Mostrando las entradas con la etiqueta Condor II. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Condor II. Mostrar todas las entradas

domingo, 14 de junio de 2026

Armas Argentinas: El origen del misil Cóndor II (1976–1983)

El origen del misil Cóndor II (1976–1983)


Dictadura, guerra y disuasión
por Daniel Blinder
Centro de Estudios de Historia de la Ciencia y la Técnica José Babini / CONICET


 

Introducción

Este trabajo estudia los orígenes del misil Cóndor II a partir de las versiones y explicaciones que dan los protagonistas de lo sucedido; explicaciones que se remontan a la última dictadura militar, autodenominada Proceso de Reorganización Nacional. El misil fue un proyecto de la Fuerza Aérea Argentina que tuvo un destacado desempeño militar durante los combates contra el Reino Unido de Gran Bretaña en 1982, en la guerra de Malvinas, y que sufrió importantes bajas humanas y pérdidas de la flota aérea. A partir de dicha situación, el proyecto, surgido de capacidades tecnológicas propias y extranjeras, se orientó a desarrollar tanto un arma con capacidad de disuasión como competencias de tecnología espacial.

Las páginas de este artículo constituyen un adelanto de la investigación doctoral del autor, que se inscribe en la comprensión de la influencia política de la tecnología espacial, en el escenario de las Relaciones Internacionales. Si bien dicha investigación no se centra en la última dictadura, tiene en ella un punto de inicio como consecuencia de la guerra de Malvinas, y del desarrollo de la tecnología misilística que se denominaría Proyecto Cóndor, cuya influencia alcanzó, ya en tiempos de democracia, a los gobiernos de Raúl Alfonsín (1983–1989) y de Carlos Menem (1989–1999). En este artículo, analizamos los inicios del misil Cóndor II.

Política tecnológica

Mi primer acercamiento a una entrevista con alguien de la Fuerza Aérea vinculado con el misil Cóndor fue con un vicecomodoro el jueves 13 de mayo de 2010. Fuente Fuerza Aérea-A.

Me cuenta que están armando un nuevo partido político nacionalista, cuyo programa partidario hace mención a la familia como núcleo de la sociedad, la cultura nacional, las Fuerzas Armadas y las Tres Banderas del peronismo clásico.

El entrevistado relata que el desarrollo misilístico argentino comenzó entre 1945–1955, con la Fábrica Militar de Aviones y la Escuela de Ingeniería Aeronáutica, incluyendo la visita de Von Braun a Argentina. Dijo que después de Malvinas se potenció el Cóndor I y se empezó a desarrollar el Cóndor II en Falda del Carmen, con combustible sólido, precisión importante, alcance teórico mayor a 1000 km.

“La fábrica estaba diseñada con compartimentos que, si uno tenía un percance, no afectaba al resto” (Fuerza Aérea-A).

El entrevistado resalta la confidencialidad del proyecto y las dificultades por el control internacional de “tecnologías sensibles”. Aunque no participó directamente, tuvo contacto con el equipo y el desarrollo.

Desarrollo estratégico secreto

Fuente Fuerza Aérea-E, ingeniero, trabajó en Falda del Carmen desde 1980–81. Explica que participó desde la construcción de la planta: 45 edificios de hormigón armado, divididos en tres sectores (A: fabricación de propulsante, B: ensamble, C: administración). Techint construyó la planta bajo licitación de Bowas. Cada misil contenía unos 3.800 kg de combustible sólido.

“Don’t talk, don’t ask”

Intenté entrevistar a Miguel Guerrero, “el padre del Cóndor II”, pero se negó:

“El principio aplicado en este caso es ‘Don’t talk, don’t ask’. END OF STORY”.

Entrevisté en su lugar a Fuente Fuerza Aérea-B, brigadier retirado. Asegura que el Cóndor II “nunca existió como misil”, sino como “inyector satelital”, proyecto que fue adaptado muchas veces hasta después de Malvinas.

Tras la guerra, la Fuerza Aérea difundió la idea de que se desarrollaba un misil de mediano alcance con posible carga nuclear.

“Queríamos que a los ingleses les resultara muy costosa la defensa de las islas”.

La amenaza se construyó con fines disuasivos, difundiendo capacidades potenciales, aunque solo se había desarrollado el motor cohete. Reconoce que era parte de una estrategia de guerra psicológica.

Tecnología para la paz

Según Fuente Fuerza Aérea-D, el proyecto comenzó formalmente tras una reunión con Graffigna (1979), en contexto del conflicto con Chile. A pesar de estar fuera de la Fuerza, fue convocado para presentar un plan de reactivación de la cohetería.

Viajó en 1980 a Francia, Alemania, Italia e Israel. Israel ofrecía cooperación pero con limitaciones presupuestarias. Con alemanes e italianos se firmaron acuerdos para instalar la planta en Falda del Carmen. MBB y SNIA estuvieron involucradas.

“El propulsante se vertía en un tubo motor con aislante de silicona. Italia y Alemania ofrecían una tecnología superior para el rellenado y sellado”.

La inversión internacional

El misil Cóndor I fue un vehículo experimental, sin finalidad militar, pero sirvió de base para bancos de prueba. INVAP fabricó los primeros tubos en Pilcaniyeu. Cuando la Fuerza Aérea centralizó todo, INVAP se desvinculó.

“Desde su inicio fue un proyecto de defensa”, afirma Conrado Varotto, director de CONAE.

Motivación estratégica

Fuente Fuerza Aérea-C explicó que el Cóndor II era un mito disuasivo tras las pérdidas humanas y materiales en Malvinas. El guiado era impreciso, por lo que se suponía que solo con cabeza nuclear sería útil. La Comisión de Energía Atómica no lo confirmó.

Apoyo de Libia e Irak

Fuente X, gestor paradiplomático, relata contactos con Libia desde 1976. Gadafi ofreció aviones Mirage a Argentina y apoyo militar. En 1985 viajó a Irak por la venta frustrada de aviones Pucará. Existía un fuerte lobby proiraní dentro del gobierno de Alfonsín.

Desenlace

Durante la gestión de Menem, el proyecto enfrentó presión creciente de EE. UU.:

  • 1989–1990: demora en desmantelamiento.

  • 1990–1991: conflicto interministerial y anuncio de paralización.

  • 1991–1993: ejecución del Decreto 995 que eliminó el proyecto.

Domingo Cavallo lideró la presión para su destrucción total, argumentando que el Cóndor era parte de una red internacional (empresas europeas, Egipto, presunta relación con Irak).

Según Cavallo, “no era una aventura argentina, sino un proyecto multinacional”.

 

Bunker abandonado en Cabo Raso, Chubut. Fue construido en 1988 por la Fuerza Aérea para lanzamiento del Condor II. En 1989 el proyecto fue dado de baja.

Conclusión

El Cóndor II fue una apuesta por disuasión militar y soberanía tecnológica, pero su existencia incomodó a potencias occidentales. Argentina desarrolló con éxito tecnologías clave, incluyendo propulsantes, control y fabricación. Sin embargo, su potencial se vio limitado por el contexto geopolítico.

Se han presentado aquí los orígenes del misil Cóndor II, en la última dictadura militar en Argentina, tal cual la relatan algunos actores principales que han vivido la presente historia, y por lo tanto, en cada uno 
de estos relatos, aparece no solo una carga de subjetividad inherente a todo discurso, sino también una carga de interpretación política acerca de cómo lo vivenciaron los actores de la trama. Como proyecto de la Fuerza Aérea Argentina, fue uno secreto, que requirió de la inversión privada y extranjera. Luego, fue continuado en los gobiernos posteriores y ha sido resistido hasta su destrucción final como proyecto. No obstante, podemos afirmar que sus objetivos básicos eran dos. El primero, tener capacidad disuasiva y un arma capaz de dañar a Inglaterra, potencia vencedora y ocupante de las Islas Malvinas. El segundo, poder desarrollar una tecnología propia, con la posibilidad de que lo dual de dicha tecnología permitiera la aplicación en otros campos, especialmente como inyector satelital. 

La historia mostró un camino diferente. Resistido por las principales potencias, especialmente por Gran Bretaña y la nueva potencia global, los Estados Unidos, ésta última hizo prevalecer la tesis política de que el objetivo principal de un desarrollo tecnológico de este tipo, para un país pobre, periférico y con cierta capacidad industrial –con el aliciente de haber perdido una guerra contra un país de la OTAN– no podría ser otro que el de la proliferación armamentista. Las presiones se sucedieron, primero sobre el gobierno Alfonsín, luego sobre el de Menem, quien finalmente cedió ante dichas presiones internacionales, y clausuró el proyecto. 

