
Recuerdo del campamento de Luque, 1869. Soldados argentinos a las puertas de Asunción.


Aunque la adquisición oficial se concretó en enero de 1868, el buque ya figuraba en listas de revista de noviembre de 1867, bajo comando accidental del Capitán Guillermo Lawrence. Ese año fue puesto en alistamiento con dotación completa, realizando pruebas de máquinas y entrenamientos. El cambio de nombre a General Brown se decretó el 7 de febrero de 1868, aunque continuó usándose el nombre original en la documentación durante ese año. El buque sirvió como transporte de guerra en los ríos Paraná y Paraguay, llevando tropas y suministros.
En 1869, continuó operando en el transporte militar hacia el Alto Paraná. Fue arrendado brevemente a la empresa Molina y Cía., que lo usó en la zona del Río de la Plata, pero en abril de 1870 volvió a la escuadra. Con el Teniente Emiliano Goldriz al mando, combatió a fuerzas jordanistas en La Paz y Hernandarias, apoyando la causa federal.
En 1871, bajo el Capitán Juan José Causaro, realizó un viaje a Bahía Blanca con el Regimiento N.º 1 de Artillería. A su regreso transportó cien prisioneros indígenas desde Fuerte Argentino. Muchos de ellos terminaron integrándose a la Armada. Luego ingresó en reparaciones en el Río Luján y pasó a desarme en diciembre.
Acuarela de Biggeri
El 5 de octubre de 1872, por ley N.º 568, se autorizó la creación de la Escuela Naval Militar a bordo del General Brown. La iniciativa impulsada por el presidente Domingo F. Sarmiento se materializó ese mismo año, designando al Capitán Clodomiro Urtubey como comandante.
En 1873, la primera promoción de guardiamarinas se embarcó y viajó a la costa patagónica. El buque regresó en julio y fue estacionario en Martín García. Más tarde fue buque insignia de la División Naval del Paraná y sirvió como prisión flotante para jordanistas.
En octubre de 1874, estalló la revolución mitrista. El buque fue destacado en operaciones contra la cañonera Paraná sublevada por Erasmo Obligado. Los cadetes fueron desembarcados por orden de Sarmiento, aunque se ofrecieron voluntariamente para combatir. La nave encabezó la 2.ª división naval, bajo el mando del Comodoro Py, llevando a bordo como auditor al Dr. Leandro N. Alem. Participó en patrullajes, interceptando un pailebote armado, mientras la Paraná lograba huir. Obligado se rindió más tarde en Montevideo.
En 1875, con Urtubey aún al mando, regresó la Escuela Naval a bordo. Ocurrió entonces el “Motín de los Gabanes”, protagonizado por cadetes, lo que llevó a su desembarco. Mientras se resolvía el sumario, el buque quedó en situación de medio armamento. Los comandantes provisorios fueron Antonio Pérez y luego Constantino Jorge.
En 1876, fondeado en el Luján, continuó la incertidumbre. El sumario seguía sin resolución, paralizando la actividad del buque como escuela. Estuvo a cargo del Guardiamarina Mourglier y luego del Guardiamarina Gascón. La prensa criticó la falta de definición oficial. Finalmente, en junio de 1877, se disolvió la Escuela Naval, quedando el General Brown en medio armamento y sus cadetes distribuidos o retirados.
En 1878, con la epidemia de fiebre amarilla, fue lazareto flotante en Las Palmas. En julio, pasó a estacionario de vanguardia en la boca del Plata, cargo que mantuvo hasta 1879 como “Estacionario General Brown”. Ese año fue parte de la 3.ª División Naval junto al Coronel Roseti, Cabo de Hornos, Rosales y naves menores.
Durante 1880, fue reparado en la Boca del Riachuelo. A partir de septiembre, volvió a albergar la Escuela Naval, fondeado en el Luján como “Buque Escuela”. En 1881, con el estado de sus máquinas muy deteriorado, quedó inmóvil, embarcando solo a la Escuela de Aprendices Artilleros, bajo comando de Antonio Somellera.
