar respuesta con premura, a cualquier ofensa o alteración del buen orden en el mar. Los buques, de esta forma, dan muestra de la presencia del Estado, e inspiran respeto a ese Estado. Para tener buques en el mar se requiere de quienes los construyan y de gente de mar para que los tripulen.

Ambos son imprescindibles y no cuestan poco. Se requieren recursos y tiempo para conseguir que un buque sea botado, o que la gente de mar que lo tripula sea formada apropiadamente para que pueda adaptarse al ámbito marítimo, sometido a menudo a las grandes fuerzas de la naturaleza.

Los submarinos, esa clase particular de buques

La relativamente breve historia de los submarinos en el mundo y en nuestro país, permite sopesar y apreciar el potencial estratégico de este formidable ingenio del hombre.

En los enormes espacios marítimos del Atlántico Sur, y si fuera necesario, más allá de ellos, los submarinos también pueden influir hoy con su existencia y su operación profesional. Los submarinos –a diferencia de los buques de superficie– no se muestran ni “muestran la bandera”, porque su presencia es sigilosa. No son visibles, porque son diseñados para navegar bajo el agua, ser discretos y accionar por sorpresa.

O sea, para no ser detectados. Pero, por el solo hecho de estar en el inventario de las fuerzas armadas de un país, los submarinos representan una capacidad a ser considerada. Es que inspiran respeto y hasta pueden representar un desafío o amenaza para otros buques de superficie o submarinos. Si generalizamos, su propósito principal es negar el uso del mar, a quienes pudieran desafiar o amenazar los intereses nacionales. En lenguaje actual, son armas Anti Acceso (A2) y de Negación de Área (NA), y como tales, quizás las más representativas de esas estrategias.

Su diseño los hace versátiles para cumplir misiones particulares, que abarcan no sólo la capacidad potencial para destruir otros buques –con torpedos, misiles o minas–, sino también para obtener y registrar información sin ser vistos –sea de costas hostiles, o de plataformas fijas y móviles–, o para incursionar desde el mar con la finalidad de bloquear, lanzar misiles, dar un golpe de mano, o rescatar lo que haga falta. Se afirma entonces que los submarinos son plataformas estratégicas, en principio porque son disuasivas y porque sus acciones tácticas pueden tener efectos estratégicos, que favorezcan, mantengan o perjudiquen los más importantes intereses de otros actores.

Pero también porque son diferenciales, ya que pueden enfrentar con éxito a una fuerza naval, y porque la diferencia entre tener y no tener submarinos, es mayúscula. No importa si su propulsión es nuclear, convencional, independiente del aire, con baterías plomo ácido o de litio.

Si están bien tripulados y mantenidos, siguen teniendo esas características esenciales, que los hacen potencialmente letales para quienquiera que navegue con pretensiones de dañar, sea o no poderoso. Actualmente, el modo normal de navegación de los submarinos es en inmersión.

Esta obvia característica se debe al diseño del casco –preparado especialmente para esa condición– que les otorga mayor velocidad y una mejor maniobra bajo el agua. Pero también les permite operar bajo cualquier condición meteorológica y sin apoyo, aunque las peculiaridades del mar y su entorno influyen en su operación.

La temperatura, densidad y profundidad de las aguas, el relieve y la composición del fondo, la vida marina, las corrientes y mareas, el tránsito marítimo, las actividades pesqueras, la presencia de hielos, las condiciones atmosféricas y magnéticas, y la composición y gradiente de las costas, facilitan o dificultan la operación de los submarinos y la posibilidad de ser detectados.

Esto es así, porque son factores que en mayor o menor medida afectan a la propagación del sonido. Esta propagación, a pesar de los adelantos tecnológicos, continúa siendo “de todas las formas de radiación conocida, la mejor bajo el agua”.

Por su parte, la opacidad del mar es la que permite que los submarinos sean todavía invisibles, en tanto el sonido hace que puedan detectar a otros buques a grandes distancias, mientras evitan ser detectados por ellos, por aeronaves u otros dispositivos.

El reconocimiento del medio marino por parte de los submarinos es entonces prioritario, no sólo para poder adiestrarse, o cumplir una misión particular asignada que implique realizar operaciones de control o de combate, sino también por seguridad náutica, porque la navegación en inmersión conlleva riesgos. Otra peculiaridad interesante de los submarinos es que la Convención del Mar de 1982 ha limitado en muy pocos casos su navegación en inmersión.

Por supuesto que un submarino no puede navegar sin autorización en ninguna condición, en las aguas interiores de otro país, pero puede hacerlo en sus aguas territoriales, en paso inocente, aunque sólo en superficie y mostrando su bandera.

Adicionalmente, aun cuando la Convención no lo prohíbe, y precisamente por ello, los submarinos gozan del derecho de tránsito rápido e ininterrumpido en ciertos estrechos, en su modalidad normal de navegación (es decir, en inmersión).

Por otra parte, submarinos de cualquier nacionalidad pueden transitar en inmersión la ZEE argentina, sin pedir autorización ni debiendo proporcionar información sobre su posición. Recíprocamente, los submarinos argentinos pueden navegar en inmersión libremente en todas las aguas donde la Convención del Mar no restringe, o sea como mínimo en las ZEE de cualquier país y por supuesto en la alta mar, que abarca grandes extensiones del globo.

Los submarinos y los submarinistas

Los submarinistas son gente de mar que se ha formado para tripular, operar y mantener este tipo particular de buques. Deben habituarse a vivir durante períodos prolongados, junto con otros tripulantes, dentro de un espacio estrecho con una atmósfera compleja, que requiere sistemas para controlar y purificar el aire. Las navegaciones frecuentes y prolongadas les permiten habituarse y adaptarse, como parte ineludible de la vida a bordo.

El submarinista percibe al submarino como un lugar de riesgo, pero reduce esa condición, conociendo su buque en detalle, aceptando liderazgos o bien liderando, y sobre todo confiando en la capacidad del grupo para controlar peligros potenciales.

Ello se logra con una buena instrucción en tierra y frecuente adiestramiento en el mar, que abarque navegaciones prologadas, para llegar a convivir con los incidentes y desarrollar el instinto u “ojo marinero”, la resistencia a la fatiga y la resiliencia para superar las adversidades. Esto se hace de manera gradual y con los submarinistas experimentados acompañando a los bisoños, o sea a los oficiales y suboficiales que recién han logrado su capacitación como submarinistas.

La camaradería surge naturalmente y se hace más notable a medida que la experiencia se va aquilatando. Cuando un submarinista con muchas millas navegadas en inmersión, lo hace en un buque de superficie, se dedica a examinar juiciosamente el medio ambiente que lo rodea, especialmente si se encuentra en aguas restringidas, y observa la profundidad del lugar, las corrientes o el tipo de fondo, porque puede imaginar que se encuentra en inmersión, o piensa que alguna vez volverá a pasar por ese lugar con un submarino, y quiere capitalizar ávidamente toda la información que está obteniendo.

Para poder mantener la capacidad de transmisión intergeneracional de conocimientos y experiencia para operar submarinos y mantenerlos con seguridad y confianza, con una escuela de submarinos no alcanza. Se necesitan plataformas que permitan permanecer en el mar, para poder vivir in situ lo que significa navegar bajo el agua, empleando el buque en todas las condiciones establecidas de diseño.

