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domingo, 19 de julio de 2026

Guerra del Paraguay: La heroica defensa de Corrientes

Una histórica defensa

Revista GUARDACOSTA

 

Fuente: Revista GUARDACOSTA- N°   Año 19    Autor:prefecto principal Andrés Rene Rousseaux

La contienda armada que sostenía la República Oriental del Uruguay con el Imperio del Brasil, había producido la ruptura de relaciones entre el Paraguay y Brasil, por pretender el Presidente del Paraguay Mariscal López ser el arbitro de los destinos de las Repúblicas del Plata. Esta ruptura de relaciones trajo aparejada la suspensión total de la navegación fluvial que mantenía el Paraguay con Buenos Aires y Montevideo, principalmente el servicio de vapores del estado que regularmente hacían el tráfico de carga y pasajeros.

La suspensión de la navegación, produjo cierta alarma en las ciudades ribereñas, en especial la de Corrientes que por su ubicación estratégica y cercana al Paraguay la hacía objetivo de un potencial ataque por parte del Paraguay, pero ni el gobierno nacional como las autoridades locales sospechaban que podría concretarse tal ataque.

Como medida preventiva el gobierno nacional destacó el "25 de Mayo" como buque de estación en el Puerto de Corrientes, donde arribara el 10 de mayo de 1864 y en febrero de 1865 el vapor "Gualeguay" al mando del Sargento Mayor Lino D. Neves.

El "25 de Mayo" se fondeó en la boca del Arroyo "Arazá", en lo que hoy es Paseo Mitre; y el "Gualeguay", el cual debía ser sometido a importantes reparaciones de su casco con el propósito de alistarlo para una futura expedición al Chaco fue amarrado a los fondos de la casa de los Roibon por estar el río crecido (hoy prolongación de la calle San Juan) y donde Federico Roibon (2) tenía un taller de reparaciones navales y a cuyo cargo estarían los trabajos en su casco.

Transcurría plácidamente la vida de la Ciudad de Corrientes en abril de 1865, las fuerzas armadas a cargo del orden público era de 27 soldados y dos clases (Suboficiales) estando a cargo de la vigilancia del Río y la seguridad del Puerto de la entonces Capitanía del Puerto (1) cuyo Jefe era el Mayor Don Guillermo Federico Baez (3) con una dotación de 6/7 marineros para cumplir las misiones asignadas, teniendo su asiento, en unos precarios edificios que se alzaban en la Punta San Sebastián o de La Casilla, nombre éste que recibía justamente por la existencia de la "casilla de la Capitanía", y en cuyo lugar, además, existían desde 1811 una batería de pequeños cañones para la defensa del puerto, conocida como "Batería de la Bella Vista", teniendo también un "puesto" de guardia o vigilancia que es conocido por la tradición popular con el nombre de la "Casillita" que se encontraba ubicado en la prolongación de la calle Mendoza y el río.


Fotografía de alrededor de 1930 —de izquierda a derecha— casa de la Familia Gallino construida alrededor de 1850, fue ocupada en 1914 por la Subprefectura de Corrientes. Al centro con rejas —casa de la Familia Pigretti— en 1865 esta casa no existía siendo un terreno baldío —en 1914 fue ocupada por la Aduana—. A la derecha —se-midestruida— casa paterna de la Familia Roibon cuya propietaria testamentaria fue Doña Petrona Sotomayor, y donde viviera posteriormente el Capitán Enrique Roibon —esta casa fue construida alrededor de 1820—. Estas viviendas tenían su frente sobre la calle Sud America (hoy Plácido Martínez) entre San Juan y La Rioja —actuales—. Sus fondos daban al Río Paraná lugar donde el Capitán del Puerto (1865) Federico Baez con los marineros de la Capitanía resistió el ataque de los paraguayos cuando intentaron abordar el "Gualeguay" que se hallaban en reparaciones en el Taller Naval de Federico Roibon ubicado sobre la orilla del río a los fondos de la casa de sus mayores (ver fotocopia carta adjunta presente trabajo). Todas estas propiedades fueron demolidas al efectuarse el remodelado del Puerto de Corrientes entre 1940/42. Hoy el lugar está ocupado por la Plazoleta Almirante Brown. (Fotografía de la Colección del Señor Enrique Ángel Ferreyra).

