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domingo, 12 de julio de 2026

COAN: Creación de la Aviación Naval Argentina

Creación de la Aviación Naval Argentina (1908-1921)


 

 

Lic. Fabiola Serralunga -ESTUDIOS HISTÓRICOS NAVALES - Publicado en el II CONGRESO DE AERONÁUTICA ARGENTINA  -  CENTENARIO DE LA ESCUELA DE AVIACIÓN MILITAR (1912-2012)

Introducción

La génesis de la Aviación Naval argentina se comprende en el marco de los primeros intentos de aplicar la aeronáutica al arte de la guerra. En la Armada Argentina, tempranamente, se difundieron conocimientos y convicciones acerca de la conveniencia del uso de la aeronáutica a los fines del servicio. Así, durante toda la década de 1910, mediante el estudio de los avances técnicos y el perfeccionamiento de su personal en escuelas de aviación extranjeras, se abonó el camino hacia el propio servicio de aerostación. Finalmente, con la creación de la División de Aviación Naval, en 1919, se inició la etapa orgánica del componente aéreo en la Marina. Un hito significativo y precedente fue el Parque y Escuela de Aerostación y Aviación Fuerte Barragán creado en 1916.

1. La intervención del espacio aéreo

A nivel mundial, la consideración e intervención del espacio aéreo con una finalidad política (y, por ende, militar) comenzó a plantearse en la dirigencia durante los primeros años del siglo XX. Hasta 1901, la aeronáutica había consistido en el uso de globos esféricos, restringidos en su maniobrabilidad, y que no suponían un peligro desde la atmósfera. La situación cambió rápidamente durante los años posteriores en consonancia con la dirigibilidad de los globos y la aparición del aeroplano.

Hacia 1908, la opinión pública anticipaba la proximidad de una guerra aérea donde las naciones multiplican sus elementos de combate en los aires, hacen experimentos continuos, reforman su artillería, estudian sobre el terreno los futuros campos de batalla y planean una nueva estrategia.(“Preparando la guerra aérea”, en: Revista Alrededor del Mundo, volumen 19, números 474-500, pp. 344-345, p. 344, España, 25 de noviembre de 1908) En efecto, para entonces, el Departamento de Defensa de los Estados Unidos, había encargado a los hermanos Wright, la construcción de un aeroplano prototipo para experimentarlo con finalidad militar.(2) En paralelo, el perfeccionamiento de estos aparatos se extendió por toda Europa, donde un concurso deportivo provocó la primer gran señal de alerta en la dirigencia política: el 25 de julio de 1909, el piloto francés Louis Blériot, cruzó de Francia a Gran Bretaña en unos 35 minutos con una aeronave construida por él mismo.

Si bien se habían logrado hazañas similares, el cruce aéreo del Canal de la Mancha, causó sensación al confirmar que la aeronáutica venía a revolucionar el arte bélico, puesto que con su aplicación, Gran Bretaña podría perder su bien asegurada insularidad. Para entonces, Europa permanecía obsesionada con la posibilidad de una guerra que involucrara a las grandes potencias.

Las incipientes aeronaves, tanto globos dirigibles como aeroplanos, fueron absorvidas por la carrera armamentista. En principio, se consideró su uso para la observación del enemigo, pero con celeridad se concentraron esfuerzos para convertirlos en una máquina bélica.

Desde 1906, esas realidades definieron las reuniones internacionales sobre uso del espacio aéreo. Hacia 1910, en la primer conferencia oficial internacional llevada a cabo en Paris, una postura condensó la preocupación por la aerostación aplicada a la guerra al sostener que si cada país pudiese volar en el espacio aéreo de cualquier otro, habrían desaparecido las fronteras.

Hacia 1909, en Argentina, algunos civiles y parte de la oficialidad militar no eran ajenos a esas circunstancias; se consideraba que, si bien se estaba al principio de la conquista del aire, ya se podía vislumbrar que los dirigibles y aeroplanos amenazaban con cambiar el arte de la guerra:

…¿qué será de los acorazados monstruos cuando les arrojen desde arriba explosivos en cantidad aún no prevista, de qué servirán los submarinos, los cruceros rápidos, qué cañones destruirán esas naves aéreas, cuando sus tiros ó trayectorias directas ó curvas serán impotentes para dominarlos?

Asimismo, se ponía sobre el tapete la importancia de la próxima conferencia de aerostática y se anticipaba que ya no se podrá decir que el aire es libre, y nuevas leyes internacionales vendrán á limitar la jurisdicción atmosférica.3 Observando el desarrollo del arma en otros países, se cuestionaba a aquellas naciones que habían delegado enteramente en el Ejército la navegación del aire: ¿Con qué razones algunos países han puesto en manos del ejército los dirigibles y aeroplanos? ¿Debemos seguir este ejemplo en la República Argentina y renunciar á nuestros derechos naturales?4 Desde allí, fue planteada con carácter de urgente la organización en la Marina de una sección aérea porque en el aire como en el agua, siempre estaremos á note y con las mismas obligaciones de la profesión.5 Estas ideas permiten comprender el derrotero de la Marina de Guerra argentina durante toda la década de 1910 en torno al desarrollo de la aviación naval.

A nivel mundial, el uso de la aeronáutica con fines bélicos sobrevino rápidamente. En la guerra de Italia contra el Imperio Turco (1911-1912), el aeroplano tuvo su bautismo de fuego al ser empleado militarmente por dos pilotos italianos. Esta intervención motivó opiniones encontradas acerca de las ventajas en su uso puesto que se los consideraba inestables y de escasa aplicación para el traslado de personas, realidad que contrastaba con el uso de globos dirigibles.


2. Consideraciones acerca del uso de los globos aeroestáticos

En 1908, el Ministro de Marina –contralmirante Onofre Betbeder– encargó al teniente de navío Pedro Padilla el estudio de la dirigibilidad de los globos para evaluar la aplicación práctica que podría dárseles en la fuerza. El resultado de sus investigaciones quedó plasmado en un “Proyecto de Empleo de Globos Dirigibles en la Marina Militar para el Servicio de Exploración Armada”, en el que su autor, sugirió la compra de tres dirigibles para el patrullaje del litoral marítimo, y afirmó que su empleo sería un poderoso auxiliar, utilizándolos para el servicio de exploración en el tramo de costa comprendido entre el puerto de La Plata y Puerto Militar.6 Eso manifiesta no sólo que la Marina estaba al corriente de los avances de la aplicación de la aeronáutica, sino que estaría dispuesta a realizar una inversión racional en tiempo, esfuerzo y dinero, siempre y cuando su implementación fuera factible y redituable para el servicio.

Si bien el proyecto fue aprobado, quedó archivado hasta que las circunstancias permitieron su reconsideración. En efecto, aunque el costo y mantenimiento de los medios aeronáuticos era significativamente menor que aquel que debería invertirse en embarcaciones dedicadas al patrullaje de costas, se insumió un tiempo razonable para la incorporación de globos dirigibles, libres y cautivos, si lo comparamos con los procesos habituales de adquisición de medios navales. A eso se sumó la interrupción en todos los órdenes provocada por la Primera Guerra Mundial la que, no obstante, demostró la eficacia del uso de globos en patrullaje, guerra antisubmarina y exploración. Esos resultados fueron asimilados por la oficialidad naval argentina al definir el rol que la aviación podría ocupar como arma auxiliar de la escuadra en caso de enfrentamientos. En este sentido, el servicio de aerostación sería clave como apoyo de las acciones ofensivas en distancias lejanas al litoral atlántico y, por el contrario, el hidroaeroplano cooperaría en las operaciones contra enemigos ubicados en la costa vecina: Si esta [la Escuadra] lleva una accion ofensiva contra el enemigo a una distancia mayor de trecientas millas de nuestra costa, la Aviación Naval podrá cooperar con suficiente seguridad, solamente con el servicio de globos cautivos en algunas de nuestras unidades y con el de dirigibles que son los aviones de mayor radio de accion, debiéndose en tal caso descartar en absoluto el servicio de los hidroaeroplanos, puesto que largándose desde sus bases terrestres no podrían realizar un servicio á tal distancia y luego regresar á ellas con suficiente margen de seguridad.7

Para entonces, se ponía en tela de juicio la pertinencia y uso práctico de los buques bases de hidroaeroplanos debido a las pocas unidades que podían transportar, lo engorroso y riesgoso del embarque de las máquinas y las dificultades en el amarrizaje.8 Si bien, durante la década de 1920, los avances técnicos tornaron algo obsoleto el uso de “los más livianos que el aire”; aún hacia 1928 la Armada seguía considerando las posibilidades y ventajas de su uso.

3. La Escuela de Aviación Militar (1912-1922)

El 10 de agosto de 1912, el entonces presidente Roque Sáenz Peña resolvió la creación de la Escuela de Aviación Militar; con los elementos que han sido donados para ese objeto y con los que el Aero Club Argentino ha puesto á disposición de los Ministerios de Guerra y Marina.9 La escuela fue pensada para personal militar proveniente de ambas fuerzas, dispuesto a realizar un curso previo de aeronáutica militar que cumplimetara la reglamentación exigida por la Fédération Aéronautique Internationale. Se dictó tanto instrucción de vuelo como mecánica de las aeronaves. Si bien fueron pocos los militares de la Marina que realizaron y dictaron cursos en la misma, es menester considerar su historia como un antecedente de la aviación naval.

La donación a la que hace referencia el texto de la resolución provino de lo recaudado por suscripción nacional y de las donaciones de empresas particulares, obtenidas a raíz de una campaña organizada por la Comisión Central Recolectora Pro Flotilla Aeromilitar, que había sido creada a tal fin en junio de 1912 y a instancias de la iniciativa del mayor retirado Arturo P. Luisoni. En esa tarea, colaboraron asiduamente la Sociedad Sportiva Argentina, el Aero Club Argentino y la opinión pública.

Cabe citar a los integrantes de la misma puesto que permite apreciar el genuino interés tanto de las instituciones civiles como militares en el desarrollo de la aeronáutica: su presidente fue el barón Antonio de Marchi (Sociedad Sportiva Argentina); su vicepresidente, el ingeniero Jorge Newbery (Aero Club Argentino), un secretario honorario, el mencionado mayor Luisoni; y como vocales participaron los directores de todos los diarios de la capital; el jefe del Estado Mayor general Ramón Ruiz; el presidente del Centro Naval contraalmirante Manuel Domecq García; el secretario del ministro de Guerra coronel Martín Rodríguez; el presidente del Círculo Militar coronel José F. Uriburu, el inspector de ingenieros, coronel Carlos R. Sarmiento; y el vicepresidente de la Sociedad Sportiva, Eduardo Hunter.10

Los medios disponibles definieron el número de vacantes posibles. Para el primer curso, se admitieron once alumnos, en su integridad oficiales, diez por el Ejército y uno por la Marina. La totalidad obtuvo su brevet internacional de piloto concedido por el Aero Club, mientras que siete de ellos accedieron al título de aviador militar incluso antes de haberse establecido los requisitos para tal fin.

En septiembre de 1912, la Comisión Técnica del Aero Club Argentino elevó un proyecto de reglamentación y plan de estudios para la escuela. Por dicho reglamento, la Dirección Militar del Curso de Aerostación y de la Escuela de Aviación quedó en manos de un jefe del Ejército, con el personal de clases y tropa que era necesario. La Dirección Técnica estuvo compuesta por el presidente del Aero Club, tres miembros de su comisión directiva, el Director Militar y dos jefes militares puestos en consideración del Ministro de Guerra.

Asimismo, el reglamento estableció que, previo al ingreso, se verificaran una serie de ascensiones en globo libre bajo la dirección de pilotos diplomados del Aero Club, quienes informaron acerca del temperamento, conocimientos y condiciones sportivas del candidato en cuestión.

Los oficiales alumnos fueron divididos en dos grupos: uno de alumnos pilotos y otro de alumnos observadores. Fueron considerados candidatos aptos para el ingreso aquellos que tuvieran conocimientos en mecánica o conducción de automóviles, motocicletas, motores y condiciones operativas, así como quienes pasaran un examen médico que verificara la regularidad de las funciones de los diferentes órganos, especialmente el corazón, los pulmones, el oído y la vista. Para el caso de la Marina, ingresó como alumno el entonces teniente de fragata Melchor Escola, quien desde 1910, había recibido instrucción de vuelo en la Escuela Aérea Argentina, dependiente de la Compañía Aérea Argentina, entidad civil y privada.

Por reglamento, el personal subalterno era pasible de admisión unicamente como piloto, aceptándose el ingreso de aquellos voluntarios con dos años de permanencia en la institución, dispuestos a renovar un nuevo servicio, con aptitud física, buena conducta y conocimientos mecánicos y sportivos. Posteriormente, para los suboficiales se crearon cursos especiales y el diploma de conductor de aeroplano. En concreto, para los talleres de la escuela fueron agregados por la Armada el mecánico maquinista principal Jacinto Riera y los mecánicos maquinistas de segunda Juan Guerín y José Scappuzzi.

Si bien esta escuela fue destinada a la instrucción de militares provenientes del Ejército y de la Armada, la estadística arroja sólo cinco alumnos por esta última, el entonces teniente de navío Melchor Escola (quien obtuvo la patente de aeronauta en 1913), los maquinistas mecánicos Riera, Guerín y Scapuzzi, y el malogrado alférez de navío Mario Sarmiento, fallecido en práctica de vuelo en 1919.

Si comparamos ese número de alumnos con la cifra de setenta tìtulos concedidos en total por la escuela, resulta escasa la participación de la institución naval en los cursos de formación aeronáutica. Sin embargo, lejos de haber sido una deficiencia de la institución naval, esta procuró un desarrollo paralelo.

Asimismo, debido a los buenos resultados del proyecto de la Marina destinado a la creación del servicio aeronáutico naval, los tenientes Ricardo Fitz Simón y Mario Pouchan, a su regreso de Europa y luego de tres años de formación, se integraron como profesores.

4. Hacia el Servicio Aeronáutico Naval

 En paralelo a los albores de la aviación militar, la Armada comenzó a investigar la factibilidad y pertinencia de un desarrollo de la aeronáutica naval en nuestro país. Subyacía la idea de crear un cuerpo de aeronautas y aviadores no sólo con vocación de vuelo sino con conciencia naval y para la tarea se comprendió que era necesaria la constitución de una escuela propia. En principio, la institución naval procuró el conocimiento más actualizado posible sobre la aeronáutica y un perfeccionamiento de su personal, primero en Europa y, luego, en Estados Unidos de Norteamérica. Finalmente, la experiencia de esos militares en el escenario de la Primera Guerra Mundial terminó de completar su formación.

