martes, 21 de junio de 2022

Ejército Argentino: Vickers Crossley Modelo 1926

Auto blindado Vickers Crossley Modelo 1926




Fue el primer vehículo blindado de dotación del Ejército Argentino, uno de los símbolos de su evolución hacia la era del blindado y del vehículo de motor. A fines de la década de 1920, el Ejército incorporó no sólo armamento británico, sino que adoptó también el uniforme de cuello volcado con camisa y corbata (verdes), inspirados en el modelo inglés en el que no faltaba el cinturón marrón con bandolera. Incluso los distintivos de grado eran similares a los británicos (de tipo cuadrado en vez de los redondeados empleados hoy día).

 

Estos vehículos ingleses fueron ampliamente usados en la India por la Royal Air Force en las misiones de búsqueda y rescate de pilotos en la profundidad de territorios dominados por tribus hostiles, o bien para el mantenimiento del orden. Cuentan las crónicas inglesas, que bastaba la aparición de un par de estos vehículos blindados para dispersar una revuelta. Generalmente operaban en parejas para apoyarse mutuamente. Los británicos los apreciaban por su gran autonomía, su gran velocidad de marcha y alta confiabilidad.

 



En el desfile del 9 de Julio de 1928 fueron presentados seis, recién adquiridos, vehículos blindados. Fue toda una novedad que impactó a los espectadores con su pintura de camouflage de estilo británico y sus dos ametralladoras. Estaban dotados de ruedas de caucho macizo (algo que evitaba las pinchaduras, problema frecuente con los neumáticos de alta presión de aquella época). Estos blindados eran del tipo 4x2, capaces de desarrollar 72 km/h en buenos caminos. Su mayor limitación era la pobre movilidad sobre terrenos blandos o accidentados (equivalía a la de un camión convencional de la época). En caminos de tierra se desplazaba muy bien, siempre y cuando una lluvia no los transformase en un barrial. Los vehículos se destinaron a unidades de Caballería, a razón de un grupo compuesto por dos vehículos. Causaron gran impresión, ya que gracias a su poder de fuego y velocidad eran capaces de detener, cuando no diezmar, a todo un escuadrón de caballería montado. Generalmente se los empleó para la exploración.

 
 
 
 

Soldados






COAN: Glenn Martin 139 WAN B-10B naval

Montando un Glenn Martin 139 WAN B-10B



Foto del avión Bombardero Mediano Glenn Martin 139 Wan B-10B, matrícula 2-B-3 con insignias del Comandante de la Escuadrilla, dentro del hangar mientras realizan tareas de mantenimiento y perteneciente a la Aviación Naval - Año: 1941.
(Créditos a la Revista Life)

Especificaciones técnicas Glenn Martin 139 WAN B-10B

Dimensiones
Envergadura: 21,49 mts.
Largo: 13,64 mts.
Alto: 4,70 mts.
Superficie alar: 62,99 mts2.
Armamento
3 (tres) ametralladoras COLT MG-40 de Cal 7,62mm en tres puestos de tiro (dorsal, ventral y proa)
1025 kg. de bombas.
Motores: 2 motores radiales Wright R-1820-33 Cyclone de 775 hp c/u.
Prestaciones
Velocidad máxima: 340 km/h.
Autonomía: 5 horas a 180 km/h.
Alcance: 2.000 km,
Techo de servicio: 7.375 mts
Fabricados en: EE. UU.

Matrícula 2-B-3:

Nº de serie: 717,
El 27/11/1937 incorporado a la Armada,
Asignado a la Escuadra Aeronaval Nº2 como 0083/2-B-3,
En 1944 es re designado como 0083/3-B-9.
En 1949 fue dado de baja.

domingo, 19 de junio de 2022

Diseño de IFV/APC soviéticos

Descripción general del diseño ruso APC/IFV

Weapons and Warfare

 

Un ejemplo típico de un APC con ruedas de estilo soviético es el BTR-80. El BTR-80 es un APC de 8×8 ruedas de 30.000 libras (13,6 toneladas) que mide aproximadamente 25 pies (7,7 metros) de largo, 9,5 pies (2,9 metros) de ancho y 8 pies (2,4 metros) de alto. Operado por una tripulación de tres con un conductor, comandante y artillero, el vehículo también transporta 7 tropas de infantería. El conductor y el comandante están situados en la parte delantera del vehículo, mientras que el artillero se coloca en un asiento montado en el techo debajo del arma principal. Dos de las tropas están ubicadas adelante del conductor y el comandante, mientras que las otras cinco se sientan en asientos estilo banco en la parte trasera del vehículo. Las tropas están provistas de puertas de tiro. Las tropas posicionadas en la parte trasera entran y salen del vehículo a través de puertas laterales que están divididas. La puerta superior gira hacia un lado y la mitad inferior desciende hacia abajo, actuando así como una superficie de paso. Se supone que este enfoque permite que las tropas salgan del vehículo mientras está en movimiento, con el lado del vehículo que tiene la entrada orientada lejos del fuego enemigo.

El BTR-80 está propulsado por un motor diésel turboalimentado V-8 de 260 hp que proporciona una relación potencia-peso de 17 hp/tonelada. Esta es una mejora significativa con respecto a los motores de gasolina duales que impulsaron los anteriores BTR-60 y BTR-70. Capaz de alcanzar velocidades en carretera de hasta 55 mph (90 km/h) y con un alcance operativo de 370 millas (600 km) con combustible a bordo, el vehículo también es totalmente anfibio con una velocidad en el agua de 6,2 mph (10 km/h). hora). El vehículo se impulsa a través del agua a través de hidrojets. El vehículo puede navegar por una pendiente del 60 % y subir un escalón vertical de 1,6 pies (0,5 metros).

Se ha producido una gran cantidad de variantes del BTR-80 para satisfacer diversas necesidades operativas y requisitos de los clientes. Los más comunes de estos se indican a continuación:

• BTR-80: transporte blindado de personal (APC) estándar producido en 1986.

• BTR-80M: versión mejorada disponible en 1993 con motor y neumáticos mejorados.

• BTR-82: versión mejorada adicional disponible en 2009 con mayor blindaje, adición de revestimiento antiesquirlas, equipo de visión nocturna mejorado y un motor de 300 hp.

• 2S23: una versión de apoyo de fuego del vehículo, que monta un cañón estriado de mortero de 120 mm.

• BTR-80A: una versión de vehículo de combate de infantería presentada en 1994 y equipada con el cañón automático 2A72 de 30 mm operado a distancia en la torreta y provista de 300 cartuchos de munición.

• BTR-82AM: una versión de infantería naval (infantes de marina) del BTR-82A.

• BTR-82A: IFV mejorado aún más introducido en 2009 que ha sido bien recibido por las tropas rusas que luchan en Ucrania. El sistema de armas tiene un FCS y una óptica de visión nocturna mejorada. Incluye blindaje aumentado, adición de revestimiento antiesquirlas al interior del vehículo, sistema de navegación GLONASS y un motor de 300 hp. El vehículo también puede acomodar 8 desmontajes.



