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domingo, 24 de mayo de 2026

Aviones Argentinos: Proyecto SAIA-90


La lógica y el deseo: Proyecto SAIA-90






Introducción

Argentina tiene un repertorio de leyendas que mezcla misterio, fe y asombro: la Luz Mala en los campos, el Nahuelito en las aguas del sur, la Difunta Correa en las rutas interminables. En el mundo “aviateril”, sin embargo, existe otra historia que —sin fogones ni santuarios— logró instalarse con una potencia parecida: la del SAIA-90, un supuesto caza argentino de cuarta generación que habría estado “a un paso” de nacer antes de ser cancelado.

La popularidad de internet hizo el resto. Foros, recreaciones, discusiones técnicas, debates interminables. Pero lo realmente interesante no es el avión que nunca voló, sino la trama real: un cruce entre programas europeos, oportunidades industriales, documentos de diseño circulando en el momento justo… y un contexto político-económico que terminó por apagar cualquier posibilidad concreta.


Desarrollo

1) Europa busca su caza del futuro (y tropieza con la realidad)

A comienzos de los años 70, el Reino Unido quería reemplazar al Jaguar con un avión capaz de cumplir ataque táctico y también superioridad aérea. En 1972, esos requisitos se formalizaron como la especificación AST.403, que dio origen al Hawker P.96 (luego BAe): un diseño convencional que no prosperó, porque diseñar un caza desde cero era un lujo para la economía británica de la época.

En la Alemania Occidental, el plan era el TKF-90 (Taktisches Kampfflugzeug 90), con competencia interna entre VFW-Fokker y MBB. El concepto de MBB, con ala delta y canards, ganaba simpatías por desempeño y proyección.

En 1979, MBB y BAe propusieron un programa conjunto: ECF (European Collaborative Fighter). Ese mismo año se sumó Dassault, apareciendo el nombre “Eurofighter”. Pero el “paneuropeísmo” duró lo que tarda en complicarse cualquier decisión de diseño compartida: mientras se intentaba acordar un avión común, cada país empujaba su propia idea.

  • Reino Unido: superioridad aérea con fuertes capacidades aire-suelo.

  • Francia: prioridad al ataque terrestre; y exigencia de adaptación a portaaviones.

  • Alemania Occidental: el pliego más duro: aceleración a toda altitud, maniobra supersónica, misiles BVR, toberas vectoriales, giros cerrados a altos ángulos de ataque y autonomía para CAP y escolta; el ataque a tierra era secundario.

  • Italia se sumó en 1982, y el proyecto derivó hacia el ACA (Agile Combat Aircraft).

En 1983 nació el FEFA (Future European Fighter Aircraft), evolución del ACA. Francia aceptó retirar el requisito naval si Dassault lideraba el diseño; chocó con BAe y el gobierno británico. España amagó con irse, no pudo. Finalmente Francia se retiró en 1985 y siguió con su propio camino (ACX), que desembocaría en el Dassault Rafale. Los demás socios continuaron y en 1986 crearon Eurofighter Jagdflugzeug GmbH (Múnich). El resultado final volaría el 27 de marzo de 1994: el Eurofighter Typhoon.

Hasta acá, Europa. Pero en el margen de esa historia aparece un nombre clave para entender el mito argentino: Dornier.


Denominado P-700 por Northrop, esta ilustración artística muestra como se hubiese visto el ND-102 en su configuración final. Tras ser descartado del programa TKF-90, Dornier intentó comercializar la aeronave como "ND-102 International Fighter".

2) Dornier, el “tercero en discordia”, y el ND-102 que buscó país

Después de la Segunda Guerra Mundial, Dornier sobrevivió a la prohibición de construir aeronaves en Alemania ofreciendo consultoría a Suiza y España. Con el levantamiento de restricciones (1954), reconstruyó reputación con éxitos STOL como el Do 27 y el Do 28, y más tarde se asoció con Dassault-Breguet en el Alpha Jet (1974).

Pero los grandes contratos militares alemanes se los repartían MBB y, en menor medida, VFW-Fokker. Para Dornier, el TKF-90 era la oportunidad de volver a jugar en primera. Y eligió un camino distinto: buscar apoyo externo, firmando cooperación con Northrop.

Bajo la denominación ND-102, el trabajo arrancó en 1978. Se ensayaron 34 modelos en túnel de viento durante 1.200 horas, hasta llegar a un diseño final en 1982.

Evolución del ND-102

  • Primeras iteraciones: parecido al YF-17 Cobra (ala alta trapezoidal, doble deriva, bimotor, planos de profundidad medios).

  • Configuración final: más audaz y poco convencional. Conservaba el ala trapezoidal de gran cuerda, eliminaba los planos de profundidad, y apostaba al control mediante redirección de gases: boquillas en toberas que orientaban el flujo caliente de dos turbofans Pratt & Whitney PW1120.

