jueves, 30 de julio de 2026
sábado, 11 de octubre de 2025
Argentina y Perú en el conflicto del Beagle

¿Hubo un pacto ofensivo Perú–Argentina (1978–1980)?
Notas y ediciones especiales de Qué Pasa (1993), columnas de opinión (Aldo Mariátegui, 2005) y en Rodríguez Elizondo han sido usadas como supuestas pruebas de un pacto entre Argentina y Perú durante la década de los 1970s. Es decir: periodismo de trinchera y memorias interesadas, no archivo diplomático ni series estadísticas robustas. La regla básica del oficio: con cherry picking de fuentes puedes “probar” cualquier cosa. Falta contraste con estudios académicos, documentos desclasificados y bases de datos independientes (p. ej., SIPRI para gastos y transferencias de armas).
Según el palabrerío chileno...“El Perú inventó el armamentismo”… salvo que antes hubo varias carreras y Chile fue protagonista
Presentar 1948–70 como “origen” del armamentismo ignora que el Cono Sur ya vivió dos grandes ciclos previos:
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La carrera naval chileno-argentina de fines del XIX y su desenlace en los Pactos de Mayo de 1902. Chile no era un espectador: encargó buques capitales y consolidó superioridad naval antes de los pactos (Scheina, 1987; Burr, 1965).
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La “dreadnought race” sudamericana (Brasil-Argentina-Chile) previa a la I Guerra Mundial; Chile encargó el Almirante Latorre y otro acorazado (luego HMS Eagle) antes de que la guerra reordenara todo (Scheina, 1987).
O sea, el “pecado original” no nació en Lima en 1948. La región cicla en espirales de seguridad desde el siglo XIX.
La memoria de 1879 no es “revanchismo irracional”; es política de amenazas percibidas
Para Perú y Bolivia, la Guerra del Pacífico significó pérdidas territoriales enormes (Tarapacá; el litoral boliviano completo). El plebiscito de Tacna-Arica prometido en 1883 nunca se realizó y la “chilenización” de esas provincias fue conflictiva; el arreglo recién llegó en 1929, con Tacna devuelta al Perú y Arica a Chile (Sater, 2007; Farcau, 2000).
Llamar a todo esto “revanchismo” es cómodo; reconocerlo como grievances no resueltas explica mejor percepciones de amenaza que alimentaron presupuestos militares en todos los vecinos, no solo en uno.
La militarización chilena (y su financiación) desaparece del relato general. Es extraño que se insista en un Perú “armado hasta los dientes” y se omita que Chile, bajo la Ley Reservada del Cobre (Ley 13.196), destinó por décadas un 10% de las ventas brutas de Codelco al reequipamiento militar, facilitando compras mayores en los 70-80 (Bruneau & Matei, 2013). Entre otras, modernización naval y adquisición de submarinos alemanes Tipo 209, cazas F-5E/F, misiles antibuque, etc. (SIPRI Yearbooks; Scheina, 1987).
Ah, y las decenas de miles de minas antipersonales colocadas por Chile en los 70-80 en las fronteras norte y austral —que el propio texto menciona como “recuerdo” y luego elogia su remoción— ¿no cuentan como “armamentismo”? (Croll, 1998).
En el caso del acuerdo de Charaña (1975), el culpar a Perú omitiendo el Tratado de 1929 es… conveniente. Las negociaciones Chile-Bolivia para un corredor al norte de Arica requerían consentimiento previo del Perú según el Tratado de 1929. Perú propuso formulas alternativas (régimen compartido/condominio en el puerto) que Chile rechazó; Bolivia rompió con Chile en 1978. Dictaminar que “Perú saboteó” salta por encima de la regla jurídica vigente y del hecho político central: Chile hizo una oferta que sabía estaba condicionada a un tercero con intereses propios (Klein, 2011; Mesa Gisbert, 2003). ¿Diplomacia seria o jugada para endosar el costo del “no” a Lima? Saque usted su conclusión.
La versión de un “Perú soviético” es real… y selectivo. Sí, es cierto que Perú compró T-55, Su-22 y lotes significativos en los 70. También es cierto que Argentina vivió su propio pico de gasto por el Beagle (TR-1700, Type 42, Exocet), y que Chile inició un ciclo de modernización sostenido por el cobre. La base de datos de transferencias de SIPRI no respalda la imagen de un Perú como único “outlier” regional: fue un pico simultáneo y mutuamente reactivo.
En el caso de confundiro “Espionaje = intención de agresión” es muy básico. El texto usa el caso Vargas Garayar (y otros) como prueba de un plan ofensivo. Espionaje en crisis es bidireccional y estructural en la competencia interestatal; no prueba casus belli por sí solo. Si esa vara valiera, tocaría listar también operaciones chilenas y argentinas de inteligencia de la época (y no acabaríamos nunca).
La versión también afecta a la percepción de otros eventos de ese momento: Uno fundamental fue el Beagle de 1978 donde Chile emerge en los relatos como una paloma. La narrativa se aferra a que la “intervención papal” detuvo una guerra en la que Chile solo se defendía. Pero la crisis no fue un accidente natural: ambas partes escalaron posturas y movilizaciones. Por cierto, al tiempo que se ensalza la prudencia chilena se pasa por alto la participación del régimen en la Operación Cóndor —difícil sostener credenciales pacificadoras externas cuando internamente se articulaba represión transnacional (McSherry, 2005).
El presidente Velasco mostrado como un villano único. Es forzar la Historia a martillazos. Usualmente se ha ridiculizado la enfermedad de Velasco para explicar “por qué no invadió” y deducir de ahí su voluntad agresiva es una anécdota convertida en causalidad. La literatura sobre el gobierno revolucionario peruano es bastante más compleja (McClintock & Lowenthal, 1983; Blasier, 1983). Pero claro: es más sencillo un cuento de buenos y malos.
El cierre “edificante” (minas fuera, todo bien) no resuelve la hipoteca histórica. Los últimso agregados al relato chileno celebra que Chile retire minas “apuestando” a que no se repetirá. La pregunta que el texto evita: ¿qué ha hecho Chile —además de desminar— para procesar las memorias de 1879 (Tacna/Arica), el enclaustramiento boliviano y los contenciosos marítimos? En 2014 la CIJ ya recordó a ambos que el Derecho también cuenta (caso Chile–Perú). La estabilidad no se decreta: se construye reconociendo la historia completa.
En síntesis
Sí, el Perú de Velasco se armó fuerte. También lo hicieron Chile y Argentina en sus propios ciclos. Pretender que Lima “desencadenó” la militarización regional mientras Santiago apenas “reaccionaba” es historiografía de vitrina: brilla de lejos, se astilla al tocarla. Y lo más importante: ni Perú, ni Bolivia, ni Argentina olvidaron la Guerra del Pacífico porque sus efectos nunca fueron del todo reparados. Llamarlo “revanchismo” no resuelve la cuestión; solo la enmascara.Referencias
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Burr, R. N. (1965). By Reason or Force: Chile and the Balancing of Power in South America, 1830–1905.
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Scheina, R. L. (1987). Latin America: A Naval History, 1810–1987.
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Sater, W. F. (2007). Andean Tragedy: Fighting the War of the Pacific, 1879–1884.
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Farcau, B. W. (2000). The Ten Cents War: Chile, Peru, and Bolivia in the War of the Pacific, 1879–1884.
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McClintock, C. & Lowenthal, A. (eds.) (1983). The Peruvian Experiment Reconsidered.
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Blasier, C. (1983). The Giant’s Rival: The USSR and Latin America.
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McSherry, J. P. (2005). Predatory States: Operation Condor and Covert War in Latin America.
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SIPRI Yearbooks (varios años, 1970s–1980s): datos de transferencias y gasto militar.
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Ley 13.196 (Chile), “Ley Reservada del Cobre”: 10% de ventas de Codelco a FF.AA. (vigente durante la época).
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Klein, H. S. (2011). A Concise History of Bolivia (sobre el enclaustramiento y Charaña).
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Mesa Gisbert, C. D. (2003). Historia de Bolivia (cap. relaciones con Chile y Charaña).
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Croll, M. (1998). The History of Landmines (uso y remoción en la región).
lunes, 29 de septiembre de 2025
Alianza argentino-peruana: Capitán peruano entrenando en Ushuaia con el GOE

Capitán de la FAP fortalece capacidades de entrenamiento de operaciones especiales en Ushuaia 🇦🇷

Con el objetivo de potenciar su preparación en escenarios de alta exigencia, el Capitán FAP Sebastián Rivera participó en el entrenamiento del Grupo de Operaciones Especiales de la Fuerza Aérea Argentina , desarrollado en la provincia de Tierra del Fuego – Ushuaia. Durante este exigente periodo, recibió instrucción intensiva en tácticas, técnicas y procedimientos avanzados en la región Patagónica Austral, perfeccionando sus capacidades en operaciones de acción directa y recuperación de personal.
