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sábado, 18 de julio de 2026

Tecnología militar: Misiles hipersónicos

Armas hipersónicas: verdades y mitos

Basado en el artículo de Paul Evancoe (Small Arms Defense Journal)



Lockheed Martin ha desarrollado el AGM-183A Air-launched Rapid Response Weapon (ARRW), un sistema hipersónico de impulso y planeo (boost-glide) del que se afirma que puede alcanzar velocidades superiores a Mach 20.

Mejor es enemigo de suficientemente bueno. Aunque esta afirmación sigue siendo válida para casi todo lo que cuesta dinero, no lo es cuando se trata de armamento y guerra. La mejora continua de las armas existentes, junto con el desarrollo de armamento de nueva generación, es necesaria para ganar los conflictos del futuro. El desarrollo y la incorporación de armas hipersónicas constituyen un ejemplo claro de ello.

Los medios nos dicen que China y Rusia, e incluso Irán y Corea del Norte, están por delante de Estados Unidos en el desarrollo y despliegue de tecnología de armas hipersónicas. También se nos informa que India, Japón, Francia y Australia están desarrollando esta tecnología. Se nos induce a creer que los portaaviones de la Armada estadounidense son vulnerables a las armas hipersónicas, al igual que Guam, Hawái y las regiones costeras del territorio continental de Estados Unidos.

Toda esta exageración mediática sobre las armas hipersónicas lleva a muchos a razonar que, si los misiles hipersónicos y quizá también las aeronaves hipersónicas, tripuladas o no, constituyen una amenaza descontrolada, entonces sería indispensable desarrollar cañones antiaéreos que disparen munición hipersónica o misiles interceptores ultrarrápidos. Sin embargo, los medios omiten convenientemente discutir las limitaciones físicas y materiales que afectan a las armas hipersónicas, dejando al lector convencido de que un conflicto por Taiwán o por la libre navegación en el Mar de China Meridional implicaría nuestra destrucción inevitable.

China disparará miles de armas hipersónicas contra nuestras fuerzas y territorios avanzados como Guam, y quedaremos completamente indefensos... al menos eso es lo que los medios pretenden hacernos creer. Como se verá más adelante, nuestros competidores no están por delante de nosotros. De hecho, su tecnología hipersónica palidece en comparación.

Comprendiendo el número Mach

Llamado así en honor al físico austríaco Ernst Mach, el número Mach es una magnitud adimensional de la dinámica de fluidos que representa la relación entre la velocidad de un flujo respecto de un cuerpo y la velocidad local del sonido.

AGM-183A Air-launched Rapid Response Weapon (ARRW) montado sobre un pilón, listo para su lanzamiento desde un bombardero B-52 de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos (USAF). Fotografía cortesía de la USAF. (Fuerza Aérea de los Estados Unidos / Christopher Okula)


La velocidad del sonido (Mach 1) es aproximadamente de 1.125 pies por segundo (FPS), equivalente a 767 millas por hora (MPH), o una milla cada 4,69 segundos. Estas velocidades suponen una temperatura constante de 69 °F al nivel del mar. Como la temperatura y la altitud varían, también lo hace la velocidad del sonido.

Las armas hipersónicas viajan cinco o más veces la velocidad del sonido

A cinco veces la velocidad del sonido (Mach 5), un vehículo viaja aproximadamente a 3.835 millas por hora, un poco más de una milla por segundo.

En comparación, el proyectil de armas portátiles más veloz puede alcanzar velocidades cercanas a los 4.000 pies por segundo. Por encima de esa velocidad, las balas convencionales disponibles en el mercado literalmente se desintegran debido al calor generado por la fricción con el aire.

Una cosa es disponer de un arma hipersónica que solo pueda volar en línea recta hacia un blanco fijo previamente programado. Muy distinta es contar con armas hipersónicas guiadas capaces de maniobrar durante el vuelo para atacar un objetivo móvil ubicado a cientos o incluso miles de millas.

Según se informa, Estados Unidos dispone de vehículos hipersónicos guiables capaces de alcanzar Mach 22 o más. Estamos hablando de una velocidad de 16.874 millas por hora, superior a una milla cada dieciocho centésimas de segundo, o más de 18 millas por segundo sobre el terreno.

Entonces surge la pregunta: ¿cómo sobreviven estas armas a semejantes velocidades sin vaporizarse? ¿Y cómo logran maniobrar?

Misiles hipersónicos de crucero y vehículos hipersónicos de planeo

Existen dos tipos principales de vehículos hipersónicos: los misiles hipersónicos de crucero y los vehículos hipersónicos de planeo.

Los primeros son impulsados por motores scramjet que toman oxígeno del aire y, debido a la densidad atmosférica necesaria para la combustión, están limitados a volar por debajo de los 100.000 pies de altitud.

Aunque, al igual que un motor turborreactor convencional, utilizan el aire atmosférico, un scramjet funciona de manera muy distinta. Mientras un motor convencional emplea turbinas compresoras para aumentar la presión del aire antes de la combustión, un scramjet aprovecha la propia velocidad del vehículo para comprimir el aire que ingresa a la cámara de combustión.

Los motores convencionales no pueden utilizarse a velocidades hipersónicas porque literalmente se "ahogan" con el aire que se acumula delante de las palas del compresor.

En cambio, un scramjet se asemeja más a un conducto con una cámara de combustión Venturi en su interior. Puede impulsar un vehículo hasta velocidades muy elevadas, pero sigue necesitando oxígeno atmosférico, lo que limita su techo operativo a unos 100.000 pies.

Los vehículos hipersónicos de planeo vuelan a mayores altitudes y velocidades. Habitualmente son lanzados mediante un misil balístico. Al alcanzar la atmósfera superior, el vehículo se separa y comienza la fase de planeo hipersónico durante el reingreso.

Esta capacidad de maniobra durante el planeo le permite eludir gran parte de los sistemas actuales de defensa antimisiles, diseñados para interceptar misiles balísticos durante su fase de reingreso.

Aun así, los vehículos hipersónicos suelen ser más lentos que los misiles balísticos, ya que vuelan dentro de la atmósfera, mientras que estos últimos recorren gran parte de su trayectoria en el vacío del espacio.

Los desafíos de la ingeniería hipersónica

Alcanzar velocidades hipersónicas no representa un gran desafío. Se logran desde la aparición del cohete alemán V-2 durante la Segunda Guerra Mundial. El avión experimental X-15 también alcanzó velocidades hipersónicas a fines de los años cincuenta y comienzos de los sesenta.

El verdadero desafío consiste en construir estructuras capaces de soportar temperaturas sostenidas superiores a los 2.000 °C generadas por la fricción, además de enormes presiones aerodinámicas, sin comprometer la resistencia estructural ni la carga útil.

Pero el problema más complejo es controlar la dirección del vehículo durante el vuelo. Las superficies aerodinámicas convencionales —alas o aletas— pierden efectividad a velocidades hipersónicas. Cuanto mayor es la velocidad, menos funcionan estos controles tradicionales. Incluso pueden generar turbulencias y resistencia que desestabilizan el vehículo.

Cómo se guía un vehículo hipersónico

Estados Unidos ha desarrollado diversos métodos para maniobrar vehículos hipersónicos, aunque su estado operativo permanece clasificado.

Uno de ellos utiliza pequeños propulsores de aire a alta presión distribuidos a lo largo del fuselaje, que permiten corregir la trayectoria.

Otro método, pensado para velocidades extremadamente elevadas, emplea múltiples láseres pulsados ubicados sobre los bordes de ataque del vehículo. Estos generan zonas localizadas de plasma de baja presión que reducen la resistencia aerodinámica en un lado, provocando que el vehículo se desplace hacia esa dirección. Los mismos láseres también pueden disminuir el calentamiento por fricción y crear una envoltura de plasma que dificulta la detección por radar.

Cómo se transmiten las correcciones de rumbo

Las armas hipersónicas deben poder maniobrar mediante sistemas internos de navegación, probablemente basados en GPS e inteligencia artificial, complementados por enlaces satelitales.

A velocidades hipersónicas, las antenas funcionan de manera deficiente debido a la envoltura de plasma que rodea al vehículo, por lo que la navegación depende principalmente de sistemas inerciales actualizados periódicamente mediante satélites.

Esto exige una red satelital capaz de detectar, seguir y predecir el movimiento del blanco en tiempo real, calcular el punto de interceptación y transmitir continuamente las correcciones necesarias.

Más rápido no siempre significa mejor

Supongamos que un vehículo hipersónico de planeo viaja a Mach 20 hacia un portaaviones situado a 900 millas.

Mientras el satélite actualiza continuamente la posición del blanco, el vehículo realiza pequeñas correcciones.

