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domingo, 12 de julio de 2026

COAN: Creación de la Aviación Naval Argentina

Creación de la Aviación Naval Argentina (1908-1921)


 

 

Lic. Fabiola Serralunga -ESTUDIOS HISTÓRICOS NAVALES - Publicado en el II CONGRESO DE AERONÁUTICA ARGENTINA  -  CENTENARIO DE LA ESCUELA DE AVIACIÓN MILITAR (1912-2012)

Introducción

La génesis de la Aviación Naval argentina se comprende en el marco de los primeros intentos de aplicar la aeronáutica al arte de la guerra. En la Armada Argentina, tempranamente, se difundieron conocimientos y convicciones acerca de la conveniencia del uso de la aeronáutica a los fines del servicio. Así, durante toda la década de 1910, mediante el estudio de los avances técnicos y el perfeccionamiento de su personal en escuelas de aviación extranjeras, se abonó el camino hacia el propio servicio de aerostación. Finalmente, con la creación de la División de Aviación Naval, en 1919, se inició la etapa orgánica del componente aéreo en la Marina. Un hito significativo y precedente fue el Parque y Escuela de Aerostación y Aviación Fuerte Barragán creado en 1916.

1. La intervención del espacio aéreo

A nivel mundial, la consideración e intervención del espacio aéreo con una finalidad política (y, por ende, militar) comenzó a plantearse en la dirigencia durante los primeros años del siglo XX. Hasta 1901, la aeronáutica había consistido en el uso de globos esféricos, restringidos en su maniobrabilidad, y que no suponían un peligro desde la atmósfera. La situación cambió rápidamente durante los años posteriores en consonancia con la dirigibilidad de los globos y la aparición del aeroplano.

Hacia 1908, la opinión pública anticipaba la proximidad de una guerra aérea donde las naciones multiplican sus elementos de combate en los aires, hacen experimentos continuos, reforman su artillería, estudian sobre el terreno los futuros campos de batalla y planean una nueva estrategia.(“Preparando la guerra aérea”, en: Revista Alrededor del Mundo, volumen 19, números 474-500, pp. 344-345, p. 344, España, 25 de noviembre de 1908) En efecto, para entonces, el Departamento de Defensa de los Estados Unidos, había encargado a los hermanos Wright, la construcción de un aeroplano prototipo para experimentarlo con finalidad militar.(2) En paralelo, el perfeccionamiento de estos aparatos se extendió por toda Europa, donde un concurso deportivo provocó la primer gran señal de alerta en la dirigencia política: el 25 de julio de 1909, el piloto francés Louis Blériot, cruzó de Francia a Gran Bretaña en unos 35 minutos con una aeronave construida por él mismo.

Si bien se habían logrado hazañas similares, el cruce aéreo del Canal de la Mancha, causó sensación al confirmar que la aeronáutica venía a revolucionar el arte bélico, puesto que con su aplicación, Gran Bretaña podría perder su bien asegurada insularidad. Para entonces, Europa permanecía obsesionada con la posibilidad de una guerra que involucrara a las grandes potencias.

Las incipientes aeronaves, tanto globos dirigibles como aeroplanos, fueron absorvidas por la carrera armamentista. En principio, se consideró su uso para la observación del enemigo, pero con celeridad se concentraron esfuerzos para convertirlos en una máquina bélica.

Desde 1906, esas realidades definieron las reuniones internacionales sobre uso del espacio aéreo. Hacia 1910, en la primer conferencia oficial internacional llevada a cabo en Paris, una postura condensó la preocupación por la aerostación aplicada a la guerra al sostener que si cada país pudiese volar en el espacio aéreo de cualquier otro, habrían desaparecido las fronteras.

Hacia 1909, en Argentina, algunos civiles y parte de la oficialidad militar no eran ajenos a esas circunstancias; se consideraba que, si bien se estaba al principio de la conquista del aire, ya se podía vislumbrar que los dirigibles y aeroplanos amenazaban con cambiar el arte de la guerra:

…¿qué será de los acorazados monstruos cuando les arrojen desde arriba explosivos en cantidad aún no prevista, de qué servirán los submarinos, los cruceros rápidos, qué cañones destruirán esas naves aéreas, cuando sus tiros ó trayectorias directas ó curvas serán impotentes para dominarlos?

Asimismo, se ponía sobre el tapete la importancia de la próxima conferencia de aerostática y se anticipaba que ya no se podrá decir que el aire es libre, y nuevas leyes internacionales vendrán á limitar la jurisdicción atmosférica.3 Observando el desarrollo del arma en otros países, se cuestionaba a aquellas naciones que habían delegado enteramente en el Ejército la navegación del aire: ¿Con qué razones algunos países han puesto en manos del ejército los dirigibles y aeroplanos? ¿Debemos seguir este ejemplo en la República Argentina y renunciar á nuestros derechos naturales?4 Desde allí, fue planteada con carácter de urgente la organización en la Marina de una sección aérea porque en el aire como en el agua, siempre estaremos á note y con las mismas obligaciones de la profesión.5 Estas ideas permiten comprender el derrotero de la Marina de Guerra argentina durante toda la década de 1910 en torno al desarrollo de la aviación naval.

A nivel mundial, el uso de la aeronáutica con fines bélicos sobrevino rápidamente. En la guerra de Italia contra el Imperio Turco (1911-1912), el aeroplano tuvo su bautismo de fuego al ser empleado militarmente por dos pilotos italianos. Esta intervención motivó opiniones encontradas acerca de las ventajas en su uso puesto que se los consideraba inestables y de escasa aplicación para el traslado de personas, realidad que contrastaba con el uso de globos dirigibles.


2. Consideraciones acerca del uso de los globos aeroestáticos

En 1908, el Ministro de Marina –contralmirante Onofre Betbeder– encargó al teniente de navío Pedro Padilla el estudio de la dirigibilidad de los globos para evaluar la aplicación práctica que podría dárseles en la fuerza. El resultado de sus investigaciones quedó plasmado en un “Proyecto de Empleo de Globos Dirigibles en la Marina Militar para el Servicio de Exploración Armada”, en el que su autor, sugirió la compra de tres dirigibles para el patrullaje del litoral marítimo, y afirmó que su empleo sería un poderoso auxiliar, utilizándolos para el servicio de exploración en el tramo de costa comprendido entre el puerto de La Plata y Puerto Militar.6 Eso manifiesta no sólo que la Marina estaba al corriente de los avances de la aplicación de la aeronáutica, sino que estaría dispuesta a realizar una inversión racional en tiempo, esfuerzo y dinero, siempre y cuando su implementación fuera factible y redituable para el servicio.

Si bien el proyecto fue aprobado, quedó archivado hasta que las circunstancias permitieron su reconsideración. En efecto, aunque el costo y mantenimiento de los medios aeronáuticos era significativamente menor que aquel que debería invertirse en embarcaciones dedicadas al patrullaje de costas, se insumió un tiempo razonable para la incorporación de globos dirigibles, libres y cautivos, si lo comparamos con los procesos habituales de adquisición de medios navales. A eso se sumó la interrupción en todos los órdenes provocada por la Primera Guerra Mundial la que, no obstante, demostró la eficacia del uso de globos en patrullaje, guerra antisubmarina y exploración. Esos resultados fueron asimilados por la oficialidad naval argentina al definir el rol que la aviación podría ocupar como arma auxiliar de la escuadra en caso de enfrentamientos. En este sentido, el servicio de aerostación sería clave como apoyo de las acciones ofensivas en distancias lejanas al litoral atlántico y, por el contrario, el hidroaeroplano cooperaría en las operaciones contra enemigos ubicados en la costa vecina: Si esta [la Escuadra] lleva una accion ofensiva contra el enemigo a una distancia mayor de trecientas millas de nuestra costa, la Aviación Naval podrá cooperar con suficiente seguridad, solamente con el servicio de globos cautivos en algunas de nuestras unidades y con el de dirigibles que son los aviones de mayor radio de accion, debiéndose en tal caso descartar en absoluto el servicio de los hidroaeroplanos, puesto que largándose desde sus bases terrestres no podrían realizar un servicio á tal distancia y luego regresar á ellas con suficiente margen de seguridad.7

Para entonces, se ponía en tela de juicio la pertinencia y uso práctico de los buques bases de hidroaeroplanos debido a las pocas unidades que podían transportar, lo engorroso y riesgoso del embarque de las máquinas y las dificultades en el amarrizaje.8 Si bien, durante la década de 1920, los avances técnicos tornaron algo obsoleto el uso de “los más livianos que el aire”; aún hacia 1928 la Armada seguía considerando las posibilidades y ventajas de su uso.

3. La Escuela de Aviación Militar (1912-1922)

El 10 de agosto de 1912, el entonces presidente Roque Sáenz Peña resolvió la creación de la Escuela de Aviación Militar; con los elementos que han sido donados para ese objeto y con los que el Aero Club Argentino ha puesto á disposición de los Ministerios de Guerra y Marina.9 La escuela fue pensada para personal militar proveniente de ambas fuerzas, dispuesto a realizar un curso previo de aeronáutica militar que cumplimetara la reglamentación exigida por la Fédération Aéronautique Internationale. Se dictó tanto instrucción de vuelo como mecánica de las aeronaves. Si bien fueron pocos los militares de la Marina que realizaron y dictaron cursos en la misma, es menester considerar su historia como un antecedente de la aviación naval.

La donación a la que hace referencia el texto de la resolución provino de lo recaudado por suscripción nacional y de las donaciones de empresas particulares, obtenidas a raíz de una campaña organizada por la Comisión Central Recolectora Pro Flotilla Aeromilitar, que había sido creada a tal fin en junio de 1912 y a instancias de la iniciativa del mayor retirado Arturo P. Luisoni. En esa tarea, colaboraron asiduamente la Sociedad Sportiva Argentina, el Aero Club Argentino y la opinión pública.

