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domingo, 30 de agosto de 2026

Argentina: Sin BAPI ni SuE, ¿para qué tenemos al COAN o a la misma ARA?

¿Qué COAN queda después de Punta Indio?

Esteban McLaren




El 20 de agosto de 2026, la Armada Argentina anunció el Plan Dédalo, presentado oficialmente como una reestructuración y modernización integral de su Aviación Naval. La palabra elegida fue “modernización”. Sin embargo, la medida más inmediata no fue la incorporación de un sistema de combate, sino la reducción de una base histórica.

A partir de enero de 2027, la Base Aeronaval Punta Indio dejará de funcionar como tal y será convertida en una estación aeronaval. La Escuela de Aviación Naval y la Escuadrilla Aeronaval de Vigilancia Marítima serán trasladadas a la Base Aeronaval Comandante Espora, mientras la Escuadra Aeronaval N.º 1 pasará a reserva. La pista principal de Punta Indio está muy deteriorada, la infraestructura requiere inversiones importantes y la cantidad actual de aeronaves ya no justificaría mantener dos estructuras semejantes.

Punta Indio no desaparecerá físicamente. Pero dejará de ser lo que fue durante más de un siglo. Esa diferencia administrativa no debería ocultar el hecho militar: la Aviación Naval pierde una base operativa, concentra más medios en Comandante Espora y reduce la dispersión territorial que alguna vez sostuvo su capacidad de despliegue.

La decisión puede ser comprensible desde la administración de recursos escasos. Mantener hangares, talleres, pistas y dotaciones para una fuerza que ya no posee decenas de aeronaves cuesta dinero. El propio jefe de la Armada, almirante Juan Carlos Romay, explicó que cuarenta años de reducción presupuestaria, pérdida de medios y deterioro de la infraestructura obligaron a establecer prioridades. También reconoció que la pista de Punta Indio necesitaría una inversión considerable y que Espora dispone de hangares liberados por la desaparición de otros sistemas, como los Tracker. La explicación oficial es clara.

El problema es que achicar una estructura no equivale, por sí mismo, a modernizarla. Puede ser el primer paso de una transformación razonable o la formalización ordenada de una decadencia. La diferencia depende de los medios que lleguen después.

Del portaaviones ausente al avión de ataque ausente

Durante años, la discusión sobre el futuro del Comando de la Aviación Naval giró alrededor de una pregunta equivocada: ¿para qué necesita la Argentina una aviación naval si ya no tiene portaaviones?

El razonamiento confunde plataforma con función. El COAN no existe para justificar la cubierta de un portaaviones, sino para extender el poder de la Armada sobre el mar. Un avión que despega desde Río Grande, Espora o Almirante Zar sigue siendo un medio naval cuando explora el océano, busca submarinos, identifica blancos de superficie, protege una agrupación naval o ejecuta un ataque antibuque.

La experiencia argentina de 1982 demostró precisamente eso. Los Super Étendard operaron desde tierra y alcanzaron objetivos británicos a grandes distancias. No necesitaron despegar desde el ARA 25 de Mayo para producir efectos estratégicos sobre la flota enemiga. La ausencia de un portaaviones imponía restricciones, pero no anulaba la capacidad aeronaval.

Hoy, sin embargo, la pregunta es más grave. Ya no se trata de saber si el COAN puede existir sin portaaviones. Se trata de determinar si puede conservar su condición de fuerza de combate sin aviones de ataque, sin helicópteros antisubmarinos modernos y con una flota de superficie cada vez más reducida.

El Plan Dédalo confirma el retiro definitivo de los Super Étendard durante 2026. Los aparatos originales llevaban años sin volar. Los cinco Super Étendard Modernisé comprados a Francia y recibidos en 2019 nunca pudieron entrar en servicio en la Argentina. Las dificultades con los componentes pirotécnicos de los asientos eyectables, las certificaciones vencidas, la imposibilidad de conseguir determinados repuestos y el paso del tiempo terminaron por volver inviable su recuperación.

La sospecha más amarga quedó así confirmada: los SEM llegaron al país, fueron pagados, trasladados, almacenados y sometidos a distintos intentos de recuperación, pero nunca volaron con la Aviación Naval Argentina. El propio almirante Romay admitió que “nunca pudieron ponerse en servicio” y que, cuanto más tiempo pasaba, más difícil resultaba activarlos. También señaló que su reemplazo continúa en evaluación, aunque las prioridades actuales son los submarinos y los buques.

No hay evidencia de que la desaparición de esta capacidad sea un castigo deliberado contra la Armada. Pero resulta inevitable observar la paradoja. Una de las pocas aviaciones navales latinoamericanas con experiencia real de combate, y la única que lanzó misiles antibuque en guerra, termina perdiendo su aviación de ataque sin tener un sucesor definido.

El sistema que hundió al HMS Sheffield y al Atlantic Conveyor no es reemplazado por otro sistema de armas. Simplemente desaparece.

Los ojos llegan; el puño no aparece

El Plan Dédalo no contiene solamente bajas y traslados. También anuncia incorporaciones valiosas. La Armada espera completar la flota de cuatro P-3C Orion, recuperar la exploración marítima de largo alcance, reemplazar gradualmente los B-200 por B-360, incorporar cuatro helicópteros Leonardo AW109 y recibir cuatro UAV Shield AI V-BAT entre 2028 y 2029. Estos últimos podrán operar desde las cubiertas de los buques de superficie, incluidos los patrulleros oceánicos clase Bouchard. El cronograma oficial también contempla mejoras en los T-34 Mentor y en los sistemas de vigilancia de un B-200M.

Los V-BAT representan una incorporación adecuada. Un UAV de despegue y aterrizaje vertical puede ampliar considerablemente el horizonte de vigilancia de un patrullero, seguir contactos, reconocer embarcaciones y transmitir información sin exponer una aeronave tripulada. Para el control de la zona económica exclusiva, la búsqueda de buques con comportamientos anómalos y las operaciones de presencia, su utilidad es evidente.

Pero un dron de vigilancia no transforma a un patrullero oceánico en una fragata. Tampoco reemplaza un helicóptero antisubmarino, un avión de ataque ni un sistema de armas capaz de actuar sobre el blanco detectado. Los OPV clase Bouchard fueron construidos para patrullar, identificar e interceptar embarcaciones en situaciones de baja amenaza. No poseen las capacidades antiaéreas, antisubmarinas y antisuperficie de un escolta moderno.

La tecnología no elimina esa diferencia. Un sensor puede encontrar el blanco, pero no necesariamente puede neutralizarlo. Si no existe un medio de combate conectado al sensor, la cadena queda incompleta.

El COAN que surge del Plan Dédalo parece orientarse hacia la exploración marítima, la vigilancia, el entrenamiento, el enlace, el sostén logístico y la operación de vehículos no tripulados. Son funciones necesarias. Algunas habían quedado peligrosamente degradadas y la llegada de los P-3C Orion constituye una recuperación concreta. Sin embargo, esa estructura se parece cada vez menos a una aviación naval capaz de disputar el control del mar.

Tendrá mejores ojos, pero no se ha definido con qué puño golpeará.

Una aviación naval no combate sola

La situación del COAN tampoco puede analizarse separada del resto de la Armada. La aviación naval forma parte de un sistema. Explora para los buques, protege sus movimientos, busca submarinos, transmite información y, cuando dispone de armas apropiadas, ataca más allá del horizonte. Su valor depende de la integración entre sensores, aeronaves, submarinos, escoltas, enlaces de datos y armamento.

La Argentina lleva nueve años sin un submarino operativo. El ARA Salta permanece como plataforma de instrucción, pero no navega. Para completar la formación práctica de los nuevos submarinistas, la Armada depende actualmente de la colaboración de la Marina de Guerra del Perú. Se han considerado distintas alternativas, entre ellas el Scorpène francés y propuestas alemanas derivadas del Tipo 209, pero todavía no existe una elección definitiva ni un contrato de adquisición.

El problema no es solamente material. Cada año sin submarinos reduce la experiencia acumulada, dispersa especialistas y vuelve más costosa la recuperación futura. Se puede comprar una unidad, pero no se compra de inmediato una fuerza de submarinos. El conocimiento operativo se forma durante años dentro de los buques.

La flota de superficie enfrenta otro límite. Sus principales destructores y corbetas rondan los cuarenta años. El ARA Heroína fue retirado después de permanecer inmovilizado durante más de quince años y terminó convertido en fuente de repuestos. Otras unidades sobreviven gracias al trabajo de arsenales, personal militar y técnicos civiles que reparan sistemas para los cuales cada vez resulta más difícil obtener componentes.

Existen proyectos para recuperar al ARA Sarandí y modernizar tres corbetas MEKO 140. Esos trabajos pueden extender la vida de algunas unidades y evitar una caída todavía más rápida de la flota. Pero no resuelven la ausencia de un programa firme para incorporar nuevos escoltas. Algunas plataformas todavía pueden recuperarse; otras ya atravesaron el límite económico y técnico que separa una modernización razonable de una reconstrucción demasiado costosa.

El propio jefe de la Armada reconoció que los buques están tecnológicamente desactualizados y que “no queda mucho tiempo más”. También señaló algo que debería encender todas las alarmas: continúan navegando por el esfuerzo del personal, no porque haya desaparecido su obsolescencia. Romay fue igualmente explícito sobre los submarinos: la Armada no puede pensarse sin ellos.

En estas condiciones, los UAV embarcados aportarán información, pero operarán desde una flota que todavía no tiene asegurado su reemplazo. Los P-3C podrán construir una imagen más amplia del Atlántico Sur, pero esa información necesitará submarinos, fragatas, helicópteros y armas modernas para convertirse en disuasión.

Mirar el mar no es lo mismo que controlarlo.

El contraste que incomoda

El silencio naval resulta todavía más notorio cuando se observa lo que ocurre en las otras fuerzas.

La Fuerza Aérea Argentina ya comenzó a volar sus F-16. Las primeras seis aeronaves llegaron en diciembre de 2025; en abril de 2026 comenzaron las operaciones con pilotos argentinos y en julio se habilitó al primer grupo de aviadores. El programa incluye infraestructura, formación técnica, simulación, armamento, mantenimiento y un cronograma para incorporar el sistema completo. No se trata solamente de comprar aviones: se está construyendo una capacidad alrededor de ellos. Los primeros vuelos forman parte del programa Peace Condor.

El Ejército, por su parte, firmó el 21 de agosto de 2026 la aceptación de la oferta estadounidense para avanzar en la incorporación de 235 vehículos blindados Stryker. El paquete contempla transportes de infantería, vehículos de comando, evacuación médica y apoyo de fuego. Todavía deberá atravesar las etapas de implementación y entrega, pero la decisión política y la escala del programa ya están expresadas. La operación amplía considerablemente las ocho unidades incorporadas inicialmente.

Mientras el Ejército avanza hacia una familia de cientos de blindados y la Fuerza Aérea se adapta a un nuevo caza supersónico, la Armada anuncia la reducción de Punta Indio, la puesta en reserva de una escuadra y el retiro del último sistema de ataque del COAN.

La comparación no busca enfrentar a las fuerzas. El reequipamiento del Ejército y de la Fuerza Aérea es necesario y largamente postergado. Lo que muestra es que, cuando existe una decisión, pueden establecerse prioridades, firmarse acuerdos y organizarse programas de incorporación. En la Armada, en cambio, las decisiones cruciales siguen pendientes: qué submarino comprar, con qué reemplazar los destructores, qué escolta moderna necesita la flota y si alguna vez volverá a existir una aviación aeronaval de ataque.

Ese es el silencio ensordecedor. No faltan diagnósticos. Faltan decisiones. ¿No será que es necesario que la Armada no tengo medios aéreos, de superficie o submarinos para que no sobrevuelen la explotación de petróleo de Sea Lion operada por Israel y Gran Bretaña? ¿Conoce la gente que la mínima interferencia armada con una explotación de ese tipo hace caer los seguros por dicha actividad extractiva haciéndolo inviables de operar económicamente? ¿Por qué la Cancillería sale a calmar a un vecino que no nos sirve para nada como Chile mientras que no hace ninguna declaración respecto a Sea Lion? El simple sobrevuelo de un Super Etendard sobre esa explotación o una operación encubierta con un submarino nacional sobre esas instalaciones provocaría un aumento exponencial del riesgo de explotación que se trasladaría automáticamente a las pólizas... Fuimos en 1966 a desembarcar en playa Vaca y ¿no iríamos a ponerle una puta carga explosiva a esas instalaciones en el medio de nuestro propio mar? ¿Ese es el costo a pagar por tener el presidente más extremista de una rama religiosa no contemplada en nuestra constitución nacional?

¿Qué COAN emerge?

El resultado más probable es un COAN más pequeño, concentrado y tecnológicamente orientado hacia la vigilancia. Contará con P-3C Orion para exploración de largo alcance, aviones ligeros para patrulla y enlace, helicópteros AW109 y UAV VTOL embarcables. Podrá controlar mejor la actividad pesquera, detectar comportamientos sospechosos, participar en búsqueda y rescate y sostener operaciones marítimas en tiempos de paz.

Lo que no aparece es una capacidad aeronaval de combate equivalente a la que se pierde. No hay un reemplazo definido para los Super Étendard. No hay una solución moderna de guerra antisubmarina embarcada claramente anunciada. Los Sea King serán retirados a partir de 2031 y los Fennec en 2027. Tampoco existe todavía una flota de superficie renovada que pueda aprovechar plenamente la información generada por los nuevos sensores.

La concentración en Comandante Espora puede reducir gastos y mejorar el aprovechamiento de hangares y talleres. También concentra aeronaves, personal e infraestructura en menos puntos. Para una fuerza pensada únicamente para tiempos de paz, eso puede parecer eficiente. Para una fuerza que debe conservar capacidad de combate, la dispersión, las bases alternativas y la redundancia siguen teniendo valor.

El COAN no necesita recuperar un portaaviones para volver a ser relevante. Necesita algo más realista: una arquitectura aeronaval basada en tierra, conectada con submarinos y escoltas modernos, apoyada por P-3C, drones, helicópteros, sensores costeros, enlaces de datos y algún vector capaz de ejecutar ataques antibuque. Sin eso, corre el riesgo de convertirse en una excelente organización de vigilancia incapaz de disputar aquello que vigila.

Punta Indio resume todo el problema. La Armada sostiene que la base no se cierra, sino que cambia de categoría. Es cierto. Pero también es cierto que pierde sus unidades principales, su escuela, su taller y buena parte de su personal. La diferencia entre una base y una estación no es solamente una palabra pintada en la entrada. Expresa la escala de la fuerza que puede operar desde allí.

Tal vez el portaaviones no vuelva nunca. Eso no condenaría al COAN. Lo que sí podría condenarlo es aceptar que la exploración reemplaza al combate, que un UAV sustituye a un sistema de armas o que mantener instituciones sin capacidad ofensiva alcanza para conservar poder naval.

La Aviación Naval Argentina sobrevivió a la desaparición del portaaviones. Ahora debe sobrevivir a algo más peligroso: la posibilidad de quedar reducida a observar el mar que alguna vez estuvo preparada para combatir.

sábado, 22 de agosto de 2026

Suiza: La "suerte" de no haber sido invadidos

Los suizos son simplemente muy afortunados

Dmitry Verkhoturov || Top War



Zúrich en 1910


El artículo «Suiza durante la Segunda Guerra Mundial» me resultó bastante curioso. Por un lado, es estupendo que haya interés en estos aspectos poco explorados de la Segunda Guerra Mundial, que aportan profundidad y detalle al panorama histórico. Pero, por otro lado, el autor claramente descuidó el estudio de fuentes primarias y obras históricas de calidad, lo que dio como resultado un artículo superficial que, en ocasiones, transmite mitos infundados. Además, el papel de Suiza en la Segunda Guerra Mundial quedó prácticamente inexplorado.

