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martes, 8 de septiembre de 2026

Malvinas: Submarinos británicos dedicaron hasta la mitad de su tiempo patrullando la costa argentina

Hasta la mitad del tiempo de patrulla: archivos revelan que submarinos británicos espiaban frente a Argentina

Escenario Mundial




Un documento británico desclasificado revela que submarinos de la Real Armada Británica destinaban entre un tercio y la mitad de su tiempo de patrulla a operar frente a la costa argentina, donde realizaban tareas de vigilancia visual, seguimiento mediante sonar y recopilación de inteligencia electrónica sobre movimientos  militares. El material, difundido por el analista británico Sir Humphrey, agrega nuevos detalles sobre el papel que cumplió la fuerza submarina del Reino Unido en el Atlántico Sur durante los años posteriores a la  Guerra de Malvinas.
 


HMS Splendid uno de los submarinos de la Real Armada Británica desplegado en la guerra de Malvinas

El fragmento, marcado originalmente como “SECRET – UK EYES A”, describe las funciones subsidiarias asignadas a los submarinos británicos desplegados en el Atlántico Sur. Además de apoyar ejercicios antisubmarinos con las fuerzas británicas desplegadas en las Islas Malvinas, una de sus principales tareas era la recolección de inteligencia.

“Entre un tercio y la mitad del tiempo de patrulla de cada submarino se pasa frente a la costa argentina”, indica el documento. Buena parte de ese período, agrega, era utilizada para obtener información sobre las Fuerzas Armadas argentinas. Las misiones incluían observación visual, monitoreo mediante sonar de movimientos militares y recopilación de datos electrónicos y señales de inteligencia —SIGINT— para el GCHQ, el organismo británico responsable de inteligencia de señales y seguridad de las comunicaciones.

La documentación expone así una función que iba más allá de la defensa directa de las islas: los submarinos constituían también una plataforma encubierta para observar desde el mar la actividad militar desarrollada en el territorio continental argentino Sir Humphrey, señaló al difundir el archivo que los submarinos nucleares de ataque, SSN, de la Real Armada Británica podían operar regularmente frente a Argentina durante la década de 1980 realizando este tipo de misiones. El fragmento publicado no permite, por sí solo, establecer la fecha exacta ni la referencia archivística completa del memorando. Sin embargo, su contenido coincide con otros documentos británicos previamente desclasificados que permiten reconstruir estas operaciones.



El antecedente del HMS Osiris frente a Mar del Plata

Uno de los casos mejor documentados ocurrió apenas un año después del conflicto de 1982. En febrero de 1983, Reino Unido envió al submarino convencional HMS Osiris hacia aguas próximas a Argentina para reforzar la vigilancia que ya realizaba un submarino nuclear británico en el Atlántico Sur. Documentos publicados anteriormente por Thin Pinstriped Line muestran que el Osiris recibió órdenes de observar movimientos navales y aéreos y recopilar información sobre los submarinos argentinos Type 209 basados en Mar del Plata.


HMS Osiris

Durante aproximadamente diez días operó a profundidad de periscopio entre 15 y 40 millas de la costa, desde donde obtuvo imágenes de instalaciones y siguió movimientos de unidades de la Armada Argentina. Los archivos mostraron que Londres decidió mantener vigilancia submarina incluso cuando sus propias evaluaciones indicaban que no existía una amenaza argentina inmediata contra las islas.

La lógica era obtener información anticipada sobre ejercicios, movimientos de la flota y capacidades militares. Thin Pinstriped Line sostuvo al reconstruir aquella operación que buena parte de los principales ejercicios navales argentinos realizados durante los primeros años posteriores a la  guerra probablemente tuvieron algún tipo de observación submarina británica. Las operaciones fueron reduciéndose hacia finales de la década debido a una combinación de problemas técnicos, restricciones presupuestarias y una menor percepción británica de amenaza. Militar


Los submarinos ya habían sido utilizados para vigilar el continente durante la guerra


La utilización de submarinos como plataformas de inteligencia tampoco comenzó después de junio de 1982. Documentación oficial británica de la propia guerra señala que los submarinos nucleares desplegados patrullaron frente al territorio continental y proporcionaron información sobre las Fuerzas Armadas argentinas.

