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sábado, 24 de octubre de 2026

Crisis del Beagle: Simulando 140 mil veces un desastre naval chileno en ciernes


La batalla aeronaval del Beagle simulada 140 mil veces

Qué pasa cuando uno le pide a una computadora que pelee, casi ciento cuarenta mil veces, la batalla naval que el Papa evitó en diciembre de 1978.

Por EMcL y colaborador anónimo
FDRA
 

El 22 de diciembre de 1978 había dos flotas en el Atlántico Sur con órdenes de combatir entre sí. La Flota de Mar (FLOMAR) argentina había zarpado el 7 de diciembre y para la tercera semana del mes operaba al este de la Isla de los Estados, con el portaaviones ARA V-2 25 de Mayo, su grupo aéreo embarcado y los buques asignados a la Operación Tronador. La Escuadra chilena estaba desplegada para recibir el ataque esperando el momento para contraatacar. Las dos armadas tenían planes escritos, fuerzas asignadas a esos planes, y esas fuerzas puestas donde los planes mandaban.

No pasó nada. La mediación papal se aceptó horas antes de la ejecución y las flotas volvieron a puerto.

Durante cuarenta y siete años, la pregunta de qué habría pasado se discutió con memorias, entrevistas y artículos de revista profesional. Lo que sigue es el resumen de un trabajo que intenta contestarla de otra manera: construyendo un modelo del combate, corriéndolo casi 140 mil veces, y contando cómo terminó cada vez. Este ejercicio, que será evaluado para su publicación por el autor que no soy yo, ha estado inspirado sí, en los artículos respectivos publicados en el blog FDRA.

Por qué esta batalla sí se puede simular

La historia contrafáctica tiene mala fama, y con razón. Preguntar "¿qué habría pasado si Alemania no invadía la Unión Soviética?" no tiene respuesta disciplinada: hay demasiadas cosas que podrían haber sido distintas, durante demasiado tiempo, y el que cuenta la historia elige cada una.

Diciembre del 78 es un caso raro, y por tres motivos.

Las opciones eran pocas. Despojado de todo lo demás, el combate admite una lista cortita de acciones. La Escuadra chilena podía acercarse a unos cuarenta kilómetros y tirar misiles, o acercarse más y usar los cañones. Eso era todo lo que tenía contra blancos de superficie. La flota argentina podía hacer exactamente lo mismo, más una cosa que el otro no podía devolver: aviación embarcada, capaz de pegar a varios cientos de kilómetros. Y ninguna de las dos flotas pasaba de los 20 nudos, porque las dos estaban organizadas alrededor de cruceros y un portaaviones de la Segunda Guerra. No hay muchas partidas posibles en ese tablero.

El reloj era corto. Las flotas ya estaba enfrentadas, la cuestión iba a tomar días, no meses. Un contrafáctico que tiene que correr durante semanas acumula error en cada bifurcación; uno que se resuelve en dos o tres días, no.

Y los dos planes estaban escritos. Esto es lo decisivo, porque cambia la pregunta. No estamos preguntando qué se le podría haber ocurrido a dos almirantes, que es irrespondible. Estamos preguntando qué pasa si se ejecutan los planes que las dos armadas redactaron, dotaron y pusieron en posición. Y hay un detalle que lo vuelve limpio: lo único que hay que cambiar para que la batalla ocurra es que una comunicación diplomática llegue unas horas más tarde. No hace falta cambiar el régimen, ni la doctrina, ni los buques, ni los despliegues. Todo eso ya había pasado. Las flotas estaban donde estaban, con lo que tenían, con las órdenes que tenían, llegara o no la mediación.

El detalle que pocos conocen: Chile ya había corrido esta simulación

Enfrentada a un adversario materialmente superior, la Armada de Chile hizo lo que hace una marina profesional con un plan del que no está segura: lo probó. En el simulador táctico Redifón de la base naval de Talcahuano jugaron el combate antes de que pasara, con las dos agrupaciones de superficie con las que pensaban enfrentar a la flota argentina: Acero y Bronce (o Hierro, como aparece en algunas publicaciones).

La postura era ofensiva. La fuerza más débil se acercaría, aceptaría el intercambio y buscaría una decisión.

Esto importa más de lo que parece. Significa que este trabajo no es la primera simulación de esta batalla: es la segunda. La primera la corrió uno de los beligerantes, en equipamiento analógico, antes de decidir qué hacer. Tenga presente el lector que el resultado de este ejercicio realizado por los oficiales navales será el que será juzgado por este ejercicio de simulación. Cómo es que la oficialidad realizó ese ejercicio, en el cual la Escuadra salía exitosa y por ello se adoptó como doctrina, permanece como una gran incógnita.


El escenario y las dos flotas enfrentadas

Cómo funciona esto: Hechizo del tiempo, pero con amnesia

Una simulación basada en agentes no es un programa que calcula quién gana. Es un mundo chiquito donde cada buque, cada submarino, cada formación de aviones y cada base aérea es un actor independiente programable, con su posición, su velocidad, sus armas, su radar y, sobre todo, con lo que cree saber del enemigo. Se los suelta y se los deja hacer. Cada corrida vuelve a repetir el Día D con diferencias programadas.

Una imagen muy didáctica para entenderlo es Hechizo del tiempo (Atrapado en el tiempo en España) —Groundhog Day, en el original—, la película donde Bill Murray se despierta todos los días en el mismo día. Pero hay que corregirla en un punto, y la corrección es justamente lo que explica el método.

En la película, el día es siempre igual y Murray es el que cambia: aprende, prueba cosas distintas, mejora. Acá es exactamente al revés. Nuestro Murray tiene amnesia: cada mañana se despierta y hace exactamente lo mismo que el día anterior, porque su conducta la fija la doctrina, no la experiencia. Lo que cambia es el día. El mar está un poco más picado o un poco más calmo. El radar detecta tres minutos antes o tres minutos después. El misil acierta o no. Un mensaje llega o se pierde.

Entonces uno lo hace despertarse casi 140 mil veces, anota cómo terminó cada día, y recién ahí hace la cuenta.

Si eso suena a poco riguroso, pensemos en el pronóstico del tiempo. Cuando el servicio meteorológico dice "70% de probabilidad de lluvia", no es que haya una lluvia que mide el 70%. Corrieron la atmósfera muchas veces con variaciones mínimas en las condiciones iniciales, y llovió en siete de cada diez. Esto es exactamente lo mismo, con buques en lugar de nubes. La respuesta no es "Argentina gana", la respuesta es una proporción.


Algo que ocurre muchas veces... el GT2 de la FLOMAR se aleja y lanza la aviación mientras los escoltan los protegen y otros buques distraen

Alguno dirá que esto es un jueguito de computadora y que la guerra real no funciona así. Tiene razón en lo segundo. Pero conviene mirar cuál es la alternativa, porque el que afirma “Argentina o Chile ganaba” también está corriendo una simulación: en su cabeza, con supuestos que no declara, y que arroja un solo resultado sin margen de error. La diferencia no es que uno use modelo y el otro no — es que uno de los dos modelos está escrito. Está obligado a ponerle un número a cada cosa que supone, incluidas las que preferiría dejar vagas; se publica con el código y los datos; y cualquiera puede volver a correrlo con sus propios números a ver si le da distinto. Un modelo no es una bola de cristal: no predice, ordena. Dice qué opción era peor que cuál y cuáles son las incertidumbres que mandan. Y si a alguien le sigue pareciendo una frivolidad simular esta batalla, hay un dato incómodo: la Armada de Chile la simuló en 1978, en el simulador de Talcahuano, antes de decidir qué hacer. Los que la iban a pelear pensaban que valía la pena.

El corazón del modelo: el misil va a donde el buque estaba

Si hay una sola cosa de este modelo que vale la pena entender, es esta.

En casi todas las simulaciones de combate, cuando un buque dispara un misil, el programa calcula si le pega. Acá no. Acá un contacto es una creencia, y es un objeto separado del buque real. Cuando un radar detecta algo, no nace un blanco: nace la creencia de que hay algo ahí, con una hora de nacimiento y un error de posición que crece solo, a medida que envejece, porque el buque de verdad se siguió moviendo.

El MM38 Exocet de 1978 era inercial: volaba hacia un punto calculado en el momento del disparo y recién al final encendía su propio radar, con una ventana de unos pocos kilómetros. No iba hacia el blanco. Iba hacia donde uno creía que estaba el blanco cuando apretó el botón. Contra un buque a 20 nudos, un dato de diez minutos de antigüedad corre el punto de impacto más de tres kilómetros y el radar de aproximación final podía llegar a cometer, con baja probabilidad, algún error de bloqueo.

Las cuatro apuestas chilenas

La fuerza más débil tenía cuatro maneras de jugar, y cada una define "ganar" de manera distinta. Esta es la parte que la discusión pública casi siempre se saltea: no hay un marcador único. Asimismo, aprovechamos las ventajas de un entorno simulado, y probamos escenarios que el mando chileno no pensaba jugar. Que quede claro: los primero y segundo escenarios mencionados en la lista de abajo son los únicos que iba a jugar la Armada de Chile, los otros dos fueron recreados por el sentido común y un mínimo conocimiento de historia naval, y ya se verá la importancia de esta modelización. Entonces la lista de estrategias jugadas por la ACh son:

  • Salida mahaniana. Salir a buscar la decisión. Es comprometerse con el Redifon, es la carta que iba a jugar la ACh. Gana si rompe el núcleo aeronaval argentino conservando a Acero como fuerza coherente. Es la única de las cuatro que exige destruir al otro.
  • Negación anfibia. Hacer inviable el desembarco. Gana si sostiene presencia sobre el área del objetivo el tiempo suficiente. No depende de sus propias pérdidas: la agrupación puede morir entera y haber cumplido. Algo que estaba programada para el grupo Bronce.
  • Guerrilla de fiordos. Existir al final habiendo cobrado un precio. Algo que yo sugerí en mi blog la primera vez que caí en la cuenta qué querían hacer los chilenos.
  • Flota en potencia. Existir al final, y haber mantenido a la flota argentina atada a cubrir los accesos en vez de libre para otras tareas. No es necesariamente rehuir el combate, sino preservarse en la zona de conflicto.

Y Argentina gana, en todos los casos, si desarticula a la Escuadra —si la deja sin salva útil, sin poder de combate, o sin mando— y conserva el portaaviones. Sin portaaviones no hay asedio sostenido, y el asedio era el plan.


Extracto de un escenario Salida mahaniana


Extracto de un escenario Negación anfibia


Extracto de un escenario Guerrilla de fiordos


Extracto de un escenario Flota en potencia


Quién es quién adentro de la simulación

Conviene aclarar qué significa "agente" acá, porque no es lo que suena. Un agente no es un personaje con intenciones: es una entidad que tiene su propio estado —dónde está, qué le queda, qué cree— y que cada minuto simulado decide algo por su cuenta. El modelo tiene ocho clases de agente, y dos de ellas no son cosas físicas.

