viernes, 10 de abril de 2026
viernes, 20 de marzo de 2026
Héroe nacional: Sargento Darío Ríos, héroe de Monte Longdon
Héroe nacional: Sargento Darío Ríos
A 43 años del Combate de Monte Longdon recordemos a unos de nuestros Héroes de Malvinas: Sargento Darío Ríos
Avanzada la noche del 11 de junio, el fuego de artillería inglés sobre las posiciones argentinas se hizo más intenso. Las comunicaciones de teléfonos de campaña se cortaron entre las posiciones. Comenzaron a avanzar tropas enemigas en varias direcciones sobre las posiciones de nuestros soldados del Regimiento de Infantería 7. El cabo primero Darío Rolando Ríos, jefe de grupo de tiradores, había rechazado varios avances sobre las posiciones y con el fuego de sus armas había dado cobertura al repliegue de los efectivos de la sección. El ímpetu de su accionar y las enérgicas órdenes que impartían hacía que sus valientes soldados combatieran ferozmente. Habiendo sido rodeada su fracción, acompañó a su jefe de sección, subteniente Juan Domingo Baldini, en un contra ataque nocturno bajo intenso fuego enemigo. Buscaban rechazar a las tropas británicas y poder restablecer las posiciones defensivas en ese lugar. Ambos valientes mueren en la acción.
El cabo primero Darío Rolando Ríos, había nacido en Chaco, en una humilde familia de la localidad La Escondida, muy chico había partido a Buenos Aires en busca de trabajo y se había incorporado al Ejército Argentino. Hoy lo recuerdan en Berazategui, donde vivió en Buenos Aires, y una calle con su nombre lo inmortaliza en La Escondida.
El Ejército lo ascendió “post mortem” al grado de sargento y la Nación lo condecoró con la Medalla “La Nación Argentina al Valor en Combate” por su heroísmo en Monte Longdon.
Humilde, valiente, enérgico y generoso en sangre. Nunca te olvidaremos sargento Ríos!!!
domingo, 8 de febrero de 2026
Malvinas: El 3 de Oro contraaca en Wireless Ridge
𝗘l contraataque de 𝟯 de Oro
(𝗽𝗮𝗿𝘁𝗲 𝟭)
𝘗𝘰𝘳 𝘦𝘭 𝘛𝘤𝘯𝘭 (𝘙) 𝘝𝘎𝘔 𝘝í𝘤𝘵𝘰𝘳 𝘏𝘶𝘨𝘰 𝘙𝘰𝘥𝘳í𝘨𝘶𝘦𝘻
𝘌𝘭 𝘢𝘶𝘵𝘰𝘳 𝘴𝘦 𝘥𝘦𝘴𝘦𝘮𝘱𝘦ñó 𝘦𝘯 𝘔𝘢𝘭𝘷𝘪𝘯𝘢𝘴 𝘤𝘰𝘮𝘰 𝘛𝘵𝘦 1𝘳𝘰, 𝘑𝘦𝘧𝘦 𝘥𝘦 𝘭𝘢 1𝘳𝘢 𝘚𝘦𝘤𝘤𝘪ó𝘯 𝘥𝘦 𝘭𝘢 𝘊𝘰𝘮𝘱𝘢ñí𝘢 "𝘈" 𝘥𝘦𝘭 𝘙 𝘐 𝘔𝘦𝘤 3 “𝘎𝘳𝘭 𝘉𝘦𝘭𝘨𝘳𝘢𝘯𝘰”, 𝘣𝘢𝘶𝘵𝘪𝘻𝘢𝘥𝘰 𝘦𝘭 “3 𝘥𝘦 𝘖𝘳𝘰” 𝘥𝘶𝘳𝘢𝘯𝘵𝘦 𝘭𝘢 𝘨𝘶𝘦𝘳𝘳𝘢 𝘥𝘦 𝘭𝘢 𝘛𝘳𝘪𝘱𝘭𝘦 𝘈𝘭𝘪𝘢𝘯𝘻𝘢 𝘱𝘰𝘳 𝘭𝘢 𝘱𝘦𝘤𝘩𝘦𝘳𝘢 𝘢𝘮𝘢𝘳𝘪𝘭𝘭𝘢 𝘲𝘶𝘦 𝘤𝘰𝘯𝘧𝘰𝘳𝘮𝘢𝘣𝘢 𝘴𝘶 𝘤𝘩𝘢𝘲𝘶𝘦𝘵𝘢 𝘢𝘻𝘶𝘭.
13 de Junio de 1982, 22:00 hs, cerro Tumbledown mirando al valle del arroyo de Moody Brook, a la izquierda el Longdon; enfrente el Regimiento 7 de Infantería de La Plata estaba recibiendo fuego intensivo desde hacía dos días el 11 y el 12 de Junio, era un infierno, estábamos unos cien metros en altura más arriba que ellos y allá a 5 Kms de distancia; día y noche el enemigo inglés no dejaba un centímetro sin castigar con fuego naval, artillería y morteros; estaba claro que preparaba el ataque sobre las alturas del Regimiento, de vez en cuando nos atendían a nosotros como para avisarnos que se vendrían luego hacia el Tumbledown.
Debajo del Longdon el capitán Soloaga, héroe en la guerra que supo trasladar sus valores sanmartinianos a la paz, “se aferraba como una ostra” a las rocas; ellos ya estaban en combate resistiendo el cañoneo infernal al que eran sometidos día y noche; veíamos como espectadores privilegiados y azorados su resistencia, algunas patrullas se desprendían...; pero para sacar sus muertos y depositarlos en una ambulancia abandonada y empantanada en el medio del Valle y volvían al combate! El solo verlos marchar nuevamente a esa ducha de artillería, conmovía.
Eran las 22 hs del 13 de junio, me llama el Capitán Zunino, jefe de la Compañía A Tacuarí del 3 de Oro, un capitanazo de aquellos para tenerlo de jefe en la guerra; nos convoca al Tte. Dobrovevic Jefe del grupo apoyo, al Tte. Mones Ruiz jefe de la 2da sección de tiradores, al Subte. Aristegui jefe de 3ra sección y a mi que era jefe de la 1ra sección.
“Debemos ir a apoyar al Regimiento 7 que está siendo atacado en aquella altura”.
No conocíamos el terreno sino por las vistas, nunca habíamos hecho un reconocimiento, ya que el día anterior nos habíamos desplegados en Tumbledown abandonando nuestras antiguas posiciones, no estaba previsto nuestro empleo en esa dirección, nos estábamos preparando para sostener nuestra posición contra el ataque que sería al otro día, sobre nuestras posiciones que no eran otras que unas pocas piedras bajas, ya que las palas Tempex que llevamos se rompieron antes de cumplir una semana; eran de aluminio roscado y la presión de la greda las hacía polvo, no teníamos con qué hacer pozos. Equipo.... manta y paño de carpa terciado, solo 5 cargadores. Infrarrojo... uno solo, el del Capitán. Radios, ninguna, sin pilas, sin comunicación con el jefe de compañía ni entre nosotros.
Porque solo teníamos 5 cargadores, entonces ordené llevar munición dentro de medias que uníamos y nos las poníamos sobre el cuello... 
Hablamos con Aristegui, era un cadete de 4to año “comisionado subteniente” para Malvinas, de la misma edad que sus soldados, no obstante siempre un ejemplo. “Aristegui, formemos en cadena Ud. a la derecha yo a la izquierda, salgamos cuanto antes del valle, vamos a atravesarlo a paso firme para llegar a las alturas cuanto antes”. El campo de combate era un infierno, todo rugía, todo era incandescente, el Longdon , el valle, Wirelles Ridge donde estaba el R I 7, Puerto Argentino, el Williams, las trazantes, los lanzacohetes, toda la guerra a pleno, el asalto final a full. Hacha y tiza de los dos lados. Cruzamos el arroyo donde nos mojamos hasta la cintura, nevaba..., frío... no me acuerdo, la adrenalina a mil calentaba nuestros cuerpos.
De pronto observamos desde el valle, que donde debía estar el Regimiento 7 esperándonos, había ingleses allá arriba que estaban tirando con fuego de fusil y de cohetes sobre los ex cuarteles de los Royal Marines; nada entendíamos, sin comunicaciones solo podíamos resolver sin esperar órdenes de nadie.
“Aristegui, arriba está el enemigo tratemos de sorprenderlo, no siga derecho para no chocar, gire a su derecha y ganémosle la altura” luego de esa conversación de combate el joven oficial camina cinco metros y me gritan... "¡el subteniente cayó herido en el cuello!". Corrí hasta el lugar y luego de tocar su cuello ensangrentado escucho que uno de sus hombres le dice... golpeándolo en la mejilla con su palma de la mano... “Vos te portaste muy bien con nosotros pendejo, nosotros te vamos a sacar de acá” y rápidamente se lo llevaron para abajo. 
Hoy es un ejemplar oficial malvinero, el “Nono” Aristegui, que supo ganarse el respeto de sus soldados con solo 19 años, el disparo le atravesó el cuello detrás de la columna vertebral.
El enemigo nos detecta y nos ilumina con bengalas aéreas, todavía estábamos en el valle, con cuarenta hombres de Aristegui y cuarenta míos; advirtiendo que harían fuego de eficacia mandé el asalto sobre sus posiciones que estaban unos cien metros arriba del cerro, en la alturas de Wirelles Ridge.
