Mostrando las entradas con la etiqueta submarinista. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta submarinista. Mostrar todas las entradas

domingo, 26 de julio de 2026

Malvinas: Cazar al submarino San Luis con Fernando Azcueta

Malvinas: El capitán Azcueta y el desempeño del ARA San Luis

“Estoy listo”: el coraje del capitán el día que se rompió la computadora de tiro del submarino ARA San Luis en Malvinas


La recuperación de las islas Malvinas el 2 de abril de 1982 tomó de sorpresa a los comandantes de la fuerza de submarinos , que no habían sido informados de la Operación Rosario. No obstante, prepararon como pudieron a un submarino con serias falencias técnicas y navegaron con él dentro de la zona de exclusión. La decisión del Capitán de Fragata Fernando María Azcueta y su tripulación bisoña. Y la orden de destruir al enemigo con la única posibilidad de disparar torpedos en forma manual



Por Mariano Sciaroni || Infobae



Partida del ARA San Luis desde la Base Naval Mar del Plata
 

Los tambores de guerra del 2 de abril de 1982 sorprendieron al ARA San Luis (S-32) y a toda su tripulación, incluido su comandante, el Capitán de Fragata Fernando María Azcueta, de 40 años e hijo de uno de los primeros submarinistas de la Armada Argentina. Estaba atracado en un muelle de la Base Naval Mar del Plata (BNMP), base de operaciones de la pequeña fuerza de submarinos de la Armada.

La sorpresa se debió a que el alto mando naval, para guardar el secreto de la operación concretada ese día, optó por no informar a los comandantes de las diversas unidades no involucradas directamente sobre la operación Rosario: la toma de Malvinas.

Por tanto, el San Luis no recibió la orden de prepararse para una patrulla de combate hasta 24 horas después del asalto a las islas. En ese momento, la recientemente completada tripulación comenzó a alistar el buque, con el fin de hacerlo apto para la guerra en el menor tiempo posible.


El Capitán de Fragata Fernando María Azcueta le habla a su tripulación durante la patrulla de guerra de 1982. La barba hace notar que ya llevaban bastantes días en el mar

Además de estos problemas, la unidad presentaba otras deficiencias que no se corrigieron del todo a tiempo para la partida, incluso con el intenso trabajo realizado: un motor diésel estaba fuera de servicio (desde 1976) porque el bloque motor estaba roto, y los otros tres tenían problemas por falta de refrigeración que limitaban su potencia de salida; el agua de mar entraba regularmente por el snorkel y también tenía averías en las bombas de achique. Además, el sistema DUUX (un telémetro acústico pasivo) no daba información precisa y fue evaluado como fuera de servicio.

A ello debían agregarse serias limitaciones para la supervivencia de la tripulación, tales como el sistema de eyección de la balsa de salvamento fuera de servicio, quemadores de hidrógeno vencidos, medidor de oxígeno en reparación en tierra y las cápsulas para la medición de gases del interior de buque, también vencidas en 1976. Todo a pesar de que se trataba de una unidad moderna y nueva (incorporada en el año 1974).

En lo que resulta a la tripulación, el nivel de formación de la misma se veía afectado por la política de rotación de personal de la Armada Argentina: muchos de los tripulantes eran nuevos en el buque y varios puestos clave del submarino, como los de los sistemas de control de tiro, estaban ocupados por suboficiales subalternos (los submarinistas más experimentados de la Armada Argentina se encontraban, en ese momento, en Alemania Occidental, supervisando la construcción de los nuevos TR 1700, tales como el San Juan).

El Teniente de Corbeta Luis Seghezzi, era el increíblemente joven Jefe de Navegación del San Luis y se había graduado en la Escuela de Submarinos a fines de 1981: “Mucho se dijo sobre el nivel de recambio que había tenido la tripulación del submarino en su conjunto. Que era una tripulación con poca experiencia. Ciertamente, la gran mayoría apenas tenían tres meses de arribados. Y algunos, entre los cuales me incluyo, tenían en aquel destino, su primera experiencia en el arma. En el fondo eso no era una novedad para las tripulaciones de esa clase de submarinos. Un alto recambio aseguraba mayor cantidad de tripulantes capacitados en nuevas tecnologías, teniendo en cuenta que se estaba en plena etapa de incorporación de unidades aún más modernas, que se construían en esos momentos en Alemania. Pero una mayor experiencia, en esta situación, creo que no garantizaba una mejor respuesta porque nadie antes había vivido una experiencia como la que se presentaba”.



 

Trayectoria del ARA San Luis desde el área "Enriqueta" hasta la zona de exclusión, ingresando finalmente al área de patrulla "María", dentro de la Zona de Exclusión
 

Además, mientras la plana mayor del San Luis tenía vasta experiencia en submarinos, ni Azcueta ni el segundo al mando tenían experiencia con los submarinos Tipo 209 como el San Luis). De hecho, el Capitán Azcueta solo había navegado 16 días como comandante —había asumido el comando el 19 de diciembre de 1981— antes de partir para la guerra.

El 11 de abril, a última hora de la tarde, cargado hasta arriba de agua y víveres, y armado con 10 torpedos filoguiados SST-4 (serie 260) y 14 torpedos Mk 37 Mod 3, el submarino y sus 35 tripulantes partieron desde Mar del Plata.

El Cabo Segundo Eduardo Lavarello recuerda: “Zarpamos el 11 de abril. Era Domingo de Pascua. Salimos al atardecer, el tiempo no era el ideal, había un poco de niebla, muy feo y fresco pero, para pasar desapercibidos era lo correcto, recuerdo estos detalles ya que tuve que hacer maniobras en cubierta con las amarras. Rápidamente nos perdimos en la noche buscando el punto de inmersión. Tuvimos que comprobar el desplazamiento, nuestro propio nivel de ruido y la refrigeración de los motores diésel. Los dos primeros estaban bien, pero el sistema de refrigeración de los motores no estaba en su mejor momento. Sin embargo, el comandante y el jefe de máquinas acordaron continuar, ya que la zona en la que teníamos que operar era muy fría”.

El día 13, o sea dos días después de zarpar, el Capitán Azcueta, envió un mensaje a sus superiores, informando el resultado de las pruebas de motores arriba señaladas: “Resultado pruebas motores dos, tres, cuatro, funcionamiento aceptable hasta 1200 amperes de carga por motor. Máxima velocidad alcanzada en inmersión 20 nudos. Estoy listo”. Esas dos palabras finales pintan de cuerpo entero a un valiente. Sin experiencia real en un submarino Tipo 209, con una tripulación bisoña, con un motor de menos, con un submarino con varios problemas y defectos, con armas que conocía habían fallado estrepitosamente los años anteriores, sabiendo que tenía que enfrentar a la marina de guerra líder en guerra antisubmarina.

Sin embargo, Fernando Azcueta informó a sus superiores “estoy listo”. Listo para la guerra. Sin condicionamientos.

El 17 de abril de 1982, tras un tránsito sin muchos problemas durante el cual el comandante había aprovechado el tiempo para seguir entrenando a la tripulación y solucionar algunos de los problemas mecánicos pendientes, el operador de radio recibió un mensaje cifrado que ordenaba al submarino dirigirse a una zona de espera designada como “Enriqueta”, situada al sudeste del Golfo Nuevo, cerca de la Argentina continental y al norte del límite de la llamada Zona de Exclusión fijada por los británicos.


La computadora VM-8/24 queda fuera de servicio

En un principio, y dado que había conversaciones diplomáticas en curso, al igual que ocurría con las fuerzas británicas, existía una limitación en el uso de armas debido a las Reglas de Empeñamiento vigentes.

