sábado, 22 de mayo de 2021

Malvinas: Los comandos de la 601 en Gran Malvina y la muerte de un SAS

Dos comandos enemigos en Malvinas: el argentino lo capturó y protegió del frío y al caer prisionero, el inglés lo reconfortó

Por Loreley Gaffoglio || Infobae



Los comandos del Regimiento 601 que operaron en la isla Gran Malvina, uno de ellos carga en sus espaldas un misil antiaéreo Blow Pipe

Gavin John Hamilton no era un comando cualquiera. En 45 días de conflicto, el capitán del Escuadrón 19 de Montaña del SAS (Servicio Aéreo Especial) había incursionado con éxito en las operaciones terrestres más audaces en el Atlántico Sur.

Junto a su tropa, en medio de condiciones atmosféricas infrahumanas, el oficial inglés había sobrevivido a la caída de su helicóptero en el glaciar Fortuna en las Georgias. Dos días después, lideraba la avanzada contra las posiciones enemigas en Grytviken cuando, superados en número y armas, las tropas argentinas se rindieron en las Georgias.

Uno de los dos helicópteros ingleses estrellados por vientos de 200 km por hora en el glaciar Fortuna, en las Georgias.

Aquella victoria -bautizada Operation Paraquat por los ingleses- fue apenas el preludio de lo que protagonizaría después: en la isla Borbón, en el extremo norte de Gran Malvina, Hamilton y su gente descendieron de madrugada de un Chinook, alcanzaron a pie la Estación Aeronaval Calderón y canibalizaron con cargas explosivas, morteros y cohetes una flota completa de aviones: 6 IA 58 Pucará, 4 Beechcraft T-34 Mentor y uno de transporte Skyvan.

Uno de los 6 Pucará destruidos el 15 de mayo en el isla Borbón por el capitán John Hamilton del SAS

El asalto había sido magistralmente ejecutado: reeditando las operaciones del SAS en aeródromos del Norte de África durante la II Guerra Mundial, en 30 minutos redujeron a chatarra las 11 naves, eliminando la defensa aérea desde esa base estratégica para el desembarco en San Carlos.

Otra misión encumbró su liderazgo entre los mountain troopers: en Darwin emboscó y capturó a 5 argentinos (3 heridos). Pero ahora Hamilton, de 29 años, operaba del otro lado del estrecho. Desde el atalaya de un macizo, mezcla de filosas piedras y turba húmeda, presidía una patrulla de observación en Puerto Mitre (Howard). Infiltrado detrás de las líneas argentinas, hacía cinco días que enviaba informes codificados y precisos sobre los movimientos del aislado Regimiento de Infantería 5 (RI5).

Los soldados de las Fuerzas Especiales del Ejército del Comando 601 como los del RI5 sufrieron todo tipo de privaciones en Puerto Howard, en la isla de Gran Malvina

Ni Hamilton ni Fonseka intuyeron la amenaza inminente; ese tipo de peligro que a veces engendra el azar: otra patrulla de la 1° Sección de la Compañía de Comandos 601, tan adiestrados como ellos, regresaba de una misión idéntica a la suya: escudriñar con la vista y los oídos el despliegue de buques, helicópteros y tropas desde la costa del Estrecho San Carlos.

Capitán John Hamilton de las tropas de montaña del SAS

Liderados por el teniente primero José Martiniano Duarte, secundado por los sargentos Eusebio "Negro" Moreno y Francisco "Mono"Altamirano y el cabo Roberto "el Terco" Ríos, la patrulla venía marchando a campo traviesa desde las 5 de la madrugada. Era un desplazamiento táctico, sigiloso. Los comandos se comunicaban por señas y cubrían todos los flancos: uno al frente, otro a la retaguardia y el resto a cada costado con el peso del equipo de radio.

El reloj marcó las 11 cuando la columna decidió hacer un alto y rotar la formación. Detrás de una cresta rocosa los comandos se alivianaron de cargas y engañaron al frío con el remanente de una cantimplora con mate cocido. Todavía faltaban 5 km para alcanzar las filas argentinas en el poblado de Howard, cuando al reanudar la marcha los adelantados Moreno y Duarte súbitamente se detuvieron. A unos 50 metros señalaron un paredón rocoso en altura, y con sus índices en los labios impusieron silencio.

-Hay alguien ahí – alertó el líder con un susurro al marcar el punto.

-Están hablando por radio. ¡Son ingleses! – retrucó Moreno.

-No, pueden ser kelpers. O tal vez del ECA (Equipo de Control Aéreo, encargados de las alertas tempranas) – dudó el jefe.

La tensión y los borbotones de cortisol aumentaban mientras deliberaban. Soltaron los equipos y se parapetaron con sus FAL en posición de combate.

-No, no, son ingleses. Yo los escuché bien – insistió Moreno, en una clara arenga ofensiva.

De golpe, Altamirano divisó un gorro oscuro entre las piedras.

-¡Alto! -ordenó a los gritos- ¿Son argentinos?

La respuesta sobrevino al instante a través de una feroz ráfaga de fusiles M16, seguida por una granada que picó larga. Los comandos argentinos abrieron fuego y Moreno arrojó dos granadas de mano.

Acorralados y superados en número, los SAS iniciaron un repliegue colina abajo: Fonseka corría y disparaba mientras su jefe lo cubría. En ese intenso fuego cruzado, con proyectiles trazantes del lado argentino, a Fonseka la precisión de un impacto le voló el fusil de sus manos. Cuando quiso recuperarlo, otros 4 proyectiles lo rozaron y le agujerearon la parca. Las andanadas continuaron por un lapso breve hasta que el cuerpo en fuga de Hamilton "dio como una vuelta en el aire" y se desplomó de espaldas. Quedó inmóvil entre la maleza húmeda y achaparrada.

A unos metros del cuerpo de Hamilton, el sargento Fonseka, cuerpo a tierra entre la hierba, levantó levemente las manos.

Alto el fuego, alto el fuego! Se rinde, se rinde – se desgañitó, con desesperación, Altamirano. Intentaba atemperar el fragor y la adrenalina de sus camaradas en aquel combate por la supervivencia.

Sin emitir palabra, con las manos ahora bien en alto, conminaron al inglés a caminar hasta los comandos. Duarte no se fiaba y todos continuaban apuntándole. Le ordenó a Altamirano que lo palpara y a Ríos que socorriera al caído y le retirara el arma. Al acercarse, el cabo comprobó que Hamilton había muerto en el acto. Prosiguió unos pasos y revisó los equipos ingleses guarecidos detrás de aquel "escudo" pétreo. Una radiobaliza permanecía encendida, lo cual significaba que otra patrulla podría acudir en ayuda y tenderles una emboscada. Como no supo cómo cortar la transmisión, rompió a cascotazos y patadas la radio.

La lápida en Puerto Howard que recuerda el lugar exacto donde se ocultó Hamilton antes de caer en combate. El oficial inglés fue condecorado postmortem por la valentía que demostró al enfrentar a los comandos argentinos y al cubrir a su camarada.

La muerte del soldado enemigo cuya identidad desconocían estremeció a los comandos, todos devotos católicos.

En la sobaquera de Fonseka, Altamirano descubrió una pistola 9 mm. Debajo del puño leyó, exaltado: "Fábrica Militar de Armas portátiles Domingo Mateu. Rosario-Argentina".

Con un inglés muy rudimentario, le exigió al prisionero una explicación:

-Army, army argie – señaló nervioso Altamirano, confundiendo "arma" (weapon) por "army" (ejército): This what?

– Darwin – soltó Fonseka, en medio de la incertidumbre por su suerte y tal vez por su propia supervivencia.

La patrulla se escindió en dos grupos para el regreso por diferentes rutas. El jefe y el Mono Altamirano caminaban con el prisionero, mientras los otros llevaban los equipos y su radio apagada para evitar ser detectados.

-Vamos a hacerle bajar los brazos a este pobre hombre que ya debe estar acalambrado – sugirió el subordinado, que lo secundaba desde atrás, sin dejar de apuntarle a la espalda con su FAL.

-Sí, sí, que las baje – asintió Duarte.

Cruzaron un arroyo con el agua hasta la cintura y poco antes de entrar en Puerto Howard el jefe le ordenó adelantarse y buscar a un grupo de comandos para "ponerle un poncho" y "camuflar al inglés". Eso suponía hacerlo pasar desapercibido entre los soldados ante la mirada indiscreta de los kelpers.

Francisco “Mono” Altamirano (parado a la izquierda) y Eusebio “El Terco” Moreno, su pareja de combate (sentado con guantes negros).

"El alma angustiada"

La muerte instantánea del inglés abandonado en la colina -aunque nadie pudiera precisar cuál de todos lo había acribillado-, embargaba de zozobra a Altamirano. A pesar de su temple de comando, a pesar del conflicto bélico, se trataba de una vida sesgada.

La guerra -pensaba el sargento- es una platea desde la que se observan las peores miserias humanas. "Matás o te matan. Y cuando entrás en combate, rogás que el enemigo tire para otro lado cuando ahí también hay vidas humanas".

Altamirano corrió cerca de un kilómetro hasta el campamento y al ver a sus compañeros la emoción lo desbordó:

-Tuvimos un combate. Estamos todos bien. Pero matamos a un soldado – se desahogó.

-¿Un soldado argentino? – preguntaron.

-No, no, un soldado inglés – dijo y por primera vez en la guerra estalló en llanto.

Al arribar a la guarnición con la estrategia ideada, Duarte entregó a Fonseka y ordenó a otra patrulla que buscara el cuerpo de Hamilton. Las coordenadas tal vez no habían sido precisas y fueron necesarias dos incursiones hasta hallarlo. Previo al entierro con honores, lo velaron en un depósito sobre improvisados cajones al lado de un joven conscripto correntino: Remigio Antonio Fernández, fallecido en condiciones trágicas.

Ambos cuerpos a la par, sin distinciones; envueltos en nylon negro, cerrados en los extremos con ganchos de abrochadora. El mismo respeto ante la muerte. En ese escenario precario, ascético, Altamirano y su compañero de combate, Moreno, los despidieron rezándoles un rosario.

Aún perturbado, el sargento pidió permiso para visitar al prisionero. "Quería que supiera que yo lo respetaba, como a todo soldado que se rinde. Fui a tenderle una mano amiga y de paso quería asegurarme que nadie lo maltratara". Roy Fonseka permanecía custodiado en un pozo tapado con pesadas maderas y fardos de lana.

Hijo de una empleada doméstica y de un jornalero, Altamirano huyó de la pobreza extrema enrolándose en el Ejército. Con una gran destreza física, se destacó como comando y montañista. En el 2000 dejó la Fuerza y abrió su escuela de buceo en Santa Fe.

Ayudándose con los gestos, se presentó ante Fonseka, le ofreció un cigarrillo, que siempre llevaba aunque no fumaba y compartieron un té entre los tres, que les acercó el soldado de guardia.

-Tomorrow, championat, the war cup – lanzó con una sonrisa sobre el Mundial de Fútbol de España 1982, sin darse cuenta de la mezcolanza idiomática.

-Oh, yeah, the soccer World Cup – tradujo Fonseka.

Conversaron en ese argot y observó la molestia del prisionero por sus botas y medias todavía húmedas tras cruzar el arroyo. Notó además que tenía frío. Alguien se había quedado con un trofeo de guerra: la chaqueta del comando inglés. Buscó en su mochila y le regaló un sweater y un par de medias secas. El inglés lo agradeció y se despidieron con un apretón de manos.

Dos días después, el general Mario Benjamín Menéndez firmaba en Puerto Argentino la rendición ante Jeremy Moore, comandante de las tropas  terrestres británicas.

Puerto Howard al comienzo de la guerra.

En Puerto Howard las noticias eran confusas. Aislados como estaban se pensó en un primer momento que sólo se trataba de un alto el fuego. Pero más tarde, cuando se ordenó que todos los soldados se desarmaran, el peso de la rendición quebró el ánimo de los combatientes.

