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domingo, 20 de septiembre de 2026

Malvinas: Operación IMPI, el cuarto intento de ataque contra los SuE y Exocet


Operación IMPI

Basado en el relato de Mariano Sciaroni


En junio de 1982, cuando la guerra de las Malvinas entraba en su fase final, el alto mando británico todavía consideraba prioritaria la destrucción de los Super Étendard de la Aviación Naval argentina y de los misiles AM39 Exocet que pudieran permanecer disponibles. La combinación de ambos sistemas había demostrado ser una de las amenazas más serias contra la Task Force y, mientras existiera la posibilidad de nuevos ataques, la Royal Navy no podía considerar neutralizado el peligro.

Durante las semanas anteriores, los británicos habían estudiado distintas alternativas para golpear esa capacidad directamente en el continente. La primera había sido la operación PLUM DUFF, concebida como un reconocimiento previo de la zona de Río Grande. Después había surgido MIKADO, un proyecto mucho más ambicioso: dos aviones Hercules debían aterrizar directamente en la base aeronaval y desembarcar una fuerza de hasta setenta hombres del SAS, cuya misión consistiría en destruir los Super Étendard, localizar los Exocet y eliminar, en la medida de lo posible, al personal y los medios necesarios para continuar las operaciones.



El plan entrañaba riesgos extraordinarios. Río Grande se encontraba en territorio continental argentino, a gran distancia de las fuerzas británicas desplegadas en las islas, y cualquier fracaso podía dejar a decenas de comandos aislados, sin una vía sencilla de retirada y expuestos a una reacción inmediata de las fuerzas argentinas. PLUM DUFF no alcanzó sus objetivos y MIKADO, después de sucesivas revisiones, fue formalmente cancelada el 4 de junio.

La cancelación, sin embargo, no significó que Londres hubiese renunciado al objetivo. Ese mismo día, el cuartel general británico ordenó al comandante de la Task Force 317 preparar una nueva alternativa. El resultado fue la operación IMPI.

A diferencia de MIKADO, IMPI reducía considerablemente la magnitud de la fuerza empleada y buscaba apoyarse más en la sorpresa, la navegación a baja cota y la infiltración desde el mar. El concepto combinaba un único Hercules de la Royal Air Force con dos submarinos británicos y una pequeña fuerza de comandos. El propósito seguía siendo esencialmente el mismo: alcanzar las instalaciones desde las cuales podían operar los Super Étendard y destruir los medios que amenazaban a la flota.



Operación conjunta con Chile, reza la carpeta

La fase aérea estaría a cargo de un Hercules del 47 Squadron de la RAF. El aparato despegaría desde la isla Ascensión y efectuaría reabastecimientos en vuelo durante la larga navegación hacia el extremo austral de Sudamérica. La ruta prevista lo llevaría al este de las Malvinas y luego hacia el sur, evitando en lo posible las áreas cubiertas por los sistemas argentinos de vigilancia. Después debía rodear el Cabo de Hornos y aproximarse a Tierra del Fuego a muy baja altura, durante la noche, con el objetivo de reducir al mínimo las posibilidades de detección radar.

La navegación final exigía una precisión considerable. Un Hercules era un avión grande, concebido para el transporte táctico y no para penetrar clandestinamente un espacio aéreo defendido. Volar de noche, a escasa altura sobre el mar y el terreno austral, después de una misión de miles de kilómetros, representaba por sí mismo un desafío operativo de primer orden. A ello se sumaba la necesidad de localizar con exactitud los puntos previstos para el desembarco o la inserción de las fuerzas especiales.

Los documentos conocidos mencionan dos aeródromos bajo los nombres en clave de “San José” y “Arco Iris”. Su identificación no aparece establecida de manera concluyente en la documentación disponible, aunque distintos indicios permiten relacionarlos con Río Grande y Río Gallegos. La ruta considerada para el Hercules también ha dado lugar a interrogantes acerca de un eventual uso de territorio chileno para apoyo, recuperación o contingencias, aunque el alcance concreto de esa posible participación no puede determinarse con certeza a partir de los documentos actualmente conocidos.

La operación incluía, además, un elemento naval particularmente singular. El submarino nuclear HMS Conqueror debía ocupar una posición desde la cual pudiera servir como referencia radioeléctrica para el Hercules durante la aproximación. En lugar de actuar como plataforma de ataque, el submarino tendría la misión de emitir una señal que facilitara la navegación del avión en una región donde el uso de ayudas convencionales podía comprometer la sorpresa.



El segundo submarino asignado era el HMS Onyx, una unidad convencional especialmente adecuada para operar cerca de la costa. Desde él debía desembarcar una pequeña fuerza compuesta por ocho hombres del SAS y dos del SBS. Los comandos serían trasladados hacia tierra mediante embarcaciones Gemini y llevarían explosivos y armamento antitanque para atacar los objetivos designados.

El empleo de sólo diez hombres marcaba una diferencia sustancial respecto de MIKADO. Ya no se trataba de conquistar temporalmente una base mediante un golpe masivo, sino de infiltrar una fuerza reducida, alcanzar objetivos previamente seleccionados, destruirlos y retirarse antes de que las unidades argentinas pudieran organizar una respuesta efectiva. El éxito dependía menos de la potencia de combate que de la coordinación, la sorpresa y la sincronización entre medios separados por enormes distancias.


HMS Conqueror

El Hercules debía navegar desde Ascensión, recibir combustible en vuelo, rodear el extremo meridional del continente y penetrar a baja altura. El Conqueror tendría que encontrarse en la posición exacta para proporcionarle la referencia prevista. El Onyx, por su parte, debía aproximarse a la costa sin ser detectado y lanzar los botes con los hombres del SAS y del SBS. Cualquier demora, error de navegación o detección prematura podía comprometer el conjunto de la misión.

A mediados de junio, mientras las fuerzas terrestres británicas cerraban el cerco sobre Puerto Argentino, los preparativos continuaban. El 14 de junio, el HMS Onyx embarcó en San Carlos a los integrantes de las fuerzas especiales destinados a la operación. Para entonces, la batalla terrestre en las islas estaba llegando a su desenlace, pero IMPI todavía permanecía dentro de las opciones disponibles.


HMS Onyx

La situación cambió con rapidez. Durante esa misma jornada se produjo el colapso de las posiciones argentinas alrededor de Puerto Argentino y, horas más tarde, la rendición puso término efectivo a las principales operaciones de combate en las islas.

