lunes, 13 de enero de 2025
Hidroavión: Heinkel He 59

Heinkel He 59
El Heinkel He 59 fue un hidroavión biplano bimotor alemán diseñado en 1930 como resultado de un requerimiento para un bombardero de reconocimiento, capaz de operar con igual facilidad mediante un tren de aterrizaje de ruedas o dos flotadores. 
Diseño y desarrollo
En 1930, la compañía Heinkel inició el desarrollo de un avión para la Reichsmarine. Para poder sortear las limitaciones que aún afectaban a la fuerza aérea alemana por el Tratado de Versalles, el nuevo avión se presentó como un modelo civil. El prototipo terrestre He 59b fue el primero en volar en septiembre de 1931, pero fue el prototipo de hidroavión He 59a, cuyo primer vuelo fue en enero de 1932, el que allanó el camino para el modelo de producción inicial He 59B, del que se entregaron 140 ejemplares en tres variantes. El Heinkel He 59
era un avión agradable para volar; las deficiencias observadas fueron
un motor de poca potencia, limitada autonomía y capacidad de carga e
insuficiente armamento defensivo.

El avión era de una construcción de materiales mixtos. Las alas estaban construidas en base de una estructura de madera de dos largueros, donde el frente estaba recubierto con madera contrachapada, y el resto del ala estaba recubierta con tela. El fuselaje,
en forma de caja, tenía una estructura de acero recubierta de tela. La
sección de cola estaba recubierta con láminas de metal ligero.

Las quillas de los flotadores de un rediente se utilizaron como
depósitos de combustible, cada uno con una capacidad de 900 l. Junto con
el depósito de combustible interno, la aeronave podría contener un
total de 2700 l. También se podían añadir dos depósitos de combustible
en el compartimiento de bombas, lo que elevaba la capacidad total de
combustible a 3200 l. La hélice cuatripala era de paso fijo.

Todos los aviones de serie, construidos en su mayoría bajo subcontrato por la firma Arado Flugzeugwerke, tuvieron configuración de hidroavión. Estaban propulsados por dos motores BMW VI 6 de 621-651 hp.
Historia operacional
Guerra Civil española
En noviembre de 1936 llegaron a España los primeros He 59B-2 (apodados "Zapatones" por sus grandes flotadores), que fueron asignados al See-Aufklärungsstaffel AS/88, el grupo de reconocimiento marítimo de la Legión Cóndor.

Los He 59 resultaron muy efectivos y llevaron a cabo una
intensa actividad, especialmente a partir de que el AS/88 se asentara en
la [[Aeródromo Militar de Pollensa|base de hidroaviones de Pollensa]],
Mallorca (julio de 1937), desde la que operaron contra las costas
orientales españolas, bombardeando instalaciones portuarias, atacando el
tráfico de cabotaje e incluso el tráfico ferroviario.

Los He 59 resultaron particularmente efectivos en tareas
antibuque, recogiendo los documentos oficiales de la Legión Cóndor un
total de 52 buques hundidos por estos aparatos (sin especificar
tonelaje). Es de destacar el ataque realizado en la noche del 24 al 25
de mayo, en la que He 59 alcanzaron con sus bombas al anteriormente dañado acorazado Jaime I en la rada de Almería, dejándolo fuera de servicio. En la mayoría de esas acciones, los He 59
emplearon bombas e incluso el cañón de 20 mm con el que algunos habían
sido equipados, sin embargo, estos hidroaviones estaban también
preparados para el lanzamiento de torpedos. Al finalizar el conflicto,
siete ejemplares volvieron a Alemania y tres quedaron en poder del Ejército del Aire español, siendo integrados en el 52 Grupo Mixto de Hidros de Pollensa, donde sirvieron hasta 1946.