Cabe citar a los integrantes de la misma puesto que permite apreciar el genuino interés tanto de las instituciones civiles como militares en el desarrollo de la aeronáutica: su presidente fue el barón Antonio de Marchi (Sociedad Sportiva Argentina); su vicepresidente, el ingeniero Jorge Newbery (Aero Club Argentino), un secretario honorario, el mencionado mayor Luisoni; y como vocales participaron los directores de todos los diarios de la capital; el jefe del Estado Mayor general Ramón Ruiz; el presidente del Centro Naval contraalmirante Manuel Domecq García; el secretario del ministro de Guerra coronel Martín Rodríguez; el presidente del Círculo Militar coronel José F. Uriburu, el inspector de ingenieros, coronel Carlos R. Sarmiento; y el vicepresidente de la Sociedad Sportiva, Eduardo Hunter.10

Los medios disponibles definieron el número de vacantes posibles. Para el primer curso, se admitieron once alumnos, en su integridad oficiales, diez por el Ejército y uno por la Marina. La totalidad obtuvo su brevet internacional de piloto concedido por el Aero Club, mientras que siete de ellos accedieron al título de aviador militar incluso antes de haberse establecido los requisitos para tal fin.

En septiembre de 1912, la Comisión Técnica del Aero Club Argentino elevó un proyecto de reglamentación y plan de estudios para la escuela. Por dicho reglamento, la Dirección Militar del Curso de Aerostación y de la Escuela de Aviación quedó en manos de un jefe del Ejército, con el personal de clases y tropa que era necesario. La Dirección Técnica estuvo compuesta por el presidente del Aero Club, tres miembros de su comisión directiva, el Director Militar y dos jefes militares puestos en consideración del Ministro de Guerra.

Asimismo, el reglamento estableció que, previo al ingreso, se verificaran una serie de ascensiones en globo libre bajo la dirección de pilotos diplomados del Aero Club, quienes informaron acerca del temperamento, conocimientos y condiciones sportivas del candidato en cuestión.

Los oficiales alumnos fueron divididos en dos grupos: uno de alumnos pilotos y otro de alumnos observadores. Fueron considerados candidatos aptos para el ingreso aquellos que tuvieran conocimientos en mecánica o conducción de automóviles, motocicletas, motores y condiciones operativas, así como quienes pasaran un examen médico que verificara la regularidad de las funciones de los diferentes órganos, especialmente el corazón, los pulmones, el oído y la vista. Para el caso de la Marina, ingresó como alumno el entonces teniente de fragata Melchor Escola, quien desde 1910, había recibido instrucción de vuelo en la Escuela Aérea Argentina, dependiente de la Compañía Aérea Argentina, entidad civil y privada.

Por reglamento, el personal subalterno era pasible de admisión unicamente como piloto, aceptándose el ingreso de aquellos voluntarios con dos años de permanencia en la institución, dispuestos a renovar un nuevo servicio, con aptitud física, buena conducta y conocimientos mecánicos y sportivos. Posteriormente, para los suboficiales se crearon cursos especiales y el diploma de conductor de aeroplano. En concreto, para los talleres de la escuela fueron agregados por la Armada el mecánico maquinista principal Jacinto Riera y los mecánicos maquinistas de segunda Juan Guerín y José Scappuzzi.

Si bien esta escuela fue destinada a la instrucción de militares provenientes del Ejército y de la Armada, la estadística arroja sólo cinco alumnos por esta última, el entonces teniente de navío Melchor Escola (quien obtuvo la patente de aeronauta en 1913), los maquinistas mecánicos Riera, Guerín y Scapuzzi, y el malogrado alférez de navío Mario Sarmiento, fallecido en práctica de vuelo en 1919.

Si comparamos ese número de alumnos con la cifra de setenta tìtulos concedidos en total por la escuela, resulta escasa la participación de la institución naval en los cursos de formación aeronáutica. Sin embargo, lejos de haber sido una deficiencia de la institución naval, esta procuró un desarrollo paralelo.

Asimismo, debido a los buenos resultados del proyecto de la Marina destinado a la creación del servicio aeronáutico naval, los tenientes Ricardo Fitz Simón y Mario Pouchan, a su regreso de Europa y luego de tres años de formación, se integraron como profesores.

4. Hacia el Servicio Aeronáutico Naval

 En paralelo a los albores de la aviación militar, la Armada comenzó a investigar la factibilidad y pertinencia de un desarrollo de la aeronáutica naval en nuestro país. Subyacía la idea de crear un cuerpo de aeronautas y aviadores no sólo con vocación de vuelo sino con conciencia naval y para la tarea se comprendió que era necesaria la constitución de una escuela propia. En principio, la institución naval procuró el conocimiento más actualizado posible sobre la aeronáutica y un perfeccionamiento de su personal, primero en Europa y, luego, en Estados Unidos de Norteamérica. Finalmente, la experiencia de esos militares en el escenario de la Primera Guerra Mundial terminó de completar su formación.

 En efecto, hacia 1913, se aprovechò la presencia del entonces alférez de navío Ricardo Fitz Simón de pase en la Comisión Naval en Europa para el estudio de aeroplanos y dirigibles. En base a su informe, en 1914, fue asignada una partida presupuestaria para la compra de dos hidroaeroplanos y un hangar que serían destinados a la instrucción. Eso motivò el envìo de personal para asesorar en su adquisición. En enero de ese año, los mencionados teniente Escola y maquinistas mecánicos Riera, Guerín y Scapuzzi fueron destinados a la Comisión Naval en Europa para seguir cursos de perfeccionamiento, visitar escuelas militares y fábricas de aviación y reunir antecedentes para la creación, a su regreso, de una escuela de aviación para la Armada.

El teniente de navìo Melchor E. Escola que pasa a ademas de esa Comisiòn ha sido nombrado con el objeto de asesorar a V.S. en este asunto e intervenir en la elecciòn de los hidro aeroplanos como asimismo para completar su instrucciòn del pilotaje de dicha màquina ademàs de dirigir y vigilar la instrucción del Mec. Maqta. Principal Jacinto Riera y la de los Mec. Maqunistas Juan Guerín y José Scapuzzi.11 Se le recomendó especialmente al capitán de navío Julián Irizar, jefe de la Comisión Naval, que tomara las medidas pertinentes para que la instrucción del personal se hiciera a la mayor brevedad posible y para que retornaran al país durante el mes de agosto del mismo año con el material adquirido: En la elección del material a adquirir se tendrá presente que deben responder a las exigencias de una escuela de aviación pues el principal objetivo de esta adquisición es el de la formación de un cuerpo de pilotos voladores para el servicio de la Armada.

 Primeros hangares de la aviación naval argentina

La escuela de aviaciòn serà instalada en el Arsenal de Puerto Militar.12 El comienzo de la Primera Guerra Mundial (1914) truncó la entrega del material adquirido: dos hidroaeroplanos de chasis de aterrizaje terrestre y uno de transporte con sus accesorios comprado en la casa Henry Farman –cuyo valor incluìa el adiestramiento de cuatro pilotos– y dos hangares de la casa Bessoncau.13 Asimismo, si bien la primer escuela de aviaciòn fue instalada en Fuerte Barragàn en 1916 (ver infra), por decreto del 29 de octubre de 1921, fue concretada la creaciòn de la Escuela de Aviaciòn Naval y Base Aeronaval en Puerto Militar cuyo material de vuelo fueron, preferentemente, hidroaviones. Respecto de la instrucción recibida, tras su retorno, los maquinistas mecánicos se sumaron a la experiencia que se estaba desarrollando en el Arsenal de La Plata y de la cual hablaremos en el siguiente apartado. Por su parte, el acervo tecnológico y científico obtenido por el teniente Escola se plasmó tanto en el Parque y Escuela de Aerostación y Aviación creado en Fuerte Barragán, en 1916, como en el envío permanente de personal militar naval a escuelas de aviación en el extranjero. En este sentido, Escola insistía en que la formación de buenos pilotos requería no sólo la práctica constante y progresiva del vuelo, sino conocimientos teóricos; que éstos últimos no sólo eran necesarios para prevenir accidentes sino también para perfeccionar los medios aéreos y que, por lo tanto, aquellos destinados a la direcciòn de los centros de aviación deben poseer la preparación técnica necesaria y la práctica del vuelo que les permita dirigirlos con acierto a fin de mantener constantemente el material en su máximo de eficiencia, proceder al estudio de los aparatos o a su perfeccionamiento.14 La insistencia en el abordaje científico de la formación no era nada nuevo para la Marina y, de hecho, podemos encontrarla desde los primeros tiempos de la Escuela Naval Militar (1872). Asimismo, consideraba que las exigencias del servicio militar en la guerra nos colocará constantemente, para cada época, al margen de los aparatos límites, y esto impone, el conocimiento de los factores que intervienen en el vuelo en una forma más rigurosa, lo que exige métodos de apreciación más exactos y científicos.15

5. Clases de vuelo en el Arsenal del Río de la Plata (1914-1915)

Una resolución del 19 de abril de 1915 firmada por el ministro de Marina, almirante Juan P. Sáenz Valiente, insistía en la instrucción teòrica y pràctica del personal como paso indispensable hacia el servicio de aviación:

Mientras no se constituya definitivamente la Escuela de Aviación de la Armada, se adscribirá a la Sección Armamento del Estado Mayor del Arsenal del Río de la Plata, todo el personal que tenga permiso de este Ministerio para seguir cursos de Aviación, con el fin de aprender y practicar la especialidad. 16 Asimismo, la resolución ministerial vino a oficializar una situación que, desde 1914, se estaba dando en los hechos; y consideraba

Visto los trabajos ya adelantados que con respecto a Aviación se han efectuado en el Arsenal del Río de la Plata y la necesidad de encausar [sic] en un régimen riguroso de enseñanza apropiada a los individuos que soliciten seguir un curso de aviación.17 En efecto, la decisión fue tomada tras una iniciativa propuesta por el condestable de primera Joaquín Oytaben de instruir para el aprendizaje de vuelo al personal militar a designar para ese fin. Desde 1914, dicho suboficial, se había desempeñado en forma privada como instructor de vuelo en el Club de Fomento de Aviación y Sport y Aeródromo de la Provincia de Buenos Aires, sito en la ciudad de La Plata. Así, se lo autorizó oficialmente a continuar dando clases elementales de práctica de aviación.

