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jueves, 13 de agosto de 2026

Invasiones inglesas: El verdadero nacimiento de la Nación Argentina


A 220 años de la Reconquista de Buenos Aires: los encarnizados combates en la ciudad y el plan para provocar la huida de Beresford

Se cumple la fecha de cuando Santiago de Liniers se consagró como el ídolo de la reconquista, al recuperar la ciudad que durante 49 días estuvo en poder británico. Cómo se peleó calle por calle para acorralar a los ingleses dentro del fuerte
Adrián Pignatelli || Infobae + Addendum



Cuando todo terminó. Beresford se rinde ante Liniers frente al Cabildo (Cuadro de Charles Forqueray, 1910)

Ya en septiembre de 1806 era habitual ver a soldados ingleses caminar con libertad en la ciudad e ir a comer a la fonda de los Tres Reyes, en la esquina del fuerte. Pero como se temía una nueva invasión, el Cabildo propuso llevar a los oficiales y a la tropa al interior y hacerlos juramentar no volver a tomar las armas contra España en sus dominios.

William Beresford, el general británico de 37 años, gobernador de Buenos Aires durante 49 días, después de protestar un poco, accedió a dar su palabra y no servir contra España hasta tanto no se resolviese su situación.

En la tarde del 11 de octubre, los llevaron fuera de la ciudad y, con pesar por las comodidades con las que contaba, Beresford debió dejar la casa donde se alojaba, la de Félix de Casamayor, a quien le obsequió su catalejo de campaña. A las siete de la mañana del día siguiente llegaron a Luján, donde se movieron libremente como si estuvieran en su casa durante unos cuatro meses.



Desde la Banda Oriental, Santiago de Liniers reunió una fuerza para enfrentar, en Buenos Aires, al invasor

El que fue un asiduo visitante de Beresford era Saturnino Rodríguez Peña, integrante de un grupo que perseguía la intención de lograr la independencia de esas tierras bajo el paraguas de un protectorado británico. Ambos hombres compartían la afinidad de ser masones. Para ello, debía fugarse, cosa que se armó la noche del 10 de febrero de 1807. Después de innumerables peripecias y pasos de comedia, Beresford embarcó hacia Montevideo, donde una fuerza británica se había apoderado de la ciudad.

Así había logrado eludir el confinamiento al que había sido sometido junto a sus oficiales luego de la derrota del 12 de agosto del año anterior, día conocido como el de la Reconquista de Buenos Aires.

Mucho había ocurrido desde que ese lunes 4 de agosto Santiago de Liniers, que había partido de Colonia al frente de media docena de sumacas y cañoneras, más una decena de transportes y algunas embarcaciones particulares, desembarcaba en el pago de Las Conchas, actualmente Tigre, luego de capear un temporal de aquellos. Una densa niebla fue su aliada para pasar desapercibido cerca de los barcos ingleses. Liniers se encomendó a la Virgen del Rosario. 176 años después los argentinos volverían a invocarla cuando en medio de un mar embravecido, se dirigían a recuperar las Malvinas.


William Carr Beresford comandó las tropas invasoras y por casi dos meses fue gobernador de Buenos Aires

Había armado, en Montevideo, una fuerza de unos 600 hombres, entre soldados y voluntarios y se reunió con otros centenares que lo esperaban en las inmediaciones. Había comenzado el operativo de reconquista de Buenos Aires.

Ese temporal había destruido seis cañoneras inglesas: dos se hundieron, tres terminaron destrozadas contra las toscas y catorce hombres murieron ahogados. La única defensa fue una goleta, al mando del teniente Herrick.

Muchas cuestiones escapaban a los ingleses de su control. No confiaban tanto de la cordialidad y hospitalidad de muchas familias porteñas, que albergaban a los oficiales. Sabían que había reuniones nocturnas donde se conspiraba y la gente practicaba el uso de armas; era habitual la desaparición de centinelas ingleses y había casos de soldados apuñalados para quitarles sus armas. Hasta se descubrió un túnel ideado por el catalán Felipe de Santenach para hacer volar el cuartel de la Ranchería que ocupaba el Regimiento 71 de Highlanders.

La conspiración se olía en el ambiente, y los invasores estaban convencidos de que no eran hechos aislados, sino que todo obedecía a un plan elaborado por las propias autoridades españolas. Los ingleses reforzaron las guardias en las pulperías y almacenes, donde concurría mucha gente.


Plano de Buenos Aires de los tiempos de las invasiones. Solo un puñado de manzanas pobladas

Tampoco se dejaban engañar por el papel que cumplía el obispo, que exageraba por demás su respeto a Beresford. Los curas se las pasaban cautivando con promesas a soldados británicos, tratando de ganarlos a la causa.

La noche del 31 de julio, Beresford estaba pasando el tiempo en el Teatro de la Comedia cuando le informaron que una fuerza de españoles se encontraba a unos veinte kilómetros al noroeste de la ciudad. Ordenó al coronel Denis Pack alistar al Regimiento 71, para salirles al encuentro.

El 1 de agosto chocaron en la chacra de Perdriel, en tierras de lo que hoy es Villa Ballester. Un grupo de hombres liderados por Juan Martín de Pueyrredón, mal armados, se enfrentó durante una hora con una columna al mando del propio Beresford, quien estuvo todo el combate lidiando por desenvainar su espada, trabada por la humedad.

Hubo una carga furiosa de un par de jinetes que tuvieron como blanco al propio general. El capitán Arbuthnot paró a uno, y el fuego nutrido de granaderos derribó al otro jinete.



Juan Martín de Pueyrredón fue un actor importante en la lucha contra los británicos

Aun cuando todo estaba perdido, una carga temeraria del propio Pueyrredón alcanzó para arrebatarle al enemigo un carro con municiones. Debió ser auxiliado porque en la refriega le habían matado el caballo.

Los ingleses tomaron a un prisionero, un desertor alemán llamado Shennon, que no quería abandonar el cañón que operaba. Terminó fusilado en Buenos Aires. El invasor se convenció que si quería seguir dueño de la ciudad, debían recibir refuerzos.