Un informe enviado en noviembre de 1982 por el entonces secretario de Defensa John Nott a Margaret Thatcher destacó expresamente que la utilidad de los submarinos nucleares no se había limitado a neutralizar la amenaza naval argentina: también habían operado frente a la costa continental y proporcionado inteligencia a las fuerzas británicas desplegadas en la zona de operaciones. Durante la guerra, esa capacidad permitía detectar movimientos navales y, mediante diferentes sensores, obtener señales que podían anticipar actividad aérea o marítima.

El nuevo documento muestra que esa práctica continuó formando parte de la arquitectura británica en el Atlántico Sur después del conflicto.

Malvinas como plataforma de vigilancia sobre el Atlántico Sur

La revelación aparece además en un momento en el que Argentina volvió a colocar a Malvinas, el Atlántico Sur y la inteligencia dentro de una misma discusión de seguridad nacional. Durante la cadena nacional del 3 de septiembre, Javier Milei anunció nuevas sanciones vinculadas con la explotación de recursos en Malvinas, mayores recursos para Defensa y el impulso de la Base Naval Integrada de Tierra del Fuego.


El presidente Javier Milei en Cadena Nacional anuncia medidas concretas para Malvinas. Crédito: Presidencia de la Nación

El Presidente planteó además la necesidad de fortalecer telecomunicaciones y crear una nueva estructura de seguridad nacional que integre Defensa, Cancillería, Inteligencia y Economía. Las primeras medidas oficializadas posteriormente incluyeron nuevos recursos para las Fuerzas Armadas y para la Secretaría de Inteligencia del Estado, aunque el refuerzo destinado a Inteligencia no fue identificado específicamente como una partida para Malvinas.

El archivo británico aporta ahora una dimensión histórica a esa discusión. Durante los años posteriores a 1982, la presencia militar británica en torno a Malvinas no estuvo orientada solamente a impedir una nueva operación argentina sobre las islas. También proporcionó una posición avanzada desde la cual submarinos de la Royal Navy pudieron observar movimientos  militares argentinos, registrar firmas acústicas y recopilar inteligencia electrónica para el aparato de inteligencia británico.

domingo, 6 de septiembre de 2026

Malvinas: Operación Pampero, la intercepción de los Avro Vulcan

Operación Pampero

Mariano Sciaroni 




¿Qué habría ocurrido si, durante la guerra de Malvinas, la Royal Air Force hubiera llevado sus ataques más allá de las islas y bombardeado las bases aéreas argentinas en el continente? La posibilidad no perteneció únicamente al terreno de la especulación: los británicos estudiaron operaciones de ese tipo, conscientes de que desde aquellas bases despegaban los aviones que constituían una de las principales amenazas para la flota desplegada en el Atlántico Sur. La Fuerza Aérea Argentina, por su parte, se preparó para responder. Ante la eventual aparición de bombarderos enemigos sobre territorio continental, elaboró una operación secreta destinada a interceptarlos y derribarlos antes de que alcanzaran sus objetivos. Aquel plan recibió un nombre tan discreto como evocador: Operación Pampero.




Los buques británicos comenzaban a pagar un precio elevado por los ataques lanzados desde las bases aéreas argentinas del continente. Cada incursión obligaba a la fuerza naval a sostener una defensa constante frente a aviones que despegaban desde Comodoro Rivadavia, San Julián, Río Gallegos y Río Grande. Ante esa amenaza, la Royal Air Force estudió una respuesta mucho más ambiciosa: golpear directamente aquellas bases y reducir, en origen, la capacidad ofensiva argentina. Para una misión de semejante alcance, los británicos contemplaron el empleo de sus grandes bombarderos estratégicos Avro Vulcan, capaces de llevar la guerra desde el Atlántico Sur hasta las propias instalaciones aéreas del territorio continental.