Este adiestramiento refuerza la preparación de nuestro personal para futuros despliegues en la Estación Científica Antártica “Machu Picchu” (ECAMP), consolidando la cooperación internacional y proyectando la capacidad operativa de nuestra Institución en entornos extremos. 🇵🇪🤝🏻🇦🇷





Guerra naval: Del Pacífico a Skagerrak
De Angamos a Tsushima y Jutlandia
Por el teniente comandante Christopher Booth, Guardia Costera de EE. UU.
Tras un discurso pronunciado en la apertura de una nueva sesión del Congreso Nacional del Partido Comunista Chino a finales de 2022, las contundentes y desafiantes palabras del presidente Xi Jinping sobre la búsqueda de un modelo alternativo de poder en el Pacífico fueron recibidas con un caluroso aplauso y un continuo apoyo interno. Una realidad.
En su discurso ante el Comité de las Fuerzas Armadas de la Cámara de Representantes en abril de 2023, el almirante John Aquilino, comandante del Comando Indopacífico de EE. UU., no sorprendió que la República Popular China (RPC) fuera mencionada como el principal "desafío adversario clave" para la estabilidad de la región. Observó con alarma el aumento coordinado de las fuerzas armadas de la RPC, que incluyó la incorporación de 17 buques de guerra a su inventario operativo en 2022.
Si bien los planificadores militares deben formular líneas de acción basadas en tácticas modernas y tecnologías disponibles, también se debe prestar atención a comprender el contexto histórico de conflictos similares, las lecciones aprendidas relevantes y cómo aplicarlas a futuras confrontaciones para lograr el máximo éxito. La amenaza naval que China representa actualmente no es única ni carece de comparaciones adecuadas, ya que existen numerosos paralelismos históricos que deben analizarse para obtener un conocimiento más completo que permita prepararse para una posible guerra.
A pesar de la larga historia de China, nunca ha librado una batalla naval moderna a gran escala, por lo que dichas comparaciones históricas deben provenir, en consecuencia, de otros combatientes. Teniendo en cuenta que los objetivos potenciales de la Armada del Ejército Popular de Liberación (APL) serían (a) asegurar recursos, (b) proyectar poder y (c) defender la patria mediante una reacción rápida, se pueden establecer comparaciones pertinentes con (a) Chile durante la Guerra del Pacífico, (b) Japón en la Batalla de Tsushima durante la Guerra Ruso-Japonesa, y (c) Gran Bretaña en la Batalla de Jutlandia durante la Primera Guerra Mundial, respectivamente.
Encorazados en el Pacífico
A menudo confundida con la guerra del Pacífico entre Japón y Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial, la Guerra del Pacífico fue un conflicto significativo cuyo impacto se sentiría en sus participantes durante años. Librada entre 1879 y 1884, la Guerra del Pacífico enfrentó a Chile contra la alianza de Bolivia y Perú. Si bien las tensiones entre estos tres rivales sudamericanos habían sido tensas durante años, el deterioro de la economía chilena llevó a sus líderes a mirar con envidia a sus vecinos del norte, quienes obtenían enormes ganancias de las exportaciones de salitre.
Las minas de nitrato, ubicadas en el interior del desierto de Atacama —una región remota incluso hoy en día, y de acceso casi imposible a finales del siglo XIX— eran tan rentables que Chile declaró la guerra a Bolivia y Perú para reclamar esta extensa pero rica región en recursos. (4) Al final de la guerra, Chile tendría la propiedad total de los enormes depósitos de nitrato y las extensiones de tierra asociadas, lo que también le quitó a Bolivia el acceso al océano Pacífico. En total, las pérdidas sufridas por Bolivia y Perú a causa de este conflicto se clasificaron como "catastróficas" y provocaron depresión económica, caos financiero y, en el caso de Perú, una guerra civil.(5)
Para derrotar a Bolivia y Perú y adquirir estos valiosos recursos, Chile llevó a cabo campañas navales y terrestres eficaces, aunque no siempre brillantes. De vital importancia fue el control del mar, que Chile debía obtener antes de iniciar operaciones terrestres a gran escala. Tanto Perú como Chile poseían armadas comparables con diversas plataformas; lo más significativo, cada uno contaba con dos modernos buques de guerra acorazados. Los acorazados peruanos Huáscar e Independencia lograron inicialmente cierto éxito contra sus homólogos chilenos. Sin embargo, los líderes chilenos comprendieron que, según el historiador I. C. Little, era de vital importancia destruir los acorazados peruanos y asegurar las extensas y, por lo tanto, vulnerables líneas de suministro y comunicaciones de Chile. (6)
Esta tarea se facilitó tras el encallamiento y la pérdida del Independencia, lo que permitió a la Armada chilena concentrar sus recursos en la eliminación del Huáscar. Con la Armada peruana gravemente debilitada, los barcos chilenos persiguieron y finalmente atraparon al Huáscar, capturándolo en la Batalla de Angamos a finales de 1879. (7) Esta victoria fue el punto de inflexión que permitió a Chile comenzar sus campañas terrestres con seriedad. La destrucción de la Armada peruana otorgó a Chile el control del mar e impidió que Perú contrarrestara eficazmente el despliegue de las masivas unidades de infantería que lograron la victoria total de Chile contra la alianza peruano-boliviana.
El deseo de Chile de obtener importantes recursos no solo para impulsar su crecimiento económico, sino también para fortalecer su poder político internacional a finales del siglo XIX es similar a los actuales esfuerzos expansionistas de China en el Mar de China Meridional. La acumulación de islas artificiales militarizadas en zonas en disputa, como las Spratly, indica el deseo de China de extender su influencia en esta vía fluvial de gran valor económico, por la que se transportan anualmente mercancías por un valor estimado de 5 billones de dólares. (8)
La lección más importante que se puede extraer de la Guerra del Pacífico y aplicarla a los objetivos contemporáneos de la República Popular China proviene de la falta de preparación de Bolivia. Bolivia era un país pobre con un gobierno central débil, incapaz de controlar y proteger sus litorales, donde se ubicaban las minas de salitre que Chile deseaba. En consecuencia, Bolivia nunca intentó fortificar su principal puerto marítimo, Antofagasta, ni construir barcos para protegerlo, lo que permitió a Chile capturarlo fácilmente en las primeras etapas de la guerra.9 No reconocer tal peligro potencial perjudicó la capacidad de Bolivia para defenderse de las ofensivas chilenas y provocó reveses generacionales en el crecimiento y la prosperidad del país.
Los líderes estadounidenses deben aprender de los errores de Bolivia, reconocer las posibles amenazas a los valiosos recursos y al poder regional, y planificar en consecuencia o correr el riesgo de ser sorprendidos desprevenidos y obligados a luchar desde una posición indeseable.
Una flota asiática da una lección a Rusia
La guerra ruso-japonesa también contiene una valiosa lección para los estrategas militares estadounidenses modernos. Luchada entre 1904 y 1905, esta guerra es un ejemplo perfecto de una mentalidad engañosa que debe evitarse antes del conflicto: el exceso de confianza.
Rusia, bajo el liderazgo autocrático del zar Nicolás II, se consideraba a la par de otras potencias mundiales y muy superior a Japón, que apenas había comenzado su camino para salir del aislamiento y avanzar hacia la modernidad en la década de 1850. Sin embargo, Japón había trabajado incansablemente para construir una armada letal mediante la compra de numerosos buques de construcción extranjera y el envío de oficiales a entrenarse en el extranjero con armadas más consolidadas, como las de Gran Bretaña y Francia.
La superioridad de los buques japoneses, que acababan de finalizar largos periodos en dique seco, junto con la munición de alta calidad y las tripulaciones bien entrenadas, fue enormemente subestimada por los líderes rusos. Dieron por sentado que su flota, mayor que la de Japón, saldría victoriosa en cualquier conflicto con Japón, a pesar de que su número estaba inflado con buques viejos y mal mantenidos, y tripulaciones mal entrenadas. (10)
Cuando Japón declaró la guerra a Rusia en 1904, lo hizo con el objetivo de reclamar territorio en Asia continental, principalmente Corea, para proyectar el poder japonés y consolidarse como un líder regional floreciente. Los líderes japoneses comprendieron que una guerra prolongada con Rusia no era deseable y tomaron en serio uno de los principios de Alfred Thayer Mahan, como señaló el historiador Kevin McCranie: «Derrotar a la flota enemiga... fue el primer paso crucial de Mahan en la guerra naval».(11)
Aunque la batalla decisiva se le escapó a Japón en 1904, el almirante Heihachirō Tōgō la lograría durante la batalla de Tsushima el 27 de mayo de 1905. La Segunda Escuadra Rusa del Pacífico, compuesta por casi 40 buques al mando del almirante Zinovy Rozhestevnsky, había navegado más de 29.000 kilómetros desde el mar Báltico solo para entrar en el teatro de operaciones y prepararse para las operaciones de combate. (12) Tripulada por marineros exhaustos y mal entrenados en buques que habían recibido un mantenimiento inadecuado durante la travesía, la flota rusa fue atacada por las fuerzas del almirante Tōgō y, en una de las victorias más completas de la historia naval, fue destruida casi por completo.