Segunda Guerra Mundial
Al comienzo de la Segunda Guerra Mundial, el He 59 todavía equipaba al tercer Staffel,
con cuatro grupos de reconocimiento costero (3./Kü.Fl.Gr.106,
3./Kü.Fl.Gr.406, 3./Kü.Fl .Gr.506 y 3./Kü.Fl.Gr.706). Fueron utilizados
para el reconocimiento y para sembrar campos de minas en el estuario del
Támesis. En abril de 1940, algunos He 59 se incorporaron al KG zBV108, donde realizaron tareas de transporte durante la Campaña de Noruega. Durante la Invasión de Holanda en 1940, doce He 59 del Staffel Schwilben, cargados de tropas, despegaron del lago Zwischenahner Meer,
antes de aterrizar en el río Mosa, cerca de Róterdam, donde
desembarcaron 120 soldados, que capturaron un puente clave sobre el río.

Varios He 59 fueron pintados de blanco y grandes cruces rojas y se usaron como aviones de rescate aire-mar, especialmente durante la Batalla de Inglaterra. Como unidades activas de la Luftwaffe,
estos aviones seguían siendo objetivos válidos, y los británicos
también creían que los aviones pintados de blanco estaban poniendo minas
o transportando a agentes alemanes, y estaban convencidos de que
estaban transmitiendo información a los bombarderos alemanes para
guiarlos hacia sus objetivos. Después de que los británicos derribaran
varios de estos aviones, fueron repintados en sus esquemas de color
militares y continuaron rescatando a tripulaciones de la Luftwaffe, antes de ser reemplazados por los Dornier Do 18 y Do 24.
En 1943, todos los He 59 que sobrevivieron fueron trasladados a
unidades de entrenamiento, siendo dados de baja definitivamente en 1944.

Variantes
- He 59a
- Primer prototipo (tren de flotadores).
- He 59b
- Segundo prototipo (tren de ruedas).
- He 59A
- Versión de pruebas y evaluación desarmado, similar al He 59a (14 construidos).
- He 59B
- Versión de preserie.
- He 59B-1
- Primera versión de producción, con modificaciones menores y una ametralladora MG 15 en el morro (16 ejemplares construidos).
- He 59B-2
- Versión mejorada con proa metálica y paneles trasparentes para el bombardero y otra MG 15 en posición ventral. Los He 59B-2 utilizados en España por la Legión Condor en misiones antibuque llevaron un cañón de 20 mm en el morro.
- He 59B-3
- Versión de reconocimiento desprovista del armamento de proa e incorporaba depósitos auxiliares de combustible.
- He 59C-1
- Modelo de reconocimiento de largo alcance.
- He 59C-2
- Versión con botes salvavidas inflables para misiones de rescate en alta mar.
- He 59D-1
- Modelo utilizado como entrenador de tripulaciones de hidroaviones polimotores.
- He 59E-1
- Versión entrenamiento de torpedeo y bombardeo similar al He 59D-1.
- He 59E-2
- Versión entrenador de reconocimiento fotográfico.
- He 59N
- Versión para entrenamiento de navegantes.
Operadores
- Luftwaffe
- Ejército del Aire
- Ilmavoimat (Fuerza Aérea Finlandesa): alquiló cuatro He 59B-2 de Alemania en 1943; se utilizaron para transportar patrullas de reconocimiento de largo alcance detrás de las líneas enemigas y rescate marítimo. Los tres sobrevivientes fueron devueltos cuatro meses después.
Características generales
- Tripulación: Tres
- Longitud: 17,4 m
- Envergadura: 23,7 m
- Altura: 7,1 m (23,3 ft)
- Superficie alar: 153,2 m²
- Peso vacío: 5630 kg
- Peso cargado: 9400 kg (20 717,6 lb)
- Planta motriz: 2× motor lineal V12 refrigerado por agua BMW VI 6.0 zu.
- Potencia: 492 kW (678 HP; 669 CV) cada uno.
- Hélices: 1× Cuatripala de madera por motor.
Rendimiento
- Velocidad nunca excedida (Vne): 230 km/h (143 MPH; 124 kt)
- Velocidad crucero (Vc): 185 km/h (115 MPH; 100 kt)
- Alcance: 949 km
1530 km con depósitos de combustible adicionales - Techo de vuelo: 3500 m (11 483 ft)
- Régimen de ascenso: 3,3 m/s (656 ft/min)
Armamento
- Ametralladoras:
- 2x MG 15 de 7,92 mm
- Cañones:
- 1x MG FF 20 mm
- Bombas: 4 de 250 kg
- Otros:
- 1× torpedo de 800 kg o
- 4× minas de 500 kg
domingo, 12 de enero de 2025
Argentina: Bren Carrier T-16E2 de la IMARA
Bren Carrier de la IMARA