También se requiere una infraestructura en tierra que brinde apoyo para mantener y reparar –con altos estándares de seguridad– el casco y los distintos equipos y sistemas de a bordo, sean periscopios, mástiles, torpedos, misiles, equipos electrónicos, máquinas, electricidad, baterías, sistemas hidráulicos, de compenso y balanceo, de aire comprimido u otros.

Que también permita almacenar sus repuestos, combustible y armas, y brinde facilidades en tierra para simular situaciones reales que faciliten la capacitación de los submarinistas en emergencias, en escape, en uso de sus armas, en los distintos tipos de maniobras para aproximarse, y en muchas otras habilidades necesarias para operar submarinos con apropiada actitud para el combate, si la situación así lo requiriera.

La experiencia más penosa

El Submarino A.R.A. “San Juan” naufragó e implosionó a las 1051 horas del 15 de noviembre de 2017 en aguas del Atlántico Sur, mientras se encontraba monitoreando lo que ocurría en alta mar, en el área adyacente a la ZEE argentina y sobre su plataforma continental, durante su tránsito de regreso desde Ushuaia, Tierra del Fuego. Su gemelo, el Submarino A.R.A. “Santa Cruz”, desde 2014 se encuentra en reparaciones demoradas, a la espera de decisiones. El Submarino A.R.A. “Salta”, de la clase 209, permanece amarrado y sin baterías, en el muelle de la Base Naval Mar del Plata, cumpliendo sólo funciones de simulador.

La eventual reparación de ambos, o tan solo de uno de los submarinos, representa un dilema de proporciones. ¿Vale la pena pretender ponerlos en valor, cuando su vida útil está próxima a finalizar? Con el transcurso del tiempo, a pesar de las esporádicas navegaciones que nuestros submarinistas puedan hacer en submarinos de países amigos, si no se establece un plan de desarrollo de medios, la experiencia y conocimientos en la operación y mantenimiento de submarinos, inexorablemente se perderá.

¿Cuánto es suficiente?

Para revertir la situación actual y encarar un programa plausible de submarinos, se requiere una política sostenida y sustentable, apoyada en los profundos conocimientos técnicos y en la experiencia aquilatada en la Armada Argentina a lo largo de su historia.

También debe apoyarse en la experiencia de profesionales de la industria naval específica, del ámbito público y privado, nacional y extranjero, que podrían apuntalar un desarrollo renovado y serio de esa industria, y la consiguiente generación de empleos calificados, necesarios para la construcción, y también para el mantenimiento de submarinos.

El proceso de selección de opciones posibles debe tener en cuenta muchos aspectos, en particular los éxitos y fracasos del pasado, el posicionamiento estratégico, las lecciones aprendidas, las recomendaciones que los propios submarinistas hayan elaborado institucionalmente a lo largo del tiempo, y el estudio y análisis de aquello que esté disponible en un mercado muy restringido, pero aun así competitivo. No hay fórmulas exactas para responder a la pregunta siempre lógica y necesaria de “cuánto es suficiente”. Más aún si los recursos disponibles son escasos.

La historia de los submarinos en nuestro país comenzó en 1933 con la llegada de tres sumergibles nuevos, construidos en Taranto, Italia. Luego, al inicio de los 60 continuó con la incorporación de dos sumergibles usados estadounidenses clase Flota, al inicio de los 70 con dos submarinos usados estadounidenses clase Guppy, a mediados de los 70, con la incorporación de dos submarinos nuevos de origen alemán clase 209, y finalmente culminó con dos submarinos nuevos clase TR 1700, construidos en Emden, Alemania, que fueron recibidos en nuestro país a mediados de los años 80. En la transición entre generaciones diferentes de submarinos, muchas veces se superpusieron dos pares en servicio, los que podían ser mantenidos y tripulados, aun cuando pertenecieran a diferentes clases.

Esta es una muestra que hace razonable mantener en servicio tres o cuatro submarinos. Otro fundamento indica, que para mantener de manera sostenida un submarino en un área o zona de patrulla, se requiere otro en tránsito de ida, y otro en tránsito de regreso, reparaciones o mantenimiento.

Las distancias en el Atlántico Sur son considerables y cualquier despliegue requiere tiempo para llegar al lugar de la acción, porque los submarinos convencionales son lentos en sus desplazamientos. Pero una vez en el lugar, pueden obtener información, registrarla, y transmitirla sin ser detectados, y dar respuesta apropiada a las acciones de intrusos que lo merezcan.

Sus grandes fortalezas son el sigilo con el que actúan y el tiempo prolongado que pueden permanecer en un área o zona de patrulla. En definitiva, pueden disuadir, a actores poderosos o a actores menores, de realizar acciones contrarias a los intereses de nuestro país, con la variedad de misiones que los submarinos pueden llegar a cumplir.

Acorde a las razones esgrimidas, nuestro país debería contar con tres (o cuatro) submarinos convencionales nuevos o usados, y en este caso con una vida útil remanente de al menos 20 años. El modelo a elegir debería ser uno ya experimentado, de unas 2000 toneladas de desplazamiento en inmersión, con una planta propulsora eléctrica, con baterías de buen rendimiento, con capacidad de lanzamiento de torpedos y eventualmente de misiles.

No se deberían pretender equipos y sistemas demasiado modernos o sofisticados que encarezcan innecesariamente la plataforma, ya sea en cuanto a su sistema de propulsión, máquinas térmicas, sonares y otros sensores, sistema de control tiro, periscopios, o sistemas de comunicaciones.

Sí son condiciones esenciales, que tenga una buena autonomía y sistemas probados de seguridad. Si fueran usados, no deberían tener entonces demasiados años de servicio desde su botadura, y los estándares de mantenimiento del país vendedor, deberían ser suficientemente estrictos.

Una transferencia de submarinos de este tipo constituiría una estrategia de cooperación militar, enmarcada por una relación histórica con el país proveedor. Por esa razón, parecería que podría realizarse, si se poseen intereses y hasta un destino común en el Atlántico Sur. Finalmente, la solución que se adopte –por su trascendencia estratégica– va a ser seguramente incluida en los planeamientos de diseño de fuerzas en elaboración, brindando la oportunidad para una política a ser llevada a cabo desde los más altos niveles de gobierno, que permita poder contar en algunos años, con submarinos y submarinistas argentinos que naveguen en el Atlántico Sur, haciendo presente al Estado, y monitoreando, protegiendo y haciendo respetar los intereses argentinos en el mar y desde el mar.

(CA (R) ALEJANDRO KENNY – BOLETÍN DEL ISIAE / CARI) #NUESTROMAR

domingo, 17 de noviembre de 2019

ARA: ¿Qué futuro le depara a la Fuerza de Submarinos?



¿Tiene futuro la Fuerza de Submarinos argentina?