Al día siguiente de su desembarco, Liniers marchó hacia San Isidro, donde tenían provisiones frescas y abrigo. Porque entre el 4 y el 8 no paró de llover.

En la mañana del 8, cuando el tiempo mejoró, se puso en marcha y a la tarde del día siguiente llegaron a la Chacarita de los Colegiales. El domingo 10 el capellán Larrañaga celebró una misa al aire libre y continuaron la marcha hacia los Corrales de Miserere. Desde allí Liniers, con fuerzas que se le fueron sumando, envió un mensajero con una intimación de rendición a Beresford. El mensajero esperó quince minutos la respuesta que no llegó y se retiró. Liniers volvió a enviar a otro, recibiendo el mensaje del inglés que resistiría “hasta el caso que la prudencia lo indicara”.


El irlandés Denis Pack, de 34 años, era el jefe del Regimiento 71 Highlanders

A las cinco de la tarde inició la marcha hacia el Retiro. Antes, se habían adelantado el cuerpo de Catalanes con dos obuses. No fue sencilla la marcha, porque los caminos eran malísimos, con pozos y pantanos.

Fueron los Migueletes y la compañía de infantería de Buenos Aires los que llegaron a la carrera a la plaza del Retiro y batieron, a bayoneta calada, a los 200 ingleses que la defendían y que comenzaron a replegarse hacia el fuerte. En el camino, en la calle del Correo (hoy Florida), se encontraron con Beresford, que comandaba a unos 500 efectivos.

Alentados por Liniers, los voluntarios de Montevideo irrumpieron en la plaza mayor, con artillería comandada por Agustini. Su avance fue letal: dispararon un obús cargado con metralla, logrando la dispersión de las fuerzas que las enfrentaban.

Anochecía y las tropas necesitaban descanso. Liniers con su gente acampó en Retiro e hizo custodiar las bocacalles para evitar un ataque sorpresa. Esa noche la tropa no comió.

Fue tal entusiasmo del encuentro de la tarde anterior, que llegaron al campamento muchos hombres dispuestos a engrosar las filas de ese ejército.


Martín Miguel de Güemes era un joven de 21 años cuando al frente de un grupo de jinetes se apoderó de un buque inglés que había quedado varado en el río

El 11 se ocuparon en montar los 18 cañones que trajo la goleta Dolores y otros que encontraron en el cuartel del Parque. Algunos los apuntaron hacia el río por si la escuadra enemiga abría fuego. Liniers mismo los probó: apuntó a una lancha cañonera y a una fragata. Le abrió un boquete a la primera y cortó la pena de la mesana de la segunda y una bandera británica cayó al agua, lo que fue tomado como un buen augurio.

Por las dudas, mandó a Gutiérrez de la Concha a San Isidro y se embarcase en buques para desbaratar un presunto plan inglés de huir del Río de la Plata con los caudales públicos y con el producto de los saqueos a la ciudad.

La noche del 11 los ingleses se inquietaron por el continuo ladrido de perros que venía de la zona del Retiro. Algo se preparaba.

La mañana del martes 12 los británicos comprendieron lo que estaba sucediendo. En las iglesias y otros puntos de la ciudad estaban llenos de gente. Esperaban la llegada de Liniers para lanzarse con todo contra ellos.

Al amanecer, Liniers mandó tocar generala. Se atacaría la plaza, para lo que dividió su ejército en tres columnas. La de izquierda, con él mismo al frente, entraría por la calle de La Merced; la segunda, por la calle de la Catedral y la de la derecha por la del Correo. La artillería del teniente coronel Francisco Agustini iría adelante a despejar el camino.


Luego de la reconquista, la calma en Buenos Aires no duró ni un año. En julio de 1807 se produjo una nueva invasión (Litografía de Madrid Martínez, 1807)

El ataque sería a las 12, pero debió adelantarlo: amparados por la niebla, un grupo de miñones y marineros llegaron a las nueve a dos cuadras de la plaza y, refugiándose en edificios, comenzaron a disparar a los ingleses quienes respondieron con contundencia. Los atacantes pidieron refuerzos y municiones porque no querían dejar la posición. Liniers mandó la caballería de milicias y los dragones de Buenos Aires con artillería volante por la calle de Santo Cristo y él fue por la calle de la Merced. El combate se generalizó.

Liniers ordenó a un joven salteño que junto a un grupo de gauchos neutralizara al buque inglés Justina que, anclado en donde se levanta la Torre de los Ingleses, bombardeaba la ciudad. Aprovechando una bajante del río, el joven Martín Miguel de Güemes capturó la embarcación.

Los pobladores salían de sus casas y ayudaban a arrastrar los cañones y todo era ímpetu y fervor, y así llegaron a la plaza mayor.

Los británicos tenían prohibido disparar contra las iglesias, pero como parte del fuego provenía de esos lugares, respondían. A los sacerdotes se los veía muy activos en manejar armas y ordenar a la gente.

Los británicos hacían fuego desde el Cabildo, la azotea de la Recova y la Catedral, a las columnas que cada vez eran más numerosas.

El regimiento 71 se mantenía formado en la plaza del mercado, con cañones a cada flanco y uno en el centro. Los marineros estaban en el fuerte ocupándose de los cañones y efectivos del cuerpo de Santa Helena controlaban los accesos de las calles de Santo Domingo y Tres Reyes.

Los primeros en rendirse fueron los de la Catedral; los que estaban en el Cabildo fueron a la Recova, desde cuyo arco el propio Beresford comandaba. A su lado había caído muerto su asistente el capitán Kennet y el alférez de navío Fantin.

A lo largo del puente levadizo del fuerte se veía cómo ingresaban soldados ingleses llevando a compañeros heridos.



Estaban rodeados y les disparaban de todos lados. Entonces Beresford, cruzando su sable sobre su brazo izquierdo, dio la señal de retirada. Se refugiaron en el Fuerte y él fue el último en entrar. Se izó la bandera de parlamento justo cuando un grupo de marineros con escaleras pretendía escalar una de las murallas.

