Las ratas caníbales
Un cuento oscuro, perturbador, y perfecto como metáfora del personaje de Raoul Silva en la saga de James Bond titulada Skyfall. Habla de lo que pasa cuando te empujan al límite, cuando te traicionan y solo te queda la supervivencia. Cuando lo único que aprendés... es a morder primero.

Imaginá esto...
Una isla. Tranquila. Lejos de todo. Antes llena de vida: árboles frutales, botes de pesca, pájaros cantando. Y un día… llegaron las ratas.
Al principio, nadie les dio importancia. Unas pocas, escondidas entre las sombras. Pero con el tiempo empezaron a multiplicarse. Se volvieron audaces. Se metían en las casas, roían los cables, se comían las reservas de comida. Una plaga con dientes afilados.
Entonces, la gente del lugar ideó una trampa. Agarraron un tambor de metal —alto, liso, imposible de trepar— y lo llenaron hasta la mitad con coco. A las ratas les encanta el coco.
Y esperaron.
Una por una, las ratas fueron cayendo. Olían el dulce, se tiraban adentro. Comían. Más y más entraban. Decenas. Cientos. Hasta que el tambor parecía hervir de tanto bicho desesperado.
Y cuando no quedó nada para comer...
Se comieron entre ellas.
Día tras día, el número fue bajando. Hasta que al final quedaron solo dos. Las únicas sobrevivientes. Ya no eran ratas comunes. Algo en ellas había cambiado. Se habían alimentado de las suyas. Habían aprendido a sobrevivir a cualquier precio.
Y entonces —cuando la gente del lugar lo creyó oportuno— abrieron el tambor.
Pero no las mataron.
Las soltaron.
De nuevo en la naturaleza...
Solo que ahora ya no buscaban coco.
Ahora sabían hacer una sola cosa.
Cazaban otras ratas.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario