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domingo, 30 de agosto de 2026

Argentina: Sin BAPI ni SuE, ¿para qué tenemos al COAN o a la misma ARA?

¿Qué COAN queda después de Punta Indio?

Esteban McLaren




El 20 de agosto de 2026, la Armada Argentina anunció el Plan Dédalo, presentado oficialmente como una reestructuración y modernización integral de su Aviación Naval. La palabra elegida fue “modernización”. Sin embargo, la medida más inmediata no fue la incorporación de un sistema de combate, sino la reducción de una base histórica.

A partir de enero de 2027, la Base Aeronaval Punta Indio dejará de funcionar como tal y será convertida en una estación aeronaval. La Escuela de Aviación Naval y la Escuadrilla Aeronaval de Vigilancia Marítima serán trasladadas a la Base Aeronaval Comandante Espora, mientras la Escuadra Aeronaval N.º 1 pasará a reserva. La pista principal de Punta Indio está muy deteriorada, la infraestructura requiere inversiones importantes y la cantidad actual de aeronaves ya no justificaría mantener dos estructuras semejantes.

Punta Indio no desaparecerá físicamente. Pero dejará de ser lo que fue durante más de un siglo. Esa diferencia administrativa no debería ocultar el hecho militar: la Aviación Naval pierde una base operativa, concentra más medios en Comandante Espora y reduce la dispersión territorial que alguna vez sostuvo su capacidad de despliegue.

La decisión puede ser comprensible desde la administración de recursos escasos. Mantener hangares, talleres, pistas y dotaciones para una fuerza que ya no posee decenas de aeronaves cuesta dinero. El propio jefe de la Armada, almirante Juan Carlos Romay, explicó que cuarenta años de reducción presupuestaria, pérdida de medios y deterioro de la infraestructura obligaron a establecer prioridades. También reconoció que la pista de Punta Indio necesitaría una inversión considerable y que Espora dispone de hangares liberados por la desaparición de otros sistemas, como los Tracker. La explicación oficial es clara.

El problema es que achicar una estructura no equivale, por sí mismo, a modernizarla. Puede ser el primer paso de una transformación razonable o la formalización ordenada de una decadencia. La diferencia depende de los medios que lleguen después.

Del portaaviones ausente al avión de ataque ausente

Durante años, la discusión sobre el futuro del Comando de la Aviación Naval giró alrededor de una pregunta equivocada: ¿para qué necesita la Argentina una aviación naval si ya no tiene portaaviones?

El razonamiento confunde plataforma con función. El COAN no existe para justificar la cubierta de un portaaviones, sino para extender el poder de la Armada sobre el mar. Un avión que despega desde Río Grande, Espora o Almirante Zar sigue siendo un medio naval cuando explora el océano, busca submarinos, identifica blancos de superficie, protege una agrupación naval o ejecuta un ataque antibuque.

La experiencia argentina de 1982 demostró precisamente eso. Los Super Étendard operaron desde tierra y alcanzaron objetivos británicos a grandes distancias. No necesitaron despegar desde el ARA 25 de Mayo para producir efectos estratégicos sobre la flota enemiga. La ausencia de un portaaviones imponía restricciones, pero no anulaba la capacidad aeronaval.

Hoy, sin embargo, la pregunta es más grave. Ya no se trata de saber si el COAN puede existir sin portaaviones. Se trata de determinar si puede conservar su condición de fuerza de combate sin aviones de ataque, sin helicópteros antisubmarinos modernos y con una flota de superficie cada vez más reducida.

El Plan Dédalo confirma el retiro definitivo de los Super Étendard durante 2026. Los aparatos originales llevaban años sin volar. Los cinco Super Étendard Modernisé comprados a Francia y recibidos en 2019 nunca pudieron entrar en servicio en la Argentina. Las dificultades con los componentes pirotécnicos de los asientos eyectables, las certificaciones vencidas, la imposibilidad de conseguir determinados repuestos y el paso del tiempo terminaron por volver inviable su recuperación.

La sospecha más amarga quedó así confirmada: los SEM llegaron al país, fueron pagados, trasladados, almacenados y sometidos a distintos intentos de recuperación, pero nunca volaron con la Aviación Naval Argentina. El propio almirante Romay admitió que “nunca pudieron ponerse en servicio” y que, cuanto más tiempo pasaba, más difícil resultaba activarlos. También señaló que su reemplazo continúa en evaluación, aunque las prioridades actuales son los submarinos y los buques.

No hay evidencia de que la desaparición de esta capacidad sea un castigo deliberado contra la Armada. Pero resulta inevitable observar la paradoja. Una de las pocas aviaciones navales latinoamericanas con experiencia real de combate, y la única que lanzó misiles antibuque en guerra, termina perdiendo su aviación de ataque sin tener un sucesor definido.

El sistema que hundió al HMS Sheffield y al Atlantic Conveyor no es reemplazado por otro sistema de armas. Simplemente desaparece.

Los ojos llegan; el puño no aparece

El Plan Dédalo no contiene solamente bajas y traslados. También anuncia incorporaciones valiosas. La Armada espera completar la flota de cuatro P-3C Orion, recuperar la exploración marítima de largo alcance, reemplazar gradualmente los B-200 por B-360, incorporar cuatro helicópteros Leonardo AW109 y recibir cuatro UAV Shield AI V-BAT entre 2028 y 2029. Estos últimos podrán operar desde las cubiertas de los buques de superficie, incluidos los patrulleros oceánicos clase Bouchard. El cronograma oficial también contempla mejoras en los T-34 Mentor y en los sistemas de vigilancia de un B-200M.

Los V-BAT representan una incorporación adecuada. Un UAV de despegue y aterrizaje vertical puede ampliar considerablemente el horizonte de vigilancia de un patrullero, seguir contactos, reconocer embarcaciones y transmitir información sin exponer una aeronave tripulada. Para el control de la zona económica exclusiva, la búsqueda de buques con comportamientos anómalos y las operaciones de presencia, su utilidad es evidente.

Pero un dron de vigilancia no transforma a un patrullero oceánico en una fragata. Tampoco reemplaza un helicóptero antisubmarino, un avión de ataque ni un sistema de armas capaz de actuar sobre el blanco detectado. Los OPV clase Bouchard fueron construidos para patrullar, identificar e interceptar embarcaciones en situaciones de baja amenaza. No poseen las capacidades antiaéreas, antisubmarinas y antisuperficie de un escolta moderno.

La tecnología no elimina esa diferencia. Un sensor puede encontrar el blanco, pero no necesariamente puede neutralizarlo. Si no existe un medio de combate conectado al sensor, la cadena queda incompleta.

El COAN que surge del Plan Dédalo parece orientarse hacia la exploración marítima, la vigilancia, el entrenamiento, el enlace, el sostén logístico y la operación de vehículos no tripulados. Son funciones necesarias. Algunas habían quedado peligrosamente degradadas y la llegada de los P-3C Orion constituye una recuperación concreta. Sin embargo, esa estructura se parece cada vez menos a una aviación naval capaz de disputar el control del mar.

Tendrá mejores ojos, pero no se ha definido con qué puño golpeará.

Una aviación naval no combate sola

La situación del COAN tampoco puede analizarse separada del resto de la Armada. La aviación naval forma parte de un sistema. Explora para los buques, protege sus movimientos, busca submarinos, transmite información y, cuando dispone de armas apropiadas, ataca más allá del horizonte. Su valor depende de la integración entre sensores, aeronaves, submarinos, escoltas, enlaces de datos y armamento.

