sábado, 7 de marzo de 2026
domingo, 1 de marzo de 2026
DDG: ARA Hércules (D-28/D-1/B-52)

ARA Hércules (D-28 / D-1 / B-52)
ARA Hércules (D-28) fue el único buque de defensa aérea operando en el TOA. Equipado con 4 Exocet y 22 Sea Dart de defensa aérea con uso secundario antibuque: en condiciones ideales, él solo podía haber llegado a dar cuenta de toda la Escuadra chilena.
El transporte rápido ARA Hércules (B-52) (TRHE)n. 1 es un transporte rápido multipropósito de la Armada Argentina. Fue construido en los años setenta como destructor Tipo 42 y, luego de una reforma en los años noventa, recibió su reclasificación como transporte rápido.2 Fue declarado irradiado del servicio y procedido el arriado final del pabellón nacional el 20 de junio de 2024, luego de 48 años de servicio.
Armado de misiles superficie-aire Sea Dart, su misión junto con su gemelo, el destructor ARA Santísima Trinidad (D-2), fue la defensa antiaérea de área del portaaviones liviano ARA Veinticinco de Mayo (V-2), operando por medio de data link.
| Banderas | ||
|---|---|---|
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| Historial | ||
| Astillero | Vickers Shipbuilding, Barrow-in-Furness, Reino Unido | |
| Clase | Tipo 42 | |
| Tipo | destructor lanzamisiles guiados | |
| Operador | Armada Argentina | |
| Autorizado | 18 de mayo de 1970 | |
| Iniciado | 7 de junio de 1973 | |
| Botado | 10 de mayo de 1976, Barrow | |
| Asignado |
junio de 1976 (afirmación del Pabellón Argentino) julio de 1977 (incorporación a la Flota de Mar) | |
| Baja |
22 de marzo de 2024 (radiado)1 20 de junio de 2024 (arriado final del pabellón) | |
| Destino | Irradiado, se halla amarrado en Puerto Belgrano | |
| Características generales | ||
| Desplazamiento | 4100 t a plena carga | |
| Eslora | 125,6 m | |
| Manga | 14,3 m | |
| Calado | 5,8 m | |
| Armamento |
• 1 lanzador doble para 22 misiles GWS-30 Sea Dart Mk30 • 1 Cañón Vickers 115 mm (4,5")/55 Mk8, automático • 2 Ametralladoras Oerlikon 20 mm MK7 • 4 lanzadores de misiles MM-38 Exocet (SSM) • 2 lanzadores triples de tubos lanzatorpedos ILAS 3/324 mm (utiliza torpedos Whitehead AS-244: 6 km a 30 nudos) | |
| Propulsión |
COGOG • 2 turbinas a gas Rolls Royce Olympus TM38 • 2 turbinas a gas Rolls Royce Tyne RM1A • 2 ejes hélices | |
| Potencia |
• Olympus TM38: 50 000 HP • Tyne RM1A: 9900 HP | |
| Velocidad |
• 30 nudos (Olympus) • 18 nudos (Tyne) | |
| Autonomía | 4500 millas náuticas a 18 nudos | |
| Tripulación | 166 | |
| Tropas | 238 infantes de marina con equipo completo | |
| Aeronaves | 2 helicópteros Sikorsky SH-3 Sea King | |
| Equipamiento aeronaves | Hangar | |
Historial
La embarcación corresponde a un destructor construido originalmente como Type 42, similar a las unidades de la misma clase comisionadas por la Marina Real británica. Fue construido en los astilleros de Vickers Shipbuilding en Barrow-in-Furness, Reino Unido, en simultáneo con el HMS Sheffield, cabeza británica de la serie, hundido en la guerra de las Islas Malvinas. Debido a que un incendio dañó irreparablemente la popa del HMS Sheffield, una sección completa de la popa del ARA Hércules fue utilizada en el navío inglés, por lo que el cañón Vickers 4.5" (115 mm)/55 Mk8 automático, montado en el buque británico, correspondía originalmente al argentino.
Fue entregado a la Armada Argentina entrando en servicio el 19 de septiembre de 1977 Una vez incorporado fue asignado a la 1.ª División de Destructores como Destructor Misilístico ARA Hércules (D-28), DEHE siendo su apostadero la Base Naval Puerto Belgrano. Al incorporarse su gemelo, el ARA Santísima Trinidad (D-2) cambió su apelativo por D-1, con el que operó hasta su conversión a Transporte Rápido. Varias unidades llevaron el nombre "Hércules" en la Armada Argentina, si bien todas fueron importantes, sin duda la más representativa fue la nave insignia del almirante Guillermo Brown durante las luchas por la independencia. La famosa «Fragata Negra», apodada así por el color de su velamen, sirvió de cubierta al Gran Almirante y su nombre «Hércules» llega hasta nuestros días representado hoy en la actividad por este Transporte de Tropas.
Conflicto del Beagle
En diciembre de 1978 para la puesta en marcha de la Operación Soberanía el ARA Hércules formó parte del grupo de tareas 2 junto al PAL ARA Veinticinco de Mayo (V-2) con la misión de ocupar militarmente las islas Lennox, Nueva y Picton y el cabo de Hornos en litigio con Chile. Cuestión que no se concretó, iniciando la FLOMAR el retiro a Puerto Belgrano.
Guerra de Malvinas
En 1982, junto a su gemelo ARA Santísima Trinidad (D-2), fue parte de la escolta del portaaviones Veinticinco de Mayo en la Guerra de Malvinas. Participó en las acciones de recuperación de las islas y su helicóptero embarcado operó por unas horas en el Aeropuerto de Puerto Argentino. A principios de mayo, se esperaba en la Fuerza de Tareas de la Armada Argentina enfrentar en un combate aeronaval a la Fuerza de Tareas de la Marina Real británica, en esos momentos, su radar de alerta temprana, iluminó a un Sea Harrier del HMS Invincible, que era vectorizado para interceptar a un Grumman S-2 Tracker catapultado desde el portaaviones Veinticinco de Mayo que trataba de confirmar la ubicación de la Fuerza de Tareas de la Marina Real, para un posterior ataque combinado con los medios desplegados. Finalmente no se dieron las circunstancias propicias para dicho ataque y los buques argentinos se replegaron a aguas poco profundas fuera de la amenaza de los submarinos nucleares ingleses. Continuó navegando en zonas de patrullas cercanas a la costa argentina.
Postguerra
Desde su incorporación a la 1.ª División de Destructores y su posterior pase al Comando Naval Anfibio, el buque participó y continúa participando en ejercitaciones —llamadas «Etapas de Mar»— con el resto de los buques de la Flota de Mar, la División de Patrullado Marítimo (DVPM), la Fuerza de Submarinos y aviones y helicópteros de la Aviación Naval, y ejercicios «Anfibio» con la Infantería de Marina. También ha tomado parte en numerosas operaciones navales con unidades de otros países.
En 1988, junto a la mayoría de los buques del Comando de la Flota de Mar, incluido su gemelo, el D-2, visitó el Puerto de la ciudad de Buenos Aires.
En 1993 efectuó el último lanzamiento de práctica con munición de combate, de un misil GWS-30 Sea Dart y comenzó a navegar con repuestos obtenidos de su gemelo el ARA Santísima Trinidad (D-2), que comenzó a ser canibalizado sin volver a navegar desde 1989. Al año siguiente fue transferido al Comando Naval Anfibio y Logístico (COAL), y en 1999 fue transformado en un transporte rápido, con importantes modificaciones en su plataforma y hangar de helicópteros, pudiendo destarcársele dos helicópteros medios del tipo Sea King. Estas modificaciones se efectuaron en los Astilleros y Maestranzas de la Armada de Chile (ASMAR), en su planta de Talcahuano. Su transformación fue completada entre 2004 y 2006 en Argentina en las instalaciones de los Arsenales de la Base Naval Puerto Belgrano. Durante 2009 se retiró finalmente su lanzador Sea Dart reutilizando ese espacio para la instalación de 4 camas para Botes de Asalto MKV de la Infantería de Marina Argentina.
Entre sus despliegues, la unidad tomó parte en la edición 1998 del ejercicio combinado «UNITAS», así como la etapa anfibia del ejercicio «Fraterno» en 2006. Continúa cumpliendo funciones como Unidad de Transporte de Tropas de IM integrando el núcleo de las diferentes etapas anfibias y participando durante el desarrollo de cada una de las etapas de mar. Durante 2009 fue sometido a un proceso de reparaciones generales en el CINAR (Complejo Industrial Naval Argentino), incorporándose nuevamente a la Flota de Mar en abril de ese año luego de un recorrido de su casco, válvulas y sistemas. Durante ese año cumplió con una Patrulla de Control del Mar y en la búsqueda de sobrevivientes del pesquero Atlantic hundido durante un temporal. Durante el período 2004-2012 participó de la totalidad de las ejercitaciones anfibias de la Flota de Mar, efectuando además los ejercicios Inalaf con personal IM embarcado de la Armada de Chile. En ese mismo período realizó embarcos de instrucción con Cadetes de la ESNM al litoral marítimo argentino arribando en varias oportunidades a los puertos de Ushuaia y Madryn.
Década de 2010
La unidad continúa con sus prácticas anuales de tiro, ejercicios anfibios y etapas de mar; efectuado también visitas a puertos del litoral (Necochea) y navegaciones de instrucción con Cadetes de la Escuela Naval Militar y Aspirantes de la Escuela de Suboficiales de la Armada.
Reconversión
El buque fue inicialmente sometido a un proceso de reconversión en Chile (ASMAR, Armada de Chile) y luego en Argentina (ARPB, Base Naval Puerto Belgrano, Armada Argentina) durante fines de los 1990s, expandiendo la cubierta de vuelo y los hangares para recibir y operar dos helicópteros Sea King con misiles Exocet AM39, y un upgrade de los sistemas electrónicos; participando la estatal argentina INVAP en más reingeniería. Y, comisionado al Comando Naval Anfibio, operando como «transporte multipropósito rápido», y su nuevo indicativo permanente B-52.6 Su rediseño significó pasar a ser un transporte rápido de desembarco de tropas. Actualmente se han reconvertido los espacios ganados en sollados para transporte de tropas de IM. Fueron retirados ambos domos de los viejos radares 909 y el lanzador de Sea Dart de proa. La unidad cuenta con un Sistema Automatizado de Comando y Control (SITACC) desarrollado íntegramente en Argentina por el SIAG-2006. Estos cambios permitieron sumar además un CIC para el Estado Mayor del KFD cuando está embarcado y colocar un total de ocho camas exteriores para el trincado seguro de Botes MK V de la IM embarcada. Los portones del hangar volvieron a ser recorridos y modificados por INVAP operando en la actualidad sin mayores inconvenientes. Los misiles superficie-aire RBS-70 cuentan en cubierta a popa con una plataforma elevada con comunicaciones internas en donde son preinstalados en cada navegación de adiestramiento en donde se prevé algún ejercicio de lanzamiento.