A Altamirano le ordenaron acondicionar una pista para el aterrizaje de un helicóptero inglés y permanecer en su lugar de emplazamiento: un oscuro y pequeño cobertizo que compartía con su grupo de comandos.

En medio de la desazón y el encierro, una voz le dio ánimo.

-Francis, Francis – lo buscaba Fonseka para despedirlo, antes de que lo sometieran a una revista minuciosa por su condición de comando y lo confinaran a una turbera durante 4 días.

-Very good, Francis. Very good (muy bien, Francisco) – le dijo el inglés con el pulgar en alto por cómo lo había tratado. No ahondó quizás en muchas más palabras, consciente de las limitaciones idiomáticas entre ambos.

-Very good for you (muy bien para vos) – se sinceró Altamirano.

-Do not worry! The war is politics (no te preocupes, la guerra es política)—intentó consolarlo el inglés, mientras levantaba el brazo en alto sugiriendo que las decisiones se tomaban en un nivel de mando muchísimo más alto.

Roy Fonseka y Francisco Altamirano se reencontraron y se abrazaron fraternalmente 35 años después de la guerra en las islas Seychelles, en el Índico.  Roy le regaló una de las boinas del SAS y Francisco un libro con las fotos de Malvinas.

En una ofrenda inusual de hermandad profesional, Altamirano le regaló su boina de comando. Todo un símbolo de su fuerza de pertenencia. En esas boinas los comandos suelen escribir los nombres y cumpleaños de sus hijos. La que le entregaba a Fonseka tenía los de Ivana, Iván, Iris e Irina.

Se despidieron como soldados, con la venia militar y no volvieron a verse hasta 35 años después, cuando con sus alumnos de buceo de la escuela que fundó en Santa Fe, viajaron a las islas Seychelles.

Roy, el ex comando inglés, convertido en un próspero empresario en el rubro de la seguridad marítima, lo agasajó en su casa y lo invitó a participar de la ceremonia oficial del Memorial Day. En esa fecha los países del Commonwealth honran a los caídos en todas las guerras.

Dos comandos enfrentados por las circunstancias en 1982. “Nunca la guerra es justa” dijo Altamirano al honrar a los caídos de todos los conflictos en las islas Seychelles

Allí Fonseka le entregó su boina a Altamirano y cada uno a turno recordó al capitán del SAS John Hamilton, condecorado con la Cruz Militar otorgada por la Reina Isabel.

Frente a las autoridades de la isla, coincidieron en un concepto: "Nunca hay guerras justas".

La tumba del capitán Hamilton en el cementerio de Howard

EA: Uniforme de Combate Argentino (UCA)

viernes, 21 de mayo de 2021

Intervención americana: Desenganchándose de guerras interminables que no llevan a nada

Poner fin a las guerras sin fin: una estrategia para la desconexión selectiva

Monica Duffy Toft ||  War on the Rocks




La mayoría de los veteranos estadounidenses y el público no creen que los esfuerzos en Afganistán e Irak valieran la pena el sacrificio. De hecho, después de casi 20 años de dependencia excesiva del ejército estadounidense para luchar contra el terrorismo y las insurgencias en todo el mundo, la intervención en Afganistán no solo ha sido costosa en vidas y dinero, sino que podría decirse que es contraproducente. De hecho, los ataques terroristas afectaron a 63 países en 2019, mientras que las amenazas terroristas a los Estados Unidos son mayores hoy que en 2002. Esto se debe en gran parte a la diplomacia cinética: el hábito de responder a la violencia terrorista con una estrategia que se basa en exceso. sobre la violencia militar.

A la luz de la retirada pendiente de Estados Unidos de Afganistán, todo esto plantea la pregunta: ¿cómo puede Estados Unidos desconectarse de misiones militares impopulares y contraproducentes de una manera que cause el menor daño a corto plazo a los intereses estadounidenses?

En mi opinión, Washington debería centrarse en bloquear el acceso de los insurgentes a los recursos financieros; actuar en concierto con organizaciones internacionales como las Naciones Unidas; incluir (cuando sea posible) representantes de la sociedad civil en las negociaciones; limitar el número de actores de "veto" que pueden bloquear el proceso de paz poniendo fin a la violencia y la guerra; integrar a los insurgentes que pronto serán ex-insurgentes en el proceso político a cambio de una reducción de la escalada; y reintegrar a los combatientes insurgentes que desean seguir siendo guerreros en las fuerzas armadas del estado de posguerra, mientras se reforma su sector de seguridad. Ninguno de estos objetivos, individualmente o en conjunto, es fácil. Sin embargo, estas mejores prácticas promoverían los intereses antiterroristas de EE. UU. De manera más efectiva que seguir aceptando una presencia militar estadounidense casi permanente en el sur de Asia y el Medio Oriente.

Admitir el fracaso en Afganistán es necesario, pero no fácil

Mientras que Occidente ganó la Guerra Fría, Estados Unidos ha perdido muchas guerras calientes y falsas desde la Segunda Guerra Mundial. Perdió la Guerra de Vietnam y no logró ganar la paz después de su intervención en Irak de 2003. Estados Unidos perdió sus guerras contra las drogas y la pobreza, y su "Guerra Global contra el Terrorismo". Y en Afganistán, Washington no ha logrado ninguno de sus objetivos originales, incluida la destrucción del hábitat de reclutamiento y entrenamiento de terroristas, el fin del régimen opresivo de los talibanes y el fin de la producción de opio. Cada derrota de Estados Unidos ha compartido el mismo patrón básico: la aplicación de una combinación incorrecta de herramientas para lograr un objetivo político cambiante. Además, ha creado sistemas de violencia y guerra que han llegado a definir a Estados Unidos como nación, situación que advirtió el presidente Dwight D. Eisenhower en su discurso de despedida hace seis décadas. Sobre todo, desde la Segunda Guerra Mundial, las pérdidas de Estados Unidos en guerras calientes tienden a ser el resultado de una sobreestimación de la efectividad coercitiva de sus capacidades militares.

En el caso de la intervención de Estados Unidos y la coalición en Afganistán, el centro de gravedad del adversario giraba, como suele suceder, en torno a la comprensión de lo que los diversos grupos componentes que componen ese estado nominal quieren y temen. Dos problemas impidieron que este conocimiento crítico se implementara para proteger los intereses de Estados Unidos en Afganistán. Primero, ¿por qué molestarse en conocer los deseos y temores de un adversario si se puede confiar en la muerte o lesiones graves para ejercer la coacción? "Conocer a la gente" lleva mucho tiempo, y ahora se tiende a prometer resultados tangibles al público estadounidense. Además, Estados Unidos tiene una inversión significativa - costos hundidos - en fuerzas armadas brillantes para matar sin morir. En segundo lugar, ¿qué pasa si esos deseos y temores terminan siendo ofensivos para los valores centrales de un actor que interviene, como el estatus de la mujer, un proceso de selección de liderazgo no democrático o una economía que depende del apoyo al comercio mundial de heroína?

En Afganistán, Estados Unidos ha dependido excesivamente de la fuerza militar para tener éxito, e insistió en medir el éxito en efectos físicos rápidos y tangibles en contraposición a, como dijo Sir Robert Thompson, la legitimidad (legitimidad adaptada a sus características sociales, culturales, y contexto político). Evidentemente, alguna fuerza armada es indispensable en cualquier estrategia coercitiva, pero liderar con ella es un error.

De modo que las fuerzas internacionales no pueden ganar, pero como en la mayoría de las intervenciones militares desde el final de la Guerra Fría, perder se ha vuelto políticamente inaceptable. Cuando esto quedó claro en Vietnam, Henry Kissinger cambió su definición de interés vital estadounidense de algo intrínseco a "credibilidad". Hoy la credibilidad está ligada a la identidad nacional. Como dejó en claro el general George S. Patton: “Es por eso que los estadounidenses nunca han perdido y nunca perderán una guerra; porque la sola idea de perder es odiosa para un estadounidense ". Admitir la derrota corre el riesgo de admitir que Estados Unidos comete errores. Sus mejores intenciones terminan en consecuencias desafortunadas, quizás solo un poco menos a menudo que en otras naciones. Un líder político que admite la derrota en una guerra puede no solo poner en la sombra su propia carrera política, sino alterar el equilibrio del poder partidista en los años venideros. Ésta es la razón principal por la que admitir el fracaso es tan difícil.

La presión para evitar la responsabilidad por el daño a la identidad nacional de los EE. UU. A menudo no resulta en la admisión de un fracaso nacional, sino en dos desvíos muy peligrosos. El primero es lo que los alemanes de derecha en la década de 1920 llamaban Dolchstoßlegende, o el mito de la puñalada por la espalda. Nuestro ejército no pudo haber sido responsable de perder la guerra en Afganistán. En cambio, debe ser culpa de los funcionarios del gobierno civil. Para ser justos, los civiles, no los miembros del servicio, están a cargo de la formulación de políticas de defensa de EE. UU. Sin embargo, este tipo de desviación nunca muere. Impulsó el "¿quién perdió China?" debate en la década de 1950. Todavía afecta la erudición y la memoria histórica de la intervención de Estados Unidos en la guerra civil de Vietnam. Cuando George W. Bush enfrentó el colapso del apoyo público de Estados Unidos en 2006 para la segunda intervención de Irak liderada por Estados Unidos, prometió que si el pueblo estadounidense ya no tenía la columna vertebral para llevarla a cabo, su administración no defraudaría al ejército de Estados Unidos. retirarse antes de la "victoria". Esta misma desviación seguirá a la salida de las fuerzas internacionales de Afganistán también, con gallos halcones estadounidenses, habiendo pasado toda la administración Trump denunciando la presencia de fuerzas internacionales en Afganistán, ahora culpando a la administración por la coraje y la traición de las valientes tropas estadounidenses por intentarlo. el mismo retiro.

La segunda desviación es igualmente peligrosa. Afirma que, dado que todos los seres humanos racionales deben temer la muerte física o lesiones graves por encima de todo, y el asesinato de Estados Unidos no logró la coerción, debe ser que nos enfrentamos no a seres humanos racionales sino a animales irracionales en forma humana. En la Segunda Guerra Mundial en el Pacífico, los ataques kamikaze y la Batalla de Attu convencieron a los estadounidenses y sus aliados occidentales de que los japoneses no eran adversarios humanos, sino bestias que debían ser exterminadas. En la intervención de Estados Unidos en Vietnam, las pérdidas comunistas en el campo de batalla como proporción de la población de antes de la guerra fueron del 2,5 al 3 por ciento, casi sin precedentes en la historia. La cuestión de cómo los comunistas vietnamitas podrían seguir resistiendo la coerción de Estados Unidos después de sufrir tales pérdidas se denominó el debate del "punto de ruptura". Después del 11 de septiembre, otro ataque suicida, esta asociación de un adversario que no teme a la muerte con la irracionalidad se convirtió, y sigue siendo, una visión dominante.

Hay beneficios reales en admitir el fracaso. Primero, las naciones, como las personas, aprenden cuando reconocen los errores. En segundo lugar, después de la intervención de Estados Unidos en Vietnam, Estados Unidos comenzó a aceptar una definición más amplia de los costos de la guerra, una que incorporaba la psicología y la emoción, así como las lesiones físicas, la muerte y los costos de oportunidad materiales. El país comenzó a comprender y luego a reconocer que los costos de la guerra no terminan cuando los combates cesan y el humo desaparece, sino que pueden continuar durante generaciones como trastorno de estrés postraumático y daño moral.

Lo que se necesita ahora: desconexión selectiva

Estados Unidos puede reducir el daño a largo plazo de su fracaso regresando, como parece estar haciendo la administración Biden, a una inversión en los dos pilares clave de la paz y la prosperidad internacionales que ayudó a construir después de la Segunda Guerra Mundial: la seguridad colectiva (p. Ej. , Tratados de defensa bilaterales y de la OTAN con Japón, Corea del Sur y Australia) e instituciones internacionales como las Naciones Unidas, la Organización Mundial del Comercio y el Fondo Monetario Internacional. Eso es un nuevo compromiso, y debe suceder independientemente de si Estados Unidos terminará pagando desproporcionadamente más que sus aliados. La desconexión debería tomar la forma de una reducción de las intervenciones militares estadounidenses en el exterior, la reconstrucción del Departamento de Estado de los Estados Unidos y el restablecimiento del principio de que el recurso a las armas no es el primer recurso sino el último recurso.

