Mostrando las entradas con la etiqueta asalto blindado. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta asalto blindado. Mostrar todas las entradas

sábado, 3 de enero de 2026

Teoría de la guerra: La guerra mecanizada seguiría siendo clave

Por qué la guerra mecanizada seguirá siendo decisiva en la próxima guerra terrestre

Scott Rutter y Matthew C. Paul || War on the Rocks


 


Por qué la guerra mecanizada seguirá siendo decisiva en la próxima guerra terrestre

La guerra mecanizada no ha muerto. Los observadores han debatido este tema desde que el ejército y los voluntarios ucranianos repelieron el asalto ruso a Kiev en 2022. El debate profesional resultante a menudo deriva en disputas sobre tecnologías o sistemas de armas específicos y su valor percibido en el futuro campo de batalla. Todos ignoran el panorama general.

Los frentes en Ucrania presentan hoy inquietantes similitudes con la Primera Guerra Mundial, pero con tecnologías avanzadas que inhiben los ataques mecanizados. En raras ocasiones, estas mismas tecnologías han creado oportunidades para posibilitar los ataques mecanizados. Las oportunidades más amplias generan avances decisivos, mientras que las más pequeñas crean cuellos de botella suicidas.

Adoptamos una perspectiva diferente y extraemos conclusiones divergentes sobre la guerra mecanizada ofensiva. Estos se basan en parte en nuestra propia experiencia de combate en Irak en 2003 y en 20 años liderando importantes proyectos de modernización del Ejército.

Evaluamos los datos y análisis de la guerra ruso-ucraniana desde 2022 y derivamos dónde y cómo las fuerzas mecanizadas pueden ser decisivas en las condiciones modernas. Nuestra afirmación principal de que los ejércitos futuros deben crear y controlar las ventanas para los ataques mecanizados se deriva directamente de estos trabajos y de las lecciones operativas del Ejército estadounidense.

Las condiciones modernas del campo de batalla imponen ahora límites estructurales inherentes a los ataques mecanizados. Estos límites ya no pueden desestimarse como obstáculos o contratiempos temporales. Hacen que la guerra mecanizada sea condicional, en lugar de obsoleta. Lo que se está subestimando no es si la guerra mecanizada todavía funciona, sino si las campañas futuras pueden generar, proteger y explotar de forma realista las limitadas condiciones en las que funciona. Nos esforzamos por comprobar esta afirmación examinando cuándo fallan las fuerzas mecanizadas y por qué, a la vez que ofrecemos nuestras propias perspectivas innovadoras. Por último, ofrecemos recomendaciones sobre cómo el Ejército de los EE. UU. puede posicionar a su personal, procesos y tecnologías para prepararse para la próxima gran guerra. Si el Ejército malinterpreta el futuro de la guerra mecanizada, corre el riesgo de diseñar fuerzas para guerras que no se pueden librar ni ganar.

Ventanas de oportunidad para ataques mecanizados

En 2003, la 3.ª División de Infantería del Ejército de los EE. UU. ejecutó un ataque mecanizado de 562 kilómetros desde Kuwait hasta Bagdad, derrocando al régimen iraquí en 21 días. Ese éxito dependió de condiciones que favorecían fuertemente al atacante: ventajas tecnológicas abrumadoras, control total del aire, clara visibilidad del campo de batalla mediante la recopilación y el monitoreo de inteligencia, y líneas de suministro confiables. La mayoría de estas ventajas ya no existen.

El campo de batalla se ha vuelto mucho más complejo. Los ataques electrónicos a las comunicaciones y sensores, antes limitados, ahora son comunes y pueden interrumpir las operaciones tanto como las amenazas terrestres, aéreas o marítimas. Las grandes fuerzas blindadas aún pueden ser efectivas, pero lograr que funcionen ahora requiere mucha más preparación, coordinación y tiempo que en Irak. Esa campaña no es un modelo que pueda repetirse fácilmente. Es más probable que las operaciones futuras dependan de avances cortos e intensos, combinados con acciones estrechamente coordinadas para superar a oponentes de igual nivel y campos de batalla muy disputados.

La evidencia de Ucrania muestra que las fuerzas mecanizadas sufren cuando los comandantes no logran dominar con potencia de fuego, inteligencia y guerra electrónica. Una evaluación de 2022 señaló que la sólida vigilancia enemiga y los ataques de precisión acortan el tiempo de decisión del atacante y dificultan la concentración de fuerzas. Pero también descubrió que cuando los atacantes crean breves ventanas de engaño, sorpresa, aislamiento, dominio de la potencia de fuego y coordinación de armas combinadas, los avances mecanizados aún tienen éxito. Las lecciones del Ejército de EE. UU. de la fallida ofensiva ucraniana del verano de 2023 enfatizan que el éxito depende de interrumpir la vigilancia enemiga, sincronizar la guerra electrónica, usar humo y engaño, y superar obstáculos rápidamente y en el momento oportuno. Un análisis reciente para 2025 coincide, destacando la autonomía, el dominio de la información, la guerra electrónica, la logística disputada y la evolución de la defensa aérea como condiciones clave para la maniobra.

En Ucrania, el éxito depende de breves oportunidades en el tiempo y el espacio. Desde 2022, estas oportunidades han sido demasiado breves y limitadas para que ninguna de las partes logre avances importantes y duraderos. Ninguna de las partes controla el aire, y ambas pueden verse y atacarse mutuamente con una eficacia similar, en términos generales. Los drones, las municiones merodeadoras y el fuego de precisión han expuesto vulnerabilidades y limitado la utilidad de las fuerzas mecanizadas. En estas condiciones, los grandes ataques blindados son extremadamente costosos y difíciles de explotar. En este punto, los vehículos blindados rara vez alcanzan las líneas del frente, y mucho menos rompen las defensas enemigas.

La fallida ofensiva ucraniana de 2023 subrayó esta realidad. Las fuerzas rusas contaban con defensas estratificadas y formidables, así como con la capacidad de prever la llegada de las fuerzas ucranianas. Como resultado, Ucrania no pudo lograr una sorpresa operativa. En cambio, el éxito temporal de Ucrania en la región rusa de Kursk al año siguiente se produjo solo después de encontrar un punto débil y cegar brevemente los sensores y las comunicaciones rusos. Sin embargo, esta fue la excepción a la nueva regla: el campo de batalla es tan transparente ahora que la sorpresa y la explotación rápida suelen ser imposibles, salvo en casos excepcionales. El éxito ahora depende menos de las propias formaciones mecanizadas y más de la capacidad de crear y explotar rápidamente oportunidades excepcionales mediante el engaño, la disrupción y el apoyo concentrado. En guerras futuras, es probable que estas oportunidades sean aún menores, más breves y más localizadas. La carga se está desplazando del ocultamiento de fuerzas al ocultamiento de intenciones. Esto favorece a las fuerzas diseñadas para la concentración episódica en lugar de las campañas blindadas sostenidas.

Los ejércitos dedican la mayor parte de su tiempo a la defensa, pero, en última instancia, se requieren acciones ofensivas para poner fin a las guerras. La credibilidad y la disuasión del Ejército de EE. UU. ante futuras guerras terrestres se verán disminuidas una vez que pierda su capacidad de organizar un ataque para conquistar y mantener el territorio. En consecuencia, el Ejército debe aplicar las lecciones correctas a los recursos e inversiones adecuados ahora para preservar la guerra mecanizada para las generaciones futuras.

Preparándose para la Próxima Guerra

El Ejército de los EE. UU. debe aprender las lecciones de la Guerra Ruso-Ucraniana, pero debe ser cuidadoso y selectivo al aplicarlas a sus futuras estrategias de inversión, entrenamiento, estructura de fuerzas y cambios doctrinales.

En primer lugar, el Ejército necesita un mejor equilibrio en sus inversiones. Actualmente, la mayor parte de la financiación se destina a la modernización de tanques y otras plataformas tradicionales, mientras que el gasto en sistemas no tripulados y guerra electrónica se queda atrás. Las fuerzas mecanizadas han obtenido resultados decisivos en guerras pasadas, por lo que el Ejército debe seguir mejorándolas, pero no de forma aislada. Mejoras como una mejor protección, la reducción de la visibilidad de los sensores y la capacidad de trabajar con sistemas no tripulados son importantes. Sin embargo, las posibilidades de utilizar grandes ataques blindados están disminuyendo, no aumentando. Para mantener la relevancia de las fuerzas mecanizadas, los ejércitos deben pasar del perfeccionamiento de las plataformas a la posibilidad de ráfagas cortas de potencia abrumadora en el momento oportuno. Esto significa invertir en tecnologías que puedan crear y controlar esas breves ventanas de oportunidad mediante el engaño, la guerra electrónica y la coordinación rápida, de modo que los ataques mecanizados puedan seguir teniendo éxito cuando las condiciones lo permitan.