La Argentina lleva nueve años sin un submarino operativo. El ARA Salta permanece como plataforma de instrucción, pero no navega. Para completar la formación práctica de los nuevos submarinistas, la Armada depende actualmente de la colaboración de la Marina de Guerra del Perú. Se han considerado distintas alternativas, entre ellas el Scorpène francés y propuestas alemanas derivadas del Tipo 209, pero todavía no existe una elección definitiva ni un contrato de adquisición.

El problema no es solamente material. Cada año sin submarinos reduce la experiencia acumulada, dispersa especialistas y vuelve más costosa la recuperación futura. Se puede comprar una unidad, pero no se compra de inmediato una fuerza de submarinos. El conocimiento operativo se forma durante años dentro de los buques.

La flota de superficie enfrenta otro límite. Sus principales destructores y corbetas rondan los cuarenta años. El ARA Heroína fue retirado después de permanecer inmovilizado durante más de quince años y terminó convertido en fuente de repuestos. Otras unidades sobreviven gracias al trabajo de arsenales, personal militar y técnicos civiles que reparan sistemas para los cuales cada vez resulta más difícil obtener componentes.

Existen proyectos para recuperar al ARA Sarandí y modernizar tres corbetas MEKO 140. Esos trabajos pueden extender la vida de algunas unidades y evitar una caída todavía más rápida de la flota. Pero no resuelven la ausencia de un programa firme para incorporar nuevos escoltas. Algunas plataformas todavía pueden recuperarse; otras ya atravesaron el límite económico y técnico que separa una modernización razonable de una reconstrucción demasiado costosa.

El propio jefe de la Armada reconoció que los buques están tecnológicamente desactualizados y que “no queda mucho tiempo más”. También señaló algo que debería encender todas las alarmas: continúan navegando por el esfuerzo del personal, no porque haya desaparecido su obsolescencia. Romay fue igualmente explícito sobre los submarinos: la Armada no puede pensarse sin ellos.

En estas condiciones, los UAV embarcados aportarán información, pero operarán desde una flota que todavía no tiene asegurado su reemplazo. Los P-3C podrán construir una imagen más amplia del Atlántico Sur, pero esa información necesitará submarinos, fragatas, helicópteros y armas modernas para convertirse en disuasión.

Mirar el mar no es lo mismo que controlarlo.

El contraste que incomoda

El silencio naval resulta todavía más notorio cuando se observa lo que ocurre en las otras fuerzas.

La Fuerza Aérea Argentina ya comenzó a volar sus F-16. Las primeras seis aeronaves llegaron en diciembre de 2025; en abril de 2026 comenzaron las operaciones con pilotos argentinos y en julio se habilitó al primer grupo de aviadores. El programa incluye infraestructura, formación técnica, simulación, armamento, mantenimiento y un cronograma para incorporar el sistema completo. No se trata solamente de comprar aviones: se está construyendo una capacidad alrededor de ellos. Los primeros vuelos forman parte del programa Peace Condor.

El Ejército, por su parte, firmó el 21 de agosto de 2026 la aceptación de la oferta estadounidense para avanzar en la incorporación de 235 vehículos blindados Stryker. El paquete contempla transportes de infantería, vehículos de comando, evacuación médica y apoyo de fuego. Todavía deberá atravesar las etapas de implementación y entrega, pero la decisión política y la escala del programa ya están expresadas. La operación amplía considerablemente las ocho unidades incorporadas inicialmente.

Mientras el Ejército avanza hacia una familia de cientos de blindados y la Fuerza Aérea se adapta a un nuevo caza supersónico, la Armada anuncia la reducción de Punta Indio, la puesta en reserva de una escuadra y el retiro del último sistema de ataque del COAN.

La comparación no busca enfrentar a las fuerzas. El reequipamiento del Ejército y de la Fuerza Aérea es necesario y largamente postergado. Lo que muestra es que, cuando existe una decisión, pueden establecerse prioridades, firmarse acuerdos y organizarse programas de incorporación. En la Armada, en cambio, las decisiones cruciales siguen pendientes: qué submarino comprar, con qué reemplazar los destructores, qué escolta moderna necesita la flota y si alguna vez volverá a existir una aviación aeronaval de ataque.

Ese es el silencio ensordecedor. No faltan diagnósticos. Faltan decisiones. ¿No será que es necesario que la Armada no tengo medios aéreos, de superficie o submarinos para que no sobrevuelen la explotación de petróleo de Sea Lion operada por Israel y Gran Bretaña? ¿Conoce la gente que la mínima interferencia armada con una explotación de ese tipo hace caer los seguros por dicha actividad extractiva haciéndolo inviables de operar económicamente? ¿Por qué la Cancillería sale a calmar a un vecino que no nos sirve para nada como Chile mientras que no hace ninguna declaración respecto a Sea Lion? El simple sobrevuelo de un Super Etendard sobre esa explotación o una operación encubierta con un submarino nacional sobre esas instalaciones provocaría un aumento exponencial del riesgo de explotación que se trasladaría automáticamente a las pólizas... Fuimos en 1966 a desembarcar en playa Vaca y ¿no iríamos a ponerle una puta carga explosiva a esas instalaciones en el medio de nuestro propio mar? ¿Ese es el costo a pagar por tener el presidente más extremista de una rama religiosa no contemplada en nuestra constitución nacional?

¿Qué COAN emerge?

El resultado más probable es un COAN más pequeño, concentrado y tecnológicamente orientado hacia la vigilancia. Contará con P-3C Orion para exploración de largo alcance, aviones ligeros para patrulla y enlace, helicópteros AW109 y UAV VTOL embarcables. Podrá controlar mejor la actividad pesquera, detectar comportamientos sospechosos, participar en búsqueda y rescate y sostener operaciones marítimas en tiempos de paz.

Lo que no aparece es una capacidad aeronaval de combate equivalente a la que se pierde. No hay un reemplazo definido para los Super Étendard. No hay una solución moderna de guerra antisubmarina embarcada claramente anunciada. Los Sea King serán retirados a partir de 2031 y los Fennec en 2027. Tampoco existe todavía una flota de superficie renovada que pueda aprovechar plenamente la información generada por los nuevos sensores.

La concentración en Comandante Espora puede reducir gastos y mejorar el aprovechamiento de hangares y talleres. También concentra aeronaves, personal e infraestructura en menos puntos. Para una fuerza pensada únicamente para tiempos de paz, eso puede parecer eficiente. Para una fuerza que debe conservar capacidad de combate, la dispersión, las bases alternativas y la redundancia siguen teniendo valor.

El COAN no necesita recuperar un portaaviones para volver a ser relevante. Necesita algo más realista: una arquitectura aeronaval basada en tierra, conectada con submarinos y escoltas modernos, apoyada por P-3C, drones, helicópteros, sensores costeros, enlaces de datos y algún vector capaz de ejecutar ataques antibuque. Sin eso, corre el riesgo de convertirse en una excelente organización de vigilancia incapaz de disputar aquello que vigila.

Punta Indio resume todo el problema. La Armada sostiene que la base no se cierra, sino que cambia de categoría. Es cierto. Pero también es cierto que pierde sus unidades principales, su escuela, su taller y buena parte de su personal. La diferencia entre una base y una estación no es solamente una palabra pintada en la entrada. Expresa la escala de la fuerza que puede operar desde allí.

Tal vez el portaaviones no vuelva nunca. Eso no condenaría al COAN. Lo que sí podría condenarlo es aceptar que la exploración reemplaza al combate, que un UAV sustituye a un sistema de armas o que mantener instituciones sin capacidad ofensiva alcanza para conservar poder naval.