Radiado
La unidad se hallaba en condición de reserva desde 2013. Fue pasada a la condición de radiado el 22 de marzo de 2024 y después procedió el arriado final del pabellón en Puerto Belgrano el 20 de junio de 2024. Queda aguardando su destino final.
Características
Originales
- Motores: 2 Turbinas a gas Olympus TM38, 50 000 HP. 2 Turbinas a gas Tyne RM1A, 9900 HP. - 2 hélices.
- Colores: casco y puente con los cañones lanzadores, domos, parte inferior de mástiles, cubierta y demás en "gris almirantazgo mate"; obra viva antióxido rojo; línea de flotación, topes de mástiles y chimenea "negro mate"; cubierta de vuelo, circunferencia blanca, número blanco con sombra negra.
- Generales: gemelo al destruido y hundido (en 53°04′S 56°56′O) HMS Sheffield, desplazamiento estándar de 3150 t, máximo 4100 t a plena carga; eslora entre perpendiculares: 119,50 m; manga 14,63 m; calado máximo: 6,8 m; planta propulsora: sistema cogog dos turbinas a gas Rolls Royce Olympus MM3B con una potencia de 54 900 HP para máxima velocidad; dos turbinas a gas Rolls Royce Tyne con 8200 HP para velocidad crucero; tripulación: 300/312 hombres.
Añadidas en la reconversión
La cubierta de despegue en voladiza y las fenestraciones de la popa, permiten el despliegue o extracción rápidos de botes "gomones" para tropas especiales. La nave puede llevar 238 infantes de marina plenamente equipados, sin merma de su velocidad máxima de 30 nudos. INVAP rehízo el sistema de cierre del hangar aéreo de esta nave, así como algunas modificaciones del área de popa. El cierre es accionado electromecánica y manualmente, con abertura mínima en cada banda de 6,2 m de ancho y 5,4 m de altura libres; estanco a intemperie y a radiación lumínica hacia el exterior. La velocidad mínima de apertura o cierre es de 10 cm/s y un tiempo máximo de apertura en modo manual de 5 min, bajo condiciones de rolido, cabeceo, escora permanente del buque y presión de viento extrema (inclinación lateral hasta 30°, inclinación frontal 10º, simultáneos). La unidad también cuenta con una capacidad ampliada en su alojamiento para el transporte de una Compañía reforzada de Infantería de Marina, posee un local de operaciones separado para el Estado Mayor de IM embarcado y dos aulas equipadas. Sus dos radomos 909 y su lanzador Sea Dart fueron retirados equipando su cubierta con camas metálicas y malacates eléctricos para el transporte de Botes de Desembarco MK-V y una bodega para el alojamiento de material.
Electrónica
Navegación
- 2 Sistemas de GPS, integrados al sistema con cartografía digital y con representación cartográfica tanto en el puente de comando como en la cubierta de operaciones (CIC), mediante pantallas LCD,
- 1 Corredera Digital,
- 1 Sonda Ecoica,
- 3 Equipos VHF para la seguridad náutica.
Sistema de Comando y Asesoramiento
- Sistema de Comando y Asesoramiento - SITAC 2006
- Consolas integradas con entorno visual.
- Diseñado e instalado en el país (SIAG - Puerto Belgrano 2006)
Comunicaciones
- Equipos de HF - UHF y VHF (Banda Baja)
- Enlace de Datos - LINK ARA.
Radares
- Búsqueda Aire Lejana - Marconi 965 (IFF).
- Búsqueda Superficie - Marconi 992.
- Control Helicópteros Kelvin Hughes 1006.
- Navegación DECCA 1229.
viernes, 27 de febrero de 2026
domingo, 22 de febrero de 2026
sábado, 21 de febrero de 2026
miércoles, 18 de febrero de 2026
Estrategia naval: La guerra de maniobras en el mar
Guerra de Maniobras en el Mar
Por el Comandante Robert J. Kelsey, USN
Septiembre de 1982
Actas
Vol. 108/9/955 || USNI
En el conflicto entre el Reino Unido y Argentina por las Islas Malvinas, la estrategia y las operaciones de la Royal Navy constituyen un excelente ejemplo de una doctrina naval orientada a la maniobra. Si bien tuvo éxito en el Atlántico Sur y fue muy popular entre los estrategas de salón y los reformistas militares, el lugar de la guerra de maniobras en la Armada de los Estados Unidos —si es que lo tiene— aún está por definirse.
Atraídos por una visión de la historia que ofrece numerosos ejemplos de campañas terrestres victoriosas por parte de ejércitos más pequeños y presumiblemente más económicos, un número creciente de influyentes críticos de la defensa abogan por una doctrina de combate orientada a la guerra de maniobras.¹ Algunos críticos han expresado su preocupación de que, dado que el poder militar estadounidense ya no es supremo, la doctrina cultivada en torno a la "guerra de desgaste" ya no es realista. Abrumar a los soviéticos en hombres, material y sistemas de armas no es asequible en términos de recursos ni de costos sociales. Además, muchos analistas de defensa argumentan que parece que se gasta más para una menor capacidad. Los temores se intensifican ante la evaluación de que la disuasión se está viendo socavada y de que “si la guerra llegara mañana, Estados Unidos perdería”.
La mayor parte de la atención dedicada al debate doctrinal se ha centrado en la batalla terrestre en Europa. Pero ahora que la Armada estadounidense ya no tiene un margen claro de superioridad, la estrategia naval se ha incluido en este debate doctrinal. ¿Qué son las guerras de desgaste y de maniobra? ¿Tiene alguno de estos conceptos relevancia para la doctrina naval? ¿Es la doctrina orientada a la maniobra un camino hacia la superioridad naval?
Guerra de Desgaste: El Dr. Edward Luttwak, investigador principal en estudios estratégicos del CSIS de la Universidad de Georgetown, describe la guerra de desgaste como “en la que las decisiones importantes de mando son, de hecho, decisiones logísticas... El enemigo es tratado como un mero inventario de objetivos y la guerra consiste en reunir recursos superiores para destruir sus fuerzas mediante la potencia de fuego y el peso del material”. El objetivo es destruir la voluntad de lucha del enemigo destruyendo directamente sus medios. La esencia de la guerra de desgaste reside en crear y explotar:
- Poder destructivo
- Protección para minimizar la destrucción sufrida por el poder enemigo
Movilidad para concentrar rápidamente el poder destructivo o evitar el poder enemigo.4
' La doctrina puede resumirse como fuerza contra fuerza. El resultado, según los críticos, es una destrucción generalizada como base para romper el frente enemigo y, en la guerra terrestre, para apoderarse y mantener objetivos terrestres. En la guerra de desgaste, las tasas de intercambio y la capacidad residual se convierten en indicadores de éxito.
La guerra de trincheras de la Primera Guerra Mundial es un ejemplo definitivo de guerra de desgaste pura. Las acciones ofensivas se llevaron a cabo en frentes amplios contra puntos de fuerte resistencia. Las defensas se organizaron en profundidad mediante cinturones sucesivos de terreno fortificado. El resultado fue el estancamiento y un enorme gasto de recursos, ya que los avances se realizaban por rutas de resistencia reforzada. Enormes ejércitos, una potencia de fuego concentrada y enormes necesidades logísticas, respaldadas por una red de defensas, suprimieron la movilidad y la sorpresa. El éxito en la Primera Guerra Mundial dependió directamente de la cantidad de recursos disponibles y de la capacidad para aprovecharlos.
La Segunda Guerra Mundial también tuvo ejemplos de guerra de desgaste. De hecho, a menudo se argumenta que el éxito de los Aliados dependió directamente del poderío industrial (capacidad de producción y base tecnológica) de Estados Unidos. Para Sample, el éxito en la campaña del Atlántico se medía por el número de hombres y la cantidad de armas y suministros que llegaban a Europa. Sin embargo, el mejor ejemplo de guerra de desgaste fue la campaña rusa; la inmensidad de los recursos militares comprometidos en la guerra en Occidente y las pérdidas sufridas palidecen en comparación con las invertidas en el Frente Oriental. Si se contara con el tiempo suficiente para movilizarse hoy, Estados Unidos probablemente podría alcanzar la producción industrial necesaria para apoyar la doctrina de desgaste contra la Unión Soviética. Sin embargo, la aceptación de las pérdidas resultantes sería otra cuestión. ^ Crítica de la doctrina y los modelos de desgaste: La masacre asociada con la guerra de desgaste moderna es a menudo la principal crítica a la doctrina de desgaste, "las enormes pérdidas que se sufrirán son el resultado de problemas doctrinales que la tecnología moderna amplifica.
Según el coronel John Boyd, de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos (retirado), un defensor de la guerra de maniobras, el concepto de guerra de desgaste concuerda con la doctrina Clausewitziana y sufre algunos de los mismos problemas que esta. La estrategia de guerra de Karl von Clausewitz consistía en “dejar al enemigo impotente” mediante: * Agotarlo influenciándolo para que aumentara su esfuerzo
► Buscar “centros de gravedad” (puntos de los que dependen todo poder y movimiento) y, de ser posible, reducirlos a uno solo
► Concentrar todo el esfuerzo contra esos centros en la menor cantidad de acciones posible
► Subordinar todas las acciones secundarias al máximo
► Moverse con la máxima velocidad
► Buscar la batalla decisiva (con superioridad numérica y de condiciones) que prometa la victoria.5
El coronel Boyd critica esta estrategia por sobreenfatizar la “batalla decisiva” y subestimar la maniobra estratégica. Si bien Clausewitz agotaría al adversario influenciándolo para que aumentara su esfuerzo, su estrategia ignora la idea de paralizarlo negándole la oportunidad de esforzarse. Clausewitz concluyó que, dado que “un centro de gravedad siempre se encuentra donde la masa se concentra con mayor densidad... este es el lugar donde debe concentrarse la fuerza y donde debe tomarse la decisión. Este enfoque en los puntos fuertes del adversario ignora la posibilidad de que existan centros de gravedad vulnerables. También ignora la idea de generar muchos centros de gravedad no cooperativos atacando las conexiones vulnerables, pero críticas, que permiten su existencia.
La estrategia y la doctrina de desgaste de Clausewitz también enfatizan el método y la rutina a nivel táctico. A Clausewitz le preocupaba reducir la "niebla" (incertidumbre) y la "fricción" (interacción de muchos factores que impiden la actividad) de la guerra. Sin embargo, no abordó suficientemente la idea de magnificar la niebla y la fricción del adversario.
