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viernes, 2 de octubre de 2026

ARA San Juan: ¿Accidente o fue hundido?

¿El ARA San Juan naufrago o fue hundido?

Uno estaba colgado del fondo del Atlántico cerca de la Isla Ascensión, una montaña volcánica británica a medio camino entre África y Sudamérica. El otro, en las Islas Crozet, en el Índico subantártico francés, frente a la Antártida. Ambos forman parte de una red secreta hasta hace pocos años: once estaciones distribuidas por los océanos del mundo, diseñadas para detectar la firma acústica de un ensayo nuclear submarino.

Esa mañana, los hidrófonos no captaron una bomba. Captaron un evento corto, violento y singular, originado a unas mil millas náuticas de la costa patagónica. Tres horas y media antes, en el mismo lugar, un submarino argentino con cuarenta y cuatro tripulantes a bordo había enviado su último mensaje.

Casi nueve años después, con el juicio oral en marcha en Río Gallegos, ese ruido sigue siendo la pieza más importante — y la peor entendida — del expediente. Este artículo se propone explicarla.

La pregunta sin responder

La causa por el hundimiento del ARA San Juan llegó a juicio con un agujero conspicuo: nunca se realizó una pericia técnica integral sobre los restos del submarino. Sobre esa ausencia se construyeron, durante años, dos relatos paralelos.

El relato oficial, sostenido por la Armada y refinado por la Comisión Bicameral del Congreso en 2019, describe una concatenación de fallas: ingreso de agua de mar al tanque de baterías Nº 3, cortocircuito, principio de incendio, operación con la mitad de la energía disponible en mar adverso, pérdida de control de plano e implosión al sobrepasar la profundidad de colapso del casco. “Normalmente estas cosas ocurren de manera multicausal”, declaró en marzo el contralmirante retirado Eduardo Pérez Bacchi durante el juicio. “No es una causa, sino una concatenación de causas”.

El relato alternativo, alimentado desde fines de 2017 por el peritaje del ingeniero Ariel Garbarz y por algunos analistas vinculados a la Red Federal de Investigación, sostiene que el submarino fue hundido por un ataque externo — uno o dos torpedos disparados por un submarino nuclear británico que habría estado vigilando la zona de exclusión alrededor de las Malvinas.

La diferencia entre ambos relatos importa, y mucho. Importa para los familiares de las víctimas, para la justicia que debe dictar sentencia, y para entender qué clase de país somos: uno donde un submarino se hunde por desidia institucional, o uno donde una potencia extranjera asesinó a cuarenta y cuatro marinos en aguas propias y nadie respondió.

La red que escucha los océanos

El ruido del 15 de noviembre llegó a la Organización del Tratado de Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares — la CTBTO, con sede en Viena — apenas unas horas después del evento. La organización monitorea el planeta con cuatro tecnologías complementarias: sismógrafos para detectar explosiones bajo tierra, sensores de infrasonido para detonaciones atmosféricas, radionucleidos para residuos nucleares en el aire, e hidroacústica para todo lo que pasa bajo el agua.

La parte hidroacústica es la más eficiente de las cuatro. Un sonido de baja frecuencia generado en el océano se propaga por una capa especial llamada canal SOFAR — situada a unos mil metros de profundidad — con tan poca atenuación que puede recorrer miles de kilómetros casi sin debilitarse. Por eso a la CTBTO le bastan once estaciones para vigilar los océanos del mundo.

Cada estación es en realidad un conjunto de tres hidrófonos suspendidos en el canal SOFAR, separados por unos dos kilómetros entre sí. Esa geometría — un “triplet” — permite no solo registrar el sonido, sino estimar la dirección desde la cual proviene mediante interferometría. Dos triplets distantes que captan el mismo evento alcanzan para localizarlo por triangulación.

El 15 de noviembre de 2017 dos triplets registraron el evento del Atlántico Sur: uno en Ascensión, llamado HA10, a unos seis mil kilómetros del epicentro; otro en Crozet, llamado HA04, a unos ocho mil kilómetros. La señal viajó durante una hora antes de llegar a Ascensión y casi dos horas hasta Crozet. Cuando los datos terminaron de procesarse en Viena, la organización pudo informar a la Armada Argentina la posición estimada del evento — una elipse de incertidumbre de unos trece mil kilómetros cuadrados con su centro muy cerca de la última posición conocida del submarino.

El experimento que casi nadie recuerda

Dos semanas después del siniestro, el 1 de diciembre de 2017, mientras los familiares de los tripulantes acampaban en Mar del Plata exigiendo respuestas, sucedió algo que la cobertura periodística pasó por alto: la Armada Argentina coordinó con la CTBTO un experimento técnico decisivo.

Una aeronave dejó caer una carga de profundidad — un explosivo submarino estándar, con peso, energía y profundidad de detonación conocidos al detalle — en una posición cercana al lugar del evento original. Los mismos hidrófonos de Ascensión y Crozet, sintonizados a las mismas frecuencias, registraron la explosión controlada.