El Snorkel

 

Se presume si eventualmente se diera la baja, que la Armada y la Agencia de Administración de Bienes del Estado (AABE) procedieran posteriormente a liquidar como chatarra al ARA “Santa Cruz”


El día 18 de octubre de 2019, en una nublada ceremonia dentro del Complejo Industrial Naval Argentino (CINAR), no tanto por el clima sino por los ojos de sus tripulantes y ex tripulantes, la Armada Argentina oficialmente recordó la afirmación del pabellón del submarino S-41 ARA “Santa Cruz”, en su 35 aniversario, con el Capitán de Fragata Diego Daffunchio como ultimo comandante.
¿Por qué ultimo comandante? Aun no se ha determinado su reemplazo y fuertes rumores hablan de un probable pase del submarino a situación de reserva.
La nave submarino de 37 años de edad fue, al momento de su botadura, el submarino mas grande construido en Alemania después de la Segunda Guerra Mundial. Herida de muerte con el hundimiento de su submarino hermano, S-42 ARA San Juan, en noviembre 2017, no encontró la forma de completar sus trabajos de reparación mayor, suspendidos también en 2017 y que encima habían sido declarados como retomados en febrero 2019, de parte del propio ministro Oscar Aguad.




Por lo tanto, cuesta creer en recientes expresiones acerca de la iniciativa de incorporar nuevas naves, sea de parte de la Armada Argentina como del propio Ministerio de Defensa. Distintas versiones sostienen desde el hecho de descartar de plano problemas en su diseño, así como la incomodidad de mantener un sistema de armas costoso y exclusivamente ofensivo, en tiempos faltos de definidas hipótesis de conflicto, la cual mostro sus deficiencias al momento de analizar el naufragio del ARA San Juan tanto por falta de adiestramiento, mantenimiento y modernización.
En estos últimos días, se han dado avances en la causa federal a cargo de la jueza Marta Yáñez, la cual llamo a indagatoria a los tres oficiales que considera responsable en autorizar la ultima zarpada del ARA San Juan con su posible imputación y procesamiento debido al incumplimiento de deberes como funcionarios públicos. No se descarta tampoco acciones sobre funcionarios del Ministerio de Defensa, inclusive el propio Aguad. Por lo pronto, la primera indagatoria realizada al capitán de corbeta Jorge Andrés Sulia, ex jefe de Logística del Comando de la Fuerza de Submarinos (COFS), no deja de agitar las aguas en esta polémica ya que el mismo se presento sin su abogado y se negó a declarar.

Se presume si eventualmente se diera la baja, que la Armada y la Agencia de Administración de Bienes del Estado (AABE) procedieran posteriormente a liquidar como chatarra al ARA “Santa Cruz” junto a los componentes de otros dos submarinos que quedaron sin completar en el astillero, de un proyecto original de 6, dos de ellos construidos en Alemania y cuatro a construir en la Republica Argentina.

Se desconoce el futuro del submarino ARA Salta actualmente en servicio, aunque no se descarta que sufra el mismo destino, lo que pone en jaque la propia existencia del Comando de Fuerza de Submarinos, basado en la Base Naval Mar del Plata (BNMP), del cual también depende la Agrupación de Buzos Tácticos (APBT).

Una propuesta concreta seria incorporar dos submarinos clase 209 de la armada sudafricana, según publicaciones brasileñas, Polonia estuvo analizándolos y a los submarinos brasileños también ofrecidos a la Armada Argentina. Según un portal sudafricano de defensa, los submarinos SAS Charlotte Maxeke y Queen Modjadji I carecen de la financiación necesaria para ser recorridos y devueltos a servicio, en medio de una severa crisis presupuestaria.



No serian estas las únicas alternativas, muchos otros buques en corto plazo estarán fuera de servicio tales como los Ula noruegos, aunque de mucho menor desplazamiento o los Dolphin israelíes de primera generación, aunque con mayor complejidad política para realizar la transferencia considerando el proceso de financiación y ayuda contemplado por Alemania para la Marina Israeli

Publicaciones recientes han destacado el avance en las negociaciones de alto nivel entre Brasil y Perú para concretar un acuerdo de intercambio, por el cual Perú entregaría un buque multiproposito tipo “Makassar” modificado tal como el BAP Pisco, construido por el astillero SIMA Peru para la Marina de Guerra del Peru a cambio de los submarinos clase Tupi, Timbira y Tapajo, que la Marinha selecciono como disponibles para la venta.



Los submarinos sudafricanos, a diferencia de los disponibles en Brasil, fueron construidos en este mismo siglo y cuentan con sistemas de combate mucho mas avanzados, lo que los hace muy atractivos. Contando con las capacidades sea para financiar los trabajos o realizar el traslado al país, de contar con el apoyo político necesario, tales unidades podrían devolver capacidades de combate y disuasiva al mas bajo costo posible a la Armada Argentina.


Agradecemos al Autor por compartir este material con elSnorkel..com
Autor: Federico Luna

martes, 23 de julio de 2019

Opinión: La necesidad de reforzar las fuerzas armadas

La Argentina está en peligro: es necesario recuperar las Fuerzas Armadas 

Jorge García Mantel ||  Infobae
Ex director nacional de Planeamiento y Estrategia del Ministerio de Defensa de la Nación (enero 2016-mayo 2019) y actual integrante de la Mesa de Conducción Nacional del Frente NOS



Imagen del desfile militar del 9 de julio (Gustavo Gavotti)

El terminal estado de nuestras Fuerzas Armadas en cuanto a equipamiento, adiestramiento y salarios, descripto con mucho detalle por el fiscal Di Lello en su lapidario informe de septiembre de 2018, "El problema de la defensa nacional" (que sorprendentemente no encontró responsables políticos), elevado al Comandante en Jefe de las FFAA y Presidente de la Nación, al Ministro de Defensa, al Jefe de Gabinete de Ministros y a los Presidentes de las Comisiones de Defensa del Congreso, no ha logrado preocupar a nuestros dirigentes políticos oficialistas u opositores.

Tampoco logró preocuparlos la tragedia del ARA San Juan (producto del deterioro expuesto por el fiscal) ni la realización de la Cumbre de Líderes G20, donde la Argentina tercerizó su defensa soberana por carecer de medios aptos. Tampoco la presencia de una base espacial china en Neuquén de uso dual (civil-militar), que sí preocupa a Estados Unidos y a otros países.

Tengamos en cuenta también, como antecedentes lejanos y recientes, que la ley de reestructuración de las FFAA de 1998 nunca se puso en práctica porque significaba "invertir", que del Plan de Capacidades Militares del año 2011 que preveía equipar por 8.000 millones de dólares en 20 años sólo se cumplió en un 3,5% y que la actual administración no ha logrado desarrollar en casi 4 años ni siquiera otro Plan de Capacidades Militares para revertir la situación de indefensión.

El porcentaje del PBI asignado a Defensa ha oscilado en los últimos 20 años entre el 0,8 y el 0,9%, uno de los bajos del mundo entre el 88% de los países que tienen FFAA. Este año incluso está por debajo de esos niveles, y es el peor de la historia en materia presupuestaria. Los países de la región promedian el 1,6/1,7% en el período considerado. En este sentido, es importante resaltar que Estados Unidos "castigó" a Japón luego de la Segunda Guerra Mundial, imponiéndole como límite de gastos en defensa el 1% del PBI.