Clase Qué es Qué sabe y qué decide
Buques Cada casco, uno por uno Velocidad, aguante, daño acumulado, misiles y antiaéreos que le quedan, señuelos, alcance de radar y de escucha, si está emitiendo o en silencio, su puesto en la formación. Decide si tira, a qué le tira y si se separa del grupo.
Submarinos Cada boya, en su zona de patrulla Si está sumergido, cuánta batería le queda, si puede usar snorkel, cuántos torpedos tiene y el centro y radio de su zona asignada. Patrulla solo, no navega con la flota.
Aviones Formaciones aéreas, no aparatos sueltos De qué portaaviones o base salió, cuánto combustible y cuántas bombas lleva, en qué fase va —yendo, buscando, atacando, volviendo—, a qué contacto fue asignada y a qué altura va a soltar. Si va en patrón de búsqueda, su propio eje, tramo y viraje.
Bases aéreas Los aeródromos de tierra Cuántos aviones de ataque, de caza y de exploración tiene listos, cuánto falta para la próxima salida, y si está suprimida por un bombardeo.
Misiles Cada misil en vuelo Su velocidad, el ancho de la ventana donde el radar propio se va a encender, cuánto le queda de vida… y el punto al que le dijeron que vaya en el momento del disparo, que no se actualiza nunca más.
Contactos Creencias, no cosas De qué bando es la creencia, a qué buque real se refiere, dónde se cree que está, cuánto error tiene esa estimación, qué tan confiable es, a qué hora se actualizó por última vez y qué sensor la generó. Es la clase que hace que el modelo sea este modelo.
Comandantes Uno por bando Su doctrina y su postura. Es el que traduce "flota en potencia" o "ataque frontal" en órdenes concretas al resto.
Objetivos Las islas en disputa Quién las tiene y si están disputadas en ese momento.

El dato que sorprende es que, en plena batalla, los agentes más numerosos no son los buques: son los contactos. Cada bando genera y pierde creencias todo el tiempo, y cada una vive y envejece por su cuenta. Hay momentos de la simulación en que hay más creencias dando vueltas que buques en el agua — y buena parte de ellas están equivocadas.

Y estos son, con nombre y apellido

Ninguno es genérico. Cada casco entra al modelo con su velocidad sostenida, su aguante según el desplazamiento y su armamento real, uno por uno. Un destructor Fletcher sin misiles no es lo mismo que un Sumner con cuatro Exocet, y contarlos juntos como "destructores" es exactamente el error que el modelo evita.

Flota de Mar argentina

Grupo del portaaviones
25 de Mayo (portaaviones) · Hércules (destructor antiaéreo, el único Sea Dart del teatro) · Drummond y Guerrico (corbetas)

Grupo del crucero
General Belgrano (crucero artillero) · Bouchard y Piedrabuena (con Exocet) · Rosales (solo cañones) · Punta Médanos (petrolero)

Grupo anfibio
Cabo San Antonio y Cándido de Lasala

Grupo de superficie
Py y Seguí (con Exocet) · Almirante Storni y Domecq García (solo cañones)

Submarinos, cada uno en su zona
San Luis y Salta (Type 209) · Santa Fe y Santiago del Estero (GUPPY)

Bases
Río Gallegos (ataque) · Río Grande (exploración)

Escuadra chilena

Los misileros
Williams y Riveros (destructores con Exocet) · Condell y Lynch (fragatas con Exocet)

Los artilleros
Prat y Latorre (cruceros) · Portales, Zenteno, Blanco Encalada y Cochrane (destructores)

Submarino
Simpson (Balao sin snorkel) en patrulla al sur de la Isla de los Estados (y el Hyatt en las variantes con dos, aunque solo fue agregado para darle variabilidad al resultado)

Base
Chabunco, con sus cazas

Cuatro de los ocho destructores y fragatas llevaban Exocet. Ese número, y no el total de cascos, es el que fija el techo de lo que la Escuadra podía poner sobre un blanco escoltado.

Las dos agrupaciones chilenas —Acero, la fuerza de choque, y Bronce, la encargada de negar el desembarco— se arman con estos buques, y qué barco va en cuál depende de si los misileros van adelante o atrás. Esa decisión de formación es una de las cosas que la simulación prueba en ambos sentidos, porque nadie sabe cuál habrían elegido.


Los resultados

Todo el ejercicio técnico de simulación abarca 40 o más páginas de texto. No se va a desarrollado aquí, pero para que tengan un mínima idea es una simulación basada en agentes. Como mencionó, cada agente es una entidad programable y asume un rol en la simulación: un agente se comporta, por ejemplo, como una fragata Tipo 42 (la ARA Hércules). Ese agente puede disparar misil antiaéreos Sea Dart. Cada misil Sea Dart, a su vez, es un agente: se comporta como un misil, es decir, despega con el cohete, recibe dirección de vuelo del radar del Tipo 42 e impacta y "muere" si alcanza su blanco. Así es para cada avión, buque, misil, base aérea, submarino, etc. A cada uno se le asignan atributos propios del agente: el agente ARA "25 de Mayo", portaaviones clase Colossus, puede navegar sólo hasta un máximo de 21/22 nudos. El agente "ACh Zenteno", siendo un destructor clase Allen M. Summer, puede alcanzar los 35 nudos de máxima. Cada A-4Q Skyhawk y cada S-2 Tracker, lo mismo: agentes que pueden volar a distintas velocidades y alcances siendo que el A-4Q puede, a su vez, "lanzar" otro agente: bombas de 250kg. Al mismo tiempo, los buques argentinos y chilenos lanzan también otro agente: el misil MM-38 Exocet.


La rayas celestes son Trackers realizando exploración y reconocimiento. Las líneas rojas, la aviación naval atacando. Note arriba la línea que va de Río Gallegos a Chabunco: es el ABA (Airbase Attack) que destruiría la base aérea chilena a la hora H.

A cada agente, con sus atributos, se le asignan una conducta: la Escuadra chilena se divide en dos fuerzas llamadas Acero y Bronce con distintos objetivos en la batalla. Del mismo modo, la FLOMAR se divide en tres Grupos de Tareas: GT1, GT2 y GT3. Cada formación y grupos operan como una red (escuadrilla) pequeña dentro de su formación pero también a una red más grande de la flota o escuadra respectiva. Cada buque cumple una función: un LPD lleva tropas, un submarino lleva torpedos, cada buque lleva misiles y cañones. Cada "almirante" busca cumplir el objetivo moldeado por la doctrina. No hay un proceso de optimización pero si de aprovechamiento de sus recursos y aquí viene la gran diferencia en los resultados: los buques con cañones y misiles solo pueden causarle daño o desincentivar ciertas conductas mediante el uso de sus armas dentro de su alcance efectivo. Ningún agente dispara un arma fuera de su alcance, obviamente ni de su objetivo. Un Exocet nunca es lanzado contra un avión, del mismo modo que un cañón naval tampoco abre fuego sobre aviones.

Luego, cada corrida de simulación arrancan con un seteo (setup) específico: Se fijan ciertas condiciones iniciales y se corren decenas de veces ese escenario y se guardan esos resultados. Luego, se modifican esos seteos: algo cambia ahora. Puede ser que el GAE tenga un avión más, puede ser que la ACh arranque el día D en otra posición levemente desplazada de la anterior y así, ante cada cambio, se vuelve a correr y se guardan los resultados. Ahora, lo que nos va a interesar es, en promedio, cómo fueron los resultados agregados.
 
Bien, ahora veamos estos resultados basado en las apuestas chilenas anteriormente enumeradas. Cada barra es la proporción de veces, sobre miles de repeticiones, en que cada lado cumplió su objetivo.

Salida mahaniana — el ataque frontal ensayado en Talcahuano
Objetivo argentino cumplido
99,0%
Objetivo chileno cumplido
0,0%
Negación anfibia
Objetivo argentino cumplido
98,1%
Objetivo chileno cumplido
11,4%
Guerrilla de fiordos
Objetivo argentino cumplido
86,4%
Objetivo chileno cumplido
24,1%
Flota en potencia — la mejor opción chilena
Objetivo argentino cumplido
33,2%
Objetivo chileno cumplido
52,1%

Nota aclaratoria: Esto no es un marcador de fútbol. Cada bando tenía un objetivo distinto, y cada barra mide si lo consiguió, sin importar lo que lograra el otro: podían salirse con la suya los dos a la vez, o ninguno. Cada barra se mide contra el objetivo de ese bando, no contra el otro: los dos pueden cumplir, o ninguno. Por eso no suman cien.

La primera lectura es la que importa: la postura ofensiva es la peor de las cuatro, y por lejos. Contra la mejor opción chilena —quedarse quieta, conservarse, obligar a la flota argentina a cubrir los accesos— el objetivo argentino se cumple en apenas uno de cada tres combates.

Dicho de otro modo: el peor enemigo de Argentina no era la Escuadra saliendo a pelear. Era la Escuadra no saliendo.

 


 

Pero el ataque frontal no era una idiotez

Acá conviene frenar, porque es fácil leer el cuadro de arriba como una burla al estado mayor chileno, y los números no dicen eso.

El ataque frontal es la única postura bajo la cual la batería de misiles chilena se emplea en serio: la Escuadra dispara un promedio de 8,2 misiles, contra 0,2 si se queda quieta. Y es la única que le cuesta algo a Argentina. Las pérdidas argentinas de poder de combate pasan de 2,3% a 11,3%: cinco veces más. Es también la más rápida: se resuelve en unas 27 horas contra 37 de los otros escenarios.

Acero y Bronce compran una batalla más sangrienta, más corta y una derrota segura. Una marina que juzgara que su objetivo era imponer un costo —y no disputar el control del mar— eligió bien. Una que esperara prevalecer, no. El modelo no puede decidir cuál de los dos objetivos tenían en la cabeza; eso es una discusión histórica, no estadística.

Y si Chile atacaba de frente, ¿qué le convenía hacer a Argentina?

La respuesta del modelo es incómoda y bastante elegante: casi nada. Se probaron dos posturas argentinas distintas frente al ataque frontal —campaña aeronaval escalonada y evasión y desgaste— y los resultados fueron 99,2% y 98,9%. La primera sería una táctica mahaniana desde el lado argentino, ataca toda la flota en conjunto aprovechando la distancia primero, y la superioridad numérica lograda después. La segunda es un proceso de destacar un destructor misilero como piquete adelantado y forzar la salida de la Escuadra para luego atacarla. La postura argentina es el factor menos consecuente de todo el estudio.

Si la Escuadra se acerca, el duelo de misiles ocurre, Argentina lo gana y lo paga. No hay plan argentino que lo evite. Lo que sí controlaba Argentina era el grupo aéreo, y ahí está el dato que mejor resume la campaña entera: a lo largo del estudio, la flota argentina larga entre 50 y 130 bombas por combate, y dispara entre 0,5 y 4 misiles. El duelo naval de superficie, que es el que los oficiales de ambas marinas estaban entrenados para pelear, era un efecto secundario de que el otro se acercara. La campaña corría con los aviones. Más aún, miles de batallas son ganadas por la FLOMAR sin que ninguno de los dos bandos llegue a disparar ningún Exocet.