Visto desde la perspectiva de un investigador forense, esto cambia todo. Una grabación aislada es difícil de interpretar: los algoritmos que procesan señales submarinas tienen incertidumbres considerables sobre la naturaleza, la profundidad y la energía de una fuente desconocida. Pero cuando se tiene una grabación de referencia — una fuente conocida en condiciones similares — el problema se simplifica radicalmente. Ya no hay que caracterizar el evento del 15 de noviembre desde cero. Hay que compararlo con el del 1 de diciembre.

Cuatro hallazgos, una conclusión

En 2021, dos equipos de investigadores publicaron en la revista científica Pure and Applied Geophysics los resultados del análisis comparativo. El primero, liderado por Julien Vergoz desde la sede técnica de la CTBTO en París, aplicó un algoritmo llamado PMCC — Progressive Multi-Channel Correlation, una herramienta estándar para discriminar fuentes acústicas múltiples — sobre los datos crudos de los hidrófonos. El segundo, encabezado por Peter Nielsen, comparó las señales del 15 de noviembre y del 1 de diciembre punto por punto.

Cuatro hallazgos se desprenden de esa comparación. Cada uno es interesante por separado. Juntos, son demoledores.

Primero: la naturaleza del evento

Las dos señales — la del submarino y la de la carga de calibración — tienen formas y duraciones similares. Ambas son lo que en jerga técnica se llama un evento impulsivo: una liberación de energía rápida y concentrada en pocos segundos, no un proceso prolongado como una erupción volcánica submarina o un colapso lento de talud continental. El San Juan no se desinfló: estalló o implosionó.

Segundo: la energía

La señal del 15 de noviembre fue más intensa que la de la carga de calibración — hasta ocho decibelios más fuerte en frecuencias bajas, lo que en términos de amplitud equivale a un evento dos veces y media más potente. El submarino liberó significativamente más energía acústica que la carga de profundidad estándar usada como referencia.

Tercero: la profundidad

Toda explosión o implosión submarina genera una burbuja de gas que oscila brevemente antes de colapsar. La frecuencia de esa oscilación — el llamado bubble pulse — depende de la presión hidrostática en el punto donde se produce el evento. A más profundidad, más presión, y más alta la frecuencia.

El bubble pulse del evento del 15 de noviembre fue de aproximadamente 4,4 hertzios. Aplicando una ecuación clásica de hidroacústica — la ecuación de Rayleigh-Willis — esa frecuencia se traduce en una profundidad estimada de unos 388 metros. La presión del agua a esa profundidad es de unos 39 bar, casi cuarenta veces la atmosférica.

Esa cifra coincide casi exactamente con la profundidad de colapso esperable del casco resistente de un submarino TR-1700 ya con limitaciones operativas. Y, crucialmente, no coincide con la profundidad típica de detonación de un torpedo moderno, que opera contra blancos a profundidades operativas mucho más comunes.

Cuarto: lo que pasó después

El hallazgo más revelador no fue el evento principal sino lo que vino detrás. En los quince minutos posteriores al estallido, los hidrófonos registraron trece arribos secundarios — trece eventos acústicos distintos, espaciados a lo largo del cuarto de hora siguiente.

Ningún arma antisubmarina conocida produce esa secuencia. Un torpedo pesado — el Spearfish británico, el Mk-48 estadounidense — detona una vez. Si la doctrina exige un disparo doble, los dos torpedos se separan por entre diez y treinta segundos, no por noventa, y no van seguidos por once eventos adicionales repartidos en quince minutos.

Lo que sí produce esa secuencia es un proceso que ya conocemos por simulaciones supercomputacionales: una implosión de casco resistente seguida por la fragmentación progresiva del submarino mientras desciende, y por el impacto sucesivo de los restos contra el fondo marino. Los grandes pedazos del SUSJ encontrados por Ocean Infinity en noviembre de 2018 estaban dispersos sobre ocho mil metros cuadrados de lecho oceánico a 907 metros de profundidad. La distribución de ese campo de escombros, leída en clave acústica, es exactamente la firma de los trece arribos secundarios.

¿Y el peritaje que decía lo contrario?

Durante años, la hipótesis del ataque externo se sostuvo en el peritaje del ingeniero Ariel Garbarz, director del Laboratorio de Seguridad de las Comunicaciones de la UTN. En diciembre de 2017 Garbarz informó al ministro de Defensa Oscar Aguad que la explosión había sido “externa al casco” del submarino. En agosto de 2018 ratificó esa conclusión ante la Comisión Bicameral del Congreso.

Garbarz nunca fue convocado por la justicia. Esa exclusión alimentó, comprensiblemente, sospechas de encubrimiento. Pero la pregunta técnica es otra: ¿se sostiene su análisis frente a la evidencia disponible hoy?

Tres elementos sugieren que no. Primero, Garbarz trabajó con los espectrogramas que la CTBTO publicó en su sitio web — gráficos de baja resolución temporal y espectral — y no con los datos crudos de los hidrófonos, que la organización entrega a los Estados firmantes que los pidan. La diferencia entre uno y otro material es comparable a la diferencia entre una fotografía publicada en un diario y el archivo RAW original. Segundo, no aplicó procesamiento PMCC ni análisis multi-triplet, que son las herramientas estándar para discriminar entre fuentes acústicas reales múltiples y trayectorias de propagación múltiples de una sola fuente. Y tercero, ante la propia Comisión Bicameral no pudo responder preguntas básicas de método sobre su triangulación, según consta en la documentación parlamentaria.