Incluso entonces, la preparación de IMPI no se detuvo de inmediato. El 15 de junio, los hombres embarcados en el Onyx realizaron ejercicios de desembarco con las embarcaciones Gemini. La misión todavía conservaba, al menos desde el punto de vista técnico, una cierta inercia operacional. Sin embargo, el cese de las operaciones aéreas argentinas eliminó la amenaza que había justificado el plan. Sin ataques de los Super Étendard y sin una necesidad inmediata de neutralizar los Exocet, la incursión perdió su razón de ser.

IMPI nunca fue ejecutada.

Quedó como el último plan conocido de operaciones especiales británicas destinado específicamente a destruir la capacidad argentina de operar los Super Étendard y los misiles Exocet durante la guerra de 1982. Su concepción revela hasta qué punto aquella combinación de avión y misil preocupaba al mando británico aun en los últimos días del conflicto.



El proyecto reunía medios de tres ámbitos distintos en una operación de notable complejidad: un Hercules procedente de Ascensión, una ruta de penetración alrededor del Cabo de Hornos, un submarino nuclear empleado como referencia de navegación, un submarino convencional acercándose a la costa y una pequeña fuerza de comandos preparada para desembarcar en territorio continental argentino.

El final de la guerra hizo innecesaria la misión antes de que pudiera ponerse en marcha. El Hercules no realizó el vuelo previsto, el Conqueror no tuvo que guiarlo hacia Tierra del Fuego y los hombres transportados por el Onyx no desembarcaron en la costa argentina.



Buena parte de la historia de IMPI, además, permanece incompleta. Los documentos disponibles permiten reconstruir su estructura general, sus medios y parte de sus objetivos, pero no todos sus detalles. La identificación definitiva de “San José” y “Arco Iris”, el recorrido exacto previsto para las fuerzas especiales, el papel que eventualmente habría correspondido a Chile y otros aspectos del planeamiento continúan sujetos a documentación que todavía no se encuentra plenamente disponible en los archivos británicos de Kew.

Por eso IMPI permanece en una zona particular de la historia militar de la guerra: no fue simplemente una idea preliminar, porque alcanzó un grado considerable de preparación y las fuerzas destinadas a ejecutarla llegaron a embarcarse; pero tampoco llegó a transformarse en una operación de combate.

Durante unas pocas horas de junio de 1982, mientras en las Malvinas se negociaba el final de la lucha, un submarino británico llevaba a bordo a los hombres que debían participar en una incursión secreta contra el continente argentino. Al día siguiente, todavía practicaban el desembarco.

La guerra terminó antes de que recibieran la orden de partir.

viernes, 13 de marzo de 2026

Malvinas: Libro ahonda en la traición chilena

Genética traidora

 

El libro que desclasificará el crucial apoyo chileno a Inglaterra en la guerra de Malvinas

Los periodistas chilenos Mauricio Palma y Daniel Avendaño investigan sin límites de tiempo para un texto que revelará, con documentos y relatos humanos, la colaboración militar de Chile con el Reino Unido durante el conflicto de 1982.

Agenda Malvinas

La fallida operación Mikado realizada por comandos británico entre el 16 y 17 de mayo de 1982, y que contó con la estrecha colaboración con la Fuerza Aérea de Chile.

En el panorama de la historiografía latinoamericana, un nuevo y revelador capítulo se está escribiendo
. Los periodistas chilenos Mauricio Palma Zárate y Daniel Avendaño Caneo se encuentran en la fase final de una investigación exhaustiva y sin precedentes que dará vida a un libro sobre uno de los episodios más delicados y menos divulgados de la historia reciente de la región: el apoyo estratégico, militar y de inteligencia del gobierno chileno de Augusto Pinochet al Reino Unido durante la Guerra de las Malvinas en 1982.

La obra, pactada con el gigante editorial Penguin Random House y con una publicación prevista para el primer semestre de 2026, no se limita a enumerar hechos; busca reconstruir una historia humana y política compleja, basada en documentación concreta y testimonios de sus protagonistas.

Orígenes

El origen de este proyecto se remonta a una curiosidad periodística alimentada por mitos y silencios. Como explican los autores, su método se caracteriza por una paciencia investigativa fuera de lo común. “Siempre nos ha interesado investigar temas que circulan, ciertos mitos y tratamos a partir de la investigación profunda, exhaustiva, sin límite de tiempo, a nosotros eso es algo que nos caracteriza, no nos ponemos límite de tiempo hasta que nosotros conseguimos lo que creemos es lo fundamental”, relatan.

El 40° aniversario del conflicto les dio el impulso final, pero fue una estancia en Londres la que proporcionó el punto de partida crucial. “Por razones familiares, me tocó vivir un año en Londres y ahí fui al Archivo Nacional de Londres a revisar los documentos que ellos tenían. Y ahí yo creo, que es un súper buen punto de partida”. Este acceso a archivos británicos, que han tenido distintas etapas de desclasificación, les permitió encontrar información inédita: “En los últimos dos o tres años han habido documentos importantes a los que tuvimos acceso y que obviamente a partir de eso se nos abrieron líneas de investigación”.

Para los periodistas, que eran solo niños durante la guerra, el tema siempre estuvo cubierto por un manto de silencio impuesto por la dictadura. “Acá en Chile nunca se habló mucho sobre el tema de la guerra de las Malvinas. Porque en ese tiempo la dictadura lo que hacía era efectivamente tratar de tapar toda esta cosa, toda esta mugre para ellos debajo de la alfombra. Entonces mientras menos el país lo supiera, mucho mejor para ellos”, afirman.

Su único recuerdo infantil era la potente canción de León Gieco “Sólo le pido a Dios”, una referencia lejana a un conflicto que sentían ajeno. “Escuchábamos la canción de León Gieco... y yo siendo un niño me acordaba que era muy fuerte escuchar 'el monstruo grande que pisa fuerte', para nosotros, una cosa súper increíble”.

Ese silencio es precisamente lo que su trabajo busca romper, transformando la especulación en evidencia: “Nosotros precisamente lo que estamos tratando de reconstruir son historias múltiples con respecto al apoyo chileno a los ingleses, y con historias súper concretas, muy concretas, con documentación. Ya deja de ser un mito, sino que hay documentación concreta” afirman.

Estrategias

El libro se propone explicar las razones detrás de esta colaboración, que para la junta militar chilena tenía una lógica estratégica ineludible. Los autores rescatan la justificación del entonces Comandante en Jefe de la Fuerza Aérea, Fernando Matthei: “Se está quemando la casa del vecino y yo tengo que proteger la mía”.