En aquel momento, éstas sólo podían utilizarse dentro de la Zona de Exclusión Marítima y únicamente tras una identificación positiva del blanco. La excepción sería si el objetivo fuera un contacto sumergido, que se presumiría enemigo. Estas órdenes eran casi idénticas, inicialmente, a las vigentes para los submarinos británicos.

Dos días más tarde, la computadora de control de tiro VM-8/24 quedó absolutamente ciega y no pudo ser reparada, por más que la tripulación hizo todo lo que tenía a su alcance.

El Capitán Azcueta explicaba a sus superiores luego de la guerra: “La computadora queda sin representación en su pantalla. Los tres paneles de blanco no responden a las órdenes de los comandos de sensores activos y pasivos. Mantiene la capacidad de trabajo en emergencia…(la) falla se producía en la unidad control de programa de memoria, cuyo origen no podíamos detectar. Se procedió a verificar las tablas de fallas detalladas en el Manual de la Computadora VM-8/24 libro IV, se conectó el panel de prueba y se comprobó que al estar la computadora parada en una dirección determinada ella no respondía a los test de verificación. Se comprueban todas las alimentaciones y se intenta los ajustes de los valores de tensión que establece el manual de la computadora, libro VI. Se encuentran algunas novedades y se logra destrabar la computadora, aunque ella sigue sin cumplir correctamente los lazos de sus programas”.

La computadora de tiro es el cerebro de un submarino de ataque moderno y, alimentada por los diversos sensores que rastrean el océano exterior, permite al submarino resolver una solución de tiro y el disparo y guiado de torpedos.

El sistema de control de tiro submarino VM-8/24 podía rastrear y preparar simultáneamente soluciones de control de tiro para hasta tres objetivos, y controlar tres torpedos dirigidos contra ellos. El sistema podía utilizarse no sólo para calcular los ángulos de avance de los torpedos, sino también para procesar todos los datos de los sensores y obtener las posiciones y vectores de los objetivos. Podía mostrar simultáneamente el alcance del sonar, el radar y el periscopio, así como los datos de rumbo.

Su inoperatividad fue un golpe devastador.

Dejaba al submarino sin su capacidad de fuego automático y lo limitaba a disparar un solo torpedo a la vez, que podía ser guiado por la tripulación en modo manual (de emergencia).

Con la rotura de la computadora existía, según el informe de post-guerra:

  • Pérdida de la capacidad de mantener actualizadas en forma automática e instantánea las posiciones del submarino, blanco y torpedo.
  • Pérdida de la capacidad de cálculo preciso del Angulo de Puntería (Rumbo del Torpedo) y su actualización instantánea.
  • Escasa precisión del dial del sistema de guiado manual (graduaciones cada 5° por diseño)
  • Imposibilidad práctica de estimar la posición del torpedo y como consecuencia, seria dificultad para introducirle correcciones eficaces.

La gravedad de la avería llevó a Azcueta a romper el tradicional silencio de radio con el que se mueven los submarinos e informar a sus superiores. El Comandante de la Fuerza de Submarinos (COFUERSUB) reconoció el problema, pero decidió no retirar al ARA San Luis de la zona de espera, tras valorar la conveniencia de tener al menos un submarino patrullando a pesar de las limitaciones que arrastraba.

Según la doctrina, la rotura de la computadora implica una “baja probabilidad de impacto” y, por tanto, el uso de torpedos es “en caso de lanzamientos defensivos y si no se dispone de otra arma”. Por tanto, se consideró que, la rotura de la computadora implicaba “que sería prácticamente no factible el cumplimiento de la misión de la unidad”.

 


Dentro del San Luis, sin embargo y a pesar de conocer las nuevas limitaciones con las que irían a la guerra, tenían cierto optimismo. Según recuerda el Teniente de Navío Ricardo Alessandrini, Jefe de Armamento del submarino: “La computadora de control tiro no estaba operativa y nos dejaba cortos de capacidad en la zona de espera. Esto limitaba el número de disparos de torpedos que se podían controlar desde el submarino. Sin embargo, en la fuerza de submarinos practicábamos a menudo el método anticuado de disparar torpedos utilizando cálculos manuales y era totalmente posible llevar a cabo un ataque con éxito con buena información sobre nuestro objetivo”.

Esto es, la tripulación del S-32 debería lanzar torpedos mediante plottings y ábacos, de la misma forma que se lanzaban torpedos de corrida recta y a corta distancia hasta principios de la Segunda Guerra Mundial.

También narra el Capitán Azcueta: “Como se ha dicho, durante la permanencia en el área Enriqueta, aprovechamos la detención para intensificar el adiestramiento en los distintos roles y para ajustar valores del buque que no teníamos actualizados. Entre ellos el llamado “umbral de cavitación”. En un submarino, la velocidad a partir de la cual sus hélices cavitan (fenómeno del fluido que produce un indeseable e importante ruido propio), depende de la profundidad y aumenta con ella. Es decir, que si aumento el plano de inmersión, puedo aplicar más velocidad sin cavitar. Con resignación comprobamos que, cualquiera fuera la profundidad, hasta 150 metros, cavitábamos a los 6 nudos. Esta circunstancia, me llevó a ser muy prudente con la velocidad en el área de patrulla. Se hizo evidente que, a pesar del gran empeño de los buzos alumnos de la Escuela de Buceo, la hélice no había quedado lo suficientemente limpia. No había nada que hacer.

Llegado el 26 de abril, las negociaciones sobre el destino de las islas estaban prácticamente cerradas. COFUERSUB (Comando de la Fuerza de Submarinos) decidió enviar al San Luis a la zona de patrulla “María”, situada al norte de las islas. Llegó allí el 28, no sin peligros.

En la tarde del mismo día, con el deterioro de la situación militar y política, el S-32 recibió la orden de destruir cualquier objetivo enemigo si lo encontraba dentro de la Zona de Exclusión alrededor de las islas: “De COFUERSUB a San Luis. Anulo restricciones empleo armas. Todo contacto es enemigo”.

Aun con todos los problemas citados y una computadora de tiro (el cerebro del submarino) rota, el San Luis se cubriría de gloria en los días venideros. El Almirante Brown hubiera estado orgulloso de esta valiente muchachada de la Armada.

Extracto de “Todo Contacto es Enemigo” de Mariano Sciaroni con Andy Smith (https://elcazadorlibros.com.ar/producto/todo-contacto-es-enemigo)

El submarino San Luis en Puerto Belgrano, a la mañana siguiente de la llegada de su patrulla de guerra. Atrás, se advierte al enorme portaaviones ARA 25 de Mayo
"Todo contacto es enemigo" el libro escrito por Mariano Sciaroni junto a Andy Smith




lunes, 9 de marzo de 2026

Alimentación: La comida en los submarinos japoneses de la SGM

Características de la comida en un submarino japonés

Revista Militar


Tocamos un tema interesante que prometieron continuar. Al principio pensé en hablar de los alemanes, pero no. La imagen de un vagabundo apestoso y sin afeitar, con un suéter manchado de diversas sustancias —un submarinista alemán—, se ha arraigado demasiado en nuestras mentes gracias a las películas de Hollywood. Así que esperaremos con él, tiene sentido.

Sí, los rincones desordenados de un submarino de la Segunda Guerra Mundial, la comida en cuencos en el regazo, los dos durmiendo en una litera… eso era todo. La otra pregunta es por qué, y hay una respuesta para eso, así que todo tiene su momento.

Hoy me gustaría mostrarles el mundo de un submarinista saludable, un ejemplo del otro lado de nuestro mundo: de Japón.


Sí, a muchos les sorprenderá que los submarinistas japoneses vivieran en condiciones de lujo en comparación con sus colegas alemanes y soviéticos, pero es un hecho. Siendo honestos, las condiciones de vida de los marineros japoneses deberían compararse con las de los estadounidenses, pero lo haremos más adelante, al final de nuestro análisis.