 En efecto, hacia 1913, se aprovechò la presencia del entonces alférez de navío Ricardo Fitz Simón de pase en la Comisión Naval en Europa para el estudio de aeroplanos y dirigibles. En base a su informe, en 1914, fue asignada una partida presupuestaria para la compra de dos hidroaeroplanos y un hangar que serían destinados a la instrucción. Eso motivò el envìo de personal para asesorar en su adquisición. En enero de ese año, los mencionados teniente Escola y maquinistas mecánicos Riera, Guerín y Scapuzzi fueron destinados a la Comisión Naval en Europa para seguir cursos de perfeccionamiento, visitar escuelas militares y fábricas de aviación y reunir antecedentes para la creación, a su regreso, de una escuela de aviación para la Armada.

El teniente de navìo Melchor E. Escola que pasa a ademas de esa Comisiòn ha sido nombrado con el objeto de asesorar a V.S. en este asunto e intervenir en la elecciòn de los hidro aeroplanos como asimismo para completar su instrucciòn del pilotaje de dicha màquina ademàs de dirigir y vigilar la instrucción del Mec. Maqta. Principal Jacinto Riera y la de los Mec. Maqunistas Juan Guerín y José Scapuzzi.11 Se le recomendó especialmente al capitán de navío Julián Irizar, jefe de la Comisión Naval, que tomara las medidas pertinentes para que la instrucción del personal se hiciera a la mayor brevedad posible y para que retornaran al país durante el mes de agosto del mismo año con el material adquirido: En la elección del material a adquirir se tendrá presente que deben responder a las exigencias de una escuela de aviación pues el principal objetivo de esta adquisición es el de la formación de un cuerpo de pilotos voladores para el servicio de la Armada.

 Primeros hangares de la aviación naval argentina

La escuela de aviaciòn serà instalada en el Arsenal de Puerto Militar.12 El comienzo de la Primera Guerra Mundial (1914) truncó la entrega del material adquirido: dos hidroaeroplanos de chasis de aterrizaje terrestre y uno de transporte con sus accesorios comprado en la casa Henry Farman –cuyo valor incluìa el adiestramiento de cuatro pilotos– y dos hangares de la casa Bessoncau.13 Asimismo, si bien la primer escuela de aviaciòn fue instalada en Fuerte Barragàn en 1916 (ver infra), por decreto del 29 de octubre de 1921, fue concretada la creaciòn de la Escuela de Aviaciòn Naval y Base Aeronaval en Puerto Militar cuyo material de vuelo fueron, preferentemente, hidroaviones. Respecto de la instrucción recibida, tras su retorno, los maquinistas mecánicos se sumaron a la experiencia que se estaba desarrollando en el Arsenal de La Plata y de la cual hablaremos en el siguiente apartado. Por su parte, el acervo tecnológico y científico obtenido por el teniente Escola se plasmó tanto en el Parque y Escuela de Aerostación y Aviación creado en Fuerte Barragán, en 1916, como en el envío permanente de personal militar naval a escuelas de aviación en el extranjero. En este sentido, Escola insistía en que la formación de buenos pilotos requería no sólo la práctica constante y progresiva del vuelo, sino conocimientos teóricos; que éstos últimos no sólo eran necesarios para prevenir accidentes sino también para perfeccionar los medios aéreos y que, por lo tanto, aquellos destinados a la direcciòn de los centros de aviación deben poseer la preparación técnica necesaria y la práctica del vuelo que les permita dirigirlos con acierto a fin de mantener constantemente el material en su máximo de eficiencia, proceder al estudio de los aparatos o a su perfeccionamiento.14 La insistencia en el abordaje científico de la formación no era nada nuevo para la Marina y, de hecho, podemos encontrarla desde los primeros tiempos de la Escuela Naval Militar (1872). Asimismo, consideraba que las exigencias del servicio militar en la guerra nos colocará constantemente, para cada época, al margen de los aparatos límites, y esto impone, el conocimiento de los factores que intervienen en el vuelo en una forma más rigurosa, lo que exige métodos de apreciación más exactos y científicos.15

5. Clases de vuelo en el Arsenal del Río de la Plata (1914-1915)

Una resolución del 19 de abril de 1915 firmada por el ministro de Marina, almirante Juan P. Sáenz Valiente, insistía en la instrucción teòrica y pràctica del personal como paso indispensable hacia el servicio de aviación:

Mientras no se constituya definitivamente la Escuela de Aviación de la Armada, se adscribirá a la Sección Armamento del Estado Mayor del Arsenal del Río de la Plata, todo el personal que tenga permiso de este Ministerio para seguir cursos de Aviación, con el fin de aprender y practicar la especialidad. 16 Asimismo, la resolución ministerial vino a oficializar una situación que, desde 1914, se estaba dando en los hechos; y consideraba

Visto los trabajos ya adelantados que con respecto a Aviación se han efectuado en el Arsenal del Río de la Plata y la necesidad de encausar [sic] en un régimen riguroso de enseñanza apropiada a los individuos que soliciten seguir un curso de aviación.17 En efecto, la decisión fue tomada tras una iniciativa propuesta por el condestable de primera Joaquín Oytaben de instruir para el aprendizaje de vuelo al personal militar a designar para ese fin. Desde 1914, dicho suboficial, se había desempeñado en forma privada como instructor de vuelo en el Club de Fomento de Aviación y Sport y Aeródromo de la Provincia de Buenos Aires, sito en la ciudad de La Plata. Así, se lo autorizó oficialmente a continuar dando clases elementales de práctica de aviación.

La resolución estableció que la Dirección General de Personal redactaría la reglamentación provisoria necesaria mientras la Dirección General Administrativa haría el aprovisionamiento de nafta y aceite especial, así como los elementos de consumo y limpieza estrictamente necesarios. Las actividades aéreas del Arsenal del Río de la Plata fueron interrumpidas tras el infortunado accidente del condestable Oytabén, fallecido el 15 de octubre de 1915. Las observaciones realizadas meses antes por el teniente Escola habían anticipado la fatalidad: Las medidas provisorias no tienen justificación, porque en la Aeronáutica, más que en ninguna otra rama, es donde más necesaria es la base de una buena Escuela, donde se inculquen los principios fundamentales que han de ser normas después en el servicio y una mala enseñanza inicial es la fuente de un semillero continuo de accidentes.18 El Parque y Escuela de Aerostación y Aviación Fuerte Barragán creado por decreto presidencial en febrero de 1916, y puesto bajo la jefatura del mencionado teniente Escola, respondió a ese concepto.


Uno de los pioneros que daba cursos para pilotos: el teniente Melchor Zacarías Escola

6. Parque y Escuela Fuerte Barragán

El presidente Victorino de la Plaza y el ministro de Marina almirante Juan P. Sáenz Valiente suscribieron el decreto del 11 de febrero de 1916 por el que se creó un parque y escuela de aerostación y aviación en Fuerte Barragán.
La escuela funcionó como un comando dependiente en forma directa del Ministerio de Marina por intermedio de la División Escuelas de la Dirección General de Personal. Su jefe fue el entonces teniente de navío Melchor Escola, quien había comenzado con sus clases de vuelo particulares en 1910, luego obtenido su patente de aeronauta militar por la Escuela de Aviación Militar, en 1913 y, finalmente, perfeccionado sus conocimientos de aeronáutica en Europa, en 1914. También se lo designó como profesor: entrenamiento bien dirigido, servicio ordenado, puramente profesional, libre de toda idea o tendencia deportiva y también a una rigurosa selección del personal en todas las jerarquías [sic].19

Así, uno de los objetivos de la escuela fue la enseñanza y preparación general del personal de oficiales de observación y comando, los pilotos y los mecánicos.20 De su experiencia en el extranjero, Escola había señalado que un servicio aeronáutico militar eficiente debía lograr una adecuación inmediata a las exigencias de la guerra. Por lo tanto, se hacía necesario contar con personal capacitado para mantener constantemente el material en su máximo de eficiencia, proceder al estudio de los aparatos o a su perfeccionamiento.21 Por eso, el segundo objetivo de la escuela fue construir, reparar y mantener en perfecto estado de funcionamiento las aeronaves, aviones y hidroaviones [sic] y sus accesorios, que para el servicio de la Armada se crean convenientes.22

7. Hacia el Cuerpo de Aviación Naval

Como ya se ha señalado la meta final del denominado “Parque y Escuela Fuerte Barragán” era la formación de un cuerpo de aeronautas y aviadores escogiéndose su personal dentro de los patentados en todas las categorías y entre los que se hayan distinguido en estos servicios.23 Así, en principio, se formaría al personal con elementos teóricos y práctica de vuelo. Aquellos mejor preparados deberían rendir su examen ante un delegado del Aero Club Argentino para obtener el título de piloto patentado por la Fédération Aéronautique Internationale.

 Finalmente, serían evaluados para la obtención del título de piloto de la Armada. El personal de oficiales y suboficiales que podía ser designado para integrarse a la especialidad en el Parque y Escuela Fuerte Barragán fue establecido también por el decreto en cuestión: - Los oficiales de observación y comando pertenecerán al cuerpo General de la Armada, - los pilotos serán suboficiales y oficiales de mar de las categorías de timonería y de señales, y - los mecánicos serán de las categorías de máquinas y de electricidad. - Como concesión especial podrá permitirse el ingreso de la Escuela de aeronáutica y aviación a los oficiales de los Cuerpos Auxiliares.

8. Las actividades en el Parque y Escuela Fuerte Barragán

El 1º de abril de 1916, bajo la jefatura del teniente Escola, comenzaron los cursos con alumnos pertenecientes a personal militar superior y subalterno. Previamente se había asignado al Parque, el personal que revistó en el Arsenal del Río de la Plata.

La carencia de elementos de vuelo (agravada por las dificultades para conseguir repuestos dada la guerra en Europa), las restricciones económicas y escasez de profesores, hicieron que los cursos fueran muy irregulares. Sin embargo, mediante la gestión de su personal, de continuo se recibía material por donación desde los Estados Unidos donde se estaban perfeccionando los oficiales Ricardo Fitz Simon, Ceferino Pouchan y Marcos Zar en la Naval Air Station Pensacola (Florida).

El teniente Escola fue dado de pase a mediados de 1917, siendo reemplazado en la jefatura por el teniente de fragata Raúl R. Moreno, quien había estado a cargo de los talleres desde los comienzos de actividades. Cabe señalar que, hasta entonces, el primero había sido el oficial naval argentino con mejor instrucción de vuelo, tanto teórica como práctica, y su compromiso con el desarrollo de la aviación naval era indiscutible.

Hacia fines de 1917, la continuidad de la escuela estuvo a punto de ser jaqueada al ser reajustado el presupuesto nacional de 1918 y suprimida la partida para su sostenimiento. Eso generó un debate en comisión parlamentaria que llevó el tema hasta la Cámara de Diputados. Por votación se resolvió su reincorporación al presupuesto.

Sin embargo, a mediados de 1918, la escuela fue clausurada por orden del ministro de Marina, Federico Alvarez de Toledo.

9. Suspensión de actividades en el Parque y Escuela Fuerte Barragán

El 18 de junio de 1918, el ministro de Marina ordenó al teniente de navío Heraclio Fraga, jefe del Parque desde hacía escasos siete días, el cierre de la escuela de Fuerte Barragán y la suspensión de las actividades de vuelo. Se asignó una dotación de personal para el mantenimiento de instalaciones y material. Esa decisión condujo a una interpelación parlamentaria, teñida de rencillas políticas que aquí no consideraremos.

En concreto, existen elementos que hacen suponer que no sólo el ministro sino también el poder ejecutivo nacional estaban convencidos de la implementación del componente aéreo dentro de las fuerzas armadas; e incluso, compartían ideas similares a sus predecesores acerca de cómo llevar a cabo esa tarea.

Los motivos argüidos por el ministro para explicar la interrupción de las actividades en Fuerte Barragán se circunscribieron a que el parque y la escuela no habían sido debidamente tomados en cuenta. El organismo, decía el ministro, se situó en un terreno inapropiado a todas luces, porque no está sobre la costa del río de La Plata, aguas que siempre debe tener debajo el aviador que maneja hidroaeroplanos de la marina. El hangar era un galpón construido en un lote que pertenecía a unos particulares y alguna vez hubo una máquina en condiciones de volar.24 …los elementos, materiales y de personal que se le asignaban eran insuficientes para crear una escuela, nada menos que una escuela de una nueva arma de guerra de costoso y difícil aprendizaje. Y esto explica la existencia ignorada e inútil, tan precaria y vergonzante que el mismo ministerio la ha negado en la cámara.25

Estas consideraciones tenían un precedente. Unos meses antes, Alvarez de Toledo había comunicado a los diputados que muy próximamente entregaré a la cámara un proyecto por el que se salvan todas las deficiencias de que adolece la institución, plan que no llegó a presentar.26

La clausura de la escuela fue parte de una readecuación y no de un abandono de objetivos. No era la primera vez que en la Armada se suspendían y reabrían las escuelas de formación por razones de economía, buena administración o reorganización.

Aún más, los oficiales que en enero de 1917 se habían enviado a perfeccionarse en el extranjero –teniente de fragata Ricardo Fitz Simon y los alféreces de navío Ceferino Pouchan y Marcos Zar–, luego de un año en Pensacola, siguieron su instrucción en dos escenarios de la Primera Guerra Mundial –Francia e Italia– y retornaron al país a fines de 1919 con varios diplomas de piloto. El recambio se dispuso el 3 de marzo de 1920, al ser trasladados a Pensacola los alféreces de fragata Esteban Zanni, Victor Padula y Silvio Leporace. Asimismo, el ingeniero maquinista de tercera Juan Sidoti fue destinado a la fábrica Curtiss (Garden City, Long Island, Estados Unidos). Esto abona la idea que el ministerio, lejos de abandonar el desarrollo de la aviación naval, simplemente reajustó las acciones a seguir.

Asimismo, en la memoria de Marina de 1918, el ministro sostenía que el importante rol que en la actual guerra está jugando la Aviación, señala la necesidad imperiosa hoy de establecer entre nosotros las escuelas para la instrucción del personal y los parques para depósito y recorrido del material.27


Dirigible El Plata en pleno vuelo

Un año más tarde, el mencionado teniente Fraga presentó al ministerio un amplio proyecto para la instalación de bases y escuelas de aviación naval, donde sugería el traslado de las instalaciones de Fuerte Barragán por ser inadecuadas para el servicio:

El único hangar construido en su mayor parte de maderas viejas, está separado del río por un terreno anegadizo de más de mil metros de extensión y cubierto por árboles y juncos; está en un terreno que constituye una buena pista pero que desgraciadamente es de tierra y la aviación naval necesita pista de agua y es por ese motivo que Barragán, se encuentra actualmente con el incoveniente de no poder botar al agua el hidroaeroplano "Besson Levy" para probarlo, operación que en una escuela de aviación naval, tendrá que ejecutarse rapidamente y múltiples veces al día.28

Algunas de las sugerencias de Fraga pueden resultar obvias en la actualidad; por caso que la ubicación de la futura escuela de aviación, la clase de aparatos y los elementos complemetarios debían ser establecidos por los oficiales que más especializados están en esa materia. En consecuencia, el futuro asesoramiento quedó en manos del personal que, en esos momentos, se encontraba aún perfeccionándose en Europa: Fitz Simon, Pouchan y Zar. Como se verá, el retorno de esos oficiales significó una rápida consolidación de los avances en la materia. Ellos asesoraron tanto en la ubicación más adecuada de la escuela como también de las bases aeronavales, en la reglamentación para el servicio aeronaval y la instrucción, en la adquisición de aparatos de vuelo, entre otros. Así, en el término de dos años, el servicio aeronaval estuvo en marcha.