Clausewitz, sin embargo, consideraba la fricción como el factor central que distinguía la guerra real de los análisis teóricos. La existencia de fricción significaba que la guerra no es un proceso determinista: "ninguna otra actividad está tan continua o universalmente ligada al azar". En contraste, el análisis de campañas, que enfatiza las tasas de intercambio (doctrina de desgaste), considera la guerra como una interacción inanimada entre fuerzas mecánicas que actúan y reaccionan de forma predecible: letalidad precisa, capacidad de supervivencia y patrones de interacción en combate. El tamaño inicial de las fuerzas opuestas y la letalidad de sus armas determinan el resultado.
La utilidad de los modelos de desgaste se ve limitada por los elementos impredecibles, y por lo tanto no cuantificables, del comportamiento humano y el azar. Se ignora el impacto de la sorpresa, la confusión, la ambigüedad y el miedo. Algunos críticos advierten sobre la influencia que estos modelos tienen en nuestras percepciones y decisiones. Las armas de creciente complejidad y costo pueden justificarse fácilmente prediciendo una alta letalidad y capacidad de supervivencia.
Aparte de sus deficiencias, la doctrina de desgaste puede mejorar la disuasión. Si existen fuerzas suficientes para apoyar con éxito la guerra de desgaste, se percibe la capacidad de infligir un costo inaceptable al adversario, independientemente de la ineficiencia con la que se emplee dicha capacidad. Sin embargo, sin fuerzas suficientes, la disuasión pierde credibilidad; El resultado, según el análisis de la campaña, es desfavorable.
Guerra de Maniobras: Para algunos, la guerra de maniobras consiste simplemente en acciones de flanqueo que afectan a un adversario en un punto donde no está desplegado de forma óptima. Luego, mientras el enemigo maniobra para responder, se aplica una presión abrumadora a elementos sucesivos de su fuerza hasta su destrucción. El "cruce de la línea" y la destrucción de la flota francesa por Nelson en Trafalgar se suelen mencionar como dos ejemplos navales.7 Sin embargo, esto es solo una táctica de maniobra para aumentar la capacidad de desgaste. La guerra de maniobras es más que maniobrabilidad. Implica maniobrar al enemigo en lugar de simplemente maniobrar hacia él.
El objetivo de la guerra de maniobras, según el coronel Boyd, es "generar muchos centros de gravedad no cooperativos y magnificar la fricción del adversario (tanto mental como física) como base para romper la cohesión, producir parálisis y provocar su colapso".8 Su doctrina de maniobras se basa en la capacidad de crear, explotar y magnificar la ambigüedad. Ambivalencia, engaño, maniobras rápidas y transitorias, y fuerza contra aquellas características que permiten a una organización existir como entidad bélica. La ambigüedad, la ambivalencia, el engaño y la movilidad se utilizan para generar sorpresa y conmoción. La potencia de fuego y el movimiento se emplean para desviar la atención del adversario y drenar su fuerza, con el fin de exponer, amenazar y explotar vulnerabilidades o debilidades en otras áreas. El objetivo es la parálisis, no la aniquilación.
La guerra de maniobras se centra en la organización del adversario en su conjunto (el hombre y la máquina) y su capacidad para conducir la guerra en de la capacidad de enfrentamiento directo, como en la guerra de desgaste. El impacto y la sorpresa son cruciales. El concepto del Coronel Boyd enfatiza la capacidad de “operar dentro de los circuitos de observación-orientación-decisión-acción del adversario... para crear una maraña de eventos amenazantes, así como generar repetidamente desajustes entre los eventos que el adversario observa o anticipa, y aquellos a los que debe reaccionar para sobrevivir”. De este modo, el adversario se ve empujado más allá de su capacidad de adaptación o resistencia; no puede adivinar sus verdaderas intenciones ni concentrar sus esfuerzos en afrontar el diseño estratégico en desarrollo o la maniobra decisiva relacionada, ya que lo paraliza y lo fragmenta. Los indicios de éxito tienden a…
Como el principal defensor de la guerra de maniobras, el Coronel retirado John Boyd, de la Fuerza Aérea de EE. UU., ofrece una alternativa a la mentalidad de matadero de la guerra de desgaste.
Ser cualitativos y estar relacionados con la aparición generalizada de confusión y desorden, frecuentes envolvimientos, altos números de prisioneros o cualquier otro fenómeno que sugiera incapacidad para adaptarse al cambio.
En la historia de la guerra terrestre, una hábil estrategia de maniobra ha superado con frecuencia la superioridad numérica. Las blitzkriegs alemanas de la Segunda Guerra Mundial y el cerco israelí del Tercer Ejército egipcio en la guerra árabe-israelí de 1973 son ejemplos modernos.
Una crítica de la maniobra Doetrine: La guerra de maniobras es una estrategia teóricamente de bajo costo y alta rentabilidad; pero, si falla, la inferioridad en combate puede magnificarse. Si la maniobra se estanca, no se desvía la atención suficiente o los centros de gravedad resultan más resistentes de lo previsto, el resultado es desgaste sin el beneficio de la defensa contra el desgaste; en otras palabras, ¡una derrota!
Dado que la doctrina de maniobras es a la vez de alta rentabilidad y alto riesgo, su efecto sobre la disuasión también es incierto. Si un adversario no está seguro de su capacidad para proteger sus puntos débiles o contrarrestar la ambigüedad, la ambivalencia y el engaño de una pequeña fuerza estructurada para la maniobra, la disuasión se ve reforzada. Sin embargo, si un adversario considera que su vigilancia y cohesión son suficientemente fiables y duraderas, la disuasión puede verse debilitada por la doctrina de la maniobra. En la vida real, esta última percepción suele ser válida. De hecho, el concepto de maniobra parece asumir que el adversario sobreestima sus capacidades.
La guerra en el mar no es tan clara.
Una postura defensiva basada en la maniobra debe permitir la pérdida inicial de territorio, a la vez que desvía la atención del adversario y contrarresta su fuerza, de modo que el esfuerzo principal pueda centrarse en su debilidad. Sin embargo, las limitaciones políticas de una alianza defensiva pueden contradecir esta doctrina. Especialmente si la pérdida de territorio es segura y el éxito no lo es, aceptar la pérdida inicial de territorio aliado puede socavar la solidaridad de la alianza.
Medir la demanda de fuerzas requerida para apoyar la estrategia de maniobra puede conllevar otro riesgo. La doctrina de maniobra enfatiza los efectos cualitativos de la guerra, que son difíciles de medir en los análisis de campaña. La programación de recursos para que coincida con la estrategia depende más directamente del juicio subjetivo. En una situación política en la que los recursos son limitados y las demandas sociales en pugna complican la capacidad de hacer frente a la amenaza militar, pueden emitirse juicios excesivamente pragmáticos, lo que resulta en un aumento de la fuerza que, en el crisol de la guerra, no apoya ni la guerra de maniobra ni la guerra de desgaste.
Si bien estas críticas a la doctrina de maniobra son generalmente reconocidas, el concepto estrecho del coronel Boyd tiene limitaciones aún mayores. La destrucción de la capacidad de organización de un adversario podría resultar de acciones que no dependen de la generación de ambivalencia, ambivalencia y engaño para aumentar la fricción. Por ejemplo, la decisión española de configurar la Armada para batallas de infantería en el mar (castillos y toldillas con cañones de corto alcance para que las tropas embarcadas pudieran disparar contra los barcos enemigos una vez atracados) condujo a su desaparición. Los ingleses contrarrestaron este plan no atracando y alejándose con cañones de largo alcance. La incapacidad española para enfrentarse a los ingleses en su modo de combate preferido los obligó a tomar la fatídica decisión de evadir a la flota inglesa navegando hacia el norte. Otra limitación es que la oportunidad de generar muchos centros de gravedad no cooperativos, al "atacar" enlaces vulnerables, podría no ser siempre posible. Además, muchos centros de gravedad se encuentran donde la masa está concentrada (aunque tal vez no todos, concluyó Clausewitz). Fuerza contra fuerza puede ser la única opción. De hecho, si se puede cubrir un solo nodo del que dependen todo el poder y el movimiento, su destrucción puede requerir menos esfuerzo y causar una mayor parálisis.10
Doctrina de Maniobras y Guerra Naval: La guerra de maniobras a menudo es sinónimo de guerra aérea anfibia. Inchon en la Guerra de Corea es un ejemplo.
El mar se utilizó como una "extensión de tierra" para eludir la fuerza y atacar la debilidad en un punto inesperado, mientras que la atención del adversario se desviaba a otra parte. Sin embargo, más allá de la guerra anfibia, la aplicación de...
El concepto de guerra de maniobras
Algunos aspectos de la doctrina reformista orientada a las maniobras son elementos integrales de los principios actuales de la guerra naval. La ambigüedad, la ambivalencia y el engaño facilitan la aplicación de los principios de masa, ofensiva, sorpresa y economía de fuerza. Los centros de gravedad pueden volverse menos cooperativos, y la fricción y la confusión pueden aumentar. Sin embargo, a nivel táctico, la parálisis puede ser, como mucho, temporal. En última instancia, es necesario aplicar fuerza destructiva sobre plataformas individuales para destruir la capacidad de funcionamiento del grupo.
Existen básicamente cinco razones por las que la guerra de maniobras no se aplica plenamente a una batalla naval:
► Las plataformas navales son centros de gravedad relativamente independientes. Destruir los vínculos entre ellas puede degradar la eficacia de la fuerza mediante la pérdida de apoyo mutuo, pero no puede destruir su capacidad individual de existir o funcionar para el enfrentamiento.
► La cohesión de la unidad no es tan frágil. Los requisitos para la cohesión son menores y las condiciones que la fomentan son mayores a bordo de un buque que en una unidad militar en tierra.
► La fuerza y la debilidad están esencialmente coubicadas. Las defensas no están tan fijadas a un frente geográfico como en una batalla terrestre; las defensas abarcan más todos los aspectos. No necesariamente existen rutas de menor resistencia.
► Un enfrentamiento naval es más variable que una batalla terrestre alineada a lo largo de un frente geográfico. Los grupos navales no están "atados" a proteger territorio mientras avanzan para obtener más. El envolvimiento no ofrece la misma ventaja decisiva.
► El objetivo del enfrentamiento naval no es ocupar, sino controlar territorio. El éxito se alcanza cuando el adversario se hunde o se retira.