Esto no descalifica a Garbarz como profesional ni invalida su intuición inicial. Pero su peritaje de 2017–2018 hoy no puede sostenerse frente al cuerpo de literatura técnica posterior. Cualquier análisis serio del evento debe partir de Vergoz et al. y Nielsen et al., no del peritaje original.

Lo que un submarino bajo amenaza no hace

Hay una segunda línea de evidencia que el debate público pasó por alto: el comportamiento del propio submarino en sus últimas horas.

En la guerra antisubmarina hay reglas básicas que un comandante experimentado conoce de memoria. Un submarino que detecta amenaza hostil — un sonar enemigo activo, un ruido de hélice próximo, un transitorio mecánico de origen no propio — pasa inmediatamente a una condición conocida como EMCON estricto. Apaga emisores radioeléctricos, reduce velocidad para minimizar ruido propio, cambia profundidad y rumbo de manera errática para complicar la solución de tiro del adversario, y se mantiene en silencio acústico tanto como sea posible. La regla doctrinal es simple: bajo amenaza, hay que ser invisible e inaudible.

Lo que sabemos del ARA San Juan en sus últimas horas es exactamente lo opuesto. El comandante reportó la avería por teléfono satelital IRIDIUM. Salió a superficie para ventilar — la peor posición posible si hay un submarino enemigo cerca. Aceptó la orden de regresar a Mar del Plata navegando por superficie. Se comunicó hasta el último mensaje a las 07:19 del 15 de noviembre, y tenía planeado seguir comunicándose.

Estas no son conductas de un buque que se sabe amenazado. Son las conductas de un buque que está lidiando con una avería técnica seria pero no con un enemigo. El propio comportamiento del submarino, antes incluso del análisis hidroacústico, es difícil de reconciliar con cualquier hipótesis de ataque.

La pericia faltante: por qué la ventana ya se cerró

Llegado este punto, alguien podría preguntarse por qué — si la evidencia es tan clara — la justicia no resuelve la cuestión simplemente peritando los restos. La respuesta involucra una mezcla incómoda de límites técnicos y omisiones políticas.

Los restos del ARA San Juan yacen a 907 metros de profundidad, dispersos en un campo de unos ocho mil metros cuadrados sobre el lecho del Atlántico Sur. Una pericia forense seria — cartografía tridimensional del campo de escombros, análisis direccional de las deformaciones del casco, muestreo químico in situ para detectar residuos de explosivos militares como el RDX, el HMX o el PBX — exige medios que la Armada Argentina no tiene y que casi ninguna marina del mundo posee.

El paralelo con el ARA General Belgrano es ilustrativo. El Belgrano yace en el Banco Burdwood a unos cuatro mil metros de profundidad. Nadie en Argentina reclama hoy peritar sus restos para confirmar técnicamente lo que ya sabemos: que fue hundido por torpedos del HMS Conqueror el 2 de mayo de 1982. La ausencia de pericia no obedece a desinterés ni encubrimiento, sino a que la operación es inviable.

Pero hay un segundo elemento, técnicamente más importante. Aún si la operación fuera viable hoy, los residuos químicos de un eventual explosivo militar probablemente ya serían indetectables. Los compuestos como el RDX y el PBX se degradan en agua de mar fría a alta presión por hidrólisis, biodegradación bacteriana y disolución progresiva. La literatura sobre detección forense de explosivos en ambientes marinos sugiere que la ventana útil para muestreo concluyente se sitúa típicamente entre los doce y los veinticuatro meses posteriores al evento.

El submarino fue hallado en noviembre de 2018, exactamente un año después del hundimiento. El pedido conjunto de pericia integral — un caso poco habitual en derecho penal, firmado en un mismo escrito por la querella encabezada por Luis Tagliapietra y por las defensas de dos imputados — se presentó en junio de 2020. La causa estuvo trabada por razones políticas y administrativas exactamente durante el período en que la pericia química probatoria todavía podía haber producido resultados.

Esta distinción importa, y mucho. Mueve la responsabilidad desde lo técnico-presente hacia lo político-pasado, que es donde corresponde. Y aclara una cosa fundamental: la conclusión técnica del análisis hidroacústico no depende de esa pericia. La firma calibrada del IMS — la naturaleza impulsiva confirmada, la frecuencia del bubble pulse, la profundidad estimada de implosión, los trece arribos secundarios — es por sí sola suficientemente robusta. La pericia hubiera sido el sello probatorio definitivo. Su ausencia no convierte el caso en irresoluble.