Carga y masa previstas

  • 6 puntos bajo alas + 4 en fuselaje

  • Peso operativo estimado: 25.000 lb (11.400 kg)

  • Capacidad bélica: significativa para su clase

Northrop lo ilustró como P-700, y Dornier intentó venderlo como ND-102 International Fighter tras perder el TKF-90 frente al diseño de MBB. Habían invertido US$ 20 millones (la cifra se suele expresar como equivalente muy superior “actual”), y necesitaban un socio que pusiera capital para continuar. Se mostró una maqueta en París 1983, pero no apareció comprador. En 1984 el proyecto se detuvo y la documentación quedó archivada.

Y entonces, casi como un giro de novela, esa carpeta técnica encontró un posible destino al sur del mundo.


Este gráfico permite ver de manera descriptiva la evolución del diseño que llevó al Eurofighter, con los aportes de cada socio del programa.

3) Argentina, el salto industrial y el origen del “SAIA-90”

En los 70, la industria aeronáutica argentina vivía un nuevo impulso con proyectos como el IA-58 Pucará. Pero en paralelo existía un plan más ambicioso: subir escalones tecnológicos y complejidad. A fines de la década, la Fuerza Aérea Argentina (FAA) pidió a la Fábrica Militar de Aviones (FMA), en Córdoba, un entrenador a reacción medio-avanzado para reemplazar al Morane Saulnier MS.760 Paris.

La FMA tenía experiencia, pero necesitaba apoyo en materiales compuestos, tendencias aerodinámicas modernas y aviónica. Tradicionalmente el proveedor principal había sido EE. UU., pero las restricciones de la administración Carter empujaron a mirar a Europa, especialmente a Alemania Federal.

En ese marco, a principios de mayo de 1980, la FAA firmó con Dornier un acuerdo para desarrollar el futuro IA-63 Pampa. Incluía:

  • asesoramiento y asistencia de diseño,

  • capacitación en técnicas de construcción con compuestos,

  • y el diseño del ala supercrítica característica del Pampa.

Pero el convenio iba más allá. Según explicaría el Comodoro Arturo Herberto Ay (Aviation Week & Space Technology, agosto de 1987), había una estrategia en tres pasos:

  1. Pampa (entrenador avanzado)

  2. ATL (transporte ligero, finalmente fallido)

  3. caza de altas prestaciones

Dornier se comprometía a acompañar técnicamente todas las etapas. Y ahí aparece el germen del SAIA-90.


Alemania Federal tenía el requerimiento más exigente, el cual solo podía ser cumplido por el diseño de MBB que se ve en la imagen. Muchas de las decisiones de diseño del actual Eurofighter provendrán de este concepto.

4) Qué era (realmente) el SAIA-90: un concepto con números, no un programa financiado

Dornier entregó estudios basados en su experiencia con el ND-102, adaptables a necesidades argentinas. La documentación incluía líneas generales del avión, escenarios preliminares, opciones de armamento y análisis para formular requerimientos.

Objetivo de desempeño (según los estudios)

  • Optimización en régimen transónico

  • Giro sostenido: Mach 0,9 a 19.685 ft (6.000 m)

  • Potencia para acelerar de Mach 0,9 a 1,5 a 29.527 ft (9.000 m)

  • Autonomía “interesante”, ampliable con tanques externos

  • Baja firma radar e infrarroja

Armamento propuesto

  • cañón Mauser 27 mm con 150 disparos

  • misiles aire-aire Sidewinder o equivalente en punteras alares

  • misiles aire-aire tipo AMRAAM o equivalente semiempotrados en el fuselaje o hasta 11.023 lb (5.000 kg) de carga bélica

Aviónica (radar)

  • Radar “de nueva generación” con capacidad aire-aire para detectar blancos de 5 m² de RCS a 48 nmi (90 km) en “modo pasivo” (tal como figura en la documentación)

  • Integración con IFF

  • Seguimiento múltiple track-while-scan

  • En aire-suelo: guía de armamento y navegación con seguimiento del terreno

Materiales y estructura

  • Uso intensivo de compuestos, área donde Dornier tenía experiencia (Alpha Jet, Do 228)

  • Propuesta de ala: 65% CFRP, 20% aluminio, más titanio y otras aleaciones

  • Uso de estos materiales también en fuselaje y cola

  • Peso vacío estimado: 17.196 lb (7.800 kg)

Cronograma presentado

  • Duración total: 12 a 15 años desde aprobación de especificaciones (prevista para 1987)

  • Primer vuelo del prototipo: 1989

  • Primeras entregas: 1991

Sobre el papel, era un “camino posible”. En la práctica, estaba lejos de convertirse en un programa real.


Una de las primeras iteraciones del diseño conjunto de Dornier y Northrop para el TKF-90. La influencia del YF-17 es claramente visible.