Este temor a una eventual invasión argentina no era infundado, según su investigación, ya que “también ha existido un documento por parte de los militares argentinos que señalaban que el próximo paso era la invasión chilena”.

El punto de inflexión que comenzó a resquebrajar el secreto fue, irónicamente, la detención de Pinochet en Londres en 1998. “Desde ese momento, Margaret Thatcher decide como argumento estratégico comunicacional decir, 'este amigo de Inglaterra que era Pinochet, que nos ayudó, es importante que se sepa'”.

Más allá de la alta política, los autores destacan los profundos lazos históricos que facilitaron esta alianza. “El gran aliado que ha tenido la Fuerza Armada chilena a lo largo de su historia son precisamente las Fuerzas Armadas del Reino Unido”, explican, citando desde la fundación de la Armada chilena por Lord Cochrane hasta la formación de los servicios de inteligencia con el MI6. “Muchos de los integrantes de las Fuerzas Armadas chilenas hacían sus pasantías en Inglaterra, entonces no era un aliado casual”. Este vínculo se entronca incluso en la idiosincrasia nacional: “Los chilenos nos hacemos llamar 'los ingleses de Latinoamérica'... el vínculo del Reino Unido con Chile es bastante estrecho a lo largo de la historia”.

Protagonismos

Uno de los hallazgos significativos de su investigación es el rol más protagónico de la Armada chilena, tradicionalmente opacado por el de la Fuerza Aérea. Descubrieron que el almirante José Toribio Merino, otro anglófilo confeso que “tenía su gran líder histórico, era el general Nelson”, fue un articulador clave.

“La Armada Chilena son los primeros que alertan a la Junta Militar Chilena en decir que se viene un ataque a las Malvinas” revelan. Incluso manejan documentación que sugiere una escalada mayor: “Existe un documento que fue interceptado incluso por las Fuerzas Armadas Argentinas, en donde se establece todo el proceso de acción que iba a desarrollar la escuadra chilena... y en un momento se señala, que en caso de ser necesario, estamos listos para que el 19 de abril de 1982 podamos ser partícipes de los ataques”, contra la Argentina.

Historias dentro de la historia

El libro también se adentrará en las historias humanas detrás de la gran estrategia. Quizás la más conmovedora es la búsqueda de la identidad de dos soldados argentinos rescatados por el barco chileno Piloto Pardo tras el hundimiento del Crucero ARA General Belgrano. “Hemos estado trabajando en los últimos dos años directamente en tratar de llegar a la identidad de estos dos héroes argentinos. Ha sido un proceso muy largo”, detallan.

Una pista crucial es un anillo de matrimonio: “Uno de ellos tenía un anillo, que se había casado en marzo de 1982, ese es un dato que para nosotros pudiese ser muy importante”.

Este esfuerzo investigativo ha sido posible, según dicen, gracias a la sorprendente colaboración recibida desde Argentina. “Nos sorprende, gratamente, es el apoyo que hemos tenido de las fuentes argentinas hacia esta investigación, han sido muy amables, muy abiertos, son más abiertos en la Argentina que en Chile”, reconocen, agradeciendo el apoyo de excombatientes, veteranos e incluso de las propias fuerzas armadas argentinas.

Objetivos

El objetivo final trasciende lo meramente histórico. Los autores visualizan su trabajo como un puente entre ambas naciones. “Creemos que este libro puede ser un aporte a conocer la historia, a conocernos más el chileno y el argentino”, reflexionan, aludiendo al fin de la rivalidad chauvinista que caracterizó a generaciones pasadas. “Nuestro libro apunta a eso, a una especie de rescate de la esencia de Latinoamérica, de que efectivamente somos países hermanos”, asienten.

Con una narrativa periodística accesible, buscan llegar especialmente a las nuevas generaciones para quienes Malvinas “es prehistoria”, asegurando que este episodio, cargado de secretos, lealtades complejas y dramas humanos, “merece ser revisitado y contado”.

Mauricio Palma Zárate y Daniel Avendaño Caneo no aspiran a ser definitivos, sino a sumarse a la tradición historiográfica con rigor y una mirada fresca, centrada en las personas que, desde las sombras, escribieron un capítulo clandestino de la guerra.




jueves, 3 de abril de 2025

Malvinas: El piloto chileno que rescató al SAS en Tierra del Fuego


Imagen referencial. Un Sea King HC.4 de 825 Escuadrón Aéreo Naval despega después de trasladar, desde San Carlos a Darwin, a comandos de la compañía 42 de los Royal Marines (Photo by Paul Haley/ Crown Copyright. Imperial War Museums via Getty Images)IWM/Getty Images - Imperial War Museums

Operación Plum Duff. El aviador chileno que rescató a los comandos británicos que planeaban atacar la base aérea de Río Grande


LA NACION



Jorge Freyggang Campaña, ex oficial de la Fuerza Aérea de Chile, se hizo famoso por ser el primer piloto comercial en llegar a la Antártica; sin embargo, pocos –ni siquiera sus más cercanos- conocían su rol en la guerra de Malvinas


Daniel Avendaño y Mauricio Palma

Son casi las 11 de la noche y caen las primeras gotas sobre Gotemburgo. Solo dos chilenas, que promedian los 70 años, esperan frente al Stora Teatern, el centenario recinto del puerto sueco. Hace poco más de una hora que terminó el concierto de los Inti Illimani, y esperan tomarse una fotografía con los músicos.

Finalmente, aparecen los fundadores de la banda, Horacio Salinas y José Seves, que ya superan los 70 años y que no dudan en posar junto a sus compatriotas.

Es 21 de septiembre de 2023 y nos acercamos a Seves: le contamos que estamos escribiendo un artículo sobre el piloto Jorge Freyggang, hermano mayor de Renato, un saxofonista que estuvo en la banda durante diez años mientras estaban exiliados en Italia.

“Fuimos muy cercanos con Renato”, aclara el dueño del vozarrón emblemático del grupo.

También le señalamos que diversos documentos sindican a este excapitán de la Fuerza Aérea de Chile como uno de los represores de la dictadura chilena. Esta vez, José Seves -con cara contrariada- señala que jamás supo de esta historia. Nos dirá que es un episodio desconocido al interior de los Inti, como se le conoce a esta agrupación fundada en 1967 y que fuese una férrea promotora del gobierno socialista de Salvador Allende.