El balance, en una tabla

Si se aplica el filtro doctrinal que cualquier oficial de guerra antisubmarina conoce — los cuatro elementos que un escenario ASW real deja inevitablemente: plataforma atacante detectable, trazado bilateral, firma de arma, restos forenses — el balance es el siguiente:

La columna del medio — “Ataque externo” — registra apoyo solo en una fila, y lo hace con calificación débil. La columna de la izquierda registra apoyo fuerte en seis. Es un veredicto, en términos forenses, bastante claro.

Lo que queda

Cualquier análisis honesto de un caso así debe terminar reconociendo lo que no se sabe y lo que no se puede saber. No se sabe con certeza absoluta cuál fue la cadena exacta de eventos entre las 07:19 y las 10:51 del 15 de noviembre de 2017 — el perito naval Gerardo Bellino, en informe incorporado a la causa, formuló cinco escenarios posibles y consideró “altamente probable” una combinación de ellos. No se sabe qué información de inteligencia británica o estadounidense permanece clasificada. No se sabe si una pericia hecha en 2018 hubiera arrojado evidencia material concluyente.

Pero hay cosas que sí se saben, y este artículo las ha descripto. La señal hidroacústica registrada por la CTBTO el 15 de noviembre de 2017, comparada con la señal calibrada del 1 de diciembre, leída con las herramientas técnicas correctas y publicada en literatura científica revisada por pares, es consistente con una implosión hidrostática del casco resistente del ARA San Juan a unos 388 metros de profundidad, seguida por la fragmentación progresiva de la nave durante su descenso final. No es consistente con un ataque por torpedos.

El ARA San Juan se hundió porque una serie de fallas técnicas, mantenimiento postergado por años y un mar adverso convergieron en una mañana de noviembre, y porque la tripulación — pese a su esfuerzo — no pudo contener la cadena de eventos que se desató esa madrugada. No fue un acto de guerra. Fue un acto de desidia institucional acumulada durante décadas, que costó cuarenta y cuatro vidas.

Esa es la conclusión técnica. La conclusión política — qué hizo o dejó de hacer cada cadena de mando antes, durante y después del siniestro — es lo que el Tribunal Oral Federal de Santa Cruz tiene que dictaminar en los próximos meses. La evidencia hidroacústica, al menos, ya habló.

Fuentes

Este análisis se basa exclusivamente en fuentes abiertas. Las principales son:

Literatura técnica peer-reviewed: Vergoz, J., Cansi, Y., Cano, Y., y Gaillard, P. (2021). Analysis of Hydroacoustic Signals Associated to the Loss of the Argentinian ARA San Juan Submarine. Pure and Applied Geophysics, 178. Nielsen, P. L. y otros (2021). CTBTO’s Data and Analysis Pertaining to the Search for the Missing Argentine Submarine ARA San Juan. Pure and Applied Geophysics, 178. Wei, X. y otros (2020). Implosion of the Argentinian submarine ARA San Juan S-42 undersea: Modeling and simulation. Communications in Nonlinear Science and Numerical Simulation.

Documentación oficial: Comunicados públicos y reportes técnicos de la CTBTO sobre el evento del 15 de noviembre de 2017. Informe final de la Comisión Bicameral del Congreso de la Nación Argentina (2019). Informe pericial del Capitán de Navío (Ing.) Gerardo Bellino. Peritaje del Ing. Ariel Garbarz (UTN, 2017–2018) y su declaración ante la Comisión Bicameral.

Cobertura del juicio oral: Tribunal Oral Federal de Santa Cruz, Río Gallegos (2026), incluyendo la declaración del contralmirante (R) Eduardo Pérez Bacchi en marzo de 2026.

Documentación periodística: Infobae, La Nación, Página/12, Perycia, MisionesOnline, Zona Militar y la entrada “Hundimiento del ARA San Juan (S-42)” de Wikipedia en sus versiones contrastadas.


sábado, 14 de marzo de 2026

Operación Furia Épica: La guerra naval

Operación Furia Épica, primera semana: La Guerra Naval

Por David Oliver - Armada International





El USS Gerald R. Ford, del Grupo de Ataque de Portaaviones Doce, participa en la Operación Furia Épica. (USN)

El presidente estadounidense Trump envió su "gran y hermosa armada" a la región del Golfo para presionar a Irán a que aceptara poner fin a su programa de armas nucleares. Irán estaba dispuesto a aceptar cuando Israel inició la Operación León Rugiente, lo que obligó a Estados Unidos a ponerse al día con su Operación Furia Épica.

El portaaviones USS Abraham Lincoln se encuentra en el Mar Arábigo desde el 16 de febrero. Este portaaviones de la clase Nimitz es el buque insignia del Grupo de Ataque de Portaaviones Tres (CSG-3) de la Armada de Estados Unidos, equipado con F-35C Lightning II, F/A-18E/F Super Hornet, EA-18G Growler, E-2D Hawkeye, e incluye tres destructores de misiles guiados de la clase Arleigh Burke.

El portaaviones USS Gerald R. Ford, con el Grupo de Ataque de Portaaviones Doce (CSG-12) integrado por F/A-18E/F Super Hornet, EA-18G Growler y E-2D Hawkeye, zarpó de la bahía de Souda, en Creta, y llegó a la costa israelí el 27 de febrero. Un puesto de mando aéreo E-6B Mercury de la Armada de los Estados Unidos también fue desplegado en Oriente Medio. La aeronave actúa como centro de mando y facilita la comunicación con submarinos nucleares estratégicos.


