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domingo, 5 de abril de 2026

Carrera naval Argentina-Chile: La visita del Gral. Roca a Punta Arenas

Roca en Punta Arenas


Mis recuerdos de entonces -
El Viaje del Presidente Roca a Punta Arenas
Por el capitán de fragata Teodoro Caillet-Bois
Año 1898.

Fuentes: Boletin del Centro Naval.




Recién egresado de la Escuela naval, mi primer embarco es en el 25 de Mayo, capitán de fragata Emilio Barilari. El buque forma parte de la División de cruceros al mando de su hermano Atilio, entonces capitán de navio. Estamos fondeados en Rada Exterior y llevamos una vida ruda de ejercicios y aislamiento, meses sin bajar a tierra, por lo menos la gente y los guardia-marinas. No se ha establecido aun la conscripción, y la tripulación es toda de enganchados, conglomerado artificial de individuos más o menos al margen de la vida normal, sacados algunos de la cárcel, o ex-muchachones enviados a bordo para corrección, con sueldo miserable que no está en proporción con la época de relativa prosperidad que ha alcanzado el país. Pero la prolongada vida en rada abierta ha templado esa gente, volviéndola eximia en faenas marineras, sobre todo en manejo de embarcaciones...

Estamos frecuentemente acuartelados, pues la cuestión de límites con Chile, arreglada en 1881 en lo referente al Estrecho, ha permanecido desde entonces latente y pasa en los últimos tres años por un período delicado, el de la "paz armada", que al parecer está llegando a su crisis. Ambos países se arman a toda prisa y adquieren barcos de guerra -, cada costosa adquisición es retrucada con otra no menos costosa. Como no hay mal que por bien no venga, esta tensión ha tenido una virtud por lo que a mi modesta persona se refiere, la de apresurar mi egreso de la Escuela naval: Los cursos anuales se redujeron a semestres, sumando sólo dos años y medio para mi "camada"; y como yo además gané un año al ingresar, he tenido en definitiva sólo año y medio de escuela; el mínimum que se haya registrado.

Ha anochecido... A la hora de retreta el largo toque de "oración" —en mala hora abolido y en el que el trompa desplegaba toda su virtuosidad— nos ha emocionado con sus notas sentidas, recordándonos en medio minuto de recogimiento la Patria, los seres queridos, el mundo donde se vive... ; es el único momento sentimental en la vida del buque. Ahora las tripulaciones duermen. Viento fresco de afuera, con bastante oleaje...

Novedades: ...el timonel avisa que del puerto viene un vaporcito: ...En efecto, una lucecita blanca, una, dos, de color, bailan sobre la marejada en dirección a la ciudad, entre las tinieblas... Cada vez más erca...; luego ruido de cadena filada por el escobén; el aviso —Gaviota o Golondrina, no recuerdo— ha fondeado en medio de la escuadra.

¿Qué puede traerlo así de noche y con mal tiempo?... De fijo la declaración de guerra, que siempre se está esperando...: tal es el comentario en la cámara. Mi buque está de guardia y yo de ayudante, con lo que es a mí a quien toca salir en lancha para el vaporcito.

Arriar lancha de noche en mal tiempo, con el oleaje corto y duro característico de nuestro estuario, no es tarea fácil, y me es grato registrar aquí la admiración que me dejó grabada en la mente aquella dotación: En un santiamén estuvo la lancha en el agua, junto a la escala, levemente abierta del costado por el diestro manejo de barloa, timón, bichero y peanas, hocicando más de un metro en el seno de las olas.

Luego, la bogada firme y segura de doce mocetones —nunca tuvo mejores bogadores la escuadra—... y heme aquí en el vaporcito: Despachos para el jefe de la escuadra. No recuerdo de qué se trataría...; pero, una vez más y felizmente, no era la fatídica resolución que lanzaría uno contra otro a dos pueblos hermanos...



Meses después, Enero 12 del 99, día radioso y sin nubes, la Sarmiento está lista a desplegar sus alas para la primer campaña, que será de circunnavegación y durará dos años. Inmenso gentío se ha reunido en Dársena Norte, pues el acontecimiento no es para menos.. . y hasta mucha gente duda de que nuestros "marinos de agua dulce", sean capaces de semejante aventura. Se espera la visita del Exmo. Señor Presidente, teniente general Julio A. Roca.

A las 10.30 —registran mis apuntes— el Presidente es recibido en la planchada por los jefes de la fragata; despliégase su insignia, a la vez que se empavesan los buques de guerra vecinos La oficialidad, incluso guardiamarinas - alumnos, está reunida en toldilla; la tripulación desfila marcialmente... Después del almuerzo el general dirige corta alocución a los cuarentiún guardiamarinas cuya instrucción marinera es el objeto principal del largo viaje, (x)... y luego abandona el barco entre los hurras de la marinería distribuida en la arboladura.

Fué ésta mi primera visión del personaje, y cabe imaginar la curiosidad y respeto con que lo contemplamos. Ocupaba por segunda vez la presidencia y rodeábale considerable prestigio, tan sólo superado por el de la noble figura de Mitre, que pertenecía ya a la Historia. Para el vulgo, el público del "Don Quijote" —en el que me contaba yo hasta entonces— tenía fama de astuto, a la que daban pábulo su talante grave y su frente de pensador, y hasta se decía que el "Zorro" se lo había fumado en pito a "Don Bartolo" en ocasión de un famoso "acuerdo", al regreso de un viaje del último a Europa. El hecho real es que las dos presidencias de Roca se desarrollaron tranquilamente del puntó de vista de la política interna, sin apartarse de las normas constitucionales, lo que no es poco decir, y que en ambas fué grande el progreso del país. Supo rodearse de ministros eficaces, con prescindencia a menudo de las exigencias partidarias: tales fueron los de marina Martín Rivadavia y Onofre Betbeder. (negrita del editor)

Golfo Nuevo, 19 de enero.—En los ocho días transcurridos hemos tomado contacto con el mar, fuente insuperable de belleza. El tiempo ha sido bueno en general, y una vez fuera del turbio estuario tuvimos amplio espacio para admirar las aguas profundas del Atlántico, azul intenso o verde traslúcido y el inmenso velamen tapando mitad del cielo y barriendo nubes y estrellas en el pausado semicírculo de los bandazos. Espectáculo soberbio e impresión imborrable, que difícilmente podrán ya sentir las nuevas generaciones, pues estamos asistiendo ahora precisamente a la extinción de los grandes buques de vela. Baste mencionar que Inglaterra ,reina de los mares, no posee ya una sola fragata a vela, que los Estados Unidos sólo tienen dos o tres, de las que una —horresco referens— está amarrada en una caleta sirviendo de local para reuniones y bailes —como quien tuviera atado un ictiosaurio en una feria—¡ la otra atiende una línea de tráfico, pero lo hace con permanente pérdida, por capricho marinero de un millonario, como estanciero que unciese al arado un gliptodón.