5) “Blue Sky Thinking”: cuando la difusión pública crea la ilusión de avance

La revista oficial de la FAA, Aeroespacio, en su edición julio-agosto de 1981 (69º aniversario del arma), mencionó el proyecto con entusiasmo: el SAIA-90 (Sistema de Armas Integrado Argentino para la década de los 90) como uno de los planes más ambiciosos de la FMA.


Gráfico de tasa de giro sostenido a 9,842 ft (3,000 m), comparando el SAIA-90 contra el IA-63 Pampa y lo que parece ser un AMX o, el aún más esquivo, IA-68.

Gráfico de tasa de giro sostenido a al nivel del mar del SAIA-90 comparada con los mismos aviones que en el gráfico anterior. El eje Y está expresado en (º/S) y el X en Mach.

Pero el SAIA-90 estaba en fase muy preliminar. Las imágenes usadas para ilustrarlo correspondían a iteraciones tempranas del ND-102. La cobertura podía sugerir que el proyecto avanzaba, cuando en realidad el presupuesto de I+D ya estaba absorbido por dos prioridades: IA-63 Pampa y el misil Cóndor (este último, además, en un nivel de secreto profundo). No había margen financiero para un caza nuevo.

Y luego llegaron tres golpes decisivos:

1) Malvinas y el cerrojo externo
Tras la guerra, se impuso un veto de armas a Argentina aplicado por el Reino Unido y respaldado por EE. UU. y Francia. Eso dejó al país prácticamente fuera de los mercados donde habría podido conseguir proveedores y, sobre todo, un socio industrial que hiciera viable el salto.

2) Motores: un punto crítico sin resolver
Mientras el proyecto se mencionaba, no se detallaba un motor específico. En el artículo “Futuro Avión de Combate” (Aeroespacio, septiembre-octubre 1983) se habla de “dos de aproximadamente 5.600 kg de empuje”, es decir alrededor de 12.345 lb (54,9 kN) en seco por motor. Esa cifra lo coloca en el vecindario de turbofanes como Snecma M88, Pratt & Whitney F100 y General Electric F404 (siendo este último el que coincide de forma más directa con esa potencia indicada). Sin acuerdos de suministro y sin acceso fluido por embargos, la planta motriz era una incógnita enorme.

3) Economía argentina en los 80
Entre crisis y hiperinflación, sostener la flota existente (Mirage III/V y Daggers) ya era complejo. Financiar un desarrollo autóctono de cuarta generación era, sencillamente, inviable.

El SAIA-90 se fue desdibujando con los años. Pero internet le dio una segunda vida: “lo que pudo ser” se volvió mito, y el mito se volvió conversación recurrente. Incluso llegó a existir como recreación digital descargable para Strike Fighters 2, lo más cerca que estuvo de “sobrevolar” Argentina.

Del SAIA-90 al “socio tardío”: KAAN y KF-21 como atajo moderno

Si el SAIA-90 fue, en esencia, una carpeta técnica con ambición de cuarta generación sin el músculo financiero para volverse metal y queroseno, hoy existen dos programas que —por filosofía— se le parecen más de lo que parece: el KAAN turco (antes TF-X) y el KF-21 Boramae surcoreano. Ambos nacieron de la misma premisa que rondaba a la FAA en los 80: no resignarse a depender siempre del mercado de segunda mano y construir un sistema de armas que combine velocidad alta (orden Mach 2 en el horizonte de diseño), sensores modernos, BVR y crecimiento futuro. La diferencia crucial es que KAAN y KF-21 ya recorrieron el tramo más caro y riesgoso: prototipos, ensayos, cadena industrial y una hoja de ruta hacia producción.

Ahora bien: si lo que Argentina sueña (y lo que el SAIA-90 insinuaba en números) es un bimotor pesado para control del espacio aéreo, con autonomía, aceleración, radar capaz, baja firma relativa y carga aire-aire potente —algo en la línea “2 motores, gran empuje, radar multi-modo, misiles tipo AMRAAM/Sidewinder o equivalentes, y margen para crecer”—, KAAN encaja por concepto: apunta a mayor supervivencia y a integrar armamento con lógica más “interna/limpia” (más discreción, menos arrastre), mientras que KF-21 se ubica como un 4,5 generación muy moderno, con énfasis en arquitectura abierta, sensores y producción eficiente (aunque, en su configuración conocida, suele pensarse con armamento mayormente externo, es decir, menos “sigilo puro” pero más simple de sostener y desplegar). Para una FAA enfocada en intercepción, vigilancia aérea y escolta en grandes distancias, cualquiera de los dos podría representar —en teoría— el “SAIA-90 que sí llega a pista”, sin necesidad de financiar desde cero el salto tecnológico de materiales compuestos, aviónica y software.