En 1883, se decidió su transformación en corbeta, que incluyó grandes reparaciones en el dique de San Fernando. Se cambió su nombre a Chacabuco por decreto del 26 de enero de 1884, en homenaje a la histórica batalla de San Martín. El costo de la reforma fue de 80.000 m$n y duró hasta 1885.
Modelo de la Brown en el Museo Naval de la Nacion
Durante ese período, fue sede de la Escuela de Oficiales de Mar y de Grumetes, con 70 aprendices, once oficiales y profesores civiles. Se realizaron experimentos eléctricos a bordo en 1885, bajo el sistema ideado por el Capitán Luis A. Lan.
En 1886, como “Escuela de Oficiales de Mar”, permaneció en Los Pozos bajo el Capitán Muscari. En 1887, realizó viajes a Montevideo y Concepción del Uruguay, recibiendo mantenimiento en el dique Cibils. En 1888, con el Teniente José Maymo al mando, se trasladó con la Escuela Naval a Diamante, Entre Ríos.
Durante 1889, con el Capitán Emilio V. Barilari, permaneció fondeado en Diamante, funcionando como sede de las Escuelas de Marinería y Oficiales de Mar, con unos 120 alumnos. En 1890, trasladó la Escuela de Marinería a Buenos Aires y pasó a desarme en Río Santiago.
En 1891, continuó como sede de la Escuela Naval, aunque encalló frente a Quilmes durante una salida. Fue auxiliado por el Azopardo. En 1892, entró en reparaciones en el Luján, mientras se evaluaba trasladar la escuela a tierra. En 1893, la Escuela Naval se mudó al antiguo predio de Rosas en Palermo, y el buque pasó a desarme, siendo enviado a Río Santiago como pontón-base del Apostadero de Torpederas.
Mantuvo ese rol hasta fines de 1895. Después fue utilizado como carbonera flotante hasta aproximadamente 1905. Luego, fue completamente desmantelado y parte de su madera reutilizada. Finalmente, en 1910, el casco restante fue vendido como chatarra.
Este fue el cuarto buque de la Armada en llamarse General Brown y el undécimo con el nombre Chacabuco, evocando el triunfo sanmartiniano que permitió la liberación de Chile. Su historia está íntimamente ligada a los orígenes de la formación naval argentina y a momentos clave de su consolidación institucional.
Basado en Sea Eternos los Laureles
El 24 de mayo de 1866, en el contexto de la Guerra de la Triple Alianza, el Ejército paraguayo enfrentó con el grueso de sus tropas a las fuerzas aliadas de Argentina, Brasil y Uruguay, tendiéndoles un cerco con el objetivo de vencerlas decisivamente y poner fin al conflicto. Sin embargo, la operación fracasó debido a la inferioridad numérica de los paraguayos, la falta de coordinación entre sus columnas atacantes y la alta eficacia de la artillería brasileña.
Tras la invasión paraguaya a territorio argentino y la derrota sufrida en la Batalla Naval del Riachuelo, el 11 de junio de 1865 —que otorgó a los Aliados el control del río Paraná—, y más tarde, el 18 de septiembre del mismo año, con la rendición de la columna del teniente coronel Estigarribia en Uruguayana frente a una abrumadora superioridad enemiga, el Ejército paraguayo pasó a adoptar una postura defensiva.
El mariscal Francisco Solano López decidió entonces concentrar sus principales fuerzas en Paso Pucú, dejando al sur, en la ribera paraguaya del Paraná, la posición de Tuyutí, un terreno rodeado de pantanos que dificultaban seriamente cualquier movimiento ofensivo. Su estrategia consistía en inducir a los Aliados a ocupar ese punto durante su avance, para así poder enfrentarlos en condiciones más ventajosas y forzar una batalla decisiva que le permitiera cambiar el curso de la guerra a su favor.