La flota japonesa, al mando del almirante Tōgō, maniobró hasta alcanzar la posición de ataque óptima y atacó implacablemente a los buques rusos, hundiéndolos y dispersando a los que sobrevivieron, solo para capturarlos o hundirlos en acciones posteriores. La victoria japonesa fue tan contundente que solo tres barcos rusos sobrevivieron a la batalla y lograron regresar al puerto ruso de Vladivostok.
Tras esta decisiva batalla naval, Rusia continuó combatiendo en tierra durante un tiempo antes de aceptar las negociaciones de paz, pero el control marítimo de Japón permaneció indiscutible, y su victoria en el estrecho de Tsushima se convertiría en legendaria.(13)
Al evaluar la situación actual con China y la evolución de sus capacidades militares, los estrategas militares estadounidenses deberían evitar la trampa del exceso de confianza que aquejó a los líderes rusos antes del estallido de la guerra ruso-japonesa. China ha intentado repetidamente proyectar su poder más allá de la Primera Cadena de Islas, hacia el océano Pacífico, donde puede explotar sus crecientes recursos navales en alta mar junto con su creciente fuerza de misiles. Esto se ha demostrado repetidamente en los últimos años, con la participación de China en múltiples operaciones de grupos de ataque de portaaviones más allá de la Primera Cadena de Islas, así como en ejercicios aéreos y de misiles centrados en Taiwán.(14)
Si bien la superioridad estadounidense en capacidades submarinas y portaaviones sigue siendo evidente, permitir que esas ventajas fomenten la desestimación de los avances chinos sería similar a la actitud rusa hacia los avances navales japoneses antes de la guerra ruso-japonesa. Los líderes rusos despreciaban a la Armada Imperial Japonesa y asumían que un conflicto entre ambas culminaría en una rápida victoria rusa a pesar de los propios problemas sistémicos de su flota: una flota mal mantenida y con fondos insuficientes, que rara vez recibía mejoras modernas en blindaje y sistemas de armas, y que era deficiente en la práctica de maniobras y ejercicios de tiro para aumentar la competencia de la tripulación. (15) La Armada Imperial Japonesa aprovechó el exceso de confianza ruso para destruir al enemigo y ascender a una posición de liderazgo regional, un ejemplo que puede servir de conmovedor recordatorio a los líderes estadounidenses: los deseos de la República Popular China de proyectar autoridad y ampliar sus pretensiones como potencia regional deben tomarse en serio.
La hora señalada para los Dreadnoughts
La comparación definitiva entre los acontecimientos históricos y los objetivos actuales de la República Popular China es la Batalla de Jutlandia en la Primera Guerra Mundial. Si bien este conflicto es recordado principalmente por sus brutales y prolongadas campañas terrestres en Europa Occidental y Oriental, fue en la Batalla de Jutlandia donde las armadas alemana y británica se enfrentaron en el mayor enfrentamiento naval de la guerra.
Durante años, Alemania, bajo el mando del Káiser Guillermo II, había invertido considerablemente en la construcción de una armada comparable a la británica. Al percibir una amenaza potencial en una armada alemana fuerte, Gran Bretaña contraatacó con su desarrollo naval. La consiguiente carrera armamentística llevó a ambas naciones a acumular grandes flotas, con enormes y destructivos cruceros de batalla a la vanguardia. (16)
A pesar del aumento de la armada alemana, la impresionante preparación de líderes británicos como el Primer Lord del Almirantazgo, Winston Churchill, garantizó que la Marina Real Británica contuviera eficazmente la Flota de Alta Mar Alemana en sus escasos puertos del Báltico poco después del estallido de la guerra. (17) Los esfuerzos británicos colocaron a Alemania en la poco envidiable posición de no tener acceso aparente a las aguas abiertas del Océano Atlántico, una vía crucial que Alemania necesitaba para interrumpir las rutas marítimas aliadas y restringir su vital suministro de suministros bélicos extranjeros. Fue en estas circunstancias que la Armada Imperial Alemana marchó desde el puerto hacia el Mar del Norte para destruir la Gran Flota Británica y romper el bloqueo. Un conflicto decisivo era lo que el almirante alemán Reinhard Scheer buscaba cuando sus barcos se enfrentaron a la flota de los almirantes británicos John Jellicoe y David Beatty el 31 de mayo de 1916. A lo largo del día, las dos armadas se atacaron mutuamente y, finalmente, gracias a los esfuerzos británicos de descifrado de códigos (que proporcionaron información sobre los inminentes movimientos alemanes), la Gran Flota logró superar en maniobras a la Flota de Alta Mar alemana y, finalmente, obligar a sus barcos a regresar a sus puertos de origen.
Ambos bandos se alzarían con la victoria: Alemania hundió 14 buques de la Marina Real Británica e infligió casi 7000 bajas, mientras que Gran Bretaña presumía de haber hundido también varios buques enemigos, incluido el buque insignia alemán, el crucero de batalla Lützow. Pero lo más importante es que los británicos habían mantenido el crucial bloqueo de la flota alemana. (18) La guerra continuaría dos años más, y la Flota de Alta Mar alemana, aunque nunca volvería a navegar ofensivamente, seguía siendo una flota en activo con la capacidad de atacar y causar gran angustia a los líderes británicos. Al igual que la Armada Imperial Alemana antes de la Batalla de Jutlandia, la PLAN se considera concentrada tras la Primera Cadena de Islas, lo que representa un impedimento físico para el acceso al mar abierto. Esto se ve agravado por los esfuerzos de Estados Unidos por mantener una presencia en el Mar de China Meridional, como lo demuestra la defensa del almirante retirado de la Armada estadounidense James Stavridis por una red de al menos cuatro bases en esta región. (19) Los chinos creen que dichas bases, además de la presencia estadounidense y aliada, constituyen una barrera adicional a las limitaciones geográficas existentes.
Además, como se ha señalado, la Batalla de Jutlandia no destruyó a la Armada Imperial Alemana, sino que obligó a Alemania a adoptar una estrategia diferente para su flota. Alemania logró esto abandonando las acciones de superficie y, en su lugar, organizando operaciones navales submarinas efectivas contra la navegación aliada. Los líderes navales británicos informaron que, a menos que se lograra la repulsión inmediata de los submarinos alemanes, los submarinos enemigos estaban, según el reconocido historiador marítimo Daniel Butler, «a punto de desangrar al país». (20)
Los líderes estadounidenses deben prepararse para un posible cambio en las operaciones de la AELP si fracasara en sus esfuerzos iniciales, como lo demuestra el ejemplo del entorno posterior a la Batalla de Jutlandia. En este caso, aunque Alemania no logró su objetivo estratégico en esa batalla, aún pudo desplegar y llevar a cabo operaciones efectivas, aunque casi devastadoras. Si Estados Unidos logra derrotar los esfuerzos iniciales de la República Popular China, sus líderes y planificadores deben anticipar diversas tácticas adicionales, incluso poco convencionales, que podrían influir en el entorno operativo.
“La sabiduría es lo que uno aprende de ella”
Ejemplos históricos como estos tres conflictos y sus batallas seminales pueden servir como puntos de referencia para los planificadores navales estadounidenses modernos al abordar las preocupaciones actuales en relación con la República Popular China. El crecimiento del ejército de la República Popular China y sus correspondientes capacidades navales no es una sorpresa y es el resultado directo de más de dos décadas de desarrollo coordinado. La flota china ahora cuenta con más de 350 buques, con la ambición de alcanzar los 440 para 2030.El aumento de las capacidades militares de la República Popular China también se alinea con los esfuerzos diplomáticos y económicos de China para consolidarse en el escenario mundial como una potencia hegemónica. Sin embargo, los líderes militares estadounidenses han mantenido un enfoque crítico en la región del Indopacífico y han tomado medidas para aumentar su presencia a través de diversas plataformas, lo que demuestra a sus socios y aliados la importancia crucial de esta zona del mundo.
