jueves, 11 de septiembre de 2025
FFG: clase Fridtjof Nansen (España/Noruega)
FFG clase Fridtjof Nansen
La clase Fridtjof Nansen es una serie de cinco fragatas construidas por Navantia, España para la Armada Real de Noruega.
Génesis del proyecto

KNM Roald Amundsen (F311) junto al USS Harry S. Truman (CVN-75).
En 1999, Noruega, quería dotarse de una fuerza homogénea de buques de alta mar, para ello convocó concurso internacional en el mes de mayo del año de 1999, al que acudieron presentando sus proyectos doce astilleros de otros tantos países, después de ir descartando se quedaron en tres, alemanes, holandeses y españoles, precisamente los tres países que estaban construyendo fragatas, con muy parecidas características a las deseadas por la Armada noruega.
País productor España
Datos generales
Astillero Navantia, Ferrol
Países en servicio Armada Real Noruega
Autorización 23 de junio de 2000
Tipo Fragata Rápida FFG
Estadísticas
Primera unidad Fridtjof Nansen (F-310)
Última unidad Thor Heyerdahl (F-314)
Clase anterior Clase Oslo
Clase posterior N/A
Periodo servicio 5 de abril de 2006 - actualidad
Unidades planteadas 5
Unidades concluidas 5
Unidades activas 4
Unidades hundidas 1
Características de la clase
Desplazamiento 5121 t a plena carga
Eslora 132,00 m
Manga 16,80 m
Calado 4,90 m
Armamento
• 1 cañón de 76 mm OTO Melara super rapad
• 4 ametralladoras de 12,70 mm
• 2 lanzadores dobles de torpedos antisubmarinos Mk 46
• 1 sistema de lanzamiento vertical Mk.41 con 8 celdas para:
• Misiles superficie-aire Standard SM-2MR Bloque IIIA (1 misil por celda)
• Misiles superficie-aire RIM-162 Evolved Sea Sparrow (4 misiles por celda)
• Capacidad para lanzar misiles de crucero superficie-superficie RGM-109 Tomahawk (Noruega no cuenta con estos misiles)
• O cualquier combinación de los anteriores.
Guerra electrónica
• Radar multifunción Lockheed Martin AN/SPY-1F 3-D
• Reutech RSR 210N
• Sagem Vigy 20
• sonar de casco MRS 2000
• sonar activo/pasivo Captas MK II V1
• 2 radares de directores de tiro Mark 82
Propulsión
CODAG
• 2 Bazán Bravo 12V 4.5 MW diésel para velocidad de crucero
• 1 turbina de gas GE LM2500 21,5 MW para alta velocidad
• 2 hélices de paso valiable
• 1 motor eléctrico retráctil
• 4 generadores diésel MTU 396 Serie 12 V 1250 kVA
Velocidad 27 nudos
Autonomía 4500 nmi a 16 nudos
Tripulación 120 hombres
Aeronaves 1 Helicóptero medio NH-90
Notas Es un desarrollo ASW de la Clase Álvaro de Bazán
Al abandonar España el tripartito, por no estar a punto el sistema electrónico para los buques y pasar a elegir el sistema AEGIS norteamericano, la entonces Izar presentó su último proyecto incorporando un sistema igual, aunque algo disminuido en sus prestaciones, por ser incorporado a un buque de menores dimensiones y así ser acoplado aún más a las necesidades de Noruega, lo que le permitió llevarse el contrato, por ello se confirmó el contrato el 29 de febrero de 2000 por un importe de 2375 millones de euros e incluyó un Acuerdo de Cooperación Industrial (ACI), por el cual Navantia se comprometió a generar retornos industriales, económicos y tecnológicos en Noruega.
El ACI alcanzó un valor aproximado de 1325 millones de euros por cinco barcos, resultando su coste por unidad de 564 millones de euros con mantenimiento y adiestramiento de las tripulaciones incluido. Igualmente se añadió un compromiso de compra de material militar noruego cercano a 375 millones de euros. Cerca de 250 empresas noruegas se vieron favorecidas por la firma de este acuerdo, el cual fue cumplido por Navantia con tres años de antelación a lo previsto inicialmente, confirmándose el contrato definitivo de construcción el día 23 de junio del mismo año, comenzando su construcción en el año 2002.
Los buques
Sus nombres rinden honor a distintos célebres exploradores noruegos: Fridtjof Nansen, Roald Amundsen, Otto Sverdrup, Helge Ingstad y Thor Heyerdahl.