•32: El
General Francisco Solano López, en una de las últimas imágenes tomadas,
sin lugar a dudas fue un patriota paraguayo, tal vez el más grande en
su historia, y debió afrontar difíciles determinaciones durante los
aciagos años de la Guerra de Triple Alianza. Sin embargo, su decisión de
atacar, invadir a la Argentina, entonces militarmente más débil que
Paraguay, era abusiva y totalmente injustificada, lo que conllevo una
demoledora respuesta argentina que, además, permitió resolver parte de
los reclamos argentinos por territorios que siempre consideró propios,
obteniendo sólo la mitad de ellos por medio del correspondiente laudo
una vez terminada la guerra.
En Estero Rojas, al norte de Tuyutí, Solano López comenzó a organizar una línea defensiva y ordenó al teniente coronel José Díaz realizar un reconocimiento ofensivo hacia el sur de Estero Bellaco, con el propósito de atraer al Ejército Aliado hacia el terreno elegido para el combate.
•38: Plan
de operaciones del Mariscal Francisco Solano López en Tuyutí: ataque
simultáneo de las columnas de infantería y de caballería sobre el
campamento de los Aliados, con apoyo de la artillería emplazada en El
Boquerón, con una acción envolvente sobre los flancos de los Cuerpos I y
II argentinos y de las Divisiones brasileñas.
Díaz organizó sus fuerzas en dos agrupamientos: un “grupo de ataque” compuesto por 4 batallones de infantería y 4 regimientos de caballería, y una “reserva” formada por 3 batallones y un regimiento. Con esta disposición, lanzó un ataque sorpresivo en Estero Bellaco contra los batallones de vanguardia brasileños, obligándolos a retroceder junto a los batallones uruguayos que se hallaban más atrás. Sin embargo, un contraataque de la 6ª División brasileña, junto con una maniobra envolvente del Regimiento Rosario y la rápida intervención del Batallón Corrientes —respaldados por tropas tucumanas y catamarqueñas—, logró frenar el avance paraguayo. Ante esta situación, Díaz se replegó hacia el norte, llevándose consigo cuatro piezas de artillería capturadas a los brasileños. Las bajas reportadas ascendieron a 2.500 paraguayos y 1.552 aliados, además de 300 prisioneros paraguayos.
•35: Oficiales del Exercito Brasileiro.
Pese a haber perdido el 50% de sus fuerzas comprometidas en la acción de Estero Bellaco, los paraguayos lograron su objetivo estratégico: atraer al Ejército Aliado hacia Tuyutí. El 9 de mayo, el general Bartolomé Mitre, comandante en jefe de las fuerzas aliadas, envió a la 1ª División de Caballería correntina, bajo el mando del general Cáceres, a realizar un reconocimiento en la zona. Allí encontraron una resistencia débil por parte de las avanzadas paraguayas, lo que reforzó la idea de establecer un campamento en Tuyutí como base para planificar un ataque masivo hacia el interior del Paraguay.
•46: Bartolomé
Mitre (Buenos Aires, Argentina; 26 de junio de 1821-Ibídem; 19 de enero
de 1906) fue un político, militar, historiador, escritor, periodista y
estadista argentino. Fue dos veces presidente de la Nación Argentina
entre 1862 y 1868 (la primera vez de facto) y gobernador de la Provincia
de Buenos Aires entre 1860 y 1862. Fue uno de los líderes del Partido
Unitario, el cual proponía la hegemonía de la ciudad de Buenos Aires
sobre el resto de las provincias. Fue vencedor en la decisiva batalla de
Pavón durante las Guerras civiles argentinas. Fue fundador y líder del
Partido Nacionalista, de la Unión Cívica —con la que organizó la
Revolución del Parque— y de la Unión Cívica Nacional. En 1870 fundó el
diario La Nación, uno de los más antiguos del país, el cual continúa
activo. Sus libros de historia conformaron la llamada «historia
mitrista», considerada como «La historia oficial» de la visión
liberal-conservadora.