Aquí expongo mi caso en dos partes: primero, estableciendo que, desde el 11 de septiembre, Estados Unidos se ha apartado drásticamente de las tradiciones que respaldaban su seguridad, prosperidad y liderazgo continuos a nivel mundial. Y en segundo lugar, destacando las graves deficiencias de sus políticas recientes en Afganistán como una forma de entender el "cómo" de la desconexión.

Una breve historia de los recientes esfuerzos de intervención militar de los EE. UU. y sus resultados

Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, la mayoría de las intervenciones militares estadounidenses no han salido como se esperaba y, lo que es más importante, han socavado los intereses estadounidenses. Comenzando con la Guerra de Corea en 1950, luego pasando a la intervención en la Guerra de Vietnam, las intervenciones militares estadounidenses comenzaron a ajustarse a un patrón: coaccionar a un adversario amenazando con matar a muchos de sus soldados, marineros, aviadores y similares pareció convertirse en más difícil. En la Guerra del Golfo, por el contrario, Estados Unidos lideró una coalición que logró rápida y decisivamente su objetivo militar: la expulsión de las fuerzas armadas raqi de Kuwait. Lo que Estados Unidos aprendió de este éxito se resumió en un ensayo ahora bien conocido en Foreign Affairs del entonces presidente del Estado Mayor Conjunto, Colin Powell. Ahora conocida como la "Doctrina Powell" (una actualización de la "Doctrina Weinberger" de 1984), afirmaba que en realidad había dos tipos de intervención militar que Estados Unidos podría llevar a cabo. Un tipo, una intervención en un conflicto armado interno con fuerzas armadas irregulares en terrenos intransitables para vehículos, debía evitarse a toda costa. Según Powell, un veterano de la guerra de Vietnam, estas "pequeñas guerras" no eran el tipo de guerras que las fuerzas armadas estadounidenses habían sido diseñadas para luchar y ganar. El segundo tipo de guerra, una guerra contra un estado reconocido internacionalmente que dispone de fuerzas armadas regulares, sería el tipo de guerra con la que se podría contar con el ejército estadounidense para pelear y ganar de manera decisiva y con relativa facilidad, siempre y cuando ese estado no sea un Estado industrial avanzado con armas nucleares como la Unión Soviética.

Por supuesto, el esfuerzo de Powell por disuadir a Estados Unidos de intervenir en futuras guerras pequeñas no tuvo éxito. Desde el final de la Guerra Fría, y en particular desde el 11 de septiembre, Estados Unidos ha emprendido cada vez más el primer tipo de intervención: despliegues en territorios propensos a la guerra que presentan políticas fracturadas e inestabilidad, a menudo las condiciones que se afirma que necesitan militares. intervención en primer lugar. Utilizando datos del Proyecto de Intervención Militar que dirijo en la Escuela Fletcher, Universidad de Tufts, la Figura 1 describe el número de compromisos coercitivos de EE. UU. En diferentes épocas históricas (por ejemplo, la Guerra Fría) y la intensidad física, etiquetada como "nivel de hostilidad". de esas intervenciones: desde el no uso de la fuerza, pasando por la amenaza de la fuerza, pasando por el uso de la fuerza por debajo del umbral de la guerra total, hasta, finalmente, la guerra interestatal.


Fuente: Gráfico generado por el autor.

Estados Unidos no solo ha intervenido en el exterior con más frecuencia en el período posterior a la Guerra Fría (tenga en cuenta que son períodos más cortos, que suman casi la mitad de los años del período de la Guerra Fría), sino que lo ha hecho con más intensidad. Entonces, mientras que los adversarios de Estados Unidos han buscado cada vez más reducir las peleas, Estados Unidos ha aumentado su uso de la fuerza.

Si bien estas intervenciones a menudo se conciben como misiones militares a corto plazo, destinadas a resolver una inestabilidad específica, casi invariablemente se intensifican en las guerras y despliegues interminables que hemos visto en Irak, Siria y Afganistán. Y como ha documentado el politólogo Ivan Arreguín-Toft, los estados poderosos como Estados Unidos los han ido perdiendo con más frecuencia desde el siglo XIX.



Fuente: Ivan M. Arreguín-Toft, How the Weak Win Wars, Cambridge University Press, 2005.

La investigación que abarca más de 200 años de resultados asimétricos de conflictos deja en claro que los días en los que era posible tener éxito en una intervención militar del tipo que Estados Unidos emprende cada vez más han pasado hace mucho tiempo. En el futuro, debería reconocerse que la intervención militar, una intervención que presupone que la matanza eficaz equivale a una coerción eficaz, es poco probable que produzca el resultado final buscado y, en el mejor de los casos, creará un verdadero dilema de política exterior.

Entonces, si la no intervención es intolerable, pero la victoria militar es imposible, ¿cómo debería abordar la administración Biden el duro objetivo de promover los intereses de seguridad nacional de Estados Unidos mientras desmoviliza su intervención armada en Afganistán? ¿Cómo puede la administración Biden separarse de Afganistán sin molestar al Partido Demócrata con el inevitable reclamo de la derecha política de que "la guerra podría haberse ganado, de no ser por la cobardía de los políticos Washington" (en otras palabras, la puñalada en el reclamo posterior)?

Cómo desconectar: ​​seis herramientas

Dado el actual clima político hiperpolarizado en los Estados Unidos, un reclamo de puñalada en la espalda contra la administración Biden está sobredeterminado, pero estas seis herramientas para la desconexión constructiva son la mejor oportunidad que tiene la administración Biden para manejar el dilema de Richard Falk en el contexto del conflicto. intervención militar estadounidense fallida en Afganistán (esto también se aplicaría en otros contextos, incluido Yemen y los esfuerzos contra el EIIL en Irak y Siria). Por "constructivo" me refiero a la desconexión que mitiga los costos de la derrota de Estados Unidos en Afganistán no solo para los intereses de Estados Unidos y sus aliados, sino también para los del pueblo afgano en el futuro. Estas herramientas son: (1) bloquear el acceso de los insurgentes al efectivo; (2) actuar en concierto con organizaciones internacionales como las Naciones Unidas; (3) incluir (cuando sea posible) representantes de la sociedad civil en las negociaciones; (4) limitar el número de jugadores con veto; (5) integrar a los insurgentes que pronto serán ex-insurgentes en el proceso político a cambio de una reducción de la escalada; y (6) reintegrar a los combatientes insurgentes que desean seguir siendo guerreros en las fuerzas armadas del estado de posguerra, mientras se reforma su sector de seguridad.

Para su mérito, la administración Biden ya ha iniciado políticas coherentes con la restricción de la financiación de los talibanes, incluida la sociedad civil afgana en las negociaciones, y la reforma del sector de la seguridad del país.

Herramienta 1: Prohibir el acceso de los insurgentes al efectivo

Los talibanes tienen una cartera de ingresos diversa. Anualmente ganan un estimado de $ 200 millones de "procesamiento de drogas e impuestos", así como también ingresos adicionales de la tala ilegal de madera y pistacho. Además, los talibanes cuentan con el apoyo de organizaciones benéficas islámicas.

Los problemas tradicionales al atacar las finanzas de los talibanes no se derivan de la identificación de las fuentes de ingresos, sino más bien de la localización de financistas y la construcción de un sistema cooperativo para atacar el sistema financiero de los talibanes. Aunque se han logrado avances significativos en la identificación y congelación de los activos de organizaciones benéficas ilícitas, estos esfuerzos internacionales no se han sincronizado y, a menudo, no incluyen a los estados del Golfo, la principal fuente de dinero del zakat redirigido hacia los talibanes y otros extremistas islámicos. Otros esfuerzos para interrumpir el procesamiento de drogas y los impuestos de los talibanes han incluido el aumento de la presencia de las fuerzas de seguridad de la coalición en territorio talibán, así como el bombardeo de instalaciones de producción de heroína. Sin embargo, el éxito de los esfuerzos actuales ha sido intermitente, ya que los simples laboratorios de los talibanes pueden reconstruirse fácilmente.

El primer paso para reducir las corrientes de ingresos de los talibanes es eliminar las fuentes de financiación extranjeras, especialmente las organizaciones benéficas islámicas. La única forma de hacerlo es mediante un esfuerzo cooperativo internacional. El líder más probable de este esfuerzo serían las Naciones Unidas. Los estados europeos, norteamericanos y árabes por igual deben identificar rápidamente las organizaciones benéficas ilícitas y congelar los activos de inmediato. Es necesario utilizar fuentes de inteligencia para identificar y detener a los facilitadores del terrorismo que operan a través de las redes informales basadas en efectivo (hawala) en el Medio Oriente.

El segundo paso es una reforma económica rural a largo plazo para desviar la economía afgana de la producción de heroína. Los estudios han demostrado que los ataques aéreos no tienen éxito porque las drogas a menudo se retiran del lugar objetivo y los ataques aéreos dañan la relación entre las fuerzas de la coalición y los agricultores. Además, esperar que el mercado de la heroína en Europa y América del Norte disminuya es una locura. En cambio, los agricultores afganos deberían tener una licencia para cultivar amapolas, y la comunidad internacional debe apoyar la adquisición de estas amapolas con fines médicos. Medidas similares en Turquía y la India lograron reducir significativamente o erradicar el comercio ilícito de opio.

El tercer y último paso es apuntar y detener a los funcionarios fiscales talibanes. Dirigirse a estas personas impide que los talibanes recauden impuestos en las zonas rurales de Afganistán. Esta acción podría ser realizada por las fuerzas de seguridad afganas, con el apoyo de inteligencia de aliados extranjeros. Las fuerzas de seguridad afganas deben conocer la relación local, por lo que su presencia en las zonas rurales es integral. Sin embargo, es más probable que los estados externos sean vistos como intrusos, por lo tanto, los interventores externos deben centrarse en la inteligencia y otro tipo de apoyo.

Herramienta 2: Actuar en concierto con organizaciones internacionales

Actualmente, las Naciones Unidas no lideran el proceso de solución de la guerra afgana. En cambio, Qatar ha sido sede de las conversaciones de paz entre Estados Unidos y los talibanes. Las Naciones Unidas aprobaron el acuerdo, pero esto sucedió después de que ya se firmó el acuerdo del 29 de febrero. En lugar de que Qatar y los Estados Unidos lideren el proceso, las Naciones Unidas deben asumir la propiedad del proceso (especialmente dada la reputación del primero y el estatus de cobeligerancia del segundo). Afganistán no es miembro de ninguna organización regional, y las distintas potencias intermedias con presencia en Asia Central no tienen suficiente relación entre los beligerantes para liderar unilateralmente las negociaciones. Por lo tanto, corresponde a las Naciones Unidas liderar el proceso de arreglo.

Como parte de la conducción del proceso de paz, las Naciones Unidas también deben ser el actor principal en las acciones económicas y de seguridad. Aunque el despliegue original de la OTAN tiene un alcance noble, las Naciones Unidas deberían liderar cualquier presencia militar bajo banderas azules. Más de 90 países perdieron ciudadanos en los ataques del 11 de septiembre. El yihadismo global afecta a todos los países. El mantenimiento de la paz de la ONU redirigiría la mediación del conflicto afgano hacia el multilateralismo, en lugar del actual intervencionismo centrado en Estados Unidos. Es de destacar que el mantenimiento de la paz de la ONU debe enmarcarse en un acuerdo de paz, en lugar de una pura intervención militar.

Herramienta 3: Incluir a la sociedad civil en las negociaciones

La sociedad civil afgana incluye una variedad de organizaciones profesionales, religiosas y comunitarias. Sin embargo, en gran medida han estado ausentes del proceso de paz. En cambio, la sociedad civil en Afganistán tiende a operar al margen del conflicto. El proceso de paz, que idealmente debería ser dirigido por las Naciones Unidas, debe involucrar activamente a la sociedad civil a fin de abordar las quejas que han resultado de las muchas décadas de luchas internas en Afganistán. Además, la sociedad civil puede ser aprovechado para liderar la reintegración comunitaria, apoyando y cumpliendo los términos del acuerdo de paz.

