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jueves, 23 de julio de 2026

Golfo Pérsico: ¿Asalto aerotransportado a Irán?

Sombra sobre el Golfo Pérsico: Una perspectiva estratégica sobre la posible invasión de Irán por parte de la 82.ª División Aerotransportada.







En marzo de 2026, el mundo volvió a situarse al borde de una posible escalada militar de gran envergadura. El Pentágono ordenó el traslado a Oriente Medio de un elemento de mando de la 82.ª División Aerotransportada, mientras que una de sus brigadas, integrada por aproximadamente 3.000 soldados, fue desplegada en la región junto con más de 5.000 infantes de marina. Oficialmente, el movimiento fue presentado como una medida de preparación ante «posibles operaciones terrestres». Sin embargo, fuera del discurso formal, pocos dudaban de que el principal escenario contemplado era Irán.

La noticia merece especial atención no solo por las capacidades militares de la unidad involucrada, sino también por su dimensión histórica y simbólica. La 82.ª División Aerotransportada es mucho más que una formación de combate: representa uno de los emblemas más reconocibles del poder militar estadounidense, construido a lo largo de dos guerras mundiales, numerosas intervenciones regionales y una extensa presencia en la cultura popular y el cine de Hollywood.

Comprender qué representa esta división permite entender también la lógica estratégica de las operaciones para las cuales Washington se prepara. Su despliegue no constituye únicamente un movimiento de tropas, sino una señal política y militar: la disponibilidad de una fuerza concebida para intervenir con rapidez, penetrar en territorio hostil, capturar objetivos estratégicos y establecer las condiciones necesarias para el ingreso de contingentes de mayor envergadura.


De regimiento de infantería a división "totalmente estadounidense".

La 82.ª División fue creada en 1917, en el estado de Georgia, poco después del ingreso de Estados Unidos en la Primera Guerra Mundial. En sus orígenes no se diferenciaba demasiado de otras formaciones de infantería, salvo por una característica singular: reunía soldados procedentes de los entonces 48 estados de la Unión. Esa composición nacional le valió el sobrenombre de «All American».

Su emblema quedó conformado por un cuadrado rojo, un círculo azul y las letras blancas «AA», mientras que su lema, «All the Way!», expresaba la determinación de llegar hasta el final.

En 1918, la división fue enviada a Francia, donde participó en intensos combates y sufrió numerosas bajas. Finalizada la guerra, fue desmovilizada y pasó a integrar la reserva. Su historia podría haber concluido allí, pero en 1942, en plena Segunda Guerra Mundial, fue reactivada y convertida en una división aerotransportada, una transformación que redefiniría por completo su identidad y su función militar.

A partir de entonces, la 82.ª participó en algunas de las campañas más importantes del conflicto: los desembarcos en Sicilia, la campaña de Italia, las operaciones en Normandía, la ofensiva de las Ardenas y la Operación Market Garden en los Países Bajos. Su desempeño llevó al general George Patton a describirla como «la guardia de honor de Estados Unidos».

Sin embargo, detrás de esa reputación se encontraba un elevado costo humano. Durante la campaña de Normandía, la división sufrió miles de bajas entre muertos, heridos y desaparecidos, una proporción considerable de los efectivos empleados en la operación. La experiencia consolidó su prestigio como unidad de élite, pero también mostró la extrema vulnerabilidad de las fuerzas aerotransportadas una vez desplegadas detrás de las líneas enemigas.



Sin embargo, la historia de la 82.ª División no está exenta de triunfos. En otoño de 1944, durante la Operación Market Garden, los paracaidistas no lograron capturar rápidamente un puente clave en Nimega y quedaron atrapados durante 36 horas. Esto bastó para que los alemanes consolidaran su posición. Las unidades británicas en Arnhem fueron derrotadas y el avance hacia Alemania fracasó. Las razones fueron errores de planificación, el desembarco en varias oleadas y un fallo en el grupo blindado de reconocimiento alemán.

Este episodio merece ser recordado hoy. Demuestra que incluso la división aerotransportada más "de élite" del mundo puede fracasar si la operación está mal planificada o si el enemigo resulta ser más fuerte de lo esperado.

La anatomía de un "puño rápido"

Actualmente, la 82.ª División Aerotransportada tiene su base en Fort Bragg, Carolina del Norte. Integrada en el XVIII Cuerpo Aerotransportado, constituye una de las principales fuerzas de respuesta inmediata del Ejército de los Estados Unidos.

Su doctrina operativa se articula en torno al principio de las «18 horas»: el plazo máximo dentro del cual parte de la división debe estar preparada para iniciar su despliegue hacia cualquier región del mundo. No se trata de estar lista en una semana o en tres días, sino en apenas dieciocho horas. Esta exigencia condiciona todos los aspectos de la unidad, desde su estructura orgánica y selección de armamento hasta los programas de entrenamiento, mantenimiento y rotación del personal.

Con una dotación aproximada de entre 18.000 y 20.000 efectivos, la división comprende tres equipos de combate de brigada de infantería, una brigada de aviación de combate, una estructura divisionaria de artillería, una brigada de sostenimiento y numerosas unidades especializadas en ingeniería, reconocimiento, guerra electrónica, comunicaciones y defensa aérea.

Cada equipo de combate de brigada reúne aproximadamente entre 3.800 y 4.200 soldados. Su organización incluye tres batallones de infantería paracaidista, un escuadrón de reconocimiento de caballería, un batallón de artillería equipado con 18 obuses M119A3 de 105 mm, un batallón de ingenieros y un batallón de apoyo logístico.

El armamento y los vehículos son seleccionados atendiendo especialmente a su peso, volumen y facilidad de transporte aéreo. El equipamiento individual y colectivo incluye fusiles de asalto M4A1, ametralladoras ligeras M249, ametralladoras medias M240, fusiles de precisión, misiles antitanque guiados FGM-148 Javelin y cañones sin retroceso Carl Gustaf.