La Aviación Naval Argentina sobrevivió a la desaparición del portaaviones. Ahora debe sobrevivir a algo más peligroso: la posibilidad de quedar reducida a observar el mar que alguna vez estuvo preparada para combatir.

domingo, 23 de agosto de 2026

Malvinas: El heroico desempeño de los buques hospitales argentinos

Barco blanco, cruces rojas: Buques hospitales en la Guerra de las Malvinas. Argentina.



Durante la Guerra de las Malvinas, la Armada Argentina utilizó el rompehielos ARA Almirante Irízar (Q-5), el transporte polar ARA Bahía Paraíso (B-1) y planeó desplegar el buque oceanográfico ARA Puerto Deseado (ARA — La Armada de la República Argentina — Armada Argentina ) como buques hospitalarios.

Naturalmente, en términos de apoyo médico, las fuerzas armadas argentinas en las Malvinas se encontraban en una posición más ventajosa que sus adversarios, al menos durante la fase inicial del conflicto. Mientras que los británicos dependían exclusivamente de los suministros médicos disponibles en sus buques, y los centros logísticos médicos y hospitales se ubicaban a 8000 millas de distancia, las unidades médicas argentinas Compañía de Sanidad IX y Compañía de Sanidad X desplegaron dos hospitales de brigada en las islas. Además, la conveniente proximidad de Argentina permitió la rápida evacuación de los heridos y el reabastecimiento de medicamentos y otros suministros médicos.

El ARA Bahía Paraíso (B-1) desempeñó un papel fundamental como buque hospital durante el conflicto armado. Diseñado para abastecer las estaciones antárticas argentinas, el buque fue construido en el astillero argentino Astilleros Príncipe y Menghi SA y puesto en servicio en la Armada en diciembre de 1981.

Su desplazamiento total era de 9100 toneladas, su potencia de propulsión de 8900 kW, su velocidad de 18 nudos y su capacidad de carga de 3750 m³, de los cuales 250 m³ eran refrigerados. Además, el buque podía albergar 1200 toneladas de combustible. Su pista de aterrizaje y hangar permitían el uso de dos helicópteros pesados. Además de sus 127 tripulantes, podía alojar a 84 pasajeros o 252 militares.


ARA Bahía Paraíso entre los hielos antárticos

A finales de marzo y principios de abril de 1982, el ARA Bahía Paraíso participó en los desembarcos para capturar Georgia del Sur y posteriormente evacuó a 35 infantes de marina británicos capturados al continente.


ARA Bahía Paraíso frente a la costa de Georgia del Sur


Paracaidistas abordan un helicóptero para aterrizar en Georgia del Sur.


Evacuación de un hombre herido del sur de Georgia.

El 27 de abril, el buque hospital ARA Bahía Paraíso zarpó rumbo al teatro de operaciones del Atlántico Sur tras diez días de reacondicionamiento en la base naval de Puerto Belgrano.

Se equiparon dos salas generales con 125 camas cada una y diez camarotes con cuatro camas para pacientes hospitalizados, además de dos centros de recepción y triaje de heridos, uno en la cubierta principal y otro en el hangar. En total, a bordo disponía de 300 camas y cuatro quirófanos, uno de ellos dedicado a cirugía maxilofacial y oftalmológica. Asimismo, las instalaciones del buque se adaptaron para albergar laboratorios de análisis clínicos y hemoterapia; dos salas de rayos X totalmente equipadas; una sala de yesos; una estación de desintoxicación química; y una unidad de cuidados intensivos de 10 camas. El buque también contaba con una unidad de quemados para 20 pacientes y una morgue, y una de sus bodegas se convirtió en una sala de recuperación para lesiones menores. Dos helicópteros —un Puma del Ejército y un Allouette III de la Armada— y dos lanchas ambulancia estaban a bordo.

Se formó una unidad médica en el ARA Bahía Paraíso, integrada por 17 médicos, cuatro dentistas, dos bioquímicos, dos voluntarios (un traumatólogo y un técnico de laboratorio), 73 enfermeras y un capellán naval. El capitán Juan Antonio López, médico de profesión, fue nombrado director del hospital flotante. Dos observadores de la Cruz Roja Internacional llegaron a bordo en Ushuaia.


Buque hospital ARA Bahía Paraíso

La primera misión del Bahía Paraíso fue rescatar a la tripulación del crucero General Belgrano, hundido por un submarino británico. Al llegar a la zona el 4 de mayo, el barco rescató a 71 personas y recuperó 17 cadáveres. También recogió a los heridos rescatados por otros buques, utilizando sus helicópteros para el transporte. El 12 de mayo, el barco regresó a Ushuaia. El 29 de mayo, el ARA Bahía Paraíso partió hacia las islas y entró en Puerto Argentino el 1 de junio para evacuar a los heridos. También recogió a las tripulaciones del buque mercante Río Carcarañá y del transporte ARA Bahía Buen Suceso, que había sido hundido por los británicos. El 3 de junio zarpó de nuevo y el 4 de junio se encontró con el buque hospital británico HMHS Uganda para recibir a los heridos argentinos, principalmente de la Batalla de Goose Green, luego se dirigió a Isla Pebble para evacuar personal y, después de visitar varios puntos de las islas, llegó a Santa Cruz, Argentina, donde algunos de los heridos fueron desembarcados en helicóptero.


Transporte de los heridos desde la costa en un barco requisado en las Malvinas.



Transporte de heridos en helicóptero: Puma (arriba) y Allouette III (abajo).

El 10 de junio, el ARA Bahía Paraíso se reunió con el vapor Uganda para un nuevo traslado de heridos y el suministro de material médico y sangre al buque británico, cuyas reservas se habían agotado. Posteriormente, se dirigió a Puerto Argentino, desde donde zarpó nuevamente el 12 de junio para reunirse con el Uganda. Desde allí, se dirigió a Isla Bordón (Pebble) para prestar asistencia a los militares que aún se encontraban en la isla, y el 13 de junio partió hacia Argentina.


ARA Bahía Paraíso, HMHS Uganda y HMS Hecla en la zona de la Caja de la Cruz Roja.


Un helicóptero Puma argentino aterriza en una pista de aterrizaje ugandesa.


La tripulación del Puma a bordo del Uganda



Contactos amistosos entre médicos de las partes en conflicto a bordo del Uganda

El 16 de junio, tras la rendición de las fuerzas argentinas, el ARA Bahía Paraíso regresó a las Malvinas, donde se reunió con el Uganda y embarcó a 44 heridos más. Posteriormente, el buque realizó dos viajes entre Puerto Argentino y Argentina, repatriando a aproximadamente 2600 prisioneros de guerra argentinos. En total, 11 845 militares argentinos fueron capturados en las Malvinas, pero la mayoría fueron repatriados a bordo de buques británicos. El 27 de junio, el ARA Bahía Paraíso llegó a Buenos Aires, completando así su misión médica.




Heridos a bordo de buques hospitalarios argentinos

El ARA Almirante Irízar (Q-5) fue construido en Finlandia en 1978 para dar servicio a las estaciones antárticas argentinas. Su desplazamiento total era de 14 140 t, su capacidad de propulsión de dos motores de 5 975 kW, su velocidad de 17,2 nudos y su capacidad de carga de 1 800 m³. Su pista y hangar pueden albergar dos helicópteros pesados. Además de sus 111 tripulantes, puede alojar hasta 202 pasajeros.


Emblema del ARA Almirante Irízar


Rompehielos ARA Almirante Irízar en la Antártida

Durante la invasión de las Malvinas (Operación Rosario) el 2 de abril de 1982, el rompehielos formó parte de la Fuerza de Tareas 40. Sus helicópteros transportaron unidades argentinas para capturar puntos clave cerca de Puerto Argentino.