Tienen un desplazamiento de 5121 t, con una eslora máxima de 132 m y de 120,39 m entre perpendiculares, por una manga máxima de 16,80 m en la cubierta principal y de 15,90 m en la línea de flotación, con un calado de 4,90 m.
KNM Fridtjof Nansen (F310) en el Puerto de Oslo.
Su motorización está compuesta por dos motores diésel Bazán Bravo de 12 cilindros, con una potencia de 12 000 Cv y una turbina de gas General Electric LM2500 con 28 832 Cv pudiéndose acoplar los dos sistemas o navegar independientemente, lo que le da una potencia total de 40 832 Cv, que se transmiten a dos hélices, llevando una auxiliar retráctil movida por un motor de 1134 Cv para uso en emergencias o a muy baja velocidad, en torno a 4 nudos, tiene una velocidad máxima de 27 nudos. Utilizando la turbina de gas le permite alcanzar en velocidad de crucero los 20 nudos y con los diésel 16, con estos tiene una autonomía de 4500 mni.
Además para que no le falte energía en ningún momento, lleva en cuatro puntos distintos del buque, cuatro grupos electrógenos diésel MTU 12V 396 de 900 kW cada uno, lo que le hace tener una potencia de reserva de 3600 kW.
Su sistema de defensa es el AEGIS, en su versión de SPY-1F 3-D, aparte de los radares para navegación y directores de tiro, tanto para la artillería como para la dirección de los misiles.
KNM Otto Sverdrup (F312).
Su armamento consiste un cañón de 76,2 mm OTO Melara super rapid capaz de efectuar 120 disparos por minuto, que es posible sea sustituido por uno de 127 mm. Para defensa cercana cuenta con cuatro ametralladoras pesadas de 12,75 mm, y un grupo de ocho celdas de lanzador vertical Mk 41VLS, con 32 misiles Sea Sparrow avanzado, aunque puede en su momento, pueden ser cambiados cuatro de estos por un Standard SM-2, más dos lanzadores dobles de torpedos contrasubmarinos Mk 46, el hangar y cubierta de vuelo está preparada para operar un helicóptero medio NH90.
Su tripulación está compuesta por 50 oficiales, 40 tripulantes profesionales y 30 de reemplazo.
La Fridtjof Nansen está considerada de forma no oficial como el buque insignia de la Armada Noruega.
Accidentes

El KNM Helge Ingstad varado tras el choque.
La noche del 8 de noviembre de 2018, el petrolero Sola TS tuvo una colisión con la fragata KNM Helge Ingstad. La fragata resultó gravemente dañada mientras que el petrolero perdía su ancla de estribor después de que uno de los brazos dejara un boquete tras la protuberancia del escobén.
Buques de la clase

KNM Thor Heyerdahl

KNM Helge Ingstad

KNM Otto Sverdrup

KNM Fridtjof Nansen
Reemplazo futuro
En junio de 2023, el Ministerio de Defensa noruego publicó el Consejo Militar del Jefe de Defensa 2023 , en el que el General Eirik Kristoffersen (Jefe de Defensa) recomendó que Noruega reemplazara las fragatas clase Fridtjof Nansen en servicio de la RNoN y aumentara la dotación a seis buques. La entrega de una nueva fragata probablemente será fundamental para el plan a largo plazo del gobierno de construir una nueva estructura de fuerza de superficie dentro de un programa más amplio de renovación de la flota. Es probable que el gobierno enfatice la necesidad de entregar la futura fragata mediante la colaboración con aliados cercanos.
En el Nuevo Plan Noruego a Largo Plazo de Defensa de abril de 2024, se propone reemplazar la clase con cinco nuevas fragatas con el mismo enfoque (ASW) que la clase Nansen.
En agosto de 2025, después de una competencia entre el F126, clase Constellation, y el FDI, se anunció que la fragata británica Tipo 26 sucedería a la clase, y las entregas comenzarían en 2030.
miércoles, 10 de septiembre de 2025
Caza: Un FMA I.Ae. 48 navalizado
I.Ae. 48 navalizado

El FMA I.Ae. 48 fue un ambicioso proyecto argentino de la década de 1950, cuyo objetivo era desarrollar un caza a reacción supersónico para todo clima. Diseñado por el Instituto Aerotécnico, presentaba un diseño de ala en flecha y dos motores en cápsula. Aunque prometía capacidades avanzadas para su época, el proyecto finalmente se canceló antes de que se pudiera construir un prototipo.