La resolución estableció que la Dirección General de Personal redactaría la reglamentación provisoria necesaria mientras la Dirección General Administrativa haría el aprovisionamiento de nafta y aceite especial, así como los elementos de consumo y limpieza estrictamente necesarios. Las actividades aéreas del Arsenal del Río de la Plata fueron interrumpidas tras el infortunado accidente del condestable Oytabén, fallecido el 15 de octubre de 1915. Las observaciones realizadas meses antes por el teniente Escola habían anticipado la fatalidad: Las medidas provisorias no tienen justificación, porque en la Aeronáutica, más que en ninguna otra rama, es donde más necesaria es la base de una buena Escuela, donde se inculquen los principios fundamentales que han de ser normas después en el servicio y una mala enseñanza inicial es la fuente de un semillero continuo de accidentes.18 El Parque y Escuela de Aerostación y Aviación Fuerte Barragán creado por decreto presidencial en febrero de 1916, y puesto bajo la jefatura del mencionado teniente Escola, respondió a ese concepto.


Uno de los pioneros que daba cursos para pilotos: el teniente Melchor Zacarías Escola

6. Parque y Escuela Fuerte Barragán

El presidente Victorino de la Plaza y el ministro de Marina almirante Juan P. Sáenz Valiente suscribieron el decreto del 11 de febrero de 1916 por el que se creó un parque y escuela de aerostación y aviación en Fuerte Barragán.
La escuela funcionó como un comando dependiente en forma directa del Ministerio de Marina por intermedio de la División Escuelas de la Dirección General de Personal. Su jefe fue el entonces teniente de navío Melchor Escola, quien había comenzado con sus clases de vuelo particulares en 1910, luego obtenido su patente de aeronauta militar por la Escuela de Aviación Militar, en 1913 y, finalmente, perfeccionado sus conocimientos de aeronáutica en Europa, en 1914. También se lo designó como profesor: entrenamiento bien dirigido, servicio ordenado, puramente profesional, libre de toda idea o tendencia deportiva y también a una rigurosa selección del personal en todas las jerarquías [sic].19

Así, uno de los objetivos de la escuela fue la enseñanza y preparación general del personal de oficiales de observación y comando, los pilotos y los mecánicos.20 De su experiencia en el extranjero, Escola había señalado que un servicio aeronáutico militar eficiente debía lograr una adecuación inmediata a las exigencias de la guerra. Por lo tanto, se hacía necesario contar con personal capacitado para mantener constantemente el material en su máximo de eficiencia, proceder al estudio de los aparatos o a su perfeccionamiento.21 Por eso, el segundo objetivo de la escuela fue construir, reparar y mantener en perfecto estado de funcionamiento las aeronaves, aviones y hidroaviones [sic] y sus accesorios, que para el servicio de la Armada se crean convenientes.22

7. Hacia el Cuerpo de Aviación Naval

Como ya se ha señalado la meta final del denominado “Parque y Escuela Fuerte Barragán” era la formación de un cuerpo de aeronautas y aviadores escogiéndose su personal dentro de los patentados en todas las categorías y entre los que se hayan distinguido en estos servicios.23 Así, en principio, se formaría al personal con elementos teóricos y práctica de vuelo. Aquellos mejor preparados deberían rendir su examen ante un delegado del Aero Club Argentino para obtener el título de piloto patentado por la Fédération Aéronautique Internationale.

 Finalmente, serían evaluados para la obtención del título de piloto de la Armada. El personal de oficiales y suboficiales que podía ser designado para integrarse a la especialidad en el Parque y Escuela Fuerte Barragán fue establecido también por el decreto en cuestión: - Los oficiales de observación y comando pertenecerán al cuerpo General de la Armada, - los pilotos serán suboficiales y oficiales de mar de las categorías de timonería y de señales, y - los mecánicos serán de las categorías de máquinas y de electricidad. - Como concesión especial podrá permitirse el ingreso de la Escuela de aeronáutica y aviación a los oficiales de los Cuerpos Auxiliares.

8. Las actividades en el Parque y Escuela Fuerte Barragán

El 1º de abril de 1916, bajo la jefatura del teniente Escola, comenzaron los cursos con alumnos pertenecientes a personal militar superior y subalterno. Previamente se había asignado al Parque, el personal que revistó en el Arsenal del Río de la Plata.

La carencia de elementos de vuelo (agravada por las dificultades para conseguir repuestos dada la guerra en Europa), las restricciones económicas y escasez de profesores, hicieron que los cursos fueran muy irregulares. Sin embargo, mediante la gestión de su personal, de continuo se recibía material por donación desde los Estados Unidos donde se estaban perfeccionando los oficiales Ricardo Fitz Simon, Ceferino Pouchan y Marcos Zar en la Naval Air Station Pensacola (Florida).

El teniente Escola fue dado de pase a mediados de 1917, siendo reemplazado en la jefatura por el teniente de fragata Raúl R. Moreno, quien había estado a cargo de los talleres desde los comienzos de actividades. Cabe señalar que, hasta entonces, el primero había sido el oficial naval argentino con mejor instrucción de vuelo, tanto teórica como práctica, y su compromiso con el desarrollo de la aviación naval era indiscutible.

Hacia fines de 1917, la continuidad de la escuela estuvo a punto de ser jaqueada al ser reajustado el presupuesto nacional de 1918 y suprimida la partida para su sostenimiento. Eso generó un debate en comisión parlamentaria que llevó el tema hasta la Cámara de Diputados. Por votación se resolvió su reincorporación al presupuesto.

Sin embargo, a mediados de 1918, la escuela fue clausurada por orden del ministro de Marina, Federico Alvarez de Toledo.

9. Suspensión de actividades en el Parque y Escuela Fuerte Barragán

El 18 de junio de 1918, el ministro de Marina ordenó al teniente de navío Heraclio Fraga, jefe del Parque desde hacía escasos siete días, el cierre de la escuela de Fuerte Barragán y la suspensión de las actividades de vuelo. Se asignó una dotación de personal para el mantenimiento de instalaciones y material. Esa decisión condujo a una interpelación parlamentaria, teñida de rencillas políticas que aquí no consideraremos.

En concreto, existen elementos que hacen suponer que no sólo el ministro sino también el poder ejecutivo nacional estaban convencidos de la implementación del componente aéreo dentro de las fuerzas armadas; e incluso, compartían ideas similares a sus predecesores acerca de cómo llevar a cabo esa tarea.

Los motivos argüidos por el ministro para explicar la interrupción de las actividades en Fuerte Barragán se circunscribieron a que el parque y la escuela no habían sido debidamente tomados en cuenta. El organismo, decía el ministro, se situó en un terreno inapropiado a todas luces, porque no está sobre la costa del río de La Plata, aguas que siempre debe tener debajo el aviador que maneja hidroaeroplanos de la marina. El hangar era un galpón construido en un lote que pertenecía a unos particulares y alguna vez hubo una máquina en condiciones de volar.24 …los elementos, materiales y de personal que se le asignaban eran insuficientes para crear una escuela, nada menos que una escuela de una nueva arma de guerra de costoso y difícil aprendizaje. Y esto explica la existencia ignorada e inútil, tan precaria y vergonzante que el mismo ministerio la ha negado en la cámara.25

Estas consideraciones tenían un precedente. Unos meses antes, Alvarez de Toledo había comunicado a los diputados que muy próximamente entregaré a la cámara un proyecto por el que se salvan todas las deficiencias de que adolece la institución, plan que no llegó a presentar.26

La clausura de la escuela fue parte de una readecuación y no de un abandono de objetivos. No era la primera vez que en la Armada se suspendían y reabrían las escuelas de formación por razones de economía, buena administración o reorganización.

Aún más, los oficiales que en enero de 1917 se habían enviado a perfeccionarse en el extranjero –teniente de fragata Ricardo Fitz Simon y los alféreces de navío Ceferino Pouchan y Marcos Zar–, luego de un año en Pensacola, siguieron su instrucción en dos escenarios de la Primera Guerra Mundial –Francia e Italia– y retornaron al país a fines de 1919 con varios diplomas de piloto. El recambio se dispuso el 3 de marzo de 1920, al ser trasladados a Pensacola los alféreces de fragata Esteban Zanni, Victor Padula y Silvio Leporace. Asimismo, el ingeniero maquinista de tercera Juan Sidoti fue destinado a la fábrica Curtiss (Garden City, Long Island, Estados Unidos). Esto abona la idea que el ministerio, lejos de abandonar el desarrollo de la aviación naval, simplemente reajustó las acciones a seguir.

Asimismo, en la memoria de Marina de 1918, el ministro sostenía que el importante rol que en la actual guerra está jugando la Aviación, señala la necesidad imperiosa hoy de establecer entre nosotros las escuelas para la instrucción del personal y los parques para depósito y recorrido del material.27


Dirigible El Plata en pleno vuelo

Un año más tarde, el mencionado teniente Fraga presentó al ministerio un amplio proyecto para la instalación de bases y escuelas de aviación naval, donde sugería el traslado de las instalaciones de Fuerte Barragán por ser inadecuadas para el servicio:

El único hangar construido en su mayor parte de maderas viejas, está separado del río por un terreno anegadizo de más de mil metros de extensión y cubierto por árboles y juncos; está en un terreno que constituye una buena pista pero que desgraciadamente es de tierra y la aviación naval necesita pista de agua y es por ese motivo que Barragán, se encuentra actualmente con el incoveniente de no poder botar al agua el hidroaeroplano "Besson Levy" para probarlo, operación que en una escuela de aviación naval, tendrá que ejecutarse rapidamente y múltiples veces al día.28

Algunas de las sugerencias de Fraga pueden resultar obvias en la actualidad; por caso que la ubicación de la futura escuela de aviación, la clase de aparatos y los elementos complemetarios debían ser establecidos por los oficiales que más especializados están en esa materia. En consecuencia, el futuro asesoramiento quedó en manos del personal que, en esos momentos, se encontraba aún perfeccionándose en Europa: Fitz Simon, Pouchan y Zar. Como se verá, el retorno de esos oficiales significó una rápida consolidación de los avances en la materia. Ellos asesoraron tanto en la ubicación más adecuada de la escuela como también de las bases aeronavales, en la reglamentación para el servicio aeronaval y la instrucción, en la adquisición de aparatos de vuelo, entre otros. Así, en el término de dos años, el servicio aeronaval estuvo en marcha.