El 3 de junio, el ARA Almirante Irízar se convirtió en buque hospital, tras una conversión de 48 horas en la Base Naval de Puerto Belgrano. Naturalmente, esto se facilitó gracias a que el rompehielos, incluso en su diseño original, contaba con una sofisticada capacidad médica.


ARA Almirante Irízar en la base naval de Puerto Belgrano junto al portaaviones ARA 25 de Mayo


Buque hospital ARA Almirante Irízar

El hospital del barco estaba equipado con 260 (según otras fuentes, 160) camas para pacientes hospitalizados, dos unidades de cuidados intensivos, dos quirófanos (uno de ellos maxilofacial), una unidad de cuidados intermedios, dos unidades de terapia general, un laboratorio de bioquímica, una sala de rayos X, una sala de yesos (una sala médica especializada donde se aplican y retiran yesos, férulas y vendajes para fracturas y luxaciones), un laboratorio de hemoterapia, una cámara hiperbárica y una unidad de quemados. El equipo médico, dirigido por el Capitán de Corbeta Médico Roberto Sosa Amaya, estaba compuesto por 14 médicos, dos dentistas, dos bioquímicos, un sacerdote y 21 enfermeras.


Personal médico del buque hospital argentino

Además, el 8 de junio, dos helicópteros Sea King de EAH2, junto con siete cirujanos civiles voluntarios, llegaron a bordo del buque procedentes de Comodoro Rivadavia.


Helicóptero ambulancia Sea King

Así describe Hernán Favier lo que sucedió a continuación en el sitio web de Blogspot . (El autor de este artículo ha sustituido los topónimos argentinos por ingleses para mayor claridad para los lectores).

“Alrededor del 9 de junio, el rompehielos, ahora convertido en buque hospital, ancló en la bahía de Port William, frente a Puerto Argentino, en el extremo oriental de la Isla Soledad. Los combates que tuvieron lugar entre las colinas que rodean la capital del archipiélago se sintieron en los mamparos y ojos de buey de acero del rompehielos, que vibraron y se sacudieron violentamente durante varias horas al día. El silencio y la oscuridad absoluta de la noche malvina se rompieron con un rugido ensordecedor, iluminado por explosiones de bombas y el brillo rojizo-amarillento de la munición trazadora de ambos bandos. De vez en cuando, se podían ver bengalas de señalización descendiendo lentamente en paracaídas desde la cubierta del barco . En el apogeo de los combates, los buques de apoyo requisados, como la goleta Penélope y los remolcadores Monsunen, Forrest y Yehuín, que partían del CIMM (Centro Médico Inter-Servicios de las Malvinas) en Puerto Argentino, comenzaron a realizar innumerables viajes entre el El muelle del puerto y el rompehielos.




Traslado de los heridos desde la costa a un buque hospital.

 
Al llegar a los buques, la tripulación del buque de apoyo y el personal del hospital tuvieron que izar a cada paciente a bordo utilizando grandes redes suspendidas por el costado y camillas rígidas izadas por grúas, con el riesgo potencial de quedar atrapados entre los cascos de los dos buques o caer al agua helada.

Una vez en la cubierta principal, los heridos fueron trasladados en camillas al departamento de admisiones, donde se les identificó inicialmente y se registraron sus datos personales y militares, así como los de sus familiares. Posteriormente, fueron examinados y derivados a los distintos niveles de atención dentro del sistema médico a bordo.

Todo este proceso se complementó con el traslado de los heridos a bordo de helicópteros Sea King, que, a pesar del mal tiempo, continuaron volando más allá de sus límites operativos. En muchos casos, incluso volaron de noche sin el equipo necesario, iluminando la superficie del agua con un reflector montado en la proa. Luego, los camilleros bajaron a los heridos desde la pista de aterrizaje hasta la sala de urgencias, descendiendo las camillas por largas plataformas de madera instaladas en los escalones de rampas metálicas. En los últimos días, los quirófanos del rompehielos trabajaron incansablemente, admitiendo a más de 400 pacientes de todo tipo.




Transporte de los heridos en helicóptero Sea King



Bajar las camillas con los heridos a la bodega donde se encontraba el departamento de terapia.

Durante estos días de intensos combates y trabajo incesante en las salas, quirófanos y laboratorios del buque hospital ARA Almirante Irízar, se produjeron tres contactos directos con el enemigo. Del 10 al 13 de junio de 1982, los británicos solicitaron plasma sanguíneo y morfina al buque hospital argentino para tratar a los heridos graves. Esta solicitud se atendió de conformidad con el Convenio de Ginebra de 1949, y los suministros fueron entregados a la tripulación de un helicóptero de la Royal Navy que aterrizó en la cubierta de vuelo del rompehielos argentino.


Un helicóptero británico aterriza en la pista del aeropuerto ARA Almirante Irízar.


En el quirófano del ARA Almirante Irízar

Tras los primeros rayos de sol del 14 de junio, reinó un silencio opresivo que amplificaba los sonidos de la naturaleza, enmarcados por el viento helado que azotaba el casco del buque con furia.

El ARA Almirante Irízar, que había zarpado de Buenos Aires a principios de noviembre de 1981 para la campaña de verano antártica, regresó a su puerto base a principios de julio de 1982 tras ocho meses interminables y fatídicos. La exitosa campaña de verano antártica culminó con la participación del buque como buque hospital en la Guerra de las Malvinas.
Por sus acciones en dicho conflicto, el buque y su tripulación recibieron la distinción "Operaciones en Combate", otorgada por el Congreso Nacional Argentino.

El 13 de junio, el Almirante Irízar atracó en Puerto Argentino y comenzó a recibir heridos al día siguiente, sumando 165 el primer día. Para el 16 de junio, se habían unido 85 personas más, tras lo cual el barco partió hacia Comodoro Rivadavia, llegando allí el 17 de junio. Dos días después, el buque hospital regresó a las Islas Malvinas, donde se reunió con el Uganda para recibir a los heridos argentinos, utilizando su helicóptero Sea King. Posteriormente, el barco realizó dos viajes más entre las islas y Argentina, repatriando a varios cientos de prisioneros de guerra argentinos.


Prisioneros de guerra argentinos en Puerto Argentino

El tercer buque hospital fue convertido a partir del buque oceanográfico ARA Puerto Deseado (Q-8), propiedad del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONICET) y operado por la Armada como parte del Servicio Hidrográfico Naval.

El buque oceanográfico ARA Puerto Deseado fue construido en 1978 en el astillero argentino Astilleros Argentinos Río de la Plata (Astarsa). Tenía un desplazamiento total de 2400 toneladas, una velocidad de 14 nudos y una autonomía de 12 000 millas náuticas (12 nudos). Además de 60 tripulantes, podía alojar a 20 investigadores.


Buque oceanográfico ARA Puerto Deseado en la Antártida

Tras completarse la conversión del ARA Puerto Deseado, que contaba con 60 camas para pacientes y su casco pintado de blanco con cruces rojas, el lento proceso para que fuera reconocido como buque hospital, y posteriormente los sucesos del 14 de junio, impidieron su traslado al teatro de operaciones del Atlántico Sur.


Buque hospital ARA Puerto Deseado

El destino de los buques ARA Almirante Irízar y ARA Bahía Paraíso tras la guerra fue trágico.