El plan británico rozaba los límites de lo posible. Los Avro Vulcan debían despegar desde la isla Ascensión y recorrer miles de kilómetros hasta alcanzar sus objetivos en el continente argentino. Para sostener semejante misión, cada bombardero dependería de una compleja cadena de reabastecimientos en vuelo, con la participación de hasta once aviones cisterna Handley Page Victor. Incluso así, la distancia imponía severas restricciones sobre la carga ofensiva que podía transportarse. Con poco margen para errores, múltiples reabastecimientos sobre el Atlántico y una capacidad de ataque necesariamente limitada, cualquier incursión contra las bases continentales habría constituido una operación de enorme complejidad, ejecutada al límite de las posibilidades técnicas y logísticas de la Royal Air Force.


Pero la Fuerza Aérea Argentina ya había contemplado esa posibilidad. El 20 de mayo de 1982, en Merlo, comenzó a tomar forma la Operación Pampero, concebida específicamente para responder a una eventual incursión británica sobre el territorio continental. Su misión quedó definida en términos inequívocos: “detectar, interceptar y destruir” bombarderos, aviones de reabastecimiento o aeronaves de reconocimiento enemigas que volaran hacia el continente o regresaran de una misión sobre él. La amenaza, por tanto, no se limitaba a los Vulcan: cualquier aparato británico involucrado en una operación de largo alcance podía convertirse en objetivo.



La primera fase era desplegar en Mar del Plata:
✈️ 2 Mirage III
✈️ 2 Dagger
✈️ 1 Learjet del Escuadrón Fénix

Los Mirage llevarían cañones y Matra 530.
Los Dagger, cañones y misiles Shafrir.



Eran, además, de los pocos cazas argentinos que ofrecían posibilidades reales de enfrentarse con éxito a un Avro Vulcan. Por sus prestaciones, velocidad y capacidad de intercepción, podían intentar alcanzar a un bombardero británico antes de que completara su misión o escapara nuevamente hacia el Atlántico. En un escenario tan exigente, donde cada minuto y cada kilómetro contaban, esa capacidad los convertía en una pieza esencial del dispositivo defensivo previsto por la Operación Pampero.


El plan argentino consistía, ante todo, en esperar al enemigo en el lugar adecuado. Una vez detectado un despegue desde la isla Ascensión, los interceptores debían dirigirse hacia puntos previamente establecidos sobre el Atlántico y permanecer allí a la espera de los bombarderos británicos. La interceptación podía producirse a entre 500 y 770 kilómetros de la costa, mucho antes de que los atacantes alcanzaran sus objetivos en el continente. Pero todo el dispositivo dependía de una cuestión decisiva: ¿cómo saber, con suficiente antelación, que un Vulcan había despegado desde Ascensión?



El mecanismo previsto para obtener esa advertencia temprana constituye uno de los aspectos más intrigantes de la Operación Pampero. Frente a la isla Ascensión se encontraba el Zaporozhye, un buque soviético dedicado a tareas de inteligencia. Los documentos argentinos, por su parte, hacen referencia a una “fuente confidencial” que debía proporcionar información clave sobre los movimientos británicos, incluida la hora de despegue y el rumbo de sus aeronaves. La coincidencia resulta inevitablemente sugestiva: ¿era el Zaporozhye aquella fuente secreta que permitiría anticipar la salida de los Vulcan?