El 20 de mayo de 1866 se estableció finalmente el campamento. El I y II Cuerpo del Ejército argentino se ubicó en el flanco derecho y hacia el norte; la División Oriental (uruguaya) y las 6ª y 3ª Divisiones brasileñas se posicionaron a la izquierda; más atrás, formando una segunda línea al sur, se dispusieron la 1ª y 4ª División, y detrás de ellas, la 2ª y 5ª División brasileña. En total, las fuerzas aliadas reunían 32.000 hombres. Aunque contaban con escasa caballería, su artillería disponía de cañones de ánima rayada, de gran alcance y notable precisión.
•24: Infantería
del Ejército Argentino en 1864. Básicamente este fue el uniforme
empleado durante la Guerra de la Triple Alianza por la infantería
argentina, aunque había variantes entre las diversas unidades y, desde
ya, en el campo de batalla la desprolijidad era acentuada en la medida
que transcurría la campaña, llegando a vestir la tropa verdaderos
harapos muchas veces, e incluso valerse de prendas tomadas a paraguayos
abatidos, las pocas veces que los muertos del bando paraguayo tenían
alguna prenda aprovechable, pues padecían peores condiciones de
suministro que el bando aliado.
•25: Infante argentino, posiblemente del 1 de Línea.
•26: Artillería argentina durante la Guerra de Triple Alianza. 
•33: Infantería argentina en la Guerra de Triple Alianza.
Los ejércitos enemigos se encontraban desplegados a muy poca distancia entre sí, separados únicamente por terrenos pantanosos que ofrecían algunos pasos practicables. Según el plan táctico de Solano López, estos pasos serían utilizados como puntos clave para lanzar un ataque en profundidad con sus tropas.
El Ejército paraguayo estaba compuesto por un total de 24.000 hombres, de los cuales 8.500 formaban parte de los Regimientos de Caballería. La relación de fuerzas entre atacantes y defensores era de 0,75 a 1. Aunque los paraguayos contaban con una caballería numerosa, los defensores disponían de una marcada superioridad en artillería. Es claro que esta desproporción favorecía a las fuerzas defensoras, a pesar de que los atacantes contaban con el elemento sorpresa a su favor.
•28: Infantería y caballería paraguaya
•29: Infante paraguayo en Tuyutí.
•30: Infantería y caballería paraguaya en Tuyutí.
El plan del mariscal Francisco Solano López consistía en lanzar un ataque simultáneo con tres columnas dirigidas contra el centro y los flancos del campamento aliado. Las columnas de los flancos debían dividirse para envolver al enemigo por la retaguardia, encerrándolo en una especie de bolsa con el fin de aniquilarlo. Tanto las maniobras previas para ocupar las posiciones de partida como el avance sobre las fuerzas enemigas requerían una coordinación precisa, ya que cualquier retraso permitiría a los defensores reorganizarse, aferrarse al terreno y repeler el ataque.
Las fuerzas paraguayas fueron organizadas en cuatro columnas:
Columna del Centro: integrada por 4 batallones de infantería y 2 regimientos de caballería, sumando 4.200 hombres bajo el mando del comandante Marcó. Su objetivo era atacar a las divisiones oriental y brasileña.
Columna de la Derecha: formada por 5 batallones de infantería, 2 regimientos de caballería y 4 obuses, con un total de 5.000 hombres al mando del coronel Díaz. Su misión consistía en atacar el flanco izquierdo de la División Oriental.
Columna de la Extrema Derecha: compuesta por 10 batallones de infantería y 2 regimientos de caballería, con 8.700 efectivos comandados por el general Barrios. Debía atacar a las divisiones brasileñas por el flanco izquierdo y la retaguardia, desbordarlas y luego unirse a la Columna de la Izquierda.
Columna de la Izquierda: integrada por 2 batallones de infantería y 8 regimientos de caballería, con un total de 6.300 hombres al mando del general Resquín.
La artillería paraguaya fue posicionada estratégicamente para apoyar con su fuego el avance de todas las columnas y, si fuera necesario, cubrir su retirada.