Breve escala en Madryn, durante la cual —dice mi libreta de apuntes— sopla constantemente viento muy fuerte de tierra, arruchado a veces-, produciendo un raro zumbido en el aire. Costas de aridez espantosa; matorrales achaparrados color rojizo, como calcinados...: tal mi primera impresión, algo extraña y muy poco halagüeña, de la Patagonia. Madryn se compone de cinco casas: la subprefectura, galponcito desierto, con un inquietante letrero previniendo en seis idiomas a los desertores en ciernes que de aquí a la colonia del Chubut hay 51 millas sin agua; otro galponcito es oficina del Telégrafo que se está instalando; un almacén, dos viviendas y.... un galpón del F. C. Del ferrocarril, sí, pues dentro de esta pobreza Madryn tiene su muellecito y su trencito; este último lo comunica con Trelew, de donde le trae agua, a precio de pesos 10 la tonelada. ¡Benditos galenses!

 

Puerto Madryn 1899


Al día siguiente de nuestro arribo llega al fondeadero el veterano Villarino, con el Gobernador del Chubut, coronel O' Donnell, arbolando insignia de general, la que es saludada por la Sarmiento.



El 21 entra el San Martín, insignia de la "división Bahía Blanca", que manda el capitán de navio Manuel J. García. El hermoso barco es una de las recientes adquisiciones navales, el segundo de los cuatro cruceros acorazados que por más de treinta años nos constituirían una escuadra homogénea y eficaz; su aspecto es militar, como de fortaleza, y produce en nuestros ánimos juveniles impresión de poder y seguridad, nuestra primer noción del dominio del mar.

El capitán García visita a la Sarmiento y nos dirige la palabra. Niego a nadie, dijo, el derecho de experimentar mayor regocijo, y de apreciar mejor que yo el inmenso progreso que para nosotros representa encontrar reunido en la cubierta de esta nave un grupo tan numeroso y brillante de marinos argentinos. . . ; porque para ello. . . es necesario haber conocido, juzgando como marino educado, el abismo material y moral que separaba hace unos veinte años la marina argentina de cualquier marina debidamente constituida...

Su expresión ora sentida y franca y merece aquí una explicación. Manuel José García, nieto o biznieto del procer y famoso diplomático del apellido, fué una de las figuras más notables de nuestra moderna marina. Distinguidísimo, elegante y culto, formado en la marina francesa, hablaba correctamente todos los idiomas, conocía a fondo la profesión en todas sus fases y en todas dejó huellas de su saber en forma de conferencias, textos e inventos. Su trasplante de la marina francesa a la criolla, incipiente y precaria, con el viejo Brown como única unidad de fuerza durante quince años, debió constituir un rudo contraste. Nadie como él, ciertamente, estaba en condiciones de apreciar todo lo que significaban para el porvenir del país y para su marina de guerra las nuevas adquisiciones navales, los buques fuertes y veloces que por primera vez surcaban el mar patagónico afirmando la soberanía nacional, la oficialidad joven y preparada que iba interviniendo en su dirección, y en particular este buque escuela que iba a darle contacto fecundo con el mundo exterior y con las dificultades de la profesión, paseando con orgullo por los océanos la bandera de la joven república del Plata.

Nunca viera hasta entonces nuestro mar austral semejante actividad: una quincena o más de unidades de toda clase surcaban sus aguas simultáneamente. La "División Bahía Blanca" comprendía además del San Martín (comandante Emilio Barilari) al Pueyrredón (Maurette), al rapidísimo crucero Buenos Aires y al carbonero Chaco; había salido el 18 de enero de su base en rada Belgrano, donde recién entonces iniciaba Luigi los trabajos del Puerto Militar. Otra división de cuatro unidades, la "del Rio de la Plata" —9 de Julio, 25 de Mayo, Libertad e Independencia, sin contar transporte Pampa—, andaba ya por la Tierra del Fuego (1). El Presidente Roca en persona había salido a viaje para el sur con el Belgrano, Patria. Espora y Gavióta. Y por último dos o tres transportes (Villarino, 1º de Mayo) andaban de recorrido por la costa, Y todo esto sin contar el Garibaldi y el transporte Guardia Nacional, que iban hacia entonces en viaje para Europa.

Enero 23. Continuación del viaje. — A la salida del Golfo, mientras la fragata voltejea con sus velas de cuchillo, pues tiene viento en contra, nos encontramos con otro crucero acorazado. Esta vez es el flamante Belgrano, llegado hace dos meses. Escólta a la nave el crucerito Patria y trae la insignia máxima, la de presidente. A su bordo viajan, en efecto, para la Tierra del Fuego, el general Roca y su ministrio de marina el comodoro Martín Rivadavia. Este último es otro de los jefes que con más respeto recuerda nuestra marina de guerra. Digno biznieto del gran Presidente, fué patriota, probo, desinteresado, hombre de acción y eximio marino, el más capaz probablemente de nuestros lobos de mar de aquel entonces; su recuerdo está muy vinculado, como el de Roca, a la historia de la Patagonia.



