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domingo, 11 de enero de 2026

Argentina: Contactos nucleares del ARA San Juan en 2017

Contactos nucleares del 9 y 10 de julio de 2017

Basado en un posteo de Mariano Sciaroni


El 9 y 10 de julio de 2017, en plena inmensidad gris del Atlántico Sur, el ARA San Juan vivió uno de esos episodios que en la guerra antisubmarina quedan grabados más por lo que sugieren que por lo que permiten demostrar. A la altura de Puerto Deseado y a unas 250 millas náuticas de la costa —es decir, ya en un espacio donde el mar se abre y el “ruido de fondo” se vuelve un actor tan importante como cualquier buque—, el submarino argentino obtuvo dos contactos que fueron tratados como submarinos. El del día 9 aparece primero por “registrador” y luego por audio: esa secuencia, para quien conoce la rutina de un sonar, es casi cinematográfica. Primero la huella queda en el registro (la traza, el evento, el patrón que sobresale del ambiente), y luego el operador confirma con el oído entrenado: el sonido característico, el tono estable o el “rumor” mecánico que no se comporta como un buque mercante ni como una perturbación biológica. Que haya pasado de registro a escucha sugiere algo más que un eco distante: implica una situación de geometría viva, con ambos submarinos lo suficientemente cerca como para que la señal fuese útil, explotable, y digna de ser grabada con la expectativa de un análisis fino posterior.



   

El 10 de julio, el contacto tuvo un rasgo todavía más revelador: una variación rápida en la marcación (bearing). En sonar pasivo, la marcación es la brújula del cazador: no da distancia, pero sí dirección. Y su velocidad de cambio es, muchas veces, el primer indicio de “proximidad táctica”. Un blanco lejano tiende a moverse lentamente en azimut; cuando la marcación gira rápido, algo está pasando: o el contacto está cerca, o uno de los dos (el propio submarino o el contacto) está maniobrando con decisión, o ambas cosas a la vez. La lectura intuitiva es la que señalás: “si gira rápido, estaba muy cerca”, porque a igual velocidad relativa, el ángulo cambia más deprisa cuanto menor es la distancia. Pero en un análisis serio hay que sostener también la alternativa técnica: una maniobra del San Juan (cambio de rumbo o velocidad) puede “hacer correr” la marcación de un blanco a distancia moderada, y un cambio de capa acústica o de propagación puede intensificar o degradar el contacto en pocos minutos. Por eso estos eventos se tratan como piezas de un rompecabezas: no se interpretan por un solo síntoma, sino por el conjunto de síntomas (estabilidad del contacto, continuidad tonal, coherencia del DEMON/blade-rate si se lo trabajó, consistencia con tráfico mercante, etc.).





Que los contactos se tomaran con sonar pasivo era lo esperable y, de hecho, casi inevitable. El activo ilumina, pero también delata: en un escenario donde no se pretende escalar y donde el valor principal es “saber sin ser sabido”, el pasivo es la herramienta natural. Además, el pasivo permite algo crucial: grabar. Cuando se graba un contacto, se conserva el insumo para el trabajo “de laboratorio” que viene después: separación de banda ancha y banda angosta, búsqueda de líneas tonales estables (maquinaria, bombas, generadores), estimación de velocidad a partir de componentes periódicas (si el análisis lo permite), comparación con bibliotecas de firmas, y clasificación (submarino / superficie; militar / mercante; probable tipo). Ese “después” es donde, en condiciones normales, se decide si la hipótesis “submarino nuclear” es sólida o sólo una etiqueta preliminar. Porque conviene ser estrictos: desde lo técnico, pasivo por sí solo rara vez “prueba” nuclearidad; lo que puede dar es un conjunto de indicios (régimen sostenido alto, ciertos patrones mecánicos, calidad de maquinaria, firma tonal) que llevan a un “probable SSN” con mayor o menor confianza.




Estas son las pos del San Juan en la carta y la derrota posible del submarino de otro país, considerando la información que más o menos tenemos. Si hoy intentás reconstruir la escena en una carta, la lógica es la de la geometría de marcaciones: ubicás las posiciones estimadas del San Juan y trazás líneas de demora (bearing lines) para cada marca relevante del contacto. Con dos o más marcaciones tomadas desde diferentes posiciones del propio submarino —idealmente con algo de separación temporal y espacial— se puede armar un esbozo de “solución de seguimiento” (TMA, target motion analysis) aunque siempre con ambigüedades: sin distancia directa, muchas trayectorias pueden calzar con los mismos ángulos. Ahí es donde entra el dato cualitativo de tu relato: el cambio rápido de marcación del día 10, combinado con la obtención clara por audio, tiende a restringir soluciones absurdas y empuja hacia escenarios donde hubo cercanía táctica o maniobras marcadas. En criollo técnico: el contacto dejó de ser un rumor lejano y pasó a ser un problema de geometría inmediata, lo bastante “real” como para justificar grabación y posterior explotación. Y lo más inquietante es justamente lo que queda abierto: si esas grabaciones existieron y fueron elevadas para análisis, la conclusión —la verdadera,_toggle de inteligencia— no está en el momento del contacto, sino en lo que arrojó (o no arrojó) el trabajo posterior de clasificación. En guerra submarina, a veces el episodio más importante no es cuando “lo oíste”, sino cuando alguien, días después, te dice qué era lo que estabas oyendo.