La cuestión de por qué Suiza no fue conquistada interesaba a los suizos. La respuesta la proporcionó Markus Heiniger, un hombre con una biografía bastante notable. Historiador de formación, trabajó como editor del periódico Friedenszeitung antes de incorporarse al departamento político del Ministerio Federal de Asuntos Exteriores de Suiza. En 1989, escribió y publicó en Zúrich el libro «Dreizehn Gründe: Warum die Schweiz im Zweiten Weltkrieg nicht erobert wurde», que exponía con gran detalle y de forma sistemática las razones por las que Suiza logró mantener una cuasi neutralidad. El libro abarcaba muchos temas, pero mi interés principal era la economía, así que mi presentación tendrá un enfoque económico.

La capitulación de Suiza

La movilización general de 420.000 hombres en el ejército, mencionada en el artículo «Reducto Nacional» (que tuvo lugar el 2 de septiembre de 1939), y la disposición a defender el país, por lo que se puede apreciar, no es más que una estrategia de relaciones públicas suiza de posguerra, diseñada para disimular un hecho bastante desafortunado. El hecho es que Suiza, con valentía, se rindió. E incluso antes de la capitulación formal de Francia.

Tras la anexión de Austria, Suiza quedó rodeada por Alemania al norte y al este, e Italia al sur. Solo la parte occidental del «triángulo» suizo permanecía abierta, ya que limitaba con Francia. La determinación defensiva suiza estaba sin duda ligada a las esperanzas puestas en Francia, y quizás también al deseo de participar en el botín de guerra tras la supuesta derrota de Alemania. Suiza no tenía una importancia militar significativa.

El gobierno suizo se mostró intransigente en las negociaciones económicas. Alemania ofreció acero y carbón a cambio de productos suizos de ingeniería de precisión. Los alemanes tenían un gran interés, en particular en la mayor empresa suiza, Oerlikon. Entre 1940 y 1944, Suiza suministró a Alemania, Italia y Rumania 7.013 cañones antiaéreos Oerlikon de 20 mm, 14,7 millones de proyectiles, 40.000 cargadores y 12.500 cañones de repuesto, por un valor de 543,4 millones de francos suizos.



Los suizos resistieron, mientras comenzaba la Campaña Occidental, la destrucción de Francia, la retirada de Dunkerque, la caída de París el 14 de junio de 1940, el avance de las tropas alemanas hacia el Loira... El 18 de junio de 1940, el jefe de la delegación económica alemana, Johannes Hemmen, telegrafió desde Berna a Berlín que el gobierno suizo había hecho concesiones decisivas. Esto ocurrió tres días antes de la firma del Segundo Armisticio en Compiègne el 22 de junio de 1940.

En cuanto a la Operación Tannenbaum, el plan para tomar Suiza, que se estaba desarrollando entre agosto y octubre de 1940, no expresaba necesariamente el deseo de Hitler de tomar Suiza por la fuerza, especialmente después de haber obtenido casi todo lo que quería sin mucho esfuerzo. Lo más probable es que, al igual que otras operaciones similares, como la Operación Félix Isabel para tomar España, estos planes tuvieran fines de desinformación.

Así pues, los suizos capitularon. Dado que no se declaró el estado de guerra, se evitaron formalidades innecesarias.

Bueno, ¿qué se puede cultivar en las montañas?

En términos agrícolas, la situación de Suiza distaba mucho de ser catastrófica, gracias a la alta intensidad de uso de la tierra. El Manual Estadístico Suizo de 1945 informa que, de los 41.200 kilómetros cuadrados de tierra, 9.300 kilómetros cuadrados eran completamente improductivos, 10.200 kilómetros cuadrados eran bosques, 10.000 kilómetros cuadrados eran prados y 11.400 kilómetros cuadrados eran tierras de cultivo, incluyendo 2.100 kilómetros cuadrados dedicados a cereales. Suiza contaba con 238.400 explotaciones agrícolas, bien equipadas con diversos aperos y maquinaria.

Además, durante la guerra, la superficie de tierras cultivadas y de los cultivos más importantes aumentó drásticamente. Mientras que en 1939 había 209.300 hectáreas de tierra cultivable, 136.900 hectáreas de cereales y 47.300 hectáreas de patatas, en 1945 había 355.200 hectáreas de tierra cultivable, 216.500 hectáreas de cereales y 83.500 hectáreas de patatas. En 1945, la cosecha de trigo fue de 223.000 toneladas y la de patatas de 1,6 millones de toneladas. Esto equivalía a aproximadamente 53 kg de cereales por persona al año y 380,9 kg de patatas por persona al año.

Los suizos, en efecto, sufrían escasez de pan. Sin embargo, esto no significaba hambruna, ya que la escasez de pan se compensaba con otros productos. Las patatas, de las que había abundancia, eran un sustituto típico. En 1945, Suiza contaba con 1,4 millones de cabezas de ganado vacuno, 697.500 cerdos, 204.900 cabras y 193.200 ovejas. Esto contrasta con los 4,2 millones de habitantes de 1941. Había una vaca por cada tres personas. En 1945, la vaca suiza promedio producía 2.560 kg de leche al año. El total del ganado lechero, incluyendo las cabras, producía 2,1 millones de toneladas de leche, o 485 litros por persona al año. Además, se sacrificaban reses, obteniéndose 95.800 toneladas de carne en 1945, o 22,8 kg al año.

Por lo tanto, tenían suficiente alimento para sobrevivir a la guerra sin problemas, incluso con la interrupción de las relaciones comerciales.

Energía y ferrocarriles

Suiza era un país inusualmente bien electrificado para su época. Prácticamente no tenía centrales térmicas: solo 6 millones de kWh en 1945. Las centrales hidroeléctricas generaban 9.500 millones de kWh, de los cuales 2.600 millones eran consumidos por los hogares, 4.000 millones por la industria y 800 millones por el transporte.

En 1945, los hogares suizos utilizaban 255.000 cocinas eléctricas de dos o más quemadores, con una capacidad total de 1,4 millones de kW; 260.000 calentadores de agua con una capacidad de 470.000 kW; 1,8 millones de calefactores con una capacidad de 1,1 millones de kW; 11,6 millones de bombillas con una capacidad de 483.000 kW; y 42.800 frigoríficos. Sin embargo

, antes de la guerra, Suiza consumía aproximadamente 684.000 toneladas de carbón para la producción de gas ciudad (263,1 millones de metros cúbicos). Los ferrocarriles eran otro importante consumidor de carbón.

Los alemanes estaban particularmente interesados ​​en los ferrocarriles suizos. Italia sufría una grave escasez de carbón. Antes de la guerra, el carbón se importaba principalmente por mar desde Gran Bretaña, pero con el estallido del conflicto, esta fuente desapareció. Alemania asumió el papel de proveedor de carbón para las fábricas y plantas italianas. La ruta más corta pasaba por Suiza: desde el Ruhr hacia el sur, pasando por Frankfurt, Stuttgart, Friburgo, luego Basilea, Berna y, finalmente, hacia el sur, adentrándose en Italia, hasta Brescia, desde donde se bifurcaban ramales hacia Milán, Turín, Génova y La Spezia, los mayores centros industriales italianos.

El ferrocarril de San Gotardo es la ruta más corta desde la región del Ruhr en Alemania hasta las regiones industrializadas del norte de Italia.

Por supuesto, existía una ruta a través de Austria, pasando por Innsbruck, Bolzano, Verona y Padua, pero era tres veces más larga, y en Italia, el carbón tenía que desviarse por Bolonia para llegar a las regiones industriales del noroeste.

Así pues, Suiza comenzó a permitir el paso de carbón alemán a Italia, hasta alcanzar los 1200 vagones diarios en 1940. Las estadísticas suizas muestran que el volumen de carga en los ferrocarriles federales aumentó drásticamente, pasando de 17 millones de toneladas en 1939 a 20,2 millones en 1940 y a 23,3 millones en 1941, el máximo histórico.

Inicialmente, Suiza exigió que no se transportaran suministros militares, pero esto a menudo se hacía de forma semicontrabando: los vagones de carbón se cargaban con cajas de armas y municiones y se rellenaban con carbón. Sin embargo, incluso estas formalidades desaparecieron, y los ferrocarriles que atravesaban Suiza se convirtieron en la principal ruta de suministro para el Afrika Korps, y posteriormente para las tropas alemanas en el norte de Italia. Estos envíos continuaron hasta el 27 de febrero de 1945. Este era el secreto de la resistencia de la defensa alemana en Italia. Tras el corte de la línea de suministro, el contingente alemán en Italia agotó rápidamente sus reservas y fue derrotado.

Tributo a la neutralidad


Los suizos trabajan para Hitler durante seis días y el domingo rezan por la victoria de los Aliados.

—Así describió Markus Heiniger aforísticamente la situación en su libro. De hecho, los alemanes consiguieron casi todo lo que querían en Suiza.

En 1939, había 99.600 empresas en Suiza, que empleaban a 668.900 personas, incluidos 92.600 propietarios. De estas, 20.800 pertenecían a las industrias metalúrgica y de ingeniería mecánica, con 224.900 empleados, incluidos 19.800 propietarios. De estas, 2.448 pertenecían a la industria relojera, que empleaba a 41.400 personas, incluidos 2.200 propietarios.

Cabe mencionar que el negocio relojero suizo había disminuido significativamente incluso antes de la guerra, comenzando con la Gran Depresión, particularmente en el caso de los relojes de lujo. Si en 1928 se analizaron 1,5 millones de cajas de relojes de oro y 1,4 millones de cajas de relojes de plata, en 1939 las cifras fueron de 295.500 y 68.600, y en 1944… 279,4 mil y 14,4 mil, respectivamente. En total, se exportaron 17,1 millones de relojes en 1938 y 7,5 millones de relojes en 1944.

El comercio de Suiza comenzó a mejorar después de las decisivas concesiones de 1940. La proporción de exportaciones a Alemania aumentó del 21,6% en 1940 al 41,7% en 1943, mientras que la proporción de importaciones de Alemania alcanzó el 36,5% en 1944.

En total, las importaciones de Suiza en 1942 ascendieron a 2 mil millones de francos suizos, incluidos 1,6 mil millones de francos suizos de territorios controlados por el Eje. Las exportaciones de Suiza ascendieron a 1,5 mil millones de francos suizos. Suiza exportó 1 mil millones de francos suizos, incluidos 1 mil millones de francos suizos a los países del Eje y territorios controlados por ellos.

Suiza exportó brocas, calibres y machos de roscar pequeños, máquinas de corte y rectificado de engranajes para la producción de engranajes de alta precisión Se utilizaba en aviones y tanques , cojinetes, máquinas herramienta y repuestos para aviones y motores de aeronaves. Alemania empleaba el 40% de su ingeniería mecánica, el 50% de su industria óptica, el 60% de su producción de armas, el 70% de su ingeniería eléctrica y el 80% de su industria de instrumentos de precisión.

Además, Suiza suministraba a Alemania 1 millón de kWh de electricidad al año y fundía aluminio y magnesio exclusivamente para su exportación a Alemania. Durante la guerra, Suiza ocupó el segundo lugar, solo por detrás de Noruega, en el suministro de aluminio.

Los suizos hicieron mucho trabajo para Alemania, pero cabe destacar que esto fue en gran medida un tributo a la neutralidad. En virtud del acuerdo comercial con Alemania firmado el 9 de agosto de 1940, Suiza proporcionó un préstamo de 150 millones de francos suizos, y en 1941, de 850 millones de francos suizos. En total, Alemania debía a Suiza 1.119 millones de francos suizos durante la guerra. En comparación, la deuda de Alemania con Suecia en abril de 1944 era de tan solo 30 millones de francos suizos.

Oro y divisas


Existía otra razón de peso para mantener la neutralidad de Suiza e incluso permitirle comerciar con sus enemigos. En 1942, el 66% de las exportaciones se dirigieron a Alemania y las potencias del Eje, y el 34% a otros países, incluidas las potencias aliadas. Esta razón radicaba en la situación financiera de Suiza.


Credit Suisse en Zúrich

Hasta el 27 de septiembre de 1936, el franco suizo tenía un contenido de oro de 0,290322 gramos, de acuerdo con el convenio de la Unión Monetaria Latina, establecida en 1865. Suiza devaluó el franco un 30%, pero mantuvo su contenido de oro: 0,20322 gramos de oro por franco suizo. Por lo tanto, en el contexto de la devaluación de la libra esterlina, el dólar y el franco francés, el franco suizo siguió siendo, posiblemente, la moneda más fuerte del mundo en aquel momento. En consecuencia, muchas transacciones durante la guerra, cuando el dinero a menudo se convertía en papel moneda, se realizaban en francos suizos. Para Alemania, cuyo Reichsmark había dejado de ser convertible incluso antes de la guerra, el acceso a una moneda tan fuerte era especialmente importante. Ciertas materias primas, como el cromo, el tungsteno, el níquel y el estaño, se compraban a países neutrales, que exigían moneda convertible.


Los bancos suizos contaban con amplias conexiones internacionales y podían procesar pagos e intercambiar oro por diversas divisas. Precisamente para garantizarles un flujo constante de moneda extranjera, los alemanes permitieron a Suiza comerciar fuera de la esfera de influencia del Eje e incluso organizaron el envío de mercancías. Artículos pequeños pero valiosos, como relojes, herramientas y equipos, se enviaban a menudo por vía aérea a España y Portugal, mientras que maquinaria, cañones y otros artículos similares se enviaban con mayor frecuencia a través de Marsella.

El funcionamiento del sistema de pagos a través de los bancos suizos, sus numerosas sucursales y bancos asociados en diversos países, dependía fundamentalmente del estatus del país. Tan pronto como Alemania anexionó Suiza, este sistema de pagos colapsó de inmediato.

Para obtener divisas, los alemanes exportaron 320 toneladas de oro a Suiza durante la guerra, por un valor de 1.700 millones de francos suizos, incluyendo oro saqueado de los países ocupados y los campos de concentración. Parte del oro se depositó para su custodia, mientras que otra parte se intercambió por moneda extranjera. En 1943, se intercambiaron 588,9 millones de francos suizos en oro por diversas divisas; en 1944, 258,1 millones de francos suizos; y en 1945, 15,8 millones de francos suizos.

Si bien se suele prestar más atención al oro procedente de los campos de concentración, una parte significativa del oro confiscado por los nazis procedía de los bancos centrales de los países ocupados: un total de 552,6 toneladas. Además, el 62 % de este oro procedía de Bélgica y los Países Bajos. ¿

Por qué necesitaban los alemanes el oro? Por ejemplo, para pagar el petróleo rumano. Se pagaron 58,2 toneladas de oro directamente a Rumanía y a cuentas rumanas en Suiza por el petróleo.

En 1946, tras largas negociaciones, se resolvió el asunto del oro suizo. Suiza devolvió 51,9 toneladas de oro. Fue un acuerdo bastante peculiar, pero parece que los banqueros suizos tenían mucho que decir sobre los diversos pagos secretos que habían realizado durante la guerra. Por lo tanto, para evitar un escándalo, los aliados victoriosos se conformaron con un modesto reembolso.

Tuvieron suerte

A menudo se presenta a los suizos como oportunistas sin escrúpulos dispuestos a todo por lucro. Pero esta visión ignora varios factores.

Primero, la decisión de hacer concesiones a Alemania estuvo claramente condicionada por la derrota de Francia y Gran Bretaña en el verano de 1940. Si estas dos grandes potencias militares de Europa, e incluso del mundo, no lograron derrotar a Hitler, Suiza ciertamente no tenía ninguna posibilidad.

Segundo, Suiza había estado prácticamente cercada desde la derrota de Francia. El estatus formalmente neutral del gobierno de Vichy no cambió nada; no podía impedir posibles operaciones militares contra Suiza. Cuando la guerra comienza con un cerco, ese es el peor escenario posible. El ejército suizo no puede defender los valles con su riqueza agrícola, y en las montañas, decenas de miles de soldados solo pueden resistir en fortificaciones durante unas pocas semanas, causando pocos problemas a los invasores, antes de verse obligados a rendirse.

