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domingo, 5 de abril de 2026

Carrera naval Argentina-Chile: La visita del Gral. Roca a Punta Arenas

Roca en Punta Arenas


Mis recuerdos de entonces -
El Viaje del Presidente Roca a Punta Arenas
Por el capitán de fragata Teodoro Caillet-Bois
Año 1898.

Fuentes: Boletin del Centro Naval.




Recién egresado de la Escuela naval, mi primer embarco es en el 25 de Mayo, capitán de fragata Emilio Barilari. El buque forma parte de la División de cruceros al mando de su hermano Atilio, entonces capitán de navio. Estamos fondeados en Rada Exterior y llevamos una vida ruda de ejercicios y aislamiento, meses sin bajar a tierra, por lo menos la gente y los guardia-marinas. No se ha establecido aun la conscripción, y la tripulación es toda de enganchados, conglomerado artificial de individuos más o menos al margen de la vida normal, sacados algunos de la cárcel, o ex-muchachones enviados a bordo para corrección, con sueldo miserable que no está en proporción con la época de relativa prosperidad que ha alcanzado el país. Pero la prolongada vida en rada abierta ha templado esa gente, volviéndola eximia en faenas marineras, sobre todo en manejo de embarcaciones...

Estamos frecuentemente acuartelados, pues la cuestión de límites con Chile, arreglada en 1881 en lo referente al Estrecho, ha permanecido desde entonces latente y pasa en los últimos tres años por un período delicado, el de la "paz armada", que al parecer está llegando a su crisis. Ambos países se arman a toda prisa y adquieren barcos de guerra -, cada costosa adquisición es retrucada con otra no menos costosa. Como no hay mal que por bien no venga, esta tensión ha tenido una virtud por lo que a mi modesta persona se refiere, la de apresurar mi egreso de la Escuela naval: Los cursos anuales se redujeron a semestres, sumando sólo dos años y medio para mi "camada"; y como yo además gané un año al ingresar, he tenido en definitiva sólo año y medio de escuela; el mínimum que se haya registrado.

Ha anochecido... A la hora de retreta el largo toque de "oración" —en mala hora abolido y en el que el trompa desplegaba toda su virtuosidad— nos ha emocionado con sus notas sentidas, recordándonos en medio minuto de recogimiento la Patria, los seres queridos, el mundo donde se vive... ; es el único momento sentimental en la vida del buque. Ahora las tripulaciones duermen. Viento fresco de afuera, con bastante oleaje...

Novedades: ...el timonel avisa que del puerto viene un vaporcito: ...En efecto, una lucecita blanca, una, dos, de color, bailan sobre la marejada en dirección a la ciudad, entre las tinieblas... Cada vez más erca...; luego ruido de cadena filada por el escobén; el aviso —Gaviota o Golondrina, no recuerdo— ha fondeado en medio de la escuadra.

¿Qué puede traerlo así de noche y con mal tiempo?... De fijo la declaración de guerra, que siempre se está esperando...: tal es el comentario en la cámara. Mi buque está de guardia y yo de ayudante, con lo que es a mí a quien toca salir en lancha para el vaporcito.

Arriar lancha de noche en mal tiempo, con el oleaje corto y duro característico de nuestro estuario, no es tarea fácil, y me es grato registrar aquí la admiración que me dejó grabada en la mente aquella dotación: En un santiamén estuvo la lancha en el agua, junto a la escala, levemente abierta del costado por el diestro manejo de barloa, timón, bichero y peanas, hocicando más de un metro en el seno de las olas.

Luego, la bogada firme y segura de doce mocetones —nunca tuvo mejores bogadores la escuadra—... y heme aquí en el vaporcito: Despachos para el jefe de la escuadra. No recuerdo de qué se trataría...; pero, una vez más y felizmente, no era la fatídica resolución que lanzaría uno contra otro a dos pueblos hermanos...



Meses después, Enero 12 del 99, día radioso y sin nubes, la Sarmiento está lista a desplegar sus alas para la primer campaña, que será de circunnavegación y durará dos años. Inmenso gentío se ha reunido en Dársena Norte, pues el acontecimiento no es para menos.. . y hasta mucha gente duda de que nuestros "marinos de agua dulce", sean capaces de semejante aventura. Se espera la visita del Exmo. Señor Presidente, teniente general Julio A. Roca.

A las 10.30 —registran mis apuntes— el Presidente es recibido en la planchada por los jefes de la fragata; despliégase su insignia, a la vez que se empavesan los buques de guerra vecinos La oficialidad, incluso guardiamarinas - alumnos, está reunida en toldilla; la tripulación desfila marcialmente... Después del almuerzo el general dirige corta alocución a los cuarentiún guardiamarinas cuya instrucción marinera es el objeto principal del largo viaje, (x)... y luego abandona el barco entre los hurras de la marinería distribuida en la arboladura.

Fué ésta mi primera visión del personaje, y cabe imaginar la curiosidad y respeto con que lo contemplamos. Ocupaba por segunda vez la presidencia y rodeábale considerable prestigio, tan sólo superado por el de la noble figura de Mitre, que pertenecía ya a la Historia. Para el vulgo, el público del "Don Quijote" —en el que me contaba yo hasta entonces— tenía fama de astuto, a la que daban pábulo su talante grave y su frente de pensador, y hasta se decía que el "Zorro" se lo había fumado en pito a "Don Bartolo" en ocasión de un famoso "acuerdo", al regreso de un viaje del último a Europa. El hecho real es que las dos presidencias de Roca se desarrollaron tranquilamente del puntó de vista de la política interna, sin apartarse de las normas constitucionales, lo que no es poco decir, y que en ambas fué grande el progreso del país. Supo rodearse de ministros eficaces, con prescindencia a menudo de las exigencias partidarias: tales fueron los de marina Martín Rivadavia y Onofre Betbeder. (negrita del editor)

Golfo Nuevo, 19 de enero.—En los ocho días transcurridos hemos tomado contacto con el mar, fuente insuperable de belleza. El tiempo ha sido bueno en general, y una vez fuera del turbio estuario tuvimos amplio espacio para admirar las aguas profundas del Atlántico, azul intenso o verde traslúcido y el inmenso velamen tapando mitad del cielo y barriendo nubes y estrellas en el pausado semicírculo de los bandazos. Espectáculo soberbio e impresión imborrable, que difícilmente podrán ya sentir las nuevas generaciones, pues estamos asistiendo ahora precisamente a la extinción de los grandes buques de vela. Baste mencionar que Inglaterra ,reina de los mares, no posee ya una sola fragata a vela, que los Estados Unidos sólo tienen dos o tres, de las que una —horresco referens— está amarrada en una caleta sirviendo de local para reuniones y bailes —como quien tuviera atado un ictiosaurio en una feria—¡ la otra atiende una línea de tráfico, pero lo hace con permanente pérdida, por capricho marinero de un millonario, como estanciero que unciese al arado un gliptodón.

Breve escala en Madryn, durante la cual —dice mi libreta de apuntes— sopla constantemente viento muy fuerte de tierra, arruchado a veces-, produciendo un raro zumbido en el aire. Costas de aridez espantosa; matorrales achaparrados color rojizo, como calcinados...: tal mi primera impresión, algo extraña y muy poco halagüeña, de la Patagonia. Madryn se compone de cinco casas: la subprefectura, galponcito desierto, con un inquietante letrero previniendo en seis idiomas a los desertores en ciernes que de aquí a la colonia del Chubut hay 51 millas sin agua; otro galponcito es oficina del Telégrafo que se está instalando; un almacén, dos viviendas y.... un galpón del F. C. Del ferrocarril, sí, pues dentro de esta pobreza Madryn tiene su muellecito y su trencito; este último lo comunica con Trelew, de donde le trae agua, a precio de pesos 10 la tonelada. ¡Benditos galenses!

 

Puerto Madryn 1899


Al día siguiente de nuestro arribo llega al fondeadero el veterano Villarino, con el Gobernador del Chubut, coronel O' Donnell, arbolando insignia de general, la que es saludada por la Sarmiento.



El 21 entra el San Martín, insignia de la "división Bahía Blanca", que manda el capitán de navio Manuel J. García. El hermoso barco es una de las recientes adquisiciones navales, el segundo de los cuatro cruceros acorazados que por más de treinta años nos constituirían una escuadra homogénea y eficaz; su aspecto es militar, como de fortaleza, y produce en nuestros ánimos juveniles impresión de poder y seguridad, nuestra primer noción del dominio del mar.

El capitán García visita a la Sarmiento y nos dirige la palabra. Niego a nadie, dijo, el derecho de experimentar mayor regocijo, y de apreciar mejor que yo el inmenso progreso que para nosotros representa encontrar reunido en la cubierta de esta nave un grupo tan numeroso y brillante de marinos argentinos. . . ; porque para ello. . . es necesario haber conocido, juzgando como marino educado, el abismo material y moral que separaba hace unos veinte años la marina argentina de cualquier marina debidamente constituida...

Su expresión ora sentida y franca y merece aquí una explicación. Manuel José García, nieto o biznieto del procer y famoso diplomático del apellido, fué una de las figuras más notables de nuestra moderna marina. Distinguidísimo, elegante y culto, formado en la marina francesa, hablaba correctamente todos los idiomas, conocía a fondo la profesión en todas sus fases y en todas dejó huellas de su saber en forma de conferencias, textos e inventos. Su trasplante de la marina francesa a la criolla, incipiente y precaria, con el viejo Brown como única unidad de fuerza durante quince años, debió constituir un rudo contraste. Nadie como él, ciertamente, estaba en condiciones de apreciar todo lo que significaban para el porvenir del país y para su marina de guerra las nuevas adquisiciones navales, los buques fuertes y veloces que por primera vez surcaban el mar patagónico afirmando la soberanía nacional, la oficialidad joven y preparada que iba interviniendo en su dirección, y en particular este buque escuela que iba a darle contacto fecundo con el mundo exterior y con las dificultades de la profesión, paseando con orgullo por los océanos la bandera de la joven república del Plata.

Nunca viera hasta entonces nuestro mar austral semejante actividad: una quincena o más de unidades de toda clase surcaban sus aguas simultáneamente. La "División Bahía Blanca" comprendía además del San Martín (comandante Emilio Barilari) al Pueyrredón (Maurette), al rapidísimo crucero Buenos Aires y al carbonero Chaco; había salido el 18 de enero de su base en rada Belgrano, donde recién entonces iniciaba Luigi los trabajos del Puerto Militar. Otra división de cuatro unidades, la "del Rio de la Plata" —9 de Julio, 25 de Mayo, Libertad e Independencia, sin contar transporte Pampa—, andaba ya por la Tierra del Fuego (1). El Presidente Roca en persona había salido a viaje para el sur con el Belgrano, Patria. Espora y Gavióta. Y por último dos o tres transportes (Villarino, 1º de Mayo) andaban de recorrido por la costa, Y todo esto sin contar el Garibaldi y el transporte Guardia Nacional, que iban hacia entonces en viaje para Europa.

Enero 23. Continuación del viaje. — A la salida del Golfo, mientras la fragata voltejea con sus velas de cuchillo, pues tiene viento en contra, nos encontramos con otro crucero acorazado. Esta vez es el flamante Belgrano, llegado hace dos meses. Escólta a la nave el crucerito Patria y trae la insignia máxima, la de presidente. A su bordo viajan, en efecto, para la Tierra del Fuego, el general Roca y su ministrio de marina el comodoro Martín Rivadavia. Este último es otro de los jefes que con más respeto recuerda nuestra marina de guerra. Digno biznieto del gran Presidente, fué patriota, probo, desinteresado, hombre de acción y eximio marino, el más capaz probablemente de nuestros lobos de mar de aquel entonces; su recuerdo está muy vinculado, como el de Roca, a la historia de la Patagonia.



El Belgrano, que no tenía a quien pedir permiso, puso proa sobre nosotros, nos pasó de vuelta encontrada y dobló algo por nuestra popa para escuchar los estampidos de la salva reglamentaria..., y para verla más tiempo a la hermosa fragata. ¡Con cuánta emoción la contemplaría desde la toldilla del Belgrano, como símbolo del porvenir marítimo del país, aquel gran presidente, que fué el más marino de cuantos tuvo éste!

Es del caso hacer aquí algunas consideraciones sobre el viaje presidencial, que como veremos bien podía calificarse de aventura. Utilizaremos al efecto los artículos y crónicas de "La Nación" y de "La Prensa".

Roca salió de Buenos Aires para Bahía Blanca por tren, el 20) de enero: allá se embarcaría en el Belgrano. Hasta visperas de su partida no se hablaba más que de un viaje a la Tierra del Fuego. La entrevista con el presidente chileno menciónala "La Nación" por primera vez el 18: el día antes ha habido activo intercambio telegráfico entre Buenos Aires y Santiago; en Chile se hablaba del asunto de tiempo atrás: una conferencia sin testigos, a semejanza de la histórica de Guayaquil".

"La Nación" ni elogia ni critica; se le adivina el ceño fruncido.
Días después se concretan los barcos y la comitiva que se llevará el presidente Errázuriz. La comitiva, especialmente, será de importancia por la categoría oficial o social de sus componentes (]). Roca en cambio se lleva un séquito reducido, más de amigos personales que de figuración social o intelectual, como si sólo se tratase de una excursión de placer. Con Roca salieron, en efecto, a más del ministro de marina Martín Rivadavia y sus edecanes Galíndez e Iglesias, los diputados de Vedia, Eleazar Garzón y Benito Carrasco, los señores Emilio Bollini y Adrián Rossi y los edecanes Gramajo y Raybaud. El ministro de R. E. Amancio Alcorta ha ido al parecer como agregado de última hora, a embarcarse en el Belgrano por el Chubut, con su oficial mayor Juan S. Gómez. El Patria ha sido asignado a los periodistas, pero sus condiciones marineras se les pintaron con negros colores, como para disuadir a cualquiera.

(l) Ministros Blanco Viel (R. E.), C. Concha (G. y Mariña) y C. Palacios (Justicia); alm. Montt y su secretario Pérez de Arco; general S. Vergara; SS. E. Altimirano. L. Pereyra v J, Zegers (deleg. comer. arg. chilena); dos ministros-de la Corte, varios senadores, etc. («La Nación», 22 enero).

En las esferas oficiales ha habido reserva impenetrable. Nada saben "La Nación" ni "La Prensa" del carácter que tendrá la entrevista, y todo son conjeturas. En Chile hay fuerte oposición: estando el litigio entregado a arbitraje. Barros Arana no ve en aquélla más cine peligro de complicaciones.



El encuentro se ha demorado, a pedido de Chile, para el 15 de febrero. Entretanto el presidente marino vaga a su gusto y antojo, sin rumbo fijo, por el mar patagón, tomando contacto con la colonia galense, con la lejana Ushuaía, complaciéndose en reconocer cabos y bahías, en encontrarse con los ubicuos barcos de guerra...

Pero es el caso que no hay telégrafo y radio, como ahora. Y en Buenos Aires es como si se lo hubiera tragado el mar. Un mes entero —parece increíble— transcurre sin que llegue la menor noticia. El 19 de febrero se le acaba la paciencia a "La Nación", y un editorial comenta con amargura la aventura presidencia], la prolongada acefalía del Gobierno;... el general demostrará eximias condiciones de navegante, de explorador, pero su actitud como mandatario resulta muy poco recomendable. Recién tres días después, el 22 de febrero, se sabrá, por fin, del regreso de los expedicionarios.

Prosigamos ahora con nuestra crónica.
El inevitable mal tiempo frente al golfo de San Jorge; el buque a la capa entre las olas inmensas; la impresión inquietante —las primeras veces— de que la fragata, en uno de esos largos bandazos, no va a adrizarse más. Luego la ría de Santa Cruz, con su ancha barra de bancos y sus barrancas del lado sur. Allí anclamos, cerca de Monte Entrance, para ocuparnos semana y media en faenas de instrucción. Estamos lejos de la población, pero cierta vez me toca ir en lancha a la prefectura, "que nada notable ofrece, y haci el Quemado, legua y media más allá. Era Domingo, y caímos al terminar una carrera de caballos, en las que estaba presente toda la población. Unas 40 casitas y 3 almacenes bástante surtidos. . . .

Arriba al fondeadero el Patria, y al otro día el Belgrano; éste nos da cita para la bahía de San Sebastián; formaremos escuadra para ir a Punta Arenas, donde Roca se entrevistará con el presidente de Chile.

San Sebastián. 11 de febrero; bahía desierta, arenosa y desabrida, cuyo único interés es de carácter histórico. Su fondo es costa baja, y durante dos siglos subsistió curiosamente la creencia de que se comunicaba por amplio canal con el centro del Estrecho de Magallanes, donde había en efecto, un profundo seno inexplorado; canal que hubiera ahorrado a los veleros una travesía tortuosa y el difícil paso por las dos angosturas de la boca oriental.



Fitz Roy comprobó hace un siglo, no sin dificultades, la inexistencia del presunto canal, pues tocó el fondo de ambas bahías y llamó Inútil a la que está frente a Punta Arenas: nombre acertado en lo que a navegación se refiere, pero no desde otros puntos de vista... ; pues Fitz Roy no pudo ver entonces las trescientas mil ovejas que hoy están desparramadas en las estancias Camerón y Caleta Josefina, sin contar los dos o tres millones distribuidas en el resto de la Tierra del Fuego.

El día 12 entra a San Sebastián el crucero 25 de Mayo, para comunicarnos nuevo punto de reunión con el Belgrano: Puerto Hambre, dentro del Estrecho al sur de Punta Arenas. En marcha otra vez. En la ultima navegación la Sarmiento pagó la chapetonada dejándose sorprender por un chubasco, que rompió cantidad de cabos, les arrancó sus puños a las velas y sacudió violentamente algunas vergas en lo alto de los mástiles; durante media hora la arboladura fué un perfecto pandemónium. La lección fué saludable y no se repetiría en todo si viaje.

Febrero 14.—Fondo en Puerto Hambre, después de desfilar frente a Punta Arenas, envuelta ésta en bruma matinal; alcanzamos a ver, sin embargo, corriéndose a lo largo de la costa, dos o tres barcos de silueta afilada y color obscuro, buques de guerra chilenos sin duda.

Puerto Hambre está desierto de barcos, lo mismo que de habitantes. Entre los árboles de la orilla sólo hay dos chozas, pertenecientes a indios semi-civilizados que se ocupan de corte de maderas en el interior. Sabido es que por Puerto Hambre cambia enteramente el paisaje, comenzando el maravilloso escenario de montañas sumergidas y abruptas, cubiertas de bosque; por el sur una imponente cadena de picos —isla Dawson— se pierde entre las nubes ; sucédense chubascos sin interrupción.. ; en el fondo del puerto tosca cruz de madera señala una tumba: In memory of the commmander Pringles Stokes, who died of results of the anxieties.. .  uno de los episodios más trágicos del libro de Fitz Roy

A primeras horas del 15, guiados por los focos que enciende la fragata, llegan al fondeadero el Belgrano y el Patria, procedentes al parecer del sur, como si en vez de embocar por el Estrecho hubiesen dado vuelta por los canales. Así es, en efecto ¡ el Presidente Roca, piloteado por el ministro Rivadavia en persona, ha tenido la audacia de internarse con el Belgrano —buque de calado— en el Beagle y demás canales, apenas conocidos  y donde cada día aparecen nuevas piedras, para entrar al Estrecho por el Canal de Cockburn, dando así prueba acabada de pericia y arrojo marinero. Visto el hecho retrospectivamente, no puedo menos de juzgarlo una imprudencia— permítaseme el juicio—, por cuanto era demasiado lo que se arriesgaba ¡ piénsese en las consecuencias desairadas! por no decir desastrosas, que hubiera representado una encalladura del buque presidencial... ¡Audaces fortuna jurat!; el adagio no se desmintió esta vez, todo pasó sin tropiezos. Pero el cronista de "'La Nación" habla con respeto de cierto pasaje por Bahía Desolada sembrado de escollos e islotes en confuso hacinamiento. El "Belgrano" disminuyó velocidad y viró a todo timón sobre estribor, para pasar entre dos piedras grandes que emergian del agua y que solo distaban unos 200 metros una de otra... Sitio que se conoce hoy con el nombre de Paso Belgrano.



La primera parte de la navegación por los canales había sido de lluvias y niebla, obligándoles a ocupar fondeadero improvisardo en Bahía Ballenas; por allí habíanse encontrado con el Villarinn. El resto de la travesía les ofreció como compensación una visión maravillosa del nevado de Sarmiento.

Febrero 15. — Esa misma mañana levamos los tres buques, Sarmiento al medio, y nos adelantamos hacia Punta Arenas, donde al ancla nos espera la escuadra chilena —O'Higgins, Zenteno, Errázuriz y transportes Angamos y Campa—. Entramos a la una de la tarde en línea de frente, e izamos engalanado, al que contestan los chilenos con el suyo. El cañoneo —de salvas felizmente— se prolongará luego toda la tarde, haciéndose unos 500 disparos.



Del O' Higgins se ha desprendido una lancha; son el general Vergara y el comandante de la escuadra chilena, que traen el saludo de Errázuriz y el ofrecimiento de su visita. Roca les declara que será él quien haga la primera visita, y acto continuo se embarca en su falúa, acompañado de los ministros Alcorta y Rivadavia y de los edecanes Reybaud, Gramajo, Galíndez e Iglesias.

Es la entrevista que ha pasado a la Historia con el nombre simbólico de "Abrazo de Punta Arenas". Momento solemne: atraca la falúa al O'Higjgns. El presidente argentino es recibido en el portalón por el comandante del hermoso crucero, mientras la banda de música rompe los acordes de nuestro himno. En cubierta, unos pasos más lejos, está el presidente chileno, rodeado de su comitiva. Adelántame ambos presidentes, se estrechan largamente la mano, y luego esperan a que termine el himno... Las presentaciones de estilo...; los dos presidentes, .algo apartados del grupo principal, sostienen luego una conversación de veinte minutos..., y Roca vuelve a su barco.

Momentos después, reprodúcese la escena a bordo del San Martin, donde los presidentes conversan media hora.

¿De qué hablarían a solas los grandes hombres? Misterio; por lo menos no lo supieron entonces "La Nación" ni "La Prensa". El guardiamarina de la Sarmiento, que no asistió a la entrevista, supone se trataría solamente de generalidades de cortesía internacional, de suavizar asperezas con el contacto personal, de facilitar el arreglo de las dificultades menores que pudieran surgir: los presidentes se felicitarían, de hombre a hombre, por la solución dada a la larga contienda y se afirmarían mutuamente en sus propósitos pacifistas y en su fe democrática y americana (En estos días precisamente, durante la ausencia de los presidentes, designó la Reina Victoria los tres arbitros que debían resolver el litigio). Un cronista afirma que oyó de labios de Roca la expresión: "Vale más la amistad internacional que un pedazo de tierra". Roca prometió hacer llegar muy pronto el telégrafo hasta el Estrecho (cabo Dungeness).

La jornada se prolongó con un gran baile en los salones de la gobernación. Errázuriz se desembarcó temprano, estrenado los arcos triunfales tendidos desde el muelle en todo el trayecto y reciamente sacudidos por el mal tiempo; y más tarde fué personalmente al Be grano en busca de Roca para llevarlo al baile.

En este acto sí que participamos los guardiamarinas, y es el que me dejó recuerdo más duradero. La banda de música del Belgrano hizo buen papel con sus valses y sus polkas, y los 400 concurrentes no dieron paz a las piernas hasta las cuatro de la mañana. Inicióse la fiesta con una histórica cuadrilla en que participaron los presidentes, acompañados de respetables matronas de la localidad, cuyo nombre siento no haber registrado. Como también se me han olvidado a través de treinta y tantos años los nombres de las gentiles puntarenenses que fueron esa noche mis partners hasta mucho después que se hubieron retirado los presidentes.



Dos días más se estuvo la escuadra en Punta Arenas. Al siguiente de la entrevista: banquete de gala en el O'Higgins, retribuido el 17 con otro en el Belgrano.

Simultáneamente realizábanse uno de marineros en la Sarmiento y uno de guardiamarinas en el Zenteno. Puedo dar fe de que en este último la fraternización fué menos protocolar y más efusiva que en los actos presidenciales, sellándose amistades que habían de perdurar a través de los años y de todas las cordilleras. Y hasta recuerdo de un abrazo entre dos guardiamarinas que quedó lubricado en forma bien visible a causa de un merengue que tenía uno de ellos en la mano y del que se había olvidado en su generosa efusión...

El 17 zarpamos todos de Punta Arenas. Errázuriz iba embarcado en el Belgrano, del que recién se trasbordó a alguna distancia, para escoltar aún a sus huéspedes hasta San Gregorio, mitad camino a la boca del Estrecho.

Uno de los resultados más concretos de las jornadas de Punta Arenas fué el agregado de una escala importante al itinerario de la Sarmiento. Pues se concertó que el Zenteno, con algunos delegados chilenos, iría en visita de cortesía a Buenos Aires, y que la Sarmiento, cuya escala siguiente era según itinerario Guayaquil, tocaría en Valparaíso y en el Callao.



Y así fué que algún tiempo después anclaba la Sarmiento en la bahía de Valparaíso, donde se pasó una quincena. De lo que fué esa quincena, que los guardiamarinas pasamos mitad en Valparaíso, mitad en Santiago, me ha quedado recuerdo imborrable pero confuso. Los actos y fiestas —visitas, almuerzos, lunch y banquetes— comenzaban a las ocho de la mañana y se desarrollaban según protocolo hasta la noche, prolongándose más allá, fuera de protocolo —tertulias, bailes, remoliendas— hasta empalmar con el programa del siguiente día. Los guardiamarinas-alumnos, muchachones todos de 21 años, amplificadas las ilusiones por el aislamiento de una ya regular navegación, fuimos naturalmente el centro del universo.

Y es preciso pensar en lo que significarían para una sociedad culta veinte años de continuada alarma internacional, la angustia inminente, veinte veces, de la guerra con el país hermano, para apreciar el jubilo con que la opinión sensata saludaría al gran gesto de cordura de los gobernantes y a la aparición de 1a Sarmiento, simbólica y alada mensajera de paz.

No faltaron aún uno que otro agitador u opositor político para intentar turbar los agasajos con algún silbido, con algún grito hostil a los cuyanos, a los rateros de la Puna... Pero su maldad ¡perdónales Señor! se perdió en la inmensidad de las ovaciones y del clamor popular. Dudo que buque alguno en el mundo baya sido objeto de tanto agasajo como lo fué la Sarmiento de parte del pueblo chileno en aquella quincena memorable que duró la escala en Valparaíso.

sábado, 4 de octubre de 2025

Crisis del Beagle: ¿Y si...? Conjeturas sobre la guerra del fin del Mundo

Soldados argentinos ocupan Puerto Natales en 1978.

Y si hubiésemos ido a la guerra: El conflicto no desatado entre Argentina y Chile en 1978 y sus consecuencias



Por EMcL - FDRA


Hubo mapas, hubo planes, hubo órdenes escritas. Hubo tropas listas para cruzar la frontera, armamento cargado, y miras puestas en el canal Beagle. En diciembre de 1978, Argentina y Chile estuvieron a horas —quizás minutos— de iniciar una guerra de consecuencias imprevisibles. Y, sin embargo, no ocurrió.

Este artículo se sumerge en ese conflicto no desatado, en ese capítulo borrado de la historia por la intervención de último momento del papa Juan Pablo II. Pero la pregunta persiste: ¿qué habría pasado si no mediaba nadie? ¿Quién tenía más chances de ganar? ¿Qué papel habrían jugado Perú, Bolivia o Brasil? ¿Y si Chile se rendía? ¿Y si resistía con éxito?

"Y si hubiésemos ido a la guerra"
no es solo un ejercicio de historia contrafactual. Es una reconstrucción detallada y argumentada de escenarios reales que estuvieron a punto de concretarse. Con base en fuentes documentales, estudios militares y análisis geopolíticos, proponemos una línea de tiempo crítica y múltiples hipótesis sobre el desenlace de una guerra que no fue, pero pudo ser.

Lo invitamos a recorrer uno de los mayores “¿y si?” estratégicos del Cono Sur. Lo que sigue no es ficción: es el pasado que casi fue historia.


0. El Beagle como epicentro: contexto, cronología y escenario hipotético

Línea del tiempo esencial

  • 1881 – Se firma el Tratado de Límites entre Argentina y Chile, que fija el canal de Beagle como frontera, pero no delimita con precisión la jurisdicción de las islas al sur del canal. (Wikipedia)

  • 1958 – Incidente del islote Snipe: enfrentamiento menor entre fuerzas argentinas y chilenas en el canal. (Wikipedia)

  • 1971 – Argentina y Chile acuerdan someter el diferendo del Beagle a arbitraje internacional. (Wikipedia)

  • 2 de mayo de 1977 – Se publica el laudo arbitral favorable a Chile sobre las islas de Picton, Lennox y Nueva, y derechos marítimos adyacentes. Siniver (2024)

  • Enero de 1978 – Argentina declara “nulo e írrito” ese laudo. Secretaría de Estado

  • 20 de febrero de 1978 – Acuerdo de Puerto Montt (Chile y Argentina acuerdan seguir negociando). (ONU)

  • 12 de diciembre de 1978 – Reunión de ministros exteriores prevista en medio de fuerte tensión. (CIA)

  • 22 de diciembre de 1978 – Argentina lanza la Operación Soberanía, una acción militar planeada para invadir las islas en disputa y medir la reacción chilena. La operación es abortada pocas horas después. (Wikipedia)

  • 9 de enero de 1979 – Acta de Montevideo: los dos países aceptan la mediación papal. (ONU)

  • 1982 – Guerra de Malvinas: Chile respalda diplomáticamente a Reino Unido, lo que influye en las relaciones regionales. (Wikipedia)

  • 29 de noviembre de 1984 – Tratado de Paz y Amistad entre Chile y Argentina: acepta el laudo arbitral y fija fronteras marítimas y derechos de navegación. (Fuente)

Esta cronología refleja cómo, en los hechos, la guerra fue evitada. Pero al imaginar que el conflicto realmente se hubiera desatado, abrimos múltiples líneas hipotéticas.




1. ¿Quién tenía más probabilidades de ganar?

En la literatura especializada encontramos un consenso matizado. Argentina partía con ventajas cuantitativas: mayor número de tropas, armamento más abundante y capacidad de movilización en varios frentes. Según estudios estratégicos contemporáneos de esa época, su Ejército patagónico ya estaba preparado para operaciones ofensivas sobre las islas en disputa. (CIA)

Por otro lado, Chile contaba con dos factores defensivos cruciales: la difícil geografía (cordillera y zonas inhóspitas) que dificultaba el avance argentino, y una línea logística relativamente corta dentro de territorio nacional, lo que favorecía su capacidad de resistencia. Además, la cohesión militar chilena bajo Pinochet resultaba más estable que la de la junta argentina, inmersa en divisiones internas. Siniver (2024)

Algunos análisis de teoría de crisis (“brinkmanship”) aplicados al caso del Beagle concluyen que una guerra rápida y relámpago podría favorecer a Argentina en los primeros movimientos; pero que una guerra prolongada revertiría esa ventaja inicial. En esos modelos se considera que el desgaste logístico, el costo humano y la presión internacional tienden a favorecer al defensor cuando el terreno favorece esa estrategia. Corbacho (2003)

Por lo tanto, en un escenario ideal (ofensiva rápida bien coordinada, sorpresa y falta de reacción efectiva chilena), Argentina podría haber conquistado las islas y algunas zonas del sur chileno. Pero la probabilidad de una victoria estratégica total era baja. En una guerra extendida, Chile tenía mayores chances de revertir posiciones. Estos temas los hemos investigado a lo largo de diversos posteos en este blog.



2. Intervención de Perú o Bolivia: ¿posible cerco andino?

Una de las grandes incógnitas de este conflicto hipotético es el rol que hubiesen desempeñado los vecinos del altiplano. Perú, por entonces bajo el gobierno militar de Francisco Morales Bermúdez, mantenía una relación ambigua con Chile, marcada por las secuelas de la Guerra del Pacífico. Bolivia, aún con heridas abiertas por la pérdida de su litoral en ese mismo conflicto, tenía un interés histórico en recuperar acceso soberano al mar.

Existen documentos y declaraciones posteriores que indican que Argentina sondeó informalmente a ambos países sobre una eventual alianza. Algunos sectores del Ejército boliviano veían en el conflicto una oportunidad para presionar a Chile. En el caso de Perú, las relaciones eran frías con Chile, pero no lo suficiente como para justificar una entrada automática en la guerra.

La situación hubiese sido difícil para Chile. En 1978, Argentina sumaba un contingente de +132.000 hombres; Perú disponía de 89.000 y Bolivia de 22.500. Distribuir los 85.000 hombres con que contaba Chile para tal número de enemigos, parece altamente difícil. Hubo, además, una serie de escándalos de espionaje que involucraron a Chile en el Perú, y algunas decisiones de los países del entorno revelaban que todos estaban tomando posiciones, de alguna manera, ante la proximidad de la crisis.

La mayoría de los estudios coinciden en que una intervención directa de Perú o Bolivia era improbable al inicio del conflicto. Sin embargo, si Argentina lograba avanzar con éxito sobre el sur chileno, una victoria parcial podría haber incentivado una ofensiva coordinada desde el norte. No por alianzas explícitas, sino por intereses convergentes. Esta posibilidad, aunque baja, no era descartable. El cerco andino pudo haber sido una realidad si el conflicto se prolongaba.

Sin haberse decidido jamás por un compromiso concreto con Buenos Aires, y viendo milagrosamente como zafaba el país de la debacle en la Patagonia sobre el extremo sur de Chile, Lima no tuvo más remedio que quedar expectante. En editorial del diario peruano "El Correo" del 2 de abril de 2005, el director del medio, Aldo Mariátegui, recordaría:
    

"Si la guerra estallaba, era casi seguro que nuestro país se hubiera visto arrastrado a ella junto a Bolivia, mientras que los chilenos hubieran movido a sus aliados ecuatorianos".
    

"Por ello, la intervención papal evitó una muy probable guerra generalizada en Sudamérica, un horror insano que nos ahorró Juan Pablo II y que debemos agradecerle para siempre".


De este modo, al posponerse el problema del Beagle con esta oferta de mediación papal, la más calurosa hoguera de hacer justicia peruana frente al robo de territorio por parte de Chile comenzó a extinguirse a partir de ese año de 1979, aún cuando las tensiones persistían. 

Las relaciones históricas entre Chile, Perú y Bolivia aportan pistas interesantes. Bolivia, aún resentida por la pérdida de su costa en la Guerra del Pacífico, y Perú, que históricamente ha tenido tensiones con Chile, podrían haber visto en el conflicto una oportunidad regional.

Sin embargo, los estudios que revisan ese escenario coinciden en que la intervención abierta de Perú o Bolivia al inicio del conflicto habría sido muy improbable. Los costos políticos, militares y diplomáticos eran enormes. Además, ambos países enfrentaban limitaciones internas y no contaban con fuerzas desplegables de largo alcance para sostener una guerra en el extremo austral.

Dicho esto, si Argentina hubiese tenido éxito en sus primeras operaciones (por ejemplo, ocupando las islas o parte del sur chileno), un apoyo táctico desde el norte podría haber emergido. Un “cerco andino” podría haber sido viable en fases posteriores, no al comienzo. La ayuda probable habría sido logística, apoyo diplomático, incluso presiones sobre Chile desde el frente altiplánico, más que envíos masivos de tropas.




3. ¿Intervención de Brasil, EE. UU., Reino Unido u organismos multilaterales?

Una de las hipótesis de escalamiento del conflicto del Beagle recae muchas veces en la intervención de actores del tercer nivel. Analistas, sobre todo trasandinos, confiaban en que si el conflicto se prolongaba sería aprovechada por terceros actores para intervenir, siempre sospechando en ayuda de Chile. El primer corazoncito se depositaba en Brasil. Así como Perú y Bolivia aprovecharían la guerra para recuperar el territorio indignamente robado por Chile un siglo antes, Brasil podría cobrárselo con Argentina. Del mismo modo, el Reino Unido anticiparía que el conflicto se extendería a Malvinas e intervendría contra Argentina. Estados Unidos también tal vez podría intervenir para desalentar el conflicto entre dos socios regionales, como lo hace muchas veces para desactivar otros conflictos entre socios, como el caso de Turquía y Grecia. Finalmente, otra opción sería la intervención activa de la ONU al final como en el caso de la guerra de Corea.

Brasil

Brasil observaba el conflicto con preocupación. En plena dictadura militar y aliado de Estados Unidos en la Guerra Fría, el régimen brasileño tenía razones para evitar una alteración del equilibrio regional. Aunque públicamente neutral, Brasil mantenía mejores relaciones con Chile que con Argentina y tenía acuerdos tácitos de cooperación con las Fuerzas Armadas chilenas.

Una intervención brasileña directa era improbable, pero no imposible. Lo más probable es que, frente a una ocupación prolongada del sur chileno o una guerra abierta en todo el territorio andino, Brasil hubiese presionado diplomáticamente a favor de una solución rápida. En el escenario más extremo, podría haber desplegado tropas en su frontera para contener cualquier desborde, aunque sin cruzar a territorio enemigo.

Brasil, en 1978 bajo régimen militar, observaba el deterioro del equilibrio regional con preocupación. Mantenía relaciones más fluidas con Chile que con Argentina, lo que lo inclinaba a actuar como mediador o contenedor antes que como agresor directo. Una intervención militar brasileña sobre territorio chileno era extremadamente poco plausible. Lo más probable era una presión diplomática fuerte o despliegues en su frontera para evitar contagios o flujos de refugiados. Asimismo, sería probable que, si pudiese, Brasil proveería de armas a Chile si es que pudiese lograr una ruta logística segura. Asimismo, debe destacarse que para el momento de la crisis Brasil carecía de diferendos limítrofes con Argentina, es decir, no tendría excusa válida para iniciar una conflicto.

Estados Unidos

En plena Guerra Fría, EE. UU. jugaba un rol central en América Latina. Su prioridad habría sido evitar que un conflicto local escalara en una crisis mayor que afectase sus intereses estratégicos. Como muchas fuentes diplomáticas señalan, EE. UU. probablemente hubiese emitido condenas a la agresión, impuesto sanciones o bloqueos diplomáticos al agresor, y presionado por negociaciones y ceses del fuego. En el mejor de los casos, podría haber ofrecido mediación bajo auspicios de la OEA o la ONU. No hay indicios claros de que hubiese enviado tropas, salvo en escenarios extremos o bajo mandato internacional. Del mismo modo de controlar que se eviten conflicto entre sus socios políticos, la intervención cumpliría un rol apaciguador.

Estados Unidos habría jugado un rol determinante, aunque complejo. Washington mantenía canales con ambos regímenes militares y habría buscado evitar un conflicto que desestabilizara su "patio trasero" durante la Guerra Fría. Lo más probable habría sido una presión fuerte, quizás en el marco de la OEA, junto con sanciones diplomáticas o comerciales.

Reino Unido

El Reino Unido tenía un vínculo indirecto con el conflicto, principalmente vía su relación con Argentina (sobre todo por el tema de las Malvinas) y el reconocimiento del laudo arbitral. Es improbable que hubiese intervenido con fuerza militar en América del Sur en ese momento, salvo como apoyo simbólico diplomático o a través de presiones internacionales. El gobierno de ese momento todavía era laborista en el país, es probable que una intervención militar directa no hubiese ocurrido pero sí una movilización precautoria de la Royal Navy (con su grupo de portaaviones) a las islas Malvinas para prevenir cualquier aventura militar de nuestro país. 

El Reino Unido mantenía una relación distante en lo diplomático con Argentina pero cercana en lo militar: la proveía de armas navales (sus mejores destructores Tipo 42 y bombarderos Canberra), especialmente en temas de soberanía (como las Malvinas), y hubiese evitado tomar partido. 

ONU / organismos multilaterales

La ONU podría haber adoptado resoluciones para condenar la agresión, imponer sanciones o desplegar fuerzas de observación o paz en un escenario extremo. Pero en 1978 no existía un mecanismo automático para enviar fuerzas de intervención en conflictos interestatales sin acuerdos amplios. En un conflicto prolongado y sangriento, la presión para un cese del fuego y supervisión externa habría sido intensa.

En suma, la intervención extranjera directa en combate era poco probable salvo escalaciones dramáticas. La intervención diplomática activa y la mediación internacional eran mucho más probables.

La ONU, si bien podría haber condenado el conflicto, difícilmente habría actuado militarmente. No obstante, una guerra prolongada y sangrienta podría haber motivado la creación de una fuerza de paz para supervisar un cese al fuego.

4. Si Chile se hubiese rendido: ¿Que exigencias máximas podía solicitar Argentina?

¿Quién tenía mayores probabilidades de ganar una guerra entre Argentina y Chile en 1978?

La literatura especializada, tanto argentina como internacional, ha analizado largamente los escenarios potenciales del conflicto. En términos estrictamente numéricos, Argentina contaba con una ventaja considerable en tropas, blindados, aviación y recursos logísticos. Su Ejército era el más grande del Cono Sur y se encontraba desplegado en varias zonas del país con capacidad de rápida movilización. Además, la Armada argentina era, al menos en cantidad, superior a la chilena, mientras que la Fuerza Aérea contaba con más unidades operativas en ese momento.

Sin embargo, la superioridad numérica no garantiza la victoria. Chile, aunque más limitado en recursos humanos y materiales, tenía ventajas defensivas clave. Primero, su geografía: la Cordillera de los Andes es una formidable barrera natural. Segundo, una doctrina militar orientada a la defensa territorial con líneas logísticas más cortas y eficientes en su propio territorio. Tercero, el factor de cohesión interna: mientras que Argentina tenía fricciones entre sus distintas ramas militares y una dictadura inestable, Chile, bajo el mando férreo de Pinochet, mostraba una cadena de mando más cohesionada.

Los estudios de estrategia militar concluyen que en caso de una guerra corta, con ofensivas rápidas, Argentina podría haber ocupado territorios chilenos en el sur —especialmente el área de Punta Arenas— e incluso capturar las islas disputadas. Pero en una guerra prolongada, las limitaciones logísticas argentinas, la geografía hostil y una probable reacción internacional habrían revertido esa ventaja inicial. La victoria rápida era improbable. La victoria total, inverosímil. 

¿Qué hubiese ganado Argentina si Chile se rendía?

Si se hubiese producido una rendición chilena —escenario extremo aunque no improbable— Argentina habría impuesto condiciones territoriales y geopolíticas. El objetivo inmediato habría sido asegurar la soberanía de las islas del Canal Beagle (Picton, Lennox y Nueva), además de zonas estratégicas en el sur patagónico. Algunas proyecciones incluso mencionan la ocupación del Estrecho de Magallanes, dándole a Argentina control completo sobre la navegación entre el Atlántico y el Pacífico.

Además del territorio, se habrían exigido concesiones diplomáticas y comerciales: control de rutas marítimas, tratados favorables para la navegación y quizás acuerdos sobre explotación pesquera y recursos marítimos. En un escenario más ambicioso, Argentina podría haber intentado establecer una zona desmilitarizada en el sur chileno o imponer restricciones al rearme chileno.

Sin embargo, la ocupación prolongada del territorio chileno habría sido inviable en términos políticos y logísticos. La resistencia local, la presión internacional y los costos humanos y económicos habrían transformado una victoria táctica en un problema estratégico.

Aún obteniendo estas conquistas, debe tenerse en cuenta que como ha sido tradición en la cultura chilena, no perderían un segundo hasta fin de los tiempos de realizar reclamos diplomáticos de cualquier tipo, marca y color. Los reclamos infundados (Lago del Desierto) o mágicamente creados (Hielos Continentales) han sido una constante en el patrón cultural chileno. 

Finalmente, viendo a más largo plazo, la mejor victoria que hubiese podido tener Argentina hubiese sido la cesión de la Antártida chilena (nombrada Antártica en Santiago). Eso hubiese dejado el tratado Antártico con la región en disputa sólo por dos naciones, el Reino Unido y Argentina. La liberación del sur del canal de Beagle del yugo chileno hubiese dado un paso natural desde el sector continental Atlántico hacia las bases del continente blanco y hubiésemos ahorrado tener que jugar la actual farsa de un país jugando pequeños juegos de mezquindades como ya nos tiene acostumbrado el país lateral. Bien valía la pena ir a la guerra por sólo este objetivo de largo plazo.

Si Chile se hubiese rendido: exigencias máximas de Argentina

En el escenario más favorable para Argentina—una rendición chilena—las condiciones de paz que Buenos Aires podría haber exigido hubiesen sido ambiciosas:

  1. Soberanía plena sobre las islas del Canal Beagle — Picton, Lennox y Nueva, con definición clara del canal como frontera.

  2. Control parcial o total del Estrecho de Magallanes, para asegurar la soberanía sobre rutas marítimas interoceánicas de extremo sur.

  3. Zonas costeras del sur chileno (por ejemplo en toda la isla de Tierra del Fuego) con bases navales argentinas o zonas bajo administración argentina.

  4. Derechos de navegación asegurados para buques argentinos en aguas del Pacífico adyacentes, con tratados favorables de libre paso.

  5. Compensaciones económicas: reparaciones por daños de guerra, indemnizaciones, acceso preferencial a recursos marítimos (pesca, potenciales hidrocarburos).

  6. Limitaciones militares para Chile, como restricciones al rearmamento en el sur o creación de zonas desmilitarizadas, supervisadas internacionalmente.

  7. Cláusulas diplomáticas y de reconocimiento que obligaran a Chile a reconocer formalmente la victoria argentina, declarar vacíos ciertos tratados y aceptar una redefinición de fronteras marítimas favorables a Argentina. Cesión de todo el espacio antártico chileno a Argentina.

     

No obstante, mantener una ocupación extensa del territorio chileno hubiese sido extremadamente costoso y políticamente inviable en lo más mínimo a mediano plazo, por la resistencia interna, la presión internacional y el desgaste logístico humano y militar.

5. ¿Qué hubiese ganado Chile si rechazaba el ataque argentino?

En caso de un contraataque exitoso chileno, o al menos una defensa que frustrara el avance argentino, Chile habría obtenido no sólo la legitimidad internacional sobre su soberanía en el Beagle, sino un fortalecimiento simbólico y político de gran calibre. El mejor resultado posible sería la consolidación de sus derechos sobre las islas en disputa, acompañado de un reforzamiento militar y diplomático en la región.

En un escenario de victoria parcial o total, Chile podría haber presionado por concesiones argentinas en áreas fronterizas donde aún existían ambigüedades, además de reforzar alianzas regionales. Incluso es plausible imaginar que Chile hubiese solicitado compensaciones económicas o logísticas por los daños sufridos, o promovido una condena regional a la agresión argentina.

Políticamente, una victoria chilena habría reforzado al régimen de Pinochet, dándole mayor margen interno y externo. Por contraste, una derrota argentina habría debilitado aún más a una Junta ya dividida, acelerando el desgaste del régimen militar y probablemente alterando el curso que llevaría a la guerra de Malvinas cuatro años después.

Si Chile rechazaba el ataque: ganancias máximas para Chile

En el escenario de una defensa exitosa con contraataques efectivos, Chile podría reclamar condiciones ventajosas al final del conflicto:

  1. Confirmación y reforzamiento de su soberanía sobre Picton, Lennox y Nueva — el reconocimiento internacional de su propiedad sobre las islas disputadas.

  2. Concesiones territoriales menores en zonas limítrofes donde hubiese disputas poco claras o franjas terrestres limítrofes que pudieran ser negociadas.

  3. Compensaciones económicas por daños de la agresión argentina, indemnizaciones por destrucción de infraestructura, pérdidas civiles o militares.

  4. Obligación argentina de reconocer tratados de navegación favorables a Chile o cesión de derechos en algunas rutas marítimas limítrofes.

  5. Garantías de no agresión y limitaciones militares argentinas en el sur, tal vez supervisión internacional en ciertas zonas.

  6. Reparaciones políticas: apoyo chileno en foros internacionales, condenas de agresión argentina y un reforzamiento de la posición diplomática de Chile.


Además, políticamente sería una victoria simbólica de gran magnitud, fortaleciendo el régimen de Pinochet y debilitando la legitimidad de la junta argentina. Una derrota argentina —pese a sus recursos— habría acelerado el desgaste de su gobierno militar.

 

6. Finalizando

En diciembre de 1978, el Cono Sur estuvo a un suspiro de presenciar un enfrentamiento bélico que pudo haber cambiado el rostro geopolítico de Sudamérica. La tensión entre Argentina y Chile por la soberanía de las islas del Canal Beagle alcanzó un punto álgido, al borde de la guerra abierta. La intervención diplomática del papa Juan Pablo II evitó el estallido final. Pero, ¿qué habría pasado si esa mediación no hubiese llegado a tiempo? ¿Qué escenarios se habrían desplegado si el primer disparo hubiese sido respondido? Eso hemos estado intentar responder en este blog en diversos posteos.

Este conflicto no desatado sigue siendo uno de los mayores "y si" de la historia sudamericana reciente. Las condiciones estaban dadas, las tropas movilizadas, y las órdenes redactadas. Sólo una inesperada mediación papal evitó que el fuego se abriera en la Patagonia. El análisis de sus posibles consecuencias nos recuerda cuán delgada es, a veces, la línea entre la paz y la guerra.

¿Quién habría ganado? Es posible que nadie. Es posible que Argentina. Es imposible que Chile.

sábado, 13 de septiembre de 2025

Geoestrategia de Chile

Chile: Geoestrategia, conflictos potenciales y riesgos psicológicos existenciales




Introducción

Desde el desierto de Atacama hasta las bases científicas en el corazón helado de la Antártica, Chile ha tejido su destino entre el aislamiento geográfico, una historia de conflictos fronterizos, y la presión constante de fenómenos naturales extremos. Con tres vecinos complejos —Perú, Bolivia y Argentina— y un frente antártico cada vez más estratégico, el país enfrenta un tablero geopolítico desafiante.

Este informe especial explora la geoestrategia oficial y real de Chile frente a sus vecinos, las amenazas emergentes y los escenarios críticos que podrían redibujar su futuro. Desde tensiones limítrofes hasta catástrofes imprevisibles, el foco está puesto en las grietas que podrían abrirse… y en cómo se están intentando sellar.

 

1. Geoestrategia nacional: Defensa por proximidad

Chile no ha publicado una doctrina geoestratégica abiertamente ofensiva. Al contrario, la retórica oficial gira en torno a la disuasión defensiva, la diplomacia activa y el respeto al derecho internacional. El Libro de la Defensa Nacional 2017, documento base de la política de seguridad, enfatiza la protección del territorio, el resguardo de los recursos naturales, y una creciente preocupación por el flanco sur: la Antártica.

Pero el discurso técnico oculta un trasfondo más inquieto. Las Fuerzas Armadas mantienen un nivel operativo alto, con una flota aérea moderna (F-16, helicópteros Black Hawk, E-4 Sentry), capacidades navales respetadas en la región, y una doctrina táctica basada en la movilidad terrestre y la superioridad electrónica.

En la práctica, Chile ha elegido una posición de centinela estratégico: no busca expandirse, pero no tolerará presiones. Una fórmula simple: negociar todo, ceder nada. En el pasado, Chile llegó a negociar y ceder partes de su territorio en pos de no caer en una guerra que lo hubiese retornado al período pre-Guerra del Pacífico.

2. El Frente Norte: Perú y Bolivia, las heridas abiertas

2.1 Perú: Vecindad competitiva

La relación con Perú, aunque diplomáticamente estable, arrastra siglos de desconfianza mutua. El conflicto bélico de 1879 sigue influyendo en las élites militares y políticas de ambos países. El fallo de La Haya en 2014, que delimitó una nueva frontera marítima, fue aceptado formalmente… pero dejó resentimientos latentes.

Chile ve con recelo el fortalecimiento militar peruano, especialmente en capacidades navales y aéreas. Perú, por su parte, sospecha que Chile mantiene superioridad intencionada para mantener el statu quo. Sin embargo, los acuerdos con Corea del Sur para producción militar, la renovación de la flota aérea de combate y el crecimiento de la calidad del material humano peruano siempre marca el artificialmente inflado ego chileno.

En el último año, se registraron incidentes menores en el “triángulo terrestre” cerca de Tacna, una zona sin acuerdo formal. Aunque se trató de movimientos simbólicos, la prensa sensacionalista de ambos lados los amplificó, despertando viejos fantasmas.

