Innovación Afrikáner bajo aislamiento
Cuando el mundo intentó quebrar a los afrikáners, ellos crearon tecnologías de las que hoy depende OccidenteMike the Warthog
@thyphoidjack

Un embargo internacional de armas tenía como objetivo paralizar a Sudáfrica. Pero en lugar de eso, impulsó la creación de uno de los complejos industriales de defensa más avanzados del mundo. Entre 1977 y 1994, ingenieros sudafricanos desarrollaron sistemas de artillería que superaban el alcance de las armas soviéticas, inventaron vehículos resistentes a minas —diseños que hoy son estándar en los ejércitos occidentales—, construyeron seis armas nucleares (que luego desmantelaron voluntariamente), y crearon lanzagranadas que terminaron siendo adoptados por los Marines de EE.UU. Todo ese desarrollo, impulsado en gran parte por el talento técnico afrikáner en condiciones de aislamiento extremo, generó armamento que décadas después salvaría vidas estadounidenses y británicas en Irak y Afganistán.
Los obuses G5 y G6 fueron probablemente la innovación armamentística más importante del país. Su desarrollo arrancó en 1976, aprovechando tecnología obtenida en secreto del ingeniero canadiense Gerald Bull. Según informes, la CIA fomentó esa transferencia antes del gobierno de Carter. El resultado fue el obús remolcado G5, que dejó boquiabiertos a los analistas militares. El arma de 155 mm alcanzaba 30 km con munición estándar, 40 km con proyectiles base-bleed, y 50 km con proyectiles asistidos por cohete —un 50% más de alcance que la artillería soviética y occidental de la época.

SPH G5 iraquí capturado y exhibido en USA
El G6, versión autopropulsada, montaba el mismo cañón sobre un chasis con ruedas protegido contra minas, y se convirtió en el sistema de artillería sobre ruedas más grande del mundo (47 toneladas). En 1987, tres G6 desplegados en la Batalla de Cuito Cuanavale destruyeron cuatro MiG-21 en tierra y forzaron la reubicación de las operaciones aéreas angoleñas a 300 km hacia el norte. Irak e Irán compraron estos sistemas y los usaron mutuamente. Se fabricaron unas 520 unidades del G5 y 145 del G6, y se exportaron a países como Emiratos Árabes Unidos, Omán, Malasia y Catar.
El Casspir fue el primer vehículo protegido contra minas en incorporar el diseño de casco en "V", una innovación que luego salvaría miles de vidas en Irak y Afganistán. Su estructura monobloque desviaba la fuerza de explosiones lejos de los ocupantes, y ofrecía protección comprobada contra tres minas antitanques bajo cualquier rueda. Se fabricaron más de 2.500 unidades. Cuando los soldados norteamericanos comenzaron a morir por IEDs (bombas caseras), el Pentágono recurrió a estos diseños sudafricanos. Los vehículos RG-31, RG-33 y Buffalo —adquiridos por miles— descienden directamente del Casspir. Solo el RG-33 fue seleccionado para el programa de vehículos medianos protegidos contra minas del Ejército de EE.UU., con una inversión de 2.880 millones de dólares y más de 1.735 unidades entregadas. El Reino Unido adoptó los mismos principios en sus vehículos Mastiff, Ridgeback y Wolfhound (cerca de 700 unidades en total).

MRAP Casspir
El diseñador Andries Piek creó el lanzagranadas Milkor en 1981. Era un arma tipo revólver de seis tiros que podía disparar todas las granadas en menos de tres segundos, revolucionando los lanzadores de un solo disparo. Se fabricaron más de 50.000 unidades, utilizadas por las fuerzas armadas de más de 50 países. El Cuerpo de Marines de EE.UU. lo denominó M32 y adquirió más de 9.000 unidades para combate en Irak.
El Ratel fue el primer vehículo de combate de infantería con ruedas en entrar en servicio (1976). Se fabricaron más de 1.381 unidades. Su casco en "V" le daba protección contra minas, y su alcance operativo de hasta 1.000 km era ideal para las vastas distancias de la Guerra de Frontera. El modelo Ratel 20 incorporó el primer cañón automático de doble alimentación de 20 mm del mundo, permitiendo cambiar rápidamente el tipo de munición durante el combate. Fue el pilar de batallones mecanizados, incluyendo al famoso Batallón 32 (en su mayoría soldados africanos anticomunistas del SADF, conocidos como los “Buffalo Soldiers”).