COAN: Base Aeronaval Comandante Espora

Base Aeronaval Comandante Espora
Al tomarse noción que tanto la Base Aeronaval de Puerto Belgrano, como su auxiliar Campo Sarmiento, resultaban insuficientes para operar desde ellas los nuevos tipos de aviones que la tecnología en aumento agregaba a la Aviación Naval, se proyecta la instalación en el área de un aeródromo que cumplimente esos requisitos.
Nace así el concepto de "Comandante Espora", y podemos decir sin temor a equivocarnos que su propulsor fue el señor Capitán de Fragata D. Enrique BROWN.
Estudiados los terrenos próximos a Puerto Militar y decidida su construcción, se procedió a la compra y expropiación de los necesarios para su construcción, haciéndolo en los campos próximos al Aeródromo Civil de Bahía Blanca (Villa Harding Creen), a 5 km. de esa ciudad y a 25 km. de la Base Naval de Puerto Belgrano, en las proximidades de la estación del entonces Ferrocarril del Sur "Grünbein".
En la etapa inicial de las obras, fue conocida con distintos nombres: "Campo Aeronaval de Grünbein", "Base Aeronaval de Puerto Belgrano", "Base Aeronaval de Bahía Blanca", tomando su nombre oficial y permanente el día de su inauguración, el 16 de junio de 1939 (O.G. 127/939 - Decreto Nº 33.684/939)

Linea de vuelo, 1946
Luego de los acontecimientos del 16 de junio de 1955, y en el intento de desbandar a la Aviación Naval, se la convierte —en el papel solamente—, en el "Arsenal Naval Comandante Rosales", haciéndoselo depender de la Zona Naval Marítima. Este intento, lo repetimos, no logrado, finaliza el 16 de setiembre de 1955 y lo consignamos solo a título de rareza. Asiento de las unidades componentes de la Fuerza Aeronaval número 2, y durante los años de 1945 a 1964 de la Escuela de Aviación Naval, fue habilitada en 1968 al servicio público, por convenio entre la Pcia. de Buenos Aires, la Fuerza Aérea Argentina y la Armada, dadas sus especialísimas condiciones, características e infraestructura y ubicación, muy superiores a la vieja pista de Villa Harding Green.
En desarrollo, casi podríamos decir constante, "Espora" o "BACE", es uno de los orgullos de la Aviación Naval y de la Armada Argentina, contándose en su ámbito con el Taller Aeronaval Central, único en su tipo en Sudamérica. A partir de 1970, tiene allí su sede el Comando de la Aviación Naval, en la nueva orgánica impuesta a la Armada.
Por convenio con la Pcia. de Buenos Aires y la Fuerza Aérea Argentina, la Base Aeronaval Comandante Espora fue librada al uso civil y comercial, en reemplazo de Villa Harding Green, su vecina, ya fuera de época.
Se realizaron obras complementarias en sus pistas e instalaciones, y se la habilitó para el uso de las líneas comerciales que operan hacia el Sur, en 1972.
En Septiembre de 1977 se inauguraron oficialmente nuevas ampliaciones que permiten operar desde sus pistas a Jumbos Jet 747, constituyendo así no sólo en el aeropuerto de Bahía Blanca, sino en la "entrada" aérea a la Patagonia.
martes, 9 de septiembre de 2025
Conflictos africanos: La batalla de Kinshasa

La batalla de Kinshasa
En nuestras latitudes, la imagen de los combatientes africanos suele reducirse a la de milicianos drogadictos y sanguinarios que se enfrentan por oscuras rivalidades étnicas. Sin duda, películas como El Señor de la Guerra o Diamante de Sangre reflejan la realidad; el Frente Unido Revolucionario de Foday Sankoh en Sierra Leona o el Ejército de Resistencia del Señor de Joseph Kony en Uganda no son invenciones de cineastas occidentales necesitados de clichés. Sin embargo, un vistazo a las guerras que han azotado el África subsahariana también revela la existencia de instituciones militares capaces de llevar a cabo operaciones complejas y ambiciosas. La batalla de Kinshasa, durante la cual se enfrentaron tropas de varios países africanos, es reveladora en este sentido.