El comandante Mordeille, que apenas podía contener a sus marineros enardecidos, habló con Beresford en francés. Este quiso saber si su vida corría peligro, y le respondió que no, siempre que se rindiese. El general inglés revoleó su sable al pie de la muralla pero Mordeille se lo devolvió por medio de pañuelos atados.

Asustó a los ingleses los gritos de la multitud, que llenó la plaza, mezclados con las tropas que habían llegado del Retiro. Colocaron cañones a solo cincuenta pasos del portón de entrada al fuerte.

Gillespie intentó asomarse por el muro para ver qué ocurría, y alcanzó a bajar la cabeza ante el fuego nutrido de mosquetes. El capitán Quintana, ayudante de Liniers, estaba dentro del fuerte acordando los términos de rendición. Al escuchar los disparos, subió al muro, abrió su chaqueta y con los brazos extendidos se mostró a la multitud. Entonces los ánimos se calmaron.

Cuando vieron que se izaba la bandera española, que alcanzó un marinero, la gente estalló de júbilo.

El francés Raymond, junto al teniente de navío Córdoba y Mordeille arreglaron con el general inglés los términos de la rendición. Los vencidos aceptaron una entrega a discreción.

“¡Pena de vida al que insulte al general inglés!” gritó Córdoba cuando Beresford salió del fuerte y lo condujeron a la presencia de Liniers, que lo esperaba en uno de los arcos del Cabildo junto a algunos oficiales. Se adelantó a recibirlo, le devolvió su espada y lo abrazó. Dispuso que fuera alojado en la casa de uno de sus ayudantes y se arregló la seguridad de las tropas inglesas y sus bienes, y su embarque a Europa, por cuenta de los españoles.

Los ingleses tuvieron 412 entre muertos y heridos, incluidos cinco oficiales, mientras que hubo 180 caídos y heridos entre los criollos y españoles. Liniers lamentó la muerte del vecino Diego de Baragaña y del alférez francés Fantin, que moriría víctima del tétanos.

Eran las tres de la tarde cuando menos de un millar de ingleses marcharon hacia el frente del Cabildo, con sus banderas entre dos filas. Debían dejar en la puerta del Cabildo su armamento, algunos estrellaban sus fusiles contra el piso, y eran registrados. Los soldados fueron distribuidos por el Cabildo en distintos cuarteles, mientras que los oficiales fueron alojados en casas de familia. Esa tarde muchos se refugiaron en el fuerte para evitar la ira de los pobladores.


12 de agosto de 1806: Tal día como hoy, los hispanos del Rio de la Plata, liderados por Santiago de Liniers y Martín de Alzaga, expulsaban a los ingleses de Buenos Aires tras la invasión comandada por William Beresford en junio de ese año.


El 14 el Cabildo nombró a Liniers caballero de la orden de San Juan y gobernador interino, hubo un Te Deum en la Catedral. Esa noche y las dos siguientes la ciudad permaneció iluminada en señal de fiesta.

La misma noche de la reconquista, Liniers y Beresford se reunieron para acordar los términos de la rendición. Al día siguiente se encontraron en la casa del primero y luego otra vez en el Fuerte. Se arregló un intercambio de prisioneros y se allanó el camino a los vencidos a retirarse.

La historia no terminaría allí, solo habría un paréntesis hasta julio del año siguiente cuando se haría frente a una fuerza inglesa, ya que insistían en que Buenos Aires debía ser británica.

Addedum


12 de Agosto de 1806: La Reconquista de Buenos Aires a los británicos gracias al héroe Santiago de Liniers

El 25 de junio de 1806 una escuadra británica al mando del comodoro Home Popham desembarcó en Quilmes a más de 1.500 soldados dirigidos por el general William Carr Beresford. Dos días después, Buenos Aires quedó ocupada. Las autoridades virreinales apenas contaban con medios para defenderla y la bandera británica se izó sobre el Fuerte, sede del poder español en el Río de la Plata.

El capitán de fragata Santiago de Liniers se encontraba en Montevideo cuando llegó la noticia. Con el apoyo de Martín de Alzaga en la ciudad y de Juan Martín de Pueyrredón en los alrededores, empezó a reunir milicias entre la población civil, ya que apenas había tropas regulares disponibles. El 1 de agosto, un primer intento de hostigar a los ingleses fue derrotado en la chacra de Perdriel por la infantería británica, mejor entrenada. Pese al revés, siguieron sumándose voluntarios: comerciantes, artesanos, esclavos liberados para la ocasión, y también ancianos, mujeres y niños que colaboraron acercando armas, municiones y alimentos.

El 10 de agosto, desde los corrales de Miserere, Liniers intimó la rendición a Beresford, que la rechazó confiado en la disciplina de sus tropas regulares. Al amanecer del 12 de agosto, Liniers entró en la ciudad al frente de sus columnas, avanzando hacia la Plaza Mayor por varias calles a la vez. El trazado estrecho del casco antiguo dificultó las maniobras de la infantería inglesa, acostumbrada a combatir en campo abierto, y los combates se libraron calle por calle durante varias horas.

Cercado en el Fuerte y sin posibilidad de recibir auxilio, Beresford solicitó parlamentar. Él y Liniers se reunieron primero en el Fuerte y después en la casa del propio Liniers para acordar los términos de la capitulación, que incluyeron un intercambio de prisioneros. Beresford entregó la plaza y sus tropas depusieron las armas; los vencedores se hicieron con 26 cañones y con las banderas del Regimiento 71 británico. La ocupación había durado 49 días.

Liniers fue aclamado como héroe y, meses después, nombrado virrey del Río de la Plata. Pero el mismo hombre que salvó Buenos Aires del ejército inglés acabaría fusilado por sus propios compatriotas. Tras la Revolución de Mayo de 1810, Liniers se negó a acatar a la Primera Junta y encabezó desde Córdoba un intento de resistencia realista, fiel a su juramento a la Corona española. El levantamiento fue sofocado y Liniers, junto a otros cabecillas, fue apresado cuando intentaba dirigirse al Alto Perú.