En 1920, las actividades de vuelo fueron retomadas en Fuerte Barragán a instancias del mismo poder ejecutivo que las había interrumpido (a excepción de Alvarez de Toledo que ya no cumplía funciones como ministro), precisamente porque ese terreno y pista, no apto para hidroaeroplanos, sí cumplía las condiciones para globos y dirigibles. A partir de 1922, también durante la presidencia de Yrigoyen, adquirió la jerarquía de segunda base aeronaval del país al albergar la Escuela de Aerostación Naval; y se mantuvo en ese rango hasta la inauguración de la Estación Aeronaval Punta Indio. Finalmente, desde 1930, permaneció vinculada a la instrucción elemental impartida por la Escuela de Aviación Naval.

En febrero de 1919, Alvarez de Toledo renunció como ministro de Marina. Fue reemplazado, en carácter de interino, por el entonces ministro de Guerra, Julio Moreno. En febrero de 1921, el contralmirante Tomás Zurueta accedió al cargo.

A pesar de esos contratiempos y vaivenes, fueron tiempos productivos para la aviación naval y se cosechó lo sembrado en los años anteriores.

10. Destacamento Naval de Hidroaviones en San Fernando

En marzo de 1919 se inició la construcción de un hangar con armazón de madera y lona impermeable para lo que se denominó el Destacamento Naval de Hidroaviones en la localidad de San Fernando. Allí fue recibida una donación del gobierno italiano, gestionada a través del barón Antonio de Marchi, consistente en cuatro hidroaviones Macchi (dos bombarderos M-9 y dos cazas M-7).

Asimismo, resulta evidente la relación entre esta donación con la presencia de los oficiales argentinos Fitz Simón, Pouchán y Zar que se hallaban tomando cursos de perfeccionamiento en las bases italianas de Cascina Costa, Cascina Malpensa y Obertello, coincidentemente, desde enero de 1919.

Buena parte del personal que había revistado en el Parque y Escuela Fuerte Barragán fue designado al servicio del nuevo organismo. En este destacamento hicieron práctica de vuelo los pilotos aviadores que se encontraban en el país y se instruyó en el cuidado y conservación del material al personal subalterno.

11. División de Aviación Naval

El 17 de octubre de 1919, el presidente Hipólito Yrigoyen y el ministro de marina interino Julio Moreno suscribieron el decreto de creación de la División de Aviación Naval; puesto que …las funciones tácticas y estratégicas que ha desempeñado la aviación en las recientes operaciones, modificando fundamentalmente los principios de la Guerra Marítima y su eficacia asignada como arma importante en el combate, ponen de manifiesto la necesidad improrrogable de su creación en la Armada.29 29 Decreto presidencial del 17 de octubre de 1919 sobre creación de la División de Aviación Naval, en Orden General 181/19, Ministerio de Marina.

Esta división dependió de la Secretaría General del Ministerio de Marina y se le encargó la preparación de los proyectos para la formación del cuerpo de Aviación Naval, la utilización del personal y del material con que actualmente se cuenta y que eventualmente se adquiera.30 Días más tarde fue nombrado como jefe de la misma al capitán de fragata José C. Gregores.

Así dio inicio la etapa orgánica del componente aéreo en la Marina.

Nótese la solución de continuidad entre los objetivos de esta división y la meta final del suspendido Parque y Escuela Fuerte Barragán, es decir, la creación de un cuerpo de aviadores y aeronautas. Asimismo, el decreto de creación de la división tomó en consideración la llegada al país de los primeros oficiales aviadores (Fitz Simón, Pouchán y Zar), especializados en las escuelas de los Estados Unidos y de Europa, y enviados en tiempos del mencionado Alvarez de Toledo. Subyacía la convicción que estos oficiales debidamente preparados serían los asesores mejor calificados para la definitiva organización del arma. Esto último se logró el 20 de noviembre de 1921, mediante la aprobación del Reglamento del Servicio Aeronáutico Naval, redactado a instancias de esta división.



Además, desde el 1 de agosto de 1920, los tenientes Fitz Simón y Pouchan fueron nombrados profesores de la Escuela Militar de Aviación de El Palomar, el primero de navegación aérea y aerofoto, y el segundo de aerodinámica y teoría de vuelo. Posteriormente, en 1921-1922, se integraron a la Escuela de Aviación Naval y a la Escuela de Aerostación Naval.

La Marina continuó con el mismo mecanismo de enviar a militares para su perfeccionamiento en el extranjero (privilegiándose a los Estados Unidos como país receptor); una vez egresados aprovecharlos en las comisiones navales en Europa y, a su regreso, destinarlos a la instrucción en las escuelas de aviación.

Así, en 1920, los alféreces Esteban Zanni, Victor Padula y Silvio Leporace se graduaron como pilotos en la Naval Air Station Pensacola (Florida, Estados Unidos); en 1921, realizaron un curso de construcciones en la fábrica de hidroaviones Aircraft Factory del Arsenal de Philadelphia (Estados Unidos); en octubre del mismo año pasaron a la Comisión Naval en Europa a fin de recibir los aviones E-1 y E-10 adquiridos a la casa A.V. Roc Hamble Southampton, a su regreso recibieron el título de piloto aviador naval y, en abril de 1922, fueron destinados a la Escuela de Aviación Naval.

En 1923, el alférez Zanni de pase en la Comisión Naval en Europa, falleció en un accidente de aviación en Pisa (Italia). Le había sido encomendado retirar un material de aviación.

En 1920, el ingeniero Juan Sidoti se incorporó a la fábrica Curtiss (Garden City, Long Island, Estados Unidos) y, en 1922, fue agregado al Departamento de Montaje y Reparaciones en los talleres de la Naval Air Station Pensacola (Florida, Estados Unidos). Adquirió conocimientos completos de aviación, motores de aviación, conservación y reparación de los mismos incluyendo instrumental y manufactura de hidrógeno. A su regreso al país, en 1922, fue destinado como profesor de Construcción y Montaje de la Escuela de Aviación Naval.

Así como la Marina creó su División de Aviación Naval en 1919, el Ejército hizo lo propio con la Dirección del Servicio Aeronáutico en 1920. Eso definió una separación efectiva entre la aviación terrestre y la naval. Para entonces, se contaba con personal idóneo dentro de ambas fuerzas no sólo para instruir sino también evaluar a los futuros alumnos.

La consecuencia lógica de ambas realidades fue el cierre de la Escuela de Aviación Militar, en enero de 1922. Ese mismo año, fue reorganizada como Escuela Militar de Aviación dentro de la orgánica del Ejército, mientras que, en paralelo, unos meses antes se había recreado la Escuela de Aviación Naval, desde el antecedente del Parque y Escuela de Aerostación y Aviación Fuerte Barragán (en funcionamiento entre 1916 y 1918 y con un posterior reflote desde 1920).

12. Las Escuelas de Aviación y Aeroestación Navales (1921)

El Reglamento del Servicio Aeronáutico Naval proyectó la creación de la base aeronaval en Puerto Militar (actual Puerto Belgrano) y de dos centros de enseñanza/aprendizaje, la Escuela de Aviación Naval y la Escuela de Aerostación Naval. Previamente, los presupuestos nacionales de 1920 y 1921 habían destinado una partida de fondos para los trabajos de infraestructura y de creación de dichos organismos. Así, el 29 de noviembre de 1921 fue creada la Escuela de Aviación Naval destinada a preparar el personal necesario para el servicio aeronáutico y utilizar el arma aérea de la Marina de Guerra. Inicialmente, funcionó en el Arsenal de Puerto Militar.

El capitán de fragata José C. Gregores fue designado como director de esta escuela y comandante del guardacostas Almirante Brown, donde se le dio asiento hasta tanto se construyeran los locales apropiados. Como subdirector, segundo comandante y profesor, se designó al teniente de fragata Ricardo Fitz Simón, quien había colaborado en la redacción del reglamento que dio origen a este organismo. Se fijó en veinte el número de alumnos para el curso de pilotos aviadores, y en veinticinco, el número de aprendices de aviación. Las clases se iniciaron el 1º de marzo de 1922.

Asimismo, el 3 de enero de 1922 fue creada la Escuela de Aerostación Naval que funcionará hasta nueva disposición en el emplazamiento actual del Parque y Escuela de Fuerte Barragan. Con ello, se oficializó una situación que se estaba dando en los hechos. Durante 1921, el Parque había recibido por donación un dirigible semirígido para exploración, un hangar, una fábrica de hidrógeno y repuestos. Esos equipos e instalaciones habían sido entregados por la Compañía de Excursiones Aéreas, entidad comercial de carácter privado constituida por capitales argentinos e italianos.

Considerando esos hechos, el citado reglamento había dado pautas para la organización de dicha escuela y el personal que debía ser asignado. El teniente de navío Julio Zurueta fue su primer director mientras que el teniente de fragata Ceferino Pouchán fue subdirector y profesor de la misma. Se fijó en ocho el número de alumnos para el curso de pilotos de aerostación y las clases se iniciaron el 15 de marzo de 1922.

En lo relativo al personal, se mantuvo la clasificación establecida por el decreto de creación de la escuela de aviación de Fuerte Barragán: pilotos aviadores navales y observadores procedentes del cuerpo de comando (cuerpo general), pilotos navales procedentes de los suboficiales y oficiales de mar de las categorías timonería y señales; y mecánicos procedentes de las categorías de máquinas o electricidad. Asimismo, se admitían otras especialidades o cuerpos que a juicio de la superioridad resultaran convenientes. Gracias a la presencia de oficiales militares debidamente capacitados, la Marina logró instruir, evaluar y conceder los títulos de pilotos a su personal, independizándose del Aero Club Argentino.

Corolario

Desde 1908, la Marina de Guerra argentina consideró el uso de la aerostación para actividades de patrullaje y exploración. No obstante, será desde 1913 que empiece a desarrollarse un proyecto destinado a la creación de su propio servicio de aviación y aerostación navales que, además de medios aéreos, debía contar con un cuerpo de aviadores y aeronautas debidamente preparados y personal capacitado para mantener constantemente el material en su máximo de eficiencia, proceder al estudio de los aparatos o a su perfeccionamiento.

En pos de ese objetivo, se procuró un conocimiento acabado de los adelantos técnicos en la materia y la especialización teórica y práctica del personal, tanto en actividades de vuelo como en la mecánica de las aeronaves.
De esas primeras experiencias se comprendió que la formación de pilotos aviadores navales debía estar exenta de cualquier tendencia deportiva y, por el contrario, debía abordarse desde el entrenamiento profesional y una rigurosa selección del personal en todas las jerarquías. Eso motivó el temprano interés de la Marina de Guerra en la instalación de una escuela de aviación, ensayada tanto en el Arsenal del Río de la Plata (1914-1915) y, posteriormente, en Fuerte Barragán (1916).

Tras la finalización de la Primera Guerra Mundial, se tornó imperiosa la implementación del componente aéreo en la Marina. El retorno del personal especializado en la nueva arma significó la consolidación del trabajo realizado en años anterioes. En 1919, fue incorporado a la orgánica mediante la creación de la División de Aviación Naval y, en 1921, se logró la consumación de esta etapa fundacional a través de la aprobación y puesta en funcionamiento del Reglamento para el Servicio Aeronáutico Naval.

Agosto 16 de 2012


Fuentes y bibliografía

Documentos editados

Decreto presidencial del 11 de febrero de 1916 sobre creación del Parque y Escuela de Aerostación y Aviación de la Armada, en Orden General 39/16, Ministerio de Marina.
Pedido de informe y proyecto de resolución de la Honorable Cámara de Diputados al Ministro de Marina, ingeniero Federico Alvarez de Toledo, del 15 de julio de 1918, sobre el Parque y Escuela Fuerte Barragán, en Diario de Sesiones de la Cámara de Diputados, año 1918, volumen 2.
Interpelación parlamentaria al Ministro de Marina, Federico Alvarez de Toledo, con motivo del cierre de la Escuela de Aviación y Aerostación en Fuerte Barragán, en Diario de Sesiones de la Cámara de Diputados, año 1918, volumen 2.
Memoria de Marina, Ministerio de Marina, 1918.
Decreto presidencial del 17 de octubre de 1919 sobre creación de la División de Aviación Naval, en Orden General 181/19, Ministerio de Marina.
Resolución ministerial sobre reconocimiento de las patentes de aviación a los tenientes Ricardo Fitz Simón, Pouchán y Zar, en Orden General 1/20, Ministerio de Marina.
Decreto presidencial del 29 de octubre de 1921 sobre creación de la Escuela de Aviación Naval, en Orden General 166/21, Ministerio de Marina.
Decreto presidencial del 30 de noviembre de 1921 aprobando la reglamentación referente a la Organización del Reglamento del Servicio Aeronáutico Naval y, provisoriamente, los reglamentos para la Escuela de Aviación Naval y para la Escuela de Aerostación Naval, en Orden General 179/21, Ministerio de Marina. Resolución del Ministerio de Marina del 22 de diciembre de 1921 sobre funcionamiento de la Escuela de Aviación Naval, Orden General 191/21. Decreto presidencial del 3 de enero de 1922 sobre creación de la Escuela de Aerostación Naval, en Orden General 3/22, Ministerio de Marina.
Decreto presidencial del 4 de enero de 1922 sobre funcionamiento de la Escuela de Aerostación Naval en el emplazamiento del Parque y Escuela Fuerte Barragán, en Orden General 4/22, Ministerio de Marina.
 

Documentos inéditos:

FRAGA, Heraclio: “Estudio sobre el servicio de Aviación Naval en nuestra Armada”, 18 de agosto de 1919. AGARA, Caja 12867.
Artículos y obras coetáneas, descriptivas y de opinión
DE LOQUI, Esteban: “Carta al Director”. En: Boletín del Centro Naval, tomo XXVI, nº 305, Buenos Aires, abril de 1909.
ESCOLA, Melchor: "Experiencias en aeroplanos en pleno vuelo", Boletín del Centro Naval, tomo 33, nº 378, julio-agosto de 1915.
“Preparando la guerra aérea”, en: Revista Alrededor del Mundo, volumen 19, números 474-500, pp. 344-345, España, 25 de noviembre de 1908.
PADILLA, Pedro: "Proyecto de empleo de globos dirigibles en la Marina Militar para el servicio de exploración". En: Boletín del Centro Naval, tomo 27, nº 308, julio-agosto de 1909.