El ex ministro de Defensa del presidente Raúl Alfonsín, Horacio Jaunarena, sostuvo posteriormente que su gobierno sabía que el Proyecto Cóndor era de uso dual y que era un elemento más de la estrategia exterior de la Argentina. La tecnología espacial era un elemento diferencial a la hora de pensar cómo el desarrollo tecnológico podía posicionar a la Argentina en el mundo (Barcelona y Villalonga, 1992: 34). 
Después de que altos mandos egipcios estuvieran involucrados en un caso de espionaje vinculado a la tecnología de misil en EE. UU., y que este caso estuviera –supuestamente– relacionado con la financiación y fabricación del Cóndor II (New York Times, 1988), se buscó desarticular las conexiones con las empresas de Italia y Alemania, cuyo know how había facilitado la construcción de las diferentes partes del misil, de las cuales los motores fueron trasladados a Egipto. Los prototipos de prueba se denominaron Alacrán, con una carga útil de hasta cien kilogramos, sin guiado y con un alcance de hasta doscientos kilómetros, que quedaron incorporados a la artillería del ejército. Dadas las diversas presiones diplomáticas y mediáticas denunciando las intenciones bélicas de los argentinos, se hacía muy dificultosa la obtención de las diferentes piezas para terminar de armar el Cóndor. Sin embargo, las partes que no se pudieron completar con insumos extranjeros, se hicieron con capital y know how nacional, por lo que se pudo terminar el proyecto. Argentina dominaba la fabricación del combustible sólido, de los caños sin costura, del motor, de las colas basculantes, y del guiado y control; luego, dominaba el ciclo completo de la construcción de un misil balístico intermedio con alcance teórico de hasta mil doscientos kilómetros (Barcelona y Villalonga, 1992: 123-124, 126, 139-140).

Durante la gestión de Menem, el proceso de desactivación del proyecto Cóndor atravesó tres etapas diferenciadas, en las que se registró un progresivo incremento de las presiones de Washington. La primera, caracterizada por la demora en la decisión de desmantelar el misil, entre julio de 1989 y abril de 1990; la segunda, de conflictos interministeriales respecto a la suerte del proyecto y la resistencia de la Fuerza Aérea Argentina a las presiones norteamericanas, cuando se anunció públicamente sobre la paralización del proyecto por parte del ministro de Defensa Humberto Romero en abril de 1990 y culminó con el decreto presidencial 995 del 28 de mayo de 1991, que decidió el fin del proyecto de misil; y la tercera, de implementación de la decisión adoptada por el decreto 995, que se extendió desde mayo de 1991 hasta septiembre de 1993, fecha en la que los últimos restos del Cóndor IIarribaron a España (Corigliano, 2003). Humberto Romero, titular de la cartera de Defensa de Carlos Menem, anunció el congelamiento del proyecto como consecuencia de las diferentes presiones (Barcelona y Villalonga, 1992: 67), y Domingo Cavallo, ministro de Relaciones Exteriores, se constituyó como el principal lobbista a favor de su completa destrucción, dado que el proyecto no era una aventura aislada de la Argentina, sino, según argumentaba, un complejo entramado internacional secreto, que tenía como activos actores tanto a empresas alemanas, italianas y francesas de altísimo nivel, como al gobierno de Egipto. A esto se sumaba la sospecha sobre la participación de Irak. 

En una coyuntura caracterizada por un sistema internacional en donde los espacios de poder también se constituyen en las luchas políticas al interior de los países –que en definitiva definirán las relaciones de fuerza, el bloque en el poder y, por tanto, la política exterior–, los debates intestinos en la Argentina fueron encontrados. La teoría Realista de las Relaciones Internacionales asegura que ningún Estado que pueda acceder al poder dejará de hacerlo. A menos, claro, que la teoría marco sea el Realismo Periférico. Erman González, ex ministro de Economía y de Defensa de la gestión Menem, estaba a favor del reciclado del proyecto y su orientación a los satélites, dado el congelamiento de este. 

Domingo Cavallo, sin embargo, quería la destrucción total como gesto hacia EE. UU., sabiendo que las intenciones norteamericanas eran netamente políticas (Santoro, 1992: 52). Cavallo increpaba al brigadier Ernesto Crespo, ex jefe de la Fuerza, por el financiamiento iraquí de la fabricación de los misiles, respondiéndole éste que Irak no había puesto dinero, y que todo lo exportado a Medio Oriente habían sido motores, no misiles (Barcelona; Villalonga, 1992: 194-197). 
Asumiendo una posición afín con la perspectiva del Realismo Periférico, se iniciaron gestiones entre la República Argentina y la agencia espacial estadounidense NASApara que en 1994 se colocara un 
satélite argentino, el SAC–B. Según Corigliano: 

Durante la visita de Menem a Estados Unidos, que tuvo lugar a fines del mes de 
junio, el tema Cóndor figuró entre los temas de agenda tratados con Bill Clinton. 
Pero los puntos de fricción entre el gobierno argentino y el norteamericano en 
este tema parecieron definitivamente cerrados, a juzgar por las expresiones del 
jefe de Estado Mayor de las Fuerzas Armadas, General Colin Powell, quien sostuvo, durante su encuentro con Menem, que la desactivación del misil Cóndor 
respondió a una decisión “sabia y prudente del gobierno argentino” que constituía “un ejemplo para el mundo” (Corigliano, 2003).


Ante los Estados Unidos, comenzábamos a ser confiables y responsables.

Referencias bibliográficas

Barcelona, E. y Villalonga, J. (1992). Relaciones Carnales. La verdadera 
historia de la construcción y destrucción del misil Cóndor II. Buenos Aires, 
Planeta.
Corigliano, F. (2003). “La Dimensión Bilateral de las Relaciones entre 
Argentina y Estados Unidos durante la década de 1990: El ingreso al paradigma de las ‘Relaciones Especiales’”, en Escudé, C. (ed.): 
Historia General de las Relaciones Exteriores de la República Argentina, 
Parte IV, Tomo XV. Buenos Aires, GEL. Versión electrónica disponible en: http://www.argentina-rree.com.
Santoro, D. (1992). Operación Cóndor II. La historia secreta del misil que 
desmanteló Menem. Buenos Aires, Letra Buena.

Entrevistas

Fuente Fuerza Aérea-A. Vice Comodoro retirado. Buenos Aires, 13 de 
mayo de 2010. 
Fuente Fuerza Aérea-B. Brigadier retirado. Buenos Aires, 31 de mayo 
de 2010. 
Fuente Fuerza Aérea-C. Brigadier retirado. Buenos Aires, 30 de junio 
de 2010. 
Fuente Fuerza Aérea-D. Brigadier Retirado -Miembro del equipo inicial 
Cóndor II. Buenos Aires, 22 de junio de 2011.
Fuente Fuerza Aérea-E. Ingeniero – Falda del Carmen Proyecto Cóndor. 
Falda del Carmen, 6 de agosto de 2010. 
Fuente X. Gestor para-diplomático, analista. Buenos Aires, 3 de mayo 
de 2010. 
Fuente Varotto, Conrado. Director de la CONAE, 27 de mayo de 2010. 


domingo, 22 de marzo de 2026

Argentina: Guerrero, el padre del Cóndor II

Miguel Vicente Guerrero, el patriota que soñó una Argentina fuerte: vida, ciencia y soberanía del “padre” del Cóndor II







Hablar del Comodoro Miguel Vicente Guerrero es hablar de una de esas figuras argentinas extraordinarias que, aun habiendo entregado su inteligencia, su vocación y su vida al servicio de la Nación, no siempre recibieron en su tierra el reconocimiento que merecían. Militar, científico, estratega, docente y nacionalista, Guerrero fue mucho más que el principal impulsor del proyecto misilístico Cóndor II: fue un hombre convencido de que la Argentina debía desarrollar poder propio, tecnología propia y capacidad de defensa propia para dejar de depender de otros y actuar en el mundo con dignidad soberana.

Nacido el 26 de julio de 1943 en Caucete, San Juan, su vida quedó marcada desde la infancia por una tragedia nacional: el devastador terremoto de San Juan del 15 de enero de 1944. Guerrero fue sobreviviente de aquel desastre que destruyó la provincia y se llevó la vida de miles de argentinos, entre ellos dos de sus hermanas pequeñas. Esa herida temprana, atravesada por el dolor, la pérdida y la dureza de un país que tantas veces obligó a sus hijos a levantarse entre ruinas, parece haber forjado en él una fortaleza singular. Desde muy joven entendió que la vida exigía temple, sacrificio y misión.

Estudió con beca en el Liceo Militar de Mendoza y luego ingresó a la Fuerza Aérea Argentina, donde comenzó una carrera brillante. Se recibió como ingeniero electrónico y aeronáutico, egresado de la Escuela de Aviación Militar, y su desempeño sobresaliente lo ubicó rápidamente entre los oficiales más prometedores de su generación. En 1964, siendo alférez, viajó becado a los Estados Unidos para profundizar su formación. Años más tarde, en 1974, regresó para especializarse en tecnología misilística en el Massachusetts Institute of Technology (MIT), una de las instituciones más prestigiosas del mundo, donde se graduó con altísimo mérito académico. Ese paso por el exterior no lo convirtió en un técnico al servicio de intereses ajenos: por el contrario, reforzó su convicción de que el conocimiento más avanzado debía estar puesto al servicio de la Argentina.