Para su estudio, la batalla de Tuyutí puede dividirse en tres fases:
▪️1ª Fase (ver diagrama foto 39). Casi simultáneamente, las columnas de la Derecha, al mando del coronel Díaz, y la de la Izquierda, bajo el mando del general Resquín, se lanzaron al combate. La columna de Díaz logró arrollar a los dos batallones orientales, y su caballería avanzó en dirección a la batería central de los Aliados. Sin embargo, fue detenida por la intervención de la 6ª División brasileña y dos batallones orientales que acudieron en apoyo.
•27: Caballería paraguaya a la carga en Tuyutí.
La columna recibió la orden de replegarse, aunque algunos escuadrones de caballería se unieron a la columna de la Izquierda. Esta última había lanzado un ataque contra las fuerzas argentinas, logrando desorganizar a los escuadrones correntinos. Sin embargo, la caballería paraguaya, que debía continuar hacia el sur para enlazarse con la columna de la Extrema Derecha al mando del general Barrios, se desvió en una persecución que la condujo directamente al centro de las fuerzas argentinas. Allí, la infantería y la artillería aliadas lograron detener el avance y aniquilar a la caballería enemiga.
"Los Regimientos paraguayos, con ardor temerario, se consumen inútilmente en cargas sucesivas contra los cuadros de la Infantería argentina y contra sus cañones, que los aniquilan a boca de jarro. La caballería de Resquín resultó totalmente destruida en una acción estéril, y la ausencia de una dirección consciente hizo fracasar el éxito que hubiera podido tener la aparición de los Regimientos paraguayos sobre las espaldas de los aliados en circunstancias en que éstos no estaban en condiciones de contrarrestar rápidamente su acción" señala el Coronel Juan Beverina (Coronel Expedicionario al Desierto Juan Beverina; "La Guerra del Paraguay (1865-1870) Resumen Histórico"; Institución Mitre, Bs. As. 1973).
La infantería del General Resquín, mientras tanto, avanzó lentamente hasta ser detenida por la tenaz defensa de los argentinos. Cuando Resquín advirtió que su Caballería había sido aniquilada, ordena la retirada.
•39: Primera
fase: ataque de las columnas del Centro, de la Derecha y de la
Izquierda sobre las posiciones de los batallones orientales y de los
argentinos, mientras la columna de la Extrema Derecha aún se encontraba
en camino hacia el objetivo. Aniquilamiento de la caballería paraguaya
de la columna del General Resquín por el II Cuerpo de Ejército argentino.
Por su parte, la columna del Centro (Comandante Marcó) ataca con la Caballería "sable en mano" y la infantería "a la bayoneta", llegándose a pelear casi sobre los cañones de los aliados y en tres oportunidades es rechazado, decidiéndose la reorganización de las fuerzas para emprender un cuarto e infructuoso ataque.
▪️2ª Fase (ver diagrama foto 40). Reorganizada la columna de la Derecha del Coronel Díaz, inicia una nueva carga. La posición aliada había sido reforzada con infantería y artillería gracias a una rápida decisión tomada por el Mariscal Osorio y el jefe de la artillería brasileña, Coronel Emilio Luis Mallet, lo que les permite contener y rechazar el ataque del Coronel Díaz. El contraataque aliado es de gran efectividad.
•40: Segunda
fase: Reforzamiento de las posiciones aliadas del centro gracias a un
rápido movimiento de la artillería brasileña al mando del Coronel Mallet
y envío a la retaguardia de los batallones orientales. Contraataque de
los Aliados en todas las líneas del frente.
▪️3ª Fase (ver diagrama foto 41). La llegada de la columna de la Extrema Derecha del General Barrios para atacar a las fuerzas brasileñas se produce sobre el final de la batalla. Los brasileños, emplazados en tres líneas rechazan el ataque y lo obligan a retroceder. En este punto, los paraguayos se baten en retirada en toda la línea del frente sin que se cumpliera el plan del Mariscal Solano López.
•34: Infantería argentina avanza en formación de batalla.
Al término de la batalla y tras cinco horas de encarniza dos combates, los paraguayos tuvieron 14.000 bajas (7.000 muertos e igual cantidad de heridos), mientras que los aliados tuvieron 4.000 bajas (3.000 brasileños, 600 argentinos y 300 uruguayos), fue, sin dudas, la batalla más sangrienta de la historia de América Latina.