Las lecciones de la historia y sus principios, como garantizar una preparación adecuada, evitar el exceso de confianza y ser operativamente flexibles, siguen siendo importantes para los planificadores navales y no deben olvidarse ni pasarse por alto. Como escribió el historiador Gordon Wood: «La historia es como la experiencia y la vejez; la sabiduría es lo que se aprende de ella». (22)
De hecho, como ha señalado el profesor Wood sobre el estudio de la historia en general, los planificadores navales y militares estadounidenses deben asegurarse de que las lecciones extraídas de conflictos y batallas pasadas, como las que se ilustran aquí, se estudien, evalúen y, cuando sea aplicable y relevante, se implementen en el proceso de planificación estratégica.
O, como Alfred Thayer Mahan afirmó tan elocuentemente hace muchos años en Armamentos y arbitraje: el lugar de la fuerza en las relaciones internacionales de los Estados, “el estudio de la historia se encuentra en la base de todas las conclusiones y prácticas militares sólidas”. (23)
1. “Xi’s Vow of World Dominance by 2049 Sends Chill Through Markets,” Bloomberg, 26 October 2022.
2. ADM John C. Aquilino, USN, address to House Armed Services Committee (HASC), 18 April 2023, 4–5, pacom.mil/Media/Speeches-Testimony/Article/3369315/house-armed-services-committee-hasc-opening-remarks-april-2023/.
3. Aquilino, address to HASC, 41.
4. William Sater, Andean Tragedy: Fighting the War of the Pacific, 1879–1884 (Lincoln, NE: University of Nebraska Press, 2007), 37–38.
5. Richard Sicotte, Catalina Vizcarra, and Kirsten Wandschneider, “The Fiscal Impact of the War of the Pacific,” Cliometrica, June 2008, 98.
6. I. C. Little, “The Naval Campaign in the War of the Pacific 1879–1884,” South African Journal of Military Studies 24 (June 2008): 5.
7. Little, “The Naval Campaign in the War of the Pacific,” 6–7.
8. “China Has Fully Militarized Three Islands in South China Sea, US Admiral Says,” The Guardian, 22 March 2022.
9. Little, “The Naval Campaign in the War of the Pacific 1879,” 1.
10. Mark Lardas, Tsushima 1905: Death of a Russian Fleet (Oxford, UK: Osprey Publishing, 2018), 71–72.
11. Kevin D. McCranie, Mahan, Corbett, and the Foundations of Naval Strategic Thought (Annapolis, MD: Naval Institute Press, 2021), 215.
12. Ronan Thomas, “Echoes of Tsushima” The Historian, 1 December 2005.
13. Lardas, Tsushima 1905, 37.
14. CAPT James E. Fanell (Ret.), “Growing and Going to Sea,” U.S. Naval Institute Proceedings 149, no. 5 (May 2023): 54.
15. Constantine Pleshakov, The Tsar’s Last Armada: The Epic Voyage to the Battle of Tsushima (New York: Basic Books, 2002), 28–29.
16. “The Naval Race Between Britain and Germany Before the First World War,” Imperial War Museums.
17. Daniel Butler, Distant Victory: The Battle of Jutland and the Allied Triumph in the First World War (Westport, CT: Praeger Security International, 2006), 16–17.
18. Hew Strachan, The First World War (New York: Penguin Books, 2013), 210–14.
19. ADM James Stavridis, USN (Ret.), Sea Power: The History and Geopolitics of the World’s Oceans (New York: Random House, 2017), 272.
20. Butler, Distant Victory, 205.
21. “China Naval Modernization: Implications for U.S. Navy Capabilities—Background and Issues,” U.S. Congressional Research Service, December 2022, 6.
22. Gordon Wood, The Purpose of the Past: Reflections on the Uses of History (New York: Penguin, 2008), 71.
23. Alfred Thayer Mahan, Armaments and Arbitration: The Place of Force in the International Relations of States (New York: Harper & Brothers, 1912), 206.
domingo, 28 de septiembre de 2025
Alianza peruano-argentina: Vuelo solo de Teniente de la FAP en IA-63 Pampa III
Vuelo solo del Teniente FAP Rody “Bronco” Loechle en el sistema de armas IA-63 Pampa III


En la IV Brigada Aérea “El Plumerillo”, en Mendoza – Argentina, el Teniente FAP Rody “BRONCO” Loechle realizó con éxito su Vuelo Solo a bordo del sistema de armas IA-63 Pampa III, como parte del Curso de Estandarización de Procedimientos para Aviadores de Caza (CEPAC). Este importante logro representa un hito en su carrera profesional y fortalece la preparación operativa de la Fuerza Aérea del Perú en el marco de la interoperabilidad con fuerzas aéreas aliadas.
La ceremonia se desarrolló en la histórica unidad aérea conocida como la Cuna de la Aviación de Caza, y contó con la presencia del Jefe del Estado Mayor General de la Fuerza Aérea Argentina , Brigadier Mayor Gustavo Javier Valverde; autoridades de la FAA; el Agregado Aéreo del Perú en Argentina; así como autoridades militares, civiles, familiares y Veteranos de la Guerra de Malvinas.
Este nuevo paso en la formación de nuestro oficial refleja el firme compromiso de la FAP con la excelencia profesional y la integración regional.





sábado, 13 de septiembre de 2025
Geoestrategia de Chile
Chile: Geoestrategia, conflictos potenciales y riesgos psicológicos existenciales
Introducción
Desde el desierto de Atacama hasta las bases científicas en el corazón helado de la Antártica, Chile ha tejido su destino entre el aislamiento geográfico, una historia de conflictos fronterizos, y la presión constante de fenómenos naturales extremos. Con tres vecinos complejos —Perú, Bolivia y Argentina— y un frente antártico cada vez más estratégico, el país enfrenta un tablero geopolítico desafiante.
Este informe especial explora la geoestrategia oficial y real de Chile frente a sus vecinos, las amenazas emergentes y los escenarios críticos que podrían redibujar su futuro. Desde tensiones limítrofes hasta catástrofes imprevisibles, el foco está puesto en las grietas que podrían abrirse… y en cómo se están intentando sellar.

1. Geoestrategia nacional: Defensa por proximidad
Chile no ha publicado una doctrina geoestratégica abiertamente ofensiva. Al contrario, la retórica oficial gira en torno a la disuasión defensiva, la diplomacia activa y el respeto al derecho internacional. El Libro de la Defensa Nacional 2017, documento base de la política de seguridad, enfatiza la protección del territorio, el resguardo de los recursos naturales, y una creciente preocupación por el flanco sur: la Antártica.
Pero el discurso técnico oculta un trasfondo más inquieto. Las Fuerzas Armadas mantienen un nivel operativo alto, con una flota aérea moderna (F-16, helicópteros Black Hawk, E-4 Sentry), capacidades navales respetadas en la región, y una doctrina táctica basada en la movilidad terrestre y la superioridad electrónica.
En la práctica, Chile ha elegido una posición de centinela estratégico: no busca expandirse, pero no tolerará presiones. Una fórmula simple: negociar todo, ceder nada. En el pasado, Chile llegó a negociar y ceder partes de su territorio en pos de no caer en una guerra que lo hubiese retornado al período pre-Guerra del Pacífico.
2. El Frente Norte: Perú y Bolivia, las heridas abiertas
2.1 Perú: Vecindad competitiva
La relación con Perú, aunque diplomáticamente estable, arrastra siglos de desconfianza mutua. El conflicto bélico de 1879 sigue influyendo en las élites militares y políticas de ambos países. El fallo de La Haya en 2014, que delimitó una nueva frontera marítima, fue aceptado formalmente… pero dejó resentimientos latentes.
Chile ve con recelo el fortalecimiento militar peruano, especialmente en capacidades navales y aéreas. Perú, por su parte, sospecha que Chile mantiene superioridad intencionada para mantener el statu quo. Sin embargo, los acuerdos con Corea del Sur para producción militar, la renovación de la flota aérea de combate y el crecimiento de la calidad del material humano peruano siempre marca el artificialmente inflado ego chileno.
En el último año, se registraron incidentes menores en el “triángulo terrestre” cerca de Tacna, una zona sin acuerdo formal. Aunque se trató de movimientos simbólicos, la prensa sensacionalista de ambos lados los amplificó, despertando viejos fantasmas.
Medidas en marcha:
- Coordinación entre cancillerías y defensa.
- Ejercicios militares conjuntos esporádicos.
- Mecanismos de alerta temprana para evitar escaladas.
El peor escenario posible analizado puede ser un conflicto limitado por soberanía en tierra o mar, con enfrentamientos focalizados, bloqueo portuario temporal y presión internacional para un nuevo arbitraje. El riesgo está bajo control, pero no es nulo.
2.2 Bolivia: El Mar, siempre el Mar
A pesar del fallo de la CIJ en 2018 que exoneró a Chile de negociar una salida al mar con Bolivia, el tema no ha desaparecido. Al contrario, ha mutado hacia nuevas dimensiones.