Foto de 5 (cinco) vehículos de parte de la Compañía de Exploración sobre Bren Carrier T-16E2 estacionados frente al edificio de esta pertenecientes a la Infantería de Marina de la Armada Argentina (IMARA), con asiento en la Base Naval de Puerto Belgrano - Año: 1959.
RESEÑAS:
CARACTERÍSTICAS TÉCNICAS BREN CARRIER T-16E2:
Longitud: 3,87 mts.
Ancho: 2,11 mts.
Alto: 1,54 mts.
Peso: 3,52 toneladas.
Tripulación: hasta 7 hombres.
Blindaje: 7 a 10 mm.
Radio: VHF.
Motor: Ford Mercury V8 de 100 HP.
Caja de velocidades: 4 adelante y una reversa
Potencia: 100 HP a 3.800rpm.
Capacidad de combustible: 90 litros, más tanques auxiliares
Autonomía 189 kms.
Velocidad: 53 km/h.
ARMAMENTO: Este vario mucho a través de los años, pero incluyo desde:
- 1 Ametralladora Colt Mod. 1928 argentino de Cal 7.65×54 mm refrigerada a agua,
- El fusil ametrallador Madsen Mod. 1926 argentino de Cal 7.65×53 mm;
- 1 Ametralladora FM MAG de Cal 7.62×51 mm,
- 1 Ametralladora M-2HB Browning de Cal 12.7×99 mm;
- 1 cañón CSR DGFM M-20 de Cal 75 mm;
- 1 mortero de 60 mm.
sábado, 11 de enero de 2025
Malvinas: La operación secreta global en Gibraltar
Operación Algeciras