Lo antes expresado no hace más que reafirmar la nula importancia y/o el "castigo" que la clase dirigente argentina le da al sistema de defensa, muy especialmente desde el año 2003, y cuya columna vertebral son las FFAA.

Para dar una idea numérica concreta de las necesidades de la defensa nacional, debo decir que debería otorgarse como mínimo el 1,5% del PBI a partir del año 2021 y que para un plan de equipamiento de mediano plazo que recupere las innumerables capacidades perdidas, se necesitan 10 mil millones de dólares en un lapso de 10 o 12 años. ¿Resulta una cifra inalcanzable invertir entre 800 y 1.000 millones de dólares en los próximos años? En este sentido, la clase dirigente de todos los signos insiste en repetir como "dogmas de fe intocables" tres falacias:
  • Hay que reforzar el control civil de las FFAA.
  • Hay otras prioridades económicas más acuciantes que la defensa nacional.
  • Las FFAA están sobredimensionadas.
Esto demuestra dos cosas. Por un lado, y yo diría en una proporción menor, una supina miopía e ignorancia geopolítica. Por otro lado, y de manera mayoritaria, encierra una enorme carga política-ideológica, que a través del interminable ahogo presupuestario quiere mantener a las FFAA de la Nación débiles "por las dudas", como a los prisioneros de guerra. No existe un destrato igual de la clase dirigente con su brazo armado, durante tantos años, en ningún otro lugar del mundo. Una antipolítica de Estado.

La primera falacia cae por su propio peso: no hay FFAA en el continente americano más subordinadas al poder político. El Partido Militar se terminó hace varias décadas.

La segunda falacia no tiene fundamentos creíbles. El Estado tiene dinero. No lo tiene para la Defensa Nacional. El dinero de la corrupción, sólo en obras públicas, entre 2003-2015, fue de 36 mil millones de dólares. Las obras faraónicas nacionales sin demasiada fundamentación, como el soterramiento del Sarmiento o la proyectada Red de Expreso Regional (RER), cuestan 10 mil millones de dólares cada una, según estudios privados. Con lo expuesto, ya estamos hablando de casi cinco planes de reequipamiento de las FFAA. Le podemos agregar a esto que cobrar el 5% de impuesto al juego significarían 800 millones de dólares anuales aproximadamente, y que equiparar los presupuestos destinados a los parlamentarios nacionales argentinos con los españoles supondría un ahorro anual de 370 millones de dólares. Sólo son algunos ejemplos.

La última falacia es casi infantil. ¿Puede un país que debe defender por mandato constitucional y legal una superficie terrestre y marítima de aproximadamente 10,5 millones de kilómetros cuadrados seguir achicando sus FFAA? Un espacio que nos ubica entre los siete países más grandes del mundo y del cual sólo ejercemos soberanía plena del 41%: tenemos usurpados por el Reino Unido de Gran Bretaña el 23% y pretendemos disponer de derechos soberanos en nuestro sector antártico (fuente de recursos del mundo en el futuro), que equivalen al 36% del total antes mencionado. ¿Debe la Argentina, que es además uno de los ocho primeros países del mundo por el valor presente y futuro de sus recursos naturales (agua dulce, litio, tierras raras, gas, petróleo, alimentos y energías eólica, solar y marítimas, entre muchos otros) seguir debilitando su brazo armado? El mundo que se viene en el 2050 pasará de los actuales 7.700 millones de habitantes a 9.700, faltarán recursos naturales, energía y agua dulce, el inevitable cambio climático y el incremento de la pobreza hará estragos en muchos países obligando a migraciones masivas hacia territorios "vivibles" y semi vacíos.

El auge de los nacionalismos, sin dudas, consolidará su tendencia actual. En definitiva, las amenazas y los riesgos a los intereses nacionales serán cada vez mayores. Para terminar con esta tercera falacia, ¿son tantos los 50.000 efectivos del Ejército, los 18.000 de la Armada y los 14.000 de la Fuerza Aérea, con el agravante de que no tienen prácticamente reservas instruidas, frente a los 90.000 de la Policía de Buenos Aires, los 40.000 de la Gendarmería, los 32.000 de la Policía Federal y los 23.000 de la Prefectura, para defender a la Nación de ataques externos y colaborar con las Fuerzas de Seguridad contra el crimen transnacional?

En definitiva, hoy la Argentina es una "joya" mundial enorme, plena de recursos que faltarán en un futuro próximo y está indefensa. No tiene preparada a sus FFAA, la "última ratio" de cualquier país serio del mundo, para garantizar la existencia del Estado en el corto, mediano y largo plazo. Esto significa que no puede garantizar la soberanía e independencia de la Nación, su integridad territorial soberana, pretendida y usurpada, legada por nuestros antepasados, su capacidad de autodeterminación y tampoco la protección de la vida y libertad de sus habitantes. La irresponsable y premeditada asignación de recursos de nuestra clase dirigente de todos los signos políticos durante tantos años lo hicieron posible.

sábado, 8 de junio de 2019

Obrigado: Brasil cedería sus Tupi a la ARA

Brasil cederá 4 submarinos estratégicos a la Armada Argentina 

Tienen origen alemán, serán reparados en Tandanor y llegarán a la Argentina por etapas. Forman parte de un acuerdo celebrado entre Macri y Bolsonaro

Por Martín Dinatale || Infobae


 

Entre todos los acuerdos bilaterales y los gestos de buenas intenciones expuestos ayer por los presidentes Mauricio Macri y Jair Bolsonaro en la Casa Rosada, se firmó un convenio militar que tendrá impacto inmediato para la defensa argentina: la transferencia de cuatro submarinos IKL de la Armada de Brasil a la marina de nuestro país para obturar el vacío estratégico que dejó el hundimiento del ARA San Juan.

En la declaración de intenciones firmada por el ministro de Defensa Oscar Aguad y su par de Brasil Fernando Azevedo e Silva, figura el ítem "g" referido específicamente a "profundizar la cooperación binacional en el área de submarinos convencionales, incluyendo la posibilidad de reparación, mantenimiento y construcción, y el estudio de las posibilidades de transferencia de submarinos IKL de la Armada de Brasil a la Armada Argentina".

En la práctica, el ítem "g" implica que Brasil antes de fin de año entregue dos submarinos IKL de tecnología alemana para ser reparados en Tandanor, y más adelante se evalúa la idea de transferir los otros dos submarinos.

En el Ministerio de Defensa y en la Armada ayer estaban exultantes tras este acuerdo. De hecho, Aguad agradeció al presidente Bolsonaro durante el acto de clausura del seminario de industria de Defensa Brasil-Argentina, realizado en la embajada de Brasil en Buenos Aires.

"Estamos avanzando de una manera muy importante con Brasil en materia de Defensa, la idea de la integración, más allá de la clásica integración aduanera y comercial, empezó a hacerse realidad", expresó Aguad durante ese evento. Y añadió: "Hoy dimos un paso muy importante en la integración regional, que es la integración en Defensa, y partimos de una fortaleza que tienen ambos países, que es la confianza, fundamentalmente entre ambas fuerzas armadas, que nos permite avanzar más rápidamente".