No se trata de luchar hasta el final, con la esperanza de que hacerlo beneficie al propio bando, ahora o después. Suiza no tenía aliados propios en 1940, ni los adquirió posteriormente. A diferencia de Checoslovaquia, creo que nadie le prometió ayuda.

En tercer lugar, a pesar de las declaraciones insultantes de Joseph Goebbels, los suizos percibieron claramente el gran interés de Alemania en ellos y su disposición a comerciar. Esta fue la base de la política de sobornar a Hitler con un tributo mayor o menor, según las circunstancias.

En cuarto lugar, no hay que olvidar que los suizos eran rehenes de la situación; podían ser ocupados y saqueados en cualquier momento. Por lo tanto, acataron las exigencias de Alemania con la vaga esperanza de un futuro mejor. Si Alemania hubiera ganado, Suiza sin duda habría sido aniquilada, como Goebbels había prometido. Pero tuvieron la gran suerte de salir de la guerra con daños mínimos.

miércoles, 22 de julio de 2026

Argentina: La ley de defensa y los reservistas

Un sistema de reservas para la defensa nacional

La Ley de Defensa Nacional y la Ley de Reestructuración de las Fuerzas Armadas contemplan reservas y movilización, aunque sigue pendiente una actualización legal específica

La modernización del sistema de defensa, en particular de estructura de las reservas, es una medida factible. (Imagen Ilustrativa Infobae)

En un artículo previo “La defensa que tenemos y la defensa que necesitamos: desafíos para el siglo XXI”, se describían seis líneas de acción para construir un sistema de defensa creíble y realista. Ellas eran:

  • La planificación integral del sistema de defensa nacional.
  • Adecuación del marco legal.
  • Asignación continua y previsible de recursos presupuestarios.
  • Transformación innovadora de las FFAA.
  • Conformación de un sistema eficiente de reservas y movilización.
  • Organización del complejo I+D+P (Investigación, Desarrollo y Producción).

Las dos primeras líneas fueron desarrolladas en artículos precedentes, abordando hoy sin seguir el orden, la temática de las reservas.

La conformación de un sistema eficiente de reservas y movilización es una de las medidas de mejor relación costo/eficacia para incrementar las capacidades disuasivas y defensivas concretas del país, en la paz o en caso de conflicto. Los ejemplos de las dos guerras mundiales resultan contundentes, tanto como muchos otros conflictos de menor escala en los que el empleo de reservas ha sido la norma. La guerra de Yom Kippur/Ramadán en 1973, la de Irán-Irak entre 1980 y 1988, los conflictos con rebeldes chechenos, Rusia y Ucrania, muestran una proporción de empleo entre fuerzas activas permanentes y reservas, que varía entre el 1:2,5 a 1:5. Aunque estos conflictos difieren en naturaleza (guerra de desgaste a gran escala y/o conflictos híbridos con apoyo externo) con la naturaleza probable de los conflictos que puedan afectar a nuestro país, la importancia de las reservas es innegable.

En nuestra región, la relación entre efectivos activos y reservas varía: 1:0,5 en el caso de Chile; 1:4 de Brasil, hasta el 1:8 en el caso de Paraguay. Los datos y fuentes son variables y no detallan si es reserva entrenada o es la totalidad del personal en condiciones de ser movilizado, es decir “combatientes preparados e integrados organizadamente” o “ciudadanos con un fusil que apenas saben usar”. Durante el conflicto de 1978 por el canal de Beagle y durante la guerra de Malvinas, Argentina recurrió a la movilización parcial de sus reservas y pese a la utilidad que demostraron, en los años siguientes no hubo mejoras significativas del sistema, y sus capacidades son hoy muy limitadas.

En nuestro país, la problemática de las reservas y de la movilización de los recursos nacionales (y no necesariamente armados), no ha ocupado una posición central más allá de haber sido considerada en el marco legal y de algunos intentos serios pero aislados de las Fuerzas, que no resuelven con plenitud la necesidad.

La Ley de Defensa Nacional N.º 23.556, establece en líneas generales que el Sistema de Defensa Nacional incluye a los “elementos de la reserva” de las Fuerzas Armadas. También introduce el concepto de “Movilización” habilitando al presidente a ordenarla total o parcialmente, afectando a los recursos humanos y materiales del país y a disponer la incorporación de ciudadanos a las Fuerzas Armadas en caso de movilización para atender a la defensa nacional.

La Ley de Reestructuración de las Fuerzas Armadas N.º 24.948 establece la necesidad de fortalecer el sistema de reservas, para permitir una rápida transición de una fuerza de paz a una fuerza de combate en caso de movilización, a través de un sistema de convocatoria eficiente. La ley establece también un plazo de 365 días (marzo de 1999) para la promulgación de una ley de reservas y otra de movilización. No se pretende analizar el incumplimiento de plazos en términos cuantitativos, sino expresar que, a pesar de la existencia de numerosos proyectos de ley, la falta de visión estratégica en materia de defensa ha sido y es perniciosa para los intereses de la Nación.

La Ley de Personal Militar N.º 19.101 define la conformación de la reserva, distinguiendo entre la Reserva Incorporada (Personal militar en actividad que ha pasado a situación de retiro y que, por necesidad, es llamado al servicio) y la Reserva Fuera de Servicio (Ciudadanos que han cumplido el servicio militar obligatorio o que tienen instrucción militar y están sujetos a ser convocados por el Estado en caso de conflicto).

El Decreto 1716/2009 (Reglamentación de la Ley de Personal Militar), establece los mecanismos de convocatoria de la reserva, sea para adiestramiento, necesidades de servicio, y finalmente movilización real en caso de conflicto.

Las capacidades que las reservas adiestradas con rápido alistamiento pueden otorgar al país, merecen su consideración dentro de cualquier previsión defensiva, aprovechando y mejorando los sistemas propios de las FFAA (SIREA en el EA y sistemas de reserva naval y de Fuerza Aérea), y la presencia de numerosos reservistas voluntarios, comprometidos y a bajo costo para el estado, contribuyen con la defensa nacional. Ello permitirá avanzar con seriedad y rapidez.

La implementación de un sistema de Reservas y Movilización eficiente requerirá:

  • Determinación de necesidades (cantidad, tipo de reservas, tiempos de respuesta, etc.) en función de las posibilidades reales del país (población, recursos financieros, sistemas de armas para equiparla, etc.). En un marco de recursos muy limitados, disponer de un sistema de reservas eficaz permitiría mejorar con menores recursos (en relación a una fuerza activa completa en efectivos y medios), la situación crítica que en términos materiales, humanos y presupuestarios, afecta hoy al sistema de defensa nacional.
  • Elaboración del marco legal que encuadre su finalidad, composición, organización (incluyendo creación de elementos), procesos de convocatoria, regímenes de ascenso, compensaciones y otros aspectos, etc.
  • Elaboración y ejecución de los procedimientos de registro, convocatoria, adiestramiento, promociones y ascensos, empleo efectivo en conflicto y desmovilización, entre otros.

La actual distinción entre reserva incorporada y reserva fuera de servicio, podría mantenerse agregando una nueva categoría de “RESERVA VOLUNTARIA”, la que a su vez incluiría diferentes agrupamientos en base al empleo previsto, tiempo de alistamiento y disponibilidad.

Esta reserva se podría conformar en base a tres agrupamientos:

1) Operacional: prevista para completar las organizaciones de combate de las FFAA con personal instruido (ex soldados y cuadros de baja o retirados, incluyendo a personal de alta capacitación como pilotos, tripulantes de buques, operadores y técnicos de sistemas de armas complejos, tripulantes de blindados, etc.) con tiempos de alistamiento reducidos. Tendrían períodos de adiestramiento trimestrales según los planes de educación de las fuerzas. Su función principal sería integrar la fuerza activa en operaciones militares. Aunque pueda parecer contradictorio mantener adiestrados a personal con alta capacitación técnica como un piloto, el uso intensivo de simuladores y el contacto permanente con el personal en actividad, ayudaría a mantener una aptitud mínima (la que se incrementaría intensivamente en caso de movilización), hoy inexistente.

2) Complementario: conformado por organizaciones semipermanentes de reserva (compañías, escuadrones, etc.) e integradas con personal que con instrucción militar (cursos para reservistas, ex liceístas, etc.). Sus tiempos de alistamiento serían mayores. Sus funciones en tiempos de paz, incluirían a las misiones complementarias de las FFAA (incluyendo protección civil y apoyo a la comunidad). En conflicto instruirían a la Reserva Fuera de Servicio movilizada para proporcionar reemplazos, y podrían desarrollar operaciones como fuerzas de resistencia local (OFRL) en territorios propios ocupados, previstas en los planes militares. Su empleo complementario para operaciones de protección civil (bomberos, brigadistas, rescatistas, etc.), permitiría a la fuerza activa, un uso adecuado de recursos y tiempo para enfocarse en su misión principal, la preparación para la guerra.

3) Funcional: integrado por ciudadanos con o sin instrucción militar previa incorporados para satisfacer necesidades puntuales, por tiempo reducido y al solo efecto de dicha función o necesidad (por ejemplo, profesionales cuyas capacidades no están cubiertas en las FFAA).

El proyecto preveía la elaboración y actualización de los planes de carrera para los reservistas, tanto como su promoción y ascensos sobre la base de su capacitación, en muchos casos demoradas en la actualidad. El cambio de gestión ministerial en diciembre de 2023 impidió que el proyecto avance, aunque sus postulados mantienen hoy plena vigencia.

La organización de un sistema de reservas eficiente impone adecuar la estructura y dimensiones del Sistema de Defensa Nacional para optimizar organizaciones ineficientes, redundantes u obsoletas. El empleo de los recursos que se economicen, debe volcarse al sistema de reservas para mantener un equilibrio aceptable en el gasto en defensa (reiterando la necesidad de un mayor presupuesto).

La reserva no debe ser vista como un mecanismo de ajuste financiero, sino como una capacidad en la que se debe invertir. Es un error ver a las reservas como una solución austera para mitigar la escasez presupuestaria de las Fuerzas Armadas. Un reservista sin un fusil moderno, sin horas de adiestramiento real y sin sistemas de armas disponibles carece de sentido. Un sistema de reservas eficiente y creíble exige un presupuesto sostenido. En materia de defensa, la economía de fuerzas es el resultado de una inversión inteligente y no el sustituto de un presupuesto limitado.

Nuestro vacío legal muestra una parálisis estratégica crónica. Y aunque en 2023 el Estado Mayor Conjunto de las FFAA presentó sendos proyectos de ley de Reservas y de Movilización, además de un Sistema de Incorporación y Adiestramiento de Reservas (SIARES), que no avanzaron. Mientras, el mundo optimiza constantemente la doctrina de sus reservas, el marco legal permanece en una obsolescencia conceptual que dificulta dar respuesta a las necesidades defensivas del país. Mantener la situación actual no es gratis: implica debilitar a la capacidad de disuasión del Estado de manera deliberada.

El artículo 21 de la Constitución Nacional impone a todo ciudadano la obligación de armarse en defensa de la Patria. Hoy es un mandato inaplicable sin una reforma profunda que optimice nuestras capacidades de movilización. Un sistema de reservas nuevo, creado sobre una estructura diseñada para conflictos del pasado, es un contrasentido, y la capacidad de disuasión de un país no se mide por la cantidad de ciudadanos en condiciones de movilizarse, sino por la capacidad real del Estado para adiestrarlos, equiparlos y desplegarlos en el menor tiempo posible.

La modernización del sistema de defensa, en particular de estructura de las reservas, es una medida factible para concretar ese precepto constitucional y para disponer de una herramienta útil a la hora de proteger los intereses nacionales.

martes, 14 de julio de 2026

Tailandia: Adquirirán nuevos medios para incrementar potencia de combate

Los recursos aéreos que participan en el ejercicio de potencia de fuego de 2026 aumentarán la capacidad de combate


Los recursos aéreos del LKT 2026 involucrados son: (TLDM) Super Lynx con ametralladora pesada FN M3M de 12,7 mm, variante AW139 Long Nose, (TDM) MD 530G con ametralladora Gatling M134D de 7,62 mm, lanzacohetes FZ220 y contenedor de ametralladora pesada FN M3P de 12,7 mm, AW109 con ametralladora Gatling M134D de 7,62 mm, EC725 AP para inserción y extracción de fuerzas especiales e incluyendo el uso del UAV FlyEye (fotos: BTDM, PMBTD, ATM, TUDM).

El entrenamiento de potencia de fuego de 2026 aumenta las capacidades operativas y de combate conjuntas del ATM.

GEMAS – El ejercicio Fire Power Exercise (LKT) de 2026, que tuvo lugar en el campo de Gemas, Kem Syed Sirajuddin, demostró la capacidad de combate y la preparación de las Fuerzas Militares de Malasia (ATM) mediante una demostración de operaciones conjuntas en las que participaron el Ejército de Malasia (TDM), la Marina Real de Malasia (TLDM) y la Real Fuerza Aérea de Malasia (TUDM).


Este ejercicio anual, recomendado por TDM, se utiliza como plataforma para demostrar la capacidad, la preparación y la interoperabilidad de los activos de cajeros automáticos para hacer frente a los desafíos de seguridad actuales.




TDM demuestra sus capacidades de combate terrestre mediante la operación de activos clave como el PT-91MDekar, el Vehículo de Combate de Infantería Malasio (MIFV), el sistema de vigilancia AV8 Gempita y los sistemas de artillería en la realización de operaciones ofensivas que involucran elementos blindados, mecánicos, de gestión de riesgos y de apoyo de fuego.


La demostración también puso de manifiesto las capacidades de las operaciones conjuntas de gestión del tráfico aéreo mediante la participación de recursos aéreos y de apoyo conjuntos, incluido el uso de vehículos aéreos no tripulados FlyEye, recursos de aviación y elementos de apoyo TLDM y TUDM para reforzar el conocimiento del campo de batalla, la adquisición de objetivos y la capacidad de ataque.

Mediante el concepto de guerra combinada, este ejercicio ilustra cómo se combinan los elementos terrestres, aéreos y marítimos para producir el máximo impacto operacional. 


La capacidad del TDM para llevar a cabo maniobras de combate está respaldada por la potencia del fuego de artillería, el riesgo del terreno y el apoyo aéreo y marítimo para garantizar el éxito de la misión.


En la cumbre de LKT 2026 se pudo observar una demostración de potencia de fuego combinada que involucró diversos sistemas de armas, lo que demostró el nivel de profesionalismo, disciplina y preparación de las tropas para llevar a cabo operaciones conjuntas de manera estructurada y eficaz.


Este LKT es prueba del compromiso de ATM con el fortalecimiento de las capacidades de combate, la integración conjunta y la preparación para afrontar los entornos operativos modernos.

TDM


miércoles, 3 de junio de 2026

Cuba: ¿Con qué enfrenta la posible intervención militar norteamericana?

Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba: Lo que queda del Ejército de la Isla de la Libertad






Sistemas militares de Defensa del Ejército cubano. En primer plano se observa un chasis de BTR-60 y una torreta con dos cañones de 57 mm. Detrás se aprecian sistemas de defensa antiaérea Osa-AK completamente equipados. Foto: Bmpd.livejournal.com

En el contexto de la escalada retórica de Washington hacia La Habana —declaraciones sobre la posibilidad de un escenario militar y el aumento de la actividad naval estadounidense en el Caribe— ha resurgido el interés por el estado del ejército cubano. Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR, español) Fuerzas Armadas RevolucionariasLas FAR (Fuerzas Armadas de la República de Irán) cuentan con un pequeño número de tropas regulares y un equipo muy obsoleto, pero el énfasis en el concepto de "guerra popular" (formaciones paramilitares masivas y medios asimétricos) compensa parcialmente la brecha con un adversario potencial.