Segundos después caía sobre el lugar donde estábamos antes una barrera de fuego de artillería de aquellas... No me entraba en la cabeza que mis hombres iban a contraatacar en el medio de esas bombas que conocimos esa misma noche, explotaban cincuenta metros arriba de nuestras cabezas y caían las esquirlas con una ducha encendida para destruir todo lo que tocaban.
¡Al asalto!.... ordené; no había opción para llegar arriba y apoyar al RI 7, que alegría, que emoción ver mis soldados y los de Aristegui con todos los suboficiales a la carrera que llegaban arriba, era increíble verlos al “Cata” Carballo mi estafeta veloz, al “Mono” Paz mi radiooperador sin radio, Aumasane, Izaguirre, “Bombón Díaz”, Juan Fernández, todos soldados porteños impulsados por el amor a la Patria pechando desde el valle la pulseada con los ingleses por ése pedazo de tierra malvinera. Y tenían solo 18 años y hambre y frío y sin comunicaciones, pensar que la prensa amarilla los Llamó “chicos de la guerra”;
sábado, 31 de enero de 2026
Malvinas: El héroe de Wireless Ridge
Adolfo Luis Cabrera... Un valiente sargento
Argentina tiene muchos héroes desconocidos. Uno de ellos es el Sargento Adolfo Luis Cabrera.
El sargento del Ejército Argentino, Adolfo Luis Cabrera, es para casi todos los argentinos un ilustre desconocido. Este Héroe cuyo nombre ahora es parte de la gesta de Malvinas. Nació en Concordia, Entre Ríos. Integró la "Reserva de a pie" que dirigió el Capitán Rodrigo Soloaga, como segundo jefe del Escuadrón de Exploración de Caballería Blindado 10 “Coronel Isidoro Suarez”. 
El Sargento Cabrera llegó "de pase" al Escuadrón 10 en el mes diciembre de 1981. En realidad era oficinista y antes de que el Escuadrón de Exploración de Caballería Blindado 10 partiera hacia Malvinas pidió el pase a caballería para ser voluntario y poder ir. El mérito y heroísmo de este gran soldado no está dado solo por el hecho relatado sino que lo que lo hace más valioso aún es que no había compartido el año militar con sus soldados conscriptos. 
Cuando fueron desplegados en Malvinas Cabrera revistaba como jefe de grupo en la 1ra sección de exploración. En la noche del 13 al 14 de Junio de 1982, después de realizar varios desplazamientos ordenados, el Escuadrón de Exploración de Caballería Blindado 10 se incorporó al dispositivo del RI Mec 7 en las alturas de Wireless Ridge y ocupó el extremo oeste, con la 1ra sección en dicha posición, cerrando el flanco correspondiente. El ataque británico, después de ejecutar un aferramiento frontal, se materializó con un envolvimiento con centro de gravedad en ese sector, implicando como consecuencia natural, que la citada sección recibiera el ataque más intenso. Cuando la situación se tornaba insostenible, se recibió la orden de repliegue para el escuadrón de exploración blindado. El capitán Rodrigo Soloaga comunica la orden a las secciones. Esta orden para la 1ra Sección resultaba más complicada de ejecutar dado que se encontraba combatiendo en las distancias cortas, con un nivel de aferramiento importante y con riesgo de ser aferrada definitivamente. En ese marco, su jefe el Teniente Bertolini, transmitió a sus grupos la orden de repliegue, el grupo del Sargento Cabrera combatía valerosamente con el enemigo, ellos eran los que estaban bajo mas presión. Ante esta situación este bravo Entrerriano se jugó su vida en defensa de sus hombres. Esta actitud, tan simple en su ejecución y tan grande en su trascendencia, es propia de un héroe de nuestra moderna historia militar, de un soldado cabal y de alguien que supo transformar en hechos su promesa de morir en cumplimiento del sagrado deber militar. 
Ante las dificultades para poder despegar y desaferrarse del ataque enemigo, tuvo la nobleza de ordenar a sus hombres ejecutar el repliegue mientras él los cubría con intenso fuego ganando tiempo precioso para que sus hombres se pusieran a salvo. Mientras protegía el repliegue de sus hombres el sargento Cabrera fue abatido por el fuego enemigo y perdió la vida." Quedando para siempre allá en la turba malvinera.
El Sargento Cabrera entregó su vida en la forma en que lo hacen los grandes soldados. Ese hecho, nos muestra grandeza de espíritu, nobleza de alma, espíritu de sacrificio, virtudes que sólo caben en un corazón noble como el que tenía nuestro suboficial. Indudablemente, habrá quien piense que el Sargento Cabrera cumplió con su misión, y eso es verdad, pero no sólo cumplió con ella, sino que ofreció su vida, logrando así preservar la de sus subordinados.
domingo, 30 de noviembre de 2025
Malvinas: Vizoso Posse es "rematado" y descarga un cargador sobre una patrulla británica

Una bala, un rosario y un milagro: la historia de un tucumano en la Guerra de Malvinas
El teniente Jorge Vizoso Posse
fue víctima de una emboscada inglesa junto a su compañero, el sargento
Mario Antonio Cisnero que terminó muerto tras el impacto de un cohete en
su pecho. “Yo no me rendí ante los ingleses”, asegura el mayor que fue
condecorado con la Cruz al Heroico Valor en Combate.
La munición había impactado primero en una de las cuentas plásticas del rosario y se mantenía todavía fundida y adosada al acero. Ese obstáculo, a corta distancia, no solo amortiguó el impacto; también ralentizó y desvió el recorrido. El rosario—aseguraron los médicos—le salvó la vida o, al menos, de quedar cuadripléjico.

domingo, 16 de noviembre de 2025
Malvinas: Monte Longdon en una magnífica secuencia cronológica
Honor y gloria a todos y cada uno de nuestros 37 hombres caídos en combate
miércoles, 5 de noviembre de 2025
sábado, 11 de octubre de 2025
Malvinas: Una revisión de la cronología de la guerra

Soldados argentinos vigilan las trincheras poco después de invadir las Islas Malvinas el 2 de abril de 1982.
Enfrentamiento sangriento en Puerto Argentino
Las tropas de élite británicas lanzaron una serie de audaces asaltos a mediados de junio de 1982 contra los puestos de avanzada argentinos que protegían Puerto Argentino en la fase final de la Guerra de las Malvinas.
Por Christopher Miskimon || Historical Warfare Network
Una masa rocosa y desordenada de rocas conocida como Monte Harriet, justo al oeste de la ciudad de Puerto Argentino en las Islas Malvinas, no tenía fama antes de la noche del 11 al 12 de junio de 1982, pero alcanzó renombre después de un enfrentamiento desgarrador que tuvo lugar entre las fuerzas británicas y argentinas esa noche.
Después del anochecer, los Royal Marines británicos avanzaron con cautela ladera arriba contra los soldados argentinos que los defendían. Cuando el cabo Steven Newland se enteró de que su pelotón estaba inmovilizado por un francotirador más arriba en la colina, decidió hacer algo al respecto. Newland y un compañero, Chris Shepherd, avanzaron a rastras para flanquear al francotirador. Mientras avanzaban, el fuego enemigo se estrellaba contra las rocas que los rodeaban. Newland tenía una buena cobertura, así que siguió adelante. Shepherd no tenía esa protección y se vio obligado a permanecer tendido boca abajo.
Gateando entre las rocas, Newland encontró al francotirador, pero el argentino no estaba solo. Un escuadrón entero estaba al acecho, 10 hombres con rifles y una ametralladora. Uno de ellos disparaba de vez en cuando. Newland pensó que el escuadrón enemigo esperaba que los británicos intentaran atacar al francotirador, pero que la ametralladora y los fusileros que lo apoyaban los abatieron. Decidió hacer algo, pero se dio cuenta de que Shepherd no estaba allí; estaba solo. Sin embargo, Newland tomó medidas.
El joven cabo puso un cargador nuevo en su rifle, quitó el seguro y sacó dos granadas de sus bolsas. Arrojó las granadas a la posición de la ametralladora enemiga. Una cayó justo sobre la ametralladora y la otra entre los soldados enemigos. Newland se agachó detrás de una roca y esperó hasta que escuchó dos explosiones. “Tan pronto como se fueron, entré y todo lo que se movió recibió tres balazos… No sé a cuántos disparé, pero les dispararon un cargador entero”, escribió. Recargó y estaba a punto de ver si alguien seguía con vida cuando un compañero de escuadrón llamó por radio y le dijo que iban a disparar dos cohetes de 66 mm a la posición. Newland rápidamente se puso a cubierto.
Los cohetes impactaron en la posición enemiga y Newland recogió a los prisioneros para evitar que escaparan. Tomó un camino diferente de regreso y vio a un argentino al que había disparado antes. El hombre había caído, pero solo estaba herido. Cuando Newland se acercó, el soldado enemigo disparó una ráfaga, alcanzando al cabo en ambas piernas. Sintió que las balas golpeaban sus piernas y se enfureció. Antes de que el soldado pudiera acabar con él, Newland le había disparado al hombre 15 veces en la cabeza.
