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domingo, 20 de septiembre de 2026

Malvinas: Operación IMPI, el cuarto intento de ataque contra los SuE y Exocet


Operación IMPI

Basado en el relato de Mariano Sciaroni


En junio de 1982, cuando la guerra de las Malvinas entraba en su fase final, el alto mando británico todavía consideraba prioritaria la destrucción de los Super Étendard de la Aviación Naval argentina y de los misiles AM39 Exocet que pudieran permanecer disponibles. La combinación de ambos sistemas había demostrado ser una de las amenazas más serias contra la Task Force y, mientras existiera la posibilidad de nuevos ataques, la Royal Navy no podía considerar neutralizado el peligro.

Durante las semanas anteriores, los británicos habían estudiado distintas alternativas para golpear esa capacidad directamente en el continente. La primera había sido la operación PLUM DUFF, concebida como un reconocimiento previo de la zona de Río Grande. Después había surgido MIKADO, un proyecto mucho más ambicioso: dos aviones Hercules debían aterrizar directamente en la base aeronaval y desembarcar una fuerza de hasta setenta hombres del SAS, cuya misión consistiría en destruir los Super Étendard, localizar los Exocet y eliminar, en la medida de lo posible, al personal y los medios necesarios para continuar las operaciones.



El plan entrañaba riesgos extraordinarios. Río Grande se encontraba en territorio continental argentino, a gran distancia de las fuerzas británicas desplegadas en las islas, y cualquier fracaso podía dejar a decenas de comandos aislados, sin una vía sencilla de retirada y expuestos a una reacción inmediata de las fuerzas argentinas. PLUM DUFF no alcanzó sus objetivos y MIKADO, después de sucesivas revisiones, fue formalmente cancelada el 4 de junio.

La cancelación, sin embargo, no significó que Londres hubiese renunciado al objetivo. Ese mismo día, el cuartel general británico ordenó al comandante de la Task Force 317 preparar una nueva alternativa. El resultado fue la operación IMPI.

A diferencia de MIKADO, IMPI reducía considerablemente la magnitud de la fuerza empleada y buscaba apoyarse más en la sorpresa, la navegación a baja cota y la infiltración desde el mar. El concepto combinaba un único Hercules de la Royal Air Force con dos submarinos británicos y una pequeña fuerza de comandos. El propósito seguía siendo esencialmente el mismo: alcanzar las instalaciones desde las cuales podían operar los Super Étendard y destruir los medios que amenazaban a la flota.



Operación conjunta con Chile, reza la carpeta

La fase aérea estaría a cargo de un Hercules del 47 Squadron de la RAF. El aparato despegaría desde la isla Ascensión y efectuaría reabastecimientos en vuelo durante la larga navegación hacia el extremo austral de Sudamérica. La ruta prevista lo llevaría al este de las Malvinas y luego hacia el sur, evitando en lo posible las áreas cubiertas por los sistemas argentinos de vigilancia. Después debía rodear el Cabo de Hornos y aproximarse a Tierra del Fuego a muy baja altura, durante la noche, con el objetivo de reducir al mínimo las posibilidades de detección radar.

La navegación final exigía una precisión considerable. Un Hercules era un avión grande, concebido para el transporte táctico y no para penetrar clandestinamente un espacio aéreo defendido. Volar de noche, a escasa altura sobre el mar y el terreno austral, después de una misión de miles de kilómetros, representaba por sí mismo un desafío operativo de primer orden. A ello se sumaba la necesidad de localizar con exactitud los puntos previstos para el desembarco o la inserción de las fuerzas especiales.

Los documentos conocidos mencionan dos aeródromos bajo los nombres en clave de “San José” y “Arco Iris”. Su identificación no aparece establecida de manera concluyente en la documentación disponible, aunque distintos indicios permiten relacionarlos con Río Grande y Río Gallegos. La ruta considerada para el Hercules también ha dado lugar a interrogantes acerca de un eventual uso de territorio chileno para apoyo, recuperación o contingencias, aunque el alcance concreto de esa posible participación no puede determinarse con certeza a partir de los documentos actualmente conocidos.