En el oscuro escenario de la Guerra de Malvinas, se tejió una trama que podría haber salido de una novela de espionaje, un episodio olvidado pero cargado de intriga y tensión. A principios de 1982, mientras el gobierno militar argentino lidiaba con una crisis interna que amenazaba con desmoronar el régimen, sus líderes decidieron lanzar un golpe audaz contra el Reino Unido, no en las islas disputadas en el Atlántico Sur, sino en Europa, en el corazón de la base naval británica en Gibraltar. Una operación global al estilo Mossad, ni más ni menos.
El protagonista de esta misión secreta, denominada Operación Algeciras, fue Máximo Nicoletti, un hombre con un pasado turbulento. Nicoletti no era un soldado ordinario; había sido miembro de los Montoneros, una guerrilla peronista que había surgido en los años 70. Ganó su apodo, "el buzo experto", por su participación en un acto de sabotaje en 1974, cuando colocó explosivos bajo la línea de flotación de un destructor argentino en el puerto de Puerto Belgrano. Este acto de terrorismo le ganó una reputación temible y, según él mismo, un linaje de sangre, pues afirmaba ser hijo de uno de los comandos submarinos de Mussolini que hundieron el HMS Valiant y el HMS Queen Elizabeth en el puerto de Alejandría en 1941. Si esta historia era cierta o no, era algo que Nicoletti repetía con frecuencia, quizás para mantener viva su imagen de guerrillero implacable.
El 2 de abril de 1982, cuando Argentina invadió las Islas Malvinas, el gobierno militar buscaba no solo una victoria territorial, sino también un medio para distraer a la población de los problemas internos que amenazaban con desbordar al régimen. La ocupación de las islas unió a los argentinos en un fervor patriótico que, momentáneamente, silenció las protestas contra la brutal represión y las penurias económicas. Sin embargo, la invasión no se desarrolló como esperaban. Lejos de ceder, Gran Bretaña, bajo el liderazgo de Margaret Thatcher, reaccionó con fuerza. Organizó la mayor operación militar desde la Segunda Guerra Mundial, enviando una armada imponente para recuperar las islas.
En Buenos Aires, mientras las primeras escaramuzas se sucedían en el Atlántico Sur, el director del Servicio de Inteligencia Naval argentino, el almirante Eduardo Morris Gerling, comenzó a considerar formas alternativas de golpear a los británicos. Fue entonces cuando decidió convocar a Nicoletti. Capturado por los militares en 1977, Nicoletti, junto a su camarada Nelson Latorre, había cambiado de bando justo antes de enfrentar las torturas que la dictadura reservaba para sus enemigos. Esta conversión no solo fue una traición a sus antiguos compañeros, sino también un acto de desesperación y supervivencia. De guerrillero peronista, Nicoletti pasó a ser un ferviente colaborador del régimen militar, dispuesto a servir en cualquier misión que se le asignara.
Operación Algeciras se presentó como una oportunidad perfecta para Nicoletti de aplicar sus habilidades como buzo y saboteador. El plan era simple en teoría: infiltrarse en la base naval de Gibraltar y hundir un buque de guerra británico. La operación, aunque arriesgada, tenía un precedente en la mente de Nicoletti: su exitoso ataque en Puerto Belgrano. Pero esta vez, el objetivo era mucho más ambicioso y, sin duda, más peligroso.
El grupo encargado de ejecutar la misión estaba compuesto por Nicoletti, Latorre, y un tercer hombre, conocido solo por su apodo, "el marciano". Los tres habían sido Montoneros y ahora, ironías del destino, servían al mismo régimen que había intentado eliminarlos. Su viaje comenzó el 22 de abril de 1982, cuando partieron hacia París, escoltados por el capitán de navío Héctor Rosales, quien actuaba como enlace con los altos mandos militares y encargado de supervisar la misión. Desde París, los tres exguerrilleros cruzaron la frontera hacia España y se dirigieron a Málaga en dos autos alquilados. Rosales, mientras tanto, se trasladó a la embajada argentina en Madrid para recoger una maleta muy especial: en su interior, dos minas italianas cargadas con 25 kilogramos de explosivos, diseñadas para adherirse al casco de un buque y provocar una devastadora explosión.
La operación parecía destinada al éxito, pero desde el principio se vio afectada por una serie de improvisaciones y errores que, en retrospectiva, parecían inevitables. Al llegar a España, el grupo se instaló en una casa alquilada en Estepona, una tranquila localidad costera a unos 18 kilómetros de Gibraltar. Sin embargo, a pesar de la gravedad de su misión, los argentinos cometieron errores de principiante. Carecían de planos actualizados de la base naval y se vieron obligados a comprar mapas turísticos de Gibraltar en una tienda de El Corte Inglés. Además, tuvieron que adquirir un bote de goma para acercarse al puerto, lo que incrementó la posibilidad de ser descubiertos.