La Operación Pampero incluso desarrolló su propio lenguaje en clave, pensado para transmitir información con rapidez y discreción. Los interceptores eran identificados como HALCÓN; el Learjet encargado de tareas de apoyo recibía el nombre de LIBRA; y los Avro Vulcan británicos aparecían en las comunicaciones como CHINCHE AZUL. Algunas expresiones resultaban todavía más gráficas: si un bombardero enemigo era derribado, el mensaje debía ser AL BOMBO; si un avión alcanzaba su nivel mínimo de combustible, quedaba DESINFLADO. Aquel vocabulario, casi críptico, revela hasta qué punto la operación había sido pensada y estructurada para un combate que podía desarrollarse a cientos de kilómetros de la costa.



Los británicos, finalmente, no atacaron las bases aéreas argentinas en el continente, y la Operación Pampero nunca llegó a desplegarse en Mar del Plata como estaba previsto. Sin embargo, el 29 de mayo se produjo una alerta concreta: dos Vulcan habían despegado desde la isla Ascensión. La operación no entró en combate, pero aquel episodio demostró que, al menos en uno de sus aspectos más críticos, el dispositivo funcionaba: la Fuerza Aérea Argentina podía recibir con suficiente antelación información sobre la partida de bombarderos británicos desde miles de kilómetros de distancia.




Hoy conocemos algo que en 1982 permanecía oculto: la Argentina había preparado una defensa específica para el escenario de un bombardeo británico contra el continente. La Operación Pampero nunca tuvo que enfrentarse a los Vulcan y, por lo tanto, quedó como uno de los planes de contingencia más singulares de la guerra de Malvinas. Pero durante aquellas semanas la posibilidad fue tomada muy en serio. Y si alguno de aquellos bombarderos hubiera cruzado el Atlántico rumbo a una base argentina, quizá un piloto de Mirage habría terminado transmitiendo por radio la frase prevista para anunciar el éxito de la misión: “CHINCHE AZUL… AL BOMBO”.




domingo, 23 de agosto de 2026

Malvinas: ¿Y si hubiese habido 14 SuE en servicio?

Malvinas: El heroico desempeño de los buques hospitales argentinos

Barco blanco, cruces rojas: Buques hospitales en la Guerra de las Malvinas. Argentina.



Durante la Guerra de las Malvinas, la Armada Argentina utilizó el rompehielos ARA Almirante Irízar (Q-5), el transporte polar ARA Bahía Paraíso (B-1) y planeó desplegar el buque oceanográfico ARA Puerto Deseado (ARA — La Armada de la República Argentina — Armada Argentina ) como buques hospitalarios.

Naturalmente, en términos de apoyo médico, las fuerzas armadas argentinas en las Malvinas se encontraban en una posición más ventajosa que sus adversarios, al menos durante la fase inicial del conflicto. Mientras que los británicos dependían exclusivamente de los suministros médicos disponibles en sus buques, y los centros logísticos médicos y hospitales se ubicaban a 8000 millas de distancia, las unidades médicas argentinas Compañía de Sanidad IX y Compañía de Sanidad X desplegaron dos hospitales de brigada en las islas. Además, la conveniente proximidad de Argentina permitió la rápida evacuación de los heridos y el reabastecimiento de medicamentos y otros suministros médicos.

El ARA Bahía Paraíso (B-1) desempeñó un papel fundamental como buque hospital durante el conflicto armado. Diseñado para abastecer las estaciones antárticas argentinas, el buque fue construido en el astillero argentino Astilleros Príncipe y Menghi SA y puesto en servicio en la Armada en diciembre de 1981.

Su desplazamiento total era de 9100 toneladas, su potencia de propulsión de 8900 kW, su velocidad de 18 nudos y su capacidad de carga de 3750 m³, de los cuales 250 m³ eran refrigerados. Además, el buque podía albergar 1200 toneladas de combustible. Su pista de aterrizaje y hangar permitían el uso de dos helicópteros pesados. Además de sus 127 tripulantes, podía alojar a 84 pasajeros o 252 militares.


ARA Bahía Paraíso entre los hielos antárticos

A finales de marzo y principios de abril de 1982, el ARA Bahía Paraíso participó en los desembarcos para capturar Georgia del Sur y posteriormente evacuó a 35 infantes de marina británicos capturados al continente.