Un puesto de mando aéreo E-6B Mercury de la Armada de los Estados Unidos ha sido desplegado en Oriente Medio. (USAF)

El 28 de febrero, Israel y Estados Unidos llevaron a cabo un ataque a gran escala contra territorio iraní. Washington lanzó decenas de misiles de crucero Tomahawk desde destructores estadounidenses.

Los ataques iniciales tuvieron como objetivo objetivos vinculados a la alta cúpula política y militar de Irán. El Líder Supremo Ali Jamenei murió cuando su complejo fue alcanzado, junto con instalaciones de inteligencia, unidades del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) y otras instalaciones de seguridad.

Las fuerzas estadounidenses e israelíes atacaron buques e instalaciones navales iraníes en el Golfo Pérsico, incluyendo Bandar Abbas, en la provincia de Hormozgan, donde se encuentran el Cuartel General de la Armada de la CGRI, el Primer Distrito Naval de la Armada de la CGRI y el Cuartel General Naval Avanzado Sur de Artesh. Una corbeta de la clase Jamaran fue la primera en ser alcanzada directamente por aviones y misiles estadounidenses en Bandar Abbas, un destino que posteriormente corrió la fragata Sahand, de la clase Moudge.

El 2 de marzo, se observó una fragata de la clase Alvand en llamas en Bandar Abbas, y el CENTCOM estadounidense también confirmó la destrucción del Shahid Bagheri, un portahelicópteros y drones de la Armada de la CGRI, comisionado el 6 de febrero de 2025. Este buque de 42.000 toneladas, convertido a partir de un portacontenedores surcoreano, contaba con una pista de despegue. El IRIS Makran, el primer buque base avanzado de Irán, convertido a partir de un petrolero Aframax de construcción japonesa de 2010, también fue incendiado. Se confirmó el hundimiento del primer submarino costero de fabricación iraní, construido en el país.


El primer portaaviones de Irán, el IRINS Shahib Bagheri, fue hundido el 2 de marzo. (IRNA)


El buque nodriza de drones IRINS Makran también fue hundido el 2 de marzo. (MEHR)

La fragata Dena fue torpedeada el 4 de marzo frente a las costas de Sri Lanka por un torpedo Mk-48 ADCAP lanzado desde un submarino nuclear estadounidense. La fragata había participado en una revista naval internacional en la India en febrero. Ese mismo día, el Shahid Sayyad Shirazi, una corbeta catamarán lanzamisiles de la clase Shahid Soleimani de la Guardia Revolucionaria Islámica, fue alcanzado.


IRINS Dena

La fragata IRINS Dena fue torpedeada por un submarino de la Armada de los Estados Unidos frente a las costas de Sri Lanka el 4 de marzo. (MEHR)

Analistas de defensa creen que la mayoría de los buques destruidos durante la primera semana de la Operación Furia Épica probablemente pertenecían a la Armada de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC), que mantiene una gran flota de lanchas de ataque rápido diseñadas para abrumar a fuerzas navales superiores mediante tácticas de enjambre. Estas plataformas incluyen lanchas misileras y patrulleras de alta velocidad, como las lanchas misileras Peykaap, las lanchas de ataque rápido Zolfaghar, las lanchas de alta velocidad Seraj y las patrulleras de la clase Ashura.

Seis días después del inicio de los ataques contra Irán, al menos 30 unidades navales han sido hundidas o destruidas, según el CENTCOM. Sin embargo, un número significativo de pequeñas patrulleras y lanchas de ataque de la IRGC permanecen en el lugar y, lo que es más importante, Estados Unidos no ha asegurado el Estrecho de Ormuz, una de las principales rutas marítimas del mundo por donde se transporta aproximadamente una quinta parte del petróleo mundial.

sábado, 3 de mayo de 2025

Malvinas: El controvertido hundimiento del ARA Gral Belgrano

El hundimiento del General Belgrano: un capítulo polémico en la historia naval


El 2 de mayo de 1982, el submarino británico HMS Conqueror hundió al crucero argentino ARA General Belgrano. Se trata de uno de los incidentes más controvertidos de la historia naval.

El suceso, que provocó la pérdida de más de 300 vidas, desató acalorados debates sobre la legalidad y proporcionalidad del ataque.


Las Malvinas

La Guerra de las Malvinas estalló en 1982 cuando Argentina, bajo la junta militar encabezada por el general Leopoldo Galtieri, invadió las Islas Malvinas, un territorio británico de ultramar. El conflicto se desarrolló en un contexto de disputas históricas y ambiciones políticas. Argentina había reclamado durante mucho tiempo la soberanía sobre las Malvinas, basándose en precedentes históricos y la proximidad geográfica. Los británicos, por otro lado, mantuvieron su soberanía sobre las islas y han estado presentes allí desde el siglo XIX.

ARA General Belgrano.