El Belgrano, que no tenía a quien pedir permiso, puso proa sobre nosotros, nos pasó de vuelta encontrada y dobló algo por nuestra popa para escuchar los estampidos de la salva reglamentaria..., y para verla más tiempo a la hermosa fragata. ¡Con cuánta emoción la contemplaría desde la toldilla del Belgrano, como símbolo del porvenir marítimo del país, aquel gran presidente, que fué el más marino de cuantos tuvo éste!

Es del caso hacer aquí algunas consideraciones sobre el viaje presidencial, que como veremos bien podía calificarse de aventura. Utilizaremos al efecto los artículos y crónicas de "La Nación" y de "La Prensa".

Roca salió de Buenos Aires para Bahía Blanca por tren, el 20) de enero: allá se embarcaría en el Belgrano. Hasta visperas de su partida no se hablaba más que de un viaje a la Tierra del Fuego. La entrevista con el presidente chileno menciónala "La Nación" por primera vez el 18: el día antes ha habido activo intercambio telegráfico entre Buenos Aires y Santiago; en Chile se hablaba del asunto de tiempo atrás: una conferencia sin testigos, a semejanza de la histórica de Guayaquil".

"La Nación" ni elogia ni critica; se le adivina el ceño fruncido.
Días después se concretan los barcos y la comitiva que se llevará el presidente Errázuriz. La comitiva, especialmente, será de importancia por la categoría oficial o social de sus componentes (]). Roca en cambio se lleva un séquito reducido, más de amigos personales que de figuración social o intelectual, como si sólo se tratase de una excursión de placer. Con Roca salieron, en efecto, a más del ministro de marina Martín Rivadavia y sus edecanes Galíndez e Iglesias, los diputados de Vedia, Eleazar Garzón y Benito Carrasco, los señores Emilio Bollini y Adrián Rossi y los edecanes Gramajo y Raybaud. El ministro de R. E. Amancio Alcorta ha ido al parecer como agregado de última hora, a embarcarse en el Belgrano por el Chubut, con su oficial mayor Juan S. Gómez. El Patria ha sido asignado a los periodistas, pero sus condiciones marineras se les pintaron con negros colores, como para disuadir a cualquiera.

(l) Ministros Blanco Viel (R. E.), C. Concha (G. y Mariña) y C. Palacios (Justicia); alm. Montt y su secretario Pérez de Arco; general S. Vergara; SS. E. Altimirano. L. Pereyra v J, Zegers (deleg. comer. arg. chilena); dos ministros-de la Corte, varios senadores, etc. («La Nación», 22 enero).

En las esferas oficiales ha habido reserva impenetrable. Nada saben "La Nación" ni "La Prensa" del carácter que tendrá la entrevista, y todo son conjeturas. En Chile hay fuerte oposición: estando el litigio entregado a arbitraje. Barros Arana no ve en aquélla más cine peligro de complicaciones.



El encuentro se ha demorado, a pedido de Chile, para el 15 de febrero. Entretanto el presidente marino vaga a su gusto y antojo, sin rumbo fijo, por el mar patagón, tomando contacto con la colonia galense, con la lejana Ushuaía, complaciéndose en reconocer cabos y bahías, en encontrarse con los ubicuos barcos de guerra...

Pero es el caso que no hay telégrafo y radio, como ahora. Y en Buenos Aires es como si se lo hubiera tragado el mar. Un mes entero —parece increíble— transcurre sin que llegue la menor noticia. El 19 de febrero se le acaba la paciencia a "La Nación", y un editorial comenta con amargura la aventura presidencia], la prolongada acefalía del Gobierno;... el general demostrará eximias condiciones de navegante, de explorador, pero su actitud como mandatario resulta muy poco recomendable. Recién tres días después, el 22 de febrero, se sabrá, por fin, del regreso de los expedicionarios.

Prosigamos ahora con nuestra crónica.
El inevitable mal tiempo frente al golfo de San Jorge; el buque a la capa entre las olas inmensas; la impresión inquietante —las primeras veces— de que la fragata, en uno de esos largos bandazos, no va a adrizarse más. Luego la ría de Santa Cruz, con su ancha barra de bancos y sus barrancas del lado sur. Allí anclamos, cerca de Monte Entrance, para ocuparnos semana y media en faenas de instrucción. Estamos lejos de la población, pero cierta vez me toca ir en lancha a la prefectura, "que nada notable ofrece, y haci el Quemado, legua y media más allá. Era Domingo, y caímos al terminar una carrera de caballos, en las que estaba presente toda la población. Unas 40 casitas y 3 almacenes bástante surtidos. . . .

Arriba al fondeadero el Patria, y al otro día el Belgrano; éste nos da cita para la bahía de San Sebastián; formaremos escuadra para ir a Punta Arenas, donde Roca se entrevistará con el presidente de Chile.

San Sebastián. 11 de febrero; bahía desierta, arenosa y desabrida, cuyo único interés es de carácter histórico. Su fondo es costa baja, y durante dos siglos subsistió curiosamente la creencia de que se comunicaba por amplio canal con el centro del Estrecho de Magallanes, donde había en efecto, un profundo seno inexplorado; canal que hubiera ahorrado a los veleros una travesía tortuosa y el difícil paso por las dos angosturas de la boca oriental.



Fitz Roy comprobó hace un siglo, no sin dificultades, la inexistencia del presunto canal, pues tocó el fondo de ambas bahías y llamó Inútil a la que está frente a Punta Arenas: nombre acertado en lo que a navegación se refiere, pero no desde otros puntos de vista... ; pues Fitz Roy no pudo ver entonces las trescientas mil ovejas que hoy están desparramadas en las estancias Camerón y Caleta Josefina, sin contar los dos o tres millones distribuidas en el resto de la Tierra del Fuego.

El día 12 entra a San Sebastián el crucero 25 de Mayo, para comunicarnos nuevo punto de reunión con el Belgrano: Puerto Hambre, dentro del Estrecho al sur de Punta Arenas. En marcha otra vez. En la ultima navegación la Sarmiento pagó la chapetonada dejándose sorprender por un chubasco, que rompió cantidad de cabos, les arrancó sus puños a las velas y sacudió violentamente algunas vergas en lo alto de los mástiles; durante media hora la arboladura fué un perfecto pandemónium. La lección fué saludable y no se repetiría en todo si viaje.