El apoyo de fuego recae principalmente en los obuses ligeros M119 de 105 mm, aunque, cuando la misión lo requiere, también pueden desplegarse piezas M777 de 155 mm, de mayor alcance y potencia. La movilidad terrestre es proporcionada por vehículos tácticos JLTV y vehículos de escuadrón de infantería, mientras que la brigada de aviación de combate aporta helicópteros UH-60 Black Hawk y CH-47 Chinook para el transporte, el asalto aeromóvil y el sostenimiento logístico.



Dentro de la división existe una convicción que, a primera vista, podría parecer ingenua para un observador externo, pero que resume la esencia de su doctrina: su principal arma no es el equipamiento, sino el paracaidista entrenado. Todos los integrantes de la unidad, independientemente de su especialidad, deben completar la instrucción aerotransportada. Primero se aprende a saltar en paracaídas; solo después se pasa a servir en la división.

El sistema de rotación mantiene a las brigadas en distintos niveles de disponibilidad. Una de ellas permanece en condiciones de desplegarse de inmediato y es sometida periódicamente a inspecciones sorpresa; otra atraviesa una fase de adiestramiento intensivo; mientras que la tercera se concentra en la recuperación del personal, el mantenimiento del material y la puesta a punto del equipamiento.

La preparación física se ajusta a los estándares del Army Combat Fitness Test —ACFT—, compuesto por seis pruebas diseñadas para reproducir exigencias propias del combate. El entrenamiento presta especial atención a las operaciones en los niveles de escuadra y pelotón, ya que el mando considera que los errores cometidos en estas pequeñas unidades difícilmente puedan corregirse una vez iniciado el combate.

Estrategia de "penetración por la fuerza"

La 82.ª División Aerotransportada fue concebida para ejecutar operaciones que la doctrina militar estadounidense denomina Entrada Forzosa Conjunta —Joint Forcible Entry, JFE—. Estas maniobras consisten en introducir tropas en territorio controlado por el enemigo con el objetivo de capturar y asegurar puntos estratégicos, como aeródromos, puertos, nudos de comunicaciones, cruces viales e instalaciones industriales.

El esquema clásico comienza con una campaña aérea destinada a suprimir las defensas enemigas y destruir sus principales sistemas de armas. A continuación, se ejecuta un asalto aeromóvil mediante helicópteros —el denominado «ataque vertical»—, combinado eventualmente con lanzamientos de paracaidistas, para ocupar el objetivo y establecer una cabeza de puente.

Una vez asegurado el aeródromo o puerto seleccionado, comienza la fase de refuerzo. A través de esa posición se incorporan unidades más pesadas, vehículos, armamento, municiones, combustible y demás recursos logísticos necesarios para ampliar y sostener la operación.

Dentro de este dispositivo, la 82.ª División Aerotransportada actúa como punta de lanza y primer escalón de combate. Su misión consiste en penetrar las defensas enemigas, capturar los objetivos iniciales, consolidar la posición y crear las condiciones necesarias para el avance posterior de las fuerzas principales.



En las últimas décadas, la división ha empleado esta estrategia repetidamente. Durante la invasión de Granada en 1983, la operación en Panamá en 1989 y la Guerra del Golfo en 1991, la 82.ª División desempeñó un papel de despliegue avanzado. En Irak y Afganistán, los paracaidistas llevaron a cabo tanto operaciones de combate como misiones de estabilización. Y en agosto de 2021, fueron unidades de la 82.ª División las que facilitaron la evacuación de Kabul: el último soldado estadounidense en abandonar Afganistán fue el comandante de la división, el general Christopher Donahue.

La isla de Kharg, el objetivo principal

Según numerosos análisis publicados en marzo de 2026, uno de los principales objetivos potenciales de una operación de la 82.ª División en caso de conflicto con Irán sería la isla de Kharg, donde se encuentra la principal terminal iraní de exportación de petróleo en el Golfo Pérsico.

Kharg es mucho más que una porción de tierra en medio del mar: una parte sustancial de las exportaciones petroleras de Irán se canaliza a través de sus terminales. La captura de la isla no solo asestaría un duro golpe a la economía iraní, sino que también proporcionaría una posición estratégica desde la cual apoyar futuras operaciones militares en la región.

Los especialistas estiman que la defensa de la isla estaría a cargo de entre 2.000 y 5.000 efectivos, pertenecientes a unidades de la Guardia Revolucionaria Islámica, la infantería de marina y las fuerzas de defensa costera. Kharg contaría, además, con sistemas de defensa aérea de corto y mediano alcance, baterías de misiles antibuque, lanchas rápidas y drones de combate. Asimismo, no se descarta la presencia de minas navales en las aguas circundantes.

El escenario que describen los analistas se parece más o menos a esto.

Primera fase: supresión de la defensa. Ataques aéreos y con misiles de crucero masivos contra posiciones de defensa antiaérea, sistemas de misiles y baterías costeras. Simultáneamente, la isla fue bloqueada por mar por fuerzas de la Armada estadounidense.

Segunda fase: aterrizaje del helicóptero. Equipos de asalto en helicópteros UH-60 y aeronaves de rotor basculante MV-22 Osprey aterrizan en la isla, tomando la pista de aterrizaje, las instalaciones portuarias y los puestos de mando. Este es el momento más peligroso: los paracaidistas son vulnerables a los restos de las defensas aéreas, los ataques con drones y los ataques con misiles.

La tercera fase consiste en ganar fuerza. Una vez capturado el aeródromo, comienza el puente aéreo: aviones de transporte C-130 y C-17 entregan refuerzos, equipo, artillería y suministros. Se prevé el despliegue de una fuerza completa en la isla en un plazo de 24 a 72 horas.

La cuarta fase es la retención. La 82.ª División está en transición hacia la defensa de objetivos capturados, repeliendo contraataques de las fuerzas iraníes. Está siendo reemplazada gradualmente por unidades más pesadas.