Históricamente, las Islas Malvinas han sido objeto de reclamos territoriales en pugna entre Argentina y el Reino Unido. Las islas están ubicadas en el Océano Atlántico Sur, aproximadamente a 300 millas (480 kilómetros) de la costa de América del Sur. Constan de dos islas principales, Malvina Oriental y Malvina Occidental, junto con numerosas islas más pequeñas.

El gobierno británico, a 12.800 kilómetros de distancia, bajo el mando de la primera ministra Margaret Thatcher, respondió rápidamente a la invasión argentina. Se envió una fuerza de tareas militares, compuesta por buques de guerra, tropas y apoyo aéreo, para recuperar las islas. El conflicto marcó el primer enfrentamiento militar importante entre dos potencias modernas desde la Segunda Guerra Mundial.

El contexto histórico y político que rodeó la Guerra de las Malvinas proporciona un marco para comprender las circunstancias que llevaron al hundimiento del Belgrano.

El General Belgrano

La Armada Argentina jugó un papel importante en la Guerra de las Malvinas, siendo el crucero General Belgrano uno de sus activos clave. El Belgrano, originalmente un buque de la Armada de los Estados Unidos llamado USS Phoenix, fue adquirido por Argentina en 1951 y sirvió como un orgulloso símbolo del poder naval del país.


El USS Phoenix en Pearl Harbor, 1941.

Como buque de guerra de la Segunda Guerra Mundial, el General Belgrano poseía una considerable potencia de fuego y capacidades. Era un crucero armado con quince cañones de 6 pulgadas, torpedos y defensas antiaéreas. El barco tenía una larga y distinguida historia, incluida su participación en la Batalla del Río de la Plata durante la Segunda Guerra Mundial.

El hundimiento del Belgrano

A fines de abril, la fuerza de tareas británica llegó a las Islas Malvinas e implementó una Zona de Exclusión Total (TEZ). En virtud de esta medida, la Marina Real designó un área que abarca 200 millas náuticas (230 millas, 370 km) desde el centro de las Malvinas como parte de la zona de conflicto activo. Se comunicó un mensaje claro a todos los barcos y aeronaves, independientemente de su nacionalidad, de que ingresar a la TEZ implicaba el riesgo de ser atacado sin previo aviso.

Un mapa de las Malvinas, que muestra la Zona de Exclusión Total.

En la tarde del 2 de mayo de 1982, el submarino británico HMS Conqueror, bajo el mando del capitán Christopher Wreford-Brown, había estado siguiendo al crucero argentino durante algún tiempo, monitoreando sus movimientos y evaluando las posibles amenazas a las fuerzas navales británicas. El Belgrano estaba acompañado por dos destructores. Los tres buques estaban fuera de la ZTE y se dirigían hacia el oeste, alejándose de las Malvinas.

Alrededor de las 15:00 horas, el HMS Conqueror disparó tres torpedos Mark VIII hacia el crucero argentino. Dos de los torpedos impactaron con éxito al Belgrano, causándole graves daños.

El HMS Conqueror regresa de las Malvinas.

Como consecuencia de los impactos de los torpedos, el Belgrano comenzó a hacer agua rápidamente. Los esfuerzos por controlar la inundación y estabilizar el buque se vieron obstaculizados por la magnitud de los daños sufridos. El crucero se inclinó hacia babor y a las 16:24 horas, el capitán del Belgrano dio la orden de abandonar el buque.

Los dos barcos que estaban con el Belgrano no supieron qué había pasado con el buque y continuaron su rumbo hacia el oeste.


Durante los dos días siguientes se realizó un esfuerzo de rescate para salvar a los sobrevivientes: barcos argentinos y chilenos sacaron del mar a 772 hombres.

El número exacto de víctimas del naufragio del Belgrano es tema de debate. Las cifras oficiales indican que 323 marinos argentinos perdieron la vida en el incidente.

Controversia

El hundimiento del General Belgrano ha sido objeto de mucho debate y controversia, incluidas discusiones sobre la legalidad y la clasificación del ataque como crimen de guerra.

Desde la perspectiva británica, el hundimiento del Belgrano se consideró una acción militar legal. El gobierno británico justificó el ataque basándose en la amenaza potencial que el crucero representaba para sus fuerzas navales. Argumentaron que el Belgrano era un objetivo militar legítimo y que su hundimiento era una respuesta proporcionada para garantizar la seguridad de sus propias fuerzas.

Por otra parte, los críticos de la acción británica sostienen que el hundimiento del General Belgrano constituyó un crimen de guerra. Sostienen que el ataque violó el principio de proporcionalidad, ya que la pérdida de vidas resultante del hundimiento superó la amenaza potencial que representaba el crucero en el momento del ataque. Argumentan que el barco se estaba alejando de la zona de conflicto y, por lo tanto, no representaba una amenaza inmediata para las fuerzas británicas.

La clasificación de un acto como crimen de guerra suele quedar dentro del ámbito de aplicación de los marcos jurídicos internacionales, como las Convenciones de Ginebra y el derecho internacional consuetudinario. Estos marcos establecen directrices y principios para la conducción de los conflictos armados y definen los crímenes de guerra como violaciones graves de esas normas.