Cinco cosas que no importaban (y dos que sí)

Lo más útil de una simulación no suele ser quién gana, sino descubrir qué cosas cambian el resultado y qué cosas no cambian nada. Acá hubo varias sorpresas.

No movieron la aguja:

  • La Fuerza Aérea Argentina. Con la FAA plenamente operativa —llegando al rol antibuque en el 86,8% de las corridas y golpeando la base aérea chilena adelantada de Chabunco en el 98,4%—, el resultado cambia entre −2,5 y +0,9 puntos. Cuarenta y seis salidas adicionales no cambian nada.
  • Si el 25 de Mayo tenía 8 u 11 A-4Q. Una diferencia de casi 40% en la plataforma que todos consideran decisiva: 30,8% contra 31,6%. Es ruido. El GAE chico o grande sigue siendo letal.
  • Los submarinos y los torpedos. Duplicar los submarinos argentinos, duplicar los chilenos (en una fantasía para agregar variabilidad suponemos que el ACh Hyatt llegó al TOAS), variar diez veces la probabilidad de impacto del torpedo: nada afecta al resultado final.
  • La calidad de las comunicaciones. La demora de los mensajes variada quince veces y la probabilidad de pérdida siete veces no producen ningún efecto.
  • El tiempo de rearmado de los aviones. El mecanismo responde como debe —rearmar más lento da menos salidas— y el resultado no se mueve. Se tarde mucho o poco, mientras despegue y pegue, gana la FLOMAR.

Movieron mucho la aguja:

  • El clima. El estado del mar máximo que permite operar aviones y el viento mínimo sobre cubierta están entre los dos mayores impulsores físicos del resultado. La superioridad material argentina estaba condicionada a poder volar, y el Pasaje de Hoces en diciembre no es un lugar confiable para volar desde un portaaviones de 1945.
  • La capacidad de generar y entregar ataques —a qué distancia tiene que quedarse el portaaviones, cuántos aviones hay, cuántos se pierden por pasada— pesa alrededor del doble que la letalidad de las armas que esos aviones llevan. Y los parámetros de armamento naval puro —probabilidad de impacto de torpedos y misiles, potencia de las ojivas, alcance— explican menos del 2,5% de la variación. Lo que decide no es cuánto daño hace cada golpe, sino cuántos golpes se logran poner.




Una trampa que encontramos de casualidad

Hay un último resultado que no buscábamos y que es, probablemente, el más importante para cualquiera que haga este tipo de ejercicios.

Entre las cosas que más mueven el resultado no están los misiles, ni los radares, ni los aviones. Está la definición de qué cuenta como ganar.

Pensemos un segundo lo que eso significa. ¿Qué tan grande hay que dibujar el "área del objetivo" para decir que una flota la está cubriendo? ¿Cuántos buques tienen que quedar en pie para seguir llamando "escuadra" a lo que queda? ¿Cuánto daño hay que hacerle al otro para decir que uno le cobró un precio? Ninguna de esas tres preguntas tiene respuesta en ningún archivo. Las contesta el que arma el modelo — y resulta que esas tres respuestas pesan casi tanto como todo lo que hacen los misiles, los aviones y el clima juntos.

Por eso el trabajo publica el rango entero en vez de un número solo: ese 33,2% se mueve entre 24,5% y 40,7% según dónde se pongan esos umbrales. Es incómodo y es honesto. Y es, en el fondo, un resultado sobre cómo se hacen estos ejercicios más que sobre esta batalla en particular.

Qué NO prueba esto

Un modelo no es una bola de cristal. Este tiene cuatro agujeros y conviene decirlos antes de que los diga otro.

a. No hay con qué comparar. 
El que simula Midway puede fijarse si le dio parecido a lo que pasó de verdad, y corregir hasta que dé. Acá no hay contra qué chequear, porque la batalla no ocurrió. Y no es que falte revolver archivos: el dato no existe, no existió nunca.

b. El clima está puesto a ojo. 
El estado del mar, el viento y la visibilidad se sortean al azar dentro de rangos razonables, en vez de usar las estadísticas reales de cómo está el Hoces en diciembre. Y justo el clima resultó ser una de las cosas que más pesan. O sea: sabemos que importa mucho, pero no sabemos bien cuánto. Es lo primero que habría que arreglar, y para eso hace falta ir a buscar los datos meteorológicos de la zona.

c. Nadie sabe cómo estaban los buques ese día. 
Ninguna de las dos armadas publicó qué radares andaban, qué cañones estaban fuera de servicio ni cuánta munición había en cada pañol. El modelo supone que todo funcionaba. Seguro que no era así en ninguno de los dos lados — pero no hay manera de saber de qué lado estaba peor, así que tampoco se puede corregir. Ojo que Escobar Doxrud (2025) en su prosaico trabajo expone algunas deficiencias de los buques chilenos ocultadas al público.

d. Faltan los aviones de exploración que salían del continente. 
Están cargados en el modelo pero nunca despegan. Eso hace que Argentina "vea" menos de lo que probablemente habría visto, así que el error juega en contra del resultado argentino, no a favor.

¿Entonces qué hay que creerle a todo esto? El orden, no el número exacto.

Que a Chile le hubiera ido mejor quedándose quieto que saliendo a pelear de frente es una conclusión firme: se probó con miles de combinaciones distintas de parámetros y siempre dio lo mismo. La razón es simple: si el modelo se equivoca en algo, se equivoca igual para las dos posturas, así que la comparación entre ellas aguanta.

Saliendo del modelo: Si el dúo López-Merino hubiesen decidido usar un enfoque de racionalidad más reflexiva, la lógica operativa los iba a cubrir mejor. Si la Escuadra se quedaba "escondida" esperando que la FLOMAR se acerque, iba a ser mas probable causarle daños. Una Escuadra que no se ve o que está repartida, era una espada de Damocles sobre la FLOMAR. Ir a atacar a la FLOMAR a mar abierto teniendo la impunidad de la aviación naval, es asaltar un nido de ametralladoras a bayoneta calada y tranquilamente todos pueden llegar a morir en el intento.

Reflexiones finales

Finalmente, existió (y existe) increíblemente una discusión sobre el resultado potencial de esta batalla aeronaval. Que las fuentes chilenas no hayan llegado a este resultado se entiende: a nadie le sale fácil escribir que la maniobra que su propia institución ensayó habría terminado con la escuadra destruida y sin cumplir su objetivo. Lo llamativo es el otro lado. La literatura argentina es optimista en general, pero nunca llegó a plantear una victoria clara. Siempre apareció con reservas: el clima, las comunicaciones precarias, los submarinos chilenos, los Exocet de la Escuadra. Nadie escribió nunca “el ataque frontal chileno fracasa en todos los casos”, y no por falta de ganas: sin un modelo no hay manera de decir “todos los casos”. Una narración no tiene denominador. Un relato que sale bien y un relato que sale bien nueve de cada diez veces se cuentan con las mismas palabras. Algunas fuentes chilenas auguraban (y lo siguen afirmando) en un pensamiento mágico una victoria o, por lo menos, casi un empate técnico. Algún payaso sin la nariz colorada colocada ha afirmado que incluso la Escuadra iba a capturar por abordaje algún buque argentino. Bueno, siempre es bueno recordar a Twain y la necesidad de quedarse callado y no confirmar que se es idiota. La probabilidad de que ese marino muy mal preparado de apellido López Silva, en teoría "experto en guerra aeronaval", e inflado por un boconazo irrespuestoso como Pepe Toribio Merino, volviera con la escuadra a Talcahuano era nula con 99% de probabilidad. 

Perdón, entonces... ¿contra quién íbamos a pelear? ¿Contra el marino que se olvidó de leer los aportes de la doctrina naval de la Segunda Guerra Mundial? ¿Contra el general que llevaba a las trincheras a policías como carne de cañón? ¿Contra los montajes de cañones falsos que portaban los buques chilenos (Escobar Doxrud, 2025)? ¿O a una fuerza aérea a nivel operativo africano? Valió la pena despejar el humo de toda esta historia.

Lamentablemente los acontecimientos de estos últimos meses exhiben y han exhibido en parte del pueblo chileno un nivel desquiciado de comentarios y mentiras sobre el tema de Malvinas y el estrecho de Magallanes. Nunca hubo un mejor escaparate antropológico. Parece imposible dialogar dentro de la mínima racionalidad. Pero uno ya anticipa la remanida pregunta: ¿y entonces por que no atacaron si era tan fácil? Quiénes están del otro lado del paredón, piensan que esta batalla naval era fundamental para resolver el conflicto. Su visión se centró en las tres islas y esa visión de túnel les hizo ver que si se defendían las islas (que como se aprecia, no iban a poder) se "ganaba" la guerra. De este lado de la cordillera, la ecuación era mucho más grande como se menciona en este artículo. Si bien la batalla aeronaval presentaba altas probabilidades, dentro de la incertidumbre, de ser ganada, en los otros (y muy distintos) frentes (Paso Internacional Libertadores, Paso Puyehue, Tierra del Fuego, Frente Norte, etc.) la situación no era tan clara. La decisión se tomó, aparte de sopesar la intervención papal, considerando toda la información de una guerra total, no de una guerra limitada.

Para seguir leyendo en este blog

Este artículo resume un trabajo académico en preparación. Quien quiera la reconstrucción narrativa y el detalle operativo de la crisis puede seguir por acá:

El trabajo citado como Escobar Doxrud (2025) es el siguiente:

Escobar Doxrud L. Maniobra de la Escuadra chilena en 1978. Rev Mar. 2025;142(1005): 31-37. https://revistamarina.cl/es/articulo/maniobra-de-la-escuadra-chilena-en-1978  

Léanlo porque es un plato, todo lo contrario de este artículo.



El modelo está implementado en NetLogo, es georreferenciado y trabaja a resolución de plataforma individual: cada buque, submarino, formación aérea y base es un agente autónomo. El código, el diseño experimental completo y las casi 140 mil corridas se publicarán como material suplementario del artículo. Las cifras provienen de un manuscrito en evaluación y pueden ajustarse en la versión final.

miércoles, 18 de febrero de 2026

Estrategia naval: La guerra de maniobras en el mar

Guerra de Maniobras en el Mar

Por el Comandante Robert J. Kelsey, USN
Septiembre de 1982
Actas
Vol. 108/9/955 || USNI



En el conflicto entre el Reino Unido y Argentina por las Islas Malvinas, la estrategia y las operaciones de la Royal Navy constituyen un excelente ejemplo de una doctrina naval orientada a la maniobra. Si bien tuvo éxito en el Atlántico Sur y fue muy popular entre los estrategas de salón y los reformistas militares, el lugar de la guerra de maniobras en la Armada de los Estados Unidos —si es que lo tiene— aún está por definirse.