ARA Bahía Paraíso frente a la costa de Georgia del Sur


Paracaidistas abordan un helicóptero para aterrizar en Georgia del Sur.


Evacuación de un hombre herido del sur de Georgia.

El 27 de abril, el buque hospital ARA Bahía Paraíso zarpó rumbo al teatro de operaciones del Atlántico Sur tras diez días de reacondicionamiento en la base naval de Puerto Belgrano.

Se equiparon dos salas generales con 125 camas cada una y diez camarotes con cuatro camas para pacientes hospitalizados, además de dos centros de recepción y triaje de heridos, uno en la cubierta principal y otro en el hangar. En total, a bordo disponía de 300 camas y cuatro quirófanos, uno de ellos dedicado a cirugía maxilofacial y oftalmológica. Asimismo, las instalaciones del buque se adaptaron para albergar laboratorios de análisis clínicos y hemoterapia; dos salas de rayos X totalmente equipadas; una sala de yesos; una estación de desintoxicación química; y una unidad de cuidados intensivos de 10 camas. El buque también contaba con una unidad de quemados para 20 pacientes y una morgue, y una de sus bodegas se convirtió en una sala de recuperación para lesiones menores. Dos helicópteros —un Puma del Ejército y un Allouette III de la Armada— y dos lanchas ambulancia estaban a bordo.

Se formó una unidad médica en el ARA Bahía Paraíso, integrada por 17 médicos, cuatro dentistas, dos bioquímicos, dos voluntarios (un traumatólogo y un técnico de laboratorio), 73 enfermeras y un capellán naval. El capitán Juan Antonio López, médico de profesión, fue nombrado director del hospital flotante. Dos observadores de la Cruz Roja Internacional llegaron a bordo en Ushuaia.


Buque hospital ARA Bahía Paraíso

La primera misión del Bahía Paraíso fue rescatar a la tripulación del crucero General Belgrano, hundido por un submarino británico. Al llegar a la zona el 4 de mayo, el barco rescató a 71 personas y recuperó 17 cadáveres. También recogió a los heridos rescatados por otros buques, utilizando sus helicópteros para el transporte. El 12 de mayo, el barco regresó a Ushuaia. El 29 de mayo, el ARA Bahía Paraíso partió hacia las islas y entró en Puerto Argentino el 1 de junio para evacuar a los heridos. También recogió a las tripulaciones del buque mercante Río Carcarañá y del transporte ARA Bahía Buen Suceso, que había sido hundido por los británicos. El 3 de junio zarpó de nuevo y el 4 de junio se encontró con el buque hospital británico HMHS Uganda para recibir a los heridos argentinos, principalmente de la Batalla de Goose Green, luego se dirigió a Isla Pebble para evacuar personal y, después de visitar varios puntos de las islas, llegó a Santa Cruz, Argentina, donde algunos de los heridos fueron desembarcados en helicóptero.


Transporte de los heridos desde la costa en un barco requisado en las Malvinas.



Transporte de heridos en helicóptero: Puma (arriba) y Allouette III (abajo).

El 10 de junio, el ARA Bahía Paraíso se reunió con el vapor Uganda para un nuevo traslado de heridos y el suministro de material médico y sangre al buque británico, cuyas reservas se habían agotado. Posteriormente, se dirigió a Puerto Argentino, desde donde zarpó nuevamente el 12 de junio para reunirse con el Uganda. Desde allí, se dirigió a Isla Bordón (Pebble) para prestar asistencia a los militares que aún se encontraban en la isla, y el 13 de junio partió hacia Argentina.


ARA Bahía Paraíso, HMHS Uganda y HMS Hecla en la zona de la Caja de la Cruz Roja.


Un helicóptero Puma argentino aterriza en una pista de aterrizaje ugandesa.