Un KF-21 Boramae reconvertido a un sustituto del proyecto SAIA-90 


El gran “pero” no es técnico: es geopolítico, industrial y presupuestario. Asociarse no significa solo comprar; un socio real debe aportar dinero, volumen de órdenes y trabajo industrial (componentes, cableado, estructuras en compuestos, bancos de prueba, MRO regional, simuladores, etc.). Además, tanto KAAN como KF-21 dependen (en mayor o menor medida) de cadenas de suministro con partes críticas sujetas a autorizaciones de exportación: motores, radar, computadoras de misión y armamento BVR suelen arrastrar permisos y vetos cruzados. Para Argentina, eso se cruza con un obstáculo histórico: cualquier sistema con componentes sensibles puede quedar expuesto a bloqueos políticos (y, si hay partes británicas, el riesgo de veto aumenta). Sin un blindaje contractual y logístico —y sin financiamiento sostenido por décadas— el sueño vuelve a parecerse al SAIA-90: atractivo, pero frágil.

Entonces, ¿podría Argentina “cumplir” el SAIA-90 asociándose a KAAN o KF-21? Sí, pero solo en un formato muy concreto: como cliente-socio con participación industrial realista (por ejemplo, mantenimiento mayor y fabricación de subconjuntos no críticos al inicio, escalando con el tiempo), comprometiendo una cantidad suficiente de aeronaves para justificar transferencia y soporte; y asegurando desde el día uno un paquete integral de radar/AESA, guerra electrónica, reabastecimiento, misiles BVR y entrenamiento, que es donde un interceptor pesado se gana la vida. No sería el SAIA-90 “nacional” en sentido romántico, pero sí podría ser el modo más moderno de lograr lo que aquel prometía en papel: un bimotor de alto rendimiento, con sensores y misiles de primera línea, capaz de imponer presencia en el espacio aéreo… sin volver a depender de leyendas para existir.



Conclusiones

El SAIA-90 no fue tanto un avión perdido en un hangar como una idea con sustento técnico, nacida del cruce entre una oportunidad industrial (la relación FMA–Dornier) y documentación real derivada del ND-102. Sus números —materiales compuestos, peso vacío estimado, concepto de baja firma, radar multi-modo, carga bélica importante y prestaciones transónicas/supersónicas— lo convirtieron en un imán perfecto para la imaginación.

Pero también fue un ejemplo nítido de cómo se construyen ciertas “leyendas tecnológicas”: basta una combinación de conceptos plausibles, ilustraciones sugerentes y un contexto donde “querer” no alcanza para “poder”. Sin presupuesto, sin definición operativa firme, sin motor garantizado, sin socios industriales y con embargos tras Malvinas, el programa no tenía suelo.

Aun así, el SAIA-90 dejó algo más valioso que una silueta: un recordatorio de ambición industrial, de la importancia de la cooperación internacional (cuando es posible), y de cómo una carpeta técnica —si cae en el momento y lugar adecuados— puede alimentar durante décadas una de las leyendas más persistentes de la aviación argentina.

Tres vistas del SAIA-90.


Anexo: características técnicas (según la documentación difundida)

  • Tripulación: 1

  • Longitud: 16,53 m

  • Envergadura: 10,95 m

  • Alto: 3,96 m

  • Peso vacío: 17.121 lb (7.800 kg)

  • Planta motriz: 2× turbofans, 12.345 lb (54,9 kN) de empuje en seco (cada uno)



Rendimiento

  • Velocidad máxima (estimada): Mach 2

Armamento

  • cañón Mauser 27 mm, 150 disparos

  • misiles A/A Sidewinder o equivalente (punteras alares)

  • misiles A/A tipo AMRAAM o equivalente (semiempotrados) o hasta 11.023 lb (5.000 kg) de carga bélica


Fuentes citadas en el artículo original



sábado, 9 de agosto de 2025

Ucronías Argentinas: ¿Y si los planes de adquisiciones pre-Malvinas se hubiesen mantenido en democracia?


¿Los Mirage 2000 hubiesen reemplazado a los Mirage III/Dagger/Finger?

¿Y si Argentina no hubiera frenado su rearme? Un análisis contrafáctico sobre las Fuerzas Armadas 1983–2025


Cuando el 14 de junio de 1982 el general Mario Benjamín Menéndez firmó la rendición argentina en Puerto Argentino, culminaba no solo la Guerra de Malvinas sino una etapa entera en la historia militar del país. Para muchos, esa derrota marcó un punto de inflexión definitivo. Lo que siguió fue la desarticulación de una política de defensa ambiciosa, un retroceso estratégico y la progresiva pérdida de capacidades militares. Pero ¿qué habría pasado si Argentina hubiese seguido el rumbo que venía trazando hasta ese momento? ¿Cómo serían hoy sus Fuerzas Armadas si la política de adquisiciones militares de los años setenta y principios de los ochenta no se hubiese interrumpido? 