¿De qué país era? Nuclear y en el Atlántico Sur, nos deja básicamente tres opciones. Británico (la más probable): elsnorkel.com/2010/05/enemig ; Estadounidense: en.mercopress.com/2021/02/15/fal o Ruso: elsnorkel.com/2013/01/submar . Veamos.

Contactos históricos en la Patagonia

En la Patagonia argentina, el mar tuvo momentos en que dejó de ser “fondo” y se volvió protagonista. Entre el 21 y 22 de mayo de 1958, y luego otra vez entre el 20 y 29 de octubre de 1959, unidades de la Armada Argentina que estaban en ejercitaciones detectaron contactos submarinos en zonas sensibles: primero en el Golfo Nuevo y después frente a Comodoro Rivadavia, con la fragata ARA Heroína y el refuerzo de los recién incorporados aviones Neptune de la Aviación Naval. Pero la secuencia que quedó grabada como una verdadera cacería se extendió del 30 de enero al 26 de febrero de 1960, también en el Golfo Nuevo: un contacto inicial, fortuito, derivó en persecuciones y ataques repetidos desde superficie y aire. Se intentó identificación, no hubo respuesta, y el comportamiento del intruso resultó tan desconcertante como técnicamente elocuente: parecía “ofrecer” el contacto en ciertos momentos, pero con superioridad de maniobra y velocidad buscaba arrastrar a los perseguidores mar afuera; cuando la persecución cruzó el límite de las 12 millas, se ordenó cortar, y aun así esa misma noche reaparecieron nuevos contactos dentro del golfo, alimentando la sospecha de más de un submarino. El patrón operativo terminó describiéndose por fases: una inicial de choque, una etapa evasiva con múltiples contactos breves (como si un submarino distrajera para aliviar a otro potencialmente averiado), un momento de escape hacia zonas menos “cómodas” y, finalmente, una fase de ausencia con rastrillajes metódicos. Hubo instancias de afloramiento parcial —lo suficiente para clasificar “positivo”—, y con el correr de los días se consolidó un perfil técnico: diesel/eléctrico, con snorkel, capaz de sostener 16 a 20 nudos en inmersión, dotado de buen sonar, con medidas de apoyo electrónicas (MAE/ESM) y la necesidad periódica de asomar la vela o parte de ella. En un teatro donde la mayor parte del tiempo se combate contra un eco, esas características no eran un detalle: eran la firma de una intrusión consciente, moderna para su época, que no buscó combatir ni hablar, sino resistir, confundir y desaparecer.



La explicación más inquietante no estaba dentro del golfo, sino en el mundo que lo rodeaba: la Guerra Fría empujaba submarinos oceánicos a mares “periféricos” para medirlo todo —temperaturas, salinidad, corrientes— y, sobre todo, para ensayar rutas y condiciones de operación futura. En ese tablero, los soviéticos ya disponían de submarinos de largo alcance clase Zulu (Proyecto 611), diseñados como oceánicos y capaces de campañas extensas sin reabastecimiento, con velocidades en inmersión del orden de los 16 nudos y equipamientos que calzaban con lo observado en Patagonia. Se registran campañas largas, con apoyos logísticos y misiones de recopilación ambiental y geofísica pensadas para facilitar operaciones posteriores en un Atlántico Sur considerado con defensas antisubmarinas relativamente escasas. Del lado estadounidense, el Atlántico Sur tampoco era ajeno: en 1958 se ejecutó Operación Argus con detonaciones nucleares atmosféricas desde una fuerza naval ubicada aproximadamente entre Malvinas y Ciudad del Cabo (un despliegue que razonablemente habría requerido vigilancia y seguridad submarina), y en 1960 el enorme USS Triton realizó su circunnavegación sumergida, con episodios de búsqueda de contactos y un itinerario que incluyó proximidad operativa al área y posterior navegación hacia el sur bordeando la costa argentina. En el propio Golfo Nuevo, incluso, se sumaron expertos de la U.S. Navy y se aportaron medios de detección y torpedos aéreos guiados, un dato que sugiere que, para Washington, aquello no era una anécdota local sino un evento técnicamente serio. Sin embargo, el enigma nunca se cerró con reconocimiento oficial de ningún país: quedaron croquis nocturnos, mástiles vistos contra la luna —¿periscopio, radar, snorkel?—, una estructura en proa interpretada como carenado sonar o como antenas de comunicaciones, y un detalle técnico casi “de manual” que alimentó hipótesis: ciertos submarinos soviéticos necesitaban aflorar para operar comunicaciones de alta frecuencia sin riesgos en acopladores y aisladores, algo que encajaba con la conducta observada. Por eso, cuando décadas más tarde el Atlántico Sur volvió a llenarse de silencios después de 1982, la sorpresa no fue que hubiera submarinos extranjeros: la verdadera lección era que la Patagonia ya había sido, desde mucho antes, un escenario real del ajedrez submarino global, donde lo único permanente es que casi nada se ve y casi todo se infiere.


Contactos británicos del tercer tipo

Años después de 1982, el Atlántico Sur siguió siendo un tablero con piezas visibles y una pieza invisible (El Snorkel). En la superficie, la presencia británica se sostuvo con un esquema casi permanente: un buque de combate (destructor o fragata), un buque logístico de la Royal Fleet Auxiliary y un patrullero con base en las islas, de modo que nunca faltara una “bandera” naval cerca de Malvinas y, si por rotaciones no estaba en estación, al menos hubiera una unidad lista para llegar en menos de dos semanas de navegación. Pero el verdadero núcleo disuasivo fue menos fotogénico: a intervalos regulares, un submarino de ataque se sumaba al dispositivo. Sus movimientos no se anunciaban; se filtraban lo justo para que el adversario supiera que, en cualquier crisis, podía haber un casco silencioso escuchando, siguiendo o cerrando una derrota. Cada vez que subía la tensión —por ejemplo, cuando se reactivaban polémicas políticas o económicas alrededor de los recursos en aguas circundantes—, la mera posibilidad de un submarino en patrulla funcionaba como mensaje estratégico: no se ve, no se discute, pero condiciona todo.