El 28 de enero de 1989, durante un viaje de abastecimiento a la Antártida con turistas a bordo, el ARA Bahía Paraíso chocó contra rocas submarinas, sufrió graves daños, volcó y se hundió. Más de 600 toneladas de diésel y combustible de aviación se derramaron en el océano, el mayor incidente de contaminación en la historia de la Antártida .




La muerte del ARA Bahía Paraíso

El 10 de abril de 2007, mientras navegaba de regreso de la Antártida a su país de origen, se desató un incendio en la sala de máquinas del rompehielos ARA Almirante Irízar. El fuego rápidamente envolvió casi por completo la embarcación, obligando a la tripulación y a los pasajeros (296) a abandonar el barco. Afortunadamente, no hubo víctimas mortales. Las consecuencias del incendio fueron catastróficas, por lo que el ARA Almirante Irízar no volvió a operar hasta 2017, tras una remodelación que requirió 1,2 millones de horas-hombre. Se reemplazó por completo todo el sistema de propulsión.



Incendio en el rompehielos ARA Almirante Irízar

Fuentes:

1. AR Marsh. Una guerra corta pero distante: la Campaña de las Malvinas. Journal of the Royal Society of Medicine. Volumen 76, noviembre de 1983
2. JG Penn-Barwell. La Guerra de las Malvinas: los diarios de los oficiales médicos de la Flota. Journal of the Royal Naval Medical Service 2017; 103(2)
3. Nicci Pugh. Cruces Rojas de Barcos Blancos: Memorias de Enfermería de la Guerra de las Malvinas. Melrose Books, 2012
4. Woodward S. Cien Días. Naval Institute Press, Annapolis, 1997
5. Capitán Roger Villar. Buques Mercantes en Guerra. La Experiencia de las Malvinas. Londres, 1984
6. Malvinas. Portafolio de la Fuerza de Tarea. Partes 1, 2. Maritime Books, Reino Unido
7. HMS Hydra - Ambulance Ship 1982 - folleto en línea 8. Transporte Polar ARA “Bahía Paraíso”: su participación como buque hospital 9. Malvinas 44 años: recuperar y contener al camarada, el trabajo de la sanidad militar y los buques hospital 10. Fernando Bernavé Santos. La larga travesía del transporte polar ARA Bahía Paraíso (Última entrega). La Prensa, 16 de enero de 2022 11. Arthur M. Smith. Logística en la Guerra de Malvinas 12. Los buques hospitales argentinos. https://fdra-malvinas.blogspot.com 13. Incorporación del Rompehielos ARA “Almirante Irízar” como buque hospital 14. Hastings M., Jenkins S. The Battle of the Falklands. Moscú, 2014


Alexander Mitrofanov  || Revista Militar



domingo, 16 de agosto de 2026

HDW Clase 209NG: La oferta alemana

HDW Submarino Clase 209NG - Ampliación del legado

El Snorkel




El HDW Clase 209NG desarrollado por tkMS tanto para operadores experimentados de 209 como para armadas que se inician en el mundo de lso submarinos.


Con más de 60 unidades construidas para 14 armadas de todo el mundo, el submarino HDW Clase 209 es uno de los submarinos con más éxito del mundo y es famoso por su robustez, versatilidad, comportamiento en el mar y facilidad de operación y mantenimiento. Diseñado originalmente a finales de la década de 1960, ha sido modernizado y mejorado en numerosas ocasiones desde entonces y se ha convertido en representativo de los submarinos convencionales del mundo occidental. 

Gracias a sus características más destacadas -como su gran autonomía y resistencia, la elevada carga útil de sus baterías, sus excelentes características de manejo y navegabilidad, la flexibilidad de su carga útil con respecto a sensores y armamento, por citar sólo algunas-, los submarinos HDW de la clase 209 navegan por los siete mares y siguen siendo demandados en la actualidad. 

Algunas armadas llevan más de cuatro décadas operando sus submarinos HDW Clase 209, otras sólo un par de años. Algunos operan en las frías aguas del Pacífico Sur o del Atlántico Sur, otros principalmente en los trópicos del Caribe o en los mares del Sudeste Asiático. Algunos sólo operan submarinos HDW Clase 209 en su flotilla, otros los han complementado con diseños adicionales... pero todos ellos tienen al menos un elemento en común: estar orgullosos de ser los operadores de una plataforma tan renombrada. 

Pero el tiempo pasa y hasta los mejores productos necesitan mejoras: Los últimos años han mostrado la reaparición de escenarios de amenaza militar desaparecidos hace tiempo, así como saltos cuánticos en tecnología, sensores, rendimiento de procesamiento y redes, y requisitos de capacidad. A esto hay que añadir los cambios en las propias armadas, los escenarios operativos, las agendas personales y políticas. Aunque desde su inauguración el submarino HDW Clase 209 ha demostrado ser un diseño extremadamente flexible y capaz, estos cambios en la situación general muestran que de nuevo es necesario comenzar un nuevo capítulo en la exitosa historia del HDW Clase 209: el Clase 209 Next Generation. 

Naturalmente, el HDW Clase 209NG continuará en el futuro apoyándose en sus fuertes y valiosas características, y el foco de las mejoras serán las áreas en las que las tecnologías existentes han demostrado necesitar actualizaciones debido a nuevos requisitos operativos, sistemas de mayor rendimiento / menor coste que han llegado a estar disponibles o soluciones alternativas que han demostrado su beneficio en otros submarinos, así como para contrarrestar los crecientes problemas de obsolescencia: 


Figura 2: Centro de Información de Combate, estado de diseño en abril de 2024

Motor de propulsión 

La integración de un motor de propulsión de nuevo desarrollo que acciona la línea de ejes sustituye directamente al motor de corriente continua convencional. El nuevo motor sin escobillas no requiere conmutar entre etapas de funcionamiento discretas en las que los posibles transitorios pueden afectar negativamente a las firmas de la embarcación; el motor puede controlarse sin problemas con sólo pulsar un botón de 0 a ~100%. La altísima eficiencia de aproximadamente el 97% con un rendimiento de salida comparable al del motor de CC convencional ahorra una valiosa energía a bordo. La refrigeración por agua, en contraposición a la refrigeración por aire convencional, mejora especialmente la firma acústica del motor, ya que se elimina la necesidad de grandes ventiladores. Este nuevo motor de propulsión tiene un diseño compacto y robusto. La potencia del motor es > 3,5MW. 

Red eléctrica 

La nueva red eléctrica satisface los requisitos del nuevo motor de propulsión y tiene en cuenta la normativa vigente sobre seguridad de sistemas. La red responde a la mayor demanda de redes normalizadas de 230 V, al tiempo que se deshace de la obsoleta red de 400 Hz. La enorme flexibilidad del sistema permite equipar la clase con una batería de iones de litio como equipo original o en un intervalo de mantenimiento posterior. Encontrará más información en la descripción bajo la opción de batería de litio. 

Sistemas de generación de energía Los cuatro grupos electrógenos tradicionales con motores diésel MTU 12V396 se sustituyen por dos grupos basados en modernos motores diésel MTU 12V4000. Al tiempo que se mantiene el rendimiento de la central eléctrica anterior, este enfoque de dos motores aporta importantes ventajas logísticas: La reducción del número de grupos instalados significa que hay que mantener menos equipos. Los mayores tiempos medios entre revisiones (MTBO) y averías (MTBF) permiten ampliar los periodos en servicio y reducir los costes del ciclo de vida. La asistencia en servicio está respaldada por el fabricante del motor, que proporciona asistencia a largo plazo y suministro de piezas de repuesto. Además, los motores se desarrollan conforme a las normas ecológicas actuales en comparación con los motores tradicionales, cumpliendo así la legislación vigente. 