Febrero 14.—Fondo en Puerto Hambre, después de desfilar frente a Punta Arenas, envuelta ésta en bruma matinal; alcanzamos a ver, sin embargo, corriéndose a lo largo de la costa, dos o tres barcos de silueta afilada y color obscuro, buques de guerra chilenos sin duda.

Puerto Hambre está desierto de barcos, lo mismo que de habitantes. Entre los árboles de la orilla sólo hay dos chozas, pertenecientes a indios semi-civilizados que se ocupan de corte de maderas en el interior. Sabido es que por Puerto Hambre cambia enteramente el paisaje, comenzando el maravilloso escenario de montañas sumergidas y abruptas, cubiertas de bosque; por el sur una imponente cadena de picos —isla Dawson— se pierde entre las nubes ; sucédense chubascos sin interrupción.. ; en el fondo del puerto tosca cruz de madera señala una tumba: In memory of the commmander Pringles Stokes, who died of results of the anxieties.. .  uno de los episodios más trágicos del libro de Fitz Roy

A primeras horas del 15, guiados por los focos que enciende la fragata, llegan al fondeadero el Belgrano y el Patria, procedentes al parecer del sur, como si en vez de embocar por el Estrecho hubiesen dado vuelta por los canales. Así es, en efecto ¡ el Presidente Roca, piloteado por el ministro Rivadavia en persona, ha tenido la audacia de internarse con el Belgrano —buque de calado— en el Beagle y demás canales, apenas conocidos  y donde cada día aparecen nuevas piedras, para entrar al Estrecho por el Canal de Cockburn, dando así prueba acabada de pericia y arrojo marinero. Visto el hecho retrospectivamente, no puedo menos de juzgarlo una imprudencia— permítaseme el juicio—, por cuanto era demasiado lo que se arriesgaba ¡ piénsese en las consecuencias desairadas! por no decir desastrosas, que hubiera representado una encalladura del buque presidencial... ¡Audaces fortuna jurat!; el adagio no se desmintió esta vez, todo pasó sin tropiezos. Pero el cronista de "'La Nación" habla con respeto de cierto pasaje por Bahía Desolada sembrado de escollos e islotes en confuso hacinamiento. El "Belgrano" disminuyó velocidad y viró a todo timón sobre estribor, para pasar entre dos piedras grandes que emergian del agua y que solo distaban unos 200 metros una de otra... Sitio que se conoce hoy con el nombre de Paso Belgrano.



La primera parte de la navegación por los canales había sido de lluvias y niebla, obligándoles a ocupar fondeadero improvisardo en Bahía Ballenas; por allí habíanse encontrado con el Villarinn. El resto de la travesía les ofreció como compensación una visión maravillosa del nevado de Sarmiento.

Febrero 15. — Esa misma mañana levamos los tres buques, Sarmiento al medio, y nos adelantamos hacia Punta Arenas, donde al ancla nos espera la escuadra chilena —O'Higgins, Zenteno, Errázuriz y transportes Angamos y Campa—. Entramos a la una de la tarde en línea de frente, e izamos engalanado, al que contestan los chilenos con el suyo. El cañoneo —de salvas felizmente— se prolongará luego toda la tarde, haciéndose unos 500 disparos.



Del O' Higgins se ha desprendido una lancha; son el general Vergara y el comandante de la escuadra chilena, que traen el saludo de Errázuriz y el ofrecimiento de su visita. Roca les declara que será él quien haga la primera visita, y acto continuo se embarca en su falúa, acompañado de los ministros Alcorta y Rivadavia y de los edecanes Reybaud, Gramajo, Galíndez e Iglesias.

Es la entrevista que ha pasado a la Historia con el nombre simbólico de "Abrazo de Punta Arenas". Momento solemne: atraca la falúa al O'Higjgns. El presidente argentino es recibido en el portalón por el comandante del hermoso crucero, mientras la banda de música rompe los acordes de nuestro himno. En cubierta, unos pasos más lejos, está el presidente chileno, rodeado de su comitiva. Adelántame ambos presidentes, se estrechan largamente la mano, y luego esperan a que termine el himno... Las presentaciones de estilo...; los dos presidentes, .algo apartados del grupo principal, sostienen luego una conversación de veinte minutos..., y Roca vuelve a su barco.

Momentos después, reprodúcese la escena a bordo del San Martin, donde los presidentes conversan media hora.

¿De qué hablarían a solas los grandes hombres? Misterio; por lo menos no lo supieron entonces "La Nación" ni "La Prensa". El guardiamarina de la Sarmiento, que no asistió a la entrevista, supone se trataría solamente de generalidades de cortesía internacional, de suavizar asperezas con el contacto personal, de facilitar el arreglo de las dificultades menores que pudieran surgir: los presidentes se felicitarían, de hombre a hombre, por la solución dada a la larga contienda y se afirmarían mutuamente en sus propósitos pacifistas y en su fe democrática y americana (En estos días precisamente, durante la ausencia de los presidentes, designó la Reina Victoria los tres arbitros que debían resolver el litigio). Un cronista afirma que oyó de labios de Roca la expresión: "Vale más la amistad internacional que un pedazo de tierra". Roca prometió hacer llegar muy pronto el telégrafo hasta el Estrecho (cabo Dungeness).

La jornada se prolongó con un gran baile en los salones de la gobernación. Errázuriz se desembarcó temprano, estrenado los arcos triunfales tendidos desde el muelle en todo el trayecto y reciamente sacudidos por el mal tiempo; y más tarde fué personalmente al Be grano en busca de Roca para llevarlo al baile.

En este acto sí que participamos los guardiamarinas, y es el que me dejó recuerdo más duradero. La banda de música del Belgrano hizo buen papel con sus valses y sus polkas, y los 400 concurrentes no dieron paz a las piernas hasta las cuatro de la mañana. Inicióse la fiesta con una histórica cuadrilla en que participaron los presidentes, acompañados de respetables matronas de la localidad, cuyo nombre siento no haber registrado. Como también se me han olvidado a través de treinta y tantos años los nombres de las gentiles puntarenenses que fueron esa noche mis partners hasta mucho después que se hubieron retirado los presidentes.