Cabe señalar que existe una ligera inexactitud al comparar los barcos con la vida cotidiana, y he aquí la razón: los submarinos soviéticos y alemanes son de navegación marítima. Fueron diseñados principalmente para operaciones en mares continentales (Báltico, Negro y Norte) y fueron desarrollados precisamente para tales condiciones. Que los alemanes fueran llevados al Atlántico, mientras se desarrollaban los mismos barcos de la serie IX, ni siquiera se les ocurrió.

Lo mismo ocurre con los nuestros: el submarino más común de la serie Shch, que duró toda la guerra, es solo uno de ellos. No muy lejos de sus costas, y todo eso. Y cuando recibimos los barcos de la serie K, por alguna razón los enviaron al Báltico, donde no se mostraron realmente bien; las condiciones no eran propicias para ellos. 

Inicialmente, los japoneses construyeron submarinos oceánicos. Grandes y con excelentes características. Ahora compararé varios parámetros importantes para nosotros en el tema de hoy: tamaño, autonomía y autonomía, ya que todo dependía de ellos en el día a día.

NombrePaísDesplazamiento, t, sup/subLongitud, mManga, mAlcance, kmAutonomía, díasTripulación, pers. (ofic/mar)
Serie ЩURSS578 / 70557,06,2010.0002041 (4 / 37)
Serie KURSS1.490 / 2.10597,77,407.5005067 (10 / 57)
Serie IX-CAlemania1.144 / 1.25776,76,7613.4503048 (4 / 44)
Serie I-15Japón2.584 / 3.654108,79,3025.9009094 (12 / 82)


Como pueden ver, el barco japonés era… algo más grande que los soviéticos y alemanes. Y vale la pena recordar que el japonés promedio era más pequeño que un europeo. Aproximadamente igual que los barcos europeos eran más pequeños que los japoneses. Si calculamos el volumen del barco, el marinero japonés tenía derecho a muchos más metros cúbicos que sus colegas.

Además, un punto muy importante: las peculiaridades de la gastronomía nacional. Esto se aclarará más adelante, en el menú del submarino japonés.

Pero en el principio original de alojamiento de la tripulación, el submarino japonés era mejor porque cada miembro tenía su propio lugar para dormir. En el barco tipo I-15 que tomamos como ejemplo, había 11 literas fijas para 11 oficiales regulares y suboficiales; el capitán, por supuesto, tenía su propio camarote, así como una litera colgante y cinco sofás en la sala de oficiales, que podían usarse para descansar. Esto permitía que cualquier barco se convirtiera en el buque insignia de la flotilla y albergara el cuartel general a bordo.


Texto en japonés: [Compartimiento de tropas]
Fotografía tomada en el séptimo compartimiento de tropas de un submarino porta-kaiten justo después del fin de la guerra. Aquí, unos 40 soldados viajaban en una disposición bastante apretada, aunque el volumen interno no era particularmente amplio, lo que ofrecía un espacio relativamente habitable. Sin embargo, en la práctica, se cargaban distintos tipos de municiones y torpedos de reserva, por lo que no todos los soldados podían dormir aquí al mismo tiempo. Posteriormente, con el uso de submarinos más grandes y condiciones más severas, el entorno habitacional de la tripulación se fue deteriorando progresivamente.


Para 73 suboficiales y marineros, había 91 plazas para dormir en armarios o literas colgantes sobre una estructura rígida. Como se puede ver en la foto, a lo largo de todo el compartimento hay armarios para las pertenencias personales de los marineros. Un armario tenía tres secciones: una para el marinero que dormía en él y dos para quienes se alojaban en las literas colgantes de los niveles segundo y tercero. Diversos estantes y armarios estaban fijados a los mamparos y dondequiera que hubiera espacio libre.


Las lanchas tipo I-15 contaban con hasta cuatro letrinas: una sobre el agua, otra en el recinto de la timonera en cubierta y tres en el interior: una para el oficial y dos para la tripulación (en proa y popa, respectivamente, para que los marineros no tuvieran que recorrer todo el barco).

Había un lavabo de mando general en la sala de control central y un lavabo pequeño independiente en el compartimento de oficiales, junto a la letrina. El compartimento de oficiales se encontraba detrás de la sala de control central.

En principio, lo único que faltaba eran las duchas. Considerando la duración de las expediciones japonesas y adónde las llevaban, tres meses en un estado deplorable es duro para cualquiera. Las soluciones de agua y alcohol y… los chubascos, comunes en las aguas de las latitudes tropicales y subtropicales del océano Pacífico, acudieron al rescate. Así, al menos, los submarinistas japoneses podían permitirse enjuagarse con agua fresca de una nube.

Bueno, si había que actuar más al norte, pues sí, alcohol con agua y servilletas. Leí esta invención de un "escritor" no muy limpio de los nuestros, que ya no son de los nuestros:

Como medida de higiene en los barcos japoneses, era práctica común limpiarse el cuerpo con una solución de agua y alcohol. Una medida completamente impensable, por ejemplo, en la marina soviética : los marineros se limpiaban el cuerpo con la “solución”, pero... exclusivamente desde el interior.

Sí, esto todavía se escucha en nuestras costas, pero me complace señalar que en los submarinos soviéticos de aquella época, cada tripulante tenía derecho a 20 ml de alcohol al día, específicamente por higiene. Y los marineros no bebían este alcohol; además, leí con mis propios ojos los informes de los oficiales de suministro de las Flotas del Mar Negro y del Báltico, quienes se quejaban de que los marineros no querían beber alcohol y pedían que se les proporcionara vino en los barcos.

Y, además, 50 gramos de vodka no es muy divertido, sobre todo si se tiene en cuenta que, si te pillan, el oficial político simplemente te comerá el cerebro y, lo que es peor, puedes acumular fácilmente hongos. Y no había médicos en nuestros submarinos, eso es un hecho. Así que, de alguna manera, resulta más creíble que los marineros de la Armada Roja cumplieran con los procedimientos de higiene, sin importar el motivo.

Los japoneses tampoco contaban con médicos regulares en sus tripulaciones, pero si un submarino salía durante tres meses a perseguir a los británicos en el océano Índico, se asignaba a bordo un médico del personal médico de la brigada de submarinos. Normalmente eran paramédicos con rango de guardiamarina, pero aun así, era mucho mejor que nada.

En general, los marineros japoneses, tan obsesionados con las tradiciones, difícilmente se permitían parecer "lobos de Dönitz". Era muy difícil allí con todos sus códigos. Claro que durante la campaña hubo algunas relajaciones en cuanto a la apariencia, pero los japoneses se arreglaban antes de llegar a la base, y no después, como hicieron los alemanes.


Pero los principios y las tradiciones son buenos, pero es mejor cuando están respaldados por el progreso científico y tecnológico. Y los japoneses lo tenían todo resuelto.

Crearon el freón como refrigerante mucho antes de la guerra, Daikin equipó un tren de pasajeros con aire acondicionado en 1936, y en 1938 comenzó a suministrar sus aires acondicionados Mifugirator a los submarinos de la Armada Imperial.

Sí, los alemanes no necesitaban realmente aires acondicionados en los mares del norte; los nuestros tenían una Carta que detallaba claramente las dificultades y privaciones del servicio militar, y los japoneses, que planeaban combatir en mares muy cálidos, tenían refrigeradores y aires acondicionados. El I-15, por ejemplo, tenía ambos.

En primer lugar, los fosos de baterías estaban refrigerados y ventilados. Sobrecalentamiento y explosión de las baterías: eso era todo, el final era inevitable. Por eso los barcos tipo I-15 tenían dos unidades de refrigeración, cada una con una capacidad de 25 kcal de freón. Esta capacidad era suficiente para refrigerar no solo los fosos de baterías, sino también las bodegas de artillería y las viviendas.