 


Los submarinos IKL de origen alemán tienen una capacidad de 480 baterías

De esta manera, quedó rubricado el acuerdo de compromiso entre los Ministerios de Defensa de Brasil y Argentina, en donde habrá iniciativas de investigación y estudios para el desarrollo e intercambio de tecnologías aplicadas a la defensa en sistemas de armas para la Armada, el Ejército y la Fuerza Aérea de cada país.

En el marco de la cooperación combinada para la vigilancia y control del Atlántico Sur, la Argentina se verá beneficiada con la transferencia de los submarinos IKL de Brasil, que actualmente no están operativos: Tandanor tendrá la responsabilidad de su reparación y puesta a punto.

"La idea es que haya una cooperación de control real del Atlántico Sur en forma conjunta y el traspaso de estos submarinos de Brasil forma parte de este acuerdo incluida la capacitación con personal militar", deslizó un funcionario cercano a Aguad.

Características de los submarinos

Los submarinos clase "Tupi" IKL-209/1400 actualmente en poder del Comando de la Fuerza de Submarinos de Brasil tienen una capacidad de 480 baterías, es decir la mitad de las 970 que tenía el ARA San Juan o que tiene el ARA Santa Fe de Argentina.

 

Sin embargo, en el Ministerio de Defensa y en la Armada creen que la posibilidad concreta de que Brasil transfiera antes de fin de año estos submarinos IKL y se puedan reparar permitirá a la Argentina contar con una capacidad de estrategia de disuasión en el Atlántico Sur que se perdió tras el hundimiento del ARA San Juan.

Los submarinos de Brasil clase IKL-209-1400 son de propulsión diesel-eléctrico proyectados por la ingeniería alemana Ingenieur Kontor Lubeck (IKL). En su momento, Brasil quería vender estos submarinos a Perú pero finalmente se abortó esa operación.

 
El ministro de Defensa Oscar Aguad se puso al frente de las tratativas con Brasil

Estas tratativas de transferencia de buques de Brasil a la Argentina comenzaron a gestarse el año pasado. Pero recién ahora se volcó todo a un documento con una proyección real y una fecha tentativa que sería antes de fin de año.

En Tandanor han planteado ciertas salvedades al asunto. De hecho, el director del astillero estatal Jorge Arosa expresó el año pasado en la Comisión Investigadora del Parlamento del hundimiento del ARA San Juan que veía con reparos la posibilidad de que Argentina reemplace la capacidad de submarinos con los IKL de Brasil por dos motivos: son de menor potencia, no se sabe el costo de reparación total de estos y la capacidad de operatividad de los buques de Brasil es menor que la que tiene el ARA Santa Fe que es de la Armada argentina y podría ser reparado en cualquier momento.

No obstante, desde la Armada y el Ministerio de Defensa se mostraron muy entusiasmados con la idea de transferencia de submarinos de Brasil y avanzarán en un viaje con autoridades de Tandanor y de la Armada a Brasilia en lo inmediato para conocer en detalle el estado de los IKL que ofreció el gobierno de Bolsonaro.

Ayer, al cerrar el encuentro entre los Ministerios de Defensa de ambos países en la embajada de Brasil, el ministro Azevedo destacó: "Esta es una etapa muy importante de un proceso para una efectiva cooperación estratégica entre ambas naciones. Brasil y Argentina pueden y deben trabajar conjuntamente para explotar sus capacidades y potencialidades en las áreas industriales y tecnológicas".

El próximo paso será concretar en hechos estas expresiones de deseo.

jueves, 6 de junio de 2019

COAN: El SEM "44"

Los Super Etendard en Bahía, Aguad y la “paradoja” del número 44

Adrián Luciani || La Nueva


El primer avión desembalado, y que fue utilizado el viernes por el ministro de Defensa para fotografiarse durante la presentación, tiene pintado un numeral que genera comentarios.



¿Fruto de la casualidad o de la causalidad? Más allá de las conjeturas de todo tipo subidas a las redes sociales, no dejó de llamar la atención, el viernes pasado, cuando fueron presentados en Bahía Blanca los cinco aviones Super Etendard comprados a Francia, que el primero en ser desembalado para las fotos de rigor tuviese pintado el número 44, precisamente el que remite a la cantidad de tripulantes muertos en el ARA San Juan.



Por estas horas no son pocos los comentarios vertidos haciendo alusión a la poca fortuna que tuvo el ministro de Defensa, Oscar Aguad, quien horas después de su polémico comentario sobre las causas del hundimiento del submarino tuvo que posar para la foto oficial a bordo del cazabombardero que trajo ese número identificatorio.



La sorpresa incluso ya se había apoderado horas antes de los técnicos que se encargaron de quitarle el film protector con el que viajaron en la bodega del buque “Lily Auerbach” que los transportó hasta Ingeniero White desde Normandía.

El último destino operativo del 44 en la Aeronavale fue la Flotille 17 F . De ahí pasó en reserva al Centro de Almacenamiento de Landivisiau y ahora junto a otras cuatro unidades se encuentra en el ex Taller Aeronaval Central (TAC), ubicado en la Base Comandante Espora.



Las fotos muestran cómo son los aviones incorporados a la Segunda Escuadrilla Aeronaval de Ataque, los cuales, al tratarse de la versión Modernisé, muestran algunas diferencias –no sólo de pintura-- con los tradicionales Super Etendard incorporados por la Marina argentina en la década del '80.



Tras los dichos de Aguad, quien aseguró que el hundimiento del ARA San Juan fue por "falta de entrenamiento y capacidades" de los tripulantes, los familiares presentaron una denuncia ante la Justicia contra el funcionario. Lo acusan de "abuso de autoridad" e "incumplimiento de los deberes de funcionario público".

domingo, 5 de mayo de 2019

ARA: Tras la tragedia, se buscaría nuevo SSK

Tras la tragedia del ARA San Juan, la Armada evalúa comprar un submarino



Por Andrés Klipphan |  Infobae



 

"La Argentina tiene necesidad de comprar submarinos para realizar las misma tareas que hacía el ARA San Juan en defensa de la seguridad nacional". La definición, tajante, fue realizada a Infobae por el contraalmirante Daniel Abbondanza, Director General de Organización y Doctrina de la Armada.

Mientras la posibilidad está en evaluación por parte del ministerio de Defensa, el capitán de corbeta César De Luca, el segundo comandante del ARA Santa Cruz -cuya reparación está paralizada- reveló que ante la limitación que tiene el país por no contar con un submarino operativo, oficiales y suboficiales que realizan la especialización para ingresar a la fuerza de submarinos se están capacitando en la Armada amiga de Perú. La relación entre ambas fuerzas viene desde hace años.

Durante la entrevista exclusiva que Infobae mantuvo con estos dos oficiales -y que tuvo lugar en el edificio Libertad – se reconocerá que en esa fuerza militar aún se está analizando las consecuencias del hundimiento del ARA San Juan junto a sus 44 tripulantes, el 15 de noviembre de 2017.

Esa es una de las razones por las cuales se están evaluando dos posibilidades: por un lado, que el ARA Santa Cruz, gemelo del buque siniestrado, vuelva al mar. Es decir, que se concluyan sus reparaciones comenzadas en 2015. Por el otro, que sea reemplazado por uno nuevo.