Atraídos por una visión de la historia que ofrece numerosos ejemplos de campañas terrestres victoriosas por parte de ejércitos más pequeños y presumiblemente más económicos, un número creciente de influyentes críticos de la defensa abogan por una doctrina de combate orientada a la guerra de maniobras.¹ Algunos críticos han expresado su preocupación de que, dado que el poder militar estadounidense ya no es supremo, la doctrina cultivada en torno a la "guerra de desgaste" ya no es realista. Abrumar a los soviéticos en hombres, material y sistemas de armas no es asequible en términos de recursos ni de costos sociales. Además, muchos analistas de defensa argumentan que parece que se gasta más para una menor capacidad. Los temores se intensifican ante la evaluación de que la disuasión se está viendo socavada y de que “si la guerra llegara mañana, Estados Unidos perdería”.

La mayor parte de la atención dedicada al debate doctrinal se ha centrado en la batalla terrestre en Europa. Pero ahora que la Armada estadounidense ya no tiene un margen claro de superioridad, la estrategia naval se ha incluido en este debate doctrinal. ¿Qué son las guerras de desgaste y de maniobra? ¿Tiene alguno de estos conceptos relevancia para la doctrina naval? ¿Es la doctrina orientada a la maniobra un camino hacia la superioridad naval?

Guerra de Desgaste: El Dr. Edward Luttwak, investigador principal en estudios estratégicos del CSIS de la Universidad de Georgetown, describe la guerra de desgaste como “en la que las decisiones importantes de mando son, de hecho, decisiones logísticas... El enemigo es tratado como un mero inventario de objetivos y la guerra consiste en reunir recursos superiores para destruir sus fuerzas mediante la potencia de fuego y el peso del material”. El objetivo es destruir la voluntad de lucha del enemigo destruyendo directamente sus medios. La esencia de la guerra de desgaste reside en crear y explotar:

  • Poder destructivo
  •  Protección para minimizar la destrucción sufrida por el poder enemigo


Movilidad para concentrar rápidamente el poder destructivo o evitar el poder enemigo.4

' La doctrina puede resumirse como fuerza contra fuerza. El resultado, según los críticos, es una destrucción generalizada como base para romper el frente enemigo y, en la guerra terrestre, para apoderarse y mantener objetivos terrestres. En la guerra de desgaste, las tasas de intercambio y la capacidad residual se convierten en indicadores de éxito.

La guerra de trincheras de la Primera Guerra Mundial es un ejemplo definitivo de guerra de desgaste pura. Las acciones ofensivas se llevaron a cabo en frentes amplios contra puntos de fuerte resistencia. Las defensas se organizaron en profundidad mediante cinturones sucesivos de terreno fortificado. El resultado fue el estancamiento y un enorme gasto de recursos, ya que los avances se realizaban por rutas de resistencia reforzada. Enormes ejércitos, una potencia de fuego concentrada y enormes necesidades logísticas, respaldadas por una red de defensas, suprimieron la movilidad y la sorpresa. El éxito en la Primera Guerra Mundial dependió directamente de la cantidad de recursos disponibles y de la capacidad para aprovecharlos.

La Segunda Guerra Mundial también tuvo ejemplos de guerra de desgaste. De hecho, a menudo se argumenta que el éxito de los Aliados dependió directamente del poderío industrial (capacidad de producción y base tecnológica) de Estados Unidos. Para Sample, el éxito en la campaña del Atlántico se medía por el número de hombres y la cantidad de armas y suministros que llegaban a Europa. Sin embargo, el mejor ejemplo de guerra de desgaste fue la campaña rusa; la inmensidad de los recursos militares comprometidos en la guerra en Occidente y las pérdidas sufridas palidecen en comparación con las invertidas en el Frente Oriental. Si se contara con el tiempo suficiente para movilizarse hoy, Estados Unidos probablemente podría alcanzar la producción industrial necesaria para apoyar la doctrina de desgaste contra la Unión Soviética. Sin embargo, la aceptación de las pérdidas resultantes sería otra cuestión. ^ Crítica de la doctrina y los modelos de desgaste: La masacre asociada con la guerra de desgaste moderna es a menudo la principal crítica a la doctrina de desgaste, "las enormes pérdidas que se sufrirán son el resultado de problemas doctrinales que la tecnología moderna amplifica.

Según el coronel John Boyd, de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos (retirado), un defensor de la guerra de maniobras, el concepto de guerra de desgaste concuerda con la doctrina Clausewitziana y sufre algunos de los mismos problemas que esta. La estrategia de guerra de Karl von Clausewitz consistía en “dejar al enemigo impotente” mediante: * Agotarlo influenciándolo para que aumentara su esfuerzo

► Buscar “centros de gravedad” (puntos de los que dependen todo poder y movimiento) y, de ser posible, reducirlos a uno solo

► Concentrar todo el esfuerzo contra esos centros en la menor cantidad de acciones posible

► Subordinar todas las acciones secundarias al máximo

► Moverse con la máxima velocidad

► Buscar la batalla decisiva (con superioridad numérica y de condiciones) que prometa la victoria.5

El coronel Boyd critica esta estrategia por sobreenfatizar la “batalla decisiva” y subestimar la maniobra estratégica. Si bien Clausewitz agotaría al adversario influenciándolo para que aumentara su esfuerzo, su estrategia ignora la idea de paralizarlo negándole la oportunidad de esforzarse. Clausewitz concluyó que, dado que “un centro de gravedad siempre se encuentra donde la masa se concentra con mayor densidad... este es el lugar donde debe concentrarse la fuerza y ​​donde debe tomarse la decisión. Este enfoque en los puntos fuertes del adversario ignora la posibilidad de que existan centros de gravedad vulnerables. También ignora la idea de generar muchos centros de gravedad no cooperativos atacando las conexiones vulnerables, pero críticas, que permiten su existencia.

La estrategia y la doctrina de desgaste de Clausewitz también enfatizan el método y la rutina a nivel táctico. A Clausewitz le preocupaba reducir la "niebla" (incertidumbre) y la "fricción" (interacción de muchos factores que impiden la actividad) de la guerra. Sin embargo, no abordó suficientemente la idea de magnificar la niebla y la fricción del adversario.

Clausewitz, sin embargo, consideraba la fricción como el factor central que distinguía la guerra real de los análisis teóricos. La existencia de fricción significaba que la guerra no es un proceso determinista: "ninguna otra actividad está tan continua o universalmente ligada al azar". En contraste, el análisis de campañas, que enfatiza las tasas de intercambio (doctrina de desgaste), considera la guerra como una interacción inanimada entre fuerzas mecánicas que actúan y reaccionan de forma predecible: letalidad precisa, capacidad de supervivencia y patrones de interacción en combate. El tamaño inicial de las fuerzas opuestas y la letalidad de sus armas determinan el resultado.

La utilidad de los modelos de desgaste se ve limitada por los elementos impredecibles, y por lo tanto no cuantificables, del comportamiento humano y el azar. Se ignora el impacto de la sorpresa, la confusión, la ambigüedad y el miedo. Algunos críticos advierten sobre la influencia que estos modelos tienen en nuestras percepciones y decisiones. Las armas de creciente complejidad y costo pueden justificarse fácilmente prediciendo una alta letalidad y capacidad de supervivencia.

Aparte de sus deficiencias, la doctrina de desgaste puede mejorar la disuasión. Si existen fuerzas suficientes para apoyar con éxito la guerra de desgaste, se percibe la capacidad de infligir un costo inaceptable al adversario, independientemente de la ineficiencia con la que se emplee dicha capacidad. Sin embargo, sin fuerzas suficientes, la disuasión pierde credibilidad; El resultado, según el análisis de la campaña, es desfavorable.

Guerra de Maniobras: Para algunos, la guerra de maniobras consiste simplemente en acciones de flanqueo que afectan a un adversario en un punto donde no está desplegado de forma óptima. Luego, mientras el enemigo maniobra para responder, se aplica una presión abrumadora a elementos sucesivos de su fuerza hasta su destrucción. El "cruce de la línea" y la destrucción de la flota francesa por Nelson en Trafalgar se suelen mencionar como dos ejemplos navales.7 Sin embargo, esto es solo una táctica de maniobra para aumentar la capacidad de desgaste. La guerra de maniobras es más que maniobrabilidad. Implica maniobrar al enemigo en lugar de simplemente maniobrar hacia él.

El objetivo de la guerra de maniobras, según el coronel Boyd, es "generar muchos centros de gravedad no cooperativos y magnificar la fricción del adversario (tanto mental como física) como base para romper la cohesión, producir parálisis y provocar su colapso".8 Su doctrina de maniobras se basa en la capacidad de crear, explotar y magnificar la ambigüedad. Ambivalencia, engaño, maniobras rápidas y transitorias, y fuerza contra aquellas características que permiten a una organización existir como entidad bélica. La ambigüedad, la ambivalencia, el engaño y la movilidad se utilizan para generar sorpresa y conmoción. La potencia de fuego y el movimiento se emplean para desviar la atención del adversario y drenar su fuerza, con el fin de exponer, amenazar y explotar vulnerabilidades o debilidades en otras áreas. El objetivo es la parálisis, no la aniquilación.

La guerra de maniobras se centra en la organización del adversario en su conjunto (el hombre y la máquina) y su capacidad para conducir la guerra en de la capacidad de enfrentamiento directo, como en la guerra de desgaste. El impacto y la sorpresa son cruciales. El concepto del Coronel Boyd enfatiza la capacidad de “operar dentro de los circuitos de observación-orientación-decisión-acción del adversario... para crear una maraña de eventos amenazantes, así como generar repetidamente desajustes entre los eventos que el adversario observa o anticipa, y aquellos a los que debe reaccionar para sobrevivir”. De este modo, el adversario se ve empujado más allá de su capacidad de adaptación o resistencia; no puede adivinar sus verdaderas intenciones ni concentrar sus esfuerzos en afrontar el diseño estratégico en desarrollo o la maniobra decisiva relacionada, ya que lo paraliza y lo fragmenta. Los indicios de éxito tienden a…

Como el principal defensor de la guerra de maniobras, el Coronel retirado John Boyd, de la Fuerza Aérea de EE. UU., ofrece una alternativa a la mentalidad de matadero de la guerra de desgaste.



Ser cualitativos y estar relacionados con la aparición generalizada de confusión y desorden, frecuentes envolvimientos, altos números de prisioneros o cualquier otro fenómeno que sugiera incapacidad para adaptarse al cambio.

En la historia de la guerra terrestre, una hábil estrategia de maniobra ha superado con frecuencia la superioridad numérica. Las blitzkriegs alemanas de la Segunda Guerra Mundial y el cerco israelí del Tercer Ejército egipcio en la guerra árabe-israelí de 1973 son ejemplos modernos.

Una crítica de la maniobra Doetrine: La guerra de maniobras es una estrategia teóricamente de bajo costo y alta rentabilidad; pero, si falla, la inferioridad en combate puede magnificarse. Si la maniobra se estanca, no se desvía la atención suficiente o los centros de gravedad resultan más resistentes de lo previsto, el resultado es desgaste sin el beneficio de la defensa contra el desgaste; en otras palabras, ¡una derrota!