La Junta, temiendo que su enorme popularidad en Buenos Aires pudiera revertir la situación si lo llevaban a la capital, ordenó su fusilamiento inmediato en el lugar donde fuera hallado. Juan José Castelli, al frente de un destacamento de húsares, alcanzó a los prisioneros en un paraje cordobés llamado Cabeza de Tigre. Allí, el 26 de agosto de 1810, sin juicio formal y por orden directa de la Junta, Liniers fue fusilado junto al gobernador Juan Gutiérrez de la Concha, el coronel Santiago de Allende, el asesor Victorino Rodríguez y el ministro de Real Hacienda Joaquín Moreno. Se negó a que le vendaran los ojos.

El hombre que cuatro años antes había sido llevado en volandas por el pueblo de Buenos Aires como salvador de la ciudad frente a los ingleses, moría así frente a un pelotón de fusilamiento por mantenerse fiel a su rey.


Fuentes: 

  • Buenos Aires y el interior. Observaciones reunidas durante una larga residencia, 1806-1807, de Alejandro Gillespie; 
  • Memorias Curiosas, de Juan Manuel Beruti; 
  • Santiago de Liniers, de Paul Groussac; 
  • Beresford. Gobernador de Buenos Aires, de Bernardo Lozier Almazan


sábado, 25 de abril de 2026

La Armada Española entre 1860-1890

 

Armada Española - La Armada Española 1860-1890

Alrededor de 45 nuevos barcos 1860-70: 7 acorazados, 7 fragatas, 8 balandras

Una situación difícil para España en 1860



El gobierno provisional de la "Revolución Gloriosa" en 1869.

En 1860, España se tambaleaba por un gran suceso para su imperio: la pérdida de su Imperio Sudamericano y los ingresos que este conllevaba. El reinado de Fernando VII (1813-1833) estuvo marcado por la "Década Ominosa" (1823-1833), en la que al fracaso de la segunda revolución burguesa le siguieron diez años de paz precaria y problemas sucesorios. Fernando finalmente marginó a sus hermanos y, con la "Pragmática Sanción de 1830", permitió que su hija Isabel se convirtiera en reina, mientras que su hermano Carlos huyó a Portugal.

El reinado de Isabel II estuvo marcado por la agitación política, ya que en 1856 el general O'Donnell, tras su pronunciamiento, derrocó a un ministro del partido progresista e intentó formar la Unión Liberal, pero pronto se vio estancada en Marruecos, donde se libró una guerra con Juan Prim. Le siguió el "Sexenio Democrático" de 1868, la "Revolución Gloriosa" que tuvo lugar con los generales progresistas Francisco Serrano y Juan Prim rebelándose contra Isabel, derrotando a sus generales en la Batalla de Alcolea y la reina depuesta y exiliada en París. Para los prefijos se utilizaba generalmente "NSB" de "Nuestra Señora Buque". Artículos a cubrir: Numancia (1863) Tetuán (1863)
Vitoria (1865)
Arapiles (1864)
Zaragosa (1867)
Sagunto (1869)
Méndez Núñez (1869)

S. de madera española. fragatas (1861-65)
Fragata Tornado (1865)
Fragata María de Molina (1868)
Cañoneras de vela españolas (1861-65)

La flota española hasta 1960

Fragata de vapor Concepción de 2300 toneladas.

Establecer una armada sólida y homogénea requería estabilidad y tranquilidad, para asegurar una política inquebrantable durante años y un flujo presupuestario constante. El esfuerzo por modernizar la Armada Española se vio impulsado por la innovación de su vecino del norte, Francia, en 1859, al presentar una "fragata acorazada" que revolucionó la guerra naval. El Ministerio de Marina de la época, bajo el reinado de Isabel II (referencia al hallazgo), sugirió iniciar la construcción de una flota de acorazados para mantener la relevancia de la Armada en el juego imperial.

A pesar de la pérdida de su imperio sudamericano en la primera mitad del siglo XIX, España aún poseía amplios territorios de ultramar y mantenía una armada de tamaño razonable. En 1860, los buques más modernos eran tres fragatas de hélice (Asturias, Berenguela y Blanca), cinco balandras o cañoneras de hélice, tres fragatas de remos y 26 cañoneras de remos. La armada de vela estaba compuesta por dos navíos de línea de 86 cañones, cuatro fragatas, cuatro corbetas y 25 embarcaciones menores. Se estaban construyendo dos fragatas de hélice (Concepción, de 2300 toneladas, y Lealtad, de 3075 toneladas) y seis buques de vapor menores:
  • Dos navíos de línea de 86 cañones:
  • Tres fragatas de hélice: Asturias, Berenguela, Blanca
  • Cuatro fragatas de vela
  • Cuatro corbetas de vela
  • Cinco balandras de hélice
  • Tres fragatas de remos
  • 26 cañoneras de remos
  • 25 pequeños bergantines y balandras de vela

Los desafortunados barcos españoles de 75 cañones

España no completó más navíos de línea después de 1796, durante más de 50 años, pero tres de ellos se encontraban en construcción en Ferrol y La Habana durante la ocupación francesa. Las obras cesaron y todos fueron desguazados en el cepo. Posteriormente, tras el exilio de Napoleón, se adquirieron cinco navíos de 74 cañones de Rusia (febrero de 1818), pero su mal estado los dejó sin servicio.

  • España 74 (botado en 1811 en Arkhangelsk, antiguo Nord-Adler ruso, vendido a España en 1818) - Siniestrado en 1821
  • Alejandro I 74 (botado en 1813 en Arkhangelsk, antigua Drezden rusa, vendido a España en 1818) - Averiado en 1823
  • Numancia 74 (botado en 1813 en Arkhangelsk, antiguo Liubek ruso, vendido a España en 1818) - BU 1823
  • Velasco 74 (botado en 1810 en San Petersburgo, antiguo Tri Sviatitelei ruso, vendido a España en 1818) - Averiado en 1821
  • Fernando VII 74 (botado en 1812 en San Petersburgo, antiguo buque ruso Neptunus, vendido a España en 1818) - Averiado en 1823

Los navíos de línea españoles de 85 cañones

NSB Reina Doña Isabel II, foto de Charles Clifford, Cartagena 1862.