Las batallas finales de la Guerra de las Malvinas fueron a menudo confusas, remolinos de combate cuerpo a cuerpo desesperado. La fuerza británica, que intentaba liberar las islas de una toma argentina, no tenía una ventaja particular en número o potencia de fuego. Lo que marcó la diferencia fue el nivel de entrenamiento, ímpetu y disciplina que ha caracterizado al soldado británico a lo largo del siglo XX. Este factor llevó a los blindados británicos al éxito en el Atlántico Sur.
La disputa entre Argentina y Gran Bretaña por la posesión de las islas llegó a un punto crítico en 1982. Argentina, bajo un nuevo gobierno después de un golpe de estado, percibió varias acciones británicas como señales de que su deseo de mantener las islas se estaba desvaneciendo. El Ministerio del Interior decidió que los habitantes de las Islas Malvinas ya no tenían garantizada la ciudadanía británica automática según la Ley de Nacionalidad de 1981. El gobierno también estaba retirando el buque de protección ártica Endurance de la zona sin reemplazo. Además, el Reino Unido anunció que estaba considerando desguazar o vender gran parte de su flota de superficie. En conjunto, estos acontecimientos parecían indicar que el Reino Unido se estaba retirando de la región y, con una flota reducida, no podría defender las Malvinas de todos modos. Una fuerza de tarea argentina zarpó para tomar las Malvinas el 28 de marzo de 1982, tomando rápidamente el control. Gran Bretaña decidió retomar las islas y respondió con una flota y una fuerza anfibia. El 21 de mayo, las tropas británicas estaban en tierra y luchando hacia Puerto Argentino/Stanley, el asentamiento más grande de las Malvinas.
El 10 de junio, las tropas británicas estaban en posición para asaltar las defensas argentinas que rodeaban Puerto Argentino.
Los defensores colocaron una mezcla de infantes de marina y tropas del ejército en varias colinas al oeste de la ciudad. Fueron apoyados por artillería y equipados con ametralladoras pesadas y armas antiaéreas. Se desplegó un número menor de tropas alrededor de la península que ocupaba Puerto Argentino/Stanley para protegerse contra los ataques anfibios y de las fuerzas especiales.
Los británicos desplegaron sus fuerzas en las colinas al oeste de las posiciones argentinas, atrapándolas alrededor de Puerto Argentino/Stanley. De un prisionero, los británicos obtuvieron un mapa que delineaba las defensas argentinas. Treinta cañones de 105 mm de la Artillería Real se colocaron cuidadosamente dentro del alcance y se almacenaron 500 balas por cañón. En la noche del 10 de junio, la 3.ª Brigada de Comandos británica, compuesta por los 40, 42 y 45.º Comandos de la Marina Real y reforzada por los 2.º y 3.º Regimientos de Paracaidistas, atacaría desde el oeste. En la noche siguiente, la 5.ª Brigada de Infantería, compuesta por los 2.º Guardias Escoceses, 1.º Guardias Galeses y el 1.º Batallón, 7.º Fusileros Gurkha, atacaría hacia Puerto Argentino/Stanley desde el sudoeste, una ruta de ataque más obvia dado el terreno.
El 10 de junio, las tropas británicas estaban en su lugar en una línea de colinas al oeste de las defensas argentinas que rodeaban Puerto Argentino/Stanley. El 3.º Regimiento de Paracaidistas, que se muestra desembarcando de una lancha de desembarco en San Carlos, atacó desde el oeste.
El 10 de junio, las tropas británicas estaban en posición sobre una línea de colinas al oeste de las defensas argentinas que rodeaban Puerto Argentino/Stanley. El Regimiento Paracaidista N° 3, que aparece desembarcando de una lancha de desembarco en San Carlos, atacó desde el oeste.
El comandante argentino, el general de brigada Mario B. Menéndez, esperaba que los británicos vinieran por la ruta sudoeste. El alto mando argentino quería que atacara, pero dado que el ejército estaba compuesto en gran parte por reclutas, Menéndez sabiamente decidió permanecer a la defensiva. Había alrededor de 9.000 tropas argentinas alrededor de Puerto Argentino. De ellos, 5.000 eran tropas de combate reales. Menéndez colocó los Regimientos 3.º, 6.º y 25.º a lo largo de la costa. En el interior, el 5.º Regimiento de Marines estaba atrincherado en Sapper Hill, Mount Wilson y Mount Tumbledown. El 4.º Regimiento estaba centrado en Mount Harriet y Two Sisters. Estos puntos de terreno elevado cubrían los accesos desde el sudoeste. El 7.º Regimiento, en Wireless Ridge y Mount Longdon, protegía las líneas oeste y noroeste. Estas tropas estaban expuestas al frío y la humedad, mientras que las tropas de apoyo en Puerto Argentino/Stanley vivían más cómodamente. Su sistema logístico funcionaba mal; muchas tropas de retaguardia ganaban dinero vendiendo raciones y artículos de primera necesidad a la infantería cuando la red de transporte no lograba entregarlos.
Mientras ambos bandos se preparaban para la lucha que se avecinaba, los británicos mantenían un acoso constante a las posiciones argentinas. Los buques de guerra de la Marina Real se unieron a la Artillería Real en bombardeos nocturnos por todas las posiciones enemigas, causando pocas bajas pero con un costo psicológico. Cada noche, las patrullas británicas se deslizaban entre las unidades argentinas, recogiendo información y tendiendo emboscadas a cualquier soldado argentino que se atreviera a moverse en la oscuridad. Aun así, la moral se mantuvo y los reclutas permanecieron en sus posiciones.
La artillería y la aviación británicas mantuvieron un bombardeo constante. Los barcos en alta mar continuaron disparando todas las noches, pero los argentinos consideraron que el fuego naval era menos efectivo que la artillería de campaña.
Las tropas argentinas en Mount Harriet vieron cómo los helicópteros británicos lanzaban obuses a sus puestos de tiro. Una vez en posición, los cañones comenzaron a disparar durante el día, algo a lo que los defensores no se habían enfrentado anteriormente.
En el aire, los aviones Harrier llevaron a cabo ataques aéreos que aterrorizaron a los reclutas argentinos. Se les entregaron apresuradamente misiles antiaéreos SAM-7 soviéticos recién adquiridos para contrarrestar la amenaza. Las tropas inmediatamente pusieron en uso estas nuevas armas, pero tuvieron poco éxito porque no hubo tiempo para entrenarlas. Un oficial argentino en la colina Two Sisters recordó haber visto a dos Harriers atacar el 5 de junio. Ambos escaparon porque los operadores de los SAM-7 no habían apuntado correctamente. Cuatro días después, un cabo disparó contra otro Harrier, pero el misil aterrizó junto a una de sus posiciones de combate. El oficial notó que el sargento a cargo de los SAM parecía tener "dificultades psicológicas", por lo que se hizo cargo de la sección él mismo. Si bien esperaba que los Harriers hicieran otro ataque, el oficial notó que sus tropas parecían inestables. "Espero que no haya grandes fallas cuando tengamos que luchar", escribió.
En los días previos a la Batalla de Puerto Argentino/Stanley, 17 soldados argentinos murieron por ataques de artillería y aéreos. Muchos heridos fueron enviados para recibir tratamiento a bordo de barcos hospitalarios reconvertidos atracados en el puerto de Puerto Argentino/Stanley. Un marinero a bordo de uno de ellos recordó que la mayoría de las heridas fueron causadas por fuego de artillería. El número de heridos no hizo mella en la moral argentina, que todavía era buena. Aunque las tropas en las colinas sufrieron privaciones, se sentían preparadas para el ataque británico. Los argentinos estaban atrincherados detrás de campos minados y estaban preparados para usar artillería y ametralladoras en el terreno abierto frente a sus posiciones. Menéndez emitió una declaración instando a sus tropas a destruir a los británicos, vengar el sacrificio de sus caídos y derrotar al enemigo para que "nunca más tengan la impertinencia de invadir nuestra tierra". Al oeste, los británicos se las arreglaron para que las palabras de Menéndez sonaran huecas.
Artilleros británicos cargan un cañón de 105 mm en Sapper Hill, ubicado a dos kilómetros al oeste de Puerto Argentino/Stanley.
Artilleros británicos cargan un cañón de 105 mm en Sapper Hill, a dos kilómetros al oeste de Puerto Argentino/Stanley.
El 11 de junio comenzaron los ataques británicos. El primero fue un intento de matar a Menéndez. Celebraba una conferencia en el ayuntamiento de Puerto Argentino/Stanley todas las mañanas. Ese día, un helicóptero Wessex a tres millas al norte del edificio disparó dos misiles AS-12 con la esperanza de decapitar a los líderes enemigos. El primer misil falló; el segundo pasó volando por encima del objetivo y alcanzó la estación de policía cercana. Afortunadamente, no hubo víctimas; un mensaje que advertía a los lugareños de que se mantuvieran alejados no les llegó. Después del anochecer, comenzó la primera fase del asalto terrestre. Mount Longdon sería atacado primero por el 3.º Paracaidista, poco tiempo después el 45.º Comando atacaría Two Sisters y el 42.º Comando tomaría Mount Harriet.
Mount Longdon es una colina de este a oeste de una milla de largo con pendientes pronunciadas de un promedio de 300 pies sobre el suelo circundante. El área estaba ocupada por el 7.º Regimiento argentino, que mantenía la mayor parte de la línea en el lado norte que se extendía hacia Puerto Argentino/Stanley. La Compañía B estaba sentada en la cima de Mount Longdon junto con un pelotón de ingenieros adjuntos. Varias ametralladoras de calibre .50 completaban la defensa. La posición argentina formaba el ángulo noroeste de toda la defensa de Puerto Argentino/Stanley, con dos pelotones orientados al norte y uno al oeste, con ingenieros en reserva.