Dado que la doctrina de maniobras es a la vez de alta rentabilidad y alto riesgo, su efecto sobre la disuasión también es incierto. Si un adversario no está seguro de su capacidad para proteger sus puntos débiles o contrarrestar la ambigüedad, la ambivalencia y el engaño de una pequeña fuerza estructurada para la maniobra, la disuasión se ve reforzada. Sin embargo, si un adversario considera que su vigilancia y cohesión son suficientemente fiables y duraderas, la disuasión puede verse debilitada por la doctrina de la maniobra. En la vida real, esta última percepción suele ser válida. De hecho, el concepto de maniobra parece asumir que el adversario sobreestima sus capacidades.

La guerra en el mar no es tan clara.

Una postura defensiva basada en la maniobra debe permitir la pérdida inicial de territorio, a la vez que desvía la atención del adversario y contrarresta su fuerza, de modo que el esfuerzo principal pueda centrarse en su debilidad. Sin embargo, las limitaciones políticas de una alianza defensiva pueden contradecir esta doctrina. Especialmente si la pérdida de territorio es segura y el éxito no lo es, aceptar la pérdida inicial de territorio aliado puede socavar la solidaridad de la alianza.


Medir la demanda de fuerzas requerida para apoyar la estrategia de maniobra puede conllevar otro riesgo. La doctrina de maniobra enfatiza los efectos cualitativos de la guerra, que son difíciles de medir en los análisis de campaña. La programación de recursos para que coincida con la estrategia depende más directamente del juicio subjetivo. En una situación política en la que los recursos son limitados y las demandas sociales en pugna complican la capacidad de hacer frente a la amenaza militar, pueden emitirse juicios excesivamente pragmáticos, lo que resulta en un aumento de la fuerza que, en el crisol de la guerra, no apoya ni la guerra de maniobra ni la guerra de desgaste.

Si bien estas críticas a la doctrina de maniobra son generalmente reconocidas, el concepto estrecho del coronel Boyd tiene limitaciones aún mayores. La destrucción de la capacidad de organización de un adversario podría resultar de acciones que no dependen de la generación de ambivalencia, ambivalencia y engaño para aumentar la fricción. Por ejemplo, la decisión española de configurar la Armada para batallas de infantería en el mar (castillos y toldillas con cañones de corto alcance para que las tropas embarcadas pudieran disparar contra los barcos enemigos una vez atracados) condujo a su desaparición. Los ingleses contrarrestaron este plan no atracando y alejándose con cañones de largo alcance. La incapacidad española para enfrentarse a los ingleses en su modo de combate preferido los obligó a tomar la fatídica decisión de evadir a la flota inglesa navegando hacia el norte. Otra limitación es que la oportunidad de generar muchos centros de gravedad no cooperativos, al "atacar" enlaces vulnerables, podría no ser siempre posible. Además, muchos centros de gravedad se encuentran donde la masa está concentrada (aunque tal vez no todos, concluyó Clausewitz). Fuerza contra fuerza puede ser la única opción. De hecho, si se puede cubrir un solo nodo del que dependen todo el poder y el movimiento, su destrucción puede requerir menos esfuerzo y causar una mayor parálisis.10

Doctrina de Maniobras y Guerra Naval: La guerra de maniobras a menudo es sinónimo de guerra aérea anfibia. Inchon en la Guerra de Corea es un ejemplo.

El mar se utilizó como una "extensión de tierra" para eludir la fuerza y ​​atacar la debilidad en un punto inesperado, mientras que la atención del adversario se desviaba a otra parte. Sin embargo, más allá de la guerra anfibia, la aplicación de...


El concepto de guerra de maniobras

Algunos aspectos de la doctrina reformista orientada a las maniobras son elementos integrales de los principios actuales de la guerra naval. La ambigüedad, la ambivalencia y el engaño facilitan la aplicación de los principios de masa, ofensiva, sorpresa y economía de fuerza. Los centros de gravedad pueden volverse menos cooperativos, y la fricción y la confusión pueden aumentar. Sin embargo, a nivel táctico, la parálisis puede ser, como mucho, temporal. En última instancia, es necesario aplicar fuerza destructiva sobre plataformas individuales para destruir la capacidad de funcionamiento del grupo.

Existen básicamente cinco razones por las que la guerra de maniobras no se aplica plenamente a una batalla naval:

► Las plataformas navales son centros de gravedad relativamente independientes. Destruir los vínculos entre ellas puede degradar la eficacia de la fuerza mediante la pérdida de apoyo mutuo, pero no puede destruir su capacidad individual de existir o funcionar para el enfrentamiento.

► La cohesión de la unidad no es tan frágil. Los requisitos para la cohesión son menores y las condiciones que la fomentan son mayores a bordo de un buque que en una unidad militar en tierra.

► La fuerza y ​​la debilidad están esencialmente coubicadas. Las defensas no están tan fijadas a un frente geográfico como en una batalla terrestre; las defensas abarcan más todos los aspectos. No necesariamente existen rutas de menor resistencia.

► Un enfrentamiento naval es más variable que una batalla terrestre alineada a lo largo de un frente geográfico. Los grupos navales no están "atados" a proteger territorio mientras avanzan para obtener más. El envolvimiento no ofrece la misma ventaja decisiva.

► El objetivo del enfrentamiento naval no es ocupar, sino controlar territorio. El éxito se alcanza cuando el adversario se hunde o se retira.

■ Desde una perspectiva más amplia, más allá del nivel táctico, la guerra de maniobras, tal como la definió el coronel Boyd, puede tener alguna aplicación en la doctrina naval. Dentro de un teatro de operaciones, cada grupo naval depende, en cierta medida, de diversas conexiones externas, por ejemplo, mando y control, vigilancia y logística. Cada vínculo es potencialmente vulnerable a la captura o destrucción. Si la pérdida de uno o varios de estos enlaces anula la utilidad de un grupo naval temporalmente, existe la oportunidad de una guerra de maniobras. Esta oportunidad es aún más realista si el adversario tiende al control altamente centralizado y a la guerra de desgaste, como en el caso de la Unión Soviética.

La atención se centra en el poder naval del adversario en su conjunto en un teatro de operaciones: «la organización». Si al crear ambigüedad, ambivalencia y engaño, se produce un despliegue inadecuado, y si al atacar inesperadamente los enlaces se crean centros de gravedad no cooperativos y se magnifica la fricción, la cohesión de la organización puede verse afectada y producirse una parálisis. El comandante del teatro de operaciones soviético y sus superiores pueden verse forzados a superar su capacidad de adaptación o resistencia, de modo que no puedan percibir ni concentrar sus fuerzas a tiempo para afrontar el ataque decisivo. Sin embargo, la aplicación de la guerra de maniobras sería más amplia si el concepto fuera más sólido.

La historia de la guerra contiene numerosos ejemplos tanto de desgaste como de maniobras. Sin embargo, muchas batallas y campañas no encajan perfectamente en ninguna de las dos definiciones. De hecho, algunas batallas solo pueden analizarse, en lo que respecta a la doctrina, desde una perspectiva histórica: un bando emplea una táctica y el otro responde. El resultado se definirá como guerra de maniobras o de desgaste, dependiendo de la respuesta. ¿Paraliza la táctica al enemigo o la batalla tuvo que llevarse a cabo hasta su destrucción total?

La distinción entre maniobra y desgaste. El debate sobre la doctrina se ha llevado a cabo de tal manera que implica que los conceptos de desgaste y maniobra son mutuamente excluyentes. Tal como se definen —uno busca la parálisis y el otro la destrucción—, lo son. Pero la guerra no es tan fácil de distinguir.

|'0n ■ Además, los tipos de guerra pueden ser ambos. La destrucción de la Ruta Ho Chi Minh fue de desgaste, pero la campaña submarina del Pacífico contra las líneas de comunicación marítimas japonesas fue de maniobra estratégica. ¿Qué es la guerra de minas? Para tener éxito, la doctrina debe ser lo suficientemente robusta como para incorporar todas las afiliaciones: paralizar al enemigo cuando la opción está disponible o destruirlo cuando no lo está.



Mientras que el desgaste busca quebrar al adversario por agotamiento, influyéndolo para que aumente su esfuerzo (es decir, desgastarlo), la maniobra busca quebrar al adversario negándole la oportunidad de esforzarse (es decir, controlarlo). La distinción radica en la intención. En otras palabras, la doctrina a la que se aplica se basa más en cómo se utilizan las fuerzas que en cómo se construyen. Si, por ejemplo, se utilizan minas para ralentizar a un adversario o para concentrar o bloquear su movimiento con el fin de lograr superioridad, la guerra de minas es maniobra. Si se colocan minas para desgastar al enemigo, es desgaste. En el primer caso, la guerra de minas es un medio; en el segundo, un fin.

La doctrina naval está mejor diseñada para alcanzar las capacidades de combate necesarias.

Es posible explotar una estrategia que busca negar al adversario la oportunidad de desplegar esfuerzos, un concepto más sólido que la doctrina de maniobra, definida de forma estricta. Para lograrlo, primero debemos ser capaces de derrotar a la armada enemiga. Podemos derrotarla conteniéndola, controlándola o seduciéndola, según la evolución de la situación. La capacidad de controlar el uso de las fuerzas navales por parte del adversario implica un concepto más amplio de maniobra: generar centros de gravedad no cooperativos, aumentar su fricción, atacar sus planes y alianzas o destruir su nodo clave. Pero, cuando sea necesario, debemos ser capaces de aplicar el esfuerzo necesario para destruir al adversario. Al contar con una armada lo suficientemente flexible como para emplear la mejor opción o una combinación de las anteriores, la disuasión se ve enormemente mejorada. Para respaldar este concepto más amplio de combate, se requiere una fuerza que posea las características inherentes hoy en día a los combatientes navales; por ejemplo, flexibilidad, movilidad, capacidad de reconocimiento, movimientos de contención, ataque y fuga, y concentración de potencia masiva. Sobre todo, la capacidad de negar al adversario la vigilancia suficiente es clave.

Comparar la guerra de desgaste con la guerra de maniobras puede parecer análogo a comparar a un "golpeador cuerpo a cuerpo" con un boxeador que "flota como una mariposa pero pica como una abeja". Mientras el bateador defiende con la izquierda, golpea con la derecha. El boxeador, por otro lado, baila y lanza golpes para confundir y derribar a su oponente; cuando baja la guardia, ensangrenta a su adversario con un golpe punzante. Pero sin un golpe de nocaut, ni todas las maniobras flotantes y punzantes del mundo pueden lograr un final rápido. El bateador puede desgastar a su oponente, pero no puede estar seguro de que su voluntad se doblegue; debe confiar en los puntos para ganar.