Los cambios decisivos fueron, por fin, dos buques de 86 cañones encargados en 1850, puestos en quilla el 19 de noviembre y el 2 de diciembre de 1850:
- Reina Doña Isabel II , botado el 13 de octubre de 1852 en Carraca. Fue dado de baja el 18 de julio de 1867, pero aún existía en 1885 como pontón.
- Rey Don Francisco de Asís , botado el 18 de septiembre de 1854 en Ferrol. Fue dado de baja en 1876 y BU. Nota: ¡Este es un trabajo en progreso!

La locura de los acorazados y el programa naval








España fue una de las pocas potencias navales de segundo rango que construyó acorazados de costado, la mayoría de los cuales fueron transformados a partir de fragatas de madera en diversas etapas de diseño y construcción, aunque los dos más grandes (adquiridos a Gran Bretaña y Francia) fueron construidos de hierro. Así, a principios de la década de 1870, España poseía, al menos en teoría, una impresionante escuadra de siete acorazados. España también fabricó sus propios cañones Hontoria, pero estos eran principalmente versiones bajo licencia de los Pallisers al principio y diseños Schneider-Canet después. También se adquirieron cañones Parrot, Armstrong y Krupp, y España utilizó torpedos Schwartzkopf.

La Armada Española participó, sin grandes logros, en la guerra de 1864-66 contra Perú y Chile, y el motín de Cádiz de 1868 jugó un papel importante en el fin del largo y despótico gobierno de Isabel II. Siguió un período de inestabilidad política que finalmente desembocó en una guerra civil abierta entre tres facciones, durante la cual Cartagena y su escuadra fueron tomadas por republicanos radicales.

La guerra civil se resolvió en 1874 con la restauración de la monarquía, momento en el que España se enfrentó a la perspectiva de una guerra con Estados Unidos por el caso Virgi. Se creía que los mercenarios a bordo de este vapor se dirigían a ayudar a los rebeldes cubanos (la guerra de guerrillas llevaba en curso desde 1968). El vapor fue capturado por el Tomado y muchos tripulantes estadounidenses y británicos fueron fusilados.

El incidente se apaciguó y se llegó a un acuerdo con Cuba en 1879, pero dejó un legado de resentimiento contra la política española en el Nuevo Mundo. En 1898, el USS Maine explotó en el puerto de La Habana —aunque ciertamente no por intervención española— y Estados Unidos tenía una razón perfecta para declarar la guerra. Durante esta corta guerra, España perdió no solo la mayor parte de su flota en las batallas de la bahía de Manila y Santiago, sino también Cuba, Filipinas y la mayoría de sus colonias restantes. Tras este revés, no hubo ningún intento real de reconstruir la Armada Española, e incluso buques en construcción, como los cruceros acorazados de la clase Asturias, tardaron muchos años en completarse.

Leer más y fuente

En history.navy.mil
Vitoria
Tetuán
Numancia
Lista completa de buques de guerra españoles en todoavante.es

Encorazados españoles

Numancia (1863)


Construido en La Seyne, Francia, botado el 19/11/1863. Era un buque con casco de hierro y aparejo de barco, con una chimenea y una proa de espolón. En su estado original, estaba armado con SB de 40 a 68 libras, pero para 1890 el armamento era el mismo que el mencionado anteriormente. Los cañones de 25 cm eran 181 Armstrong montados en la cubierta principal; 4 de los 91 Armstrong de 20 cm también estaban montados en la cubierta principal, con los otros 3 en la cubierta superior y el cañón Hontoris de 19,7 cm en el castillo de proa. El Numancia fue completamente reconstruido en La Seyne en 1897-98 y rearmado con 4 ametralladoras QF de 16 cm, 6 ametralladoras QF de 14 cm, 3 ametralladoras QF de 11 cm, 12 ametralladoras y ZTT. También se le cambiaron los motores y podía alcanzar los 13 nudos

Especificaciones:

Desplazamiento: 7189 toneladas.
Dimensiones: 96,01 m (315 pies) x 17,37 m (57 pies) x 27 m (27 pies)
máx. (96,01 m x 17,37 m x 8,22 m). Maquinaria: 1 eje, 3700 hp, 10 nudos. Carbón: 1100 toneladas.
Blindaje: Hierro. Cinturón de 5 pulgadas, batería de 4 pulgadas.
Armamento: 8-10 pulgadas RML, 7-8 pulgadas RML, 1-7,9 pulgadas BL, 8 ametralladoras, 2-14 pulgadas TT.
Dotación: 500.

Tetuán (1863)


Fue botado en 1861 y originalmente estaba previsto que llevara 41 cañones. Se parecía al Normandie francés en apariencia general, pero con troneras notablemente pequeñas. Capturado por matineros rojos durante la guerra civil, sufrió graves daños en combate con el leal Vitoria y finalmente fue volado en el puerto de Cartagena para evitar su captura

Especificaciones:

Desplazamiento: 7135 t
Dimensiones: 96,37 m x 17,37 m x 8,07 m máx.
Maquinaria: Eje I, 4500 HP = 12 nudos. Carbón 875 t
Blindaje: Hierro. Cinturón de 12,7 cm, batería de 12,7 cm
Armamento: 20-23 cm RML, 2-20 cm RML, 1-20 cm BL, 8 ametralladoras, 2-35 cm TT
Dotación: 500


Vitoria (1865)


Botado el 4 de noviembre de 1865 en Thames Iron Works, este era un buque con casco de hierro y aparejo de barco, con dos chimeneas y una proa de ariete, originalmente armado con 30 ametralladoras de 68 libras. En 1890, los Armstrong de 9 pulgadas se montaron en el costado, con los Armstrong de 8 pulgadas en un reducto de cubierta superior en el costado y el único Hontoria de 7,9 pulgadas bajo el castillo de proa del juanete. El cinturón de blindaje se extendía desde 13 pies por encima del peso hasta 7 pies por debajo. Había un CT en el reducto. El Vitoria fue reconstruido en La Seyne en 1897-98, reducido a aparejo militar y rearmado con 6-6,4 pulgadas, 6-5,5 pulgadas QF, 6-6 libras, 6 ametralladoras y 2 TT. Fue utilizado como TS después de 1900