El plan británico exigía que una compañía del 3.º Regimiento de Paracaidistas tomara una colina a 500 yardas al norte del Monte Longdon y la utilizara como base de fuego mientras una segunda compañía atacaba desde el oeste y acorralaba al enemigo moviéndose hacia el este. Para ello, tenían que cruzar cinco millas de terreno abierto contra defensas que sólo podían discernir parcialmente. Sin embargo, a las 9:15 pm las dos compañías atacantes estaban en su punto de partida, un arroyo a media milla del pie de la colina. No habría preparación de artillería; acortarían la distancia en silencio. Afortunadamente, el radar argentino capaz de detectar tropas en tierra no estaba funcionando. Un oficial ordenó que lo apagaran esa noche, preocupado de que sus emisiones atrajeran fuego de artillería. Se esperaba que los ataques británicos ocurrieran durante el día o justo antes del amanecer.
La Compañía A se trasladó a ocupar la colina mientras la Compañía B atacaba el propio Monte Longdon. Llegaron a la mitad de su objetivo cuando un desafortunado soldado británico pisó una mina terrestre. La explosión provocó un intenso fuego mientras los británicos se apresuraban a cerrar la distancia restante. La Compañía A encontró su objetivo en la cima de la colina bien cubierto por ametralladoras y morteros enemigos, y fue rechazada. La Compañía B rápidamente quedó atrapada en varios barrancos en la ladera oeste de la colina. Durante varias horas, la lucha se prolongó mientras las tropas paracaidistas avanzaban lentamente en pequeñas ráfagas y ráfagas de fuego. Los argentinos manejaron bien sus ametralladoras, lo que causó un terrible daño a los británicos. Los morteros argentinos dispararon constantemente hasta que la artillería británica bombardeó el extremo oriental de la colina, silenciándolos permanentemente. En un momento dado, las tropas paracaidistas retrocedieron y ordenaron a la artillería que dirigiera su fuego hacia el oeste, suavizando las posiciones enemigas para otro asalto.
El sargento de color Brian Faulkner, un médico, se apresuró a avanzar con armas y municiones adicionales antes de regresar a sus tareas médicas. Cuando un hombre resultó herido, sus compañeros le dieron los primeros auxilios y clavaron su fusil en el suelo para marcarlo para los médicos. Faulkner ayudó a un cabo que había perdido una pierna y parte de otra. Incluso en la oscuridad, pudo ver la palidez del paracaidista por la pérdida de sangre. A pesar de sus heridas, el hombre estaba concentrado en su misión. “Traigan el mapa… marca todas las posiciones”.
Los Harriers del HMS Intrepid llevaron a cabo ataques terrestres durante la batalla por el Monte Tumbledown.
El cabo primero Dominic Gray recibió un golpe en la cabeza mientras evacuaba a los heridos. Simplemente envolvió un vendaje en la herida y continuó, llevando a más hombres heridos para que los trataran. Solo cuando terminó la batalla, el joven aceptó ser evacuado. Otro soldado británico, inmovilizado e incapaz de moverse, se tumbó junto a un argentino muerto y preparó té. Mientras el fuego de las ametralladoras argentinas inmovilizaba a muchos de los paracaidistas, el sargento Ian McKay vio que su comandante de pelotón había muerto y decidió hacer algo. Llamó a sus soldados para que lo siguieran y subió la colina. Los tres hombres que iban con él fueron alcanzados, dejándolo solo. McKay siguió adelante de todos modos y silenció varios nidos de ametralladoras enemigas con unas cuantas granadas. En el proceso, fue asesinado por el fuego enemigo. Su valentía permitió que el ataque continuara a costa de su vida. McKay sería galardonado con una Cruz Victoria póstuma, la única que se otorga por los combates cerca de Puerto Argentino/Stanley.
El suboficial John Weeks avanzó con la Compañía B, despejando posiciones con los elementos de vanguardia. Entró en un búnker que alguien más ya había despejado. Dentro había un cuerpo cubierto por una manta. Weeks lo encontró extraño. ¿Quién cubriría un cuerpo con una manta en medio de una pelea? Le dio su metralleta a un cabo y le dijo que hiciera guardia. Cuando Weeks apartó la manta, el argentino que estaba debajo intentó lanzar una granada de fósforo. El cabo le disparó.
El resto de la noche los suboficiales no lo vieron con claridad. Despojó los cuerpos de munición para abastecer a las tropas que seguían luchando. También vio al capitán William McCracken disparar un cohete de 66 mm a una posición defensiva enemiga particularmente tenaz y también dirigir el fuego de artillería a una distancia de hasta 25 metros.
McCracken era un observador avanzado asignado a la Compañía B. Él y su señalero avanzaron sigilosamente mientras la infantería solicitaba bombardeos, ayudando al avance. Las tropas argentinas les dispararon mientras pedían por radio fuego de artillería. La artillería silenció una ametralladora y varios francotiradores.
Incapaz de ocupar la colina al norte, la Compañía A se unió al ataque al Monte Longdon alrededor del amanecer. La dura resistencia se aflojó y la defensa argentina simplemente se derrumbó. Los británicos ocuparon rápidamente toda la colina y se atrincheraron. Durante toda la mañana, la artillería argentina atacó a las tropas paracaidistas, pero se mantuvieron obstinadamente. La lucha por el Monte Longdon fue el combate más duro de la batalla por Puerto Argentino/Stanley. Las tropas paracaidistas sufrieron 19 muertos y 35 heridos en 10 horas de combate. No se conocen las bajas argentinas exactas, pero al menos 29 murieron y 50 fueron capturados. Aunque fue lo peor de la lucha, otras batallas se libraron esa noche en las colinas cercanas.
Two Sisters fue el segundo objetivo del asalto británico. De dos millas de largo con dos picos gemelos que le dan su nombre, el pico oeste estaba a 700 pies sobre el terreno circundante, el pico este un poco más bajo. Cada uno estaba defendido por una compañía de soldados argentinos. La colina oeste tenía 170 hombres atrincherados con morteros y ametralladoras. La última colina tenía quizás 120 tropas. En general, era una posición defensiva impresionante a una milla al suroeste del Monte Longdon.
General Leopoldo Galtieri (izquierda), presidente de Argentina, y el general Mario B. Menéndez.
El 45.º Comando británico recibió la misión de tomar las colinas. El plan era que la Compañía X tomara la colina occidental, emplazara armas pesadas y luego apoyara a dos compañías más en su ataque desde el norte. Esas compañías tomarían la colina (el punto bajo entre las dos colinas), girarían hacia el este y tomarían la cima de la colina oriental. Resultó que la Compañía X se retrasó dos horas en ponerse en posición, muy sobrecargada con armas y municiones adicionales. Esto significaba que los dos ataques tenían que realizarse juntos en lugar de que uno apoyara al otro.
El capitán Ian Gardiner comandaba a los 150 hombres de la Compañía X. Pasó horas reorganizando a sus marines para el ataque después de que se dispersaran durante el movimiento nocturno. Sus pesados misiles guiados por cable MILAN y municiones hicieron que el terreno accidentado fuera aún más difícil de cruzar. Para su alivio, su coronel comprendió la situación y le dijo con calma que continuara. Gardiner ordenó a sus comandantes de tropa (una tropa es el equivalente a un pelotón de los Royal Marines) que terminaran sus preparativos. Cuando todos estuvieran listos, irían juntos. Diez minutos después, toda la compañía estaba lista para avanzar.
Los soldados se pusieron en marcha con la 1.ª Tropa a la cabeza, la 3.ª Tropa detrás y la 2.ª Tropa en reserva. A diferencia del monte Longdon, la situación era algo mejor. La tropa líder llegó a la mitad de la colina antes de encontrar resistencia. Dos ametralladoras enemigas con buena puntería abrieron fuego. Cada vez que los marines intentaban avanzar por un barranco, las ametralladoras vibraban o un soldado argentino les disparaba. El resto de la compañía no podía avanzar sin recibir un fuego intenso, por lo que Gardiner hizo retroceder a la 1.ª Tropa una corta distancia y pidió fuego de apoyo. Desafortunadamente, como el avance había comenzado tarde, la artillería estaba ahora ocupada en otra parte. Los morteros de apoyo cesaron el fuego después de ocho rondas; sus placas base habían desaparecido en el suelo blando. Gardiner ordenó a sus hombres que utilizaran los misiles MILAN, que resultaron eficaces.
Incluso sin apoyo, el ataque tenía que continuar, por lo que la 2.ª Tropa avanzó. A Gardiner le pareció que se movían entre los escombros de una ciudad. Había rocas y peñascos por todas partes. Llegaron a la cima, pero la artillería argentina los bombardeó. Esto hirió a un hombre, la única baja de la Compañía X de la noche. Dos ametralladoras argentinas fueron rápidamente inutilizadas, dejando a los Marines en control de la colina. La compañía se atrincheró, esperando el amanecer. Quedaron algunos francotiradores, pero los británicos decidieron esperar al amanecer antes de erradicarlos.