El "Gualeguay" estaba en reparaciones y el "25 de Mayo" a medio desarme, ambos buques con sus calderas apagadas, por lo cual el Comandante del "Gualeguay" Sargento Mayor Neves había ocupado para él y su tripulación varias casas ubicadas en la calle Sud America (hoy Plácido Martínez) 72-74 y 76 —entre San Juan y Mendoza—.

Con los buques en esa situación llegamos al 13 de abril de 1865 (Jueves Santos). La grey católica se aprestaba a concurrir a los actos litúrgicos en los distintos templos de la ciudad, propios de la fecha, los operarios que se encontraban afectados a la reparación del "Gualeguay", estaban deliberando si suspendían las tareas o las continuaban después del "luto del día".

El Comandante del "25 de Mayo" había pernoctado en la casa que ocupaba el Comandante del "Gualeguay" Sud América 74 (hoy Placido Martínez) y con quien tomaba mate y otras personas de la amistad de ambos; de improviso surgid una voz de "alerta" desde el "Gualeguay" informando haber avistado una flotilla de vapores en "linea de fila" hacia el riacho "El Ancho", izando el "25 de Mayo" una señal en su trinquete para llamar al Comandante "a bordo', destacando un bote a tierra para embarcarlo.

Abría la marcha el "Tacuary", donde tenía su insignia el Jefe de la escuadra, lo seguía el "Igurey" - "Paraguary" -"Marques de Olinda" y cerraba la marcha el "Ypora", no llevando los buques su insignia nacional izada, no exteriorizando su nacionalidad como es de práctica, no obstante los buques de guerra argentinos los saludaron izando sus pabellones a pesar de no ser la hora reglamentaria de hacerlo, dado que eran aproximadamente las 6,30 am.

Los buques desfilaron frente al puerto, en el orden mencionado alterando la tranquila mañana con el retumbar de sus ruedas motrices sobre las aguas del Paraná, atrayendo a un considerable número de vecinos que se hacían toda clase de conjeturas sobre el destino y propósito del inusual despliegue de fuerzas, continuando su travesía hacia el sur.

Los curiosos se retiraron, los mismos tripulantes del "Gualeguay" y "25 de Mayo" que habían estado en "alerta" se retiraron a distintas actividades de rutina de a bordo.

Los buques paraguayos a la altura de la "cancha de la Palomera" viraron imprevistamente hacia el Puerto de Corrientes, haciendo su navegación "recostados a la costa correntina" para evitar ser vistos de la ciudad, dado que las "Puntas Arazaty" y "San Sebastian" los ocultaban navegando de esta manera, modificando su dispositivo de marcha para efectuar el ataque previsto.


Ensenada de "San Sebastián" —entre la punta homónima y actual muelle del Puerto de Corrientes— año 1900. En este lugar hacia derecha de la foto, sobre la costa del río y a los fondos de la propiedad de la familia Roibon (entre Calles San Juan y La Rioja actuales) se encontraba el 13 de abril de 1865 amarrado en reparaciones el Vapor "Gualeguay" cuando fuera atacado por la flota paraguaya. En la foto se puede observar la operación de "tirar a tierra" la lancha a vapor por parte de marineros de la entonces Subprefectura de Corrientes. (Fotografía de la colección del señor Enrique Ángel Ferreyra

Se organizaron en dos grupos, el primero formado por "Paraguary" e "Ygurey", teniendo como reserva el "Tacuarí", el segundo formado por el '"Marques de Olinda" y el "Ypora" como reserva.

Habían transcurrido cuarenta y cinco minutos desde que los buques habían cruzado "aguas abajo", cuando son nuevamente avistados por las tripulaciones del "Gualeguay" y del "25 de Mayo" cuando éstos salen "de atrás" (válgame el término) de la Punta San Sebastian que los mantenía ocultos, siendo el personal de la "Capitanía del Puerto" los primeros en verlos dada la posición donde estaban apostados (recordemos que la Capitanía tenía su asiento en la Punta San Sebastián o de la Casilla) dando el "alerta" al "Gualeguay" que se hallaba a unos 560 metros de la "punta" hacia el puerto e inmediatamente al "25 de Mayo" que estaba a unos 840 metros del mismo sitio.