Una ucronía es una narración o hipótesis histórica alternativa que imagina cómo habría sido la historia si un hecho real hubiese ocurrido de manera distinta o no hubiese ocurrido. Si digo "ucronías argentinas", lo primero que viene a la cabeza son escenarios ficticios de historia alternativa en los que algún hecho clave de la historia argentina ocurre de otra manera y cambia el curso de los acontecimientos. Ya hemos trabajado en este blog muchos escenarios ucrónicos, sobre todo asociados a la crisis del Beagle (haga clic en 12345... entre otros). Quedan muchos más por analizar pero hoy nos enfocaremos en añadir racionalidad a un período larguísimo de la historia argentina reciente que no la tuvo.

Este ejercicio contrafáctico propone una hipótesis alternativa: un país que, tras la recuperación democrática, opta por continuar y profundizar su proceso de modernización militar, no como instrumento de agresión, sino como pilar de disuasión regional, soberanía tecnológica y autonomía estratégica. Para explorar esa posibilidad, es necesario retroceder al momento previo a la guerra y comprender qué tipo de arquitectura militar estaba gestándose.

 

La Argentina que se armaba: visión y planificación hasta 1982

Durante la década de 1970 y los primeros años de la siguiente, la Argentina trazó un proyecto de modernización militar que combinaba adquisiciones de tecnología extranjera de punta con un incipiente desarrollo nacional. Se trataba de una política que, aunque encuadrada dentro de un régimen autoritario, respondía a una visión geopolítica más amplia, compartida por diversas líneas internas de las Fuerzas Armadas y parte del espectro político. En el contexto de la Guerra Fría, y bajo la doctrina de defensa nacional autónoma, el país aspiraba a convertirse en una potencia militar regional con proyección atlántica. 


Daggers argentinos, el núcleo de la defensa aérea por 30 años

En la Fuerza Aérea, se adquirieron cazas Mirage III y Dagger, se diseñó el IA-63 Pampa como entrenador jet y plataforma liviana de ataque, y se contemplaba la compra del Mirage 2000, un avión de cuarta generación que habría convertido a la aviación argentina en una de las más modernas del hemisferio sur.

En la Armada, el eje era la incorporación de destructores MEKO 360 y corbetas MEKO 140 —ambos de origen alemán—, junto con un ambicioso plan submarino. Este preveía la construcción de seis submarinos TR-1700, dos en Alemania y cuatro en el astillero Domecq García de Buenos Aires, con la intención de desarrollar posteriormente una versión nuclear. La existencia del portaaviones ARA 25 de Mayo completaba una doctrina de proyección naval oceánica, inédita en la región.

El Ejército, por su parte, modernizaba su parque blindado con el Tanque Argentino Mediano (TAM), desarrollado junto a Alemania y fabricado en la planta TAMSE, acompañado de sus vehículos complementarios: el VCTP, el VCA 155 de artillería autopropulsada y unidades logísticas blindadas. El objetivo era construir una fuerza mecanizada versátil, equipada cada vez con más componentes nacionales.

Era una política de defensa integrada, sostenida por una incipiente base industrial y tecnológica, con empresas como CITEFA, INVAP, Astilleros Río Santiago, Domecq García y Fábrica Militar de Aviones. Malvinas interrumpió este proceso. Pero si no lo hubiese hecho, ¿cuál sería el resultado?

 

1983–1990: Consolidación democrática y rearme progresivo

Imaginemos un escenario donde el gobierno de Raúl Alfonsín decide no desmontar el aparato de defensa, sino someterlo a control civil democrático y convertirlo en una herramienta de soberanía moderna. Se reconfigura la doctrina militar hacia un enfoque defensivo, se castiga la represión ilegal, pero se mantiene el plan de reequipamiento.

Los submarinos TR-1700 se terminan según el cronograma original: dos llegan desde Alemania (como en la realidad), y los otros cuatro son completados en el astillero nacional entre 1987 y 1992. Esto convierte a la Armada en la única de América Latina con una flota oceánica moderna y capacidad disuasiva submarina extendida.

Paralelamente, se concreta la adquisición de 36 Mirage 2000, que comienzan a llegar en 1987, reemplazando progresivamente a los Mirage III y Dagger. La Fábrica Militar de Aviones inicia una línea de producción mejorada del IA-63 Pampa, con aviónica modernizada y versiones artilladas para apoyo cercano. 


Imaginando un IA-63 Pampa NG, armado con radar y lanzamisiles en las alas

El Ejército continúa fabricando el TAM y sus derivados, completando más de 500 unidades hacia 1990. Se inician además procesos de mejora electrónica, sensores nocturnos y enlace digital. La doctrina de brigadas blindadas se actualiza bajo normas OTAN, con ejercicios binacionales regulares junto a Chile y Brasil.

 

1990–2001: Profesionalización y liderazgo regional

Durante la década de los noventa, en este escenario contrafáctico, la Argentina adopta una política de profesionalización militar sin renunciar a su capacidad operativa. El gobierno de Carlos Menem, en lugar de reducir el presupuesto de defensa, lo racionaliza. Se introduce una carrera militar universitaria y se vinculan institutos de investigación militar con universidades nacionales. 

