Todo falló, menos su valor: el último vuelo del piloto que murió tras regresar de una misión en Malvinas
El capitán de navío Zubizarreta partió hacia las islas el 23 de mayo de 1982 con su A-4Q Skyhawk. Sobre la flota, no pudo lanzar sus bombas por un desperfecto técnico. Cargado con los explosivos, casi sin combustible regresó al continente. aterrizó en ´la pista mojada y resbaladiza de Río Grande. Debía eyectarse, pero el mecanismo también falló. Los instantes finales de un héroe
El Capitán de Corbeta Carlos Maria Zubizarreta junto al piloto Teniente de Corbeta Gustavo Diaz (castrofox.blogspot)
El 23 de mayo, la guerra que se vivía en el cielo de las Malvinas,
a mil kilómetros por hora, a 480 millas del continente, llegaría a la
base de Río Grande. Tomaría otra dimensión, más cercana, más
brutal. Mostraría su cara en el asfalto húmedo, a la vista de todos.
Sucedió en el regreso de una misión que había conducido el jefe de la Tercera Escuadrilla Aeronaval de Caza y Ataque, el capitán Rodolfo Castro Fox, con los aviones A-4Q.
Castro Fox había sufrido un accidente nueve meses antes. La
tardía expulsión del asiento eyectable en una jornada de entrenamiento
en el portaviones 25 de Mayo hizo que cayera al mar con su avión desde
13 metros de altura y perdió el conocimiento tras el impacto contra el
agua. Lo trasladaron al hospital en helicóptero. Sufrió dos paros cardiorrespiratorios y la fractura de su brazo izquierdo.
No había vuelto a volar hasta abril de 1982, cuando se declaró la
guerra, pero estaba inhabilitado para realizar misiones de combate. Sin
embargo, Castro Fox informó a sus superiores que se sentía obligado a
desobedecer la prohibición: no podía mandar a sus pilotos al combate
aéreo si él no lo hacía. Su disminución física le impedía
operar el avión con normalidad. Un mecánico debía ayudarlo para abrir
y cerrar la cabina; tampoco podía accionar la palanca del tren de
aterrizaje con la mano izquierda, debía hacerlo cruzando el brazo
derecho.
Por su parte, al inicio de la guerra, el
estado de los aviones de la escuadrilla era desolador. Los A-4Q ya
habían excedido su vida útil, tenían las alas fisuradas, los cañones
registraban problemas técnicos para impactar sus proyectiles, y los
cohetes de los asientos eyectores estaban vencidos, con un margen de
seguridad limitado.Con el esfuerzo logístico del
personal de mantenimiento se reemplazaron alas y también se
incorporaron otros pilotos de otras unidades. La escuadrilla quedó
conformada por doce pilotos con ocho A-4Q preparados para atacar las
unidades de superficie del enemigo.
Castro
Fox había sufrido un grave accidente meses antes y dos infartos, sin
embargo informó a sus superiores que se sentía obligado a desobedecer
la prohibición: no podía mandar a sus pilotos al combate aéreo si él
no lo hacía (castrofox.blogspot)
El 23 de mayo, en su misión hacia Malvinas, a Castro Fox lo acompañaban el capitán Carlos Zubizarreta, el teniente Carlos Oliveira y el teniente Marcos Benítez.
El objetivo había sido el de todas las misiones: atacar las naves que encontraran en la bahía San Carlos y, si no encontraban nada, hacerlo sobre las instalaciones del puerto.
Partieron pasado el mediodía. Volaban juntos, en formación, para no perderse de vista. Pronto Oliveira tendría fallas en el traspaso de combustible y regresaría a la base. Cuando divisaron Gran Malvina, se elevaron por los cerros y luego bajaron, navegación rasante, pegados al agua. El capitán Pablo Carballo, que lideraba la misión de A-4B Skyhawk,
los había precedido en la incursión, dos minutos antes. Les
transmitió por radio la posición actualizada de las naves de
superficie y de los Sea Harrier. Carballo estaba en el vuelo de
regreso; su avión había recibido un misil en el ala derecha disparado
desde tierra y otro había pasado muy cerca de su cabina cuando
atravesaba Pradera del Ganso, para girar y volver a atacar. Pensó en
eyectarse, pero sentía que podía dominar el avión y confiaba en que
aterrizaría en Río Gallegos. Otro A-4B de su formación no había
lanzado, del otro no tenía novedades, y había perdido a un piloto, al primer teniente Luciano Guadagnini, que había descargado su bomba sobre la HMS Antelope, una fragata de tipo 21 que había sustituido a Ardent como muralla, dispuesta a atacar con sus cañones y a atajar todo lo que le arrojaran.
Un
proyectil lanzado desde la fragata impactó sobre el ala del A-4B de
Guadagnini, y ya estaba a punto de caer al agua, pero en un esfuerzo
soberbio el piloto giró e impactó sobre el mástil de Antelope. Su avión se desintegró y cayó al mar. (Después del cuarto intento frustrado por desactivarla, una de sus bombas explotaría en la sala de máquinas. Antelope quedaría envuelta en una bola de fuego, mientras los tripulantes abordaban un bote del Intrepid.
Cuando estaban a mil metros se produjo la explosión, que quedaría
registrada como una de las imágenes más dramáticas de la guerra por
las Malvinas. El casco de Antelope se partiría en dos y la nave se hundiría).
La HMS Antelope se hunde luego de haber sido atacada por los pilotos argentinos en el Estrecho de San Carlos (AP)
Este
era el reporte de Carballo sobre el estrecho San Carlos pasado el
mediodía del 23 de mayo. Antes de ingresar a la zona caliente, Castro
Fox puso su A-4Q a cien metros del agua y deseó suerte a sus numerales,
que venían detrás. La pasada aérea por el estrecho no tomaba más de
un minuto. El minuto decisivo. El sol brillaba, pero el cielo se veía negro por el humo de las explosiones y el fuego de los cañones.
Cuando
vio a su blanco, el Intrepid, en la boca de la bahía, también vio una
especie de luz que salía desde la proa y se dirigía hacia él. Era un misil. Giró rápido a la derecha y enfiló hacia la nave, descargó sus bombas y fue saliendo del estrecho en vuelo rasante,
moviendo su avión de un lado a otro para escapar hacia la base.
Detrás de él venían sus dos numerales, Benítez y Zubizarreta. Les habían tirado dos misiles desde tierra, que pasaron entre sus dos aviones, pero habían superado sin daños la barrera antiaérea. Benítez había descargado sus bombas sobre Antelope. Aunque no escuchó su explosión, había quedado alojada en la fragata. Zubizarreta no había podido lanzar por una falla en el sistema.
En su regreso, Castro Fox advirtió que se quedaba sin combustible;
los tanques externos no transferían en forma normal. Optó por un
perfil de vuelo diferenciado, a más de 12 mil metros de altura. No sabía si llegaría a aterrizar o se eyectaría en el mar. Lo iría evaluando. Les dijo a sus pilotos que no lo acompañaran: quería quedarse solo.
Zubizarreta y Benítez continuaron vuelo. En la base estaban contentos porque sabían que volvían los tres A-4Q de San Carlos.
Lo habían verificado con el radar en tierra. Los pilotos y mecánicos
de las escuadrillas los habían despedido y ahora estaban en la
plataforma del hangar para recibirlos, como se hacía siempre en cada
misión. El aterrizaje era inminente. En ese momento empezó a lloviznar, una garúa muy tenue, con un fuerte viento.
El capitán Roberto Curilovic, que tenía experiencia porque era señalero en portaviones de A-4Q, salió corriendo a la pista y ordenó que se armase el sistema de frenado. El A-4Q, sobre pista mojada y semihelada, corría el riesgo de hacer aquaplaning.
Tenía ruedas muy finas, para aterrizaje en portaviones, y con la alta
presión de inflado perdía adherencia y podía hacer deslizar al avión
sin control. Entonces, si el gancho de cola del avión lograba
enganchar el cable que atravesaba la pista y empezaba a arrastrarlo, el
propio cable le daba estabilidad y frenaba la carrera de la aeronave.
Pero no llegaron a armarlo a tiempo.
El avión de Zubizarreta regresaba casi sin combustible. No había podido lanzar las bombas; sobrevoló un barco y el eyector no funcionó.
Existe un sistema de emergencia que permite que se las tire inertes. El
lanzador y las bombas se arrojan sobre el mar y no explotan. Pero
Zubizarreta no las quiso tirar, no quiso perder el armamento; prefirió
regresar con las bombas a la base para preservarlas.