En la colina oriental, las Compañías Y y Z estaban realizando sus ataques. El segundo teniente Augusto La Madrid de la Compañía B argentina, 6.º Regimiento, estaba en esta colina. Observó la lucha en el Monte Longdon a través de binoculares. Mientras lo hacía, un arma pesada británica comenzó a disparar contra Longdon desde 400 metros de distancia. La Madrid movió una de sus ametralladoras de su posición principal y ordenó a su tripulación que disparara contra el enemigo.
Los británicos tuvieron que reducir metódicamente las posiciones argentinas en una serie de colinas al oeste de Puerto Argentino para reconquistar el pueblo.
Después de esto, los británicos atacaron su posición en Two Sisters. Los Royal Marines flanquearon a los argentinos; La Madrid no tenía idea de lo que estaba sucediendo hasta que estuvieron detrás de él. Una ametralladora calibre .50 intercambió fuego con los Marines durante un largo tiempo. Después, La Madrid escuchó a alguien gritar órdenes en inglés. Llegaron órdenes de retroceder a una posición detrás de Two Sisters. Los marines británicos tomaron las cimas de las colinas pero no avanzaron más, contentos con disparar a los argentinos. La Madrid recibió otra orden de retroceder al Monte Tumbledown porque la artillería argentina en Puerto Argentino/Stanley estaba a punto de bombardear Two Sisters. Esto dejó a los británicos en posesión de toda la posición.
La batalla por Two Sisters fue más rápida y menos sangrienta que la de Mount Longdon. Los Royal Marines perdieron cuatro muertos y 10 heridos. Sus oponentes perdieron 420 muertos y otros 54 hechos prisioneros con un número desconocido de heridos. El comandante argentino de Two Sisters fue destituido después del conflicto por su mal manejo de la batalla. A los británicos les quedaba una acción más esa noche.
Más de 300 soldados argentinos estaban apostados en el monte Harriet, una cresta de una milla de largo situada a una milla al sur de Two Sisters.
El 42.º Comando británico había pasado muchos días atrincherado en el cercano monte Kent, y sus líderes habían utilizado el tiempo sabiamente, elaborando un plan audaz para eludir las defensas occidentales. En lugar de un asalto frontal, dos compañías se infiltrarían a través de un campo minado argentino, avanzarían al sur de la colina y flanquearían a los argentinos desde el sur-sudeste.
La parte inicial del plan salió bien. Una fuerza de 250 marines marchó cuatro millas a través de la oscuridad, evitó las minas y llegó al punto de partida del ataque sin ser descubierto. Moviéndose en silencio, la Compañía K, la fuerza británica líder, llegó a las posiciones de la fuerza de reserva argentina antes de ser detectada. Un solo disparo en la oscuridad desencadenó la batalla. Durante más de una hora, los marines lucharon contra los reclutas de un pelotón de infantería de reserva y un pelotón de morteros. En el proceso, los marines perdieron alrededor de media docena de hombres.
Mientras tanto, la segunda unidad británica, la Compañía L, atacó desde el sur mientras la Compañía K giraba hacia la izquierda y atacaba las posiciones argentinas desde la retaguardia. Pronto, los argentinos que ocupaban las trincheras del pelotón de defensa del cuartel general, la 3.ª Brigada argentina, fueron superados. La batalla, que había durado unas cuatro horas, dejó las defensas argentinas en ruinas. Los argentinos se rindieron.
Las tropas argentinas se ponen a cubierto durante un ataque de los Harriers a su posición cerca de Puerto Argentino. Los soldados tuvieron poca suerte contra los Harriers con misiles antiaéreos SAM-7 de fabricación rusa disparados desde el hombro.
Al mismo tiempo, el cabo Newland de la Compañía K estaba realizando su propio ataque. Herido en ambas piernas, se sentó e intentó usar su vendaje de campaña para detener la hemorragia. Al darse cuenta de que nadie sabía dónde estaba, Newland comenzó a caminar colina abajo. Finalmente se topó con la Compañía L y fue interceptado por un centinela. Se identificó y fue conducido. Newland esperó bajo el frío y la lluvia durante seis horas antes de que un helicóptero lo llevara al barco hospital Uganda.
Al igual que en las otras colinas, la batalla estaba llegando a su fin al amanecer. Un francotirador argentino solitario resistió un rato, hiriendo a varios hombres. Finalmente murió cuando los británicos dispararon un misil contra su posición. Algunos argentinos lograron escapar, pero alrededor de 250 fueron hechos prisioneros y 10 murieron. Los británicos perdieron a un hombre y otros 10 resultaron heridos. Se advirtió a todas las tropas británicas que estuvieran listas para avanzar nuevamente, pero esto era una ilusión y nunca llegó ninguna orden. La primera fase de la Batalla de Puerto Argentino/Stanley había terminado.
La noche del 11 al 12 de junio fue difícil para la infantería británica y desastrosa para los argentinos. Todo el cinturón exterior de las defensas de Puerto Argentino/Stanley estaba en manos británicas. De los 850 soldados argentinos que ocupaban esas defensas, 50 murieron y 420 fueron capturados. El resto se retiró hacia Puerto Argentino/Stanley. Las pérdidas británicas ascendieron a la mitad de esa cantidad de muertos y 65 heridos.
De regreso en Puerto Argentino/Stanley, tres civiles murieron cuando su refugio fue alcanzado por un proyectil errante de un buque de guerra británico. Un bombardeo de la RAF en el aeródromo de Puerto Argentino/Stanley causó pocos daños y ninguna víctima. Esa noche, un grupo de tropas argentinas que utilizaban una rampa de lanzamiento improvisada dispararon un misil Exocet contra la fragata Glamorgan, impactando la popa del barco y matando a 13 marineros. Era la última oportunidad que tendrían de disparar contra un buque de guerra británico.
En lugar de continuar inmediatamente el ataque, los británicos decidieron hacer una pausa de un día y reanudar la ofensiva la noche del domingo 13 de junio. La artillería se había reducido a solo unas pocas balas, y se necesitaría un día para reabastecerse a un mínimo de 300 balas por cañón. Durante el día, los aviones argentinos Skyhawk realizaron varios ataques ineficaces. El último ataque aéreo argentino de la guerra estuvo a cargo de un par de bombarderos. Lanzaron sus cargas alrededor del Monte Kent, pero no causaron daños. Un bombardero fue derribado por un misil del destructor Exeter.
El tanque ligero Scorpion era uno de los pocos vehículos militares que tenían los británicos capaces de operar en el accidentado terreno de las Islas Malvinas. Los tanques no solo proporcionaban la potencia de fuego que tanto necesitaban, sino que también desviaban la atención de la infantería británica que intentaba infiltrarse en las líneas argentinas.
Después del anochecer, se llevaron a cabo los movimientos finales de la Guerra de las Malvinas. Los objetivos británicos eran tres colinas: Wireless Ridge, Mount Tumbledown y Mount William. Los soldados de la 5.ª Brigada de Infantería entraron en acción. Tumbledown sería atacado primero por 2 Guardias Escoceses. Después, el 1/7 de los Gurkhas se apoderaría del Monte William. Simultáneamente con el ataque de Tumbledown, el 2.º Regimiento de Paracaidistas tomaría Wireless Ridge. Tumbledown y el Monte William estaban protegidos por el 5.º Batallón de Marines argentino. Wireless Ridge estaba defendida por 500 tropas del 12.º Regimiento, que luchaban en el Monte Longdon. Estas colinas eran vitales para la defensa de Puerto Argentino/Stanley, y sin ellas sería difícil defender el último bastión de Argentina en las Islas Malvinas.
Tumbledown, otra cresta sembrada de rocas, fue el primer objetivo. La cresta es estrecha, de 1,5 millas de largo, con picos de 750 pies de altura. Era un punto clave en la defensa, ya que dominaba terreno abierto. El Monte William era casi una característica de Tumbledown, justo al sur del extremo oriental de la cresta. La Compañía N del 5.º de Marines se encontraba en Tumbledown y el Monte William. La Compañía M se encontraba en Sapper Hill aproximadamente a mitad de camino de regreso a Puerto Argentino/Stanley, mientras que la Compañía O formaba la reserva del batallón. Se trasladó a una nueva posición al suroeste del Monte William en espera de un ataque británico desde esa dirección. El comandante del batallón Carlos Robacio y el teniente comandante Antonio Pernias, su oficial de operaciones, también reforzaron la Compañía N y trasladaron sus morteros pesados, creyendo que los británicos los habían localizado. La táctica funcionó porque la artillería británica atacó posiciones vacías.
Los británicos planearon lanzar un ataque de distracción desde el suroeste, justo donde los argentinos habían situado a la Compañía O. Esto sería llevado a cabo por 30 guardias escoceses reunidos a partir del personal excedente. El grupo ad hoc fue apoyado por ingenieros para limpiar minas y cuatro tanques ligeros de la 4.ª Tropa de los Blues and Royals. Mientras esta distracción mantenía la atención del enemigo, la Compañía G de Guardias Escoceses se infiltraría silenciosamente en el extremo oeste de Tumbledown.