Indicadores generales

Las Fuerzas Armadas rusas son una estructura multicomponente responsable de proteger las fronteras marítimas y terrestres del país, así como su espacio aéreo. Tropas fronterizas y milicias territoriales participan en estas tareas de defensa.

La lista del personal del RVS asciende a aproximadamente 49 mil personas:
  • Ejército Revolucionario (fuerzas terrestres): aproximadamente 38 mil personas;
  • Flota Revolucionaria — unas 3 mil personas;
  • Fuerzas Revolucionarias Aéreas y de Defensa Aérea (DAAFAR, español) Defensa Antiaérea y Fuerza Aérea Revolucionaria) - aproximadamente 8 mil personas.
También participan en la defensa los siguientes:
  • Tropas fronterizas del Ministerio del Interior: aproximadamente 6,5 personas;
  • Ejército de jóvenes trabajadores: 70 mil personas en reserva;
  • Fuerzas de Defensa Civil: 50 mil reservistas;
  • Milicia Popular Territorial (Milicias de Tropas Territoriales, MTT) y Brigadas de Producción y Defensa (Brigadas de Producción y Defensa (BPD) — en total, según datos oficiales, más de 1,1 millones de personas. Esta cifra refleja la lista de recursos de movilización, no el número de combatientes entrenados y equipados; el verdadero valor bélico de estas formaciones se limita a operaciones guerrilleras y urbanas.
El Servicio de Reserva de la Reserva (RVS, por sus siglas en inglés) se compone principalmente de personal reclutado. Los hombres de 17 años o más están obligados a prestar servicio militar durante dos años, tras lo cual se incorporan a la reserva. A las mujeres se les ofrece la opción de alistamiento voluntario en determinadas especialidades.

En los últimos años, el presupuesto de defensa se ha estimado entre 75 y 80 mil millones de pesos. Al tipo de cambio oficial, equivale a entre 3 y 3,3 mil millones de dólares, pero esta cifra es en gran medida arbitraria: el tipo de cambio real del peso cubano es significativamente inferior al oficial, y en dólares, el gasto militar es considerablemente más modesto. El nivel declarado —entre el 3 y el 4 % del PIB— permite mantener los indicadores generales, pero no garantiza la modernización del equipamiento: las capacidades se ven limitadas no tanto por el presupuesto oficial como por la escasez de divisas, las restricciones impuestas por las sanciones y la disminución del número de proveedores.

La logística también constituye una debilidad sistémica. Cuba está sometida a sanciones estadounidenses desde hace mucho tiempo y sufre una escasez crónica de combustible y repuestos; una parte importante de sus reservas se mantiene mediante el desmantelamiento de equipos para reparar otros. Esto limita el ritmo de los ejercicios militares e impide un combate sostenido de alta intensidad.

Cadetes de la Academia Naval del Consejo Militar Ruso, 2014. Foto: Wikimedia Commons

Las fuerzas de tierra

Las fuerzas terrestres son la rama más numerosa y, de hecho, la principal de las fuerzas armadas. El Ejército Revolucionario se centra en llevar a cabo operaciones de combate exclusivamente en su propio territorio.

El territorio del país está dividido en tres distritos militares: los ejércitos occidental, central y oriental. Tras las reformas de finales de la década de 2000 y de la década de 2010, las Fuerzas Militares Reales (RMF) finalmente adoptaron una estructura basada en brigadas. tanque La unidad es una brigada de tanques separada del Ejército Occidental (nombre oficial: Gran Unidad de Tanques "Rescate de Sanguily"(llamada así en honor a la operación de caballería del general Ignacio Agramonte en 1871). Además, las fuerzas terrestres incluyen brigadas mixtas mecanizadas y ligeras, una brigada de fuerzas especiales y brigadas antiaéreas de la defensa aérea del ejército.

La flota de vehículos blindados se caracteriza por una gran discrepancia entre su número declarado y su número real de vehículos operativos. Según datos públicos, entre 600 y 900 tanques T-54/55 y T-62 figuran en los registros y se encuentran almacenados a largo plazo; los analistas del sector estiman que aproximadamente entre 110 y 120 vehículos, principalmente T-55M y T-62M modernizados, se mantienen en estado de alerta. Las modificaciones posteriores de los tanques PT-76 y T-34 han sido dadas de baja o convertidas en vehículos portadores de armamento no estándar.

La flota de vehículos blindados consta de varios cientos de unidades. Los más nuevos son los BTR-70 y BMP-1 de la era soviética; la mayor parte de la flota está compuesta por los obsoletos BTR-152 y BTR-60.

Las unidades de artillería cuentan con al menos 1300 sistemas de diseño soviético en calibres que van desde 57 hasta 152 mm, principalmente remolcados. Hay al menos 40 cañones autopropulsados, algunos construidos por la industria cubana sobre chasis fácilmente disponibles, incluidos los de tanques obsoletos. También cuentan con morteros de 82 y 120 mm, cañones antitanque especializados (ZIS-2, D-44) y misiles antitanque de modelos soviéticos tempranos. Misiles propulsados ​​por cohete artillería. Están representados los programas de posgrado BM-14 y BM-21, con un total de al menos 170 unidades.

Uno de los sistemas de defensa aérea cubanos improvisados, equipado con cohetes R-13. Foto: Bmpd.livejournal.com

El sistema de defensa aérea del ejército incluye sistemas remolcados y autopropulsados con calibres que van desde los 23 mm hasta los 100 mm. En las últimas décadas, se han adquirido activamente sistemas portátiles de defensa antiaérea (MANPADS) de las familias Strela e Igla. Los sistemas de defensa aérea Kub y Osa-AK siguen en servicio.


Componente de aire

La flota de DAAFAR es pequeña y está considerablemente obsoleta. La integridad técnica de una parte importante de la flota es cuestionable.

Caza clásico de la aviación 

La flota de MiG-21, MiG-23 y MiG-29 ha perdido prácticamente toda su capacidad operativa. De los aviones MiG-21, MiG-23 y MiG-29 entregados durante la era soviética, la gran mayoría se encuentran almacenados o no aptos para el vuelo. Según el monitoreo satelital y los analistas de la industria, en la principal base aérea del país, San Antonio de los Baños (al suroeste de La Habana), donde se encuentra estacionada la 2.ª Brigada de Defensa Aérea y Caza "Playa Girón", solo entre 1 y 3 MiG-29 (incluido un entrenador de combate MiG-29UB) de los 12 entregados inicialmente se mantienen en condiciones de vuelo condicionales. Se estima que el número de pilotos autorizados para volar el MiG-29 es de entre 5 y 8.

El tiempo de vuelo estándar establecido para este grupo —entre 200 y 250 horas anuales— se logra principalmente mediante entrenamiento en simulador y horas de vuelo en el L-39; el tiempo de vuelo real en el MiG-29 se considera mínimo y se mantiene con el fin de demostrar la preparación para el combate. El personal de vuelo asignado formalmente al MiG-21 mantiene sus cualificaciones principalmente mediante vuelos en las aeronaves civiles de la compañía. Aerogaviota, estrechamente relacionado con el RVS.



La Fuerza Aérea también opera hasta cinco helicópteros de ataque Mi-35. El escuadrón de entrenamiento opera L-39; las unidades de transporte militar operan una variedad de aeronaves (incluidos An-26 y hasta dos Il-76 pesados), así como helicópteros Mi-8 y Mi-17. Según estimaciones de la industria, la flota total operativa de la Fuerza Aérea no supera los 20-30 aviones, casi exclusivamente aeronaves auxiliares.

La mayoría de las armas antiaéreas de las Fuerzas de Misiles Estratégicos son DAAFAR. Los sistemas de defensa aérea S-75 y S-125 de la era soviética siguen en servicio. Según fuentes de la industria, el S-125 fue modernizado al estándar Pechora-2BM —que incluye la sustitución de sus componentes electrónicos, radares mejorados, la adición de canales optoelectrónicos y protección contra interferencias— por empresas bielorrusas (entre ellas ALEVKURP) en cooperación con plantas de reparación cubanas. Algunos sistemas fueron equipados con chasis autopropulsados ​​(tanques T-55, camiones KrAZ), lo que aumenta su capacidad de supervivencia en movimiento.

Componente no tripulado

Según informes de medios occidentales (la fuente original es una publicación de Axios que cita fuentes de inteligencia estadounidenses, posteriormente republicada por varios medios), Cuba recibió más de 300 drones de reconocimiento y ataque a mediados de 2026. Rusia e Irán figuran como los principales proveedores, y las entregas incluyeron asesoramiento técnico-militar. No existe confirmación oficial de esta información.

Si la escala de entregas corresponde a las declaradas, el componente no tripulado es capaz de convertirse en la parte más moderna del arsenal de las Fuerzas de Misiles Estratégicos y cambiar significativamente la lógica de la defensa costera: incluso un número limitado de drones de ataque. Permite trabajar en buques costeros, grupos de desembarco e instalaciones de popa. La evaluación final solo será posible tras la confirmación de la nomenclatura, el ritmo de desarrollo y la sostenibilidad de la EW del adversario.

Aviones de la Fuerza Aérea Revolucionaria, principios de la década de 1990. En primer plano se ven los entonces nuevos MiG-29. Foto de Urrib2000.narod.ru

Capacidades navales

A pesar de su condición de isla, Cuba carece de una fuerza naval desarrollada. El tamaño y las capacidades de combate de la Armada Revolucionaria son limitados.

Las unidades de combate más grandes son dos buques/fragatas de patrulla del tipo Rio DamujiConvertidas a partir de arrastreros, portan varios tipos de sistemas de artillería y un par de misiles antibuque P-15 Termit. Hasta seis lanchas misileras soviéticas del Proyecto 205, equipadas originalmente con el mismo Termit, están en servicio; según la información disponible, los misiles fueron retirados y transferidos a lanzadores terrestres.

Las misiones antisubmarinas están asignadas a un pequeño buque antisubmarino del Proyecto 1241.2 Molniya-2 (nombre en clave de la OTAN: Spider). Según fuentes abiertas, se le ha retirado el sistema de sonar y actualmente se utiliza como patrullera fronteriza. La flota también cuenta con hasta cinco dragaminas de fabricación soviética.

La flota incluye un minisubmarino del tipo Delfín Con armamento de torpedos. Según publicaciones de USNI News, hisutton.com y GlobalSecurity, el submarino fue diseñado y construido por empresas cubanas a partir de finales de la década de 1990, aprovechando la experiencia de Corea del Norte en pequeños submarinos de sabotaje. Sus parámetros declarados son una longitud aproximada de 21 metros, un desplazamiento aproximado de 100 toneladas, una tripulación de 5 a 7 personas y, presumiblemente, dos tubos lanzatorpedos de 533 mm. El submarino fue avistado por primera vez en imágenes satelitales alrededor de 2008, con base en la zona de La Habana-Cabañas; su presentación oficial tuvo lugar entre 2020 y 2021.

La Armada cuenta con buques de transporte, así como lanchas motoras y patrulleras para las unidades navales. La defensa costera se proporciona mediante cañones de artillería remolcados de calibres 122–152 mm y hasta cuatro sistemas de misiles Rubezh con misiles P-15.

Debilidades

La fragata Rio Damuji, armada con misiles y convertida a partir de un arrastrero. Foto: Wikimedia Commons

El estado del RCS dista mucho de ser ideal, y las razones de ello son sistémicas.

Los limitados recursos económicos impiden que el país mantenga un ejército numeroso y modernice su equipamiento. Modelos obsoletos, como los tanques T-55 y los cazas MiG-21, siguen en servicio. La industria cubana compensa parcialmente esta situación con soluciones locales (artillería antigua montada sobre chasis fácilmente disponibles, sistemas de defensa aérea improvisados ​​basados ​​en misiles lanzados desde aeronaves), pero estas medidas no logran subsanar la deficiencia.

La logística y el suministro constituyen el punto más vulnerable de la isla bajo las sanciones. La escasez de combustible limita la intensidad de los ejercicios y la eficacia de combate del equipo; las reservas de municiones son limitadas y su reabastecimiento en tiempos de guerra requiere rutas marítimas que un adversario potencial pueda controlar.

La ciberdefensa y la guerra electrónica son áreas donde la información pública es escasa. Cuba no es líder en estos ámbitos y, según la información disponible, no cuenta con unidades especializadas comparables a las de ejércitos desarrollados. En caso de conflicto, esto significa que sus sistemas de mando y comunicaciones son vulnerables a las contramedidas modernas.

Cuba alberga la base naval estadounidense de la Bahía de Guantánamo, un enclave controlado por Estados Unidos desde finales del siglo XIX (formalmente desde 1898, en virtud de un contrato de arrendamiento de 1903). Este es un factor geográfico evidente: en caso de conflicto, la base puede utilizarse como punto de partida para reconocimiento, logística y evacuación, y su existencia implica que Cuba, en la práctica, no tiene control sobre parte de su propio territorio.

El principal adversario potencial es Estados Unidos. Las capacidades militares de ambos países son incomparables. La Cuarta Flota de la Armada estadounidense está desplegada en el Caribe; las bases aéreas en Florida y en la costa este permiten un tiempo de vuelo de decenas de minutos a Cuba; una fuerza de ataque típica es capaz de realizar tanto ataques con misiles de crucero de precisión como operaciones anfibias a gran escala con el apoyo de aeronaves embarcadas.

Puntos fuertes y conclusión

A pesar de la evidente ruptura, Cuba aún presenta factores que podrían complicar una operación militar en su contra.

  • Geografía. La isla, de más de 1200 kilómetros de longitud, con regiones montañosas en el este (Sierra Maestra), el centro (Escambray) y el oeste, y un denso desarrollo urbano a lo largo de la costa, no es apta para acciones ofensivas rápidas, pero sí para posiciones defensivas ocultas. Esto fue señalado por los planificadores militares estadounidenses durante la Crisis de los Misiles de Cuba.
  • Defensa costera. La combinación de misiles antibuque Rubezh, artillería de cañones, defensa antiaérea del ejército y las unidades de tanques restantes, cuando se despliegan correctamente, puede aumentar el costo de un desembarco anfibio. La efectividad depende de la calidad del reconocimiento, el camuflaje y las comunicaciones, los componentes que hacen más vulnerable a la RAF.
  • Reservas y milicias territoriales. Incluso con la cifra convencional de un millón de efectivos, el potencial de movilización del país es significativo. La resistencia organizada puede ocasionar pérdidas que se convierten en un factor político, más que militar. La sensibilidad de la sociedad estadounidense ante las bajas se ha manifestado repetidamente en conflictos locales: en Somalia (1993), la batalla de Mogadiscio, famosa por la película "Black Hawk Down", con la muerte de 18 militares estadounidenses, provocó el cierre de la operación; en Irak, las pérdidas acumuladas se convirtieron en un factor determinante en el cambio de estrategia.
  • El factor no tripulado. La confirmación del despliegue de cientos de vehículos aéreos no tripulados (UAV) crea un arma asimétrica capaz de infligir daños selectivos a buques costeros, grupos de desembarco e instalaciones en la Bahía de Guantánamo. La evaluación final depende del tipo de arma, el ritmo de su desarrollo y su resistencia a la guerra electrónica enemiga.
  • Contexto externo. Históricamente, Cuba ha dependido del apoyo político y técnico-militar de Rusia, China y Venezuela. Si bien el alcance de dicho apoyo es limitado en las circunstancias actuales, la protección política y los posibles canales de suministro siguen siendo factores que un adversario potencial debe tener en cuenta.
  • Dependencia del escenario. La evaluación de la preparación para el combate de las Fuerzas de Misiles Estratégicos varía significativamente según el escenario. Para un bloqueo naval, las fuerzas navales y la defensa costera son esenciales; para un ataque con misiles de crucero, la defensa aérea y la dispersión de objetivos son esenciales; para una invasión a gran escala, todos los componentes de defensa y el potencial de movilización son esenciales.