Ilustración artística que muestra las ondas de presión ejercidas sobre un misil de crucero hipersónico durante un vuelo hipersónico. Las estructuras del fuselaje de los vehículos hipersónicos están sometidas simultáneamente a presiones y temperaturas extremas, lo que exige el empleo de materiales exóticos y métodos de maniobra específicamente desarrollados para el vuelo hipersónico.


Pero cuando el grupo naval detecta el ataque a menos de 25 segundos del impacto y ejecuta un cambio brusco de rumbo y velocidad, el vehículo ya no dispone de tiempo suficiente para corregir su trayectoria.

El ataque fracasa.

La lección es clara: más velocidad no siempre implica mayor eficacia, y un blanco suficientemente maniobrable puede provocar el fallo del ataque.

Para aumentar las probabilidades de impacto sería necesario lanzar múltiples armas hipersónicas en enjambres, estrategia que precisamente pretenden utilizar algunos potenciales adversarios.

Sin embargo, incluso esa táctica puede fracasar si el defensor dispone de señuelos, misiles interceptores y artillería adecuada.


Concepto artístico: cabezas de combate explosivas interceptoras, con forma de proyectil, se desprenden de sus cohetes aceleradores hipersónicos mientras interceptan misiles de crucero hipersónicos enemigos que se aproximan. Misiles defensivos como estos se encuentran actualmente bajo estudio para su desarrollo y, potencialmente, podrían ser lanzados desde buques de guerra equipados con el sistema Aegis. (DARPA)


Contramedidas

¿Existen contramedidas eficaces contra las armas hipersónicas?

La respuesta corta es sí.

La larga es que su eficacia depende del alcance de detección, de la velocidad del atacante y de su perfil de vuelo.

Interceptarlas durante la fase de planeo requiere radares de largo alcance, sensores infrarrojos espaciales capaces de detectar sus firmas térmicas y sistemas de control de tiro adecuados para armas de energía dirigida y misiles interceptores.

Satélites "FOO Fighter"

Estados Unidos desarrolla una constelación de satélites denominada "FOO Fighter", destinada a detectar misiles hipersónicos y dirigir los sistemas de interceptación.

El nombre proviene de los misteriosos orbes luminosos observados por pilotos aliados durante la Segunda Guerra Mundial.

Cañones convencionales y balas hipersónicas

Las balas convencionales se desintegran por encima de aproximadamente 4.000 pies por segundo debido al calor generado por la fricción.

Sería posible fabricar proyectiles con materiales exóticos o cerámicos capaces de soportar velocidades hipersónicas, pero ello resolvería solo una parte del problema.

También sería necesario rediseñar completamente su forma aerodinámica, probablemente adoptando proyectiles similares a dardos sabot perforantes.

Además, el ánima del cañón debería ser lisa, ya que un estriado convencional se desgastaría rápidamente y el giro impartido al proyectil dejaría de aportar precisión.

Todo ello implicaría costos extremadamente elevados sin garantía de mayor alcance o precisión.

La última línea de defensa

Las armas de energía dirigida parecen ofrecer la respuesta más prometedora frente a las armas hipersónicas.

Aun así, algunos misiles podrían atravesar las defensas si fueran lanzados en grandes cantidades.



Actualmente, la última línea de defensa está representada por el sistema Phalanx CIWS de 20 mm de la Armada estadounidense y su versión terrestre C-RAM.

Estos sistemas disparan aproximadamente 4.500 proyectiles por minuto, creando una densa nube de munición que destruye el blanco entrante.

Aunque los proyectiles están muy lejos de ser hipersónicos, el enorme volumen de fuego compensa esa limitación.

Sin embargo, su alcance efectivo ronda apenas las dos millas y solo pueden emplearse como último recurso.

¿Qué debería desarrollarse primero?

La cuestión final es si debería priorizarse el desarrollo de armas hipersónicas ofensivas o de sistemas defensivos contra ellas.

Desarrollar simultáneamente ambas capacidades resulta extraordinariamente costoso.

Muchos sostienen que la prioridad debe ser la defensa, dado que los competidores de Estados Unidos afirman haber alcanzado un elevado grado de madurez tecnológica en materia ofensiva.

Sin embargo, gran parte de esas afirmaciones son exageradas.

Afortunadamente, nuestros competidores enfrentan exactamente los mismos problemas tecnológicos e industriales.

Sin una defensa sólida frente a las armas hipersónicas y sin una base industrial capaz de reponer rápidamente las municiones empleadas, cualquier país deberá ser muy cuidadoso al elegir la guerra que decida librar.

domingo, 14 de junio de 2026

Armas Argentinas: El origen del misil Cóndor II (1976–1983)

El origen del misil Cóndor II (1976–1983)


Dictadura, guerra y disuasión
por Daniel Blinder
Centro de Estudios de Historia de la Ciencia y la Técnica José Babini / CONICET


 

Introducción

Este trabajo estudia los orígenes del misil Cóndor II a partir de las versiones y explicaciones que dan los protagonistas de lo sucedido; explicaciones que se remontan a la última dictadura militar, autodenominada Proceso de Reorganización Nacional. El misil fue un proyecto de la Fuerza Aérea Argentina que tuvo un destacado desempeño militar durante los combates contra el Reino Unido de Gran Bretaña en 1982, en la guerra de Malvinas, y que sufrió importantes bajas humanas y pérdidas de la flota aérea. A partir de dicha situación, el proyecto, surgido de capacidades tecnológicas propias y extranjeras, se orientó a desarrollar tanto un arma con capacidad de disuasión como competencias de tecnología espacial.

Las páginas de este artículo constituyen un adelanto de la investigación doctoral del autor, que se inscribe en la comprensión de la influencia política de la tecnología espacial, en el escenario de las Relaciones Internacionales. Si bien dicha investigación no se centra en la última dictadura, tiene en ella un punto de inicio como consecuencia de la guerra de Malvinas, y del desarrollo de la tecnología misilística que se denominaría Proyecto Cóndor, cuya influencia alcanzó, ya en tiempos de democracia, a los gobiernos de Raúl Alfonsín (1983–1989) y de Carlos Menem (1989–1999). En este artículo, analizamos los inicios del misil Cóndor II.

Política tecnológica

Mi primer acercamiento a una entrevista con alguien de la Fuerza Aérea vinculado con el misil Cóndor fue con un vicecomodoro el jueves 13 de mayo de 2010. Fuente Fuerza Aérea-A.

Me cuenta que están armando un nuevo partido político nacionalista, cuyo programa partidario hace mención a la familia como núcleo de la sociedad, la cultura nacional, las Fuerzas Armadas y las Tres Banderas del peronismo clásico.

El entrevistado relata que el desarrollo misilístico argentino comenzó entre 1945–1955, con la Fábrica Militar de Aviones y la Escuela de Ingeniería Aeronáutica, incluyendo la visita de Von Braun a Argentina. Dijo que después de Malvinas se potenció el Cóndor I y se empezó a desarrollar el Cóndor II en Falda del Carmen, con combustible sólido, precisión importante, alcance teórico mayor a 1000 km.

“La fábrica estaba diseñada con compartimentos que, si uno tenía un percance, no afectaba al resto” (Fuerza Aérea-A).

El entrevistado resalta la confidencialidad del proyecto y las dificultades por el control internacional de “tecnologías sensibles”. Aunque no participó directamente, tuvo contacto con el equipo y el desarrollo.

Desarrollo estratégico secreto

Fuente Fuerza Aérea-E, ingeniero, trabajó en Falda del Carmen desde 1980–81. Explica que participó desde la construcción de la planta: 45 edificios de hormigón armado, divididos en tres sectores (A: fabricación de propulsante, B: ensamble, C: administración). Techint construyó la planta bajo licitación de Bowas. Cada misil contenía unos 3.800 kg de combustible sólido.

“Don’t talk, don’t ask”

Intenté entrevistar a Miguel Guerrero, “el padre del Cóndor II”, pero se negó:

“El principio aplicado en este caso es ‘Don’t talk, don’t ask’. END OF STORY”.

Entrevisté en su lugar a Fuente Fuerza Aérea-B, brigadier retirado. Asegura que el Cóndor II “nunca existió como misil”, sino como “inyector satelital”, proyecto que fue adaptado muchas veces hasta después de Malvinas.

Tras la guerra, la Fuerza Aérea difundió la idea de que se desarrollaba un misil de mediano alcance con posible carga nuclear.

“Queríamos que a los ingleses les resultara muy costosa la defensa de las islas”.

La amenaza se construyó con fines disuasivos, difundiendo capacidades potenciales, aunque solo se había desarrollado el motor cohete. Reconoce que era parte de una estrategia de guerra psicológica.

Tecnología para la paz

Según Fuente Fuerza Aérea-D, el proyecto comenzó formalmente tras una reunión con Graffigna (1979), en contexto del conflicto con Chile. A pesar de estar fuera de la Fuerza, fue convocado para presentar un plan de reactivación de la cohetería.