Bibliografía

ARGUINDEGUY, Pablo: Historia de la Aviación Naval Argentina, Tomo I, Buenos Aires, Departamento de Estudios Históricos Navales, 1980
BEZZOLA, Eugenio: “Alas sobre el mar. Orígenes y Primera Guerra Mundial”. En: Boletín del Centro Naval, Tomo 115, N° 791, Enero de 1955.
BIEDMA RECALDE, Antonio: “Movimiento Nacional Pro Aeronáutica Militar”, en: Génesis de la Fuerza Aérea Argentina, 1995. Disponible en: http://www.eam.iua.edu.ar/historia.asp>. Fecha de consulta: 4 de marzo de 2012.
DESTEFANI, Laurio: “La Armada Argentina (1900-1922)”. En: Historia Marítima Argentina, Tomo IX, Buenos Aires, Departamento de Estudios Históricos Navales, 1991.
DESTEFANI, Laurio: “La Armada Argentina (1923-1950)”. En: Historia Marítima Argentina, Tomo IX, Buenos Aires, Departamento de Estudios Históricos Navales, 1991.
LIRONI, Julio V.: Génesis de la aviación argentina, 1910-1915: su historia y sus hombres, Buenos Aires, s/e, 1974.
“Reseña histórica de la Escuela de Aviación Naval”, en Boletín del Centro Naval, Tomo 115, nº 785, Enero 1955.

Referencias


2 “Carta al Director”. En: Boletín del Centro Naval, tomo XXVI, nº 305, p. 1024, Buenos Aires, abril de 1909.
3 Idem.
4 “Carta al Director”. En: Boletín del Centro Naval, tomo XXVI, nº 305, p. 1024, Buenos Aires, abril de 1909.
5 Idem
.6 PADILLA, Pedro: "Proyecto de empleo de globos dirigibles en la Marina Militar para el servicio de exploración". En: Boletín del Centro Naval, tomo 27, nº 308, p. 183, julio-agosto de 1909.
7 Heraclio FRAGA, Jefe del Parque y Escuela de Aviación y Aeoroestación Naval “Fuerte Barragán”, al Director General de Personal en su “Estudio sobre el servicio de Aviación Naval en nuestra Armada”, 18 de agosto de 1919. AGARA, Caja 12867.
8 Idem.
9 Resolución presidencial del 10 de agosto de 1912 sobre creación de la Escuela de Aviación Militar. En: Revista de legislación y jurisprudencia nacional y provincial de la República Argentina, Volumen 2, Números 7-12, año 1913.
10 Cfr. BIEDMA RECALDE, Antonio: “Movimiento Nacional Pro Aeronáutica Militar”, en: Génesis de la Fuerza Aérea Argentina, 1995. Disponible en: http://www.eam.iua.edu.ar/historia.asp>. Fecha de consulta: 4 de marzo de 2012.
11 Contralmirante Juan Pablo Sáenz Valiente, Ministro de Marina, al capitàn de navìo Juliàn Irizar, Jefe de la Comisiòn Naval en Europa, 13 de enero de 1914. Libro de Partes de la Comisiòn Naval en Europa, AGARA, Caja 10629.
12 Idem.
13 Cfr. Contralmirante Juan Pablo Sáenz Valiente, Ministro de Marina, al capitàn de navìo Juliàn Irizar, Jefe de la Comisiòn Naval en Europa, 14 de junio de 1914. Libro de Partes de la Comisiòn Naval en Europa, AGARA, Caja 10629.
14 ESCOLA, Melchor: "Experiencias en aeroplanos en pleno vuelo". En: Boletín del Centro Naval, tomo 33, nº 378, p. 182, pp. 182-221, Julio-Agosto de 1915.
15 Idem.
16 Resolución del ministro de Marina, contralmirante Juan P. Sáenz Valiente, 19 de abril de 1915, en Orden General 90/915 del Ministerio de Marina.
17 Idem.
18 ESCOLA, M.: Op. cit., p. 184.
19 ESCOLA, M.: Op. cit., p. 183. 20 Decreto presidencial del 11 de febrero de 1916 sobre creación del Parque y Escuela de Aerostación y Aviación de la Armada, en Orden General 39/16, Ministerio de Marina.
21 ESCOLA, M.: Op. cit., p. 183. 22 Decreto presidencial del 11 de febrero de 1916 sobre creación del Parque y Escuela de Aerostación y Aviación de la Armada, en Orden General 39/16, Ministerio de Marina.
23
24 Cfr. Interpelación parlamentaria al Ministro de Marina, Federico Alvarez de Toledo, con motivo del cierre de la Escuela de Aviación y Aerostación en Fuerte Barragán, en Diario de Sesiones de la Cámara de Diputados, año 1918, volumen
5 Idem. 26 Pedido de informe y proyecto de resolución de la Honorable Cámara de Diputados al Ministro de Marina, ingeniero Federico Alvarez de Toledo, del 15 de julio de 1918, sobre el Parque y Escuela Fuerte Barragán, en Diario de Sesiones de la Cámara de Diputados, año 1918, volumen 2.
27 Memoria del Ministerio de Marina, ejercicio del año 1918.
28 Heraclio FRAGA, Jefe del Parque y Escuela de Aviación y Aeoroestación Naval “Fuerte Barragán”, al Director General de Personal en su “Estudio sobre el servicio de Aviación Naval en nuestra Armada”, 18 de agosto de 1919. AGARA, Caja 12867.

lunes, 25 de mayo de 2026

Segunda Guerra Ítalo-Abisinia

La bárbara destrucción de Etiopía por la Italia fascista



Fuerza aérea italiana sobre Etiopía


Alexander Samsonov || Top War


Nuevo Imperio Romano

La idea de revivir el Imperio Romano obsesionaba a Benito Mussolini, convirtiéndose en el fundamento de su política exterior. La idea era atractiva y gozaba de popularidad entre los italianos (la Gran Italia de Mussolini).

Pero, ¿cómo se puede llevar a la práctica? Hubo un tiempo en que las legiones romanas, apoyándose en la poderosa base industrial de Roma, dominaron vastas extensiones de Europa, Asia y África. Sin embargo, en las décadas de 1920 y 1930, Italia era demasiado débil para competir con las principales potencias occidentales en poderío militar y económico, y no podía exigir nada desde una posición de fuerza. El mundo llevaba mucho tiempo dividido y redistribuido.

Durante la carrera colonial, los italianos se apoderaron de Eritrea y parte de Somalia en la década de 1880. Entre 1895 y 1896, libraron una guerra de saqueo contra Etiopía, pero sufrieron una derrota. El Negus Negesti (Rey de Reyes) de Abisinia, Menelik II, logró establecer una alianza con el Imperio ruso. Los rusos enviaron armamento moderno (cañones, fusiles) y llegó un destacamento de asesores voluntarios (cosacos, artilleros). Los italianos fueron completamente derrotados.

Italia, tras pagar una indemnización, reconoció la independencia de Abisinia-Etiopía e incluso cedió parte de Eritrea. Por primera vez en la historia moderna, una potencia europea pagó una indemnización a un país africano. Durante mucho tiempo, a los representantes de la Italia oficial se les llamó despectivamente «tributarios de Menelik» (emperador de Abisinia).

Roma se apoderó de Libia, arrebatándosela al decadente Imperio Otomano, entre 1911 y 1912. Tras la Primera Guerra Mundial, Italia recibió el Tirol del Sur y parte de Istria (parte del caído Imperio Austrohúngaro), aunque reclamaba territorios más importantes.

El régimen fascista de Mussolini aspiraba a dominar los Balcanes occidentales, deseando Albania y Grecia, así como parte de Yugoslavia. Sin embargo, antes del colapso del sistema de seguridad común en Europa (bajo los embates del Reich de Hitler), Roma no tuvo una oportunidad real de expandirse en los Balcanes.


Etiopía

Por lo tanto, Roma volvió a centrar su atención en Abisinia, que seguía siendo prácticamente el único estado independiente de África. Liberia también se encontraba en África Occidental, pero estaba bajo la tutela informal de Estados Unidos y patrocinada por este país.

Etiopía tenía una ubicación estratégica para la invasión: entre las posesiones italianas de Somalia y Eritrea (África Oriental Italiana). Si se conquistaba, sería posible unificar la mayor parte de África Oriental. Más allá, Sudán, Egipto, Yemen y Omán podrían ser reclamados.

En otras palabras, Italia estaba dando un paso importante hacia la creación de un Gran Imperio Romano, expulsando a los británicos del noreste de África y estableciendo el control sobre el Mediterráneo y las vitales rutas comerciales y económicas que conectaban Europa con Asia.

Parecía el momento oportuno para vengarse y borrar la vergüenza de la derrota anterior. Es cierto que Etiopía era miembro de la Sociedad de Naciones, al igual que Italia. Pero los acontecimientos en China y Europa demostraron que la tendencia a "apaciguar al agresor" estaba ahora en boga.

Tras el fracaso del primer intento de anexión de Austria, en el que la postura de Mussolini desempeñó un papel fundamental, Hitler comprendió que debía negociar con Roma sobre este asunto. Por lo tanto, Alemania apoyó a Italia en la cuestión etíope. Inglaterra y Francia mantenían sus propias posiciones, pero era evidente que también se podía llegar a un acuerdo con ellas.

Así, a principios de 1935, el ministro de Asuntos Exteriores y primer ministro francés, Pierre Laval, llegó a Roma y mantuvo conversaciones con Mussolini. Se firmaron una declaración sobre cooperación franco-italiana y un convenio sobre el respeto mutuo a la integridad territorial de los estados de Europa Central. Este convenio se refería principalmente a Austria.


Reunión entre Benito Mussolini y Pierre Laval sobre los términos del Pacto de Roma en presencia de asesores, 1935.

En esencia, se firmó el Pacto de Roma, que delimitaba las esferas de influencia en África. Los italianos renunciaron a sus pretensiones sobre territorios tunecinos y no reclamaron otras colonias francesas en África. Francia cedió un territorio en disputa de 114.000 kilómetros cuadrados en la frontera entre Libia y Chad (la Franja de Aouzou), una pequeña porción de Somalia francesa (800 kilómetros cuadrados) con la isla de Doumeira, incluyendo una franja de 22 kilómetros cerca del estratégico estrecho de Bab el-Mandeb. De este modo, Italia obtuvo la oportunidad de establecer una base naval en la confluencia del Mar Rojo y el Océano Índico, lo que amenazaba los intereses británicos.

Los italianos también recibieron una participación del 20% en el ferrocarril Yibuti (puerto francés) - Addis Abeba. Ahora podían utilizar el ferrocarril francés para abastecer a su ejército en África Oriental. En esencia, París renunció a sus derechos económicos en Abisinia, otorgando al régimen de Mussolini vía libre en Etiopía.

París y Roma intercambiaron misiones navales y aéreas. Se celebraron reuniones entre los jefes del Estado Mayor de Francia, Gamelin, e Italia, Badoglio. La prensa francesa de derecha apoyó activamente los planes de Italia en África. Roma patrocinó activamente a la prensa francesa y a organizaciones locales de extrema derecha.

Un mapa que muestra el África Oriental Italiana con los límites provinciales en 1936.

Preparándose para la agresión


El acuerdo con Francia liberó a Italia de su responsabilidad. Mussolini decidió ir a la guerra. Transportes italianos llevaron unidades regulares y subdivisiones de la milicia fascista, los Camisas Negras, a África Oriental. Se movilizaron tribus locales sometidas. Se reunieron dos grupos de ataque en Eritrea y Somalia, con un total de 250.000 bayonetas y sables, 700 piezas de artillería, 7.000 ametralladoras, 150 vehículos blindados y tanquetas, y 150 aeronaves. Con las reservas, Italia podía desplegar hasta 400.000 soldados ( Fuerzas Armadas Italianas al Comienzo de la Invasión de Etiopía ). El Frente Sur en Somalia estaba al mando de Rodolfo Graziani, mientras que las fuerzas principales (cuatro cuerpos) estaban estacionadas en Eritrea: el Frente Norte bajo el mando de Emilio de Bono (pronto reemplazado por Pietro Badoglio).


Los residentes locales observan cómo un tanque ligero Fiat-Ansaldo CV33 italiano y un vehículo blindado Ansaldo IZ de Lancia cruzan un obstáculo de agua.



artilleros italianos

Se produjeron escaramuzas en la frontera. Esto alarmó al gobierno etíope, que solicitó a la Sociedad de Naciones que tomara medidas contra Italia de conformidad con el artículo 16 de la Carta. El rey etíope Haile Selassie I apeló a la comunidad internacional de la época en busca de aliados, pero fue en vano. En la Sociedad de Naciones, Addis Abeba solo recibió el apoyo de la Unión Soviética. Moscú propuso medidas decisivas para frenar al agresor, pero la URSS se negó. Para entonces, Francia y Gran Bretaña habían acordado una línea unificada. Londres apoyó el Pacto Laval-Mussolini de Roma.


El emperador etíope Haile Selassie I en la portada de la revista Time en 1930.

Fue un capítulo insólito de la historia, cuando Gran Bretaña, en nombre de la política de apaciguamiento, sucumbió a sus propios intereses estratégicos. Al fin y al cabo, el fortalecimiento de Italia a expensas de Etiopía y la expansión del África Oriental Italiana amenazaban los intereses militares y estratégicos del Imperio Británico, sus líneas de comunicación en África y sus conexiones entre Europa, India y Asia.

En esencia, todo ello formaba parte de un único proyecto global. Londres y Washington estaban orquestando una nueva guerra mundial. Con este fin, creaban tres focos de conflicto, auténticos arietes, destinados a destruir el anterior Tratado de Versalles: Japón en Asia, Italia en el Mediterráneo y África, y Alemania en Europa y Rusia. Para ello, recurrieron a la diplomacia secreta, la financiación (préstamos para armas), una política de apaciguamiento del agresor, haciendo la vista gorda ante las guerras locales y el fortalecimiento de los países agresores, etc.

En septiembre de 1935, la Sociedad de Naciones creó un Comité de los Cinco para encontrar una solución pacífica al conflicto ítalo-etíope. La principal contribución provino de París, Londres y Roma. En base a esto, Addis Abeba tuvo que hacer concesiones territoriales. El gobierno de Haile Selassie intentó evitar la guerra y estaba dispuesto a hacer concesiones. Las tropas etíopes se retiraron de la frontera hacia el interior del país. Pero Mussolini ya había decidido ir a la guerra.


Ante el desarrollo de la situación, Haile Selassie declaró la movilización general, planeando reunir hasta 800.000 soldados (de hecho, se reunieron hasta 500.000). Sin embargo, no se trataba de un ejército, sino principalmente de milicias tribales. Estaban armadas con hasta 400 fusiles y escopetas, en su mayoría obsoletas, entre 200 y 300 ametralladoras de diversos tipos con munición limitada, unos 250 cañones y cañones antiaéreos antiguos, varias tanquetas ligeras y aeronaves obsoletas (utilizadas para comunicaciones).