La distracción captó la atención argentina mientras se desarrollaba un intenso tiroteo. La artillería pesada y el fuego de ametralladora cayeron sobre el pelotón. Algunos combates fueron lo suficientemente cercanos como para arrojar granadas. Uno de los tanques británicos, evitando un cráter en el camino, chocó contra una mina y tuvo que ser abandonado. El resto de la tropa se alineó en el camino sin poder moverse por miedo a más minas. Sólo un tanque pudo utilizar sus armas de manera efectiva. El comandante del pelotón, el teniente Mark Coreth, perdió su tanque en la mina. Se enfrentó al fuego de artillería y dirigió un tanque y luego otro a la posición de tiro frontal subiéndose al casco de un tanque y dirigiéndolo hacia adelante. Los tanques siguieron disparando hasta que toda la fuerza se retiró, creyendo que su misión había sido completada. El fuego de mortero y artillería cayó cerca, y dos hombres resultaron heridos cuando chocaron contra otra mina. Aunque el ataque no atrajo a ninguna reserva argentina, Pernias estaba convencido de que este era el principal esfuerzo británico.
En el extremo oeste de Tumbledown, el asalto silencioso de la Compañía G dio sus frutos. Ocupó un tercio de la cresta sin que el enemigo se diera cuenta. La siguiente unidad, designada Compañía del Flanco Izquierdo, pasó por la Compañía G para tomar el siguiente tercio de la cresta. Durante 30 minutos avanzaron sin oposición, pero cuando los británicos se acercaron a la mitad de la cresta, un intenso fuego cayó sobre ellos. Estuvieron inmovilizados durante casi tres horas.
Las fuerzas británicas utilizaron pliegues en el paisaje para cubrirse en el terreno desolado durante el ataque a Puerto Argentino/Stanley. Aquí, soldados del 2.º Batallón de la Guardia Escocesa se ponen a cubierto debajo de Goat Ridge mientras un proyectil argentino enciende una granada de fósforo británica.
Las fuerzas británicas utilizaron pliegues en el paisaje para cubrirse en el terreno desolado durante el ataque a Puerto Argentino/Stanley. Aquí, soldados del 2.º Batallón de la Guardia Escocesa se ponen a cubierto debajo de Goat Ridge mientras un proyectil argentino enciende una granada de fósforo británica.
El comandante del flanco izquierdo, el mayor John Kiszley, recordó haber tenido que acostarse junto a su señalero debido al empeoramiento del frío. El joven le preguntó al oficial qué pensaría la gente si los mataran y los encontraran tendidos juntos de esa manera. Kiszley se preguntó cuántos de sus hombres sucumbirían al frío si se quedaban donde estaban. Ordenó a uno de sus pelotones que recogiera a los soldados británicos y, utilizando lanzacohetes y ametralladoras, avanzaron por el flanco izquierdo. Lanzaron un fuerte bombardeo y Kiszley dirigió a sus otros dos pelotones en un ataque. Llegaron a la cima de la cresta solo para descubrir que era una cresta falsa porque había otro pico más allá. Con apoyo de artillería, avanzaron 800 yardas.
En el lado argentino, el pelotón del subteniente Carlos Vásquez se enfrentaba a los británicos en el centro de la cresta. Corrió a ayudar a un soldado herido, dejando atrás su rifle. Mientras administraba ayuda, una metralleta británica comenzó a disparar fuera de la trinchera. Sacando su pistola y una granada, Vásquez corrió de regreso a su posición. Los soldados británicos cercanos le dispararon y él respondió, pero nadie fue alcanzado. Un proyectil de estrella explotó en lo alto, por lo que fingió ser alcanzado y cayó. Los británicos pasaron por encima de él y siguieron adelante. Después de pasar, corrió al puesto de mando. Los soldados británicos parecían estar por todas partes, así que se metió en su agujero y pidió morteros en su posición, con la esperanza de dañar al enemigo más que a sus tropas. El fuego hizo retroceder a los británicos. Vásquez recibió autorización para retirarse, pero decidió quedarse y luchar.
Otro ataque se produjo esta vez con ametralladoras británicas en terreno elevado sobre los argentinos. Vásquez gritó órdenes a lo largo de su línea, pero se vio obligado a detenerse cuando esto atrajo el fuego enemigo. Volvió a pedir fuego sobre su posición, pero esta vez los británicos se quedaron y comenzaron a disparar de nuevo después de que se detuvo. Vásquez vio a las tropas británicas tomando las trincheras de su pelotón una por una, atacando desde numerosas direcciones y abrumando a los argentinos. Esto continuó hasta aproximadamente las 7 am cuando solo quedaban dos trincheras. Vio a cuatro soldados británicos arrojar una granada de fósforo en una. Un hombre resultó herido y el otro abatido mientras salía corriendo. El teniente pidió ayuda por radio, pero le dijeron que no había nada disponible. Miró hacia arriba y vio soldados británicos a solo siete pies de distancia, apuntando con sus armas. "Ese fue el final para mí", dijo.
Cuando llegó a la última cima, Kiszley vio las luces de Puerto Argentino/Stanley a lo lejos. Tenía una bala alojada en su brújula, lo que le salvó la vida. Un soldado que estaba cerca había recibido una bala en el pecho, pero fue detenida por uno de sus cargadores. Solo había seis hombres con Kiszley en su último objetivo. De repente, una ráfaga de ametralladora hirió a tres de ellos. Kiszley comenzó a brindar primeros auxilios y le dijo a un soldado llamado Mackenzie que hiciera guardia. El joven guardia le dijo al oficial que se había quedado sin municiones y que había estado allí desde la última cima de la colina. Kiszley le preguntó al hombre por qué había venido. El joven respondió: "Usted me lo pidió, señor". El mayor le dio al soldado su rifle y le dijo: "¡Eres un valiente bastardo!". MacKenzie sonrió ampliamente y se quedó de centinela.
La Compañía del Flanco Derecho del Mayor Simon Price tomó el control en ese momento. La Compañía del Flanco Derecho utilizó los mismos métodos que la Compañía del Flanco Izquierdo. Un pelotón flanqueaba para brindar apoyo de fuego mientras que los demás usaban cohetes y granadas para destruir las posiciones de combate. El teniente Robert Lawrence, comandante del pelotón, dirigió a sus hombres hacia adelante, disparando mientras avanzaban. Una ametralladora enemiga disparó de vuelta y el pelotón quedó inmovilizado. Lawrence avanzó a rastras con una granada de fósforo, con sus hombres cubriéndolo. Se acercó lo suficiente para lanzar la granada, pero el seguro no salía. Frustrado, se arrastró hacia atrás y un cabo sostuvo la granada mientras él sacaba el seguro con fuerza bruta. Se arrastró de regreso al nido de la ametralladora, se escondió detrás de una roca con balas rebotando en ella y arrojó su granada. Después de que explotó, gritó a sus hombres que avanzaran y todos lo hicieron. Después, se lanzaron contra los francotiradores casi como si estuvieran en un campo de tiro en Gales. Un hombre disparaba; otro saltaba y corría una corta distancia, se cubría y comenzaba a disparar mientras el siguiente avanzaba. Cuando la Compañía del Flanco Derecho terminó su combate en Tumbledown, Lawrence recibió un golpe en la cabeza y fue evacuado para recibir tratamiento. Perdió el uso de su brazo izquierdo y parte de su pierna izquierda. Su valentía le valió una Cruz Militar.
Los soldados británicos condujeron a prisioneros argentinos por las calles de Puerto Argentino/Stanley después de la rendición argentina el 14 de junio de 1982. Para los argentinos, que habían calculado mal la determinación británica, la guerra fue una derrota.
Se necesitaron 11 horas para capturar Tumbledown, tiempo suficiente para alterar el cronograma británico y retrasar el avance de los gurkhas contra Mount William. Los guardias escoceses habían sufrido siete muertos y 40 heridos, mientras que los argentinos perdieron alrededor de 30 muertos, un número desconocido de heridos y 14 capturados.
El último gran obstáculo fue Wireless Ridge, una milla al norte de Tumbledown. La característica son dos crestas paralelas de este a oeste, la cresta sur más alta a 300 pies. Tres pelotones de argentinos defendían la cresta norte, mientras que la cresta sur estaba ocupada por unas pocas tropas de apoyo junto con algunos morteros. Se enfrentarían a un ataque del 2.º Regimiento de Paracaidistas, apoyado por cuatro tanques ligeros, así como por artillería de campaña y fuego naval. Un reflector detectó un ataque secundario del SAS contra el puerto de Puerto Argentino/Stanley y disparó contra él. El asalto se vio obligado a retirarse con tres heridos. Al igual que la distracción en Tumbledown, este evento hizo que muchos argentinos pensaran que habían rechazado un ataque importante. El ataque terrestre real contó con un amplio apoyo de fuego; se dispararon 6.600 proyectiles de artillería y navales. Los cuatro tanques utilizaron cañones y ametralladoras hasta que se quedaron sin munición. Los morteros del 3.º Regimiento de Paracaidistas se unieron a los morteros del 2.º Regimiento para aumentar su potencia de fuego a 16 tubos. Un pelotón de ametralladoras que apoyaba el ataque disparó más de 40.000 rondas. Tres de sus ametralladoras casi se quemaron por el volumen del fuego. El bombardeo comenzó a las 12:15 am, cuando las Compañías A y B abandonaron sus líneas de partida. Media hora después, la Compañía D partió desde una línea más al oeste. Mientras avanzaban, cayeron fuego de mortero argentino, lo que obligó a un desafortunado paracaidista a refugiarse en lo que resultó ser un pozo de letrina. Aun así, los británicos siguieron avanzando y comenzaron a limpiar las trincheras mientras los proyectiles argentinos de 155 mm estallaban en el aire. Varios soldados cayeron en charcos helados que salpicaban la zona y tuvieron que ser rescatados. Mientras tanto, los tanquistas utilizaron su equipo de visión nocturna para localizar las posiciones enemigas.