Viajó en 1980 a Francia, Alemania, Italia e Israel. Israel ofrecía cooperación pero con limitaciones presupuestarias. Con alemanes e italianos se firmaron acuerdos para instalar la planta en Falda del Carmen. MBB y SNIA estuvieron involucradas.

“El propulsante se vertía en un tubo motor con aislante de silicona. Italia y Alemania ofrecían una tecnología superior para el rellenado y sellado”.

La inversión internacional

El misil Cóndor I fue un vehículo experimental, sin finalidad militar, pero sirvió de base para bancos de prueba. INVAP fabricó los primeros tubos en Pilcaniyeu. Cuando la Fuerza Aérea centralizó todo, INVAP se desvinculó.

“Desde su inicio fue un proyecto de defensa”, afirma Conrado Varotto, director de CONAE.

Motivación estratégica

Fuente Fuerza Aérea-C explicó que el Cóndor II era un mito disuasivo tras las pérdidas humanas y materiales en Malvinas. El guiado era impreciso, por lo que se suponía que solo con cabeza nuclear sería útil. La Comisión de Energía Atómica no lo confirmó.

Apoyo de Libia e Irak

Fuente X, gestor paradiplomático, relata contactos con Libia desde 1976. Gadafi ofreció aviones Mirage a Argentina y apoyo militar. En 1985 viajó a Irak por la venta frustrada de aviones Pucará. Existía un fuerte lobby proiraní dentro del gobierno de Alfonsín.

Desenlace

Durante la gestión de Menem, el proyecto enfrentó presión creciente de EE. UU.:

  • 1989–1990: demora en desmantelamiento.

  • 1990–1991: conflicto interministerial y anuncio de paralización.

  • 1991–1993: ejecución del Decreto 995 que eliminó el proyecto.

Domingo Cavallo lideró la presión para su destrucción total, argumentando que el Cóndor era parte de una red internacional (empresas europeas, Egipto, presunta relación con Irak).

Según Cavallo, “no era una aventura argentina, sino un proyecto multinacional”.

 

Bunker abandonado en Cabo Raso, Chubut. Fue construido en 1988 por la Fuerza Aérea para lanzamiento del Condor II. En 1989 el proyecto fue dado de baja.

Conclusión

El Cóndor II fue una apuesta por disuasión militar y soberanía tecnológica, pero su existencia incomodó a potencias occidentales. Argentina desarrolló con éxito tecnologías clave, incluyendo propulsantes, control y fabricación. Sin embargo, su potencial se vio limitado por el contexto geopolítico.

Se han presentado aquí los orígenes del misil Cóndor II, en la última dictadura militar en Argentina, tal cual la relatan algunos actores principales que han vivido la presente historia, y por lo tanto, en cada uno 
de estos relatos, aparece no solo una carga de subjetividad inherente a todo discurso, sino también una carga de interpretación política acerca de cómo lo vivenciaron los actores de la trama. Como proyecto de la Fuerza Aérea Argentina, fue uno secreto, que requirió de la inversión privada y extranjera. Luego, fue continuado en los gobiernos posteriores y ha sido resistido hasta su destrucción final como proyecto. No obstante, podemos afirmar que sus objetivos básicos eran dos. El primero, tener capacidad disuasiva y un arma capaz de dañar a Inglaterra, potencia vencedora y ocupante de las Islas Malvinas. El segundo, poder desarrollar una tecnología propia, con la posibilidad de que lo dual de dicha tecnología permitiera la aplicación en otros campos, especialmente como inyector satelital. 

La historia mostró un camino diferente. Resistido por las principales potencias, especialmente por Gran Bretaña y la nueva potencia global, los Estados Unidos, ésta última hizo prevalecer la tesis política de que el objetivo principal de un desarrollo tecnológico de este tipo, para un país pobre, periférico y con cierta capacidad industrial –con el aliciente de haber perdido una guerra contra un país de la OTAN– no podría ser otro que el de la proliferación armamentista. Las presiones se sucedieron, primero sobre el gobierno Alfonsín, luego sobre el de Menem, quien finalmente cedió ante dichas presiones internacionales, y clausuró el proyecto. 

El ex ministro de Defensa del presidente Raúl Alfonsín, Horacio Jaunarena, sostuvo posteriormente que su gobierno sabía que el Proyecto Cóndor era de uso dual y que era un elemento más de la estrategia exterior de la Argentina. La tecnología espacial era un elemento diferencial a la hora de pensar cómo el desarrollo tecnológico podía posicionar a la Argentina en el mundo (Barcelona y Villalonga, 1992: 34). 
Después de que altos mandos egipcios estuvieran involucrados en un caso de espionaje vinculado a la tecnología de misil en EE. UU., y que este caso estuviera –supuestamente– relacionado con la financiación y fabricación del Cóndor II (New York Times, 1988), se buscó desarticular las conexiones con las empresas de Italia y Alemania, cuyo know how había facilitado la construcción de las diferentes partes del misil, de las cuales los motores fueron trasladados a Egipto. Los prototipos de prueba se denominaron Alacrán, con una carga útil de hasta cien kilogramos, sin guiado y con un alcance de hasta doscientos kilómetros, que quedaron incorporados a la artillería del ejército. Dadas las diversas presiones diplomáticas y mediáticas denunciando las intenciones bélicas de los argentinos, se hacía muy dificultosa la obtención de las diferentes piezas para terminar de armar el Cóndor. Sin embargo, las partes que no se pudieron completar con insumos extranjeros, se hicieron con capital y know how nacional, por lo que se pudo terminar el proyecto. Argentina dominaba la fabricación del combustible sólido, de los caños sin costura, del motor, de las colas basculantes, y del guiado y control; luego, dominaba el ciclo completo de la construcción de un misil balístico intermedio con alcance teórico de hasta mil doscientos kilómetros (Barcelona y Villalonga, 1992: 123-124, 126, 139-140).

Durante la gestión de Menem, el proceso de desactivación del proyecto Cóndor atravesó tres etapas diferenciadas, en las que se registró un progresivo incremento de las presiones de Washington. La primera, caracterizada por la demora en la decisión de desmantelar el misil, entre julio de 1989 y abril de 1990; la segunda, de conflictos interministeriales respecto a la suerte del proyecto y la resistencia de la Fuerza Aérea Argentina a las presiones norteamericanas, cuando se anunció públicamente sobre la paralización del proyecto por parte del ministro de Defensa Humberto Romero en abril de 1990 y culminó con el decreto presidencial 995 del 28 de mayo de 1991, que decidió el fin del proyecto de misil; y la tercera, de implementación de la decisión adoptada por el decreto 995, que se extendió desde mayo de 1991 hasta septiembre de 1993, fecha en la que los últimos restos del Cóndor IIarribaron a España (Corigliano, 2003). Humberto Romero, titular de la cartera de Defensa de Carlos Menem, anunció el congelamiento del proyecto como consecuencia de las diferentes presiones (Barcelona y Villalonga, 1992: 67), y Domingo Cavallo, ministro de Relaciones Exteriores, se constituyó como el principal lobbista a favor de su completa destrucción, dado que el proyecto no era una aventura aislada de la Argentina, sino, según argumentaba, un complejo entramado internacional secreto, que tenía como activos actores tanto a empresas alemanas, italianas y francesas de altísimo nivel, como al gobierno de Egipto. A esto se sumaba la sospecha sobre la participación de Irak. 

En una coyuntura caracterizada por un sistema internacional en donde los espacios de poder también se constituyen en las luchas políticas al interior de los países –que en definitiva definirán las relaciones de fuerza, el bloque en el poder y, por tanto, la política exterior–, los debates intestinos en la Argentina fueron encontrados. La teoría Realista de las Relaciones Internacionales asegura que ningún Estado que pueda acceder al poder dejará de hacerlo. A menos, claro, que la teoría marco sea el Realismo Periférico. Erman González, ex ministro de Economía y de Defensa de la gestión Menem, estaba a favor del reciclado del proyecto y su orientación a los satélites, dado el congelamiento de este. 

Domingo Cavallo, sin embargo, quería la destrucción total como gesto hacia EE. UU., sabiendo que las intenciones norteamericanas eran netamente políticas (Santoro, 1992: 52). Cavallo increpaba al brigadier Ernesto Crespo, ex jefe de la Fuerza, por el financiamiento iraquí de la fabricación de los misiles, respondiéndole éste que Irak no había puesto dinero, y que todo lo exportado a Medio Oriente habían sido motores, no misiles (Barcelona; Villalonga, 1992: 194-197). 
Asumiendo una posición afín con la perspectiva del Realismo Periférico, se iniciaron gestiones entre la República Argentina y la agencia espacial estadounidense NASApara que en 1994 se colocara un 
satélite argentino, el SAC–B. Según Corigliano: 

Durante la visita de Menem a Estados Unidos, que tuvo lugar a fines del mes de 
junio, el tema Cóndor figuró entre los temas de agenda tratados con Bill Clinton. 
Pero los puntos de fricción entre el gobierno argentino y el norteamericano en 
este tema parecieron definitivamente cerrados, a juzgar por las expresiones del 
jefe de Estado Mayor de las Fuerzas Armadas, General Colin Powell, quien sostuvo, durante su encuentro con Menem, que la desactivación del misil Cóndor 
respondió a una decisión “sabia y prudente del gobierno argentino” que constituía “un ejemplo para el mundo” (Corigliano, 2003).