Herramientas 4 y 5: Limitar a los actores con veto e integrar a los insurgentes en el proceso político a cambio de rechazar la violencia

Las negociaciones de paz actuales involucran a los talibanes, al gobierno afgano y a Estados Unidos. Aunque la franquicia del Estado Islámico-Khorasan no está representada, sería rápidamente derrotada por un Afganistán unificado y, por lo tanto, no se le debería asignar un papel. Además, la participación actual de los talibanes en el proceso de paz es una métrica de progreso significativo, y las discusiones en curso sobre la inclusión del gobierno talibán deben basarse en la reducción de los niveles de violencia. La comunidad internacional está siguiendo estas dos lecciones mediante el uso de herramientas diplomáticas.

Herramienta 6: Integrar a los combatientes no estatales y reformar el sector de la seguridad del Estado

Afganistán está fuertemente militarizado. Hay cientos de miles de combatientes afganos entre las fuerzas de seguridad afganas, los talibanes, el Estado Islámico-Khorasan y otros grupos militantes. Como parte de cualquier proceso de paz, estos combatientes deben ser desarmados, disueltos, reintegrados y reformado el sector de la seguridad. Algunos de los ex talibanes y otros militantes yihadistas deberán integrarse en el Ejército Nacional Afgano. El Ejército Nacional Afgano, que ya es demasiado grande, necesita refinar su estructura para absorber a los talibanes reformados.

Hay varias cuestiones que merecen especial atención en un proceso holístico de desarme, desmovilización y reintegración en Afganistán, que debería ir acompañado de un proceso de reforma del sector de la seguridad. En primer lugar, es necesario incluir a los comandantes de las organizaciones militantes y de las fuerzas de seguridad del Estado en los procesos de desmovilización y reforma del sector de la seguridad. Estos comandantes han dirigido campañas descentralizadas durante años, pero si se integran en un sistema estatal reformado, estos comandantes deberían cooperar con las directrices nacionales. Además, los combatientes individuales deben recibir medios de vida y esperanza. Por ejemplo, un programa entre palestinos reveló que el dinero en efectivo y las novias pueden ayudar a desmovilizar a los combatientes terroristas. En segundo lugar, la justicia transicional debe abordarse como parte de reformas más amplias en Afganistán. En tercer lugar, los procesos de reintegración y reforma deben incluir una combinación de herramientas culturales y económicas, reformar la mentalidad y desarrollar conjuntos de habilidades. Solo así los excombatientes podrán reincorporarse plenamente a la sociedad.

Conclusión

Si bien la intervención militar de EE. UU. sigue siendo una herramienta fundamental del arte de gobernar en apoyo de la seguridad y la prosperidad nacional de EE. UU., Su uso excesivo desde el 11 de septiembre ha provocado graves daños tanto a la seguridad nacional como a la prosperidad de EE. UU. Estados Unidos necesita ser más moderado en su uso de la fuerza. Aquí he presentado el caso de la intervención de Estados Unidos en Afganistán después del 11 de septiembre como un contraste de por qué incluso las intervenciones militares con buenos recursos a menudo salen mal, y cómo los esfuerzos para desconectarse para lograr una paz estable también pueden fallar. Sin embargo, existe una variedad de políticas de desconexión que pueden promover los intereses de Estados Unidos y sus aliados en Afganistán. Estos seis enfoques se aplicarían igualmente bien (con diferentes detalles) a la desconexión también en otros teatros. Los costos de la desconexión a menudo parecen altos (y lo son), pero son manejables en relación con los costos de seguir avanzando cojeando. Los estadounidenses también tienen que pensar a largo plazo (como suelen hacer los adversarios de Estados Unidos).

En realidad, la guerra en Afganistán comenzó hace más de cuatro décadas con el asesinato de Muhammed Da’ud Khan en 1978. Su resolución no seguirá a la salida de las tropas estadounidenses y aliadas y tomará décadas. Sobre todo, Afganistán no puede ser administrado por extranjeros y es poco probable que el país satisfaga la concepción occidental de un gobierno legítimo.

Malvinas: Los ataques aéreos sobre el estrecho

jueves, 20 de mayo de 2021

Guerra sino-india: Orígenes, desarrollo y derrota india

Guerra en el Himalaya: El conflicto chino-indio de 1962

El año 1962 estuvo marcado por la Crisis de los Misiles en Cuba, esas pocas semanas en las que el mundo estaba al borde de la Tercera Guerra Mundial. Si Estados Unidos y la URSS no se involucraron en un conflicto nuclear, este año fue, sin embargo, uno en el que dos de los países más poblados de lo que entonces se llamaba Tercer Mundo, India, se enfrentaron y la República Popular China. La guerra fue corta y victoriosa para los chinos. Si bien no alteró profundamente los equilibrios de la región, aún continúa nublando las relaciones entre China y la India, mientras que Nueva Delhi y Beijing se han convertido ahora en potencias mundiales.

David Francois || L´autre cote de la coline (original en francés)


En los orígenes del conflicto.

En el corazón de las montañas del Himalaya, India y China comparten más de 2000 km de fronteras comunes. Se dibujaron en el siglo 19 bajo la presión de los británicos que hicieron de la India, la joya de su imperio global. Años de expediciones militares y diplomáticos no resuelven el problema de sus parcelas, Londres fija frontera como la línea MacMahon que nunca será reconocido por los poderes que dirigen China durante el siglo 20. Peor aún, esta línea incorpora la India británica, territorios que Beijing siempre ha considerado chinos.



Las áreas en disputa entre China e India

Existen dos áreas de tensión entre India y China, la primera está en Cachemira, una región de montañas, cuencas y valles cuya posición es estratégica, en las fronteras de India, China, Afganistán y Rusia. Beijing no reclama la soberanía sobre toda esta región, sino sobre Aksai Chin, un territorio al noroeste de la meseta tibetana tan grande como Suiza. La segunda zona de tensión es la de Arunachal Pradesh, en el noreste de la India, una región que se extiende entre Bután y Birmania.

Si la debilidad en China durante la primera mitad del siglo 20 Pekín no permite afirmar sus derechos contra los británicos, la década de 1940 se caracterizaron por cambios profundos en la región. Al sur del Himalaya, en 1947, Londres otorgó la independencia a su colonia india que se dividió en dos nuevos estados, India y Pakistán, cada uno reclamando soberanía sobre Cachemira. En el norte, en 1949, los comunistas, encabezados por Mao Tse-tung, tomaron el poder en China. El gobierno de Nueva Delhi se encuentra entre los primeros en reconocer a las nuevas autoridades chinas.

India prestó poca atención en 1947 a los problemas de sus fronteras con China. Luego fue absorbida en un conflicto con Pakistán en relación con Cachemira donde estalló la lucha en 1947 y se prolongó hasta finales de 1948. La intervención de las Naciones Unidas puso fin al conflicto y fijó la frontera entre los dos países, una frontera que todavía será objeto de combate en 1965 y 1971. India no comienza a preocuparse realmente por las acciones de su vecino chino hasta octubre de 1950 cuando el Ejército de Liberación Popular (ELP) avanza hacia Chamdo, una ciudad a 500 kilómetros al este de Lhasa, y derrota las tropas tibetanas. El gobierno indio protesta contra este uso de la fuerza, pero Nehru acepta sin embargo el dominio chino sobre el Tíbet. En mayo de 1951, cuando un tratado chino-tibetano colocó a Lhassa bajo el control de Beijing,

A pesar de las acciones de China en el Tíbet a principios de la década de 1950, las relaciones entre China y la India siguen siendo buenas. Por tanto, India proporciona suministros al ejército chino y acepta el envío de trabajadores indios para desarrollar el Tíbet. En septiembre de 1951, en medio de la Guerra de Corea, Chou En-lai, Ministro de Relaciones Exteriores de Beijing, ansioso por asegurar el flanco sur de su país, propuso negociaciones en Nueva Delhi para resolver el problema de las fronteras comunes y recibió una respuesta favorable de la India. Sin embargo, las discusiones no comenzaron hasta 1954 y terminaron con la firma de un acuerdo de amistad y no agresión, pero sin resolver el tema de las fronteras.

 
Mao y sus soldados.

A fines de 1954, la presión del gobierno chino en el Tíbet aumentó el descontento en el país y provocó una rebelión. A principios de 1955, las acciones armadas de los rebeldes ponen en peligro las líneas de comunicación chinas, lo que lleva al ELP a iniciar la construcción de una nueva ruta de abastecimiento en el Tíbet. Fue en marzo de 1956 cuando se comenzó a trabajar para unir el oeste de Xinjiang y el oeste del Tíbet a través de la meseta de Aksai-Chin. Los 1200 km de la carretera militar china se completaron finalmente en octubre de 1957. El gobierno de la India, que entonces mostró poco interés en esta región, solo se enteró de su existencia en septiembre de 1957 antes de descubrir en julio de 1958 que 'está dibujada en mapas chinos, mapas que muestran que Aksai Chin está integrado en territorio chino. Luego, Nueva Delhi envía una nota de protesta a Beijing, mientras que dos patrullas del ejército indio son enviadas de reconocimiento para examinar la ruta china. Los soldados indios son arrestados por los chinos y retenidos durante un mes.

En diciembre de 1958, Nehru le escribió a Chou En-lai para recordarle que Aksai-Chin es parte de la India. El ministro chino respondió cortésmente que la línea de la frontera entre los dos países nunca ha sido objeto de un acuerdo formal y que los reclamos indios se basan en la herencia del imperialismo británico. No obstante, propuso iniciar discusiones y, en espera de un acuerdo, mantener el statu quo. En su respuesta en marzo de 1959, Nehru no muestra ninguna voluntad de comprometerse con lo que él ve como las fronteras históricas de la India.

En marzo de 1959, los disturbios y los combates aumentaron en el Tíbet mientras el Dalai Lama abandonaba el país y recibía asilo en la India. China, que durante mucho tiempo sospechó que los indios apoyaban a los rebeldes tibetanos, con muchos insurgentes cruzando la frontera para obtener armas de Nepal e India antes de regresar al Tíbet, quiere cerrar la frontera con India y está presionando para que se resuelva el asunto. Nehru acepta discutir cambios en los detalles de la línea fronteriza, pero solo si los chinos se retiran y renuncian a sus reclamos sobre Aksai Chin. Chou En-lai, por su parte, rechaza las demandas indias y sugiere que las negociaciones tomen como punto de partida las posiciones actuales de cada país sobre el terreno.


Soldados indios en el Himalaya

Los indígenas, que se muestran mucho más sensibles a las acciones chinas en la región fronteriza, están comenzando a establecer puntos de control en las áreas en disputa y a enviar patrullas a la frontera tibetana. Esto conduce a dos escaramuzas. El primero tiene lugar en Arunachal Pradesh cuando los indios intentan apoderarse de una aldea en una zona en disputa. Se intercambian disparos antes de que la patrulla india se retire hacia el sur. El segundo, mucho más grave, tiene lugar en el paso de Konga en el oeste del Tíbet. Allí también se intercambiaron disparos pero esta vez con bajas en cada campamento y la captura de la patrulla india.

Estas peleas provocan revuelo en todos los países a medida que se intercambian cartas de protesta. En septiembre de 1959, Chou En-lai mantuvo la posición china y justificó la presencia de tropas por la necesidad de evitar que los rebeldes tibetanos cruzaran la frontera. Agrega que la actitud de la India es provocativa. Nehru, por su parte, sigue siendo inflexible y responde que no puede haber acuerdo hasta que los chinos hayan evacuado los territorios en disputa. Es en este momento que el presidente estadounidense Eisenhower anuncia su próxima visita a Nueva Delhi mientras Krushchev, durante una entrevista con Mao, apoya a Nehru lo que hace que Pekín tema el nacimiento de un eje que le sería hostil.