La operación incluía, además, un elemento naval particularmente singular. El submarino nuclear HMS Conqueror debía ocupar una posición desde la cual pudiera servir como referencia radioeléctrica para el Hercules durante la aproximación. En lugar de actuar como plataforma de ataque, el submarino tendría la misión de emitir una señal que facilitara la navegación del avión en una región donde el uso de ayudas convencionales podía comprometer la sorpresa.



El segundo submarino asignado era el HMS Onyx, una unidad convencional especialmente adecuada para operar cerca de la costa. Desde él debía desembarcar una pequeña fuerza compuesta por ocho hombres del SAS y dos del SBS. Los comandos serían trasladados hacia tierra mediante embarcaciones Gemini y llevarían explosivos y armamento antitanque para atacar los objetivos designados.

El empleo de sólo diez hombres marcaba una diferencia sustancial respecto de MIKADO. Ya no se trataba de conquistar temporalmente una base mediante un golpe masivo, sino de infiltrar una fuerza reducida, alcanzar objetivos previamente seleccionados, destruirlos y retirarse antes de que las unidades argentinas pudieran organizar una respuesta efectiva. El éxito dependía menos de la potencia de combate que de la coordinación, la sorpresa y la sincronización entre medios separados por enormes distancias.


HMS Conqueror

El Hercules debía navegar desde Ascensión, recibir combustible en vuelo, rodear el extremo meridional del continente y penetrar a baja altura. El Conqueror tendría que encontrarse en la posición exacta para proporcionarle la referencia prevista. El Onyx, por su parte, debía aproximarse a la costa sin ser detectado y lanzar los botes con los hombres del SAS y del SBS. Cualquier demora, error de navegación o detección prematura podía comprometer el conjunto de la misión.

A mediados de junio, mientras las fuerzas terrestres británicas cerraban el cerco sobre Puerto Argentino, los preparativos continuaban. El 14 de junio, el HMS Onyx embarcó en San Carlos a los integrantes de las fuerzas especiales destinados a la operación. Para entonces, la batalla terrestre en las islas estaba llegando a su desenlace, pero IMPI todavía permanecía dentro de las opciones disponibles.


HMS Onyx

La situación cambió con rapidez. Durante esa misma jornada se produjo el colapso de las posiciones argentinas alrededor de Puerto Argentino y, horas más tarde, la rendición puso término efectivo a las principales operaciones de combate en las islas.

Incluso entonces, la preparación de IMPI no se detuvo de inmediato. El 15 de junio, los hombres embarcados en el Onyx realizaron ejercicios de desembarco con las embarcaciones Gemini. La misión todavía conservaba, al menos desde el punto de vista técnico, una cierta inercia operacional. Sin embargo, el cese de las operaciones aéreas argentinas eliminó la amenaza que había justificado el plan. Sin ataques de los Super Étendard y sin una necesidad inmediata de neutralizar los Exocet, la incursión perdió su razón de ser.

IMPI nunca fue ejecutada.

Quedó como el último plan conocido de operaciones especiales británicas destinado específicamente a destruir la capacidad argentina de operar los Super Étendard y los misiles Exocet durante la guerra de 1982. Su concepción revela hasta qué punto aquella combinación de avión y misil preocupaba al mando británico aun en los últimos días del conflicto.



El proyecto reunía medios de tres ámbitos distintos en una operación de notable complejidad: un Hercules procedente de Ascensión, una ruta de penetración alrededor del Cabo de Hornos, un submarino nuclear empleado como referencia de navegación, un submarino convencional acercándose a la costa y una pequeña fuerza de comandos preparada para desembarcar en territorio continental argentino.

El final de la guerra hizo innecesaria la misión antes de que pudiera ponerse en marcha. El Hercules no realizó el vuelo previsto, el Conqueror no tuvo que guiarlo hacia Tierra del Fuego y los hombres transportados por el Onyx no desembarcaron en la costa argentina.



Buena parte de la historia de IMPI, además, permanece incompleta. Los documentos disponibles permiten reconstruir su estructura general, sus medios y parte de sus objetivos, pero no todos sus detalles. La identificación definitiva de “San José” y “Arco Iris”, el recorrido exacto previsto para las fuerzas especiales, el papel que eventualmente habría correspondido a Chile y otros aspectos del planeamiento continúan sujetos a documentación que todavía no se encuentra plenamente disponible en los archivos británicos de Kew.