■ Desde una perspectiva más amplia, más allá del nivel táctico, la guerra de maniobras, tal como la definió el coronel Boyd, puede tener alguna aplicación en la doctrina naval. Dentro de un teatro de operaciones, cada grupo naval depende, en cierta medida, de diversas conexiones externas, por ejemplo, mando y control, vigilancia y logística. Cada vínculo es potencialmente vulnerable a la captura o destrucción. Si la pérdida de uno o varios de estos enlaces anula la utilidad de un grupo naval temporalmente, existe la oportunidad de una guerra de maniobras. Esta oportunidad es aún más realista si el adversario tiende al control altamente centralizado y a la guerra de desgaste, como en el caso de la Unión Soviética.
La atención se centra en el poder naval del adversario en su conjunto en un teatro de operaciones: «la organización». Si al crear ambigüedad, ambivalencia y engaño, se produce un despliegue inadecuado, y si al atacar inesperadamente los enlaces se crean centros de gravedad no cooperativos y se magnifica la fricción, la cohesión de la organización puede verse afectada y producirse una parálisis. El comandante del teatro de operaciones soviético y sus superiores pueden verse forzados a superar su capacidad de adaptación o resistencia, de modo que no puedan percibir ni concentrar sus fuerzas a tiempo para afrontar el ataque decisivo. Sin embargo, la aplicación de la guerra de maniobras sería más amplia si el concepto fuera más sólido.
La historia de la guerra contiene numerosos ejemplos tanto de desgaste como de maniobras. Sin embargo, muchas batallas y campañas no encajan perfectamente en ninguna de las dos definiciones. De hecho, algunas batallas solo pueden analizarse, en lo que respecta a la doctrina, desde una perspectiva histórica: un bando emplea una táctica y el otro responde. El resultado se definirá como guerra de maniobras o de desgaste, dependiendo de la respuesta. ¿Paraliza la táctica al enemigo o la batalla tuvo que llevarse a cabo hasta su destrucción total?
La distinción entre maniobra y desgaste. El debate sobre la doctrina se ha llevado a cabo de tal manera que implica que los conceptos de desgaste y maniobra son mutuamente excluyentes. Tal como se definen —uno busca la parálisis y el otro la destrucción—, lo son. Pero la guerra no es tan fácil de distinguir.
|'0n ■ Además, los tipos de guerra pueden ser ambos. La destrucción de la Ruta Ho Chi Minh fue de desgaste, pero la campaña submarina del Pacífico contra las líneas de comunicación marítimas japonesas fue de maniobra estratégica. ¿Qué es la guerra de minas? Para tener éxito, la doctrina debe ser lo suficientemente robusta como para incorporar todas las afiliaciones: paralizar al enemigo cuando la opción está disponible o destruirlo cuando no lo está.
Mientras que el desgaste busca quebrar al adversario por agotamiento, influyéndolo para que aumente su esfuerzo (es decir, desgastarlo), la maniobra busca quebrar al adversario negándole la oportunidad de esforzarse (es decir, controlarlo). La distinción radica en la intención. En otras palabras, la doctrina a la que se aplica se basa más en cómo se utilizan las fuerzas que en cómo se construyen. Si, por ejemplo, se utilizan minas para ralentizar a un adversario o para concentrar o bloquear su movimiento con el fin de lograr superioridad, la guerra de minas es maniobra. Si se colocan minas para desgastar al enemigo, es desgaste. En el primer caso, la guerra de minas es un medio; en el segundo, un fin.
La doctrina naval está mejor diseñada para alcanzar las capacidades de combate necesarias.
Es posible explotar una estrategia que busca negar al adversario la oportunidad de desplegar esfuerzos, un concepto más sólido que la doctrina de maniobra, definida de forma estricta. Para lograrlo, primero debemos ser capaces de derrotar a la armada enemiga. Podemos derrotarla conteniéndola, controlándola o seduciéndola, según la evolución de la situación. La capacidad de controlar el uso de las fuerzas navales por parte del adversario implica un concepto más amplio de maniobra: generar centros de gravedad no cooperativos, aumentar su fricción, atacar sus planes y alianzas o destruir su nodo clave. Pero, cuando sea necesario, debemos ser capaces de aplicar el esfuerzo necesario para destruir al adversario. Al contar con una armada lo suficientemente flexible como para emplear la mejor opción o una combinación de las anteriores, la disuasión se ve enormemente mejorada. Para respaldar este concepto más amplio de combate, se requiere una fuerza que posea las características inherentes hoy en día a los combatientes navales; por ejemplo, flexibilidad, movilidad, capacidad de reconocimiento, movimientos de contención, ataque y fuga, y concentración de potencia masiva. Sobre todo, la capacidad de negar al adversario la vigilancia suficiente es clave.
Comparar la guerra de desgaste con la guerra de maniobras puede parecer análogo a comparar a un "golpeador cuerpo a cuerpo" con un boxeador que "flota como una mariposa pero pica como una abeja". Mientras el bateador defiende con la izquierda, golpea con la derecha. El boxeador, por otro lado, baila y lanza golpes para confundir y derribar a su oponente; cuando baja la guardia, ensangrenta a su adversario con un golpe punzante. Pero sin un golpe de nocaut, ni todas las maniobras flotantes y punzantes del mundo pueden lograr un final rápido. El bateador puede desgastar a su oponente, pero no puede estar seguro de que su voluntad se doblegue; debe confiar en los puntos para ganar.
La guerra no se decide por puntos; esto es clave para un concepto más amplio de guerra de maniobras, especialmente a nivel táctico. Pocos comandantes en la historia se han rendido sin algunos golpes de nocaut. La maniobra es un medio para optimizar la economía de fuerza y masa; es un método para lograr la superioridad en combate sobre una fuerza total mayor. Pero esa fuerza menor debe ser capaz de desplegar el golpe decisivo, que puede implicar fuerza contra fuerza localizada. La guerra de maniobras puede implicar cierta aniquilación; La parálisis generada crea un entorno para destruir eficazmente los medios del adversario.
Doctrina Naval y el Futuro: Si bien nuestra doctrina naval actual no se limita a los conceptos estrechos de desgaste o maniobra, como defienden algunos críticos, tenemos la flexibilidad inherente de emplear fuerzas en apoyo de cualquiera de los dos conceptos. Sin embargo, cabe destacar que, dado que la "prueba de fuego" de la doctrina de maniobra frente a la de desgaste es la intención, el tipo de fuerzas involucradas no es la clave. En una situación, una fuerza que utiliza la doctrina de maniobra podría consistir en un solo submarino. En otra, una plataforma espacial podría ser el elemento central. En otra, podría ser una fuerza de múltiples grupos de combate. Obviamente, la composición adecuada de la fuerza depende de la naturaleza del centro o centros de gravedad a los que se opone. Sin embargo, estructurar una Armada para que se ajuste a una doctrina demasiado estrecha puede ser peligroso.
Mantener las características necesarias para sustentar un concepto amplio de guerra requiere atención continua. Una visión razonada del futuro indica que el énfasis actual en nuevas ideas, además del aumento de los niveles de fuerza, garantizará que la Armada mantenga su capacidad para sustentar una doctrina de guerra flexible. Algunas de las Los conceptos que ahora se están enfatizando incluyen:
► Una distribución más amplia del poder ofensivo, incluyendo una amplia adaptación de misiles de crucero y tecnologías de seguimiento.
► Un sistema coordinado e integrado de vigilancia aérea y oceánica que incorpora una gama de plataformas, vehículos y sensores.
► Un uso ampliado de la guerra electrónica ofensiva y defensiva, con mayor énfasis en mecanismos de destrucción suave.
► Una integración de las capacidades espaciales en los futuros conceptos de guerra naval.
► Innovación en el diseño de futuras plataformas que incluya una evaluación rigurosa de las formas avanzadas del casco, la estructura de las aeronaves y los sistemas de propulsión para encontrar maneras de mejorar el uso de los sistemas de armas.
Estas son solo algunas de las innovaciones que se encuentran en evaluación continua por parte de organizaciones como el Grupo de Planificación de Largo Alcance del CNO. La evolución siempre ha sido un sello distintivo de la Armada, y mantener una Armada capaz de apoyar una doctrina de maniobra amplia es un objetivo a largo plazo.
Conclusión: La guerra de maniobras es la estrategia clásica de las fuerzas terrestres pequeñas y exitosas, por lo que resulta atractiva para algunos críticos de la defensa. Como utilización eficiente de la capacidad de combate, puede ser una fortaleza naval. Pero también es una Una estrategia de alto riesgo que, si no tiene éxito, puede conducir al desastre total. La disuasión y una estrategia de guerra basada únicamente en un concepto limitado de maniobra pueden no ser compatibles. Además, podría convertirse en una excusa para renunciar a recuperar un margen claro de superioridad naval (o incluso en el mantenimiento de la paridad), si se acepta solo por sus aspectos positivos, ignorando sus defectos. Los riesgos son aún mayores si el concepto de maniobra es demasiado limitado.
Para tener éxito, la doctrina debe ser lo suficientemente robusta como para incorporar todas las situaciones: paralizar al enemigo cuando la opción esté disponible o destruirlo cuando no lo esté.
Al contar con una Armada lo suficientemente flexible como para emplear un concepto amplio de guerra, se mejorará la disuasión. La Armada no requiere una nueva estructura de fuerza radical, ni debe abandonar su visión de futuro. El riesgo que debemos evitar es el que se genera al adquirir o adaptar fuerzas para que se ajusten a una doctrina demasiado limitada, tal como lo hizo la Armada Española hace cuatro siglos.
La mayoría de estos críticos se autodenominan miembros del "Grupo Reformista".
Congresista Newt Gingrich. "Debemos afrontar el desafío soviético". 11 de septiembre de 1981. Registro del Congreso. Representantes del 97.º Congreso, Cámara de Representantes.
Dr. Edward N. Luttwak. “El estilo estadounidense de guerra y el equilibrio militar”. Air Force Journal. Agosto de 1980.
Coronel John Boyd, USAF (retirado), en su informe sobre “Patrones de conflicto”. Boyd se ha convertido en uno de los teóricos militares del Grupo Reformista. Vincular a Clausewitz con el concepto de desgaste puede parecer un ejemplo de grave error de interpretación. Clausewitz evitó las doctrinas que pretenden proporcionar un manual de acción: es útil tener presentes los principios como apoyo, pero no deben aplicarse dogmáticamente. Sin embargo, algunos estudiosos de Clausewitz han practicado la guerra de desgaste (así como la de maniobra). Además, Clausewitz estableció un precepto fundamental: “unidad de concepción, concentración de objetivo y fuerza”. Su preferencia por un único ataque concentrado es clara. Dado que Clausewitz solo consideraba los centros de gravedad al más alto nivel, es decir, el Ejército, la Capital o un aliado principal, esta crítica podría ser un poco injusta. Sin embargo, a un nivel táctico más limitado, los centros de gravedad también existen dentro de un ejército y sus subordinados.
Comandante Linton Wells II, USN. "Maniobra en la Guerra Naval". Actas, diciembre de 1980.