Ante los Estados Unidos, comenzábamos a ser confiables y responsables.

Referencias bibliográficas

Barcelona, E. y Villalonga, J. (1992). Relaciones Carnales. La verdadera 
historia de la construcción y destrucción del misil Cóndor II. Buenos Aires, 
Planeta.
Corigliano, F. (2003). “La Dimensión Bilateral de las Relaciones entre 
Argentina y Estados Unidos durante la década de 1990: El ingreso al paradigma de las ‘Relaciones Especiales’”, en Escudé, C. (ed.): 
Historia General de las Relaciones Exteriores de la República Argentina, 
Parte IV, Tomo XV. Buenos Aires, GEL. Versión electrónica disponible en: http://www.argentina-rree.com.
Santoro, D. (1992). Operación Cóndor II. La historia secreta del misil que 
desmanteló Menem. Buenos Aires, Letra Buena.

Entrevistas

Fuente Fuerza Aérea-A. Vice Comodoro retirado. Buenos Aires, 13 de 
mayo de 2010. 
Fuente Fuerza Aérea-B. Brigadier retirado. Buenos Aires, 31 de mayo 
de 2010. 
Fuente Fuerza Aérea-C. Brigadier retirado. Buenos Aires, 30 de junio 
de 2010. 
Fuente Fuerza Aérea-D. Brigadier Retirado -Miembro del equipo inicial 
Cóndor II. Buenos Aires, 22 de junio de 2011.
Fuente Fuerza Aérea-E. Ingeniero – Falda del Carmen Proyecto Cóndor. 
Falda del Carmen, 6 de agosto de 2010. 
Fuente X. Gestor para-diplomático, analista. Buenos Aires, 3 de mayo 
de 2010. 
Fuente Varotto, Conrado. Director de la CONAE, 27 de mayo de 2010. 


viernes, 20 de febrero de 2026

Riesgos y oportunidades de la IA en la inteligencia militar

Ex-oficial de inteligencia analiza los riesgos y las oportunidades que presentan las revoluciones en IA

"Puedes defenderte bien cientos de veces, pero solo tienen que abrirse paso una vez", señaló el exfuncionario. "Siempre es más difícil proteger que atacar".



Soldados de la UNIDAD 8200 en acción: trabajando con datos.

Por Yonah Jeremy Bob || The Jerusalem Post

"Incluso nuestra imaginación está limitada por las posibilidades actuales que enfrentamos, de modo que nos ciega ante la magnitud de los riesgos y las oportunidades que presentan la inteligencia artificial (IA) y las revoluciones cuánticas", declaró un exfuncionario de inteligencia de la Unidad 8200 de las FDI a The Jerusalem Post en una entrevista exclusiva.

En cuanto a los riesgos del desafío, Julia Kogan Ehrlich, ahora inversora ángel y asesora de startups en fase inicial, confirmó que los hackers impulsados ​​por IA se han vuelto mucho más peligrosos, pudiendo penetrar infraestructuras críticas.

Kogan Ehrlich señaló que es más probable que partes significativas de la infraestructura crítica, desde la energía hasta el agua y el transporte, utilicen "código abierto", lo que permite a los ciberatacantes de IA causar daños con mayor facilidad tanto en el mundo físico como en el digital.

Según Kogan Ehrlich, los hackers de IA pueden explorar técnicas de ingeniería social con mayor rapidez y eficiencia para personalizar sus ataques y explotar vulnerabilidades que tal vez nunca hubieran identificado en la era pre-IA.

El exfuncionario de la Unidad 8200 advirtió: "Puedes defenderte bien cientos de veces, pero ellos solo tienen que abrirse paso una vez. Siempre es más difícil proteger que atacar. Nunca es una ecuación de igualdad. Un bando siempre es más poderoso: el atacante".

Optimismo y visión de Kogan Ehrlich para la ciberseguridad

A pesar de estos desafíos, Kogan Ehrlich expresó su optimismo sobre la capacidad creativa de los funcionarios y exfuncionarios de la inteligencia cibernética israelí para "crear nuevas soluciones" que protejan al país y a sus clientes fuera de Israel. Publicidad

Respecto al uso de la IA para la seguridad, Kogan Ehrlich afirmó: "No sé cómo será. Las empresas comprenderán las necesidades de ciberseguridad, el valor de mercado en juego y luego crearán una solución".

Pero estas soluciones evolucionarán constantemente. "Mientras exista la IA, las vulnerabilidades seguirán siendo un tema en desarrollo", añadió.

Kogan Ehrlich prosiguió abordando cómo usar la IA para "crear la nueva idea de negocio".

"Estamos trabajando codo con codo con la IA", afirmó Kogan Ehrlich. "Esta es una generación intermedia. Habrá una generación posterior, diferente y nueva, que se apoyará más decididamente en la IA".

Respecto a la posible amenaza de la piratería informática cuántica (exponencialmente más rápida que las supercomputadoras, pero aún no utilizable) en los próximos años, Kogan Ehrlich reconoció los peligros, afirmando: «Nos enfrentamos a una nueva revolución. No estamos preparados. Pero aún vivimos tiempos emocionantes. Incluso nuestra imaginación es limitada, basándonos en lo que sabemos, en comparación con nuestro brillante futuro».

Servicio de Kogan Ehrlich en 8200

Kogan Ehrlich sirvió durante casi una década realizando tareas de SIGINT (inteligencia de señales) para las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI).

Comenzó como oficial técnica, gestionando inteligencia y primera respuesta en situaciones operativas a lo largo de las diversas fronteras.

En algún momento, se centró más en las amenazas y la inteligencia en el frente sur, y posteriormente volvió a analizar la matriz de amenazas más amplia.

Recordando que Irán siempre fue el objetivo principal de inteligencia, afirmó que fue una experiencia que completó el ciclo al ver cómo se desenvolvió la guerra entre Israel e Irán en junio de 2025.

Durante una guerra inesperada en la década del 2000, ella y otros tuvieron que aprender rápidamente sobre los problemas en una región en la que no se habían especializado previamente.

Era una parte del mundo que a nadie le importaba mucho, pero en la Unidad 8200, si el mundo cambiaba de la noche a la mañana, la unidad y sus oficiales debían adaptarse rápidamente.

Este tipo de pensamiento ha ayudado a Kogan Ehrlich a asesorar a empresas sobre estrategias para evitar situaciones en las que sus productos o estrategias comerciales se vuelvan repentinamente obsoletos.

Tras dejar la Unidad 8200, se incorporó al sector cibernético en Verint.

Verint ha colaborado con Cloud9 para proporcionar al mercado de servicios financieros soluciones de comunicación totalmente compatibles y basadas en la nube para apoyar a los operadores tanto en el parqué como de forma remota, "proporcionando la flexibilidad necesaria a medida que la industria continúa migrando a plataformas basadas en la nube y entornos de teletrabajo". Publicidad

Tras dos años en Verint, se incorporó a Biocatch, donde se centró en problemas cibernéticos de tecnología financiera, incluyendo la lucha contra ataques complejos de fraude digital.

Durante su estancia en Biocatch, combinó su experiencia en ciberseguridad con el análisis del comportamiento para identificar las soluciones que los mercados buscarían a futuro.

La singularidad de 8200: cómo afrontar la revolución de la IA

Kogan Ehrlich afirmó que las startups trabajan duro, pero que, por lo general, los empleados "aún tienen algún tipo de cierre a la jornada laboral por la noche si no hay un problema de primer nivel". La mayoría de los problemas se pueden resolver al día siguiente.

En cambio, señaló que los oficiales de la Unidad 8200 necesitan trabajar en la base debido a la naturaleza clasificada de su trabajo.

"Incluso después de lo que podría considerarse el final del turno", explicó Kogan Ehrlich, "los oficiales a menudo permanecen en la base y continúan reflexionando y 'discutiendo estrategias creativas' para lograr los nuevos proyectos que se les han asignado y para promover algún aspecto de un proyecto que hasta ahora no se ha implementado".

Añadió que este "dedicación de tiempo ilimitado" y el "enfoque constante en el logro del objetivo nacional" no se pueden replicar por completo en el entorno corporativo o de una startup promedio.

Kogan Ehrlich señaló que posiblemente solo algunos laboratorios de investigación muy dedicados podrían acercarse a la dedicación y la disposición para pensar de forma innovadora que se da constantemente en la Unidad 8200.