Sistemas auxiliares 

En la medida de lo posible, se procura que los sistemas, equipos y componentes sean comunes con otras clases de HDW para beneficiarse de economías de escala y procesos logísticos racionalizados. Ejemplos de estos sistemas son los compresores de aire de alta presión, la planta de agua fría y la estación hidráulica. Otro cambio importante en la clase HDW 209NG debe mencionarse en este punto: Los accionamientos eléctricos de los timones. Tradicionalmente, los timones se accionan mediante energía hidráulica, lo que requiere un paso adicional en la conversión de energía eléctrica a hidráulica. Al accionar los timones directamente con energía eléctrica, se omite este paso adicional y se mejora la eficiencia general, es decir, la autonomía global del submarino. 

Sistema de mando y vigilancia 

Se han introducido cambios significativos en el área del sistema de combate. El sistema ORCCA®, de nuevo diseño, es un sistema informático totalmente integrado para todo el submarino. Funciones como la navegación, las comunicaciones, la vigilancia y la recopilación de imágenes, así como el control de armas, se implementan en una infraestructura informática común. Al basarse en hardware COTS/MOTS y utilizar una arquitectura de software abierta, el sistema permite futuras actualizaciones y ampliaciones rentables. La arquitectura adaptable y escalable es abierta y flexible para recibir nuevas funcionalidades, especialmente teniendo en cuenta la inteligencia artificial. 

Cada función puede llevarse a cabo desde una de las siete consolas multifuncionales (MFC) del centro de información de combate (CIC). El CIC ha sido rediseñado para reflejar las capacidades del nuevo sistema. La asignación de tareas a las MFC depende de los usuarios y sigue su enfoque operativo particular. 

Control y vigilancia del buque 

La disposición del centro técnico del buque (STC) se diseñará aprovechando la experiencia con el HDW Clase 214. El sistema de monitorización discreta se sustituirá por un sistema de gestión de la plataforma con modernas pantallas digitales que concentrarán las funciones añadidas dentro del STC, como la monitorización de los parámetros del motor diésel, los ajustes del aire acondicionado o los compresores de aire.

Por lo demás, el funcionamiento del submarino sigue siendo el mismo. El puesto de gobierno totalmente nuevo sustituye al antiguo para superar la obsolescencia y el puesto del sistemas de lastre se mantiene de los submarinos HDW Clase 209 clásicos. 

El HDW Clase 209NG en su versión básica cubre los requisitos operativos más destacados de las armadas clientes. Pero a pesar de este diseño de submarino ya bien equilibrado, siempre hay espacio para mejoras. Éstas pueden integrarse en la fase de contrato/construcción o posteriormente durante un programa de extensión de la vida útil tras 5 - 15 años de operación. La variedad de mejoras es amplia; aquí se destacan algunos ejemplos solicitados con frecuencia: 

Opciones (una selección): Para el submarino de referencia HDW Clase 209NG, los clientes pueden elegir entre una variedad de opciones para satisfacer las demandas individuales de su armada: 

Batería de iones de litio 

La línea de base sigue siendo la batería de plomo-ácido, pero el submarino también está preparado para recibir una batería de iones de litio desde el principio de su vida útil o durante una revisión. Las baterías de iones de litio, aunque tienen un sobreprecio, mejoran el índice de indiscreción hasta en un 40%. Otras ventajas de la tecnología Li-ion son su longevidad y sus reducidas necesidades de mantenimiento. Al final, es el cliente quien debe decidir en función de su perfil de uso. 

Los módulos LIB tienen las mismas dimensiones físicas que los módulos de plomo-ácido. Por lo tanto, la integración de una batería de iones de litio puede realizarse fácilmente en las instalaciones del cliente sin grandes modificaciones en la propia embarcación. 


Figura 3: Módulo de baterías de litio

Cierre Horizontal Multiuso (HMPL) 

Otra opción muy interesante es el cierre multiuso horizontal (HMPL) (véase la figura 4). Nuestros clientes pueden decidir si quieren equipar uno de sus submarinos o todos los submarinos con esta funcionalidad. El HMPL tiene un diámetro interior de aproximadamente 1,5 m, lo que proporciona espacio para fuerzas especiales adicionales, equipos especiales o armas especiales. Además, pueden instalarse UUV o AUV y el HMPL puede utilizarse para escapar en caso de rescate. Esta HMPL aumenta el perfil de capacidades del vehículo y, por tanto, de toda la flota. 

La figura 4 muestra la disposición espacial de los 6 tubos de armas y la HMPL adicional. 


Figura 4: Disposición de la esclusa multipropósito horizontal

Flexibilidad de la vela 


La vela ofrece la posibilidad de una disposición flexible en altura. La configuración básica es 1 × snorkel, 1 × mástil de comunicaciones, 1 × mástil de comunicaciones por satélite (SATCOM), 1 × mástil de radar, 1 × mástil optrónico de búsqueda y 1 × periscopio de ataque. 

El periscopio de ataque puede sustituirse por un mástil optrónico de ataque. Un número cada vez mayor de armadas ya aprecian las ventajas de la optrónica moderna sobre el periscopio óptico tradicional, mientras que otras siguen con la solución penetrante. Dos posiciones particulares como se indica en la Figura 5 que muestra la disposición de las velas pueden ser ocupadas por cualquier combinación de dos mástiles de los tres: Mástil Radar, Mástil SATCOM, Mástil ESM. Si un cliente desea tener un mástil SATCOM y un mástil ESM, el radar puede integrarse como un radar de patio flexible. Este se situará cerca de la cabina del piloto como una versión clip-on. 

Intensidad del eco del blanco

La intensidad del eco del blanco (Target Echo Strength, TES) se clasifica como la firma más importante junto con la acústica. Aunque los submarinos HDW de la clase 209NG están optimizados en términos de firma acústica y, por tanto, son casi invisibles a los sonares pasivos, el adversario puede emplear sonares activos contra la embarcación. El TES desempeña un papel fundamental en esta batalla, ya que de él depende el alcance de detección. El retorno de un ping se describe a menudo como «primer contacto» antes incluso de que la detección por sonar pasivo sea posible. 

 Figura 6: Target Echo Strength Nose 

Proa HDW Clase 209    ---    Proa HDW Clase 209NG TES


Figura 6: Nariz de Resistencia al Eco del Blanco

Esta opción tiene que ver con la reducción de TES. La clase puede equiparse con la llamada «TES Nose» (ver Figura 6). Combinado con un revestimiento de sonar, esta característica añade algún tipo de tecnología de sigilo al HDW Clase 209NG. 


Figura 5: Configuración del Mástil con Opciones

Resumen 

El HDW Clase 209NG ha sido desarrollado por thyssenkrupp Marine Systems tanto para operadores experimentados de HDW Clase 209 como para armadas que se inician en el mundo de los submarinos. Basado en el sobresaliente rendimiento de sus predecesores en más de medio siglo de servicio operativo, los desarrollos planificados del HDW Clase 209NG proporcionarán la siguiente piedra angular de la crónica de la familia HDW Clase 209. Manteniendo la inigualable herencia de más de sesenta unidades en servicio en todo el mundo, la Clase 209NG no sólo tomará el relevo de este legado, sino que lo ampliará hasta la segunda mitad de este siglo. Y, por supuesto, el HDW Clase 209NG se beneficiará de las capacidades y aptitudes que posee thyssenkrupp Marine Systems como proveedor «sensor-to-shooter» de activos navales submarinos, con una experiencia inigualable en la construcción de submarinos tanto en Alemania como en el país del cliente, en cualquier parte del mundo. A esto hay que añadir nuestro soporte en servicio (ISS) durante toda la vida útil de las embarcaciones y los beneficios y la experiencia de la gran comunidad de armadas que operan submarinos «diseñados por thyssenkrupp Marine Systems».