Dos semanas más tarde, el lunes 2 de octubre de 2023, y minutos antes de que el conjunto Amankay, integrado por holandeses y chilenos, se presente por primera vez en el teatro de la Universidad de Santiago, nos acercamos a Renato Freyggang y le preguntamos por su hermano Jorge y su rol en las sesiones de tortura en la base aérea de Temuco en 1973. El ex Inti Illimani, con semblante sereno, nos dice: “No tenía idea”, y luego agrega que le gustaría cooperar, saber si hay más antecedentes, y que no tendría problemas en reconocer que Jorge estuvo en eso. “En realidad, no me extraña, hubo muchos involucrados”.

La historia le daría la razón.


El aviador trasandino Jorge Freyggang

La pandilla salvaje

Hijo de un suboficial de la FACh que por mérito ascendió a oficial, Jorge Humberto Freyggang Campaña nació el 1 de abril de 1947. Eran cuatro hermanos, tres varones y una niña, y vivieron toda su infancia en Santiago.

A los 18 años ingresó a la Escuela de Aviación y a fines de 1969 egresó con el grado de subteniente, ocupando la antigüedad número 25. Difícilmente llegaría al generalato. Poco después fue destinado a Punta Arenas, en el extremo sur de Chile. Allí conoció a Susana López González, hija de comerciantes locales; se casaron con separación total de bienes.

En mayo de 1973, el teniente Freyggang fue enviado a la Base Aérea Maquehue de Temuco, la que había iniciado sus operaciones a fines de los años 20 y en la que, varias décadas más tarde, el Papa Francisco ofrecería una misa teñida de polémica: subió al altar acompañado por un obispo silente y encubridor de un sacerdote pedófilo.

Es en este lugar, que en los 60 albergaba a la escuela de helicópteros de la FACh, donde Freyggang escribió su historia más brutal a partir del golpe militar del 11 de septiembre de 1973.

Uno de los que padeció aquella infamia fue Jorge Silhi Zarzar. Hasta su casa ubicada en el centro de Temuco, llegaron tres miembros de la FACh y un enfermero civil. Allí encañonaron a su madre y lo sacaron violentamente desde su hogar. Lo trasladaron hasta la Base Maquehue, ubicada a seis kilómetros al suroeste del centro de la ciudad. En aquel recinto, al entonces liceano lo recibiría “La pandilla salvaje”, un grupo compuesto por oficiales y suboficiales, dirigida por Freyggang Campaña.

“Aquí comienza un calvario que yo no me imaginaba que resultaría posible entre seres humanos: interrogatorios reiterados con golpes, con palos, con electricidad y lo peor de todo, el submarino seco, que es la bolsa de nylon que te ponen en la cabeza hasta que tú abras la mano y decidas que quieres hablar. Si lo hacías para aliviarte y no contestaban lo que ellos querían, volvía el submarino seco”, cuenta el hoy abogado Silhi, desde su casa en la capital de la Región de la Araucanía.

En esos días, Jorge Silhi tenía 19 años recién cumplidos. Era un conocido dirigente estudiantil y militante del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR). Por lo mismo, recibió instrucción militar, pero sin alcanzar a pertenecer a las estructuras claves de su partido. En los interrogatorios insistirá que su perfil era intrascendente.

“Jorge Freyggang estuvo en mis interrogatorios y era uno de los que me golpeaba, pero los que más golpeaban eran los suboficiales”. En una de las sesiones de tormento, Silhi -quien siempre estuvo vendado- logró sacarse la bolsa plástica que lo asfixiaba y ahí Freyggang le tomó las manos y las ató con un cinturón.

Tras ocho días detenido en la Base Maquehue, donde lo interrogaron dos o tres veces al día y después de sufrir “una de las peores pateaduras”, Silhi fue dejado en libertad gracias a contactos familiares. “Cuando soy liberado, el que me va a dejar a mi hogar era Freyggang”, recuerda el abogado temuquense, que reconoció la voz de quien daba las órdenes de las golpizas que padeció.

A fines del 73, Jorge Silhi salió del país con destino a Argentina, donde permaneció un año. Volvería a Chile a estudiar Derecho, ya completamente descolgado de una militancia política. Recién a mediados de los 80 defendería a algunos perseguidos políticos de la dictadura de Pinochet.


Jorge Silhi en su casa en Temuco

El apellido Freyggang es repetido en varios procesos judiciales que se sustanciaron por los crímenes cometidos en Maquehue. En ellos, exoficiales y suboficiales sindicaron al entonces teniente como integrante e incluso jefe de la unidad de inteligencia que operó en aquel recinto militar. Varios de los integrantes de la denominada pandilla salvaje fueron condenados y hoy cumplen condena en prisión.
Un reconocimiento inusual

En la hoja de vida militar de Jorge Freyggang Campaña, un documento de 56 carillas manuscritas y entregada por la propia FACh, se consigna que dos semanas antes del golpe militar –y con la edad de 26 años- pasó a ser jefe del Departamento de Inteligencia del Grupo 3 Maquehue de Temuco, donde “tuvo una destacada actuación antes, durante y después de los sucesos del 11 de septiembre de 1973″.

El texto agrega: “Cumplió con valentía y decisión su actuación frente a elementos marxistas, practicando interrogatorios, detenciones, allanamientos y otras misiones”.


Hoja de vida militar de Jorge Freyggang

Como pocas veces, la propia FACh acreditó la participación de uno de sus oficiales en detenciones extrajudiciales. Aún más: Freyggang obtuvo las mejores calificaciones mientras estuvo destinado en Temuco.

El 12 de septiembre de 1975, dejó su rol en inteligencia y asumió distintas labores administrativas; incluso sería el director del jardín infantil del regimiento.

Seis meses después, en la Laguna del Laja, sufrió su primer accidente aéreo cuando estrelló el helicóptero Dell UH-1H que conducía. La institución lo felicitó por su maniobra y concluyó que se debió a una “falla de material”.

A mediados de 1977, solicitó ser dado de baja de la institución “por motivos particulares”. A fines de agosto dejó las filas de la FACh con el grado de capitán, cerrando su hoja militar llena con múltiples loas; “se le puede confiar cualquier misión”, apuntaron sus superiores.

En los días siguientes, regresó a la Patagonia para iniciar su añorado negocio: tener su propia línea aérea. Para ello, se asoció con su suegro Sergio López, quien era dueño de una librería en Punta Arenas. Ambos se endeudaron y en diciembre del mismo año compraron la línea aérea Tama a Luciano Julio, que solo contaba con una aeronave, un maltrecho CC-CAK.