El ARA General Belgrano se hunde tras el ataque.

En el caso específico del hundimiento del Belgrano, ningún tribunal internacional se ha pronunciado formalmente sobre si constituyó un crimen de guerra. Por lo tanto, la cuestión de si el hundimiento puede considerarse un crimen de guerra sigue siendo objeto de interpretación y debate jurídicos.

Es esencial reconocer que existen diferentes perspectivas e interpretaciones sobre la legalidad y la moralidad del ataque. Estos debates ponen de relieve las complejidades que rodean la aplicación del derecho internacional humanitario en los conflictos armados y los desafíos que plantea determinar la legalidad de las acciones militares, especialmente en situaciones dinámicas y de alta presión como las de guerra.


Conclusión

El conflicto de las Malvinas finalizó oficialmente el 14 de junio de 1982, con la rendición de las fuerzas argentinas. El conflicto duró un total de 74 días, del 2 de abril al 14 de junio de 1982. Después de una serie de enfrentamientos militares, que incluyeron batallas terrestres, enfrentamientos navales y ataques aéreos, las fuerzas británicas recuperaron con éxito las Islas Malvinas, poniendo fin de manera efectiva a las hostilidades. La junta militar argentina, al mando del general Leopoldo Galtieri, anunció la decisión de rendirse y las fuerzas británicas tomaron el control de las islas.

En el contexto de la historia naval, el hundimiento del General Belgrano es un triste testimonio del poder destructivo de la guerra moderna y del profundo costo humano que puede generar. Su legado perdura en forma de debates actuales sobre la ética militar, las reglas de enfrentamiento y el camino hacia la resolución de conflictos.

sábado, 1 de febrero de 2025

SGM: El hundimiento de los HMS Prince of Wales y HMS Repulse

El 10 de diciembre de 1941, en la Batalla de Malaya, los buques ingleses HMS Prince of Wales y HMS Repulse fueron hundidos por aviones japoneses en el mar de China Meridional, marcando un hito en la guerra del Pacífico y terminando la hegemonía británica en los mares del mundo.

domingo, 31 de diciembre de 2023

SGM: El Fritz X hunde al acorazado Roma

Fritz X: el primer misil guiado con precisión del mundo eliminó el buque insignia de la Armada italiana

Samantha Franco, War History Online
 
 

Crédito de la foto: Alan Wilson / Flickr CC BY-SA 2.0

El Fritz X era un misil antibuque guiado por radio alemán que tenía muchos nombres: Ruhrstahl SD 1400 X, PC 1400X, Kramer X-1 y FX 1400. Tomó prestada la tecnología de un dispositivo perforador de blindaje anterior y presentaba modificaciones críticas. que aumentó su eficacia y precisión. Esto proporcionó el gran éxito explosivo durante sus primeros despliegues. Sin embargo, varios inconvenientes demostraron que su uso era, en última instancia, ineficaz contra los aviones aliados.

PC 1400 modificado

Fritz X. (Crédito de la foto: harrypope / Flickr CC BY-NC-ND 2.0)

Diseñado por Max Kramer y fabricado por Ruhrstahl AG, el Fritz X se desarrolló a partir de la bomba PC 1400 (1400 kg). Pesaba 3.450 libras y llevaba una ojiva de 710 libras, que podía penetrar hasta 28 pulgadas de armadura cuando se dejaba caer a una altura de entre 18.000 y 20.000 pies.

En 1940, se desarrollaron varias versiones para determinar el mejor diseño. El X-2 era capaz de alcanzar velocidades más altas y se suponía que debía estar equipado con un dispositivo de localización por infrarrojos, pero el sistema se abandonó y solo se construyó uno. El X-3 era más pesado y más grande, y podía viajar a velocidades de hasta 900 MPH. Sin embargo, se determinó que el X-1 era la mejor opción, ya que era más simple de operar y desarrollar.

En 1941, la Luftwaffe llevó a cabo las pruebas del misil y, en 1943, pasó a la etapa de fabricación.

Especificaciones Fritz X Esquemas Fritz X. (Crédito de la foto: Desconocido / Departamento de la Fuerza Aérea / Wikimedia Commons / Dominio público)

El Fritz X era más aerodinámico y utilizaba el sistema de mando por radio con joystick de Kehl-Strasbourg. Tenía una cola agrandada con un marco de 12 lados que rodeaba cuatro aletas aerodinámicas. Los dos más largos estaban equipados con spoilers y dos giroscopios estabilizaron el explosivo. En una forma cruciforme asimétrica, se montó un par de alas en la parte delantera.

Los misiles fueron desplegados desde aviones Dornier Do 217K-2 y Heinkel He 177A Greif , y los bombarderos usaron sus bengalas de cola para guiarlos al soltarlos. Los spoilers estaban controlados por radio y permitían que el Fritz X se moviera según las instrucciones. Como tales, podrían ser extremadamente precisos cuando no estén sujetos a interferencias de radio por parte de los aliados.