Tercera
Escuadrilla Aeronaval de Caza y Ataque, fotografiados el 20 de Mayo de
1982: Sylvester, Medici, Lecour, Oliveira, Carlos Zubizarreta, Olmedo,
Arca, Alberto Phillippi, Castro Fox, Rótolo, Benítez y Alejandro Diaz
Su
A-4Q aterrizó en la pista húmeda con viento cruzado, perdió el
control, empezó a viborear y se fue a un costado de la pista
delante de los pilotos y mecánicos, de todo el personal de la base. Se
fue detrás de un montículo y se incrustó sobre el barro. Al irse de pista con las bombas abajo, Zubizarreta debía eyectarse hacia arriba.
En
situaciones normales, el asiento sube a determinada altura, la capota
de la cabina se dispara y se abre. Y si no se dispara el asiento, tiene
clavijas que rompen la cabina. Pero el cartucho del asiento no lo despidió a la altura necesaria. No lo expulsó con suficiente energía. Había fallado el cohete del asiento; estaba vencido y se había prorrogado su uso.
Zubizarreta cayó al pavimento de la pista desde considerable altura sin el paracaídas desplegado. Las bombas no explotaron y solo quedó afectada la nariz del avión. A la semana el A-4Q estaba volando otra vez. Pero Zubizarreta falleció por el impacto pocas horas después.
Su féretro fue subido a un avión Fokker F-28 de la Armada. Una formación lo despidió con honores.
*
Marcelo Larraquy es periodista e historiador (UBA) Su último libro
publicado es “La Guerra Invisible. El último secreto de Malvinas”. Ed.
Sudamericana.
Ya sea
el águila en vuelo, la flor abierta del manzano, el caballo de tiro, el
cisne alegre, el roble ramificado, el arroyo serpenteante en su base,
las nubes errantes, sobre todo el sol que corre, la forma siempre sigue a
la función, y esta es la ley. Donde la función no cambia, la forma no
cambia.
Quienes
defienden la incorporación generalizada de un cañón de 30 milímetros a
la plataforma Stryker están a punto de ver su sueño hecho realidad. Casi
al anunciarse la actualización, surgió un debate entre partidarios y detractores
de una variante del Stryker con mayor armamento. Ahora, aunque esta
nueva variante ya se ha desplegado en las fuerzas estadounidenses en
Europa, y si bien la implementación de un sistema de armas más letal en
las formaciones Stryker puede ser útil, la adopción generalizada del
cañón de 30 milímetros como una solución mágica para aumentar la
letalidad y disuadir la agresión es una solución táctica a un problema
estratégico.
Como
Louis Sullivan afirmó célebremente en su ensayo de 1896 sobre la
arquitectura de los edificios de oficinas, «la forma siempre sigue a la
función, y esta es la ley». Esta afirmación es particularmente aplicable
al ICVD (Vehículo de Transporte de Infantería - Dragoon, nombre dado a
la variante Stryker con armamento mejorado). Al analizar los argumentos a
favor del ICVD, se repiten constantemente un par de «funciones» clave
para justificar su «forma». La primera se relaciona con el uso extensivo
por parte de Rusia de sistemas motorizados y de orugas más letales,
como las series BTR, BMP y tanques. En este caso, o bien un equipo de
combate de brigada Stryker (SBCT) solitario se enfrenta a las hordas
blindadas rusas y, por lo tanto, requiere cañones de 30 milímetros para
equilibrar la balanza, o bien el SBCT se asocia con uno o varios equipos
de combate de brigada blindados en un ataque combinado que se enfrenta a
una amenaza combinada blindada y motorizada. Sin embargo, este
argumento presupone dos suposiciones falsas: una, que Rusia librará una
guerra de agresión que cumpla o supere nuestro umbral (o el de la OTAN)
para una intervención letal, una posibilidad que ni los conflictos
recientes ni la doctrina de defensa nacional
de Rusia sugieren firmemente. Y dos, que en el caso de una guerra con
Estados Unidos (que inherentemente incluiría a la mayoría, si no a
todos, los demás países de la OTAN), Rusia no
lo consideraría una amenaza existencial y, por lo tanto, no usaría
armas nucleares, otra suposición para la cual lo opuesto es cierto, con
base en la doctrina militar publicada de Rusia . De hecho, como afirma el Concepto Operativo del Ejército de EE. UU
., Rusia está llevando a cabo operaciones "no lineales" "por debajo del
umbral que provocaría una respuesta concertada de la Organización del
Tratado del Atlántico Norte". Tomemos las acciones rusas en Siria
, donde Rusia continúa operando en apoyo de Bashar al-Assad, pero por
debajo de un nivel que requiere una respuesta directa estadounidense o
aliada. Lo mismo puede decirse del apoyo de Rusia a los talibanes en Afganistán. Además, la doctrina militar rusa más reciente, de
2014, es de naturaleza defensiva y enfatiza "una reducción general de
la probabilidad de un conflicto a gran escala que involucre a Rusia".
También reafirma la disposición de Rusia a usar armas nucleares
"en caso de agresión contra Rusia o sus aliados, o en caso de 'amenaza a
la existencia misma del Estado'". Una acción ofensiva concertada de la
OTAN con Estados Unidos sin duda se consideraría una amenaza
existencial, no solo por la acción en sí, sino también por la posesión
de ojivas nucleares por parte de las partes involucradas. Con base en
este análisis, la probabilidad de emplear el ICVD y su cañón de 30
milímetros contra la misma amenaza que se pretende combatir parece, en
el mejor de los casos, improbable.
Los defensores de mejorar el armamento de la plataforma Stryker también argumentan que es importante como elemento de disuasión convencional
, creyendo que "enviará una señal de que vamos a proteger a nuestros
aliados pero no a provocar a los rusos". El hecho de que un cañón de 30
milímetros "pueda destruir cualquier cosa que no sea un tanque pesado, e
incluso causar daños considerables a estos" no significa que el SBCT
armado con ellos pueda detener un ataque ruso en Europa central y
occidental. En 2016, la Corporación RAND publicó un resumen de un juego de guerra
cuyas principales conclusiones fueron que, con la actual postura de
fuerza en Europa, Rusia tardaría sesenta horas en llegar a las afueras
de Tallin y Riga, y que una "fuerza mínima de unas siete brigadas,
incluidas tres brigadas blindadas pesadas —apoyadas adecuadamente por el
poder aéreo, el fuego terrestre y otros elementos facilitadores sobre
el terreno y listas para luchar al inicio de las hostilidades— podría
evitar tal resultado". En esencia, la victoria táctica de los cañones de
30 milímetros contra oponentes monovehículo en el supuesto campo de
batalla de Europa Central no disuadiría ni impediría significativamente
que una Rusia comprometida persiguiera sus objetivos iniciales de
invasión. Requeriría, como mínimo, una reestructuración estratégica del
despliegue de los ABCT en todo el Ejército, algo que requerirá mucha más
reflexión y una inversión considerable de tiempo.
A
modo de argumento, existen otros dos probables entornos operativos que
desmienten las afirmaciones sobre la urgente necesidad del ICVD. El
primero se encuentra en la región del Pacífico, específicamente contra
Corea del Norte, otra amenaza importante identificada en el Concepto
Operativo del Ejército. Sin embargo, las contingencias para combatir en
Corea no deberían incluir el ICVD. De hecho, para ese entorno, los
planes no deberían depender de ninguna plataforma montada. El terreno
del litoral del Pacífico, y Corea en particular, es inhóspito para las
formaciones blindadas y motorizadas. En cambio, se ha demostrado que la infantería ligera
domina su dinámico y complejo terreno. El segundo entorno se centra en
una amenaza híbrida centrada en Oriente Medio. El Concepto Operativo del
Ejército anticipa amenazas híbridas en el futuro. Esto se sustenta en
un documento escrito por el mayor Michael Kim para el Instituto de Guerra Terrestre
. En él, Kim examina la experiencia de las Fuerzas de Defensa de Israel
en la lucha contra la amenaza híbrida planteada por Hamás durante la
Operación Margen Protector en 2014. Sus hallazgos concluyen que la mayor
amenaza de las fuerzas híbridas armadas con armas antitanque de
generación actual y tácticas evolucionadas en entornos urbanos y sus
alrededores se contrarresta mejor mediante el uso de infantería ligera
con el apoyo de tanques pesados armados con sistemas de protección
activa. Cita específicamente a un oficial israelí que comentó que "los
Strykers y los MRAP [vehículos protegidos contra emboscadas resistentes a
minas] no [resistirán] un ATGM mediano-pesado". En cambio, Kim señala
que debería ser "el papel del tanque M1 Abrams ... proporcionar una
plataforma de potencia de fuego de precisión móvil y con capacidad de
supervivencia para ejecutar operaciones efectivas de armas combinadas
contra una sofisticada amenaza híbrida con capacidades ATGM". En otras
palabras, la plataforma Stryker, con o sin una actualización de 30
milímetros, no logra la función exigida a las plataformas móviles en
nuestros futuros conflictos híbridos. Kim enfatiza que una prioridad
absoluta para el Ejército debería ser, en cambio, la adopción de un
sistema de protección blindada activa para todas sus plataformas
montadas. Esta recomendación se ajusta mucho más al uso eficaz del
Stryker y mejoraría su capacidad para proporcionar supervivencia a su
verdadera fuerza de combate: el escuadrón de infantería que viaja en su
interior.