Guerrero fue ingeniero electrónico y aeronáutico, egresado de la Escuela de Aviación Militar

Guerrero pertenecía a esa rara estirpe de hombres que comprendían que la ciencia y la defensa nacional no eran mundos separados, sino partes de una misma tarea histórica. Para él, una Nación sin capacidad tecnológica propia era una Nación vulnerable. Y una Nación vulnerable, tarde o temprano, queda sometida a la voluntad de otros. Esa idea se volvería central en su obra.

Su nombre quedó para siempre asociado al proyecto Cóndor, y en especial al Cóndor II, uno de los mayores desarrollos tecnológicos alcanzados por la Argentina en materia estratégica. En las instalaciones de Falda del Carmen, en Córdoba, dentro de un complejo de altísimo secreto y bajo conducción de la Fuerza Aérea, Guerrero encabezó junto a técnicos, científicos y militares argentinos una empresa de enorme envergadura: desarrollar un vector con capacidad de proyección propia, que combinara aplicaciones espaciales, científicas y de disuasión militar.



El proyecto no surgió de la nada ni fue un simple capricho castrense. Respondía a una visión integral de país. Por un lado, buscaba dotar a la Argentina de capacidades para colocar satélites en órbita con medios nacionales, es decir, avanzar hacia la autonomía espacial. Por otro, ofrecía una herramienta concreta de disuasión frente a amenazas externas, especialmente tras la guerra de Malvinas, cuando quedó dolorosamente expuesta la brutal asimetría entre la Argentina y una potencia de la OTAN como el Reino Unido.


Miguel Vicente Guerrero en su época del MIT (Instituto Tecnológico de Massachusetts), donde se graduó en 1974 en Tecnología Misilística

Guerrero comprendió con claridad algo que muchos dirigentes nunca quisieron entender: la recuperación de capacidad negociadora frente al ocupante británico no podía basarse solamente en declaraciones diplomáticas, sino también en la construcción de poder nacional. Su razonamiento era de una lógica geopolítica impecable. Si la Argentina contaba con un sistema capaz de representar una amenaza real sobre el dispositivo militar británico en el Atlántico Sur, Londres se vería obligado a incrementar de manera enorme el costo de sostener su ocupación en las islas. Y cuando el costo de una ocupación se vuelve demasiado alto, la política empieza a cambiar. No se trataba de un impulso temerario, sino de una estrategia de disuasión orientada a reducir la brecha militar y a sentar al Reino Unido a una mesa de negociación desde otra posición.

Por eso, con justicia, muchos lo consideran el “padre del Cóndor II”. Porque no fue un actor secundario ni un mero administrador: fue uno de sus cerebros centrales, uno de los hombres que le dieron dirección, forma y sentido estratégico a uno de los proyectos más ambiciosos de la historia tecnológica argentina.

Su trayectoria, sin embargo, no se agotó allí. Guerrero también fue presidente de la Comisión Nacional de Investigaciones Espaciales (CNIE) y precursor de las telecomunicaciones satelitales argentinas, además de desempeñarse como docente universitario y más tarde como Decano de la Facultad de Ciencia y Tecnología de la Universidad del Salvador. Es decir, no solo pensó en la defensa: también sembró conocimiento, formó profesionales y ayudó a construir capacidades científicas duraderas para el país. Su patriotismo no era declamativo; era concreto, técnico, institucional y profundamente argentino.



Durante la guerra de Malvinas, además, revistó como Mayor de la Fuerza Aérea Argentina y tuvo participación en la planificación de misiones aéreas. Finalizado el conflicto, integró la Comisión Rattenbach, encargada de analizar responsabilidades y evaluar el desarrollo de la guerra. Había combatido, había pensado la defensa, había contribuido a la evaluación crítica posterior. Era, en definitiva, un militar íntegro: comprometido con la Nación antes que con las conveniencias del momento.


Búnker para el lanzamiento y control del misil Cóndor en Cabo Raso, Chubut.

Pero como tantas veces ocurrió en la Argentina con quienes se atrevieron a construir soberanía real, el destino de Guerrero terminó atravesado por la mezquindad política de una época. El proyecto Cóndor, que había avanzado significativamente y despertaba la preocupación de potencias extranjeras, fue finalmente desmantelado durante el gobierno de Carlos Menem, en el marco del alineamiento automático con Estados Unidos y Gran Bretaña. Los nombres de Domingo Cavallo, Guido Di Tella y las presiones ejercidas desde la embajada norteamericana quedaron asociados a aquella decisión que canceló uno de los desarrollos estratégicos más prometedores del país.


Estudió con una beca en el Liceo Militar de Mendoza y luego se incorporó a la Fuerza Aérea

No fue solamente el cierre de un programa: fue la renuncia deliberada a una posibilidad histórica de autonomía. Y como si eso no bastara, a Guerrero no se lo homenajeó por haber cumplido con excelencia la misión que el propio Estado le había encomendado, sino que se lo castigó con el pase a retiro, mientras los equipos de técnicos y científicos que habían hecho posible aquella proeza eran desarticulados. La paradoja fue escandalosa: la Argentina sancionó a uno de sus oficiales más capaces por haber tenido éxito en una tarea clave para el interés nacional.


La Asociación Civil Amigos de Cabo Raso fueron los promotores del homenaje y además construyeron un cenotafio en memoria del Comodoro Guerrero.

Aun así, Guerrero no claudicó. Y allí vuelve a aparecer la dimensión moral de su figura. Tras su retiro, recibió ofertas para continuar su carrera en los Estados Unidos, incluso en el ámbito académico. Habría podido elegir el prestigio exterior, el confort del reconocimiento ajeno o la comodidad de una vida desligada de las frustraciones argentinas. No lo hizo. Eligió quedarse en su país y volcar su conocimiento en la formación de nuevas generaciones. Fue docente, decano, director, maestro. Siguió sirviendo a la Nación desde las aulas y desde la ciencia, con la misma lealtad con la que había servido desde el uniforme.



Quienes lo conocieron lo recuerdan como un hombre noble, brillante, sobrio y profundamente comprometido con la Patria. No era un improvisado ni un aventurero: era un profesional de altísimo nivel, un estratega serio, un científico respetado y un argentino convencido de que la soberanía no se mendiga, se construye. En tiempos de dependencia cultural, él defendía el desarrollo nacional. En tiempos de subordinación política, él pensaba en grande. En tiempos de resignación, él apostaba a una Argentina capaz.

Su fallecimiento, en agosto de 2019, pasó para muchos casi en silencio, como si la desmemoria nacional insistiera en repetir una de sus peores costumbres: olvidar a los mejores. Sin embargo, la figura de Miguel Vicente Guerrero resiste ese olvido. Sobrevive en cada argentino que entiende que no hay independencia sin ciencia, que no hay diplomacia eficaz sin poder propio, y que no hay futuro para la Nación si se desprecia a quienes trabajaron para hacerla más libre, más fuerte y más respetada.



Recordar al Comodoro Miguel Vicente Guerrero no es solo hacer justicia con un hombre excepcional. Es también recuperar una enseñanza central para la Argentina contemporánea: los países que renuncian a su talento estratégico, que castigan a sus patriotas y que entregan sin resistencia sus capacidades tecnológicas, se condenan a la impotencia. En cambio, los pueblos que honran a sus hombres de ciencia, a sus militares honestos y a sus constructores de soberanía, mantienen viva la posibilidad de ponerse nuevamente de pie.


El Cóndor II en su torre de servicio.


Miguel Vicente Guerrero fue uno de esos argentinos imprescindibles. Un sanjuanino marcado por la tragedia, formado en la excelencia, consagrado al servicio, protagonista de la defensa nacional, impulsor del desarrollo espacial y misilístico, y ejemplo de fidelidad a la Patria. Su vida demuestra que la grandeza argentina no es una nostalgia vacía: es una posibilidad concreta cuando aparecen hombres dispuestos a pensar, trabajar y sacrificarse por ella.



Y si la Argentina alguna vez decide reencontrarse con su destino de Nación soberana, industrial, científica y respetada, deberá volver la vista hacia figuras como la suya. Porque allí, en hombres como Guerrero, late todavía una idea de país que no se rindió jamás.


En el 2016 recibió una distinción por su carrera en la Fuerza Aérea

domingo, 23 de noviembre de 2025

Argentina: El proyecto Cóndor 1

Historia Aeronáutica: El misil Cóndor I





Muy pocos conocen o nombran este desarrollo argentino. Es algo así como el eslabón perdido de la cohetería argentina. Conocemos la secuencia que se inicia con el Alfa Centauro en 1961 y llega hasta el Castor en 1969. Y también conocemos con bastante detalle lo ocurrido con el Cóndor II y el planeado Cóndor III desde la guerra de Malvinas hasta que Carlos Menem cedió a la presión norteamericana y puso fin a la historia en 1991-93.
El Cóndor I estaba destinado fundamentalmente al desarrollo de un motor cohete, y utilizar eventualmente este cohete para investigaciones atmosféricas, con un apogeo de 300 km y una carga de pago de alrededor de 400-500 kg.