Adrián Fontanellaz || L'Autre Cote de la Colline
De una guerra a otra
El genocidio de Ruanda en 1994 envió ondas de choque que finalmente llevaron a la caída de uno de los últimos dinosaurios de la política africana: Mobutu Sese Seko. En mayo de 1997, la Alianza de Fuerzas Democráticas para la Liberación del Congo (AFDL) entró en la capital zairense mientras el podrido edificio de la dictadura de Mobutu se derrumbaba. Liderado por Laurent-Désiré Kabila, un hombre entonces prácticamente desconocido, el movimiento AFDL enmascaró una coalición de actores congoleños y extranjeros cuyo denominador común era el deseo de deshacerse del dictador zaireño. De hecho, la caída del viejo leopardo habría sido imposible sin el Ejército Patriótico Ruandés (APR), que proporcionó la columna vertebral de las fuerzas de la AFDL. Ruanda había intervenido en Zaire con el objetivo inicial de desmantelar los campos de refugiados que servían de retaguardia para las antiguas Fuerzas Armadas Ruandesas (FAR) y la Interahamwe, quienes se infiltraban en Ruanda con el objetivo final de recuperar el poder perdido tras su derrota en 1994. Con Mobutu apoyando a las fuerzas del antiguo gobierno ruandés, los líderes de Kigali decidieron derrocar al mariscal zaireño. Uganda y Angola se apresuraron a participar en la operación, aprovechando la oportunidad para atacar las bases de retaguardia de sus respectivas oposiciones armadas. Las Fuerzas Armadas Zairenses (FAZ) no fueron inmunes a la decadencia generalizada característica del Zaire de Mobutu y se mostraron incapaces de detener, o incluso frenar, a la AFDL, a pesar del reclutamiento de último minuto de mercenarios franceses y serbios. Kinshasa cayó menos de un año después del inicio de las hostilidades, y Zaire se convirtió en la República Democrática del Congo (RDC).
Tras llegar al poder, Laurent-Désiré Kabila pronto se vio en el centro de un mar de demandas contradictorias provenientes de la opinión pública congoleña, sus aliados extranjeros, la antigua oposición política a Mobutu, pero también de la AFDL, también dividida en tendencias diversas y antagónicas, mientras las arcas del Estado estaban vacías. Las nuevas Fuerzas Armadas Congoleñas (FAC) fueron un buen ejemplo de esta complejidad en este sentido. Gran parte de la cúpula estaba compuesta por oficiales ruandeses, mientras que algunas unidades estaban integradas por soldados banyamulenge, tutsis procedentes de varias oleadas sucesivas de emigración a Kivu, que habían mantenido estrechos vínculos con su patria. Pero las FAC también habían reintegrado a antiguos soldados de Mobutu y a unidades katanguesas, herederos lejanos de los Tigres de Katanga que se habían refugiado en Angola durante la década de 1960. En resumen, los cimientos del nuevo poder eran inestables. Sin embargo, las contradicciones entre las expectativas de Kigali y Kampala, por un lado, y las de Laurent-Désiré Kabila, por otro, pronto se hicieron evidentes. Este último, un nacionalista sincero, resultó ser un aliado mucho menos dócil de lo que el primero esperaba. Sintiéndose amenazado, el jefe de Estado congoleño se acercó a sus partidarios katangueses en detrimento de los ruandeses y los banyamulenge. Las tensiones se intensificaron durante el verano de 1998, en un contexto de descontento popular con los ruandeses. El comandante James Kabarebe, oficial ruandés de origen congoleño y antiguo hombre de confianza de Paul Kagame, entonces vicepresidente ruandés, fue destituido de su cargo como jefe de Estado Mayor de las FAC el 13 de julio de 1998. Posteriormente, el 27 de julio, se ordenó a los militares ruandeses y ugandeses abandonar el país, y el presidente congoleño anunció el fin de la cooperación militar con estos países. Dos días después, los soldados ruandeses presentes en Kinshasa, con el comandante Kabarebe a la cabeza, abandonaron la capital congoleña a bordo de seis aviones de transporte. Finalmente, el 1 de agosto, los miembros del gobierno de origen banyamulenge fueron destituidos y reemplazados por katangueses. Al mismo tiempo, Laurent-Désiré Kabila logró el compromiso de Robert Mugabe, el autócrata de Zimbabue. Este último había acordado apoyar al presidente congoleño por razones que combinaban depredación económica y afinidad ideológica. Sobre todo, este país contaba, con las Fuerzas de Defensa de Zimbabue (ZDF), con uno de los ejércitos más profesionales del continente, resultado de la fusión del antiguo ejército rodesiano y las guerrillas del Ejército Africano de Liberación Nacional de Zimbabue.