Invertir en sistemas no tripulados y guerra electrónica, especialmente cuando se combina con tecnología de la información avanzada e IA, puede hacer que los ataques mecanizados sean mucho más efectivos. Los sistemas de comando impulsados ​​por IA pueden procesar rápidamente datos de drones, satélites y sensores para detectar objetivos, predecir movimientos enemigos y sugerir acciones en segundos. Esto proporciona a los comandantes una gran ventaja en la toma de decisiones. Los sistemas no tripulados también ayudan a crear sorpresa, ayudan en el engaño y pueden asumir las tareas más arriesgadas, como despejar obstáculos y campos minados bajo fuego enemigo. El Ejército también debería priorizar los drones con visión en primera persona que pueden volar más lejos, ver con mayor claridad, resistir interferencias y asestar ataques potentes. Las compensaciones pueden ser simples. Por ejemplo, omitir una importante actualización de un vehículo podría financiar miles de estos drones. Estas inversiones harían que las futuras fuerzas mecanizadas fueran más rápidas, más precisas y más difíciles de detener. Algunos temen que este enfoque pueda debilitar al Ejército para guerras largas, y es una preocupación válida. Pero prepararse para un gran avance blindado que nunca se materializa es un riesgo aún mayor.

En segundo lugar, la capacidad de adaptación e innovación determinará quién marcará el ritmo en futuras guerras y quién podrá crear oportunidades para ataques mecanizados. El bando que pueda integrar rápidamente nuevas tecnologías tendrá la ventaja. Por ejemplo, Ucrania desarrolló una enorme industria nacional de drones con cientos de fabricantes que producen millones de drones para exploración, ataques de precisión y guerra electrónica. Lo que realmente importa es la velocidad. Las fuerzas ucranianas pueden ajustar el software y el hardware de los drones en cuestión de días para contrarrestar las interferencias rusas. Esta rápida innovación ha ayudado a Ucrania a abrir una ventana para un ataque mecanizado, destruyendo la artillería y desbaratando a las unidades rusas en la retaguardia del frente.

Nuevas reformas en la forma en que el ejército estadounidense compra equipo son esenciales para el éxito en los futuros campos de batalla. El Ejército necesita entregas más rápidas, requisitos flexibles y financiación que se ajuste a las condiciones cambiantes para no perder tiempo construyendo lo incorrecto. El Ejército y sus partes interesadas también deben aceptar que no existe una solución perfecta para cada posible conflicto durante los próximos 50 años. Intentar lograrla ha provocado largas demoras, sobrecostos y equipo inadecuado para la misión. En cambio, el Ejército debería centrarse en diseños modulares que los soldados puedan actualizar o adaptar rápidamente en el campo de batalla. En lugar de buscar la perfección, necesitamos plataformas que se puedan configurar para situaciones específicas. Los soldados deben contar con las herramientas e interfaces para modificar el hardware y el software a medida que cambian las condiciones. Y "derecho a reparar” debería significar más que simplemente arreglar piezas rotas: debería permitir a los soldados adaptar el equipo que ya no sirve para el combate en el que participan. En la próxima Ley de Autorización de Defensa Nacional, el Congreso debería dar más importancia a este requisito que a la lucha de la industria de defensa por proteger la propiedad intelectual.

En tercer lugar, el Ejército necesita prepararse mejor para los ataques mecanizados. La tecnología por sí sola no ganará guerras. Líderes y soldados entrenados que utilicen esa tecnología sí lo harán. A medida que el Ejército trabaja para desarrollar nuevas herramientas revolucionarias, también debe adaptar su forma de organizarse y combatir. Si el Ejército no actualiza la estructura de fuerza, la doctrina y el entrenamiento, incluso la mejor tecnología se quedará corta. Un informe sobre la guerra ruso-ucraniana enfatiza que se requiere que las personas y los procesos se adapten a la tecnología, no al revés. Estamos de acuerdo. Sin embargo, el Ejército a veces hace lo contrario, dudando en escalar nuevos roles, estructuras de unidades y tácticas, incluso durante conflictos activos.

La doctrina antigua asume que la maniobra es la forma predeterminada de combatir. La doctrina futura debería tratarla como un acto excepcional, deliberado, planificado, con recursos y protección. La "cobertura y ocultación" ahora significa más que ocultar vehículos: incluye engaño y protección contra sensores enemigos en tierra, aire y a través del espectro electromagnético. La velocidad por sí sola ya no garantiza el éxito. El movimiento constante puede exponer a los atacantes en lugar de abrumar a los defensores. Los ataques mecanizados deben usar la velocidad solo cuando las condiciones sean propicias: atacando con fuerza en múltiples dominios en el momento oportuno y dispersándose antes de que el enemigo reaccione. Ganar puede requerir varios golpes, no un solo gran impulso. La estructura de fuerza del Ejército de EE. UU. debe reflejar esto, cambiando hacia la guerra electrónica y la inteligencia, la vigilancia y el reconocimiento integrados en unidades mecanizadas más pequeñas y ágiles. El éxito no es casualidad. La fallida ofensiva de Ucrania en 2023 demostró lo que sucede cuando las tropas carecen de entrenamiento y tienen dificultades con las nuevas tecnologías. En 2003, antes de la invasión de Irak, las unidades blindadas estadounidenses realizaron repetidos ejercicios para romper las defensas y conquistar territorio. Esa lucha fue mucho más simple que lo que se avecina. La guerra mecanizada del futuro requerirá el dominio de las armas combinadas en tierra, mar, aire, espacio y ciberespacio. El entrenamiento realista a gran escala es esencial.



Las futuras unidades mecanizadas no tendrán el tiempo ni la seguridad para prepararse al aire libre como lo hizo nuestra unidad antes de la invasión de Irak de 2003. En aquel entonces, nuestros ensayos eran prácticamente invisibles. Hoy, serían detectados por satélites comerciales e interrumpidos por drones y ataques de largo alcance. La respuesta podría residir en entornos de entrenamiento sintético avanzados. Estas herramientas pueden acelerar la preparación y ofrecer a soldados y líderes prácticas realistas en el campo de batalla, a demanda y en entornos seguros, donde el enemigo no puede observar. Las simulaciones basadas en la nube, vinculadas a vehículos, armas y dispositivos reales para soldados, podrían reemplazar muchos ejercicios en vivo. Deberían actualizarse constantemente con la información más reciente para que el entrenamiento refleje las condiciones reales del campo de batalla. Y no solo deberían enseñar tácticas, sino también tener en cuenta el coste humano del combate. Informes como "Conflicto en Foco: Lecciones de Rusia-Ucrania" ofrecen información para ayudar a que estas simulaciones sean más realistas y centradas en el ser humano.

En cuarto lugar, la logística sigue ganando guerras. Si la guerra mecanizada depende de ventanas de oportunidad limitadas, la logística a menudo decide cuánto tiempo Esas ventanas permanecen abiertas. El éxito puede depender menos de la resistencia enemiga y más de si las fuerzas estadounidenses pueden mantener el combustible, la munición y las reparaciones en movimiento bajo la vigilancia y el ataque constantes del enemigo. Las ofensivas mecanizadas fracasan cuando el suministro no puede seguir el ritmo. Los primeros ataques rusos en 2022 fracasaron porque sus columnas superaron a su apoyo de combustible y reparaciones. Ucrania enfrentó problemas similares en 2023 cuando sus fuerzas rompieron las defensas, pero no pudieron avanzar más porque la munición y los vehículos de recuperación se quedaron atrás. Para evitar esto, el Ejército debería invertir en vehículos de bajo consumo de combustible, reabastecimiento autónomo, sistemas modulares e incluso piezas impresas en 3D, a la vez que se entrena para mantener a las fuerzas mecanizadas bajo fuego enemigo.