En 1920, las actividades de vuelo fueron retomadas en Fuerte Barragán a instancias del mismo poder ejecutivo que las había interrumpido (a excepción de Alvarez de Toledo que ya no cumplía funciones como ministro), precisamente porque ese terreno y pista, no apto para hidroaeroplanos, sí cumplía las condiciones para globos y dirigibles. A partir de 1922, también durante la presidencia de Yrigoyen, adquirió la jerarquía de segunda base aeronaval del país al albergar la Escuela de Aerostación Naval; y se mantuvo en ese rango hasta la inauguración de la Estación Aeronaval Punta Indio. Finalmente, desde 1930, permaneció vinculada a la instrucción elemental impartida por la Escuela de Aviación Naval.

En febrero de 1919, Alvarez de Toledo renunció como ministro de Marina. Fue reemplazado, en carácter de interino, por el entonces ministro de Guerra, Julio Moreno. En febrero de 1921, el contralmirante Tomás Zurueta accedió al cargo.

A pesar de esos contratiempos y vaivenes, fueron tiempos productivos para la aviación naval y se cosechó lo sembrado en los años anteriores.

10. Destacamento Naval de Hidroaviones en San Fernando

En marzo de 1919 se inició la construcción de un hangar con armazón de madera y lona impermeable para lo que se denominó el Destacamento Naval de Hidroaviones en la localidad de San Fernando. Allí fue recibida una donación del gobierno italiano, gestionada a través del barón Antonio de Marchi, consistente en cuatro hidroaviones Macchi (dos bombarderos M-9 y dos cazas M-7).

Asimismo, resulta evidente la relación entre esta donación con la presencia de los oficiales argentinos Fitz Simón, Pouchán y Zar que se hallaban tomando cursos de perfeccionamiento en las bases italianas de Cascina Costa, Cascina Malpensa y Obertello, coincidentemente, desde enero de 1919.

Buena parte del personal que había revistado en el Parque y Escuela Fuerte Barragán fue designado al servicio del nuevo organismo. En este destacamento hicieron práctica de vuelo los pilotos aviadores que se encontraban en el país y se instruyó en el cuidado y conservación del material al personal subalterno.

11. División de Aviación Naval

El 17 de octubre de 1919, el presidente Hipólito Yrigoyen y el ministro de marina interino Julio Moreno suscribieron el decreto de creación de la División de Aviación Naval; puesto que …las funciones tácticas y estratégicas que ha desempeñado la aviación en las recientes operaciones, modificando fundamentalmente los principios de la Guerra Marítima y su eficacia asignada como arma importante en el combate, ponen de manifiesto la necesidad improrrogable de su creación en la Armada.29 29 Decreto presidencial del 17 de octubre de 1919 sobre creación de la División de Aviación Naval, en Orden General 181/19, Ministerio de Marina.

Esta división dependió de la Secretaría General del Ministerio de Marina y se le encargó la preparación de los proyectos para la formación del cuerpo de Aviación Naval, la utilización del personal y del material con que actualmente se cuenta y que eventualmente se adquiera.30 Días más tarde fue nombrado como jefe de la misma al capitán de fragata José C. Gregores.

Así dio inicio la etapa orgánica del componente aéreo en la Marina.

Nótese la solución de continuidad entre los objetivos de esta división y la meta final del suspendido Parque y Escuela Fuerte Barragán, es decir, la creación de un cuerpo de aviadores y aeronautas. Asimismo, el decreto de creación de la división tomó en consideración la llegada al país de los primeros oficiales aviadores (Fitz Simón, Pouchán y Zar), especializados en las escuelas de los Estados Unidos y de Europa, y enviados en tiempos del mencionado Alvarez de Toledo. Subyacía la convicción que estos oficiales debidamente preparados serían los asesores mejor calificados para la definitiva organización del arma. Esto último se logró el 20 de noviembre de 1921, mediante la aprobación del Reglamento del Servicio Aeronáutico Naval, redactado a instancias de esta división.



Además, desde el 1 de agosto de 1920, los tenientes Fitz Simón y Pouchan fueron nombrados profesores de la Escuela Militar de Aviación de El Palomar, el primero de navegación aérea y aerofoto, y el segundo de aerodinámica y teoría de vuelo. Posteriormente, en 1921-1922, se integraron a la Escuela de Aviación Naval y a la Escuela de Aerostación Naval.

La Marina continuó con el mismo mecanismo de enviar a militares para su perfeccionamiento en el extranjero (privilegiándose a los Estados Unidos como país receptor); una vez egresados aprovecharlos en las comisiones navales en Europa y, a su regreso, destinarlos a la instrucción en las escuelas de aviación.

Así, en 1920, los alféreces Esteban Zanni, Victor Padula y Silvio Leporace se graduaron como pilotos en la Naval Air Station Pensacola (Florida, Estados Unidos); en 1921, realizaron un curso de construcciones en la fábrica de hidroaviones Aircraft Factory del Arsenal de Philadelphia (Estados Unidos); en octubre del mismo año pasaron a la Comisión Naval en Europa a fin de recibir los aviones E-1 y E-10 adquiridos a la casa A.V. Roc Hamble Southampton, a su regreso recibieron el título de piloto aviador naval y, en abril de 1922, fueron destinados a la Escuela de Aviación Naval.

En 1923, el alférez Zanni de pase en la Comisión Naval en Europa, falleció en un accidente de aviación en Pisa (Italia). Le había sido encomendado retirar un material de aviación.

En 1920, el ingeniero Juan Sidoti se incorporó a la fábrica Curtiss (Garden City, Long Island, Estados Unidos) y, en 1922, fue agregado al Departamento de Montaje y Reparaciones en los talleres de la Naval Air Station Pensacola (Florida, Estados Unidos). Adquirió conocimientos completos de aviación, motores de aviación, conservación y reparación de los mismos incluyendo instrumental y manufactura de hidrógeno. A su regreso al país, en 1922, fue destinado como profesor de Construcción y Montaje de la Escuela de Aviación Naval.

Así como la Marina creó su División de Aviación Naval en 1919, el Ejército hizo lo propio con la Dirección del Servicio Aeronáutico en 1920. Eso definió una separación efectiva entre la aviación terrestre y la naval. Para entonces, se contaba con personal idóneo dentro de ambas fuerzas no sólo para instruir sino también evaluar a los futuros alumnos.

La consecuencia lógica de ambas realidades fue el cierre de la Escuela de Aviación Militar, en enero de 1922. Ese mismo año, fue reorganizada como Escuela Militar de Aviación dentro de la orgánica del Ejército, mientras que, en paralelo, unos meses antes se había recreado la Escuela de Aviación Naval, desde el antecedente del Parque y Escuela de Aerostación y Aviación Fuerte Barragán (en funcionamiento entre 1916 y 1918 y con un posterior reflote desde 1920).

12. Las Escuelas de Aviación y Aeroestación Navales (1921)

El Reglamento del Servicio Aeronáutico Naval proyectó la creación de la base aeronaval en Puerto Militar (actual Puerto Belgrano) y de dos centros de enseñanza/aprendizaje, la Escuela de Aviación Naval y la Escuela de Aerostación Naval. Previamente, los presupuestos nacionales de 1920 y 1921 habían destinado una partida de fondos para los trabajos de infraestructura y de creación de dichos organismos. Así, el 29 de noviembre de 1921 fue creada la Escuela de Aviación Naval destinada a preparar el personal necesario para el servicio aeronáutico y utilizar el arma aérea de la Marina de Guerra. Inicialmente, funcionó en el Arsenal de Puerto Militar.

El capitán de fragata José C. Gregores fue designado como director de esta escuela y comandante del guardacostas Almirante Brown, donde se le dio asiento hasta tanto se construyeran los locales apropiados. Como subdirector, segundo comandante y profesor, se designó al teniente de fragata Ricardo Fitz Simón, quien había colaborado en la redacción del reglamento que dio origen a este organismo. Se fijó en veinte el número de alumnos para el curso de pilotos aviadores, y en veinticinco, el número de aprendices de aviación. Las clases se iniciaron el 1º de marzo de 1922.

Asimismo, el 3 de enero de 1922 fue creada la Escuela de Aerostación Naval que funcionará hasta nueva disposición en el emplazamiento actual del Parque y Escuela de Fuerte Barragan. Con ello, se oficializó una situación que se estaba dando en los hechos. Durante 1921, el Parque había recibido por donación un dirigible semirígido para exploración, un hangar, una fábrica de hidrógeno y repuestos. Esos equipos e instalaciones habían sido entregados por la Compañía de Excursiones Aéreas, entidad comercial de carácter privado constituida por capitales argentinos e italianos.

Considerando esos hechos, el citado reglamento había dado pautas para la organización de dicha escuela y el personal que debía ser asignado. El teniente de navío Julio Zurueta fue su primer director mientras que el teniente de fragata Ceferino Pouchán fue subdirector y profesor de la misma. Se fijó en ocho el número de alumnos para el curso de pilotos de aerostación y las clases se iniciaron el 15 de marzo de 1922.

En lo relativo al personal, se mantuvo la clasificación establecida por el decreto de creación de la escuela de aviación de Fuerte Barragán: pilotos aviadores navales y observadores procedentes del cuerpo de comando (cuerpo general), pilotos navales procedentes de los suboficiales y oficiales de mar de las categorías timonería y señales; y mecánicos procedentes de las categorías de máquinas o electricidad. Asimismo, se admitían otras especialidades o cuerpos que a juicio de la superioridad resultaran convenientes. Gracias a la presencia de oficiales militares debidamente capacitados, la Marina logró instruir, evaluar y conceder los títulos de pilotos a su personal, independizándose del Aero Club Argentino.