Dados estos argumentos, y el hecho de que
«los enemigos potenciales usarán el engaño, la sorpresa, la velocidad y
todos los elementos del poder nacional para explotar las fisuras en los
métodos operativos estadounidenses establecidos», ¿qué «forma» debería
adoptar nuestra respuesta? Creo que la respuesta reside en el Concepto
Operativo del Ejército y la nueva doctrina emergente de la Batalla
Multidominio. El Concepto Operativo del Ejército establece:
El
Ejército, como parte de equipos conjuntos, interorganizacionales y
multinacionales, protege el territorio nacional y participa
regionalmente para prevenir conflictos, configurar entornos de seguridad
y crear múltiples opciones para responder y resolver crisis. Cuando es
necesario, los equipos de armas combinadas con capacidad de respuesta
global maniobran desde múltiples ubicaciones y dominios para presentar
múltiples dilemas al enemigo, limitar sus opciones, evitar sus
fortalezas y atacar sus debilidades.
De manera similar, el Libro Blanco conjunto del Ejército y la Infantería de Marina sobre el Combate Multidominio
afirma: «Para generar y explotar ventajas psicológicas, tecnológicas,
temporales y espaciales sobre un adversario, las fuerzas de combate
terrestre deben superar física y cognitivamente a los enemigos...
mediante el empleo holístico del reconocimiento, el movimiento, los
fuegos y la información para evitar superficies, identificar brechas y
crear y explotar ventanas de ventaja». En conjunto, estos documentos
aclaran por qué la prioridad para las fuerzas del Ejército debe ser la
aplicación fundamental del poder de combate integrado en todas las
naciones, servicios y dominios para lograr la letalidad mediante la
sorpresa, la precisión y la simultaneidad.
Un
arma más potente para la familia Stryker no es la solución a los
conflictos futuros contra ninguna de las principales amenazas descritas
por nuestros altos mandos del Ejército. En todo caso, la implementación
masiva del ICVD de 30 milímetros restará importancia al enfoque
necesario para que la escuadra que porta el Stryker sea el centro de
atención del entrenamiento. El tiempo, o la falta de él, es el recurso
más limitado del Ejército hoy en día. El ritmo de las operaciones,
sumado a los requisitos administrativos y de preparación del SBCT
típico, implica que la ejecución del fuego necesario para emplear el
ICVD de forma eficaz y segura restará importancia al entrenamiento
específico necesario para preparar a soldados de infantería letales.
Esto no implica que no se les dé el crédito que merecen a nuestros
comandantes de compañía y batallón, sino una evaluación honesta de la
realidad. Sin embargo, si la letalidad táctica sigue considerándose un
problema para el SBCT debido al potencial de enfrentamientos fortuitos,
hay tres puntos que deben considerarse.
En
primer lugar, el Ejército ya está abordando la necesidad de mejorar la
capacidad antiblindaje del Stryker con el CROWS-J. Debería continuar con
esta actualización en lugar del ICVD. El CROWS-J simplemente
reemplazará la estación de armas remota actual en los vehículos
identificados y estará equipado con kits de integración Javelin y
láseres STORM. Este sistema debería proporcionar mayor letalidad contra
las amenazas blindadas en toda la formación SBCT.
En
segundo lugar, si se considera necesario un cañón de mayor capacidad
para anular vehículos para reemplazar o aumentar la capacidad del
sistema de cañones móviles del SBCT, el Ejército debería simplemente
adoptar el LAV III utilizado por el Cuerpo de Marines de los EE. UU. e
integrarlo en un pelotón de apoyo de infantería. Al integrarlo en un
pelotón de apoyo de infantería, en lugar de reemplazar a los vehículos
Stryker en compañías Stryker, los comandantes pueden aumentar las
fuerzas según los requisitos de la misión y divergir y combinar el
entrenamiento cuando las puertas se alinean, de forma similar a la
integración del sistema de cañones móviles. Además, el cañón de 25
milímetros del LAV III es un arma probada que ya utiliza el Ejército en
vehículos de combate Bradley en formaciones blindadas y de infantería
mecanizada. Esto proporciona un mayor nivel de interoperabilidad con
piezas y municiones. Los defensores del ICVD podrían argumentar que el
uso de un LAV III niega la compatibilidad de piezas inherente al
mantenimiento de la plataforma Stryker. Sin embargo, para soportar su
carga, el ICVD
requiere un motor, una suspensión, unos neumáticos y un alternador
diferentes, e incluso añade una red de a bordo. En esencia, se trata de
un vehículo completamente distinto con un chasis Stryker despiezado, lo
que requerirá el desarrollo de nuevos cursos de mecánica y un sistema de
pedido de piezas completamente diferente. En cambio, ya existen cursos
de mecánica para el LAV III, las piezas ya están en el sistema de
suministro y tanto el calibre de 25 milímetros como el LAV III se
conocen bien. Por lo tanto, la curva de formación y los requisitos
logísticos para mantenerlo serían menores o simplemente iguales a los
del ICVD, y este ya existe.
Finalmente,
si el ICVD realmente cumple una función urgente y necesaria, es
necesario comprender y definir plenamente sus necesidades de personal y
su fundamento antes de implementarlo en la fuerza Stryker en general. Si
bien su función permanente como parte de una compañía de infantería
Stryker es cuestionable, existe una necesidad imperiosa de mejorar o
reemplazar el vehículo de reconocimiento en la formación Stryker. Esta
variante es la menos capaz de la familia de vehículos Stryker y
pertenece a la única organización encargada constantemente de "luchar
por la información". En una "cumbre de líderes Stryker" celebrada en
febrero de 2017, el 1-4 SBCT "Raider" identificó que la fuerza de
reconocimiento, que opera a 50-60 kilómetros por delante del cuerpo
principal, se encuentra en desventaja significativa ante una amenaza
blindada. Esta sería la forma más probable de que se produjera un
enfrentamiento independiente entre Strykers y blindados enemigos, como
un encuentro fortuito, y quizás sea el mejor argumento para una mejora
en la letalidad de la plataforma, aunque limitada al elemento de
reconocimiento.
En
conclusión, el Ejército está considerando la adopción del ICVD de 30
milímetros basándose en una interpretación errónea de su función en la
doctrina Stryker actual y la guerra futura. El teatro de operaciones
europeo, que inició la solicitud, no corre el riesgo de una batalla
blindada a gran escala. La doctrina militar rusa y sus acciones
recientes indican que no pretende participar en una gran guerra
convencional, sino que actuará por debajo del umbral de respuesta letal.
Además, si Rusia actuara precipitadamente, necesitaría ABCT para
detener cualquier ofensiva blindada pesada. La adopción del cañón de 30
milímetros también debe considerarse en el contexto de otros conflictos y
entornos operativos. No tiene cabida en el Pacífico, un importante
teatro de operaciones dominado por un terreno complejo que exige
infantería desmontada. Y contra amenazas híbridas, armadas con ATGM
modernos, se necesitan vehículos más pesados como el M1 Abrams, junto
con sistemas de protección activa. Existe la posibilidad de una mejora
en la letalidad del Stryker, pero esta recae en el CROWS-J para la
mayoría de las compañías de infantería Stryker, considerando un cañón
más grande para las fuerzas de reconocimiento que deben luchar por
información. Sin embargo, cualquier nueva plataforma introducida en el
SBCT debe realizarse con lentitud y considerando cuidadosamente la base
del problema para garantizar que la forma se ajuste a la función. La
integración o recreación de pelotones de apoyo de infantería puede ser
la respuesta adecuada para brindar la mayor flexibilidad a los
comandantes, a la vez que se protegen los requisitos de entrenamiento y
el enfoque. En cualquier caso, es evidente que la solución táctica de un
cañón de 30 milímetros no es una fórmula mágica. Los conflictos del
futuro se ganarán mediante la compleja integración de armas
multilaterales, combinadas, servicios conjuntos y facilitadores en
múltiples dominios, para tomar la iniciativa y atacar y derrotar al
enemigo en el momento y lugar menos esperados.
La invasión italiana de Grecia en octubre de 1940 fue uno de los mayores desastres de Mussolini durante la guerra. Un ejército italiano insuficiente se adentró en las montañas del noroeste de Grecia, donde fue derrotado y repelido a Albania, para ser rescatado por la invasión alemana de Grecia al año siguiente. La percepción común de esta campaña es la de un enorme ejército italiano repelido por las valientes y superadas en número de fuerzas griegas. Valientes fueron, sin duda; sin embargo, como demostraré, las fuerzas enemigas estaban bastante equilibradas.