Por eso IMPI permanece en una zona particular de la historia militar de la guerra: no fue simplemente una idea preliminar, porque alcanzó un grado considerable de preparación y las fuerzas destinadas a ejecutarla llegaron a embarcarse; pero tampoco llegó a transformarse en una operación de combate.

Durante unas pocas horas de junio de 1982, mientras en las Malvinas se negociaba el final de la lucha, un submarino británico llevaba a bordo a los hombres que debían participar en una incursión secreta contra el continente argentino. Al día siguiente, todavía practicaban el desembarco.

La guerra terminó antes de que recibieran la orden de partir.

sábado, 12 de septiembre de 2026

Malvinas: Buques hospital británicos en el conflicto

Barco blanco, cruces rojas. Buques hospitalarios en la Guerra de las Malvinas


Revista Militar || Alexander Mitrofánov

Durante la guerra anglo-argentina de 1982 por las Islas Malvinas, ambos beligerantes utilizaron buques hospital y medios de evacuación sanitaria para trasladar, asistir, tratar y repatriar a los heridos y enfermos.

El régimen jurídico de los buques hospital está establecido por el Segundo Convenio de Ginebra de 1949, relativo a la protección de los heridos, enfermos y náufragos de las Fuerzas Armadas en el mar. Anteriormente, la materia había sido regulada por los Convenios de Ginebra de 1906 y 1929, además del Décimo Convenio de La Haya de 1907, que extendió los principios de Ginebra a la guerra naval.

Cuando las hostilidades se desarrollan entre fuerzas terrestres y navales de las partes en conflicto, las disposiciones de este convenio se aplican solamente a las fuerzas embarcadas. Una vez en tierra, esas fuerzas quedan sujetas de inmediato al Convenio de Ginebra del 12 de agosto de 1949 para mejorar la situación de los heridos y enfermos de las Fuerzas Armadas en campaña.

Repasemos brevemente sus principales disposiciones.

Los buques hospital militares no pueden ser atacados ni capturados durante las operaciones. Deben ser respetados y protegidos en todo momento, siempre que sus nombres y características hayan sido comunicados a las partes en conflicto al menos diez días antes de su utilización.

Los buques hospital empleados por las sociedades nacionales de la Cruz Roja reciben la misma protección, siempre que hayan sido puestos bajo la autoridad de una de las partes en conflicto, con el consentimiento previo de su Gobierno y la correspondiente autorización de esa parte.

Estos buques están obligados a prestar ayuda y asistencia a los heridos, enfermos y náufragos sin distinción de nacionalidad. A su vez, los Estados beligerantes no pueden utilizarlos con propósitos militares.

Las partes en conflicto tienen derecho a controlar e inspeccionar los buques hospital. Pueden rechazar su ayuda, ordenarles que se retiren, controlar el empleo de sus equipos de radio y demás medios de comunicación e incluso retenerlos durante un máximo de siete días desde el momento de la inspección, si las circunstancias lo justifican. También pueden designar temporalmente un comisionado para verificar el cumplimiento de sus órdenes o embarcar observadores neutrales en sus propios buques hospital.

Si un buque hospital se encuentra en un puerto capturado por el enemigo, debe permitírsele abandonar ese puerto.

Los buques hospital deben estar pintados de blanco y llevar grandes cruces rojas en los costados y sobre las superficies horizontales, de manera que resulten claramente visibles tanto desde el mar como desde el aire. También deben enarbolar su bandera nacional y una bandera con la cruz roja en el palo mayor. Los países que emplean como emblema distintivo la media luna roja o el león y el sol rojos sobre fondo blanco pueden utilizar esos símbolos en lugar de la cruz roja.

Los buques hospital no pueden estar armados. Sin embargo, sus tripulaciones y el personal sanitario pueden disponer de armas ligeras para mantener el orden, actuar en defensa propia y proteger a los heridos y enfermos. Tampoco están permitidas las comunicaciones secretas o codificadas.