A pesar de lo precario de la firma, Freyggang le dio un nuevo impulso a la empresa: él piloteaba, su suegro era ejecutivo y su mujer atendía el público. Con el viejo avión aumentó la periodicidad de los vuelos entre Punta Arenas, Cerro Sombrero, Porvenir y Puerto Williams.

Pero la gran apuesta de Freyggang fue en 1980: viajó a Estados Unidos para adquirir tres aviones. Tama se ponía pantalones largos y, cada tanto, ponían avisos publicitarios en los diarios locales. Pero sabía que necesitaba algo más grande para remecer el débil mercado aeronáutico de la zona, hasta que ideó su gran golpe de marketing: el domingo 22 de marzo de 1981, su rostro apareció en la prensa local bajo el titular: “Hazaña histórica de empresa magallánica. Abierta ruta comercial a la Antártica. Jorge Freyggang, piloto civil, fue el primero en llegar a la Antártida con un avión comercial.”


El 22 de marzo de de 1981 el diario El Magallanes da cuenta de la hazaña de Jorge Freyggang, primer piloto civil en unir en vuelo América con la Antártida

El viaje hasta la base Teniente Marsh en la Antártida fue su particular homenaje a la institución que lo formó como piloto, el mismo día del aniversario de la FACh, celebrando el aterrizaje de esta hazaña aeronáutica entre los vítores de sus ex camaradas del aire, a quienes les llevó varias sandías.

¿Un espía de los ingleses?

El otoño de 1982 fue durísimo para los habitantes del extremo sur del continente. Argentina estaba en guerra con Gran Bretaña por la soberanía de las islas Malvinas. Fue una conflagración corta pero sangrienta.

A muy poco andar del conflicto, el alto mando de la Real Fuerza Aérea Británica (RAF) envió a Chile a uno de sus hombres para que consiguiese el apoyo local bajo el más estricto sigilo. El elegido fue Sidney Albert Edwards, un oficial que a sus 48 años hablaba perfecto español y era experto en inteligencia militar. En Londres sabían que estaban dando inicio a una relación quid pro quo, en la que la ayuda sería recíproca: tras la guerra, Chile recibiría seis Hawker Hunter, un radar de larga distancia, misiles antiaéreos y tres cazabombarderos Canberra de reconocimiento fotogramétrico de gran altura. Mientras que los aviadores británicos usarían el espacio aéreo chileno para labores de espionaje, instalando en Punta Arenas un radar que les permitió detectar los movimientos de los cazas argentinos, y varias pistas en las que aterrizaban aeronaves inglesas camufladas como máquinas chilenas.

Pero la ayuda subrepticia hacia los británicos no estuvo exenta de incidentes.


Sea King con las aspas plegadas a bordo de la cubierta de vuelo del HMS Intrepid. Atrás asoma el portaaviones ligero HMS Hermes.


El mapa con la operación frustrada que publicó el periódico inglés Daily Mail en 2014

El 17 de mayo de 1982, el helicóptero Sea King HC-4VC, bajo el mando del teniente Richard Hutching, despegó desde el portaviones HMS Invencible. En el interior iban además ocho hombres del S.A.S., las fuerzas especiales del ejército británico. Era una misión arriesgada y casi suicida. La operación secreta, denominada Plum Duff, tenía como objetivo infiltrar la base aeronaval argentina de Río Grande, destruir los aviones Super Étendard, asesinar a sus pilotos, pero por sobre todo, destruir los 3 misiles AM-39 Exocet que aún mantenía la Fuerza Aérea Argentina, el principal dolor de cabeza para Margaret Thatcher, luego que semanas antes, el 4 de mayo, dos de estos misiles habían hundido al destructor británico HMS Sheffield.


La base Aérea de Río Grande, en 1982, objetivo de los comandos que participaron en la operación Plum Duff

Pero algo falló, y debido a las condiciones climáticas, el teniente Hutching abortó la misión pues había sido detectado por un radar hostil: el copiloto pudo observar una bengala en las cercanías. Decidieron dejar a los comandos SAS en un punto cercano al río Silva. Luego prosiguieron rumbo a Punta Arenas y ya en territorio chileno, el Sea King fue abandonado y destruido por sus propios ocupantes.




El incendio del helicóptero no sólo fue advertido por los lugareños sino que rápidamente se convirtió en noticia internacional. Los tres tripulantes del Sea King decidieron esconderse, hasta recibir nuevas órdenes. Fueron siete largos días en que el incidente pasó a ser un inesperado y casi insalvable conflicto diplomático, hasta que –según rezaba el protocolo- Hutching tomó su teléfono satelital y llamó a Sidney Edwards:

“Entréguense a las autoridades chilenas y yo me ocuparé de que lleguen a Santiago”, fue la instrucción que recibió el piloto. Y así lo hicieron. En los días siguientes abandonaron el territorio chileno rumbo a Londres.


La Prensa Austral publico la noticia del rescate de los tres pilotos del Sea King. Si bien la crónica habla de "misterio", jamás menciona a los 8 comando británicos que iban en el helicóptero


La tripulación del Sea King británico tuvo una salida "oficial". Los tres pilotos dieron una conferencia de prensa al llegar a Santiago, pero negaron la existencia de comandos británicos en el continente

Mientras, los 8 hombres de la SAS seguían escondidos en el sur de Chile, específicamente en la ciudad de Porvenir. Pero no aguantarían mucho tiempo.

Se hacía urgente sacarlos del país, por lo que los oficiales de enlace chilenos contactaron al ex camarada de la FACh, Jorge Freyggang. Los ingleses pagaron una alta cifra con el propósito de resguardar las identidades de sus pasajeros que, de paso, mejoraron las alicaídas arcas de aerolíneas Tama.

Aprovechando la tranquilidad del domingo 30 de mayo, los ocho comandos británicos fueron trasladados desde Porvenir hasta Punta Arenas a bordo de un monomotor. En la capital de Magallanes, los esperaba el Beecheraft Queen Air BE-80 piloteado por Freyggang. Hizo escala en Puerto Montt para cargar combustible y al llegar a Santiago, fueron recibidos por una columna de vehículos que los llevó a una casa de seguridad. Jorge Freyggang respiró tranquilo. La misión secreta había resultado exitosa y la paga generosa. Estuvo 6 días en la capital, reunió a su familia y el sábado emprendió el vuelo de regreso a Punta Arenas.

Sería el último de su vida.