Corolario

Desde 1908, la Marina de Guerra argentina consideró el uso de la aerostación para actividades de patrullaje y exploración. No obstante, será desde 1913 que empiece a desarrollarse un proyecto destinado a la creación de su propio servicio de aviación y aerostación navales que, además de medios aéreos, debía contar con un cuerpo de aviadores y aeronautas debidamente preparados y personal capacitado para mantener constantemente el material en su máximo de eficiencia, proceder al estudio de los aparatos o a su perfeccionamiento.

En pos de ese objetivo, se procuró un conocimiento acabado de los adelantos técnicos en la materia y la especialización teórica y práctica del personal, tanto en actividades de vuelo como en la mecánica de las aeronaves.
De esas primeras experiencias se comprendió que la formación de pilotos aviadores navales debía estar exenta de cualquier tendencia deportiva y, por el contrario, debía abordarse desde el entrenamiento profesional y una rigurosa selección del personal en todas las jerarquías. Eso motivó el temprano interés de la Marina de Guerra en la instalación de una escuela de aviación, ensayada tanto en el Arsenal del Río de la Plata (1914-1915) y, posteriormente, en Fuerte Barragán (1916).

Tras la finalización de la Primera Guerra Mundial, se tornó imperiosa la implementación del componente aéreo en la Marina. El retorno del personal especializado en la nueva arma significó la consolidación del trabajo realizado en años anterioes. En 1919, fue incorporado a la orgánica mediante la creación de la División de Aviación Naval y, en 1921, se logró la consumación de esta etapa fundacional a través de la aprobación y puesta en funcionamiento del Reglamento para el Servicio Aeronáutico Naval.

Agosto 16 de 2012


Fuentes y bibliografía

Documentos editados

Decreto presidencial del 11 de febrero de 1916 sobre creación del Parque y Escuela de Aerostación y Aviación de la Armada, en Orden General 39/16, Ministerio de Marina.
Pedido de informe y proyecto de resolución de la Honorable Cámara de Diputados al Ministro de Marina, ingeniero Federico Alvarez de Toledo, del 15 de julio de 1918, sobre el Parque y Escuela Fuerte Barragán, en Diario de Sesiones de la Cámara de Diputados, año 1918, volumen 2.
Interpelación parlamentaria al Ministro de Marina, Federico Alvarez de Toledo, con motivo del cierre de la Escuela de Aviación y Aerostación en Fuerte Barragán, en Diario de Sesiones de la Cámara de Diputados, año 1918, volumen 2.
Memoria de Marina, Ministerio de Marina, 1918.
Decreto presidencial del 17 de octubre de 1919 sobre creación de la División de Aviación Naval, en Orden General 181/19, Ministerio de Marina.
Resolución ministerial sobre reconocimiento de las patentes de aviación a los tenientes Ricardo Fitz Simón, Pouchán y Zar, en Orden General 1/20, Ministerio de Marina.
Decreto presidencial del 29 de octubre de 1921 sobre creación de la Escuela de Aviación Naval, en Orden General 166/21, Ministerio de Marina.
Decreto presidencial del 30 de noviembre de 1921 aprobando la reglamentación referente a la Organización del Reglamento del Servicio Aeronáutico Naval y, provisoriamente, los reglamentos para la Escuela de Aviación Naval y para la Escuela de Aerostación Naval, en Orden General 179/21, Ministerio de Marina. Resolución del Ministerio de Marina del 22 de diciembre de 1921 sobre funcionamiento de la Escuela de Aviación Naval, Orden General 191/21. Decreto presidencial del 3 de enero de 1922 sobre creación de la Escuela de Aerostación Naval, en Orden General 3/22, Ministerio de Marina.
Decreto presidencial del 4 de enero de 1922 sobre funcionamiento de la Escuela de Aerostación Naval en el emplazamiento del Parque y Escuela Fuerte Barragán, en Orden General 4/22, Ministerio de Marina.
 

Documentos inéditos:

FRAGA, Heraclio: “Estudio sobre el servicio de Aviación Naval en nuestra Armada”, 18 de agosto de 1919. AGARA, Caja 12867.
Artículos y obras coetáneas, descriptivas y de opinión
DE LOQUI, Esteban: “Carta al Director”. En: Boletín del Centro Naval, tomo XXVI, nº 305, Buenos Aires, abril de 1909.
ESCOLA, Melchor: "Experiencias en aeroplanos en pleno vuelo", Boletín del Centro Naval, tomo 33, nº 378, julio-agosto de 1915.
“Preparando la guerra aérea”, en: Revista Alrededor del Mundo, volumen 19, números 474-500, pp. 344-345, España, 25 de noviembre de 1908.
PADILLA, Pedro: "Proyecto de empleo de globos dirigibles en la Marina Militar para el servicio de exploración". En: Boletín del Centro Naval, tomo 27, nº 308, julio-agosto de 1909.

Bibliografía

ARGUINDEGUY, Pablo: Historia de la Aviación Naval Argentina, Tomo I, Buenos Aires, Departamento de Estudios Históricos Navales, 1980
BEZZOLA, Eugenio: “Alas sobre el mar. Orígenes y Primera Guerra Mundial”. En: Boletín del Centro Naval, Tomo 115, N° 791, Enero de 1955.
BIEDMA RECALDE, Antonio: “Movimiento Nacional Pro Aeronáutica Militar”, en: Génesis de la Fuerza Aérea Argentina, 1995. Disponible en: http://www.eam.iua.edu.ar/historia.asp>. Fecha de consulta: 4 de marzo de 2012.
DESTEFANI, Laurio: “La Armada Argentina (1900-1922)”. En: Historia Marítima Argentina, Tomo IX, Buenos Aires, Departamento de Estudios Históricos Navales, 1991.
DESTEFANI, Laurio: “La Armada Argentina (1923-1950)”. En: Historia Marítima Argentina, Tomo IX, Buenos Aires, Departamento de Estudios Históricos Navales, 1991.
LIRONI, Julio V.: Génesis de la aviación argentina, 1910-1915: su historia y sus hombres, Buenos Aires, s/e, 1974.
“Reseña histórica de la Escuela de Aviación Naval”, en Boletín del Centro Naval, Tomo 115, nº 785, Enero 1955.

Referencias


2 “Carta al Director”. En: Boletín del Centro Naval, tomo XXVI, nº 305, p. 1024, Buenos Aires, abril de 1909.
3 Idem.
4 “Carta al Director”. En: Boletín del Centro Naval, tomo XXVI, nº 305, p. 1024, Buenos Aires, abril de 1909.
5 Idem
.6 PADILLA, Pedro: "Proyecto de empleo de globos dirigibles en la Marina Militar para el servicio de exploración". En: Boletín del Centro Naval, tomo 27, nº 308, p. 183, julio-agosto de 1909.
7 Heraclio FRAGA, Jefe del Parque y Escuela de Aviación y Aeoroestación Naval “Fuerte Barragán”, al Director General de Personal en su “Estudio sobre el servicio de Aviación Naval en nuestra Armada”, 18 de agosto de 1919. AGARA, Caja 12867.
8 Idem.
9 Resolución presidencial del 10 de agosto de 1912 sobre creación de la Escuela de Aviación Militar. En: Revista de legislación y jurisprudencia nacional y provincial de la República Argentina, Volumen 2, Números 7-12, año 1913.
10 Cfr. BIEDMA RECALDE, Antonio: “Movimiento Nacional Pro Aeronáutica Militar”, en: Génesis de la Fuerza Aérea Argentina, 1995. Disponible en: http://www.eam.iua.edu.ar/historia.asp>. Fecha de consulta: 4 de marzo de 2012.
11 Contralmirante Juan Pablo Sáenz Valiente, Ministro de Marina, al capitàn de navìo Juliàn Irizar, Jefe de la Comisiòn Naval en Europa, 13 de enero de 1914. Libro de Partes de la Comisiòn Naval en Europa, AGARA, Caja 10629.
12 Idem.
13 Cfr. Contralmirante Juan Pablo Sáenz Valiente, Ministro de Marina, al capitàn de navìo Juliàn Irizar, Jefe de la Comisiòn Naval en Europa, 14 de junio de 1914. Libro de Partes de la Comisiòn Naval en Europa, AGARA, Caja 10629.
14 ESCOLA, Melchor: "Experiencias en aeroplanos en pleno vuelo". En: Boletín del Centro Naval, tomo 33, nº 378, p. 182, pp. 182-221, Julio-Agosto de 1915.
15 Idem.
16 Resolución del ministro de Marina, contralmirante Juan P. Sáenz Valiente, 19 de abril de 1915, en Orden General 90/915 del Ministerio de Marina.
17 Idem.
18 ESCOLA, M.: Op. cit., p. 184.
19 ESCOLA, M.: Op. cit., p. 183. 20 Decreto presidencial del 11 de febrero de 1916 sobre creación del Parque y Escuela de Aerostación y Aviación de la Armada, en Orden General 39/16, Ministerio de Marina.
21 ESCOLA, M.: Op. cit., p. 183. 22 Decreto presidencial del 11 de febrero de 1916 sobre creación del Parque y Escuela de Aerostación y Aviación de la Armada, en Orden General 39/16, Ministerio de Marina.
23
24 Cfr. Interpelación parlamentaria al Ministro de Marina, Federico Alvarez de Toledo, con motivo del cierre de la Escuela de Aviación y Aerostación en Fuerte Barragán, en Diario de Sesiones de la Cámara de Diputados, año 1918, volumen
5 Idem. 26 Pedido de informe y proyecto de resolución de la Honorable Cámara de Diputados al Ministro de Marina, ingeniero Federico Alvarez de Toledo, del 15 de julio de 1918, sobre el Parque y Escuela Fuerte Barragán, en Diario de Sesiones de la Cámara de Diputados, año 1918, volumen 2.
27 Memoria del Ministerio de Marina, ejercicio del año 1918.
28 Heraclio FRAGA, Jefe del Parque y Escuela de Aviación y Aeoroestación Naval “Fuerte Barragán”, al Director General de Personal en su “Estudio sobre el servicio de Aviación Naval en nuestra Armada”, 18 de agosto de 1919. AGARA, Caja 12867.