La reacción al cambio radical de postura de Laurent-Désiré Kabila no se hizo esperar. Los soldados de origen banyamulenge que aún se encontraban en la capital congoleña se rebelaron, imitados, ya el 2 de agosto de 1998, por sus camaradas de las brigadas 2.ª, 10.ª y 12.ª de las FAC, con base en Goma, Kisangani y Bukavu, respectivamente. Si bien sería una simplificación excesiva resumir el papel de los banyamulenge como meros auxiliares de Kigali, también es cierto que esta comunidad contribuyó con hombres y recursos a la conquista de Ruanda por parte del Frente Patriótico Ruandés (FPR) entre 1990 y 1994. Además, Laurent-Désiré Kabila, al anunciar a principios de año su intención de distribuir soldados tutsis por las FAC, también contribuyó a la rebelión de estas unidades. Al mismo tiempo, las tropas del EPR entraron en territorio congoleño y cruzaron a Goma, mientras que el ejército ugandés, a su vez, entró en la provincia de Ituri. Esta nueva guerra involucraría a los ejércitos de una docena de países africanos y causaría cientos de miles de muertes.
La tirada de dados de Ruanda
La operación para rescatar al régimen de Laurent-Désiré Kabila, apodada Legitimidad Soberana y ordenada por Robert Mugabe, inicialmente recayó en las fuerzas especiales de las Fuerzas de Defensa de Zimbabue, compuestas por el Regimiento de Paracaidistas, el Regimiento de Comandos y el Servicio Aéreo Especial. Los primeros elementos zimbabuenses desembarcaron en Kinshasa el 2 de agosto de 1998, alcanzando el contingente un total de 900 hombres dos días después, e inmediatamente se encontraron enfrentados a los mil soldados banyamulenge y ruandeses presentes en la capital. Los zimbabuenses lucharon junto a las FAC y los comités de autodefensa compuestos por voluntarios de Kinshasa. Estos últimos, equipados con machetes o armas improvisadas, comenzaron a dar caza a los tutsis que residían en la ciudad. Los combates se centraron en dos bases militares a las afueras de la ciudad. Una de ellas fue sitiada rápidamente por las FAC, y los 300 defensores rebeldes fueron ejecutados tras quedarse sin munición. Tras varios días de combates, los zimbabuenses lograron asegurar el aeropuerto de N'Dolo y luego el aeropuerto internacional de N'Djili, ubicados a 15 kilómetros de la capital. Incapaces de mantener la ciudad, los elementos ruandeses y banyamulenge restantes se retiraron a la selva que rodea Kinshasa.
Los ruandeses se apresuraron a iniciar una operación diseñada para poner fin al conflicto rápidamente, evitando un largo avance por rutas terrestres idénticas a las utilizadas en la guerra anterior. De haber tenido éxito, también habría permitido desestabilizar a los aliados africanos de Kinshasa, derrocando al régimen antes de que tuvieran tiempo de desplegar tropas. El plan ruandés era audaz y consistía en establecer un puente aéreo que conectara Goma con la base aérea de Kitona, en la provincia del Bajo Congo, ubicada a 320 kilómetros al oeste de Kinshasa, y luego tomar la capital tras cortarle el acceso al mar. El 2 de agosto de 1998, una fuerza de avanzada de 163 soldados, liderada por el comandante Kabarebe, abordó un Boeing 727 y aterrizó en Kitona, tras recorrer los 1500 kilómetros que separaban ambos aeropuertos, para tomarla sin oponer resistencia. Miles de soldados congoleños estaban estacionados en los alrededores, pero se trataba de antiguos miembros de las FAZ o la Guardia Pretoriana del presidente Mobutu, la DSP (División Presidencial Especial), de quienes el régimen de Kabila desconfiaba y que habían sido enviados allí para ser reeducados antes de su reintegración a las FAC. Estos hombres, ya desfavorecidos desde la llegada de la AFDL al poder, llevaban semanas sin recibir su paga cuando llegaron los ruandeses. Finalmente, es probable que existieran relaciones interpersonales entre los soldados congoleños y ruandeses, ya que el entrenamiento de los primeros se había confiado a los segundos antes de la ruptura entre Kinshasa y Kigali. En cualquier caso, el destacamento del comandante Kabarebe logró convencer a los oficiales congoleños para que se unieran a ellos, con la ayuda de la distribución de bonificaciones en dólares. Así, pudo contar con el refuerzo de unos diez mil hombres y hacerse con un arsenal que incluía, además de grandes reservas de munición, cañones antiaéreos ligeros, vehículos y una docena de tanques T-55 y T-69. Además, gracias a las rotaciones realizadas por dos Boeing 727 y un Boeing 707 entre Goma y Kitona durante las noches siguientes, a la vanguardia del comandante Kabarebe pronto se unieron refuerzos de la APR del tamaño de una pequeña brigada, acompañados por una sección de artillería ligera ugandesa de 31 hombres.