Conclusión

Imaginemos una guerra futura donde ambos bandos tengan las mismas capacidades de vigilancia y guerra electrónica. Las decisiones deberán tomarse en minutos, y las oportunidades de atacar pueden durar solo horas. Las fuerzas mecanizadas solo ganarán si se mueven con rapidez, utilizan el engaño y coordinan la potencia de fuego a la velocidad del rayo. La próxima guerra favorecerá a los ejércitos que actúan en segundos, no a los que pasan semanas planeando.

Los críticos argumentan que La guerra ruso-ucraniana demuestra que las fuerzas mecanizadas han perdido su ventaja. Un campo de batalla repleto de drones y sensores castiga a las grandes formaciones blindadas, favorece la defensa y hace casi imposible la sorpresa. Los drones en primera persona y los ataques de precisión explotan las debilidades, mientras que la artillería sigue siendo la principal causa de muerte. Sin superioridad aérea, romper las defensas bajo vigilancia constante se vuelve extremadamente costoso, como demostró la ofensiva ucraniana de 2023. Cada metro ganado suponía un gran precio pagado. Estas realidades llevan a algunos a afirmar que los tanques son reliquias en una era de desgaste y sensores.

Sin embargo, esta conclusión malinterpreta la evidencia. La guerra mecanizada es condicional, no obsoleta. Puede que ya no defina campañas enteras, pero aún puede ofrecer resultados decisivos en condiciones excepcionales y cuidadosamente creadas. Reconocer esto es crucial para evitar prepararse para una guerra que no se puede librar ni ganar. Las guerras aún se deciden por quién controla el terreno en momentos clave, no por quién domina los sensores para siempre. Las fuerzas mecanizadas aún pueden ser importantes, pero sin las condiciones adecuadas, el campo de batalla actual limita drásticamente sus posibilidades de logro. El éxito de Ucrania en Kursk demostró que cuando los atacantes interrumpen la vigilancia enemiga o utilizan la guerra electrónica, el engaño y la potencia de fuego coordinada, los avances mecanizados siguen siendo posibles. Ahora más que nunca, el éxito depende de crear o aprovechar breves ventanas de oportunidad. Cuando esas ventanas se abren, las formaciones mecanizadas siguen siendo la única fuerza que puede proporcionar velocidad, impacto y conquistar el terreno a gran escala. Pero deberían evolucionar integrando nuevas tecnologías, utilizando la velocidad y el engaño, adaptando la estructura de fuerza y ​​la doctrina, y entrenándose intensamente para operaciones complejas. El campo de batalla del mañana castigará a quienes aprenden despacio. El bando que pueda establecer las condiciones, concentrar fuerzas mecanizadas y atacar con decisión, ganará.

jueves, 15 de mayo de 2025

Tanque anfibio: El PT-76 en India, Egipto y muchos escenarios más

La caballería blindada india avanzó—y nadó—hasta Bangladesh

Tanques anfibios ayudaron a las tropas indias a librar una guerra relámpago en una tierra llena de ríos
por Sébastien Roblin || Trench Art

Este es el segundo artículo de una serie de dos partes sobre el tanque anfibio PT-76.

A fines de los años 60, el PT-76 soviético, de blindaje liviano, fue una sorpresa para las tropas estadounidenses en Vietnam. A mil kilómetros al oeste, ese mismo tanque iba a jugar un rol en el destino de lo que entonces era Pakistán Oriental—hoy Bangladés.

Para el otoño de 1971, el ejército indio ya estaba asistiendo activamente a la insurgencia del Mukti Bahini, que se había alzado en armas tras una brutal represión por parte de Pakistán Occidental en marzo. El gobierno de Indira Gandhi esperaba que estallara una guerra a gran escala, y necesitaba una forma de dar apoyo blindado a sus tropas, a pesar de los numerosos ríos del delta del Ganges que bloqueaban el paso.

Por eso, el ejército indio concentró sus dos regimientos de PT-76 en la zona—el Regimiento de Caballería 45 y el Regimiento Blindado 69, además de dos escuadrones independientes, el 1.º y el 5.º. Enfrente tenían cinco escuadrones pakistaníes de tanques livianos M24 Chaffee (66 en total) y tres pelotones de PT-76, algunos capturados a la India en la guerra de 1965.

Antes de que se declararan oficialmente las hostilidades, el 21 de noviembre el ejército indio infiltró a 800 soldados del Batallón Punjab 14 cruzando la frontera cerca del caserío de Garibpur, para asegurar una carretera clave que llevaba a Jessore. Catorce PT-76 del Escuadrón C de la Caballería 45 los apoyaban.

El ejército pakistaní estaba al tanto de la presencia india, y contraatacó a la mañana siguiente con una brigada completa de 2.000 soldados, respaldados por decenas de tanques M24 Chaffee. Este era un tanque liviano de la Segunda Guerra Mundial, armado con un cañón de 75 mm—el mismo que usaba el Sherman—y con blindaje delgado, de no más de 38 mm.

Por una vez, los PT-76 enfrentaban a un enemigo blindado en condiciones relativamente parejas. Sin embargo, los pakistaníes superaban en número a los indios tres a uno.


Tropas indias posan al lado de un tanque M24 pakistaní dejado fuera de combate en la batalla de Garibpur. Esta foto fue enviada a la prensa occidental. Indian Army photo

Pero en la guerra, el factor sorpresa lo es todo. Por suerte para los indios, sus tanquistas anticiparon el ataque: escondieron sus vehículos en posición de emboscada y montaron rifles sin retroceso antitanques. Cuando los tanques pakistaníes avanzaron entre la niebla espesa de la madrugada, las tripulaciones indias corrieron a sus vehículos bajo el mando del Mayor D.S. “Chiefy” Narag.

Los M24 sólo se hicieron visibles a distancias de 30 o 50 metros. Los PT-76 abrieron fuego, destruyendo 10 Chaffees en una intensa batalla de 30 minutos. Los tanques pakistaníes apenas lograban divisar al enemigo en medio de la niebla.

Narag destruyó personalmente dos tanques antes de morir por una ráfaga de ametralladora. Más tarde, los indios repelieron un segundo ataque de un pelotón de M24.

Cuando la niebla se disipó por la tarde, el escuadrón indio había destruido o capturado 14 Chaffees, con la pérdida de seis de sus tanques anfibios. La infantería india, junto con sus armas sin retroceso, causó más bajas y obligó a los pakistaníes a retirarse.

Aviones de combate F-86 Sabre de Pakistán bajaron a dar apoyo aéreo, pero cazas Gnat indios los interceptaron a las 15:00 hs, derribando dos y dañando un tercero.

La victoria del grupo indio, pese a estar en desventaja numérica, levantó la moral antes de que la guerra se declarara formalmente. Las hostilidades comenzaron con fuerza tras un fallido ataque preventivo pakistaní el 3 de diciembre de 1971. El ejército indio cruzó la frontera de Pakistán Oriental con apoyo de guerrilleros del Mukti Bahini.

El ejército pakistaní estaba atrincherado en una ciudad fortificada tras otra, separadas por grandes ríos que dificultaban el avance de tanques y artillería pesada. Sin embargo, la India apostó por una campaña tipo Blitzkrieg, con avances rápidos para rodear y aislar las defensas pakistaníes, usando helicópteros Mi-4 y tanques PT-76 para cruzar los grandes ríos.


PT-76s del Ejército Indio con pelotones de infantería montados encima. Foto via Indian military forums

No todas las operaciones anfibias salieron bien. Los tanques del 5.º Escuadrón se empantanaron varias veces y se atrasaron. El 12 de diciembre, intentaron vadear el río Meghna, pero los sellos del casco resultaron defectuosos, y tuvieron que buscar un camino terrestre.

Además, los vehículos, de blindaje liviano, sufrieron pérdidas ante rifles sin retroceso pakistaníes de 106 mm, incluso cuando los ataques eran exitosos.

En otros frentes, los tanques anfibios demostraron su utilidad. Cuando las tropas indias quedaron frenadas en Gobindganj por un batallón pakistaní con tanques y artillería, el Batallón 63 ejecutó una maniobra de flanqueo cruzando 55 km de ríos y terrenos pantanosos.

Sobre los PT-76 viajaban escuadrones de 12 Gurkhas nepaleses, famosos por su combate cuerpo a cuerpo con cuchillos kukri. Tomaron la ciudad por sorpresa, destruyeron un Chaffee, capturaron una batería de obuses de 105 mm y un escuadrón separado de PT-76 cortó la retirada enemiga, capturando a los que huían.