Muchos soldados estaban armados como en la Edad Media: con arcos, lanzas y cuchillos (El ejército etíope al estallar las hostilidades). Vestían camisas y pantalones de algodón blanco como uniformes; el blanco era muy fácil de usar como blanco. Casi no había soldados entrenados, excepto la guardia imperial (unos pocos miles).



guerreros abisinios


Guardias Imperiales

Invasión

El 3 de octubre de 1935, sin pretexto ni declaración de guerra, los italianos lanzaron una invasión desde varias direcciones (Batalla de Abisinia; Parte 2). El 7 de octubre, la Sociedad de Naciones reconoció finalmente a Roma como agresora. Tras un mes y medio de debate, se impusieron sanciones económicas, a las que se adhirieron 51 países. Sin embargo, se tomaron pocas medidas. En particular, Suecia prohibió el suministro de municiones y suspendió el comercio con Italia.


Ametrallador etíope


Infantería italiana en Etiopía

En general, Italia siguió recibiendo los recursos que eran la "sangre de la guerra": ¡petróleo, carbón y metales! Estados Unidos, Alemania, Austria y Hungría no se sumaron a las sanciones y abastecieron a Italia con todo lo que necesitaba. Francia y Gran Bretaña bloquearon las verdaderas "sanciones petroleras" en la Sociedad de Naciones. Gran Bretaña

no bloqueó el Canal de Suez, que era la principal ruta de suministro y reabastecimiento para el ejército italiano en África Oriental. De lo contrario, los soldados y los suministros habrían tenido que ser transportados por todo África. En otras palabras, solo una postura firme británica podría haber congelado la guerra.

La postura de Estados Unidos fue bastante característica. El Congreso estadounidense aprobó la Ley de Neutralidad, que prohibía el suministro de armas a los estados en guerra. Sin embargo, esta ley no afectó al agresor —Italia, que tenía sus propias instalaciones de producción militar y proveedores de materias primas— sino a Abisinia, que necesitaba armas, municiones y más municiones. Al mismo tiempo, los estadounidenses continuaron suministrando a Italia materiales estratégicos: petróleo, hierro y acero, algodón, maquinaria y equipo, etc.

Poco después del inicio de la guerra, el comercio entre Estados Unidos e Italia se multiplicó. En particular, las exportaciones de petróleo de Estados Unidos a Italia, que necesitaba el "oro negro", aumentaron un 140% en 1935 en comparación con 1934. Y las importaciones de petróleo y productos derivados del petróleo a las colonias italianas en África se multiplicaron por decenas.

De este modo, Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia facilitaron la agresión italiana, aunque podrían haberla detenido mediante medidas diplomáticas y económicas.

El secretario de Estado estadounidense, Cordell Hull (1933-1944), admitió que "si se hubieran aplicado sanciones totales, Mussolini habría sido detenido de inmediato".

Gran Bretaña y Francia actuaron como "pacificadores" y propusieron un plan de solución. Se suponía que Addis Abeba cedería parte del país (toda la provincia de Ogaden y las zonas orientales de las provincias de Tigray y Harar), otorgaría a los italianos derechos económicos exclusivos y aceptaría asesores italianos en el gobierno. En esencia, Etiopía se convertiría en una semicolonia de Italia. Naturalmente, el gobierno etíope se negó.

La situación era crítica para los etíopes en el frente. Las unidades regulares italianas simplemente acribillaban a multitudes de valientes, pero desorganizados y mal armados soldados etíopes. La calidad del mando era pésima, y ​​cada comandante y líder intentaba controlar la situación. En consecuencia, las pérdidas del ejército etíope fueron terribles: aproximadamente 300.000 hombres murieron y otros 500.000 murieron de hambre y fueron exterminados en campos de concentración. Fue un exterminio total. Para mayo de 1936, las pérdidas del ejército italiano ascendían a aproximadamente 55.000 muertos y heridos.

Los italianos solo lograron la ventaja gracias a su superioridad técnico-militar y al aislamiento de Etiopía. El ejército se enzarzó en disputas con los Camisas Negras, quienes se consideraban la élite. La disciplina y el orden dentro del propio ejército italiano eran deficientes, como demostrarían posteriormente las guerras con Grecia y Gran Bretaña. Los suministros eran pésimos. Los intendentes robaban. Los soldados vivían del saqueo. Auténticos mercados de botín florecieron dentro de las unidades. Los "descendientes de los romanos" carecían de fortaleza y valentía. Cuando los comandantes etíopes lograron organizar una serie de contraataques, los italianos no pudieron resistir la embestida y huyeron presas del pánico, abandonando ciudades, equipos y armas capturadas.


Un sacerdote cristiano bendice a soldados abisinios que parten hacia el frente desde la ciudad de Harar, el 16 de noviembre de 1935.

Mussolini estaba nervioso porque la guerra se prolongaba. ¡Al fin y al cabo, era su guerra personal! Destituyó al mariscal Bono y nombró al más dócil Badoglio. Ordenó la abolición de la Convención de Ginebra, lo que permitió el uso de armas químicas prohibidas. Aviones italianos rociaron gas mostaza y fosgeno sobre ciudades, carreteras y concentraciones de tropas. La artillería disparó proyectiles químicos. Estas armas fueron efectivas contra las milicias tribales, aterrorizando a la población local. Decenas de miles de lugareños murieron como consecuencia del uso de armas químicas.



Camisas negras en Makale, Etiopía

Ocupación

Los italianos lograron penetrar profundamente en el país, desmembrando al ejército enemigo. A finales de marzo de 1936, los italianos derrotaron al último grupo importante. Al principio, los etíopes incluso contraatacaron con éxito. Pero luego, con la ayuda de tanques, artillería y aviones, la guardia imperial fue prácticamente destruida.

El 5 de mayo de 1936, los italianos entraron en Addis Abeba, y el 7 de mayo, Italia anexó Etiopía. El 9 de mayo, el rey italiano Víctor Manuel III fue proclamado emperador de Etiopía. El 1 de junio de 1936, Etiopía, Eritrea y la Somalia italiana se unieron como la colonia del África Oriental Italiana.

Haile Selassie lanzó un llamamiento desesperado:

¿Acaso los pueblos del mundo no comprenden que, al luchar hasta el final, no solo cumplo con un deber sagrado para con el pueblo, sino que también custodio la última fortaleza de la seguridad colectiva?... Si no acuden, entonces diré proféticamente y sin amargura: Occidente perecerá.

Los llamamientos de Selassie a la "comunidad mundial" fueron en vano. Gran Bretaña y Francia mantuvieron su postura. Declararon que, tras la caída de Addis Abeba, Italia solo podría ser detenida mediante sanciones militares, lo que amenazaba con una guerra europea. El 4 de julio de 1936, la Sociedad de Naciones levantó las sanciones contra Italia. Etiopía había sido sacrificada al fascismo italiano.

Moscú comentó que la Sociedad de Naciones no había garantizado la integridad territorial ni la independencia política de uno de sus miembros, y que solo podía expresar una "simpatía platónica".

El valiente emperador y sus soldados no se rindieron. Había comenzado una guerra popular. Los italianos consolidaron su dominio mediante la construcción de campos de concentración, donde miles de personas fueron asesinadas. Las aldeas consideradas hostiles fueron incendiadas. Sus habitantes ni siquiera fueron llevados a los campos; fueron exterminados en el acto. Los Camisas Negras fascistas y los soldados nativos italianos fueron particularmente feroces (esto no ha cambiado hasta el día de hoy; se producen enfrentamientos intertribales, con aldeas completamente masacradas).

La población huyó, refugiándose en las montañas, los bosques y las colonias vecinas. Recurrieron a la guerra de guerrillas. La economía colapsó y la hambruna se apoderó del

país. Los italianos controlaban menos de la mitad del territorio. La guerra de guerrillas continuó hasta la liberación del país en 1941. Mussolini creía que su triunfo duraría para siempre. Pero en enero de 1941, las tropas británicas lanzaron una ofensiva desde Kenia, Somalia y Sudán. Los italianos fueron rápidamente derrotados y, en abril, las tropas etíopes recapturaron su capital.


El bombardero medio italiano Savoia-Marchetti SM.81 entró en servicio en la primavera de 1935. Su primer uso en combate tuvo lugar en Etiopía en diciembre de 1935.

lunes, 6 de abril de 2026

Caza con torreta: El Proyecto P92 de Boulton Paul y el F11/37

Proyecto Boulton Paul P92 y el F11/37 


La historia del sucesor con cañones del caza de torreta Defiant. 


Revisado en marzo de 2023 con información proporcionada por Les Whitehouse. 


El proyecto P92 de Boulton Paul, en su versión final, con una torreta revisada y ametralladoras adicionales. El diseño era sustancialmente diferente al de la oferta inicial. Representa la versión con motor Sabre y escapes sumergidos. A este prototipo se le asignó el número de serie V9258.








En la década de 1930, existían diversas ideas contradictorias sobre cómo sería la guerra aérea del futuro. La Real Fuerza Aérea Británica favorecía el bombardeo estratégico mediante formaciones autodefensivas de bombarderos sin escolta durante el día y bombarderos solitarios durante la noche. Era natural que la RAF priorizara los cazas que se desempeñaran mejor contra los tipos de bombarderos que utilizaba (o esperaba desplegar)¹. Se creía improbable que los bombarderos alemanes fueran escoltados por cazas, y mucho menos por ágiles cazas monomotores (eso implicaría el colapso de las defensas francesas de la Línea Maginot y los fuertes fronterizos belgas, algo políticamente impensable en aquel entonces). Atacar la potencia de fuego defensiva concentrada de una formación de bombarderos diurna se consideraba un suicidio para cazas individuales o pequeños, por lo que la RAF adoptó los complejos "Planes de Ataque de Cazas", una serie de ataques rigurosamente ensayados y planificados, llevados a cabo por escuadrones o vuelos compactos en formación². Se esperaba que esto dividiera el fuego defensivo de los bombarderos. Para apoyar el ataque de las formaciones de cazas monoplaza con ocho ametralladoras cada una (Hurricanes y Spitfires), otro tipo de caza atacaría la formación de bombarderos desde abajo o por los laterales, para dividir aún más el fuego defensivo del bombardero. Los ataques desde abajo se realizarían mediante el método de "apuntado sin margen de error", un método algo contraintuitivo, pero ampliamente probado, para disparar con mayor precisión a mayores distancias. Esta función sería realizada por escuadrones o escuadrones de cazas biplaza Boulton Paul Defiant, que montaban su armamento de cuatro ametralladoras en una torreta giratoria. Cabe destacar que el Ministerio del Aire había considerado inicialmente que se requeriría un diseño bimotor para montar una torreta y mantener el rendimiento necesario para interceptar bombarderos enemigos, y había contratado a la compañía Gloster Aircraft para construir un prototipo según la especificación F34/35. Sin embargo, el proyecto Gloster se canceló cuando el Defiant prometió proporcionar el rendimiento requerido con un solo motor.


Un caza de torreta Boulton Paul Defiant, volando sobre el embalse de Belvide y la calle Watling A5, no lejos de la fábrica y el aeródromo de Boulton Paul en Pendeford .

Los desarrollos del Spitfire y el Hurricane se iniciaron con las especificaciones del Ministerio del Aire emitidas en 1934, mientras que el del Defiant se inició con una especificación emitida al año siguiente (1935). Sin embargo, al Ministerio del Aire le preocupaba que las ametralladoras no pudieran derribar los rápidos bombarderos totalmente metálicos que se esperaba su próxima aparición. Por lo tanto, en 1935 se emitió otra especificación para un caza armado con cuatro cañones de 20 mm. Inicialmente, se pretendía que fuera un modelo monomotor. Boulton Paul diseñó su caza monomotor P88 con cuatro cañones en las alas para cumplir con la especificación y, durante un tiempo, fue el favorito para la selección. Sin embargo, el Ministerio del Aire centró su apoyo en el caza bimotor Westland Whirlwind con cañón . Habiendo iniciado el desarrollo de un caza con armamento de cañón de disparo frontal, era natural que el Ministerio del Aire considerara otro diseño con los cañones montados en una torreta para complementarlo.


Especificación F18/36 y Boulton Paul P89.


Se sabe poco sobre la especificación F18/36 del Ministerio del Aire, salvo que se trataba de un caza biplaza, lo que lógicamente habría significado algún tipo de caza de torreta, probablemente con cañones. La especificación parece haber sido abandonada después de que el Ministerio del Aire consultara con varias compañías aeronáuticas. Todas las compañías aeronáuticas británicas tenían dificultades para producir los modelos de aeronaves ya encargados y tenían poca capacidad para nuevos diseños. Lo que sí se sabe es que, precisamente en este período, Boulton Paul trabajó en un proyecto llamado P89, un caza bimotor de torreta, propulsado por dos motores Rolls Royce Kestrel XVI. Contaba con una torreta "conforme" poco profunda, para la cual Boulton Paul solicitó una patente. Solo se conserva parte de un diagrama, pero el P89 parece tener todas las características que caracterizarían al posterior P92, pero en un fuselaje más pequeño. No está claro si la torreta albergaría ametralladoras o cañones, ni cuántos.

La competencia de Gloster: Especificación F9/37

Recordarán que Gloster había estado trabajando en un diseño bimotor con torreta para la Especificación F34/35 del Ministerio del Aire, que fue cancelado debido a la promesa del Boulton Paul Defiant. Gloster continuó trabajando en el diseño y produjo el boceto de una aeronave que tendría dos cañones montados en el fuselaje y una torreta con ametralladoras. Gloster era una de las pocas compañías de aviación británicas con capacidad disponible en su departamento de diseño; aunque ya formaba parte del grupo Hawker-Siddeley, había logrado mantener su propia oficina de diseño a pesar de la pérdida de su diseñador principal, Henry Folland. El Ministerio del Aire redactó una especificación detallada (F9/37) en torno al diseño de Gloster y le adjudicó un contrato de inmediato. El primero de los dos prototipos voló en abril de 1939. Con un diseño limpio y aerodinámico, propulsado por dos motores radiales Bristol Taurus, presentaba un fuselaje ligeramente abombado para alojar una torreta, presumiblemente una Boulton Paul Tipo "A" con ametralladoras, similar a la del Defiant. Tenía espacio para dos cañones en el morro, que disparaban hacia arriba en un ángulo de 12 grados sin margen de maniobra. El primer prototipo nunca llegó a equiparse con torreta ni cañones, ya que sufrió graves daños en un aterrizaje accidental. Un segundo prototipo, propulsado por motores Rolls-Royce Peregrine, le confería un rendimiento ligeramente inferior. Este segundo prototipo sí contaba con armamento, pero no en una torreta. En su lugar, se instalaron tres cañones de 20 mm que disparaban hacia arriba, en el fuselaje donde originalmente se había previsto la torreta. Junto con los dos cañones de disparo ascendente en el morro, esto le dio al caza F9/37 de Gloster un formidable armamento de cinco cañones de disparo ascendente. Sin embargo, el Ministerio del Aire parece haber considerado al Gloster F9/37 solo como una solución provisional para un avión mucho más ambicioso y de mejor rendimiento.