La guerra no se decide por puntos; esto es clave para un concepto más amplio de guerra de maniobras, especialmente a nivel táctico. Pocos comandantes en la historia se han rendido sin algunos golpes de nocaut. La maniobra es un medio para optimizar la economía de fuerza y ​​masa; es un método para lograr la superioridad en combate sobre una fuerza total mayor. Pero esa fuerza menor debe ser capaz de desplegar el golpe decisivo, que puede implicar fuerza contra fuerza localizada. La guerra de maniobras puede implicar cierta aniquilación; La parálisis generada crea un entorno para destruir eficazmente los medios del adversario.

Doctrina Naval y el Futuro: Si bien nuestra doctrina naval actual no se limita a los conceptos estrechos de desgaste o maniobra, como defienden algunos críticos, tenemos la flexibilidad inherente de emplear fuerzas en apoyo de cualquiera de los dos conceptos. Sin embargo, cabe destacar que, dado que la "prueba de fuego" de la doctrina de maniobra frente a la de desgaste es la intención, el tipo de fuerzas involucradas no es la clave. En una situación, una fuerza que utiliza la doctrina de maniobra podría consistir en un solo submarino. En otra, una plataforma espacial podría ser el elemento central. En otra, podría ser una fuerza de múltiples grupos de combate. Obviamente, la composición adecuada de la fuerza depende de la naturaleza del centro o centros de gravedad a los que se opone. Sin embargo, estructurar una Armada para que se ajuste a una doctrina demasiado estrecha puede ser peligroso.

Mantener las características necesarias para sustentar un concepto amplio de guerra requiere atención continua. Una visión razonada del futuro indica que el énfasis actual en nuevas ideas, además del aumento de los niveles de fuerza, garantizará que la Armada mantenga su capacidad para sustentar una doctrina de guerra flexible. Algunas de las Los conceptos que ahora se están enfatizando incluyen:

► Una distribución más amplia del poder ofensivo, incluyendo una amplia adaptación de misiles de crucero y tecnologías de seguimiento.

► Un sistema coordinado e integrado de vigilancia aérea y oceánica que incorpora una gama de plataformas, vehículos y sensores.

► Un uso ampliado de la guerra electrónica ofensiva y defensiva, con mayor énfasis en mecanismos de destrucción suave.

► Una integración de las capacidades espaciales en los futuros conceptos de guerra naval.

► Innovación en el diseño de futuras plataformas que incluya una evaluación rigurosa de las formas avanzadas del casco, la estructura de las aeronaves y los sistemas de propulsión para encontrar maneras de mejorar el uso de los sistemas de armas.

Estas son solo algunas de las innovaciones que se encuentran en evaluación continua por parte de organizaciones como el Grupo de Planificación de Largo Alcance del CNO. La evolución siempre ha sido un sello distintivo de la Armada, y mantener una Armada capaz de apoyar una doctrina de maniobra amplia es un objetivo a largo plazo.

Conclusión: La guerra de maniobras es la estrategia clásica de las fuerzas terrestres pequeñas y exitosas, por lo que resulta atractiva para algunos críticos de la defensa. Como utilización eficiente de la capacidad de combate, puede ser una fortaleza naval. Pero también es una Una estrategia de alto riesgo que, si no tiene éxito, puede conducir al desastre total. La disuasión y una estrategia de guerra basada únicamente en un concepto limitado de maniobra pueden no ser compatibles. Además, podría convertirse en una excusa para renunciar a recuperar un margen claro de superioridad naval (o incluso en el mantenimiento de la paridad), si se acepta solo por sus aspectos positivos, ignorando sus defectos. Los riesgos son aún mayores si el concepto de maniobra es demasiado limitado.

Para tener éxito, la doctrina debe ser lo suficientemente robusta como para incorporar todas las situaciones: paralizar al enemigo cuando la opción esté disponible o destruirlo cuando no lo esté.

Al contar con una Armada lo suficientemente flexible como para emplear un concepto amplio de guerra, se mejorará la disuasión. La Armada no requiere una nueva estructura de fuerza radical, ni debe abandonar su visión de futuro. El riesgo que debemos evitar es el que se genera al adquirir o adaptar fuerzas para que se ajusten a una doctrina demasiado limitada, tal como lo hizo la Armada Española hace cuatro siglos.

La mayoría de estos críticos se autodenominan miembros del "Grupo Reformista".

Congresista Newt Gingrich. "Debemos afrontar el desafío soviético". 11 de septiembre de 1981. Registro del Congreso. Representantes del 97.º Congreso, Cámara de Representantes.

Dr. Edward N. Luttwak. “El estilo estadounidense de guerra y el equilibrio militar”. Air Force Journal. Agosto de 1980.

Coronel John Boyd, USAF (retirado), en su informe sobre “Patrones de conflicto”. Boyd se ha convertido en uno de los teóricos militares del Grupo Reformista. Vincular a Clausewitz con el concepto de desgaste puede parecer un ejemplo de grave error de interpretación. Clausewitz evitó las doctrinas que pretenden proporcionar un manual de acción: es útil tener presentes los principios como apoyo, pero no deben aplicarse dogmáticamente. Sin embargo, algunos estudiosos de Clausewitz han practicado la guerra de desgaste (así como la de maniobra). Además, Clausewitz estableció un precepto fundamental: “unidad de concepción, concentración de objetivo y fuerza”. Su preferencia por un único ataque concentrado es clara. Dado que Clausewitz solo consideraba los centros de gravedad al más alto nivel, es decir, el Ejército, la Capital o un aliado principal, esta crítica podría ser un poco injusta. Sin embargo, a un nivel táctico más limitado, los centros de gravedad también existen dentro de un ejército y sus subordinados.

Comandante Linton Wells II, USN. "Maniobra en la Guerra Naval". Actas, diciembre de 1980.

Coronel John Boyd. "Patrones de Conflicto".

Ibíd.

Clausewitz observó que si se destruía el centro de gravedad, otras "acciones" eran un desperdicio.

El Comandante Kelsey recibió su comisión a través del programa regular del NROTC, tras graduarse de la Universidad de Oklahoma en 1967. Como becario del CNO, obtuvo su maestría en artes en el New College de Oxford en 1976. Sus períodos de servicio incluyen tres escuadrones de aviación de ataque ligero (VA-23, VA-146 y VA-105), el Escuadrón de Pruebas y Evaluación Aéreas Cinco (VX-5) y el cuerpo docente militar de la Universidad de Defensa Nacional. Actualmente se desempeña como planificador político-militar en el Grupo de Planificación de Largo Alcance (OP-OOX) del CNO.

Maniobras en las Malvinas


Por el Comandante Robert J. Kelsey, Armada de los EE. UU.

Si bien la campaña militar en las Malvinas ofrece mucho que estudiar sobre las tecnologías de guerra y la futura utilidad de las armadas de superficie, también ofrece un buen contraste en las doctrinas de guerra de maniobra y desgaste, que son centrales en el debate generado por el "grupo parlamentario de reforma militar" del Congreso. La estrategia y las operaciones británicas constituyen un excelente ejemplo de una doctrina naval orientada a la maniobra. También ilustran algunas de las deficiencias de la guerra de maniobras.

La estrategia argentina, por otro lado, parece haber sido básicamente de desgaste.

Una doctrina naval orientada a la guerra de maniobras, pero que también es suficientemente robusta cuando la maniobra no es apropiada, busca destruir la voluntad del adversario negándole la oportunidad de esforzarse. Dependiendo de cómo se desarrolle la situación, negarle al adversario la oportunidad de esforzarse se logra conteniendo, controlando o, cuando sea necesario, destruyendo sus medios. El control se basa en la guerra de maniobras, cuyo objetivo es destruir la capacidad de organización del enemigo. El control se logra generando centros de gravedad no cooperativos (puntos de los que dependen el poder y el movimiento), aumentando la fricción del enemigo, atacando sus planes/alianzas y/o destruyendo su(s) nodo(s) clave.

Cada uno de estos elementos —contener, controlar y destruir— de una doctrina naval orientada a la maniobra está interrelacionado. La capacidad para lograr uno puede depender del éxito de otra. Por lo tanto, relacionar acciones británicas específicas en la campaña de las Malvinas con estos elementos implica una distinción que no existe claramente. Además, la distinción entre la doctrina de desgaste y la de maniobra se basa en la intención. En consecuencia, a menudo es necesario basarse en pruebas circunstanciales para determinar qué concepto operaba en la mente del comandante. Sin embargo, un análisis de la Guerra de las Malvinas es útil para comprender un concepto amplio de maniobra para la guerra.

Contiene: La declaración británica de un límite de 200 millas



  

sábado, 4 de mayo de 2024

Malvinas y el cambio en la estrategia naval de portaaviones

Portaaviones defectuosos y sus extraños aviones. Malvinas y Harriers



La victoria británica en las Malvinas creó una visión exagerada de las capacidades de los portaaviones ligeros y de los aviones de despegue y aterrizaje cortos/verticales. En la foto aparece el HMS Ark Royal, el barco hermano Invincible, que se encontraba en las Malvinas.


En 2018, la prensa recibió una declaración del viceprimer ministro Yuri Borisov de que, en nombre del Comandante en Jefe Supremo, se estaba creando en nuestro país un caza con despegue corto y aterrizaje vertical (SKVVP). De hecho, todo es un poco más complicado, pero Yu. Borisov no dio ningún detalle entonces, pero existen y son importantes, pero hablaremos de ellos más adelante.

Esta declaración actuó como una válvula de escape. Inmediatamente después, apareció en la prensa una ola de publicaciones sobre cuánto se necesitaba un avión de este tipo, e inmediatamente después de nuestra flota, se puso como ejemplo la flota estadounidense, donde se utilizan barcos de desembarco universales como herramienta para proyectar fuerza con la ayuda. de aviones con despegues cortos y aterrizajes verticales. Un poco más tarde, la UDC española del tipo "Juan Carlos" con las omnipresentes "verticales" se convirtió en un ejemplo a seguir para la Armada rusa.

La flota todavía guarda silencio sobre este tema. En el “Programa de construcción naval 2050” hay un cierto “complejo de portaaviones marinos”, pero sin ningún detalle. Digamos de inmediato que existe un cierto consenso entre los marineros navales de que si se construye un portaaviones, será uno normal y para aviones normales. Por desgracia, también hay quienes se oponen a este punto de vista. Son pocos y, como dicen, "no brillan". Pero Internet está lleno de llamados a construir grandes UDC capaces de transportar aviones y desarrollar "verticales". Esto, por cierto, tampoco es así, y hablaremos de esto también.

Debido al hecho de que la idea de reemplazar un portaaviones normal con catapultas y dispositivos de detención con algún tipo de sucedáneo con reencarnaciones del Yakov que despegan verticalmente ha encontrado claramente sus partidarios, vale la pena examinar un poco este tema. Una idea que ha capturado a las masas bien puede convertirse en una fuerza material, y si es una idea equivocada, entonces vale la pena “aplastarla” de antemano.

Portaaviones ligeros y sus aviones en las guerras.