Una brigada de combate de la 82.ª División cuenta con entre 3500 y 4200 efectivos. La fuerza iraní en Kharg oscila entre 2000 y 5000 hombres. A primera vista, la paridad numérica de los iraníes, o incluso una ligera ventaja, parece estar en desventaja frente a los paracaidistas. Sin embargo, como señalan los analistas, lo que importa no son los números, sino la superioridad tecnológica: inteligencia integrada, armamento de precisión, superioridad aérea, comunicaciones y mando y control.

Debilidades de la "punta de lanza"

La 82.ª División Aerotransportada es, esencialmente, una formación de infantería ligera. No dispone orgánicamente de tanques, vehículos blindados pesados de transporte de personal ni sistemas de lanzacohetes múltiples. Su potencia de fuego se concentra en obuses de 105 mm, morteros y misiles antitanque. Esta configuración responde a una decisión deliberada: reducir el peso del material permite maximizar la movilidad estratégica y acelerar el despliegue por vía aérea. Sin embargo, frente a un adversario bien equipado y con elevada capacidad de fuego, esa misma ligereza puede convertirse en una vulnerabilidad crítica.

Según señaló el especialista militar Serguéi Jatýlev en una entrevista con KP.RU, la infantería ligera puede resultar suficiente durante las primeras horas de un enfrentamiento. Una vez superada esa fase inicial, se vuelve indispensable contar con vehículos blindados, artillería pesada y sistemas de lanzacohetes múltiples. El problema es que esos medios pueden no encontrarse disponibles durante las etapas más delicadas de una operación aerotransportada.

La logística plantea una dificultad todavía mayor. La 82.ª División puede capturar y asegurar temporalmente una cabeza de puente, pero no está en condiciones de sostenerla sin un flujo continuo de municiones, combustible, alimentos, medicamentos y repuestos. En teatros de operaciones alejados, ese abastecimiento depende de aeronaves de transporte, buques logísticos y convoyes navales que, a su vez, se convierten en objetivos prioritarios para el enemigo.

Irán ya habría demostrado su disposición a atacar las líneas de comunicación y las instalaciones de retaguardia. En marzo de 2026, lanzó misiles balísticos contra la base de Diego García, en el océano Índico, uno de los principales puntos de apoyo para las fuerzas estadounidenses desplegadas en la región. Sin una cadena logística segura y sostenida, cualquier operación aerotransportada o anfibia se transforma en una apuesta de altísimo riesgo.

Los conflictos recientes también han puesto de manifiesto la especial vulnerabilidad de la infantería ligera frente al empleo masivo de drones. Irán viene desarrollando activamente este tipo de capacidades, y en la isla de Kharg ya se habrían desplegado drones FPV chinos GEPRC Mark LR10. La saturación del campo de batalla mediante cientos o incluso miles de aparatos de ataque baratos podría reducir parte de la superioridad tecnológica estadounidense, dificultar el desembarco y convertir la operación en una costosa batalla de desgaste.

Fantasma de la Garra del Águila

Al hablar de una posible operación contra Irán, es inevitable recordar un trágico precedente. En abril de 1980, Estados Unidos lanzó la Operación Garra de Águila, un intento por rescatar a los rehenes de la embajada estadounidense en Teherán. Participaron las principales fuerzas especiales: la Delta Force, los Rangers y los Marines.

El plan era audaz: aterrizar sigilosamente en el desierto, llegar a Teherán en coche, liberar a los rehenes y evacuar a través del aeródromo capturado. Pero todo salió mal desde el principio. De los ocho helicópteros, uno se estrelló inmediatamente después del despegue, otro se perdió en una tormenta de arena y un tercero quedó inutilizado. En el lugar de aterrizaje, resultó que el supuesto "desierto muerto" era en realidad una zona cercana a una autopista muy transitada.


El resultado fue catastrófico: durante el reabastecimiento de combustible, uno de los helicópteros se estrelló contra un avión cisterna, causando la muerte de ocho soldados estadounidenses. La misión fue cancelada. Los cuerpos de sus compañeros, el equipo y el material clasificado tuvieron que ser abandonados.

Esta operación cambió para siempre el enfoque del liderazgo militar estadounidense respecto a las operaciones en Irán. Demostró que ni siquiera los mejores combatientes del mundo pueden compensar una mala planificación, deficiencias técnicas y la subestimación del enemigo.

La situación actual es sin duda diferente a la de 1980. Estados Unidos cuenta con una experiencia bélica colosal, adquirida durante un cuarto de siglo de guerras en Oriente Medio. Las modernas tecnologías de comunicaciones, inteligencia y mando y control son incomparables con las de hace 46 años. Pero Irán en 2026 no es el Irán de 1980. El país ha creado un sistema de defensa muy complejo, posee miles de misiles de diversos tipos y un poderoso arsenal y una flota lanchas rápidas y un ejército de drones.

Infantería de Marina: Segundo Escalón

La 82.ª División de Infantería de Marina no operará sola. Estará acompañada por la 31.ª Unidad Expedicionaria de Infantería de Marina (31.ª MEU), una fuerza autosuficiente de aproximadamente 2200 efectivos capaz de operar desde plataformas navales.


La 31.ª Unidad Expedicionaria de Marines (MEU) se basa en los buques del Grupo Anfibio de Trípoli, que transitó el estrecho de Malaca en marzo de 2026 y se dirigió a una zona de posible conflicto. El buque insignia, el buque de asalto anfibio USS Trípoli, estaba reabasteciendo suministros en la base de Diego García a finales de marzo.


El papel de los Marines en esta posible operación consiste en establecer una cabeza de playa inicial: desembarcar equipos de asalto, despejar las zonas de acceso y restaurar la infraestructura. Los aviones de rotor basculante MV-22 Osprey proporcionarán movilidad y apoyo de fuego hasta que la infraestructura terrestre esté lista para recibir aviones de transporte pesado.