•41: Tercera
fase: Llegada de la columna de la Extremia Derecha de los paraguayos
(General Barrios), que es rechazada y diezmada por las divisiones
brasileñas. Las fuerzas del Mariscal López se baten en retirada en todo
el frente.
El mariscal Francisco Solano López cometió el grave error de comprometer la totalidad de su ejército en una batalla decisiva sin contar con tropas de reserva. Ordenó el ataque contra un enemigo numéricamente superior, atrincherado y alerta ante su proximidad.
En relación con esto, el coronel Beverina señaló que “mucho se ha criticado el plan del mariscal López de lanzar casi todo su ejército contra un enemigo superior, atrincherado en su campo y completamente prevenido por la proximidad misma de su adversario, concibiendo una maniobra tan vasta como un ataque frontal combinado con un doble envolvimiento de los flancos; una operación solo viable en condiciones muy favorables y con superioridad numérica. Además, el ataque debía ejecutarse atravesando un obstáculo serio, que algunas columnas debían franquear prácticamente bajo fuego enemigo, con el agravante de que, por la naturaleza del terreno, no era posible mantener una conexión constante ni organizar una retirada eficaz en caso de fracaso”.
•9: Cadáveres de paraguayos.
Los brasileños atribuyeron su victoria al liderazgo del mariscal Osorio, comandante de sus divisiones, y a la habilidad táctica del jefe de artillería, coronel Mallet. Por el contrario, criticaron al general Mitre por su falta de energía. La batalla de Tuyutí fue calificada como “la victoria sin cabeza”. No era la primera vez que Mitre quedaba sin claridad sobre el resultado de una batalla, como ya había sucedido en Pavón. En esta ocasión, decidió no arriesgar sus tropas persiguiendo al enemigo en retirada. Según Beverina, esta actitud respondió a la escasez de regimientos de caballería disponibles.
•21: Más imágenes de paraguayos muertos.
La batalla de Tuyutí resultó decisiva. Paraguay no solo perdió a la mayor parte de sus soldados, sino también a sus tropas mejor entrenadas. Las causas de la derrota se atribuyen a la débil planificación y a la falta de coordinación entre las unidades. Solano López moriría tiempo después, en el combate de Cerro Corá, proclamando “muero con mi patria”. La Guerra de la Triple Alianza concluiría en 1870 con la victoria de los aliados.
Las consecuencias para Paraguay fueron catastróficas. Perdió gran parte de su territorio, incluyendo zonas que Argentina ya reclamaba legítimamente desde antes del conflicto (vale destacar que Argentina no fue el país agresor). Además, sufrió un colapso demográfico: estudios recientes estiman que entre el 60% y el 80% de los varones adultos paraguayos murieron durante la guerra, lo que generó serios problemas de natalidad y crecimiento en las décadas siguientes.
Un hecho de gran valor histórico es que esta fue la primera guerra en Latinoamérica documentada fotográficamente. Para entonces, la tecnología del daguerrotipo ya estaba bastante desarrollada, y hubo quienes tuvieron la visión —y el coraje— de registrar la contienda.
El impulsor de esta iniciativa fue George Thomas Bate, un estadounidense de origen irlandés que había fundado en 1859 una tienda de fotografía en Buenos Aires, llamada Casa Bate & Cía.. En 1861, se trasladó a Montevideo, donde abrió una nueva sede.
Al estallar la guerra contra Paraguay, Bate, que había presenciado el auge de la fotografía de guerra durante la Guerra de Secesión en Estados Unidos, vio una oportunidad. En aquel país, las familias de los soldados pagaban por obtener imágenes de los campos de batalla donde combatían sus seres queridos.
En 1866, un año después del inicio de la Guerra de la Triple Alianza, Bate solicitó permiso al gobierno uruguayo para enviar un fotógrafo al frente. Contrató entonces a un uruguayo llamado Javier López, quien viajó a la zona de operaciones —una franja de unos 100 kilómetros en el sur de Paraguay, en la frontera con Argentina—.