La campaña ofrece una alternativa interesante a los habituales enfrentamientos blindados de la Segunda Guerra Mundial. El terreno accidentado y las fuerzas limitadas pueden reproducirse eficazmente en la simulación, e incluso la campaña estratégica puede amenizarse con algunos escenarios históricos hipotéticos.
El camino a la guerra
La guerra con Grecia en 1940 distaba mucho de ser inevitable. Si bien el rey Jorge y sectores de la élite política griega tenían tendencias anglófilas, Grecia estaba liderada por el general Metaxas, un dictador que tenía mucho más en común con los líderes del Eje que con las democracias occidentales. Fue la política de Mussolini y su camarilla proalbanesa, que incluía al ministro de Asuntos Exteriores, el conde Ciano, a Jacomoni, gobernador general de Albania, y al comandante general, Visconti Prasca, la que llevó a Italia a la guerra con Grecia.
Los planes estratégicos de Hitler exigían la calma en los Balcanes. En el verano de 1940, las tropas alemanas habían asegurado los yacimientos petrolíferos rumanos, Bulgaria era proalemana y el príncipe regente yugoslavo apoyaba al Eje. Incluso la neutralidad turca se estaba viendo socavada. Sin embargo, se había acordado que los Balcanes estarían en la esfera de interés de Mussolini, y el dictador italiano estaba celoso del éxito de Hitler. Las complejas maniobras diplomáticas y las maquinaciones políticas de los líderes italianos escapan al alcance de este artículo. Sin embargo, en última instancia, fue Mussolini quien autorizó la invasión, sin avisar a su aliado Hitler hasta después de que esta hubiera comenzado.
Los planes de guerra
El plan italiano original (conocido como Contingencia G) consistía en una expansión territorial limitada en la región del Epiro, para la cual las nueve divisiones italianas en Albania se consideraban suficientes. Sin embargo, en una segunda fase, esto se amplió a la ocupación total de Grecia en una reunión celebrada tan solo dos semanas antes de la invasión, en la que ni siquiera estuvieron presentes los jefes de la Armada y la Fuerza Aérea. El Jefe del Estado Mayor, el mariscal Badoglio, quien previamente había mostrado sus tímidas objeciones a la guerra, argumentó que se necesitarían 20 divisiones. Visconti Prasca solicitó solo tres divisiones de montaña adicionales y algunas unidades de apoyo. Incluso estas debían incorporarse una vez alcanzados los objetivos iniciales. Sus motivos para rechazar refuerzos solo son objeto de especulación. Sin embargo, el hecho de que un general de mayor rango pudiera comandar un ejército mayor probablemente influyó en su razonamiento.
Para que un ejército tan modesto tuviera éxito, se requerían varios factores favorables, entre ellos: sorpresa estratégica y táctica; una invasión de apoyo por parte de las fuerzas búlgaras; ataques de distracción en el continente, mal defendido; apoyo aéreo masivo; y traición por parte de las fuerzas armadas griegas.
Desafortunadamente para los italianos, los griegos conocían la fecha aproximada de la invasión y el rey Boris de Bulgaria declinó la invitación de Mussolini a participar. Esto significaba que el ejército griego estaba bien establecido en la zona de invasión, con la posibilidad de redistribuir refuerzos cuando la neutralidad búlgara se hiciera evidente. No se planearon ataques de distracción (incluso los ataques a las islas se cancelaron en el último momento) y una ofensiva invernal, sumada a una planificación aérea insignificante, minimizó el valor de la superioridad aérea italiana. A pesar de las opiniones optimistas expresadas por los comandantes en Albania y la sustancial inversión en sobornos, no había indicios de que las fuerzas griegas se derrumbaran debido a la disidencia interna.
El plan operativo griego era muy simple. Consistía en dos líneas que aprovechaban las características defensivas naturales de los ríos y las cordilleras. En Epiro, el ejército debía seguir el principio de defensa elástica para evitar pérdidas importantes. En Macedonia, la primera línea debía utilizarse como plataforma para una ofensiva sobre la meseta de Koritsa.
Orden de Batalla
Existen fuentes contradictorias sobre el orden de batalla preciso para esta campaña, y ambos bandos tenían razones sólidas, aunque diferentes, para exagerar el tamaño de las fuerzas italianas. Los griegos, para exagerar la magnitud de su victoria, y Prasca, para encubrir su imprudencia.
Ejército Italiano (Comandante en Jefe Visconti Prasca)
División Julia Alpini (Frente Pindo): 10.800 hombres y 20 cañones
Grupo Litoral (costa): 4.823 hombres y 32 cañones
División de Infantería de Arezzo (Frente Yugoslavo): 12.000 hombres y 32 cañones
División de Infantería de Venecia (Marchando desde el frente yugoslavo hacia el XXVI Cuerpo): 10.000 hombres y 40 cañones
Cuerpo de Tsamouria (General Carlo Rossi) (Frente Epiro)
División de Infantería de Ferrara:
12 785 hombres y 60 cañones + 3500 albaneses
División de Infantería de Siena: 9200 hombres y 50 cañones
División Blindada Centauro: 4037 hombres y 24 cañones + 163 tanques ligeros (90 en servicio)
XXVI Cuerpo (General Gabriele Nasci) (Frente de Macedonia)
División de Infantería de Parma: 12 000 hombres y 60 cañones
División de Infantería de Piamonte: 9300 hombres y 32 cañones
El Cuerpo Italiano se formó tan solo cuatro días antes de la invasión.
Ejército Griego (Comandante en Jefe, General Papagos)
Frente del Epiro: 8.ª División + Brigada de Inf.: 15 batallones y 66 cañones
Frente del Pindo: 3 batallones reforzados y 6 cañones
Frente de Macedonia: 9.ª División + Brigada de Inf.: 4.ª División – 22 batallones y 90 cañones
La segunda línea griega contaba con siete batallones adicionales en posición.
La organización divisional italiana estándar en 1940 consistía en 2 regimientos (3 batallones), generalmente con dos batallones de Camisas Negras adjuntos. Las divisiones griegas contaban con 3 regimientos (3 batallones). El apoyo de artillería era similar, con 9 baterías. Los italianos contaban con mejor suministro de morteros ligeros y los griegos contaban con más ametralladoras. Tanto las divisiones italianas como las griegas contaban con un limitado suministro de artillería antiaérea y antitanque. Los servicios de abastecimiento eran deficientes en ambos bandos, aunque esto era más vital para los italianos, que solo contaban con 107 camiones en Albania de unas necesidades estimadas de 1750.
En el aire, la Fuerza Aérea Italiana en Albania contaba con 55 bombarderos y 107 cazas (más de la mitad CR42 y CR32). También contaban con el apoyo de Brindisi, compuesto por 119 bombarderos, 20 JU87 y 54 cazas. La pequeña fuerza aérea griega contaba con tan solo 27 bombarderos y 38 cazas operativos. Sin embargo, la cooperación aeroterrestre italiana era insignificante, ya que el comandante aéreo de Albania, el general Ranza, se encontraba en Tirana, a muchos kilómetros del cuartel general del ejército. Los escuadrones de apoyo en Italia ni siquiera mantenían contacto telefónico.
Si bien es difícil establecer comparaciones exactas, incluso la historia oficial griega reconocía la superioridad local en el frente macedonio. Existía una modesta superioridad italiana en los frentes del Pindo y el Epiro. La principal ventaja en estos frentes residía en los tanques y la aviación, ninguno de los cuales podía utilizarse con gran eficacia. Esto significaba que, lejos de la ventaja de dos a uno que Visconte Prasca creía tener, las fuerzas enemigas estaban bastante equilibradas, con unos 150.000 griegos frente a 162.000 italianos. Esto, incluso antes de considerar la moral, el abastecimiento y la organización.
La Campaña
La ofensiva italiana se lanzó el 28 de octubre bajo una lluvia torrencial que privó al ejército de cobertura aérea. El grupo Litoral avanzaba lentamente por la costa mientras el Cuerpo Tsamouria avanzaba a través de las montañas hacia Kalpaki. A su izquierda, la División Julia Alpini se dividió en dos grupos de batalla por regimientos, uno a cada lado del monte Smolikas, con el objetivo de tomar el paso de Metsovon. En Macedonia, el XXVI Cuerpo (principalmente la División Parma) se encontraba disperso en posiciones defensivas.
La rápida crecida de los ríos y los caminos de barro resultaron en un lento avance, con las fuerzas de protección griegas replegándose a posiciones preparadas. A pesar de las dificultades, los Lanceros de Aosta del Grupo Litoral lograron una cabeza de puente sobre el río Kalamas. El Cuerpo Tsamouria avanzó lentamente por lo que eran poco más que caminos de montaña, con los tanques del Centauro simplemente atascados en el barro, donde tuvieron que ser abandonados. La División Julia, en el centro, comenzó a crear una cuña en la posición griega a pesar de las condiciones, y Papagos respondió con ataques de infiltración que prácticamente rodearon a los italianos. Los refuerzos de los Bersaglieri ayudaron a liberar a la División solo después de sufrir grandes pérdidas.