La estrategia boliviana ahora gira en torno a la internacionalización del conflicto y la presión simbólica, mientras mantiene una relación económica pragmática: Bolivia depende de los puertos chilenos para sus exportaciones.
- Puntos de fricción actuales:
- Cruces fronterizos con presencia militar simbólica.
- Contrabando, tráfico y migración desbordada.
- Tensiones por el litio y el uso de recursos hídricos compartidos.
En 2024, la entrada irregular de más de 35 mil migrantes por Colchane tensó la relación bilateral y expuso la fragilidad del control fronterizo. A esto se suma la creciente presencia de actores no estatales en la frontera, incluidas bandas armadas ligadas al narcotráfico.
El escenario crítico a analizar puede ser un brote de violencia entre fuerzas de control podría desencadenar una crisis diplomática seria. En el peor de los casos: escaramuzas con pérdida de vidas y militarización del altiplano.
¿Está Chile preparado?
Sí, en términos tácticos. Pero políticamente, el conflicto con Bolivia es el más difícil de contener sin consecuencias regionales o humanitarias.
3. El Frente Sur: ¿Aliado o rival silencioso?
Argentina, entre la amistad y la desconfianza
La relación con Argentina ha sido un péndulo. De la tensión al borde de la guerra en 1978 por el Canal Beagle, a la firma del Tratado de Paz y Amistad en 1984, y más recientemente, a una cooperación estratégica sin precedentes.
Ambos países comparten ejercicios militares (la fuerza combinada "Cruz del Sur"), vínculos energéticos y coordinación antártica. Pero también compiten, especialmente por el control marítimo al sur del paralelo 60.
En 2021, Argentina presentó una ampliación de su plataforma continental, que Chile consideró una extensión sobre territorio chileno. El conflicto fue diplomático, pero encendió alarmas en círculos militares.
- Medidas de contención:
- Comisiones bilaterales de límites.
- Diálogo directo entre cancillerías.
- Acuerdos operativos en zonas de interés mutuo.
El escenario más crítico que puede pensarse es si Argentina endurece su postura sobre los Campos de Hielo Sur o presiona en la Antártica, Chile podría verse obligado a reforzar su presencia militar en el sur. El conflicto sería diplomático, pero con posibles consecuencias logísticas para rutas navales y operaciones antárticas.
4. La Antártic(d)a: El frío que calienta el conflicto
Chile reclama cerca de 1.250.000 km² en la Antártica. Su soberanía, reconocida internamente pero no internacionalmente, se superpone con territorios reclamados por Argentina y Reino Unido.
El Tratado Antártico de 1959 mantiene la paz, pero podría revisarse a partir de 2048, abriendo la puerta a nuevos conflictos por recursos minerales, agua dulce y rutas de navegación.
La preocupación es real. China, Rusia y EE.UU. ya han intensificado su presencia científica (y logística) en la región. Chile y Argentina trabajan en conjunto, pero también compiten. En los últimos cinco años, Chile ha modernizado la Base Frei y ha comenzado la construcción de una base logística marítima en Punta Arenas.
¿Qué pasa si el tratado colapsa?
Un escenario caótico podría incluir:
- Reclamaciones territoriales abiertas.
- Militarización de las bases científicas.
- Intervención de potencias globales.
Chile se vería obligado a desarrollar una fuerza antártica de proyección, establecer nuevas alianzas multilaterales y reforzar el control de sus rutas australes.
5. Catástrofes naturales: La guerra contra Dios
El megaterremoto que puede llegar mañana
La gran amenaza no es humana. Es tectónica. Chile está en el “Anillo de Fuego del Pacífico”. En promedio, experimenta un terremoto grado 8+ cada 25 años. El del 2010 (8,8) fue devastador. Pero el fantasma es otro: uno sobre 9,0 en la zona central, con epicentro marino, seguido de un tsunami con olas de más de 15 metros.
Impacto estimado:
- Colapso portuario (Valparaíso, San Antonio).
- Interrupción total de exportaciones de cobre.
- Daño masivo a infraestructura eléctrica, hídrica y hospitalaria.
- Más de 1 millón de desplazados.
Chile cuenta con el SENAPRED, redes sísmicas y simulacros, pero los sistemas no serían suficientes ante un evento de esta magnitud. La cooperación internacional es clave.
Medidas que se están implementando:
- Red de telecomunicaciones de emergencia (satélites nacionales).
- Refuerzo de bases militares como nodos de respuesta civil.
- Alianzas con Japón, EE.UU. y Nueva Zelanda en logística post-desastre.
En este escenario, Chile se enfrenta no solo a la reconstrucción… sino también a un momento de extrema vulnerabilidad geopolítica.
6. Conclusión: Paz armadas, conflictos dormidos y riesgos despiertos
Chile vive en una geografía tensa. Su estrategia es firme pero prudente. El país apuesta por la disuasión, no por la provocación. Pero los escenarios posibles —conflictos limitados, disputas antárticas, o una mega-catástrofe natural— obligan a repensar la defensa como un sistema integral que combine diplomacia, logística, preparación cívica y proyección regional.
Antes de irnos ¿Qué rol juego su alianza con Gran Bretaña? Sin dudas es el socio tonto en la geoestrategia del Atlántico Sur. El rol de esta alianza, objetivo común de acción conjunta, es molestar y debilitar a Argentina, cuidar que no se expanda, en el caso chileno más particularmente, cuidar celosa e histéricamente que Perú y Argentina no se alíen, porque esa alianza irremediablemente está asociado a una interacción contra la propia existencia de los territorios que Chile robó a sus vecinos. En el medio, armarse como si fuese a ir a una guerra y malgastar los recursos públicos en defensa en vez de invertirlo en educación, tecnología o salud pública que todavía acechan el bienestar de su gente. Recordemos los reclamos salvajes entre octubre de 2019 y marzo de 2020 que tomaron al país por asalto que se asentaron en reclamos de ítems muy particulares de la vida socioeconómica chilena que todavía no han podido ser solucionados.
Los peores escenarios no son ficción. Son probables.
Y si algo enseña la historia de Chile, es que la resiliencia no se improvisa.
Fuentes
- Ministerio de Defensa Nacional – Libro de la Defensa Nacional 2017
- Corte Internacional de Justicia – Fallo Perú vs. Chile 2014
- Corte Internacional de Justicia – Fallo Bolivia vs. Chile 2018
- Diario La Tercera – Conflictos en la frontera norte, edición 2024
- Revista de Marina – Chile y la Antártica, 2023
- Infodefensa – Capacidades estratégicas sudamericanas
- SENAPRED – Plan de gestión de riesgos 2025
- Entrevistas exclusivas con analistas de Defensa y Política Exterior.
- Sistema del Tratado Antártico – https://www.ats.aq/
Esteban McLaren - FDRA
Imágenes de OpenIA
martes, 22 de julio de 2025
Malvinas: Cuando Perú casi nos proporciona AS-30 para los Mirage 5
sábado, 7 de junio de 2025
Libro: Extracto del libro "Hermano contra hermano" (Peter J. Bush)

Hermano contra hermano
por Peter J. BushHermano contra hermano es, probablemente, una historia paralela a la ficción histórica de Sudamérica, o también un retrato de lo que pudo pasar o podría llegar a pasar.
La obra puede ser considerada un techno-thriller lleno de descripciones tecnológicas, geográficas y, lo más importante, humanas e históricas.
Los personajes son verdaderos estereotipos sacados de los lugares mismos de la acción.
El libro mantiene buen ritmo y adrenalina, y permite al lector la pausa necesaria para la meditación y la imaginación.
Usurpación aérea
Para la mayoría de los hombres la guerra es el fin de la soledad. Para mí es la soledad infinita.
Albert Camus
Estancia La Ventosa, Tierra del Fuego
Era ya la tercera vez en el mes que don Luciano Sarastegui, encargado y dueño de la Estancia La Ventosa, ubicada a unos setenta y cinco kilómetros al noroeste de Río Grande, provincia de Tierra del Fuego, se espantaba hasta la taquicardia por el increíble ruido de los Mirage Pantera chilenos, que rompían la barrera del sonido sobre su propiedad. “Otra vez los chilotes, tus compatriotas”, dijo don Luciano al joven mensual Diego Ibáñez, trabajador oriundo de Puerto Montt, Chile. “Sí, son los milicos, que no tienen nada que hacer aquí en el sur”, contestó Diego, mientras encerraba las ovejas en un corralón para que pasaran a resguardo la fría y ventosa noche.