Especificaciones:

Desplazamiento: 7135 t
Dimensiones: 96,37 m x 17,37 m x 8,07 m máx.
Maquinaria: Eje I, 4500 HP = 12 nudos. Carbón 875 t
Blindaje: Hierro. Cinturón de 12,7 cm, batería de 12,7 cm
Armamento: 20-23 cm RML, 2-20 cm RML, 1-20 cm BL, 8 ametralladoras, 2-35 cm TT
Dotación: 500


Arapiles (1864)

El Arapiles fue una fragata acorazada española con casco de madera y acorazado de costado, construida en Inglaterra, botada en 1864 y en servicio hasta 1882. Fue comprada en el cepo para la Armada Española, mientras se botaba en Green, Blackwall, Londres, en junio de 1861 como una fragata de vapor sin blindaje. Posteriormente fue comprada y convertida en acorazado mientras estaba en construcción. En 1873 sufrió daños tras encallar y fue reparada en Estados Unidos durante el caso Virginius y las tensiones entre Estados Unidos y España. Fue desguazada en 1879, pero nunca volvió a navegar. Fue inspeccionada en 1882 y el mal estado de su casco obligó a cancelar su reconstrucción en 1882, por lo que fue desguazada posteriormente

Zaragoza (1867)


(Por venir)

Sagunto (1869)

(Por venir)

Méndez Núñez (1869)


(Por venir)

Fragatas y corbetas españolas

Fragata Carmen (1861)



(Por venir)

Fragata Villa de Madrid (1862)


Fragata Almansa (1864)



Fragata Gerona (1864)


Fragata Navas de Tolosa (1865)



Corbeta Tornado (1865)



Corbeta María de Molina (1868)



Balandras y cañoneras españolas

Balandra de tornillo de madera Vencedora (1861)

(Por venir)

Balandra de madera con tornillo Sloop Africa (1862)

Cañoneras de madera de la clase Sirena (1863)

Cañonera Prosperidad (1865)

Cañoneras ligeras españolas (1860-70)

jueves, 15 de enero de 2026

Crucero clase Isla de Luzón (1886)

Cruceros clase Isla de Luzón (1886)

Encyclopedia Naval




Armada (1887-1900): Isla de Luzón, Isla de Cuba, Marqués de la Ensenada

En 1885, el personal naval de la Armada (Armada Española) quería proteger mejor sus territorios de ultramar y encargó un nuevo diseño que sería un crucero colonial protegido barato para tareas de estación. El resultado fueron los tres cruceros de la clase Isla de Luzón pedidos en Gran Bretaña para los dos primeros en Armstrong, Elswick en 1886, completados el año nuevo en 1887. Se adquirieron los derechos para un tercer crucero que se construiría en España, Marqués de la Ensenada, ordenado al Arsenal de la Carraca el 24 de julio de 1887. No se completó hasta febrero de 1894 y no se desplegó en el extranjero. Como resultado, fue el único que sobrevivió a la guerra hispanoamericana de 1898 (desechado en 1900). Los otros dos fueron hundidos el mismo día después de la Batalla de Manila el 1 de mayo de 1898. Fueron reflotados y reacondicionados para el servicio en EE. UU., todavía activos en la Primera Guerra Mundial como cañoneros (el único estatus que podían pretender).

Diseño de la clase

Cuando se encargaron en Gran Bretaña, estos dos cruceros eran en realidad los más pequeños que se podían considerar "cruceros protegidos". Con un desplazamiento normal de 1.030 toneladas, eran del tamaño de cañoneros. Antes de estos, solo los cruceros sin protección de principios de la década de 1880 tenían tamaños similares, pero en general incluso ellos eran más grandes. Su punto fuerte reside en una gran cantidad de cañones medianos y rápidos en un casco pequeño y tenían un aparejo para operaciones de mayor alcance. La velocidad no era la principal preocupación, ya que se pretendía que solo pudieran alcanzar los 15 nudos. Eran cruceros de estación tropicalizados, destinados a sofocar rebeliones locales y mantener a raya a las armadas extranjeras hasta cierto punto. El armamento estaba repleto de cañones Hotchkiss QF y tubos lanzatorpedos y podían transportar una pequeña compañía de marines para un grupo de desembarco.

Casco y diseño general

Los cruceros de la clase Isla de Luzón desplazaban 1.030 toneladas (a plena carga, habrían sido alrededor de 1.250-80 toneladas) con un casco de acero. Medían 184 pies 10 pulgadas (56,34 m) en total, para una generosa manga de 29 pies 11 pulgadas (9,12 m) y una relación de 1/5, así como un calado limitado de 12 pies 6 pulgadas (3,81 m) como máximo para las aguas poco profundas en las que estaban estacionados. El diseño era clásico para un crucero, con un castillo de proa y una cubierta de toldilla en la que se instalaron dos cañones principales (blindados) en cada dos bandas, patrocinados, y los dos restantes en la cubierta inferior de la batería principal, también patrocinada, junto con algunos Hotchkiss de 6 libras. Tenían una pequeña torre de mando y un puente encima, cerca del final del largo castillo de proa y detrás del trinquete, que llevaba un topo de combate/observación. En el centro del barco había una chimenea alta y única, luego el palo mayor a popa y la cubierta de popa, en la que se colocaron dos cañones P6-DR más. El casco era relativamente alto y terminaba en una proa de ariete. La tripulación estaba compuesta por 167 oficiales y marineros, y los barcos tenían cuatro botes bajo pescantes, cúteres y pinazas.