El primer grupo de buques paraguayos se dirigió sobre el "25 de Mayo", flanqueándolo por ambas bandas el "Ygurey" y "Paraguary", haciendo la dotación de ambos buques cerrada descarga de fusilería sobre el indefenso buque argentino, siendo la primera víctima el centinela del puente de mando, pasando los atacantes de inmediato "al abordaje" y en una lucha desigual el combate finalizó en pocos minutos, siendo dominada la tripulación defensora, que fue hecha prisionera quedando el buque argentino en poder del invasor.



Algunos marineros que se arrojaron al agua fueron muertos mientras nadaban para alcanzar la costa segura por tripulantes de varios botes del "Tacuarí", que mientras se consumaba el ataque al "25 de Mayo", bombardeó la ciudad, causando daños en la iglesia Matriz, casa de la familia Latorre y otras vecinas.

El segundo grupo de buques atacantes ("Marques de Olinda" e "Ypora") este último como reserva, atacaron resueltamente al "Gualeguay" que como hemos visto se "hallaba en compostura" —amarrado a planchada a la costa— en el taller naval de Federico Roibon, con escasa tripulación a bordo, por encontrarse la mayoría "en tierra" por los trabajos que se estaban efectuando al buque.

El "Marques de Olinda" se mantuvo a distancia del "Gualeguay", haciendo la infantería embarcada en él (más de 600 infantes) descargas cerrada de fusil sobre el inmóvil "Gualeguay".

Los pocos tripulantes del buque argentino, reaccionaron decididamente, pese a la sorpresa, contestando el fuego del buque paraguayo, siendo apoyados desde tierra (entre los arbustos y peñascos de la costa), por los pocos marineros de la Capitanía del Puerto que, al mando de su bravo Jefe, Mayor Federico Baez acompañado del Coronel Fermín Alsina, se habían desplazado desde la 'Punta San Sebastian" hasta los fondos de las casas de las familias Roibon y Gallino, a los cuales se les sumaron unos pocos voluntarios civiles, combatiendo al atacante, cuarenta veces más numerosos.



Mientras se desarrollaba el desigual combate los pequeños cañoncitos de la batería "Bella Vista" que está emplazada en la Punta San Sebastián, servidos por hombres de la Capitanía hacían fuego esporádicamente sobre los buques paraguayos, siendo el tiro más simbólico que efectivo dado que los cañones eran de escaso calibre y corto alcance, sobre buques de moderna construcción para la época; destacando el jefe paraguayo el "Ypora", para que anclara frente al "Punta", para silenciar la batería y mantenerse "en observación".

La heroica resistencia de la tripulación del "Gualeguay" al mando del Subteniente Federico Ramírez y el Coronel Desiderio Sosa que circunstancialmente se encontraba a bordo, más la estoica ayuda que desde tierra le daba el Mayor Baez y los hombres de la Capitanía, no fue impedimento para que el "Marques de Olinda" tomara "a remolque" al "Gualeguay" después de cortar sus amarras de tierra, a pesar de haber sido rechazadas en varias ocasiones las dotaciones que se destacaron para este fin en botes a la costa, llevando su presa al igual que el "25 de Mayo" que también había sucumbido, hacia aguas del Paraguay.

El "Gualeguay'* permaneció en manos de los paraguayos hasta el 16 de abril de 1866 en que fuera recuperado por las fuerzas aliadas, mientras que el "25 de Mayo" fue echado a pique en noviembre de 1867 estando al servicio del ejército paraguayo.

El ataque dejó consternado al pueblo de Corrientes, por lo inesperado y sorpresivo del mismo, produciendo inmediata reacción con la formación del "Batallón Correntino".

Hasta aquí lo sucedido el 13 de abril de 1865, dado que no es intención de este trabajo analizar e historiar las causas y posterior desarrollo de lo que se denominó la "Guerra de la Triple Alianza", sino la actuación destacadísima que le cupo a la entonces "Capitanía del Puerto", cuyo personal al mando de su Jefe, Mayor Federico Baez, fue junto a las tripulaciones de los buques argentinos la única fuerza organizada que opuso una heroica y tenaz resistencia al ataque de los buques paraguayos, dificultando con su acción el apresamiento fácil de los buques, en especial el "Gualeguay".

Este hecho, poco conocido, para la mayoría del público y de los hombres de la Prefectura, es uno de los muchos que jalonan la larga y rica historia de una de las Instituciones más vieja que tiene la República, la hoy Prefectura Naval Argentina y que es nuestra oblgación hacer conocer.