Corazón delator: El HMS “Sealion” arribando a Gosport, luego de su patrulla en Malvinas en el año 1987. Nótese el “Jolly Roger” con dos dagas –operaciones de comandos - y la bandera chilena, que indica que tocó un puerto de dicha nacionalidad en el camino de regreso. El “Sealion” fue dado de baja ese mismo año (Foto3: Chris Parfitt) 

La posguerra inmediata tuvo un clima raro, casi de “alto el fuego imperfecto”: la rendición en las islas no implicó, en términos estrictamente operacionales, que el continente quedara desarmado de un día para el otro, y esa ambigüedad alimentó una vigilancia británica intensa alrededor del archipiélago y también frente al litoral argentino. En ese marco hubo patrullas prolongadas de submarinos convencionales y nucleares, con misiones que rozaban la “semi-guerra”: permanecer cerca, recolectar inteligencia, y estar listos para reaccionar ante cualquier señal de recomposición ofensiva. El nerviosismo llegó a un punto álgido en mayo de 1983, cuando circularon temores de un posible raid argentino para el 25 de mayo y se reforzó el despliegue submarino, aunque el golpe nunca se materializó. Durante los años 80, los submarinos convencionales —especialmente los diesel-eléctricos de gran discreción acústica— fueron instrumentos finos de espionaje: patrullas largas, escucha de emisiones, observación por periscopio y aproximaciones que, para lograr ciertos avistamientos costeros, sólo podían hacerse entrando muy cerca y, en términos prácticos, cruzando límites sensibles de jurisdicción marítima. En paralelo, el submarino ofrecía algo más que sensores: podía ser plataforma para operaciones especiales, insertando o recuperando comandos (SAS/SBS) en litorales remotos; y el viejo lenguaje simbólico naval —el “Jolly Roger” con dagas— insinuaba ese tipo de acciones sin describirlas. Los convencionales, limitados por autonomía, podían apoyar la logística local atracando en instalaciones en las islas; los nucleares, con patrullas mucho más largas, rara vez necesitaban emerger y, cuando lo hacían, solía ser para visitas discretas a puertos “amigos” en la ruta.


HMS “Sceptre” en Simonstown, principios de abril de 2010. Nótese el pésimo estado del recubrimiento anecoico de la vela – similar estado al de su gemelo HMS “Spartan” en su visita a Río de Janeiro en 2005 (Foto1: The People’s Navy – South Africa)

En ese juego, la Armada Argentina buscó aprovechar las pocas oportunidades en que el velo se levantaba: cuando un submarino aparecía en superficie o transitaba por corredores previsibles hacia un puerto regional, se abría una ventana para “tocar” al intruso con medios antisubmarinos y, sobre todo, para medirlo. El objetivo técnico clave era capturar su firma: su huella acústica (tonales de hélices, maquinaria, ritmos característicos) y parámetros observables que alimentan una biblioteca de inteligencia naval y mejoran la detección y clasificación futuras. Hubo al menos un caso paradigmático: al conocerse que un submarino británico ingresaría en superficie a aguas territoriales argentinas en tránsito hacia Punta Arenas, se planificó una intercepción con aeronaves S-2 Tracker de la aviación naval antisubmarina, precisamente para registrar datos y firma acústica. Ese tipo de “contacto” no implica combate; implica ganar información en un dominio donde casi todo es negación y silencio. Con la baja de los últimos submarinos convencionales británicos, el problema tendió a concentrarse en unidades nucleares —más persistentes, más difíciles de forzar a exponerse— y el costado estratégico se volvió más serio: un submarino de ese tipo, además de vigilar, puede portar armamento de largo alcance, y su mera presencia cerca del litoral altera el cálculo político-militar. La conclusión operativa es directa: sin sensores, plataformas y doctrina antisubmarina sostenidas, el mar propio se vuelve un lugar donde el adversario entra, escucha y se va; con capacidades adecuadas, al menos se lo incomoda, se lo mide y se eleva el costo de cada patrulla.


Contactos norteamericanos en el Atlántico Sur

En el Atlántico Sur, donde la geografía parece fija pero la señal política cambia con un solo mensaje, un episodio reciente volvió a encender alarmas en Buenos Aires: desde la cuenta oficial del Comandante de la Fuerza de Submarinos del Atlántico de la Marina de EE.UU. (Comsublant), se informó que un submarino nuclear estadounidense —el USS Greenville (SSN-772)— había operado en mar abierto “con apoyo británico” y con colaboración de una aeronave asociada a Malvinas, mencionadas en ese mismo marco como “British Independent Overseas Territory”. En términos operacionales, el cuadro es claro: un SSN (submarino de ataque de propulsión nuclear) que patrulla en aguas internacionales y coordina con un medio aéreo —típicamente empleado para enlace, vigilancia, reconocimiento y apoyo a operaciones antisubmarinas— proyecta alcance, interoperabilidad y control del dominio submarino; en términos estratégicos, el gesto es aún más elocuente porque toma como punto de apoyo una base militar británica instalada en territorio cuya soberanía la Argentina disputa y que, además, se ubica en una región que el país reivindica como “zona de paz”. Esa combinación —submarino nuclear + soporte desde el enclave militar británico en Malvinas + lenguaje de “alcance global” y “dominación” del espacio submarino— fue leída en Argentina no como un hecho aislado, sino como una demostración de geoestrategia que trasciende lo bilateral y reubica el Atlántico Sur en el mapa de las grandes potencias.