La tripulación del Puma a bordo del Uganda



Contactos amistosos entre médicos de las partes en conflicto a bordo del Uganda

El 16 de junio, tras la rendición de las fuerzas argentinas, el ARA Bahía Paraíso regresó a las Malvinas, donde se reunió con el Uganda y embarcó a 44 heridos más. Posteriormente, el buque realizó dos viajes entre Puerto Argentino y Argentina, repatriando a aproximadamente 2600 prisioneros de guerra argentinos. En total, 11 845 militares argentinos fueron capturados en las Malvinas, pero la mayoría fueron repatriados a bordo de buques británicos. El 27 de junio, el ARA Bahía Paraíso llegó a Buenos Aires, completando así su misión médica.




Heridos a bordo de buques hospitalarios argentinos

El ARA Almirante Irízar (Q-5) fue construido en Finlandia en 1978 para dar servicio a las estaciones antárticas argentinas. Su desplazamiento total era de 14 140 t, su capacidad de propulsión de dos motores de 5 975 kW, su velocidad de 17,2 nudos y su capacidad de carga de 1 800 m³. Su pista y hangar pueden albergar dos helicópteros pesados. Además de sus 111 tripulantes, puede alojar hasta 202 pasajeros.


Emblema del ARA Almirante Irízar


Rompehielos ARA Almirante Irízar en la Antártida

Durante la invasión de las Malvinas (Operación Rosario) el 2 de abril de 1982, el rompehielos formó parte de la Fuerza de Tareas 40. Sus helicópteros transportaron unidades argentinas para capturar puntos clave cerca de Puerto Argentino.

El 3 de junio, el ARA Almirante Irízar se convirtió en buque hospital, tras una conversión de 48 horas en la Base Naval de Puerto Belgrano. Naturalmente, esto se facilitó gracias a que el rompehielos, incluso en su diseño original, contaba con una sofisticada capacidad médica.


ARA Almirante Irízar en la base naval de Puerto Belgrano junto al portaaviones ARA 25 de Mayo


Buque hospital ARA Almirante Irízar

El hospital del barco estaba equipado con 260 (según otras fuentes, 160) camas para pacientes hospitalizados, dos unidades de cuidados intensivos, dos quirófanos (uno de ellos maxilofacial), una unidad de cuidados intermedios, dos unidades de terapia general, un laboratorio de bioquímica, una sala de rayos X, una sala de yesos (una sala médica especializada donde se aplican y retiran yesos, férulas y vendajes para fracturas y luxaciones), un laboratorio de hemoterapia, una cámara hiperbárica y una unidad de quemados. El equipo médico, dirigido por el Capitán de Corbeta Médico Roberto Sosa Amaya, estaba compuesto por 14 médicos, dos dentistas, dos bioquímicos, un sacerdote y 21 enfermeras.


Personal médico del buque hospital argentino

Además, el 8 de junio, dos helicópteros Sea King de EAH2, junto con siete cirujanos civiles voluntarios, llegaron a bordo del buque procedentes de Comodoro Rivadavia.


Helicóptero ambulancia Sea King

Así describe Hernán Favier lo que sucedió a continuación en el sitio web de Blogspot . (El autor de este artículo ha sustituido los topónimos argentinos por ingleses para mayor claridad para los lectores).

“Alrededor del 9 de junio, el rompehielos, ahora convertido en buque hospital, ancló en la bahía de Port William, frente a Puerto Argentino, en el extremo oriental de la Isla Soledad. Los combates que tuvieron lugar entre las colinas que rodean la capital del archipiélago se sintieron en los mamparos y ojos de buey de acero del rompehielos, que vibraron y se sacudieron violentamente durante varias horas al día. El silencio y la oscuridad absoluta de la noche malvina se rompieron con un rugido ensordecedor, iluminado por explosiones de bombas y el brillo rojizo-amarillento de la munición trazadora de ambos bandos. De vez en cuando, se podían ver bengalas de señalización descendiendo lentamente en paracaídas desde la cubierta del barco . En el apogeo de los combates, los buques de apoyo requisados, como la goleta Penélope y los remolcadores Monsunen, Forrest y Yehuín, que partían del CIMM (Centro Médico Inter-Servicios de las Malvinas) en Puerto Argentino, comenzaron a realizar innumerables viajes entre el El muelle del puerto y el rompehielos.