Antes, el 1.º Escuadrón había expulsado a una tenaz compañía pakistaní de infantería de Mian Bazar el 4 de diciembre, perdiendo cuatro tanques. El 9 de diciembre, el mismo escuadrón asaltó los muelles de Chandpur, también con Gurkhas a bordo, y se topó con tres lanchas artilladas pakistaníes en el río Meghna.

Los tanques hundieron las tres en un intenso tiroteo, rescatando a 180 sobrevivientes de los 540 a bordo.

Dos días después, se encontraron con otra lancha y la destrozaron con 54 proyectiles de 76 mm, hasta que encalló. Luego, los tanques cruzaron el río una y otra vez con tropas y equipo, aunque sus motores a veces se recalentaban y necesitaban ser remolcados por botes civiles.

El 9 de diciembre, los tanques pakistaníes se cobraron venganza en Kushtia, emboscando al Escuadrón A de la Caballería 45. El Mayor Sher Ur Rahman posicionó sus dos pelotones de M24 con infantería en una zona elevada rodeada de campo abierto.

Seis PT-76 indios y un batallón de infantería Rajput 22 cayeron en la trampa. Un tanque fue destruido en la primera ráfaga. Cuatro más resistieron, destruyeron un M24 y luego fueron eliminados. El vehículo líder escapó a toda velocidad, sembrando el pánico en la infantería.

La India tardó dos días en organizar un asalto total a Kushtia... sólo para descubrir que los defensores se habían retirado en silencio.

La Caballería 45 volvió a la acción pronto, nadando por el río Bhairab para tomar el ferry de Syamganj, capturando 3.700 soldados en fuga. El Escuadrón A volvió a mojarse el 14 de diciembre, cruzando el río Madhmuti con infantería encima para tomar el ferry de Kumarkhali, capturando 393 prisioneros más.

Dos días después, el comandante de las fuerzas pakistaníes en el este se rindió en Dacca, dando nacimiento al nuevo estado de Bangladés. El ejército indio había avanzado con velocidad asombrosa por los ríos del delta del Ganges, con el PT-76 como pieza clave del éxito.

Estos tanques livianos sufrieron pérdidas considerables—una fuente habla de 30 destruidos o dañados—y no siempre fueron fiables. Pero flanqueando con agresividad, cortando retiradas enemigas y trabajando codo a codo con infantería, los tanquistas indios sacaron buen provecho de sus vehículos livianos.


PT-76 egipcio capturado en el Museo de Yad-la Shiryon en Israel. Note el rompeolas desplegado. Bukvoed photo via Wikimedia

Cruzando el canal de Suez—en ambas direcciones

Siria y Egipto también usaron PT-76 en sus guerras contra Israel, y Egipto perdió 29 de ellos frente a tanques israelíes durante la Guerra de los Seis Días. Pero El Cairo volvió a invertir en estos tanques anfibios porque tenía un rol específico en mente para ellos: participar en el cruce épico del canal de Suez, que separaba la fuertemente fortificada frontera entre Egipto e Israel en el ataque inicial de la Guerra de Yom Kipur.

Sin embargo, en la práctica, el PT-76 ocupó un papel modesto durante el cruce de 90.000 soldados egipcios y casi 1.000 tanques. Después de un intenso bombardeo de artillería egipcio, el 6 de octubre de 1973 a las 14:00 hs, 20 PT-76 de la Brigada de Infantería de Marina 130 cruzaron a nado el Gran Lago Amargo (Great Bitter Lake), escoltando a mil infantes de marina montados en transportes blindados anfibios BTR-50.

El ejército israelí no había construido fortificaciones ni rampas de arena en la orilla opuesta del lago, así que los marines egipcios cruzaron sin oposición antes de las 14:40, y comenzaron a limpiar los campos minados cercanos. Dos horas después, repelieron un contraataque de una compañía blindada israelí, destruyendo dos tanques y tres vehículos blindados de transporte con la ayuda de misiles antitanque Sagger.

La brigada mecanizada luego llevó a cabo ataques relámpago contra la base aérea israelí de Bir El Thamada y estaciones de radar cercanas.

El Batallón de Infantería de Marina 603 se separó después para capturar y mantener el Fuerte Putzer, tomando la posición (que estaba desocupada) el 9 de octubre y defendiéndola hasta el final de la guerra a pesar de repetidos contraataques. Mientras tanto, el Batallón 602 avanzó hacia el este, donde tuvo la mala suerte de toparse de noche con un batallón de 35 tanques Patton israelíes sobre la carretera de Artillería.

Ese combate nocturno no salió bien para los 10 PT-76 del batallón, que quedaron cegados por los reflectores de xenón de los Patton. Los tanques israelíes devastaron a la unidad egipcia, obligando a los sobrevivientes a replegarse a sus líneas.

Pero la historia del PT-76 y el canal de Suez no termina ahí.

Las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) habían capturado dos docenas de PT-76 durante la Guerra de los Seis Días, y los reacondicionaron con motores y ametralladoras de fabricación estadounidense. Se sabe que varios de estos tanques se usaron en la Operación Raviv en 1969, una incursión anfibia relámpago con vehículos capturados contra radares egipcios y sitios de misiles antiaéreos sobre el canal de Suez, durante la Guerra de Desgaste.

Una semana después del cruce egipcio en 1973, las FDI ya habían estabilizado la línea del frente en el canal, pero seguían enfrentando al grueso del Tercer Ejército egipcio del lado israelí. En vez de atacarlo de frente, el General Ariel Sharon flanqueó sus posiciones, forzando una ofensiva blindada que cruzó de vuelta hacia el lado egipcio del canal.

El 14 de octubre, siete PT-76 israelíes y ocho BTR-50 anfibios de la 14.ª Brigada Blindada cruzaron el canal a nado. Una vez del otro lado, empezaron a destruir instalaciones egipcias de apoyo, volando bases logísticas, radares y sitios de misiles antiaéreos poco defendidos, permitiendo que la aviación israelí operara con libertad total.

Un informe de la CIA incluso menciona que los tanques llevaban conductores de habla árabe y marcas egipcias falsas para sembrar confusión detrás de las líneas enemigas.

Luego se les unieron muchos tanques israelíes pesados, que cruzaron en pontones y puentes capturados. Estas fuerzas rodearon al Tercer Ejército egipcio en las semanas siguientes, lo que llevó a Estados Unidos a imponer un alto el fuego que puso fin a la guerra el 25 de octubre.

Conflictos posteriores

El PT-76 participó en numerosos conflictos más. Durante más de medio siglo, el ejército de Indonesia lo usó para invadir Timor Oriental, patrullar contra separatistas de Banda Aceh y reprimir disturbios en la isla de Ambón.

En Angola, los PT-76 combatieron contra vehículos blindados Ratel sudafricanos durante la guerra civil. En Irak, los tanques anfibios lucharon durante la guerra Irán-Irak y fueron bombardeados por fuerzas estadounidenses en 1991 y 2003.

Durante las guerras civiles en Yugoslavia, varios bandos usaron PT-76.

El modelo chino, el Type 63, se usó en la guerra sino-vietnamita de 1979, donde sufrió fuertes bajas por cohetes RPG. También se vio en combate en la guerra civil de Sri Lanka.

Incluso Rusia usó PT-76 en Chechenia.

De hecho, la infantería de marina rusa recién retiró los últimos 30 PT-76E mejorados en 2015. Esos modelos llevaban cañones automáticos dobles de 57 mm, motores nuevos y sistemas modernos de puntería.