El 6 de noviembre, el mando italiano se reorganizó en dos ejércitos:
9.º Ejército
Divisiones de Piamonte, Arezzo, Parma y Venecia en Macedonia Occidental.
Divisiones de Julia y Bari (desviadas del ataque cancelado a Corfú) en el río Pindo.
División Tridentia Alpini en reserva.
11.º Ejército
Divisiones de Ferrara, Centauro y Siena
Se reforzarían con cuatro divisiones en preparación para una ofensiva después del 5 de diciembre.
El general Soddu reemplazó posteriormente al visconte Prasca.
Con la ofensiva italiana estancada, Papagos trasladó las divisiones 10.ª y 15.ª al frente macedonio para unirse a la 9.ª División (III Cuerpo). Los italianos se habían atrincherado en el río Devoli, de espaldas al macizo del Morava. La 15.ª División, en el norte, realizó avances espectaculares en las gélidas condiciones del Monte Iván, mientras que las Divisiones 9.ª y 10.ª hicieron retroceder a los italianos desde las montañas, dejando expuesta la ciudad clave de Koritsa, en el valle, que fue abandonada el 21 de noviembre.
Los refuerzos italianos se incorporaron a la línea poco a poco, a menudo sin armas de apoyo y en una estructura de mando caótica. La pérdida de Koritisa y Erseke expuso el flanco izquierdo del 11.º Ejército en la costa, que se vio obligado a retirarse profundamente hacia Albania mientras era vigorosamente contraatacado por nuevas divisiones griegas. Para el 10 de enero, el cruce de Klisura había sido capturado y las unidades italianas solo lograron estabilizar la línea al sur del puerto de Vlone. Incluso esto se debió más al alargamiento de las líneas de suministro griegas que a la efectiva resistencia italiana. El mariscal Cavallero reemplazó al general Soddu.
La estrategia griega consistía ahora en capturar Vlone y luego estabilizar la línea para poder redesplegar las divisiones al frente búlgaro. La probabilidad de una invasión alemana era cada vez más evidente. El asalto, apoyado por escuadrones de la RAF, avanzó un poco, pero se detuvo por el mal tiempo.
Los italianos volvieron a reforzar hasta un total de 28 divisiones (4 alpinas, 1 blindada y 23 de infantería), con un total de 526.000 hombres. El 9 de marzo, su ofensiva de primavera utilizó siete divisiones en un ataque limitado entre el río Vijose y el monte Tommorit. Las 14 divisiones griegas que defendían el frente albanés cedieron terreno hasta que el ataque se suspendió el 19 de marzo tras numerosas bajas en ambos bandos. Esta posición se mantuvo hasta abril, cuando la invasión alemana de los Balcanes avanzó a través del río Pindo y capturó Ioánina, sellando así la permanencia del ejército griego en Albania.
¿Y si...?
Además de la campaña en Albania, existen varias hipótesis interesantes, entre ellas:
Una invasión búlgara junto con la ofensiva italiana de octubre o posteriormente. El rey Boris probablemente habría estado de acuerdo si Mussolini hubiera realizado una aproximación anterior con el respaldo de Hitler.
Un ataque turco contra Bulgaria o Grecia. La neutralidad turca osciló entre ambos bandos durante esta etapa de la guerra. (Véase Frank Weber, The Evasive Neutral, Missouri Press, 1979)
La participación de Yugoslavia en ambos bandos.
La llegada anticipada de la Fuerza Wilson (dos divisiones de la Commonwealth y una brigada de tanques). Los griegos, temerosos de provocar a Hitler, rechazaron esta oferta.
Tropas aéreas y terrestres alemanas en Albania. Se planeó enviar una división de montaña en enero de 1941. Otro apoyo podría haber incluido paracaidistas y apoyo aéreo adicional.
Además de lo anterior, sería interesante ver si la invasión de 20 divisiones del Estado Mayor italiano habría tenido más éxito.
Conclusión
Como lo expresó Mario Cervi en su excelente relato de la guerra: «En la campaña griega, las tropas italianas fueron, sin lugar a dudas, las peor dirigidas del mundo. Merecían algo mejor de su país».
Al mando del "Simpson", el capitán de navío (r) Rubén Scheihing tuvo en 1978 la misión más difícil de su carrera: impedir por las armas la invasión argentina.
Estaba autorizado para romper las hostilidades
Al mando del "Simpson", el capitán de navío (r) Rubén Scheihing tuvo en 1978 la misión más difícil de su carrera: impedir por las armas la invasión argentina. Para ello debió enfrentar múltiples desventajas y el peso de una tarea en la que no tenía margen de error. Hace exactamente 30 años, 81 chilenos aguardaban el inicio de la guerra metidos en un viejo tubo de hierro. La tripulación del submarino "Simpson" tenía una orden perentoria del almirante José Toribio Merino: impedir por las armas cualquier intento de desembarco argentino en las islas del Beagle. De máximo riesgo, la misión encerraba además dos problemas que la hacían casi suicida: el "Simpson" era un sumergible veterano de la II Guerra Mundial que difícilmente escaparía del contraataque enemigo; y tendría que enfrentar la hora "H", el inicio del ataque trasandino, en solitario. Este adverso escenario convirtió la extenuante patrulla de guerra del "Simpson" -duró casi 70 días- en uno de los capítulos más desconocidos de la tensión que a fines de 1978 estuvo a punto de enfrentar a Chile y Argentina. Treinta años después, el comandante de esa nave, el capitán de navío (r) Rubén Scheihing, revela los secretos de una misión en la que, reconoce, "envejecí algunos años".
Solo y sin snorkel
A comienzos de 1978, la Armada tenía cuatro submarinos, pero sólo tres disponibles. El "Thomson", gemelo del "Simpson", estaba desguazado, y los recién llegados "Hyatt" y "O'Brien" eran de los más modernos de la región. La Flota de Mar (Flomar) de Argentina también tenía cuatro submarinos, pero todos operativos: dos estadounidenses de la II Guerra Mundial ("Santa Fe" y "Santiago del Estero") y dos 209 alemanes ("San Luis" y "Salta") recién comprados. A fines de año, la ventaja argentina pasó de leve a mayúscula. El "O'Brien" entró a dique para mantención y al "Hyatt" le falló un motor. Tuvo que regresar a Talcahuano. La noticia caló hondo en el "Simpson". Durante todo el año, y a medida que las negociaciones diplomáticas con Argentina se empantanaban, la tripulación había entrenado intensamente para repeler una eventual invasión. Ahora tendrían que hacerlo solos. Y ése no era el único factor en contra. Por su antigüedad, la nave carecía de snorkel, una especie de tubo de escape retráctil que le permite navegar a 20 metros bajo la superficie usando sus motores diésel. Éstos, a su vez, recargan las baterías eléctricas, que son las que pueden llevarlo a silenciosos descensos de hasta 600 pies de profundidad. Sin snorkel, el "Simpson" estaba obligado a emerger por períodos de hasta ocho horas para recargar baterías, haciéndose detectable para los radares o aviones enemigos. En la práctica, el buque no podía sumergirse más de 24 horas, y a escasos cinco nudos por hora. Si había que evadir un ataque, las baterías se agotarían antes. Scheihing recuerda que otra desventaja era el armamento. La "Enmienda Kennedy" había dejado a los submarinos chilenos con antiguos torpedos a vapor MK 14 y MK 27. Los argentinos tenían eléctricos MK 37, de más alcance y confiabilidad. "No había otra cosa. Si había que tirarles piedras, se les tiraban", explica. Por eso, cuando recibió la orden de Merino, tomó el sistema de comunicación interna, leyó el mensaje a sus hombres y los arengó: "¡Esto significa que estamos viviendo, a partir de este instante, una situación de guerra con Argentina. Como todos sabemos, es posible que nos hundan, pero me comprometo con ustedes a que antes que eso suceda, a lo menos, nos llevaremos a dos de ellos!". Tras un momento de silencio, detalla el comandante, "se escuchó como un rugido en todo el submarino: '¡Viva Chile, m...!'". Más rotos, más patriotas. Pero si atacaba por error, este oficial dejaría a Chile como país agresor y en una compleja perspectiva de cara a una negociación de paz.
"Fue una situación de guerra (...) Yo estaba autorizado para romper las hostilidades. ¡Imagínese! Era el primer contacto. La responsabilidad era tremenda. Primero, porque rompería las hostilidades, y segundo, porque pondría en jaque la seguridad del submarino, que es lo de menos cuando se trata de hundir al resto", explica.
¿Disparó el "Simpson"?