La reacción argentina se articuló en capas, todas apuntando al mismo núcleo: presencia militar extrarregional y normalización del dispositivo británico en Malvinas. Cancillería expresó preocupación por la navegación de unidades “susceptibles de portar o emplear” armamento nuclear en el Atlántico Sur, invocando la Resolución 41/11 de la Asamblea General de la ONU sobre la Zona de Paz y Cooperación del Atlántico Sur (con su llamado a reducir y eventualmente eliminar la presencia militar externa y evitar la introducción de armas nucleares u otras de destrucción masiva), y recordó también el espíritu de la Resolución 31/49, que insta a Argentina y al Reino Unido a acelerar negociaciones por la disputa de soberanía y a abstenerse de adoptar medidas unilaterales que alteren la situación mientras dure el proceso. En paralelo, se reforzó el encuadre regional: se convocó a los Estados parte del Tratado de Tlatelolco y sus protocolos a preservar el estatus de desnuclearización militar en América Latina y el Caribe. Del lado estadounidense, la embajada en Buenos Aires buscó “enfriar” la lectura política: sostuvo que el Greenville realizaba una navegación rutinaria en aguas internacionales, sin escalas logísticas en la región, y que sólo colaboró con una aeronave británica mientras transitaba mar abierto. Aun así, la discusión interna escaló: el gobernador fueguino Gustavo Melella calificó el hecho como extremadamente grave —sobre todo por la denominación de Malvinas—, y el senador Jorge Taiana lo enmarcó como una violación de la Zona de Paz y Cooperación y como un acto que tiende a legitimar la ocupación, subrayando además el trasfondo antártico y la proyección global de poder naval. En la lectura de analistas, el episodio se acopló a una fricción previa: la visita frustrada del guardacostas estadounidense Stone durante una gira “Southern Cross” orientada a cooperación marítima e IUU fishing, cancelada por “problemas logísticos”, que dejó la sensación de una relación bilateral atravesada por señales operativas en el mar y respuestas políticas en tierra, con Malvinas siempre en el centro del encuadre.


miércoles, 17 de diciembre de 2025

EA: Maniobras con los TAM VCA

  

Ejercicios de Artillería en Santa Cruz




En el campo de instrucción General Adalid, el Grupo de Artillería Blindado 11 desarrolló actividades de adiestramiento operacional en el marco de los ejercicios finales de la XIra Brigada Mecanizada.



Durante la ejercitación, el personal efectuó acciones propias del Arma con sus cañones calibre 155 mm y vehículos de combate de artillería Palmaria.



De esta forma, y en el contexto de actividades de nivel gran unidad de combate, el Grupo brindó apoyo de fuego a los elementos de maniobra de la Brigada, en cumplimiento de misiones específicas impartidas por el escalón superior.

lunes, 15 de diciembre de 2025

EA: Maniobras del RIMec 35 en Santa Cruz

   

Adiestramiento operacional en Santa Cruz




El Regimiento de Infantería Mecanizado 35 desarrolló una intensa jornada de adiestramiento operacional en el campo de instrucción General Adalid. 



La actividad incluyó la preparación de personal y medios y el alistamiento de las subunidades de combate, de las secciones independientes y de los elementos de sostenimiento propios de una unidad mecanizada.
La jornada culminó con ejercicios de tiro de combate con todos los sistemas de armas de dotación, lo que permitió consolidar la cohesión, la coordinación y el nivel profesional del personal en un ambiente geográfico exigente.

domingo, 14 de diciembre de 2025

Pueblos originarios: Nuestros hermanos Selk'nam



Aborígenes Selk'nam, Tierra del Fuego, 1920s

Chon - Yagán y los olvidados Kawéskar de la zona de Puerto Edén. Estas imágenes nos demuestran lo que fueron, algo de sus genes corre por nuestra sangre. Los Selk’nam, también fueron conocidos como los Onawo u Ona.








sábado, 13 de diciembre de 2025

EA: Movilizada la XIra Brigada Mecanizada en Santa Cruz

Ejercitaciones de la XIra Brigada Mecanizada en Santa Cruz




La XIra Brigada Mecanizada llevó adelante una actividad de adiestramiento operacional que abarcó los niveles Unidad y Gran Unidad de Combate (GUC).
 


El objetivo del ejercicio "Dogo Negro" fue coordinar el empleo combinado de sistemas de armas en un ambiente operativo caracterizado por extensas distancias, terreno compartimentado, vías de difícil transitabilidad y condiciones meteorológicas adversas, con ráfagas de viento que superaron los 100 km/h.



Durante la primera etapa, se efectuó la concentración de los medios blindados, mecanizados y de sostenimiento en el campo de instrucción General Adalid, tarea que estuvo a cargo de una compañía de transporte organizada para la ocasión y operada por la Base de Apoyo Logístico “Río Gallegos”. La magnitud del despliegue implicó el traslado de las unidades de la GUC en recorridos de más de 1000 kilómetros.



El ejercicio comenzó con la impartición de la orden de operaciones por parte del comandante, seguida del planeamiento y la emisión de órdenes en todos los niveles. A partir de entonces, los elementos ejecutaron diversas actividades y tareas tendientes a concretar la realización de las operaciones tácticas previstas.