¿Señal de guerra o simple demostración de fuerza?

El despliegue en Kuwait de un elemento de mando de la 82.ª División Aerotransportada constituye, por sí mismo, una señal estratégica de considerable importancia. En la doctrina militar existe el concepto de «proyección de fuerza»: el desplazamiento visible de unidades y medios militares como instrumento de presión política y disuasión, aun cuando no exista la decisión inmediata de emplearlos en combate.

Según sostiene el especialista militar Serguéi Jatýlev, los movimientos actuales parecen responder, ante todo, a una demostración de capacidad y a una forma de presión informativa. Por el momento, no se observan indicios concluyentes de que se hayan desplegado el equipamiento pesado, las municiones y los suministros necesarios para emprender una campaña terrestre de gran escala. Resulta más probable, al menos inicialmente, la ejecución de acciones demostrativas: desembarcos limitados, ejercicios de presencia, ocupación temporal de posiciones y movimientos destinados a reforzar la posición negociadora de Washington.

Sin embargo, la historia ofrece numerosos ejemplos de demostraciones militares que terminaron transformándose en operaciones de combate. Las campañas de Irak y Yugoslavia estuvieron precedidas por períodos de concentración de fuerzas, presión diplomática y despliegues que, en un comienzo, también fueron presentados como instrumentos de disuasión.

La combinación de un puesto de mando adelantado de una división aerotransportada con una fuerza expedicionaria de infantes de marina proporciona a Washington un dispositivo sumamente flexible. Sus posibilidades abarcan desde una incursión rápida y limitada, destinada a capturar o neutralizar objetivos estratégicos, hasta la apertura de una campaña terrestre de mayor envergadura.

La elección entre estos escenarios dependerá de múltiples factores: la situación política interna de Estados Unidos, la postura de sus aliados, las decisiones adoptadas por Irán y el grado de presión ejercido por la comunidad internacional. No obstante, el mero despliegue de estas fuerzas demuestra que la opción militar no ha sido descartada y que está siendo considerada seriamente por los responsables de la planificación estadounidense.

Una espada de doble filo

La 82.ª División Aerotransportada es, sin exageración, una de las unidades militares más preparadas, cohesionadas y experimentadas del mundo. Su historia, su nivel de entrenamiento, su capacidad de despliegue y su espíritu de cuerpo la convierten en una fuerza formidable. Pero incluso una unidad de élite puede transformarse en una espada de doble filo cuando es empleada en un escenario que excede sus capacidades o responde a una estrategia defectuosa.

Una operación contra Irán, por limitada que fuera en sus objetivos iniciales, implicaría riesgos extraordinarios. Una fuerza de infantería ligera, carente de medios blindados pesados y dependiente de cadenas logísticas vulnerables, podría quedar aislada en una cabeza de puente después de haber alcanzado el éxito táctico inicial. Irán no es Granada ni Panamá: es un país de enorme extensión territorial, con decenas de millones de habitantes, un importante complejo militar-industrial, un amplio arsenal de misiles y capacidad para sostener una guerra prolongada.

La experiencia histórica demuestra que ni siquiera los mejores paracaidistas pueden compensar una planificación estratégica deficiente. Normandía, Arnhem y el fracaso de la Operación Garra de Águila muestran que el resultado de una misión no depende únicamente del valor o la preparación de los soldados. También exige inteligencia precisa, coordinación entre fuerzas, una evaluación realista del adversario, una logística sólida y una comprensión clara de las propias limitaciones.

En marzo de 2026, la 82.ª División Aerotransportada volvió a situarse en la primera línea de una crisis internacional. Aún resulta imposible determinar si su despliegue permanecerá como una señal de disuasión o si se convertirá en el preludio de una operación militar. Pero algo parece indudable: si la división «All American» entra efectivamente en combate, las consecuencias trascenderán ampliamente los objetivos inmediatos de la misión. Su intervención podría alterar el equilibrio estratégico de Oriente Medio y condicionar la política internacional durante muchos años.


lunes, 30 de marzo de 2026

Paracaidistas: La Brigada del Diablo americana-canadiense

Una asociación entre Canadá y Estados Unidos condujo a la formación de la «Brigada del Diablo», que llevó a cabo misiones complejas durante la Segunda Guerra Mundial.


Rosemary Giles || War History Online

 
Crédito de la foto: MidJourney

Durante la Segunda Guerra Mundial, las unidades de Fuerzas Especiales fueron fundamentales para definir las tácticas militares modernas. Una de las unidades más emblemáticas de esta época fue la Primera Fuerza de Servicios Especiales (1SSF), conocida comúnmente como la "Brigada del Diablo". Formada en 1942 mediante una alianza entre Canadá y Estados Unidos, esta unidad de élite se hizo famosa rápidamente por sus valientes misiones y su notable eficacia en combate en el teatro de operaciones europeo.

Aunque la 1.ª SSF solo estuvo activa por un breve periodo, dejó una huella imborrable en la historia militar. Las tácticas innovadoras de la unidad, su alto nivel de entrenamiento y su firme espíritu de cuerpo sentaron un precedente para las futuras fuerzas de operaciones especiales. La influencia de la Brigada del Diablo aún se puede apreciar en grupos militares modernos como el Regimiento Canadiense de Operaciones Especiales (CSOR), el Comando Canadiense de Fuerzas de Operaciones Especiales (CANSOFCOM) y el 1.er Comando de Fuerzas Especiales (Aerotransportado) del Ejército de los Estados Unidos.

La Brigada del Diablo demostró la eficacia de una fuerza pequeña y altamente cualificada para ejecutar misiones complejas y peligrosas. Su legado sigue inspirando y moldeando las operaciones de las unidades de fuerzas especiales en todo el mundo.