Durante días, los tres hombres actuaron como si fueran turistas comunes, aunque sus actividades resultaban cada vez más sospechosas. Paseaban por la costa, observando el puerto militar británico con binoculares en lugar de dedicarse a la pesca, como afirmaban. Su comportamiento no pasó desapercibido para las autoridades locales, especialmente en un tiempo de guerra donde cualquier actividad inusual podría ser interpretada como un acto de espionaje.
Finalmente, después de días de vigilancia, el grupo identificó su objetivo: la fragata británica HMS Ariadne, que entraba y salía del puerto en intervalos irregulares. Nicoletti, ansioso por cumplir la misión, solicitó permiso para atacar un viejo remolcador que parecía más accesible, pero desde Buenos Aires le ordenaron que tuviera paciencia. El 3 de mayo, recibieron la orden de pasar a la acción, fijando el 16 de mayo como la fecha para ejecutar la Operación Algeciras.
Sin embargo, el destino tenía otros planes. El 15 de mayo, un día antes del ataque, todo se desmoronó. El capitán Rosales fue a renovar el alquiler de los autos en previsión de una fuga apresurada, pero su comportamiento levantó sospechas. El empleado de la oficina de alquiler de autos, al notar algo extraño, lo hizo esperar mientras avisaba a la policía. Cuando los oficiales llegaron, Rosales no tuvo más remedio que revelar su verdadera identidad. "Soy el capitán Fernández de la Armada Argentina y estoy en una misión secreta. Desde este momento me considero su prisionero, no diré una palabra más", declaró, poniendo fin a la operación.
Resumen de las Biografías: Operación Algeciras
La Operación Algeciras fue una misión encubierta llevada a cabo por la Armada Argentina durante la Guerra de las Malvinas en 1982, con el objetivo de sabotear un buque británico en la Base Naval de Gibraltar. La operación, que nunca se concretó, tenía la intención de alterar la disposición de la flota británica en el conflicto y de presionar a las fuerzas europeas para que retiraran sus buques del Atlántico Sur.
Máximo Nicoletti fue el principal ejecutor de la misión. Exintegrante de la organización Montoneros, Nicoletti había adquirido experiencia en sabotajes al participar en la voladura de la fragata ARA Santísima Trinidad en 1975. Esta experiencia lo hizo útil para la Armada, que lo contactó en 1978 durante las tensiones con Chile por el Canal de Beagle. Aunque ese conflicto fue evitado por la mediación papal, la capacidad de Nicoletti quedó registrada, lo que llevó a la Armada a recurrir nuevamente a él durante la Guerra de las Malvinas.
Máximo Nicoletti En 1982, cuando estalló el conflicto, Nicoletti estaba en Miami. La Armada lo reclutó para liderar la Operación Algeciras, cuyo propósito era hundir un buque británico en Gibraltar utilizando minas submarinas. Esta acción sería un mensaje a Europa sobre los riesgos de mantener sus fuerzas navales tan lejos de sus costas.
El comandante de la operación fue el almirante Jorge Isaac Anaya, un miembro de la Junta Militar argentina y uno de los arquitectos de la recuperación de las Malvinas. Anaya, convencido de la necesidad de una acción en Europa, convocó al almirante Eduardo Morris Girling, jefe del Servicio de Inteligencia Naval, para planear la misión. Girling formó un equipo con Nicoletti y otros dos exmontoneros, quienes serían los encargados de ejecutar la operación.
Alte Jorge Anaya Los exmontoneros tenían la ventaja de no estar formalmente vinculados a la Armada, lo que permitía a las autoridades argentinas negar cualquier conexión oficial con la operación en caso de fracaso. Además, estos exguerrilleros contaban con formación militar y experiencia en operaciones clandestinas, lo que los hacía idóneos para la misión.
El plan consistía en que Nicoletti y su equipo viajaran a Gibraltar, se sumergieran en el puerto utilizando equipo de buceo y colocaran minas submarinas en un buque británico. Sin embargo, desde el principio enfrentaron dificultades. Tras llegar a París, los servicios de inteligencia franceses sospecharon de ellos debido a la mala calidad de los pasaportes falsos proporcionados por Víctor Basterra, un exmontonero conocido por sus habilidades como falsificador. Aunque los argentinos lograron continuar su viaje, siempre quedó la sospecha de que los franceses alertaron a las autoridades británicas y españolas sobre su presencia.