Un ejemplo típico de un vehículo de orugas de estilo soviético es el BMP-1. BMP-1 : modernizado por el 140. ° taller de reparación de Bielorrusia de Barysaw en Bielorrusia durante reparaciones importantes entre las décadas de 1970 y 2000 (década). El paquete de modernización incluía el lanzador ATGM 9P135M-1 montado en un pivote capaz de disparar 9M113 "Konkurs" (AT-5 Spandrel) guiados por SACLOS, 9M113M "Konkurs-M" (AT-5B Spandrel B), 9M111 "Fagot" (AT-5 Spandrel). 4 Spigot) y ATGM 9M111-2 “Fagot” (AT-4B Spigot B), así como un nuevo sistema de arma resistente a atascos de infrarrojos pulsados ​​electrónicos.

Los transportes blindados de personal se hicieron comunes durante la Segunda Guerra Mundial, originalmente introducidos por el ejército alemán para transportar rápidamente tropas a lo largo del frente del campo de batalla. Capaz de transportarse en condiciones que los camiones normales no podían atravesar, esto proporcionó movilidad táctica para apoyar la forma de guerra Blitzkrieg (guerra de relámpagos). El vehículo de combate de infantería , esencialmente un vehículo de estilo APC con blindaje y armamento mejorados, fue introducido durante la década de 1960 por la Unión Soviética. Su función era proporcionar apoyo de fuego a los desmontados y atacar vehículos blindados iluminados.

Una debilidad de los APC y los IFV es que no pueden blindarse lo suficiente para proteger contra los juegos de rol y ATGM. Por lo tanto, las técnicas de guerra modernas dependen en gran medida de la movilidad, con tanques, IFV y APC avanzando rápidamente sobre las unidades enemigas. Con el apoyo de la artillería y la infantería para suprimir el despliegue de armas equipadas con ojivas cargadas con forma, se espera que el vehículo blindado abrume al enemigo antes de que pueda desplegar efectivamente sus RPG y ATGM. Este método de combate móvil rápido, conocido como guerra de maniobras, fue diseñado para participar en una confrontación convencional exitosa a gran escala, como podría desarrollarse el combate en Europa.

Sin embargo, la guerra moderna ha tendido a descender hacia la guerra asimétrica y el combate urbano, con vehículos blindados de combate (AFV) que a menudo operan desde posiciones aisladas o estacionarias. Esto una vez más los dejó vulnerables al ataque de la infantería armada con RPG y ATGM portátiles. A medida que los rusos sufrieron grandes pérdidas en la guerra de insurgentes experimentada en la Guerra de Afganistán y en Grozny durante la 1.ª y 2.ª Guerras de Chechenia, dolorosamente llegaron a reconocer estas vulnerabilidades. Muchos IFV y APC rusos fueron destruidos por infantería mal entrenada pero bien motivada armada con juegos de rol relativamente simples y económicos, irónicamente típicamente de origen ruso.

Se diseñaron múltiples enfoques para superar estas vulnerabilidades. Estos incluyeron tener infantería fuera del vehículo mientras se movía a través de las ciudades para brindarle protección, colocar tropas en la parte delantera del vehículo para operar armas defensivas, aumentar la potencia de fuego disponible para la tripulación del vehículo para destruir enemigos hostiles antes de que pudieran desplegar sus armas, instalar versiones más ligeras. de ERA en estos vehículos (las versiones de tanques pesados ​​de ERA dañan los IFV y APC de revestimiento delgado) y desarrollar sistemas APS de destrucción blanda y dura. El otro enfoque consiste simplemente en proporcionar a los APC e IFV el mismo nivel de protección que se brinda a los MBT (es decir, utilizar un chasis de tanque como chasis de APC/IFV). Aunque el aspecto liviano de estos vehículos se sacrifica con este enfoque, su capacidad de supervivencia en la guerra urbana e insurgente mejora significativamente. Esto ha resultado, por ejemplo, en el desarrollo del T-15 a partir del T-14. Los israelíes también están adoptando este enfoque, desarrollando el Namer fuertemente blindado a partir del Merkava.

Los IFV y APC soviéticos y rusos comparten regularidades en su enfoque de diseño, lo que refleja sus encuentros militares, con diseños que evolucionan para enfrentar los desafíos presentados por las tecnologías y tácticas emergentes. Al igual que sus contrapartes occidentales, los soviéticos cuentan con APC e IFV con ruedas y con orugas que se pueden producir como una 'Familia de vehículos'. Al igual que en Occidente, los IFV soviéticos/rusos tienden a estar más blindados que sus APC. Los IFV TAMBIÉN tienden a ser rastreados, lo que les permite mantener el ritmo de los MBT, cuyo papel principal es apoyar. Sin embargo, para los APC, los rusos han mostrado durante mucho tiempo una preferencia por los vehículos con ruedas, y Occidente solo absorbió el enfoque ruso establecido desde hace mucho tiempo en la década de 1990. Los rusos también tienen una fuerte preferencia por construir APC e IFV que puedan 'nadar', capaces de atravesar los ríos que encuentran durante un avance. Mientras que los vehículos occidentales tienden a enfatizar niveles de armadura más altos y, por lo tanto, mayor peso, los rusos mantienen su vehículo lo suficientemente liviano como para permitir la capacidad de nadar.

Hasta hace poco, los soviéticos en general han mostrado menos interés en proteger a sus tripulaciones y brindarles comodidad que sus contrapartes occidentales, centrándose más en mantener sus vehículos pequeños, móviles y rápidos. Mientras que los vehículos occidentales tienden a ser más altos y más grandes, proporcionando más espacio para los ocupantes, los APC e IFV rusos tienden a ser muy bajos y planos en comparación, minimizando tanto la silueta como el peso del vehículo. También tienden a ser más anchos y tienen orugas o ruedas más anchas. La combinación de estas características proporciona una movilidad optimizada del vehículo, haciéndolos rápidos, capaces de atravesar pendientes empinadas (centro de gravedad bajo) y capaces de navegar por el barro y la nieve.

La desventaja de este enfoque es que la tripulación del vehículo y los desmontados (tropas transportadas) tienen que operar en condiciones muy estrechas. Por lo tanto, las tripulaciones se agotan más rápidamente, tienen más dificultades para operar el equipo y sufren más bajas cuando se rompe el blindaje del vehículo debido a la salida lenta y difícil del vehículo. Para contrarrestar estas restricciones, los soviéticos han ideado algunas innovaciones bastante novedosas para mejorar las condiciones de la tripulación y los desmontados, y para mejorar el rendimiento general del vehículo.

Donde los modelos más antiguos de APC e IFV rusos hacen que las tropas transportadas entren y salgan del vehículo por puertas laterales altamente restrictivas, los diseños más nuevos brindan acceso a las tropas a través de puertas grandes y techos plegables en la parte trasera del vehículo. Y donde la tasa de carga del arma principal a menudo era solo una cuarta parte de la alcanzable en los vehículos occidentales con espacios más abiertos, los cargadores automáticos integrados han proporcionado a los vehículos soviéticos tasas de recarga iguales o mejores que las alcanzadas por sus contrapartes occidentales.