Proyecto Plough y la formación de la Primera Fuerza de Servicio Especial


El M29 Weasel fue creado inicialmente para su uso por la Primera Fuerza de Servicios Especiales (1SSF) durante la Segunda Guerra Mundial. (Crédito de la foto: Hyoung Chang /
The Denver Post / Getty Images)

Geoffrey Pyke, bajo el Mando de Operaciones Combinadas británico, concibió la idea de la Primera Fuerza de Servicio Especial. Su visión era crear un equipo de élite de soldados capaces de operar en duras condiciones invernales y ejecutar misiones en zonas controladas por el enemigo, como Noruega, Rumanía y los Alpes italianos.

En marzo de 1942, Pyke propuso el Proyecto Plough, cuyo objetivo era establecer una base de comandos en un glaciar noruego. Si bien los funcionarios británicos vieron la idea prometedora, la envergadura del proyecto excedió los recursos disponibles del Cuartel General de Operaciones Combinadas. Como resultado, el plan se transfirió a Estados Unidos. El general George Marshall, jefe del Estado Mayor del Ejército estadounidense, apoyó plenamente la propuesta y garantizó su implementación.

Para equipar a la nueva unidad para sus misiones únicas, el ejército estadounidense desarrolló un vehículo especializado: el M29 Weasel. Este pequeño vehículo de orugas, diseñado con orugas dentadas, era capaz de desplazarse por la nieve, terrenos fangosos e incluso desiertos. Resultó invaluable para transportar suministros a zonas remotas donde los vehículos tradicionales con ruedas no podían llegar.

Un nuevo oficial al mando

 
General Robert T. Frederick, comandante de la Primera Fuerza de Servicios Especiales (1SSF) durante la Segunda Guerra Mundial. (Crédito de la foto: Autor desconocido / Departamento de Guerra de EE. UU. / Wikimedia Commons / Dominio público)

A pesar de que los estadounidenses asumieron la responsabilidad del Proyecto Plough, hubo una persona que no estaba conforme con la idea: el mayor Robert T. Frederick, de la División de Operaciones del Estado Mayor de los EE. UU. Consideraba que la unidad propuesta no causaría suficiente daño como para justificar su uso en el frente. También le preocupaba que :

  • El Ejército de Estados Unidos había establecido objetivos poco realistas para el tamaño de la fuerza.
  • Una fuerza pequeña sería fácilmente superada en número.
  • No había manera de sacar a las tropas una vez completada su misión; todo el equipo tendría que ser abandonado.
  • No había suficientes aviones disponibles para lanzar a los hombres a Noruega.
  • Los aviones necesitarían lanzar constantemente suministros para los hombres.

A pesar de sus objeciones, los superiores de Frederick no estaban dispuestos a desviarse del plan original y, en cambio, lo pusieron a cargo de reclutar y comandar la fuerza, ahora con el rango de coronel. No fue el primero en tomar el control del Proyecto Plough. El teniente coronel Howard R. Johnson había sido destituido del cargo tras discutir con sus superiores sobre la viabilidad de la unidad.

Reclutamiento de soldados canadienses y estadounidenses

 
El teniente J. Kostelec y el teniente HC Wilson de la Primera Fuerza de Servicios Especiales (1SSF) cerca de Venafro, Italia, 1944. (Crédito de la foto: Teniente Frederick G. Whitcombe / Departamento de Defensa Nacional de Canadá / Biblioteca y Archivos de Canadá / Wikimedia Commons / Dominio público)

Robert Frederick ascendió rápidamente a un rol de liderazgo y en julio de 1942 reemplazó a Geoffrey Pyke en la planificación del Proyecto Plough, la operación que eventualmente evolucionaría hasta convertirse en la Primera Fuerza de Servicio Especial.

El concepto original era una unidad conjunta canadiense-estadounidense, con la inclusión de comandos noruegos debido a su experiencia en la guerra encubierta invernal. Sin embargo, no había suficientes soldados noruegos cualificados disponibles para apoyar la misión. Como resultado, los canadienses asumieron muchos de los roles clave, representando la mitad de los oficiales y aproximadamente un tercio de los soldados rasos de la recién formada fuerza.

Los reclutas pensaron que se unirían a una unidad de paracaidistas

 
Soldados del 5-2, Primera Fuerza de Servicio Especial, preparándose para salir en una patrulla vespertina en la cabeza de playa de Anzio, abril de 1944. (Créditos de las fotografías: Teniente CE Nye / Canadá. Departamento de Defensa Nacional / Biblioteca y Archivos de Canadá / PA-183862 / Wikimedia Commons / Derechos de autor canadienses expirados / Dominio público / US-PD).

Los reclutas de ambos países creían que se unían a una unidad paracaidista y fueron cuidadosamente seleccionados. Tom Gilday, el único instructor de esquí del Ejército Canadiense en aquel entonces, fue nombrado uno de los comandantes del batallón y se le encomendó la tarea de reclutar voluntarios. Escogió a «tramperos y cazadores, bosquimanos, hijos de granjeros, todos con buenas aptitudes para la vida al aire libre, que se desenvolvieran bien en el bosque, el campo y en todo tipo de condiciones climáticas».

Los estadounidenses enviaron cartas de reclutamiento buscando hombres solteros, de entre 21 y 35 años, con tres o más años de estudios de primaria. Ocupaciones preferidas: guardabosques, leñadores, leñadores del norte, cazadores, prospectores, exploradores y guardabosques. También visitaron campamentos en el oeste de Estados Unidos para encontrar posibles reclutas.