Así fue como Javier López, en representación de Bate & Cía., se convirtió en el primer fotógrafo en registrar en tiempo real una guerra en Sudamérica.

Son célebres las pinturas del argentino Cándido López (Buenos Aires, 29 de agosto de 1840 – Baradero, 31 de diciembre de 1902), quien se inició como daguerrotipista en 1858. Debido a las limitaciones técnicas de ese método —que exigía una cuidadosa composición y preparación previa—, comenzó a desarrollar esbozos y bocetos que lo llevarían, con el tiempo, a dedicarse por completo a la pintura. Fue así como se convirtió en un artista clasificado dentro del estilo naïf, reconocido mundialmente por sus representaciones históricas de la Guerra de la Triple Alianza.
Durante los años 1859 a 1863, recorrió diversas localidades de la provincia de Buenos Aires y el sur de Santa Fe, realizando una gran cantidad de retratos fotográficos, entre ellos al propio Bartolomé Mitre. Estaba planeando un viaje de perfeccionamiento artístico a Europa cuando estalló la guerra con Paraguay. Como muchos argentinos, se enroló en el Ejército como teniente, incorporándose al Batallón de Infantería de San Nicolás, bajo las órdenes del coronel Juan Carlos Boerr, dentro de la división comandada por el general Wenceslao Paunero.
Participó en los combates de Paso de la Patria e Itapirú. Durante los períodos de inactividad de su regimiento, que no estuvo involucrado en operaciones ofensivas en ese momento, López aprovechó para pintar paisajes de los campamentos militares. Estas obras fueron enviadas a Buenos Aires, donde se vendieron con rapidez y generaron gran interés, ya que la ciudadanía deseaba conocer detalles del frente de batalla.
Posteriormente, participó en las batallas de Estero Bellaco, Yataytí Corá, Boquerón y Sauce. En la batalla de Curupayty, en septiembre de 1866, una granada le destrozó parte del brazo derecho, por lo que fue dado de baja como inválido de guerra. Luego de una larga convalecencia en Corrientes, regresó a San Nicolás.
Al borde de la indigencia, Cándido López comenzó a aprender a pintar con la mano izquierda. Recién en 1869 retomó plenamente su actividad artística. Desde entonces, se dedicó casi exclusivamente a plasmar en sus lienzos los campos de batalla y campamentos de la Guerra del Paraguay, obras que lo consagraron y que hoy siguen siendo mundialmente reconocidas. Su trabajo llegó incluso a competir en importancia con la fotografía, y varios de sus cuadros pueden verse en colecciones públicas y privadas.
Para los argentinos, la Guerra contra el Paraguay —como se la conoció en su momento, y posteriormente como la Guerra de la Triple Alianza— generó fuertes controversias, sobre todo por su prolongación y violencia inesperadas. Estas críticas surgieron, en parte, de las tensiones políticas internas del país. Sin embargo, desde el comienzo, el conflicto fue percibido como una cruzada patriótica, ya que Argentina había sido agredida con la invasión paraguaya a la provincia de Corrientes y con el ataque a los buques de guerra 25 de Mayo y Gualeguay. Estas acciones estuvieron acompañadas de saqueos, actos de violencia contra la población civil y destrucción de propiedades, lo que generó una ola de indignación.
En ese contexto, el presidente Bartolomé Mitre hizo un llamado enérgico a la defensa nacional, convocando a los ciudadanos con la arenga: “En veinticuatro horas a los cuarteles, en quince días en campaña, en tres meses a Asunción”. La frase, aunque entusiasta, resultó errónea: se subestimó tanto la capacidad de resistencia paraguaya como el alcance del conflicto.