Además, la tripulación contaba con congeladores para la comida y un refrigerador separado para los oficiales.

Y esto era ya en la década de 1930 del siglo pasado. Obviamente, la marina japonesa es motivo de orgullo en todo momento, pues los pilotos japoneses de entonces volaban aviones de contrachapado armados con ametralladoras de calibre de fusil, y los marineros tenían a su disposición todo lo que la imaginación del diseñador pudiera imaginar.

Para ser justos, cabe destacar que los italianos y los estadounidenses también equiparon sus submarinos con equipos de refrigeración. Pero hablaremos de ellos más adelante, así como de los logros alemanes del Proyecto XXI. Los alemanes enviaron el primer submarino de este tipo a una campaña el 30 de abril de 1945, y para los japoneses esto se había convertido en la norma mucho antes de la guerra.

Por eso, en las fotos de aquella época (a diferencia de las alemanas) no se ven marineros japoneses desnudos y sudorosos. A diferencia de las alemanas.


Por supuesto, se puede suponer que solo se filtraron a Internet imágenes preparadas, pero la presencia de refrigeradores y aparatos de aire acondicionado sugiere que algo así podría haber sido bastante común.



Cocina. Este lugar sagrado para los submarinistas de cualquier país estaba equipado decentemente: una cocina con dos quemadores, un horno y una vaporera-cocina arrocera. Es decir, en un momento dado se podía cocinar arroz, indispensable para la vida japonesa, té y algo más, como sopa de miso.

En un barco con una tripulación numerosa, se instalaban dos cocinas de este tipo. En el "I-15", la cocina estaba ubicada a estribor, detrás del puesto central, junto a la sala de oficiales.

¿Qué comían?

Aquí es donde la cosa se pone realmente interesante. La élite de la flota (y en Japón los submarinistas eran considerados precisamente eso) comía abundantemente, a diferencia del resto de la flota: la base de la dieta tanto de oficiales como de tropa era el arroz blanco pulido, mientras que en el resto de la flota solo los oficiales y suboficiales podían comer arroz blanco. Los marineros y suboficiales debían comer fideos y una mezcla de dos tercios de arroz y un tercio de cebada (cebada perlada).

Como el equipo lo permitía, llevábamos carne (ternera, cerdo, conejo) y aves en cantidades considerables (no para dos o tres días, como las nuestras). Sin espinas. Además, siempre había filetes de pescado y verduras frescas.

Para el día a día, había arroz, frijoles, fideos, diversos adobos, harina de trigo, salsa de soja, vinagre, aceite vegetal, grasa de res, miso, sal, azúcar, virutas de pescado seco, diversas salsas y condimentos secos.

Como raciones adicionales, llevábamos huevos, leche enlatada y vitaminas A, B y C.

La bebida principal era el té verde; para variar, tomábamos té rojo (lo llamamos negro), cacao, café y zumos de frutas.

Respecto al "imperial", es decir, el alcohol a bordo, había, pero no se repartía a diario, como en el nuestro o en el de los alemanes. Era más bien un método de estímulo.

Es evidente que los refrigeradores no tenían capacidad para todo lo necesario para la vida de casi cien personas durante 90 días. Esto significa carne, pescado, verduras y frutas frescas. Por lo tanto, la mayor parte de las verduras frescas eran cebollas, boniatos y raíz de loto, que se almacenan durante mucho tiempo sin problemas, y las verduras secas, encurtidas y enlatadas constituían una parte considerable de las provisiones. Especialmente encurtidas, esta también es una tradición japonesa.

Pero la comida enlatada regular tampoco se canceló. La carne estofada es un clásico, todos la comían. Pero además de la carne de res, los japoneses usaban grandes cantidades de carne de ballena estofada. Además, también se trajeron ivashi, caballa y anguila enlatadas. El arroz rojo y el tofu también estaban enlatados.

En los mares del sur, los japoneses conseguían pescado fresco con facilidad. A menudo caía en la cubierta, y solo quedaba recogerlo y freírlo. El pez volador frito es un plato sabroso no solo para los japoneses. Thor Heyerdahl y la tripulación de la balsa Kon-Tiki también rindieron homenaje a estas hermosas criaturas con su belleza culinaria.

Una interesante descripción de la comida en un submarino se puede leer en el libro «Operación Tormenta» de John Geoghegan:

La comida era lo mejor de la vida a bordo de los submarinos Sen-Toku. Era mucho mejor que en el Ejército Imperial Japonés, y abundaba.

Se servía arroz en cada comida, y la cocina incluso preparaba exquisiteces como lengua de res, anguila hervida y pasta de judías dulces. Los platos principales incluían pescado frito, tempura de camarones o verduras, bistec, chuletas de cerdo, huevos, rábano picante encurtido, alga nori seca, castañas, naranjas frescas, melocotones enlatados, peras y piña, zumos de frutas o refrescos, y sopa de miso para desayunar. Se bebía té verde en grandes cantidades y café en menor cantidad, aunque estaba disponible.

La cena consistía en fideos o galletas con leche. Algunos submarinos de la Sexta Flota incluso tenían helado, aunque solía reservarse para ocasiones especiales, como la última comida antes de una misión peligrosa. De hecho, tras semanas en el mar, uno de los cocineros del I-400 decidió probar platos más sencillos como arroz integral y ciruelas encurtidas.

El dietista a bordo planificaba cada Comida, aunque las verduras frescas se acabaron al décimo día de navegación. Después, comíamos comida enlatada mañana, mediodía y noche, con cebolla para variar. Las verduras enlatadas eran especialmente impopulares porque sabían a arena y ceniza. La tripulación solo podía comer una cantidad limitada de boniatos enlatados antes de empezar a quejarse.

Se daban vitaminas embotelladas con cada comida, ya que la deficiencia de vitaminas era común en los viajes largos. Sin embargo, el verdadero problema con la comida en el I-401 era que, debido al tamaño del submarino, subían a cubierta muchos menos peces voladores.

Cada suboficial y marinero de la flota japonesa tenía derecho a un juego de mesa de cuatro piezas, confeccionado al estilo nacional:

Según nuestra comprensión, estos recipientes se pueden dividir según su función en:
- tazón hondo para sopa;
- tazón hondo para arroz;
- plato pequeño para refrigerios;
- tazón para té.

La vajilla para el personal alistado era de acero y estaba recubierta de esmalte, mientras que la vajilla para los oficiales era de porcelana. El esmalte era blanco por dentro y azul por fuera, y un sello en forma de ancla marina indicaba su afiliación. Gracias a la ausencia de asas y a sus tamaños especialmente seleccionados, la vajilla se plegaba fácilmente como una matrioska y ocupaba un espacio mínimo al guardarse.

Un ejemplo de servir el desayuno a dos marineros.

A la derecha, un plato de sopa de miso, sin la cual un desayuno japonés no es desayuno. A la izquierda, un plato de arroz, que se usa en lugar de pan. Un plato de pepinillos en el centro, uno para dos. Una tetera con té y cuencos se reservan hasta que llega su turno.

Pues bien, aquí está el desayuno japonés más clásico (ha sido así durante los últimos cuatrocientos años o más), trasladado bajo el agua. Sopa de miso con verduras, arroz, algunos pepinillos/adobos para acompañar y té verde. Y el desayuno no se sirve de rodillas, sino en una mesa completamente normal. Para los japoneses, para quienes la conformidad con las normas establecidas por sus antepasados ​​era un apoyo psicológico, este proceso era muy importante. De hecho, la comida sustituía el discurso de un político.

Así, el miso, el arroz, los pepinillos y adobos tradicionales japoneses desempeñaban un papel tan secundario como las exquisiteces.