Inmediatamente necesitas separar las moscas de las chuletas. Existe un concepto para un portaaviones ligero: el portaaviones SKVVP. Existe el concepto de un gran barco de desembarco universal: el portaaviones SVTVP.

Entonces, estos son conceptos DIFERENTES. Un portaaviones, incluso uno ligero, está diseñado para apoyar el despliegue de la aviación, incluidos los aviones, como parte de formaciones navales. La UDC está diseñada para desembarcar tropas. Se reemplazan igualmente mal y este tema también se discutirá. Mientras tanto, vale la pena tomar como punto de partida un portaaviones ligero y un avión basado en él con despegue corto o vertical y aterrizaje vertical. ¿Qué tan efectivos pueden ser tales barcos?

La efectividad de un portaaviones consta de dos componentes: la fuerza de su grupo aéreo y la capacidad del propio barco para garantizar el trabajo de combate más intenso del grupo aéreo.

Consideremos cómo se muestran los portaaviones ligeros y sus grupos aéreos desde este punto de vista en comparación con un portaaviones normal y un avión completo.

El ejemplo más sorprendente e intenso del trabajo de combate de tales barcos es la Guerra de las Malvinas, donde Gran Bretaña utilizó portaaviones ligeros y aviones de despegue y aterrizaje vertical (de hecho, despegue corto y aterrizaje vertical). Algunos observadores nacionales vieron en esto las gigantescas capacidades de los Harrier y sus portaaviones. Los representantes de la comunidad científico-militar también echaron más leña al fuego. Por ejemplo, gracias al Capitán de primer rango V. Dotsenko, el mito, expuesto durante mucho tiempo en Occidente, sobre el uso supuestamente exitoso del empuje vertical por parte de los Harriers en las batallas aéreas, que supuestamente determina su éxito, se está extendiendo de una fuente nacional a otra. De cara al futuro, digamos: a pesar de todo el entrenamiento de los pilotos del Harrier, que fue de muy alto nivel, no utilizaron tales maniobras; en lugar de batallas maniobrables en el aire, en la inmensa mayoría de los casos se produjeron intercepciones, y El éxito de los Harriers como interceptores se produjo precisamente allí y en ese momento estuvo determinado por factores completamente diferentes.

Pero primero, los números.

Los británicos utilizaron dos portaaviones en las batallas: el Hermes, que alguna vez fue un portaaviones ligero completo con catapulta y pararrayos aéreos, y el Invincible, que ya estaba construido para aviones verticales. A bordo del Hermes se desplegaron 16 aviones Sea Harrier y 8 Harrier GR.3. Al principio sólo había 12 Sea Harrier a bordo del Invincible. En total, 36 aviones se basaron en los dos portaaviones. Posteriormente, la composición de los grupos aéreos de los barcos cambió, algunos helicópteros volaron a otros barcos y el número de aviones también cambió.

Y los primeros números. El desplazamiento total del Hermes podría alcanzar las 28.000 toneladas. El desplazamiento total del Invincible es de hasta 22.000 toneladas. Podemos suponer con seguridad que fueron a la guerra con aproximadamente este desplazamiento; los británicos no tenían con quién contar; llevaban consigo todo lo que necesitaban; a veces había más aviones en los barcos de lo normal.

El desplazamiento de los dos barcos era, pues, de unas 50.000 toneladas y soportaban en total unos 36 Harriers y, durante las operaciones de combate, unos 20 helicópteros, a veces un poco más.

¿No habría sido mejor gastar dinero en un portaaviones de 50.000 toneladas a la vez?

Un ejemplo de portaaviones con un desplazamiento de aproximadamente 50 kilotones son los portaaviones británicos del tipo Audacious, concretamente Eagle, que, según los resultados de una modernización anterior, tenía un desplazamiento total de aproximadamente 54.000 toneladas.


HMS Eagle después de su conversión a avión a reacción, 1964

El grupo aéreo estándar Igla en 1971 incluía: 14 aviones de ataque Bakanir, 12 interceptores Sea Vixen, 4 aviones Gannet AEW3 AWACS, 1 avión de transporte Gannet COD4 y 8 helicópteros.


El avión de ataque en cubierta "Buccaneer" aterriza en el portaaviones "Eagle"

En ese momento, estos vehículos ya estaban significativamente desactualizados, pero el hecho es que el barco fue probado como portador de cazas F-4 Phantom. Fueron lanzados con éxito desde este barco y aterrizaron con éxito en él. Por supuesto, para los vuelos regulares, se requirió una modernización adicional de las catapultas y los deflectores de gas: el escape caliente estándar de los Phantom no era compatible, se necesitaba refrigeración líquida.

Vídeos de vuelos desde la cubierta Igla, incluidos vuelos de English Phantoms:






Sin embargo, los británicos decidieron ahorrar dinero y dividir sus grandes portaaviones para que en unos pocos años pudieran instalar varios nuevos a la vez, aunque fueran la mitad de su tamaño. ¿Cuántos Phantoms podría transportar un barco así?

Más de dos docenas, eso seguro. En primer lugar, las dimensiones de los Buccaneers y los Phantoms son comparables: el primero tiene una longitud de 19 metros y una envergadura de 13, el segundo, 19 y 12 metros. Las masas también eran aproximadamente las mismas. Esto por sí solo sugiere que los Buckeyes podrían ser reemplazados por los Phantoms en una proporción de 1:1. Son 14 “fantasmas”.

Los Sea Vixens eran dos metros más cortos, pero más anchos. Es difícil decir cuántos Phantom cabrían en el espacio que ocupaban en la nave, pero algunos ciertamente cabrían, sin duda. Y todavía quedarían cinco Gannets diferentes y 8 helicópteros.

Volvamos a preguntarnos: ¿se necesita el transporte "Gannet" en una expedición como la guerra por las Malvinas? No, no tiene a dónde volar. Así, los británicos podrían liberar espacio para los Phantoms con 12 Sea Vixens y un transporte Gannet. En cambio, al menos 10 "fantasmas" cabrían a bordo del barco con garantía. Lo que haría posible la siguiente composición del grupo aéreo: 24 cazas multifunción Phantom GR.1 (versión británica del F-4), 2 helicópteros de búsqueda y rescate, 6 helicópteros antisubmarinos, 4 aviones AWACS.

Hagamos un poco más de matemáticas. El alcatraz con el ala plegada se colocó en un rectángulo de 14x3 metros, o 42 metros cuadrados. En consecuencia, 4 aviones de este tipo - 168 "cuadrados". Esto es un poco más de lo que se necesita para basar un E-2 Hawkeye. Algunos podrían decir que un avión AWACS no sería suficiente, pero en realidad los británicos, con sus dos portaaviones ligeros, no tenían ningún AWACS.

Además, un análisis de las características de rendimiento de los aviones argentinos bien podría dejar claro a los británicos que no atacarán objetivos de noche, lo que reduciría drásticamente el tiempo que se necesita el Hawkeye en el aire. De hecho, la “ventana” de tiempo en la que Argentina podía atacar masivamente a los barcos británicos era “amanecer + tiempo de vuelo a Malvinas y menos tiempo de vuelo desde la base a la costa” - “atardecer menos tiempo de regreso de Malvinas a la costa”. Con sólo 10 horas de luz diurna en primavera en esas latitudes, esto hacía posible arreglárselas con un solo Hawkeye.

Además, los británicos compraron Phantoms. ¿Era posible modernizar dicho barco para acomodar aviones AWACS normales? Si empiezas sólo desde el desplazamiento, entonces probablemente sí. Los Hawkeye llevaban barcos mucho más pequeños en tamaño y desplazamiento. Por supuesto, se podrían ajustar la altura del hangar, por ejemplo, así como el tamaño de los ascensores, pero los mismos estadounidenses practican bastante el estacionamiento de aviones en cubierta, y no hay razón para creer que los británicos no pudieran hacer lo mismo. mismo.

Es cierto que habría que rehacer la catapulta.

El significado de todo esto es el siguiente. Por supuesto, el Eagle con un avión AWACS a bordo parece algo fantástico, pero no nos interesa si realmente se podría colocar allí, sino cómo se podrían eliminar 50 mil toneladas de desplazamiento.

Los británicos "hicieron" con ellos dos barcos capaces de transportar 36 Harriers, hasta unos cuarenta, ningún avión AWACS y un número importante de helicópteros.

Y si en su lugar hubiera un portaaviones completo de 50.000 toneladas, y ni siquiera, por ejemplo, el viejo Odeisches, que fue rehecho cien veces, sino un barco especialmente construido, por ejemplo, propuesto por CVA -01, entonces, en lugar de los Harriers, los argentinos se encontrarían en el mismo lugar con varias docenas de Phantom con el radio de combate, el tiempo de patrullaje, la cantidad de misiles aire-aire, la calidad del radar y la capacidad de combate adecuados. Quizás con un avión estadounidense AWACS o, en el caso de un portaaviones especialmente construido, más de uno.

De nuevo, pongamos un ejemplo: además de 26 aviones de combate, el francés Charles de Gaulle tiene 2 aviones AWACS y pesa 42.500 toneladas. Por supuesto, es injusto comparar un portaaviones de propulsión nuclear con uno no nuclear; no tiene los volúmenes que ocupa el combustible de los barcos, pero sigue siendo indicativo.


"De Gaulle" y su grupo aéreo.

¿Qué es más fuerte: 24 Phantom con un suministro de misiles y combustible para el combate aéreo y quizás un avión AWACS, o 36 Harriers, cada uno de los cuales sólo puede transportar dos misiles aire-aire? ¿Qué fuerzas podrían usarse para formar patrullas aéreas más fuertes? Esta es una pregunta retórica, la respuesta es obvia. En cuanto a su capacidad para realizar patrullas, el Phantom, en el peor de los casos, podría pasar al menos tres veces más tiempo en el aire (en realidad incluso más) que el Harrier; cuando vuela desde cubierta, podría tener seis misiles aire-aire y un tanque de combustible externo. Si asumimos que, en términos de tiempo de patrulla, solo reemplaza a tres Harrier, y también a tres en términos de misiles (el Harrier no podía tener más de dos en ese entonces), entonces para reemplazar un Phantom se necesitarían nueve Harrier, y sería un reemplazo malo y desigual, teniendo en cuenta al menos las características de radar y vuelo del Phantom.


La tripulación de este Phantom derribó tres MiG en Vietnam. El avión tenía su base en el portaaviones Constellation. Para reemplazar un Phantom de este tipo en términos de cantidad de misiles, necesitará tres Harriers (ajustado por el hecho de que el par de misiles en la foto de largo alcance no cabría en los Harriers antiguos). Pero el Fantasma sigue siendo más fuerte que los tres Harriers.

Los "fantasmas" resolverían los problemas de defensa aérea de las fuerzas británicas sobre el estrecho con un número mucho menor de fuerzas, esto es, en primer lugar, con la línea de intercepción movida a decenas de kilómetros de los barcos, esto es en segundo lugar, y con grandes pérdidas. de argentinos en cada salida, en tercer lugar. Esto es innegable. También es innegable que un "Phantom" reemplazaría a varios "Harriers" al realizar misiones de ataque.