Un buque hospital puede perder la protección otorgada por el convenio si, además de cumplir sus funciones humanitarias, es utilizado para realizar actos perjudiciales contra el enemigo.

Los integrantes heridos, enfermos o náufragos de una fuerza beligerante que caigan en poder del enemigo serán considerados prisioneros de guerra y quedarán sujetos a las normas del derecho internacional aplicables a esa condición. La potencia captora podrá decidir, según las circunstancias, si los retiene, los envía a uno de sus puertos, a un puerto neutral o incluso a un puerto enemigo. En este último caso, los prisioneros repatriados no podrán volver a prestar servicio militar durante el resto de la guerra.

Los heridos, enfermos y náufragos desembarcados en un puerto neutral con el consentimiento de las autoridades locales deberán quedar bajo custodia de la potencia neutral, salvo acuerdo diferente entre esta y las potencias beligerantes. La retención deberá impedir, cuando así lo exija el derecho internacional, que esas personas vuelvan a participar en las hostilidades.

Los buques mercantes transformados en buques hospital no podrán destinarse a ninguna otra función durante el resto de la guerra.

La protección concedida a los buques hospital y a las enfermerías de los buques solamente puede cesar cuando sean utilizados, fuera de sus tareas humanitarias, para cometer actos perjudiciales contra el enemigo. Aun en ese caso, la protección no termina de manera automática: primero debe formularse una advertencia, conceder un plazo razonable para corregir la situación y comprobar que esa advertencia no fue atendida.

El personal médico, hospitalario y religioso de los buques hospital, al igual que sus tripulaciones, debe ser respetado y protegido. Sus integrantes no pueden ser capturados mientras presten servicio a bordo, independientemente de que en ese momento haya o no heridos y enfermos en el buque.

Las aeronaves sanitarias, destinadas exclusivamente a evacuar heridos, enfermos y náufragos o a transportar personal y material médico, tampoco pueden ser atacadas. Deben ser respetadas siempre que vuelen a las alturas, en los horarios y por las rutas expresamente acordadas entre las partes en conflicto. Salvo que exista un acuerdo previo, tienen prohibido sobrevolar territorio enemigo o territorio ocupado por el enemigo.

Al comenzar el conflicto, la Marina Real británica disponía de 425 integrantes del servicio médico, entre ellos 103 médicos, distribuidos entre los buques de la Fuerza de Tareas 317 y las embarcaciones civiles requisadas, conocidas como STUFT —Ships Taken Up From Trade—. A ellos se sumaron otros 40 médicos de la Reserva Naval convocados al servicio activo.

En ese momento, el único buque disponible en Gran Bretaña para una eventual conversión en hospital era el yate real Britannia, aunque su capacidad resultaba bastante limitada: apenas 200 camas. La posibilidad de asignarle esa función había sido contemplada desde su diseño. La licitación del 21 de agosto de 1939 establecía que «el nuevo buque debe ofrecer alojamiento adecuado para la familia real y sus invitados, pero también debe poder convertirse fácilmente en un hospital naval en caso de necesidad durante un conflicto. Esa transformación deberá realizarse no solo en el menor tiempo posible, sino también al menor costo».

HMY Britania

Por lo tanto, se decidió recurrir a la flota mercante, seleccionar un buque adecuado y transformarlo en hospital flotante. La elección recayó en el vapor de pasajeros Uganda, perteneciente a la compañía P&O.

Construido en 1952 para la British India Steam Navigation Company, el Uganda alcanzaba una velocidad de 19 nudos y originalmente podía alojar hasta 300 pasajeros en camarotes distribuidos en dos clases. Impulsado por turbinas de vapor, también disponía de cinco bodegas de carga, 708 metros cúbicos de las cuales contaban con refrigeración.



Uganda durante las operaciones en la ruta Reino Unido-África Oriental

El transatlántico cubrió hasta 1967 la ruta entre los puertos británicos y África Oriental, con escalas en Gibraltar, Nápoles, Port Said, Adén, Mombasa, Dar es Salaam, Tanga y Beira. Para entonces, el desarrollo de la aviación comercial había reducido la rentabilidad de ese servicio marítimo.