Coronel John Boyd. "Patrones de Conflicto".
Ibíd.
Clausewitz observó que si se destruía el centro de gravedad, otras "acciones" eran un desperdicio.
El Comandante Kelsey recibió su comisión a través del programa regular del NROTC, tras graduarse de la Universidad de Oklahoma en 1967. Como becario del CNO, obtuvo su maestría en artes en el New College de Oxford en 1976. Sus períodos de servicio incluyen tres escuadrones de aviación de ataque ligero (VA-23, VA-146 y VA-105), el Escuadrón de Pruebas y Evaluación Aéreas Cinco (VX-5) y el cuerpo docente militar de la Universidad de Defensa Nacional. Actualmente se desempeña como planificador político-militar en el Grupo de Planificación de Largo Alcance (OP-OOX) del CNO.
Maniobras en las Malvinas
Por el Comandante Robert J. Kelsey, Armada de los EE. UU.
Si bien la campaña militar en las Malvinas ofrece mucho que estudiar sobre las tecnologías de guerra y la futura utilidad de las armadas de superficie, también ofrece un buen contraste en las doctrinas de guerra de maniobra y desgaste, que son centrales en el debate generado por el "grupo parlamentario de reforma militar" del Congreso. La estrategia y las operaciones británicas constituyen un excelente ejemplo de una doctrina naval orientada a la maniobra. También ilustran algunas de las deficiencias de la guerra de maniobras.
La estrategia argentina, por otro lado, parece haber sido básicamente de desgaste.
Una doctrina naval orientada a la guerra de maniobras, pero que también es suficientemente robusta cuando la maniobra no es apropiada, busca destruir la voluntad del adversario negándole la oportunidad de esforzarse. Dependiendo de cómo se desarrolle la situación, negarle al adversario la oportunidad de esforzarse se logra conteniendo, controlando o, cuando sea necesario, destruyendo sus medios. El control se basa en la guerra de maniobras, cuyo objetivo es destruir la capacidad de organización del enemigo. El control se logra generando centros de gravedad no cooperativos (puntos de los que dependen el poder y el movimiento), aumentando la fricción del enemigo, atacando sus planes/alianzas y/o destruyendo su(s) nodo(s) clave.
Cada uno de estos elementos —contener, controlar y destruir— de una doctrina naval orientada a la maniobra está interrelacionado. La capacidad para lograr uno puede depender del éxito de otra. Por lo tanto, relacionar acciones británicas específicas en la campaña de las Malvinas con estos elementos implica una distinción que no existe claramente. Además, la distinción entre la doctrina de desgaste y la de maniobra se basa en la intención. En consecuencia, a menudo es necesario basarse en pruebas circunstanciales para determinar qué concepto operaba en la mente del comandante. Sin embargo, un análisis de la Guerra de las Malvinas es útil para comprender un concepto amplio de maniobra para la guerra.
Contiene: La declaración británica de un límite de 200 millas
domingo, 15 de febrero de 2026
Malvinas: Tácticas de ataque aeronaval y defensa de los dos bandos
Tácticas antibuque de la Armada Argentina vs. Sistemas antiaéreos de la Royal Navy en 1982.
¡Un panorama de lo que se viene en el nuevo libro!Mariano Sciaroni || @MarianoSciaroni

Ni la Armada Argentina ni la Royal Navy se encontraban preparadas para la guerra en el Atlántico Sur. La ARA tenía en mente un conflicto regional contra Chile, la RN un conflicto global en el Atlántico Norte, donde operaría principalmente como fuerza antisubmarina y bajo cobertura OTAN.

El COAN (Comando de Aviación Naval) de la ARA dispuso todos sus medios aeronavales para el combate. Los probados A-4Q Skyhawk (con sus tácticas antibuque ensayadas hace tiempo), los nuevos Super Étendard con sus poderosos Exocet y hasta los Macchi MBB-339 de entrenamiento.

Cada escuadrilla tenía sus tácticas. Los Étendard atacarían a largo alcance y silenciosamente, los A-4Q con sus tácticas de atacar por divisiones, saturar al objetivo y lanzarle bombas frenadas Snakeye. Los Macchi atacarían con cohetes y cañones.


La RN se defendería con una defensa en capas, que los argentinos deberían atravesar para lograr impactar a las unidades capitales. Alerta temprana, radares, misiles de zona, misiles puntuales, guerra electrónica. De todo. Pero mucho de ello pensado para combatir soviéticos.

No hubo demasiado tiempo para adaptaciones. Se combatió como se entrenó. El 4 de mayo el COAN logró el primer golpe aeronaval, impactando al destructor HMS Sheffield con un misil #Exocet Un logro por un lado, pero no se impactó al objetivo deseado, a los portaaviones.

El COAN volvió a combatir el 21.5 en San Carlos. Primero el TN Crippa descubriendo con un Macchi el desembarco y dañando a la Argonaut. Luego los Skyhawk navales, atacando en dos oleadas a la Ardent, que se hundiría. Otra vez, un ataque "de manual".



El COAN volvería a atacar el 23.5 (dañado a la Broadsword en San Carlos) y con los Étendard (sin lanzar). El 25.5 los Étendard, aprovechando puntos ciegos de cobertura radar, lograrían impactar dos misiles al Atlantic Conveyor. No serían sus últimas misiones antibuque.

Ambos bandos combatieron con honor y profesionalismo. Esta es una historia de coraje bajo fuego, en un momento que la tecnología avanzaba, pero en el cual todavía la astucia y la destreza humana podían hacer una diferencia. FIN.

miércoles, 11 de febrero de 2026
Malvinas: Piloto Juan Domingo Bernhardt, la telepatía del hermano gemelo
domingo, 8 de febrero de 2026
Malvinas: El 3 de Oro contraaca en Wireless Ridge
𝗘l contraataque de 𝟯 de Oro
(𝗽𝗮𝗿𝘁𝗲 𝟭)
𝘗𝘰𝘳 𝘦𝘭 𝘛𝘤𝘯𝘭 (𝘙) 𝘝𝘎𝘔 𝘝í𝘤𝘵𝘰𝘳 𝘏𝘶𝘨𝘰 𝘙𝘰𝘥𝘳í𝘨𝘶𝘦𝘻
𝘌𝘭 𝘢𝘶𝘵𝘰𝘳 𝘴𝘦 𝘥𝘦𝘴𝘦𝘮𝘱𝘦ñó 𝘦𝘯 𝘔𝘢𝘭𝘷𝘪𝘯𝘢𝘴 𝘤𝘰𝘮𝘰 𝘛𝘵𝘦 1𝘳𝘰, 𝘑𝘦𝘧𝘦 𝘥𝘦 𝘭𝘢 1𝘳𝘢 𝘚𝘦𝘤𝘤𝘪ó𝘯 𝘥𝘦 𝘭𝘢 𝘊𝘰𝘮𝘱𝘢ñí𝘢 "𝘈" 𝘥𝘦𝘭 𝘙 𝘐 𝘔𝘦𝘤 3 “𝘎𝘳𝘭 𝘉𝘦𝘭𝘨𝘳𝘢𝘯𝘰”, 𝘣𝘢𝘶𝘵𝘪𝘻𝘢𝘥𝘰 𝘦𝘭 “3 𝘥𝘦 𝘖𝘳𝘰” 𝘥𝘶𝘳𝘢𝘯𝘵𝘦 𝘭𝘢 𝘨𝘶𝘦𝘳𝘳𝘢 𝘥𝘦 𝘭𝘢 𝘛𝘳𝘪𝘱𝘭𝘦 𝘈𝘭𝘪𝘢𝘯𝘻𝘢 𝘱𝘰𝘳 𝘭𝘢 𝘱𝘦𝘤𝘩𝘦𝘳𝘢 𝘢𝘮𝘢𝘳𝘪𝘭𝘭𝘢 𝘲𝘶𝘦 𝘤𝘰𝘯𝘧𝘰𝘳𝘮𝘢𝘣𝘢 𝘴𝘶 𝘤𝘩𝘢𝘲𝘶𝘦𝘵𝘢 𝘢𝘻𝘶𝘭.
13 de Junio de 1982, 22:00 hs, cerro Tumbledown mirando al valle del arroyo de Moody Brook, a la izquierda el Longdon; enfrente el Regimiento 7 de Infantería de La Plata estaba recibiendo fuego intensivo desde hacía dos días el 11 y el 12 de Junio, era un infierno, estábamos unos cien metros en altura más arriba que ellos y allá a 5 Kms de distancia; día y noche el enemigo inglés no dejaba un centímetro sin castigar con fuego naval, artillería y morteros; estaba claro que preparaba el ataque sobre las alturas del Regimiento, de vez en cuando nos atendían a nosotros como para avisarnos que se vendrían luego hacia el Tumbledown.
Debajo del Longdon el capitán Soloaga, héroe en la guerra que supo trasladar sus valores sanmartinianos a la paz, “se aferraba como una ostra” a las rocas; ellos ya estaban en combate resistiendo el cañoneo infernal al que eran sometidos día y noche; veíamos como espectadores privilegiados y azorados su resistencia, algunas patrullas se desprendían...; pero para sacar sus muertos y depositarlos en una ambulancia abandonada y empantanada en el medio del Valle y volvían al combate! El solo verlos marchar nuevamente a esa ducha de artillería, conmovía.
Eran las 22 hs del 13 de junio, me llama el Capitán Zunino, jefe de la Compañía A Tacuarí del 3 de Oro, un capitanazo de aquellos para tenerlo de jefe en la guerra; nos convoca al Tte. Dobrovevic Jefe del grupo apoyo, al Tte. Mones Ruiz jefe de la 2da sección de tiradores, al Subte. Aristegui jefe de 3ra sección y a mi que era jefe de la 1ra sección.
“Debemos ir a apoyar al Regimiento 7 que está siendo atacado en aquella altura”.
No conocíamos el terreno sino por las vistas, nunca habíamos hecho un reconocimiento, ya que el día anterior nos habíamos desplegados en Tumbledown abandonando nuestras antiguas posiciones, no estaba previsto nuestro empleo en esa dirección, nos estábamos preparando para sostener nuestra posición contra el ataque que sería al otro día, sobre nuestras posiciones que no eran otras que unas pocas piedras bajas, ya que las palas Tempex que llevamos se rompieron antes de cumplir una semana; eran de aluminio roscado y la presión de la greda las hacía polvo, no teníamos con qué hacer pozos. Equipo.... manta y paño de carpa terciado, solo 5 cargadores. Infrarrojo... uno solo, el del Capitán. Radios, ninguna, sin pilas, sin comunicación con el jefe de compañía ni entre nosotros.