Ricardo Burzaco, experto argentino en el tema, publicó recientemente una investigación sobre las operaciones submarinas transandinas de 1978 en la revista Defensa y Seguridad. Allí sostiene que el "Simpson" fue descubierto dos veces por sumergibles argentinos. Primero por el "Santiago del Estero", que lo encontró cargando baterías en la superficie, y luego por el "Salta", justo antes de la hora "H", que también lo divisó a nivel del mar. La máxima tensión reinante llevó a que el capitán argentino ordenara preparar torpedos. Como no estaban en aguas argentinas, agrega Burzaco, el comandante argentino dudó en atacar. En ese momento el oficial sonarista lanzó una alarma de torpedo enemigo, por lo que ordenó una maniobra evasiva. Luego, el rumor de un supuesto proyectil chileno se desvaneció. Tajante, Scheihing niega esta versión y asegura que el "Simpson" nunca tuvo contacto con adversarios. "No hubo lanzamiento. Nunca disparamos nada. Estábamos listos, pero le garantizo que no (disparamos)", sostiene. Hacia el final de la patrulla, la tripulación del "Simpson" ya sentía el rigor de la tensión bélica. Los víveres eran escasos, no quedaban alimentos frescos y el aire dentro del submarino era pesado, mezcla de aceite y gases. Sólo podían bañarse -si limpiarse el cuerpo con una esponja mojada puede considerarse un baño- cada tres días. Sólo querían que el conflicto se zanjara de una vez, por las armas o por la paz. La providencial conjunción de una tormenta con olas de hasta 15 metros, que retrasó la operación "Soberanía", y la mediación del Papa Juan Pablo II, sin embargo, terminarían por impedir el enfrentamiento. El "Simpson" pudo volver a su base.
El temporal que dilató la "Operación Soberanía"
"Nunca había visto un tiempo tan malo, estaba pésimo. Estaba tan malo que no había posibilidad de operaciones aéreas ni anfibias. De no haber mediado las condiciones de tiempo, y si los argentinos hubiesen cumplido el plan 'Soberanía', esto no se habría podido parar", concluye el vicealmirante (r) Hernán Rivera. El "Prat", primer objetivo argentino Si el "Simpson" abría fuego contra una invasión argentina, enseguida sería el turno del crucero "Prat", buque insignia de la Escuadra que debía disparar su artillería contra la flota de desembarco adversaria. A bordo estaba el ahora vicealmirante (r) Hernán Rivera, por entonces jefe del estado mayor de la Escuadra. Por su naturaleza, el "Prat" probablemente habría sido el primer objetivo de los ataques argentinos, tanto aéreos como marítimos y submarinos. En el buque insignia lo sabían, pero nadie, dice Rivera, manifestó temor. "En la gente nuestra no había ninguna duda. El espíritu era ir cuanto antes a la guerra y definir esta cuestión", sostiene. La gran ventaja de la flota argentina, explica, era el portaaviones "25 de Mayo", que le daba supremacía aérea y hacía vulnerables a los buques chilenos. La Escuadra chilena, agrega, tenía a su favor la cohesión alcanzada por las tripulaciones tras un año de intenso entrenamiento, la eficiencia de la aviación naval -informaba cada cuatro horas la posición de los buques argentinos- y el refugio natural que ofrecían los fondeaderos en los canales. "Ellos sabían que estábamos en el sur, pero no sabían dónde (...) Los fondeaderos de guerra son lugares absolutamente camuflados donde es imposible ver los buques, ni siquiera sobrevolando", asegura Rivera. Así, las naves chilenas lograban disimular falencias como la escasez de pertrechos, debido al embargo de Estados Unidos, y el hecho que la iniciativa estaba en manos de los argentinos. Con todo, admite el retirado oficial, "el 'Prat' habría sufrido daños importantes como consecuencia del ataque de los aviones del '25 de Mayo'. Por eso nos colocamos en una disposición de combate en la que primero estaban los buques misileros, que en el fondo eran los que iban a decidir esta cuestión en el combate de superficie". Rivera recuerda como el momento más crítico el 20 de diciembre de 1978, cuando recibieron la orden de salir al paso de la flota argentina. El vicealmirante Raúl López Silva, comandante en jefe de la Escuadra, reunió a los capitanes de todos los buques y les advirtió: "Señores, vamos a definir esta situación de una vez por todas. Se acabaron los ejercicios. La próxima vez que toque un zafarrancho de combate significa que estamos enfrentados a los argentinos". Pocas horas después, cuando la Escuadra aún salía hacia el teatro de operaciones, sonó el citado zafarrancho. "Le prometo que nunca vi tanta rapidez para cubrir los puestos de combate", recuerda Rivera. La alarma, eso sí, resultó falsa. El "contacto" del sonar resultó ser una sonda estadounidense que recolectaba datos atmosféricos. Así fue que ambas fuerzas llegaron a estar a unas 10 horas de poder atacarse con sus misiles, lo que fue impedido por la mediación papal. Rivera asegura que la Divina Providencia también hizo lo suyo, desatando un temporal que dilató la "Operación Soberanía", que debía comenzar tres días antes de la "Hora H" con la toma de unas pequeñas islas al sur del Beagle.
"Nunca había visto un tiempo tan malo, estaba pésimo. Estaba tan malo que no había posibilidad de operaciones aéreas ni anfibias. De no haber mediado las condiciones de tiempo, y si los argentinos hubiesen cumplido el plan 'Soberanía', esto no se habría podido parar", concluye.
El
arma submarina de la Royal Navy, con sus buques de guerra de propulsión
nuclear, fue la opción inicial de respuesta británica después de que
las fuerzas armadas argentinas tomaran el control de las Islas Malvinas en 1982. Los submarinos nucleares británicos fueron los
primeros activos en llegar al teatro de operaciones, lo que permitió la
imposición de un bloqueo, conocido como la Zona de Exclusión Total,
alrededor del archipiélago en disputa.
Mucho
se ha hablado del impacto de los submarinos nucleares británicos en el
conflicto del Atlántico Sur, de cómo neutralizaron a la Armada
Argentina, obligándola a retirarse del teatro de operaciones, con sus
principales buques refugiándose en puertos y limitándose a patrullar las
aguas menos profundas cerca de la costa con unidades más pequeñas. Sin
embargo, poco se ha escrito sobre los torpedos británicos que aportaron a
la guerra.
Por
ejemplo, un torpedo moderno de dudosa eficacia limitaba el armamento de
los submarinos de la Royal Navy. Esto generó la paradoja de que los
modernos submarinos nucleares de la Guerra Fría tuvieran que depender de
torpedos antiguos de trayectoria recta de la Segunda Guerra Mundial
para su potencia de fuego, así como de la observación visual mediante
periscopio para disparar estas armas. Esta desventaja era desconocida
para la Armada Argentina durante el conflicto.
Este
artículo tratará sobre los torpedos británicos, específicamente los dos
modelos utilizados en el conflicto: el torpedo Mk.8, más antiguo y de
trayectoria recta (sin guía), y el torpedo Mk.24 Tigerfish, guiado, que
en 1982 fue considerado uno de los más modernos del mundo.
Torpedo Mk.8
El
torpedo Mk.8 fue diseñado antes de la Segunda Guerra Mundial, en 1925,
con un diámetro estándar de 21 pulgadas (533 mm), una longitud de 6,579 m
y un peso de 1,566 kg. Al ser un torpedo de trayectoria rectilínea, es
decir, sin guiado, su trayectoria se mantenía mediante un giroscopio
que, girando a gran velocidad, le permitía mantenerla recta; otros
dispositivos mantenían una profundidad constante y nivelaban el torpedo.
Una vez lanzado desde el tubo, no existía control alguno sobre su
trayectoria, ni por parte del submarino lanzador ni por el propio
torpedo, ya que carecía de cualquier tipo de sensor capaz de rastrear el
objetivo.
La
ojiva contenía 365 kg de explosivo Torpex, un explosivo un 50 % más
potente que el TNT, compuesto por una mezcla de 40,5 % de RDX, 40,5 % de
TNT, 18 % de polvo de aluminio y 1 % de cera. Su detonación se
aseguraba mediante una espoleta magnética de tipo CCR (Compensated Coil
Rod), una bobina con amplificador, que se convirtió en el estándar para
esta arma después de 1945.
Su
propulsión corría a cargo de un motor radial Brotherhood de cuatro
cilindros, de ciclo de combustión, que utilizaba queroseno y aire
comprimido como combustible. La presión provenía de un tanque de 2500
psi, la cual se reducía a 550 psi en la entrada de combustible, donde
también se calentaba, generando una mezcla de aire y gas que producía la
ignición en el cilindro, en el punto muerto superior del pistón. Los
gases se expulsaban a través del eje de la hélice. El motor producía una
potencia de 550 hp, impulsando el torpedo a velocidades de hasta 45,5
nudos, con una autonomía a esta velocidad de 4570 metros. Existía la
opción de utilizar una velocidad menor de 41 nudos, aumentando la
autonomía a 6400 metros.