Éxito en el Teatro Mediterráneo  

Fritz X. (Crédito de la foto: Ryan Somma / Flickr CC BY-SA 2.0)

El Fritz X se utilizó por primera vez el 21 de julio de 1943 en una redada en el puerto de Augusta en Sicilia. En ese momento, no hubo impactos confirmados y los aliados no sabían en gran medida que los alemanes estaban operando misiles guiados por radio. Sin embargo, el Fritz X pronto vio su éxito más notable en un ataque a la flota italiana en septiembre de 1943.

Tras el arresto de Benito Mussolini , el gobierno italiano inició negociaciones con los Aliados y, el 8 de septiembre, el Mando Supremo Aliado en Europa anunció que se había firmado un armisticio . Luego se hizo un plan para desertar de la flota naval italiana a los puertos aliados en Túnez y Malta. Sin embargo, los alemanes no tardaron mucho en darse cuenta y planificar su propio ataque en el viaje para evitar que los barcos llegaran a sus destinos.

Hundimiento de Roma (1940) Roma (1940), un acorazado italiano de clase Littorio. (Crédito de la foto: Sin atribuir / Wikimedia Commons / Dominio público)

Una fuerza de tres acorazados, Roma (1940),  Vittorio Veneto  e Italia (1943), seis cruceros y ocho destructores se abrieron paso por la costa oeste de Córcega, hacia Cerdeña y Túnez. Al mediodía, seis Do 217K-2 del Gruppe III de Kampfgeschwader 100 Wiking volaron hacia la flota, cada uno con un solo misil Fritz X.

El éxito más significativo provino del hundimiento del Roma , de 46.200 toneladas , el buque insignia de la flota italiana. Un Fritz X atravesó el costado de estribor del acorazado y detonó debajo de su quilla. La explosión tuvo efectos devastadores, inundando la caldera y las salas de máquinas de Roma y rompiendo dos de sus cuatro ejes de hélice. Esto finalmente redujo su velocidad y se encendió una gran cantidad de fuegos eléctricos.

Solo siete minutos después, otro Fritz X golpeó  a Roma , esta vez detonando en su sala de máquinas delantera y causando que su cargador explotara. La explosión fue tan intensa que mató al capitán de la embarcación, el vicealmirante Carlo Bergamini, ya 1.393 tripulantes. Media hora después del primer bombardeo, Roma se había partido en dos y volcado.

En los días posteriores, los pilotos de la Luftwaffe continuaron desplegando misiles Fritz X , hundiendo el crucero británico HMS Spartan (95) y el destructor Janus (F53), así como varios barcos mercantes en el área. También causaron graves daños al buque de guerra británico HMS Warspite (03) y al crucero Uganda (66), así como a los cruceros ligeros estadounidenses USS Philadelphia (CL-41) y  Savannah (CL-42).

El Fritz X hizo vulnerable a los aviones alemanes

Fritz X. (Crédito de la foto: Alan Wilson / Flickr CC BY-SA 2.0)

Aunque el Fritz X se mostró prometedor en los primeros días, ciertamente tenía sus inconvenientes. Para empezar, el avión bombardero tenía que volar recto y nivelado mientras el misil estaba a bordo. En segundo lugar, tuvieron que desacelerar inmediatamente después del lanzamiento de las bombas, ya que los bombarderos necesitaban una ayuda visual para guiarlos.

Los aviones que transportaban y desplegaban el Fritz X pronto se dieron cuenta de lo vulnerables que se habían vuelto, y los aliados no tardaron mucho en identificarlo y explotarlo.

La defensa más eficaz contra los aviones alemanes que transportaban Fritz X eran los cazas, que les impedían volar lento y recto. Además, los Aliados determinaron que crear humo también era efectivo, ya que los misiles eran menos visibles y, por lo tanto, causaban problemas a los bombarderos a la hora de guiarlos. Los aliados también instalaron rápidamente contramedidas electrónicas para bloquear las señales de radio, causando más problemas.

El plan inicialmente requería la producción de 750 misiles Fritz X por mes, pero entre abril de 1943 y el final del programa en diciembre del año siguiente, solo se habían producido 1.386. De estos, 602 se utilizaron en entrenamiento y pruebas. Además de eso, los misiles no fueron tan precisos como esperaba la Luftwaffe , solo alcanzaron sus objetivos alrededor del 20 por ciento de las veces.

Dicho esto, el Fritz X fue el punto de partida para el futuro desarrollo de misiles controlados por spoilers.



domingo, 28 de mayo de 2023

ARA Belgrano: Desde el terrorífico "17 de Octubre" a su hundimiento

Del "17 de Octubre" al Gral Belgrano





El vicepresidente de facto de la Nación, contraalmirante Isaac F. Rojas, recibe a los descendientes del general Manuel Belgrano, que le agradecieron la imposición de ese nombre a un crucero de la flota de la Armada argentina, octubre de 1955.





En ese crucero, que era llamado 17 de octubre, se firmó la rendición de las tropas leales al gobierno del general Perón, y el traspaso de mando a las tropas revolucionarias comandadas por el general Lonardi y el contraalmirante Rojas. Fue hundido durante la guerra de Malvinas.