Dos días más se estuvo la escuadra en Punta Arenas. Al siguiente de la entrevista: banquete de gala en el O'Higgins, retribuido el 17 con otro en el Belgrano.

Simultáneamente realizábanse uno de marineros en la Sarmiento y uno de guardiamarinas en el Zenteno. Puedo dar fe de que en este último la fraternización fué menos protocolar y más efusiva que en los actos presidenciales, sellándose amistades que habían de perdurar a través de los años y de todas las cordilleras. Y hasta recuerdo de un abrazo entre dos guardiamarinas que quedó lubricado en forma bien visible a causa de un merengue que tenía uno de ellos en la mano y del que se había olvidado en su generosa efusión...

El 17 zarpamos todos de Punta Arenas. Errázuriz iba embarcado en el Belgrano, del que recién se trasbordó a alguna distancia, para escoltar aún a sus huéspedes hasta San Gregorio, mitad camino a la boca del Estrecho.

Uno de los resultados más concretos de las jornadas de Punta Arenas fué el agregado de una escala importante al itinerario de la Sarmiento. Pues se concertó que el Zenteno, con algunos delegados chilenos, iría en visita de cortesía a Buenos Aires, y que la Sarmiento, cuya escala siguiente era según itinerario Guayaquil, tocaría en Valparaíso y en el Callao.



Y así fué que algún tiempo después anclaba la Sarmiento en la bahía de Valparaíso, donde se pasó una quincena. De lo que fué esa quincena, que los guardiamarinas pasamos mitad en Valparaíso, mitad en Santiago, me ha quedado recuerdo imborrable pero confuso. Los actos y fiestas —visitas, almuerzos, lunch y banquetes— comenzaban a las ocho de la mañana y se desarrollaban según protocolo hasta la noche, prolongándose más allá, fuera de protocolo —tertulias, bailes, remoliendas— hasta empalmar con el programa del siguiente día. Los guardiamarinas-alumnos, muchachones todos de 21 años, amplificadas las ilusiones por el aislamiento de una ya regular navegación, fuimos naturalmente el centro del universo.

Y es preciso pensar en lo que significarían para una sociedad culta veinte años de continuada alarma internacional, la angustia inminente, veinte veces, de la guerra con el país hermano, para apreciar el jubilo con que la opinión sensata saludaría al gran gesto de cordura de los gobernantes y a la aparición de 1a Sarmiento, simbólica y alada mensajera de paz.

No faltaron aún uno que otro agitador u opositor político para intentar turbar los agasajos con algún silbido, con algún grito hostil a los cuyanos, a los rateros de la Puna... Pero su maldad ¡perdónales Señor! se perdió en la inmensidad de las ovaciones y del clamor popular. Dudo que buque alguno en el mundo baya sido objeto de tanto agasajo como lo fué la Sarmiento de parte del pueblo chileno en aquella quincena memorable que duró la escala en Valparaíso.

sábado, 2 de marzo de 2024

Carrera armamentística Argentina-Chile: El abrazo del estrecho

El histórico abrazo del Estrecho: la muñeca diplomática de Roca cuando estuvimos por ir a la guerra con Chile

En 1899 el presidente Julio A. Roca decidió tomar el toro por las astas y viajar a Chile para coronar las negociaciones que se hacían a contrarreloj. Los reclamos de territorios en disputa habían llevado a ambos países a una carrera armamentística que por poco no terminó en un conflicto armado

 
Ya en su segundo mandato, Roca tenía más experiencia. Los que trabajaron entonces con él, lo encontraron más reflexivo y observador

Martín Rivadavia, un marino de 46 años ascendido a comodoro en octubre de 1896 y ministro de Marina en el segundo gobierno de Julio Argentino Roca, no se movía del puesto de mando del Acorazado General Belgrano, comprado a nuevo a Italia el año anterior. Llevaba un pasajero ilustre, al propio Presidente, que iba a reunirse con su par chileno, Federico Errázuriz.

El encuentro sería en Punta Arenas y el ministro tuvo una idea de la que se arrepintió cuando era demasiado tarde: en lugar de acceder a Chile por el Canal de Beagle y el Estrecho de Magallanes, le propuso a Roca hacerlo por los canales fueguinos, lo que representaba una navegación mucho más complicada y riesgosa, pero que sabía que sorprendería a los chilenos. Aclaró que él mismo respondería personalmente por la decisión tomada.

El Presidente aceptó gustoso y cuando llegaron a destino se enteró de que Rivadavia había sudado a mares y que guardaba una pistola con la que pensaba volarse la cabeza si se hundía el acorazado con el Presidente a bordo, en esos canales que no eran del todo conocidos.

Cuando la tensión con Chile iba en aumento, y muchos imaginaban una guerra, el presidente argentino decidió ir a encontrarse con Federico Errázuriz

Había asumido la primera magistratura el 12 de octubre de 1898. En la carrera hacia la Casa Rosada, asomaban dos candidatos potables: uno era él y otro Carlos Pellegrini. El general Bartolomé Mitre intentó cortar el avance de Roca a la presidencia al proponer una alianza entre radicales y nacionalistas. Pero Hipólito Yrigoyen la rechazó de plano. Él era el líder indiscutido desde el suicidio de su tío Leandro Alem el año anterior.

Lo que primó a la hora de ungir a Roca presidente fue la situación internacional, especialmente con nuestros vecinos los chilenos. Ese país venía de proclamarse triunfador en su guerra contra Perú y Bolivia y ese ambiente de un posible enfrentamiento por cuestiones limítrofes amenazaban la paz. Para algunos políticos, la guerra era un hecho, y quién mejor para conducirla que el único militar que nunca había sido derrotado. Así se afianzó la idea de su candidatura.

Invitación cursada por el gobierno de Chile, para participar de la histórica jornada (Gentileza Museo Roca)

Ya no era un joven de 37 años, sino que a sus 55 años se había convertido, según lo describe Ibarguren, en una persona flexible, tolerante, reflexiva y observadora.