Planta motriz

La clase Isla de Luzón estaba propulsada por dos motores de triple expansión horizontal (HTE) de dos ejes alimentados por el vapor procedente de dos calderas cilíndricas de 1.897 caballos de fuerza (1.415 kW) de potencia en tiro natural y 2.627 caballos de fuerza (1.959 kW) en tiro forzado. Esto aseguraba una velocidad normal de 14,2 nudos (26,3 km/h; 16,3 mph) en tiro normal, 15,9 nudos alcanzados en pruebas con tiro forzado (29,4 km/h; 18,3 mph).
Transportaban 160 toneladas de carbón, pero se desconoce su autonomía. Su aparejo de goleta todavía era capaz de llevarlos a donde se los necesitaba, fuera cual fuera la dirección del viento.

Protección

Como cruceros protegidos, contaban con lo mínimo indispensable, con una cubierta cuyas pendientes tenían un espesor de 2,5 pulgadas (64 mm) y bajaban hasta 1 pulgada (25 mm) en la sección plana. También había una torre de mando al final del castillo de proa con el puente encima, que estaba protegido por muros de 2 pulgadas (51 mm). Los baluartes de la cubierta de la batería inferior ofrecían cierta protección contra el fuego de armas pequeñas y la metralla y los cañones superiores estaban blindados. Al estar tropicalizados, los interiores estaban algo aislados del calor mediante revestimientos de madera y se mejoró la ventilación.

Armamento

Como se ha descrito anteriormente, contaban con seis cañones principales, ocho cañones ligeros QF y tres tubos lanzatorpedos, así como cuatro ametralladoras montadas en carros para ser utilizadas en partidas de desembarco.

Cañones González Hontoria de 4,7 pulgadas (119 mm)

Cuatro de ellos estaban situados en el castillo de proa y la cubierta de popa, en dos pares, patrocinados y blindados. Constituían un peso superior importante, pero tenían un arco de tiro mucho mejor en comparación con los dos cañones restantes patrocinados en el centro del barco en la cubierta de la batería inferior. Su arco de tiro estaba limitado a 180°. Se trataba de cañones González Hontoria de 12 cm mod 1883.
En resumen: 2,6 t (2,9 toneladas cortas), 4,4 m (14 pies 5 pulgadas) de largo (cañón de 4,2 m (13 pies 9 pulgadas) calibre 35, altura de 2,5 m (8 pies 2 pulgadas) con recámara de tornillo interrumpido.
Disparaban una carga separada de 13 kg (29 lb) de pólvora sin humo en bolsas y un proyectil (munición completa de 24 kg o 53 lb) a 612 m/s (2010 pies/s), alcance de 10 km (6,2 mi) a +25°.

Pistola Hotchkiss QF de 6 libras

Típicos revólveres Hotchkiss de la época, colocados en dos posiciones a proa y popa de la cubierta de la batería, cubiertas superiores y una en la cubierta de combate.
Peso de 821-849 lb (372-385 kg) cañón y recámara de 8,1 pies (2,5 m) de largo, cañón de 7,4 pies (2,3 m) calibre 40 solo con bloque deslizante vertical.
Disparaban un proyectil 57x307R a 25 rondas por minuto y 1.818 pies por segundo (554 m/s) hasta 4.000 yardas (3.700 m).

Tubos de torpedos

Tipo Whitehead, 356 mm o 15 pulgadas, uno en la proa, sobre el agua, y dos en la manga.

⚙ Especificaciones

Desplazamiento 1030t normales
Dimensiones 184 pies 10 pulgadas x 29 pies 11 pulgadas x 12 pies 6 pulgadas (56,34 x 9,12 x 3,81 m)
Propulsión 2 HTE, calderas de 2 cilindros, 2.627 CV
Velocidad 15,9 nudos máximo, ver notas
Rango Carbón 160, desconocido. Ilimitado con plataforma.
Armamento 6x 120 mm/35 Hontoria M1883, 4x 57 mm/40 6pdr Hotchkiss, 3x 356 mm TT, 4 ametralladoras
Protección Armadura de acero, cubierta de 64 mm hasta 25 mm, CT 51 mm
Multitud 164

*Otras fuentes 8.

Carrera de los cruceros de la clase Isla de Luzón

Isla de Luzón



El Isla de Luzón fue construido por Elswick, puesto en grada el 25 de febrero de 1886, botado el 13 de noviembre de 1886 y terminado el 22 de septiembre de 1887. En 1986 rescató al Mártir San Valentín de Berriotxoa bajo el mando del capitán Eulogio Onzain Ageo. Primero sirvió en la Flota Metropolitana en España y fue enviado a participar en la Guerra del Rif de 1893-1894, bombardeando posiciones entre Melilla y Chafarinas. Con la Revolución filipina de 1896-1898 fue enviado allí para unirse a la escuadra del contralmirante Patricio Montojo de Pasaron.

Cuando estalló la Guerra Hispano-estadounidense en abril de 1898, estaba anclado en la bahía de Cañacao a sotavento de la península de Cavite (al este de Sangley Point en Luzón). Por lo tanto, estaba a ocho millas al suroeste de Manila. Una mañana del 1 de mayo de 1898, el escuadrón asiático de los EE. UU., al mando del comodoro Dewey, atacó al escuadrón de Montojo y lo devastó por completo. Este fue el primer enfrentamiento importante de la guerra hispanoamericana y, después de unos pocos pases de fuego, ningún barco español restante pudo oponer resistencia. El Reina Cristina fue el primer objetivo, luego el Castilla, pero el Isla de Luzón quedó en gran parte incinerado y sufrió pocos daños. El Isla de Luzón y el Isla de Cuba se acercaron al buque insignia para ayudarlo bajo fuego de artillería.
El Isla de Luzón fue hundido más tarde en aguas poco profundas para evitar ser capturado después de recibir tres impactos, uno de los cuales inutilizó un cañón y seis tripulantes resultaron heridos. Su estructura superior permaneció a flote. Por ello, más tarde, un equipo del USS Petrel subió a bordo para prenderle fuego, esperando no ser recuperado más tarde.