A la luz difusa de los proyectiles estelares, se vio a soldados argentinos huyendo de las crestas. Algunos fueron alcanzados y cayeron, pero la mayoría corrió hacia Stanley. Rápidamente, los tanques y las armas pesadas de la infantería se instalaron en la cresta norte y dispararon sobre las cabezas de los paracaidistas que avanzaban mientras tomaban la parte sur. Pronto, toda la formación del terreno estaba en manos británicas, aunque los argentinos respondieron con considerable artillería y fuego de armas pequeñas. Más sucesos extraños apuntaban a los caprichos de la suerte bajo fuego. Un oficial británico fue alcanzado por una bala que se coló entre dos granadas que llevaba en el cinturón y se alojó en el cargador de un fusil. Un soldado escuchó a los argentinos gritar mientras preparaban un contraataque. Oyó a uno gritar: “¡Granada!”. Decidiendo que era una buena idea, lanzó una de las suyas hacia las voces en la oscuridad, que luego se silenciaron.
Los contraataques que los argentinos realizaron durante los combates de Wireless Ridge fueron los más enérgicos de la guerra. Una fuerza improvisada de 70 tripulantes de vehículos blindados fue rechazada por las tropas paracaidistas, lo que resultó en la muerte de seis soldados enemigos. Una compañía de infantería argentina también lo intentó. Su comandante, el mayor Guillermo Berazay, observó cómo se desarrollaba el ataque británico. Se le ordenó que fuera a un punto de partida donde algunas tripulaciones de vehículos blindados lo guiarían. Cuando llegaron, no había ninguna tripulación allí. Informó de ello y le dijeron que subiera la colina. Berazay avanzó para colocar sus ametralladoras, pero las tropas británicas abrieron fuego. Ordenó a su infantería que subiera. Avanzaron bajo fuego de ametralladoras y cohetes, que los detuvo en seco. Muchos soldados argentinos entraron en pánico y huyeron. Los 20 hombres que quedaban se levantaron y avanzaron de nuevo, llegando a la cima de una colina. Después de que les dispararan las ametralladoras, empezaron a caer granadas. Un argentino resultó herido por una granada de fragmentación y una granada de fósforo le prendió fuego a la ropa. El contraataque terminó pronto, un esfuerzo valiente pero insuficiente para cambiar el curso de la situación. Se perdió Wireless Ridge, junto con 14 bajas británicas (11 heridos y tres muertos), 100 argentinos muertos y docenas de capturados.
Con la captura de Wireless Ridge, la batalla de Stanley terminó de manera efectiva. Los gurkas avanzaron hacia Mount William, pero lo encontraron abandonado; Sapper Hill fue tomada sin disparar un solo tiro. Los argentinos que se retiraban fueron atacados con artillería mientras huían a Stanley. Un capitán británico hispanohablante habló por radio ofreciendo un alto el fuego para discutir la rendición. En pocas horas, todo terminó. Los soldados argentinos depusieron las armas y esperaron la repatriación. Las tropas británicas y los civiles de las Malvinas, exultantes, abrieron fuego y celebraron la victoria.
La guerra había sido muy reñida. Los británicos sufrieron deficiencias logísticas al final de una larga línea de suministro. El ejército argentino era una buena fuerza en comparación con muchos otros ejércitos, pero simplemente no estaba a la altura de luchar contra el ejército británico, una fuerza profesional con mejor entrenamiento y disciplina. Las dos fuerzas estaban equipadas de manera similar y los argentinos tenían ventajas en algunas áreas clave. Sin embargo, la moral británica superior se mantuvo y finalmente quebró la voluntad de luchar de su oponente.
Para los argentinos, la guerra fue una derrota vergonzosa. Gran parte de la jefatura militar fue eliminada. Los oficiales con rangos superiores a los de mayor tuvieron suerte de no ser sometidos a un consejo de guerra. Los líderes de la nación habían calculado mal y habían pagado un precio terrible. En cuestión de días, el presidente Leopoldo Gattieri fue destituido. La victoria reforzó el orgullo nacional en el Reino Unido. El león británico todavía podía morder.
domingo, 28 de septiembre de 2025
Malvinas: El ARA San Luis debajo del enemigo

El enemigo desde abajo: la patrulla de guerra del ARA San Luis durante la Guerra de las Malvinas de 1982
El impacto que tuvo el ARA San Luis en la Marina Real Británica
Por el subteniente Grant T. Willis, USAF || Naval Institute
Después de 1945, el uso de submarinos en operaciones de combate se ha limitado al juego del gato y el ratón de la Guerra Fría, con su introducción como plataforma de ataque sumergida guiada con precisión. En 1982, el submarino volvería a hacerse a la mar para hundir buques de guerra enemigos en una batalla convencional, pero estos submarinos no luchaban en nombre de las dos superpotencias de la época. La junta militar argentina, bajo el liderazgo del general Leopoldo Gualtieri, buscó unir a la nación y distraer a su gente de la agitación interna recurriendo a la causa nacional para recuperar las Malvinas, o, como las conocían los británicos, las Islas Malvinas.
Después de mucha presión diplomática de Argentina y reconocidas tensiones económicas y políticas en Gran Bretaña para recortar su gasto militar, la junta lanzó su invasión del archipiélago del Atlántico Sur el 2 de abril de 1982. La primera ministra británica Margaret Thatcher envió una fuerza de tarea naval, cuyo tamaño no se había visto desde la Crisis de Suez de 1956. Los argentinos, después de asegurar las islas con poca resistencia de una unidad ligera de 69 infantes de marina reales, tuvieron que preparar su defensa contra un posible intento de Gran Bretaña de recuperar las islas.
La probabilidad de guerra aumentó a medida que la fuerza de tarea de la Marina Real avanzaba más hacia el sur. Los tres submarinos británicos de propulsión nuclear estacionados en el área dieron la alarma para la flota argentina del almirante Jorge Isaac Anaya. La marina argentina estaba bien armada y era una de las mejores fuerzas navales de América del Sur. El almirante Anaya y su personal habían elaborado el plan para lanzar la invasión y lo presentaron a la junta y al general Leopoldo Gualtieri para su aprobación en 1981. La introducción de los submarinos nucleares de la Marina Real en el Atlántico Sur requirió la implementación inmediata de la invasión el 2 de abril.
Orden de batalla
Muchos de los que estudian la Guerra de las Malvinas de 1982 entienden las hazañas del ARA Santa Fe, un antiguo submarino de la clase Guppy de la Marina de los EE. UU. de la Segunda Guerra Mundial que sufrió graves daños y encalló durante el asalto británico a la isla de Georgia del Sur el 25 de abril. Sin embargo, el Santa Fe no fue el único submarino argentino que participó en combate durante el conflicto de las Malvinas.
Argentina también poseía varios otros submarinos, incluido un nuevo submarino diésel-eléctrico de ataque rápido Tipo 209 construido en Alemania Occidental, el ARA San Luis. El servicio submarino argentino tendría que combinar sus activos de flota y sus camaradas de la Fuerza Aérea y la fuerza aérea naval para intentar cortar la sangre vital de Gran Bretaña y recuperar con éxito las Malvinas en un asalto anfibio. Debido al mantenimiento y la falta de preparación para el mar, solo el San Luis y el Santa Fe estaban listos para el combate durante la Guerra de las Malvinas.1 Si el ARA Salta y el Santiago del Estero hubieran estado listos para el mar a tiempo para la Operación Rosario, tal vez hubieran podido aplicar más tensión y presión sobre los activos de guerra antisubmarina (ASW) de la fuerza de tareas británica.
Muchos de los mejores comandantes de submarinos de la flota argentina en ese momento estaban siendo entrenados en Alemania Occidental, lo que obligó a los oficiales de menor rango y menos experimentados a capitanear sus barcos en el conflicto más importante que los argentinos lucharían en su historia desde su declaración de guerra a la Alemania nazi en 1945.2 Aunque la historia militar de las fuerzas armadas argentinas ha sido ligera, los recursos que Buenos Aires podía aplicar a una guerra en el Atlántico Sur le dieron una ligera ventaja a un ejército argentino que podría, si se hacía correctamente, aplicar sus fuerzas con el máximo efecto en la fuerza de tarea entrante. La aplicación de estos recursos se vería obstaculizada por motivaciones políticas entre sus comandantes superiores y una falta de estándares de entrenamiento y mantenimiento.
Acerca de enfrentar a la flota
Para mantener el poder político en el continente y dentro de la junta, el almirante Anaya regresó su flota de batalla a su puerto de origen en la Base Naval de Puerto Belgrano. 3 Después del hundimiento del General Belgrano, sintió que retener sus buques de guerra restantes mantendría su posición política para ejercer influencia, en lugar de lanzarse a la situación más importante que la Armada Argentina haya enfrentado en su historia. Es fácil decir que la Marina Real hubiera aniquilado a la flota argentina; sin embargo, la combinación de aviones de ataque argentinos con base en tierra, misiles Exocet aéreos, marítimos y terrestres y un portaaviones, la fuerza de tareas de Thatcher, podría haber tenido un resultado mucho más costoso para la recuperación de las Malvinas de lo que experimentó. La fuerza submarina del almirante Anaya parecía ser el único activo de la flota que estaba dispuesto a utilizar en acciones ofensivas de la flota contra la Marina Real.