Se decidió entonces ampliar las funciones del buque y convertirlo también en barco escuela. Acompañados por sus docentes, los estudiantes viajarían a bordo para conocer la geografía y la historia de las regiones visitadas, principalmente el Mediterráneo y Escandinavia. Con ese propósito, una de las bodegas fue transformada en dormitorios con capacidad para 930 personas. El barco recibió además aire acondicionado y otras comodidades modernas.


Uganda después de la remodelación


Emblema del buque de vapor "Uganda"

La orden de requisar el buque llegó el 10 de abril, cuando el Uganda se encontraba en Alejandría. Fue desviado de inmediato hacia Nápoles, donde ya lo esperaban especialistas del Ministerio de Defensa, de P&O y del servicio médico, que trabajaban contrarreloj en los planes para convertirlo en un buque hospital con capacidad para mil pacientes.

Tras desembarcar en Nápoles a los escolares, que cantaron el himno patriótico Rule, Britannia!, y al resto de los pasajeros, el barco puso rumbo a Gibraltar. Allí, los operarios del astillero local lo transformaron en un hospital flotante en apenas 65 horas, mediante un trabajo a ritmo frenético.





Trabajos para convertir el Uganda en un buque hospital.


El Uganda en Gibraltar durante su conversión en buque hospital.

El buque fue equipado con una sala de emergencias, quirófano, unidad de reanimación, sector para quemados, terapia intensiva, laboratorios, morgue, equipos de rayos X y otras instalaciones médicas. También se incorporaron baños y sanitarios adicionales para los pacientes. Desde el Reino Unido llegaron por vía aérea 90 toneladas de medicamentos y equipamiento médico, además de un hospital móvil con capacidad para 250 camas.



Departamento de Admisiones


Sala de operaciones


Unidad de cuidados intensivos

En la popa se construyó una pista de aterrizaje con capacidad para los helicópteros más pesados; el buque recibió un sistema RAS (Reabastecimiento en el Mar) para la transferencia de carga líquida mediante el método transversal, un sistema de comunicación por satélite y dos unidades adicionales de desalinización por ósmosis inversa.


La pista de aterrizaje en la popa del Uganda


Un helicóptero Chinook aterriza en la pista de aterrizaje de Uganda.


Una planta desalinizadora de ósmosis inversa. Durante el tiempo que el Uganda prestó servicio como buque hospital, dos de estas plantas produjeron 6182 toneladas de agua potable a partir de 10750 toneladas de agua residual.


Los buques HMHS Uganda y HMS Hydra reciben carga líquida del buque cisterna RFA Olmeda mientras navegan, utilizando el método de haz mediante el sistema RAS.

El número de personal médico a bordo ascendía a 135. Por primera vez desde la Guerra de Corea, 39 miembros del Servicio de Enfermería de la Marina Real Reina Alexandra (QARNNS) se encontraban en alta mar.


personal médico de Uganda


Emblema del Servicio Real de Enfermería Naval de la Reina Alexandra


Enfermeras de QARNNS a bordo del Uganda


Las enfermeras de QARNNS reciben formación en el quirófano.

También subió a bordo una banda de música de la Infantería de Marina compuesta por 24 miembros. Su tarea consistía en transportar a los heridos desde la pista de aterrizaje de helicópteros hasta las unidades médicas y, además, en prestar servicios de enfermería, para lo cual habían recibido la formación necesaria. En su tiempo libre, los músicos ofrecían conciertos para los pacientes y el personal médico.


Miembros de la banda de los Royal Marines transportan a un hombre herido en una camilla.

El 19 de abril, el HMHS Uganda (HMHS — Buque Hospital de Su Majestad) zarpó de Gibraltar y, tras reabastecerse en Freetown y la Isla Ascensión (donde se le entregó equipo médico adicional por vía aérea), llegó al Centro de la Cruz Roja el 11 de mayo. Esta zona, de 20 millas náuticas de diámetro, se ubicaba a 45 millas al norte de las Malvinas y, según un acuerdo entre los gobiernos del Reino Unido y Argentina, los buques hospitalarios de ambas partes en conflicto podían atracar allí con seguridad. Todos estos buques eran inspeccionados periódicamente por representantes de la Cruz Roja Internacional.