Sin embargo, pronto los EE. UU. ocuparon las Filipinas y se apoderaron de ella y de su hermana, para luego rescatarla. Fue reparada y puesta en servicio nuevamente como cañonera USS Isla de Luzon, en 1900. Durante su carrera en los EE. UU., se ocupó de las rebeliones locales, en particular en Zamboanga, Samar, Lubkan, y el 15 de agosto de 1902 partió de Cavite hacia los Estados Unidos a través del Mar Rojo y el Mediterráneo. Fue asignada al Astillero Naval de Pensacola, luego a la Milicia Naval de Luisiana, luego a la Milicia Naval de Missouri y a la Milicia Naval de Illinois, Grandes Lagos. En abril de 1917, estuvo estacionada en Chicago como TS hasta el 30 de septiembre de 1918, enviada a la Bahía de Narragansett, Estación Naval de Torpedos hasta el 13 de diciembre de 1918, dada de baja el 15 de febrero de 1919, enviada a Rhode Island hasta que fue desmantelada el 23 de julio de 1919, vendida el 10 de marzo de 1920 a una empresa comercial.


Isla de Cuba



El Isla de Cuba fue botado el 25 de febrero de 1886 en Sir WG Armstrong Mitchell & Co. Newcastle upon Tyne, botado el 11 de diciembre de 1886 y completado el 22 de septiembre de 1887. Se quedó en España pero participó en la Guerra del Rif en 1893-1894, bombardeando posiciones rifeñas como su gemelo. Fue enviado a Filipinas en 1897 para unirse a la escuadra de Montojo.

En abril de 1898 estalló la guerra y el día del ataque, estaba anclado en la bahía de Cañacao como su gemelo. Debido a los dos pases de fuego, el Isla de Cuba sufrió pocos daños. Más tarde ayudó al averiado Reina Cristina con su barco gemelo, acercándose mientras se hundía, todavía bajo un intenso fuego de artillería. El almirante Montojo hizo del Isla de Cuba su buque insignia y luego envió un grupo para que lo ayudaran después de que su flota fuera golpeada hasta la rendición. Ordenó que el Isla de Cuba se hundiera en aguas poco profundas, dejando las obras superiores a flote y, más tarde, un equipo del USS Petrel lo quemó como su hermano.
Durante la ocupación, fue capturado, examinado, puesto a flote y reparado. Como USS Isla de Cuba comenzó una nueva carrera, pero fue rearmado: sus cañones españoles de 4,7 pulgadas (120 mm) fueron reemplazados por cañones de 4 pulgadas (100 mm), al igual que su hermano.



El 11 de abril de 1900, volvió a ser puesto en servicio en Hong Kong para la estación asiática, donde permaneció como cañonera, buque de suministro y patrullera, y fue enviada de regreso a Filipinas durante la Revolución. En marzo y abril de 1900, sirvió en el Escuadrón Sur, bloqueando Samar, interrumpiendo los suministros a los insurgentes y capturando a Vicente Lukbán, su líder, en Samar. El 17 de noviembre de 1900, desembarcó un batallón en Ormoc (Leyte) para retomar la guarnición y permaneció allí hasta el 8 de diciembre. En 1901, se convirtió en un buque de reconocimiento entre el fondeadero de Ormoc y el puerto de Parasan.

El 4 de marzo de 1904, salió de Cebú con destino a casa, fue dado de baja el 9 de junio en Portsmouth para revisión, reactivado el 21 de marzo de 1907, prestado a la Milicia Naval de Maryland y revendido a la República de Venezuela el 2 de abril de 1912 como Mariscal Sucre, activo hasta su quiebra, BU en 1940.

Marqués de la Ensenada



Fue bautizado en honor a la memoria de Zenón de Somodevilla y Bengoechea, marino, político y militar español, y construido en el Arsenal de la Carraca entre 1887 y 1890 a partir de planos británicos procedentes de Gran Bretaña. Su blindaje variaba en espesor. Tras su finalización, se incorporó a la Armada en aguas locales, y participó en la
Guerra del Rifán de 1893-1894, realizando salidas de bombardeo costero entre Melilla y Chafarinas. En 1894 navegó hacia la Guinea Española y en junio de 1895 participó en la inauguración del Canal de Kiel, siendo el primer buque español en cruzarlo. En 1897 fue destinado a la Estación Naval de La Habana, reforzando la vigilancia de las costas cubanas, pero la sorpresa fue sorprendida en reparaciones y en dique seco. Necesitaba urgentemente reparaciones, y no participó en las operaciones, siendo su artillería retirada y trasladada a las defensas costeras.
Terminada la guerra, se firmó el Tratado de París, y en su artículo V se establecía que continuaba siendo propiedad de España. Tras completar su reparación y devolverle su artillería, zarpó hacia España en la primavera de 1899. Por decreto de 18 de mayo de 1900, se le consideró obsoleto y se le dio de baja por ineficaz.
Iba en el mismo paquete que el Alfonso XII, el Temerario, el Vicente Yáñez Pinzón y el Martín Alonso Pinzón, tachados de “sin valor militar de ninguna clase, carentes de toda protección…” y “…consumen sin beneficio alguno, gran parte del presupuesto de la Armada (…) sólo sirven para encubrir la lista de una escuadra absolutamente ficticia con nombres que no tienen realidad.
Fue desarmado en La Carraca y durante varios años utilizado por la Brigada Torpedera de Cádiz como pontón, hasta que fue vendido como chatarra en 1913.

Leer más/Fuente

Libros

lden, John D. La Armada de acero estadounidense: Una historia fotográfica de la Armada de los EE. UU. desde la introducción del casco de acero en 1883 hasta el crucero de la Gran Flota Blanca, 1907-1909. Annapolis, Maryland: Naval Institute Press, 1972. ISBN 0-87021-248-6.
Chesneau, Roger y Eugene M. Kolesnik, Eds. Todos los buques de guerra del mundo de Conway, 1860-1905. Nueva York, Nueva York: Mayflower Books Inc., 1979. ISBN 0-8317-0302-4.
Nofi, Albert A. La guerra hispanoamericana. Conshohocken, Pensilvania: Combined Books Inc., 1996. ISBN 0-938289-57-8.