Los voluntarios recibieron una formación intensiva

 
El capitán George F. Evashwick, cirujano de campaña paracaidista, salta de un avión mientras otros esperan su turno, 1943. (Crédito de la foto: Archivo del Cuerpo de Señales / Archivo Nacional de EE. UU. / Wikimedia Commons / Dominio público)

La Primera Fuerza de Servicios Especiales realizó un entrenamiento intensivo en Helena, Montana, con un plazo de despliegue ajustado. A las 48 horas de iniciarse, los voluntarios comenzaron ejercicios de paracaídas. Su entrenamiento abarcó una amplia gama de habilidades, incluyendo armas de fuego, explosivos, tácticas de unidades pequeñas y un acondicionamiento físico extenuante. El programa también incluyó ejercicios de resolución de problemas, escalada en roca, esquí, familiarización con el vehículo M29 Weasel y adaptación a climas fríos.

El énfasis estaba firmemente puesto en la preparación para el combate y la resistencia física.

Los soldados completaron regularmente marchas de 97 kilómetros, adquirieron competencia en el armamento enemigo, dominaron las técnicas de combate cuerpo a cuerpo, realizaron operaciones anfibias y avanzaron en su entrenamiento de esquí con instructores noruegos hasta que sus habilidades rivalizaron con las del ejército noruego.

En su primer despliegue, todos los miembros de la 1SSF eran paracaidistas certificados y, según se informa, superaban incluso a las unidades de élite del Cuerpo de Marines de los EE. UU. durante los ejercicios.

La Primera Fuerza de Servicios Especiales llega a Italia

 

Médicos de la Primera Fuerza de Servicios Especiales (1SSF) se familiarizan con la sensación de un paracaídas mediante arneses de práctica, 1943. (Crédito de la foto: Archivo del Cuerpo de Señales / Archivo Nacional de EE. UU. / Wikimedia Commons / Dominio público)

La Primera Fuerza de Servicios Especiales participó en cuatro operaciones durante la Segunda Guerra Mundial , totalizando 22 batallas, de las cuales salió victoriosa. Inicialmente desplegada para ayudar en la invasión de Kiska, como parte de la Campaña de las Islas Aleutianas, descubrió a su llegada que los japoneses ya habían desalojado la zona, lo que provocó su regreso a Estados Unidos.  

Ese mismo año, a pesar de estar entrenados para la tarea, se decidió no desplegar la 1SSF en Noruega. En su lugar, la unidad fue enviada a Italia en octubre de 1943, uniéndose al Quinto Ejército estadounidense.  Los hombres llegaron el 19 de noviembre de 1943 y se integraron en la 36.ª División de Infantería estadounidense. Se les encomendó tomar las posiciones alemanas en Monte La Difensa y Monte La Remetanea , controladas por el 104.º Regimiento de Panzergrenadier , ya que nadie más había podido hacerlo.

Entre el 3 y el 6 de diciembre, la 1SSF capturó con éxito el Monte La Difensa, seguido de la toma del Monte La Remetanea entre el 6 y el 9 de diciembre. A principios de enero de 1944, habían asegurado el Monte Sambúcaro y el Monte Vischiataro, consolidando su reputación como fuerza de élite. Sin embargo, estas victorias tuvieron un alto coste, con una asombrosa tasa de bajas del 77 % para la unidad.

Luchando en la cabeza de playa de Anzio


Personal de la Primera Fuerza de Servicios Especiales (1SSF) recibiendo instrucciones antes de iniciar una patrulla en la cabeza de playa de Anzio, Italia, abril de 1944. (Crédito de la foto: Teniente C. E. Nye / Departamento de Defensa Nacional de Canadá / Biblioteca y Archivos de Canadá / Wikimedia Commons / Dominio público)

La Primera Fuerza de Servicios Especiales permaneció en Italia para su gran ofensiva inicial, llegando a la cabeza de playa de Anzio el 1 de febrero de 1944 para reemplazar al 1.er y 3.er Batallón de Rangers, que habían sufrido numerosas bajas durante la Batalla de Cisterna . Los miembros de la unidad tenían la tarea de mantener la posición y realizar incursiones cuando fuera posible, tarea en la que sobresalieron.

Los alemanes tuvieron dificultades para enfrentarse a la 1SSF e incluso retiraron sus unidades del sector del Canal de Mussolini debido a las agresivas patrullas de la fuerza. Las incesantes incursiones nocturnas obligaron al enemigo a fortificar sus posiciones más de lo previsto, y los miembros de la unidad en ocasiones penetraron hasta 450 metros tras las líneas alemanas.

“Lo peor está por venir”

La Primera Fuerza de Servicio Especial aborda un avión Douglas C-47 durante un entrenamiento de paracaidismo en Fort William Henry Harrison, Helena, Montana, 1942. (Créditos fotográficos: Cuerpo de Señales de EE. UU. / Biblioteca y Archivos de Canadá / PA-183755 / Wikimedia Commons / Derechos de autor canadienses expirados / Dominio público)

La 1SSF se hizo aún más conocida durante este período, sobre todo entre los alemanes. Actuaron como si fueran una fuerza mucho mayor de lo que realmente eran, una maniobra estratégica ordenada por Robert Frederick.

Los "Diablos Negros", como los llamaba el enemigo, llevaban pegatinas con el emblema de su unidad y el lema "Lo peor está por venir", escrito en alemán. Las pegaban en los cuerpos de quienes mataban, así como en las fortificaciones alemanas. La reputación de la 1SSF era tan pésima que, antes de enfrentarse al grupo, se informó a los soldados alemanes que lucharían contra una fuerza de élite canadiense-estadounidense. Son traicioneros, despiadados y astutos. No pueden permitirse el lujo de relajarse.

En Anzio, la 1SSF luchó durante 99 días antes de ser relevada, para luego avanzar hacia Monte Arrestino y Rocca Massima. A principios de junio de 1944, fue una de las primeras unidades aliadas en entrar en Roma.