Saliendo de la casa principal, apuradas y a los gritos, dos mujeres alcanzaron a ver dos puntos que se alejaban velozmente hacia el oeste. “Son los chilenos otra vez”, gritó Marisol Errondo, un poco asustada y también enojada por el espantoso estruendo, que en cierta manera tapaba el silbido del viento, que era un sonido respetuoso al oído de los fueguinos. Al mismo tiempo, miró ofuscada a su novio, Diego Ibáñez, que trabajaba a pocos metros de allí, y que parecía cargar sobre sus espaldas con toda la responsabilidad del asunto.
Las pasadas rasantes de los cazas chilenos no solo asustaban a los trabajadores en suelo argentino, sino que ya varias veces habían provocado que las ovejas aplastaran a un corderito recién nacido o que incluso rompieran el remendado cerco de madera del corral principal.
Además, esos juegos aéreos representaban
una clara violación del espacio aéreo argentino.
Don Luciano esa vez se propuso llevar el tema a las autoridades de Río Grande. Primeramente, hablaría por teléfono con su amigo personal, el capitán de fragata Hugo Kempel, comandante de la BIM5 [1], brigada que estaba ubicada en esa zona. Ambos habían sido compañeros en el colegio Don Bosco de la Orden Salesiana de Río Grande.
A pesar de que Kempel había optado por las Fuerzas Armadas como carrera y vocación, su carácter se había rendido a los grises de la política más que al crudo campo de batalla. Kempel había peleado en Malvinas y había perdido allí a cinco de sus mejores amigos. Por su lado, don Luciano no dio tregua a su carácter decisivo y allí, en su estancia, alejado de los grises políticos, forjó un imparable deseo de trabajar y progresar, como si hubiera sido tallado por el incansable viento polar.
Para su desconcierto, Kempel le contestó
que las pasadas de los Pantera chilenos eran rutinarios, y que el hecho había
sido informado a Buenos Aires meses atrás. Las autoridades argentinas habían
estado siguiendo esos vuelos ilegales a través de la estación de radar en el
aeropuerto de Río Grande, y más precisamente mediante el nuevo sistema chino de
detección de vuelos rasantes, YLC-6 [2],
comprado a China un año atrás. El sistema había sido trasladado a Tierra del
Fuego por la Fuerza Aérea, ante el pedido del mismísimo Kempel. La idea era
compilar pruebas suficientes para que Buenos Aires tuviera peso en su potencial
pedido diplomático a Santiago. “¡Pero, che! ¿Qué están esperando entonces? ¿Que
nos tiren bombas?”, dijo don Luciano a Kempel, quien, con la cabeza baja,
contestó: “Perdóname, Colorado, tengo las manos atadas, aunque no lo creas”. “Muy
bien, llevaré esto a la prensa yo mismo, ¡no puede ser! Estos chilotes ya me
mataron dos corderitos y me rompieron un corral, ¿y todo para qué? Para que
esos pendejos de la Fuerza Aérea se sientan más viriles…”, replicó don Luciano.
Pantera
A la mañana siguiente, el viento hacía saltar las dos aeronaves como si fuesen por un camino de tierra. Vistos desde arriba, el gris hacía que los Pantera se confundieran completamente con el paisaje casi incoloro de la parte norte del Tierra del Fuego. “Rojo Bravo a Rojo Charlie, iniciando vuelo rasante y mach, ¿me sigue?”, dijo el alférez Pérez a su compañero, el Chelito Yáñez, que lo seguía solo dos mil metros atrás. “Afirmativo”, confirmó Yáñez.
El viento polar soplaba del sudeste a unos ochenta kilómetros por hora, exactamente en el sentido opuesto donde se ubicaba la puerta principal del chalet de don Luciano.
Estancia La Ventosa, Tierra del Fuego
Como todas las mañanas, don Luciano abrió la puerta a las cuatro y cuarto, cargando esta vez envases de vidrio vacíos, que esperaba llevar a Río Grande esa tarde. Simplemente, no los vio venir; los dos Pantera volaban a más de Mach 1,2 y venían del noroeste. La explosión de sonido provocó que el gaucho tirara todas las botellas al piso de cemento de su galería, además de hacer reventar literalmente el vidrio principal del ventanal. Era habitual que el viento entrara y saliera apresurado como un ladrón, pero esta vez lo hacía como dueño de casa. Segundos después, los gritos de reproche de su mujer acabaron con su paciencia. Ahora sí hablaría con la prensa.
Dos días después, cuatro periodistas, dos
internacionales, uno de un diario local y otro del diario Clarín, llegaron a La Ventosa en un descolorido Land Rover.
Luis Trucco, periodista del medio porteño, fue el que sufrió la bienvenida patagónica. Al abrir distraídamente la puerta del vehículo y mirar a don Luciano con la intención de saludarlo, fue duramente golpeado por la puerta, que se bamboleó como si fuera de papel. “¡Cuidado con la puerta!”, dijo tardíamente don Luciano. Luis había sufrido las consecuencias de las famosas ráfagas patagónicas.
Un cordero asado a la manera local y un buen vino tinto sirvieron para contrarrestar la no muy amigable bienvenida del viento incesante. Aquella noche, los periodistas durmieron gracias al vino y al cordero, pero fueron despertados por el zumbido y los crujidos producidos por el viento, que nunca dormía en aquellas latitudes.
Como todas las noches, en un galpón lleno de fardos, semilla y herramientas de trabajo, a unos cincuenta metros de la casa principal de donde dormían los patrones y los periodistas invitados, Diego y Marisol se juntaron amorosamente a matear, mirar el cielo y a simplemente hablar de la vida en común que estaban planeando.
Medios
El documental fue grabado y editado en pocos días. Canal 9 puso por primera vez los hechos en el aire, seguido por CNN y Al Jazeera, todo esto ante la sorpresa del Gobierno argentino. Un titular de tono amarillista en Clarín decía: “Se despierta un viejo conflicto con Chile”. La noticia del diario de tirada nacional, además, publicaba la historia completa de don Luciano, e incluía fotos y un informe acabado de la modernísima base aérea de la Fuerza Aérea chilena en Punta Arenas.
La Cancillería argentina no tuvo otra opción que la de enviar un comunicado oficial a la República de Chile, que decía así: “El Gobierno argentino solicita a la hermana República de Chile que cese vuelos violatorios de la soberanía argentina sobre el espacio aéreo de la Isla de Tierra del Fuego. Nuestro pedido se basa en pruebas fehacientes, y esperamos el Gobierno chileno actúe de conformidad”.
Horas después, el Gobierno transandino contestó
con celeridad informando que se tomarían “todas las medidas necesarias”.
Estancia La Ventosa, Tierra del Fuego
Dos días después, don Luciano llamó de nuevo a su amigo Kempel. “Los vuelos no han cesado, Hugo, ¿qué hacemos?”. Esta vez, dos Pantera y un F-16 habían volado rápido y más bajo que nunca.
Relaciones Exteriores
El segundo mensaje de la Cancillería argentina, con copia a las Naciones Unidas, no tardó más de cinco horas en llegar. Corto, simple y directo: “Referencia: Mirage Pantera volando sobre suelo argentino. Ante la evidencia y queja formal interpuesta días atrás al Gobierno chileno y la falta de acción de su parte, el Gobierno argentino se reserva el derecho de defender su soberanía ejerciendo los medios necesarios para ese fin”.
Estancia La Ventosa, Tierra del Fuego
Dos horas después, una vieja pero fiel camioneta Ford F 150 gasolera perteneciente a la Infantería de Marina argentina, llegó a los saltos por el intransitable camino de ripio hacia La Ventosa. El vehículo transportaba a seis infantes de marina, visores infrarrojos, equipos de comunicaciones y dos lanzadores de misiles antiaéreos portátiles de fabricación rusa (SAM -24) [3] .
En otro encuentro nocturno entre Marisol y el chileno Diego Ibáñez, la presencia de soldados argentinos había desatado una controversia de carácter hasta natural entre los dos enamorados. “¿Para qué más milicos? Pucha, ¿qué hacen estos milicos aquí?”, dijo alterado Diego. Marisol, quien se hallaba recostada junto a él sobre una manta en una parva de fardos, contestó con amor: “Chilenito, estamos en Argentina, es mejor que haya soldados argentinos y no chilenos. Hoy también te quejaste cuando viste volar a los aviones de tus compatriotas. Es solo un poco más de lo mismo”.
Un silencio interrumpido solo por el viento constante y una sonrisa de Diego pareció contestar todo. “Diego, ¿qué pasaría si hubiese una guerra? ¿Qué sería de nosotros?”, dijo Marisol. “No sé, Mari, no sé, sería terrible. Yo tengo hermanos en la base Chabunco”, contestó apesadumbrado Diego Ibáñez.
El silencio volvió y las estrellas, que anunciaban helada, terminaron de separar a los enamorados, al menos por otra noche.