Vista más antigua que se conoce del Puerto de Corrientes, realizada en base a una litografía de William Gore Ouseley del año 1846 .

Aclaraciones y Referencias Biográficas


1 Capitanía, del Puerto-denominación de la época de la actual Prefectura Naval Argentina.

2 Federico, Roibon: Nacido en Corrientes - hijo de José Roibon y Petrona Sotomayor, cursó sus estudios en la Escuela Politécnica del Havre (Francia), de regreso al país se radicó en su ciudad natal donde tenía un astillero sobre la margen del Río Paraná, a los fondos de la casa paterna (entre calles San Juan y La Rioja aproximadamente en la actualidad) donde se reparaban embarcaciones entre ellas el "Gualeguay" y se construyeron balsas para el cruce del rio por parte del ejército de la Triple Alianza (ver carta adjunta). Fue Oficial del Ejército Nacional durante la Guerra del Paraguay. Jefe de escuadrilla de la expedición al Bermejo de 1879 a órdenes del General Victorica. Posteriormente fue Comandante del Navio de Guerra "Azopardo" donde alcanzó el grado de Teniente-de Navio. Fue elegido dos veces Diputado en su provincia. Falleció el 10 de diciembre de 1914, siendo sepultado en el Cementerio de Corrientes con los honores del Cuerpo de Bomberos como homenaje del Gobierno de la Provincia y del Regimiento 9 de Infantería de Línea por haber pertenecido al Ejército y la Marina respectivamente.

3 Mayor Don Guillermo Federico Baez: Nació el 7 de septiembre de 1810 en Comente». Comenzó su carrera militar en la Guerra con el Brasil alcanzando el 15 de julio de 1828 el grado de Alférez de Caballería de Línea. Participó en las luchas civiles en el bando unitario, causa por la cual Rosas lo dicT de baja de las filas del ejército. Emigró a Montevideo donde participó en su defensa. Tomó parte de la Batalla de Caaguazú a órdenes del General Paz en la cual comandó la Cuarta División de Caballería del ala derecha. Disuelto el ejército de Paz regresó a Montevideo tomando parte de los combates de Salto y San Antonio donde se destacó, contra fuerzas de Rosas. El 5 de octubre de 1847 fue nombrado Jefe de la Plaza sitiada (Montevideo). Levantado el sitio se alistó en el ejército del General Urquiza, con quien participó en la Batalla de Caseros (3 de febrero de 1852) continuando a ordenes de su jefe quien lo honró con comisiones de confianza, ante el Gobierno de Buenos Aires. Posteriormente fue designado Jefe de la Capitanía del Puerto de Corrientes (1) a cuyo cargo estaba cuando el ataque de los paraguayos a la ciudad homónima el 13 de abril de 1865, teniendo una destacada actuación al frente de sus marineros en la heroica defensa de los buques "Gualeguay' y "25 de Mayo" pese a la superioridad numérica de las fuerzas paraguayas. Solicitó ser relevado del cargo (Capitán del Puerto) para alistarse en el ejército aliado teniendo una destacada actuación en el Combate de Tuyuti (3 de noviembre de 1867). En 1869 fue designado por el General Mitre para cumplir una misión en el interior del Paraguay para rescatar prisioneros aliados en poder de los paraguayos, la cual cumplió brillantemente. Falleció en Buenos Aires el 14 de agosto de 1879, habiendo alcanzado el grado de Coronel del Ejército Nacional.

Bibliografía Consultada:


  • ANALES DE LA MARINA DE GUERRA - Capítulo XV - Buque Gualeguay.
  • UDAONDO, Enrique: Diccionario Biográfico Argentino edición 1938.
  • FERREYRA, Enrique Ángel: Fotografías de su colección.


  

miércoles, 16 de septiembre de 2015

Guerra del Paraguay: La entrada de Argentina al conflicto

Ataque paraguayo a Corrientes


Mariscal Francisco Solano López (1826-1870)

En 1857 se preparó la alianza contra el Paraguay, entre la Confederación Argentina y el Imperio del Brasil. La suscripción del “Protocolo” entre José María Paranhos y los representantes de la Confederación, Derqui y López, le valieron a Urquiza el beneficio de un empréstito efectuado por el Banco Mauá, de 300.000 patacones. Pero el Barón, obtendría también sus ventajas por el acuerdo, ya que el mismo día, Justo José de Urquiza, lo autorizaría a crear la sucursal Rosario del banco brasileño.