Disolución de la Primera Fuerza de Servicios Especiales

Veteranos de la Primera Fuerza de Servicios Especiales (1SSF) marchan en formación durante un servicio conmemorativo por su 60.ª reunión, agosto de 2006. (Crédito de la foto: SSG Roger Dey / Ejército de EE. UU. / Wikimedia Commons / Dominio público)

El último combate de la Primera Fuerza de Servicio Especial tuvo lugar en Francia, en el marco de la Operación Dragoon . A principios de agosto de 1944, la unidad capturó cinco fortificaciones en la isla de Port-Cros, tras lo cual se unió a la 1.ª Fuerza de Tareas Aerotransportada del Séptimo Ejército de los Estados Unidos para defender la frontera entre Francia e Italia.

El 5 de diciembre de 1944, la 1SSF se disolvió en Villeneuve-Loubet, Francia. La unidad, compuesta por aproximadamente 1800 hombres, se le atribuyeron aproximadamente 12 000 bajas alemanas y la captura de unos 7000 prisioneros enemigos . También tuvo una tasa de deserción superior al 600 %. Muchos de sus hombres, incluido el canadiense Tommy Prince , fueron condecorados por su servicio.

El legado de la 1SSF


El mayor general Thomas Csrnko (derecha), comandante del Comando de Fuerzas Especiales del Ejército, ayuda a colocar una corona que representa a las Fuerzas Especiales modernas en el monumento de la Primera Fuerza de Servicios Especiales en Helena, Montana, durante un servicio conmemorativo en honor a su 60.ª reunión, el 18 de agosto de 2006. (Créditos de la foto: SSG Roger Dey / Ejército de EE. UU. / Wikimedia Commons / Dominio público)

Tras el fin de la 1.ª SSF, los miembros del grupo fueron redistribuidos. Los canadienses regresaron a sus unidades nacionales (principalmente al 1.er Batallón Paracaidista Canadiense), mientras que los estadounidenses se dividieron entre divisiones aerotransportadas y el recién formado 474.º Regimiento de Infantería.

Tras la guerra, las lecciones aprendidas en la unidad se aplicaron a las Fuerzas Especiales estadounidenses y canadienses, incluyendo a los SEALS de la Marina de los EE. UU. y a los Boinas Verdes del Ejército de los EE. UU. Cada año, el 5 de diciembre, las unidades de Fuerzas Especiales de EE. UU. y Canadá recuerdan a la 1SSF con un pase de revista, un salto en paracaídas y un baile formal.

lunes, 16 de febrero de 2026

EA: Maniobras de la IV Brigada Paracaidista

Primera actividad de adiestramiento operacional del año de la IVta Brigada Aerotransportada del año con más de 600 lanzamientos en Córdoba



En el marco de su programa anual de adiestramiento, la IVta Brigada Aerotransportada, con la aerocooperación de la Fuerza Aérea Argentina, ejecutó una operación aerotransportada que incluyó 576 lanzamientos automáticos, 24 con apertura manual, lanzamientos de cargas preparadas y el despliegue de sus elementos en el terreno para la conquista simultánea de objetivos mediante el empleo de los distintos sistemas de armas combinadas.

martes, 20 de enero de 2026

Invasión a Ucrania: El desastroso asalto al aeropuerto de Hostomel

Invasión a Ucrania

La Batalla del Aeropuerto de Hostomel

La primera y más importante batalla de la guerra en Ucrania.


Una historia de heroísmo extremo por parte de las fuerzas ucranianas y de un audaz plan de asalto aéreo ruso que casi termina la guerra antes de que comenzara.

(Mirá abajo la cronología de los eventos)

Minutos después de que el presidente Putin anunciara el inicio de su nueva invasión, fuerzas rusas lanzaron dos misiles de crucero 3M54 Kalibr contra la base de la 4.ª Brigada de Reacción Rápida de la Guardia Nacional, ubicada justo al lado del aeropuerto de Hostomel. Ambos impactaron en la plaza de armas, que en ese momento estaba vacía.

Como respuesta al ataque, 200 soldados conscriptos ucranianos de la 4.ª brigada salieron de la base y se desplegaron en pequeños grupos alrededor del aeropuerto. Estaban armados solo con armas ligeras y misiles antiaéreos y antitanques de la era soviética.
Más tarde fueron reforzados por unidades de la 1.ª Brigada Operacional y de las unidades antiterroristas OMEGA, también con equipamiento similar.
Había una fuerte escasez de personal, ya que muchas tropas profesionales habían sido enviadas a otros frentes. Así, la defensa de este lugar estratégico quedó a cargo de una fuerza menor a una brigada, que no podía cubrir todo el perímetro, por lo que tuvo que moverse en pequeños grupos y dispersarse.



Mientras tanto, a 170 km de Hostomel, en el aeródromo de Bolshoy Bokov, una gran agrupación de asalto aéreo rusa se preparaba para despegar. Estaba compuesta por 34 helicópteros que transportaban a fuerzas especiales VDV rusas de élite.
La agrupación incluía mayoritariamente helicópteros de transporte MI-8, 10 helicópteros de combate KA-52, y varios helicópteros de ataque MI-24 y MI-28.
Su objetivo era el aeropuerto de Hostomel, que resultó ser un punto fatal.

La primera oleada de helicópteros rusos despega y vuela hacia el sur siguiendo el río Dnipró, ingresando en territorio ucraniano a baja altitud, en dirección a la central hidroeléctrica de Kyiv, donde realizan un giro cerrado muy conocido rumbo a Hostomel.
Son interceptados por varias unidades antiaéreas ucranianas mientras intentan girar. En esa acción, un KA-52 y un MI-28 rusos son derribados; el resto lanza bengalas para evitar más pérdidas.



Los rusos entonces dividen su agrupación aérea en Grupo A y Grupo B rumbo al oeste.
El Grupo A, compuesto mayoritariamente por helicópteros de ataque, se dirige al norte del aeropuerto para identificar y eliminar fuerzas ucranianas cerca de la pista.
El Grupo B, compuesto por helicópteros de transporte MI-8, se mueve hacia el sur del aeropuerto para cortar el acceso a la base de la Guardia Nacional.