Otro aspecto positivo es que para la Unidad 8200 y otros programas de inteligencia de alto nivel de las FDI, "simplemente se les asigna un gran grupo de personas". "La Unidad 8200 está reclutando a gente con excelentes calificaciones cada año como un reloj", afirmó Kogan Ehrlich.

"Compárese con el proceso de intentar atraer gente para que trabaje en el gobierno después de la universidad", sugirió Kogan Ehrlich retóricamente. "Tienen que buscar gente con talento y luego luchar por ellos ofreciendo beneficios y ventajas inusuales".

Las empresas no siempre consiguen los recursos y el personal que desean, y a menudo se esfuerzan por "robárselos" a la competencia, explicó.

Kogan Ehrlich afirmó: "Con la Unidad 8200, no es necesario hacer eso. Se puede maximizar la fuerza, con recursos ilimitados, tiempo ilimitado y capacidad para pensar y planificar. Todo lo que un comandante necesita hacer es guiar a esas grandes mentes hacia un objetivo o idea específicos".

lunes, 19 de enero de 2026

Sudáfrica: Aislamiento, innovación y difusión bajo aislamiento

Innovación Afrikáner bajo aislamiento 

Cuando el mundo intentó quebrar a los afrikáners, ellos crearon tecnologías de las que hoy depende Occidente
Mike the Warthog
@thyphoidjack




Un embargo internacional de armas tenía como objetivo paralizar a Sudáfrica. Pero en lugar de eso, impulsó la creación de uno de los complejos industriales de defensa más avanzados del mundo. Entre 1977 y 1994, ingenieros sudafricanos desarrollaron sistemas de artillería que superaban el alcance de las armas soviéticas, inventaron vehículos resistentes a minas —diseños que hoy son estándar en los ejércitos occidentales—, construyeron seis armas nucleares (que luego desmantelaron voluntariamente), y crearon lanzagranadas que terminaron siendo adoptados por los Marines de EE.UU. Todo ese desarrollo, impulsado en gran parte por el talento técnico afrikáner en condiciones de aislamiento extremo, generó armamento que décadas después salvaría vidas estadounidenses y británicas en Irak y Afganistán.

Los obuses G5 y G6 fueron probablemente la innovación armamentística más importante del país. Su desarrollo arrancó en 1976, aprovechando tecnología obtenida en secreto del ingeniero canadiense Gerald Bull. Según informes, la CIA fomentó esa transferencia antes del gobierno de Carter. El resultado fue el obús remolcado G5, que dejó boquiabiertos a los analistas militares. El arma de 155 mm alcanzaba 30 km con munición estándar, 40 km con proyectiles base-bleed, y 50 km con proyectiles asistidos por cohete —un 50% más de alcance que la artillería soviética y occidental de la época.


SPH G5 iraquí capturado y exhibido en USA

El G6, versión autopropulsada, montaba el mismo cañón sobre un chasis con ruedas protegido contra minas, y se convirtió en el sistema de artillería sobre ruedas más grande del mundo (47 toneladas). En 1987, tres G6 desplegados en la Batalla de Cuito Cuanavale destruyeron cuatro MiG-21 en tierra y forzaron la reubicación de las operaciones aéreas angoleñas a 300 km hacia el norte. Irak e Irán compraron estos sistemas y los usaron mutuamente. Se fabricaron unas 520 unidades del G5 y 145 del G6, y se exportaron a países como Emiratos Árabes Unidos, Omán, Malasia y Catar.

El Casspir fue el primer vehículo protegido contra minas en incorporar el diseño de casco en "V", una innovación que luego salvaría miles de vidas en Irak y Afganistán. Su estructura monobloque desviaba la fuerza de explosiones lejos de los ocupantes, y ofrecía protección comprobada contra tres minas antitanques bajo cualquier rueda. Se fabricaron más de 2.500 unidades. Cuando los soldados norteamericanos comenzaron a morir por IEDs (bombas caseras), el Pentágono recurrió a estos diseños sudafricanos. Los vehículos RG-31, RG-33 y Buffalo —adquiridos por miles— descienden directamente del Casspir. Solo el RG-33 fue seleccionado para el programa de vehículos medianos protegidos contra minas del Ejército de EE.UU., con una inversión de 2.880 millones de dólares y más de 1.735 unidades entregadas. El Reino Unido adoptó los mismos principios en sus vehículos Mastiff, Ridgeback y Wolfhound (cerca de 700 unidades en total).


MRAP Casspir

El diseñador Andries Piek creó el lanzagranadas Milkor en 1981. Era un arma tipo revólver de seis tiros que podía disparar todas las granadas en menos de tres segundos, revolucionando los lanzadores de un solo disparo. Se fabricaron más de 50.000 unidades, utilizadas por las fuerzas armadas de más de 50 países. El Cuerpo de Marines de EE.UU. lo denominó M32 y adquirió más de 9.000 unidades para combate en Irak.

El Ratel fue el primer vehículo de combate de infantería con ruedas en entrar en servicio (1976). Se fabricaron más de 1.381 unidades. Su casco en "V" le daba protección contra minas, y su alcance operativo de hasta 1.000 km era ideal para las vastas distancias de la Guerra de Frontera. El modelo Ratel 20 incorporó el primer cañón automático de doble alimentación de 20 mm del mundo, permitiendo cambiar rápidamente el tipo de munición durante el combate. Fue el pilar de batallones mecanizados, incluyendo al famoso Batallón 32 (en su mayoría soldados africanos anticomunistas del SADF, conocidos como los “Buffalo Soldiers”).


Blindado Ratel 20 6x6

El Rooikat, un vehículo blindado de reconocimiento, alcanzaba los 120 km/h con una autonomía de 1.000 km, usando la velocidad como protección. Su cañón estabilizado de 76 mm podía apuntar y disparar en aproximadamente dos segundos. El diseño permitía llegar a zonas de combate por sus propios medios en menos de 24 horas. Se fabricaron 240 unidades.

El fusil de asalto Vektor R4 entró en servicio en 1980, basado en el Galil israelí pero adaptado a las condiciones sudafricanas (incluyendo una culata plegable más larga, pensada para soldados altos). La ametralladora SS-77 resultó tan confiable que sigue en uso hoy. La pistola ametralladora BXP tenía un gatillo de dos etapas único: una presión parcial disparaba en modo simple y una completa en modo automático, ideal para comandos y fuerzas policiales.

Sudáfrica también alcanzó capacidad operativa con drones mucho antes que la mayoría. La serie Seeker operó en Angola entre 1987 y 1988 con una autonomía de 9 horas, 200 km de alcance y sensores avanzados (incluyendo imagen térmica). En un caso documentado, el enemigo lanzó 17 misiles SA-8 Gecko para derribar un solo dron, agotando sus defensas aéreas mientras el reconocimiento del SADF continuaba. Solo se perdieron tres UAVs Seeker en toda la campaña. En los 80, Sudáfrica era considerada líder global en desarrollo de drones, muy por delante del resto.


UAV Seeker

Es el único país que desarrolló armas nucleares de forma independiente y luego desmanteló voluntariamente todo su arsenal. El programa produjo seis bombas tipo cañón con uranio enriquecido (y una séptima en construcción), con una potencia de entre 10 y 18 kilotones —similar a la de Hiroshima—. La primera arma lista para ser usada se terminó en diciembre de 1982. F.W. de Klerk ordenó su desmantelamiento en septiembre de 1989, pocos días después de asumir, en una decisión calculada: el gobierno afrikáner entendía que dejar esas armas en manos del ANC, con sus vínculos con la URSS y movimientos revolucionarios, era un riesgo inaceptable. Todas fueron desarmadas para julio de 1991. Esa decisión rara vez se reconoce como visionaria.

Las superpotencias se dieron cuenta de lo que estaba pasando. En 1977, satélites soviéticos detectaron preparativos para una prueba nuclear en el desierto del Kalahari. Brezhnev le escribió directamente a Carter. Ambos acordaron coordinar presión diplomática sobre Pretoria. El secretario de Estado Vance y el embajador soviético Dobrynin incluso acordaron compartir información sobre el monitoreo. Fue una cooperación notable en plena Guerra Fría. El embargo de armas obligatorio de la ONU de 1977 fue el primero impuesto unánimemente contra un Estado miembro, con apoyo de ambas superpotencias. Un país pequeño en el extremo sur de África se estaba volviendo demasiado capaz, demasiado independiente, demasiado difícil de controlar.

Israel, pese al embargo oficial, mantuvo una colaboración militar encubierta extensa. Documentos desclasificados muestran que en 1975, el ministro de defensa Shimon Peres discutió misiles Jericó con capacidad nuclear con P.W. Botha. En 1976, aparentemente, Sudáfrica entregó 50 toneladas de uranio a cambio de 30 gramos de tritio. Para los años 80, Israel era su principal proveedor de armas.