En el “Protocolo”, se establecía el derecho de paso, que la Confederación debía dar al Brasil, en caso de producirse el ataque al Paraguay.

Al efectuarse la misión Paranhos al Río de la Plata, el diplomático brasileño le entregó al canciller argentino el original de dicho protocolo, luego de copiarlo cuidadosamente, tomó nota de la concesión que otorgaba dicho protocolo. El 3 de junio de 1868, Rufino de Elizalde en el Congreso recordaría, aunque en forma vaga e imprecisa, la existencia de un Protocolo que otorgaba dicho derecho de paso a los brasileños. La vaguedad respondía a la necesidad de ocultar la fecha del protocolo, que había sido, por otra parte, duramente atacado por el mitrismo en su oportunidad y que además no había sido ratificado por el Congreso, con lo cual el gobierno de Mitre se hubiera visto en la necesidad de reconocer que el derecho de paso otorgado a los brasileños, no estaba fundado en ninguna norma legal válida.

De cualquier manera, el Paraguay sabía perfectamente que el gobierno de Mitre, que ya había autorizado la concentración de las tropas imperiales frente a Corrientes, iba a otorgar a los brasileños el derecho de paso.

¿Qué fue lo que determinó la invasión de Francisco Solano López al suelo argentino? Autores como Carlos Pereyra, aún reconociendo que López confiaba en el pronunciamiento de Urquiza, le censuran haber dado ese paso, que lo hacía aparecer como un invasor en tren de conquista. Desde ya, toda la planificación del ataque contra el Paraguay fue muy anterior a este hecho, y la seguridad política del primer estado moderno americano, había peligrado desde que Venancio Flores invadiera la República Oriental del Uruguay. Pero un estadista militar brillante como Francisco Solano López, debió prever los efectos morales y no simplemente militares de su ataque. Había algo más que eso. Algo más, también, que el hipotético y dudoso apoyo de Urquiza, era lo que motivaba la posición asumida por López:

Pelham Horton Box, entrevió con claridad la cuestión. “Puede haber poca duda –dice el autor norteamericano- acerca de la múltiple inteligencia de López con poderosos caudillos argentinos, pues hemos visto, que no se atenía a un “solo disidente”, y hacia febrero de 1865 había abandonado sus esperanzas en Urquiza (…) Pero como invadió Río Grande por vía Misiones, nos encontramos ante el problema de por qué exigió el pasaje a través de Corrientes.

“Todavía esperamos la publicación de los documentos que iluminen sus relaciones con los elementos reaccionarios de la Argentina. Pero un examen de las pruebas existentes, sugiere que la exigencia del derecho de tránsito por Corrientes, iba encaminada a servir de réplica a la supuesta colaboración de Mitre con el Brasil, y a ofrecer una oportunidad para que se alzaran los enemigos de Buenos Aires, en el caso de una negativa”.

Si bien Fermín Chávez, ha demostrado la forma en que se ocultó la declaración de guerra previa, enviada por López, es indudable que no se trata de un planteamiento jurídico en el orden del derecho internacional. El pedido de paso, fue formulado con el objeto de recibir una negativa, y permitir así el pronunciamiento de los elementos reaccionarios adictos de que disponía el Paraguay en la Argentina. es decir, que López contaba con que los federales de Corrientes, y los demás elementos vinculados a ellos, se pronunciaran a su favor. En cuanto al apoyo de Urquiza, según Elizalde, el entrerriano le había ofrecido al mandatario paraguayo el paso por nuestro territorio, y asimismo, la cesión de inmensos territorios para someter a Buenos Aires. Al respecto, en carta del 26 de febrero de 1865, López recuerda que Urquiza le había manifestado que en caso que Mitre se negara a darle paso, él se pondría al lado del Paraguay, “para cuyo fin ha pedido la copia de la solicitud de tránsito y su contestación en caso negativo”.

Por otra parte, en “Memorandum” de 22 de octubre de 1864, Francisco Solano López había sugerido que se designara como comisionado a Sagastume, Virasoro o López Jordán. Recordemos que el pronunciamiento de Virasoro, era esperado ya, desde la época de los levantamientos del Chacho. La “conjuración del Litiral”, como la llama Cárcano, existió, y fue la razón esencial, a raíz de la cual López aceleraría el proceso, pidiendo el paso por Corrientes.