Fue elegido gracias al voto de 218 electores. Su vice era Norberto Quirno Costa, con experiencia en política exterior.

“Felizmente, nos hallamos en paz y concordia con todas las naciones del mundo”, señaló Roca. “Las últimas cuestiones de límites, que heredamos del coloniaje, marchan a su solución, por los medios y procedimientos que presenten los tratados internacionales. La cuestión de Chile, resuelta desde 1891, ha sido entregada al arbitraje y de acuerdo con el tratado de este año y el de 1893. Esperamos tranquilos el fallo del árbitro, confiados en que nada turbará nuestras relaciones internacionales y en que la terminación pacífica de este largo pleito que será una victoria de la razón y del buen sentido, influirá en las relaciones de los estados sudamericanos”.

De etiqueta y ambos con la banda presidencial, en la cubierta del O'Higgins (Archivo General de la Nación)

Era consciente de la situación irresuelta con Chile. Unas de las cuestiones que se resolvería entonces sería la Puna de Atacama, un conflicto que se arrastraba desde el fin de la guerra del Pacífico, cuando Chile ocupó tierras que estaban en disputa entre Argentina y Bolivia. A partir de un laudo celebrado en Buenos Aires entre el 1 y el 9 de marzo de 1899, Argentina terminó quedándose con el ochenta por ciento y Chile con el veinte restante del sector en disputa.

De la mano de su ministro de guerra Pablo Riccheri modernizó el Ejército y adquirió armamento. También se creó el ministerio de Marina, a cuyo frente puso a Martín Rivadavia y compró barcos, en un vasto plan que incluyó la ley 4031 del servicio militar obligatorio.

Devolución de gentilezas. Luego del encuentro en el buque chileno, Errázuriz abordó el acorazado Belgrano. Fotografía revista Caras y Caretas.

El objetivo de Roca era mostrarse fuerte, en el ajedrez del cono sur, frente a Chile y a Brasil.

“Roca fue una figura central del proceso de consolidación del Estado nacional entre fines del siglo XIX e inicios del XX, y por aquellos años sus gobiernos tuvieron que enfrentar delicados conflictos con el Vaticano y con países limítrofes. También se retomaron antiguos reclamos de soberanía sobre las Islas Malvinas. Asimismo, se dio gran importancia a la organización y desarrollo de un cuerpo diplomático, enviado a diversas partes del mundo”, explican desde el Museo Roca.

Como los peritos de ambos países no lograban ponerse de acuerdo, Roca tomó el toro por las astas y decidió concretar un viejo anhelo, el de viajar al sur y cerrar él la cuestión.

A comer. El menú que se sirvió la noche del 16 de febrero (Gentileza Museo Roca)

No fue una decisión apresurada: daba el puntapié inicial de los presidentes argentinos que se involucraban personalmente en la solución de diferendos internacionales. Se la llamó la diplomacia presidencial, algo novedoso para la época. “Era consciente que la guerra había sido un impedimento en los procesos de modernización del Estado y de desarrollo económico”, se explica en un trabajo del citado museo. Sabía que su par chileno opinaba lo mismo.

Junto a su ministro de Marina y secretarios, el 20 de enero de 1899 partió en el ferrocarril del Sud hasta Bahía Blanca, donde abordó el acorazado Belgrano. Luego, el ministro de Relaciones Exteriores Amancio Alcorta lo alcanzó con el Transporte Chaco. Una comitiva de periodistas lo seguía en el crucero liviano Patria.

Junto al menú, se distribuyó el programa musical ejecutado en la cena (Gentileza Museo Roca)

En Puerto Belgrano -entonces se llamaba Puerto Militar- visitó las obras que se estaban realizando. A Puerto Madryn llegaron con lluvia y fueron en ferrocarril hasta Trelew. De ahí se trasladó en carruaje a Rawson y Gaiman.

Nuevamente a bordo, continuaron el viaje bordeando la costa patagónica. En Río Gallegos se hospedó en la casa del gobernador del territorio de Santa Cruz, Matías Mackinlay Zapiola. Cuando los pobladores se enteraron se concentraron y Roca les habló desde el balcón, donde prometió la concreción de obras. Era la primera vez que un Presidente los visitaba. Esa casa se demolió pero se conservó el balcón.

Cuando navegaban hacia Ushuaia, quiso visitar la estancia Haberton, donde fue agasajado por la viuda del dueño. El Presidente aprovechó a conversar con los indígenas onas y yaganes que trabajaban allí.

Debía cumplir con la agenda. Para el 15 de febrero al mediodía el mandatario chileno lo esperaba en Punta Arenas, tramo que cumplieron siguiendo la ruta propuesta por el comodoro Rivadavia. Al anochecer del 14, la comitiva argentina fondeó en Puerto Hambre, donde se sumó la fragata Sarmiento, el buque escuela que había decidido modificar su itinerario para sumarse al viaje.


El acorazado General Belgrano, comprado a Italia. En ese buque viajó Roca. Fue desguazado en el Riachuelo en 1947 (Wikipedia)

Los chilenos apostados en el muelle del puerto se sorprendieron al ver cerca de las dos de la tarde que la flota argentina aparecía por el sur y no por el este, el camino fácil y conocido. Junto al buque insignia O’Higgins, estaban los cruceros livianos Zenteno y Errázuriz y el transporte Argamos.

Apenas se avistó a los buques, en un día soleado en el que soplaba una brisa helada, fueron recibidos con interminables salvas de cañones. Había expectativa y ansiedad entre los funcionarios chilenos.

Errázurriz envió una embarcación con una comisión integrada por el general Vergara y el coronel Quintavalla para arreglar los detalles del ceremonial. El chileno ofrecía ir al buque argentino, pero Roca, vestido de civil y con banda presidencial -dejó a bordo su uniforme militar y medallas- se adelantó y abordó el O’Higgins, junto a sus ministros Alcorta y Rivadavia. Su par chileno estaba acompañado por sus ministros de Relaciones Exteriores, Guerra y Marina, Justicia e Instrucción Pública y por el director de la Armada, Jorge Montt, ex presidente.