En total, esto nos permite hablar de una estrategia defensiva asimétrica: el énfasis no está en la capacidad de repeler un ataque de las fuerzas regulares del ejército, sino en una combinación de defensa costera preparada, dispersión, movilización de reservas y uso selectivo de droneless y el costo político del conflicto. Solo un conflicto real puede revelar la viabilidad de este enfoque; en el ámbito público, su eficacia sigue siendo una cuestión de criterio, no de datos verificados.

jueves, 28 de mayo de 2026

Israel: Juegos de guerra estratégicos y diálogo con la política interna


Los juegos de guerra estratégicos y el diálogo político-militar israelí


Goor Tsalalyachin || Dado Center




Revista del Centro Dado sobre Temas Contemporáneos de Arte Operacional | Dirección de Operaciones de las Fuerzas de Defensa de Israel

Número 13: Juegos de guerra, octubre de 2017


La metodología de juegos de guerra del Estado Mayor de las FDI, basada en la experiencia de los últimos años, acelera el aprendizaje sistémico por parte del alto mando y facilita el desarrollo de conceptos y la planificación operativa estratégica en las FDI y la comunidad de defensa israelí en general.[2]

Las principales características de este enfoque de juegos de guerra incluyen el uso integrado de interacciones basadas en escenarios, juegos de rol iterativos y dinámicos, y debates construidos con facilitación. Cada caso es único y cada juego requiere un diseño a medida. Sin embargo, uno de los principios que se ha seguido en todo momento es la creciente participación de los comandantes de mayor rango de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), la comunidad de defensa israelí en general y otras ramas del gobierno. Sin embargo, estos juegos de guerra, con muy pocas excepciones, se han mantenido como territorio exclusivo de los profesionales de la defensa, sin una participación activa paralela de funcionarios electos y responsables políticos. Como resultado, la toma de decisiones civiles durante estos juegos está representada por un escalón político "ficticio". Esto suele estar a cargo de un ex alto funcionario que, gracias a su experiencia y conocimientos únicos, asume el reto de ponerse durante unas horas en la piel del primer ministro, el ministro de defensa y el gabinete. Esto puede dificultar la indagación intelectual sobre las interacciones y tensiones entre la toma de decisiones políticas y militares que se producen a lo largo del juego.

Este artículo describe la necesidad de desarrollar un juego de guerra conjunto que incluya tanto a altos mandos militares como a altos funcionarios electos. Es decir, un juego de guerra en el que participen el primer ministro y al menos algunos de los altos cargos del gabinete, junto con el jefe del Estado Mayor de las FDI y al menos algunos de los oficiales de mayor rango. Por lo tanto, este trabajo se centra en la aplicación del juego de guerra como medio para desarrollar un diálogo estratégico avanzado entre oficiales militares profesionales y políticos electos.

El artículo argumentará que estos juegos de guerra son beneficiosos porque pueden constituir un espacio de aprendizaje conjunto, especialmente en la era contemporánea de cambio constante y creciente incertidumbre. Por lo tanto, el artículo aborda primero el desafío cognitivo de gestionar los múltiples y rápidos cambios que caracterizan los problemas contemporáneos. Estos incluyen principalmente la convergencia de los desarrollos geoestratégicos y los cambios en la naturaleza de la guerra, que, en conjunto, amplifican la complejidad de los desafíos de seguridad.

La naturaleza del desafío cognitivo fundamenta el argumento sobre la necesidad de un espacio de aprendizaje conjunto entre líderes políticos y militares. El artículo enfatizará que ambos grupos comparten una responsabilidad inseparable. Esto es lo que exige el esfuerzo por aclarar y resolver las tensiones político-militares que surgen desde las diferentes perspectivas profesionales de los profesionales de la seguridad nacional.

Se presentará un argumento adicional sobre la contribución única de los juegos de guerra a la mejora del diálogo político-militar. Esta parte del artículo se centrará en las ventajas atribuidas a la metodología integrada de juegos de guerra diseñada para las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), que complementa los formatos tradicionales de deliberación político-militar de alto nivel. Se hará hincapié en la contribución del juego a la mejora del criterio de los responsables de la toma de decisiones.

Finalmente, el artículo abordará las dificultades de interactuar con funcionarios electos en este tipo de interacción, abordando posibles reservas políticas. Posteriormente, sugerirá ampliar las opciones para la participación de los responsables civiles electos en los juegos de guerra y definirá el juego como marco para un diálogo íntimo y no vinculante. Al final del artículo se presentarán más ideas sobre este tema, como invitación a un mayor debate.

Parte A: 'El peón negro ya no ataca a un enemigo blanco'

Los cambios geoestratégicos, junto con la naturaleza cambiante de la guerra, intensifican la complejidad asociada a los desafíos políticos y de seguridad. Los líderes militares y políticos se enfrentan a un desafío cognitivo más intenso en su toma de decisiones. El artículo analizará más adelante cómo los juegos de guerra pueden ayudar a abordar este problema, pero primero debemos abordar el cambio y el desafío cognitivo asociado.

Sobre el cambio

Una razón que explica la creciente complejidad es la acumulación y convergencia de procesos y desarrollos, tanto cercanos como lejanos. Por ejemplo, la política estadounidense bajo la presidencia de Trump —que se aparta de la línea tradicional de los presidentes estadounidenses consecutivos de ambos partidos— subyace a los cambios en el papel de Estados Unidos como custodio del orden mundial y la estabilidad internacional.[3]

El impacto acumulado de los cambios en los EE. UU., junto con los cambios experimentados en toda Europa, es tan significativo (polarización ideológica y resurgimiento nacionalista en el contexto de una crisis financiera prolongada, olas de refugiados de Medio Oriente y la decisión de Gran Bretaña de abandonar la Unión Europea)[4] que algunos lo consideran como desestabilizador de los cimientos mismos del orden mundial posterior a la Segunda Guerra Mundial.[5] Las provocativas pruebas balísticas de Corea del Norte[6] y la amenaza del presidente Trump de "destruir totalmente a Corea del Norte" [7] podrían verse como evidencia de un debilitamiento de la seguridad internacional, no de un orden mundial estable.

El efecto de los cambios en la política estadounidense se pone de relieve cuando se contrasta con el enfoque proactivo adoptado por Rusia en su regreso a Medio Oriente, parte de su esfuerzo continuo por recuperar su estatus internacional.[8]

También cabe mencionar procesos adicionales, como las consecuencias de la Primavera Árabe, incluyendo el colapso de varios regímenes árabes; las oleadas de refugiados y su impacto en la economía y la demografía regionales;[9] la creciente importancia de actores no estatales y delegados, junto con la lucha interna entre suníes y chiítas en el mundo islámico;[10] la continua subversión de Irán y su búsqueda de hegemonía regional, y su actividad operativa cada vez más cercana a las fronteras israelíes;[11] así como la continua evolución de la yihad global, con implicaciones para la seguridad interna, la delincuencia y los asuntos sociales en las sociedades occidentales.[12] Todos estos procesos ocurren en un contexto de progreso tecnológico, con profundas implicaciones sociales, culturales, éticas y de seguridad. Lo que ya se ha denominado "la cuarta revolución industrial" (Industria 4.0) abarca mucho más que la simple conectividad entre humanos en diferentes partes del mundo a través de las redes sociales, sino también conexiones en red entre humanos y dispositivos, y entre los propios dispositivos (el Internet de las Cosas).[13] Estos avances plantean nuevas preguntas sobre el posible papel del ciberespacio en tiempos de guerra, así como sobre la relación entre la ciberguerra y la disuasión.[14] Estos son sólo algunos ejemplos de los procesos que caracterizan la actual era de cambio.

Desde una perspectiva israelí, todos estos cambios se han sentido significativamente durante las campañas militares contra diversas amenazas y adversarios. Estos cambios han convergido para presentar a los líderes militares y civiles desafíos en todos los ámbitos, que dificultan la comprensión, el análisis y la toma de decisiones. En términos generales, estos desafíos incluyen, simultáneamente, decisiones intensas y frecuentes sobre el uso de la fuerza militar en paralelo a las negociaciones diplomáticas, la gestión de crisis que podrían escalar a una guerra, el manejo de los arsenales enemigos de armas de destrucción masiva y la gestión de la disuasión israelí.[15]

Si bien algunos de los problemas se manifiestan operativamente en el entorno geográfico inmediato de Israel, podrían originarse lejos de sus fronteras. De igual manera, la tensión entre Rusia y los países de la OTAN sobre Crimea está vinculada a la participación rusa en el conflicto sirio[16]; o a los vínculos mutuos entre las pruebas nucleares norcoreanas y el futuro del acuerdo nuclear con Irán[17].

Los cambios también son importantes desde el punto de vista militar, especialmente en la centralidad y la creciente importancia de la amenaza que representa para la población civil y la economía nacional (el «frente interno»). Esto se observó especialmente durante las cuatro campañas israelíes recientes: la «Segunda Guerra del Líbano» (2006), la «Operación Plomo Fundido» (2009), la «Operación Pilar Defensivo» (2012) y la «Operación Margen Protector» (2014). Los cambios han propiciado el reconocimiento, igualmente significativo, de la fragilidad de las definiciones tradicionales de adversarios y la tipología de los conflictos, dada la naturaleza de la guerra practicada y el modus operandi de los adversarios, como se analiza brevemente a continuación.

Las definiciones tajantes y precisas son inútiles para describir las acciones de Hezbolá, Hamás y la Yihad Islámica; es necesario, en cambio, analizar las áreas difusas e intermedias. La razón por la que se requiere esta perspectiva diferente reside en el modus operandi diversificado que emplean estas organizaciones: diversas tácticas terroristas, diversidad de potencia de fuego a distancia contra la población civil,[18] guerra subterránea y operaciones de comando,[19] formación de estructuras semimilitares. Yoram Schweitzer sugiere referirse a estas estructuras como «ejércitos de terroristas», que combinan métodos de guerra terroristas y guerrilleros, operan entre la población civil y la utilizan para protegerse».[20]

Además de los estallidos de hostilidades en conflictos de alta intensidad (aunque de escala limitada en comparación con las grandes guerras del pasado), las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) han estado llevando a cabo, principalmente de forma encubierta, operaciones complejas a través de diversos canales, bajo el lema de la "Campaña Entre Guerras". Iniciada en un contexto de cambio regional, ha generado importantes cambios conceptuales y operativos en las FDI.[21] En el marco de la "Campaña Entre Guerras", Israel dirige continuamente sus operaciones para equilibrar su deseo de evitar la amenaza de guerra con su deseo de asegurar las condiciones óptimas para una victoria israelí en una futura guerra, en caso de que estallara.[22]

La actividad relacionada con la "Campaña entre Guerras" también implica un importante desafío cognitivo, ya que en ocasiones se nos exige abandonar supuestos fundamentales y patrones operativos que durante décadas han sido la base de la actividad de defensa del país. Esto exige desarrollar un enfoque crítico constante respecto a nuestros propios supuestos, debido a un entorno en constante evolución. El pensamiento crítico y la reinterpretación constante de la realidad son esenciales para nuestra capacidad de desarrollar una comprensión más profunda de las oportunidades, limitaciones y riesgos (algunos tácticos, pero principalmente estratégicos) que surgen del complejo de intereses conflictivos en la vecindad de Israel. Un buen ejemplo de ello se encuentra en la pintoresca descripción que ofreció el mayor general Herzi Halevy, director de la Inteligencia de Defensa de Israel (DIDI), en su intervención en la Conferencia de Herzliya:

El tablero ha cambiado. A diferencia del poema de Hanoch Levin « El peón negro ataca a un enemigo blanco », ya no estamos en una guerra de dos colores. No se trata solo de buenos y malos. Y los jugadores en el tablero están cambiando su identidad. Este tablero multicolor es solo una modesta descripción de lo que ocurre hoy en Oriente Medio. En nuestra experiencia, existe un complejo de intereses que necesita ser descrito.  [23]

MG Halevy discutió abiertamente un dilema que no se admite fácilmente en público: cómo manejar a los enemigos, con quienes se ha creado una confluencia inesperada de intereses por la dinámica regional: "A veces encontramos una situación en la que un enemigo acérrimo nuestro está a punto de ser atacado, e instintivamente quiero levantar el teléfono y advertirle, porque dada la configuración de los peones en el tablero, no es bueno para nosotros que esta cosa mala le pueda pasar a nuestro enemigo", dice Halevy.

En conjunto, las referencias anteriores aluden a un cambio profundo en los métodos de guerra y el modus operandi tanto de las FDI como de sus enemigos, en los marcos operativos tradicionales y, no menos importante, en cómo definimos a amigos y enemigos.

El desafío cognitivo

Los numerosos cambios fundamentales analizados anteriormente plantean interrogantes sobre cómo debe percibirse y comprenderse el mundo, y cómo esto puede traducirse en políticas y en una forma de diseñar y utilizar la fuerza. Académicos y profesionales han debatido estas cuestiones en los últimos años, intentando desarrollar un marco conceptual para abordar los cambios económicos y geopolíticos y el aparente aumento de la incertidumbre.[24]

Este debate se ha expresado precisamente en la misma metáfora que el mayor general Halevy empleó al referirse a los peones multicolores en un tablero de ajedrez. Otros utilizan la misma metáfora de diversas maneras o instan a abandonarla. Por ejemplo, Joseph Nye describe el mundo como un «complejo juego de ajedrez tridimensional».[25] El tablero superior es el del poder militar, donde Estados Unidos conserva su posición como superpotencia mundial. El tablero intermedio, según Nye, representa la competencia económica multipolar entre las principales economías del mundo. El tablero inferior representa las relaciones transnacionales que generan cambios sin el control de los gobiernos: interacciones interpersonales ilimitadas, actores no estatales, bancos, corporaciones, contrabando de armas por parte de terroristas, hackers que amenazan la ciberseguridad y otros problemas que trascienden las fronteras físicas, como las pandemias y el cambio climático.[26]

A diferencia de Nye, quien coloca tableros de ajedrez uno sobre otro, Anne Marie Slaughter ofrece un enfoque diferente. Aboga por un cambio conceptual profundo y subraya la necesidad de examinar el mundo como una red, no como un tablero de ajedrez: 

«Ver el sistema internacional como una red es ver un mundo no de estados sino de redes […] En este mundo, los problemas y las amenazas surgen porque las personas están demasiado conectadas, no lo suficiente o conectadas de manera equivocada con las personas o cosas equivocadas».[27]

Slaughter enfatiza la necesidad de examinar las conexiones entre los fenómenos y no las fronteras que los dividen, lo que contradice claramente la metáfora del tablero de ajedrez de Nye.

El valor de esta conceptualización no es solo teórico, sino también en los contextos más prácticos. Esto es especialmente cierto dada la difuminación de las distinciones tradicionales entre fenómenos y características de la guerra y las operaciones. Por ejemplo, entre «frente militar» y «frente interno»; y que, debido a la estrecha vinculación entre las esferas política y militar, las conexiones y vínculos entre ellas deben analizarse en profundidad.[28] La totalidad, «el todo», es lo difícil de captar y comprender, y es lo que requiere un mayor esfuerzo cognitivo.

Lidiar con problemas complejos y cambios no es nuevo en sí mismo, y ciertamente no es exclusivo de Israel. Más bien, en cada generación, tanto los líderes civiles como los comandantes militares deben afrontar los cambios de su tiempo, reinterpretar la realidad y desarrollar conceptos y respuestas relevantes y actualizados. Afrontar este desafío no es nada intuitivo ni fácil.   El mayor general (retirado) profesor Yehoshafat Harcabi ya había señalado esta dificultad:

Para muchos israelíes, resulta difícil, intelectual, ideológica y quizás también emocionalmente, elevarse a un pensamiento estratégico integral sobre los factores que influyen en la seguridad de Israel. […] El diseño de la política de seguridad se enfrenta a la dificultad de incorporar una gran cantidad de factores rodeados de incertidumbre. Por lo tanto, quienes toman las decisiones buscan refugio en suposiciones que no son más que metódicas.[29]

Harcabi sintetiza el desafío cognitivo: ¿cómo comprender la multiplicidad de elementos y la incertidumbre? ¿Y cómo superar las suposiciones ocultas y los sesgos emocionales, cognitivos e incluso ideológicos al elaborar estrategias? Un posible obstáculo son las limitaciones de la memoria de trabajo humana. Es decir, la capacidad de recordar simultáneamente una gran cantidad de detalles y argumentos y examinarlos exhaustivamente.[30] Sin embargo, incluso si se pudiera aumentar la capacidad de la memoria humana, se requeriría algo más que no se limita al procesamiento de datos.