Representantes de la Cruz Roja Internacional llegaron a bordo del buque hospital argentino ARA Almirante Irizar para realizar una inspección.


HMHS Uganda


El HMS Uganda, con el portaaviones HMS Hermes al fondo.

Los primeros pacientes del Uganda el 12 de mayo fueron miembros de la tripulación heridos y quemados del destructor HMS Sheffield, que fue alcanzado por el cohete Exocet argentino el 4 de mayo.

El 14 de mayo, el buque ambulancia HMS Hecla (A133) llegó al puesto de la Cruz Roja, y el 19 de mayo se le unieron sus buques gemelos, el HMS Hydra (A144) y el HMS Herald (H138). Estos buques de 2800 toneladas, antiguos buques oceanográficos e hidrográficos de la Armada, fueron convertidos rápidamente en transportes ambulancia de acuerdo con el Convenio de Ginebra. Cada buque podía albergar hasta 100 heridos. Durante el viaje, 50 miembros de la tripulación, supervisados ​​por los médicos del buque, recibieron capacitación en atención de heridos. Una ventaja clave de estos buques era su helipuerto, pista de aterrizaje y hangar a bordo, y durante la conversión, también fueron equipados con un sistema RAS.


Buque ambulancia HMS Hecla


HMHS Uganda, apodada "Madre Gallina", acompañada de sus "pollitos", la ambulancia transporta a los buques HMS Hecla, HMS Hydra y HMS Herald.

Las ambulancias tenían la misión de trasladar a los heridos y enfermos a Uganda, proporcionándoles primeros auxilios si era necesario. Los pacientes que se recuperaban o se estabilizaban a bordo del buque hospital eran transportados a Montevideo, Uruguay, para ser evacuados a su país de origen mediante aviones medicalizados VC10, ya que su participación en combate estaba prohibida por el Convenio de Ginebra. Así, el HMS Hydra transportó 251 pacientes a Montevideo en cuatro viajes, y el HMS Herald 163 en dos. Cada viaje duraba aproximadamente cuatro días.


El HMS Hydra junto al HMHS Uganda


Uno de los 80 soldados heridos que están siendo trasladados del HMHS Uganda al HMS Hydra.


Un avión ambulancia VC10 de la Real Fuerza Aérea

Tras el desembarco de las tropas británicas en la isla de Falkland Oriental el 21 de mayo, quedó claro que la asistencia inmediata a los heridos requería estar lo más cerca posible del campo de batalla y de los hospitales de campaña. Por lo tanto, durante el día, el Uganda se dirigió a Grantham Sound y, por la noche, para evitar el barco brillantemente iluminado que servía de referencia para los pilotos argentinos, regresó al puesto de la Cruz Roja.


Uganda en William Sound, Islas Malvinas Orientales


Mapa de las Islas Malvinas

Tras la rendición argentina el 14 de junio, solo dos buques británicos con cruces rojas permanecieron en las Malvinas: el HMHS Uganda y el HMS Hydra. El 18 de julio se instaló un hospital de campaña totalmente equipado en tierra, y el Uganda se convirtió en un transporte de tropas para la repatriación de los militares a su país. El 9 de agosto, el buque llegó a Southampton, tras haber recorrido 22.709 millas en 113 días.


El HMS Hecla regresa a Devonport.


Reunión de Uganda en Southampton

Durante ese período, el hospital flotante atendió a 730 pacientes, entre ellos 150 argentinos, y realizó 554 intervenciones quirúrgicas. Un total de 666 pacientes, equivalentes al 91%, habían resultado heridos directamente en combate. Por lo general, ingresaban entre 40 y 70 personas por día, aunque en una oportunidad los helicópteros trasladaron a 159 heridos en apenas cuatro horas. En algunos momentos hubo más de 300 pacientes internados simultáneamente.

La situación más crítica se produjo después del ataque aéreo argentino contra el buque de desembarco RFA Sir Galahad. En solo tres horas fueron trasladados al Uganda 179 heridos, 83 de ellos con quemaduras de distinta gravedad. Durante toda la campaña, únicamente tres pacientes murieron a bordo del buque hospital.