El diálogo abierto con Abbondanza y De Luca dejará otras definiciones de importancia. Por ejemplo que este año, el número de mujeres que se están capacitando para ser suboficiales submarinistas, es más alto que el de los hombres.

  Los oficiales. (Vera Rosemberg)

Otro dato objetivo a tener en cuenta, según surge de las estadísticas, es que los actuales salarios en las Fuerzas Armadas y el presupuesto que reciben por parte del Estado, hizo que disminuyera el número de aspirantes a las distintas escuelas militares.

De hecho, el presupuesto para la Armada es menor al del año pasado. Y los sueldos comparados a igual cantidad de años de servicio y responsabilidad con el ministerio de Seguridad – por ejemplo de la Prefectura Naval Argentina – son considerablemente más bajos. Por lo tanto, se podría inducir que "la defensa" no tiene la misma prioridad que "la seguridad" para el Estado.

Es más, integrantes de la Armada Argentina pidieron la baja para ingresar a la Policía de la Ciudad porque allí son mejor remunerados.

La necesidad de un submarino


— ¿Para la defensa nacional, es importante tener un submarino con capacidad operativa?, le preguntó Infobae al contraalmirante Abbondanza

— Totalmente. Es un arma estratégica. Fundamentalmente de disuasión y de control de los espacios marítimos argentinos que son claves y fundamentales como las tareas de patrullaje que estaba haciendo el ARA San Juan.

— Entre ellas el control de la pesca ilegal

— Exactamente, esa tarea entre otras tantas aunque no es la primaria. Esa tarea está dentro de la capacitación de los submarinistas.

(Vera Rosemberg)

Según pudo saber Infobae de fuentes oficiales, el requerimiento para la adquisición de un submarino surgió de un proceso de análisis entre el poder político y la rama militar en el cual se determinó esa necesidad.

En los requerimientos surgió la necesidad de un submarino que a esta altura resulta imprescindible para continuar con la "la capacidad de patrullaje disuasivo para la preservación de recursos naturales y la defensa", indica Abbondanza.

La definición va en sintonía, según recordó el Director General de Organización y Doctrina de la Armada, con la "nueva política de defensa nacional elaborada según las necesidades del Estado para poder cumplir las tareas de defensa nacional que impuso el presidente de la Nación a través del decreto 703/18″.

Una de las tristes consecuencias que tuvo el siniestro del ARA San Juan, investigado por la jueza de Caleta Olivia, Marta Yañez, es el hecho que la Armada Argentina envíe a oficiales y suboficiales alumnos a realizar sus prácticas a terceros países como Perú y, próximamente, Brasil. Estas dos "armadas amigas" se ofrecieron para que los futuros submarinistas realicen allí su entrenamiento sin costo alguno para nuestro país.

Casualmente Brasil, que cuenta con una flota de 5 submarinos y que incorporará dos más, está en tratativas para venderle dos submarinos de ataque IKL-209/1400 (clase "Tupi") a la Marina de Guerra del Perú que son fabricados en los astilleros brasileños.

Por ahora Perú, con seis submarinos, tiene la fuerza de submarinos más importante de la región. La Armada chilena tiene cuatro y Colombia dos.

—¿Por cuestiones estratégicas propias de la Argentina, cuántos submarinos debería tener nuestro país?

—Ese es un número que no podemos decir hoy en día. Pero el número más lógico sería el de tres o cuatro submarinos, responde Abbondanza.

—¿El país está evaluando comprar algún submarino para reemplazar al ARA San Juan?

—En este momento se está haciendo un análisis profundo sobre la posibilidad de comprar submarinos, con la idea de apuntar a una tecnología más moderna que los actuales submarinos que tenemos el Salta y Santa Cruz (ambos en reparación). Es un análisis técnico y profesional que se está haciendo para decidir qué tipo y que cantidad de submarinos necesitaríamos.

Según pudo saber Infobae, el estudio al que refiere el contraalmirante se está realizando en la Armada con el apoyo y la intervención del ministerio de Defensa, a cargo de Oscar Aguad.

Una vez que se definan los temas planteados por el contraalmirante, vendrá la cuestión presupuestaria. Un tema para nada menor.

  El ARA Santa Cruz

Los documentos que se están elaborando hablan de un tipo de submarino "convencional" es decir "no nuclear" de propulsión "diesel eléctrica como era el San Juan, como es el Santa Cruz y como es el Salta", destaca el capitán de corbeta De Luca.

Pero ¿Cuál es el valor de un submarino? En base a los estudios previos el contraalmirante Abbondanza le anticipa a este portal que "los submarinos salen caros, alrededor de 400 a 600 millones de dólares".

— ¿La Argentina tiene necesidad de comprar un submarino?

— Sí, hay necesidad de adquirir submarinos. Sí, responde tajante el Director General de Organización y Doctrina de la Armada.

A pesar de esta definición, el alto oficial reconoce de inmediato que no hay una previsión presupuestaria para 2019 ni seguramente la habrá para 2020 para la adquisición de al menos un submarino, dado el estado actual de la situación económica del país.

La capacitación en Perú

"La capacitación es fundamental para la formación de los submarinistas. Lo estamos realizando en Perú y ahora tenemos también un acercamiento con la Armada de Brasil que nos ofreció todo el apoyo necesario para mantener las capacidades del personal submarinista, recalca el segundo comandante del ARA Santa Cruz.

También recuerda que "hay que tener en cuenta que el arma de submarinos es muy reservada para los países. No es un adiestramiento que sea simple de brindar".

El entrenamiento en Perú comenzó el año pasado, pocos meses después del siniestro del ARA San Juan.

— ¿Los submarinos peruanos son similares a los que tenía nuestro país?

— Los submarinos que hay en la región son todos muy similares, responde De Luca y abunda: "Perú cuenta con seis submarinos. Son de la case 209, similares a nuestro submarino Salta, con algunas diferencias en su construcción y tonelaje, pero básicamente esa misma configuración".

El fantasma del ARA San Juan


— ¿Y qué clase era el submarino ARA San Juan?

— Clase TR 1700 gemelo al submarino ARA Santa Cruz que actualmente está en el CINAR para ser reparado y dotar a la Argentina de un submarino en condiciones para recuperar las tareas tácticas que aporta la fuerza de submarinos, sobre todo en el Atlántico Sur.

El CINAR es el Complejo Industrial Naval Argentino, compuesto por el taller naval Tandanor y el astillero Almirante Storni.

Infobae pudo saber por fuentes oficiales y del mismo astillero que el ministerio de Defensa no gira los fondos para continuar con las reparaciones del ARA Santa Cruz desde hace más de un año.

— ¿Y en qué estado se encuentra al día de hoy el submarino ARA Santa Cruz?

— Las reparaciones fueron avanzando en función de las partidas asignadas. Le aclaro que la tripulación del ARA Santa Cruz está completa. Son 29 tripulantes. Cuatro oficiales y 25 suboficiales.

— ¿Desde cuando el ARA Santa Cruz está en dique seco?