Los primeros ensayos estáticos del motor se realizaron -aparentemente- a mediados de 1983, y se tenía planeado lanzar el primer Cóndor I hacia fines de 1985, cosa que nunca ocurrió.
Pero no tenemos datos precisos, sólo referencias vagas y a veces contradictorias o fantasiosas acerca de esa etapa inaugural del proyecto Cóndor, que se inició aparentemente en 1973; en realidad, no se sabe siquiera quién lo concibió ni quién trazó sus directrices, ni cómo se planeó su desarrollo, ni quién diseñó el motor ni quién definió su combustible. La única prueba concreta de que hubo un Cóndor I, aunque fuese en el papel, es el Cóndor II, que no nació de la nada. Como suele suceder, la falta de información se rellena con versiones, y las versiones colocan en lugar privilegiado de ese proyecto inicial al Teniente Coronel Larrabure, el ingeniero que trabajaba en la fábrica militar de Villa María.
Los Estados Unidos siempre procuraron desalentar por todos los medios el desarrollo nuclear y misilístico de la Argentina, y en el segundo caso efectivamente lograron su propósito.
En verdad, el ataque contra la planta fue tan raro como raro fue el cautiverio de Larrabure. Los agresores de la columna Decididos de Córdoba se llevaron unas cuantas armas, es cierto, pero según testigos parecían más interesados en buscar papeles y documentos, y en capturar a sus máximas autoridades.



El director de la fábrica, el Teniente Coronel Osvaldo Guardone, se defendió a los tiros, hirió de muerte a un atacante, y se puso a salvo; el Capitán Adolfo García, ingeniero químico, resultó gravemente herido y fue abandonado por los agresores, que finalmente solo pudieron llevar consigo a Larrabure en su retirada.
Algunas versiones sugieren que también se alzaron con los papeles del Cóndor I, y que por eso nunca aparecieron.
Esto también es parte de nuestra historia-


sábado, 20 de abril de 2019

Argentina: Decretos secretos sobre la subversión, Condor II y otros

Qué dicen ocho decretos secretos dictados en democracia que Cristina Kirchner mantuvo bajo reserva 

Infobae revela por primera vez su contenido. Son normas que la ex presidenta no desclasificó cuando dispuso la publicación de este tipo de documentos a partir de 2012

Por Mariel Fitz Patrick y Sandra Crucianelli  |  Infobae


 
Impresentables inútiles al frente de la presidencia


Son decretos secretos dictados por presidentes democráticos que se mantienen ocultos. Se refieren al programa del misil Cóndor II promovido por Raúl Alfonsín que finalmente quedó trunco; a la "lucha contra la subversión" ordenada por Juan Domingo Perón y su viuda Isabel a mediado de los 70's; y a la venta de armas a Croacia y Ecuador dispuesta por Carlos Menem cuando el país no podía hacerlo. Ninguno de los 8 fue incluido en la desclasificación de decretos secretos que realizó Cristina Kirchner entre 2013 y 2015, y que abarcó el período que va desde 1957 hasta fines de 1983.

Dos de esos decretos reservados fueron liberados por Mauricio Macri recién en 2017. Pero los otros seis que se revelan en esta nota siguen estando bajo el rótulo de "secretos" aún hoy en día. Fueron hallados por la Unidad de Datos de Infobae en una búsqueda profunda que incluyó el cruce de distintos parámetros. Uno fue firmado por Perón durante su tercer mandato, dos por Isabelita, otros dos por Alfonsín y tres por Menem.

Proyecto Cóndor II

El 9 de abril de 1985, Alfonsín dictó el decreto secreto Nº 604 por el que aprobó los Programas Cóndor I y Cóndor II como parte del Plan de Satelización de la Fuerza Aérea Argentina. Este decreto convalidaba una serie de contratos firmados el 14 de diciembre del año anterior entre la Fuerza Aérea y la empresa estatal Tecnología Aeroespacial S.A. (TEA) por un lado, y un consorcio de empresas extranjeras – IFAT Corp. Ltd (con sede en Suiza) y CONSEN SAM (con sede en Mónaco)- por el otro, bajo la coordinación del Ministerio de Defensa de Egipto.

Modelo de la cabeza de guerra del misil Cóndor II en una planta en Mendoza (Gentileza Pablo De León)

Los contratos preveían la exportación a Egipto de entre 12 y 30 motores de combustibles sólidos para propulsión de vectores y/o misiles, entre 1985 y 1988, sin control de la Aduana o de otro organismo civil. Se llegó a concretar el envío de 12 de ellos a través de aviones Hércules de la Fuerza Aérea.

A partir de 1987, el acuerdo firmado por 35 países -entre los que estaban las principales potencias- para impedir la exportación de tecnología misilística con posible uso nuclear a los países en vías de desarrollo, llamado Régimen de Control de Tecnología de Misiles (MTCR), aumentó la presión de Estados Unidos sobre el gobierno de Alfonsín para frenar ese proyecto.


Prueba estática de un motor del Cóndor I en la planta de Falda del Carmen en Córdoba (Gentileza Pablo De León)

Sin embargo, el mandatario radical decidió continuarlo y dictó un segundo decreto secreto – el Nº 1325 del 13 de agosto de 1987– , por el cual aprobó un acuerdo entre la Fuerza Aérea y las empresas CONSELTEC SA y DESINTEC SA, para la creación de la sociedad Integradora Aeroespacial S.A. (INTESA), destinar a ejecutar el cumplimiento de los programas Cóndor I y II.

El texto de estos dos decretos secretos y los detalles de este desarrollo tecnológico argentino fueron incluidos en la tesis realizada por el investigador aeroespacial argentino Pablo Gabriel de León, a la que accedió la Unidad de Datos de Infobae en un repositorio de la Universidad de San Andrés.

Esa investigación fue luego ampliada por De León en su libro "El Proyecto del Misil Cóndor", publicado en 2017 por la editorial Lenguaje Claro. De León reside actualmente en los Estados Unidos, donde dirige un laboratorio de trajes espaciales en el Departamento de Estudios Espaciales de la Universidad de Dakota del Norte, y trabaja para la NASA desde hace 25 años.

 

Hasta ese momento, el contenido de ambos decretos era desconocido. Este experto en temas aeroespaciales pudo acceder a ellos a partir de un pedido de desclasificación de documentos sobre el proyecto Cóndor al Departamento de Estado de Estados Unidos y a la Agencia Central de Inteligencia (CIA), vía el Acta de Acceso de la Información de ese país (llamada Freedom of Information Act, FOIA, en inglés).

La CIA accedió finalmente a desclasificar parcialmente esos documentos, que incluían estos dos decretos que los argentinos no conocían, y que aún hoy se mantiene secretos.

Si bien los archivos que obtuvo De León tenían múltiples tachaduras de nombres y detalles que la inteligencia norteamericana buscó preservar, los textos de estos dos decretos secretos dictados por Alfonsín estaban transcriptos completos.

De León sostiene que si bien en una entrevista que le hizo al ex ministro de defensa de Alfonsín Horacio Jaunarena para su tesis, éste "aseguraba que el programa era un proyecto pacífico", para este investigador no había no había dudas que "los fines del Cóndor Il, eran claramente bélicos".

"Es probable que la Fuerza Aérea – que fue la única que protegió a Alfonsín en la época de los levantamientos carapintadas-, se lo haya 'vendido' así, y que el ex mandatario radical haya hecho la vista gorda para garantizarse la lealtad de esa fuerza", sostiene en diálogo con Infobae.

Modelo de la cabeza del misil Cóndor II montada en un mecanismo de elevación, en una planta en Mendoza (Gentileza Pablo De León)

Consultado por este medio, Raúl Alconada Sempé, ex vicecanciller del gobierno radical, asegura por su parte que el proyecto Cóndor II no fue concebido con objetivos bélicos. "Argentina desarrolló un combustible sólido, que es lo más complejo, capaz de propulsar vectores a gran distancia que podían llevar un satélite, un misil o armas nucleares".

También asegura que en distintas reuniones con el entonces secretario de Estado de Ronald Reagan, George Shultz, desde el gobierno de Alfonsín -incluido el propio presidente- "cuando en distintas reuniones sacaba el tema del Cóndor II, siempre le aseguraron a Shultz que Argentina no tenía ninguna de las armas que podían preocupar a su país, o al Reino Unido por la distancia que podría alcanzar un cohete con la tecnología del Cóndor II desde el continente hasta Malvinas".