Porque solo teníamos 5 cargadores, entonces ordené llevar munición dentro de medias que uníamos y nos las poníamos sobre el cuello... 
Hablamos con Aristegui, era un cadete de 4to año “comisionado subteniente” para Malvinas, de la misma edad que sus soldados, no obstante siempre un ejemplo. “Aristegui, formemos en cadena Ud. a la derecha yo a la izquierda, salgamos cuanto antes del valle, vamos a atravesarlo a paso firme para llegar a las alturas cuanto antes”. El campo de combate era un infierno, todo rugía, todo era incandescente, el Longdon , el valle, Wirelles Ridge donde estaba el R I 7, Puerto Argentino, el Williams, las trazantes, los lanzacohetes, toda la guerra a pleno, el asalto final a full. Hacha y tiza de los dos lados. Cruzamos el arroyo donde nos mojamos hasta la cintura, nevaba..., frío... no me acuerdo, la adrenalina a mil calentaba nuestros cuerpos.
De pronto observamos desde el valle, que donde debía estar el Regimiento 7 esperándonos, había ingleses allá arriba que estaban tirando con fuego de fusil y de cohetes sobre los ex cuarteles de los Royal Marines; nada entendíamos, sin comunicaciones solo podíamos resolver sin esperar órdenes de nadie.
“Aristegui, arriba está el enemigo tratemos de sorprenderlo, no siga derecho para no chocar, gire a su derecha y ganémosle la altura” luego de esa conversación de combate el joven oficial camina cinco metros y me gritan... "¡el subteniente cayó herido en el cuello!". Corrí hasta el lugar y luego de tocar su cuello ensangrentado escucho que uno de sus hombres le dice... golpeándolo en la mejilla con su palma de la mano... “Vos te portaste muy bien con nosotros pendejo, nosotros te vamos a sacar de acá” y rápidamente se lo llevaron para abajo. 
Hoy es un ejemplar oficial malvinero, el “Nono” Aristegui, que supo ganarse el respeto de sus soldados con solo 19 años, el disparo le atravesó el cuello detrás de la columna vertebral.
El enemigo nos detecta y nos ilumina con bengalas aéreas, todavía estábamos en el valle, con cuarenta hombres de Aristegui y cuarenta míos; advirtiendo que harían fuego de eficacia mandé el asalto sobre sus posiciones que estaban unos cien metros arriba del cerro, en la alturas de Wirelles Ridge.
Segundos después caía sobre el lugar donde estábamos antes una barrera de fuego de artillería de aquellas... No me entraba en la cabeza que mis hombres iban a contraatacar en el medio de esas bombas que conocimos esa misma noche, explotaban cincuenta metros arriba de nuestras cabezas y caían las esquirlas con una ducha encendida para destruir todo lo que tocaban.
¡Al asalto!.... ordené; no había opción para llegar arriba y apoyar al RI 7, que alegría, que emoción ver mis soldados y los de Aristegui con todos los suboficiales a la carrera que llegaban arriba, era increíble verlos al “Cata” Carballo mi estafeta veloz, al “Mono” Paz mi radiooperador sin radio, Aumasane, Izaguirre, “Bombón Díaz”, Juan Fernández, todos soldados porteños impulsados por el amor a la Patria pechando desde el valle la pulseada con los ingleses por ése pedazo de tierra malvinera. Y tenían solo 18 años y hambre y frío y sin comunicaciones, pensar que la prensa amarilla los Llamó “chicos de la guerra”;
sábado, 7 de febrero de 2026
miércoles, 4 de febrero de 2026
jueves, 29 de enero de 2026
miércoles, 28 de enero de 2026
miércoles, 21 de enero de 2026
domingo, 18 de enero de 2026
Malvinas: La ORBAT de la FLOMAR

Guerra de Malvinas: El despliegue de la Flota de Mar— Unidades participantes durante el conflicto del Atlántico Sur
Según informa la Armada Argentina a través de su medio oficial, Gaceta Marinera, la decisión de recuperar las Islas Malvinas para su incorporación definitiva a la soberanía nacional ya había sido tomada. Tras un incidente en el que operarios de una empresa argentina izaron una bandera nacional atada a un remo, el Gobierno Nacional usó este hecho como argumento para interrumpir las negociaciones diplomáticas y lanzar un asalto directo y sorpresivo sobre la capital, Puerto Argentino. El objetivo era generar un impacto político internacional tan fuerte que forzara al Reino Unido a negociar seriamente la soberanía del archipiélago, en línea con las resoluciones de Naciones Unidas.
A la Armada se le asignó la responsabilidad de reconquistar y asegurar Puerto Argentino sin recurrir a la violencia, protegiendo en todo momento la seguridad de las personas, los bienes y los habitantes de la ciudad, en lo que sería conocido históricamente como Operación Rosario.
Así comenzó el despliegue de más de diez buques organizados en diversos grupos de tareas. Durante los 74 días que duró el conflicto, su acción fue esencial, eficaz y heroica.
En la toma de Puerto Argentino, el destructor ARA “Santísima Trinidad” fue pieza clave, ya que sus capacidades permitieron el desembarco de fuerzas especiales durante la Operación Rosario, junto con el submarino ARA “Santa Fe”. El ARA “Santísima Trinidad” fue escoltado por el ARA “Hércules”, que lideró el avance de la fuerza anfibia hacia tierra. Por su parte, los destructores ARA “Domecq García”, ARA “Seguí”, ARA “Bouchard”, ARA “Py” y ARA “Piedrabuena” se encargaron del patrullaje marítimo, vigilando la zona para impedir el paso de unidades enemigas.
En esta misma operación, el portaviones ARA “25 de Mayo” tuvo un rol destacado como buque de control de aeronaves de ataque y supervisión aérea. Gracias a su intervención, la Armada Argentina pudo desplegar eficazmente su GAE (Grupo Aéreo Embarcado), algo que no habría sido posible desde tierra. Por su desempeño, esta unidad recibió la condecoración “Operaciones de Combate”.
El rompehielos ARA “Almirante Irízar” comenzó como puente logístico, transportando tropas y pertrechos junto al buque de desembarco ARA “Cabo San Antonio”. En las etapas más intensas de la guerra, el Almirante Irízar fue transformado en buque hospital, al igual que el buque polar ARA “Bahía Paraíso”. El enorme rompehielos llegó cerca del teatro de operaciones repintado completamente de blanco y con cruces rojas que señalaban su misión sanitaria. Zarpó equipado con más de 200 camas, quirófanos, laboratorios, salas de terapia intensiva, servicios de rayos X, traumatología, unidades para quemados, helicópteros embarcados y decenas de profesionales de la salud.
La División de Corbetas estuvo integrada por las corbetas ARA “Drummond”, ARA “Granville” y ARA “Guerrico”. Las dos primeras formaron parte de la fuerza de tareas anfibia, dando protección y apoyo a las unidades de desembarco el 2 de abril, mientras que la ARA “Guerrico” integró el grupo encargado de recuperar las Islas Georgias del Sur.
Cabe mencionar también que la Prefectura Naval Argentina y la Marina Mercante operaron en los mares del sur cumpliendo múltiples misiones, aportando de manera valiosa al esfuerzo de las fuerzas nacionales.
Finalmente, es imprescindible recordar al crucero ARA “General Belgrano” y al aviso ARA “Alférez Sobral”, que vivieron sus jornadas más trágicas los días 2 y 3 de mayo, respectivamente, cuando las aguas del Atlántico Sur se tiñeron con la sangre de los marinos argentinos, marcando para siempre la memoria de los héroes que regresaron.
sábado, 17 de enero de 2026
Malvinas: Táctica conectada a través del "nivel operacional" con la estrategia
Una abstracción omnipotente: ¿Qué lecciones tiene la Guerra de las Malvinas para el nivel operacional de la guerra?
Steve Hart || The Journal of Military Operations
Tesis central
Steve Hart argumenta que el nivel operacional de la guerra es un concepto confuso y obsoleto, que entorpece la conexión entre estrategia y táctica en lugar de facilitarla. A través del caso de la Guerra de Malvinas, sostiene que la guerra puede ser dirigida eficazmente sin necesidad de establecer un "nivel operacional" como tal.
Crítica al concepto de nivel operacional
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El nivel operacional, según la doctrina británica, busca actuar como un "puente" entre estrategia y táctica.
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Hart critica este concepto, llamándolo una "abstracción omnipotente" que enmascara ambigüedad doctrinal y carece de claridad en la práctica.
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Utiliza la metáfora de Basil Liddell Hart sobre la futilidad de encontrar principios simplificados que luego requieren miles de palabras para explicar.
Origen del concepto
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No proviene del pensamiento soviético, aunque este sí desarrolló el concepto de arte operacional.
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Surge del manual FM100-5 del Ejército de EE.UU. en 1982, como respuesta a la amenaza soviética en Europa, y luego fue adoptado por los británicos.
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Su propósito inicial fue coordinar grandes batallas terrestres, delimitar responsabilidades militares y conectar táctica con estrategia.
🇦🇷 Aplicación al caso de Malvinas
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La campaña de Malvinas no tuvo un "nivel operacional" formal ni doctrinas que lo exigieran, pero sí se practicó exitosamente el arte operacional.
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El comandante británico de mayor nivel, Almirante John Fieldhouse, no operaba con autonomía estratégica. Fue más bien un facilitador entre el liderazgo político y los comandantes tácticos.
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Las decisiones estratégicas influyeron directamente en acciones tácticas (como el ataque a Goose Green), lo que muestra una relación fluida entre estrategia y táctica sin necesidad de una estructura intermedia formalizada.
Lecciones del conflicto
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El éxito estratégico no requiere un nivel operacional. La victoria británica en Malvinas demostró que una conducción clara, sin compartimentalizar la guerra en niveles rígidos, puede ser efectiva.
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La integración entre líderes políticos y militares fue clave. La presencia del Jefe del Estado Mayor Conjunto, Almirante Lewin, en el gabinete de guerra permitió que se entendieran mutuamente las limitaciones tácticas y los objetivos estratégicos.
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El concepto de “niveles de guerra” puede generar irresponsabilidad fragmentada. Al dividir la guerra en niveles autónomos, se corre el riesgo de que nadie tenga responsabilidad completa sobre el resultado global.
Conclusión
Hart concluye que el nivel operacional no es necesario ni deseable para conducir guerras complejas. La Guerra de Malvinas prueba que una comunicación eficaz entre estrategia y táctica, a través de una cadena de mando funcional y no de niveles doctrinales artificiales, es suficiente para alcanzar objetivos estratégicos. El concepto del "nivel operacional" debería ser eliminado de la doctrina británica actual.