Esta imagen del Gloster F9/37 muestra el fuselaje abombado detrás de la cabina delantera, diseñado para alojar una torreta. En cambio, el segundo prototipo estaba equipado con cañones de disparo ascendente en el espacio originalmente previsto para la torreta. El primero de los dos prototipos, con motores Taurus, alcanzó una notable velocidad máxima de 563 km/h (350 mph). El segundo prototipo, con motores Peregrine de menor potencia, solo alcanzaba los 531 km/h (330 mph). El F9/37 original del Ministerio del Aire solo preveía una velocidad superior a 483 km/h (300 mph).

F11/37, un nuevo nivel de rendimiento y armamento.

Imagen basada en la presentación inicial del proyecto P92 por parte de Boulton Paul al Ministerio del Aire. Las pruebas y mejoras en el túnel de viento dieron lugar a cambios sustanciales.




Al mismo tiempo que se adjudicaba el contrato F9/37 a Gloster, el Ministerio del Aire emitió una especificación mucho más pionera (F11/37) que exigía un rendimiento sin precedentes: una velocidad máxima superior a 600 km/h y un techo de servicio de no menos de 10.660 metros. La autonomía para una misión típica de interceptor debía ser de unas dos horas, con un período ligeramente superior para patrullas a menor velocidad. Más importante aún, el armamento consistiría en cuatro cañones de 20 mm en una torreta giratoria con 60 cartuchos de munición de cinta por cañón. Poco después, se emitió una enmienda que establecía que el cañón de cinta no estaría disponible y que la torreta debía diseñarse para utilizar los cañones Hispano de 20 mm con cargadores de tambor. No se especificó ningún tipo de motor en particular, salvo que debía ser un motor británico "de última generación". La especificación dio lugar a licitaciones de numerosas empresas. Junto con la propuesta del P92 de Boulton Paul, se presentaron proyectos de Hawker, Bristols (que presentó dos diseños diferentes) y Armstrong Whitworth. Además, Avro, Fairey y Short Bros. trabajaron en diseños para el F11/37, pero no parecieron haberlos licitado oficialmente. Las especificaciones no especificaban que la torreta debía tener un giro completo; los diseños de Bristol y Armstrong Whitworth incluían torretas que operaban solo en el hemisferio delantero, ideales para ataques sin margen de maniobra, pero inadecuadas para andanadas laterales o para defenderse de un ataque por la retaguardia.

El diseño de Armstrong Whitworth para la especificación F11/37 del Ministerio del Aire estaba propulsado por dos motores Merlin en configuración de propulsión. Su armamento, compuesto por cuatro cañones de 20 mm, se alojaba en una torreta que solo podía girar alrededor del hemisferio delantero. Los cañones no se podían presionar lo suficiente para disparar horizontalmente, lo que indicaba claramente que estaba destinado a ser utilizado en ataques sin permiso. 

El avión auxiliar Bristol, según la especificación F11/37, se presentó en dos versiones. La primera contaba con un par de motores Hercules y una segunda versión "a mayor escala" con dos de los motores Centaurus, de mayor tamaño. Ambas contaban con una torreta con cuatro cañones de 20 mm que solo podían operarse en el hemisferio delantero. El diseño era similar al del
Grumman XF5F Skyrocket, aunque mucho más grande. El Boulton Paul P92. Este dibujo muestra el esquema planificado al final del proyecto, con motores Napier Sabre con cañones de disparo frontal que disparaban a través de los ejes de las hélices y ametralladoras adicionales en la torreta. La torreta tenía una depresión para mejorar la visibilidad del artillero. El fuselaje era más angular y la parte trasera presentaba una ligera inclinación hacia arriba.





De nuevo, el Ministerio del Aire estaba construyendo un conjunto complementario de aviones de combate para derrotar a las formaciones de bombarderos que se aproximaban, las cuales en el futuro podrían ser defendidas por armamento de cañón y, por lo tanto, necesitaban cazas equipados con cañones para derrotarlas. El mismo año en que se publicó la especificación F11/37, otra especificación (F18/37) exigía un caza monomotor con un armamento frontal de cuatro cañones de 20 mm, lo que daría lugar al Hawker Typhoon. Así, la combinación Hurricane/Spitfire y Defiant, armada con ametralladoras, sería reemplazada por la combinación F11/37-Typhoon, armada con cañones.

La respuesta de Boulton Paul, diseñada por J. D. North y H. A. Hughes, fue el P92. Contaba con la torreta "conformal" de baja resistencia aerodinámica, similar a un platillo, desarrollada inicialmente para el diseño abortado del P89. Esta albergaba cuatro cañones Hispano de 20 mm en ranuras y tenía un giro completo. La cabeza del artillero sobresalía dentro de una pequeña ampolla de plexiglás situada ligeramente por detrás del centro de la torreta. Boulton Paul le asignó a la torreta la designación "Tipo L". Los motores serían Rolls Royce Vulture o Napier Sabre. El piloto se sentaba en el morro con una excelente visibilidad hacia adelante, pero la visión lateral quedaba algo bloqueada por los motores (los motores Sabre habrían sobresalido un poco más hacia adelante y bloqueado más la vista que la instalación del motor Vulture). El piloto y el artillero contaban con escotillas separadas en el suelo para saltar en caso de emergencia; el artillero también podía deshacerse de su ampolla y escapar por allí. El asiento del piloto podía inclinarse hacia atrás y liberar automáticamente la escotilla inferior para que pudiera deslizarse de cabeza fuera del avión. Esta configuración para el piloto ha sido objeto de burlas en internet, pero era en muchos aspectos superior al método del Beaufighter y el Mosquito. Boulton Paul construyó un equipo para probar el principio, que fue probado por el propio diseñador JD North. Aunque el sistema funcionó a la perfección, la colchoneta que debería haber amortiguado la caída de North se retiró accidentalmente, ¡y después le quedó un poco de dolor de cabeza! No obstante, el mecanismo de escape se consideró un éxito. El piloto también habría contado con paneles extensibles en la cubierta para escapar del avión en caso de un aterrizaje forzoso o amerizaje forzoso, al igual que en el Beaufighter y el Mosquito.

El mito del P92 "Navigator".

Muchos artículos afirman que el P92 fue diseñado para llevar un navegador detrás del piloto. Ninguno de los diagramas o descripciones del diseño de Boulton Paul que se conservan muestra ninguna disposición para un navegador. De hecho, había un espacio detrás del piloto que parecía adecuado para alojar a otro tripulante, pero era en ese espacio donde se desplazaba el asiento deslizante trasero del piloto para un despegue de emergencia. El mito surgió en 1943 cuando la revista "Flight" publicó un artículo que insinuaba el proyecto secreto del P92, aparentemente basado en rumores de que se utilizaría como caza de escolta para misiones sobre Europa, con un alcance asombroso de 3200 kilómetros, y que, por lo tanto, requeriría un navegador. El artículo dio lugar a al menos una impresión artística que mostraba una cubierta extendida detrás del piloto para alojar a un navegador. Desde entonces, esto ha generado descripciones bastante variadas del P92, desde su descripción en el libro de Putnam sobre aeronaves Boulton Paul hasta vídeos sobre el P92 en internet.

El artículo podría incluso haber sido una desinformación deliberada para desviar recursos alemanes hacia la protección contra los bombardeos de la USAAF o la RAF escoltados por tales aeronaves. También resulta curioso que, aproximadamente en la época de su publicación, tras dos años de inactividad en Boulton Paul, el prototipo del P92/2 fuera enviado a la A&AEE en Boscombe Down para su evaluación. Sería prudente que los servicios de inteligencia británicos asumieran que cualquier espía alemán que operara en el Reino Unido mantendría bajo vigilancia el aeródromo de Boscombe Down y, por lo tanto, observaría el vuelo del P92/2, lo que daría credibilidad al rumor de que un caza de torreta se estaba preparando para el servicio. Existen otros ejemplos de este tipo de subterfugio; por ejemplo, un B29 Superfortress fue trasladado a Gran Bretaña y fotografiado extensamente para dar la impresión de que se iban a utilizar B29 contra Alemania.

La historia del "navegador" de largo alcance fue ignorada en los libros de Tony Buttler que mencionan el P92 y desmentida a fondo en el libro de Les Whitehouse sobre Bouton Paul (véanse las fuentes más adelante).

Si el P92 hubiera entrado en servicio como caza nocturno, habría necesitado un operador de radar (el morro del P92 habría sido ideal para albergar un radar centimétrico como el del Mosquito). Habría sido lógico colocar a un tercer tripulante más atrás en el fuselaje principal, donde podrían compartir la escotilla en el suelo que usaba el artillero.

El Ministerio del Aire se decantó rápidamente por el P92 como la mejor opción para el F11/37. Una de las razones fue que la torreta también sería adecuada para armar a la próxima generación de bombarderos británicos, que el Ministerio del Aire esperaba que contaran con armamento de cañones para su defensa. Los trabajos en este proyecto se desarrollaban a finales de la década de 1930 y se plasmarían en la especificación B1/39 del Ministerio del Aire para un bombardero que reemplazara a todos los bombarderos pesados y medianos en uso o pedidos. El favorito para esta licitación fue el Bristol Tipo 159 "Beaubomber". Aunque presentaba el diseño propio de Bristol de torretas de cuatro cañones para las posiciones dorsal y ventral, la torreta dorsal parecía casi idéntica a la del caza P92 de Boulton Paul y habría sido intercambiable (Boulton Paul asignó la designación "Tipo M" a las torretas modificadas para el Beaubomber). La Especificación R5/39 del Ministerio del Aire para un hidroavión cuatrimotor que complementara o reemplazara al Short Sunderland se revisó en abril de 1939 para especificar una torreta de cuatro cañones en posición dorsal. Los planos de todos los diseños presentados muestran torretas que parecen ser del diseño Boulton Paul Tipo M (el Short R5/39, el Supermarine 328, el Blackburn B32 y los Saro S38 y S39).

¿Bombas?

Uno de los aspectos más peculiares del diseño del P92 era la necesidad de un pequeño compartimento de bombas en el fuselaje. Se ha informado erróneamente que este estaba diseñado para albergar una sola bomba de 113 kg, lanzada sobre formaciones de bombarderos enemigos para intentar impactar a uno de ellos. Esta táctica es, con razón, ridiculizada. Tanto alemanes como japoneses intentaron usar este método contra los bombarderos aliados, con malos resultados. El as alemán Heinz Knoke , quien propuso la táctica a la Luftwaffe, logró derribar un bombardero B17 en su primer intento, pero los alemanes abandonaron el método rápidamente debido a la falta de éxito posterior y al peso de la bomba, que facilitaba la interceptación de sus cazas por parte de los cazas de escolta estadounidenses. De hecho, en la década de 1930, los británicos habían investigado a fondo este método de ataque a los bombarderos enemigos, ya que era una de las teorías favoritas de Frederick Lindemann (posteriormente vizconde Cherwell), quien ocupaba un puesto influyente en el Comité para el Estudio de la Defensa Aérea. Desde 1937 hasta 1938, el Establecimiento Experimental de Aeronaves y Armamento (A&AEE) realizó experimentos con lo que denominaron "bombas de dispersión". La especificación del F.11/37 se elaboró durante estos experimentos, y los planos de Boulton Paul muestran que el compartimento de bombas del P92 albergaba no una sola bomba, sino un "contenedor de bombas pequeñas" (SBC), esencialmente una gran caja que contenía varias de estas bombas. Se utilizaron durante toda la guerra, generalmente para lanzar bombas incendiarias. Sin embargo, también se emplearon para las pruebas de las minibombas Lindemann. Los experimentos demostraron que la probabilidad de que una de estas minibombas impactara en un bombardero era insignificante, mientras que la carga explosiva de cada minibomba prácticamente no causaba daño al bombardero objetivo, incluso si impactaba. De hecho, se consideraba que las minibombas representaban un mayor peligro para el avión que las transportaba. Como eran demasiado pequeñas para tener una espoleta tradicional, se llenaban con una mezcla explosiva que se autoinflamaba al recibir un impacto fuerte, lo que significaba que todo el conjunto podía explotar si se caía accidentalmente. Las actividades de Lindemann fueron tan disruptivas (era escéptico sobre el valor del radar y se oponía a su investigación) que el Comité votó por su cierre y luego se restableció sin que Lindemann volviera a ser invitado. Sin embargo, Lindemann siguió adelante con su idea de las "Minas Aéreas Largas" , básicamente bombas suspendidas de largos cables desde paracaídas, para ser lanzadas en la trayectoria de las formaciones de bombarderos enemigos. Estas se usaron brevemente durante la guerra, pero solo un bombardero alemán fue alcanzado (e incluso esto es discutido). El compartimento de bombas se lanzó desde los prototipos del P92 y es muy improbable que haya sido una característica de ningún P92 de producción.

El P92 debía tener una construcción de revestimiento reforzado y ruedas en el tren de aterrizaje principal que se retraían hacia atrás, dentro de las góndolas de los motores y las alas (las ruedas girarían 90 grados para quedar dentro del ala, detrás de las góndolas). Los motores tendrían radiadores suspendidos. El Ministerio del Aire consideró que las alas cónicas podrían sufrir pérdida de sustentación en las puntas , lo que conllevaría características peligrosas de pérdida, por lo que recomendó la instalación de ranuras en el borde de ataque. El ala y la torreta conformada se diseñaron como una sola unidad aerodinámica. Se anticipó que el funcionamiento de la gran torreta sería la parte más difícil del diseño. El gran anillo de la torreta estaría en una parte del fuselaje que probablemente se flexionaría mucho, lo que podría causar atascos. Se dedicó un gran esfuerzo a lograr la máxima rigidez en esta área del fuselaje. El primer intento falló durante las pruebas, lo que llevó a un rediseño. Mientras tanto, Boulton Paul adquiría experiencia con el cañón Hispano de 20 mm. Montaron uno en el morro de uno de sus bombarderos Overstand y luego otro en la torreta de un Defiant. El Defiant, equipado con cañón, fue enviado a A&AEE para pruebas en junio de 1939. La experiencia con el Defiant y las pruebas en túnel de viento de maquetas del P92 demostraron que el aumento de la resistencia aerodinámica de los cañones al rotarlos lateralmente era mucho mayor de lo previsto. Boulton Paul comenzó a trabajar en soluciones a este problema, incluyendo el uso de fundas aerodinámicas en los cañones. Este problema ha recibido mucha atención en algunos artículos sobre el P92, donde se especula que la resistencia aerodinámica de los cañones era un problema fundamental que habría afectado negativamente a su rendimiento de haber entrado en servicio. Esto ignora el hecho de que, cuando se encontraban en ángulos bajos, los cañones estaban casi completamente encerrados dentro de las ranuras de la gran torreta en forma de platillo, lo que generaba muy poca resistencia. Además, la resistencia no era alta si los cañones apuntaban hacia adelante o hacia atrás. Solo si los cañones apuntaban lateralmente y en un ángulo alto, la resistencia se convertía en un factor. Esto habría afectado al uso de la torreta en bombarderos, donde se debían realizar ataques desde cualquier punto, pero habría sido un problema menor en el caza P92, donde los cañones solían estar en un ángulo bajo durante el combate. La preocupación por la resistencia de los cañones parece centrarse más en su uso en la serie de torretas "Tipo H" de Boulton Paul. Estas eran un desarrollo paralelo de torretas de dos cañones con un diseño más tradicional que podían utilizarse en bombarderos en lugar de las torretas de ametralladoras existentes. Se planearon para su uso en el Handley Page HP58 "Super Halifax" y como armamento alternativo para el Short S36 "Super Stirling".