Traslado de los heridos desde la costa a un buque hospital.

 
Al llegar a los buques, la tripulación del buque de apoyo y el personal del hospital tuvieron que izar a cada paciente a bordo utilizando grandes redes suspendidas por el costado y camillas rígidas izadas por grúas, con el riesgo potencial de quedar atrapados entre los cascos de los dos buques o caer al agua helada.

Una vez en la cubierta principal, los heridos fueron trasladados en camillas al departamento de admisiones, donde se les identificó inicialmente y se registraron sus datos personales y militares, así como los de sus familiares. Posteriormente, fueron examinados y derivados a los distintos niveles de atención dentro del sistema médico a bordo.

Todo este proceso se complementó con el traslado de los heridos a bordo de helicópteros Sea King, que, a pesar del mal tiempo, continuaron volando más allá de sus límites operativos. En muchos casos, incluso volaron de noche sin el equipo necesario, iluminando la superficie del agua con un reflector montado en la proa. Luego, los camilleros bajaron a los heridos desde la pista de aterrizaje hasta la sala de urgencias, descendiendo las camillas por largas plataformas de madera instaladas en los escalones de rampas metálicas. En los últimos días, los quirófanos del rompehielos trabajaron incansablemente, admitiendo a más de 400 pacientes de todo tipo.




Transporte de los heridos en helicóptero Sea King



Bajar las camillas con los heridos a la bodega donde se encontraba el departamento de terapia.

Durante estos días de intensos combates y trabajo incesante en las salas, quirófanos y laboratorios del buque hospital ARA Almirante Irízar, se produjeron tres contactos directos con el enemigo. Del 10 al 13 de junio de 1982, los británicos solicitaron plasma sanguíneo y morfina al buque hospital argentino para tratar a los heridos graves. Esta solicitud se atendió de conformidad con el Convenio de Ginebra de 1949, y los suministros fueron entregados a la tripulación de un helicóptero de la Royal Navy que aterrizó en la cubierta de vuelo del rompehielos argentino.


Un helicóptero británico aterriza en la pista del aeropuerto ARA Almirante Irízar.


En el quirófano del ARA Almirante Irízar

Tras los primeros rayos de sol del 14 de junio, reinó un silencio opresivo que amplificaba los sonidos de la naturaleza, enmarcados por el viento helado que azotaba el casco del buque con furia.

El ARA Almirante Irízar, que había zarpado de Buenos Aires a principios de noviembre de 1981 para la campaña de verano antártica, regresó a su puerto base a principios de julio de 1982 tras ocho meses interminables y fatídicos. La exitosa campaña de verano antártica culminó con la participación del buque como buque hospital en la Guerra de las Malvinas.
Por sus acciones en dicho conflicto, el buque y su tripulación recibieron la distinción "Operaciones en Combate", otorgada por el Congreso Nacional Argentino.

El 13 de junio, el Almirante Irízar atracó en Puerto Argentino y comenzó a recibir heridos al día siguiente, sumando 165 el primer día. Para el 16 de junio, se habían unido 85 personas más, tras lo cual el barco partió hacia Comodoro Rivadavia, llegando allí el 17 de junio. Dos días después, el buque hospital regresó a las Islas Malvinas, donde se reunió con el Uganda para recibir a los heridos argentinos, utilizando su helicóptero Sea King. Posteriormente, el barco realizó dos viajes más entre las islas y Argentina, repatriando a varios cientos de prisioneros de guerra argentinos.