En Nueva Delhi, la política de Nehru fue, sin embargo, objeto de críticas por parte de los militares. Para estos últimos, el envío de patrullas y la construcción de puestos en las zonas en disputa representan un riesgo real porque el ejército indio no cuenta con la preparación militar ni con la logística necesaria para enfrentar a las fuerzas chinas en la frontera. Nehru no lo ve así y ha reemplazado a los oficiales críticos por otros más dóciles. Además del error de no escuchar a los militares, apuesta a que los chinos no se enfrentarán a una India apoyada por la URSS y los Estados Unidos, que por lo tanto no se opondrán a las patrullas y la instalación de puestos y que eventualmente lo harán. retirarse de las áreas en disputa bajo la presión india.

El año 1961 refuerza a Nehru en la idea de que su apuesta puede triunfar. Ese año, el ejército indio recibió equipamiento militar de la URSS y Estados Unidos que le permitió apoderarse, en diciembre de 1961, de Goa, un confeti del Imperio colonial portugués. El apoyo militar de las grandes potencias alienta efectivamente a Nueva Delhi a seguir una política agresiva en Aksai Chin. India recibe así 8 portaaviones Antonov, 28 helicópteros Iliouchine-14 y Mil-4 capaces de transportar hombres y equipo hasta 5.000 metros sobre el nivel del mar. En 1962, también compró dos escuadrones de cazas Mig. Este fortalecimiento de las capacidades militares indias y la anexión forzosa de Goa refuerzan a Beijing en su temor a los objetivos expansionistas indios.

A finales de 1961, Nehru envió suficientes tropas a Aksai Chin para establecer 43 puestos. Algunos están a menos de 150 km de la carretera militar china, mientras que cerca del paso de Konga, tres puestos indios se encuentran cerca de una segunda carretera china. Beijing protesta contra lo que considera una intrusión en territorio chino. Las escaramuzas entre soldados chinos e indios se multiplican y en noviembre, cuando el ELP se ve obligado a retirarse del valle de Chip Chap, Nehru se refuerza en su política de enfrentamiento. A pesar de las protestas de los militares que preferirían construir una fuerza cohesiva y organizar líneas de suministro antes de seguir adelante, Nehru ordena que continúe la presión en Aksai Chin. A principios de 1962,

La escalada a la guerra.

En 1962, si el ELP parecía poderoso con sus 3 millones de combatientes, sin embargo experimentó grandes dificultades. El desastre económico del Gran Salto Adelante impone severas restricciones al presupuesto militar. Los soviéticos proporcionaron equipo en la década de 1950, pero el deterioro de las relaciones chino-soviéticas puso fin a estos suministros en 1960. Por lo tanto, en 1962, el ejército chino carecía de equipo, municiones y combustible, como se demostró en la crisis del estrecho de Taiwán. ese mismo año.

A pesar de estas restricciones, el ELP está bien preparado para una guerra de montaña en el Himalaya. Aprendió a luchar por primera vez en este terreno en particular durante la Guerra de Corea, algunos de cuyos veteranos todavía sirven en el ejército en 1962. El ejército chino también está familiarizado con la región fronteriza con India desde la invasión del Tíbet en 1950. Se aclimataron a la clima, a la altura, construyeron postes y carreteras y aumentaron su movilidad utilizando los servicios de guías tibetanos. También están bien entrenados, acostumbrados a pasar pasos y crestas, y equipados con uniformes abrigados y raciones suficientes. También pueden contar con el apoyo de una artillería ligera móvil.

 
La tensión sigue creciendo entre China e India

En el lado indio, en el momento de la independencia en 1947, las unidades indias del ejército británico estaban divididas entre India y Pakistán. Los primeros años de la República de la India estuvieron marcados por una forma de desconfianza hacia el ejército, un recuerdo del papel desempeñado por los militares en la guerra civil que precedió a la independencia pero sobre todo producido por el sentimiento de que el país no estaba sujeto a ninguna influencia externa. amenaza, Nehru declarando que los Himalayas constituyen una barrera suficiente contra China. Así, en la década de 1950 se hizo poco esfuerzo en el campo militar. El presupuesto de defensa era mínimo y el ejército tenía sólo 350.000 hombres a mediados de la década de 1950, un número que aumentaría poco hasta 1962. La potencia de fuego india era débil ya que la artillería se redujo y sufrió daños. 'Falta de suministros. El entrenamiento de tropas es limitado y casi inexistente para el combate de montaña. El principal problema al que se enfrenta el ejército indio se refiere a la logística. A pesar de la ayuda soviética, India carece de equipo y suministros para sus tropas, especialmente para las operaciones en el Himalaya. Los soldados solo tienen uniformes de verano, las raciones son insuficientes, dejando a las tropas hambrientas y solo hay carpas para albergar a la mitad de los hombres. El transporte de suministros también fue defectuoso y solo llegó a las tropas después de un largo viaje a lomos de animales. especialmente para operaciones en el Himalaya. Los soldados solo tienen uniformes de verano, las raciones son insuficientes, dejando a las tropas hambrientas y solo hay carpas para albergar a la mitad de los hombres. El transporte de suministros también fue defectuoso y solo llegó a las tropas después de un largo viaje a lomos de animales. especialmente para operaciones en el Himalaya. Los soldados solo tienen uniformes de verano, las raciones son insuficientes, dejando a las tropas hambrientas y solo hay carpas para albergar a la mitad de los hombres. El transporte de suministros también fue defectuoso y solo llegó a las tropas después de un largo viaje a lomos de animales.

Los servicios de inteligencia indios también están fallando, ignorando tanto la topografía como el clima del Himalaya, pero sobre todo las tácticas, la movilidad y el poder de las fuerzas chinas en la región. Al final, el ejército indio tiene múltiples desventajas: su potencia de fuego, su organización logística, su preparación para la guerra de montaña y su número son inferiores a los del ejército chino. En estas circunstancias, concentrar unidades en el Himalaya, como ordena Nehru, es un error trágico porque condena a las tropas a un constante desgaste ante el frío, las enfermedades y el hambre. La política de intimidación de Nueva Delhi es, por tanto, militarmente absurda, pero el líder indio cree firmemente en la invencibilidad de su ejército contra China.

En 1962, Nehru, ignorando las advertencias de los militares y convencido de que China se retiraría, continuó su política agresiva de instalar puestos fronterizos y patrullas que debían mordisquear gradualmente los territorios bajo control chino y que India reclamaba. A principios de año, esta estrategia se traduce en operaciones destinadas, sin pasar por los puestos chinos, a cortarlos de su línea de suministro para obligar al ELP a abandonarlos.

Mientras tanto, continúan las conversaciones diplomáticas. En febrero, Beijing propuso que cada campamento debería retirar sus tropas 20 kilómetros para evitar enfrentamientos, pero Nueva Delhi sigue siendo intransigente. Poco a poco, las relaciones entre los dos países se deterioran. En los primeros meses de 1962, China se enfrentó a los problemas de la crisis del Estrecho de Taiwán y no quería un conflicto con India a cualquier precio. No obstante, continuó reclamando el Aksai Chin y aumentó el número de sus patrullas fronterizas a medida que los indios se volvían cada vez más atrevidos. En junio, cuando disminuyó la crisis del Estrecho de Taiwán, la atención de Beijing volvió a los Himalayas.

La crisis entre India y China dura tres años y si hubo escaramuzas, el número de víctimas sigue siendo mínimo. Esta situación cambia en julio. Mientras que anteriormente el ejército indio tenía derecho a abrir fuego solo en defensa, a los comandantes de los puestos se les ordena disparar contra las fuerzas chinas si sienten que sus posiciones están amenazadas. Los enfrentamientos tuvieron lugar a principios de mes en el valle de Galwan y luego el 21 en el valle de Chip Chap, donde resultaron heridos dos soldados indios. Mientras tanto, el ELP se prepara para el combate y almacena municiones, gasolina y alimentos a lo largo de la frontera.

En junio, el ejército indio estableció un puesto en Dhola, en el distrito de Tawang, en un área que la propia India reconoce como china. Beijing denuncia una nueva agresión contra su territorio y refuerza sus capacidades militares en Tíbet y Xinjiang. El 11 de septiembre, Nehru decide que las patrullas ahora tienen derecho a abrir fuego contra los chinos presentes en territorio indio. Los incidentes se multiplican durante los meses de agosto y septiembre y el 20 de septiembre se produce un enfrentamiento más grave en Chedong, en el cruce de las fronteras entre India, China y Bután. Los combates esporádicos continúan en la región, lo que demuestra la determinación de la India de hacer retroceder a China.

El 26 de septiembre, el general Kaul Indian tomó el mando de la 33ª cuerpos cuyas tropas están dispersas, mal armadas, sin ropa de invierno y mal abastecidas. Entonces sólo hay dos divisiones en las regiones en disputa. El 5 de octubre, Kaul se convierte en el comandante de todas las fuerzas fronterizas y ya se está preparando para hacer retroceder a los chinos de Arunachal Pradesh. El 9 de octubre, ordenó al general Dalvi que tomara el paso de Yumtso La y envió una patrulla de 50 hombres para apoderarse de Tseng Jong. En la mañana del día 10, esta patrulla vio a un batallón chino aparecer frente a ella. Las posiciones indias son bombardeadas con morteros pero los indios repelen el ataque provocando grandes pérdidas en el lado chino. Finalmente, las tropas de Nueva Delhi se retiraron al sur. El día 12, Nehru dio la orden de expulsar a las unidades chinas del territorio indio mientras que el día 18, había irrumpido en territorio indio.

El 6 de octubre, los líderes chinos se reúnen y escuchan al mariscal Lin Biao decirles que India se está preparando para pasar a la ofensiva. Por lo tanto, deciden lanzar un ataque a gran escala para detener a los indios. El plan chino prevé una ofensiva principal en Arunachal Pradesh coordinada con una acción más modesta en Aksai Chin. Una vez que los indígenas son expulsados ​​de los territorios en disputa, se debe proclamar un alto el fuego seguido de un regreso a la mesa de negociaciones. El 8 de octubre, se ordenó a divisiones experimentadas y tropas de élite que llegaran al Tíbet desde las regiones militares de Chengdu y Luzhou. El 18 de octubre, el buró político del Partido Comunista de China aprobó el plan propuesto por los militares para un ataque el 20 de octubre.
Ese día el ELP lanzó dos ofensivas a 1.000 km de distancia. En Cachemira, el objetivo es expulsar a los indios del valle de Chip Chap, mientras que en Arunachal Pradesh busca apoderarse de ambas orillas del Namka Chu.

Los primeros éxitos chinos.

En la noche 19 y 20, tres regimientos chinos se preparan para asaltar el 7 º Brigada india que sostiene la zona del río Namka Chu. Los indios luchan valientemente contra un enemigo superior en número, pero sus posiciones se van superando gradualmente. Los chinos tomaron rápidamente el control del río, mientras que la 7 ª Brigada pierde su cohesión y debe retirarse.

El plan chino es tomar Tsangdhar y Hathung La para cortar todas las rutas de retirada y suministro a los indios. Está perfectamente diseñado para un ejército que goza de superioridad tanto en mano de obra como en potencia de fuego. Los sobrevivientes de las tropas indias se retiran de Tawang mientras que la 7 ª Brigada dejaron de existir como fuerza de combate. Las tropas que permanecieron en estado de combate, es decir, dos batallones de infantería y artillería, recibieron la orden de retener Tawang a toda costa.


Artillería china en acción

Inmediatamente después del éxito en Namka Chu, los chinos desarrollaron ataques en tres direcciones que convergieron en Tawang. La ciudad no era muy apta para la defensa y los indígenas decidieron evacuarla el 23 de octubre. Al día siguiente, los chinos lo tomaron mientras las tropas indias se refugiaban en Se La con la intención de reforzarse y defenderse. Mientras tanto, en toda la región de Tawang, el ELP se apodera de los puestos indios. Los días 24 y 25, en el este de la región, los chinos atacaron Walong, pero a partir del 25, el frente de Arunachal Pradesh experimentó una pausa, las fuerzas chinas no avanzaron más allá de Tawang, que estaba a 15 kilómetros al sur del área que reclaman.