Otra característica novedosa ideada por los soviéticos fue colocar el motor de sus IFV en la parte trasera del vehículo, brindándole una mayor protección, similar a los MBT (los IFV y APC suelen colocar el motor en la parte delantera del vehículo, a la derecha del conductor ). Al colocar el motor bajo en el vehículo, las tropas pueden ingresar al vehículo sobre el motor montado en la parte trasera. Esto también permite que el conductor se coloque en el centro de la parte delantera del vehículo, también similar al diseño típico de MBT. Luego, los soviéticos colocan un soldado a cada lado del conductor, cada uno operando como ametrallador u operador de lanzagranadas. Al igual que algunos tanques de la Segunda Guerra Mundial, en los que un operador de armas se sentaba junto al conductor del vehículo, este enfoque proporciona una potencia de fuego sustancialmente mayor que puede dirigirse a la infantería para proteger el vehículo del ataque de los RPG y ATGM.

Al igual que los vehículos occidentales, los soviéticos fabrican los cascos de sus vehículos con aluminio balístico soldado y/o acero balístico, lo que proporciona una protección total de 360 ​​grados para amenazas de menor calibre. Los vehículos poseen placas de glacis frontales muy inclinadas, así como paredes laterales inclinadas, las superficies oblicuas desvían más eficazmente las rondas entrantes. Si bien esto reduce la disponibilidad de espacio para la tripulación y las tropas, mejora la supervivencia general del vehículo. Con su bajo perfil de vehículo, los APC e IFV soviéticos también son más difíciles de alcanzar que sus contrapartes occidentales de mayor rango.

El enfoque soviético para aumentar la protección de sus vehículos más allá de las capacidades inherentes del casco históricamente ha sido más progresista que el pensamiento occidental. En muchos sentidos, los soviéticos han liderado el camino en desarrollos innovadores de armaduras, y Occidente luego duplicó sus avances. Habiendo liderado el camino en el desarrollo de ATGM, los soviéticos previeron la necesidad de contrarrestar tales armas, por lo que fueron los primeros en desarrollar soluciones de armadura de cerámica. Además, los soviéticos abrieron el camino en el desarrollo de ERA, contramedidas electrónicas (soft kill dazzlers y jammers) y hardkill Active Protection Systems. También siguen siendo los únicos militares que han integrado ERA directamente en los diseños del casco y tienen APS como sistema estándar en sus AFV.

Los soviéticos también tienden a armar más fuertemente sus IFV que los vehículos occidentales equivalentes. Esto incluye el despliegue de varios cañones instalados en una sola torreta, como el cañón doble de 100 mm/cañón automático de 30 mm en el BMP-3 y el BMD-4. Sus armas principales también tienden a ser más multifuncionales en términos de munición que se puede disparar que los vehículos occidentales, a menudo capaces de disparar ATGM, así como las rondas estándar KE y/o HE-I. Esto les proporciona una mayor potencia de fuego y un rango de combate efectivo máximo extendido. Además, la mayoría de los IFV rusos modernos se pueden armar con varios sistemas ATGM montados en torretas. La protección del vehículo se mejora al ofrecer puertos de tiro a las tropas y colocar a los soldados en la parte delantera del vehículo para operar ametralladoras y lanzagranadas.

Quizás el aspecto más definitorio del diseño soviético/ruso APC e IFV, similar a sus MBT, es el bajo costo y el diseño simple. Las experiencias soviéticas en la Segunda Guerra Mundial los convencieron de que para defender a su nación y abrumar e invadir, deben ser capaces de producir una gran cantidad de vehículos blindados. Esto requiere que los vehículos sean económicos y rápidos de construir. Cuando los vehículos occidentales se construyen con un estándar de alta calidad y utilizan componentes costosos y tecnologías avanzadas, la experiencia soviética reconoce que las fuerzas armadas se gastan rápidamente una vez que estallan los conflictos y deben poder reemplazarse rápidamente. Por lo tanto, la calidad de fabricación de los vehículos blindados soviéticos tiende a ser pobre en comparación con los vehículos occidentales y el uso de tecnologías sofisticadas generalmente está restringido.

Un resultado negativo de este enfoque ha sido que los soviéticos se rezagaron significativamente en el avance de los sistemas computarizados integrados y las tecnologías de sensores. Si bien esta falta de sofisticación no fue una desventaja en el período inicial de la Guerra Fría, las capacidades computarizadas y los sensores avanzados se han vuelto críticos en los AFV modernos, ya que son esenciales para operar los sistemas de control de incendios que permiten que los cañones disparen con precisión en movimiento, para proporcionar capacidades de combate nocturno mediante el uso de imágenes térmicas y para la guía de municiones avanzadas.

Reconociendo que en un entorno moderno de ultra alta tecnología, un AFV demasiado simplificado no sobrevivirá por mucho tiempo, y que reemplazar el vehículo perdido con más unidades de baja calidad ya no será suficiente para ganar una batalla, la generación más reciente de vehículos de diseño ruso, el T-14 y el T-15 están rompiendo por completo con el diseño soviético tradicional. Se está poniendo un nuevo énfasis en la capacidad de supervivencia de la tripulación y la tropa, y en la inclusión de equipos y capacidades de alta tecnología. Sin embargo, debido a la distancia relativa que los soviéticos se han quedado atrás en estos aspectos, en realidad dependen de las computadoras y sensores chinos y franceses para equipar su última generación de vehículos hasta que puedan ponerse al día y desarrollar estos componentes dentro de Rusia.

Malvinas: Coraje, rendición y posguerra

sábado, 18 de junio de 2022

Malvinas: El incidente de 1953

Cuando 2 soldados argentinos invadieron Malvinas en 1953






Parte de nuestra historia que pocos conocen:
Debido a esto Churchill envió una fragata para repeler la "invasión"
Para Winston Churchill era una ruptura de la soberanía británica que valía una respuesta- el envío de una fuerza de tareas para reclamar una pequeña isla rocosa en el Atlántico Sur invadida por argentinos.
El Foreign Office (Ministerio de Relaciones Exteriores Británico) ya había enviado un telegrama al gobierno de Buenos Aires quejándose de una "incursión armada en las aguas y territorios Británicos" e informando que la presencia de buques y tropas navales eran un acto de agresión.
Pero mientras un destacamento especial de 32 Royal Marines tomaba la costa por asalto para reclamar la isla Decepción, poco después del mediodía del 15 de febrero de 1953 - unos 30 años antes de que hicieran lo mismo en Malvinas - encontraron que las feroces fuerzas ocupantes consistían en dos suboficiales de marina.
Documentos en los Archivos Nacionales Británicos muestran que, durante su segundo período como Primer Ministro, Churchill estaba tan preocupado de que Argentina tuviera intenciones militaristas en las Malvinas y otros territorios "británicos" en el Atlántico Sur que envió una fragata de la Royal Navy, HMS Snipe, desde Portsmouth. En una nota personal a los jefes de Defensa, Churchill dijo: "Ciertamente una fragata debe ser mantenida en las cercanías de las islas Falklands...
Cuando se supo un poco más tarde, en febrero de 1953 que un aviso Argentino, el ARA Chiriguano, había establecido una cabaña, una tienda de campaña y una bandera en la isla Decepción, parte de las islas Shetland del Sur, a unos 400 yardas de la base británica, era el momento de la acción.
Un informe de la contraofensiva, dirigida por Marines armados con ametralladoras Sten, rifles y gas lacrimógeno, decía: "Sargento y Cabo naval argentinos los únicos ocupantes de la cabaña, "Los dos hombres detenidos" fueron acompañados por el jefe de policía de las islas Malvinas. Los argentinos fueron arrestados y deportados y su cabaña desmantelada por las tropas británicas, junto con un campamento rival dejado por los chilenos.