Una maqueta de madera temprana de la torreta del P92. Observe el canal para que el artillero tenga una mejor vista, los dos cargadores cilíndricos de cañón de imitación a la izquierda y el otro cargador de imitación colocado sobre uno de los cañones.

El P92 fue diseñado para incorporar motores Rolls-Royce Vulture o Napier Sabre. El Ministerio del Aire encargó inicialmente dos prototipos (números de serie L9629 y L9623), uno con cada juego de motores, pero se prometió que el motor Vulture estaría disponible mucho antes que el Sabre, por lo que modificaron el pedido para que los dos primeros prototipos contaran con motores Vulture y se añadiera un tercer prototipo con Sabre (número de serie V9258). Parece que el Ministerio del Aire consideró que el P92 de producción incorporaría motores Sabre porque las estimaciones de rendimiento predecían que sería más rápido que la versión Vulture. La versión con motor Sabre también ofrecía la ventaja de contar con armamento adicional (véase la sección sobre armamento más adelante). Cabe destacar que no se esperaba que los primeros prototipos se entregaran con torretas funcionales, sino solo con una joroba simulada. Las torretas funcionales se instalarían más adelante en el programa de pruebas.

La mayoría de los planos de tres vistas del P92 disponibles en internet muestran un boceto muy preliminar del P92, tal como se presentó en el pliego de condiciones enviado al Ministerio del Aire. Las pruebas en el túnel de viento obligaron a realizar mejoras, con un fuselaje más angular, una ligera inclinación del fuselaje trasero hacia arriba, un timón de dirección de forma diferente y la eliminación de los recortes de las alas en las raíces de las alas traseras. Las dimensiones de la aeronave también se modificaron con respecto a las que figuraban en el pliego de condiciones. El libro de Les Whitehouse de 2021 (véanse las fuentes más abajo) contiene planos de tres vistas de las versiones con motor Vulture y Sabre cuando se detuvo el desarrollo.


Boulton Paul P92, versión con motor Sabre en colores especulativos de caza nocturno (el número de serie y los códigos eran los utilizados por un caza nocturno Defiant).

Armamento del P92 – Más que 4 cañones.

La torreta del P92 "Tipo L" se diseñó en torno a cuatro cañones de 20 mm. Es evidente que el Ministerio del Aire inicialmente pensó que estos podrían alimentarse mediante cintas de proyectiles de cañón, pero esto no sucedió, ya que todos los cañones disponibles solo contaban con cargadores de tambor. El cargador de tambor estándar tenía una capacidad de 60 proyectiles, suficientes para apenas 5 segundos de disparo. Esto podría ser suficiente para un caza (el Westland Whirlwind y los primeros Spitfires con cañones usaban cargadores de 60 proyectiles), pero ciertamente no sería suficiente si la torreta se instalara en un bombardero de defensa en su versión "Tipo M". Un cargador de 60 proyectiles también era pesado para el artillero, ya que debía manipularlo y colocarlo en su lugar³. Por lo tanto, el Ministerio del Aire decidió utilizar cargadores de 30 proyectiles en su lugar. El bombardero B1/39 transportaría hasta 40 de estos cargadores más ligeros. Aunque solo permitían un tiempo de disparo de 2,5 segundos, eran más fáciles de reemplazar. Boulton Paul diseñó la torreta de su cañón con un soporte para cargadores detrás de cada cañón, cada uno con capacidad para tres cargadores. Con un cargador ya instalado en el cañón, cada cañón tenía un total de cuatro cargadores. A medida que se agotaba un cargador, el artillero lo desenganchaba manualmente y otro se presentaba automáticamente junto al cañón para su enganche. De esta forma, cada cañón tenía un total de 120 cartuchos disponibles, lo que representaba un total de 480 cartuchos para los cuatro cañones. Sin embargo, Boulton Paul diseñó los soportes para que también pudieran albergar el cargador estándar de 60 cartuchos, duplicando el número de cartuchos a 240 por cañón, con un total de 960 cartuchos para los cuatro cañones. Como es de esperar, la desventaja táctica de tener solo 2,5 o 5 segundos de tiempo de disparo antes de tener que recargar era considerable. Por ello, Boulton Paul diseñó una caja de interruptores que permitía seleccionar cada cañón para disparar individualmente o en parejas, ampliando considerablemente el tiempo de disparo. Pero se comprendió que incluso esto podría no ser suficiente, por lo que se rediseñó la torreta para alojar cuatro ametralladoras Browning .303 adicionales alimentadas por cinta, las mismas que se usaban en la torreta del Defiant. Las ametralladoras se instalarían en dos pares fuera del cañón, cada par en una ranura. Con cintas de 600 cartuchos, las ametralladoras habrían tenido una autonomía de unos 30 segundos. De esta forma, el artillero aún tendría algo con qué disparar si se veía obligado a cambiar los tambores de munición por los cañones. El armamento combinado de cañones y ametralladoras habría dotado a la torreta del P92 de una potencia de fuego devastadora.


Pero eso no era todo. El motor Sabre contaba con dos cigüeñales que habrían permitido construir una versión con un tubo de explosión que atravesara el centro del motor y saliera a través del cubo hueco de la hélice. Esto habría permitido instalar un cañón de 20 mm que disparara a través de la hélice, como los cañones de motor franceses y alemanes. Así, el armamento de cañones y ametralladoras de la torreta podría haberse complementado con otros dos cañones disparados por el piloto. Imaginemos un escenario en el que un P92 ataca una formación de bombarderos enemigos desde abajo con fuego de "sin margen" desde su torreta; mientras el artillero recarga, el piloto sube el P92 para continuar el ataque con los dos cañones delanteros. Cabe destacar que las especificaciones del Ministerio del Aire solo cubrían el armamento inicial de 4 cañones, y cualquier P92 de producción probablemente se habría entregado primero con esa configuración, mientras que las ametralladoras adicionales y los cañones montados en el motor serían modificaciones posteriores.



Todo el armamento del P92 podía apuntar directamente hacia adelante, disparando entre las dos hélices.

La torreta del Tipo L contaba con una depresión poco profunda frente a la cúpula del artillero para mejorar la visibilidad. Se incorporaron desconexión automática al sistema de disparo para evitar que el artillero disparara a la cola o las hélices del P92. La elevación del estabilizador, junto con la ligera inclinación ascendente del fuselaje rediseñada, lo situó directamente en la línea de visión del artillero, reduciendo su visibilidad. Debido a la geometría de la torreta, el fuselaje y el estabilizador, el artillero debería haber podido incluso disparar por debajo del estabilizador, a ambos lados del fuselaje.

Cancelación

Cualquier sugerencia de que el P92 se canceló debido al supuesto fracaso del Defiant durante la Batalla de Inglaterra es errónea. El proyecto P92 se canceló el 26 de mayo de 1940. Esto ocurrió cuatro días antes del "Día de Gloria" del Defiant, cuando el Escuadrón 264 (el primer y único escuadrón de Defiant operativo para esa fecha) declaró la asombrosa cifra de 37 aviones alemanes derribados y otros tres "probablemente" sobre Dunkerque. Aunque un análisis posterior a la guerra de los registros de la Luftwaffe muestra que esta cifra es exageradamente optimista, en aquel momento se creyó cierta y pareció confirmar las esperanzas en los cazas de torreta. Solo dos meses después, el 19 de julio, se reveló el primer indicio real de la incapacidad del Defiant para enfrentarse a los Bf-109 cuando el Escuadrón 141, la segunda unidad de Defiant en formarse, fue atacada por Bf-109 sobre el Canal de la Mancha. Seis de los nueve Defiant se perdieron en el acto, y los tres restantes sufrieron graves daños. Esto no impidió que el Escuadrón 264 volviera al frente con el Grupo n.º 11 hasta que una serie de combates a finales de agosto los dejó en segundo plano, superados por los Bf-109. Así pues, tres meses después de la cancelación del P92, el concepto de caza con torreta se cuestionó para los cazas diurnos.

La verdadera razón de la cancelación del P92 fue la creación del Ministerio de Producción Aeronáutica (MAP), bajo el liderazgo de
Max Aitkin, barón Beaverbrook, en mayo de 1940. Beaverbrook canceló prácticamente todos los proyectos de aeronaves que no estaban ya en producción, incluyendo el Boulton Paul P92, el Bristol Tipo 159 "Beaubomber" y el Gloster F9/37. La producción se concentraría en unos pocos tipos. El Defiant fue uno de los aviones seleccionados para una producción continua y creciente. Por lo tanto, perversamente, fue el éxito anticipado del Defiant lo que condenó al P92. Beaverbrook no quería que Boulton Paul se distrajera con el proyecto P92; quería que todos los esfuerzos se concentraran en maximizar la producción del Defiant. Beaverbrook encargó a Leonard Lord la supervisión de la producción en Boulton Paul. Como parte de su campaña de racionalización, el personal de Lord en Boulton Paul aparentemente destruyó gran parte de la documentación del proyecto P92.

Los bombardeos nocturnos "Blitz" sobre Gran Bretaña, que comenzaron en el otoño de 1940, dieron lugar a la emisión de la especificación F18/40 del Ministerio del Aire para un caza nocturno dedicado. Cabe destacar que el proyecto P92 no se resucitó en esta etapa, lo que demuestra que estaba definitivamente "muerto". En su lugar, Boulton Paul propuso un "Super Defiant" monomotor con cañones frontales adicionales (el P97) y un diseño bimotor de doble botavara, el P97, que se parecía al posterior Northrop P-61 "Black Widow" estadounidense.El creciente éxito del Beaufighter significó que ninguno de los diversos diseños propuestos para el F18/40 fuera adoptado.


El Boulton Paul P97. Fue diseñado modularmente para poder equiparse con una torreta de ametralladora estilo Defiant para complementar los cañones frontales, o bien, solo con el cañón frontal. Alternativamente, se le podía incorporar una sección inferior con compartimento para bombas para que sirviera como bombardero ligero. Al parecer, a finales de 1940, no había esperanzas de reiniciar el proyecto P92.

Resquicio de esperanza

El director general e ingeniero jefe de Boulton Paul era John Dudley North. La empresa era en gran medida su "bebé". Él solo impulsó la creación de la nueva empresa en Pendeford después de que la empresa original de carpintería Boulton Paul, de Norwich, quisiera cerrar su división aeronáutica a principios de la década de 1930. North era un brillante matemático y diseñador estructural. Tenía un interés particular en el armamento aeronáutico, habiendo diseñado las barbetas de los cañones del P31 "Bittern" y posteriormente la primera torreta completamente cerrada de la RAF para el bombardero "Overstrand". Tras su experiencia con la torreta del Defiant y toda su investigación y esfuerzo para utilizar el cañón Hispano de 20 mm en los P88 y P92, nadie en el Reino Unido estaba mejor cualificado en armamento aeronáutico.

El cañón Hispano sufrió todo tipo de problemas cuando se instaló primero en el Supermarine Spitfire, luego en el Westland Whirlwind y finalmente en el Bristol Beaufighter. Cada una de las diferentes compañías se esforzó por encontrar soluciones, pero con un éxito limitado. Hacia finales de 1940, el Ministerio del Aire encargó a North que dirigiera un equipo para intentar resolver los problemas. North desconocía los problemas que las otras compañías tenían con sus instalaciones de armas, pero rápidamente se familiarizó con la situación, identificó la raíz del problema y propuso soluciones. Parece que anticipó muchos de los problemas al diseñar el
P88 y el P92. Así, todo el trabajo en el P92 finalmente dio sus frutos.

Después de esto, el Ministerio del Aire mantuvo a North ocupado hasta 1944 en diversos problemas estructurales y de armamento. Esto le impidió realizar trabajos de diseño detallado para Boulton Paul. Aunque Boulton Paul contaba con otros diseñadores y continuó presentando diseños según las especificaciones del Ministerio del Aire, estas licitaciones carecían del rigor técnico de North, y esta podría ser la razón por la que ningún otro diseño de aeronave de Boulton Paul se puso en producción hasta después de la guerra. North era tenido en tan alta estima por el Ministerio del Aire que en 1948 le encargó escribir una obra de 13 volúmenes llamada
"Diseño para la confiabilidad" .

Estimaciones de Boulton Paul sobre las dimensiones y el rendimiento de los prototipos del P92.
Cabe destacar que difieren de las presentadas en la licitación inicial al Ministerio del Aire (que suelen citarse en los artículos).

  • Longitud: 16,764 metros (55 pies) Envergadura: 20,2 metros (66 pies 3,3 pulgadas)
  • Peso con carga: aprox. 9980 kg (22 000 lb).
  • Velocidad máxima: 620 km/h (385 mph) a 4572 metros (15 000 pies).


El P92/2, el P92 de media escala

El P92/2 fue concebido como una réplica voladora a media escala del P92, para investigar la aerodinámica de su novedoso diseño. Para acelerar la construcción, se fabricaría en madera y contaría con un tren de aterrizaje fijo, con las dos ruedas principales alojadas en carenados aerodinámicos tipo "pantalones". Para acomodar mejor a un piloto de tamaño normal, la cabina y el morro se diseñaron ligeramente más grandes y abombados que los del P92. Se colocaron pequeñas ventanas a ambos lados del fuselaje, debajo de la cubierta de la cabina principal, para mejorar la visibilidad del suelo. Iba a estar propulsado por dos motores De Havilland Gypsy Major II de 130 CV con hélices de paso fijo. Los motores estarían alojados en carenados diseñados para replicar al máximo la forma de los motores Rolls-Royce Vulture. Inicialmente, se iba a equipar con una joroba fija simulada en lugar de la torreta, pero se preveía que esta sería reemplazada por una réplica funcional y giratoria de la torreta del P92 para investigar a fondo los efectos del flujo de aire alrededor de la torreta al girar. Para disipar la preocupación de que el ala delgada y cónica pudiera sufrir pérdida de sustentación, las alas contaban con ranuras permanentes. El avión también estaba equipado con un paracaídas antigiro, un equipamiento estándar en la mayoría de los aviones experimentales británicos de la época. Short Brothers fue pionero en el uso de réplicas voladoras a menor escala con su versión a media escala del bombardero Stirling, el S31, y el Short Scion Senior, que replicaba la disposición de los hidroaviones Short, de mayor tamaño. En su concepción original, se pensó que el P92/2 despegaría prácticamente al mismo tiempo que el primer prototipo del P92, pero que el P92/2 de madera sería más adecuado para realizar modificaciones experimentales para investigar el flujo de aire que para modificar el P92, fabricado íntegramente en metal.