De manera simultánea, el comando se adiestró en la impartición de órdenes con tiempos abreviados de planeamiento, introduciendo cambios de situación impuestos por la dirección del ejercicio. Esto posibilitó comprobar la capacidad de conducción y la adaptación de las unidades a los factores tácticos y a los cambios.



Las actividades desarrolladas permitieron evaluar:

  • La capacidad de concentración de medios a grandes distancias.
  • El planeamiento y la ejecución de órdenes con escaso margen temporal.
  • La resolución de nuevos elementos de juicio por parte de los jefes de Unidad.
  • La ejecución de maniobras en terreno compartimentado y de difícil transitabilidad.
  • El mantenimiento del comando y control a través de comunicaciones con los medios previstos.
  • El empleo de fuego con la mayoría de los sistemas de armas de la Brigada.




Es de señalar que el ejercicio "Dogo Negro" constituyó un hito dentro del ciclo anual de adiestramiento de la Brigada más austral del país, pues contribuyó al fortalecimiento de la cohesión de las fracciones, la comprobación de procedimientos doctrinarios y la consolidación de las capacidades operacionales previstas para su empleo.

sábado, 6 de diciembre de 2025

Argentina: Kast, el pan-araucanismo y las futuras hipótesis de conflicto


Milei, Kast y un mapa cada vez más chico

EMcL



Las declaraciones de José Antonio Kast sobre que “Argentina ya nos ha robado suficiente territorio a los chilenos”, acompañadas del hashtag “LaAntarticaEsChilena”, no son un exabrupto aislado, sino la expresión política de una línea intelectual que postula a la Argentina como usurpadora sistemática de espacios en la Patagonia, en la Antártida y en la plataforma continental. Esa narrativa, alimentada por su asesor Jorge Guzmán, que propone abandonar la vía política y preparar una larga batalla jurídico–estratégica contra Buenos Aires, instala de hecho una hipótesis de conflicto permanente con nuestro país.


1. Milei y Kast: luna de miel con minas antipersonal
Sobre el papel, Milei y Kast parecen almas gemelas: ambos reivindican a Bolsonaro y Trump, despotrican contra “la izquierda radical”, aman el libre mercado y se saludan en redes con entusiasmo libertario. Kast incluso agradeció públicamente a Milei su apoyo, celebrando que en ambos lados de la cordillera se levantara una “ola” anti–progresista.

El problema es que cuando se pasa del póster ideológico a la geopolítca concreta, la cosa se complica bastante. No es lo mismo coincidir en que “el Estado es gigante e ineficiente” que tener a tu supuesto aliado diciendo, por escrito y sin borrar el tuit, que tu país “ya ha robado suficiente territorio” y que padece “delirios expansionistas”.

Si Kast llegara a la presidencia, Milei se encontraría con un socio que lo aplaude en conferencias liberales pero que, al mismo tiempo, necesita mostrar dureza contra la Argentina para sostener su discurso soberanista frente a su propia opinión pública. El resultado probable es una relación esquizofrénica: foto sonriente para la tapa, comunicados secos y tensos sobre Antártida, los Hielos Continentales (llamados Campos de Hielo Sur en la tierra de Condorito) y plataforma continental. Cada encuentro bilateral sería una combinación rara de think tank libertario y reunión de Estado Mayor. De todos modos, Kast tendría que enfrentar otros frentes geopolíticos internos: la inmigración venezolana, el tráfico en la frontera con Perú y otros temas más.

En el mejor de los casos, Milei intentaría minimizar las diferencias como “debates técnicos” entre cancillerías. En el peor, podría verse tentado a responder con la misma retórica inflamada, alimentando un ping–pong verbal donde ambos presidentes se alaban como cruzados anti–socialistas mientras erosionan, tuit a tuit, la confianza estratégica entre sus países. No sería la primera vez que el ego presidencial pesa más que un mapa.

2. Desbalance militar: cuando la realidad te baja el tonito

En este contexto, el desbalance militar entre Chile y Argentina opera como un silencioso corrector de discursos. Las fuerzas armadas argentinas llegan a esta discusión con décadas de desinversión, sistemas de armas obsoletos y capacidades limitadas en el sur marítimo y antártico. Del otro lado, Chile mantiene desde hace años una política de inversión sostenida y profesionalización de sus fuerzas.

¿Favorecen las declaraciones de Kast ese desbalance? No lo generan —eso lo hizo Argentina solita dejando pudrir su aparato de defensa—, pero sí lo vuelven políticamente relevante. Cuando un candidato con chances reales en Santiago dice que Argentina roba territorio y se alinea con un asesor que niega la utilidad de los arreglos políticos y prefiere una estrategia de largo plazo, sustentada en “el derecho, la historia y la geografía” a favor de Chile, está marcando que ve estos temas como un eje estructural de su política exterior, no como un detalle técnico. Kast viene con la cantinela del post-araucanismo... recomponer el alienado Chile grande que existe en los cerebros más afiebrados del país pasillo.

En otras palabras: mientras Argentina todavía discute si Defensa sirve “para algo” que no sea desfile del 9 de julio, al otro lado de la cordillera hay gente planificando cómo maximizar sus ventajas jurídicas, diplomáticas y, llegado el caso, operacionales en el Atlántico Sur y la Antártida. El desbalance militar, que en Buenos Aires muchos trataban como curiosidad de mesa de café, se vuelve de golpe un factor que condiciona qué tan lejos se puede llegar en cualquier disputa sin quedar en ridículo.



Prestemos atención porque la última vez que Chile estuvo desbalanceado militar a su favor, no dudó en mostrar la hilacha provocando la Guerra del Pacífico, invadiendo Perú y Bolivia, robándoles territorios, humillando cada vez que pudo e intentando hacer lo propio con la Patagonia argentina. Está en el patrón cultural ladino del araucano robar primero y justificar después. Que esa tentación no se haga presente nuevamente en estos momentos.


3. Hipótesis de conflicto: revisar tratados sin decir “revisar tratados”

¿Puede Kast pedir la revisión de acuerdos ya firmados respecto a diferendos limítrofes? En la práctica, no hace falta que lo diga tan brutalmente. El guión ya está escrito por Guzmán y compañía: sostener que existe un “nuevo diferendo limítrofe” por la plataforma continental y la proyección antártica, insistir en que Argentina tiene “pretensiones exóticas”, y empujar, dentro del marco del Tratado de Paz y Amistad de 1984, a mecanismos de solución de controversias que reabran, de hecho, la discusión.

Formalmente se respetan los tratados; políticamente se los vacía de efecto estabilizador. La idea de evitar “arreglos políticos” porque relativizan “nuestros mejores derechos” apunta justamente a eso: endurecer la posición chilena, reducir los márgenes de negociación y alargar el conflicto en tribunales, comisiones técnicas y foros internacionales. No hace falta quemar un mapa en cadena nacional: alcanza con instalar, una y otra vez, que Argentina es expansionista, que roba territorio y que Chile es la víctima responsable que se defiende con paciencia y superioridad moral.

En ese esquema, cualquier gesto argentino de presencia en el sur —un radar en Río Grande, un puente aéreo a Tierra del Fuego, un refuerzo logístico para Antártida— puede ser presentado como confirmación de la “tesis geopolítica de la prolongación natural de su territorio” que tanto obsesiona a los planificadores chilenos. La hipótesis de conflicto no necesita tanques cruzando el Beagle: vive muy cómoda en powerpoints, notas de opinión y discursos de campaña.

Tengamos presente que en los Hielos Continentales, el gobierno chileno ya ha enviado tropas de seguridad (carabineros) y militares haciendo casetas, retenes, helipuertos, etc. creando un hecho consumado, como lo quisieron hacer en Lago del Desierto. Ya sabemos cómo terminó eso. Sin embargo, todo ese territorio está sujeto a delimitación definitiva: NO es parte de Chile. Más aún, la evidencia satelital de sensores (LIDAR) sustentarían mucho más a los reclamos argentinos que a los chilenos. Por lo que no sería raro que toda esa avanzada deba desmontarse y rearmarse en el país de los maremotos y terremotos. ¿Cómo reaccionaría Kast a eso?



4. Cancillería, Defensa y la siesta estratégica

Para el Ministerio de Defensa y la Cancillería argentinos, las declaraciones de Kast son una alarma que suena en una casa donde muchos prefieren seguir durmiendo la siesta. El hackeo de correos del Estado Mayor Conjunto chileno ya mostró que las fuerzas de ese país analizan con detalle los movimientos argentinos en Tierra del Fuego, los radares, los puentes aéreos y la idea de consolidar un polo logístico antártico. Es decir: nos están mirando con mucha más atención de la que solemos mirarnos nosotros mismos.

¿Debe Argentina acelerar su rearme? La respuesta incómoda es sí, pero no en clave de carrera armamentista caricaturesca, sino de mínima racionalidad estratégica. Un país que reclama presencia en la Antártida, que tiene un conflicto irresuelto con el Reino Unido en Malvinas y que comparte con Chile zonas sensibles de soberanía no puede seguir tratando a Defensa como un gasto culposo que se tapa con un plancito logístico cada tanto. Ya las tropas araucanas han estado haciendo un retardado boxeo de sombras invitando a tropas gurkhas, esas que se acobardaron de enfrentar a conscriptos argentinos en Malvinas, junto con marinos británicos para tirar tiros cerca de la frontera argentina. Así también han invitado a autoridades del ministerio de defensa para planear la construcción naval y otras "paiasáas" para mandar el mensaje de que el Califato Unido y la Araucania son un solo corazón. La respuesta argentina fue magnífica: en el aniversario del vergonzoso tratado de paz y amistad que Alfonsín le regaló a Pinochet, nuestro país mandó una buque menor a navegar en conjunto con un par pasillesco. Por suerte, nuestras fuerzas armadas ya gestionan tomando a Perú como un país sanmartiniano, aliado natural de la República Argentina. Chile también debiera ser más sanmartiniano aún pero al que nace araucano es añudo que no traicione.

Acelerar el rearme no significa comprar juguetes caros para alimentar nostalgias de generales aburridos. Significa recuperar capacidades básicas de vigilancia, control, disuasión y apoyo a la política exterior. Sin eso, cualquier canciller argentino que se siente a discutir Hielos Continentales, plataforma continental o Antártida tendrá detrás un aparato estatal que puede imprimir hermosos folletos, pero no sostener presencia efectiva y duradera en el territorio en disputa. Y en geopolítica, quien no está, no cuenta; y el que llega tarde mira el mapa por televisión.

5. Peores escenarios y cómo no llegar a ellos

Si uno estira el hilo de las declaraciones de Kast, de su asesor Guzmán y de los documentos militares chilenos, el peor escenario no es una guerra abierta —eso hoy sería un despropósito monumental para ambos países—, sino algo más sutil y dañino: una erosión lenta de la posición argentina en el sur. No descontemos que la asociación estratégica actual de Milei-Trump va a jugar un rol fundamental para detener cualquier ambición oral del fuhrer chileno.

Ese deterioro podría tomar varias formas: disputas permanentes en organismos internacionales donde Chile, mejor preparado, logre imponer interpretaciones favorables de los tratados; presión diplomática para limitar la proyección argentina en la Antártida; utilización sistemática del discurso de “Argentina roba territorio” para justificar cualquier movimiento de consolidación chileno en áreas grises. Todo envuelto en un relato donde Santiago aparece como defensor responsable del derecho internacional, y Buenos Aires como vecino imprevisible y poco serio.

En un escenario más áspero, un incidente menor —un patrullero marítimo, un vuelo militar, una operación logistica mal coordinada— podría convertirse en crisis política, amplificada por redes sociales, medios y la propia retórica inflamable de ambos lados. Con dos lideres que viven de la polarización, el riesgo de que un episodio técnico se vuelva símbolo identitario no es menor. Allí es donde las bravuconadas en Twitter/X se vuelven peligorsas.

Para prevenir esos escenarios, Argentina necesita tres cosas muy sencillas de describir y muy difíciles de hacer. Primero, una política de Estado clara sobre Patagonia, Atlántico Sur y, por sobre todo, la Antártida, que sobreviva a los cambios de gobierno y no dependa del humor del presidente de turno. Segundo, un fortalecimiento serio de las capacidades de Defensa y presencia efectiva en el sur, con objetivos concretos y plazos realistas, no con powerpoints de ocasión. Tercero, una diplomacia activa y consistente con Chile: firme en los reclamos, pero obsesivamente cuidadosa en bajar la temperatura, aislar a los halcones y construir, cuando se pueda, intereses compartidos.

Kast puede borrar o no su tuit; puede modular su discurso si llega a La Moneda, o redoblarlo si le funciona electoralmente. Eso está fuera del control argentino. Lo que sí depende de Buenos Aires es dejar de comportarse como si todo fuera un malentendido pasajero entre amigos liberales. En el tablero real, detrás de las sonrisas y los chistes sobre la “zurda”, hay mapas, doctrinas, documentos filtrados y asesores que piensan en décadas.

Si la Argentina quiere estar a la altura de los peores escenarios —para que nunca ocurran—, necesita algo más que indignarse en redes cada vez que Kast dice que le “robamos” territorio. Necesita demostrar, en el terreno, en las bases, en las pistas y en los foros internacionales, que está decidida a defender lo que dice ser suyo. Y que, a diferencia de sus tuits, esa decisión no se borra. Por un lado, es hora de definir una política de defensa apuntada a volver a la superioridad militar natural de Argentina frente al pasillo trascordillerano. Para recordarlo, hacia 1978 durante el conflicto del Beagle, la Armada Argentina sola tenía un poder aéreo más grande que todo Chile. La Fuerza Aérea y el Ejército, estaban para temas más serios. Por otro lado, existe un deporte en que los chilenos son campeones del mundo casi sin rival, y es precisamente en la boconería y el lloriloquio de  tamaño industrial. Increíblemente, más alto se asciende en la jerarquía, aparentemente más bocón se necesita ser en Chile. Kast podría ser un fruto más de ese árbol.


Referencias


1. Perfil – Sección Internacional.
«José Antonio Kast, el chileno que está en balotaje y disputa la Patagonia: “Argentina ya nos ha robado suficiente”».
Reproduce el tuit del 25 de julio de 2020 («Argentina ya nos ha robado suficiente territorio a los chilenos…»), el contexto del mapa de la plataforma continental difundido por Cafiero y el hashtag #LaAntarticaEsChilena, además de su alineamiento ideológico con Milei.
URL: https://www.perfil.com/noticias/internacional/jose-antonio-kast-el-chileno-que-esta-en-balotaje-y-reclama-la-patagonia-argentina-ya-nos-ha-robado-suficiente.phtml
2. La Política Online (LPO) / republicado en El Extremo Sur.
«Documento chileno alienta hipótesis de conflicto en la Patagonia por avances de Argentina».
Analiza los correos hackeados del Estado Mayor Conjunto chileno, la preocupación por la narrativa sobre la Patagonia, la tesis argentina de la “prolongación natural de su territorio” y el rol de las FF.AA. de ambos países en el rediseño estratégico de Tierra del Fuego y la Antártida.
URL: https://www.elextremosur.com/nota/39722-documento-chileno-alienta-hipotesis-de-conflicto-en-la-patagonia-por-avances-de-argentina/
3.Página/12.
«El tuit de José Kast en el que acusó a la Argentina de robar territorio».
Recoge el mensaje de Kast contra el mapa argentino, su frase «Argentina ya nos ha robado suficiente territorio» y el hashtag antártico, además de describir su perfil ideológico y su propuesta de una “coordinación internacional antirradicales de izquierda”.
URL: https://www.pagina12.com.ar/384566-el-tuit-de-jose-kast-en-el-que-acuso-a-la-argentina-de-robar/
4. El Destape Web.
«Kast y la Patagonia: la disputa del candidato a presidente de Chile con Argentina».
Nota del 26 de noviembre de 2025 que sistematiza su postura sobre Patagonia y Antártida, recoge que ha sostenido que la Antártida “es chilena” y explica su alineamiento con las tesis de Jorge Guzmán sobre península antártica, plataforma continental, Estrecho de Magallanes y Campos de Hielo Sur.
URL: https://www.eldestapeweb.com/internacionales/elecciones-en-chile/kast-y-la-patagonia-la-disputa-del-candidato-a-presidente-de-chile-con-argentina-20251126141858
5. La Política Online (LPO).
«Kast quiere disputarle a Argentina un sector de la Patagonia y alimenta la hipótesis de conflicto».
Desarrolla el rol de Jorge Guzmán como cerebro de la línea soberanista dura, su rechazo a la “vía política” para los conflictos limítrofes, la idea de un “nuevo diferendo” vinculado a la plataforma magallánico–antártica y la prioridad que ocupan Campos de Hielo Sur, plataforma continental y Patagonia en la agenda militar chilena.
6. Cobertura sobre el hackeo al Estado Mayor Conjunto de Chile (LPO + Elextremosur/BioBioChile).
Artículos que detallan la filtración masiva de correos, la reacción del Ministerio de Defensa chileno y cómo los documentos internos analizan la narrativa argentina sobre Patagonia y la “prolongación natural” del territorio, así como los planes argentinos para robustecer presencia militar en Tierra del Fuego y Antártida.
URL principal del dossier citado: https://www.elextremosur.com/nota/39722-documento-chileno-alienta-hipotesis-de-conflicto-en-la-patagonia-por-avances-de-argentina/