Desde Tucumán, el 29 de noviembre de 1864, Emilio Salvigni le advertiría a Wenceslao Paunero: “ (…) Las noticias que corren aquí del litoral son alarmantes y producen una angustia general. Mientras V. me dice: “Que mandaremos sobre Paraguai (…) cosacos correntinos” López Jordán va a Corrientes y se entiende con aquel Gobierno y el del Paraguai para marchar contra el Brasil y Flores y por consiguiente contra Buenos Aires, secundado con la milicia de Entre Ríos. Dicen que el Paraguai tiene buques con los que pasará un ejército a este lado del río –que Mitre no tiene ejército y que por consiguiente la reacción está hecha, sublevando algunas provincias apoyadas por el ejército de Urquiza (…)”.

Pero el apoyo falló, con lo cual el jefe paraguayo se vio obligado a invadir, por razones militares, a través de Misiones.

Este hecho, unido al retardo en la publicación de la declaración de guerra efectuada por Francisco Solano López, hicieron que Mitre tratara de dar un carácter defensivo nacional, a la guerra. Pero las clases oprimidas no se equivocaban: la verdadera guerra nacional consistió en enfrentar a Mitre, al Brasil y al Imperio Británico, a favor de la Unidad Americana.



Captura de los barcos argentinos “25 de Mayo” y “Gualeguay”

Es muy interesante, porque es el relato por parte del capitan argentino del "25 de Mayo" de la captura y degüello de parte de la tripulación por parte de los paraguayos.

"Lo que sigue es parte de las memorias del Capitán de Fragata Constantino, publicadas en folleto en 1906, ya que el autor dispuso que si las creían de alguna importancia las publicasen después de su muerte. Falleció el 22 de Agosto de 1905.

El 1ro de Abril salimos de Buenos Aires, a bordo del vapor nacional “25 de Mayo” con destino a Corrientes. Llegamos a ese puerto el día 11 donde se encontraba también el vapor “Gualeguay”. El día 13 del mismo mes (Jueves Santo) a las 6 de la mañana encontrándome sobre cubierta pues estaba de guardia, avisté cinco vapores que venían en dirección a nosotros. Tomé el anteojo para ver mejor y por este medio dime cuenta de que eran vapores paraguayos armados a guerra y tripulados por 3000 hombres más o menos, vestidos de colorado y bien armados. Se dirigían al puerto de Corrientes.

Al llegar frente al vapor “25 de Mayo”, el jefe de la escuadra paraguaya hizo señal de cambiar la línea y prepararse a combate. Esto lo comprendí porque el libro de señales de ellos era igual que el nuestro. Al ver esta evolución avisé inmediatamente al 2do Comandante, capitán Domingo Olivieri, que me ordenó hiciera cargar la batería a bala y metralla y tuviera la infantería lista, preparando también una mecha en la Santa-Bárbara por si el enemigo venía al abordaje y no nos diera tiempo a defendernos.

Sin embargo, a pesar de la maniobra que habíamos visto, saludamos con la bandera al enemigo, pero éste no contestó a nuestro saludo, lo que nos convenció de las intenciones hostiles con que se presentaba, y de la verdad de los díceres que corrían, de que así iba a suceder.

Sin esperar más, mandamos enseguida a llamar al comandante de nuestro buque, D. Carlos Mazzin, que se hallaba en tierra, viniendo éste inmediatamente a bordo, pues casualmente venía cuando le avisaron. Una vez a bordo, nos ordenó que nos desarmáramos pues el no tenía ninguna instrucción respecto a este incidente, y nos dijo también que el señor Gobernador Lagraña le había manifestado que no tuviese cuidado con la escuadra paraguaya, puesto que ésta no tenía nada que ver con nosotros. Pero cuando se le dio cuenta de las maniobras que habíamos visto hacer comprendió que habíamos sido traicionados y que nosotros seríamos la carnada, y así sucedió!.

Para cualquier maniobra de nuestra parte, era ya tarde; puesto que acto contínuo cargaron sobre nosotros dos vapores paraguayos, el Legoré y otro cuyo nombre he olvidado, uno a babor y otro a estribor. Los demás hicieron fuego a tierra y al vapor argentino “Gualeguay” que estaba atracado a la costa con planchada a tierra, por lo que pudieron salvarse los oficiales y tripulantes de este buque, abandonándolo por completo. La autoridad Provincial también abandonó la ciudad quedando por consiguiente sólo nosotros en poder de la escuadra pirata.