Cuando los desafíos de la era actual parecen demasiado singulares y complejos de comprender, puede ser útil recordar dos conceptos que ya se plantearon hace algunas décadas para describir problemas complejos. Si bien se destacaron en contextos distintos a la defensa, también pueden ser útiles para los temas que se abordan aquí.

El primer concepto se ha denominado « problemática mundial » o, para abreviar, « problemática ».[31] El segundo concepto es «problemas perversos»[32]. Si bien un análisis profundo de ambos excede el alcance de este trabajo, basta con indicar la esencia de su significado combinado y la lección que ofrecen en el contexto de esta obra. Es decir, al analizar problemas complejos, recurrir a la banal y manida afirmación de que «hay que considerar el panorama completo» simplemente no es suficiente. En cambio, es necesario examinar cómo se «comportan» los problemas.

El concepto "problemático" se refiere, en términos generales, a cómo la convergencia de diferentes problemas y fenómenos genera nuevos problemas. Este enfoque no puede limitarse a simplemente admirar el complejo desafío al que nos enfrentamos y lamentarse de su complejidad. En cambio, exige un enfoque proactivo, que analice diversos campos y diferentes temas en paralelo y descifre su significado global.

A esto, "Problemas Perversos" ofrece un enfoque complementario esencial. Destaca el principio de interacción entre los componentes de estos problemas complejos y perversos, la dificultad para predecir su comportamiento y la falta de una solución predeterminada.

Estos dos conceptos no solo enfatizan la gran cantidad de elementos a considerar, ni la mera convergencia de muchos problemas en uno nuevo, sino más bien la interacción entre componentes y problemas. [33] Es decir, cuando intentamos comprender problemas complejos, no basta con señalar la existencia de muchos elementos y vínculos. Lo que debe comprenderse es la naturaleza de las relaciones entre los problemas, la esencia de su interacción y cómo estas surgen. ¿Qué movimiento genera y, en consecuencia, cuál es la nueva dinámica que evoluciona como resultado de estas interacciones? Estos son los aspectos que crean el todo.

Si se acepta este tipo de "Enfoque Sistémico", se percibirán rápidamente los límites de la forma tradicional y generalizada de debates político-militares, especialmente cuando se trata de aclarar y resolver una tarea compleja. Parece imposible comprender plenamente los problemas, y mucho menos su convergencia y la aparición de otros nuevos, ni siquiera comprender nuestro lugar en los dinámicos y complejos problemas sistémicos, simplemente utilizando los métodos habituales de evaluación de situaciones y los informes que aparecen en los informes de "acontecimientos recientes".

Las reuniones informativas periódicas de alto nivel y con múltiples participantes sobre la situación pueden, hasta cierto punto, cumplir su propósito. Dichas reuniones, junto con las discusiones para sancionar operaciones, se han convertido en instituciones, hasta el punto de formar parte de la rutina de las altas esferas de los comandantes militares y los responsables civiles de la toma de decisiones, desempeñando una función esencial en la gestión de los asuntos de seguridad nacional. Estas tradiciones mantienen un mayor grado de fricción entre el Primer Ministro y el Ministro de Defensa, por un lado, y los jefes de las FDI y el resto de las organizaciones de seguridad, por otro, principalmente en relación con los asuntos urgentes del momento. Sin embargo, las características tradicionales de estas discusiones limitan de forma inherente y aguda su capacidad para ofrecer una visión profunda del cambio y la problemática.

La necesidad de un juego de guerra conjunto

En vista de los desafíos mencionados, surge la pregunta: ¿cuál es la naturaleza de la necesidad de un juego de guerra conjunto a nivel político y militar? Los comandantes y estadistas siempre se enfrentan a cambios y problemas complejos. Sin embargo, con el paso de los años, parece que el ritmo del cambio se percibe como acelerado, lo que pone a prueba la capacidad de los líderes para comprender nuevos problemas complejos y tomar decisiones basadas en un conocimiento profundo y una visión sistémica. Esta dificultad se acentúa al abordar desafíos urgentes y emergencias, dado el espectro de amenazas, donde «la actividad político-militar se ha vuelto cada vez más frenética», como afirman el profesor Uzi Arad, exasesor de Seguridad Nacional, y Limor Ben-Har.[34] El Dr. Chuck Freilich, reflexionando sobre sus años en la Oficina del Primer Ministro, ofrece una perspectiva similar: 

«Israel se enfrenta a numerosos y complejos «entornos» de seguridad nacional: diplomáticos, militares, económicos y tecnológicos. (…) La creciente complejidad del entorno condujo no solo a nuevas áreas de interés geográfico y funcional, sino también a decisiones mucho más complejas.»[35]

Consideradas en conjunto, estas observaciones respaldan la afirmación de que este tipo de problemas y desafíos cognitivos requieren un aprendizaje político-militar conjunto sobre nuestro entorno y nuestro propio sistema: nuestros intereses y objetivos, nuestras capacidades y limitaciones. De ser así, se hace más evidente la necesidad de conectar el debate militar con el político, no de justificar su separación.

Es imposible ignorar las diferencias entre los entornos operativos de los oficiales militares profesionales y los de los políticos electos. Los miembros de los escalones tienen sus propias referencias y puntos de vista, derivados, entre otras cosas, de los distintos mundos de contenido que caracterizan a cada nivel y de las distintas responsabilidades asignadas a quienes ocupan puestos oficiales.

El ámbito militar se caracteriza principalmente por acciones, operaciones y definiciones claras. En cambio, la política se caracteriza, con mayor frecuencia, por una ambigüedad y opacidad intencionales. Este es el espacio donde se desarrolla el diálogo político-militar. En ocasiones, este amplifica las presiones y tensiones bajo las que operan los políticos electos y los funcionarios designados que ocupan altos cargos. Estos son fenómenos comprensibles derivados de la naturaleza humana y las características de nuestra democracia parlamentaria, así como de la subordinación de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) a la autoridad civil, tal como se estipula en la Ley Fundamental: El Ejército (1976): «El Ejército está sujeto a la autoridad del Gobierno».[36] El argumento a favor de conectar los debates políticos y militares no cuestiona este principio, y no se pretende que el general reemplace al estadista, ni que el político desempeñe el papel del general. La autoridad civil sobre el ejército y la subordinación de las fuerzas armadas a los altos responsables políticos son pilares fundamentales de la democracia y no deben modificarse.[37]  El diálogo entre los altos mandos políticos y militares ya se ha calificado de «diálogo desigual», es decir, un diálogo profundo en el que cada parte expresa su opinión abiertamente, incluso con firmeza si es necesario. Sin embargo, al mismo tiempo, ambas partes saben perfectamente que la autoridad otorgada a los líderes civiles es suprema e indiscutible.[38]

En el nivel más alto de la toma de decisiones político-militares, ciertamente desde la perspectiva de los altos mandos civiles, la sujeción es evidente, pero los límites se difuminan. «En la cumbre, la verdadera política y la estrategia son una sola», escribió Winston Churchill.[39] Desde su privilegiada perspectiva, Churchill describe su percepción de la composición de la guerra:

Hay muchos tipos de maniobras en la guerra, algunas de las cuales solo ocurren en el campo de batalla. Hay maniobras en el flanco o la retaguardia. Hay maniobras en el tiempo, en la diplomacia, en la mecánica, en la psicología; todas ellas se alejan del campo de batalla, pero a menudo influyen decisivamente en él, y el objetivo de todas es encontrar maneras más fáciles, más allá de la matanza, de lograr el objetivo principal. La distinción entre política y estrategia se difumina a medida que se eleva el punto de vista.

[…]

La guerra, que no conoce divisiones rígidas entre aliados franceses, rusos y británicos, entre tierra, mar y aire, entre obtener victorias y alianzas, entre suministros y hombres de combate, entre propaganda y maquinaria […] es, de hecho, simplemente la suma de todas las fuerzas y presiones operativas en un período dado. '[40]

Las descripciones de Churchill resisten el paso del tiempo. Ilustran la visión integradora que se requiere en la cima, que considera la totalidad de áreas, operaciones y esfuerzos civiles y militares, sin una distinción clara entre lo militar y lo diplomático. La necesidad de aprendizaje conjunto a un nivel avanzado se ilustra por la superposición entre los mundos de ambos niveles, por la tensión inherente entre ellos y, precisamente, por la conexión indisoluble entre el propósito político y la acción militar . En este contexto, se ha vuelto habitual invocar la famosa cita de Carl von Clausewitz: «El objetivo político es la meta, la guerra es el medio para alcanzarla, y los medios nunca pueden considerarse de forma aislada de su propósito».[41]

Aunque fue escrito hace casi doscientos años, el aforismo refleja principios cruciales que son válidos hoy: la acción militar como medio para un fin político; la sujeción de los militares a la autoridad civil; y, el principio central de cualquier pensamiento estratégico, la necesidad de reflexionar juntos sobre el nexo de objetivos, capacidades y limitaciones.

Un recordatorio adicional de la necesidad de dicho discurso sistemático, y la crítica a su ausencia, se encuentra en un informe especial publicado por el Subcomité Selecto de Defensa y Asuntos Exteriores de la Knéset para el Desarrollo de Fuerzas y la Doctrina de Defensa. Centrándose en el plan plurianual Gideon de las Fuerzas de Defensa de Israel,   el informe advierte que, sin un debate adecuado, la capacidad militar podría no estar correlacionada con las actividades necesarias para alcanzar los objetivos políticos.[42]

Aclarar la conexión entre los objetivos políticos y las capacidades militares, junto con las tensiones resultantes, es fundamental para el diálogo político-militar. Este proceso no está exento de enconadas disputas, que en ocasiones difuminan la delgada línea entre lo que el personal uniformado puede discutir con los líderes electos y lo que es posible o imposible lograr mediante la fuerza militar, y cómo hacerlo. Un diálogo político-militar sano sacaría a la luz cualquier diferencia de enfoque y la aclararía como parte de una conversación iterativa, no la difuminaría ni la suprimiría. Es la responsabilidad compartida de los estamentos político y militar la que les exige «lograr relaciones armoniosas y responsables que les permitan comprenderse mejor y optimizar el proceso de toma de decisiones».[43] Si bien estos debates abiertos y francos se dan, las lecciones acumuladas a lo largo de nuestra historia indican la necesidad de un aprendizaje entre estamentos , durante el cual, como mínimo, «ambas partes aprenderán qué acciones militares son posibles y qué costos se requieren para lograr diversos objetivos militares y políticos».[44]

Curiosamente, fueron los altos mandos militares quienes destacaron la importancia de este tipo de diálogo, especialmente en relación con la gestión de las expectativas político-militares. Por ejemplo, el general de brigada (Res) Assaf Orion, exjefe de la División de Planificación Estratégica de las FDI, escribe que «la mera existencia de debates sobre políticas, importante en sí misma, no es una condición esencial para una planificación operativa pertinente, pero es insustituible para minimizar cualquier discrepancia en las expectativas y los malentendidos entre los niveles político y militar».[45]

El general de brigada Yaakov Banjo y el general de brigada Giora Segal han argumentado que "el problema que enfrentan los ejércitos hoy es una crisis de expectativas del escalón político", ya que "parece que no hay una correlación clara entre la respuesta operativa y la estrategia de empleo de la fuerza ofrecida por los comandantes militares, y las expectativas de los líderes políticos con respecto al resultado anticipado del uso de la fuerza militar, especialmente las fuerzas terrestres" (énfasis mío).[46]

Una perspectiva complementaria, desde el punto de vista del nivel de toma de decisiones, la ofrece el ex asesor interino de seguridad nacional y anteriormente asesor adjunto de seguridad nacional, el general de brigada (Res) Jacob Nagel.

Los militares y sus líderes argumentan sinceramente que les gustaría mucho la participación del nivel político y recibir directrices precisas para guiar la acción y realizar ejercicios, ya sea en la actividad diaria o durante simulacros de guerra. El problema es que, en la práctica, sí quieren orientación, siempre y cuando sea la orientación que desean. Es decir, para cumplir con sus recomendaciones o conceptos. Aunque no lo admitan, esa es la situación. [47]

Los ejemplos anteriores ilustran lo crucial que es la gestión de expectativas para ambos niveles, siendo una parte fundamental de su responsabilidad compartida.

La importancia de la gestión de expectativas no reside en la interpretación procesal o legal de la autoridad a la que se confía cada nivel. Se encuentra, más bien, en los fundamentos clásicos de la defensa y la política: el uso del poder nacional (militar y de otro tipo) para alcanzar fines políticos y asegurar los intereses nacionales.

Este aspecto parece haber pasado desapercibido en el discurso general que se ha desarrollado en los últimos años en torno a la implementación de la Ley del Consejo de Seguridad Nacional, especialmente tras la publicación del informe especial del Control Estatal sobre la "Operación Margen Protector". Es imposible restar importancia a algunas recomendaciones clave del informe, como la necesidad de definir la autoridad otorgada al Gabinete de Seguridad y la recomendación relativa a la necesidad de una sesión informativa ordenada para los ministros del gabinete y de brindarles la capacitación esencial al asumir sus cargos.[48]

Sin embargo, centrarse únicamente en cuestiones de procedimiento pasa por alto la esencia del diálogo que debería tener lugar entre el escalafón militar profesional y el escalafón político electo. Es imposible definir la relación entre los altos mandos y los miembros del gabinete únicamente a partir de la información de inteligencia, las actualizaciones operativas y otros documentos de estado mayor, como si un escalón simplemente difundiera y el otro simplemente leyera.

A diferencia del enfoque en el procedimiento, el enfoque de responsabilidad compartida se caracteriza fundamentalmente por la proactividad. Por ejemplo, el Teniente General (Res) Moshe (Bogie) Yaalon, exministro de Defensa, considera que cada ministro es responsable de su propio aprendizaje: «Todos y cada uno de los miembros del Gabinete tienen la responsabilidad personal de 'desarrollar su fuerza' para estar capacitados para el trabajo y la responsabilidad que se les ha confiado […] El Gabinete no es un 'club de miembros'. Exige que los ministros dediquen el tiempo necesario a las deliberaciones, al estudio de diversos materiales, a reuniones y a las giras».[49]

El ex ministro Dan Meridor hizo comentarios similares:

Aprender sobre los temas requiere, por ejemplo, dedicar un día a la semana a estudiar o visitar una de las organizaciones o unidades de seguridad. Es trabajo. Al menos una hora de lectura diaria. Si empiezas a charlar en público, nadie te hablará. Si vienes a aprender, encontrarás transparencia. No aporta ningún beneficio político y requiere tiempo. Y como no hay recompensa, hay menos motivación para lidiar con estos asuntos. [50]

Uzi Arad vincula el aprendizaje (y su ausencia) con la calidad de la toma de decisiones y con los posibles peligros, y enfatiza la importancia de los ejercicios y juegos de guerra para los funcionarios electos.