Al mismo tiempo, se están llevando a cabo importantes batallas en Aksai Chin. El 20 de octubre, simultáneamente con el ataque en Arunachal Pradesh, los chinos atacaron los puestos indios en los valles de Chip Chap y Galwan y cerca del lago Pangong. El puesto de Galwan fue tomado el 20 de octubre, mientras que otros, más pequeños, fueron sumergidos, las guarniciones capturadas o asesinadas. Ante la magnitud del ataque, el comando indio pidió a las tropas que ocupaban los puestos en la región que se retiraran hacia el suroeste. El día 21, después de intensos combates, el ELP capturó todos los puestos en la orilla norte del lago Pangong. Muchos puestos indios han sido evacuados pero, sin embargo, no están ocupados por los chinos porque están demasiado al sur de los territorios que reclaman. Tras la retirada de sus tropas, El general Daulat Singh organizó rápidamente sus unidades para enfrentar nuevos ataques. A principios de noviembre, estaban listas tres brigadas integradas por cuatro batallones de infantería.


Ejército indio a la defensiva

Después de sus victorias en octubre, el ELP se tomó un descanso para permitir que se reanudara la actividad diplomática. El 24 de octubre, Chou En-lai solicitó abrir negociaciones, pero Nehru respondió proponiendo un regreso a las posiciones ocupadas el 8 de septiembre. Beijing luego llega a ofrecer reconocer los reclamos indios en Arunachal Pradesh a cambio del Aksai Chin.

A nivel internacional, la URSS, principal partidaria de la India desde la década de 1950, aprueba las propuestas de paz de China, especialmente con la crisis de los misiles cubanos, Moscú presta poca atención al conflicto chino. Sin el apoyo soviético, Nueva Delhi se dirigió a Londres y Washington, que enviaron suministros militares a principios de noviembre, mientras los estadounidenses estudiaban la posibilidad de enviar barcos a la Bahía de Bengala.

Mientras el Parlamento indio adopta una resolución que pide que los chinos sean expulsados ​​del territorio indio, Pekín todavía quiere una solución diplomática a la crisis y, por lo tanto, deja a sus tropas armadas con los pies durante las dos primeras semanas de noviembre. Ante la intransigencia india, el 14 de noviembre se reanudaron los combates.

La derrota india.

En el este de Arunachal Pradesh, después de la caída de Tawang, el plan de jubilación de la India requería un retiro a Bomdila, el punto más al norte donde se podía organizar una logística eficiente. Pero las órdenes finales exigen una retirada a Se La, que parece ser una posición defensiva ideal. El paso Se La controla la carretera que va a Bomdila y domina la que conduce a Tawang. Además, a ambos lados del paso, los picos dominan la región. Pero Se La se encuentra en altitud con un clima severo mientras que la posición está lejos de Bomdila de donde llegan los suministros. La decisión de ocupar este cargo también amplía considerablemente el área a defender en una región alta donde los caminos son deficientes.

Ansioso por recuperar la iniciativa, el comando indio envía la 11a Brigada de la 2 edivisión en el sector de Walong en el oeste de Alurnachal Pradesh el 31 de octubre. Este destacamento, que incluye tres batallones de infantería, no se prepara para defender la zona sino para atacar a los chinos el 14 de noviembre, el cumpleaños de Nehru. Ese día, dos compañías indias apoyadas con morteros y artillería lanzaron un asalto contra una colina en poder de una compañía china. Pero los indios son rechazados mientras el ELP lanza un contraataque. Los indios se retiran y son perseguidos por los chinos que abruman las defensas enemigas. A continuación, se da la orden a los soldados indios de retirarse, pero muchas unidades no la reciben y mueren en el acto. Los restos de la brigada india se refugiaron luego en el valle de Lohit, prefiriendo el ELP no perseguirlos.


La captura de soldados indios por el ELP

Unas horas después de la derrota de Walong, se reanudaron los combates en Aksai Chin y Se La. En Cachemira, el comando indio concentró tropas en particular alrededor de Chushul, una región donde algunas de las posiciones se encuentran a altitudes de unos 4 500 metros y donde hay No hay bosque para construir defensas o incluso calentar. Las fuerzas al este de esta localidad se encuentran en el territorio reclamado por Pekín. Todos los demás puestos indios en Aksai Chin han sido evacuados o han caído. Chushul se convierte entonces para los indios en un punto clave para bloquear un ataque chino a la ciudad de Leh.

El 17 de noviembre, una poderosa fuerza china marchó desde el oeste sobre Chushul y en las primeras horas del 18, la artillería del ELP abrió fuego contra posiciones indias. Los soldados chinos atacaron de frente pero fueron rechazados. Por lo tanto, evitaron las posiciones indias que tomaron de los flancos después de una dura lucha. Las pérdidas indias son graves, por lo que solo hay tres sobrevivientes de una empresa completa. Cinco horas después del inicio del ataque, los indígenas fueron expulsados ​​de las áreas reclamadas por China. Luego se reagrupan para defender Chushul que los chinos, sin embargo, no atacarán. La guerra en Cachemira ha terminado, ya que todo Aksai Chin está ahora bajo control chino.

En la región de Arunachal Pradesh, las fuerzas indias continúan fortaleciéndose en la zona de Se La-Bomdila. Reagrupan 10 batallones de infantería apoyados por morteros, artillería y una docena de tanques. Si estas fuerzas se hubieran concentrado, hubieran representado una poderosa fuerza defensiva, pero se encuentran dispersas a lo largo de un centenar de kilómetros en la carretera entre Se La y Bomdila. Cinco batallones están en Se La, tres en Bomdila y dos en Dirang Dzong entre Se La y Bomdila. Sin embargo, el pueblo de Dirang Dzong, donde se establece el mando indio de la región, no es adecuado para la defensa, especialmente porque es accesible por muchos senderos de montaña. Los indios saben que si los toman prestados, los chinos pueden salir en Thembang entre Dirang Dzong y Bomdila.

El 15 de noviembre, un batallón chino atacó a la empresa india que poseía Poshing La y la aniquiló. El comando indio, que no quiere creer que un batallón haya podido tomar los senderos de la montaña, envía un segundo batallón desde Bomdila en dirección a Poshing La. Una tercera compañía también sale de Bomdila para reforzar las posiciones en Dirang Dzong.


Las dificultades de la logística india

La compañía envió a Poshing La a cavar trincheras en Tembang en la mañana del 17 de noviembre. Poco antes del mediodía, fue atacado por 1.500 soldados chinos. Los indígenas resistieron durante 3 horas pero, debido a la mala logística, rápidamente se quedaron sin municiones. Con el anochecer, comienzan a retirarse, pero en la oscuridad y la espesa vegetación, este retiro se convierte rápidamente en un desastre. Ninguno de los soldados logró llegar a Bomdila y, semanas después, algunos fueron encontrados vagando por las llanuras del sur. Una vez más, la superioridad china y los problemas logísticos indios conducen a otra derrota para Nueva Delhi. Especialmente los chinos ahora mantienen firmemente el camino entre Bomdila y Dirang Dzong,

También el 17 de noviembre, el ELP lanzó cinco asaltos contra Se La, pero la ciudad estaba bien defendida y cada ataque chino fue repelido. Con cinco batallones y artillería, las fuerzas que controlaban Se La eran considerables, pero su línea de suministro se cortó cuando los chinos tomaron Tembang. Las unidades indias que retuvieron a Dirang Dzong, por su parte, intentaron abrirse paso hacia Bomdila. Las emboscadas chinas pusieron fin a este intento, mientras que algunos supervivientes consiguieron llegar a las llanuras del sur. Las tropas que retuvieron Se La también se retiraron, inicialmente en buen estado al hacer retroceder a las primeras unidades chinas que encontraron. Pero la columna india se encontró rápidamente bajo un intenso fuego de ametralladora. Los diversos intentos de romper el cerco chino fracasan y la carretera hacia el sur se cierra permanentemente. Finalmente, aún bajo el fuego chino, las tropas en retirada lograron llegar a las llanuras después de sufrir numerosas pérdidas.

El 18 de noviembre, la 48ª Brigada India, o seis compañías de infantería, seguía siendo la única fuerza para defender Bomdila. Los soldados construyen posiciones defensivas y colocan sus morteros y artillería mientras esperan refuerzos. La ineptitud del mando y las comunicaciones indias volverá a atacar. El general Kaul, sin saber que Dirang Dzong había sido evacuado, ordenó a dos compañías de infantería, artillería y blindados que abandonaran Bomdila para reforzar las unidades en Dirang Dzong.

Solo 10 minutos después de la partida de la columna india, las fuerzas chinas atacaron. La infantería de la columna intenta volver a su posición inicial pero estos ya están ocupados por los chinos dejando al descubierto a los indios. Un segundo asalto chino finalmente abruma las posiciones indias. Los intentos de contraataques conducen a fracasos que obligan al general Singh a ordenar una retirada en Rupa.

 
El regreso de los prisioneros indios

En Rupa, la 48ª Brigada organiza la defensa, pero rápidamente ordena retirarse al borde de la llanura. Después de su salida de la ciudad, Singh recibe la orden de Kaul de darse la vuelta, pero cuando llega a Rupa, se encuentra con que los chinos mantienen las posiciones alrededor de la aldea haciendo imposible defender la localidad. La 48ª Brigada, acosada por las fuerzas chinas, se puso en camino hacia Chaku que logró. Entonces era solo del tamaño de un batallón. Fue en este momento que los chinos atacaron desde tres lados diezmando los restos de la brigada, cuyos grupos dispersos huyeron hacia el sur.

Con la desaparición de la 48ª Brigada, ya no existe ninguna fuerza militar india organizada en Arunachal Pradesh o en Aksai Chin. Militarmente, la victoria china está completa. Ante el desastre, el 20 de noviembre Nehru pidió a los estadounidenses que intervinieran militarmente contra los chinos lanzando ataques aéreos contra el ELP. Pero Beijing decide unilateralmente un alto el fuego el 22 de noviembre.

Conclusión.

El 20 de noviembre, el ELP eliminó todas las fuerzas indias en los territorios fronterizos reclamados por China. Beijing prefiere entonces poner fin al conflicto y no busca aprovechar sus ventajas. Por el contrario, si China quiere quedarse con Aksai Chin, acepta dejar los territorios en disputa en Arunachal Pradesh a la India. En total, Pekín propone dejar el 68% de los territorios en disputa a India y solo retiene el 32%, principalmente en Aksai Chin que representa para ella un territorio estratégico con su ruta militar. Nehru acepta el alto el fuego chino y las condiciones establecidas por Beijing. Por lo tanto, a partir de diciembre, China comienza a liberar a los indios hechos prisioneros durante los combates.

Nehru hizo la peligrosa apuesta de que China no haría la guerra en las áreas en disputa y que se retiraría de ellas incluso si India presionaba lo suficiente. Pero para que esta apuesta tuviera éxito, tenía que ser validada por una evaluación exacta de las fuerzas involucradas. Pero Nehru ignora deliberadamente las advertencias de sus oficiales que le advirtieron contra la falta de preparación del ejército indio. Los líderes indios tampoco saben que las tropas chinas están increíblemente superadas en número a lo largo de la frontera, están bien preparadas para la guerra de montaña y tienen una buena logística.