En la imagen se ve a miembros de la Guardia Galesa que sufrieron quemaduras en el buque de desembarco RFA Sir Galahed, en la unidad de quemados del hospital de Uganda.


Una enfermera del QARNNS atiende a los soldados heridos del 3.er Batallón del Regimiento de Paracaidistas.

Los helicópteros realizaron 1063 aterrizajes y transportaron a 3111 personas, entre ellas argentinos que fueron trasladados a sus buques hospital en cuatro casos.


Un helicóptero ambulancia aterriza en una pista de aterrizaje ugandesa.

Durante todo el conflicto, el personal de los hospitales militares de las partes beligerantes mantuvo estrechos contactos comerciales, intercambiando pacientes y medicamentos de primera necesidad, etc.


Un helicóptero ambulancia argentino aterriza en una pista de aterrizaje ugandesa.


Prisioneros de guerra argentinos heridos, atendidos a bordo del Uganda, esperan ser trasladados a un buque hospital argentino.


El médico argentino Pascual Pellicari entre sus colegas británicos a bordo del Uganda

El HMS Hydra permaneció en las Malvinas hasta fines de agosto y visitó asentamientos alejados cuyos habitantes no habían recibido atención médica desde el inicio del conflicto. Hasta entonces, esa asistencia era prestada por los servicios aéreos locales, pero sus medios habían quedado destruidos durante los combates. El buque ambulancia regresó a Gran Bretaña recién el 24 de septiembre, después de recorrer más de 28.000 millas en cuatro meses.



Nicci Pugh, veterana de la Guerra de las Malvinas y antigua enfermera de quirófano del USS Uganda, aparece entre los oficiales del QARNNS durante la presentación de su libro "White Ship Red Crosses: A Nursing Memoir of the Falklands War" (2022).

martes, 8 de septiembre de 2026

Malvinas: Submarinos británicos dedicaron hasta la mitad de su tiempo patrullando la costa argentina

Hasta la mitad del tiempo de patrulla: archivos revelan que submarinos británicos espiaban frente a Argentina

Escenario Mundial




Un documento británico desclasificado revela que submarinos de la Real Armada Británica destinaban entre un tercio y la mitad de su tiempo de patrulla a operar frente a la costa argentina, donde realizaban tareas de vigilancia visual, seguimiento mediante sonar y recopilación de inteligencia electrónica sobre movimientos  militares. El material, difundido por el analista británico Sir Humphrey, agrega nuevos detalles sobre el papel que cumplió la fuerza submarina del Reino Unido en el Atlántico Sur durante los años posteriores a la  Guerra de Malvinas.
 


HMS Splendid uno de los submarinos de la Real Armada Británica desplegado en la guerra de Malvinas

El fragmento, marcado originalmente como “SECRET – UK EYES A”, describe las funciones subsidiarias asignadas a los submarinos británicos desplegados en el Atlántico Sur. Además de apoyar ejercicios antisubmarinos con las fuerzas británicas desplegadas en las Islas Malvinas, una de sus principales tareas era la recolección de inteligencia.

“Entre un tercio y la mitad del tiempo de patrulla de cada submarino se pasa frente a la costa argentina”, indica el documento. Buena parte de ese período, agrega, era utilizada para obtener información sobre las Fuerzas Armadas argentinas. Las misiones incluían observación visual, monitoreo mediante sonar de movimientos militares y recopilación de datos electrónicos y señales de inteligencia —SIGINT— para el GCHQ, el organismo británico responsable de inteligencia de señales y seguridad de las comunicaciones.

La documentación expone así una función que iba más allá de la defensa directa de las islas: los submarinos constituían también una plataforma encubierta para observar desde el mar la actividad militar desarrollada en el territorio continental argentino Sir Humphrey, señaló al difundir el archivo que los submarinos nucleares de ataque, SSN, de la Real Armada Británica podían operar regularmente frente a Argentina durante la década de 1980 realizando este tipo de misiones. El fragmento publicado no permite, por sí solo, establecer la fecha exacta ni la referencia archivística completa del memorando. Sin embargo, su contenido coincide con otros documentos británicos previamente desclasificados que permiten reconstruir estas operaciones.