Para los años 90s debido a la experiencia de Malvinas se haría clara la necesidad de contar con un avión AWACS tanto para la FAA como para las operaciones del COAN. La necesidad ya se había presentado en 1985 cuando hubo sugerencias de intercambiar los dos DDG Tipo 42 de la ARA (ARA Santísima Trinidad y ARA Hércules) por un avión AWACS E-4 de Arabia Saudita. Obviamente el trueque nunca hubiese sido autorizado por el Congreso de Estados Unidos pero si presentaba la primera evidencia que era necesaria esa plataforma para nuestras fuerzas armadas. En los 90s, cambiado el escenario internacional, con las relaciones carnales de la administración Menem y el estado de socio extra-OTAN, esta necesidad, ahora sí, podría haberse negociado con el mismo país en la forma de los E-2C Hawkeye. Aviones altamente versátiles que podrían haber cumplido inicialmente de manera más que aceptable ese rol en el contexto de nuestro país.



La industria de defensa comienza a exportar: el TAM y el VCTP se podría haber vendido a países de África y Asia, el Pampa pudo tranquilamente haber encontrado mercados en Centroamérica, y piezas electrónicas desarrolladas por INVAP se integran a sistemas de vigilancia aérea y misiles de países socios. Esto permite sostener la inversión sin depender exclusivamente del presupuesto nacional. TAMSE inicia también la modernización y generación de capacidades largamente esperadas como los vehículos de defensa aérea (SPAAG), MRLS y obuses autopropulsados (TAM VCA) todos basados en la célula TAM, para gestionar distintas capacidades de ataque y defensa de los regimientos de caballería de tanques. También se modificarían los excedentes de M113 como SPAAG al estilo de los actuales Korkut turcos (foto abajo) así como la estandarización de la torreta blindada de 20mm (Torblin).



En paralelo, se mantienen las inversiones estratégicas: se inicia el desarrollo del primer reactor nuclear naval argentino, pensado como etapa previa al primer submarino nuclear. Se modernizan los MEKO 360 con sistemas AEGIS ligeros y misiles de crucero de medio alcance.

La Fuerza Aérea comienza a evaluar reemplazos para el Mirage 2000 con miras a 2010. Un camino que se analiza es adquirir el AMD Rafale debido a la gran confianza en los sistemas franceses, aunque las limitaciones presupuestarias post-1998 hacen más viable una asociación regional con Brasil para desarrollar un avión de combate sudamericano (posiblemente derivado del Gripen sueco).

 

2001–2010: Crisis y resistencia estratégica

La crisis económica de 2001 golpea duramente al país. Sin embargo, en esta línea contrafáctica, el Estado Mayor Conjunto cuenta con una reserva estratégica para continuidad de programas esenciales, sostenida por exportaciones y cooperación internacional.

La construcción del primer submarino nuclear argentino continúa a ritmo lento pero constante, y se logra botar en 2009 el ARA Santa Fe, equipado con propulsión nuclear luego de haber estudiado instalar la propulsión híbrida AIP de origen sueco. La Armada, aunque con operaciones reducidas, mantiene presencia efectiva en el Atlántico Sur.

De la Meko 360, que por problemas de motorización británica, podían ser reemplazados en los 1990/2000 por la clase Meko 200 con motorización norteamericana para luego poder llegar a modelos más modernos como la FREMM para los 2020s.

La Fuerza Aérea moderniza la flota de Mirage 2000 y produce localmente una versión del Pampa con radar multimodo y capacidad aire-aire. Se inician proyectos con Israel para incorporar drones de ataque ligeros y misiles BVR, en una estrategia que privilegia calidad por sobre cantidad.

El Ejército implementa el programa TAM 2C, con blindaje reactivo, sensores térmicos y mando digitalizado. Las brigadas de montaña y selva se modernizan con apoyo logístico aéreo propio, incluyendo helicópteros ligeros de fabricación nacional.

 

2010–2025: Soberanía tecnológica y reafirmación del poder disuasivo

En el período reciente, esta Argentina contrafáctica afianza su autonomía estratégica. La cooperación con Brasil y Suecia da lugar a la producción conjunta de 24 cazas Gripen NG adaptados a los requisitos argentinos, con transferencia de tecnología completa. Esto permite retirar finalmente los Mirage 2000 y mantener una flota mixta de Gripen y Pampa III+.

¿Gripens argentinos sobre Buenos Aires?
 

La Armada recibe en 2015 el segundo submarino nuclear, ARA Santiago del Estero con reactor compacto CAREM, con capacidad de lanzar misiles de crucero. Tal vez misiles franceses SCALP comprados y adaptados gracias a un contrato. Se evalúa la reactivación de la capacidad portaaviones mediante la adquisición de un buque ligero STOVL de segunda mano modernizado en Tandanor, adaptado para operar drones y aviones de despegue corto.