Sin embargo, 90 días es mucho tiempo. Así pues, en la segunda mitad de este período, las verduras secas y los alimentos enlatados constituían la mayor parte de la dieta de los marineros japoneses. Las verduras enlatadas no eran populares, con la excepción de las batatas enlatadas, que no solo eran comestibles, sino también sabrosas.

La carne enlatada japonesa también tenía un sabor muy particular. La gran cantidad de salsa de soja, jengibre y azúcar que se añadía durante el enlatado las hacía únicas, pero se volvían aburridas rápidamente.

Cuando las tripulaciones de los submarinos se encontraban en condiciones difíciles, como tormentas o altas temperaturas en los trópicos, la gente a menudo perdía el apetito. Esto ya se mencionó en la historia sobre nuestros submarinistas; los japoneses no eran la excepción. Es cierto que con el calor simplemente cambiaban a arroz y té, sin probar exquisiteces.

Ejemplos de un menú no bélico, 1940. Submarino S-65, patrullando el Océano Índico

1.07.
Desayuno: sopa de soja (concentrado de soja, queso de soja, berenjena, ivasi seco), zumo de limón con hielo y leche condensada, limonada, arroz con cebada perlada.
Almuerzo: carne guisada con patatas, piña enlatada, cacao con leche condensada, agua dulce con hielo, pan blanco con mermelada.
Cena: ivasi enlatado con champiñones marinados, agua dulce con hielo, una porción de alcohol (ron), arroz con cebada perlada.
Vigilia: sopa de fideos de trigo con champiñones.

2.07.
Desayuno: sopa de soja, zumo de limón con hielo y leche condensada, limonada, arroz con cebada perlada.
Almuerzo: carne guisada con patatas, mostaza, níspero enlatado, piña enlatada, cacao con leche condensada, agua dulce con hielo, pan blanco con mermelada.
Cena: trucha enlatada con patatas, una porción de alcohol (ron), arroz con cebada perlada e ivasi.
Vigilia: sopa de arroz con verduras.

12.08.
Desayuno: sopa de soya, jugo de limón con leche condensada, hielo, limonada, arroz blanco.
Almuerzo: estofado dulce, verduras enlatadas, pescado seco, piña enlatada, agua dulce con hielo, arroz blanco.
Cena: estofado dulce, sandía, chocolate con leche condensada, agua dulce con hielo, una porción de alcohol (ron), pan blanco, azúcar refinada.
Vigilancia nocturna: carne enlatada.

A modo de comparación: raciones para buques de superficie. Acorazado Nagato, buque insignia de la Armada Imperial.



24.05.

Desayuno: sopa de soja (concentrado de soja, queso de soja, cebolla, escamas de pescado), rábano, marinada de soja, arroz con cebada perlada, té verde.
Almuerzo: curry (ternera, boniato, rábano, cebolla, curry en polvo), rábano, marinada de soja, arroz con cebada perlada, té verde.
Cena: caballa frita, salsa picante, rábano encurtido, arroz con cebada perlada, té verde.

25.05.
Desayuno: sopa de soja, verduras encurtidas, arroz con cebada perlada, té verde.
Almuerzo: estofado (carne guisada, cebolla, berenjena), pan blanco, azúcar refinado, té verde.
Cena: pescado hervido con raíz de loto, chucrut, arroz con cebada perlada, té verde.

26.05.
Desayuno: sopa de soja, encurtidos de soja, arroz con cebada perlada, té verde. Almuerzo:
sopa de carne (ternera, cebolla, berenjena), pan blanco, mantequilla, azúcar refinado, té verde.
Cena: atún hervido con cebolla frita, pepinillos, arroz con cebada perlada y té verde.

27.5.1930 (domingo).
Desayuno: sopa de soja, chucrut chino, arroz con cebada perlada y té verde.
Almuerzo: sopa de pescado (hojuelas de pescado, queso de soja y cebolla), pepinillos, pilaf dulce (arroz con cebada perlada, ternera, boniato, calabaza, champiñones, judías y azúcar refinada), té verde.
Cena: sopa de soja con atún, pepinillos, arroz con cebada perlada y té verde.

Como puede observar, las raciones de los buques de superficie eran notablemente diferentes a las de los submarinistas. A favor de estos últimos. Es evidente que las bebidas dulces y el azúcar eran una forma de incentivo. A los submarinistas se les daban dulces con bastante frecuencia, pero en los buques de superficie esto no ocurría con la frecuencia que el personal hubiera deseado. En general, los japoneses no están malcriados por el azúcar, incluso ahora, así que en aquellos tiempos era un incentivo o una ración suplementaria.

¿Qué más se puede decir de la dieta de los submarinistas japoneses?


Hoy en día, la sopa de miso se suele hacer con caldo de pollo. Es difícil determinar cuáles eran las normas militares en aquella época: caldo o solo agua. Lo más probable es que fuera agua con todos los demás aditivos. Es bueno que se puedan añadir muchas cosas al miso, lo importante es que combinen bien. ¿

Queso de soja o cuajada de soja? Pues sí, tofu. Es difícil decir qué es, pero es tofu. Ya hemos dejado de descifrarlo como queso de soja o cuajada, y con razón. Tenemos un plato así: los syrniki. Que, por alguna razón, están hechos de cuajada. Y todo porque el plato es ucraniano, y a lo que nosotros llamamos cuajada, ellos lo llaman queso. Y aquí tienes los syrniki. Pregunten, ¿cómo se llama nuestro queso normal? ¡Simplemente, queso duro! Y lo mismo ocurre con el tofu.

Los barcos llevaban mucho tofu, ya que se usa en muchos platos, pero sobre todo tofu enlatado. Afortunadamente, este sustrato incomprensible se puede marinar, salar, secar; en general, se puede usar hasta el cansancio.

Yamatoni. Un atributo esencial de la cocina japonesa. Es un guiso, pero dulce. El yamatoni es esencialmente un guiso normal de vaca, cerdo, pollo, conejo, ballena y foca, muy aderezado con salsa de soja, jengibre y azúcar.

No había mucha carne por estómago: 180 gramos al día. Pero si consideramos lo cara que es la carne en Japón, entonces sí, los submarinistas recibían el más alto nivel de servicio en este aspecto.

Por cierto, el arroz con cebada perlada en una proporción de 7/3, como en los barcos de la Armada Imperial, es el alimento principal en las cárceles japonesas hoy en día. Y hace 90 años, la élite de los acorazados se alimentaba de esta manera. Considerando que en tiempos difíciles, la proporción de arroz y cebada para la gente común era de 3/7, o incluso de 2/8, la situación, por el contrario, solo podía generar emociones positivas en quienes terminaban en la marina.

Al final 




Un desequilibrio muy interesante en términos de habitabilidad en comparación con la flota de superficie. En casi todas las revisiones y comparaciones, los buques de la Armada Imperial Japonesa no presentaban una buena imagen en comparación con los buques de otros países que participaron en la Segunda Guerra Mundial. Se observó la escasez de espacio para la tripulación y la falta de metros cuadrados por tripulante.

Un ejemplo son los destructores japoneses, que contaban con un alcance impresionante y excelentes características de navegación, pero la tripulación, por ejemplo, solía comer en los pasillos debido a la falta de espacio en los camarotes. ¿Qué podemos decir si, con un desplazamiento estándar de 2700 toneladas, el destructor de 143 metros del tipo Akizuki tenía una tripulación de 263 personas? A modo de comparación: 200 personas sirven en un destructor moderno Akizuki. Y esto a pesar de que el Akizuki moderno tiene el doble de desplazamiento de 5000 toneladas y es mayor (eslora: 150 m frente a 143 m y manga: 18,3 m frente a 11,2 m). Es fácil imaginar la situación en la que se encontraban los marineros japoneses a bordo de los destructores durante aquella guerra.