El antecedente del HMS Osiris frente a Mar del Plata

Uno de los casos mejor documentados ocurrió apenas un año después del conflicto de 1982. En febrero de 1983, Reino Unido envió al submarino convencional HMS Osiris hacia aguas próximas a Argentina para reforzar la vigilancia que ya realizaba un submarino nuclear británico en el Atlántico Sur. Documentos publicados anteriormente por Thin Pinstriped Line muestran que el Osiris recibió órdenes de observar movimientos navales y aéreos y recopilar información sobre los submarinos argentinos Type 209 basados en Mar del Plata.


HMS Osiris

Durante aproximadamente diez días operó a profundidad de periscopio entre 15 y 40 millas de la costa, desde donde obtuvo imágenes de instalaciones y siguió movimientos de unidades de la Armada Argentina. Los archivos mostraron que Londres decidió mantener vigilancia submarina incluso cuando sus propias evaluaciones indicaban que no existía una amenaza argentina inmediata contra las islas.

La lógica era obtener información anticipada sobre ejercicios, movimientos de la flota y capacidades militares. Thin Pinstriped Line sostuvo al reconstruir aquella operación que buena parte de los principales ejercicios navales argentinos realizados durante los primeros años posteriores a la  guerra probablemente tuvieron algún tipo de observación submarina británica. Las operaciones fueron reduciéndose hacia finales de la década debido a una combinación de problemas técnicos, restricciones presupuestarias y una menor percepción británica de amenaza. Militar


Los submarinos ya habían sido utilizados para vigilar el continente durante la guerra


La utilización de submarinos como plataformas de inteligencia tampoco comenzó después de junio de 1982. Documentación oficial británica de la propia guerra señala que los submarinos nucleares desplegados patrullaron frente al territorio continental y proporcionaron información sobre las Fuerzas Armadas argentinas.

Un informe enviado en noviembre de 1982 por el entonces secretario de Defensa John Nott a Margaret Thatcher destacó expresamente que la utilidad de los submarinos nucleares no se había limitado a neutralizar la amenaza naval argentina: también habían operado frente a la costa continental y proporcionado inteligencia a las fuerzas británicas desplegadas en la zona de operaciones. Durante la guerra, esa capacidad permitía detectar movimientos navales y, mediante diferentes sensores, obtener señales que podían anticipar actividad aérea o marítima.

El nuevo documento muestra que esa práctica continuó formando parte de la arquitectura británica en el Atlántico Sur después del conflicto.

Malvinas como plataforma de vigilancia sobre el Atlántico Sur

La revelación aparece además en un momento en el que Argentina volvió a colocar a Malvinas, el Atlántico Sur y la inteligencia dentro de una misma discusión de seguridad nacional. Durante la cadena nacional del 3 de septiembre, Javier Milei anunció nuevas sanciones vinculadas con la explotación de recursos en Malvinas, mayores recursos para Defensa y el impulso de la Base Naval Integrada de Tierra del Fuego.


El presidente Javier Milei en Cadena Nacional anuncia medidas concretas para Malvinas. Crédito: Presidencia de la Nación

El Presidente planteó además la necesidad de fortalecer telecomunicaciones y crear una nueva estructura de seguridad nacional que integre Defensa, Cancillería, Inteligencia y Economía. Las primeras medidas oficializadas posteriormente incluyeron nuevos recursos para las Fuerzas Armadas y para la Secretaría de Inteligencia del Estado, aunque el refuerzo destinado a Inteligencia no fue identificado específicamente como una partida para Malvinas.

El archivo británico aporta ahora una dimensión histórica a esa discusión. Durante los años posteriores a 1982, la presencia militar británica en torno a Malvinas no estuvo orientada solamente a impedir una nueva operación argentina sobre las islas. También proporcionó una posición avanzada desde la cual submarinos de la Royal Navy pudieron observar movimientos  militares argentinos, registrar firmas acústicas y recopilar inteligencia electrónica para el aparato de inteligencia británico.