Ya en España, el equipo se estableció en Algeciras, desde donde llevaron a cabo misiones de reconocimiento en la costa. Observaron que las medidas de seguridad en la base de Gibraltar eran mínimas, lo que hacía factible la operación. Sin embargo, las condiciones climáticas y la presencia de un blanco adecuado fueron obstáculos continuos. Nicoletti, impaciente por actuar, propuso varios objetivos, como un buque minador y un supertanque de bandera liberiana, pero ambos fueron rechazados por Anaya, quien consideró que los objetivos eran inapropiados o que las consecuencias de atacarlos serían desastrosas.
Finalmente, según Nicoletti, cuando por fin se dieron las condiciones perfectas para realizar la operación, Buenos Aires ordenó suspenderla debido a las negociaciones diplomáticas en curso para poner fin a la guerra. Estas negociaciones, lideradas por el canciller argentino Nicanor Costa Méndez y el secretario de Estado estadounidense Alexander Haig, eran cruciales para el futuro del conflicto.
La Operación Algeciras, aunque nunca se concretó, representa un capítulo poco conocido de la Guerra de las Malvinas, en el que un pequeño grupo de exguerrilleros, dirigidos por la Armada Argentina, estuvo a punto de llevar a cabo una acción que podría haber tenido repercusiones internacionales significativas. La operación demuestra la desesperación y la audacia de Argentina en un conflicto que, desde el principio, parecía estar en su contra.
La policía se trasladó rápidamente a la casa de Estepona, donde arrestaron al resto del grupo. En los primeros interrogatorios, los argentinos se mantuvieron en silencio sobre el propósito de los explosivos que encontraron en la casa. Pero, una vez en la comisaría de Málaga, confesaron sus identidades y el objetivo de su presencia en España. La Operación Algeciras había fracasado antes de siquiera comenzar.
Para el gobierno español, la captura de este comando argentino fue una situación incómoda. La guerra en Malvinas había exacerbado el sentimiento nacionalista en ciertos sectores de la sociedad española, que veían en las Malvinas y Gibraltar símbolos similares de la política colonial británica. No querían involucrarse en un conflicto que podría poner en riesgo las relaciones diplomáticas con el Reino Unido. Por orden del presidente Leopoldo Calvo Sotelo, los prisioneros argentinos fueron subidos a un avión y llevados a Madrid, y desde allí, enviados de vuelta a Buenos Aires en un vuelo sin escalas, bajo la custodia del servicio secreto español. El incidente fue sepultado en silencio.
Oficialmente, la captura del comando argentino se atribuyó a un golpe de suerte. Según la versión oficial, la policía española estaba tras la pista de un grupo de estafadores uruguayos y los argentinos, que se movían con grandes cantidades de dólares en efectivo, llamaron la atención. Sin embargo, hay quienes creen que esta historia fue una cortina de humo para encubrir la intervención de la inteligencia británica, que habría detectado a los argentinos desde que presentaron sus pasaportes falsos en París. Estos documentos, confeccionados por un prisionero de la Escuela de Mecánica de la Armada en Buenos Aires, eran buenos, pero no lo suficiente como para engañar a los agentes franceses. Esta teoría parece más plausible para explicar cómo la Operación Algeciras fue frustrada justo un día antes de que el grupo pudiera ejecutar su ataque.
¿Qué hubiera pasado si la Operación Algeciras hubiera tenido éxito? Un buque de guerra británico hundido en aguas europeas por un grupo de exguerrilleros que, apenas unos años antes, se habían enfrentado entre sí en la violencia interna de Argentina. El ataque habría sido un golpe devastador para la moral británica y habría añadido una dimensión completamente nueva al conflicto de Malvinas. Sin embargo, en lugar de convertirse en héroes o villanos de una operación de alto riesgo, Nicoletti y su equipo fueron devueltos a Argentina en silencio, sus nombres perdidos en las sombras de la historia.
Así, la Operación Algeciras se convierte en un recordatorio de los extremos a los que llegó la el gobierno argentino en su esfuerzo por ganar la guerra y cómo el destino, la suerte y quizás la incompetencia conspiraron para evitar que este capítulo se convirtiera en un incidente internacional. Esta historia, casi olvidada, es un fascinante testimonio de cómo la Guerra de Malvinas no solo se libró en el Atlántico Sur, sino que sus ecos resonaron en rincones inesperados de Europa, dejando tras de sí un rastro de lo que pudo ser, pero nunca fue. Ello también muestra que los militares argentinos pensaban llevar la guerra al corazón enemigo, con una audacia inusitada para el escenario iberoamericano y, de hecho, como todo militar de ley debe planear cuando enfrenta a un enemigo tan poderoso como la segunda potencia de la OTAN.
Caza de superioridad aérea: Reggiane Sagittario
Reggiane Sagittario
Italian Aircraft of WWII