Por el operador de cámara: PH2 DIDAS [Dominio público], vía Wikimedia Commons
“La Guerra de las Malvinas muestra algunas características de la guerra moderna que deben tenerse en cuenta en la evolución futura del arte operacional”.[i]
A partir del estudio de caso de la Guerra de las Malvinas, este artículo argumentará que el nivel operacional de la guerra es un concepto confuso que dificulta, en lugar de reforzar, el vínculo entre estrategia y táctica. Si bien el nivel operacional de la guerra pudo haber sido útil para el carácter específico para el que fue diseñado, es hora de que la Doctrina de Defensa Británica lo descarte. En cambio, debería reformular los análisis de la guerra utilizando un marco que acepte la totalidad de la guerra, en lugar de intentar compartimentarla en niveles. El argumento comenzará describiendo cómo el nivel operacional es un concepto mal explicado dentro de la Doctrina de Defensa Británica. A continuación, describirá su propósito y contrastará estas afirmaciones con el caso de la Guerra de las Malvinas.
El nivel operacional cae en una trampa que Basil Liddell hart describió: “La tendencia moderna ha sido buscar principios que puedan expresarse en una sola palabra, y luego necesitar varios miles de palabras para explicarlos… Cuanto más se continúa la búsqueda de tales abstracciones omnipotentes, más parecen un espejismo, ni alcanzable ni útil, excepto como un ejercicio intelectual ”. [ii] Desde el principio, debe trazarse una clara distinción entre el nivel operacional y el arte operacional. El nivel operacional se define en la doctrina militar británica como: “ el nivel de guerra en el que se planifican, conducen y sostienen las campañas y las operaciones principales, dentro de los teatros o áreas de operación, para lograr objetivos estratégicos ”. [iii] Se describe además como proporcionar “…el puente bidireccional entre los niveles estratégico y táctico ”. El arte operacional se define como: “ la orquestación de una campaña, en concierto con otras agencias, involucradas en la conversión de objetivos estratégicos en actividad táctica para lograr un resultado deseado ”. [iv] El arte operacional es la habilidad requerida de los militares, y el nivel operacional es el constructo habilitador.
Estas definiciones sugieren que existe claridad sobre qué es el nivel operacional, cuál es su propósito y cómo debe lograrse. Sin embargo, el nivel operacional de la guerra cae en la trampa de la simplicidad superficial, enmascarando un concepto confuso y contradictorio que es interpretado de forma diferente por distintos grupos. La interpretación doctrinal imprecisa del nivel operacional se ilustra mejor con dos diagramas, ambos extraídos de la Doctrina de Defensa Británica vigente:
Los dos diagramas, aunque comparten el mismo título, muestran una interpretación marcadamente distinta de la relación entre los tres niveles de guerra. La representación en JDP 01 (2011) sugiere que cada uno de los tres niveles de guerra tiene áreas de exclusividad. Es decir, existen esferas de responsabilidad únicas para cada nivel. Por el contrario, JDP 01: Campañas describe la relación de tal manera que no existen áreas de responsabilidad táctica u operativa exclusiva. En cambio, cada nivel de guerra subordinado se encuentra anidado dentro del nivel estratégico. Por lo tanto, la Doctrina de Defensa Británica no presenta una comprensión clara de los niveles de guerra.
El arte operacional y el surgimiento del nivel operacional.
Un nivel operacional definido fue una adición tardía a la publicación de doctrina del Ejército de los EE. UU. FM100-5 publicada en 1982. El propósito original del nivel operacional era posibilitar tres cosas: el comando y control de las batallas terrestres a gran escala previstas para derrotar la amenaza soviética; delinear una esfera de responsabilidad para la profesión de las armas; y posibilitar la conversación entre la táctica y la estrategia.
Dentro de la doctrina militar soviética, el concepto de «arte operacional» se acuñó entre la Primera y la Segunda Guerra Mundial. Para la teoría soviética, el arte operacional consistía en la secuenciación de una serie de batallas que permitían una penetración profunda en la retaguardia enemiga, lo que conducía al cerco y la posterior destrucción física (aniquilación) de la fuerza enemiga. Este concepto doctrinal constituía un esfuerzo por superar el estancamiento evidente en la Primera Guerra Mundial y por aprovechar la maniobra y la movilidad para alcanzar objetivos estratégicos.[v] Para los soviéticos, el arte operacional era el puente entre la táctica y la estrategia. En la concepción soviética, el arte operacional se asociaba con operaciones a gran escala. No existía un «nivel de guerra» que fuera el único responsable de esta función. Si bien el arte operacional es obligatorio, no se requiere construir un «nivel de guerra» para llevar a cabo esta función artística.
Por lo tanto, el nivel operacional no surgió del pensamiento militar soviético. El nivel provino de la doctrina estadounidense y posteriormente fue adoptado por los británicos. La Doctrina Estadounidense FM100-5, donde se codificó por primera vez el nivel operacional, compartimentó las batallas requeridas para contrarrestar el avance y el escalonamiento de las fuerzas soviéticas. Las divisiones, brigadas y batallones tenían la responsabilidad de la "batalla cuerpo a cuerpo" con los primeros escalones soviéticos; mientras que, a nivel de Cuerpo, la artillería orgánica y los recursos aéreos permitirían la prosecución de una "batalla profunda" enfocada contra los escalones posteriores.[vi] La coordinación de esta campaña se lograría a través de un "nivel operacional de guerra". Este fue entonces el propósito central del nivel operacional original, como se describe en el documento original: "en términos simples, es la teoría de operaciones de unidades mayores".[vii] Fue una doctrina diseñada para facilitar las operaciones de la OTAN contra la Unión Soviética en el entorno terrestre europeo.
Otro propósito del nivel operacional era delinear una esfera de responsabilidad para los comandantes militares. Al dividir la guerra en "niveles", cada uno de estos niveles pasa a ser responsabilidad de un grupo diferente de tomadores de decisiones. El nivel estratégico es responsabilidad de los políticos, el nivel operacional es responsabilidad de los generales, almirantes y mariscales aéreos, y el nivel táctico es responsabilidad de los comandantes militares subordinados. Con los errores de Vietnam aún presentes, los redactores de doctrina estadounidenses de principios de la década de 1980 debieron encontrar atractiva la idea de describir una esfera de responsabilidad para las fuerzas armadas que aislara eficazmente las decisiones militares de la "interferencia" política.
Por lo tanto, los niveles de guerra proporcionan un concepto esencial no solo de las responsabilidades de los comandantes , sino también de las que no . Mientras la estrategia, las operaciones y las tácticas se consideren partes separadas de la guerra en su conjunto, no hay responsabilidad por la totalidad de la guerra en ningún nivel. Cada "nivel" está separado del conjunto, pudiendo eludir la responsabilidad de decisiones que exceden su ámbito de responsabilidad. Este concepto de quienes toman las decisiones militares a nivel operativo, escudándose en la estrategia política, tiene resonancia en el contexto contemporáneo. Como dijo el excomandante de las fuerzas estadounidenses en Irak, el general Tommy Franks: «Mantengan a Washington centrado en la política y la estrategia. Déjenme dirigir la guerra en paz».[viii]
La tercera razón para un nivel operacional es vincular la acción táctica con los objetivos estratégicos. El nivel operacional describe una esfera clara de responsabilidad para las fuerzas armadas y crea un puente único entre la actividad militar y la toma de decisiones estratégicas. Esta "conexión" entre la estrategia y la táctica es, por definición, el propósito del arte operacional. Por lo tanto, el nivel operacional es donde se practica el arte operacional. Se argumenta que imponer un "nivel de guerra" entre la táctica y la estrategia facilita la interacción entre ambas. El riesgo es evidente: las victorias tácticas que no se ajustan al propósito son estratégicamente estériles. Esto se demuestra con mayor claridad en la anécdota de un general estadounidense hablando con el comandante del Ejército de Vietnam del Norte: El estadounidense afirma al general Giap que el EVN nunca había derrotado al Ejército de EE. UU. en el campo de batalla. La respuesta del general Giap fue: "Eso es cierto, pero también irrelevante".[ix]
Sin embargo, resulta una extraña presunción exigir un nuevo nivel de guerra para posibilitar la expresión del arte operacional. El ejército funciona, y de hecho siempre ha funcionado, mediante niveles de mando. Cada nivel de mando debe comprender los requisitos de los niveles superiores y, por lo tanto, garantizar una acción coherente en el conjunto. Cabe preguntarse razonablemente en qué etapa un nivel de mando se convierte en un nivel de guerra. Es una arrogancia enorme por parte de cualquier nivel de mando que se arroga tal autoridad que no solo es superior en términos de mando, sino también en términos de combate en un nivel de guerra específico.
El nivel operacional en la Campaña de las Malvinas.
Hay tres propósitos claros para un nivel operacional de guerra: abordar los desafíos de las operaciones terrestres a gran escala; delinear una esfera de responsabilidad militar; y tender un puente entre la táctica y la estrategia. Cada una de estas justificaciones puede refutarse utilizando el caso práctico de la Guerra de las Malvinas. Si bien es indiscutible que las Malvinas constituyen una analogía perfecta para la guerra futura, el conflicto posee características que lo convierten en una alegoría adecuada para el análisis del nivel operacional. Fue un conflicto expedicionario llevado a cabo a miles de kilómetros del Reino Unido, una campaña conjunta que requirió la coordinación de las tres fuerzas armadas y fue un éxito rotundo. Además, se llevó a cabo sin ninguna doctrina que requiriera la imposición de un nivel operacional de guerra; aun así, el arte operacional se practicó con éxito.
Si bien no hubo nivel operativo en la Guerra de las Malvinas, sí existía un "comandante operativo" general. Este comandante era el almirante Sir John Fieldhouse, y la responsabilidad principal de planificar y dirigir la campaña recaía en su cuartel general.[x] Una posible interpretación de este acuerdo es que el mando del almirante Fieldhouse en Northwood era el "nivel operativo" de facto. Sin embargo, el argumento de que el comandante militar de mayor rango es necesariamente un comandante de "nivel operativo" malinterpreta la naturaleza de un nivel de guerra en contraposición a un nivel de mando . El almirante Fieldhouse tenía el mando militar, pero no presidía un "nivel" de guerra con autonomía para la planificación de la campaña y, por lo tanto, el arte operacional. Por encima de él, el liderazgo político británico participaba estrechamente en la planificación y ejecución de la campaña, y por debajo de él, sus comandantes subordinados en el mar y en tierra eran igualmente responsables de la expresión del arte operacional. El almirante Fieldhouse no tenía autonomía sobre la planificación de la campaña: facilitaba el control político-estratégico de la misma; por lo tanto, no hubo "nivel operativo" en la campaña de las Malvinas.