Hacia 1989, la industria de defensa sudafricana empleaba a unas 130.000 personas y producía desde helicópteros de ataque hasta misiles estratégicos. El helicóptero Rooivalk voló por primera vez en 1990. El Proyecto Carver estaba desarrollando un caza de cuarta generación con una inversión de 2.000 millones de dólares.

La trayectoria posterior a 1994 muestra cuán rápido se pueden perder estas capacidades. Para 2020, la industria se redujo a solo 8.500 empleados —una caída del 93%—. Se cancelaron programas clave. Del Rooivalk solo se produjeron 12 unidades. Los técnicos emigraron. Emiratos, Arabia Saudita y empresas australianas reclutaron ingenieros de Denel. Una investigación oficial encontró transferencia ilegal de propiedad intelectual valuada en 328 millones de rands a empresas extranjeras, incluyendo documentación de misiles Umkhonto, Ingwe y Mokopa.

Bajo el gobierno del ANC post-1994, Denel llegó a estar técnicamente insolvente en 2019, sin poder pagar sueldos. El Estado tuvo que rescatarla con casi 9.000 millones de rands. En 2022 perdió un contrato de 6.000 millones con Egipto por falta de financiamiento bancario. Para 2024, seguía insolvente.

Pero la tecnología sobrevive. Vehículos MRAP estadounidenses protegen soldados en combate. Patrulleros británicos patrullan zonas hostiles. Lanzagranadas marines esperan en arsenales. La innovación sudafricana, creada por ingenieros afrikáners en condiciones imposibles, sigue sirviendo en silencio a los ejércitos de los mismos países que antes les impusieron sanciones.

jueves, 19 de diciembre de 2024

Carem de CNEA: Se gastaron dos tiros y ni un pájaro bajaron

Energía nuclear: la decepción con el reactor Carem


Después de más de 40 años y cuantiosos recursos gastados en esta quimera, analizamos las razones que han llevado a este proyecto a un completo fracaso.

José Converti || Los Andes



 
El proyecto Carem 25 lo lleva adelante la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) en un predio ubicado en Lima, provincia de Buenos Aires. (Télam)

Para comprender las razones del fracaso del proyecto Carem debemos retrotraernos al origen y objetivo del mismo. No se originó como algunos creen en 1984 con el gobierno de Alfonsín, sino al menos 8 años antes en el proyecto Carena, cuyo objetivo era desarrollar un reactor apto para la propulsión de un submarino. Este se complementaría con la fábrica de submarinos suscripta en un convenio con los astilleros Thyssen Nordseewerke, de la entonces Alemania Occidental, para montar un astillero especializado en submarinos con propulsión diesel-eléctrica. Estaba previsto, sin embargo, una modificación de los mismos para proveerlos de propulsión nuclear.Se realizaron los estudios preliminares de factibilidad de un reactor nuclear para dicho propósito durante la gestión de Castro Madero, pero se hizo una mala elección en el tipo de reactor a utilizar. En lugar de adoptar un PWR que había dado excelentes resultados en el proyecto norteamericano, copió el concepto de un reactor desarrollado en Alemania para la propulsión de un buque de superficie, el Otto Hahn construido en 1964.

El proyecto fue “aparentemente” discontinuado durante los gobiernos constitucionales que siguieron al gobierno militar. Castro Madero, sin embargo, logró “perdurar” y continuó influyendo en carácter de asesor de la CNEA. Se intentó continuar el desarrollo del reactor naval, justificándolo con cambios menores para la generación de energía eléctrica, apelando a calificativos como “reactor innovativo” e “inherentemente seguro” para la generación de energía eléctrica en “pequeñas poblaciones aisladas”. El proyecto Carena se transformó en Carem sólo cambiando un par de letras en su nombre. También fue una mala decisión.

La CNEA destinó permanentes recursos económicos para desarrollar el prototipo del Carem y Castro Madero actuó como su promotor.


Configuración del reactor nuclear Carem

Castro Madero creía realmente que el reactor CAREM era adecuado, con pocas modificaciones, para la propulsión de un submarino y logró también entusiasmar a la conducción de la Armada. En 1986 el titular de la Armada, vicealmirante Ramón Arosa anunció que en dos años más Argentina ya tendría su primer submarino nuclear.

El reactor Carem no es un diseño adecuado para la propulsión de submarinos y no hay ningún submarino con propulsión nuclear que utilice reactores de este tipo.

Continuó el proyecto Carem como reactor “innovativo”, y así el drenaje de recursos de CNEA, y hoy día aún perdura dentro del ámbito de la misma. Después de más de 40 años, continúa con problemas técnicos fundamentales sin resolver y absorbiendo cuantiosos recursos del Estado.

Un reactor nuclear de agua a presión (PWR) convencional está constituido esencialmente por un recipiente de presión que aloja al combustible nuclear, un generador de vapor, bomba de circulación del circuito primario y un presurizador externo al recipiente del reactor.

El Carem es un reactor “Integrado”. Este concepto consiste en incluir todos estos elementos dentro del recipiente de presión.

Al incluir todos estos componentes dentro del recipiente de presión aumenta considerablemente su volumen. El mismo está sometido a presiones internas de más de 120 atmósferas. Esto encarece enormemente el costo del mismo y la tecnología necesaria para las soldaduras y fabricación. Como ejemplo comparativo el tamaño del recipiente de presión del Carem que generaría unos 30 MW eléctricos es semejante al de un PWR convencional que genera 600 MW.

Las barras de control de reactividad son accionadas por un sistema hidráulico que no ha sido probado y que es extremadamente complejo. Los reactores convencionales (PWR) ejercen un control positivo sobre las variables operativas del reactor. La presión queda fijada por el presurizador, el caudal de refrigerante queda establecido por la bomba y las barras de control con accionamiento electromagnético permiten controlar la reactividad. La potencia térmica generada se puede determinar en forma confiable por el caudal y las temperaturas de entrada y salida del refrigerante al recipiente de presión del reactor.

El Carem no permite determinar la potencia térmica sino en forma indirecta, aproximada y con mucha dificultad. El comportamiento del reactor desde el punto de vista termohidráulico no se puede determinar con métodos calificados.

Para validar los sistemas de accionamiento de barras de control se construyó una facilidad experimental (Capem)pero en casi 20 años no se logró ponerla en funcionamiento. Con respecto a los generadores de vapor nunca se intentó efectuar algún tipo de validación experimental. Esto también destaca la mala gestión del proyecto, especialmente en los roles directivos.

El proyecto Carem ya lleva más de 40 años y existen muchas dudas en cuanto a su factibilidad técnica y futuro comercial. No se ha efectuado un estudio serio sobre los costos de este tipo de reactor, pero todos los indicios sugieren que no será competitivo en relación a los diseños (PWR) convencionales ni a las fuentes alternativas de energía renovable.

El concepto Carem no surgió de una evaluación seria con criterios ingenieriles y realistas de la opción más conveniente para desarrollar localmente, y no se efectuó una ingeniería conceptual adecuada. Este reactor fue utilizado para vender a la Armada Argentina un pretendido reactor para la propulsión de submarinos. Como no prosperó en el objetivo original, fue “reciclado” como proyecto de reactor “innovativo” de baja potencia para supuestas pequeñas poblaciones aisladas sin acceso a otras fuentes de energía eléctrica. Tampoco es válida la justificación del Carem como SMR (Small Modular Reactor) ya que este concepto ha mostrado tener un costo mucho mayor que lo prometido. De esta forma, la CNEA, que ha resultado ser exitosa en el diseño de reactores experimentales tipo pileta, ha fracasado en el desarrollo de un reactor de potencia destinado a la generación nucleoeléctrica. La alineación de los esfuerzos de CNEA en un proyecto de “dudosa justificación” ha bloqueado la posibilidad que se encaren conceptos de probado funcionamiento tales como el PWR convencional.

Países de recursos limitados como el nuestro, deben ser cuidadosos en la elección del tipo de reactor a desarrollar y sin duda la del Carem no ha sido una buena elección.