lunes, 15 de junio de 2026

COAN: SuE 0756/3-A-206

Avión de ataque naval, AMD-BA Super Etendard 0756/3-A-206 armado, en este caso, con 4 bombas Mk.81 de 500 Lbs para ataque a blancos terrestres, de la Segunda Escuadrilla Aeronaval de Caza y Ataque (#EA32) del Comando de Aviación Naval (COAN) de la Armada Argentina (ARA)



domingo, 29 de marzo de 2026

COAN: Zubizarreta y el absurdo accidente que costó su vida

Todo falló, menos su valor: el último vuelo del piloto que murió tras regresar de una misión en Malvinas


El capitán de navío Zubizarreta partió hacia las islas el 23 de mayo de 1982 con su A-4Q Skyhawk. Sobre la flota, no pudo lanzar sus bombas por un desperfecto técnico. Cargado con los explosivos, casi sin combustible regresó al continente. aterrizó en ´la pista mojada y resbaladiza de Río Grande. Debía eyectarse, pero el mecanismo también falló. Los instantes finales de un héroe

El Capitán de Corbeta Carlos Maria Zubizarreta junto al piloto Teniente de Corbeta Gustavo Diaz (castrofox.blogspot)

El 23 de mayo, la guerra que se vivía en el cielo de las Malvinas, a mil kilómetros por hora, a 480 millas del continente, llegaría a la base de Río Grande. Tomaría otra dimensión, más cercana, más brutal. Mostraría su cara en el asfalto húmedo, a la vista de todos.

Sucedió en el regreso de una misión que había conducido el jefe de la Tercera Escuadrilla Aeronaval de Caza y Ataque, el capitán Rodolfo Castro Fox, con los aviones A-4Q.

Castro Fox había sufrido un accidente nueve meses antes. La tardía expulsión del asiento eyectable en una jornada de entrenamiento en el portaviones 25 de Mayo hizo que cayera al mar con su avión desde 13 metros de altura y perdió el conocimiento tras el impacto contra el agua. Lo trasladaron al hospital en helicóptero. Sufrió dos paros cardiorrespiratorios y la fractura de su brazo izquierdo. No había vuelto a volar hasta abril de 1982, cuando se declaró la guerra, pero estaba inhabilitado para realizar misiones de combate. Sin embargo, Castro Fox informó a sus superiores que se sentía obligado a desobedecer la prohibición: no podía mandar a sus pilotos al combate aéreo si él no lo hacía. Su disminución física le impedía operar el avión con normalidad. Un mecánico debía ayudarlo para abrir y cerrar la cabina; tampoco podía accionar la palanca del tren de aterrizaje con la mano izquierda, debía hacerlo cruzando el brazo derecho.

Por su parte, al inicio de la guerra, el estado de los aviones de la escuadrilla era desolador. Los A-4Q ya habían excedido su vida útil, tenían las alas fisuradas, los cañones registraban problemas técnicos para impactar sus proyectiles, y los cohetes de los asientos eyectores estaban vencidos, con un margen de seguridad limitado. Con el esfuerzo logístico del personal de mantenimiento se reemplazaron alas y también se incorporaron otros pilotos de otras unidades. La escuadrilla quedó conformada por doce pilotos con ocho A-4Q preparados para atacar las unidades de superficie del enemigo.

Castro Fox había sufrido un grave accidente meses antes y dos infartos, sin embargo informó a sus superiores que se sentía obligado a desobedecer la prohibición: no podía mandar a sus pilotos al combate aéreo si él no lo hacía (castrofox.blogspot)

El 23 de mayo, en su misión hacia Malvinas, a Castro Fox lo acompañaban el capitán Carlos Zubizarreta, el teniente Carlos Oliveira y el teniente Marcos Benítez.

El objetivo había sido el de todas las misiones: atacar las naves que encontraran en la bahía San Carlos y, si no encontraban nada, hacerlo sobre las instalaciones del puerto.

Partieron pasado el mediodía. Volaban juntos, en formación, para no perderse de vista. Pronto Oliveira tendría fallas en el traspaso de combustible y regresaría a la base. Cuando divisaron Gran Malvina, se elevaron por los cerros y luego bajaron, navegación rasante, pegados al agua. El capitán Pablo Carballo, que lideraba la misión de A-4B Skyhawk, los había precedido en la incursión, dos minutos antes. Les transmitió por radio la posición actualizada de las naves de superficie y de los Sea Harrier. Carballo estaba en el vuelo de regreso; su avión había recibido un misil en el ala derecha disparado desde tierra y otro había pasado muy cerca de su cabina cuando atravesaba Pradera del Ganso, para girar y volver a atacar. Pensó en eyectarse, pero sentía que podía dominar el avión y confiaba en que aterrizaría en Río Gallegos. Otro A-4B de su formación no había lanzado, del otro no tenía novedades, y había perdido a un piloto, al primer teniente Luciano Guadagnini, que había descargado su bomba sobre la HMS Antelope, una fragata de tipo 21 que había sustituido a Ardent como muralla, dispuesta a atacar con sus cañones y a atajar todo lo que le arrojaran.

Un proyectil lanzado desde la fragata impactó sobre el ala del A-4B de Guadagnini, y ya estaba a punto de caer al agua, pero en un esfuerzo soberbio el piloto giró e impactó sobre el mástil de Antelope. Su avión se desintegró y cayó al mar. (Después del cuarto intento frustrado por desactivarla, una de sus bombas explotaría en la sala de máquinas. Antelope quedaría envuelta en una bola de fuego, mientras los tripulantes abordaban un bote del Intrepid. Cuando estaban a mil metros se produjo la explosión, que quedaría registrada como una de las imágenes más dramáticas de la guerra por las Malvinas. El casco de Antelope se partiría en dos y la nave se hundiría).

La HMS Antelope se hunde luego de haber sido atacada por los pilotos argentinos en el Estrecho de San Carlos (AP)

Este era el reporte de Carballo sobre el estrecho San Carlos pasado el mediodía del 23 de mayo. Antes de ingresar a la zona caliente, Castro Fox puso su A-4Q a cien metros del agua y deseó suerte a sus numerales, que venían detrás. La pasada aérea por el estrecho no tomaba más de un minuto. El minuto decisivo. El sol brillaba, pero el cielo se veía negro por el humo de las explosiones y el fuego de los cañones.

Cuando vio a su blanco, el Intrepid, en la boca de la bahía, también vio una especie de luz que salía desde la proa y se dirigía hacia él. Era un misil. Giró rápido a la derecha y enfiló hacia la nave, descargó sus bombas y fue saliendo del estrecho en vuelo rasante, moviendo su avión de un lado a otro para escapar hacia la base. Detrás de él venían sus dos numerales, Benítez y Zubizarreta. Les habían tirado dos misiles desde tierra, que pasaron entre sus dos aviones, pero habían superado sin daños la barrera antiaérea. Benítez había descargado sus bombas sobre Antelope. Aunque no escuchó su explosión, había quedado alojada en la fragata. Zubizarreta no había podido lanzar por una falla en el sistema.

En su regreso, Castro Fox advirtió que se quedaba sin combustible; los tanques externos no transferían en forma normal. Optó por un perfil de vuelo diferenciado, a más de 12 mil metros de altura. No sabía si llegaría a aterrizar o se eyectaría en el mar. Lo iría evaluando. Les dijo a sus pilotos que no lo acompañaran: quería quedarse solo.

Zubizarreta y Benítez continuaron vuelo. En la base estaban contentos porque sabían que volvían los tres A-4Q de San Carlos. Lo habían verificado con el radar en tierra. Los pilotos y mecánicos de las escuadrillas los habían despedido y ahora estaban en la plataforma del hangar para recibirlos, como se hacía siempre en cada misión. El aterrizaje era inminente. En ese momento empezó a lloviznar, una garúa muy tenue, con un fuerte viento.

El capitán Roberto Curilovic, que tenía experiencia porque era señalero en portaviones de A-4Q, salió corriendo a la pista y ordenó que se armase el sistema de frenado. El A-4Q, sobre pista mojada y semihelada, corría el riesgo de hacer aquaplaning. Tenía ruedas muy finas, para aterrizaje en portaviones, y con la alta presión de inflado perdía adherencia y podía hacer deslizar al avión sin control. Entonces, si el gancho de cola del avión lograba enganchar el cable que atravesaba la pista y empezaba a arrastrarlo, el propio cable le daba estabilidad y frenaba la carrera de la aeronave. Pero no llegaron a armarlo a tiempo.

El avión de Zubizarreta regresaba casi sin combustible. No había podido lanzar las bombas; sobrevoló un barco y el eyector no funcionó. Existe un sistema de emergencia que permite que se las tire inertes. El lanzador y las bombas se arrojan sobre el mar y no explotan. Pero Zubizarreta no las quiso tirar, no quiso perder el armamento; prefirió regresar con las bombas a la base para preservarlas.

Tercera Escuadrilla Aeronaval de Caza y Ataque, fotografiados el 20 de Mayo de 1982: Sylvester, Medici, Lecour, Oliveira, Carlos Zubizarreta, Olmedo, Arca, Alberto Phillippi, Castro Fox, Rótolo, Benítez y Alejandro Diaz

Su A-4Q aterrizó en la pista húmeda con viento cruzado, perdió el control, empezó a viborear y se fue a un costado de la pista delante de los pilotos y mecánicos, de todo el personal de la base. Se fue detrás de un montículo y se incrustó sobre el barro. Al irse de pista con las bombas abajo, Zubizarreta debía eyectarse hacia arriba.

En situaciones normales, el asiento sube a determinada altura, la capota de la cabina se dispara y se abre. Y si no se dispara el asiento, tiene clavijas que rompen la cabina. Pero el cartucho del asiento no lo despidió a la altura necesaria. No lo expulsó con suficiente energía. Había fallado el cohete del asiento; estaba vencido y se había prorrogado su uso.

Zubizarreta cayó al pavimento de la pista desde considerable altura sin el paracaídas desplegado. Las bombas no explotaron y solo quedó afectada la nariz del avión. A la semana el A-4Q estaba volando otra vez. Pero Zubizarreta falleció por el impacto pocas horas después.