Introducción

Este es el relato de un episodio ocurrido en la Antártida en febrero de 1953 relacionado con la soberanía nacional en el área por el Cap de Nav Jorge Chihigaren.
En 1952 era Teniente de Fragata con destino en la Base de Submarinos de Mar del Plata integrando la Plana Mayor de la Escuela Antisubmarina, que recién se inauguraba.
Ya había estado en la Antártida como Guardiamarina, a principios del ’48, embarcado en el destructor el A.R.A. Misiones. a pesar de estar en un destino como lo es Mar del Plata, sentí el efecto del magnetismo antártico: Además, era aún una época romántica para estas incursiones, porque tenía en ese entonces mucho de aventura.
Mi idea no era ir a quedarme un año allí; era navegar y explorar los mares del área; Solicité ‘participar en la Campaña Antártica 1952-53 y fui designado a la Fuerza Naval Antártica, integrando un reducido grupo de unos seis oficiales y doce suboficiales que teníamos la tarea de establecer y ocupar refugios temporarios en tierra en los lugares que seleccionaría el Comandante de dicha Fuerza de Tareas, que era el entonces Capitán de Navío D. Rodolfo N. Panzarini, Dr. en oceanografía y meteorología y experto en asuntos antárticos, para afirmar soberanía en el sector antártico argentino.
Me tocó embarcar en el A.R.A. Bahía Buen Suceso nave insignia de la Fuerza de Tareas. Zarpamos poco después de Navidad y ascendí a Teniente de Navío en plena campaña; el 31 de diciembre del 53.
A principios de enero fondeados en la Bahía Media Luna, donde se estaba construyendo el destacamento A.R.A. Teniente Cámara y en plena operación logística de abastecimiento y habilitación del mismo, estando de guardia en el puente, dirigiendo las maniobras de las lanchas, las maniobras del aprovisionamiento etc. me hace llamar el comandante de la Fuerza de Tareas quien me dijo, más o menos, lo siguiente: Lo he designado a usted para lo siguiente:
Va a embarcar en el Bahía Aguirre con dos suboficiales que están en su grupo de refugios y se va a trasladar a con todo su equipo para ocupar un refugio en tierra: El Comandante de ese buque le dará instrucciones sobre la misión a cumplir” Se trataba de instalar un refugio en la Isla Decepción en caleta Balleneros.
Conviene recordar que la caleta Balleneros había sido utilizada, antes de la II Guerra Mundial, por una factoría noruega de procesamiento de las ballenas, abundantes en la zona, la que contaba con grandes tanque donde se almacenaba el aceite de los cetáceos, el que era trasladado a Noruega por buques tanques de esa nacionalidad para su ulterior comercialización.
Al caer Noruega bajo el dominio alemán las instalaciones fueron ocupadas por Alemania, y fue utilizada por ellos como base logística de su flota, sobre todo por los cruceros asignados a la concepción moderna de “guerra de corso” (misión que tenía el crucero Graf Spee) y para submarinos, sobre todo para reabastecimiento de combustible que se almacenaba en los mencionados tanques.
Durante la guerra, anoticiados los británicos de la existencia de esa base, enviaron una División de Cruceros que los inutilizaron.


Para 1953 las instalaciones, es decir la casa que probablemente haya sido el alojamiento de los noruegos, estaba ocupada por el personal de la base británica. A unos 500 metros existe aún el cementerio donde yacen los restos de personal de la factoría y marinos, entre ellos el famoso explorador Capitán Larsen.