Como dije antes, vinieron al abordaje de nuestro buque, vapor “25 de Mayo”, dos vapores paraguayos, el Legoré con 300 hombres y el otro con 200, y sin darnos tiempo a nada, que aunque lo hubiéramos tenido nada hubiéramos podido hacer, pues sólo éramos 80 hombres desarmados.

Subieron a bordo y lo primero que hicieron fue ultrajar el pabellón argentino, lo arriaron y pisotearon, gritando viva López “mueran los porteños” y así tomaron posesión del vapor, matando a todos los que se encontraban por delante o que quisieran hacer resistencia.

Enseguida bajaron a la cámara y sacaron de allí a palos a los tenientes Calvo y Leitón y los subieron sobre cubierta.

Al ver esto nuestra tripulación, una parte de ella y tres oficiales se tiraron al agua y allí perecieron todos, los unos ahogados y los otros fusilados en el agua misma.

En vista de este triste espectáculo, en que se mataban a hombres indefensos, pedí al comandante del Legoré, Avelino Cabral, que contuviera a su gente e hiciera respetar la vida de los pocos que aún quedábamos, contestándome que no podía contenerlos. Lo único que hizo, que tal vez haya sido mucho en esos momentos, fue agarrarnos entre él y sus oficiales y echarnos al vapor Legoré, salvando de este modo nuestras vidas del furor de esos salvajes o fieras sedientas de sangre. Allí nos pusieron incomunicados, siguiendo viaje la escuadra enemiga a Itapirú, llevando la presa humana como también los dos vapores argentinos, el nuestro y el Gualeguay, éste sin gente.

El Capitán Constantino permaneció prisionero de las fuerzas paraguayas durante 4 años, 4 meses y cinco días.

El 1ro de Abril salimos de Buenos Aires, a bordo del vapor nacional “25 de Mayo” con destino a Corrientes. Llegamos a ese puerto el día 11 donde se encontraba también el vapor “Gualeguay”. El día 13 del mismo mes (Jueves Santo) a las 6 de la mañana encontrándome sobre cubierta pues estaba de guardia, avisté cinco vapores que venían en dirección a nosotros. Tomé el anteojo para ver mejor y por este medio dime cuenta de que eran vapores paraguayos armados a guerra y tripulados por 3000 hombres más o menos, vestidos de colorado y bien armados. Se dirigían al puerto de Corrientes.
Al llegar frente al vapor “25 de Mayo”, el jefe de la escuadra paraguaya hizo señal de cambiar la línea y prepararse a combate. Esto lo comprendí porque el libro de señales de ellos era igual que el nuestro. Al ver esta evolución avisé inmediatamente al 2do Comandante, capitán Domingo Olivieri, que me ordenó hiciera cargar la batería a bala y metralla y tuviera la infantería lista, preparando también una mecha en la Santa-Bárbara por si el enemigo venía al abordaje y no nos diera tiempo a defendernos.
Sin embargo, a pesar de la maniobra que habíamos visto, saludamos con la bandera al enemigo, pero éste no contestó a nuestro saludo, lo que nos convenció de las intenciones hostiles con que se presentaba, y de la verdad de los díceres que corrían, de que así iba a suceder.
Sin esperar más, mandamos enseguida a llamar al comandante de nuestro buque, D. Carlos Mazzin, que se hallaba en tierra, viniendo éste inmediatamente a bordo, pues casualmente venía cuando le avisaron. Una vez a bordo, nos ordenó que nos desarmáramos pues el no tenía ninguna instrucción respecto a este incidente, y nos dijo también que el señor Gobernador Lagraña le había manifestado que no tuviese cuidado con la escuadra paraguaya, puesto que ésta no tenía nada que ver con nosotros. Pero cuando se le dio cuenta de las maniobras que habíamos visto hacer comprendió que habíamos sido traicionados y que nosotros seríamos la carnada, y así sucedió!.
Para cualquier maniobra de nuestra parte, era ya tarde; puesto que acto contínuo cargaron sobre nosotros dos vapores paraguayos, el Legoré y otro cuyo nombre he olvidado, uno a babor y otro a estribor. Los demás hicieron fuego a tierra y al vapor argentino “Gualeguay” que estaba atracado a la costa con planchada a tierra, por lo que pudieron salvarse los oficiales y tripulantes de este buque, abandonándolo por completo. La autoridad Provincial también abandonó la ciudad quedando por consiguiente sólo nosotros en poder de la escuadra pirata.
Como dije antes, vinieron al abordaje de nuestro buque, vapor “25 de Mayo”, dos vapores paraguayos, el Legoré con 300 hombres y el otro con 200, y sin darnos tiempo a nada, que aunque lo hubiéramos tenido nada hubiéramos podido hacer, pues sólo éramos 80 hombres desarmados.
Subieron a bordo y lo primero que hicieron fue ultrajar el pabellón argentino, lo arriaron y pisotearon, gritando viva López “mueran los porteños” y así tomaron posesión del vapor, matando a todos los que se encontraban por delante o que quisieran hacer resistencia.
Enseguida bajaron a la cámara y sacaron de allí a palos a los tenientes Calvo y Leitón y los subieron sobre cubierta.
Al ver esto nuestra tripulación, una parte de ella y tres oficiales se tiraron al agua y allí perecieron todos, los unos ahogados y los otros fusilados en el agua misma.
En vista de este triste espectáculo, en que se mataban a hombres indefensos, pedí al comandante del Legoré, Avelino Cabral, que contuviera a su gente e hiciera respetar la vida de los pocos que aún quedábamos, contestándome que no podía contenerlos. Lo único que hizo, que tal vez haya sido mucho en esos momentos, fue agarrarnos entre él y sus oficiales y echarnos al vapor Legoré, salvando de este modo nuestras vidas del furor de esos salvajes o fieras sedientas de sangre. Allí nos pusieron incomunicados, siguiendo viaje la escuadra enemiga a Itapirú, llevando la presa humana como también los dos vapores argentinos, el nuestro y el Gualeguay, éste sin gente.
El Capitán Constantino permaneció prisionero de las fuerzas paraguayas durante 4 años, 4 meses y cinco días.