Su féretro fue subido a un avión Fokker F-28 de la Armada. Una formación lo despidió con honores.

* Marcelo Larraquy es periodista e historiador (UBA) Su último libro publicado es “La Guerra Invisible. El último secreto de Malvinas”. Ed. Sudamericana.


domingo, 15 de marzo de 2026

COAN: Los SuE argentinos

Los Super Etendard argentinos

Super Étendard: El as en la manga de la Aviación Naval Argentina

Mientras el Reino Unido celebraba su rápida victoria en Georgia del Sur, en el continente sudamericano Argentina se preparaba para una nueva fase del conflicto: la lucha aérea y marítima. En ese escenario, una pieza clave del ajedrez estratégico argentino era el AMD-BA Super Étendard, el caza-bombardero más avanzado de la Armada Argentina en el momento de la guerra.

Este avión, derivado del desarrollo del francés Étendard IV, representaba un salto tecnológico significativo. Incorporaba modernos sistemas de navegación y ataque, y era capaz de portar misiles aire-mar Exocet AM39, una verdadera amenaza para cualquier buque enemigo. En los informes soviéticos y europeos de la época, se lo mencionaba con variaciones fonéticas como "Super Ethander" o "Super Standard", reflejando tanto su origen galo como su prestigio internacional.


Vínculos históricos con Francia: Una tradición de cooperación aérea

La relación entre Argentina y la industria aeronáutica francesa no era nueva. Se remontaba a 1929, cuando la Armada Argentina incorporó los primeros Dewoitine D-21c, cazas monoplaza que marcaron el inicio de una cooperación tecnológica duradera. Más adelante, durante los años de posguerra, llegaron otros modelos galos, como el T-28 Fennec —una adaptación francesa del T-28A "Trojan" estadounidense— modificada por Sud Aviation para cumplir funciones de entrenamiento y ataque ligero.

La flota aérea de la Armada fue evolucionando, pero el salto cualitativo más grande se dio a partir de los años setenta, cuando el Grupo Aeronaval Embarcado (GAE) comenzó a reorganizarse para enfrentar los desafíos de un posible conflicto de mayor escala.

Del Skyhawk al Super Étendard: Un cambio necesario

Durante la primera mitad de la década, el GAE estaba compuesto principalmente por los McDonnell Douglas A-4Q Skyhawk, aeronaves versátiles y probadas, pero ya entradas en años. La necesidad de modernización era urgente. Hacia 1976, la Armada Argentina comenzó a explorar opciones para reemplazar su flota de Skyhawks, en vista de su obsolescencia frente a los estándares de combate contemporáneos.

El primer intento de adquisición fue fallido: un lote de A-4C ofrecido por Lockheed no satisfacía las necesidades ni los requerimientos operativos. El estado mayor naval comenzó entonces a considerar alternativas de mayor potencia y tecnología. Entre los modelos en evaluación estaban el A-4F y el moderno A-4M, recientemente retirado del servicio activo en la aviación naval de Estados Unidos.

Pero la decisión final tomó un rumbo diferente. Francia ofrecía no solo un avión más moderno, sino también un sistema de armas completo: el Super Étendard, equipado con el temido misil Exocet. Esta combinación, pensada para operaciones de ataque naval a larga distancia, se adaptaba perfectamente a las necesidades defensivas y ofensivas de la Armada argentina en un escenario marítimo como el del Atlántico Sur.

La 2º Escuadrilla Aeronaval: Guardián del poder aéreo en Alta Mar

La 2º Escuadrilla de Caza y Ataque Naval fue la unidad elegida para operar los nuevos Super Étendard. Su capacitación se realizó en Francia, con pilotos argentinos que entrenaron durante meses para dominar no solo la aeronave, sino también la integración táctica con el misil Exocet.

Este escuadrón se convertiría pronto en una de las unidades más temidas del conflicto, y sus misiones marcarían un antes y un después en la historia de la guerra naval moderna. Su capacidad de atacar desde distancias seguras, con precisión quirúrgica, pondría a prueba a la mismísima Royal Navy.

La guerra aérea y marítima por las Malvinas se aproximaba a su punto de ebullición. Y en ella, el Super Étendard era el arma secreta con la que Argentina esperaba equilibrar la balanza ante un adversario poderoso y decidido.

De acuerdo con los requerimientos técnicos establecidos, la aviación naval argentina necesitaba un avión de combate a reacción capaz de operar desde la cubierta del portaaviones ligero ARA (V-2) 25 de Mayo (léase “Veinticinco de Mayo”). Este buque tenía una trayectoria particular: fue construido en 1945 en Inglaterra bajo el nombre HMS Venerable y posteriormente transferido a los Países Bajos, que lo revenderían más tarde a la Argentina. El nuevo avión debía estar capacitado para lanzar misiles contra buques enemigos, además de poder ejecutar misiones de ataque sobre objetivos terrestres y marítimos. Asimismo, debía contar con capacidad para portar misiles aire-aire AIM-9B Sidewinder. Luego de que el gobierno de los Estados Unidos prohibiera la venta del A-4M Skyhawk a Argentina, la Armada dirigió su interés hacia el Super Étendard ofrecido por la industria francesa.


3-A-203 durante la presentación oficial del 7 de diciembre de 1981 de Argentina

La propuesta inicial contemplaba la entrega de un lote de 16 Super Étendard. Se preveía que diez de estos aviones fueran entregados en 1981, cuatro en 1983 y los dos restantes en 1984. A diferencia de los Estados Unidos, Francia ofrecía aeronaves completamente equipadas y armadas. El contrato para la adquisición de los aviones y sus repuestos fue firmado en 1979. En el marco de este acuerdo, participaron varias empresas clave: Matra se encargó de la fabricación de 500 misiles aire-aire Magic 500, Aerospatiale produjo los misiles antibuque AM-39 Exocet, y Thomson-CSF desarrolló los simuladores de vuelo específicos para el entrenamiento en el Super Étendard.


3-A-208 con cuatro bombas Matra de 250 kilogramos (Matra SAMP)

En noviembre de 1980, el personal técnico de vuelo argentino arribó a Francia e inició de inmediato su entrenamiento bajo un programa especialmente diseñado, conocido como programa SUE (sigla con la que se identificaron todos los Super Étendard argentinos). El contingente estaba compuesto por 10 pilotos, un oficial del servicio de ingeniería y 37 suboficiales técnicos, todos bajo el mando general del capitán de fragata Ítalo Lavezzo. Este último no solo comandaba la delegación, sino que también se desempeñaba como piloto de pruebas de las aeronaves destinadas a la Argentina.

3-A-213 dentro del hangar número seis

El programa de instrucción se extendió durante todo el primer semestre de 1981. Cada piloto argentino acumuló al menos 48 horas de vuelo en el Super Étendard. Paralelamente, en la Argentina, comenzó la construcción del hangar N.º 6 en la base aeronaval “Comandante Espora”, destinado al Segundo Escuadrón de Caza y Ataque Naval, una unidad reconstruida tras su disolución en 1976, cuando aún operaba con aviones Fennec.

El primer lote de cinco Super Étendard (designados SUE en Argentina), con matrículas comprendidas entre 0751/3-A-201 y 0755/3-A-205 —donde el número 3 indica el Escuadrón Aeronaval de Ataque, el 2 identifica al segundo escuadrón, y los dos últimos dígitos corresponden al número táctico del avión— fue oficialmente incorporado el 7 de diciembre de 1981 durante una ceremonia realizada en la base “Comandante Espora”, con la presencia del Presidente de la Nación. A pesar del receso estival (diciembre corresponde al verano en el hemisferio sur), la actividad del escuadrón no se interrumpió en ningún momento. La llegada del material y del personal entrenado en Francia se cumplió rigurosamente según lo previsto.


Tres "Super Etendar" en el cielo sobre la base aérea "Comandante Espora"

Los diez pilotos formados en Francia se incorporaron al escuadrón y comenzaron sus actividades operativas con regularidad. Sin embargo, esta rutina se vio abruptamente interrumpida el 31 de marzo de 1982, cuando el capitán Colombo recibió la orden del alto mando de alistar los Super Étendard para operar con misiles Exocet en un plazo máximo de treinta días. Apenas dos jornadas después, el 2 de abril, llegó la instrucción de avanzar hacia las Islas Malvinas. En ese momento, quedó claro para todos que el conflicto era inminente y que el derramamiento de sangre era ya una certeza en el horizonte.


Alineación de SUE basada en Comandante Espora, agosto de 1992

En esa etapa, el entrenamiento se concentró en maniobras de navegación, perfiles de ataque y el empleo operativo de los misiles AM-39 Exocet. Es importante destacar que Francia no ofreció asistencia técnica alguna en ese momento, por lo que los argentinos debieron resolver por cuenta propia todos los aspectos del adiestramiento, completándolo en un plazo récord de apenas dos semanas.

Simultáneamente, se llevaron a cabo vuelos intensivos y constantes en la zona de Puerto Belgrano. Tanto buques mercantes como unidades navales fueron utilizados como blancos simulados en más de una docena de ataques, con el objetivo de adquirir experiencia en el uso del radar de abordo y en el vuelo a muy baja altitud.

La consigna principal de estos ejercicios era perfeccionar ataques contra blancos navales situados a una distancia de 400 a 500 millas náuticas de la costa, lo cual exigía la ejecución precisa de reabastecimientos en vuelo. Se ensayaron ataques sobre destructores clase Hércules de la propia Armada Argentina, que compartían diseño con los británicos clase Sheffield. La tarea consistía en estudiar sus vulnerabilidades y definir los puntos más efectivos para un ataque con misiles.

Vista de la cola 3-A-201

Una vez finalizado el entrenamiento y completado el alistamiento de los sistemas, la unidad fue declarada operativa para el combate. Estaba integrada por apenas cuatro Super Étendard, ya que el quinto aparato debió ser canibalizado como fuente de repuestos, debido al embargo comercial impuesto tras el estallido de la guerra. La escuadrilla quedó bajo el mando del capitán de fragata Jorge Colombo. Se organizaron cinco binomios de pilotos —diez en total— con el fin de garantizar una rotación constante en las misiones.