ARA Santiago del Estero, un Tipo TR-1700 ampliado con un reactor CAREM, morro más hidrodinámico y sistemas mejorados

La industria nacional lanza el satélite SARA-D para comunicaciones militares cifradas, y se establece una red C4ISR nacional que integra a las tres fuerzas. INVAP provee radares 3D para todo el país y el sistema de defensa aérea ya cubre el 85% del espacio nacional con misiles de corto y medio alcance.

La política exterior argentina se reposiciona: participa activamente en misiones de paz bajo mandato de la ONU, exporta sistemas de defensa livianos a África y mantiene una relación estratégica con países como India, Egipto e Indonesia.

 

Un escenario subversivo pero, por lo menos, con entrega de material

¿Qué habría pasado si, a pesar del ascenso de gobiernos de izquierda —como efectivamente ocurrió—, se hubieran concretado finalmente las repetidas promesas o intentos de adquirir material militar no occidental? Esto en un contexto político marcado por una fuerte desconfianza hacia las Fuerzas Armadas.

Durante el gobierno peronista se evaluaron diversas alternativas: los Mirage F1 españoles, el IAI Kfir Block 60 israelí, el KAI F/A-50 Golden Eagle surcoreano, y finalmente el CAIC JF-17 Thunder de origen chino-pakistaní. De todos ellos, el que estuvo más cerca de concretarse fue el último.

Pilotos argentinos llegaron a volar el JF-17 en Pakistán, y de haberse adquirido, las unidades habrían operado desde la Base Aérea Militar de Tandil. Sin embargo, la cantidad prevista nunca superó los 12 aviones más 2 adicionales, por lo que habrían conformado el único escuadrón de combate real del país, junto a un puñado de entrenadores Pampa III —estos últimos con capacidad de combate extremadamente limitada.


De haberse optado por este camino, lo más probable es que se hubieran adquirido vehículos blindados 6x6 Guaraní de la empresa brasileña IVECO, y quizás una cantidad limitada de VN-1 8x8 para equipar unidades de despliegue rápido. Pero no mucho más que eso.

En cuanto a la Armada, no se preveían incorporaciones significativas, salvo quizás algunos viejos avisos de origen ruso. Todas las naves de clase Meko se hundirían del puro óxido.

El principal problema de seguir esta vía habría sido el alejamiento total de la esfera de influencia de la OTAN, lo que implicaría una colisión directa con Estados Unidos. Un factor estratégico a considerar es que abrir esa puerta habría llevado con alta probabilidad a que Washington refuerce militarmente a Chile, en un intento de equilibrar la presencia de equipamiento chino en la región.


El acuerdo surcoreano

Otro escenario puede haber sido la cooperación con Corea del Sur. Un emergente productor de aviones de combate luego de haber ganado experiencia muy valiosa en la producción bajo licencia de los KF-16 en las instalaciones de KAI. El país ofrece los flamantes entrenadores avanzados y de ataque ligero F/A-50 Golden Eagle. Equipados con una pieza del legendario motor F404 de los F/A-18 Hornet, Argentina decide que es una buena opción para reemplazar a los todavía omnipresentes aviones A-4AR Fightinghawk. 

Aviones F/A-50 Golden Eagle argentinos volando sobre Santa Rosa, La Pampa.
 

Coproducidos en la FAdeA reestatizada, los aparatos tendrían su propio centro de mantenimiento en el Área Material Río Cuarto, teniendo estos aviones las capacidades de entrenar tripulaciones y plena capacidad de combate ligero. Con una extensión de este acuerdo, la KAI (ávida por extender sus operaciones en los cuatro puntos cardinales) ofrecería participar en el desarrollo del caza KF-21, un bimotor de altas prestaciones bimotor con dos motores F-404. Con unos pocos cientos de millones de dólares de co-financiamiento y el envío de un gran equipo de técnicos argentinos para la participación del diseño y adaptación de la aeronave a las necesidades de las fuerzas armadas argentinas. Basta con ver los esfuerzos enormes que ha hecho Corea del Sur para obtener el contrato de cazas peruanos donde llegó a oferta 24 F/A-50 y 24 KF-21 por menos de 4 mil millones USD.

El KF-21 sería rebautizado en Argentina como Proyecto SAIA-20, una adaptación del viejo SAIA-90 que ya preveía que la FAA debía contar un caza pesado de altas prestaciones bimotor, precisamente, equipados con los dos motores que portaba el F/A-18. El sueño podría haber vuelto a ser realidad. El modelo nacional estaría equipado con bombas Dardo III, radar AESA diseñado por INVAP y diversa aviónica desarrollada en conjunto con KAI y Elbit. El avión producido y adaptado para las fuerzas armadas argentinas podría haberse denominado IA-81 Shotel, que significa Flecha en el lenguaje de los legendarios Patagones. Si, ya va siendo hora al fin de sacar toda la nomenclatura de los araucanos (ahora autodenominados mapuches) los nombres de los productos militares argentinos. 