La preparación logística es de hecho vital para cualquier operación militar. En esta área, la India es en gran parte deficiente. En muchas ocasiones, las tropas indias se quedan sin municiones y muchos soldados se mueren de frío mientras los chinos acumulan reservas en el Tíbet. Las tropas indias también están mal preparadas para la guerra de montaña. El liderazgo indio también está fallando. Si en Aksai Chin permanece bien organizado, en Arunachal Pradesh reina la confusión, en particular debido a los numerosos cambios de cuadros. Así, las unidades se envían a posiciones ya ocupadas por los chinos. El general Kaul por su parte a menudo ignora los consejos de sus subordinados, se muestra indeciso, cambiando sus órdenes después de haberlas dado. Inmediatamente después del alto el fuego,


Soldados chinos e indios en 2012

Aunque derrotada, India se beneficia del conflicto. Primero, el país está unido como nunca antes mientras la influencia del Partido Comunista de la India se derrumba. Sobre todo, la India es consciente de sus debilidades militares. Duplicará su plantilla en los próximos dos años y mejorará considerablemente la formación de sus hombres y su organización logística. La guerra también juega un papel importante en sus relaciones con Pakistán. Al observar en esta ocasión la debilidad militar de su vecino, Islamabad se cree en una posición favorable para resolver la cuestión de Cachemira, que desemboca en la guerra de 1965.

La guerra fronteriza está cambiando profundamente el clima militar y político en el sudeste asiático. La victoria china selló el destino del Tíbet, fuente de tensión con India, a favor de Beijing. Especialmente la cuestión de las fronteras no se resolvió al final de la guerra de 1962. India continúa reclamando Aksai Chin, mientras que Beijing todavía llama a Arunachal Pradesh, el sur del Tíbet, lo que provoca muchos incidentes. Estas disputas territoriales conducen a una fuerte militarización de la región. Cada campamento ha construido infraestructura de comunicaciones, bases aéreas, puestos de avanzada mientras se despliega un gran número de tropas, India utiliza unidades paramilitares tibetanas para operaciones de inteligencia. Las escaramuzas son frecuentes y los riesgos de una escalada hacia un conflicto abierto siguen siendo relevantes.

La guerra de 1962 también fue fuente de una fuerte desconfianza y rivalidad entre China e India. Beijing todavía sospecha que Nueva Delhi intenta socavar su autoridad sobre el Tíbet con la ayuda de Estados Unidos, mientras que India ve a su vecino del norte como una potencia nacionalista y agresiva que busca dominar Asia. Cada campo ha desarrollado un sistema de alianza para contrarrestar el de su rival, China con Pakistán e India con la URSS, mientras que una lucha por la influencia entre los dos países se ejerce en Nepal y Birmania. Nueva Delhi, por lo tanto, se ha vuelto particularmente sospechosa de lo que ve como intrusiones chinas en el sur de Asia, mientras que Pekín ve con malos ojos la creciente participación de la India en los asuntos del sudeste asiático y más particularmente en el Mar de China Meridional.


Bibliografía:

  • Eric Margolis, Guerra en la cima del mundo: la lucha por Afganistán, Cachemira y Tíbet , Routledge, 2002.
  • Steven A. Hoffmann, India y la crisis de China , University of California Press, 1990.
  • Neville Maxwell, I Guerra China ndia , Pantheon Books , 1971.
  • Xiaobing Li, A History of the Modern Chinese Army , The University Press of Kentucky, 2007.

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miércoles, 19 de mayo de 2021

SGM: Paracaidistas nazis en Italia en 1943

Operaciones de paracaidistas alemanes en el continente italiano 1943

W&W






Fallschirmjäger Regiment 1 en Tarento

Cuando el 8º Ejército británico aterrizó en suelo europeo el 5 de septiembre, el FJR 3 del Oberstleutnant Heilmann fue la primera formación alemana en oponerse a él. En la tarde del 10 de septiembre, el pueblo de Battipaglia fue arrebatado al enemigo. Sin utilizar ninguna preparación de artillería, fue el I./FJR 3 el que se lo llevó.

Hasta entonces, los acontecimientos se estaban produciendo a un ritmo acelerado en Italia. En la mañana del 8 de septiembre, las fuerzas aliadas también habían desembarcado en Pizzo. Esa noche también estuvieron en Tarent. En la mañana del 9 de septiembre, el grueso de las fuerzas aliadas desembarcó en la amplia bahía de Salerno. Trajeron a tierra desde 450 barcos 169.000 hombres y 20.000 vehículos. La fuerza estaba comandada por el general Harold Alexander, quien era el comandante en jefe del 15º Grupo de Ejércitos.

Casi al mismo tiempo, se anunció que Italia abandonaba el Eje. Además de luchar contra los aliados, los alemanes también tuvieron que desarmar a las fuerzas italianas. Una vez más, las operaciones de un solo regimiento, en este caso, FJR 1, serán resaltadas como ilustrativas de todas. El FJR 1 del Oberstleutnant Schulz originalmente estaba destinado al empleo en Sicilia, pero luego fue retenido en el continente. El regimiento fue enviado desde el área de Nápoles el 7 de septiembre.

A Francaville, que está a lo largo de la carretera Brindisi-Tarent. Cuando Schulz y sus hombres encontraron una barricada a unos 3 kilómetros al norte de Tarent, detuvieron su vehículo. Fue retenido allí por una fuerza de guardia italiana. Incluso cuando Schulz solicitó hablar con el comandante italiano, no se le permitió pasar. Por radio, Schulz le preguntó al generalleutnant Heidrich si debería abrirse paso usando la fuerza. El general inicialmente prohibió cualquier actividad violenta.

Al día siguiente, Schulz recibió la noticia de que los italianos habían cambiado de bando. Debido a que tenía muy pocos vehículos, ordenó a sus hombres que fueran a una escuela de oficiales italiana cercana y "procuraran" algunos. Schulz abrió el camino en su automóvil personal y llegó a la escuela que albergaba a 800 candidatos a oficiales italianos.

Schulz hizo que los candidatos a oficiales se formaran en la plaza de instrucción y recordó los eventos en África y Rusia en un discurso enérgico que apeló a su sentido de antigua camaradería. La charla no dejó de tener efecto. Más de 400 candidatos a oficiales solicitaron seguir luchando con los alemanes. El director de la escuela, a quien Schulz quería ver, se suicidó en su oficina.

Los alemanes tomaron los vehículos necesarios y nadie los detuvo. Ahora completamente motorizado, el regimiento se dirigió a Tarent. Para cuando llegaron allí, el enemigo ya había aterrizado. Comenzó la lucha del regimiento contra la fuerza de desembarco. Gradualmente, todos los elementos divisionales restantes llegaron al área y, a fines de septiembre, Heidrich tenía toda su división reunida allí.

Los paracaidistas alemanes opusieron una resistencia extremadamente dura en Tarent. Los paracaidistas retrocedieron, pero solo casa por casa y posición por posición. Ese fue el comienzo de la infame "ofensiva centimétrica", que infligió fuertes y sangrientas bajas al enemigo.

El 20 de septiembre, cuando el Oberstleutnant Schulz se dirigió a un área que había sido penetrada por el enemigo esa mañana —el enemigo nunca atacó por la noche— su coche de mando fue ametrallado por cazabombarderos que volaban a baja altura. Antes de que pudiera salir del vehículo, los cazabombarderos ya estaban sobre él. Los disparos de cañones y ametralladoras salpicaron el vehículo. El conductor murió de inmediato. El oficial de enlace de Schulz resultó gravemente herido, pero el comandante del regimiento salió ileso. Reunió a sus soldados a la izquierda y a la derecha del punto de penetración del enemigo y empujó a las fuerzas enemigas, que también incluían personal aerotransportado. Después de tres horas de lucha dura e intransigente, el enemigo retrocedió, derrotado y diezmado.

Luego, dos prisioneros fueron llevados ante el comandante del regimiento. Uno de ellos era un capitán, que se presentó como Lord Brickleton. El noble británico le preguntó a Schulz en un alemán quebrado si sería tan amable de informar a su unidad que todavía estaba vivo.

Schulz sonrió al escuchar la solicitud y la accedió. Unos días después, en una especie de acto de reciprocidad, recibió la noticia de que una patrulla alemana, que había caído en manos de partisanos italianos y había sido liberada por los británicos, también gozaba de buena salud.

Con el aterrizaje sorpresivo de poderosas fuerzas enemigas el 21 y 22 de septiembre en Bari, la 1. División Fallschirmjäger estuvo nuevamente involucrada en amargos combates defensivos. El regimiento tuvo que retroceder gradualmente hasta detrás del río Ofanto, 30 kilómetros al norte de Bari. La lucha por Foggia duró tres días, antes de que se perdiera la importante base aérea. En Cerignola, los paracaidistas de Schulz participaron en encarnizados combates callejeros con el enemigo. Los paracaidistas lucharon contra en las arcadas y a lo largo de los canales de desagüe que conducen al mar. El enemigo siguió avanzando, gracias a su superioridad numérica, y obligó a los paracaidistas detrás del río Biferno en los Altos Apeninos.

La caída de Roma también vio escenas turbulentas, que se describirán desde el punto de vista de las fuerzas aerotransportadas.

Una discusión destacada

El 25 de julio de 1943, Student fue llamado a última hora de la tarde desde la sede del Führer y convocado a Rastenburg de inmediato. Una hora más tarde, el Comandante General estaba en su avión utilitario y volaba a Rastenburg, donde aterrizó cinco horas después.

Hitler lo recibió de inmediato en su estudio, donde solo estaban ellos dos. Luego fueron a la gran sala de reuniones. Era la misma sala en la que casi un año después se llevaría a cabo el atentado contra la vida de Hitler. El estudiante proporcionó al autor un relato de primera mano:

“Te he seleccionado a ti ya tus paracaidistas”, explicó Hitler, “para una misión muy importante. El Duce fue destituido hoy del poder por el rey italiano y puesto bajo custodia. Eso significa que Italia pronto caerá e irá al campo enemigo.

“Estudiante, te pido que vayas a Roma lo antes posible con todas las fuerzas aerotransportadas disponibles. Te hago responsable de la detención de Roma. De lo contrario, nuestras fuerzas en Sicilia y en el sur de Italia quedarán aisladas. Usted y su cuerpo están siendo asignados al Comandante en Jefe Sur, Feldmarschall Kesselring. Ya ha sido informado ”.

Luego me informaron en detalle. Hitler concluyó en voz alta: “Una de sus misiones especiales es encontrar y liberar a mi amigo Mussolini. Lo van a entregar los italianos a los estadounidenses ".

Temprano en la mañana del 26 de julio, partí hacia Roma. Me acompañaba el SS-Hauptsturmführer Skorzeny, a quien no había conocido hasta ese momento. Durante la noche, me habían asignado a él y a un destacamento de paracaidistas de las SS para la ejecución de cualquier misión de carácter policial.

Informé a Feldmarschall Kesselring en Frascati.

Me orientó con más detalle sobre la situación en Italia y me pidió que me quedara en su sede. Acepté con mucho gusto y disfruté de su tremenda hospitalidad hasta mediados de septiembre, cuando concluyó la lucha por Roma.

Al mismo tiempo, se enviaban fuerzas aerotransportadas a Roma lo más rápidamente posible. En 48 horas, 20.000 paracaidistas aterrizaron en Pratica di Mare, un aeródromo al suroeste de Roma. Se instalaron en instalaciones militares en los Pantanos Pontinos.


Dibujo de Kriegsberichter Batz que muestra a paracaidistas destruyendo un puente ferroviario en Italia, ante el avance aliado.

En Roma, Student intentó averiguar la ubicación de Mussolini. Descubrió que inicialmente habían llevado a Mussolini a la isla de Ponza. El agregado de policía en Roma en ese momento, SS-Sturmbannführer Kappler, confirmó la presencia del dictador italiano en esa isla poco tiempo después.

Student, que había recibido completa libertad de acción de Hitler, comenzó su preparación para liberar al Duce encarcelado. Sin embargo, en medio de esos preparativos, llegó la noticia de que Mussolini había sido llevado a Maddalena.

Luego se ordenó a Student que regresara a Rastenburg, donde Hitler le habló en privado. Durante la conversación, Student solicitó permiso a Hitler para incluir a Skorzeny en cualquier operación de búsqueda. Fue Skorzeny quien había localizado a Mussolini en Maddalena.

La planificación de la operación de rescate a alta velocidad continuó nuevamente, cuando Skorzeny informó a Student que Mussolini también había desaparecido de Maddalena. La sección de inteligencia de Kappler había recibido un aviso de que Mussolini estaba en el hotel Campo Imperatore en las montañas del Gran Sasso. Student actuó por su cuenta en ese momento y envió a su médico personal, el Dr. Krutoff a Gran Sasso. El médico regresó e informó que el hotel había estado cerrado durante los últimos días.