Medidas en marcha:

  • Coordinación entre cancillerías y defensa.
  • Ejercicios militares conjuntos esporádicos.
  • Mecanismos de alerta temprana para evitar escaladas.

El peor escenario posible analizado puede ser un conflicto limitado por soberanía en tierra o mar, con enfrentamientos focalizados, bloqueo portuario temporal y presión internacional para un nuevo arbitraje. El riesgo está bajo control, pero no es nulo.

2.2 Bolivia: El Mar, siempre el Mar

A pesar del fallo de la CIJ en 2018 que exoneró a Chile de negociar una salida al mar con Bolivia, el tema no ha desaparecido. Al contrario, ha mutado hacia nuevas dimensiones.

La estrategia boliviana ahora gira en torno a la internacionalización del conflicto y la presión simbólica, mientras mantiene una relación económica pragmática: Bolivia depende de los puertos chilenos para sus exportaciones.

  • Puntos de fricción actuales:
  • Cruces fronterizos con presencia militar simbólica.
  • Contrabando, tráfico y migración desbordada.
  • Tensiones por el litio y el uso de recursos hídricos compartidos.


En 2024, la entrada irregular de más de 35 mil migrantes por Colchane tensó la relación bilateral y expuso la fragilidad del control fronterizo. A esto se suma la creciente presencia de actores no estatales en la frontera, incluidas bandas armadas ligadas al narcotráfico.

El escenario crítico a analizar puede ser un brote de violencia entre fuerzas de control podría desencadenar una crisis diplomática seria. En el peor de los casos: escaramuzas con pérdida de vidas y militarización del altiplano.

¿Está Chile preparado?
Sí, en términos tácticos. Pero políticamente, el conflicto con Bolivia es el más difícil de contener sin consecuencias regionales o humanitarias.


3. El Frente Sur: ¿Aliado o rival silencioso?

Argentina, entre la amistad y la desconfianza

La relación con Argentina ha sido un péndulo. De la tensión al borde de la guerra en 1978 por el Canal Beagle, a la firma del Tratado de Paz y Amistad en 1984, y más recientemente, a una cooperación estratégica sin precedentes.

Ambos países comparten ejercicios militares (la fuerza combinada "Cruz del Sur"), vínculos energéticos y coordinación antártica. Pero también compiten, especialmente por el control marítimo al sur del paralelo 60.

En 2021, Argentina presentó una ampliación de su plataforma continental, que Chile consideró una extensión sobre territorio chileno. El conflicto fue diplomático, pero encendió alarmas en círculos militares.

  • Medidas de contención:
  • Comisiones bilaterales de límites.
  • Diálogo directo entre cancillerías.
  • Acuerdos operativos en zonas de interés mutuo.

El escenario más crítico que puede pensarse es si Argentina endurece su postura sobre los Campos de Hielo Sur o presiona en la Antártica, Chile podría verse obligado a reforzar su presencia militar en el sur. El conflicto sería diplomático, pero con posibles consecuencias logísticas para rutas navales y operaciones antárticas.

4. La Antártic(d)a: El frío que calienta el conflicto

Chile reclama cerca de 1.250.000 km² en la Antártica. Su soberanía, reconocida internamente pero no internacionalmente, se superpone con territorios reclamados por Argentina y Reino Unido.

El Tratado Antártico de 1959 mantiene la paz, pero podría revisarse a partir de 2048, abriendo la puerta a nuevos conflictos por recursos minerales, agua dulce y rutas de navegación.

La preocupación es real. China, Rusia y EE.UU. ya han intensificado su presencia científica (y logística) en la región. Chile y Argentina trabajan en conjunto, pero también compiten. En los últimos cinco años, Chile ha modernizado la Base Frei y ha comenzado la construcción de una base logística marítima en Punta Arenas.

¿Qué pasa si el tratado colapsa?
Un escenario caótico podría incluir:

  • Reclamaciones territoriales abiertas.
  • Militarización de las bases científicas.
  • Intervención de potencias globales.

Chile se vería obligado a desarrollar una fuerza antártica de proyección, establecer nuevas alianzas multilaterales y reforzar el control de sus rutas australes.



5. Catástrofes naturales: La guerra contra Dios

El megaterremoto que puede llegar mañana

La gran amenaza no es humana. Es tectónica. Chile está en el “Anillo de Fuego del Pacífico”. En promedio, experimenta un terremoto grado 8+ cada 25 años. El del 2010 (8,8) fue devastador. Pero el fantasma es otro: uno sobre 9,0 en la zona central, con epicentro marino, seguido de un tsunami con olas de más de 15 metros.

Impacto estimado:

  • Colapso portuario (Valparaíso, San Antonio).
  • Interrupción total de exportaciones de cobre.
  • Daño masivo a infraestructura eléctrica, hídrica y hospitalaria.
  • Más de 1 millón de desplazados.


Chile cuenta con el SENAPRED, redes sísmicas y simulacros, pero los sistemas no serían suficientes ante un evento de esta magnitud. La cooperación internacional es clave.

Medidas que se están implementando:

  • Red de telecomunicaciones de emergencia (satélites nacionales).
  • Refuerzo de bases militares como nodos de respuesta civil.
  • Alianzas con Japón, EE.UU. y Nueva Zelanda en logística post-desastre.


En este escenario, Chile se enfrenta no solo a la reconstrucción… sino también a un momento de extrema vulnerabilidad geopolítica.

6. Conclusión: Paz armadas, conflictos dormidos y riesgos despiertos

Chile vive en una geografía tensa. Su estrategia es firme pero prudente. El país apuesta por la disuasión, no por la provocación. Pero los escenarios posibles —conflictos limitados, disputas antárticas, o una mega-catástrofe natural— obligan a repensar la defensa como un sistema integral que combine diplomacia, logística, preparación cívica y proyección regional.

Antes de irnos ¿Qué rol juego su alianza con Gran Bretaña? Sin dudas es el socio tonto en la geoestrategia del Atlántico Sur. El rol de esta alianza, objetivo común de acción conjunta, es molestar y debilitar a Argentina, cuidar que no se expanda, en el caso chileno más particularmente, cuidar celosa e histéricamente que Perú y Argentina no se alíen, porque esa alianza irremediablemente está asociado a una interacción contra la propia existencia de los territorios que Chile robó a sus vecinos. En el medio, armarse como si fuese a ir a una guerra y malgastar los recursos públicos en defensa en vez de invertirlo en educación, tecnología o salud pública que todavía acechan el bienestar de su gente. Recordemos los reclamos salvajes entre octubre de 2019 y marzo de 2020 que tomaron al país por asalto que se asentaron en reclamos de ítems muy particulares de la vida socioeconómica chilena que todavía no han podido ser solucionados.  

Los peores escenarios no son ficción. Son probables.
Y si algo enseña la historia de Chile, es que la resiliencia no se improvisa.

Fuentes

  1. Ministerio de Defensa Nacional – Libro de la Defensa Nacional 2017
  2. Corte Internacional de Justicia – Fallo Perú vs. Chile 2014
  3. Corte Internacional de Justicia – Fallo Bolivia vs. Chile 2018
  4. Diario La Tercera – Conflictos en la frontera norte, edición 2024
  5. Revista de Marina – Chile y la Antártica, 2023
  6. Infodefensa – Capacidades estratégicas sudamericanas
  7. SENAPRED – Plan de gestión de riesgos 2025
  8. Entrevistas exclusivas con analistas de Defensa y Política Exterior.  
  9. Sistema del Tratado Antártico – https://www.ats.aq/ 

Esteban McLaren - FDRA

Imágenes de OpenIA