Vecinos de Punta Arenas aún conservan, como souvenirs, pedazos del Sea King que los comandos británicos abandonaron y prendieron fuego tras abortar el ataque a la base de Río Grande

Aquel 5 de junio de 1982 había sido pronosticado con mal tiempo. No era un buen día para volar. Los 1308 kilómetros que separan Puerto Montt con la austral Punta Arenas se encontraban con cielos completamente nublados. Es una geografía compleja y un clima inestable, con vientos bravos. Pero Freyggang se tenía confianza. Había despegado aquella mañana desde Santiago en su Beecheraft Queen Air BE-80. Hizo una escala en el aeropuerto El Tepual de Puerto Montt. Lo acompañaba su esposa Susana López, sus hijos Jorge (9), Patricio (7), Susana (2) y la asesora del hogar, Brunilda Navarro. Despegaron cerca de las 10 de la mañana para volver a su amado Magallanes.

A las 18:10 horas, Jorge Freyggang se contactó con el operador de la torre de control del aeródromo de Chile Chico. Tenía una emergencia:

“Solo veo mar a mi alrededor; también veo la luna. No observo tierra. Me queda combustible para unos 20 minutos, así que trataré de amarar. Búsquenme. No me olviden”.

Fue su último contacto radial.

“Perdido avión de Tama”, tituló al día siguiente diario El Magallanes. La noticia caló hondo en Punta Arenas. Freyggang era un hombre conocido en la austral ciudad y había consolidado cierto prestigio entre los aviadores. Su bigote le otorgaba más años que los 35 que tenía al momento del accidente.


Los archivos oficiales de la Operación Plum Duff fueron desclasificados hace 10 años. Sin embargo, las imágenes del helicóptero británico incendiado en el sur de Chile trascendieron en 1982

“Era un tipo extrovertido, simpático, alegre y ameno. Muy sincero y transparente”, lo recuerda hasta estos días desde su oficina en Punta Arenas, Luis Utman, quien lo conoció cuando ingresaron como cadetes a la Escuela de Aviación en 1965. El destino los volvió a unir a principios de los 80, cuando Luis comenzó a pilotear para la empresa Tama. Por eso le dolió tanto su partida, pues a pesar de la experiencia de Freyggang, poco pudo hacer aquel infausto atardecer de junio de 1982. Los fuertes vientos y escaso combustible lo sentenciaron. Técnicamente se cree que el avión pudo caer entre Punta Arenas y el Mar de Drake. Utman participó directamente en la búsqueda del avión siniestrado, la que se prolongó por dos semanas.

Durante años se especuló que el chileno había sido un espía trabajando para los ingleses y que incluso volaba de manera permanente a Puerto Argentino, en las Islas Malvinas. Incluso se levantó la versión de que su accidente habría sido un atentado de la inteligencia argentina, o que habría fingido su propia muerte y la de su familia, siendo visto años más tarde en Inglaterra, Australia u otro país, que sólo la imaginación popular pudo inventar.

Los rastros de Freyggang Campaña y su familia nunca fueron encontrados.
Daniel Avendaño y Mauricio Palm

jueves, 12 de diciembre de 2024

Malvinas: SAS y SBS en el continente


El SAS versus el Exocet

Por Esteban McLaren || FDRA


Cuando Argentina invadió las Islas Malvinas en abril de 1982, el Reino Unido envió una fuerza naval al Atlántico Sur para recuperarlas. La Armada Argentina, sin capacidad antisubmarina, quedó prácticamente fuera de combate debido a la presencia de submarinos nucleares británicos en la región. La principal amenaza para la flota británica provenía de la Fuerza Aérea Argentina, especialmente por los misiles antibuque Exocet recién adquiridos. Estos misiles franceses eran conocidos por su alta eficacia y dificultad de defensa. El avión argentino Super Etendard tenía la capacidad de disparar estos misiles. Operando desde la base aérea de Río Grande en el continente argentino y con alcance para llegar al grupo de trabajo británico, no tardaron en organizar ataques.

  

Cuando el HMS Sheffield fue alcanzado y dejado fuera de combate por un Exocet, surgió el temor dentro del grupo de trabajo y en el Reino Unido de que estos misiles pudieran causar una derrota humillante. Los británicos creían que Argentina poseía cinco Exocets lanzados desde el aire. Si tan solo uno de ellos lograra impactar en uno de los dos portaaviones del grupo de trabajo, la guerra podría estar perdida.

Para contrarrestar esta amenaza, se llamó a los servicios secretos británicos, el SAS y el SBS.

Operaciones del MI6

Mientras se planificaban estrategias para neutralizar los misiles en el inventario argentino, el Servicio Secreto de Inteligencia Británico, conocido como MI6, tenía la misión de evitar que Argentina obtuviera más misiles. Haciéndose pasar por traficantes de armas en el mercado negro, los agentes británicos intentaron comprar todos los Exocets disponibles en el mercado abierto y clandestino. Además, ofrecieron falsos Exocets en el mercado negro para distraer a los argentinos y hacerles perder tiempo y recursos en búsquedas infructuosas.

Las Operaciones Mikado y Plum Duff



Mapa de Tierra del Fuego


Ansioso por entrar en acción, el 22º Servicio Aéreo Especial (SAS) trazó planes para destruir los misiles Exocet y los aviones que podrían transportarlos, llevando a cabo un ataque sorpresa en la base aérea de Río Grande.

Los planificadores del SAS, incluido el brigadier Peter de la Billiere, entonces director del Servicio Aéreo Especial, idearon un audaz plan llamado Operación Mikado. Inspirándose en la operación israelí en Entebbe, se propuso que el SAS realizara un asalto aire-tierra contra la base aérea de Río Grande en Tierra del Fuego.



El plan implicaba cargar la mayor parte del Escuadrón B, 22 SAS, en dos aviones C-130K Hércules de las Fuerzas Especiales de la RAF en la Isla Ascensión. La formación de dos aviones volaría hacia la costa este argentina, reabasteciéndose en el aire a lo largo del camino a través de aviones cisterna Victor, ya que los C-130K destinados a la Operación Mikado eran los únicos Hércules de la RAF capaces de realizar reabastecimiento aéreo en ese momento.

Volando a muy baja altura para evadir el radar, los Hércules aterrizarían en la pista de Río Grande y desplegarían a los soldados del SAS, algunos de ellos a bordo de motocicletas y Land Rovers Serie IIA 'Pantera Rosa' fuertemente armados. La fuerza terrestre destruiría todos los aviones Super Etendard, los misiles Exocet y los pilotos que encontraran. Después del ataque, el SAS escaparía hacia Chile, ya sea en los C-130 si sobrevivían o por su cuenta.