Prisioneros de guerra argentinos en Puerto Argentino

El tercer buque hospital fue convertido a partir del buque oceanográfico ARA Puerto Deseado (Q-8), propiedad del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONICET) y operado por la Armada como parte del Servicio Hidrográfico Naval.

El buque oceanográfico ARA Puerto Deseado fue construido en 1978 en el astillero argentino Astilleros Argentinos Río de la Plata (Astarsa). Tenía un desplazamiento total de 2400 toneladas, una velocidad de 14 nudos y una autonomía de 12 000 millas náuticas (12 nudos). Además de 60 tripulantes, podía alojar a 20 investigadores.


Buque oceanográfico ARA Puerto Deseado en la Antártida

Tras completarse la conversión del ARA Puerto Deseado, que contaba con 60 camas para pacientes y su casco pintado de blanco con cruces rojas, el lento proceso para que fuera reconocido como buque hospital, y posteriormente los sucesos del 14 de junio, impidieron su traslado al teatro de operaciones del Atlántico Sur.


Buque hospital ARA Puerto Deseado

El destino de los buques ARA Almirante Irízar y ARA Bahía Paraíso tras la guerra fue trágico.

El 28 de enero de 1989, durante un viaje de abastecimiento a la Antártida con turistas a bordo, el ARA Bahía Paraíso chocó contra rocas submarinas, sufrió graves daños, volcó y se hundió. Más de 600 toneladas de diésel y combustible de aviación se derramaron en el océano, el mayor incidente de contaminación en la historia de la Antártida .




La muerte del ARA Bahía Paraíso

El 10 de abril de 2007, mientras navegaba de regreso de la Antártida a su país de origen, se desató un incendio en la sala de máquinas del rompehielos ARA Almirante Irízar. El fuego rápidamente envolvió casi por completo la embarcación, obligando a la tripulación y a los pasajeros (296) a abandonar el barco. Afortunadamente, no hubo víctimas mortales. Las consecuencias del incendio fueron catastróficas, por lo que el ARA Almirante Irízar no volvió a operar hasta 2017, tras una remodelación que requirió 1,2 millones de horas-hombre. Se reemplazó por completo todo el sistema de propulsión.



Incendio en el rompehielos ARA Almirante Irízar

Fuentes:

1. AR Marsh. Una guerra corta pero distante: la Campaña de las Malvinas. Journal of the Royal Society of Medicine. Volumen 76, noviembre de 1983
2. JG Penn-Barwell. La Guerra de las Malvinas: los diarios de los oficiales médicos de la Flota. Journal of the Royal Naval Medical Service 2017; 103(2)
3. Nicci Pugh. Cruces Rojas de Barcos Blancos: Memorias de Enfermería de la Guerra de las Malvinas. Melrose Books, 2012
4. Woodward S. Cien Días. Naval Institute Press, Annapolis, 1997
5. Capitán Roger Villar. Buques Mercantes en Guerra. La Experiencia de las Malvinas. Londres, 1984
6. Malvinas. Portafolio de la Fuerza de Tarea. Partes 1, 2. Maritime Books, Reino Unido
7. HMS Hydra - Ambulance Ship 1982 - folleto en línea 8. Transporte Polar ARA “Bahía Paraíso”: su participación como buque hospital 9. Malvinas 44 años: recuperar y contener al camarada, el trabajo de la sanidad militar y los buques hospital 10. Fernando Bernavé Santos. La larga travesía del transporte polar ARA Bahía Paraíso (Última entrega). La Prensa, 16 de enero de 2022 11. Arthur M. Smith. Logística en la Guerra de Malvinas 12. Los buques hospitales argentinos. https://fdra-malvinas.blogspot.com 13. Incorporación del Rompehielos ARA “Almirante Irízar” como buque hospital 14. Hastings M., Jenkins S. The Battle of the Falklands. Moscú, 2014


Alexander Mitrofanov  || Revista Militar