El
Mk. 8 mod. 4, una versión mejorada, se conectaba al submarino mediante
un cable umbilical, no un cable de guiado, ya que era un torpedo de
propulsión a la carrera. El cable permitía ajustar la profundidad antes
del lanzamiento. Tuvo un uso muy extendido durante la Segunda Guerra
Mundial, con aproximadamente 3730 lanzamientos hasta septiembre de 1944,
y se consideraba a la par del G7 alemán o el Mk. 14 estadounidense.
Torpedo Tigerfish Mk. 24
El
Tigerfish era un torpedo acústico guiado por cable, cuya guía inicial
la proporcionaba un fino cable que se desenrollaba tras el lanzamiento a
través del tubo y lo conectaba al submarino.
Mediante
este control, el torpedo iniciaría su carrera a una velocidad más
lenta, disminuyendo la distancia al objetivo y corrigiendo su
trayectoria durante la carrera según las transmisiones por cable desde
el submarino, que realizaba cambios en la trayectoria del torpedo
basándose en los datos del objetivo obtenidos por su sonar superior.
El
torpedo aceleró en la fase final al usar su propio sonar para atacar el
objetivo. Sin embargo, esta tecnología aún no estaba desarrollada en la
década de 1970, y el torpedo Tigerfish tenía tendencia a sumergirse y
romper su cable de guiado durante el trayecto.
La
versión inicial Mod.0 era un torpedo antisubmarino; su ojiva, debido a
limitaciones tecnológicas, no estaba diseñada para usarse contra
objetivos de superficie y no superó las pruebas de aceptación. La
versión Mod.1, sin embargo, fue rediseñada para corregir algunos de los
defectos del modelo original.
Tablas comparativas
Tipo
Diámetro
Longitud
Peso
Ojiva
Mk.8
21 pulgadas – 533 mm
6,57 m
1,566 kg
365 kg
Mk.24
21 pulgadas – 533 mm
6,46 m
1,551 kg
340 kg
Tipo
Velocidad máxima
Alcance
Mk.8
45,5 nudos
4.570 metros
Mk.24
35 nudos
21.000 metros
Tipo
Velocidad
Alcance máximo
Mk.8
41 nudos
6.400 metros
Mk.24
24 nudos
27.400 metros
Nombre
Propulsión
Clase
Armas
HMS Spartan
Nuclear
Swiftsure
Torpedos: Mk 8 mod 4 y
Tigerfish mod. 0 *
HMS Splendid
Nuclear
Swiftsure
Torpedos: Mk 8 mod 4 y
Tigerfish mod.0 *
HMS Conqueror
Nuclear
Churchill
Torpedos: Mk 8 mod 4 y
Tigerfish mod.1
HMS Valiant
Nuclear
Valiant
Torpedos: Mk 8 mod 4 y
Tigerfish mod.1
HMS Courageous
Nuclear
Churchill
Torpedos: Mk 8 mod 4 y
Tigerfish mod.1
HMS Onyx
Convencional
Oberon
Torpedos: Mk 8 mod 4 y
Tigerfish mod.1
Observaciones:
Tenga en cuenta que, debido a que solo portaban la versión inicial
mod.0 del Tigerfish, limitada a su uso contra objetivos submarinos, las
unidades HMS Spartan y HMS Splendid dependían exclusivamente del Mk.8 de
trayectoria recta para su uso contra barcos.
Así
pues, los submarinos nucleares británicos zarparon hacia el sur con una
combinación de torpedos de trayectoria recta y misiles guiados desde
buques. Los dos primeros submarinos en partir solo llevaban torpedos
Tigerfish Mk.24 mod.0 de primera versión, sin capacidad antibuque,
estando totalmente limitados al uso del Mk.8 contra objetivos de
superficie.
En este caso, el HMS Spartan
, el primero en dirigirse al Atlántico Sur, transportaba una carga de
cuatro torpedos Mk.8 y ocho torpedos Tigerfish Mk.24 mod.0. Tras atracar
en la base británica de Gibraltar, recibió otros siete torpedos Mk.8,
seguido por el HMS Splendid,
que partió directamente de su base en Escocia con una carga de nueve
torpedos Mk.24 mod.0 y doce torpedos Mk.8. Otras unidades ya habían
incorporado el Mk.24 mod.1 a su armamento.
Modelo Tigerfish Mk.24
El hundimiento del crucero ARA General Belgrano
El hundimiento del crucero argentino ARA General Belgrano
fue un hito histórico, ya que fue el primer, y hasta ahora único, buque
en servicio alcanzado y hundido en combate por un submarino de
propulsión nuclear, además del segundo buque de superficie hundido por
un submarino después de la Segunda Guerra Mundial. El primero fue la
fragata india INS Khukri, hundida por el submarino pakistaní PNS Hangor durante la guerra indo-pakistaní de 1971.
El ARA General Belgrano (C-4) fue un crucero de la clase Brooklyn que sirvió en la Armada de los Estados Unidos como USS Phoenix
CL 46, participando activamente en la Segunda Guerra Mundial. Este tipo
de crucero, considerado ligero para los estándares de la Armada
estadounidense durante la Segunda Guerra Mundial, tenía una eslora de
185,4 metros, una manga de 18,8 metros y un calado de 5,9 metros, con un
desplazamiento en vacío de 9.575 toneladas, que alcanzaba las 12.242
toneladas a plena carga, convirtiéndolo en el mayor buque de guerra del
conflicto, con la excepción de los portaaviones.
En
la década de 1960, los argentinos llevaron a cabo una importante
modernización de los sistemas de radar del buque, instalando radares
modernos, entre los que destacaba el LW 01 neerlandés, caracterizado por
su enorme antena situada en lo alto del mástil mayor. Este equipo le
permitió al buque detectar objetivos aéreos a altitudes de hasta 30 000 m
dentro de un impresionante radio de 259 km. Además de este equipo, se
añadieron otros radares de origen norteamericano.
En
1967, tras la incorporación de radares, se instalaron dos lanzadores
cuádruples de misiles Sea Cat en sustitución de dos montajes Bofors L/60
de 40 mm. El Sea Cat, un misil antiaéreo de corto alcance británico
ampliamente utilizado en la época, contaba con una buena cantidad de
recargas, entre 50 y 70, en el pañol de municiones. Sin embargo, el
buque presentaba problemas con sus turbinas, lo que le impedía alcanzar
velocidades superiores a los 18 nudos, muy por debajo de los 32 nudos
para los que estaba diseñado.
Como
crucero diseñado para el combate de superficie contra buques o defensa
antiaérea, el ARA General Belgrando carecía de sonar propio y armas
antisubmarinas, dependiendo enteramente de su escolta para su defensa. A
pesar de contar con un helicóptero Alouette III a bordo, no estaba
equipado para transportar torpedos antisubmarinos ni poseía sensores o
equipos para tal fin, estando destinado únicamente a tareas de enlace y
reconocimiento visual.
En
la operación del 2 de mayo de 1982, el crucero argentino formó parte
del Grupo de Tareas 79.3, que también incluía dos destructores, el ARA Bouchard D 26 y el ARA Piedrabuena
D 29, ambos de la clase Allen M. Sumner. Al igual que el crucero,
provenían de la Armada de los Estados Unidos y eran buques con
capacidades antisubmarinas, aunque limitadas.
Como
se ha informado ampliamente, este Grupo de Tareas 79 formaba parte de
una maniobra de pinza de la Armada Argentina, que contenía otros
elementos como el Grupo de Tareas 79.4 con tres corbetas clase A 69 y el
Grupo de Tareas 79.1.2 con el buque insignia argentino, el portaaviones
ARA 25 de Mayo , y dos destructores antiaéreos clase Tipo 42, el ARA Santíssima Trindade y el ARA Hércules.
Ambas
unidades principales eran seguidas por submarinos nucleares británicos
fuera de la zona de exclusión. En el caso específico del crucero
argentino, su perseguidor era el HMS Conqueror
, que empleaba una estrategia de persecución a gran profundidad y a la
deriva. Esta consistía en navegar a gran velocidad, un rendimiento
excepcional solo posible con propulsión nuclear, alcanzar la profundidad
del periscopio a una velocidad baja y silenciosa de 5 nudos para
actualizar la posición del objetivo, y luego sumergirse nuevamente a las
profundidades para realizar la persecución a alta velocidad. Esto
dificultaba el seguimiento por sonar debido a la distorsión en la
propagación de las ondas sonoras causada por las capas térmicas.
Mientras tanto, su presa, el crucero ARA General Belgrano, navegaba
lentamente a solo 13 nudos en un suave zigzag, con sus escoltas ARA Bouchard y ARA Piedrabuena navegando por delante con los sonares apagados.