Antes del ataque, se lanzó una misión de reconocimiento preliminar llamada Operación Plum Duff. El 16 de mayo, un equipo de ocho hombres del Escuadrón B, 22 SAS, fue trasladado en avión desde la Isla Ascensión al Grupo de Trabajo de la Royal Navy, lanzándose en paracaídas al océano Atlántico Sur antes de embarcarse en el HMS Hermes. El 18 de mayo, un Sea King Mark IV desmantelado del 846 Naval Air Squadron llevó al equipo SAS hacia el continente argentino. El plan era que el equipo marchara hasta la base aérea de Río Grande, estableciera un puesto de observación y enviara información sobre las defensas, o si era posible, llevara a cabo una misión directa para destruir los objetivos.

El Sea King apenas tenía suficiente combustible para llegar al continente y la tripulación sabía que se trataba de una misión de ida. El helicóptero llegó a la costa argentina sin ser detectado, pero pronto quedó envuelto en niebla. A siete millas del punto de desembarco previsto, el Sea King se dirigió a Chile, donde aterrizó cerca de la frontera. La patrulla SAS intentó completar la misión avanzando a pie hacia Argentina. La tripulación intentó hundir el helicóptero en un lago, pero no pudo, y en su lugar lo incendió. Cuando los chilenos encontraron el Sea King quemado, el Ministerio de Defensa británico intentó encubrir el verdadero propósito de la misión afirmando que el helicóptero había sufrido dificultades mecánicas durante una patrulla antisubmarina. La misión de reconocimiento del SAS fue cancelada y el equipo fue retirado de Chile.



Mientras la Operación Plum Duff estaba en marcha, el Escuadrón B comenzó a practicar para la Operación Mikado. Ejercicios previos habían demostrado un riesgo significativo en tales operaciones: los grandes C-130 aparecían en los radares de las bases objetivo mientras aún estaban a muchas millas de distancia, dando a los defensores tiempo suficiente para prepararse. Incluso volando al nivel de las copas de los árboles, los C-130 tendrían que reducir la velocidad para aterrizar, convirtiéndose en blancos fáciles para cañones antiaéreos o misiles tierra-aire. Los argentinos también podrían bloquear las pistas con vehículos. Pruebas específicas confirmaron estos problemas, pero la planificación continuó.

Otro problema era la falta de información en el terreno, lo que significaba que no había garantía de que los Super Etendards o los Exocets estuvieran en Río Grande cuando llegara la fuerza de asalto. Finalmente, el SAS se dio cuenta de que la Operación Mikado probablemente fracasaría, lo que sería un desastre propagandístico para los británicos. La misión fue cancelada. Más tarde se supo que los argentinos habían tomado medidas adecuadas para proteger Río Grande, con muchas tropas bien entrenadas y considerables defensas aéreas.

Sin embargo, la amenaza del Exocet persistía y las pérdidas británicas seguían aumentando. Los planificadores del SAS adaptaron un plan previo para lanzar soldados en paracaídas sobre las Malvinas al esfuerzo anti-Exocet. Un Hércules insertaría un grupo de reconocimiento del Escuadrón B mediante un lanzamiento en paracaídas a unas 16 millas al noroeste de Río Grande. El equipo SAS vigilaría el objetivo y evaluaría si era factible atacarlo ellos mismos. De lo contrario, establecerían una pista de aterrizaje para que los Hércules trajeran al resto del escuadrón al día siguiente. La fuerza de asalto se desplazaría hasta el objetivo y, tras el ataque, escaparía a Chile. Este plan, como la Operación Mikado, nunca se llevó a cabo.

Operaciones SBS

En sus memorias tituladas "First into Action," el ex operador del SBS Duncan Falconer describe cómo el Special Boat Service participó en el esfuerzo contra los misiles Exocet. Según Falconer, cuando el MI6 descubrió que un cargamento de Exocets con destino a Argentina estaba a bordo de un carguero amarrado en un puerto extranjero, se asignó a la SBS la tarea de destruirlo. Los buzos de la SBS debían nadar hasta el puerto y colocar minas de lapa en el casco del barco para hundirlo. Sin embargo, la misión fue cancelada en el último momento, ya que la campaña en las islas parecía estar llegando a su fin y se estimaba que los misiles no llegarían a Argentina a tiempo para ser de ayuda.

Otra misión de la SBS, conocida como Operación Kettledrum, también estuvo a punto de llevarse a cabo. Se sospechaba que la base aérea de Puerto Deseado, en el continente argentino, podría albergar aviones Super Etendard equipados con Exocet. El plan consistía en que un equipo de seis hombres del SBS, embarcado en el submarino diésel clase O de la Royal Navy, HMS Onyx, realizara una inserción anfibia utilizando un inflable Gemini, se acercara y observara la base aérea, y si fuera factible, destruyera cualquier aeronave relevante. Para la fase de regreso, los asaltantes de la SBS usarían el Gemini, que habría sido almacenado previamente, para reunirse con el Onyx.

La Operación Kettledrum, al igual que otras operaciones como Mikado y Plum Duff, formaba parte de los esfuerzos británicos por neutralizar las capacidades aéreas argentinas y proteger a la flota británica de la amenaza de los misiles Exocet durante el conflicto​ (Wikipedia, la enciclopedia libre)​​ (Fundacion Malvinas)​.

Finalmente, la Operación Kettledrum fue cancelada, y la SBS fue reasignada para apoyar las operaciones en las Islas Malvinas.


sábado, 30 de noviembre de 2024

Malvinas: El disparatado intento de hundir al '25 de Mayo' en Puerto Belgrano


Reino Unido canceló misión de ataque al portaaviones argentino ARA '25 de Mayo' en 1982, a última hora

  • La sangre en el ojo de la Armada Real por el ataque al HMS Invincible

Poder Naval (con modificaciones propias)


Bucaneer con misiles Martel

El 8 de junio de 1982, durante la Guerra de las Malvinas, en un cambio de último minuto, el Reino Unido canceló una misión planeada para atacar al portaaviones argentino ARA 25 de Mayo en el puerto. La operación implicaría dos aviones de ataque Buccaneer de la RAF, guiados por un avión Nimrod y reabastecidos de combustible por aviones cisterna Victor desde la Isla Ascensión, utilizando misiles Martel AJ-168 y ocho bombas de 1.000 libras.

Durante una visita a los Archivos Nacionales del Reino Unido, la “rata de biblioteca” Chris Gibson descubrió una serie de documentos intrigantes enterrados en una carpeta aparentemente inocua sobre el reabastecimiento de combustible aéreo durante el conflicto de las Malvinas. El primero detallaba el uso potencial de los Buccaneers de la
RAF para llevar a cabo un atrevido ataque contra el activo naval más importante de Argentina en su puerto base.