Según recuerda este ex vicecanciller radical, durante su campaña Menem hizo un acuerdo con los ex carapintadas Aldo Rico y Mohamed Alí Seineldín para crear una cuarta fuerza armada con gran capacidad de movilidad, al estilo de los marines norteamericanos a cambio del apoyo a su candidatura. Tras su triunfo como presidente, en la Asamblea de la ONU de septiembre de 1989, "el gobierno de Estados Unidos le hizo saber a Menem que no iba a aceptar que siga financiando el proyecto de una cuarta fuerza armada, y le exigió que desmantele el programa del Cóndor II".

Menem con George Bush (padre) en el inicio de las "relaciones carnales"

El proyecto fue finalmente desactivado por el ex mandatario riojano mediante el decreto 995 del 28 de mayo de 1991,a partir del establecimiento de las "relaciones carnales" con Estados Unidos.

-¿Por qué Cristina Kirchner pudo haber decidido mantener secretos esos dos decretos de Alfonsín?, le preguntó Infobae a De León.

–Una posible respuesta es por la responsabilidad de Argentina de tener que pagar por los contratos incumplidos por el país cuando el programa Cóndor I y II fue desactivado por Menem.

De León también menciona en su libro la posibilidad de que los atentados a la embajada de Israel y la AMIA hayan podido ser una represalia de los clientes finales de la tecnología del misil Cóndor desarrollada por Argentina, luego de que Menem incumpliera los compromisos asumidos.

Esos clientes serían Irak, a través del contrato de la Fuerza Aérea argentina con Egipto, Siria -que tenía un acuerdo para el desarrollo de armas nucleares con Irak- y Libia. Este último país habría financiado la campaña de Menem a la presidencia a cambio de la posterior transferencia de tecnología para un posible uso nuclear.

La preocupación de los Estados Unidos por los posibles destinatarios finales de la tecnología del Cóndor II fue admitida por el ex canciller de Menem, Domingo Cavallo, en una reunión en la casa de Alfonsín en la que participó Alconada Sempé, cuando el ex ministro ya se había ido del gobierno de Menem. Según recordó ante Infobae el ex vicecanciller radical, en ese encuentro Cavallo comentó que Menem habría recibido fondos para su campaña de Libia, e incluso de Siria, a cambio de transferencia de tecnología del Cóndor II.

La hipótesis de una posible represalia de países árabes se manejó en la Unidad Especial de Investigación del Atentado a la AMIA. Así se lo confirmó a Infobae Raúl Woscoff, quien fuera asesor en esa Secretaría de Estado hasta que fue absorbida por la Secretaría de Derechos Humanos.

Los decretos secretos de Perón e Isabelita

Entre los decretos reservados que Cristina Kirchner no desclasificó, hay también uno firmado por Perón, en 1974, y dos rubricados por su viuda Isabel, en 1975, cuando el país ya estaba convulsionado por los ataques de la guerrilla y el accionar represivo paraestatal de la Triple A.

De los 481 decretos reservados dictados entre 1974 y 1975 que fueron publicados por la ex presidenta entre 2013 y 2015, solo uno estaba referido a la "lucha contra la subversión" encarada por el tercer gobierno peronista. Era el decreto S 261 del 5 febrero 1975 firmado por María Estela Martínez de Perón, que dispuso que "el Comando General del Ejército proceda a ejecutar las operaciones militares que sean necesarias para neutralizar y/o aniquilar el accionar de los elementos subversivos que actúan en la provincia de Tucumán".

  La mafia del peronismo en reunión de gabinete. Isabel firmó dos decretos secretos en 1975 para la lucha contra la “subversión”(Getty Images)

Otros tres referidos a la represión de la lucha armada no fueron desclasificados por la ex mandataria. Uno es el decreto S 1.302 del 27 de abril de 1974 firmado por Perón dos meses antes de morir, en el que el ex presidente acusaba a la "subversión armada de grupos radicalizados" de "buscar la toma del poder para modificar el sistema de vida democrático pluripartidista".

 
El decreto secreto firmado por Perón en 1974 para combatir a la "subversión"

El texto, que también lleva la firma del entonces ministro del Interior, Ángel Federico Robledo, comunicaba la aprobación de "las Directivas para los "Conflictos Graves Nº 1 denominado 'Topo' y Nº 2 denominado 'Yacaré'".

Para el "conflicto grave" bautizado Topo", se fijaba el objetivo de "eliminar las acciones subversivas violentas y no violentas, las causas que las provocan y consolidar espiritual y materialmente al régimen democrático como ámbito de realización integral del hombre".

Un año después, su viuda Isabel firmó el decreto S 993 del 16 de abril de 1975, en el que dispuso elaborar un plan para "eliminar las acciones subversivas violentas y no violentas".

Ambos decretos fueron desclasificados por Mauricio Macri en mayo de 2017, que dispuso su envío al Museo de la Memoria, "por ser parte de la Historia Nacional".

En cuanto al tercer decreto secreto sobre el tema que hasta ahora permanece secreto, solo se tiene una referencia de su existencia. Aparece publicado en el libro de Cristian Gutiérrez Tapia, bajo el título "La contrasubversión como política". El autor, que es historiador y magíster en Historia de América de la Universidad de Santiago de Chile, publicó su trabajo en 2018.



 
El libro de Gutiérrez Tapia donde se hace referencia al otro decreto secreto.

Se trata del Decreto S 404 de 1975, firmado por la viuda de Perón y hace referencia a una directiva del Comandante General del Ejército para la lucha contra la subversión. También señala los puntos centrales de la represión que se implementó en Argentina.

Venta de armas camufladas

Finalmente, otros tres decretos secretos que Cristina Kirchner no desclasificó se refieren a la venta de armas por parte de Menem a Panamá y Venezuela a principios de los 90's, cuando en realidad esos embarques fueron destinados a Ecuador -que en ese momento libraba una guerra con Perú- y a Croacia, que tenía un embargo internacional.

La ex mandataria no los hizo público pese a que para marzo de 2013, Menem había sido condenado por la Cámara de Casación Penal, y tres meses después, un Tribunal Oral le fijó una pena de siete años de prisión como el responsable de mayor jerarquía del contrabando de armas del Ejército a dos países a los que Argentina no debía venderle armamento.

Se trata de los decretos S 1697 del 27 de agosto de 1991 y el S 2283 del 31 de octubre de ese mismo año, que decían que el supuesto destinatario de las armas era Panamá.

El tercero es el S 103 del 24 de enero de 1995 y autorizaba la venta de armas a Venezuela, que nunca las había pedido, y su destino final era Ecuador y Croacia. Fue publicado en 2006 en el libro "Servicios de Inteligencia: ¿fuera de la ley?", de Fernando Rueda, doctor en Periodismo por la Universidad Complutense y uno de los máximos especialistas españoles en asuntos de espionaje.

El decreto ordenaba a la Aduana que permitiera la salida del material bélico verificando únicamente el peso, el valor y la cantidad de bultos, no así el contenido.



 
El decreto S 103 firmado por Menem, citado por el español Fernando Rueda

La condena a siete años de prisión contra Menem fue confirmada por Casación Penal en 2017, pero el caso llegó a la Corte y el año pasado el actual senador nacional terminó absuelto en un nuevo fallo por el tiempo transcurrido en la realización del proceso.


Menem terminó absuelto en la causa de venta ilegal de armas (NA)

Decretos que aún permanecen en el misterio

La ex presidenta había liberado 9.037 decretos secretos firmados por distintos gobiernos, tanto militares como democráticos, que van desde 1957 al 2003, tal como Infobae reveló el pasado 24 de marzo.

Lo hizo mediante el decreto 2.103 del 2012. Sin embargo mantuvo una cantidad que aún se desconoce sin desclasificar y sin que se sepan fehacientemente los motivos en cada caso. El artículo 1º de esa norma preveía como excepciones "razones de defensa nacional, seguridad interior o política exterior; y los relacionados con el conflicto bélico del Atlántico Sur y cualquier otro conflicto de carácter interestatal".

De acuerdo a la información obtenida hasta ahora por Infobae, hay al menos 1.696 decretos secretos firmados durante la última dictadura que Cristina Kirchner dispuso no liberar, aunque es posible que haya más.
No se conoce su contenido porque se mantienen en reserva, tal como confirmó la respuesta de la Secretaria Legal y Técnica al Ministerio de Defensa, en base a un pedido de Acceso a la Información realizado por este medio.

Infobae presentó esta solicitud luego del fallo de la Corte Suprema en marzo pasado, a partir de una demanda iniciada en 2009 por el periodista Claudio Savoia para conocer el contenidos de los decretos secretos emitidos durante la última dictadura militar.

El Máximo tribunal le ordenó a la Cámara Contencioso Administrativo que le exija al actual Gobierno la divulgación de todos los decretos secretos dictados entre 1976 y 1983 que hubieran quedado desclasificar. Y si el Estado considerase que, aún hoy, algunos de ellos debían permanecer en secreto -por referirse, por ejemplo, a cuestiones vinculada a Malvinas-, que esas razones se expliciten y sean supervisadas por la Justicia.