Se saludó con Errázuriz con un apretón de manos, no con un abrazo. Igualmente pasó a la historia como “El abrazo del Estrecho”. La banda militar de la marina chilena ejecutó los himnos.

Luego, el chileno abordó el Belgrano y repitieron los saludos.

Hubo una reunión importante entre ellos al día siguiente, por la noche, en la que organizó un banquete. Se imprimió el menú, escrito en francés y con platos que aludían a la jornada, como “pigeons aux a vocats, a la Belgrano” y “soufflé de volaille, a la O’Higgins”. Una orquesta ejecutó diversas piezas musicales a lo largo de la velada.

A la hora de los brindis, el mandatario transandino expresó que “la paz, siempre benéfica, es fecunda entre naciones vecinas y hermanas, armoniza sus intereses materiales y políticos, estimula su progreso, da vigor a sus esfuerzos, hace más íntimos sus vínculos sociales y contribuye a la solución amistosa de sus dificultades y conflictos. La paz es un don de la Divina Providencia”.

Por su parte, Roca dijo que “la paz, como medio y como fin de civilización y engrandecimiento es, en verdad, un don de la Divina Providencia, pero es también un supremo deber moral y práctico para las naciones que tenemos el deber de gobernar. Pienso, pues, como el señor presidente de Chile y confundo mis sentimientos y mis deseos con los suyos, como se confunden en estos momentos las notas de nuestros himnos, las salvas de nuestros cañones y las aspiraciones de nuestras almas”.

Acordaron dirimir las disputas de límites por el camino diplomático. Tres años después se firmarían los Pactos de Mayo, donde ambos países renunciaban a reclamos de expansiones territoriales, que alejaron el fantasma de la guerra. Errázuriz falleció en julio de 1901 en el ejercicio de su cargo, y su sucesor Germán Riesco continuó con la misma política.

Roca permaneció tres días en Punta Arenas. El 22 de febrero ya estaba de regreso en Buenos Aires.

Ese mismo año viajó a Uruguay y Brasil. A este último país lo hizo acompañado, entre otros, por los generales Nicolás Levalle, José Garmendia y Luis María Campos, veteranos de la Guerra de la Triple Alianza.

El objetivo principal del viaje fue el encuentro con el presidente brasileño Campos Salles, con quien estableció muy buenas relaciones y le sirvió a Roca para estrechar lazos y mantener el equilibrio en la región.

Algo ducho en la materia debía ser, ya que cuando ya no era más presidente, le encomendaron dos misiones diplomáticas al Brasil, a fin de aquietar tensiones derivadas de la carrera armamentística y de ocupación de territorios. La última la cumplió en 1912, dos años antes de su muerte.

Tapa de Caras y Caretas del 25 de febrero de 1899, ironizando sobre el viaje del presidente. Roca se había transformado en un clásico en el semanario

Pasaron 124 años del aquel histórico encuentro entre Roca y Errázuriz, donde el sentido común solo estuvo ausente en el comodoro Martín Rivadavia, que sorprendió a propios y a extraños con sus dotes de navegante y experto conocedor de los peligrosos canales fueguinos. Todo lo vale para evitar una guerra.

Fuentes: Museo Roca – Instituto de Investigaciones Históricas; Félix Luna – Soy Roca; Carlos Ibarguren – La historia que he vivido; diario El Mercurio; revista Caras y Caretas



domingo, 26 de julio de 2020

Conquista del desierto: La campaña del Río Negro (1/2)

Galería fotográfica de la Campaña al Río Negro 

Parte 1



Artillería de Villegas, después del Paso Alsina 
 

Artillería en la picada 24 de Mayo
Campamento en marcha 


Carhué, Casa del Coronel Nicolás Levalle 


Carhué, Fortín Mangrullo 


Carhué, Maestranza - Laguna Carhué 



Carhué, Mayoría 
 


Carhué, Pueblo 

Carhué, Pueblo 


Carmen de Patagones, con el Vapor Triunfo 









Choele Choel: Formación de cuarteles






 

Soldados Digital

jueves, 13 de diciembre de 2018

JAR: Denostar para crear un mito insostenible

Bajen a Roca, alcen a Néstor
Por Luis Alberto Romero
© La Nacion

La inauguración del gran mausoleo de Néstor Kirchner en Río Gallegos y la instauración de su estatua , que probablemente desplace a la del general Roca, están cargadas de simbolismos y rituales todavía confusos. Una mirada al pasado quizás aclare algunas de sus múltiples significaciones.

Un caso con alguna afinidad fue la creación del culto al emperador en el momento de la fundación del Imperio Romano. Por entonces, Augusto levantó una estatua al divino Julio César, su padre político, asesinado poco antes. Desde entonces, cada emperador muerto fue divinizado para así transmitir el carisma a su sucesor. Y su estatua, reproducida en cada gran ciudad, se convirtió en el centro del nuevo culto imperial, entre religioso y político.


En la historia se han entrelazado la política y la religión, las personas y las instituciones, el Estado y el culto. Luis XIV, por ejemplo, aunque era monarca por derecho divino, desplegó una intensa actividad muy terrenal para construir su imagen: retratos distribuidos masivamente, cuadros alegóricos, arcos de triunfo y, por supuesto, estatuas, además de panegíricos, tratados filosóficos u obras teatrales. Todo dirigido por el ministro Colbert, de una eficacia digna de Goebbels.

Posteriormente, la política democrática, aunque fundada en el pueblo y en la nación, siguió apelando a toda la panoplia de recursos religiosos: relatos míticos de orígenes y destinos nacionales, rituales públicos, lugares de culto, emblemas, monumentos y estatuas. En Francia, la República se simbolizó en la estatua de Marianne; en Alemania, las "columnas Bismarck" representaron al Reich imperial. En el siglo XX vinieron los movimientos de masa, y con ellos los líderes carismáticos, que cultivaron otra faceta de raigambre religiosa: el mesianismo. Con el fascismo y el nazismo, el Estado y el Movimiento, los líderes desplegaron ampliamente estas formas del culto a la personalidad. En la Unión Soviética, que prodigó las estatuas de Stalin, se le agregó la veneración del cadáver de Lenin en la Plaza Roja; como el emperador romano, simbolizaba la permanencia de los principios fundadores, transmitidos a sus sucesores.