Ni siquiera consideramos el atraso general de los buques japoneses en cuanto a, como dirían ahora, equipamiento de alta tecnología. La debilidad y la poca fiabilidad de los radares japoneses son bien conocidas, así como el hecho de que no podían utilizarse para guiar la artillería basándose en sus datos. En este

contexto, los submarinos parecían tecnológicamente avanzados y más modernos. Y las condiciones de vida a bordo de los submarinos de la Armada Imperial eran incomparables con las de los principales buques de superficie.

En total, los submarinos japoneses hundieron 194 buques y embarcaciones con un tonelaje total de 963 TRB, incluyendo 761 portaaviones, 2 portaaviones de escolta, 1 crucero pesado, 1 crucero ligero y 1 destructor. De esta cifra, 12 buques (73 TRB) se hundieron en el océano Pacífico y 353 buques (475 TRB) en el océano Índico.

Considerando que Japón comenzó la guerra con 63 submarinos de todo tipo, este es un resultado considerable. Se podría calcular la dependencia de la buena alimentación y proyectarla sobre el resultado, pero no es necesario. Los submarinos japoneses eran buques muy avanzados, cuyas condiciones de servicio eran muy diferentes a las de otras clases de buques de la Armada Imperial.

lunes, 9 de febrero de 2026

SSK: El olor de habitar un submarino

¡¡¡Los submarinos tienen un olor característico!!! 🤢🥵






Cuando los submarinos nucleares están en el mar, la mayoría de las veces permanecen sumergidos en una atmósfera sellada.  Parte del sistema elimina el dióxido de carbono (CO2) para evitar una acumulación fatal.  Los submarinos utilizan para esto una sustancia química llamada amina.  Cuando está fría, la amina absorbe CO2, y cuando está caliente, lo libera.  La amina pasa por una máquina llamada depurador de CO2, que calienta y enfría el CO2, empujándolo hacia el océano para mantener el aire respirable.
Este sistema es muy efectivo, pero el inconveniente es que la amina le da al aire un olor bastante “único”.  Este olor impregna cada parte del submarino, incluida la ropa y la piel de la tripulación.

Además del olor a amina, las tripulaciones de los submarinos están expuestas a olores de cocina, vapores de aceite hidráulico, gases de escape de diésel, ventilación de los tanques sanitarios y el olor de un gran número de personas confinadas.  Los interiores se vuelven bastante fragantes.  Los miembros de la tripulación se acostumbran y finalmente no lo notan, pero los demás sí.

Una vez, cuando estaba en un submarino, volé a casa de vacaciones vestido de civil.  En el avión, una señora mayor a mi lado me preguntó: “¿Estás en submarinos?”  Sorprendido, respondí: “Sí, ¿cómo lo supiste?”  Ella dijo: “Mi marido estuvo en submarinos.  Nunca olvidaré el olor.”



Historia basada en una publicación de Quora
Créditos de la fotografía: Foto USN n.° N-0780F-070, cortesía de Paul Farley.
Créditos de la fotografía: Foto USN n.° N-0780F-001, del Sr.  Paul Farley, cortesía de noticias .navy .mil.

jueves, 25 de febrero de 2021

SGM: Ases de submarinos alemanes (2/2)

Ases de U-Boot

Parte I || Parte II
W&W




Con Noruega conquistada y los torpedos corriendo y explotando cuando se suponía que debían hacerlo nuevamente, Doenitz envió sus submarinos de regreso al Atlántico Norte. Los dividió en dos grupos de batalla: Prien y Roesing. Prien recibió la tarea de atacar un convoy de Halifax, que regresaba a casa. Junio de 1940 fue uno de los mejores meses de Alemania en la guerra naval. La marina y la Luftwaffe se combinaron para hundir 140 buques mercantes, un total de 585 496 toneladas. Prien solo representó más del 10 por ciento del total. Disparó todos sus torpedos y hundió 66.587 toneladas de envío, incluido el Amndom Stat de 15.501 toneladas. El segundo as de los submarinos ese mes fue el teniente Engelbert Endrass, quien hundió 54.000 toneladas de barcos enemigos. Endrass había sido el segundo al mando de Prien en Scapa Flow.

 

 Kapitänleutnant Prien. Desde Bundesarchiv - CC BY-SA 3.0 de

 De junio a octubre de 1940 fue el período de los ases de los submarinos: Prien, Kretschmer, Endrass y otros. Prien fue el primero en recibir el crédito de hundir más de 200.000 toneladas de barcos aliados y fue el quinto oficial alemán en ser condecorado con las Hojas de Roble a la Cruz de Caballero. (Después de la guerra, cuando fue posible calcular los totales reales en lugar de los estimados, las cifras de Prien se redujeron a 160.939 toneladas). Pronto fue superado por Otto Kretschmer del U-99, quien se convertiría en el principal as de los submarinos. de la guerra, hundiendo 44 barcos (266,629 toneladas). Era la era de las tácticas de la "manada de lobos", de ataques concentrados de grupos enteros de submarinos. En la noche del 17 al 18 de octubre, Prien lideró otros tres barcos en un ataque de manada de lobos contra un convoy británico. El esfuerzo conjunto, realizado a corta distancia, resultó en el hundimiento de ocho barcos aliados más. No hubo pérdidas de submarinos. Las patrullas de Prien en el invierno de 1940-1941 tuvieron menos éxito debido a los vendavales, tormentas y poca visibilidad normales del Atlántico norte. Incluso cuando se avistaba un objetivo, era difícil realizar un disparo. Mientras tanto, los británicos avanzaron gradualmente en el campo de la guerra tecnológica en el mar. Desarrollaron un radar ASV y comenzaron a entrenar sistemáticamente a los comandantes de escolta y a equipar los bombarderos del Comando Costero con cargas de profundidad, en lugar de las bombas hasta ahora ineficaces. Además, la tensión de este tipo intensivo de guerra comenzaba a afectar a las tripulaciones y comandantes de los submarinos. Sin embargo, nadie informó haber detectado alguna evidencia de tensión o presión en el rostro de Guenther Prien. Ahora operando desde Lorient, esperaba con ansias cada nueva misión, aunque todavía disfrutaba de la fiesta y bebiendo cerveza con sus compañeros. A finales de enero de 1941, llevó al teniente Wolfgang Frank, sus oficiales y dos guardiamarinas con él en una de sus excursiones al interior de Francia, donde cenaron en un pequeño pueblo en una posada regentada por una anciana bretona famosa por su cocina. . Los submarinistas consumían botella tras botella, mientras Prien los obsequiaba con historias divertidas sobre aventuras en yates, barcos mercantes y submarinos. Frank recordó que estaba "lleno de un entusiasmo apasionado por volver a estar en acción". Al día siguiente, justo antes de partir, estrechó la mano de Frank. “Esta vez va a ser un buen viaje”, dijo. "Lo puedo sentir en mis huesos."