Estas fuerzas entraron rápidamente en acción; el 5 de agosto, los puertos de Banana y Moanda, en la costa atlántica, fueron capturados, aislando Kinshasa del océano. Cinco días después, también cayó el puerto fluvial de Matadi, terminal del ferrocarril y oleoducto que une Kinshasa con el río Congo. Finalmente, el 13 de agosto, los ruandeses tomaron la inmensa presa hidroeléctrica de Inga, cuya producción abastecía a la capital, y aprovecharon la situación para cortar el suministro eléctrico al día siguiente. Hasta entonces, el EPR había superado con facilidad la débil resistencia de los elementos de las FAC presentes en la provincia. Los ruandeses aplicaron con éxito su táctica preferida: preceder al grueso de su fuerza con una vanguardia encargada de infiltrarse en la posición enemiga y sembrar el pánico, dejando a este último una ruta de retirada abierta para evitar que el cerco provocara una férrea defensa de los elementos atrapados.
El asalto a Kinshasa.
Antes de lanzar su operación, el ejército ruandés había intentado prevenir una posible intervención angoleña, que podría comprometer toda la maniobra. El coronel Patrick Karegeya, director de los servicios de inteligencia exterior, se había reunido con los generales Manuel Helder Vieira Dias y Fernando García Mialia. Estos dos oficiales, cercanos al presidente José Eduardo Dos Santos, le habían asegurado al coronel ruandés que las poderosas Fuerzas Armadas Angolanas permanecerían preparadas en caso de un derrocamiento del régimen de Laurent-Désiré Kabila por parte del EPR. Sin embargo, ya el 17 de agosto, los presidentes de Angola, Zimbabue y Namibia anunciaron su apoyo a Kinshasa. Ya el 20 de agosto, surgieron informes de la presencia de tropas angoleñas en territorio congoleño. De hecho, una columna motorizada y blindada, compuesta por 2.500 hombres pertenecientes a los Regimientos 5.º y 18.º, entró en la República Democrática del Congo desde el enclave angoleño de Cabinda, avanzando por la carretera que une esta última con Kinshasa. La columna contaba con el apoyo de seis Su-25 del 25.º Regimiento Aéreo de Cazas-Bombardeiros y seis Let-39 del 24.º Regimiento de Instrucción de Aviación Militar, con base en Cabinda, acompañados por un destacamento mixto de helicópteros Mi-24 y Mi-17. En los días siguientes, los dos regimientos llegaron al aeropuerto de Kitona y expulsaron a la débil retaguardia del comandante Kabarebe, aislando a los ruandeses de su base de retaguardia. Para él, la última oportunidad para completar la operación era tomar Kinshasa lo antes posible sin dar tiempo a sus defensores a reforzarse.
El contingente zimbabuense en Kinshasa estaba, de hecho, creciendo rápidamente en número. A partir del 2 de agosto, un primer destacamento mixto de helicópteros Alouette III y AB-412 pertenecientes a los escuadrones 7 y 8 de la Fuerza Aérea de Zimbabue se destacó en la capital. La potencia de fuego de la fuerza expedicionaria aumentó considerablemente el 20 de agosto con la llegada al Aeropuerto Internacional de N'Djili de cuatro FTB-337 Lynx del 4.º escuadrón, seguidos dos días después por cuatro Hawks del 2.º escuadrón. Finalmente, mil hombres del Regimiento de Paracaidistas aterrizaron por turnos en el aeropuerto el 24 de agosto de 1998. Mientras tanto, la vanguardia ruandesa avanzaba rápidamente hacia la capital desde el suroeste, con dos días de ventaja sobre el cuerpo principal. El 18 de agosto, este destacamento fue emboscado por una sección del SAS zimbabuense y una compañía de la FAC cerca de la ciudad de Kasangalu, a 45 kilómetros de Kinshasa. La vanguardia sufrió 18 bajas en el ataque y se vio obligada a esperar a la fuerza principal del comandante Kabarebe. Esta llegó a la ciudad de Mbanza Ngungu, a 120 kilómetros de la capital, el 20 de agosto, y dos días después a Kisantu, donde su avance fue detectado por el SAS, que, actuando como controladores aéreos avanzados, guió los ataques aéreos de los Hawks del 4.º escuadrón con bombas de racimo. Tras sufrir grandes pérdidas, las tropas ruandesas-congoleñas se reagruparon y reanudaron su avance, llegando a Kasangalu el 24 de agosto. Ese día, una de sus columnas, que incluía los diez tanques recuperados de Kitona tres semanas antes, fue avistada por un Lynx en patrulla. El piloto destruyó el vehículo blindado de vanguardia con un cohete, mientras que el resto de los tanques fueron aniquilados por otros ataques lanzados por aviones zimbabuenses llamados al rescate, y durante una emboscada del SAS, trasladado en helicóptero al lugar en Alouette III. Este combate no detuvo el avance del comandante Kabarabe, pero le costó todo su equipo pesado, pues a sus soldados solo les quedaban unos pocos morteros para apoyar el asalto a Kinshasa. Mientras tanto, los zimbabuenses concentraron sus fuerzas en torno a N'Djili, cuya defensa fue confiada a los paracaidistas, mientras que el SAS erigió una serie de campanarios semicirculares que cubrían los accesos al aeropuerto internacional.