Cómo se procesó la información

Se realizó un rastreo documental del término "decreto secreto" vía búsqueda avanzada en la Web, que arrojó 2.480 resultados para Argentina. De este total, 340 contenían información sobre decretos que no fueron incluídos en la desclasificación impulsada por el gobierno anterior.

Relevados en su totalidad e identificados los números y año de cada resolución, se cruzó esa información con la base de datos de los 9.037 decretos desclasificados por CFK entre 2013 y 2015, cuyos resultados dieron origen a la nota que Infobae publicó el pasado 24 de marzo.

Los decretos desclasificados, así como los 354 anexos, fueron subidos a la plataforma Document Cloud (ver aquí), que permite acceder al contenido en formato texto y buscar dentro de los mismos. Luego se automatizó el conteo de cada norma, para la serie temporal completa, que va desde 1957 al 2003 (consultar en este enlace).

También se relevaron patrones de repetición, a través de distintas variables que se pusieron bajo estudio. Los datos abiertos de los decretos secretos en formato texto se pueden consultar desde este enlace.

domingo, 13 de mayo de 2018

Argentina: La dubitativa administración Alfonsín y el mercado de armas

Las Relaciones con los Países asiáticos


Historia de las Relaciones Exteriores

Alfonsin: la situación post:Malvinas 


En marzo de 1984, llegó a Buenos Aires una delegación de parlamentarios de Israel con el objetivo de solicitar a la Comisión Nacional sobre Desaparición de Personas (CONADEP) informes sobre la situación de casi 400 ciudadanos de ese país desaparecidos durante el Proceso militar (1).
    Cabe destacar también el viaje a Israel emprendido entre fines de marzo y principios de abril de 1989 por el ministro de Defensa argentino, José Horacio Jaunarena, con el objetivo de destrabar la venta de aviones norteamericanos Skyhawk, que venía congelada desde 1982. Pero las gestiones de Jaunarena se toparon con un requisito planteado por los negociadores israelíes: la venta de aviones estaría condicionada a que la Argentina rompiera el acuerdo con Egipto para fabricar el misil Cóndor II -que había sido probado exitosamente en una base de la Fuerza Aérea en la Patagonia el 3 de marzo-, y negociara la participación de Tel Aviv en el proyecto (2).


Mirages israelíes  fueron adquiridos para reponer las perdidas de Malvinas

    Por otra parte, el fin del Proceso militar y la instauración del gobierno democrático no interrumpieron el negocio de la venta de armas a Irán. Paradójicamente, esta continuidad se debió a la decisión del presidente Alfonsín de reducir el presupuesto militar total del 4% del PBI al 2,5%. Esta medida obligó a que el Ejército argentino, hasta entonces principal adquirente de armas y municiones a la Dirección General de Fabricaciones Militares (DGFM), interrumpiera sus compras. A su vez, esta situación movió a que un dirigente radical amigo del ministro de Defensa Raúl Borrás, el contador Raúl Abel Tomás, secretario de Producción para la Defensa a cargo de la DGFM, decidiera incrementar las exportaciones de armas como "una forma de paliar la disminución del mercado interno y de conseguir fondos frescos" para mantener las fuerzas armadas (3).



Misil Cóndor II fue quizá el proyecto mas ambicioso y controvertido de la industria militar argentina

Operativo EZARIM: antes de los atentados, buenos negocios

    El decreto presidencial secreto 1723 del 7 de junio de 1984 -firmado por el ministro de Defensa Raúl Borrás, el canciller Dante Caputo y el ministro de Economía Bernardo Grinspun- puso en marcha la primera venta de armas a Irán durante el gobierno democrático, el "Operativo Ezarim", que consistió en la venta al contado de 18 cañones CITER de 155 milímetros; 200.000 proyectiles para dichos cañones; 100 equipos electrónicos de vigilancia terrestre y 100 radios mochila (4). Por su parte, el titular de Defensa desmintió que hubiera efectuado una venta de 100 tanques argentinos medianos (TAM) y de dos destructores tipo 42 -el Hércules y el Santísima Trinidad- al mercado iraní (5).
    Además del comercio de armas, otro rubro de intercambio relevante con Irán fueron las exportaciones argentinas de granos. A fines de abril de 1984, la Junta Nacional de Granos de la Argentina concretó la venta de 60.000 toneladas de arroz a la República Islámica de Irán (6).
    Decididas a no perder el lucrativo negocio que implicaba la existencia por esos años del conflicto entre Irán e Irak, las autoridades de la DGFM presionaron al gobierno del presidente Alfonsín para que no interrumpiera el comercio de armas. Así, el secretario de Producción para la Defensa Tomás logró convencer a Alfonsín de que aprobara un nuevo decreto presidencial secreto, el 987 del 5 de junio de 1985, que autorizó la exportación a Irán con fines de demostración los siguientes elementos: un avión Pucará; dos lanzadores de cohetes para Pucará; 56 cohetes Pampero para Pucará; cuatro bombas de 250 kilos y proyectiles para Pucará; diez tanques con dotación de armamentos y munición completa; diez misiles antitanque hiloguiado Mathogo y setenta y seis misiles aire-superficie Albatros y ocho coheteras para lanzarlos. En esa misma fecha, Alfonsín autorizó otro decreto secreto, el 988, por el cual el Instituto de Investigaciones Científicas y Técnicas de las Fuerzas Armadas de la Argentina (CITEFA) enviaba a Irán un sistema de comando para misil Mathogo 2000 y otro para misil Mathogo 3000 disparado desde helicóptero (7).
Alfonsín, un enorme incapaz

    Por cierto, esta medida contrastaba con la aparición, en la sesión del 19 de junio en la Cámara Alta, de un proyecto de resolución que, en clave abiertamente pacifista, condenaba el uso de armas químicas en el conflicto entre Irán e Irak. Dicho proyecto fue firmado por senadores pertenecientes tanto a las filas del oficialismo -Adolfo Gass, Luis León, Miguel Mathus Escorihuela, Fernando de la Rúa- como de la oposición -los peronistas Julio A. Amoedo, Luis Salim, Eduardo Menem, Olijuela del Valle Rivas, Edgardo Murguía, Jorge Castro y el bloquista sanjuanino Carlos Gómez Centurión  8.
    El 9 de octubre de 1985, el decreto presidencial secreto 1978 autorizó la venta a Irán de 1500 cohetes del modelo Cohete Argentino Mediano (CAM), 7 lanzadores de esos cohetes y 2 sistemas de guiado. Este decreto tiene las firmas de los ministros de Defensa, Roque Carranza; Relaciones Exteriores, Dante Caputo, y Obras Públicas, Roberto Tomasini (9).
    Más tarde, el 27 de febrero de 1987, Alfonsín firmó el decreto secreto 307 que autorizó un contrato para vender al gobierno de Irán 18 mil granos propulsantes para cohetes, por medio de la empresa argentina Proveedores Argentinos de Equipos Sociedad Anónima (PRADESA) (10). El 3 de junio de 1987, Alfonsín autorizó a través del decreto secreto 852 un nuevo convenio con Irán para la venta de 600.000 fojas negras, 1400 toneladas de pólvora para los cañones de 155 milímetros y 100 toneladas de pólvora CBI (a base de nitroglucosa monobásica). Esta operación había sido impulsada por el titular de PRADESA, José Mondino, quien de acuerdo con el decreto recibiría 10% del total del contrato (cuyo monto ascendía a 38.174.000 dólares en condiciones FOB en el puerto de Buenos Aires). Pero cuando se había cumplido con una parte del decreto, la Argentina e Irán decidieron de común acuerdo suspender el contrato, lo que desató una batalla legal de Mondino para cobrar la totalidad de la comisión. El proceso judicial finalizó con el fallo de la Suprema Corte de Justicia del 15 de marzo de 1994 en contra de las exigencias de Mondino, ya que la resolución sostenía que se trataba de una comisión del 10% que "revestía un carácter de tope máximo y no de suma fija e irrevisable (11)".

Irak: Con Dios y con el Diablo o cordobeses versus entrerrianos

    Meses después de concretada la "Operación Ezarim" con Irán, a principios de 1985, el gobernador de Córdoba, Eduardo Angeloz, se reunió con el presidente Alfonsín en forma reservada. En dicha ocasión, Angeloz pidió al primer mandatario el permiso para concretar la venta de 20 aviones argentinos Pucará a Irak al precio de 3.825.000 dólares, es decir, una operación cuyo monto total ascendía a casi 80 millones de dólares. Pero esta demanda iraquí dividió las opiniones de las personas que tenían poder de decisión al respecto. A favor de la operación estuvieron el gobernador de Córdoba -quien sostenía que la venta del Pucará, producido en el Area Material Córdoba de la Fuerza Aérea daría trabajo a cientos de personas en su provincia- y el jefe de la Fuerza Aérea, brigadier general Ernesto Crespo. En contra de la venta de los aviones argentinos estuvieron el ministro de Defensa, Raúl Borrás; el secretario de Producción para la Defensa a cargo de la DGFM, Raúl Tomás -quien temía el impacto negativo de esta operación en las ventas de armas a Irán-; el canciller Dante Caputo -por sus efectos para la imagen externa de la Argentina tanto en Washington como en el resto de la comunidad internacional-; y el gobernador de Entre Ríos, Sergio Montiel -en representación de los intereses de los productores de arroz que exportaban a Irán y no querían interrumpir sus operaciones comerciales por una venta de Pucará a Irak-. Así, a pesar de que el 29 de marzo de 1985 se firmó un contrato que contemplaba la venta de seis Pucará a Irak en seis meses, y el entrenamiento de pilotos de la Fuerza Aérea Iraquí por parte de oficiales argentinos, la compra de estos aviones se frustró porque el presidente del Banco Central, José Luis Machinea, negó la prefinanciación necesaria argumentando que se necesitaban divisas para el inminente lanzamiento del Plan Austral (12).