En
el alto mando británico existía el temor de que el crucero y sus
escoltas entraran en la zona donde se encuentra el banco "Burdwood", una
elevación submarina que reduce la profundidad, debilitando así las
ventajas de velocidad y maniobrabilidad del HMS Conqueror en profundidad , lo que hacía urgente que el submarino tomara la iniciativa.
HMS Conqueror
Los seis tubos lanzatorpedos del HMS Conqueror
estaban cargados con tres torpedos Mk. 8 y tres torpedos Mk. 24
Tigerfish mod. 1 guiados por cable, que también tenían capacidad
antibuque. Sin embargo, su comandante decidió atacar con los torpedos de
trayectoria recta. Para ello, el HMS Conqueror
necesitaba realizar una maniobra de aproximación y posicionamiento para
disparar los tres torpedos en una salva en abanico e impactar al
crucero. Si se hubieran elegido los torpedos guiados por cable, el
ataque, en teoría, se habría producido a mayor distancia, eliminando la
necesidad de la aproximación y la exposición del HMS Conqueror al alcance de los torpedos antisubmarinos Mk. 44 que portaban las escoltas.
Finalmente, el HMS Conqueror
se aproximó al crucero a gran velocidad, adelantándolo en profundidad
para posicionarse a su otro lado a profundidad de periscopio, donde
inició la maniobra de tiro, lanzando los tres torpedos a una distancia
muy corta, de aproximadamente 1200 metros. Dos torpedos lograron
impactar en el crucero; uno de ellos alcanzó la proa, provocando una
violenta explosión que la destrozó, dejando al buque completamente
inutilizado. Sin embargo, la robusta construcción permitió que los
mamparos blindados de la proa contuvieran la fuerza de la explosión,
preservando los pañoles de munición de los cañones y evitando así una
detonación catastrófica.
El
submarino británico HMS Conqueror disparó el primero de sus torpedos
Mk.8, que impactaron en la proa y la popa del crucero. La imagen fue
tomada por el teniente Martín Sgut desde una de las barcazas.
El
fatídico torpedo impactó en la sala de máquinas de popa, y la fuerza de
la detonación también afectó al comedor donde parte de la tripulación
estaba comiendo. Esta detonación causó la muerte de doscientos
marineros. La explosión también dañó el sistema eléctrico del General
Belgrano, impidiéndole enviar una señal de socorro por radio.
El
agua que entró por el enorme agujero causado por la detonación de la
ojiva Mk.8 no pudo ser bombeada debido al fallo eléctrico. Además,
aunque el buque estaba en posición de combate, navegaba con las
escotillas estancas abiertas. Como resultado, pronto comenzó a escorarse
a babor y a hundirse hacia la proa. Veinte minutos después del ataque,
el capitán del crucero ordenó a la tripulación abandonar el barco. Se
lanzaron botes salvavidas inflables y la evacuación comenzó sin pánico;
770 tripulantes sobrevivieron al naufragio en aguas heladas con una
temperatura ambiente de diez grados bajo cero, vientos de más de cien
kilómetros por hora y olas altas.
El
tercer torpedo, programado en el lanzamiento para viajar dos grados a
la izquierda, falló su objetivo, pasando por delante de la proa del
crucero y detonando posteriormente, causando daños menores en la popa
del destructor argentino ARA Bouchard debido a la onda expansiva de la explosión cercana, probablemente causada por la espoleta magnética.
Tras el fin del conflicto, el único submarino convencional británico en el Atlántico Sur, el HMS Onyx, recibió la orden de hundir el casco del RFA Sir Galahad
, que había sufrido graves daños en un ataque de la Fuerza Aérea
Argentina. Las condiciones para el lanzamiento de los torpedos eran
ideales; el Sir Galahad
estaba inmóvil. Sin embargo, ninguno de los dos torpedos Tigerfish Mk.
24 mod.1 alcanzó el objetivo, y se informó que el fallo se debió a
problemas con las baterías. Finalmente, el Sir Galahad se hundió con un torpedo Mk.8 bien dirigido. El torpedo Tigerfish en Brasil
El
torpedo Tigerfish Mk.24 recibió gran publicidad como arma moderna y de
alta tecnología. Inicialmente, se desconocían sus problemas, por lo que
pronto se exportó a Brasil y Chile, ambos países que operaban submarinos
de la clase Oberon, diseñados y construidos en Gran Bretaña. En la
Armada brasileña, los torpedos Tigerfish incluso se integraron en los
submarinos de la clase Tupi, que reemplazaron a los de la clase Oberon.
En
Brasil, el torpedo Tigerfish también causó problemas, según una
entrevista con un comandante de submarino brasileño publicada en el
sitio web Poder Naval el 23 de noviembre de 2023, durante un ejercicio
de lanzamiento con un torpedo disparado por el submarino Humaitá: “Salió
a la superficie y el comandante del submarino continuó navegando hacia
él. Como estaba a profundidad de periscopio, terminó impactando en la
vela, pero no hubo explosión porque el torpedo no estaba cargado de
explosivos”.
No hay más información sobre el incidente, pero en un escenario real,
el arma podría haber destruido el propio submarino que lo lanzó.
Posteriormente,
la Armada brasileña retiró el controvertido Tigerfish, reemplazándolo
con el Mk. 48 estadounidense, considerado uno de los torpedos más
fiables en la historia de la guerra submarina.
El submarino ARA San Luis y los torpedos alemanes SST-4 defectuosos.
ARA San Luis
Durante la guerra de las Malvinas en 1982, el submarino argentino ARA San Luis
desempeñó un papel importante como una de las principales amenazas
navales de Argentina contra la flota británica. Sin embargo, su eficacia
se vio seriamente limitada por problemas técnicos con sus torpedos
SST-4, lo que comprometió su capacidad de influir en el conflicto.
El ARA San Luis
, un submarino de la clase Tipo 209 de fabricación alemana, era una
nave moderna y una de las pocas plataformas de ataque naval argentinas
capaces de operar sigilosamente contra las fuerzas británicas. Su misión
principal era realizar ataques submarinos contra buques británicos que
transportaban tropas y suministros a las Islas Malvinas, así como
desestabilizar las operaciones de la fuerza naval del Reino Unido.
Tras el inicio de las hostilidades, el San Luis
operó en la zona de exclusión marítima establecida por los británicos,
buscando objetivos de alto valor como destructores, fragatas y
portaaviones. Gracias a su capacidad para permanecer sumergido durante
largos periodos y a su bajo perfil acústico, el submarino logró evadir
la detección por parte de los aviones de patrulla y los modernos
sistemas antisubmarinos de la flota británica.
SST-4
Diagrama de los ataques del ARA San Luis contra barcos británicos.
El armamento principal del ARA San Luis
era el torpedo eléctrico SST-4, diseñado para ser silencioso y
altamente efectivo en ataques a submarinos. Sin embargo, durante la
campaña, el submarino sufrió fallos crónicos en este sistema de armas.
Los torpedos SST-4 no funcionaron como se esperaba debido a problemas
técnicos relacionados con un mantenimiento inadecuado, una calibración
defectuosa y fallos en el sistema de guiado.
En varias ocasiones, el San Luis
lanzó torpedos contra buques británicos, pero ninguno alcanzó su
objetivo. Los informes indican que los torpedos sufrieron desviaciones
inesperadas de su trayectoria o no lograron activar sus sistemas de
detonación. Estos fallos provocaron la pérdida de oportunidades
cruciales para atacar a la flota británica e infligirle daños
significativos.
A
pesar de su sigilo y capacidad para evitar ser detectado, la ineficacia
de los torpedos SST-4 limitó considerablemente la capacidad del ARA San Luis
para influir en el curso de la guerra. El submarino siguió
representando una amenaza psicológica para los británicos, obligando a
la flota a destinar importantes recursos a operaciones antisubmarinas.
Sin embargo, al carecer de torpedos operativos, la amenaza no se tradujo
en un impacto directo.
Arte 3D: ARA San Luis lanzando un torpedo
Por otro lado, los británicos invirtieron fuertemente en operaciones para localizar y neutralizar al San Luis , empleando fragatas, helicópteros Sea King equipados con sonar y aviones de patrulla marítima. A pesar de estos intentos, el San Luis logró seguir operando sin ser destruido, regresando a puerto al final del conflicto.
El desempeño del ARA San Luis
en la Guerra de las Malvinas ejemplifica cómo la tecnología y el
mantenimiento pueden influir directamente en el éxito de las operaciones
militares. Si bien demostró la eficacia de su tripulación y del propio
submarino para evitar ser detectado, las fallas en sus torpedos SST-4
impidieron que el submarino realizara ataques exitosos contra la flota
británica. Esta experiencia puso de relieve la importancia de contar con
sistemas de armas fiables y una logística de mantenimiento adecuada en
los escenarios de guerra modernos.