En ocasiones, los miembros del gabinete practican la toma de decisiones por primera vez durante eventos reales. Esto podría resultar en errores significativos, como reacciones exageradas o insuficientes. Esto es grave y peligroso. Se necesitan simulacros y otros elementos: lectura, aprendizaje y formación general. La información proporcionada por un representante del Consejo de Seguridad Nacional no es suficiente. En algunos ámbitos, el desconocimiento es enorme. [51]

Las referencias anteriores demuestran la tensión inherente a la relación político-militar, las lagunas de conocimiento y la necesidad de un espacio de aprendizaje y diálogo compartidos, facilitado por metodologías no convencionales. Una referencia directa a los métodos de debate y simulacros de guerra se encuentra en el Informe de la Comisión Winograd sobre la Segunda Guerra del Líbano. La Comisión aborda específicamente las metodologías de debate utilizadas por las más altas autoridades civiles en su interacción con el alto mando militar, señalando reiteradamente la necesidad de utilizar escenarios y "juegos de pensamiento" para examinar ideas y consecuencias no deseadas.[52] Al abordar el diálogo deseado entre los líderes políticos y militares sobre objetivos y capacidades, la Comisión enfatiza el elemento de retroalimentación y que ambos grupos deben comprender las consideraciones, capacidades y limitaciones de cada uno. La Comisión afirma que "los niveles político y militar mantendrán un diálogo dinámico, y su relación no se limitará a la transferencia unilateral de información e inteligencia de una parte y a la emisión de directrices de la otra". Por lo tanto, la Comisión otorga mayor importancia al diálogo continuo entre ambos niveles.[53]

Parte B: ¿Por qué los juegos de guerra? Ilustración con dos ejemplos

Hasta ahora, hemos establecido la necesidad de mejorar los métodos de debate sobre asuntos político-militares debido a la convergencia de cambios y fenómenos, al ritmo y la profundidad de los cambios, y a la necesidad de examinar los desafíos como redes y sistemas complejos. También hemos citado la referencia explícita de la Comisión Winograd al uso de métodos de juego. A continuación, presentaremos el segundo argumento central de este artículo: la contribución única de los juegos de guerra a la mejora del diálogo político-militar.

Para demostrar el tipo de preguntas y dilemas que requieren aclaración en el marco del diálogo político-militar —para algunos de los cuales los juegos de guerra pueden ser fundamentales—, utilizaremos dos ejemplos históricos de ejercicios y juegos de guerra anteriores en los que participaron los generales de mayor rango de las FDI. Estos ejemplos muestran la necesidad de la aportación política para impulsar el discurso militar. Por otro lado, también muestran cómo las perspectivas militares pueden contribuir al debate político, que debe tener en cuenta lo que se puede lograr en las condiciones estratégicas del período en cuestión.

El primer ejemplo es “Even Gazit” (en hebreo: “Piedra labrada”), realizado en febrero de 1969.[54] Dos años después de la Guerra de los Seis Días, en plena Guerra Fría y durante la Guerra de Desgaste, con el telón de fondo de las tensiones entre los bloques soviético y estadounidense, Oriente Medio se había convertido en un campo de batalla para la competencia entre superpotencias. El análisis de fuentes primarias de la época indica cómo los altos mandos de las FDI percibían que las tensiones entre los bloques soviético-estadounidense tenían un impacto directo en la libertad de acción militar y política israelí. En estas condiciones estratégicas, “Even Gazit” se llevó a cabo con el objetivo de examinar los Planes Operativos de las FDI en caso de una “guerra limitada que se convierta en una guerra general”.

Las transcripciones del debate final de Even Gazit, conservadas en los archivos de las FDI, revelan la amplitud de los temas debatidos. De la transcripción completa, se citan a continuación tres extractos para ilustrar la conexión entre la suma de todas las limitaciones políticas y de condición, y las cuestiones relativas a la libertad de acción y la planificación operativa llevadas a cabo por los altos mandos de las FDI en aquel momento: Ariel Sharon, Ezer Weizman y Haim Bar-Lev. En primer lugar, una cita de Ariel Sharon, entonces jefe del Departamento de Entrenamiento de las FDI. Sharon se preguntaba si Israel podía esperar plena libertad de acción, preguntando: "¿Podría existir una situación sin libertad de acción militar?"[55]. Expresó su preocupación por la intervención internacional en Oriente Medio, que influyó en los objetivos militares que recomendó: "Creo que deberíamos ver una nube de interferencia rusa y de las superpotencias, incluida la ONU. Por lo tanto, debemos determinar los puestos en cada una de las operaciones que nos proporcionen una ventaja militar o política, incluso si la guerra termina poco tiempo después".[56] 

Ezer Weizman, entonces Jefe de Operaciones, estaba preocupado por el grado de libertad de acción, así como por la posibilidad de una guerra prolongada. Weizman evaluó que la siguiente guerra sería más larga que la Guerra de los Seis Días y reflexionó sobre el impacto de las fuerzas soviéticas a lo largo de la campaña y los posibles logros. "Si concluimos que la capacidad de Rusia para interferir es importante, entonces el tiempo podría ser de cuatro a cinco días [...] Creo que la interferencia física rusa es posible, y entonces, ¿cuánto puedo hacer mal y cuánto tiempo tengo?".   Esta "maldad", en las pintorescas palabras de Weizman, es el grado de libertad de acción del que disfrutaba Israel bajo las condiciones políticas de la época, el equilibrio de poder entre Estados Unidos y la Unión Soviética y sus manifestaciones operativas sobre el terreno. "El grado de maldad es tema de debate", afirmó.[57]

El Jefe de Estado Mayor, Haim Bar-Lev, enfatizó la conexión entre la posible acción militar y el objetivo político. «La cuestión de si vamos o no a El Cairo no se trata de si la defensa requerirá dos pelotones o dos brigadas. Porque es, ante todo, una cuestión político-diplomática». Bar-Lev había situado sus conclusiones operativas del ejercicio en un contexto político más amplio, enfatizando que se trata predominantemente de una cuestión política. Destacó la tensión entre los ambiciosos objetivos militares, por un lado, y los recursos limitados, por otro; así como la necesidad de asegurar un logro militar que pudiera contribuir a un objetivo político. [58]

Otro ejemplo ilustra algunas de las preguntas y dilemas que requieren aclaración en el marco del diálogo político-militar, para lo cual un simulacro de guerra conjunto puede ser útil. Este ejemplo proviene de un simulacro de guerra realizado a mediados de la década de 1990, tras la firma de los Acuerdos de Oslo entre Israel y los palestinos. El juego abordaba problemas y dilemas relacionados con las actividades de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) en los territorios palestinos en aquel momento. La transcripción de las discusiones del juego permite examinar el debate mantenido entre varios participantes de alto nivel. Un breve extracto de la transcripción completa ilustra la conexión entre las cuestiones militares que abordaron los participantes y las cuestiones políticas.

Subjefe de Operaciones, General de División Gabi Ashkenazi: «Existe un problema al mantener una discusión militar sin la cúpula política. Es necesario dialogar con la cúpula política. Sin correlación, cometeremos errores. Lo digo con tono provocador. Ambas cosas están entrelazadas».

Jefe de Estado Mayor, Teniente General Amon Lipkin-Shahak: "¿Qué recomienda al responsable de la toma de decisiones? ¿Qué espera lograr al final?"

Ashkenazi expuso sus recomendaciones, pero Lipkin-Shahak insistió: «No entiendo lo que ha dicho. Hay una situación. En función de ella, ¿qué piensa recomendar el ejército?».

- MG Ashkenazi: “Lo descrito por el comandante del Comando Central parece correcto. Es difícil que el ejército se desvincule de lo que [la cúpula política] desea que suceda al final. Por lo tanto, es imposible desvincularse”.

- Comandante del Comando Norte, MG Amiram Levin: “…la preparación en todos los sectores. Debe ser una orden […] Me parece que hay demasiadas sutilezas y se está echando la culpa a la cúpula política.”[59]

Los extractos anteriores ilustran la estrecha relación entre la orientación política y la planificación militar, ya que surge con frecuencia durante los simulacros de guerra y ejercicios realizados por el Estado Mayor y otros mandos importantes. Los dos ejemplos citados ilustran la prevalencia del vínculo entre la acción militar y las condiciones y objetivos políticos, y la importancia de aclarar estos vínculos, especialmente en lo que respecta a la planificación y ejecución de campañas.

Las cuestiones sobre el objetivo político deseado y el posible logro militar también se ilustran en los dos ejemplos mencionados. Esto se ve en «Even Gazit», donde Bar-Lev considera la cuestión de llegar a El Cairo como una cuestión estratégica, y no como una cuestión de planificación operativa («es ante todo una cuestión diplomático-política»).

La misma cuestión se ilustra también en el segundo ejemplo, el juego de guerra del Estado Mayor sobre el teatro palestino, en el que MG Ashkenazi señala la dificultad de discutir el desafío acuciante del período exclusivamente a través de un prisma militar (“Hay un problema [en mantener] una discusión militar sin el escalón político. Sin correlación, cometeremos errores. Los dos están entrelazados”).

Las cuestiones relativas a la libertad de acción se ejemplifican vívidamente en el caso de "Even Gazit". Los extractos ilustran la necesidad de comprender las limitaciones operativas derivadas de las condiciones geopolíticas y el impacto acumulado de todas estas limitaciones en la libertad de acción militar ("el nivel de travesuras", según Ezer Weizman). De ahí se desprende un debate sobre lo que puede ser factible y deseable en el plano militar, pero indeseable en el plano político.

Estas cuestiones se debaten con frecuencia entre los altos mandos militares, así como en sus interacciones con sus superiores políticos. Con frecuencia, esto se hace bajo la presión de acontecimientos urgentes y sin recurrir a simulacros de guerra. ¿Por qué, entonces, es necesario examinar estas cuestiones también mediante un simulacro de guerra? La razón principal reside en la capacidad del simulacro de guerra para facilitar la generación de perspectivas sistémicas y actualizadas sobre la realidad cambiante, los problemas de seguridad emergentes y las posibles respuestas.

En lugar de ampliar el debate sobre las metodologías de juegos de guerra para el nivel estratégico-operacional (un debate desarrollado por el autor en otro lugar)[60], aquí se centra en tres razones principales que otorgan al juego una ventaja relativa. En primer lugar, la contribución a la exploración y el análisis de problemas complejos y su dinámica, y, en consecuencia, la mejora de la capacidad para afrontar la incertidumbre. En segundo lugar, la contribución del aprendizaje experiencial a la mejora del diálogo estratégico. En tercer lugar, la contribución del juego a la mejora del juicio de los tomadores de decisiones.

La principal ventaja del juego de guerra estratégico reside en su contribución a la exploración y el análisis de la dinámica de problemas complejos y, por lo tanto, a la mejora de nuestra capacidad para gestionar la incertidumbre. Los juegos de guerra estratégicos, en su formato dinámico (que se han consolidado en el Estado Mayor de las FDI en los últimos años), incluyen la representación de múltiples entidades. Estos juegos no se centran únicamente en los "buenos" contra los "malos" ("Azul" contra "Rojo"), sino que expresan elementos y fenómenos mucho más complejos. Incluyen una exhaustiva fase de investigación y preparación, y contienen juegos de rol basados ​​en escenarios sobre futuros plausibles, que se desarrollan en varias "rondas" o "movimientos temporales".[61]

La combinación e integración de metodologías es particularmente útil para generar nuevas perspectivas sobre el comportamiento de rivales y aliados, así como sobre acciones y contraataques. Esto permite comprender cómo pueden evolucionar, o incluso cambiar, las consideraciones estratégicas para comprender mejor los vínculos entre los diversos factores y componentes de los problemas, lo que permite aprender algo nuevo sobre los desafíos que podrían surgir como resultado de la dinámica del problema.   Como resultado, es posible identificar amenazas y oportunidades que, de otro modo, podrían pasar desapercibidas al emplear otros métodos de discusión y análisis. Estos juegos de guerra se acompañan de debates facilitados que inducen la generación de nuevas perspectivas y un nuevo significado derivado del "juego futurista" que se remonta al presente. También se acompañan de un análisis sistemático del discurso, que permite revelar suposiciones ocultas, identificar áreas de incertidumbre y plantear nuevas preguntas, contribuyendo así a mejorar el lenguaje compartido sobre el sistema rival y, no menos importante, sobre nosotros mismos. Todo esto, tanto por separado como en conjunto, convierte al juego de guerra en una poderosa herramienta que proporciona a los tomadores de decisiones una ventaja en la toma de decisiones, permitiéndoles evitar errores críticos.[62]

La segunda ventaja atribuida a los juegos de guerra en este contexto es la experiencia de juego creada al jugar el juego, que ayuda a mejorar la conversación estratégica.

El enfoque del autor para los juegos de guerra facilita las condiciones necesarias para el aprendizaje experiencial: mediante el uso de escenarios futuros, juegos de rol y un énfasis en la interacción humana directa y perspectivas alternativas. La experiencia acumulada en los últimos años demuestra que la combinación de métodos estimula con éxito la imaginación y el pensamiento creativo de los participantes, especialmente cuando se emplean técnicas dinámicas de juego de rol. En tales situaciones, algunos o todos los participantes se ponen en la piel de otros, considerando sus movimientos desde una perspectiva diferente, en ocasiones incluso completamente opuesta a la que suelen tener. En conjunto, la combinación de estos métodos crea una experiencia de aprendizaje compartida por parte de todos los participantes en el juego de guerra, que se caracteriza por un discurso abierto e informal, ya que los participantes no solo "hablan" sino que realmente "juegan".[63]

La literatura académica y la experiencia práctica apuntan en conjunto a la función particular del discurso informal creado durante la experiencia de juego como un elemento que contribuye al aprendizaje por parte de los participantes del problema en cuestión, su propio aprendizaje y el de su entorno de toma de decisiones.[64]

Por lo tanto, se requiere cierto grado de apertura intelectual, junto con la disposición a debatir en un ambiente que anime a todos los participantes, tanto jóvenes como veteranos, a entregarse a la experiencia del juego y expresar opiniones que no estén de acuerdo con el consenso, sin temor a posibles consecuencias asociadas con la jerarquía militar. Una experiencia exitosa en un juego de guerra permite así el desarrollo de un lenguaje y un concepto compartidos que incluyen interpretaciones alternativas. Esto enriquece el diálogo estratégico entre los participantes del juego y sus organizaciones, y contribuye también a mejorar el discurso interorganizacional.[65]

Los juegos de guerra también son una herramienta eficaz para desarrollar la comprensión profunda de los responsables de la toma de decisiones y mejorar su criterio. Los manuales y procedimientos por sí solos no pueden garantizar buenos procesos de toma de decisiones, y un buen proceso no siempre garantiza buenas decisiones. Por lo tanto, aquí se hace hincapié en la importancia de un elemento crucial, aunque algo elusivo, que los juegos de guerra ayudan a cultivar: el criterio humano. 

La toma de decisiones es más que el cálculo cerebral de un promedio con ajustes de datos y estimaciones de inteligencia. Implica «juicio, sentido político, liderazgo y determinación para alcanzar los objetivos».[66] El juicio y la razón también deben basarse en el conocimiento y la comprensión. La Comisión Winograd, que buscó establecer un estándar para la evaluación del desempeño de los responsables de la toma de decisiones, otorgó un peso adicional al juicio, subrayando su importancia: «El juicio y la responsabilidad nacional son fundamentales para el responsable de la toma de decisiones electo, junto con el profesionalismo, la visión estratégica y la experiencia del escalafón profesional ».[67] La ​​Comisión también citó la necesidad de considerar alternativas y gestionar la incertidumbre, la necesidad de un pensamiento pluralista, así como la necesidad de prestar «mucha atención a posibles resultados no deseados (por ejemplo, mediante diferentes escenarios y juegos de pensamiento)».[68]

Dado que los elementos citados se manifiestan y cultivan en los juegos de guerra estratégicos, es lógico considerarlos una metodología ventajosa para el desarrollo de una comprensión profunda, que en sí misma puede considerarse un facilitador para un mejor juicio. Sin dicha comprensión profunda, solo quedan opiniones, corazonadas o (Dios no lo quiera) conjeturas y apuestas.