— En el año 2014 vino navegando desde Mar del Plata hasta el Puerto de Buenos Aires y en el 2015 fue sacado del agua y fue puesto en la posición dónde está ahora y ahí comenzaron las reparaciones, el desmonte, el mantenimiento, el repliegue de diferentes materiales. Esta no es una reparación de media vida, como fue la del San Juan que tuvo un corte de casco. La diferencia está dada en que el Santa Cruz no va a tener o no tuvo un corte de casco. Los mantenimientos se van a realizar dentro del mismo submarino sin necesidad de corte.

En este punto, quien toma la posta es el contraalmirante Abbondanza.

— Con respecto al ARA Santa Cruz se está haciendo un análisis para ver si conviene o no terminar la reparación y ponerlo en el mar.

— ¿Y esto por qué?

— Todavía estamos en análisis para saber qué pasó con el ARA San Juan, gemelo al Santa Cruz para poder determinar si hay que hacer mejoras o si hubo alguna clase de inconvenientes con esa clase de submarinos. Además hay un tema muy importante, su tecnología es del año 70, por eso también se está haciendo un análisis de costos beneficios y la inversión que hay que terminar de hacer para poner al ARA Santa Cruz operativo, versus los beneficios que se obtendrían al poner un buque de la década del '70 a navegar comparado con tener un submarino nuevo y con tecnología moderna

Cada vez menos postulantes

— ¿Después de la tragedia del ARA San Juan hay menos o más postulantes para ser submarinistas?

— "Internamente hay menos postulantes pero no solamente en el curso de submarinos y buceo, sino hay menos ingresos a la Escuela Naval Militar; menos ingresos a la Escuela de Suboficiales de la Armada, pero no por el San Juan. Se solicitan menos vacantes por diferentes razones que tienen que ver con la situación social del país", dice De Luca

Sucede que estadísticamente, el ingreso a los institutos militares siempre estuvo ligado a las situaciones económicas que enfrentaba la sociedad argentina; hoy la carrera militar no es una de las mejores pagas y esto es algo que los jóvenes tienen en cuenta a la hora de elegir su futuro.

Abbondarza explica: "El hecho del ARA San Juan no afecto al ingreso, hay otras causas por las que hay menos gente que ingresa a las escuelas. Las Fuerzas Armadas han tenido un proceso bastante largo y presupuestariamente no estamos de la mejor manera. Entonces la manera de poder satisfacer el gusto de poder navegar o poder desarrollar la carrera está más limitada por un tema de presupuesto. Eso desalienta un poco el ingreso de nuevos aspirantes y los sueldos no son gran cosa tampoco si bien nos permite sobrevivir pero tampoco no son un gran incentivo".

El contra almirante también reconoce que: "en la actualidad hay mayores ofertas también afuera de la Armada. Hemos tenido aquí la problemática con la Policía de la Ciudad, en la cual el sueldo de ellos era mejor que los nuestros y por eso mucha gente que estaba acá se fue a la Policía de la Ciudad por mejor remuneración".

Mujeres submarinistas

Este año, a diferencia de 2018 viajaron a Perú para realizar la capacitación diez alumnos, ocho suboficiales y dos oficiales submarinistas. Entre ese alumnado hay un dato que sobresale, por primera vez, la cantidad de suboficiales mujeres en realizar el exigente adiestramiento superó a la de los hombres.

Hace diez años que en la Armada Argentina abrió la posibilidad para que las mujeres se incorporen a la fuerza de submarinos.

La primera oficial submarinista del país en graduarse fue Eliana María Krawczyk, la teniente de navío que formó parte de la trágica tripulación del San Juan.



Eliana María Krawczyk

El dato no es menor ya que por ejemplo recién en marzo de 2018 Noemie Freire se convirtió en la primera mujer submarinista en la Marina portuguesa.

Y si se quieren buscar más antecedentes que dimensionen la valentía y el coraje que tuvo Krawczyk, recién este año, y también primera vez en la vida de la Marina holandesa, cuatro mujeres formarán parte de la tripulación del submarino Zr.Ms. S 803 "Zeeleeuw".

Es probable que el ejemplo de la teniente de navío del ARA San Juan haya dejado una profunda marca e impronta en la Armada de nuestro país, y por eso la presencia femenina se hace ver cada vez más grande.

"Ella tuvo las agallas de pedir el curso, pedirlo y recibirse. Ella fue la primera oficial mujer, detrás de Krawczyk siguieron más", reafirma el segundo jefe del ARA Santa Cruz.

— ¿Por qué dice que tuvo "agallas"?

— Porque ser submarinista no es nada sencillo, tiene que pasar por un proceso muy largo, muy difícil, muy tedioso, de mucha capacitación, no solamente académica, sino física y psicológica durante el año de preparación y el año de cursada y el año posterior porque se siguen rindiendo exámenes permanentemente.

Cuando De Luca hace un silencio, el contraalmirante Abbondanza aporta: "La situación de una mujer en un submarino no es para nada cómoda. Hay un solo baño para todos. Son lugares para dormir son comunitarios".

A su turno, De Luca terminará la idea diciendo: "En un submarino la tripulación se baña muy poco se higieniza como puede. El baño es muy limitado, el agua es muy limitada. Para la mujer el tema del baño y de higienizarse es mucho más pudoroso que para el hombre que se conforma muchas veces como está. Por eso digo que para ser mujer submarinista hay que tener muchas agallas. La vida en un submarino es muy compleja por eso mi respeto y recuerdo hacia Eliana María Krawczyk".

sábado, 17 de noviembre de 2018

ARA San Juan: Encontraron sus restos... QEPD los 44


Por Aldo Campos (c)

Confirmado: el Seabed Constructor encontró el submarino ARA San Juan


Fuentes oficiales confirmaron a Clarín el hallazgo de la nave desaparecida el 15 de noviembre del año pasado con 44 personas a bordo.
Clarín




La noticia que la empresa norteamericana Ocean Infinity había salido a buscar finalmente se confirmó anoche: el submarino argentino ARA San Juan fue hallado a 800 metros de profundidad y a unos 500 kilómetros de la ciudad de Comodoro Rivadavia.

Las primeras informaciones, confirmadas casi de inmediato por la Armada y el Gobierno, señalaron que los restos de la nave, que estaría “achatada en la proa y bastante intacta”, fueron localizados en el mismo lugar donde hace un año había tenido lugar la “falla hidroacústica”, informada en su momento por organismos internacionales. Es una noticia que alivia a los familiares, quienes siempre se mantuvieron en posición de reclamo y le exigieron al Poder Ejecutivo por todos los medios que no se abandonara la búsqueda de los 44 tripulantes.

El barco Seabed Constructor logró dar con el submarino. (Germán García Adrasti)

Sobre la medianoche, el ministro de Defensa, Oscar Aguad, le dio aviso de inmediato al presidente Macri. Y en simultáneo, desde la cubierta del buque noruego Seabed Constructor los familiares embarcados como observadores del operativo se comunicaron con el resto de los familiares en tierra, que se mantienen alojados en un hotel de Mar del Plata y que hoy se congregarán para recibir más novedades y detalles técnicos en la Base Naval.

El parte oficial comenzó a circular una hora después y fue escueto: “El Ministerio de Defensa y la Armada Argentina informan que en el día de la fecha habiéndose investigado el (Punto Dato) POI 24 informado por la empresa Ocean Infinity, mediante la observación realizada con un ROV (vehículo de observación remota) a 800 mts de profundidad, se ha dado identificación positiva al submarino ARA San Juan".