Un campamento en el medio de una cancha de fútbol

Informado que cerca de la base británica habían preparado un espacio que servía como cancha de fútbol: allí, donde se para el centro forward, era el lugar apropiado para la instalación de nuestra casilla.
Le sugerí al Comandante de la FT que tratándose que, convendría demostrar que no se trataba de una operación militar sino de un acto de relevamiento topográfico. Que se trataba de una exploración de tipo de estudio geológico para lo cual podríamos agregar algún especialista en geología o topografía que se encontraba embarcado integrando el plantel científico del Servicio de Hidrografía Naval o del Instituto Antártico Argentino. Propuesta que fue aceptada.
También me dijo que, al finalizar la campaña, a fines de abril, un buque de la FT pasaría para embarcarnos de regreso. Aclaró que eso se haría si no se encontraba el agua congelada formando un pack que impidiera la navegación. Esta advertencia fue para mí, lógicamente, muy ‘preocupante”, como mencionaré más adelante. Varios años después siendo Segundo Comandante del A.R.A. Bahía Aguirre comprobé que esta congelación puede ocurrir mucho antes que la fecha mencionada.
Los cabos primeros de mar Acosta y Jiménez, el geólogo y yo trasbordamos al buque mencionado, el trasporte el ARA Bahía Aguirre y zarpamos hacia la Isla Decepción. No pudimos entrar a causa de un témpano que, aunque chico, impedía el acceso. Se envió un equipo de especialistas, para hacerlo volar con carga explosiva. No hubo caso. Entonces, volvimos a Bahía Media Luna y nos transfirieron al Aviso ARA Chiriguano que, como era mucho más chico, podía maniobrar adecuadamente para sortear el impedimento. Entramos y casi enseguida con caída a estribor de 90 grados arribamos al fondeadero de Caleta Balleneros.
Desembarcamos con nuestros enseres y equipos. La tripulación del buque desembarcó la carga necesaria para la construcción de la casilla en que íbamos a habitar, Mientras el grupo de construcciones preparaba el terreno y comenzaba construirla, armamos la carpa que utilizaríamos mientras tanto. La carpa era de las empleadas en las campañas hidrográficas para el personal dedicado a los trabajos topográficos, para la posterior confección de cartas o cuarterones de navegación: Paño doble impermeabilizado, con piso de madera. El equipo de construcciones iba a edificar una casilla de, más o menos, 4 metros por 4, que fue nuestro alojamiento, montada sobre cuatro pilares de unos 60 cm., que abarcaba un pequeño espacio para cocina y otro para baño (sin ducha) y, a la vez, alojamiento, un radio trasmisor y un generador para proveer energía para el mismo y luz eléctrica para la parte habitable. Cerca de la playa se estibó parte de la carga necesaria para utilizar mientras duraba la construcción, es decir algunos víveres, cuatro catres, farolas y combustible. Y lo más importante: el pabellón nacional. La dificultad que tuvimos fue encontrar algo que sirviera como mástil, ya que el pabellón era del tamaño utilizado por buque grandes los días patrios y ceremonias resultaba casi tan grande como el tamaño de la casilla. Probamos una costilla de ballena de las tantas que se encontraban en la costa, restos de la antigua factoría noruega, pero no resultó apta por su curvatura. Al fin el grupo de construcciones utilizó un trozo de madera para transformarlo en lo que necesitábamos, Cuando estuvo listo el improvisado mástil, en una breve ceremonia con todo el personal presente, instalamos el pabellón nacional. (Digo instalamos, y no izado, porque estaba clavado al mástil – en la Antártida el pabellón permanece izado las 24 horas). De inmediato y en previsión a que se levantara mal tiempo, lo que es frecuente allí, almacenamos en la carpa elementos esenciales para la subsistencia. Por suerte, alcanzamos a llevar desde la playa, a unos 60 metros, dos de esas estufas que había antes, que se bombeaban, a kerosén tipo “Volcán”, un tambor de combustible; un cajón con queso y otro cajón con galleta marinera y los 4 catres con su correspondiente ropa de cama pues, efectivamente, se desató un fuerte temporal.
Poco antes del mal tiempo aparece el jefe de la base inglesa que era un ex piloto de la Fuerza Aérea Australiana, ya civil, que había participado en la II Guerra. Vino a presentarme la queja verbal por nuestro desembarco en “Tierra de su Majestad británica” Previamente había entregado una nota de protesta. (Y recibido la nota argentina) al comandante del Aviso; Yo tenía que demostrarles a los ingleses que no era por ellos que estábamos allí, Opté por decirle, únicamente, que estaba en territorio argentino y que sería bienvenido a nuestra casilla cuando estuviera lista. ´ El australiano se retiró sin hacer ningún otro comentario. Me di cuenta que le molestaba nuestra instalación allí.
Pasado el temporal regresa el A.R.A. Chiriguano y desembarca el grupo de construcciones. Finaliza su trabajo y se completa el desembarco de la carga.
La casilla queda construida, sobre cuatro pilotes, es decir elevada un medio metro del suelo para que la nieve no nos dificultara el acceso, pero resultaba muy apta para ser una casilla de fin de semana en el Delta del Tigre pero no para la Antártida donde los vientos son de fuerte intensidad y el mal tiempo frecuente e imprevisto, y obligó no solo a interrumpir las tareas, sino al reembarco, justo a tiempo, del personal del grupo de construcciones y la zarpada del Aviso - por ser en poco apto para mantenerse fondeado- y salir al mar exterior.
Respecto del temporal mencionado, quedamos aislados, dentro de la carpa, durante 3 ó 4 días, porque era imposible salir. El viento blanco. El viento huracanado y la nieve no permitían ver ni a un metro Era un temporal tremendo. Había momentos en que debíamos salir de la carpa, Entonces, nos amarrábamos un cabo a la cintura y el chicote terminal a un parante de la carpa, procedimiento que nos servía de guía para regresar. Por suerte – mejor dicho, por previsión acertada- el queso y la galleta que mencioné, nos sirvió de alimento, aunque el único, durante nuestra obligada permanencia dentro de la carpa. Las estufas, gracias a Dios, funcionaron bien.
En cuanto a las instrucciones recibidas, me preocupaba mucho lo que me había dicho el Comandante respecto a nuestro reembarque al fin de la Campaña. Al principio creí que era una humorada – lo cual no era muy usual en él - pero más adelante me di cuenta que podía darse el caso, me recordaba bien aquello de nos iban a venir a buscar “si se podía”, porque el mar interior, de la Isla Decepción, se congela en invierno entonces no pueden entrar los buques.
Entonces ¿cómo hacíamos para invernar un año en esa casilla, con lo que ocurre en un invierno, nocturno hasta avanzada la próxima primavera, con temporales reiterados que suele haber y mucho más intensos que el mencionado, con la certeza, comprobada, que la casilla no resistiría los embates del viento, sin víveres ni abrigo suficiente? ¿Pedirles apoyo a los ingleses?:

De ninguna manera

El único recurso, si ocurría que no nos podían venir a rescatar sería trasladarnos cruzando a pie todo el mar congelado hasta el Destacamento Decepción, si lográramos llegar, donde, tal vez, podrían darnos albergue durante los largos diez meses que faltaban hasta la próxima campaña. Por tierra en invierno no era factible transitar por la costa debido a glaciares que la ocupan y, aun antes del invierno, por los desprendimientos de grandes trozos de hielo.
Entonces, mi problema era explorar todo el contorno para imaginar por donde evacuar.
Pero había otro problema a resolver: la relación con nuestros vecinos. En búsqueda de la solución me ocurrió otro asunto interesante e inesperado que me ayudó en mi trato con ellos: Resulta que en la época de los noruegos y probablemente antes de la ocupación británica que mencioné al principio y en previsión a lo que podía ocurrirle, y que les ocurrió, supongo, enterraron bajo la lava, que conforma el suelo de la isla, cargas de dinamita, explosivo utilizado en la caza ballenas. Este explosivo es muy sensible a la temperatura. Sabía, por el grave accidente sufrido por un compañero de promoción que años antes había transitado por el lugar y, sin saberlo piso un lugar donde yacía bajo la nieve uno de esos enterramientos, lo cual causó una explosión que lo hirió seriamente. Durante mis exploraciones noté que desde algunos lugares salían desde bajo la lava unos cables conductores que convergían en la casa de los británicos. Esta circunstancia me sirvió para identificar y evitar las mencionadas cargas letales en mi afanosa búsqueda del acceso a las laderas de los Fuelles.
Me di cuenta que se trataba de una acción prevista por los british para ir eliminando esos peligrosos lugares, esto lo menciono para contarle lo que sucedió días después.
Durante un crepúsculo (la noche era muy breve) sentimos varias explosiones que hubieran sonado alarmantes de no haber tenido la experiencia casual mencionada, ya que encontré acertada mi sospecha. Aproveché la circunstancia para trasladarme a la base inglesa provisto de un botiquín de primeros auxilios para ofrecerles ayuda aludiendo que había sentido “extrañas y sorprendentes explosiones” (strange and astonishing explotions) y concurría a ofrecer asistencia anta la posibilidad de que tuvieran algún herido.
El australiano se sintió conmovido y mucho me agradeció mi intención. Me manifestó que se trataba del festejo del cumpleaños de un miembro de la dotación, que así era la costumbre, haciendo desaparecer las cargas mencionadas. Pero no me invitó, a ingresar a su casa.
Encontrándome derritiendo nieve para tener agua, veo acercarse a Mr. Clarke, que así se llamaba el ex piloto Jefe de la Base inglesa, vestido muy prolijamente, y portando un bastón que supuse era la insignia de su mando, pues era joven y no rengueaba, que venía a expresarme su agradecimiento con una botella de whisky. Allí establecimos relaciones. Le entregué, en retribución, un buen trozo de carne que manteníamos en una “heladera natural”
Recuerdo aun los ojos de asombro del australiano quien, seguramente extrañaba desde hacía mucho tiempo, el producto ganadero luego yo, si, lo hice pasar a mi “cabaña”.
A unos cuatro o cinco días de estar ahí, llega una fragata de la Amada Chilena y desembarca un grupo de gente y, a unos 100 metros del refugio nuestro, construyen una casilla.
Terminaron de construir la casilla, pero mucho más chica que la nuestra (apenas tendría 1,50 m de altura) y dejaron víveres, pero no tripulación; sí un gran cartel que decía “Base de la Fuerza Aérea Chilena” y la bandera nacional pintados en el techo. Habrán estado 2 días haciendo esa construcción y se fueron, zarparon. Es decir que establecieron su presencia, pero sin dejar gente.
Pocos días después aparece en la caleta una fragata británica, la HMS “Bighbury Bay” que fondea en Balleneros y, al rato, desembarca de una lancha y viene directamente hacia el refugio, que estaría a unos 200 metros de la costa, un oficial inglés. Golpea la puerta, lo recibo; era un Teniente de Navío inglés vestido correctamente con uniforme “saco naval” en esa época con cuello duro, (no un equipo antártico como vestíamos nosotros) con todas las formalidades victorianas propias de la Royal Navy (cuando no utilizan torpedos desde submarinos nucleares). Lo hago pasar y me dice, en inglés (yo estaba autorizado a hablar inglés), que venía por orden del magistrado (algo así como el gobernador) de las Falklands (Por supuesto mencionó las Falklands, of course), que estaba embarcado en el Bigbury Bay, para invitarme a concurrir a bordo, a tal hora (I don’t remember, now) de Greenwich (primer meridiano) y que me enviaría la lancha para trasladarme a bordo, porque el “magistrate” quería hablar conmigo, para discutir las razones de la ocupación argentina sin autorización de Su Majestad, la Reina, y que me invitaba a desalojar las islas, porque era un inmigrante sin autorización.
Pensé: “Oh! Is that so?” o sea ¡Con esas tenemos! Entonces, le contesté casi textualmente: “Dígale a este señor que se titula ‘magistrado” de Las Malvinas y dependencias que no lo reconozco como autoridad válida porque siendo Las Malvinas e Islas del Atlántico Sur, de soberanía argentina, no pueden tener un gobernador británico y que las Islas a que se refería no se denominan Falklands”. Segundo: Que en todo caso él debería explicarme a mí las causas de su presencia en aguas territoriales argentinas; Tercero: que, si desea hablar conmigo, de cualquier otra cosa, con mucho gusto lo recibiré aquí, en esta casa que es donde reside la autoridad en la zona.
A todo esto, el inglés me miraba con ojos de sorpresa y yo imaginaba lo que él estaría sintiendo sin comprender: que un “southamerican”, (hoy día “sudaca”) !estuviera dirigiéndose en esos términos, nada menos que al gobernador y representante de Su Majestad!
Lo único que quedaba por hacer, era convidarlo con grapa marca ‘El Globo’ que tenía, pero no aceptó. No sé si por lo que estimó sobre la calidad de la bebida ofrecida, o porque se sintió molesto por mi respuesta, Lo acompañé hasta la costa, como cortesía entre hombres de mar, para que se embarcara en la lancha en la que había venido y regresara a su buque. Al embarcar, me dijo: “Señor, le confirmo que a tal hora va a venir la lancha para buscarlo”. Le respondí: “Señor teniente, ratifico lo que le he dicho y le pido que le transmita ese mensaje al titular o magistrado, ¡Good morning, Sir”!. y se fue.
Unos días después entra a la Bahía el A.R.A. Punta Ninfas, buque de reabastecimiento que formaba parte la F.T. comandado en el entonces por el Capitán de Corbeta D. Roberto Arena
Yo tenía una radio, para comunicarme, pero por un problema de antenas, era casi inútil. Cuando el buque entra a la bahía, y pasa por las cercanías me pude comunicar y le di el mensaje al comandante, de que necesitaba ir a bordo. Cuando fondeó el buque, cerca del Destacamento Decepción, me mandó un helicóptero, que era de la Fuerza Aérea, aterrizó ahí cerca del refugio; subí y aterrizamos a bordo, por supuesto en una plataforma donde apenas cabía la aeronave lo que era casi una hazaña ya que unos centímetros de error y se iba al agua. Bueno, le informe al Comandante del buque lo que pasaba; le conté todo para que él informara con los medios de comunicación y las claves correspondientes que disponía, al Comandante de la F. T. lo que había ocurrido.
En ese momento, entra otra vez la fragata inglesa y el comandante del Punta Ninfas manda una lancha con un guardiamarina con la clásica nota de protesta, y la invitación a cenar en su buque. La que no fue aceptada.
Horas después, zarpa el Bighbury Bay y envía al Punta Ninfas un mensaje por foco, que decía: “Au revoir. Remember we shall meet again”; (Hasta pronto. Recuerde que nos volveremos a encontrar”). Regresé al refugio en el helicóptero. Poco tiempo después zarpó el Punta Ninfas.
Esta segunda llagada del buque inglés, a poco de haber entrado el buque argentino, me confirmó la suposición que el Jefe de la base británica de Caleta Balleneros informaba a la autoridad del que él dependía. Y la cercanía del buque ingles en la zona, probablemente, no casual. No volvieron ni los ingleses ni los chilenos, hasta alrededor de un poco más de un mes.
Si entró el ARA Bahía Aguirre el que fondeó cerca del Destacamento Decepción, y recibí la visita del Segundo Comandante el Teniente de Navío D. Reynaldo Tettamantti a quien lo comenté lo acaecido. Aproveché para enviar de regreso al geólogo.
En los días posteriores, sufrimos varios temporales que hicieron temblar peligrosamente la estructura de la casilla
El Jefe del Destacamento Naval Decepción era el entonces Teniente de Navío D. Carlos J. Fraguio, quien iba a permanecer allí todo el año. Me envía, para invitarme y trasportarme, al Destacamento a su mando uno de los dos aviones anfibios Gruman Goose que operaban durante la campaña de verano desde ese Destacamento que oficiaba como su base.
El Comandante del avión era el Teniente de Navío, Rodríguez Blanco quien me invita a trasladarme al Destacamento con la intención de volver esa tarde o al día siguiente. Necesitaba ir porque quería que me explicaran cómo reparar el transmisor y, si era posible, traer al mecánico de radio, y me arreglara el asunto. La cosa es que fuimos, me invitan a cenar, con la intención de volver al día siguiente. Aproveché para comunicarme por radiotelefonía con mi familia y para bañarme como la gente.
No fue posible regresar al día siguiente, como era la intención, ni por dos días más a causa del mal tiempo que no permitía volar. Amainado el fuerte temporal pudimos decolar. Hicimos una gran gira por la Antártida; llegamos hasta el Estrecho de Gerlache, sobrevolamos el Destacamento Naval Almirante Brown, Bahía Esperanza, Melchior etc. En fin, al medio día, llegamos ya de vuelta a Decepción, para desembarcar en mi refugio pero, desde el aire, veía la caleta Balleneros pero no veía mi refugio y no veía la Bandera Argentina que me habían provisto, que era como dije antes casi tan grande como la casa, Y tampoco veía el refugio chileno. No los distinguía porque por que no estaban, como lo supe después del acuatizar.
Bueno, acuatizamos, el anfibio trepa a la costa, desembarco y veo que me esperaban allí, el jefe de la base inglesa con otras personas que no conocía. El que ya era “amigo”, digamos, me dice cuando desembarco:
“Señor, le recuerdo que está pisando tierra de Su Majestad británica”.