El mariscal Solano López llevó adelante una resistencia prolongada desde un país mediterráneo y aislado, enfrentando a tres potencias con recursos superiores. Esta decisión terminó arrastrando a su población al desastre. En los últimos años de la guerra, la situación fue tan crítica que incluso se reclutaron niños para combatir en el frente. La tragedia fue aún mayor cuando, desde el gobierno paraguayo, se intentó responsabilizar al enemigo por las consecuencias de esa desesperada estrategia.
Con el paso del tiempo, el sentimiento patriótico que despertó en Argentina la necesidad de defenderse ante una agresión injusta fue cediendo espacio a una visión crítica y, en muchos casos, una fuerte deslegitimación del rol argentino en la Guerra de la Triple Alianza. Esta reinterpretación, en parte, surgió por la fuerte victimización del Paraguay, una postura comprensible dadas las devastadoras consecuencias humanas y materiales que el conflicto tuvo para su población. Sin embargo, por trágica y demencial que sea toda guerra, no debería dejarse de lado, al menos desde la perspectiva argentina, el contexto que dio origen al conflicto, las causas forzadas por la acción paraguaya, y el desarrollo inicial de los hechos.
Argentina no realizó ninguna provocación que justificara una invasión armada. La ocupación de la provincia de Corrientes por fuerzas paraguayas se caracterizó por actos de violencia, pillaje y maltrato hacia civiles y prisioneros. Estas acciones generaron una profunda indignación en Buenos Aires, que respondió con firmeza, aunque sin recurrir a los mismos niveles de brutalidad que marcaron la agresión inicial paraguaya. Aun cuando posteriormente la guerra se trasladó casi por completo al territorio paraguayo, las consecuencias para ese país fueron inevitables, en buena medida como resultado del curso que sus propios dirigentes decidieron tomar desde el inicio del conflicto.
Uno de los episodios que marcó un cambio en la percepción histórica del accionar argentino ocurrió durante el gobierno del entonces presidente Juan Domingo Perón. En un gesto de acercamiento hacia el régimen paraguayo liderado por el general Alfredo Stroessner, Perón no solo devolvió a Paraguay los trofeos de guerra capturados por el Ejército argentino durante el conflicto, sino que también ofreció disculpas por la participación argentina en la guerra. Si bien es posible que su intención haya sido la reconciliación y el fortalecimiento de la hermandad latinoamericana, este acto fue visto por muchos como una afrenta al sacrificio de miles de soldados argentinos que lucharon en defensa del país.
Desde entonces, sectores identificados con el peronismo más incondicional intentaron justificar esa decisión, reinterpretando los hechos históricos y, en ocasiones, deslegitimando a figuras clave del conflicto, como el general Bartolomé Mitre. En ese contexto, incluso se llegó a afirmar que Mitre nunca ganó una batalla, a pesar de que fue precisamente bajo su mando que se libró y se ganó la Primera Batalla de Tuyutí —la mayor confrontación militar en suelo latinoamericano—, una victoria decisiva de las fuerzas aliadas.
En homenaje a ese episodio histórico, una de las subunidades del Regimiento de Artillería 1 "Brigadier General Tomás de Iriarte" del Ejército Argentino lleva el nombre "Tuyutí". Esta unidad tiene como misión principal la participación en ceremoniales militares, la prestación de honores fúnebres, así como brindar seguridad y cumplir funciones protocolares vinculadas al Ministro de Defensa de la Nación.






•1: Batería de artillería aliada en acción en Tuyutí. La rápida maniobra de la artillería al mando del Coronel Mallet y sus fuegos de gran precisión fue definitorio en la batalla. Por las dificultades de sacar las fotos, esta imagen es la única de un campo de batalla en acción (Foto: Esteban García, Bate & Cía, col BNU: Blibioteca Nacional de Uruguay).

•2: Carros de municiones de la artillería brasileña en el campamento de Tuyutí (E. García, Bate & Cía, col BNU)
•3: Campamento argentino en Tuyutí, antes del ataque del Ejército Paraguayo (E. García, Bate & Cía, col BNU)
•5: Soldados uruguayos en una trinchera durante la Guerra de Triple Alianza.