Un día después, a media mañana, los infantes de marina, ya parapetados y cubiertos con una red de camuflaje, tuvieron que cortar la mateada, que los mantenía despiertos y calientes. La radio del capitán Girado abrió el juego: “Alerta. Alerta. Chino informa. Dos pájaros NO [4]. Tiempo: cinco minutos”. Girado, inmediatamente, ordenó: “Preparen fuego”.
Pantera
La soberbia e inflada confianza de los pilotos chilenos fue su peor enemigo, quizás Yáñez y su compañero habían visto y ahora estaban encarnando en sus propias fantasías la película Top Gun, donde Tom Cruise personifica a un rebelde y un poco desprolijo piloto de un caza F-14 Tomcat durante la Guerra Fría.
El Pantera 2 alcanzó a ver uno de los fogonazos provocados por el lanzamiento del pequeño misil. A pesar de ello, no estuvo seguro de su origen y causa. La verdad era que nunca se hubiera imaginado que los argentinos abrirían fuego con armas antiaéreas. Los misiles Grinch [5] no dejaban estela de humo una vez lanzados, eran muy difíciles de detectar a simple vista.
La duda de un piloto en vuelo, por mínima que fuera para un hombre en tierra firme, significaba una muerte segura en el siempre indómito reino del aire. Los tiempos de reacción para un piloto de guerra son cien veces más rápidos que los de un terrestre común.
La aeronave perseguida viró bruscamente a la izquierda, y justo cuando estaba por tirar un señuelo de calor, el misil de origen ruso explotó y envió esquirlas a su aleta de cola. El Pantera se alejó herido y dubitativo. Vibraciones, otro giro para la izquierda y un último giro para la derecha condenaron a aquel caza diseñado por Francia durante los años cincuenta. A pesar de todo, el piloto alcanzó a eyectarse en territorio chileno.
Solo el orgullo de mármol del escuadrón, puro y blanco pero estancado, había sido tocado. El paracaídas del piloto derribado aterrizó sin problema cerca de las aguas heladas del Estrecho de Magallanes. Los vientos, indomables para cualquier soldado, sin importar su nacionalidad, habían empujado peligrosamente más de veinte kilómetros cerca de las aguas del estrecho, al joven piloto de la FACh. Yáñez, ya recuperado, cruzó la frontera rengueando y fue recuperado veinte minutos después por un helicóptero de rescate de su base de origen.
Base Chabunco, Punta Arenas
Al recibir la noticia del destino del piloto Yáñez, el comandante Raúl Miralles, jefe de la Base Aérea Chabunco, en Punta Arenas, puso a todo su destacamento en alerta máxima. El radar fue potencializado, lo que aumentó su alcance de detección al máximo, los sistemas antiaéreos fueron activados e inmediatamente unos cuatro F-16 y seis Pantera volaron como avispas alrededor de un panal, pero esta vez, siempre sobre territorio chileno.
Menos de una hora después, el comandante de la base chilena recibió una llamada directa del presidente Barros Gómez, quien le pedía explicaciones y calma. Miralles, ya en su despacho y a solas, tomándose la cabeza como queriendo agarrar su resentimiento, su orgullo y su venganza, se dijo: “Estos argentinos culeados me van a pagar hasta la última monea”.
Relaciones Exteriores
Veinticuatro horas después, un comunicado oficial chileno sentenció: “El ataque argentino a una aeronave chilena que volaba sobre territorio chileno constituyó una clara violación a las normas del Derecho Internacional”.
Cuarenta y cinco minutos después, su contraparte argentino respondió: “El hecho ocurrió sobre territorio nacional argentino y, asimismo, constituyó un acto de defensa ante las reiteradas intromisiones de la FACh en el espacio aéreo argentino. La Nación Argentina acompaña en su dolor al piloto derribado y a su familia, esperando que estos hechos no se vuelvan a repetir”. La realidad era que el Gobierno argentino desconocía el paradero del piloto.
La Cancillería argentina mandó documentos y evidencia a las Naciones Unidas y a la OEA [6]. En el mismo sentido, envío documentos, pruebas y demás evidencias a varios medios periodísticos internacionales. La SIDE [7] alcanzó incluso a subir un video en YouTube sobre los hechos, que fue publicado en varias versiones: español, inglés, árabe, chino e Hindú. Una obra maestra de inteligencia y gestión de información, en la que, en pocos minutos, la República de Chile fue pintada globalmente como un agresor indomable.
La segunda Guerra del Pacífico
Está prohibido matar, por lo tanto, todos los asesinos serán castigados, a no ser que maten muchos al son de las trompetas.
Voltaire
Entorno
Los ejércitos boliviano y peruano ya tenían estacionadas unas ocho mil tropas desde Iquique hasta la Cordillera. La coalición peruano-boliviana había creado una larga línea de defensa de trincheras desde el Pacífico hacia la Cordillera, compuestas de campos minados, pequeños pelotones antitanque y con morteros como primera línea defensiva. Tras la primera línea, se hallaban dos brigadas móviles mecanizadas, conformadas por tanques peruanos T55, blindados BRDM y tanques bolivianos Scorpion.
Arica, más al norte, mucho menos expuesta al esperado contraataque chileno, se encontraba calma y controlada por el ejército del general peruano Oribe Urdillera. Las poblaciones de ambas ciudades se hallaban en orden y bien vigiladas por las tropas extranjeras, el único problema habían sido los abusos a mujeres por parte de los ocupantes de Iquique. Esta cuestión incrementó el resentimiento del pueblo chileno y su ejército, que, a través de los medios, pedía la cabeza de los culpables. El alto mando peruano ejecutó a dos imputados, un cabo y un teniente, en la plaza principal de Iquique. Esto pareció calmar los ánimos, al menos por un tiempo.
El combate aéreo en los cielos del norte era parejo. Hasta el momento, la FACh había perdido dos F-5 y dos F-16, mientras que la FAP había perdido solo dos MIG-29 [8]. Ninguna nación había obtenido todavía el dominio total de los cielos.
La visita de la presidenta argentina a Brasil sorprendió a todos, lo mismo que su comunicado, esta vez redactado conjuntamente entre varias naciones, que una vez más fue enviado con copia a la prensa mundial, a las Naciones Unidas y a la OEA. El público conoció el contenido de la estrategia de paz, promovida principalmente por Argentina y Brasil, una vez que la presidenta Kugler aterrizó en el aeroparque metropolitano en una noche de invierno lluviosa y con mucho viento.
Los pocos periodistas que salieron a la pista se fueron totalmente sorprendidos por la declaración y, también, mojados por el terrible aguacero. Varios gobiernos americanos habían condenado el ataque peruano-boliviano a Chile, además de insistir en el cese de acciones ofensivas chilenas a la Argentina.
Los Estados Unidos y algunos países europeos, todavía muy focalizados en la potencial crisis nuclear entre Israel e Irán, volvieron su mirada al Sur, al observar la expansión del conflicto. Su accionar quedó en la nada al ver como los países latinoamericanos y otras naciones ya habían tomado las riendas del asunto.El comunicado conjunto, firmado por la presidenta Kugler y los presidentes de Brasil, Uruguay y Paraguay, decía: “La República Argentina, la República Federativa del Brasil, la República Oriental del Uruguay y la República del Paraguay condenan el ataque peruano-boliviano a tierras chilenas. Asimismo, se insiste en que la República de Chile deje la guerra ofensiva en contra de la República Argentina. A efectos de ejercitar nuestras voluntades unidas, nuestras naciones crearán un bloqueo aéreo militar a toda aeronave militar peruana o boliviana que vuele más allá del sur del paralelo 20. Para esto, se establecerá una base aérea en la ciudad de Jujuy, donde operarán aviones brasileros y de otras naciones, con apoyo argentino desde tierra”.
El bloqueo aéreo de la “alianza” terminó por restringir casi por completo los choques aéreos entre la FAP y la FACh. La Fuerza Aérea brasilera envió a Jujuy doce de sus recientemente adquiridos cazas Rafale y dos aviones de reabastecimiento KC-135, además de aviones de alerta temprana Embraer y unos trescientos paracaidistas. Los uruguayos enviaron ocho aviones de ataque a tierra Pucará IA58, y, finalmente, la FAA envió una brigada aerotransportada con equipo completo e instaló sistemas modernos de radares móviles y misiles Halcón 2 y SAM-11 para la defensa de la base.
Lo que aún sorprendió más a todos fue que Australia y China también enviaron apoyo aéreo, a fin de defender sus intereses mineros en el norte de Chile y de la Argentina. El aeropuerto de El Cadillal estaba atosigado de tropas y aeronaves, entre ellos seis cazas Hornet F-18 y un avión de alerta temprana Wedgetail [9] australianos y seis interceptores Shenyang J-11 chinos.