Y yo le respondo: a Mr. Clarke “Ma! ¡Qué ‘Su Majestad ni qué Majestad!’ (En castellano)”. Junto a Clarke , un señor alto, de uniforme, que identifiqué por los galones y por la inscripción que tenía bajo su hombro derecho como de la “Royal Marine Corp.”. Se presenta como el Mayor Andrew. Y me dice, en inglés:
“Debo comunicarle que usted está en tierras de Su Majestad británica”; y prosigue “que la casilla que estaba acá ha sido desarmada y ha sido deshecha”. Están allí sus pertenencias las de la gente que lo ocupaba y los elementos de ustedes y sus equipos, que usted puede retirarlos”. “Y le comunico que esta noche, su refugio y la construcción chilena, van a ser incinerados.” Le contesté: “Estoy en territorio argentino y su actitud es delictuosa”:
“Voy a ir hasta mi refugio y no voy a retirar nada”. Le pregunte donde estaba el personal: su respuesta fue: han sido embarcados y trasladados a tierra. Lo mismo los elementos de cierto valor que se encontraban en el refugio que han sido inventariados y los que oportunamente serán remitidos a su país. Insistí en saber dónde llevarían a los dos suboficiales y en que buque estaban, a lo que me contestó que no podía darme ese dato. Sí me dijo que habían sido detenidos por no tener autorización para encontrase en posesiones británicas. Remarcó que se los consideraba ciudadanos civiles y no como militares para no complicar la situación. También se negó a contestarme otras preguntas como el nombre del buque, cuándo había ingresado a la bahía etc. aclarándome que no podía darme ninguna otra información. Insistí en saber dónde estaba el pabellón nacional a lo que me contestó que se encontraba incluido entre los elementos de valor que habían inventariado y que serían devueltos oportunamente.
Le comento que me negaba a retirar algo del refugio como me ofrecía el inglés porque si lo hacía, pensé, estaría reconociendo su autoridad.
Finalizado este diálogo me dirigí, acompañado por Rodríguez Blanco y seguido por el Mayor y Mr. Clarke al refugio. Al hacerlo me percibo que, a una distancia de unos cincuenta metros, en un semicírculo y en posición de cuerpo a tierra se encontraban, con armamento de infantería, apuntándonos a los argentinos y al avión una veintena de infantes de Marina. Nosotros no portábamos armas de ningún tipo y no las había en el avión en el que permanecían el copiloto Teniente de Corbeta D. Eduardo Pérez Tomas y el mecánico.
Llegamos a donde estaba el refugio. Desarmada la casilla y los paños, techo etc. prolijamente apilados y sobre ellos las pertenecían nuestras. También la carpa, los víveres etc. No estaba el pabellón nacional ni el mástil. Tampoco los elementos meteorológicos ni el trasmisor ni el generador. El mismo procedimiento con la casilla chilena. Reiteró el mayor su ofrecimiento de retirar lo que quisiera y reiteré mi negativa explicándole esta vez que él no tenía autoridad para concederme nada puesto que era yo la autoridad en la zona. Guardó silencio.
Bien, en esta situación nada, quedaba por hacer allí. Regresamos a la playa, embarqué al avión., Decolamos y ahora era mi problema era informarle al Comandante de la Fuerza de Tareas. Volamos hacia donde estimábamos que estaba la Nave Capitana y la avistamos en las cercanías de Isla Media Luna navegando rumbo a Decepción. Contactados por radio me comuniqué con el comandante de la FT. Le dije: “Tengo información de carácter secreto: no puedo decirlo por este medio”. Me responde: “Dígala”. Le informé sintéticamente lo acaecido. Me dice: “Recibido. Estamos navegando para Decepción para reunión de toda la F.T. Espérenos allí”. Comprendí que ya tenían conocimiento de lo ocurrido.
Varias horas después arriban al fondeadero todos los buques componentes de la FTA: los 2 transportes: ARA Bahía Aguirre, y el ARA Bahía Buen Suceso, los Avisos ARA Chiriguano y el ARA Diaguita, y además, el ARA Punta Ninfas. Cuando fondean todos los buques, me mandan la lancha.
Llego al Bahía Buen Suceso y me estaba esperando arriba de la escala real un oficial y me conduce hasta la cámara del comandante, por lugares no transitados para que no me viera nadie de la tripulación, sobre todo, los invitados y el personal civil. Así que, medio en secreto, me hace pasar a la cámara del comandante de la Fuerza, donde ya estaban reunidos todos los comandantes subordinados y el jefe del Estado Mayor de la FTA, que era el Capitán de Fragata D. Héctor Etchehebere. Yo interpreté eso como una suerte de consejo de guerra y me decía a mi mismo: “de aquí a Martín García, (prisión militar), en un vuelo sin escalas””.
Ese grupo de comandantes, por supuesto que eran mucho mayores y antiguos que yo, Capitanes de Corbeta Silvio Casinelli, Eugenio Fuenterosa, Roberto Arena, Carlos Brañas, y Ricardo Fitz Simon. Imponía en mí, lógicamente, cierta tensión.
Se aflojó la tensión cuando el capitán Panzarini, quien había sido Jefe del Batallón al que yo pertenecía como cadete en la Escuela Naval me dijo, con su habitual modo de expresarse reposado y preciso, que relatara lo acaecido. Terminada mi exposición me dijo que tenía información de Buenos Aires, que esto iba a ocurrir y por eso estaban ya zarpando hacia Decepción, y concentrando allí toda la FT.
Bueno, se resuelve en esta reunión de comandantes, que al día siguiente o ese mismo día (porque ya era media noche), iba a ir el Capitán Etchebehere, a la base inglesa, a hacer una formal y enérgica protesta. Yo le dije: “Señor permítame que, con el grupo de Infantes de Marina que tenemos embarcado, reconquiste la base que me han quitado”. Me dice: No, no; nada de violencia, porque no vamos a hacer eso, este es un caso que concierne a Cancillería.
La cosa es que se llevó la nota –de la que leí la copia- donde les decía, en muy correctos y diplomáticos términos, que reclamaba muy fuertemente sobre el atropello inglés, y que él se iba a abstener de hacer uso de la fuerza, en virtud de la tradicional amistad argentina británica y que reafirmaba la soberanía argentina; en fin, toda una carta redactada como para no reconocer y abstenerse del uso de la fuerza y transferir el caso a la discusión diplomática. Me autorizó el Cap. Ethebehere a acompañarlo en la lancha.
Bueno, ahí terminó el episodio en la Antártida; quedé embarcado hasta el final de la campaña en el ARA Bahía Buen Suceso, ya como oficial del buque.
Al regresar a Buenos Aires. Me enteré de cómo fue el proceso que se seguía en la Capital Federal. Tuve la oportunidad de conversar mucho con el embajador que, en Cancillería, estuvo a cargo de la parte diplomática y lo que supe también en Marina cuando busqué información de lo que había ocurrido aquí. Y esto es importante: cuando ocupamos la isla, inmediatamente, desde la base inglesa se informó a sus autoridades la ocupación nuestra, a raíz de lo cual vino la Fragata Bigbury Bay con el “gobernador” de Las Malvinas, que ya estaba embarcado y se enconaba en le zona. Y supe que los ingleses, desde mi ocupación, supongo que, a través de su embajada, habían hecho varios reclamos diplomáticos vía Cancillería. Y la contestación argentina fue en términos generales, similar a lo que le mandé decir al magistrado inglés. Y supe que el tercer reclamo que habían hecho, ya tenía forma de ultimátum. Pero ¿qué había ocurrido? Que el ultimátum lo mandaron (después, reconstruyendo los hechos con las fechas) cuando ya habían hecho la operación. Es decir, o por un problema de huso horario (tres horas de diferencia entre la Argentina y Gran Bretaña), o, tal vez, intencionalmente se daba que, cuando recibieron el ultimátum en cancillería, ya estaba concluida la operación que le conté.