El avión P92/2 a media escala en vuelo. Se puede apreciar que la cabina y el fuselaje delantero son más bulbosos que los del P92 original para una mejor adaptación al piloto. La insignia "P en círculo" para un prototipo se adoptó en junio de 1942.

Como pionero de la construcción en metal, Boulton Paul había prescindido de la capacidad de construir aviones de madera. Por lo tanto, la construcción del P92 se encargó a la compañía aeronáutica Heston, ubicada a las afueras de Londres (Heston era una compañía especializada en construcción en madera, siendo su avión más famoso el hermoso monoplano de cinco plazas
Heston Phoenix ). En 1939, Heston recibió el contrato para construir el P92/2, al que se le asignó el número de serie V3142. Heston asignó su propio número de tipo al proyecto: el Heston JA.8.

El motivo por el que el P92/2 sobrevivió a la cancelación del proyecto P92 es un misterio. Quizás estaba demasiado avanzado como para justificar la interrupción de su construcción. Despegó por primera vez a principios de 1941 y fue entregado al aeródromo de Boulton Paul, cerca de Wolverhampton, en mayo de 1941. La siguiente incógnita es: ¿qué hizo exactamente durante los dos años siguientes? La torreta giratoria prevista nunca se instaló, y aunque se realizaron varias pruebas con sensores de presión y mechones de lana en el ala y la torreta simulada, difícilmente se pudo completar el período de dos años. Lo único que sí parece haberse estudiado fue el efecto de sellar las ranuras de las alas. Se informó que esto no resultó en características peligrosas de entrada en pérdida (lo que confirma las sospechas de Boulton Paul de que dichas ranuras no eran necesarias en el P92).



El pequeño y elegante Boulton Paul P92/2 (Heston JA.8), fotografiado en un entorno bucólico en el complejo de aeródromo y fábrica Boulton Paul en Pendeford, cerca de Wolverhampton. Se encuentra en el círculo de la brújula, lo que lo situaría justo al este del actual edificio de Gargill Meats.

Algunos artículos sugieren que la cabina del P92/2 era tan estrecha que solo cabía un piloto de baja estatura. La cabina era ciertamente más estrecha de lo normal, con una profundidad de suelo limitada, lo que obligaba al piloto a usar un paracaídas "trasero" en lugar del habitual tipo "cojín". Los instrumentos del motor debían montarse en el lateral de las cubiertas de los motores debido a la falta de espacio en el panel de instrumentos (esto no era exclusivo del P92/2; un gran número de bimotores de la década de 1930 los tenían montados de esa manera). Sin embargo, el piloto de pruebas de Boulton Paul, quien realizó la mayor parte de los vuelos del P92/2, el teniente de vuelo Cecil Feather, era en realidad un hombre muy corpulento. Tenía dificultades para alcanzar la manija que abría una escotilla a babor de la cabina para la salida del paracaídas, por lo que tuvo que pasar un trozo de cuerda desde la manija y fijarlo con cinta adhesiva al lateral de la cabina para que pudiera tirar de ella en caso de emergencia. Luego, habría plegado el respaldo y rodado hacia un lado y hacia atrás por la escotilla para evitar la hélice cercana. La cubierta de la cabina era de una sola pieza y debía colocarse una vez que el piloto estuviera dentro. Debido a la proximidad de las hélices, esto debía hacerse antes de arrancar los motores, y la cubierta solo se retiraría una vez que estos se pararan (el piloto podría eyectar toda la cubierta para escapar en caso de un aterrizaje forzoso).



El P92/2 en vuelo. Presentaba un camuflaje de color tierra oscuro (marrón) y verde oscuro en la parte superior y los laterales del fuselaje, con la parte inferior amarilla.

Tras dos años en Boulton Paul, el P92/2 fue enviado a evaluación por
A&AEE en Boscombe Down en julio de 1943. Su informe, como era de esperar, criticaba la estrecha cabina, la falta de visibilidad lateral y trasera, y el método de escape con "un poco de cuerda". Se sugirió que desechar la cúpula completa sería una mejor opción de escape, asumiendo el riesgo de que pudiera dañar una de las hélices en el proceso. Sin embargo, las cualidades de vuelo se consideraron excelentes. Un problema experimentado fue la vibración del fuselaje causada por el giro de las ruedas del tren de aterrizaje principal en vuelo, ya sea después del despegue o tras un picado pronunciado. Esto podía detenerse aplicando los frenos de las ruedas. También se consideró deseable un mayor rango de control del trimmer del elevador para el manejo a baja velocidad, y se consideró que una mayor superficie de flaps podría ser deseable. Se aprovechó la oportunidad para investigar el cambio en el manejo en pérdida, con las ranuras de las alas tapadas con cinta adhesiva. Esto confirmó las conclusiones de Boulton Paul de que no eran estrictamente necesarias, aunque se consideró que dejarlas sin sellar podría ser ventajoso para evitar una pérdida de sustentación si el avión rebotaba en el aire tras un aterrizaje fallido. Si desea leer un resumen del informe completo de A&AEE sobre el P92/2, puede encontrarlo en "British Experimental Combat Aircraft of World War II" de Tony Buttler y también en el artículo de Philip Jarrett de 1990 en la revista Aeroplane Monthly (véanse las fuentes más abajo).

Tras las pruebas realizadas por A&AEE, el P92/2 fue devuelto a Boulton Paul, donde, a pesar de las limitaciones de su estrecha cabina, se utilizó como avión de apoyo de la compañía para realizar recados y tareas de comunicación, generalmente pilotado por el teniente de vuelo Feather. Permaneció en la "lista secreta" durante el resto de la guerra. Cuando se publicó "Jane's All the World's Aircraft" en 1945, solo se mencionó tentativamente la posibilidad de un "avión experimental" en los encabezados de Boulton Paul y Heston Aircraft. Cuando Feather dejó de volar en 1945, el P92/2 fue desmantelado y almacenado en un cobertizo del aeródromo de Boulton Paul. Se informó que fue quemado durante una noche de hogueras a principios de la década de 1950.

Especificación P92/2

  • Envergadura: 10,0965 metros (33 pies 1,5 pulgadas) Longitud: 8,382 metros (27 pies 6 pulgadas) Altura: 2,3114 metros (7 pies 7 pulgadas)
  • Superficie alar: 16,444 metros cuadrados (177 pies cuadrados). Peso total en vuelo: 1260 kg (2776 lb).
  • Velocidad máxima: 245 km/h (152 mph). Velocidad de crucero: 217 km/h (135 mph).
  • Velocidad de pérdida: 95 km/h (59 mph) con flaps arriba. 80 km/h (50 mph).

¿Y si...? Pintados como si ya hubieran entrado en servicio. Los Boulton Paul P92 con motores Sabre se enfrentan a los bombarderos Junkers Ju 89 usando el "Plan de Ataque B" para cazas de torreta; disparando desde delante y a los lados para

evitar el fuego de respuesta (el "Plan de Ataque A" era un ataque sin concesiones desde atrás y abajo). Mientras tanto, los cazas Typhoon se acercan por la retaguardia para ejecutar el "Plan de Ataque 3" para cazas monoplaza.²






Boulton Paul P92 con motor Vulture, pintado como si hubiera entrado en servicio, en este caso atacando a un Heinkel He177. Realicé esta pintura basándome en los dibujos de tres vistas del proyecto en sus etapas iniciales. Desde entonces, Les Whitehouse ha escrito un libro con diagramas actualizados del P92 en su fase final de desarrollo. Imagen © John Dell

Si la purga de proyectos aeronáuticos de Beverbrook no se hubiera llevado a cabo en 1940, es probable que el desarrollo del P92 hubiera continuado. Sin embargo, los prolongados problemas de desarrollo de los motores Vulture y Sabre habrían retrasado considerablemente el proyecto. El Vulture fue abandonado y el Sabre solo entró en servicio a partir de mediados de la guerra, y su fiabilidad fue pésima durante el primer año tras su introducción. Incluso entonces, el suministro de Sabres para el P92 habría sido escaso, ya que casi con toda seguridad se habría dado prioridad al caza Hawker Typhoon. Pero es posible imaginar que hubiera habido suficientes ejemplares del P92 disponibles a principios de 1944 para ser utilizados como cazas nocturnos (presumiblemente con radar aerotransportado) en la Operación Steinbock, el "Pequeño Blitz" alemán sobre Gran Bretaña.

En tal escenario (de no llevarse a cabo la purga de Beverbrook), es probable que la torreta del cañón Boulton Paul hubiera entrado en combate por primera vez montada en el bombardero Bristol Tipo 159, en un intento de retomar los ataques diurnos contra Alemania. El Tipo 159 iba a estar propulsado por motores Bristol Hércules. Aunque se encargó más tarde, el Tipo 159 estaba mucho más cerca de la producción que el Boulton Paul P92 cuando se ordenó la suspensión de ambos proyectos en mayo de 1940.


Una torreta de cañón Boulton Paul montada en un Bristol Tipo 159 "Beaubomber", imaginada en un encuentro con cazas Bf-109 sobre la costa europea. Imagen © John Del

Notas

¹ Cuando los alemanes comenzaron a rearmarse, la Luftwaffe estaba a punto de adoptar una política de bombardeo estratégico similar a la británica. El teniente general Walter Wever , jefe del Estado Mayor Aéreo alemán, era un firme defensor de los bombarderos cuatrimotores de largo alcance; ordenó la construcción de los enormes Dornier Do19 y Junkers Ju89, este último armado con cañones defensivos. La muerte de Weaver en un accidente aéreo en 1936 impulsó un cambio de política hacia diseños bimotores más fáciles de producir y con menor alcance. Otro defensor alemán del bombardeo estratégico y de los diseños de grandes bombarderos tipo "avión de combate" fue el comandante de la academia de guerra aérea de Berlín, el teniente general Dr. Robert Knauss . En 1932, causó un pequeño revuelo en Gran Bretaña con la publicación de su libro "Guerra en el Aire" (título original en alemán: "Luftkrieg 1936" ), una historia ficticia sobre un enfrentamiento entre Gran Bretaña y Francia en el que París es destruida con bombas y gas venenoso por una fuerza de grandes bombarderos. No cabía duda de que la Gran Bretaña altamente militarizada que describía Knauss pretendía representar una Alemania rearmada.

² Para saber más sobre los "Planes de Ataque de Cazas" de la RAF, recomiendo leer "Tácticas de Batalla", un capítulo escrito por el as británico "Johnnie" Johnson para el libro de Salamander de 1990
"La Batalla de Gran Bretaña: La Mayor Batalla en la Historia de la Guerra Aérea" , editado por Richard Townshend Bickers. Contiene unos diagramas magníficos de cómo debían funcionar los Planes de Ataque. Los diagramas de los "Planes de Ataque" del caza de torreta Defiant se pueden encontrar en el artículo "Fundamentos del Defiant", del Dr. Alfred Price, publicado en la edición de octubre de 2008 de la revista "Aeroplane" . También merece la pena leer el resumen de un documento de 1940 de A&AEE que justificaba el concepto de caza de torreta.

³ Los franceses utilizaron el cañón de 20 mm con cargadores de 60 cartuchos en diversos montajes en bombarderos. Desarrollaron un montaje con un par de ametralladoras junto al cañón para que el artillero aún tuviera algo con qué disparar cuando se agotara la munición del cañón.

ENLACES  

Artículo del Museo de Guerra de Nevington sobre las fuentes del Boulton Paul P92/2 (en orden cronológico inverso de publicación). "Boulton Paul 1917-1961: Aeronaves, Proyectos y Estudios" de Les Whitehouse, publicado por Crecy en 2021, ISBN: 9781910809488. Un libro excepcional de gran formato con nada menos que 9 páginas dedicadas al P92 y al P92A, con los mejores diagramas y fotos disponibles. El texto es denso, por lo que ofrece abundante información. Actualmente, este es el único libro donde encontrará diagramas del proyecto P92 en su versión revisada, antes de su cancelación. Las dimensiones revisadas que se citan en esta página web corresponden a este libro. "British Experimental Combat Aircraft of World War II" (Aviones de Combate Experimentales Británicos de la Segunda Guerra Mundial) , de Tony Butler, publicado por Hikoki en 2012. ISBN: 9 781902 109244. Este libro de gran formato tiene nada menos que 7 páginas sobre el P92 y el P92/2. Incluye numerosas fotografías del P92/2 desde diferentes ángulos. El texto está bastante espaciado. "British Secret Projects Fighters and Bombers 1935-1950" (Proyectos Secretos Británicos: Cazas y Bombarderos 1935-1950) , de Tony Butler, publicado por Midland Publishing en 2004. ISBN: 1 85780 179 2. Consta de aproximadamente media página dedicada al P92 y otras dos páginas y media sobre los demás aspirantes a la especificación F.11/37. También abarca los diversos diseños de bombarderos e hidroaviones con torretas de 4 cañones para las especificaciones B.1/39 y R.5/39. "The Turret Fighters" de Alec Brew, publicado por Crowood Press en 2002, ISBN: 1 86126 497 6. Consta de cuatro páginas sobre el P92 y otras tres sobre el P92/2. "Britain's Shield - Radar and the Defeat of the Luftwaffe" de David Zimmerman, publicado en 2001 por Sutton Publishing, ISBN: 0-7509 1799 7. Este libro no contiene información directa sobre el P92; sin embargo, detalla los intentos de Frederick Lindermann por impulsar su idea de lanzar minibombas sobre formaciones de bombarderos enemigos. Algunos detalles sobre las pruebas y el diseño de las minibombas de dispersión probadas por A&AEE se detallan en el artículo "Out of the Archives" de la segunda edición (verano) de 1998 de la revista "Aeromilitaria" de Air-Britain. "Boulton Paul Aircraft Since 1915" de Alec Brew, publicado en 1993 por Putnam. ISBN: 0 85177 860 7. Contiene siete páginas y media sobre el P92 y el P92/2. Este libro está algo anticuado y la información sobre el P92 no es del todo correcta. "Boulton Paul Aircraft", compilado por la Boulton Paul Association, publicado por Chalford Publishing Company en 1996 como parte de su serie "Archive Photograph". ISBN: 0 7524 0625 6. No contiene información sobre el P92, pero sí arroja luz sobre la empresa Boulton Paul en su conjunto. "The British Aircraft Specification File" de KJ Meekoms y EB Morgan.publicado por Air Britain