Después de recibir flores de una admiradora francesa, Guenther Prien comenzó su décima patrulla en tiempos de guerra. Sin embargo, no era como en los viejos tiempos. El 8 de marzo, seis semanas después de hacerse a la mar, Prien dirigió un ataque contra el Convoy OB-293, con destino al exterior de Liverpool a Halifax. La batalla tuvo lugar al sur de Islandia. Los submarinos hundieron dos buques mercantes, pero sus propias pérdidas fueron devastadoras. El submarino de Hans Eckermann estaba tan dañado que se vio obligado a abandonar la batalla y regresar cojeando a Lorient, lo que pudo hacer en medio de la confusión general. Luego, el U-70 fue llevado a la superficie mediante cargas de profundidad desde dos corbetas, donde fue hundido por su capitán, el teniente comandante Joachim Matz. Incluso el U-99 al mando de Otto Kretschmer fue expulsado por la fuerte escolta del OB-293, que estaba dirigida por el comandante James Rowland en el destructor de la Primera Guerra Mundial Wolverine. Pero el temible Guenther Prien persistió en el ataque, hundiendo a su 28º mercante en el proceso. En mares fuertes y clima denso, atacó de nuevo al anochecer del 8 de marzo, penetrando la pantalla de escolta en una ráfaga de lluvia. Entonces, de repente, la suerte de Prien lo abandonó. Antes de que pudiera disparar, la tormenta se disipó, el cielo nublado se rompió y el U-47 se encontró bajo la luz del sol, a la vista del Wolverine. Prien se zambulló de inmediato, pero el Wolverine reaccionó con la misma rapidez lanzando un patrón de cargas de profundidad. A ese rango, con el U-47 ya captado por el asdic (sonar) de Rowland, difícilmente podrían fallar. El U-47 resultó gravemente dañado y el Wolverine recogió el traqueteo de los ejes de las hélices desalineados. Prien permaneció bajo el agua hasta el anochecer, cuando volvió a salir a la superficie, a una milla del lugar del ataque original de Rowland. El Wolverine se le echó encima de inmediato. Prien se hundió de nuevo, por última vez. Esta vez las cargas de profundidad volaron al U-47. Unos minutos más tarde, trozos de escombros salieron a la superficie, la señal segura de una "muerte". No hubo supervivientes.

Durante algún tiempo, OKM ocultó las noticias a la nación y los familiares con la débil esperanza de que el prolongado silencio de Prien se debiera a la falla de su transmisor inalámbrico. A principios de abril, sin embargo, Doenitz y su personal perdieron toda esperanza. Doenitz y Raeder presionaron luego para que se anunciara públicamente la muerte de Prien, pero el Cuartel General del Führer no daría la noticia hasta el 23 de mayo. Prien fue ascendido póstumamente a comandante en jefe por su valentía en acción.

Prien fue un héroe para el pueblo alemán que comenzaron a circular varios rumores increíbles sobre su muerte. Prien y su tripulación se habían amotinado y habían sido enviados a un batallón de trabajos penales en el frente ruso; Prien y sus hombres fueron enviados a un batallón penal por hacer afirmaciones falsas y exageradas de tonelaje hundido; Prien se había negado a hacerse a la mar en un barco no apto para navegar, por lo que Doenitz lo sometió a un consejo de guerra y lo enviaron a un campo de concentración en Esterwegen. Aquí, según una historia, murió de hambre. Según otra versión, fue ejecutado por un pelotón de fusilamiento poco antes de que llegaran los aliados. Lo más increíble es que Prien había tenido un accidente y se había ahogado ... ¡en su bañera! Cuando se trata de historias tan extrañas y raras, el caso de Prien no es el único. Se escucharon historias similares sobre otros comandantes de submarinos, generales y ases de la Luftwaffe que estaban desaparecidos en acción. De manera similar, los cuentos imaginativos ganan popularidad incluso hoy en día, especialmente aquellos sobre cantantes de rock and roll fallecidos y otros ídolos de la cultura pop. El Toro de Scapa Flow murió en acción contra su enemigo en el Atlántico Norte el 8 de marzo de 1941. Murió exactamente como había vivido.


Joachim Schepke

Prien no fue el único as de submarinos perdido en marzo de 1941. El 17 de marzo, el U-100 al mando del teniente Joachim Schepke resultó dañado durante un ataque al Convoy HX-112. Mientras se alejaba cojeando, el submarino que salió a la superficie fue avistado por un radar británico recientemente desarrollado y embestido por el destructor Vanoc. Schepke, que había hundido 39 barcos aliados (159.130 toneladas), estaba en la torre de mando cuando el Vanoc golpeó y murió aplastado por la proa del destructor. Hubo pocos supervivientes. Schepke, que había nacido en Flensburg el 8 de marzo de 1912, poseía la Cruz de Caballero con Hojas de Roble.



Otto Kretschmer

Más tarde, el 17 de marzo de 1941, la misma noche en la que murió Joachim Schepke, el destructor británico Walker avistó al U-99 con su dispositivo asdic. La escolta llevó el submarino a la superficie con cargas de profundidad y, con la ayuda del Vanoc, hundió el buque alemán a tiros. Entre los prisioneros sacados del océano se encontraba el teniente comandante Otto Kretschmer, el principal as de submarinos de la Segunda Guerra Mundial. Se le atribuye el hundimiento de 47 barcos, que desplazaron 274,333 toneladas, incluido un destructor británico. Otto Kretschmer había nacido en Heidau, Silesia, cerca de Liegnitz (ahora Legnica, Polonia) el 1 de mayo de 1902. A los 17 años, pasó casi un año en el Reino Unido, donde aprendió a hablar inglés con fluidez. Entró en el servicio como cadete de mar en abril de 1930 y sirvió a bordo de los cruceros ligeros Emden y Koeln, antes de trasladarse a la rama de submarinos en enero de 1936. Asumió el mando del U-35 en 1937 y operó frente a las costas españolas. aunque no hundió ningún buque en la Guerra Civil Española. Posteriormente comandó el U-23 (un submarino costero) y el U-99.

Kretschmer era conocido como Silent Otto por su uso de tácticas de “carrera silenciosa” (incluyendo aproximaciones lentas, que minimizaban el ruido de la hélice) y porque no le gustaba transmitir mensajes de radio mientras patrullaba. También era conocido por su lema "Un torpedo, un barco".

Silent Otto era un oponente caballeroso y, en los días previos a los convoyes y las manadas de lobos, obligó a los barcos mercantes solitarios a rendirse. Metió a las tripulaciones en botes salvavidas, les proporcionó mantas y bebidas alcohólicas, y les dio una brújula y el rumbo a la tierra más cercana.

Comandante de submarinos desde el comienzo de la guerra, hundió ocho barcos, por un total de 50.000 toneladas, en una sola patrulla en el verano de 1940 y el Gran Almirante Raeder le concedió la Cruz de Caballero en el puerto de Lorient. Irónicamente, su Cruz de Caballero con Hojas de Roble y Espadas le fue entregada por el comandante del campo de prisioneros en Bowmanville, Canadá. El 17 de marzo de 1941, se vio obligado a salir a la superficie después de que repetidas cargas de profundidad dañaron su barco. Se encontró en medio de un convoy británico y se vio obligado a hundir el U-99. Pasó el resto de la guerra en campos de prisioneros de guerra.

Después de la guerra, se casó con la Dra. Luise-Charlotte Mohnsen-Hinrich (de soltera Bruns), una viuda de guerra. Se unió a la Armada de Alemania Occidental en 1955 y se retiró en 1970 como contralmirante, grado junior (Flotillenadmiral). Él y su esposa celebraron su 50 aniversario de bodas en 1998 tomando un crucero por el Danubio. Aquí Kretschmer intentó subir una escalera, como lo había hecho miles de veces antes. Esta vez, sin embargo, resbaló, cayó y se golpeó la cabeza. El Silencioso Otto nunca recuperó la conciencia. Murió en un hospital de Straubing, Baviera, el 5 de agosto de 1998.