*El autor es Profesor Emérito de Ingeniería Nuclear del Instituto Balseiro

lunes, 9 de septiembre de 2024

Scaled Composites Vanguard: Un proyecto para cambiar FAdeA y traerla al Siglo 21


Análisis del proyecto Vanguard: Un avión de combate desechable muy apto para Argentina

Esteban McLaren
FDRA


Imagina un futuro donde Argentina no solo se limite a producir entrenadores antiguos como el IA-63 Pampa III que acaba de salir de producción, sino que se transforme en un centro de innovación aeronáutica regional. La reconversión de FAdeA hacia la producción de un avión modular, altamente tecnológico y exportable, marcaría un salto cualitativo en la industria nacional. Este tipo de avión podría estar equipado con tecnologías avanzadas de inteligencia artificial, fabricación aditiva (impresión 3D), la cual puede descentralizarse entre proveedores regionales, y sistemas de combate autónomo, abriendo puertas a mercados globales en defensa y seguridad. El Scaled Composites Vanguard puede mostrar el camino para un cambio y reestructuración de FAdeA apuntando a cubrir diversas hitos tecnológicos:

  • un caza ligero furtivo de alta velocidad subsónica
  • capaz de convertirse en dron
  • costo de producción de menos de la mitad que un Pampa
  • una autonomía sin registros de más de 5 mil km (!¡) con 6 horas de vuelo
  • bodega multifuncional: puede cargar 2 AMRAAM, una radar de apertura sintética, equipos de ECM, entre muchas combinaciones. 
  • caza que tiene una vida operativa menor pero de fácil reemplazo
  • su producción es colaborativa por lo que puede distribuirse en PyMEs a largo del territorio nacional o mejores postores extranjeros.

La fabricación de un avión modular permitiría adaptarse a las necesidades de cada cliente, maximizando su capacidad de exportación y potenciando la competitividad argentina en el mercado internacional. Este enfoque no solo estimularía la creación de empleos de alta calificación, sino que también incentivaría el progreso tecnológico en sectores como el software, inteligencia artificial y robótica. Al diversificar la producción hacia aeronaves más sofisticadas, Argentina no solo fortalecería su defensa, sino que dinamizaría la economía, atrayendo inversión privada y alianzas internacionales.

Invertir en esta transformación significaría convertir a FAdeA en un polo de desarrollo estratégico, generando un impacto duradero en la economía del conocimiento y posicionando al país como un líder regional en la industria aeronáutica.




El Model 437 Vanguard, diseñado por Scaled Composites bajo la matriz de Northrop Grumman, representa un concepto revolucionario en el campo de la aviación militar. Este caza desechable está diseñado para operar de forma autónoma en misiones de alto riesgo, donde la pérdida de la aeronave se considera aceptable. Se analizará a continuación sus características técnicas, costos de producción, posibles usos en el campo de batalla futuro y su potencial en las fuerzas armadas argentinas.



Características Técnicas del Vanguard

El Vanguard es un caza de dimensiones compactas, con una longitud y envergadura de 12,5 metros, un peso máximo de despegue de 4.535 kg, y está propulsado por un motor Pratt & Whitney 535 que genera 15,1 kN de empuje. Su alcance operativo es de 5.556 km, con una autonomía de hasta seis horas. Estas características lo posicionan como un avión de combate ligero y ágil, ideal para operar en misiones donde la maniobrabilidad y el bajo costo son esenciales.

Su capacidad de carga útil es de 907 kg, lo que le permite transportar hasta dos misiles AIM-120 AMRAAM en su bahía interna de armas, lo que le da capacidad para participar en combates aéreos sin comprometer su agilidad o autonomía. Además, una de las claves del Vanguard es su diseño modular y su plataforma digital de desarrollo, similar a la utilizada en el bombardero B-21 Raider, lo que reduce significativamente los costos de desarrollo al agilizar pruebas y certificaciones mediante simulaciones virtuales.

 


Costos de producción y despliegue

El Vanguard es diseñado para ser extremadamente barato de producir, con un costo estimado entre 5 y 6 millones de dólares por unidad si se fabrica en serie. Este bajo costo se logra gracias a innovaciones en su fabricación, como el uso de deposición de materiales con arco de plasma, lo que permite la impresión de componentes estructurales de titanio sin necesidad de moldes costosos. Además, el uso intensivo de plataformas digitales para pruebas y prototipado reduce aún más los tiempos y costos de producción. La empresa ha reducido los costos de ingeniería en planta de ocupar en promedio un 15% de los costos a sólo ocupar el 1%. Esto quiere decir que pasar de un cambio aerodinámico en papel y CGI a un componente real del avión es prácticamente directo debido a la digitalización e IA aplicados al proceso.

En comparación con los cazas tripulados tradicionales como el F-35, que cuesta entre 80 y 100 millones de dólares por unidad, el Vanguard es considerablemente más barato. Esta diferencia de costos lo convierte en una opción atractiva para misiones de alto riesgo, donde la pérdida de una aeronave es un factor asumido. En este sentido, se proyecta que el Vanguard desempeñará un papel crucial en misiones de supresión de defensas enemigas (SEAD), ataques aéreos en áreas fuertemente defendidas y reconocimiento en profundidad, ya que su pérdida no supondría un costo prohibitivo (ScaledComposites)(TheWarZone).

Especificaciones
Tripulación: 1
Envergadura: 41 pies (12.5 metros)
Longitud: 41 pies (12.5 metros)
Altitud máxima: 25 mil pies (6.000 metros)
Máximo peso al despegue: 10.000 libras (4,535 kg)




Uso en el Campo de Batalla Futuro

El futuro del combate aéreo está marcado por la creciente automatización y el desarrollo de aeronaves autónomas que pueden operar en conjunto con cazas tripulados. En este contexto, el Vanguard encaja perfectamente en los planes de la Fuerza Aérea de EE.UU. bajo el programa Collaborative Combat Aircraft (CCA), que busca desarrollar plataformas no tripuladas que puedan complementar aviones como el F-35 en misiones de combate.

El Vanguard, al estar equipado con inteligencia artificial y operar de manera autónoma, podrá realizar misiones de apoyo, escolta y combate aéreo sin poner en riesgo a los pilotos. Además, su capacidad de ser producido en grandes cantidades permitirá que las fuerzas aéreas lo utilicen como un recurso desechable en misiones de alto riesgo, lo que aumentará la efectividad en zonas con fuertes defensas antiaéreas.


Para tener presente, un avión de estas características y con esta flexibilidad podría, y es solo una conjetura, embarcarse en una plataforma tipo portaaviones o portahelicópteros, tanto en su versión tripulada como no tripulada: es una aeronave muy liviana, pequeña y flexible con enorme autonomía. Ello podría ayudar a volver a brindarle a la Armada Argentina de nuevo la capacidad de proyección de poder aeronaval.

Otros proyectos

Dentro de la gama de proyectos la empresa Scaled Composites incluye un demostrador de un futuro caza de sexta generación denominado Model 401 S y un avión de ataque ligero, con ciertas reminiscencias al A-10 Warthog, nominado como Agile Responsive Effective Support.

Demostrador Model 401 Sierra, casi un F-5 reciclado a furtivo




Demostrador aeronave Agile Responsive Effective Support de Scaled Composites




Potencial uso en las Fuerzas Armadas Argentinas

Las fuerzas armadas argentinas, tradicionalmente con recursos limitados, podrían beneficiarse de un avión como el Vanguard por varias razones. Aunque el costo de adquisición de unidades sigue siendo elevado para los estándares de defensa de Argentina, su bajo costo en comparación con cazas tradicionales y su capacidad de operar de manera autónoma lo convierten en una opción interesante para misiones estratégicas.

Argentina podría emplear el Vanguard en varias funciones, entre ellas:

  1. Defensa de espacios aéreos amplios: Dada la extensión del territorio argentino, el Vanguard podría utilizarse para patrullas aéreas y misiones de disuasión en áreas remotas, como la Patagonia o el Atlántico Sur. Es una aeronave excepcional para vigilar el frente norte con enorme extensiones donde pequeñas aeronaves contrabandean drogas. La capacidad de patrulla de una aeronave así es económicamente muy eficiente.

  2. Misiones de supresión de defensas enemigas: En un hipotético conflicto, el Vanguard podría ser empleado para penetrar defensas aéreas enemigas, lo que minimizaría el riesgo de perder aviones tripulados. Para misiones SEAD o ataque a blancos muy protegidos, en su versión UCAV, puede ser eficiente en término de evitar pérdidas humanas.

  3. Operaciones de reconocimiento y ataque en el Atlántico Sur: En un escenario de tensiones en las Islas Malvinas, el Vanguard podría desempeñar un rol en misiones de reconocimiento y ataque a largo alcance sin exponer a pilotos en estas misiones peligrosas. Esta aeronave tiene exactamente la mitad de persistencia en vuelo que un P-3C Orion como los recién adquiridos a Noruega: 6 horas. En su versión no tripulada podría patrullar enormes extensiones del Mar Argentino sin mayor desgaste humano y con conexión directa al edificio Libertad o la Base Naval de Puerto Belgrano si así lo requiera.

 

Recomendación

Argentina, a pesar de no contar con los mismos recursos tecnológicos que EE.UU., podría beneficiarse de una inversión inicial en el Vanguard. Un enfoque gradual en la adquisición de estas aeronaves autónomas permitiría a las fuerzas armadas modernizarse sin incurrir en los altos costos de cazas convencionales. Además, la capacidad de este avión de operar en misiones de alto riesgo y su compatibilidad con un modelo operativo autónomo lo convertiría en un multiplicador de fuerza en escenarios como el Atlántico Sur o el control de fronteras en áreas críticas como la cordillera de los Andes.