El enemigo argentino al que se enfrentaron los británicos en la campaña de las Malvinas no igualaba ni la escala ni la sofisticación doctrinal de la amenaza soviética. Sin embargo, los británicos aún debían gestionar la escala y la complejidad. Las justificaciones contemporáneas del nivel operacional se han alejado de las justificaciones basadas en la escala y se han acercado a las explicaciones que se apoyan en la complejidad. Sin embargo, la planificación y conducción de la Campaña de las Malvinas demuestra que la gestión de la escala y la complejidad no requiere un "nivel de guerra" independiente: requiere niveles de mando claramente definidos. No se requería un comandante de nivel operacional para que la Fuerza de Tareas británica pudiera contrarrestar la amenaza enemiga o gestionar la escala y la complejidad de la Fuerza de Tareas. De hecho, dicho nivel habría interferido con los sistemas ad hoc establecidos durante la campaña. Tras la campaña, los comandantes militares británicos reflexionaron que un "Comandante de la Fuerza de Tareas Conjunta" desplegado habría ayudado a coordinar las actividades de los distintos elementos. Esto no implica que desearan un nivel operacional, sino un nivel de mando adicional.
Durante la campaña de las Malvinas no hubo una esfera definida de responsabilidad militar exclusiva; de hecho, en ocasiones, el liderazgo estratégico británico dirigió las acciones de aviones, buques y grupos de combate individuales para lograr un objetivo estratégico.[xi] A lo largo de la campaña, la estrategia y la táctica se combinaron libremente, dominando la primera sobre la segunda. Existió una comunicación clara y constante entre táctica y estrategia, libre de la estructura doctrinal de niveles.
El ataque a Goose Green ofrece un claro ejemplo de la fluida relación entre estrategia y táctica en la Campaña de las Malvinas. Max Hastings observó: « Tras cuatro días de malas noticias casi ininterrumpidas, Londres necesitaba una victoria tangible. Si alguna vez hubo una batalla política, esa era Goose Green ».[xii] Londres necesitaba una victoria en tierra poco después de que la fuerza de desembarco desembarcara para reforzar el apoyo popular en el Reino Unido. A nivel táctico, el brigadier Julian Thompson no quería distraerse del objetivo principal de Puerto Stanley librando batallas en sus flancos. Fue, con razón, el propósito estratégico el que prevaleció. Existe cierta confusión sobre quién dio la orden al 3.er Comando de la Brigada para que realizara el ataque. Sin embargo, no cabe duda de que dicha orden reflejó la voluntad del Gabinete de Guerra. A pesar de la resistencia del brigadier Julian Thompson a lanzar el ataque, el hecho de que se le diera esa orden indica que, durante la Campaña de las Malvinas, la acción táctica estaba subordinada a la estrategia y no existía un ámbito de autonomía militar. Es esta naturaleza "libre de niveles" de la guerra la que la doctrina británica moderna debe tratar de imitar.
La tercera razón para la creación de un nivel operativo fue su necesidad de servir de puente entre la táctica y la estrategia. Un análisis superficial del propósito estratégico de la campaña de las Malvinas podría sugerir que el objetivo era recuperar las tierras conquistadas por Argentina. Sin embargo, había una cuestión más importante en juego que la posesión de las rocas en el Atlántico Sur. Fue el almirante Sir Henry Leach quien señaló con mayor claridad el objetivo estratégico británico. En una reunión con la Primera Ministra y su Secretario de Defensa —una reunión a la que el Almirante Leech no había sido invitado, pero a la que por casualidad se encontró asistiendo— declaró: «Si no [recuperamos las Islas Malvinas], si nos andamos con rodeos, si andamos con cuidado, si no nos movemos muy rápido y no tenemos un éxito total, en muy pocos meses estaremos viviendo en un país diferente cuya palabra contará poco».[xiv] Por su parte, la Primera Ministra: «esbozó una sonrisa, porque era exactamente… lo que quería oír».[xv] A pesar de ser el Primer Lord del Mar en ese momento y no un político, la comprensión del Almirante Leach de la realidad estratégica de Gran Bretaña fue profética. Comprendió que Gran Bretaña era una fuerza menguante en el mundo. Una serie de importantes desafíos económicos y sociales durante la década de 1970 habían dejado al león británico lejos de la rugiente potencia colonial que había sido en la primera mitad del siglo. Por lo tanto, el objetivo estratégico no era simplemente recuperar la posesión de las Islas, sino hacerlo con enfáticamente; y, al hacerlo, contribuir en cierta medida a restaurar la reputación de Gran Bretaña como potencia mundial.
A nivel táctico, las limitaciones de la Fuerza de Tareas eran considerables. A pesar de la confianza expresada por el Servicio de la Marina Real en su capacidad para defender una Fuerza de Tareas contra una amenaza moderna y capaz de superficie, submarina y aérea en el Océano Antártico, ese hecho estaba lejos de ser cierto. Como afirma Max Hastings: «La Marina Real en 1982 era abrumadoramente una fuerza antisubmarina diseñada para la guerra en el Atlántico [Norte] contra la Unión Soviética».[xvi] No estaban entrenados ni equipados para una operación fuera de área. Sin embargo, la Marina Real de principios de los ochenta mantuvo una vena belicosa «nelsoniana»;[xvii] así que cuando el Primer Ministro lo presionó sobre cuál sería su reacción ante la llegada de una Fuerza de Tareas de la Marina Real, el Almirante Leach respondió que si él hubiera estado al mando de las fuerzas argentinas: «Regresaría a puerto inmediatamente».[xviii] Desde el principio se estableció una línea clara de comunicación entre táctica y estrategia. El mensaje estratégico y táctico clave fue que el liderazgo político y el ejército británicos tenían la voluntad de luchar.
Comprender
la eficacia del diálogo bidireccional entre táctica y estrategia en la
campaña de las Malvinas es, sin duda, solo una parte del problema.
Comprender por qué fue tan eficaz es esencial para extraer lecciones del
futuro. Sir John Nott ha declarado que fue la presencia del almirante
Lewin, el comandante en jefe británico, en el gabinete de guerra lo que
permitió al liderazgo estratégico comprender las limitaciones tácticas y
comunicar el propósito estratégico: "La presencia de Lewin en el
Gabinete de Guerra fue lo más importante de todo el asunto. Comprendía
las presiones políticas a las que estábamos sometidos y Lewin fue quien
lo discutió con Fieldhouse".[xix] Otro miembro del Gabinete de Guerra,
Cecil Parkinson, recuerda de forma similar el enfoque militar en el
Gabinete de Guerra: "Una de las características del funcionamiento del
Gabinete de Guerra era que los militares marcaban el ritmo... eran los
miembros militares del Gabinete de Guerra quienes marcaban el ritmo y
nos decían lo que era posible".[xx] La cohesión entre táctica y
estrategia se impulsaba, por lo tanto, no separando los niveles de
guerra, sino a la inversa: incluyendo a los militares en las discusiones
estratégicas y a los políticos en las tácticas. No había un único
puente entre táctica y estrategia; en cambio, el vínculo entre ambas se
formaba a través de la cascada adecuada de niveles de mando.
Conclusión
La
doctrina británica actual plantea la hipótesis de una "victoria
estratégicamente estéril" en ausencia de un nivel operativo
efectivo.[xi] La planificación y conducción de la campaña de las
Malvinas refutan esta afirmación. No existía un nivel operativo
definido; los militares no tenían autonomía sobre la planificación ni la
ejecución de la campaña; sin embargo, a pesar de ello, las acciones
tácticas se integraron eficazmente en un todo estratégicamente
coherente. La influencia del nivel estratégico de mando estuvo presente
en las acciones de los batallones, los buques y las aeronaves
individuales; y, en todo momento, los estrategas comprendieron las
limitaciones de las acciones tácticas y ajustaron sus decisiones
basándose en dicho asesoramiento. El vínculo no se formó mediante la
creación y la dotación de recursos de un gigantesco "cuartel general de
nivel operativo", sino mediante la progresión normal de una cadena de
mando. Ningún eslabón de la cadena era más importante que otro, y cada
eslabón contribuía a comprender las intenciones de los eslabones
superiores y las capacidades de los inferiores. Incluso sin un nivel
operativo, la victoria en la campaña de las Malvinas no fue
estratégicamente estéril. Todo lo contrario; Fue una victoria que logró
no sólo el objetivo militar inmediato de recuperar las islas, sino
también el propósito estratégico más amplio de conservar el estatus
global de Gran Bretaña.
Referencias
[i] Kelly, Justin and Brennan, Mike, ‘Alien: How operational art
devoured strategy.’ (Strategic Studies Institute of the United States
Army War College, 2009).
http://www.strategicstudiesinstitute.army.mil/pubs/display.cfm?pubID=939
Accessed on Jan 23 2014. P73.
[ii] Liddell-Hart, Basil ‘Strategy’ (London, Meridian, 1954, second revised edition) P334.
[iii] British Defence Doctrine Joint Doctrine Publication 01, ‘Campaigning’ second edition, Lexicon-11.
[iv] Ibid.
[v] Glantz, David M ‘The Intellectual Dimension of Soviet (Russian)
Operational Art’ in McKercher and Hennessy [eds] ‘The Operational Art:
Developments in the Theories of War’ (Royal Military College Canada,
1996) p128.
[vi] Swain, Richard M ‘Filling the void: The operational art and the US Army’ in McKercher and Hennesy, op cit, p157.
[vii] FM100-5 (1983) P2-3.
[viii] Franks, Tommy R ‘American Soldier’ (New York, Harper Collins, 2004), P440.
[ix] Griffin, Stuart, ‘Joint Operations: A short History’ (Defence Academy Library, 2005) P16.
[x] Griffin. P139.
[xi] 2 PARA at Goose Green, HMS CONQUEROR sinking the Belgrano and a Vulcan bomber on the BLACKBUCK raids.
[xii] Hastings, Max, P231
[xiii] For a detail on the process for ordering the attack on Goose
Green see the discussions in the ‘The Falklands Witness Seminar’ (The
Occasional, Number 46.) P39-50.
[xiv] Leach, Admiral Sir Henry, as quoted in Ibid, P19.
[xv] Ibid, P19.
[xvi] Hastings, Max and Jenkins, Simon, ‘The Battle for the Falklands’ (Michael Joseph Ltd, London, 1983), P83.
[xvii] See Griffin for further discussion of the Royal Navy’s ‘offensive’ spirit.
[xviii] ‘The Falklands Witness Seminar’ (The Occasional, Number 46.) P67.
[xix] Nott, Sir John as quoted in Ibid, P44.
[xx] Lord Parkinson of Carnforth, as quoted in Ibid. P44.
[xxi] British Defence Doctrine, JDP 01, “Campaigning”, P2-3.