Además, dado que nuestro enfoque metodológico para los juegos de guerra estratégicos pone especial énfasis en la creación de un punto de vista alternativo y un discurso abierto, el uso mismo de dichos juegos puede ayudar a los tomadores de decisiones electos, así como a los profesionales, a no caer víctimas del síndrome del pensamiento grupal.[69] Esto se logra mediante la expansión del marco de discusión incorporando al diseño del juego los intereses en competencia de varios actores, así como múltiples puntos de vista (múltiples actores representados, múltiples participantes, múltiples organizaciones).

Por lo tanto, casi inherentemente, estos juegos de guerra no buscan difuminar dilemas y tensiones. Más bien, buscan exponerlos y sacarlos a la luz, hacerlos conscientes y colocarlos en el centro de la discusión. Si bien el juego de guerra permite a los participantes discutir los problemas desde múltiples perspectivas y les ayuda a evitar descripciones vagas, categorías omitidas y estereotipos, también reduce el riesgo de pensamiento grupal y otros sesgos cognitivos comunes.[70]

Parte C: Manejo de las dificultades del nivel político

En ausencia de dicha tradición, la visión de los ejercicios de guerra conjuntos como mecanismo para mejorar el diálogo político-militar podría parecer ambiciosa e inalcanzable. Más aún, dada la dificultad de reunir a la mayoría de los miembros del Gabinete israelí para visitar incluso un ejercicio militar de escala excepcional, como en el caso publicado del Ejercicio del Cuerpo “Or Hadagan”.[71] Este episodio en particular es una expresión más de la necesidad, y la dificultad, de inducir a los miembros del Comité Ministerial del Gabinete para Asuntos de Seguridad Nacional a profundizar en los conocimientos esenciales necesarios para el desempeño de su deber. Es inevitable preguntarse si, en tales condiciones, es siquiera posible mejorar el aprendizaje y el diálogo político-militar. Como mínimo, a nivel de carrera profesional, es deber del alto mando militar persistir en reclutar, convencer e incluso exigir a los políticos electos que cumplan con su papel en la responsabilidad compartida aquí analizada. Al mismo tiempo, para promover la visión de los ejercicios de guerra conjuntos, los profesionales deben reconocer las dificultades y posibles preocupaciones de los políticos electos. A primera vista, parece que estas dificultades no son propias de ninguna persona específica, sino que forman un fenómeno más amplio y continuo.

En primer lugar, es posible especular sobre las razones por las que los funcionarios electos podrían ser reacios a participar activamente en simulacros de guerra y limitarse a funciones de supervisión (similares a las visitas ministeriales sobre el terreno en ejercicios militares). Por ejemplo, la posible reticencia de un líder electo a revelar sus intenciones y planes en relación con cuestiones cruciales para la seguridad nacional, especialmente aquellas controvertidas que dividen a la opinión pública. Otras razones incluyen la aprensión de los líderes electos a comprometerse con un curso de acción específico en relación con un futuro lejano e incierto; el deseo de abstenerse de tomar decisiones virtuales sobre cuestiones sustanciales y cruciales solo con fines de "ejercicio", cuando no hay una necesidad apremiante de tomarlas; y la preocupación por un posible conflicto entre la visión ideológica y las limitaciones realistas. Además de la sensibilidad pública asociada a los asuntos políticos y de defensa, la fuente de reservas políticas respecto a la participación activa también podría estar asociada al conjunto de personalidades y facciones políticas que conforman el gabinete. Si bien estos asuntos escapan al ámbito legítimo de los profesionales militares, no deben ignorarse, ya que contribuyen a aumentar la mencionada reticencia política. La participación activa y honesta en simulacros de guerra podría, por ejemplo, revelar las intenciones de un líder electo ante sus colegas ministros, algunos de los cuales podrían ser rivales políticos. Por lo tanto, revelar las verdaderas intenciones, si bien puede ser muy útil para el éxito del simulacro, también puede ser políticamente peligroso, especialmente cuando el líder político prefiere mantener la ambigüedad y abstenerse de tomar decisiones. Estas preocupaciones, en sí mismas, amplifican la tensión inherente entre mantener la libertad de maniobra política (en el sentido más amplio del término) que los políticos normalmente requieren, por un lado, y la orientación clara y definida que es esencial para los oficiales militares profesionales, por otro.

Estas preocupaciones se entremezclan en la visión del político electo, hasta el punto de que percibe que el riesgo de participar en un juego reside en ámbitos completamente distintos al de la defensa específica o el desafío estratégico en torno al cual gira dicho juego. Pues, como en cualquier debate sustancial sobre defensa y política, la experiencia de un juego de guerra podría desestabilizar (e incluso cuestionar) creencias, conceptos, axiomas e ideologías fundamentales, agudizando así la tensión entre la visión, las limitaciones y los riesgos; entre las ilusiones y la capacidad práctica.

En segundo lugar, es posible asumir que existe un desconocimiento de la metodología de los juegos de guerra y su utilidad. Es posible que la conexión ubicua y asociativa del término "Juegos de Guerra" tenga que ver con mesas de arena, simulaciones por computadora y respuesta táctica, y menos con una metodología útil para el debate a nivel estratégico-operacional.

En tercer lugar, es posible asumir que la asignación de tiempo es otro problema con impacto negativo. Otros asuntos y asuntos urgentes siempre compiten por el tiempo y la atención de los altos funcionarios, quienes son los principales "clientes" de los juegos de guerra. Este es un problema compartido por líderes políticos y militares. Dado que el tiempo es uno de los recursos más preciados en el entorno de toma de decisiones de alto nivel, se requiere una decisión consciente por parte de los altos funcionarios para invertir todo el tiempo requerido durante la fase de desarrollo del juego, y especialmente durante su ejecución.

La experiencia ha demostrado, paradójicamente, que cuanto más familiar es un problema, más esencial es la necesidad de plantear dudas, de plantear preguntas nuevas, agudas y penetrantes, y de asociarlas a una solución metodológica adecuada.

¿Es posible cambiar esta situación y cómo? Suponiendo que se pueda crear conciencia y asignar tiempo, el enfoque se centra en la posibilidad de la reticencia política como posible aprovechamiento de la ausencia de juegos de guerra de participación conjunta. Parece que el temor a las investigaciones estatales no es suficiente para lograr el cambio deseado en los procesos de toma de decisiones. Al mismo tiempo, es evidente que no se puede instruir a los seres humanos a "pensar correctamente" y "pensar creativamente" mediante protocolos y procedimientos. De igual manera, es imposible simplemente "eliminar" la preocupación de los políticos electos y su reticencia a debatir cuestiones complejas que podrían contradecir su visión del mundo. 

Dan Meridor enfatiza que los tomadores de decisiones deben superar tales preocupaciones y tensiones debido a sus costos potenciales:

Algunos lo entienden. No quieren discusiones ni mostrar debilidad que contradiga su imagen […] Al fin y al cabo, existe esta expresión familiar: "Que las FDI triunfen". Creen firmemente que lo que se interpone en el camino son las limitaciones externas, no la capacidad. La capacidad no es magia, sino acción con razones, causas, costos y riesgos. [72]

Es ineludible recordar que la habilidad política (y mucho menos la de general) no es solo cuestión de ideología y convicciones, ni de "opinión personal". Más bien, tanto el estadista como el líder militar deben pensar, analizar e interpretar hechos y datos, a la vez que equilibran restricciones contradictorias, gestionan paradojas, planifican sus próximos movimientos, responden a los cambios y afrontan la incertidumbre. Este es el tipo de discurso que se requiere al más alto nivel de la actividad político-militar. En resumen, abordar los posibles conflictos entre percepciones, creencias y hechos es fundamental. En lugar de evitar estas tensiones, hay que aprovechar al máximo los esfuerzos para exponerlas.

Una de las posibles maneras de abordar el rechazo político es gestionar las expectativas de los participantes respecto al juego de guerra conjunto y establecerlo como un espacio seguro para el pensamiento creativo y abierto. De esta manera, el juego de guerra puede considerarse un marco adecuado para la discusión libre, sin estar sujeto a protocolos oficiales, permitiendo a los participantes expresar sus ideas abiertamente y con franqueza, y debatir los temas con profundidad.[73]

Reducir la reticencia política no significa ignorar problemas incómodos ni evitar dilemas u ofuscarlos. La clave aquí es establecer el juego de guerra como plataforma e institución para el aprendizaje experiencial, un marco íntimo e informal para desarrollar el pensamiento y plantear preguntas, y no como una discusión más que concluye con la definición de los problemas y las acciones. Este enfoque distingue claramente entre el juego de guerra como marco flexible para discutir problemas abiertos y otras discusiones con características menos flexibles, en las que se dan directrices políticas y se emiten órdenes militares vinculantes.

Este enfoque puede reducir parte del riesgo político potencial que algunos participantes perciben asociado a estos juegos de guerra. Estos acuerdos permitirán la creación de un espacio seguro, e incluso de una burbuja aislada sin compromiso, en la que se puedan desarrollar juegos de guerra que permitan una deliberación genuina y profunda, sin temor a comprometerse con una decisión o acción concreta. Por lo tanto,   hacer realidad esta visión de juegos de guerra político-militares conjuntos requerirá un delicado equilibrio entre la realización de juegos de guerra en foros íntimos, incluso compartimentados, y la diversificación de participantes y puntos de vista.

Es necesario desarrollar una gama más amplia de opciones para la participación e intervención del escalón político electo en tales simulacros de guerra. Es decir, en la escala de evitar completamente la participación, por un lado, y la participación plena, por otro, se deberían desarrollar más opciones intermedias. El objetivo mínimo debería ser incorporar a los altos funcionarios actuales que asisten a los políticos electos. Por ejemplo, el Asesor de Seguridad Nacional, el Secretario del Gabinete, el Jefe de la División Político-Militar del Ministerio de Defensa y otros, según el momento y el tema en cuestión. Sin embargo, si bien estos son altos funcionarios que trabajan en el ámbito político, no son representantes electos. Por lo tanto, el objetivo deseado debería ser realizar simulacros de guerra no solo con quienes asesoran y asisten en la toma de decisiones, sino también con quienes están autorizados para tomarlas.

Un simulacro de guerra con el primer ministro y/o el ministro de defensa seguramente sería diferente a uno que incluyera ministros adicionales del gabinete sin un contacto estrecho y continuo con el estamento de defensa. Por las razones expuestas, es dudoso que un simulacro de guerra en el que todos los ministros del gabinete se "jueguen a sí mismos" sea viable. Un punto de partida más realista podría ser, por ejemplo, la participación (aunque sea parcial) del primer ministro y el ministro de defensa, seguida de una conversación más íntima con el Jefe del Estado Mayor de las FDI sobre las principales conclusiones del simulacro y sus implicaciones. Como alternativa, los políticos observarían las conversaciones del simulacro en tiempo real, y se llevaría a cabo una consulta privada entre el primer ministro y el jefe del Estado Mayor durante el simulacro.

Los medios de participación más innovadores y “más audaces” dependen de la voluntad personal del primer ministro y de los miembros del gabinete de entregarse a la experiencia del juego de roles, sin necesariamente interpretarse a sí mismos, creando así para sí mismos un ángulo de aprendizaje alternativo. 

Hacer realidad la visión de los juegos de guerra político-militares conjuntos como espacio de auténtico aprendizaje compartido requiere flexibilidad y creatividad a la hora de diseñar la respuesta metodológica adecuada a cada tema y al conjunto de personalidades que asuman cargos oficiales en cada momento.

Conclusión

El desafío constante de los primeros ministros, ministros de defensa y jefes de Estado Mayor es interpretar el diálogo político-militar. A su vez, cada uno de ellos debe, a su manera, contribuir sustancialmente a este debate con los desafíos actuales y perspectivas de futuro. En la mayoría de los casos, se trata de una necesidad operativa.

Destacar la responsabilidad conjunta de los altos mandos militares y políticos, como se hace en este artículo, difiere del enfoque procedimental que suele emplearse para describir las mejoras necesarias que se exigen a los políticos en materia de defensa y asuntos exteriores, o en su interacción con las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) y la comunidad de inteligencia. El enfoque procedimental, por ejemplo, enfatiza la entrega de información (de inteligencia y de otro tipo) a los responsables políticos, quienes aparentemente solo están obligados a considerar y elegir una de las diversas alternativas de acción presentadas.

En cambio, el enfoque de responsabilidad compartida se basa en las facultades únicas otorgadas a cada nivel. Exige un estudio profundo para utilizar el diálogo político-militar como medio para aclarar genuinamente las tensiones inherentes a las relaciones entre: intereses y objetivos nacionales; amenazas y oportunidades; capacidades y limitaciones; libertad de acción y restricciones.

Tradicionalmente, estas discusiones se llevan a cabo (cuando se llevan a cabo) en formatos habituales, junto con numerosos mapas, gráficos y las omnipresentes diapositivas de PowerPoint. Este artículo presenta el simulacro de guerra estratégico como un enfoque complementario y un método adicional de discusión que brinda a líderes políticos y militares la oportunidad de aprender juntos y de comprender las consideraciones de cada uno en la toma de decisiones. Visto así, el simulacro de guerra puede ser una forma ventajosa de crear un diálogo avanzado que mejore la gestión de las expectativas político-militares y facilite el desarrollo de ideas estratégicas y operativas relevantes.

Como base para un debate más profundo, el artículo ofrece varias sugerencias para abordar la posible reticencia política a participar en estos juegos de guerra. Además de reducir el número de participantes y realizarlos en un entorno compartimentado, también se sugiere establecer y fomentar la percepción de las discusiones en los juegos de guerra como "espacios seguros" para la contemplación. Es decir, situar el juego de guerra en una especie de cápsula informal que, incluso al abordar desafíos cruciales y urgentes, esté desvinculada de la necesidad de dar instrucciones y acatar órdenes. La distinción entre el aprendizaje a través de la experiencia del juego de guerra, por un lado, y el acto formal de instrucción, por otro, puede permitir que tanto los niveles político como militar produzcan discretamente nuevas perspectivas sobre los problemas abordados, sin riesgos políticos. 

También se sugirió ampliar la gama de opciones para los distintos grados de involucramiento y participación de la cúpula política electa, y crear una respuesta metodológica flexible para satisfacer las necesidades cambiantes.

Para concluir, si bien se señala la ausencia de la cúpula política electa en los juegos de guerra estratégicos, este artículo enfatiza el potencial de estos juegos para establecer un sistema de aprendizaje conjunto que mejore el diálogo político-militar y la toma de decisiones en materia de seguridad nacional. La necesidad de este aprendizaje conjunto se ha intensificado dada la persistente disyunción entre los formatos tradicionales de discusión al más alto nivel de la actividad político-militar (que han necesitado mejoras durante más de una generación) y la tarea cognitiva que acompaña a los desafíos de seguridad de Israel, caracterizados por la multiplicidad de factores, actores, intereses contrapuestos y cambios rápidos. Si bien el desafío intelectual de la toma de decisiones no se ha simplificado, la metodología para debatir dichos desafíos al más alto nivel se ha mantenido prácticamente igual. Una posible solución, aunque sea parcial, reside en el uso de diversos métodos avanzados de deliberación en los que ambos niveles participan activamente: debates basados ​​en escenarios, juegos de rol y, especialmente, el juego de guerra estratégico en su formato dinámico y elaborado.

Estas metodologías, que ya se practican en los altos rangos de las FDI, también pueden utilizarse para apoyar un aprendizaje político-militar acelerado, permitiendo que tanto los líderes políticos como los militares aprovechen al máximo esos debates para abordar (no suprimir) las numerosas conexiones entre los niveles de acción político y militar al servicio de la seguridad nacional.

Cita:  Tsalalyachin, Goor. ‘Strategic Wargaming and the Israeli Political-Military Dialogue’. The Dado Center Journal (DCJ) for Contemporary Issues in Operational Art, IDF Operations Directorate, no. 13: War-Games (October 2017). 

Bibliografía