Luego ocurrió otro hecho que hizo que la misión de rescate de Mussolini pasara a un segundo plano: el 8 de septiembre, las fuerzas italianas se rindieron oficialmente, cinco días después de las reuniones secretas en Cassible en Sicilia entre los aliados y el general Castellano.

Al mismo tiempo que se hizo el anuncio, se llevó a cabo un poderoso ataque aéreo contra la sede de Kesselring en Frascati y la sede de von Richthofen en Grottaferrata. Ambos puestos de mando fueron destruidos, pero miles de civiles italianos también perdieron la vida.

Durante la tarde del 8 de septiembre, el II./FJR 6 del Mayor Gericke recibió una orden inusual. Este fue un seguimiento de una conversación que Gericke y Student habían tenido a fines de julio. En ese momento, los hombres de Gericke estaban custodiando el aeródromo de Foggia, cuando el Comandante General convocó al comandante del batallón a Frascati.

En julio, Student le había dicho a Gericke que lo había seleccionado “a él ya su batallón para una misión especial. Es ultrasecreto ".

Después de una pausa, Student continuó: “Tenemos que creer que los italianos saldrán de la guerra, tarde o temprano, y se unirán a los aliados. Es imperativo que se evite el peligro que podría resultar para las fuerzas alemanas en Italia e incluso para Alemania. Por tanto, tienes la siguiente misión:

"En caso de la capitulación italiana tienes que saltar con tu batallón sobre el cuartel general italiano en Monte Rotondo, capturarlo y así paralizar todo el aparato de mando y control de las Fuerzas Armadas italianas. Estás solo para esta misión. No se puede garantizar el apoyo antes del salto o durante los combates, debido a la necesidad de mantener el secreto ".
Gericke regresó a Foggia y comenzó los preparativos. Estudió los mapas que tenían marcada la ubicación de la sede al noreste de Roma. Era una colina de 160 metros de altura que estaba llena de búnkeres de concreto, piraguas, barricadas y obstáculos para tanques. Las piezas de artillería y los cañones antiaéreos se colocaron alrededor de la colina.

Por su propia iniciativa, Gericke voló en un Fieseler Storch desde Frascati al área restringida. Quería verlo de primera mano. El Storch fue recibido por algunas rondas de cañones antiaéreos. El piloto agitó sus alas en señal de que entendía y se estaba volviendo.

Eso no fue suficiente para Gericke. Trató de llegar a Monte Rotondo en el suelo. Pudo llegar hasta la barricada principal antes de que lo detuvieran. Sin embargo, acompañado por una escolta, se le permitió moverse a través del área restringida, que observó con atención.

El plan se transformó en acción el 8 de septiembre, cuando Gericke recibió órdenes de ejecución a las 18.30 horas del 8 de septiembre. A las 06.30 horas del día siguiente, el batallón partió en 52 Ju 52 hacia Roma y realizó una operación de salto en el cuartel general italiano.

Cuando la formación se acercó a la masa de cañones antiaéreos que custodiaban Monte Rotondo, comenzó a recibir fuego. Los primeros aviones se desviaron, impactaron. Uno estalló como resultado de un impacto directo. Una parte del batallón saltó al lugar equivocado y algunos escuadrones aterrizaron hasta a 4 kilómetros del objetivo.

A pesar de todo eso, los hombres que habían aterrizado en el objetivo asaltaron el reducto. En amargos combates, los paracaidistas penetraron profundamente en la red defensiva italiana. Liderando a sus hombres, Gericke atacó el fuerte en el que supuso que estaba ubicado el mando italiano. Los atacantes recibieron fuego pesado desde allí, pero pudieron avanzar, paso a paso. El fuerte fue asaltado y Gericke y sus hombres tomaron prisioneros a 15 oficiales y 200 soldados.

También se tomó el centro de comunicaciones. Pero el general Roatta, el jefe de personal italiano, no fue capturado. Había buscado escapar en el último momento y ya estaba esperando en Pescara un vuelo hacia los Aliados. Al final de la operación, Gericke y sus hombres tomaron prisioneros a 2.500 italianos, de los cuales 250 eran oficiales.

Cuando los refuerzos italianos llegaron a Monte Rotondo por la tarde, las cosas se volvieron críticas para el Mayor Gericke. De hecho, una división blindada italiana se dirigía a su ubicación desde Roma. Gericke determinó que era hora de negociar.

Esa tarde, sin embargo, descubrió que Student ya había enviado un emisario a los italianos para permitir que su batallón abandonara el Monte Rotondo. Los italianos dijeron que podía hacer eso en la mañana del 10 de septiembre, mientras conservaba todas sus armas.

A pesar de las garantías, la lucha continuó hasta que finalmente apareció un capitán italiano e informó a los combatientes que se había arreglado un alto el fuego. Sin embargo, tomó hasta esa tarde para que todo cristalizara. Al batallón se le permitió partir y rápidamente se unió a las fuerzas alemanas que estaban ubicadas alrededor de Roma, que también participaron en combates en los suburbios del sur de Roma. Eran fuerzas de la 2. División Fallschirmjäger.

La lucha por Roma

A partir del 26 de julio de 1943, las fuerzas de la 2. División Fallschirmjäger partieron hacia Italia desde las bases aéreas de Istres y Aviñón. Solo desde la base aérea de Istres, hubo vuelos de transporte en el transcurso de tres días por 90 Ju 52, 45 He 111 80 planeadores, seis Gigant Me 323 y algunos Go 242.

La 2. División Fallschirmjäger, que estaba alojada en los Pantanos Pontinos en las afueras de Roma, tenía una fuerza sobre el terreno de 13.000 hombres en ese momento. El I./FJR 6 de Hauptmann Finzel y el III./FJR 6 de Major Pelz vivaquearon en un bosque de pinos a lo largo del Tíber. Entre los hombres del FJR 6 se encontraba Oberfeldwebel Rudolf Harbig, líder de pelotón en el 2./FJR 6, que ostentaba el récord mundial en la carrera de 800 metros. No hace falta decir que siempre fue el ganador en eventos similares cuando el regimiento organizaba competencias deportivas.

Cuando el jefe de gobierno de Italia, el mariscal Badoglio, anunció la capitulación de su país a las 19.45 horas del 8 de septiembre en Radio Roma, fue el detonante para que los alemanes emitieran la palabra en clave "Achse" —Eje—, que era la señal para desarmar a los armados italianos. efectivo.

Poco tiempo después, los activos de reconocimiento de la Luftwaffe identificaron una gran formación de barcos que navegaban hacia el sur de Nápoles.

El Mayor Mors, el comandante del Batallón de Instrucción Aerotransportada, escuchó personalmente la dirección de Badoglio y corrió a la sede de Student para informar lo que había escuchado. El estudiante fue inmediatamente a Kesselring, quien le dio al Comandante General completa libertad de movimiento para lograr lo que era necesario hacer.

Student ordenó a la 2. Fallschirmjäger-Division que se liberara de las limitaciones que los italianos le habían impuesto en las últimas semanas. Luego, la división envió batallones completos a las instalaciones militares italianas designadas y las desarmó a principios del 9 de septiembre.

Entonces se dieron órdenes de marchar sobre Roma. En lugar del comandante de la división, el generalleutnant Ramcke, que estaba de servicio temporal en otro lugar, la división estaba dirigida por el Oberstleutnant Meder-Eggebrecht, asistido por el oficial de operaciones de la división, el mayor von der Heydte.

Con las primeras luces del 9 de septiembre, los grupos de batalla de la división avanzaron en dirección a Roma. Fallschirmjäger-Regiment 2 se movía a ambos lados de Via Appia, mientras que el FJR 6, aumentado por el regimiento de artillería divisional y otros elementos divisionales, se movía a ambos lados de Via Ostiense entre Roma y Lido di Roma. El I./FJR 7 (Batallón de Instrucción Aerotransportado), que había sido vivaqueado en el lago Nemi, se enfrentó a las fuerzas italianas esa mañana. Después de algunos encuentros bruscos, el batallón pudo separarse de la División “Piacenza”.

La 3. División Panzergrenadier, que había sido agregada al cuerpo aerotransportado, avanzó sobre Roma desde el Lago di Bolsena. Al anochecer, se había abierto camino hasta la ciudad.

Kesselring hizo que todas sus fuerzas se detuvieran después de haber rodeado Roma. Se esforzó por evitar las peleas en medio de la ciudad, a fin de proteger valiosas obras de arte y cultura. En cambio, pidió al comandante general de las fuerzas en Roma, Carboni, que deponga las armas el 9 de septiembre.

Cuando no hubo una respuesta adecuada, los paracaidistas avanzaron. Durante las primeras horas de la mañana del 10 de septiembre, el mayor von der Heydte tomó personalmente el mando de un grupo de batalla divisional que constaba de seis batallones. La misión, que le había sido encomendada personalmente por Student, era: “Muévete a Roma desde el mar. Romper toda resistencia del Corps d’Armata di Roma ".

Cuando el Kampfgruppe de von der Heydte llegó a un suburbio romano, fue recibido por los incendios de una división sarda. El avance alemán se detuvo y la artillería de la división aerotransportada se adelantó para enfrentarse a los italianos.

El III./FJR 6 del Mayor Pelz también fue detenido por un edificio parecido a una fortaleza a lo largo de su camino. El Mayor Pelz convocó a Hauptmann Milch, el comandante de la batería del 4./Fallschirm-Artillerie-Regiment 2, para discutir el apoyo de artillería. El Mayor von der Heydte también apareció al mismo tiempo en un vehículo blindado.

El edificio fue atacado desde una distancia de 20 metros por dos cañones de infantería ligera y volado en pedazos. El vehículo blindado luego tomó el mando en el avance, el comandante del grupo de batalla sentado en la parte superior. Pasó de un grupo de ataque al siguiente. Dondequiera que apareciera, los hombres renovaron sus esfuerzos por avanzar. Cuando Hauptmann Milch quiso prepararse para la defensa en la estación de Radio Roma, von der Heydte le dijo que continuara avanzando hacia la ciudad.

"Yo tomaré la iniciativa", le dijo von der Heydte a Milch. "Siga lentamente con la batería ... ¡prepárese para participar en cualquier momento!" Detrás de von der Heydte iba un Hauptmann del ejército en un coche del estado mayor. Milch lo siguió y proporcionó el siguiente relato de primera mano:

El elemento líder entró en Roma pacíficamente. El mayor von der Heydte se detuvo en un mercado y compró uvas, que comimos de inmediato. A medida que avanzábamos, seguíamos viendo mensajeros en motocicleta con uniformes italianos. Luego llegamos a un obstáculo de tanque. Como mi Kettenkrad era el más maniobrable, me di la vuelta y luego formé la cabeza de la columna. Seguí adelante, seguido por el auto del personal y el auto blindado. Cuando no estábamos muy lejos de los famosos obeliscos de la Via Ostiense, no lejos del Coliseo, vi tanques en una calle lateral que seguían nuestro movimiento con sus cañones principales. Estábamos en una trampa.

Para advertir a los vehículos que nos seguían, disparé al tanque más cercano con mi rifle. Una salva de los cañones principales del tanque fue la respuesta. Los tanques salieron disparados, persiguieron al vehículo blindado, que pudo escapar, y chocaron contra mi batería. La batería hizo retroceder todos los ataques italianos hasta la tarde.

A pesar de esos incidentes, Kampfgruppe von der Heydte y las otras formaciones aerotransportadas y del ejército pudieron completar con éxito el desarme de las fuerzas italianas en el área metropolitana de Roma antes del 11 de septiembre. Hacia la conclusión de la operación, el mayor von der Heydte tuvo que ser hospitalizado nuevamente. Estaba realizando un reconocimiento aéreo desde un Fieseler Storch en las cercanías de Roma, cuando se estrelló. Aunque el audaz oficial sobrevivió, resultó gravemente herido.