Autor: Stefan Hennig, Jefe de Producto HDW Clase 209, thyssenkrupp Marine Systems GmbH 



miércoles, 29 de julio de 2026

ARA: Evaluación de la opción Tipo 209/1400

En este análisis especializado en geopolítica y defensa, desglosamos las razones por las que la opción de la firma TKMS supera en viabilidad económica a otras alternativas como el Scorpene francés. Con un costo unitario estimado en 400 millones de dólares, este submarino diésel-eléctrico destaca por su capacidad de portar misiles sub-Harpoon, contar 8 tubos lanzatorpedos pesados y una autonomía excepcional. Repasamos la necesidad urgente de adquirir al menos tres unidades para volver a patrullar el mar y recuperar la flota subacuatica.

domingo, 26 de julio de 2026

Malvinas: Cazar al submarino San Luis con Fernando Azcueta

Malvinas: El capitán Azcueta y el desempeño del ARA San Luis

“Estoy listo”: el coraje del capitán el día que se rompió la computadora de tiro del submarino ARA San Luis en Malvinas


La recuperación de las islas Malvinas el 2 de abril de 1982 tomó de sorpresa a los comandantes de la fuerza de submarinos , que no habían sido informados de la Operación Rosario. No obstante, prepararon como pudieron a un submarino con serias falencias técnicas y navegaron con él dentro de la zona de exclusión. La decisión del Capitán de Fragata Fernando María Azcueta y su tripulación bisoña. Y la orden de destruir al enemigo con la única posibilidad de disparar torpedos en forma manual



Por Mariano Sciaroni || Infobae



Partida del ARA San Luis desde la Base Naval Mar del Plata
 

Los tambores de guerra del 2 de abril de 1982 sorprendieron al ARA San Luis (S-32) y a toda su tripulación, incluido su comandante, el Capitán de Fragata Fernando María Azcueta, de 40 años e hijo de uno de los primeros submarinistas de la Armada Argentina. Estaba atracado en un muelle de la Base Naval Mar del Plata (BNMP), base de operaciones de la pequeña fuerza de submarinos de la Armada.

La sorpresa se debió a que el alto mando naval, para guardar el secreto de la operación concretada ese día, optó por no informar a los comandantes de las diversas unidades no involucradas directamente sobre la operación Rosario: la toma de Malvinas.

Por tanto, el San Luis no recibió la orden de prepararse para una patrulla de combate hasta 24 horas después del asalto a las islas. En ese momento, la recientemente completada tripulación comenzó a alistar el buque, con el fin de hacerlo apto para la guerra en el menor tiempo posible.


El Capitán de Fragata Fernando María Azcueta le habla a su tripulación durante la patrulla de guerra de 1982. La barba hace notar que ya llevaban bastantes días en el mar

Además de estos problemas, la unidad presentaba otras deficiencias que no se corrigieron del todo a tiempo para la partida, incluso con el intenso trabajo realizado: un motor diésel estaba fuera de servicio (desde 1976) porque el bloque motor estaba roto, y los otros tres tenían problemas por falta de refrigeración que limitaban su potencia de salida; el agua de mar entraba regularmente por el snorkel y también tenía averías en las bombas de achique. Además, el sistema DUUX (un telémetro acústico pasivo) no daba información precisa y fue evaluado como fuera de servicio.

A ello debían agregarse serias limitaciones para la supervivencia de la tripulación, tales como el sistema de eyección de la balsa de salvamento fuera de servicio, quemadores de hidrógeno vencidos, medidor de oxígeno en reparación en tierra y las cápsulas para la medición de gases del interior de buque, también vencidas en 1976. Todo a pesar de que se trataba de una unidad moderna y nueva (incorporada en el año 1974).

En lo que resulta a la tripulación, el nivel de formación de la misma se veía afectado por la política de rotación de personal de la Armada Argentina: muchos de los tripulantes eran nuevos en el buque y varios puestos clave del submarino, como los de los sistemas de control de tiro, estaban ocupados por suboficiales subalternos (los submarinistas más experimentados de la Armada Argentina se encontraban, en ese momento, en Alemania Occidental, supervisando la construcción de los nuevos TR 1700, tales como el San Juan).

El Teniente de Corbeta Luis Seghezzi, era el increíblemente joven Jefe de Navegación del San Luis y se había graduado en la Escuela de Submarinos a fines de 1981: “Mucho se dijo sobre el nivel de recambio que había tenido la tripulación del submarino en su conjunto. Que era una tripulación con poca experiencia. Ciertamente, la gran mayoría apenas tenían tres meses de arribados. Y algunos, entre los cuales me incluyo, tenían en aquel destino, su primera experiencia en el arma. En el fondo eso no era una novedad para las tripulaciones de esa clase de submarinos. Un alto recambio aseguraba mayor cantidad de tripulantes capacitados en nuevas tecnologías, teniendo en cuenta que se estaba en plena etapa de incorporación de unidades aún más modernas, que se construían en esos momentos en Alemania. Pero una mayor experiencia, en esta situación, creo que no garantizaba una mejor respuesta porque nadie antes había vivido una experiencia como la que se presentaba”.



 

Trayectoria del ARA San Luis desde el área "Enriqueta" hasta la zona de exclusión, ingresando finalmente al área de patrulla "María", dentro de la Zona de Exclusión
 

Además, mientras la plana mayor del San Luis tenía vasta experiencia en submarinos, ni Azcueta ni el segundo al mando tenían experiencia con los submarinos Tipo 209 como el San Luis). De hecho, el Capitán Azcueta solo había navegado 16 días como comandante —había asumido el comando el 19 de diciembre de 1981— antes de partir para la guerra.

El 11 de abril, a última hora de la tarde, cargado hasta arriba de agua y víveres, y armado con 10 torpedos filoguiados SST-4 (serie 260) y 14 torpedos Mk 37 Mod 3, el submarino y sus 35 tripulantes partieron desde Mar del Plata.

El Cabo Segundo Eduardo Lavarello recuerda: “Zarpamos el 11 de abril. Era Domingo de Pascua. Salimos al atardecer, el tiempo no era el ideal, había un poco de niebla, muy feo y fresco pero, para pasar desapercibidos era lo correcto, recuerdo estos detalles ya que tuve que hacer maniobras en cubierta con las amarras. Rápidamente nos perdimos en la noche buscando el punto de inmersión. Tuvimos que comprobar el desplazamiento, nuestro propio nivel de ruido y la refrigeración de los motores diésel. Los dos primeros estaban bien, pero el sistema de refrigeración de los motores no estaba en su mejor momento. Sin embargo, el comandante y el jefe de máquinas acordaron continuar, ya que la zona en la que teníamos que operar era muy fría”.

El día 13, o sea dos días después de zarpar, el Capitán Azcueta, envió un mensaje a sus superiores, informando el resultado de las pruebas de motores arriba señaladas: “Resultado pruebas motores dos, tres, cuatro, funcionamiento aceptable hasta 1200 amperes de carga por motor. Máxima velocidad alcanzada en inmersión 20 nudos. Estoy listo”. Esas dos palabras finales pintan de cuerpo entero a un valiente. Sin experiencia real en un submarino Tipo 209, con una tripulación bisoña, con un motor de menos, con un submarino con varios problemas y defectos, con armas que conocía habían fallado estrepitosamente los años anteriores, sabiendo que tenía que enfrentar a la marina de guerra líder en guerra antisubmarina.