El Model 437 Vanguard es un desarrollo innovador que puede redefinir las estrategias de combate aéreo a nivel global. Si bien Argentina enfrenta limitaciones presupuestarias, este tipo de tecnología de bajo costo y alto impacto podría ser una opción atractiva para futuras adquisiciones, permitiendo que el país mantenga una defensa aérea efectiva y moderna en escenarios de alta complejidad.










Análisis de la producción del IA-63 Pampa en FAdeA y oportunidades futuras basadas en el proyecto Vanguard

La Fábrica Argentina de Aviones (FAdeA) ha tenido una historia marcada por la producción de aeronaves emblemáticas, como el IA-63 Pampa, un entrenador avanzado de diseño argentino. Sin embargo, el proyecto Pampa ha sido descontinuado tras la producción de alrededor de 40 aviones, lo que pone en evidencia la necesidad de replantear la dirección productiva de la planta. En este análisis, se examina la viabilidad de reconfigurar la producción de FAdeA para proyectos más alineados con tendencias tecnológicas globales, como el Model 437 Vanguard, un caza de combate desechable, y cómo estas oportunidades pueden representar un nuevo horizonte para la industria aeronáutica argentina.

El fin del Pampa puede ser el inicio del Siglo 21 para FAdeA

El IA-63 Pampa, aunque un hito de la ingeniería argentina, se basa en una concepción aeronáutica de varias décadas. A nivel de costo de oportunidad, seguir invirtiendo en un proyecto como el Pampa que no ha logrado la expansión en el mercado ni una proyección significativa internacional implica dejar de lado la posibilidad de ingresar a mercados emergentes de aviones más avanzados tecnológicamente. Además, el Pampa no cumple con las exigencias actuales en cuanto a aeronaves de combate modernas o sistemas de vuelo autónomo, elementos que se están convirtiendo en esenciales en las guerras del futuro.

El Vanguard ofrece una vía alternativa con un enfoque hacia la producción de aeronaves de bajo costo, alta tecnología y posibilidad de ser fabricadas en grandes volúmenes. Al ser un avión desechable y autónomo, basado en inteligencia artificial, permite a FAdeA incursionar en la automatización y digitalización del combate aéreo, áreas donde la industria argentina ha quedado rezagada. El costo de producción de un Vanguard, estimado entre 5 y 6 millones de dólares, es comparable a la mitad de los entrenadores como el IA-63, pudiendo incluso ser menor debido a los menores salarios en dólares locales, pero su potencial de exportación es mucho mayor debido a la tendencia global hacia la guerra autónoma y la modernización de las flotas aéreas.

Oportunidades Tecnológicas para FAdeA

Las tecnologías implementadas en el Vanguard, como la fabricación aditiva (impresión 3D) y el uso de herramientas digitales para reducir costos de prototipado y certificación, representan oportunidades para que FAdeA modernice su infraestructura. La fábrica podría, con las inversiones adecuadas, empezar a aplicar estos métodos en la producción de aeronaves más avanzadas. Un enfoque hacia el desarrollo de drones militares autónomos podría no solo revitalizar la industria aeronáutica argentina, sino también posicionarla como un actor competitivo en el mercado global de aviones no tripulados.

Este cambio requiere que FAdeA deje de enfocarse exclusivamente en la construcción de aviones convencionales y pase a aprovechar estas nuevas tecnologías. Al desarrollar aviones como el Vanguard, FAdeA podría diversificar su cartera de productos, atrayendo tanto a las fuerzas armadas nacionales como a potenciales clientes internacionales.

Acciones del gobierno argentino para adaptarse a un nuevo sendero tecnológico

Para que este cambio de dirección sea efectivo, es crucial que el gobierno argentino tome medidas proactivas que impulsen la industria nacional hacia la producción de aviones como el Vanguard. Entre las acciones necesarias para este proceso de adaptación se encuentran:

  1. Inversión en investigación y desarrollo: El gobierno debe promover el desarrollo de nuevas tecnologías a través de fondos dedicados a la innovación en defensa. Esto incluye financiar investigaciones en inteligencia artificial, fabricación aditiva y materiales avanzados, esenciales para la producción de aviones de combate autónomos. Esta fase de tecnología abre un espacio de colaboración con el pujante sector tecnológico nacional, sobre todo de software y hardware.

  2. Alianzas internacionales: Argentina debe buscar asociaciones con empresas extranjeras líderes en el sector, como Northrop Grumman, para adquirir conocimiento técnico y colaborar en el desarrollo de aviones de bajo costo y alta eficiencia. Estas alianzas también permitirán una transferencia tecnológica hacia la industria local. Otro potencial socio puede ser Embraer de Brasil

  3. Marco regulatorio adecuado: El gobierno debe desarrollar un marco normativo que incentive la inversión privada en el sector de la defensa, así como políticas de exportación que faciliten la venta de estas aeronaves en mercados internacionales. En ese sentido, la ley RIGI presenta una opción enormemente tentadora para la inversión privada extranjera en este campo específico.

  4. Incentivar la participación del sector privado: La modernización de FAdeA debe ir de la mano con una mayor participación del sector privado nacional, ya que este puede aportar capital, innovación y eficiencia operativa. Esto puede lograrse mediante alianzas público-privadas para la fabricación y exportación de drones y aviones autónomos. Ya se sabe que la injerencia excesiva del estado solo ha provocado inacción, retrasos y proyectos que ya son viejos cuando llegan si quiera a prototiparse (CITEDEF, ARS, Tandador, son vergonzosos ejemplos de desidia gremial).

Plan de acción a 5 Años

  1. Año 1: Diagnóstico y Modernización Inicial

    • Realizar una auditoría tecnológica de FAdeA para identificar las brechas en capacidad productiva.
    • Iniciar la adquisición de tecnologías de fabricación aditiva y plataformas digitales de prototipado.
    • Firmar acuerdos preliminares con empresas extranjeras como Scaled Composites para transferencia de tecnología.
  2. Año 2: Inversión en Capacitación y Desarrollo Tecnológico

    • Capacitar al personal técnico en nuevas tecnologías de producción.
    • Iniciar proyectos pilotos de aviones no tripulados con énfasis en aplicaciones militares y civiles.
    • Implementar una política gubernamental para facilitar incentivos fiscales a empresas tecnológicas nacionales que participen en el programa.
  3. Año 3: Producción de Prototipos

    • Construir los primeros prototipos de aviones no tripulados, utilizando modelos de alta fidelidad similares al Digital Pathfinder utilizado en el Vanguard.
    • Integrar pruebas de campo en colaboración con las fuerzas armadas y evaluar los costos de producción a escala.
  4. Año 4: Expansión de la Producción

    • Ampliar la producción con la participación de inversores privados y alianzas internacionales.
    • Convocar a startups y PyMEs regionales que fabriquen las partes mediante impresión 3D y materiales compuestos.
    • Lanzar una campaña de exportación de drones militares fabricados en Argentina hacia mercados latinoamericanos y africanos, donde hay demanda de soluciones de defensa asequibles.
  5. Año 5: Consolidación del Programa

    • Alcanzar la producción en serie de aviones no tripulados, con un enfoque en aviones de combate desechables para misiones de alto riesgo.
    • Asegurar la integración completa de la industria privada en el sector de defensa, mediante contratos de producción y ventas internacionales.

Conclusión preliminar

El proyecto del Vanguard plantea un horizonte prometedor para la reconfiguración de FAdeA, alejándola de la producción de aviones convencionales como el IA-63 Pampa y orientándola hacia tecnologías modernas de fabricación digital y aeronaves autónomas. Este enfoque no solo posicionaría a Argentina en la vanguardia de la aviación militar regional, sino que también abriría nuevas oportunidades en el mercado global de defensa, donde la demanda de drones autónomos y vehículos aéreos no tripulados está en crecimiento constante.

El prototipo Vanguard puede convertirse en un caza ligero de una autonomía pornográfica con un costo de hora de vuelo completamente inusual (en el rango de 150 a 500 dólares la hora de vuelo) posibilitando enorme cantidad de combinaciones. Su bodega puede ser provista desde armas dirigidas (AMRAAM, LGB, misiles ASM, etc.) así como equipamiento electrónico de diversos sensores, perturbadores, señalizadores, etc. Es una plataforma sensible, barata, podría interoperar electrónicamente con los nuevos F-16 MLU del mismo modo que la USAF busca que interactúe con sus F-35.

Mediante un plan estratégico de varios años, el gobierno argentino, en conjunto con el sector privado, puede transformar FAdeA en un centro de innovación aeronáutica, capaz de producir aviones de combate de bajo costo que respondan a las necesidades modernas de defensa.