lunes, 1 de diciembre de 2025

ARA: Barca Ushuaia, 1888.

Barca “Ushuaia” 1888


 Barca “Ushuaia”, c. 1893

Astillero

Saint John Port, Canadá

Tipo

Barca

Adquisición

Comprada por la Junta Superior de Marina en 1888

Colocación quilla

 

Botado

1864

Comisionado

 

Desplazamiento

1.081 toneladas

Eslora

53,50 metros

Manga

11,06 metros

Puntal

7,16 metros

Calado

6,00 metros

Aparejo

Casco de madera forrado de roble y olmo en la obra viva, y de pino en la obra muerta. Forrada en zinc. Popa elíptica, toldilla con alojamiento, casillaje a proa del trinquete. Cubierta de pino corrida. Aparejo de barca de tres palos con bauprés.

Propulsión

 

Velocidad

8,5 nudos a toda vela

Autonomía

 

Armamento

 

Tripulación

 

 

Baja

Hundida en 1894 en Cañadón Quemado, Santa Cruz

Fue adquirida en 1888 y en su viaje al país, al mando del teniente de fragata Emilio V. Barilari, además de 1.000 toneladas de carbón trajo 150 marineros ingleses, contratados como maquinistas y foguistas para los buques argentinos.

Zarpó de Cardiff el 14 de marzo de 1889 y llegó al Riachuelo el 7 de junio de ese año. Antes de entrar en el río de la Plata salva a la tripulación del buque inglés “Combria”, el 20 de mayo de 1889, que traía rieles para el Ferrocarril Central Argentino.

Hasta septiembre de 1889 hace de pontón carbonero en el Riachuelo, zarpando el 5 de octubre hacia El Havre, via Liverpool, donde llega el 18 de diciembre. Está en reparaciones cinco meses en Inglaterra, y el 29 de mayo de 1890 embarca en El Havre, totalmente desarmado, el pabellón argentino de la Exposición Universal de París. La carga es distribuída en 6000 bultos. Las crónicas relatan que debido a una tormenta al cruzar el Atlántico, fue necesario arrojar al mar varios cajones que estaban en cubierta porque entorpecían el manejo del velamen, perdiéndose así varios componentes del edificio, incluyendo grandes pinturas al óleo.

Información proporcionada por Alejandro Milberg, Enero de 2019:

Después de muchas idas y vueltas, el Pabellón fue armado en el gran terreno sobre la ceja de la barranca donde estuvo el Cuartel del Retiro, en Arenales entre Maipú y Florida (en aquella época Arenales llegaba a Florida), frente a la plaza San Martín. Pasó por una serie de utilizaciones comerciales desde su inauguración porteña en 1894 hasta 1909, cuando se lo destinó como sede del Museo Nacional de Bellas Artes, y así funcionó hasta 1933, cuando fue desmontado para la ampliación de la plaza San Martín.

En 1891 vuelve a su condición de pontón carbonero, y en 1892 se instala a bordo la Escuela de Aprendices Marineros, alistando el buque para albergar 230 aprendices. Producida la revolución de 1893 se la convierte en prisión militar, alojándose a bordo hasta 54 detenidos, entre ellos el general Teodoro García y los doctores Hipólito Irigoyen y Adolfo Saldías.

A fines de 1893 se decide convertirla en forma definitiva en prisión militar, con asiento en Santa Cruz, adonde arriba a fines de enero de 1894, y por decreto del 15 de febrero de ese año se la renombra barca “Santa Cruz”.

Se entrega el buque a las autoridades del puerto de Santa Cruz, reduciendo su tripulación a quince hombres a cargo del guardiamarina Ricardo Hermelo. En julio el guardiamarina Hermelo informa sobre la imposibilidad de mantener el buque a flote por el estado del casco, debiendo mantener día y noche una dotación al pie de las bombas para achicar los rumbos que tiene.

Por orden de la superioridad se entrega la unidad al subprefecto de Santa Cruz, quien remonta la barca hasta Cañadón Quemado, y allí, en el mes de octubre, un violento temporal la abate sobre la costa, abriéndose en dos y yéndose a pique. 

 

Interior de la barca “Ushuaia” c.1894


Datos a portados por Osvaldo Sidoli