Como no se había realizado ningún adiestramiento a bordo del portaaviones ARA (V-2) 25 de Mayo, se resolvió operar directamente desde tierra, utilizando como base la instalación aeronaval de Río Grande, en Tierra del Fuego. En aquel momento, esta base era empleada por aviones de ataque MB-326GB, MB-339A y A-4Q Skyhawk. Los Super Étendard fueron trasladados desde la base “Comandante Espora” a Río Grande el 19 de abril. Las extremas e impredecibles condiciones meteorológicas de la zona obligaron a las tripulaciones a realizar vuelos de aclimatación y adaptación.

Si bien Río Grande también alojaba unidades de la Fuerza Aérea Argentina, como los IAI Dagger, se decidió mantener operaciones separadas, ya que las configuraciones y perfiles de vuelo de los Super Étendard eran completamente distintos a los de las aeronaves de la Fuerza Aérea.

Arriba - Nariz 3-A-205, agosto de 1984. Se puede notar una marca en el ataque del barco británico.
Abajo - Dos cohetes 550 Magic (Matra 550 Magic) están suspendidos debajo de 3-?-203 en la pista del “Comandante Espora”.

El primer vuelo de combate se realizó el 1 de mayo a las 16.03. El objeto era un objetivo no identificado que maniobraba activamente al sur del estrecho de San Carlos. En la etapa final, esta operación se suspendió porque el comandante de la pareja que realizaba la tarea sufrió una fuga de combustible.


Sobre el rodaje antes del vuelo de entrenamiento

El 4 de mayo, a las 09:45, despegaron los Super Étendard 3-A-202 y 3-A-203 con la misión de atacar una formación naval británica que estaba siendo monitoreada por un avión de patrulla SP-2H (matrícula 2-P-112). A las 11:04, y desde una distancia aproximada de 30 millas náuticas, ambos aviones lanzaron misiles AM-39 Exocet contra el blanco identificado. Como resultado del ataque, fue alcanzado y posteriormente destruido el destructor británico HMS Sheffield, marcando así el primer impacto exitoso de un misil antibuque lanzado desde un avión en el conflicto del Atlántico Sur.

Marcación claramente visible de los ataques a los barcos británicos.

El 23 de mayo, la salida operativa resultó infructuosa: los pilotos regresaron a la base aeronaval de Río Grande sin haber detectado ningún blanco en la zona de búsqueda asignada. A partir de entonces, la efectividad de la aviación naval se vio seriamente afectada por la imposibilidad de continuar utilizando el SP-2H Neptune —el veterano avión de patrulla, literalmente, comenzó a desintegrarse en pleno vuelo—. Como consecuencia, el flujo de información crítica sobre las posiciones y movimientos de los buques enemigos se redujo drásticamente.

A este problema se sumaba otro: cuando los Super Étendard armados con misiles Exocet lograban ingresar al área de operaciones, los pilotos debían recurrir a auténticos prodigios de precisión para localizar y fijar blancos sin apoyo de radar externo. Ante esa situación, se tomó la decisión de trasladar de urgencia todos los misiles aire-mar a la base aeronaval Comandante Espora para una revisión completa. Allí fueron sometidos a una meticulosa auditoría y recalibración, y al día siguiente ya estaban de regreso en Río Grande, habiendo recorrido en cuestión de horas varios miles de kilómetros a bordo de un avión Fokker F-28.


3-A-211 con marca incorrecta en la cola. 0761 es Mackey MW-339AA

El 25 de mayo de 1982, en el Día de la Patria, los Super Étendard 3-A-203 y 3-A-204 llevaron a cabo un ataque decisivo contra el Atlantic Conveyor, un buque logístico británico localizado a unas 100 millas náuticas al noreste de Puerto Argentino. Los aviones argentinos despegaron a las 14:26, cada uno armado con un misil Exocet. El blanco fue alcanzado exitosamente, y el impacto provocó el hundimiento del buque, que transportaba un valioso cargamento de helicópteros Lynx, Wessex y Chinook, esenciales para las operaciones británicas en las islas.

Debido a la gran distancia del objetivo —un total de 1.620 millas náuticas ida y vuelta—, la misión requirió dos reabastecimientos en vuelo, los cuales fueron realizados con precisión por un avión tanque RC-130H de la Fuerza Aérea Argentina. Esta operación combinada fue un hito de coordinación interfuerzas y un duro golpe para la logística británica en el teatro de operaciones.

El 3-A-207 se prepara para el vuelo de entrenamiento

El último ataque realizado por la aviación naval argentina tuvo lugar el 30 de mayo de 1982 y tuvo como blanco a uno de los portaaviones de la Royal Navy. La misión representaba un desafío monumental: los argentinos disponían de un solo misil Exocet operativo. Se estimaba que para hundir un portaaviones de esa clase se requerían al menos cuatro impactos directos, por lo que se diseñó una operación combinada. La Fuerza Aérea Argentina contribuyó con dos A-4 Skyhawk, cada uno armado con dos bombas de 500 libras, que acompañarían a los Super Étendard en el ataque.

El Super Étendard 3-A-202 portaba el último Exocet disponible, mientras que el 3-A-205 llevaba tres tanques suplementarios de combustible para asegurar el alcance de la misión. A las 12:31, desde una distancia de 24 millas náuticas, se efectuó el lanzamiento del misil contra el HMS Invincible. Sin embargo, el Reino Unido nunca reconoció oficialmente haber recibido dicho impacto.

Ese disparo marcó el último vuelo de combate de los Super Étendard durante la Guerra por las Malvinas. Posteriormente, se contemplaron diversas opciones para emplearlos como bombarderos convencionales, pero con el fin de las hostilidades, tales planes nunca pasaron del papel.

3-A-209 y 3-A-211 se aproximaron al KC-130 para probar el reabastecimiento en vuelo

El desempeño en combate del Segundo Escuadrón Aeronaval de Caza y Ataque fue verdaderamente sobresaliente. Con apenas cuatro Super Étendard operativos, la unidad llevó a cabo cinco misiones de ataque, acumulando un total de 29 horas de incursiones en zona de combate. Sus resultados fueron contundentes: logró el hundimiento de dos buques enemigos —entre ellos el HMS Sheffield, que funcionaba como centro de comando de la aviación británica— y la destrucción de al menos diez helicópteros, golpeando duramente la capacidad logística y operativa del adversario.

A todo ello se suma un dato no menor: fue la única unidad argentina en el conflicto que no sufrió ninguna baja, ni de personal ni de material, lo que subraya no solo su eficacia táctica, sino también el altísimo nivel de preparación y profesionalismo alcanzado por sus pilotos y equipos técnicos.

El 3-A-201 se encuentra en la cubierta del portaaviones "Lincoln" (USS CVN-72 "Lincoln") durante el ejercicio "Gringo-Gaucho II" en octubre de 1990.

Tras el fin de la guerra, el embargo internacional fue finalmente levantado, lo que permitió al escuadrón recuperar y completar su flota de aeronaves y sistemas de armamento. En diciembre de 1982, llegaron al país los nueve Super Étendard restantes, acompañados de misiles, repuestos y equipamiento técnico. Esta entrega no solo fortaleció la capacidad operativa del escuadrón, sino que además posibilitó la reparación del 3-A-201, que había quedado fuera de servicio durante el conflicto, permitiendo su reincorporación plena a las operaciones gracias a las piezas recibidas.


201, 208 y 210 después de la práctica de lanzamiento de misiles

Uno de los hitos más significativos en la historia de posguerra de los Super Étendard fue el vuelo realizado a mediados de abril junto a los A-4Q Skyhawk del Tercer Escuadrón de Cazabombarderos, con destino al portaaviones ARA (V-2) 25 de Mayo. Esta operación marcó la plena integración de ambas unidades embarcadas en el contexto del adiestramiento aeronaval conjunto.

Durante el período en que el portaaviones ingresó a reparaciones programadas, los Super Étendard mantuvieron una actividad operativa constante desde bases terrestres, operando intensamente desde Mar del Plata, Trelew, Río Grande y Ushuaia, lo que aseguró la continuidad de su entrenamiento y preparación para misiones de ataque y proyección naval.

SUE en Ushuaia (Ushuaia) - la base más austral del hemisferio sur

Las capacidades de combate de los Super Étendard se potenciaron significativamente al operar en conjunto con el Lockheed L-188MR Electron, una versión modificada del Electra adaptada para tareas de patrullaje marítimo y guerra electrónica. Esta combinación permitió mejorar notablemente la detección de blancos navales, la coordinación táctica y la capacidad de supervivencia de los aviones de ataque, al integrar sensores de largo alcance y apoyo electrónico en tiempo real.


A pesar de la drástica reducción del presupuesto de defensa —especiamente en lo referido al entrenamiento—, los costos asociados a la formación de tripulaciones para los Super Étendard se mantuvieron sin alteraciones, lo que permitió preservar un alto estándar operativo. Con el paso del tiempo, la especialización principal de estos aviones se consolidó en el ataque a objetivos desde muy baja altitud, una capacidad que exige gran precisión y destreza.

El nivel de instrucción de los pilotos del escuadrón es considerado de excelencia, como lo prueba el hecho de que, a lo largo de todo su historial operativo, solo se hayan registrado dos incidentes significativos. El primero ocurrió el 1 de agosto de 1989, cuando el 3-A-210 impactó contra las crestas del mar durante un vuelo de entrenamiento a baja altura, provocando la pérdida de la aeronave y el fallecimiento del piloto. El segundo tuvo lugar el 11 de diciembre del mismo año: el SUE 0772 / 3-A-212 sufrió una falla en su motor Atar 08C durante el vuelo, pero en esa ocasión el piloto logró eyectarse con éxito.

El escuadrón cuenta, además, con una vasta experiencia en reabastecimiento en vuelo y ha participado en numerosas maniobras combinadas, incluyendo ejercicios con la aviación naval de Brasil y con unidades de la Marina Real Británica.