El Comodoro argentino D. José Muratore y su plana mayor en la cubierta del " 25 de Mayo" en aguas uruguayas, en diciembre 1864.- 



Tripulación de "25 de Mayo" en territorio uruguayo, 1864.


Foto probable del vapor "25 de Mayo" tomada durante el asedio de Paysandú, 4 meses antes de la captura por parte de fuerzas paraguayas


Fuente

  1. Cárcano, Ramón J. – Guerra del Paraguay, Buenos Aires (1941).
  2. Chávez, Fermín – Vida y Muerte de López Jordán – Ed. Theoria – Buenos Aires (1957).
  3. Peña, R. O. y Duhalde, E. – Felipe Varela – Schapire editor – Buenos Aires (1975). 
  4. Asociación Argentina de Descendientes de Guerreros del Paraguay - AADGP
  5. www.revisionistas.com.ar
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• Tratado Secreto de la Triple Alianza

sábado, 25 de julio de 2015

Guerra del Paraguay - Los orígenes

La Guerra del Paraguay
Una guerra bien declarada

Parte I



Orígenes
Aunque muchos historiadores remontan comúnmente el inicio de la guerra a 1862, algunas raíces de este conflicto estaban presentes desde el período colonial. Portugal y España habían disputado la región del Plata (Uruguay, noreste de la Argentina actual y sur del Brasil) dado que la animosidad de las dos metrópolis emergió en Europa en el siglo XVII. Cuando los países coloniales conquistaron su independencia en el principio del siglo XIX, heredaron los conflictos del límite de esas dos naciones.


La lucha para la hegemonía implicó primero a gobierno de Buenos Aires (capital de Argentina) y del imperio brasileño. Después de muchas escaramuzas de límite, ambos fueron a la guerra sobre el disputado Uruguay. En 1827, una fuerza combinada de Argentina-Uruguay derrotó al ejército imperial en la batalla de Passo do Rosário o como la llaman en Argentina, Ituzaingó. Sin embargo, en el mar la armada imperial impuso su predominio sobre los enemigos. Gracias a este dilema, y a la falta de recursos de los territorios del Plata para seguir la guerra, Uruguay obtuvo la independencia en 1828.



Tropas brasileñas en su camino a Uruguay a principios del siglo XIX. Retrato de Jean Baptiste Debret
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