Supe también que, enterado el gobierno nacional, ordenó a las Fuerzas Armadas establecer la situación de apresto; se cortaron las licencias y se prepararon las condiciones de alerta, listos a la acción; la Armada estuvo lista a zarpar. Hubo una reunión de gabinete también –según me enteré- donde se consideró un avance. También me dijeron que el ministro de Marina, porque en esa época había ministro de Marina que formaba parte del gabinete, aclaró la situación imperante en base a la información de inteligencia que se tenía en el Servicio de Inteligencia Naval: Se apreciaba que, en Malvinas, Gran Bretaña había concentrado durante ese mes, una flota, – por la interceptación de mensajes y de comunicaciones – y que se estimaba que esa flota sería muy superior a la nuestra la cual podría incluir un portaviones. Además, con un grupo embarcado –no supe de qué magnitud -de infantería de marina (”Royal Marines”).
La conclusión fue, según las fuentes de las que recibí los datos, que el asunto se concretaría mediante un reclamo enérgico a Gran Bretaña, vía cancillería.
También, me dijeron, que esa noche los diarios vespertinos iban a publicar algo de la noticia y se les convenció de no hacerlo. Este episodio de Caleta Balleneros nunca trascendió al público de modo que, oficialmente, no pasó nada.
Al encontrarme nuevamente, ya en Puerto Belgrano, con los dos suboficiales, me relataron lo sucedido en mi ausencia. Vieron que por tercera vez arribaba y fondeaba en Caleta Balleneros la fragata inglesa y que desembarcaba un grupo numeroso de gente, a lo que no le dieron mayor importancia porque ya había ocurrido eso en las anteriores oportunidades. Uno de los suboficiales estaba cocinando y el otro derritiendo nieve hasta que sienten que golpean la puerta del refugio.
***Era un agente de policía con el característico uniforme del policeman inglés (BOBBY). Se presentó como el policía Sullivan, hablando en correcto castellano porque había residido varios años en la provincia de Santa Cruz, y después se había radicado en Malvinas. Les pidió el pasaporte y la visa para estar en territorio británico. Ellos le contestaron que, de ninguna manera, porque estaban en territorio argentino. Entonces, el policeman les dijo:
*Señores, tengo orden del juez de Malvinas, de detener a todos los habitantes extranjeros en la posesión británica que no tengan la visa correspondiente.*
Los argentinos la contestaron algo así como: Nosotros estamos en territorio argentino y usted no tiene aquí ninguna autoridad ni tampoco ningún juez extranjero así que lo mejor que puede hacer es irse de aquí. La respuesta del inglés fue: Desde este momento ustedes están arrestados.
Lo que parece que le contestaron los dos fue un “rosario” en todos los idiomas. Entonces, este policeman, que entendía lo que decían, les dijo: Como ustedes saben, el policeman inglés no lleva armas. Por lo cual he pedido la colaboración de las fuerzas armadas para que apoyen la autoridad civil que yo represento; por favor, asómense”.
Estaban rodeados en un círculo por lo que vendría a equivaler a una sección de Infantes de Marina, me contaron que eran como treinta, los mismos que me rodearon cuando desembarqué del avión un par de días después. Resultaron ser marines que, en viaje de retorno a Inglaterra provenientes de Corea, que al cruzar el canal de Panamá los enviaron a Malvinas para embarcarse en la Bigbury Bay. De modo que actuó una parte de una compañía de Infantería de Marina fogueada veterana de guerra.
En el refugio, ellos no tenían armas; no tenían nada; no llevaban armas. De modo que fueron detenidos por la autoridad civil. Y fue una cosa muy importante porque no era para los ingleses una acción militar, pese a que estaba apoyada por una fragata inglesa, y por una sección de la Infantería de Marina y que, en Las Malvinas, por si acaso, habían concentrado un importante grupo de tareas naval.
La operación coincidía con lo que me había dicho el Mayor Andrews en lo referente que no se consideraba a los suboficiales como militares sino como civiles ilegales, para no complicar la situación y así no crear un conflicto diplomático.
Fueron embarcados en la fragata inglesa y trasportadas a Grietviken, a las islas Georgias hasta que los embarcaron en un buque –el buque tanque Quilmes –de la Compañía Argentina de Pesca que transportaba el aceite de ballena de las Islas Georgias directamente a Noruega, con la orden de desembarcarlos a la entrada del Río de la Plata, es decir que los dejaron en el pontón Recalada del Río de la Plata, el pontón de prácticos argentino frente a Montevideo. Y de ahí fue a buscarlos un barco de la Base Naval Río Santiago.
Al tiempo, ya destinado en el crucero ARA La Argentina recibo una citación del SIN (Servicio de Inteligencia Naval) para recibir una bolsa que contenía las cosas que los ingleses habían rescatado del refugio. Así me reencontré con mi ropa, mis uniformes etc., así como las pertenencias de los suboficiales y, ¡la Bandera Argentina! La tuve un tiempo y le hice hacer un cofre y la doné al Instituto Nacional Browniano, y está ahí, con una inscripción, “Bandera que perteneció al refugio Cándido de la Sala, ocupado por los ingleses en febrero de 1953·”.
El Teniente de Navío Cándido de la Sala fue el primer oficial argentino muerto en combate durante la Reconquista de las invasiones inglesas de 1806 y tiene su pequeño monumento en la plazoleta que está frente el Círculo Militar, en Retiro, consistente en un ancla y abajo la placa, que dice: “En memoria del Teniente de Navío Cándido de la Sala, primer oficial muerto en combate en la Reconquista”, justo en el sitio donde murió en combate. Era Teniente de Navío de la Armada Española (claro, en 1806, era Armada Española), pero él era argentino.
Como corolario de este relato cabe citar lo que expresé a un General, Director de la Escuela de Defensa Nacional con quien tenía una audiencia el 2 de abril de 1982, quien muy molesto me recibió diciéndome: “Vea señor capitán yo, general de la Nación, sé que el país está en guerra”.
Y le dije: “Señor general, le voy a contar una historia y verá que si por tres personas que ocupábamos un refugio en la Antártida movilizaron una flota que triplicaba la nuestra. Haga una regla de 3 simple.
Dicen que hay 3.000 hombres en Malvinas; los ingleses van a movilizar lo que tienen más lo que no tienen”.
Y así fue.
W/65: En memoria de un gran Jefe y amigo el Sr. Cap. Nav. D Jorge Chihigaren

FN FAL: Adaptando el fusil al calibre 6mm