Columnas ruandesas asaltaron Kinshasa la mañana del 26 de agosto. Precedidos por sus aliados congoleños, que se hicieron pasar por miembros de las FAC en plena retirada, los ruandeses rodearon la capital y se infiltraron en los barrios marginales adyacentes al Aeropuerto Internacional de N'Djili antes de lanzar su ataque. Gracias a esta estratagema, los defensores detectaron la primera oleada de asalto a tan solo cien metros de la terminal principal. Consiguieron repeler al enemigo in extremis gracias al apoyo de un vehículo blindado EE-9 Cascavel. Sin embargo, los otros dos ataques casi simultáneos que siguieron permitieron a los hombres del comandante Kabarabe tomar la torre de control, varios hangares y el extremo sur de la pista. En los días siguientes, los ruandeses lanzaron una serie de decididos ataques para tomar el control del aeropuerto, pero todos fueron repelidos por los zimbabuenses. La longitud de la pista, de 4,7 kilómetros, permitió a estos últimos seguir utilizando sus aviones, cuya intervención resultó decisiva. De hecho, los Hawks y los Lynxes inundaron las posiciones enemigas con un aluvión de bombas, cohetes y proyectiles, a un ritmo de una docena de misiones diarias y por avión. Para acelerar el ritmo, algunos aviones se rearmaron entre dos salidas sin siquiera apagar los motores. En la tarde del 29 de agosto, los zimbabuenses lanzaron un contraataque que obligó a un enemigo ya debilitado a retirarse a los barrios marginales al sur de Kinshasa, donde los combates continuaron durante varios días más. Diezmadas y agotadas de municiones, las tropas ruandesas-congoleñas finalmente se retiraron de la ciudad, perseguidas por las Fuerzas de Defensa de Zimbabue.
La retirada ruandesa.
Tras el fracaso del asalto a Kinshasa, la situación del contingente ruandés-ugandés y de los soldados congoleños que lo acompañaban se volvió precaria. Sufrían de escasez de suministros y estaban aislados de su retaguardia por la intervención angoleña en el Bajo Congo, mientras las fuerzas enemigas convergían sobre ellos. Para evitar la aniquilación, el comandante Kabarebe emprendió una larga retirada hacia el norte de Angola. Esta zona llevaba mucho tiempo bajo la influencia de la UNITA de Jonas Savimbi y, por lo tanto, seguía estando mal controlada por el gobierno de Luanda. Tras coordinarse con los rebeldes angoleños, los ruandeses llegaron a la provincia tras recorrer 360 kilómetros, manteniendo a raya a sus perseguidores mediante acciones de retaguardia. A mediados de septiembre de 1998, durante un ataque nocturno, lograron sorprender y obligar a huir a la guarnición angoleña de 400 efectivos del pequeño aeropuerto de Maquela do Zombo. La pista de 1.400 metros era demasiado corta para el uso de grandes aviones de transporte. Por ello, una parte del contingente tuvo que ampliar su longitud en 400 metros, mientras otras unidades establecían posiciones defensivas.