A día de hoy, cientos de PT-76 siguen en servicio en todo el mundo, así que la historia de este tanque de 60 años, que parecía subarmado y poco protegido desde que salió de fábrica, todavía no terminó.


sábado, 17 de agosto de 2024

Crisis del Beagle: Asalto blindado a Punta Arenas (v 1.6)


La carrera hacia la frontera de los M4 Sherman "Potenciado" argentinos, el 22 de Diciembre de 1978

Asalto blindado a Punta Arenas

Por Esteban McLaren



El 22 de diciembre de 1978, conocido como el Día D, se habrían iniciado de manera coordinada a lo largo de las fronteras con Chile diversas acciones militares dentro del marco de la operación Soberanía. Es muy difícil determinar con certeza cuál de todas las acciones planificadas hubiera iniciado propiamente la guerra, pero está claro que habría sido un asalto simultáneo en, al menos, cuatro frentes. El foco principal habría sido la batalla naval y el desembarco en el canal de Beagle, donde la Infantería de Marina de la Armada de la República Argentina (IMARA) intentaría desembarcar parte de sus tropas en las islas Lennox, Nueva (ya ocupada por tropas del Cuerpo de Infantería de Marina chileno, CIM) y Picton, mientras otras tropas buscarían ocupar el resto de la isla. Este frente será objeto de análisis futuro. Sincronizadamente, existiría una avance terrestre en el frente Austral partiendo desde Río Gallegos (con potencial segundo linea de avance desde Rospentek Aike) con objetivo final Punta Arenas. El propósito de este artículo es ensayar un escenario de historia alternativa. La guerra nunca ocurrió, pero ¿cómo hubiese ocurrido si Argentina no aceptaba la mediación papal? Ese será nuestro punto de divergencia con la historia real. Apelemos a la racionalidad y la prospectiva en un ejercicio que siempre será incompleto y cuyo resultado final pertenece a otro espacio-tiempo.


Inicio del asalto a posiciones chilenas en la frontera con el monte Aymond de fondo.



Contexto y desarrollo de la invasión

En el invierno austral de 1978, la tensión entre Argentina y Chile por la disputa del canal Beagle alcanza su punto más álgido. Es la madrugada del 21 de diciembre cuando las tropas argentinas, apostadas en Río Gallegos, Rospentek y otras localidades fronterizas, reciben la orden de iniciar la invasión de Chile. Desde julio, las fuerzas chilenas han estado preparándose para este enfrentamiento, conscientes de que la diplomacia puede no ser suficiente para resolver el conflicto.



Las Fuerzas Argentinas

Argentina moviliza una formidable fuerza, incluyendo la 1ª División de Infantería, reforzada por elementos de la XI Brigada de Infantería Mecanizada y la IX Brigada de Infantería. La X Brigada de Infantería Mecanizada se despliega en Río Gallegos, lista para cruzar la frontera. Todas las unidades se encontrarían reforzadas en la medida de las circunstancias. En el aire, los aviones de combate A-4 Skyhawk, Mirage Dagger y Nesher y se sabe que también estaban estacionados (hasta un máximo de 14) F-86 Sabre (que ya habían violado el espacio aéreo chileno semanas antes) están listos para proporcionar apoyo aéreo, mientras que la armada argentina, con sus destructores y fragatas, patrulla las aguas cercanas.

Fuerzas Argentinas:

  •  V Cuerpo de Ejército —general José Antonio Vaquero—. Misión asignada: Ofensiva estratégica a partir de las 24:00 (H+2), partiendo desde Santa Cruz, con el objetivo, probable, de conquistar Puerto Natales y Punta Arenas. Luego, apoyaría al Cuerpo de Ejército III en su avance por Puyehue hacia Chile, cortando las comunicaciones de la zona central con el sur del territorio chileno.
  • 1ª División de Infantería (con elementos de la XI Brigada de Infantería Mecanizada y la IX Brigada de Infantería)
  • X Brigada de Infantería Mecanizada (con sede en Río Gallegos)
  • XI Brigada de Infantería Mecanizada
  • Gendarmería Nacional Argentina: Fuerzas de guardias de frontera
  • Fuerzas Aéreas con aviones de combate A-4 Skyhawk, F-86-F Sabre y Mirage III
  • Fuerzas Navales: la IMARA junto a los T-28 Fennec en casi 20 unidades se encontraban en la isla de Tierra del Fuego.



Combate urbano en el Barrio 18 de Septiembre, Punta Arenas

La Defensa Chilena

En respuesta, Chile ha posicionado a su III División de Ejército en Punta Arenas, reforzada por la 4ª Brigada Acorazada "Coraceros" y la 6ª División de Ejército, con elementos de la 5ª Brigada de Infantería. El general encargado de la defensa de la región magallánica, general  Nilo Floody Buxton, siempre expresó que en esta fase los guardias fronterizos (Carabineros) sería su tropa de elección. La Fuerza Aérea de Chile, equipada con aviones 12 A-37 Dragonfly y 6 Hawker Hunter, está en alerta máxima, y la marina chilena, con sus buques y submarino, está lista para interceptar cualquier avance naval argentino.

Fuerzas Chilenas:

  • III División de Ejército (con sede en Punta Arenas)
  • 4ª Brigada Acorazada "Coraceros"
  • 6ª División de Ejército (con elementos de la 5ª Brigada de Infantería)
  • Carabineros: Guardia fronteriza que en este frente tuvo una importancia desmedida debido al conocimiento de la frontera. El general a cargo de la defensa de Punta Arenas recalcó siempre su importancia en la defensa pero como toda policía militarizada no era infantería propiamente dicha y su único "enfrentamiento" con fuerzas argentinas la había dejado muy mal parada. Ver más abajo.
  • Fuerza Aérea de Chile con aviones de combate Hawker Hunter y A-37
  • Fuerzas Navales (CIM abocados a las islas del canal)


El caso de los Carabineros como soldados

Una cuestión que rara vez ha sido discutida con la atención que merece —y que parece haber obsesionado únicamente al autor— es la elección por parte de Chile de emplear a los Carabineros de Chile (CC) como fuerza de infantería o incluso como infantería mecanizada durante el conflicto del Beagle. Esta decisión resulta especialmente llamativa si se considera la naturaleza institucional de los Carabineros: según su propia definición, se trata de una fuerza policial nacional con funciones de seguridad interna y control fronterizo, lo que los convierte en una institución híbrida pero esencialmente policial. Su rol equivale, en el caso argentino, a una combinación de tres fuerzas: la Policía Federal, las policías provinciales y la Gendarmería Nacional Argentina (GNA), esta última sí constituida como fuerza de seguridad militarizada con responsabilidad en zonas fronterizas. En este marco, cualquier comparación razonable entre CC y fuerzas armadas o militares debiera tener fuertes reservas conceptuales.

Durante la escalada del conflicto por el canal Beagle, la responsabilidad de la defensa de la Región de Magallanes —cuya capital es Punta Arenas— recayó en el general Ernesto Floody Buxton. Figura singular, de ascendencia británica, piel clara y modales que sus simpatizantes consideraban carismáticos, Floody destacó por declaraciones públicas tan polémicas como desafortunadas, tanto en contenido como en forma. Resulta sorprendente que un oficial de su rango afirmara reiteradamente en medios de comunicación chilenos que, de ser necesario, enfrentaría un eventual conflicto armado exclusivamente con "tropas" de los Carabineros. Esta afirmación, lejos de ser anecdótica, ha sido corroborada por múltiples testimonios y registros documentales.

El problema de fondo reside en la planificación militar implícita en dicha decisión. Desde posiciones como Monte Aymond, en la frontera, era evidente el despliegue de medios blindados argentinos, lo cual sugería que, en caso de hostilidades, Argentina optaría por una ofensiva mecanizada de alta intensidad. En este contexto, surge una duda legítima y profundamente preocupante: ¿esperaba realmente el general Floody contener un avance blindado con efectivos policiales sin formación en doctrina de guerra convencional, ni entrenamiento en combate como infantería ligera ni mecanizada?

La lógica militar más elemental cuestiona esa disposición. ¿Qué experiencia previa tenían los Carabineros en enfrentamientos de alta intensidad? ¿Qué lógica táctica respaldaba esta elección? No solo es difícil imaginar un dispositivo militar argentino que, por ejemplo, colocara a la GNA en la primera línea de un asalto sobre Punta Arenas, sino que incluso en una situación de contraofensiva sería altamente improbable delegar en una fuerza policial militarizada la contención de tropas enemigas.

Y sin embargo, eso parece haber sido exactamente el enfoque chileno. Las justificaciones oficiales aludieron al uso de los Carabineros como elementos de retaguardia —para tareas como control de prisioneros de guerra y vigilancia de zonas civiles—, pero la evidencia empírica desmiente dicha explicación. Carabineros fueron trasladados en vuelos nocturnos de LAN Chile hacia Magallanes, con el objetivo de no alertar a la inteligencia argentina, y fueron desplegados directamente en el frente. Si bien había recibido una capacitación de pocas semanas en la escuela de infantería, su preparación adicional era sólo esa. Fotografías y relatos contemporáneos los ubican armados con lanzacohetes antitanques en Cabeza de Mar, y otros registros documentan su traslado desde Chabunco hasta El Porvenir, en plena Isla Grande de Tierra del Fuego, posiciones todas dentro del teatro inmediato de operaciones.