Sin embargo, Fernando Azcueta informó a sus superiores “estoy listo”. Listo para la guerra. Sin condicionamientos.

El 17 de abril de 1982, tras un tránsito sin muchos problemas durante el cual el comandante había aprovechado el tiempo para seguir entrenando a la tripulación y solucionar algunos de los problemas mecánicos pendientes, el operador de radio recibió un mensaje cifrado que ordenaba al submarino dirigirse a una zona de espera designada como “Enriqueta”, situada al sudeste del Golfo Nuevo, cerca de la Argentina continental y al norte del límite de la llamada Zona de Exclusión fijada por los británicos.


La computadora VM-8/24 queda fuera de servicio

En un principio, y dado que había conversaciones diplomáticas en curso, al igual que ocurría con las fuerzas británicas, existía una limitación en el uso de armas debido a las Reglas de Empeñamiento vigentes.

En aquel momento, éstas sólo podían utilizarse dentro de la Zona de Exclusión Marítima y únicamente tras una identificación positiva del blanco. La excepción sería si el objetivo fuera un contacto sumergido, que se presumiría enemigo. Estas órdenes eran casi idénticas, inicialmente, a las vigentes para los submarinos británicos.

Dos días más tarde, la computadora de control de tiro VM-8/24 quedó absolutamente ciega y no pudo ser reparada, por más que la tripulación hizo todo lo que tenía a su alcance.

El Capitán Azcueta explicaba a sus superiores luego de la guerra: “La computadora queda sin representación en su pantalla. Los tres paneles de blanco no responden a las órdenes de los comandos de sensores activos y pasivos. Mantiene la capacidad de trabajo en emergencia…(la) falla se producía en la unidad control de programa de memoria, cuyo origen no podíamos detectar. Se procedió a verificar las tablas de fallas detalladas en el Manual de la Computadora VM-8/24 libro IV, se conectó el panel de prueba y se comprobó que al estar la computadora parada en una dirección determinada ella no respondía a los test de verificación. Se comprueban todas las alimentaciones y se intenta los ajustes de los valores de tensión que establece el manual de la computadora, libro VI. Se encuentran algunas novedades y se logra destrabar la computadora, aunque ella sigue sin cumplir correctamente los lazos de sus programas”.

La computadora de tiro es el cerebro de un submarino de ataque moderno y, alimentada por los diversos sensores que rastrean el océano exterior, permite al submarino resolver una solución de tiro y el disparo y guiado de torpedos.

El sistema de control de tiro submarino VM-8/24 podía rastrear y preparar simultáneamente soluciones de control de tiro para hasta tres objetivos, y controlar tres torpedos dirigidos contra ellos. El sistema podía utilizarse no sólo para calcular los ángulos de avance de los torpedos, sino también para procesar todos los datos de los sensores y obtener las posiciones y vectores de los objetivos. Podía mostrar simultáneamente el alcance del sonar, el radar y el periscopio, así como los datos de rumbo.

Su inoperatividad fue un golpe devastador.

Dejaba al submarino sin su capacidad de fuego automático y lo limitaba a disparar un solo torpedo a la vez, que podía ser guiado por la tripulación en modo manual (de emergencia).

Con la rotura de la computadora existía, según el informe de post-guerra:

  • Pérdida de la capacidad de mantener actualizadas en forma automática e instantánea las posiciones del submarino, blanco y torpedo.
  • Pérdida de la capacidad de cálculo preciso del Angulo de Puntería (Rumbo del Torpedo) y su actualización instantánea.
  • Escasa precisión del dial del sistema de guiado manual (graduaciones cada 5° por diseño)
  • Imposibilidad práctica de estimar la posición del torpedo y como consecuencia, seria dificultad para introducirle correcciones eficaces.

La gravedad de la avería llevó a Azcueta a romper el tradicional silencio de radio con el que se mueven los submarinos e informar a sus superiores. El Comandante de la Fuerza de Submarinos (COFUERSUB) reconoció el problema, pero decidió no retirar al ARA San Luis de la zona de espera, tras valorar la conveniencia de tener al menos un submarino patrullando a pesar de las limitaciones que arrastraba.

Según la doctrina, la rotura de la computadora implica una “baja probabilidad de impacto” y, por tanto, el uso de torpedos es “en caso de lanzamientos defensivos y si no se dispone de otra arma”. Por tanto, se consideró que, la rotura de la computadora implicaba “que sería prácticamente no factible el cumplimiento de la misión de la unidad”.

 


Dentro del San Luis, sin embargo y a pesar de conocer las nuevas limitaciones con las que irían a la guerra, tenían cierto optimismo. Según recuerda el Teniente de Navío Ricardo Alessandrini, Jefe de Armamento del submarino: “La computadora de control tiro no estaba operativa y nos dejaba cortos de capacidad en la zona de espera. Esto limitaba el número de disparos de torpedos que se podían controlar desde el submarino. Sin embargo, en la fuerza de submarinos practicábamos a menudo el método anticuado de disparar torpedos utilizando cálculos manuales y era totalmente posible llevar a cabo un ataque con éxito con buena información sobre nuestro objetivo”.

Esto es, la tripulación del S-32 debería lanzar torpedos mediante plottings y ábacos, de la misma forma que se lanzaban torpedos de corrida recta y a corta distancia hasta principios de la Segunda Guerra Mundial.

También narra el Capitán Azcueta: “Como se ha dicho, durante la permanencia en el área Enriqueta, aprovechamos la detención para intensificar el adiestramiento en los distintos roles y para ajustar valores del buque que no teníamos actualizados. Entre ellos el llamado “umbral de cavitación”. En un submarino, la velocidad a partir de la cual sus hélices cavitan (fenómeno del fluido que produce un indeseable e importante ruido propio), depende de la profundidad y aumenta con ella. Es decir, que si aumento el plano de inmersión, puedo aplicar más velocidad sin cavitar. Con resignación comprobamos que, cualquiera fuera la profundidad, hasta 150 metros, cavitábamos a los 6 nudos. Esta circunstancia, me llevó a ser muy prudente con la velocidad en el área de patrulla. Se hizo evidente que, a pesar del gran empeño de los buzos alumnos de la Escuela de Buceo, la hélice no había quedado lo suficientemente limpia. No había nada que hacer.

Llegado el 26 de abril, las negociaciones sobre el destino de las islas estaban prácticamente cerradas. COFUERSUB (Comando de la Fuerza de Submarinos) decidió enviar al San Luis a la zona de patrulla “María”, situada al norte de las islas. Llegó allí el 28, no sin peligros.

En la tarde del mismo día, con el deterioro de la situación militar y política, el S-32 recibió la orden de destruir cualquier objetivo enemigo si lo encontraba dentro de la Zona de Exclusión alrededor de las islas: “De COFUERSUB a San Luis. Anulo restricciones empleo armas. Todo contacto es enemigo”.

Aun con todos los problemas citados y una computadora de tiro (el cerebro del submarino) rota, el San Luis se cubriría de gloria en los días venideros. El Almirante Brown hubiera estado orgulloso de esta valiente muchachada de la Armada.

Extracto de “Todo Contacto es Enemigo” de Mariano Sciaroni con Andy Smith (https://elcazadorlibros.com.ar/producto/todo-contacto-es-enemigo)

El submarino San Luis en Puerto Belgrano, a la mañana siguiente de la llegada de su patrulla de guerra. Atrás, se advierte al enorme portaaviones ARA 25 de Mayo
"Todo contacto es enemigo" el libro escrito por Mariano Sciaroni junto a Andy Smith