La patrulla de guerra del San Luis en la guerra del Atlántico Sur ha estado marcada por la controversia. Durante el conflicto, Gran Bretaña perdió seis barcos por bombas y misiles lanzados o lanzados por aviones de ataque argentinos con base en tierra. Estos impactos y hundimientos son, no obstante, notables si se considera la falta de entrenamiento o conocimiento de tácticas antibuque de los pilotos argentinos que volaron contra estos buques fuertemente defendidos. Sin embargo, la guerra en el mar no se limitó completamente al hundimiento del ARA Belgrano (Clase Brooklyn) por el HMS Conqueror (SSN clase Churchill). Después del hundimiento del Belgrano, el resto de la flota argentina fijó un nuevo rumbo hacia su base de origen en Mar del Plata, temiendo nuevos ataques de submarinos nucleares de la Marina Real y pérdidas de más buques capitales que podrían dañar el prestigio y los limitados activos de la junta.
La patrulla de guerra
El San Luis comenzó su patrulla para atacar a la fuerza de tarea al norte de las Islas Malvinas. Durante su única patrulla continua, reivindicó tres ataques con torpedos contra buques británicos. Afirmó haber disparado dos torpedos antisuperficie SST-4 de fabricación alemana y un torpedo antisubmarino Mark 37 estadounidense. Su primer ataque fue contra el HMS Yarmouth (fragata Tipo 12) y el HMS Brilliant (fragata Tipo 22). El ataque del San Luis no tuvo impactos y el buque sostuvo una batalla ASW decidida durante 20 horas, sobreviviendo a cargas de profundidad y un torpedo. El San Luis rompió el contacto y comenzó su segunda incursión el 8 de mayo contra un submarino británico. Doce minutos después de disparar su torpedo, el San Luis escuchó una explosión en el mismo rumbo de su objetivo; sin embargo, la Marina Real no afirmó haber sufrido pérdidas de submarinos durante el conflicto, y se especula que el torpedo del San Luis pudo haber tocado fondo. Su última incursión se llevó a cabo el 10 de mayo contra otros dos buques de guerra, disparando un torpedo contra el HMS Arrow (fragata Tipo 21) y el HMS Alacrity (fragata Tipo 21). Después de seis minutos, se escuchó una pequeña explosión en el rumbo de la fragata, y cuando el HMS Arrow recuperó su contramedida remolcada, fue evidente que había sido alcanzado.4
¿Qué salió mal?
Hubo muchos problemas con el rendimiento de los torpedos SST-4 que había disparado la tripulación del San Luis. Según un análisis de posguerra realizado por el Departamento de la Marina de los EE. UU. en septiembre de 1983:
La principal Fuerza de Tareas británica fue localizada y atacada sin éxito por el Tipo 209, San Luis. Ese submarino estuvo en el mar, y a veces en el área de la fuerza británica, durante aproximadamente 36 días. La amenaza de los submarinos argentinos fue una preocupación constante para el comandante de la Fuerza de Tareas británica, y se realizaron numerosos ataques contra presuntos contactos submarinos, con un gran número de armas ASW que se gastaron. En cualquier caso, el San Luis sobrevivió a todos los esfuerzos ASW británicos, pero al mismo tiempo no pudo infligir daño a la fuerza británica debido a problemas materiales.
Se ha identificado al submarino como alguien que disparaba sus municiones a demasiada profundidad, con un sistema de control de fuego obsoleto que requería que la tripulación calculara sus soluciones manualmente; cables rotos después de que se dispararan los torpedos, lo que impidió la capacidad de dirigir a los peces hacia sus objetivos; la falta de preparación de los SST-4 en los tubos de la sala de torpedos, que no permitían que los torpedos se armaran solos después de dispararse, y una tripulación inexperta.5 Todos estos factores se combinaron para permitir que los buques objetivo escaparan de los ataques del San Luis. Los ataques fueron pobres, pero el hecho de que el San Luis pudiera hacer estas aproximaciones contra lo mejor de la Royal Navy muestra cuán diferente podría haber sido el resultado si el San Luis hubiera estado completamente aprovisionado y preparado para operaciones de combate.
Sin embargo, es significativo que estos ataques y batallas ASW tuvieran lugar. Un submarino de diseño y fabricación alemana había disparado torpedos reales en señal de ira contra buques de guerra de la Royal Navy de Su Majestad por tercera vez en el Atlántico durante el siglo XX. Esta vez, los submarinistas de esta versión latinoamericana de Das Boot habían tenido un golpe de suerte, ya que lograron eludir los decididos ataques con cargas de profundidad y torpedos de la Royal Navy y regresaron a casa sin un rasguño.
Resultados
El 14 de junio de 1982, la Union Jack volvió a ondear sobre Puerto Stanley mientras la guarnición argentina bajo el mando del general Menéndez se rendía. La conmoción y el daño al orgullo nacional argentino dieron como resultado el regreso de la democracia a Buenos Aires, el rechazo del régimen militar y la aplicación por parte del gobierno de la “guerra sucia”, o reinado del terror contra los disidentes del régimen de la junta. Aunque Argentina perdió la guerra, había recuperado su democracia. Para el gobierno de la primera ministra Thatcher, su supervivencia política estaba asegurada y la guerra provocó un aumento del orgullo y el prestigio británicos.6 Lo que comenzó como una humillación nacional había resultado en éxito y redención. La Marina Real sobrevivió y los recortes a sus capacidades y tamaño terminaron debido a la demostración cinética de su importancia para mantener el poder internacional de Gran Bretaña.
Lo que podría haber sido
El resultado de la Guerra de las Malvinas habría sido muy diferente si los torpedos del San Luis hubieran funcionado y golpeado correctamente solo se puede especular. Si las bombas de la fuerza aeronaval y aérea argentina hubieran que impactaron hubieran detonado, tal vez más de nueve barcos podrían haberse hundido. Si el portaaviones ligero ARA Veinticinco de Mayo hubiera podido lanzar un ataque contra los portaaviones británicos con sus diez A-4Q Skyhawks en lugar de abortar debido al mal tiempo y si los torpedos del San Luis hubieran funcionado como se esperaba, la Marina Real podría haber sufrido una humillante derrota a manos de los argentinos. Todos estos factores coincidieron con el hecho de que los británicos tenían poco o ningún avión de alerta temprana y tuvieron que depender de fuerzas especiales, submarinos y radares a bordo de los barcos para detectar aviones que se acercaban en vuelo bajo.
Muchas situaciones contrafácticas posibles podrían resultar en la derrota de un intento británico de recuperar las islas, pero la lucha fue decidida por hombres dispuestos a hacer un esfuerzo extraordinario a pesar del terreno difícil, el clima y las largas distancias. La guerra en el mar puede parecer una cosa de película con capitanes tranquilos y calculadores que atraviesan el periscopio, como cazadores que acechan a sus presas en alta mar, pero guerras como la de las Malvinas aún muestran el papel clave que los submarinos y sus intrépidas tripulaciones pueden desempeñar en la guerra moderna. Hoy, mientras miramos hacia el futuro del combate sumergido, las grandes potencias y sus armadas pueden aprender lecciones valiosas del Atlántico Sur y las hazañas de sus veteranos como el San Luis.
Mirando hacia el futuro desde las Malvinas
En el futuro, los submarinos seguirán desempeñando un papel fundamental en la guerra de expedición, así como en entornos de antiacceso/denegación de área (A2/AD). La combinación de poder aéreo naval y terrestre en un entorno de expedición es un componente clave de las amenazas que enfrentan hoy Estados Unidos y sus aliados del Pacífico. Los oficiales militares estadounidenses deben ser conscientes de la importancia de comprender e integrar todos los dominios de la guerra para mantener la superioridad en los puntos calientes. El Mar de China Meridional, el Pacífico occidental y las aguas del Golfo Pérsico pueden brindar futuras oportunidades para que los buques diésel eléctricos, junto con los submarinos submarinos más modernos, demuestren la importancia de mantener en perfecto estado los procedimientos de guerra antisubmarina, logística, mantenimiento y alerta temprana en tiempos de paz para prepararse para posibles acciones de enfrentamiento y conflictos de mayor alcance. Tal como el Duque de Wellington describió su victoria sobre Napoleón Bonaparte en Waterloo, la Guerra de las Malvinas fue, en efecto, “una cosa condenadamente buena, la más reñida que hayas visto en tu vida”.
Referencias
1. Steven R. Harper, “Submarine Operations during the Falklands War,” Department of Operations Paper, Naval War College, 1994.
2.Harper, “Submarine Operations during the Falklands War.”
3. Maciej Jonasz “Falklands War: Why Did Argentina Fail?” Modern War, n.d.
4. Harper, “Submarine Operations during the Falklands War.”
5. Harper, “Submarine Operations during the Falklands War.”
6. Bogdanor, Vernon. “The Falklands War, 1982 .” Gresham College, 6 April 2016.