A partir de ese momento, dos aviones “radar” volaban en línea recta entre el Pacífico y el pueblo de Rinconada, en Jujuy. Cada avión de alerta temprano iba acompañado por tres interceptores de primera línea.
En el Pacífico la cuestión era totalmente distinta, como repitiendo la sangrienta Guerra del Pacífico, al final de 1800. Ambas Marinas, la chilena y la peruana, parecían guiadas a una confrontación indefectible por los héroes ya muertos, que hablaban desde los libros de historia a los tripulantes actuales de los buques de guerra.
Disfrazado de submarino
El primer buque chileno en llegar a la altura de Iquique fue el submarino tipo Scorpene, SS24 Manuel Rodríguez, que, tal como el nombre del héroe escurridizo indicaba, llevó a cabo el primer golpe salvaje a la Armada peruana.
Durante la Independencia chilena, Manuel Rodríguez fue un héroe distinto no solo por ser pujante, sino por ser activista en contra de la Corona hispánica, pero, más aún, se caracterizó por aparecer siempre en situaciones disímiles y usualmente utilizando disfraces para acrecentar el nivel de sorpresa en el enemigo. Cuenta la historia que, alguna vez, durante la época de la lucha por la Independencia, llegó incluso a presentarse disfrazado de mendigo frente su perseguidor, el mismísimo gobernador español Marcó del Pont.
BAP Crucero Almirante Grau
El viejo BAP Almirante Grau, buque estandarte de la marina peruana, se dirigía de vuelta a su base en El Callao, Perú, junto con una fuerte escolta compuesta por tres fragatas tipo Lupo: la BAP Montero, la BAP Carvajal y la BAP Villavicencio. Del mismo modo, aviones antisubmarinos patrullaban el área en búsqueda de navíos y sumergibles enemigos. El convoy navegaba demasiado cerca de la costa y bastante rápido, a unos veinticinco nudos. Ciertamente, cerca de la costa, el ruido de las rompientes y la menor profundidad daban menos chances para el ataque de un submarino. Además, la geografía costera también creaba imágenes falsas para los misiles antibuque disparados por los chilenos contra los buques de la BAP.
Disfrazado de submarino 2
Sin embargo, estas estrategias disuasivas no hicieron mella en el submarino chileno SS24 Manuel Rodríguez, que navegaba silenciosamente a unos quince kilómetros al oeste del convoy y a unos ciento veinte metros de profundidad.
Media hora antes, un avión CASA C-295 de la Armada chilena había detectado y comunicado la presencia del convoy peruano al submarino chileno, que se aproximaba como un depredador letal y sediento de sangre hacia sus presas.
Ya bajo el Pacífico azul, el capitán de fragata Javier Prat, descendiente directo del legendario capitán Prat, héroe de la Guerra del Pacífico, ordenó: “Profundidad de periscopio: veinte nudos. Carguen tubos uno a seis con torpedos. Preparen para disparar”. Minutos después, el sonar pasivo submarino terminó de dar una clara solución de ataque para sus cuatro blancos. Segundos después, seis torpedos Blackshark corrían apresurados a unos cincuenta metros de profundidad, a efectos de ser detectados lo más tarde posible por sonares de los buques peruanos.
Cuando los sonares de los buques peruanos detectaron a los letales torpedos, las armas chilenas aceleraron a unos cuarenta y siete nudos, lo que hizo imposible el escape. Para complicar las cosas, los buques peruanos tenían a su derecha la rocosa y traicionera costa chilena, por lo tanto, su capacidad de maniobra era muy limitada. Por desesperación, se tiraron señuelos de acústicos, que no hicieron mella en las decisiones de la fría computadora de los torpedos atacantes.
Los impactos fueron sordos y brutales.
BAP Crucero Almirante Grau
El comandante del Grau, almirante Farfán Suárez, era un enamorado del mar, de su Marina y también de su historia. Si bien era todo un sonador, conocía perfectamente la mayor debilidad de su nave estandarte: su gran tamaño y su alta silueta eran dos características que la volvían demasiado vulnerable para la guerra moderna.
Dentro en el espacioso puente del Grau, con su uniforme impecable, el almirante barría el horizonte con un par de binoculares. Cuando su nave de comando recibió el primer impacto con una fuerza equivalente a doscientos cincuenta kilogramos de TNT, Farfán Suárez golpeó su cabeza contra una mampara y perdió el conocimiento, quizás para seguir con sus sueños de una historia que él no había podido cambiar.
El Grau y la Montero recibieron dos torpedazos cada uno, otro torpedo pegó en la popa del BAP Carvajal. El último de los seis torpedos lanzados por el SS24 Manuel Rodríguez se estrelló en la roquería, donde finalmente terminó por encallar la fragata BAP Villavicencio, que navegaba a demasiada velocidad tratando de esquivar el ataque, dada la presencia de filosos arrecifes de roca.
Ahora el humo blanco lo cubría todo. Avalentonado y aprovechando la confusión, el SS24 Manuel Rodríguez volvió a lanzar, esta vez cinco misiles Harpoon, antes de sumergirse hacia el sudoeste a unos ciento setenta metros de profundidad.
El resultado fue de pérdida total. El colosal Grau y las tres fragatas fueron completamente destruidos. La mitad deformada del buque estandarte peruano, increíblemente, todavía salía del agua, puesto que no había alcanzado a hundirse, debido a la poca profundidad de la costa. Unos doscientos treinta y tres marineros peruanos habían muerto. A pesar de las pérdidas humanas, siempre invaluables, este número fue bajo, gracias a Dios y a que los buques peruanos se hallaban muy cerca de la costa.
SS24 Manuel Rodríguez en huida
Ahora la cabeza del SS24 Manuel Rodríguez pendía de un hilo. Aviones navales y buques peruanos habían comenzado la caza con odio e intensidad. En las siguientes dos horas, el submarino peruano BAP Huáscar [10] detectó al Manuel Rodríguez en rápida huida, e intentó un fallido ataque con torpedos filoguiados. Según los primeros informes recibidos, ambos submarinos habían disparado torpedos recíprocamente. Por suerte para todos, los torpedos del submarino peruano fueron hábilmente esquivados por el siempre aceitoso y huidizo hombre del SS24 Manuel Rodríguez. Por otro lado, como dos de los novísimos torpedos Blackshark no funcionaron, el BAP Huáscar resultó indemne.
Entorno
La suerte de los peruanos siguió todavía en picada. En un ataque clandestino y magistral, hombres del grupo de comando Lautaro atacaron y hundieron con minas al gigante buque BAP Mollendo, que se hallaba en el puerto de Iquique. Y por si esto fuera poco, Ecuador inició un ataque con tropas y helicópteros en la Cordillera del Cóndor, territorio aún en disputa con el Perú.
A raíz de estos últimos hechos, la alianza sudamericana por la paz incrementó su cantidad de miembros. En este caso, fueron Venezuela y Brasil los que crearon una zona de bloqueo aéreo sobre el área en disputa entre Perú y Ecuador. El presidente Tévez de Venezuela, siempre militarista y orgulloso de sus fuerzas armadas, envió diez modernísimos cazas SU-33, que se sumaron a los aviones brasileros y a las tropas mexicanas que fueron enviadas a la zona de conflicto.
Más al sur, a la altura de Antofagasta, el ejército chileno se preparaba para contragolpear en dos frentes, uno claramente hacia Iquique y otro hacia la cordillera norte, para cortar la llegada de tropas bolivianas.
[1] Brigada de Infantería de Marina 5 compuesta por setecientos infantes de marina, equipada con doce vehículos AML Panhard, cinco anfibios blindados SAGIAE ERC 60-20 (mortero de 60 mm y cañón de tiro rápido de 20 mm), seis tanques livianos anfibios PT71 105 mm Nutria, doce aviones de ataque Pucará IA58, dos helicópteros Huey 2, obuses livianos LG-1, SAM-24 antiaéreos y antitanques Spike.
[2] Argentina había comprado a China cuatro radares de este tipo, capaces de detectar, a ciento cincuenta kilómetros de distancia, aeronaves que volaran muy bajo.
[3] Misil portátil antiaéreo de detección infrarrojo de origen ruso, con un alcance de seis kilómetros.
[4] Noroeste.
[5] Nombre atribuido por la OTAN al sistema de misiles antiaéreos SAM-24.
[6] Organización de Estados Americanos.
[7] Secretaría de Inteligencia del Estado Argentino.
[8] La FAP operaba 32 MIG-29P Fulcrum.
[9] Avión Boeing 737 de alerta temprana y control aéreo operado por la RAAF (Royal Australian Air Force).
[10] El Huáscar era uno de los submarinos tipo Kilo operado por Perú.
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