La información dio paso a una madrugada de emociones mezcladas. “Estamos todos conmocionados con la noticia”, alcanzó a decir Jorge Villarreal, padre de uno de los tripulantes. “Justicia y verdad era lo que pedíamos y con todo esto nosotros estamos orgullosos. Sabemos donde están nuestros hijos. Esperamos pronto recibir alguna fotografía, esperamos poder darles la despedida que se merecen. Así podremos tener paz”, agregó.




Fuentes del ministerio de Defensa confirmaron a Clarín que todavía es muy prematuro confirmar si la nave podrá o no ser retirada de la zona de “cañadones” donde se encuentra. “A priori, creemos que será muy difícil, pero ese es un trabajo que comienza a partir de ahora y por supuesto también está la idea de si será o no posible recuperar los cuerpos de los tripulantes”, expresaron. La jueza Marta Yañez, en Caleta Olivia, espera recibir este sábado los primeros informes técnicos sobre el hallazgo.

Mientras tanto, lo que está decretado de hecho es el fin de la búsqueda. La empresa Ocean Infinty cambió sus planes de inmediato y no se irá a Ciudad del Cabo como tenía previsto ayer mismo, sino que regresará al puerto de Comodoro Rivadavia para volcar toda la información recabada. La ciudad de Chubut será de ahora en más la base operativa ante un hipotético operativo de rescate. Hay que recordar que el contrato que la compañía cerró con el Gobierno establece que cobrará siete millones de dólares por haber encontrado la nave. No está claro si Ocean Infinity cuenta con las condiciones técnicas como para encarar la recuperación de la nave argentina.

El hallazgo fue de alguna manera inesperado. El jueves, sobre el cierre de la primera etapa del operativo, en una reunión de coordinación a bordo del buque Seabed Constructor, la empresa informó sobre el nuevo contacto que sería verificado. Los datos eran alentadores: 60 metros de largo, 800 metros de profundidad. Había razones para esperanzarse. Sobre todo porque las imágenes obtenidas eran extremadamente sugerentes. Sobre un fondo marrón, se destacaban figuras repartidas en el cuadrante, como piedras. Era el submarino.

En la tarde del viernes, la embarcación enfiló hacia el punto en cuestión. Al principio, las malas condiciones climáticas amenazaron el operativo, pero finalmente la navegación se perfiló. Llegaron al punto de interés 24, que está en el área 15 A 4, un sector de cañadones profundos (una suerte de ríos y quebradas submarinas) que fue barrida durante el operativo de las fuerzas internacionales.

Una vez en el lugar, comenzaron las operaciones. Se llevaron a cabo con extrema profesionalidad. Según informaron a Clarín las fuentes de la Armada no tuvo que suceder demasiado más. El ROV, ese robot de inmersión que permite llegar a los mil metros de profundidad, llegó hasta la coraza misma de acero. Y envió la información a la superficie. Era la nave argentina. Llegaba el momento de avisar a las familias.

Imágen distribuida por la Armada Argentina sobre el hallazgo.


Cuánto cobrará la empresa Ocean Infinity por haber hallado el submarino 

Según el contrato, sólo percibiría la remuneración si el operativo de búsqueda era positivo




 
(Ocean Infinity)


La empresa estadounidense Ocean Infinity finalmente logró encontrar los restos del submarino ARA San Juan a 800 metros de profundidad dentro del área denominada "15A-4".

Según el contrato firmado con el Estado Nacional, la compañía cobrará 7.500.000 dólares. La particularidad del contrato es Ocean Infinity no percibiría remuneración alguna si el operativo de búsqueda no arrojaba ningún resultado.

La firma fue seleccionada tras la intervención de la Comisión de Asesoramiento Técnico del Proceso de Contratación y de una Comisión Evaluadora de Contrataciones de la Armada Argentina. Se eludió el llamado a licitación por una cuestión de urgencia.


  (Ocean Infinity)

De las cuatro firmas que se prestaron a la requisitoria naval, solo dos se presentaron finalmente a competir. La estadounidense Ocean Infinity y Sistemas Electrónicos Acuáticos (SEA), del venezolano Hugo Marino.

Los evaluadores tuvieron en cuenta que todos los equipos que utilizaría Ocean Infinity eran propios y poseía una extensa trayectoria en el mercado de actividades submarinas.

 
El buque Ocean Infinity

El contrato también detallaba que la búsqueda se llevaría adelante por 100 días en un área de de 3.000 millas náuticas.

Las primeras imágenes captadas por la empresa Ocean Infinity son muy borrosas, pero permiten precisar algunos datos que serán determinantes para entender qué pasó con el submarino.

  • El casco resistente del ARA San Juan, es decir la parte central, apenas se deformó. Los especialistas creen que pasó los 400 metros de profundidad sin sufrir modificaciones en su estructura principal.
  • No se encuentran perforaciones en el casco principal.
  • Sólo ingresó agua al submarino cuando cedieron las soldaduras del casco principal con otras partes anexas, como la proa y la popa.
  • Las estructuras anexas que estaban soldadas al casco principal, como la proa, la popa, el chaperío, la hélice y el palo del timón están dispersas en un radio pequeño. De ahí que se cree que el submarino llegó prácticamente intacto al fondo del mar. En las imágenes se pueden ver tres partes principales: la proa, la popa y el casco principal.
  • ¿Se puede sacar el submarino del fondo del mar? Técnicamente es muy complejo, pero posible. La operación costaría miles de millones de pesos. La decisión no depende del Gobierno ni de la Armada. A partir de ahora, la escena del hallazgo está bajo la órbita de la jueza de Caleta Olivia, Marta Yáñez.


ARA SAN JUAN: Donde y que encontraron.

El Snorkel

El jueves 15 se comenzó a investigar un punto de interés de 60 metros. Al día siguiente la Armada Argentina confirmó que se trataba del submarino. 
A un año y un día de su última comunicación, el submarino ARA San Juan fue hallado en el área de búsqueda 15A-4 luego de que se identificaran las imágenes sonoras captadas por los vehículos submarinos autónomos (AUV) el pasado domingo 11 de noviembre. El jueves 15 se comenzó a investigar un punto de interés de 60 metros. Al día siguiente la Armada Argentina confirmó que se trataba del submarino.

Imágenes del submarino encontrado

La Armada Argentina difundió fotos de las partes constitutivas del submarino que fueron identificadas hasta ahora por el ROV (vehículo remotamente operado). En conferencia de prensa, explicaron que el ARA San Juan implosionó pocos metros antes de llegar al lecho, por lo que todas las partes fuera del casco resistente están desprendidas en los alrededores.











La expedición

A principios de septiembre, empezó la etapa de búsqueda científica a cargo de la empresa privada Ocean Infinity. A través del buque noruego Seabed Constructor, se trasladaron cinco naves autónomas. Cada una de ellas guiaba a un mini-submarino que realizaba un barrido lateral del terreno mediante sonares. A bordo de la expedición había cuatro familiares de los tripulantes con experiencia militar que oficializaron como veedores.