Conclusión
El fracaso de la operación ruandesa contra Kinshasa condujo a un estancamiento estratégico, ya que ninguna de las coaliciones involucradas en la guerra tenía los medios para derrotar a la otra. Si bien las ganancias derivadas de la explotación de los recursos del Congo permitieron a los beligerantes financiar su esfuerzo bélico, la inmensidad del territorio en disputa y, por consiguiente, la influencia estratégica de ambos bandos dificultaron cualquier operación decisiva posterior. Además, el conflicto se complicó con el tiempo, en particular cuando la alianza entre Uganda y Ruanda se fracturó y los ejércitos de ambos países se enfrentaron en torno a Kisangani.La batalla también reveló las capacidades desarrolladas por ciertas instituciones militares africanas. El número de tropas y aeronaves desplegadas por las Fuerzas de Defensa de Zimbabue fue ciertamente limitado, pero se compara favorablemente con los despliegues occidentales considerados sustanciales. Además de este despliegue a corto plazo de miles de hombres bien entrenados, el ejército zimbabuense también demostró su capacidad para librar una batalla aeroterrestre contra un adversario formidable. De hecho, el Ejército Patriótico Ruandés demostró una vez más su dominio de las tácticas de infiltración y ataque nocturno, ya demostradas por soldados franceses durante la Operación Turquesa en 1994. Más allá de esta dimensión táctica, el propio diseño del ataque a Kinshasa demuestra una verdadera inteligencia operativa y estratégica, ya que el Schwerpunkt de la operación era, de hecho, el corazón mismo del régimen de Laurent-Désiré Kabila. Recordemos brevemente que, de facto, la facción que controla la capital de un país tiende, en poco tiempo, a convertirse en su poder legítimo frente al mundo exterior. El ataque a Kinshasa ciertamente presentó un alto riesgo, pero uno justificado por las posibles ganancias. Los servicios de inteligencia de Kigali ciertamente no supieron prever la reacción angoleña, pero parece difícil creer que la concentración de soldados congoleños en torno a Kitona o la cooperación con la UNITA durante la retirada a Maquela Do Zombo fueran totalmente improvisadas.
Finalmente, la mera existencia de los tres puentes aéreos realizados por ruandeses y zimbabuenses da testimonio de un fenómeno frecuentemente mencionado: la privatización del ámbito militar. De hecho, ninguno de estos puentes aéreos habría sido posible sin los servicios de aerolíneas con flotas de aviones de transporte táctico o estratégico. Estos últimos, aunque ciertamente menos publicitados que empresas mercenarias como Executive Outcomes, permitieron a estados con recursos financieros limitados acceder a capacidades de proyección previamente reservadas a las grandes potencias.
Lista de abreviaturas
- AFDL, Alianza de Fuerzas Democráticas para la Liberación del Congo.
- APR Ejército Patriótico de Ruanda
- FAR Fuerzas Armadas de Ruanda
- FAZ Fuerzas Armadas de Zaire
- FAC Fuerzas Armadas Congoleñas
- Frente Patriótico Ruandés (RPF)
- ZDF Fuerzas de Defensa de Zimbabue
- División Especial Presidencial del DSP
- UNITA União Nacional para a Independência Total de Angola
Bibliografía
- Colette Braeckmann, La cuestión congoleña , Fayard, 1999.
- Tom Cooper y Peter Weinert, con Fabian Hinz y Mark Lepko, African MiGs Vol. 1 - Angola a Costa de Marfil - MiG y Sukhoi en servicio en el África subsahariana , Harpia Publishing, LLC, 2010.
- James Stejskal, Operación Kitona: La apuesta de Ruanda por capturar Kinshasa y la interpretación errónea de un «aliado» , en Joint Force Quarterly 68, primer trimestre, enero de 2013.
- Tom Cooper, Pit Weinert, Jonathan Kyzer y Albert Grandolini, Zaire/RD Congo 1980 – 2001 en acig.info, versión del 17.02.2011.
- Corner Plummer, La Operación Kitona: La odisea africana de Ruanda , en www.militaryhistoryonline.com, consultado el 15 de enero de 2013
lunes, 8 de septiembre de 2025
Malvinas: Miembros del glorioso Equipo de Combate GÜEMES
Parte del ECG

Parte del equipo de combate Güemes, después de las operaciones del 21 de Mayo de 1982.
(Falta personal en la foto y no todos están identificados)
3- S/C Norberto Aime (RI 25); 4- Suboficial Hector Daniel Fernandez (radio operador compañía de Com. 8 ) ; 6- Suboficial Maidana (RI 25) ; 7- Oficial José Vazquez (RI 12); 8. Mansilla (RI 12) ; 9- Suboficial Antonio Cano (RI 25); 12- Espinosa (RI 12)