La Argentina tuvo su modesto culto republicano. En 1811 se levantó la Pirámide de Mayo, pero sólo en 1862 se erigió la primera estatua a una persona: el general San Martín, en quien se reconocía no sólo su obra política y militar sino también su alejamiento de las facciones locales. En 1873 se levantó la estatua de Manuel Belgrano, quien luego de servir diez años al gobierno revolucionario perdió su fortuna y murió pobre de solemnidad. Indudablemente, eran otros tiempos, con otros valores.

En el siglo XX llegó a estas tierras el culto a la personalidad. Comenzó con Yrigoyen, con recursos modestos, y tuvo su apogeo con Perón y Eva Perón. La fábrica del Estado funcionó como la de Luis XIV: retratos y escuditos; nombres en provincias, ciudades, barrios, calles, plazas y estadios de fútbol, sumado a todo lo que aportaban los modernos medios de comunicación. En el imaginario popular fue instalándose una cierta relación con el trasmundo, cuando la liturgia peronista subrayó los dones sobrenaturales de Evita. Su cuerpo embalsamado debía fundar un culto y consagrar la transferencia de su carisma al presidente viudo.

Algo de todo eso se insinúa hoy, con la presidenta viuda. Calles, barrios, campeonatos y becas reciben el nombre de Néstor Kirchner. Son muchas las prácticas, interpelaciones, apelaciones y representaciones que esbozan la colocación de Kirchner en una esfera sobrenatural, más pagana que cristiana, desde donde motiva a sus seguidores y legitima e inspira a Cristina. Una operación similar a la que Augusto hizo con Julio César.


El relato mítico del kirchnerismo está en pleno proceso de construcción, y por ahora suma motivos que no siempre encajan. Esta suerte de beatificación de Kirchner se une ahora con la execración de Roca . La cuestión pasa de lo sobrenatural al combate por la apropiación del pasado. Su gobierno ya ha sido calificado como el mejor de los últimos cincuenta años, y solo se compara, por ahora, con el primero de Perón. En cuanto al resto, el relato del pasado se está armando con fragmentos diferentes. Aunque abreva en la versión revisionista, no hay mayores referencias a Rosas o a los caudillos, ni a grandes líneas históricas. Más bien se trata de eliminar competidores. Así ocurrió con Sarmiento, y luego con los hombres del Centenario. Los historiadores oficiales se esfuerzan en desmentir el supuesto progreso de aquella Argentina, contrastando sus modestos logros -admiten que quizás hubo crecimiento, pero sobre todo represión y poca distribución- con los espectaculares resultados del "modelo" actual.

Aquí empalma otro relato: el de los derechos humanos, una bandera asumida por el kirchnerismo como un logro propio y exclusivo. Desde esta perspectiva, nuestro reciente terrorismo de Estado empalma con el genocidio nazi, lo que suma toda una opinión progresista. Se trata, pues, de buscar genocidas en el pasado. Confluyen así dos discursos fuertes y movilizadores: el de la condena del genocidio, presente y pasado, y el de la nación kirchnerista, que se pone de pie dejando atrás un pasado de sombras y divisiones y construye unida un nuevo futuro. En el cruce de ambos discursos aparece el general Roca.

Roca suele ser presentado como el artífice del denostado "modelo del 80", lo cual es exagerado, pero ya le vale la tarjeta roja. Pero, además, Roca comandó la campaña de 1879, lo que lo convierte en el exterminador de los pueblos originarios, el genocida de su tiempo. Con la apelación a los pueblos originarios viene también el multiculturalismo, otra causa progresista. Todo suma. Se trata, ciertamente, de una manipulación grosera y efectista del pasado.

Es importante recuperar la perspectiva histórica, evitar los anacronismos y recordar uno de los principios básicos del oficio de historiador: los hombres y las instituciones deben ser comprendidas en el contexto de su época, sus prácticas y sus valores. No sólo ayuda a hacer buena historia, sino a tomar las lecciones correctas del pasado.

Roca fue un militar profesional que guerreó para construir el Estado nacional. Peleó en la Guerra del Paraguay, combatió a los poderes provinciales que cuestionaban la autoridad nacional, derrotó a los imperios aborígenes del Sur y definió las fronteras argentinas, ocupando un territorio que por entonces también pretendían los chilenos. No hay nada de excepcional en esta historia, similar a la de cualquier otro Estado nacional construido con los métodos que por entonces eran considerados normales. Los nacionalistas integrales, quienes consideran esencialmente "argentino" cada fragmento del territorio -no es mi caso-, deben admitir que Roca contribuyó a una soberanía que creen legítima. En cuanto a los pueblos originarios, ciertamente hoy no aprobaríamos la manera como los trató Roca, y la conducta del gobernador Insfrán nos parece detestable. Pero si se trata de leer el pasado desde el presente, deberíamos condenar también la manera en que, a lo largo de siglos, algunos "pueblos originarios" -por ejemplo, los aztecas o los incas- trataron a otros. Al menos, Roca no hacía sacrificios rituales con los prisioneros.

Sobre esta historia matizada se han elaborado sucesivos relatos míticos. Todavía recordamos el de la dictadura militar, cuando el centenario de la Conquista del Desierto. Era deplorable, faccioso, autoritario y mesiánico. Hoy es execrado, pero en nombre de otro relato igualmente mesiánico y faccioso, de enorme capacidad sincrética y mucho oportunismo.


La estatua, la casi beatificación, la elaboración de un relato mítico contradictorio, todo es parte de un proceso verdaderamente interesante para quien pueda examinarlo con la ecuanimidad y distancia del antropólogo o el historiador. Pero es difícil que puedan mirarlo así quienes tienen puesta su fe y sus convicciones en la República y quienes advierten, en este y en otros casos, de qué modo el faccionalismo va deviniendo en totalitarismo.



El autor, historiador, es investigador principal del Conicet/UBA