Se quiso vender Pucará a Irak para combatir a la guerrilla kurda

Extremo Oriente

    Por otra parte, cabe mencionar la visita del presidente de la India, Zail Singh, a la Argentina, a fines de abril de 1984. Fruto de las conversaciones con su colega argentino Alfonsín fue la firma de un acuerdo naviero para que las embarcaciones de ambos países pudieran operar en forma conjunta tanto en puertos argentinos como indios. Asimismo, ambos presidentes trataron la convocatoria a una reunión extraordinaria de Países No Alineados (13).
    Al año siguiente, en ocasión de la Reunión del Grupo de los Seis sobre Desarme en enero de 1985 en la capital india, Nueva Delhi, el presidente Raúl Alfonsín y el primer ministro Rajivh Gandhi firmaron, en un contexto de importantes convergencias políticas en torno del desarme y de un intercambio comercial cuyo saldo era notoriamente favorable a la Argentina, tres acuerdos sobre complementación en materia económica y comercial; científica y tecnológica, y cultural y educativa. Un punto relevante de estos acuerdos fue la decisión de crear empresas comunes para la fabricación y exportación a terceros países de manufacturas de cuero, productos farmacéuticos, petroquímica y máquinas herramientas de alta tecnología (14).
    En el caso de China, cabe destacar que, a fines de agosto de 1984 llegó a la Argentina una delegación de este país encabezada por el viceministro de Gestiones Económicas Estatales, Lin Zhontag, y compuesta por nueve especialistas en temas nucleares, con el objeto de establecer vinculaciones económicas en el campo de la energía nuclear con fines pacíficos -ámbito en el que China tenía falencias dado su énfasis en el aspecto militar de dicha energía (15)-.
    En abril de 1985 el canciller Caputo viajó a China, ocasión en la que firmó con su colega, Wu Xuequian, un acuerdo para la aplicación de los usos pacíficos de la energía nuclear. Este convenio preveía el uso pacífico de cualquier material o equipo transferido; coloca toda transferencia de tecnología nuclear bajo el sistema de salvaguardias de la OIEA y establece las siguientes áreas de cooperación: a) investigación, diseño, construcción y operación de centrales nucleares y reactores; b) exploración, minería y procesamiento de minerales de uranio; c) ingeniería, fabricación y suministro de elementos combustibles nucleares, incluyendo materiales para su uso en reactores nucleares; d) gestión de desecho radiactivo; e) producción y aplicación de radioisótopos; f) protección radiológica y seguridad nuclear, y g) protección física de materiales nucleares (16).
    En el marco de las relaciones con China -en ese momento un importante socio comercial de la Argentina, y uno de los que sostenían junto con Irán y la URSS el reducido saldo favorable de la balanza comercial argentina-, se destacó en mayo de 1988 el viaje de Alfonsín a Pekín. En esta ocasión, el primer mandatario argentino estuvo acompañado de una nutrida comitiva integrada por representantes de grandes empresas comerciales y de la pequeña y mediana industria. De acuerdo con Russell, el resultado más importante de esta visita presidencial fue la decisión de los gobiernos argentino y chino de crear un órgano de consulta permanente de alto nivel, con el objetivo de intercambiar ideas sobre la evolución de la situación política internacional. Este acuerdo político se vio en gran medida facilitado por las coincidencias existentes en los dos países en el seno de Naciones Unidas, donde China respaldó más del 80% de las posiciones sustentadas por la diplomacia argentina (entre ellas los reclamos de soberanía argentinos sobre las islas Malvinas); y por el diagnóstico coincidente respecto del rol moderador y crecientemente activo que deberían jugar tanto Buenos Aires como Pekín en un contexto global más complejo e interdependiente que el de los años de la pax americana (17).
    Por cierto, los temas más conflictivos de la agenda política fueron intencionalmente dejados de lado para no perturbar el alto nivel de convergencias políticas. Entre aquéllos figuraban la indefinición de la Cancillería argentina respecto de la situación de las islas Spratly -disputadas entre China y Vietnam desde 1979-; el acuerdo firmado en 1985 por el canciller Caputo -que despertó la preocupación norteamericana ya que ninguno de los dos países había firmado el Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP)-, y el frustrado ofrecimiento chino de armamentos a la Fuerza Aérea argentina -en particular aviones F7, que no cubrían los requerimientos argentinos porque no tenían suficiente autonomía de vuelo como para alcanzar las islas Malvinas (18)-.


Argentina se interesó por el J7 pero se lo descartó por sus pobres funcionalidades

    No obstante la existencia de estos acuerdos políticos de mediano y largo plazo, la visita de Alfonsín evidenció también la persistencia de obstáculos económicos: la naturaleza de las importaciones argentinas, centradas en equipos y materias primas, rubros donde China no ha sido competitiva; el excesivo peso de los productos primarios en las exportaciones argentinas (principalmente lanas, cereales, productos oleaginosos y cueros); la limitada capacidad de compra del mercado chino en este rubro de las exportaciones argentinas; y las rígidas políticas cambiarias adoptadas por ambos países, que han impedido la diversificación del intercambio comercial bilateral (19).
    De todas maneras, la visita presidencial dejó como saldo la firma de seis acuerdos bilaterales entre Alfonsín y su colega chino Yang Sankjun, sobre temas tan diversos como la cooperación aeroespacial, el intercambio tecnológico-agropecuario, la sanidad animal, las compras de carbón mineralizado para SOMISA y térmico para Agua y Energía y SEGBA, y la puesta en marcha de una granja experimental modelo, en la que China cedía unas 2000 hectáreas y la Argentina proveía la tecnología (20).
    Por último, respecto del Japón, debe mencionarse, en julio de 1986 el viaje del presidente Alfonsín a dicho país, en el contexto de una nueva política que buscaba formas de asociación con potencias económicas que, en palabras del canciller Caputo no intentaban "ninguna forma de hegemonía política", y que por esta razón no ofrecían "riesgos de generar ninguna posibilidad de dependencia económica (21)".
    Como resultados concretos de la visita presidencial a Japón, se destacaron: la constitución de un grupo bilateral de seguimiento -integrado por representantes de entes oficiales y privados de ambos países-; el crédito de 100 millones de dólares otorgado por el Eximbank a la Argentina -relevante porque, a diferencia del resto de los créditos, era de libre disponibilidad, aunque debía utilizarse para la compra de productos de origen japonés-; la firma de dos convenios de pesca -uno para el financiamiento de investigaciones de pesca de fondo en la zona económica exclusiva de la Argentina, y otro que consistía en un acuerdo marco para la cooperación bilateral en la explotación de la misma área; y el compromiso de Japón de comprar a la Argentina alrededor de 3 millones de granos -paso importante dado que durante 1986 la URSS no había cumplido plenamente el convenio de granos firmado con la Argentina (22).
    En octubre de 1987 Japón otorgó otro respaldo financiero importante a la economía argentina, cuando el Eximbank de Japón, aprobó, conjuntamente con el Banco Mundial, la concesión de un crédito por 737 millones de dólares a bajo interés y amortización prolongada para proyectos petroquímicos y de gas natural. Lo importante de este nuevo crédito radicó en que, a diferencia del otorgado en 1986, la Argentina no estaba obligada a adquirir productos de fabricación japonesa (23).

Notas


1. Ver al respecto "Misión israelí", Clarín, 16 de marzo de 1984, p. 11; "Un grupo de parlamentarios de Israel llegó a esta ciudad", La Prensa, 18 de marzo de 1984, p. 4; y Cronología relaciones internacionales de Argentina, marzo / diciembre de 1984, op. cit., p. 51.

2. Ver al respecto los editoriales "Jaunarena negocia aviones en Israel", Ambito Financiero, 30 de marzo de 1988, p. 11, y "El Cóndor voló 504 km y llegó a la mesa de negociación en Israel", por Horacio Verbitsky, Página /12, 4 de abril de 1989, p. 4.