Según el escritor Chris Gibson la misión del Buccaneer era «degradar la capacidad de combate de los principales buques de la Armada Argentina (ARA) que operaban dentro del límite de las 12 millas náuticas». Y sin duda el objetivo de mayor valor del ARA era el portaaviones '25 de Mayo'.


El portaaviones ARA 25 de Mayo en Puerto Belgrano, en 1979. Al fondo, el crucero ARA General Belgrano y una corbeta A69. Foto: Marina de los EE. UU.

El plan detallado requería destruir el radar del portaaviones a distancia, luego avanzar y dejarlo inoperativo, antes de que los Buccaneers se dirigieran a Chile. Chile iba a actuar como cobijo a estos atacantes exponiendo su participación activa en el conflicto. Aunque la viabilidad y necesidad de tal misión eran cuestionables, el ataque habría representado una importante victoria moral para el Reino Unido.

La localización del "25 de Mayo"

Los Buccaneers habrían recibido información sobre la ubicación del Veinticinco de Mayo (fecha en la que comenzó la revolución argentina de 1810) a partir de un avión de patrulla de largo alcance Nimrod de la Royal Air Force. A su vez, la tripulación del Nimrod obtendría una estimación del área de búsqueda a partir de «inteligencia colateral».

Según documentos recientemente desclasificados, la fuente de la «inteligencia colateral» que habría proporcionado los datos del área de búsqueda necesarios para que el Nimrod encontrara al portaaviones (y dirigiera el ataque de los Buccaneers) habría sido el satélite de inteligencia electrónica estadounidense ultrasecreto llamado FARRAH.

A partir de las emisiones del radar de vigilancia aérea Hollandse Signaalapparaten LW-01 con el que estaba equipado el buque, interceptadas por el satélite FARRAH, se pudo determinar que se encontraba operando en la zona de Puerto Belgrano.

Con la información del área general de operaciones del portaaviones, sería el turno del Hawker Siddeley Nimrod de aproximarse a la zona (luego de algunos reabastecimientos en vuelo) y encontrar y determinar su ubicación y rumbo precisos, para transmitir esa información al paquete de ataque.

El ataque lo llevarían a cabo los Blackburn Buccaneers, que habrían estado armados con dos misiles antibuque Martel AJ.168 TV guiados por TV en los pilones de las alas como armas principales. También habrían llevado cuatro bombas de 454 kilogramos en el compartimento de armas. Los aviones habrían lanzado un TV-Martel cada uno, manteniendo el segundo como reserva por si tuvieran que realizar un segundo ataque, y las bombas en reserva por si los misiles fallaban.

Sin embargo, en el último momento, las autoridades británicas decidieron que la misión no era necesaria y optaron por cancelar el ataque planeado. La decisión reflejó un cambio estratégico, quizás influido por consideraciones políticas y militares, que evitó una mayor escalada del conflicto.



¿Para qué, por qué, en serio?


Analicemos este escenario. Existen falencias de planificación y, por sobre todo, de interés militar y temporalidad en el objetivo:

  1. En primer lugar, es interesante notar que esta supuesta "misión", de la que habría que confirmar su existencia real mas allá de los dichos de este investigador, se produce luego del 30 de mayo. En esa fecha, efectivamente los aviones argentinos (A-4C de la Fuerza Aérea Argentina y AMD Super Etendard del Comando de Aviación Naval) habían golpeado al HMS Invincible. 
  2. En segundo lugar, desde el 4 de Mayo el portaaviones se hallaba amarrado en la Base Naval Puerto Belgrano debido a la amenaza submarina de los SSN británicos. Es decir, el portaaviones no representaba amenaza alguna a la Marina Real. 
  3. Por otra parte, la principal amenaza para los Bucanners no serían los A-4Q Skyhawk dado que se encontraban desplegados en la Patagonia. El principal problema de este ataque serían los Tipo 42 (ARA Hércules y ARA Santísima Trinidad)  que poseían misiles antiaéreos Sea Dart con 40 km de alcance. 
  4. Detectar el radar del 25 de Mayo para dirigir un ataque con Martel guiados por TV se debía principalmente a que la Royal Navy no poseían AM39 Exocet de lanzamiento aéreo, como los usados por el Super Etendard, y necesitarían impactar un blanco muy específico en un aérea muy protegido esquivando blancos no prioritarios. La principal amenaza que enfrentarían hubiesen sido los dos Tipo 42 mencionados. 
  5. Finalmente, suena más a un plan completamente teórico, muy lejos de cualquier implementación seria, pero probablemente sea un reconocimiento indirecto de la espina clavada en el orgullo de la Marina Real por el ataque "real" (aunque tercamente no reconocido) al HMS Invincible. Esta misión es probablemente otra evidencia circunstancial que confirma el ataque a ese buque ¿Cómo podía ser que los argentinos golpearan al HMS  Invincible y esa armada latinoamericana saliera impune?


Sobre el misil Martel

El Martel era un misil antirradiación (ARM) anglo-francés. El nombre Martel es una contracción de Missile, Anti-Radiation, Television, en referencia a las opciones de orientación. Existen dos variantes, el guiado por radar pasivo (AS 37) y el guiado por vídeo (AJ 168).

Los aviones que utilizaron estos misiles fueron el Blackburn Buccaneer (hasta tres TV o cuatro variantes ARM), el SEPECAT Jaguar (dos), el Mirage III/F1 (uno o dos) y el Hawker Siddeley Nimrod (al menos uno). El Martel era muy adecuado para ataques antibuque con su pesada ojiva de largo alcance.

En ese momento, no existía ningún misil pequeño guiado por radar como el AGM-84 Harpoon con radar activo, por lo que la única solución viable era un sensor TV o ARM. Tenía un alcance relativamente largo (60 km), una gran carga útil y una velocidad subsónica.



Fue posible adaptar el Martel ARM para usarlo contra radares de diferentes longitudes de onda. Fue una mejora en comparación con los primeros misiles ARM estándar, que solo tenían un sensor de banda estrecha. Pero el sensor ARM sólo se podía seleccionar en tierra, no en vuelo, por lo que antes del despegue era necesario saber qué tipo de radar debía atacarse.

El Reino Unido utilizó ambos tipos, los franceses sólo la variante equipada con radar. El Martel fue construido por Hawker-Siddeley en el Reino Unido y Matra en Francia.