Un KF-21 Boramae coproducido en Argentina e imaginado localmente con el nombre IA-81 Shotel ("Flecha" en lenguaje Aonikenk) volando sobre la ciudad de Jujuy. 

Finalmente, el mismo acuerdo podría extenderse a tecnología de guerra terrestre, como los tanques K2 Black Panther como complemento de los TAMs. En términos de la Armada, diversos sistemas navales se analizarían para su adquisición, entre ellos USV y UUV así como sistemas de sonar. Corea del Sur es, sin dudas, de las industrias más productivas en términos militares del Mundo.

La Argentina militar de 2025: balance final del escenario contrafáctico

En este presente alternativo, Argentina contaría con una fuerza militar moderna, profesional y plenamente subordinada al poder civil. No se trataría de un país militarizado, sino de una nación que supo construir poder disuasivo inteligente y base industrial nacional.

Su aviación de combate empezaría a integrar tecnologías de quinta generación en drones y sensores, lanzaría desde sus propios vectores sus satélites y micro-satélites militares, su flota submarina aseguraría la soberanía atlántica, y su Ejército dispondría de una capacidad de maniobra mecanizada, artillada y digitalizada inédita en América Latina. Todo esto sostenido por una industria de defensa competitiva, con exportaciones anuales por encima de los 500 millones de dólares.

Además, el país ha fortalecido su posición geopolítica: no dependería de alianzas militares con potencias externas, mantendría la iniciativa en la cuestión Malvinas en foros internacionales, y sería visto como garante de estabilidad regional.

 

Reflexión final: entre el “pudo haber sido” y las lecciones para el futuro

Este ejercicio contrafáctico no busca idealizar una carrera armamentista, ni ignorar los desafíos éticos, económicos y políticos que implica sostener un complejo militar moderno. Pero sí propone repensar el abandono sistemático de capacidades estratégicas que Argentina sufrió durante décadas, muchas veces no por necesidad, sino por desidia, desconfianza o inercia política.

Argentina debió seguir con los planes de inversión y encarar el abastecimiento de la industria militar mundial. ¿Qué diferencia había en el complejo militar argentino de finales de los 1980s con el complejo militar turco actual? ¿Por qué el KAAN turco de hoy no pudo haber sido en SAIA-90 en 1990s? La democracia argentina ha sido el aprendizaje durísimo de 40 sufrir el país la administración de un banda organizada de delincuentes e incompetentes que no lograron casi ningún objetivo socialmente deseable: ¡no mejoró la educación, ni la vivienda, ni la justicia ni tampoco creció la economía! Los únicos que mejoraron su vida fueron los propios políticos.


¿Esta era la línea de sucesión para la FAA si no hubiese la democracia desmantelado todo el complejo militar argentino?


Sin dudas el sector más castigado fue la defensa con el desmantelamiento casi completo de toda la infraestructura de producción militar. De haber seguido mínimamente un nivel de gasto militar acorde, los Mirage III hubiesen sido suplantados por los Mirage 2000 y luego complementados con F-16s reemplazando los A-4 y, mas cercano en nuestros tiempos, el salto final hacia el Rafale, el Gripen (sin tecnología británica) y, por que no, el KF-21 o los F-16 Block 70. De lado de las fuerzas terrestres, la modernización del TAM ya debió haber llegado a finales de los 90s, con la incorporación de Leopard 2 en los 2000s con modernizaciones hasta el día de hoy. De lado de las fuerzas navales, las Meko se debieron vender en los 90s por la motorización británica y su reemplazo por Meko 200 primero con motorización americana para llegar a los 2020s con FREMM francesas o italianas. Ello junto a incorporar algún LPH, LST ó LPD, tal vez usado de Francia o Italia. 

Hoy debiéramos tener una fuerza respetable, pequeña, altamente móviles y profesionales, sin necesidad de tener tanto poder de proyección como en los 80s pero si con capacidad de disuasión frente a la Royal Navy en las Malvinas: esa es nuestra hipótesis de conflicto permanente y el desafío más importante en el futuro. La Argentina de 2025 podría haber sido muy diferente. Con voluntad, planificación y control democrático, el país pudo haber mantenido su autonomía tecnológica y su capacidad de defensa sin recurrir al militarismo ni a aventuras geopolíticas irresponsables. Demás está añadir, ninguno de estos escenarios (ni ningún escenario de crecimiento económico) es factible bajo un gobierno populista, sea del partido o alianza de partidos que sea.

Hoy, en un mundo cada vez más incierto, donde la disuasión sigue siendo parte del lenguaje internacional, mirar atrás no es solo nostalgia: es una advertencia. Lo que se pierde una vez, cuesta generaciones recuperarlo. Y en defensa, como en historia, las decisiones no tomadas también escriben el destino.


Por Esteban McLaren (con colaboración de Warbook2023 y OpenIA )