3. Esta decisión de Tomás de incrementar las exportaciones de armas argentinas tropezó con varios obstáculos: uno fue la autonomía con la que se movían los representantes de la DGFM en el exterior. Nombrados durante el Proceso, éstos seguían negociando ventas de armas a países lejanos o limítrofes, lo cual atentaba contra la imagen de credibilidad externa que buscaban Alfonsín y Caputo en la política exterior. Para tratar de solucionar este problema, Tomás quitó todas las representaciones de Fabricaciones Militares en el exterior y centralizó en su secretaría todo tipo de venta de materiales bélicos para tratar de desmantelar los negocios turbios en los que estaban involucrados los militares argentinos y sus socios civiles. Pero los países sin conflictos compraban directamente las armas a las grandes potencias y no a un país como la Argentina, lo cual, sumado al compromiso del gobierno de Alfonsín de no violar los embargos de armas dispuestos por la ONU, reducía el espectro de posibles compradores a países en conflicto como Taiwán, Irak o Irán. Taiwán debió ser descartado porque venderles armas implicaba entrar en conflictos con Pekín, que consideraba a la isla de Formosa como parte irredenta de su territorio. Irak tampoco podía ser un cliente de la Argentina. Ante el peligro de una proyección de la Revolución Islámica en su territorio, el régimen de Bagdad obtenía armas directamente de la URSS, Estados Unidos, Francia o Gran Bretaña. Por lo tanto, el único candidato posible era Irán, pero esta opción contaba con la oposición norteamericana. D. Santoro, op. cit., pp. 52-53.

4. Este "Operativo Ezarim" de venta de armas argentinas a Irán estuvo precedido por una historia no exenta de presiones externas. Vale mencionar que antes de que esta operación se concretara, los representantes del Ministerio de la Juventud de Irán (controlado por el ala radical de la Revolución Islámica) se reunieron en Buenos Aires con el secretario de Producción para la Defensa a cargo de la DGFM, Raúl Tomás, y exigieron una serie de armamentos de enorme poder de fuego, entre ellos las fragatas misilísticas de origen británico Santísima Trinidad y Hércules -que la Armada argentina no podía usar desde 1982 por el embargo militar británico- y el excedente de misiles franceses Exocet. Debido a que Irán era en ese momento uno de los principales compradores de granos argentinos (800.000.000 de dólares anuales), Tomás decidió ganar tiempo. Por un lado, contestó a los iraníes que primero había que empezar con armas de poco poder de fuego antes de pasar a los armamentos solicitados por Teherán. Paralelamente, inició consultas con el resto del gobierno radical. El canciller Caputo, alarmado con el pedido iraní, decidió a su vez sondear la opinión de Washington, subrayando la necesidad del gobierno democrático de vender las dos fragatas misilísticas a Irán para obtener fondos para mantener a las fuerzas armadas. El secretario de Estado norteamericano, George Shultz, respondió que la venta de fragatas de ese tipo alteraría el equilibrio estratégico en la guerra Irán-Irak, altenativa que no era del agrado de las autoridades de la Casa Blanca, que apoyaban a Irak. En cambio, Shultz transmitió a Caputo que la administración Reagan no tenía objeciones a la venta de armas argentinas con poco poder de fuego. Tomando en cuenta la posición norteamericana, Alfonsín dio órdenes discretas de congelar las negociaciones por la venta de las dos fragatas a Irán, y autorizó la venta de otras armas que no alteraran el equilibrio en la guerra entre Teherán y Bagdad. Ver al respecto D. Santoro, op. cit., pp. 54-56.

5. "Desmienten la venta de tanques a Irán", Clarín, 7 de junio de 1984, p. 14, y Cronología relaciones internacionales de Argentina, marzo / diciembre de 1984, op. cit., p. 51.

6. Cronología relaciones internacionales de Argentina, marzo / diciembre de 1984, op. cit., p. 51.

7. Ambas variantes de misil Mathogo (2000 y 3000) eran de corto alcance y disparo directo. Ver al respecto D. Santoro, op. cit., p. 60.
8. Proyecto de resolución de los senadores Gass, Amoedo y otros, Congreso Nacional, Diario de sesiones de la Cámara de Senadores 1985, Reunión 8ª, Junio 19 de 1985, Tomo I, op. cit., pp. 622-623.

9. D. Santoro, op. cit., p. 60.

10. Ibid., pp. 77-80.

11. Ibid., pp. 80-81.

12. Ibid., pp. 57-59; "La venta de aviones Pucará a Irak. Será vetada por la Cancillería y Defensa", La Nación, 20 de mayo de 1985, p. 5; "Crespo apoya la venta de los aviones Pucará a Irak", La Nación, 21 de mayo de 1985, p. 5; "Con la guerra de Irán-Irak como trasfondo. A pesar de los ataques, el canciller está firme", La Nación, 28 de junio de 1985, p. 1; "En cielos árabes. El Pucará va a Irak y aquí se reactiva el Pampa", Somos, Nº 481, 11 de diciembre de 1985, p. 21, que consigna la venta de 40 aviones Pucará IA-58 a un país árabe como cobertura de una operación cuyo mercado de destino final fue Irak; y "Pacifismo con dificultades", por Oscar Raúl Cardoso, Somos, Nº 568, 12 de agosto de 1987, p. 15; proyecto de resolución del diputado Luis S. Casale, Congreso Nacional, Diario de sesiones de la Cámara de Diputados año 1985, Reunión 8ª, Junio 5 y 6 de 1985, Tomo II: Sesiones ordinarias (del 29 de mayo de 1985 al 19 de junio de 1985), Buenos Aires, Imprenta del Congreso de la Nación, 1987, pp. 1218-1219.

13. Cronología relaciones internacionales de Argentina, marzo / diciembre de 1984, op. cit., p. 50.

14. "La balanza comercial con la India. Intercambio favorable", Clarín, 19 de enero de 1985, p. 8; "Coincidencias de Alfonsín y Gandhi, que firmaron acuerdos bilaterales", Clarín, 25 de enero de 1985, pp. 4-5; "Un ‘enfoque común’ de los dos jefes de Estado. El desarme imprescindible", por Carlos Quirós, Clarín, 25 de enero de 1985, p. 6. Para Roberto Russell, no cabe duda de que el incremento de los vínculos comerciales entre la Argentina y la India durante la primera etapa del gobierno de Alfonsín estuvo íntimamente ligado al restablecimiento de la democracia en la Argentina. Las importaciones de productos argentinos por parte del mercado hindú crecieron de 37 millones en 1983 a 200 millones en 1984. Ver al respecto R. Russell, "La política exterior de Argentina en 1985", op. cit., pp. 44-45.

15. Cronología relaciones internacionales de Argentina, marzo/diciembre de 1984, op. cit., p. 49. Ver también editorial "Cooperación nuclear con China. El contacto con Pekín", por Oscar Raúl Cardoso, Clarín, 4 de septiembre de 1984, p. 12.

16. "Compraría Pekín acero argentino", La Nación, 15 de abril de 1985, pp. 1 y 2; R. Russell, "La política exterior de Argentina en 1985", op. cit., p. 47.

17. R. Russell, "Política exterior de Argentina en 1988...", op. cit., p. 25.

18. "Primer día en Beijing de la comitiva oficial. Un banquete de acuerdos políticos" y "La Argentina en el interés estratégico", Página /12, 14 de mayo de 1988, p. 3; "Alfonsín en China. Fuerte contenido político de la visita presidencial", La Prensa, 14 de mayo de 1988, p. 3; y "Organo de consulta permanente con China", La Prensa, 15 de mayo de 1988, pp. 1 y 4.

19. R. Russell, "Política exterior de Argentina en 1988...", op. cit., p. 26.

20. "Alfonsín viajó a China para incrementar el intercambio", La Prensa, 12 de mayo de 1988, pp. 1 y 4; "Después de marchas y contramarchas, Alfonsín levanta vuelo hacia China", Página /12, 11 de mayo de 1988, p. 6; "Culminó Alfonsín su visita oficial a China", Ambito Financiero, 17 de mayo de 1988, p. 14; "Se firmaron con China importantes acuerdos", La Prensa, 16 de mayo de 1988, pp. 1 y 3; y "Alfonsín", Página /12, 17 de mayo de 1988, p. 4.

21. Declaraciones del canciller Caputo citadas en Roberto Russell y Juan Tokatlian, "La visita del presidente Alfonsín a Japón: Límites y posibilidades", América Latina / Internacional, Vol. 3, Nº 10, octubre-diciembre 1986, p. 66.

22. Sobre un balance del viaje de Alfonsín a Japón ver los trabajos de R. Russell y J. Tokatlian, op. cit., p. 68; M. Wilhelmy, "La política exterior argentina en 1986...", op. cit., p. 40; y A. Frohmann, "¿Occidentalismo o interés nacional?. Argentina y los países desarrollados", op. cit., pp. 38-39. Ver también editorial "Hora de balance. El viaje de Alfonsín a Japón tuvo más logros en lo político que lo económico, donde todavía subsisten las dudas", Somos, Nº 514, 30 de julio de 1986, p. 20.

23. R. Russell y G. Fernández, op. cit., p. 29.