Este despliegue no solo contradice la versión oficial, sino que pone en evidencia una alarmante falta de criterio estratégico. Lejos de tratarse de un recurso extraordinario ante una urgencia logística o táctica, el uso de CC como vanguardia militar refleja una desorganización doctrinaria grave y, en última instancia, una visión anacrónica de la guerra moderna por parte del alto mando chileno. La defensa de la región más austral del país quedó supeditada a una fuerza inadecuada para el tipo de combate que se perfilaba. Si se asume, además, que los mismos Carabineros se habían rendido casi sin resistencia en el incidente de Lago del Desierto años antes, la decisión no solo es cuestionable, sino abiertamente irresponsable.  Es cierto que a la guerra se va con lo que se tiene, pero ¿no había otra infantería del ECh para emplear en su lugar?



Rutas de invasión

Las fuerzas argentinas planifican su avance hacia Punta Arenas utilizando dos rutas principales. La ruta norte, partiendo de Río Gallegos, cruza la frontera a través de Monte Aymond, siguiendo la Ruta CH-255 hacia el sur hasta Punta Arenas. Este camino, aunque relativamente plano, presenta desafíos naturales como ríos y colinas que pueden ralentizar el avance.


La ruta alternativa, partiendo de Rospentek, cruza la frontera siguiendo la Ruta CH-40 y luego se dirige hacia el sur por la Ruta CH-9 hasta Punta Arenas. Este camino es más difícil, con terreno montañoso y boscoso que complicará el avance de las formaciones blindadas.

1) Ruta Principal Norte:

  • Punto de inicio: Río Gallegos
  • Puntos principales: Avanzar a través del paso fronterizo de Monte Aymond, siguiendo la Ruta CH-255 hacia el sur hasta Punta Arenas.
  • Características: Terreno relativamente plano pero con posibles barreras naturales como ríos y colinas. 
  • Lugar abierto en muchas secciones para una batalla de blindados y el despliegue de fuerzas en línea, cuña o V.






2) Ruta Alternativa Oeste:

  • Punto de inicio: Rospentek
  • Puntos principales: Cruce fronterizo de la Ruta CH-40, luego seguir hacia el sur por la Ruta CH-9 hasta Punta Arenas.
  • Iniciaría con la captura y aseguramiento de Puerto Natales, lugar de acumulación de fuerzas chilenas.
  • Características: Terreno montañoso y boscoso, más difícil para el avance de grandes formaciones blindadas. Lugar apto para emboscadas.
  • Los puentes a lo largo de la ruta serían volados (Puente Rubens, Río Pendiente, por ejemplo) con la consecuente necesidad de equipos de ingenieros.
  • Poco apto para formaciones blindadas amplias (sólo columnas o diamante)



Estas son las tropas de Regimiento de Caballería Nº5 Lanceros chilenos dispuestos a defender Puerto Natales. Iban a enfrentar una avanzada blindada argentina con caballería a sangre, estilo polaco. No es broma.


Población chilena en la Patagonia argentina

En su crónica "Cuando el río no era turbio", Ramón Arriagada relata la estrecha relación entre los trabajadores chilenos, principalmente chilotes, y el mineral de Río Turbio en Argentina durante las décadas de 1950 y 1970. Según el censo de 1970, Puerto Natales tenía 13.675 habitantes, de los cuales 2.800 trabajaban en el mineral. Para 1976, alrededor de 600 mineros chilenos se desplazaban por turnos, usando Natales como ciudad dormitorio debido a la falta de viviendas en Río Turbio.

Arriagada cita al escritor Nicasio Tangol, quien destacaba que los chilotes fueron fundamentales en la forja de la Patagonia. En 1961, el diario El Austral reportó que el mineral producía 500 toneladas diarias y empleaba a 1.200 mineros, en su mayoría chilenos-chilotes. Además, cerca de 1.800 trabajadores se desempeñaban en la superficie, de los cuales el 80% también eran chilenos. Otros 600 chilenos trabajaron en la construcción de la línea férrea de 270 kilómetros entre Río Turbio y Río Gallegos, y para 1951, ya había 1.200 mineros laborando en el yacimiento.

El autor destaca cómo la migración chilota hacia la Patagonia se incrementó, especialmente después del terremoto y maremoto de 1960, y cómo el conflicto fronterizo de 1978 entre Chile y Argentina marcó un cambio, cuando los mineros chilenos fueron reemplazados por obreros del norte argentino, bolivianos y paraguayos.

En su crónica "Sueños de Carbón", Arriagada aborda el accidente de la mina en 2004, que dejó 14 muertos, y cómo los mineros jubilados de Natales, que trabajaron en Río Turbio, sobreviven con pensiones miserables y deben cruzar la frontera para recibir atención médica, ya que no tienen acceso a previsión social en Chile, lo que los convierte en parias en su propio país. (El Tirapiedras)

De estos desplazamientos poblacionales, totalmente soberanos de la República Argentina, se quejaría el general chileno Floody asociándolo con un acto bélico. No es broma.



Siguiendo con el relato, ambas rutas convergen en la Laguna Cabeza de Mar donde, de partir de dos fuerzas de invasión de coordinadas, podrían agruparse y proseguir a Punta Arenas. El camino a Punta Arenas por la CH-9 es una ruta costera muy vulnerable a ataques aéreos y emboscadas o ataques tipo hit-and-run. La ruta dirige la fuerza al núcleo de poder militar regional chileno: la base aérea de Chabunco y, enfrente, el cuartel general de la III División del Ejército.

Líneas defensivas chilenas

Chile habría adoptado una estrategia de defensa en profundidad, declarado por el general a cargo de división de ejército (Teatro de Operaciones Austral). La primera línea de defensa podría ya estar situado en Monte Aymond y sus alrededores, bien en la frontera. Esa línea era, por las pocas fotos recopiladas, un rejunto de pozos de zorro y trincheras, con soldados mal armados. Sin dudas carne de cañón para ir debilitando el avance.

Cuando se produce una penetración como esta, la teoría de guerra nos hace pensar en tres fases a seguir por quién enfrenta a la misma:

  1. Contención: Contener la penetración al terreno. Es decir que la misma sea detenida o ralentizada y no pueda moverse más en penetración (en términos generales).
  2. Flanqueo: Comenzar a desplazar fuerzas a los “flancos” de la penetración, básicamente al sector de los mismos próximo al lugar donde se inició la penetración. Esto para simultáneamente operar sobre esos flancos de forma de “estrangular” al mismo, cortando así la comunicación del enemigo con su retaguardia  
  3. Aniquilación: Destrucción en detalle de las tropas que fueron cercadas (muerte o captura)

Aquí, las tropas chilenas habrían construido posiciones avanzadas para ralentizar el avance enemigo. Cañones antitanque y artillería de campaña tradicional, no en cantidad ni en variedad, es observada en las fotos y documentales. Probablemente el mejor armamento trasandino en esta fase era el despliegue de minas antitanque. Una segunda línea de defensa se encontraría en San Gregorio, con fortificaciones, campos minados y trincheras listas para resistir un asalto. De allí hasta la capital regional, diversos puntos podrían estar fortificados La defensa final está alrededor de Punta Arenas, donde se concentran las tropas, artillería de largo alcance y las mejores defensas antitanque.



Observe debajo la "línea Maginot" que habían desarrollado los estrategas chilenos. Simples trincheras y pozos de zorro. El soldado en primera línea utiliza un viejo rifle a cerrojo Máuser 1909 de la Primera Guerra Mundial.

Foto de un "pozo de zorro" con un infante chileno armado con un fusil a cerrojo Máuser cerca de Monte Aymond


La defensa en profundidad chilena probablemente incluiría:

  • Primera línea de defensa: Posiciones avanzadas en Monte Aymond y zonas aledañas.
  • Segunda línea de defensa: Fortificaciones y trincheras alrededor de San Gregorio por la CH-40 y emboscadas desde zonas boscosas desde Laguna Arauco hasta Primavera. Trincheras en Laguna Cabeza de Mar (Arancia Clavel y Bulnes Serrano, 2017:164). A todos los puentes se les instaló cargas  explosivas, se adelantaron unidades de caballería armadas con cohetes antiblindaje y se prepararon campos de tiro nocturno debidamente “jalonados” y pintados para evitar confusiones.  (AC&BS, 2017: 141)
  • Defensa final: Fortificaciones y tropas concentradas en las cercanías de Punta Arenas, incluyendo artillería de largo alcance y defensas antitanque (escasas y antiguas en el inventario del ECh de ese período). Muchos civiles colaboraron activamente en la movilización. Así, gran parte de los vehículos y maquinaria pesada que se usó en la construcción  de  trincheras, refugios, puestos de vigilancia y zanjas antiblindados, fue facilitada por empresarios de la zona. A su vez, los estancieros pusieron a disposición de los uniformados galpones donde  alojar a las tropas y almacenar equipos y pertrechos. (AC&BS, 2017: 114)

Se debe prestar atención a que este escenario tiene diversos condimentos que fueron emergiendo con el paso del tiempo. Por ejemplo, las fuerzas chilenas carecían de minas antitanque y la munición era escasa. Los soldados de las primera línea de defensa fueron puestos para ser carne de cañón, con sólo 80 cartuchos de armamento sin reposición. La región poseía muy pocos blindados para enfrentar el avance argentino. Peor aún, muchos de esos blindados eran conducidos por conscriptos que estaban aprendiendo su maneja durante la instrucción. Muchos, tal vez demasiados, indicadores anunciaban que Chile estaba muy, pero muy mal preparados para una guerra.

El estancamiento del avance

El avance argentino se enfrenta a su primera gran prueba en San Gregorio, donde las defensas chilenas estarían bien preparadas y el terreno favorecía a los defensores. Aquí, el avance se ralentizaría considerablemente, convirtiéndose en una batalla de desgaste. La zona aparentemente más fortificada era el camino en la zona de laguna de Cabeza de Mar.

Desde Rospentek, se deben superar los ataques de desgaste y el montaje de puentes en los cursos de río donde se hayan volado los puentes. Una vez unido a las fuerzas desde Río Gallegos debieran reagruparse y evaluar los daños y la reorganización del avance.

Regimiento Blindado No. 5 "Punta Arenas", desplegado en 1978 en la región Magallánica. Avanza el Destacamento Escorpión, en tanques M-41 y carros M-113. También se contaban con vehículos EE-9 Cascavel, brasileños, aunque en muchos casos tripulados por conscriptos.

Hay una cuestión clave para tener en toda esta campaña: la superioridad aérea argentina. La única base aérea chilena del TOA era Chabunco, en Punta Arenas. Esa base aérea iba a ser atacada por la Fuerza Aérea Argentina en misma madrugada de avance y rematada en la misma tarde por el Comando de Aviación Naval. La resistencia que opusieran las fuerzas terrestres chilenas debería soportar luego el acoso aéreo. ¿Cuántos casos hay de defensas terrestres que sean inmunes a ataques aéreos y terrestres simultáneos? Imagine un foco de resistencia chileno: tal vez una batería de artillería escondida en una quebrada, tal vez nidos de ametralladoras estratégicamente ubicados en el camino de avance. El comandante militar argentino simplemente debiera pasar las coordenadas a Río Gallegos, a la pista de dispersión de Estancia La Sara o a la base aeronaval de Río Grande para que aviones de las dos ramas aéreas proporcionen fuego de ametralladoras, bombas o cohetes para desarticular esa defensa. Esas mismas opciones no estaban a disposición del comandante chileno.

Contrarrestando la defensa chilena

Para superar este obstáculo, Argentina podría desplegar la XI Brigada de Infantería Mecanizada para penetrar y desorganizar las defensas iniciales. La artillería argentina bombardearía las posiciones chilenas, mientras que las unidades aerotransportadas y la aviación realizan maniobras de flanqueo y proporcionan apoyo aéreo crucial.

  • La XI Brigada de Infantería Mecanizada debe penetrar y desorganizar las defensas iniciales.
  • Fuerzas de Artillería para bombardear posiciones defensivas.
  • Unidades Aerotransportadas y Aviación para flanqueo y apoyo aéreo.
  • La base aérea Chabunco debía ser inutilizada para el éxito del avance.



Soldados trasandinos disparando el fusil SIG en servicio

Asalto aerotransportado a Punta Arenas

En el marco de este conflicto, las fuerzas argentinas planificó un audaz asalto aerotransportado a Punta Arenas. Los relatos de veteranos de esta crisis del Regimiento de Infantería Paracaidista 14 con base en Córdoba comentan que un asalto aerotransportado estaba en planificación para la toma de la ciudad de Punta Arenas. Para ello, la BAM Río Gallegos ya albergaba a aviones de transporte DC-3 y C-130 listos para esta operación. Los objetivos principales de este asalto incluyen capturar el aeropuerto Presidente Carlos Ibáñez del Campo, asegurando una cabeza de puente vital para el flujo continuo de tropas y suministros. También se enfocaría en destruir las instalaciones de comando y control chilenas para desorganizar sus defensas y tomar el puerto y las principales instalaciones logísticas, cortando así los suministros y refuerzos enemigos. Esto podría conseguirse a posteriori de un ataque ABA (Airbase Attack) sorpresa de la Fuerza Aérea Argentina con A-4 Skyhawk y BAC Canberra en la Hora H+2 de la invasión.

Objetivos principales:

  • Capturar el aeropuerto Presidente Carlos Ibáñez del Campo para asegurar una cabeza de puente y permitir el flujo continuo de tropas y suministros.
  • Destruir instalaciones de comando y control para desorganizar las fuerzas chilenas.
  • Tomar el puerto y principales instalaciones logísticas para cortar suministros y refuerzos.


Entrada a Punta Arenas

Los blindados y la infantería mecanizada argentinas se movilizarían rápidamente por la Ruta 9, avanzando con una precisión letal. Los vehículos blindados adoptarían formaciones en línea para maximizar la potencia de fuego frontal, mientras que las unidades de infantería seguirían de cerca, listas para desembarcar y asegurar las calles. Una columna secundaria avanzaría por la carretera Y-505, flanqueando a las defensas chilenas y dividiendo su atención.

Objetivos en la ciudad

El Puerto de Punta Arenas era uno de los principales objetivos. Para el momento del asalto terrestre debiera analizarse el estado efectivo del aeropuerto debido a que probablemente ya se encontrara deshabilitado por un ataque aéreo inicial de la Fuerza Aérea Argentina (caso analizado en este enlace) Controlar el puerto permitiría a las fuerzas argentinas asegurar una línea de suministros vital y recibir refuerzos marítimos. Comandos especializados y unidades de infantería mecanizada fueron desplegados para tomar los muelles y las instalaciones portuarias, enfrentándose a una feroz resistencia chilena.

El Aeropuerto Presidente Carlos Ibáñez del Campo y su anexo, la base aérea Chabunco también serían cruciales. Controlar el aeropuerto garantizaría una cabeza de puente aérea, permitiendo el transporte continuo de tropas y suministros. Las unidades aerotransportadas y de asalto rápido argentinas, ya familiarizadas con el terreno desde su operación en Chabunco, se lanzarían en una ofensiva rápida para asegurar las pistas y neutralizar cualquier resistencia. Existiría una alta probabilidad de voladura de pistas e instalaciones para su negación de uso para los incursores. Era completamente esperable que antes de caer en poder de tropas argentinas, los locales volaran todas las instalaciones cruciales para su operación.

Los edificios gubernamentales y de comunicaciones serían igualmente estratégicos. Fuerzas forjadas en el combate argentinas se infiltrarían en el centro de la ciudad para capturar la Intendencia de Magallanes y el cuartel de la policía, buscando desorganizar las defensas chilenas y establecer el control administrativo. Sin dudas esta serían las escenas más salvajes imaginables en toda la campaña debido a la propia naturaleza del combate urbano.



La captura de Punta Arenas

Resistencia urbana

A medida que las tropas argentinas se adentraban en Punta Arenas, se encontrarían con una tenaz resistencia en varios puntos clave. El Área del Centro Cívico, con sus edificios gubernamentales y comerciales, sin dudas se convertiría en un campo de batalla. Las tropas chilenas, atrincheradas en edificios, ofrecerían una defensa organizada, ralentizando el avance argentino.

En el Barrio 18 de Septiembre, un denso barrio residencial de casas mayormente de madera, las fuerzas chilenas adoptarían tácticas de guerrilla urbana. Emboscadas, francotiradores y barricadas improvisadas hicieron que cada calle y cada casa se convirtieran en un punto de resistencia. Los combates se intensificaron, con las tropas argentinas luchando casa por casa para despejar el área. También resultaría un área muy fácil de destruir con fuego debido a la preeminencia de madera en su construcción.