Blindado Ratel 20 6x6
El Rooikat, un vehículo blindado de reconocimiento, alcanzaba los 120 km/h con una autonomía de 1.000 km, usando la velocidad como protección. Su cañón estabilizado de 76 mm podía apuntar y disparar en aproximadamente dos segundos. El diseño permitía llegar a zonas de combate por sus propios medios en menos de 24 horas. Se fabricaron 240 unidades.
El fusil de asalto Vektor R4 entró en servicio en 1980, basado en el Galil israelí pero adaptado a las condiciones sudafricanas (incluyendo una culata plegable más larga, pensada para soldados altos). La ametralladora SS-77 resultó tan confiable que sigue en uso hoy. La pistola ametralladora BXP tenía un gatillo de dos etapas único: una presión parcial disparaba en modo simple y una completa en modo automático, ideal para comandos y fuerzas policiales.
Sudáfrica también alcanzó capacidad operativa con drones mucho antes que la mayoría. La serie Seeker operó en Angola entre 1987 y 1988 con una autonomía de 9 horas, 200 km de alcance y sensores avanzados (incluyendo imagen térmica). En un caso documentado, el enemigo lanzó 17 misiles SA-8 Gecko para derribar un solo dron, agotando sus defensas aéreas mientras el reconocimiento del SADF continuaba. Solo se perdieron tres UAVs Seeker en toda la campaña. En los 80, Sudáfrica era considerada líder global en desarrollo de drones, muy por delante del resto.

UAV Seeker
Es el único país que desarrolló armas nucleares de forma independiente y luego desmanteló voluntariamente todo su arsenal. El programa produjo seis bombas tipo cañón con uranio enriquecido (y una séptima en construcción), con una potencia de entre 10 y 18 kilotones —similar a la de Hiroshima—. La primera arma lista para ser usada se terminó en diciembre de 1982. F.W. de Klerk ordenó su desmantelamiento en septiembre de 1989, pocos días después de asumir, en una decisión calculada: el gobierno afrikáner entendía que dejar esas armas en manos del ANC, con sus vínculos con la URSS y movimientos revolucionarios, era un riesgo inaceptable. Todas fueron desarmadas para julio de 1991. Esa decisión rara vez se reconoce como visionaria.
Las superpotencias se dieron cuenta de lo que estaba pasando. En 1977, satélites soviéticos detectaron preparativos para una prueba nuclear en el desierto del Kalahari. Brezhnev le escribió directamente a Carter. Ambos acordaron coordinar presión diplomática sobre Pretoria. El secretario de Estado Vance y el embajador soviético Dobrynin incluso acordaron compartir información sobre el monitoreo. Fue una cooperación notable en plena Guerra Fría. El embargo de armas obligatorio de la ONU de 1977 fue el primero impuesto unánimemente contra un Estado miembro, con apoyo de ambas superpotencias. Un país pequeño en el extremo sur de África se estaba volviendo demasiado capaz, demasiado independiente, demasiado difícil de controlar.
Israel, pese al embargo oficial, mantuvo una colaboración militar encubierta extensa. Documentos desclasificados muestran que en 1975, el ministro de defensa Shimon Peres discutió misiles Jericó con capacidad nuclear con P.W. Botha. En 1976, aparentemente, Sudáfrica entregó 50 toneladas de uranio a cambio de 30 gramos de tritio. Para los años 80, Israel era su principal proveedor de armas.
Hacia 1989, la industria de defensa sudafricana empleaba a unas 130.000 personas y producía desde helicópteros de ataque hasta misiles estratégicos. El helicóptero Rooivalk voló por primera vez en 1990. El Proyecto Carver estaba desarrollando un caza de cuarta generación con una inversión de 2.000 millones de dólares.
La trayectoria posterior a 1994 muestra cuán rápido se pueden perder estas capacidades. Para 2020, la industria se redujo a solo 8.500 empleados —una caída del 93%—. Se cancelaron programas clave. Del Rooivalk solo se produjeron 12 unidades. Los técnicos emigraron. Emiratos, Arabia Saudita y empresas australianas reclutaron ingenieros de Denel. Una investigación oficial encontró transferencia ilegal de propiedad intelectual valuada en 328 millones de rands a empresas extranjeras, incluyendo documentación de misiles Umkhonto, Ingwe y Mokopa.
Bajo el gobierno del ANC post-1994, Denel llegó a estar técnicamente insolvente en 2019, sin poder pagar sueldos. El Estado tuvo que rescatarla con casi 9.000 millones de rands. En 2022 perdió un contrato de 6.000 millones con Egipto por falta de financiamiento bancario. Para 2024, seguía insolvente.
Pero la tecnología sobrevive. Vehículos MRAP estadounidenses protegen soldados en combate. Patrulleros británicos patrullan zonas hostiles. Lanzagranadas marines esperan en arsenales. La innovación sudafricana, creada por ingenieros afrikáners en condiciones imposibles, sigue sirviendo en silencio a los ejércitos de los mismos países que antes les impusieron sanciones.
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