Wolfgang Lueth

El miembro más condecorado del brazo de submarinos fue el capitán Wolfgang Lueth, poseedor de la Cruz de Caballero con hojas de roble, espadas y diamantes. Nacido cerca de Rita en Estonia el 15 de octubre de 1913, se unió a la Armada alemana a mediados de la década de 1930, recibió el mando de su primer submarino (U-138) en enero de 1940 y, como Oberleutnant zur See, recibió su Cruz de Caballero. el 24 de octubre de 1940, por hundir 49.000 toneladas de buques enemigos en 27 días.50 Más tarde, comandó el U-43 y el U-181. Para cuando dejó su último comando submarino en noviembre de 1943, había hundido 43 barcos, con un total de 225,712 toneladas, lo que lo convirtió en el as de submarinos número dos de la Segunda Guerra Mundial. También había hundido un submarino aliado. En agosto de 1944, Lueth fue ascendido a Kapitaen zur See y nombrado comandante de la Escuela Naval de Muerwik / Flensburg, que se convirtió en la última sede del gobierno de la Alemania nazi, bajo Doenitz. Un centinela alemán lo mató a tiros el 14 de mayo de 1945, después de que terminó la guerra, pero antes de que se disolviera el gobierno de Doenitz. El capitán Lueth fue enterrado en Flensburg el 16 de mayo, con todos los honores militares, el último funeral de este tipo en la historia del Tercer Reich. El consejo de guerra posterior absolvió al centinela: después de ser desafiado, Lueth le había dado la contraseña incorrecta.



Erich Topp [izquierda]

El tercer as de los submarinos fue el comandante Erich Topp, capitán del U-57, U-552 y U-2513. Originario de Hannover, nació el 2 de julio de 1914 y se incorporó a la marina en 1934. Fue comandante del U-57 del 5 de junio al 3 de septiembre de 1940, cuando se hundió en una colisión con un barco noruego. Mientras tanto, había hundido seis barcos enemigos. En diciembre de 1940, Topp recibió un segundo mando: el U-552. Entre julio de 1940 y agosto de 1942, hundió otros 29 buques mercantes aliados y elevó su total a 197.460 toneladas. Fue galardonado con las espadas a su Cruz de Caballero con hojas de roble el 17 de agosto de 1942.

Topp desató un incidente internacional el 31 de octubre de 1941, cuando hundió el destructor estadounidense Reuben James, el primer buque naval estadounidense hundido en la Segunda Guerra Mundial. El presidente de los Estados Unidos, Franklin D. Roosevelt, lo atacó verbalmente de inmediato en su famoso discurso sobre las "serpientes de cascabel del mar". Algunos observadores pensaron que Roosevelt estaba a punto de utilizar el incidente para pedir al Congreso una declaración de guerra contra Alemania, pero no lo hizo. Las razones eran simples: Roosevelt “olvidó” mencionar que el Reuben James estaba escoltando a un convoy británico en ese momento, no enarbolaba la bandera estadounidense y estaba en una carrera de carga de profundidad contra otro submarino cuando navegó frente a Periscopio de Topp. Uno de los torpedos voló toda la proa y detonó el cargador. Se hundió instantáneamente. Muchos de los 115 marineros estadounidenses que murieron murieron cuando detonaron sus propias cargas de profundidad. Solo 44 sobrevivieron. Es significativo que Topp ni siquiera haya sido acusado como criminal de guerra por el incidente, y mucho menos condenado.

Años más tarde, en un banquete, el almirante Topp conoció a un sobreviviente, quien le describió lo espantoso del incidente y cómo fue quedarse flotando en el aceite en llamas, luchando por su vida. Erich Topp estaba tan consternado y horrorizado por esta conversación que se negó a volver a hablar del asunto.

Topp estuvo al mando del U-552 hasta octubre de 1942, cuando asumió el mando de la 27a flotilla de submarinos en Gotenhafen, Prusia Oriental (ahora Gdynia, Polonia). Aquí ayudó a desarrollar el submarino XXI Elektro, que llegó demasiado tarde para ayudar al Tercer Reich. Topp tomó el mando personal del U-2513 en los últimos días de la guerra y lo navegó hasta Horten, Noruega, donde lo entregó a los aliados occidentales.

Después de la guerra, Topp se convirtió en pescador y tuvo una segunda carrera como arquitecto en Remegen. Se unió a la Armada de Alemania Occidental cuando se formó en 1955 y se retiró como Konteradmiral (almirante de dos estrellas) en 1969. Durante muchos años a partir de entonces, visitó Texas cada Navidad para visitar a su hija y nietos. Murió en Suessen el 26 de diciembre de 2005. Tenía 91 años.



Engelbert Endrass

Engelbert Endrass, que nació en Bamberg el 2 de marzo de 1911, fue oficial de guardia de Prien y segundo al mando en Scapa Flow. Poco después, se le dio el mando de su propio submarino (U-46) y se convirtió en uno de los principales as de los submarinos, ascendiendo al rango de teniente comandante y hundiendo 22 barcos (128,879 toneladas). Como comandante del U-567 murió en acción el 26 de diciembre de 1941, mientras intentaba hundir el portaaviones británico Audacity. Cargado de profundidad por buques de escolta, el U-567 desapareció al noreste de las Azores. No hubo supervivientes.



Lothar Von Arnauld De La Periere

El principal as de submarinos de todos los tiempos fue Lothar Von Arnauld De La Periere. Su familia era francesa hasta 1757, cuando su bisabuelo, un teniente de artillería de 26 años, derribó a un príncipe de la Casa de Borbón en un duelo y huyó del país un paso por delante de la policía. Jean-Gabriel Arnauld de la Periere luego se unió al ejército de Federico el Grande y ascendió al rango de general de pleno derecho. Los Arnauld sirvieron a Prusia y Alemania desde entonces.

Lothar nació en Posen, Prusia (ahora Poznan, Polonia), el 18 de marzo de 1886. Asistió a las escuelas de cadetes en Wahlstatt y Gross-Lichterfelde, y se unió a la Armada Imperial en 1903. Después de ocho años de servicio en tres acorazados diferentes, Arnault se convirtió en oficial de torpedos a bordo del crucero ligero Emden en 1911. Después de eso, fue ayudante del almirante Hugo von Pohl, el jefe del Estado Mayor del Almirantazgo y uno de los primeros defensores del desarrollo de los submarinos y la guerra submarina sin restricciones. Arnauld se trasladó a la rama de submarinos en 1915 y asumió el mando del U-35 en noviembre. Hundió un récord de 194 barcos (453,716 toneladas brutas registradas) durante la Primera Guerra Mundial y recibió el Pour le Merite en 1916.

La mayoría de las "muertes" de Arnauld no fueron dramáticas. Detendría un buque mercante, inspeccionaría sus papeles, permitiría a la tripulación subir a los botes salvavidas y luego lo hundiría con su cañón de cubierta de 88 mm. A veces, este procedimiento no resultó práctico. Arnauld disparó un total de 74 torpedos durante la guerra y anotó 39 impactos.

Arnauld permaneció en la marina durante la era de Weimar, donde se desempeñó como oficial de navegación en viejos pre-dreadnoughts y como comandante del Emden (1928-1930). Ascendido a capitán, se retiró en 1931 y luego enseñó en la Academia Naval de Turquía de 1932 a 1938. También se unió brevemente a un partido político antinazi a principios de la década de 1930.

El capitán von Arnauld fue llamado al servicio activo cuando comenzó la Segunda Guerra Mundial. Ascendido a contraalmirante el 1 de junio de 1940, fue plenipotenciario naval de Danzig y el corredor polaco (septiembre de 1939-marzo de 1940). Se convirtió en comandante naval, Bélgica-Holanda (mayo-junio de 1940); Comandante naval, Bretaña (junio-diciembre de 1940); y Comandante Naval, Oeste de Francia (diciembre de 1940 a febrero de 1941). Fue ascendido a vicealmirante el 1 de febrero de 1941.

El almirante von Arnauld fue nombrado comandante naval sur el 19 de febrero de 1941. Se dirigía a su nuevo mando cuando murió en un accidente de avión en el aeropuerto de París-Le Bourget el 24 de febrero. Está enterrado en el Invalidenfriedhof (el alemán cementerio nacional) en Berlín.