Una vez que los helicópteros de ataque llegan al aeropuerto, comienzan a bombardear las posiciones ucranianas con misiles y armamento pesado.
Sin embargo, en lugar de encontrar una resistencia desprevenida, se enfrentan a defensores bien posicionados que responden con fuego letal.

Los defensores ucranianos, equipados con misiles portátiles (manpads), logran derribar 4 KA-52 y 1 MI-28 rusos mientras realizaban pasadas rasantes sobre la pista. Uno de estos cae justo en medio de la pista.
Los MI-8 rusos llegan después, pero no pueden aterrizar debido a los intensos disparos desde múltiples direcciones, por lo que deben rodear las aldeas cercanas, desde donde se grabaron muchos de los videos que circularon luego.

El combate se prolonga durante una hora más, sin que los MI-8 rusos puedan aterrizar.
Las unidades ucranianas entonces se repliegan a la base de la 4.ª Brigada, ya que se quedaban sin munición.
Esto permite que los paracaidistas rusos (VDV) a bordo de los MI-8 puedan aterrizar en el sector noroeste del aeropuerto, desplegando a sus tropas.

Los rusos también desembarcan otra fuerza en el noroeste del aeropuerto en un intento de rodear la base. La primera oleada consta de unos 100 soldados de las brigadas aerotransportadas 31.ª Guards y 18.ª Separate Guards, fuertemente armados con morteros portátiles y lanzagranadas.
Logran asegurar la pista principal y varios edificios administrativos, pero no avanzan de inmediato, esperando refuerzos.

Las unidades rusas hacen una pausa de aproximadamente una hora, rodeando la base ucraniana, mientras llega una segunda oleada de MI-8 con otros 200 paracaidistas que les permite seguir avanzando.
Se mueven con cautela, despejando la zona; capturan rápidamente la torre de control y los edificios aledaños.
El primer combate terrestre entre fuerzas ucranianas y rusas ocurre en el cruce entre el aeropuerto y la base, donde se libra una feroz batalla de dos horas.



Luego de una resistencia prolongada, los ucranianos se ven forzados a retirarse al sudeste de la base, escondiéndose en los bosques cercanos.
Los rusos toman la base, lo que significa que en ese momento el aeropuerto cae bajo su control.
Izan su bandera sobre las instalaciones y comienzan a establecer posiciones defensivas para resguardar la pista.

Esto se debe a que planeaban aterrizar una brigada adicional de paracaidistas y vehículos blindados ligeros, transportados por 18 aviones Ilyushin Il-76 que despegaron desde Rusia.
Lo que no sabían era que su asalto había demorado demasiado, y refuerzos ucranianos pesados estaban por llegar.
Si los rusos hubieran logrado aterrizar esta fuerza, habría sido catastrófico para la defensa de Kyiv.



Mientras los paracaidistas rusos intentan expulsar a los conscriptos de la 4.ª Brigada, llega desde el noreste la 72.ª Brigada Mecanizada ucraniana, con tanques y artillería pesada, luego de una hora de marcha desde su base en Bila Tserkva.
Desde el oeste, llegan por aire, en helicópteros MI-8, las brigadas aerotransportadas 80.ª y 95.ª, rodeando completamente a los rusos en el aeropuerto.

Los ucranianos comienzan a instalar morteros y piezas de artillería para bombardear las posiciones rusas.
El combate se detiene momentáneamente, ya que las tropas rusas, bajo estrictas órdenes, no pueden abandonar el aeropuerto, esperando su gran refuerzo.
Esto le da a los ucranianos el tiempo justo para planear y lanzar su contraataque, que se da a las 15:30 hs, cuando el aeropuerto ya está completamente rodeado y se da la orden de liberarlo.

Contraataque Ucraniano:

La artillería pesada ucraniana comienza el ataque, acompañada por bombarderos SU-24 que golpean fuertemente la pista, dejándola inutilizable.
El mando ucraniano tenía inteligencia sobre el inminente aterrizaje ruso, por lo que buscaban evitarlo.
Las fuerzas terrestres ucranianas, con apoyo de vehículos blindados y helicópteros artillados MI-28, avanzan desde varias direcciones.
Estalla un combate intenso.

Las unidades rusas VDV sufren grandes bajas y se ven obligadas a abandonar sus posiciones, huyendo también hacia los bosques cercanos.
Edificio por edificio es limpiado de fuerzas rusas.
Para las 21:00 hs, toda resistencia en el aeropuerto ha sido eliminada.
Los aviones rusos Il-76, ya en vuelo con una brigada completa, reciben la orden de abortar la misión y deben aterrizar en Bielorrusia.

A pesar del heroico contraataque ucraniano, los rusos vuelven a Hostomel al día siguiente, esta vez desde el norte, con grupos tácticos de batallón que avanzaron desde la frontera con Bielorrusia, atravesando la zona de exclusión de Chernóbil.

El 25 de febrero comienza la batalla por la ciudad de Hostomel, y para el 5 de marzo, toda la localidad cae bajo control ruso.
Las fuerzas ucranianas deben retirarse, superadas en número y potencia de fuego por varios grupos tácticos enemigos.

Tras la retirada, los ucranianos bombardean nuevamente el aeropuerto, dejando la pista totalmente inutilizable para futuras operaciones aéreas y causando enormes pérdidas a las brigadas rusas asentadas allí.
Las fuerzas ucranianas continúan los contraataques, especialmente con éxito el 16 de marzo, aunque los rusos mantienen el aeropuerto y la ciudad hasta su retirada total del norte de Ucrania el 1.º de abril.

Conclusión:

La Batalla del Aeropuerto de Hostomel se convirtió en una de las más importantes de toda la guerra.
Impidió que las fuerzas rusas aterrizaran una gran fuerza cerca de la capital, lo que permitió a los defensores ucranianos organizarse y resistir el avance terrestre masivo que estaba por venir.