Entrada de tanques al barrio 18 de Septiembre

La zona industrial al norte de la ciudad también podría ser un foco de resistencia. Las defensas chilenas, utilizando equipos industriales y vehículos pesados como barricadas, convertirían a fábricas y almacenes en fortificaciones improvisadas. Las tropas argentinas deberían plantear el despliegue de unidades de asalto especializadas para superar estas defensas.


Soldados trasandinos armados con fusil SIG desfilando

Estrategias argentinas

Para contrarrestar la resistencia chilena, las fuerzas argentinas desplegaron una combinación de tácticas y recursos. El uso de la artillería y el apoyo aéreo sería crucial para debilitar las defensas antes del asalto terrestre. Bombardeos precisos desorganizaron las líneas chilenas, facilitando el avance de las unidades terrestres.


Paracaidistas de la Compañía Leopardo del Regimiento de Infantería Aerotransportada 2 "General Balcarce", Ejército Argentino, Ushuaia, Noviembre de 1978

Las operaciones de comandos (Halcón 8 recién creado) y paracaidistas jugarían un papel fundamental. Unidades de élite infiltraron la ciudad para neutralizar puntos estratégicos, capturando objetivos clave rápidamente y con el menor número de bajas posibles. Estos comandos realizarían ataques quirúrgicos contra las defensas chilenas, facilitando el avance de las fuerzas principales.


La guerra urbana se convertiría en el escenario principal. Patrullas mecanizadas, equipos de asalto y unidades especializadas en combate urbano avanzarían sistemáticamente, enfrentándose a una resistencia feroz pero logrando asegurar áreas clave. La coordinación y la comunicación serían esenciales para mantener el impulso del avance.

Control de población y estabilización

Finalmente, para mantener el control de la ciudad y evitar actos de sabotaje, las fuerzas argentinas establecerían puntos de control y patrullas regulares. La presencia constante de tropas ayudaría a estabilizar la situación y asegurar que la ciudad permaneciera bajo control argentino tras la captura de los objetivos principales. Actos de guerrilla y resistencia sería previsibles a lo largo de todo el período.


Asalto a los edificios del gobierno chileno

La caída

La captura de Punta Arenas sería una operación compleja y sangrienta, que pondría a prueba la capacidad y determinación de las fuerzas argentinas. La superioridad numérica y material les daría una ventaja significativa, pero la resistencia chilena, aprovechando su conocimiento del terreno y sus defensas bien preparadas, convertiría cada avance en una lucha encarnizada. La ciudad finalmente caería, pero a un costo humano significativo para ambos bandos.

 

Análisis de probabilidades de éxito

La superioridad numérica y material argentina es evidente: una relación de 5:1 en blindados, 4:1 en aviones y 3:1 en infantería. Estas ventajas, junto con la planificación estratégica y la ejecución táctica, sugieren una alta probabilidad de éxito para Argentina en la captura de Punta Arenas. Sin embargo, la preparación y la estrategia defensiva chilena, que aprovecharía el conocimiento del terreno y la defensa en profundidad, también tienen posibilidades de éxito.

Probabilidad de éxito para Argentina: 70% Probabilidad de éxito para Chile: 40%

Argentina:

  • Probabilidad de éxito: Alta, debido a la superioridad numérica y material (blindados, aviones e infantería), aunque enfrentará dificultades significativas en el terreno y defensas bien preparadas.
  • Éxito estimado: 70%

Chile:

  • Probabilidad de éxito: Moderada, considerando la defensa en profundidad y conocimiento del terreno, aunque superado en número y equipamiento.
  • Éxito estimado: 40%



Estimación de bajas

Las bajas en este conflicto serían significativas para ambos bandos, reflejando la intensidad de los combates y las defensas bien preparadas.

Bajas estimadas para Argentina: mínimo de 15.000-20.000 (incluyendo muertos, heridos y prisioneros) Bajas estimadas para Chile: mínimo de 15.000-40.000 (incluyendo muertos, heridos y prisioneros y civiles dependiendo de su grado de involucramiento)

Estas estimaciones subrayan el costo humano de un conflicto que, aunque hipotético, refleja la gravedad de una escalada militar entre dos naciones vecinas.

Resumen

Una campaña blindada del EA sobre las fuerzas chilenas en la región magallánica hubiese sido una campaña sangrienta bajo cualquier consideración que se haga. La posibilidad de éxito existía pero no estaba bajo ningún aspecto garantizada. Pasado el tiempo y comparadas los análisis antagónicos de cada lado, queda claro que, desde el punto de vista chileno, muchas alternativas de ataque argentinas hubiesen sido completamente sorpresivas y hasta innovadoras pese a estar en los manuales de doctrina desde la SGM. El esquema defensivo chileno era clásico, hasta diría de libros de tácticas defensivas con hojas amarillentas. Defensa escalonada táctica y fija pero con amplia escasez de recursos, con lo cual eran como ladrillos sin mortero. Y aquí me remito a los mismos comentarios del productor de explosivos mineros devenido en magnate de armas perseguido, el Sr. Cardoen. En una entrevista a un programa de la cadena estatal trasandina, él mismo comenta que fue solicitado sus servicios por las fuerzas armadas para armar minas antitanque dado que el ECh carecía completamente de inventario de las mismas. Es decir, la defensa de Magallanes no iba a estar inundada ni mucho menos de minas AT, tal vez uno de los elementos clave para ralentizar un avance blindado. No lo digo yo, repito. Sin eso, la defensa del Sr. Floody parece un enorme espantapájaros.

Por otro lado, es imprescindible señalar la alarmante sobrevaloración que el organizador de la defensa, el mencionado señor Floody Buxtor, otorgaba a los Carabineros. Esta es, indiscutiblemente, una fuerza de policía civil y fronteriza, y en ninguna circunstancia debería ser considerada una fuerza de combate. Es probable que este señor pretendiera aprovechar su vasto conocimiento como baqueanos de la región o realizando inteligencia con puesteros infiltrados, pero ¿acaso pensaba este oficial de ascendencia británica que con Carabineros iba a enfrentar con éxito un asalto blindado o aerotransportado? ¿Realmente creía Floody que podría confiar su vida y la defensa de Punta Arenas a una fuerza policial militarizada sin ningún antecedente bélico? Peor aún, su único antecedente bélico fue invadiendo territorio argentino en Lago del Desierto. Allí, una patrulla de Carabineros se estacionó por varios días con fusiles SIG, parapetándose en un galpón devenido en retén  defendiendo la posición (standing the ground). No fue necesario citar a La Concepción ni a Pratt: a la primera ráfaga de los gendarmes, que abatieron un militar chileno, todos los carabineros se rindieron. Todos. ¿Esa fuerza era sobre la que se asentaba este majestuoso general? Bajo cualquier análisis, tanto por su funcionalidad como por sus antecedentes, Floody estaba completamente equivocado.

Finalmente, y el golpe de gracia, Chile carecía de superioridad aérea. ¿Qué iba a hacer la infantería o caballería chilena, aún parapetada en una posición defensiva bien pensada, cuando cayeran impunemente sobre su posición bombas de 450 o 500 kilos? Se sabe por la evidencia histórica que tropas en posiciones defensivas han logrado sobrevivir a ataques aéreos o de artillería (Monte Cassino, Stalingrado, entre otros). Sin embargo, es obvio que no es el lado del mostrador en la que las tropas desean estar y también existe mayor evidencia que posiciones defensivas se ha desarticulado por contundentes ataques aéreos que desarmaron y desmoralizaron a la resistencia. 

Todos los análisis conducen a una inexorable derrota chilena en donde, en el mejor de los escenarios, se lograría un estancamiento al avance dentro del actual territorio chileno. El daño a la infraestructura local hubiese sido multimillonario y las bajas humanas por decenas de miles. Un escenario, a todas luces, lamentable. Este terror que generó la situación a las fuerzas armadas chilenas, junto con el evento de Malvinas en 1982, moldearía toda la política de defensa de ese país hasta el presente.


Citas

Patricia Arancibia Clavel, Francisco Bulnes Serrano. La escuadra en acción. 1978: el conflicto Chile-Argentina visto a través de sus protagonistas. Santiago, Chile: Catalonia, 2017. ISBN: 978-956-324-298-0