"Un Phantom montado en cubierta sobre Vietnam. Seis bombas y dos explosivos guiados por misiles: el equivalente a ocho Harrier de 1982. Sólo que vuela más lejos y lucha mejor

Ahora hablemos de cómo los propios barcos podrían soportar las características tácticas y técnicas de los aviones.

Las operaciones aéreas activas durante la Guerra de las Malvinas continuaron durante 45 días. Durante este tiempo, los Sea Harrier realizaron, según datos británicos, 1.435 salidas y los Harriers GR.3 - 12, lo que nos da un total de 1.561 o algo menos de 35 salidas por día. Un simple cálculo debería, en teoría, decirnos que se trata de 17,5 salidas por día desde cada portaaviones.

Pero eso no es cierto. El caso es que algunas de las misiones de combate de los Harriers se llevaron a cabo desde tierra.

Debido al radio de combate obviamente pequeño, los británicos tuvieron que construir urgentemente un aeródromo temporal en una de las islas del archipiélago. Según el plan original, se suponía que este sería un punto de reabastecimiento de combustible donde los aviones repostarían cuando operaban fuera del radio de combate cuando volaban desde un portaaviones. Pero a veces los Harriers realizaban salidas de combate directamente desde allí, y estas salidas también acababan en las estadísticas.

La base fue diseñada para realizar 8 salidas por día, cuando se creó un suministro de recursos materiales y técnicos para ella, y comenzó a operar el 5 de junio. Desde ese día hasta el 14 de junio, según fuentes de habla inglesa, la base “apoyó 150 misiones de combate”. Las fuentes abiertas no indican exactamente cuántas salidas se realizaron desde la base y cuántos aterrizajes se realizaron para repostar combustible, al menos no confiables. Es poco probable que se trate de información clasificada, sólo que lo más probable es que nadie haya recopilado los resúmenes de los datos.


San Carlos FOB

Así, la media diaria no llegará a 17,5. El día más caluroso para los Harriers fue el 20 de mayo de 1982, cuando todos los aviones de ambos portaaviones realizaron 31 misiones de combate. Y este es un registro de esa guerra.

Hay un número "defectuoso" de salidas que los buques de transporte vertical pudieron realizar. Y esto es lógico. Las cubiertas pequeñas, el espacio insuficiente para la reparación de aviones y la calidad de estos aviones condujeron a este resultado. En comparación con los portaaviones estadounidenses, que "dominaron" fácilmente más de cien salidas por día, y las salidas de aviones normales, cada uno de los cuales reemplazó a varios Harriers, los resultados de los británicos son simplemente nulos. Sólo la debilidad del enemigo que actuó contra ellos les dio la oportunidad de lograr algunos resultados significativos a costa de tales esfuerzos. Sin embargo, la mayoría de las fuentes indican que los Harriers tuvieron un buen desempeño. Vale la pena examinar también esta afirmación.

Harrier súper exitoso

Para entender por qué los Harriers actuaron como lo hicieron, es necesario comprender en qué condiciones, cómo y contra qué enemigo actuaron. Simplemente porque la clave del éxito de los Harriers está en el enemigo y no en sus cualidades.

El primer factor es que los argentinos NO LUCHARON COMBATES AÉREOS. El combate aéreo maniobrable requiere combustible, especialmente cuando se trata de maniobrar un avión ágil y requiere múltiples giros o cuando es necesario activar el postquemador.

Los pilotos argentinos nunca habían tenido una oportunidad así. Todas esas fuentes en ruso que describen algún tipo de "volcado" entre los pilotos argentinos y los "verticales" ingleses proporcionan información poco confiable.

La situación en el aire casi durante toda la guerra fue la siguiente. Los británicos designaron una zona encima de sus barcos, limitada en área y altitud, en la que todos los aviones eran considerados enemigos por defecto y sobre los que se abría fuego sin previo aviso. Se suponía que los Harriers volarían sobre esta "caja" y destruirían todo lo que entrara (esto sucedía raramente) o saliera (más a menudo). Dentro de esta misma zona, los barcos trabajaban contra los argentinos.

Los argentinos, al no tener combustible para luchar, simplemente volaron hacia esta "caja", se acercaron al objetivo, arrojaron todas las bombas e intentaron irse. Si los Harriers lograron atraparlos en la entrada o en la salida de la zona, entonces los británicos registraron una victoria para ellos. Los ataques argentinos se llevaron a cabo a altitudes de algunas decenas de metros, y los Harriers, a la salida de la zona, habiendo sido advertidos por los buques de superficie sobre el objetivo, atacaron a los argentinos en picado desde muchos kilómetros de altura. Es ingenuo pensar que con tal escenario de batalla era posible algún tipo de "vertederos", "técnicas de helicópteros" y otras ficciones, con las que el lector nacional ha sido alimentado durante muchos años. En realidad, las comprobaciones de fuentes inglesas hablan directamente de todo.

Eso es todo, no hubo más guerra aérea contra la flota británica. Sin varillas verticales ni otras fabricaciones de escritores nacionales. Era diferente: los británicos sabían el lugar y la hora adonde volarían los argentinos, y allí los esperaban para destruirlos. Y a veces los destruyeron. Y los argentinos simplemente podían esperar que el sistema de defensa antimisiles, una ráfaga de cañón o el Sidewinder no cayera sobre ellos esta vez. No tenían nada más.

Esto, por decirlo suavemente, no puede considerarse un éxito extraordinario, sino todo lo contrario. El número de barcos perdidos por los británicos no caracteriza las acciones de los Harriers, a las que, repetimos, nadie se opuso, desde el mejor lado.

Particularmente digna de mención es la capacidad de los argentinos para planificar operaciones militares. Por lo tanto, nunca lograron sincronizar a tiempo el impacto de varios grupos de aviones, por lo que ni siquiera diez aviones atacaron a los barcos británicos a la vez. Esto en sí mismo no podía conducir a otra cosa que a la derrota. Sincronizar las acciones de la aviación no es una tarea fácil, especialmente cuando se ataca en el radio máximo de combate.

Pero, por otro lado, nadie molestó a los argentinos, sobrevolaron libremente su territorio. Otro ejemplo es la mala inteligencia. Así, el desembarco británico se descubrió sólo después del hecho, cuando los soldados ya estaban en tierra. Esto es, francamente, asombroso. Los argentinos ni siquiera contaban con puestos de observación básicos formados por varios soldados con walkie-talkie. Incluso los mensajeros en motocicletas, jeeps o bicicletas, nada. Simplemente no siguieron la situación.

E incluso en tales condiciones, las características de rendimiento de los Harriers jugaron en su contra. Así, se dio el caso de un avión que se estrelló en el agua por agotamiento total del combustible. Dos veces los Harriers no pudieron llegar al portaaviones y fueron colocados en los muelles de desembarco de los barcos Interpid y Fearless para repostar.


Se suponía que iba a caer al mar, pero logró llegar al barco de desembarco. Los británicos tuvieron suerte dos veces, una vez que no había barcos de desembarco cerca. Nos fijamos en la carga de combate: este era el límite para actuar como interceptor.

El tiempo de la misión de combate del Harrier no podía exceder los 75 minutos, de los cuales 65 se gastaron volando desde el portaaviones al área de combate y viceversa, y solo quedaban diez para completar la misión de combate. Y esto a pesar de que ninguno de los Sea Harrier podía transportar más de dos misiles aire-aire; las otras dos unidades de suspensión debajo de las alas estaban ocupadas por tanques de lanzamiento, sin los cuales estos modestos indicadores no habrían sido posibles.

Para garantizar la expansión de estas modestas capacidades de combate, los británicos inmediatamente después del aterrizaje comenzaron la construcción del ya mencionado aeródromo terrestre para repostar aviones. Aquí también lograron mentir fuentes nacionales, difundiendo información de que este aeródromo temporal tenía una longitud de pista de 40 metros, mientras que en realidad la Base de Operaciones Avanzada de San Carlos tenía una pista de 260 metros de largo, de cuarenta el Harrier habría despegado solo sin carga. y se fue volando estaría cerca. Este punto de reabastecimiento de combustible hizo posible aumentar de alguna manera el radio de combate de los Harriers. Uno sólo puede sorprenderse de los pilotos británicos que supieron demostrar algo en estas condiciones.

Por cierto, si el enemigo tuviera al menos algún reconocimiento militar, las Daggers podrían haber penetrado en este aeródromo, al menos una vez.

Sin duda, los Harriers contribuyeron decisivamente a la victoria británica. Pero debemos entender que esto se debe en gran medida a una simple confluencia de factores, y nada más.

Pero la presencia de varias docenas de combatientes normales por parte de los británicos habría cambiado el curso de las hostilidades de una manera mucho más significativa, y no a favor de Argentina.

Muchos años después de la guerra, los británicos calcularon que, en promedio, un Sea Harrier realizaba 1,41 salidas por día y un Harrier GR.3, 0,9.

Por un lado, esto se parece mucho a cómo los estadounidenses vuelan desde sus portaaviones. Por otro lado, los estadounidenses, con decenas de vehículos completos en cada barco, pueden permitírselo.

Pero los pilotos navales británicos durante las crisis de Corea y Suez mostraron cifras completamente diferentes: entre 2,5 y 2,8 salidas por día. Los americanos, con sus cuatro catapultas en el barco, también pueden hacerlo si así lo desean. Si los Harriers, desde sus mazos pequeños y llenos de lágrimas, serían capaces de superar sus propios resultados es una pregunta abierta. Porque en ninguna guerra posterior demostraron siquiera esto.

Ya es hora de admitir un hecho simple: cualquier otro avión y cualquier otro portaaviones habría funcionado mucho mejor en las Malvinas que el que realmente se utilizó allí en el lado británico. Los británicos "se embarcaron" en una asombrosa mezcla de profesionalismo, coraje personal, perseverancia, debilidad del enemigo, las características geográficas del teatro de guerra y una suerte asombrosa. La ausencia de cualquiera de estos términos conduciría a la derrota de Gran Bretaña. Pero las características operativas de aviones y barcos no tienen nada que ver con esto. No en vano, el comandante de las fuerzas británicas, el vicealmirante Woodward, dudó de la victoria hasta el final: tenía motivos para dudar.


Los "Harriers" "saltaron sobre sus cabezas" en las Malvinas, pero esto no hace que el concepto de un avión de este tipo sea útil. En la foto: la cubierta del Hermes antes de partir a la guerra.

Así es como realmente hay que evaluar las acciones de los portaaviones y aviones ligeros británicos en esa guerra.

Ganaron a pesar de su tecnología militar, no gracias a ella.

Oh sí. Olvidamos algo. Los británicos tenían prisa por terminar antes de las tormentas en el Atlántico Sur. Y tenían razón.

El factor tormenta en relación con los portaaviones ligeros y pesados ​​merece un análisis aparte.