miércoles, 19 de febrero de 2025

Avión de ataque embarcado: Supermarine Attacker

Avión de ataque embarcado Supermarine Attacker








El Supermarine Attacker (atacante) fue un caza naval monoplaza británico construido por la empresa Supermarine para el Arma Aérea de la Flota (AAF) de la Royal Navy. Fue el primer caza a reacción en entrar en servicio en el AAF y se construyeron tan solo 183 ejemplares.

Historia

El Attacker nació gracias a un proyecto de la RAF (Royal Air Force) para un caza a reacción. El proyecto planeaba la construcción de un caza interino para la RAF, mientras otro avión, el Gloster E.1/44 (que era una versión mejorada del Gloster Meteor) era desarrollado. Ambos diseños fueron desarrollados y ambos resultaron rechazados por la RAF, por lo que el Gloster Meteor y el de Havilland Vampire se convirtieron en los primeros cazas a reacción operativos en la RAF. En consecuencia, Supermarine le ofreció al almirantazgo de la Royal Navy una versión navalizada del Attacker, por lo que el prototipo (Prototype 392) voló por primera vez el 27 de julio de 1946 a los mandos del piloto de pruebas Jeffrey Quill.

El diseño del Attacker utilizaba el ala sin flecha y de flujo laminar y el tren de aterrizaje del Supermarine Spiteful, un caza a pistón que intentó ser el reemplazo del legendario Supermarine Spitfire, con nuevo fuselaje y sección de cola por lo que el Attacker fue conocido inicialmente como Jet Spiteful. El Attacker sufría de numerosas deficiencias por lo que permaneció en servicio activo durante muy poco tiempo y fue rápidamente reemplazado. Una de estas deficiencias era que el aeroplano retenía el tren de aterrizaje de cola del Spiteful, debido a que su modificación en un tren de aterrizaje triciclo hubiese requerido alterar las alas del Spiteful. Esta característica dificultaba enormemente los aterrizajes en portaaviones. Esta misma actitud de cola baja implicaba que durante despliegues operacionales en aeródromos de pasto, la tobera del motor creaba un gran surco en el terreno, lo suficientemente grande como para que 3 hombres pudiesen recostarse en él. (Gunston, Bill, "Fighters of the Fifites - Vickers-Supermarine Attacker", Aeroplane Monthly, marzo de 1975, p 130).

EL primer prototipo navalizado voló el 17 de junio de 1947, a los mandos del piloto de pruebas Mike Lithgow, 3 años después del primer vuelo del Meteor. En noviembre de 1949 el AAF ordenó la producción del aeroplano por lo que el primer ejemplar de serie en volar lo hizo en 1950, perteneciendo este avión a la versión F.Mk 1, un interceptor. El primer escuadrón de la AAF en ser equipado con el Attacker fue el N.º 800. La versión F.Mk 1 estaba armada de cuatro cañones Hispano-Suiza HS.404 de 20 mm, con 125 proyectiles por arma y estaba impulsada por un motor Rolls-Royce Nene 3.

Fueron construidas dos variantes más para el AAF. El FB.Mk 1, que era un cazabombardero, que difería poco del F.1 salvo en que debía operar como avión de ataque al suelo. La tercera versión, también un cazabombardero del Attacker, el FB. Mk2, estaba equipado con el motor Rolls-Royce Nene 2 y tenía algunas modificaciones estructurales. El nuevo Supermarine Attacker tenía ocho soportes subalares con capacidad para cargar hasta 450 kg de bombas u ocho cohetes no guiados. Fueron construidos alrededor de 100 Attacker para el AAF.

Sobreviviente

Al menos un Attacker está preservado, el WA473, que se encuentra en el Museo del Arma Aérea de la Flota en Somerset, Gran Bretaña.




Servicio Operativo



Supermarine Attacker en la cubierta del HMS Eagle en 1952/53.

El Attacker tuvo una corta vida operativa en el AAF, y fue retirado sin haber participado en ninguna acción de guerra con los colores de Gran Bretaña. Fue retirado de los escuadrones de primera línea en 1954 y pasó a los escuadrones de la reserva, aunque no duró mucho allí tampoco ya que fue retirado finalmente de servicio en 1957, siendo reemplazado por los mucho más capaces Hawker Sea Hawk y de Havilland Sea Venom. El Attacker solo fue exportado a un país, Pakistán, que entre 1952 y 1953 recibió 36 ejemplares para su Fuerza Aérea. Los Attacker fueron retirados de la Fuerza Aérea de Pakistán durante la década de 1960.



@hansclaw

Operadores

  • Bandera de Pakistán Pakistán (36)
  • Bandera de Reino Unido Reino Unido (145)

Especificaciones

Dibujo 3 vistas del Supermarine Attacker.

Características generales

  • Tripulación: 1
  • Longitud: 11,3 m
  • Envergadura: 11,25 m
  • Altura: 2,9 m
  • Superficie alar: 21 m²
  • Peso vacío: 3822 kg
  • Peso cargado: 5539 kg
  • Planta motriz: 1× turborreactor Rolls-Royce Nene.
    • Empuje normal: 22,7 kN (2313 kgf; 5099 lbf) de empuje.

Rendimiento

  • Velocidad máxima operativa (Vno): 950 km/h
  • Alcance: 1900 km
  • Techo de vuelo: 13 716 m (45 000 ft)
  • Carga alar: 263,8 kg/m² (54 lb/ft²)


Armamento

  • Cañones:
    • 4x Hispano-Suiza Mk.V de 20 mm en las alas
  • Bombas:
    • 2 de 450 kg
  • Cohetes:
    • 4x RP-3
  • Otros: misiles guiados Vickers Vigilant









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Argentina: Hora de reformar y actualizar las Fuerzas Armadas

Reforma de las Fuerzas Armadas: ¿estamos a tiempo?

En los últimos 40 años, desde el más alto nivel del Estado, nunca se les expresó a las FF. AA. cuál es su razón de ser en la estructura del Estado, ni para qué están.

*Escrito por el Do-Tank Tabula Rasa (Daniel Martella, Luis Soage y César Yagüe) || Infobae


Las Fuerzas Armadas (FF. AA.) han dado -y dan a diario- sobradas muestras de que cumplen las órdenes que reciben, de que están subordinadas al control civil de la defensa y, por ende, de su acabada comprensión y aceptación de este concepto. Esta última cuestión, pese a que muchos no lo crean y mal que le pese a otros, ha dejado de ser hace décadas tema de conversación en los cuarteles. Es así porque no corresponde que sea de otra manera y las FF. AA. lo han asimilado, comprendido, aprendido; lo enseñan, lo repiten y a ningún militar hoy se le ocurriría pensar de otra manera. Esto puede ser expresado con total seguridad y certeza. El que aún crea que no es así debe profundizar su conocimiento de las instituciones armadas.

Sin embargo, desde el año 1983, a las Fuerzas Armadas de la República Argentina se les ha indicado desde el más alto nivel de la conducción del Estado, de manera clara y detallada, qué es lo que no deben hacer, dónde no deben participar, cómo no deben hacer las cosas, con quiénes no pueden entablar relaciones, qué áreas están excluidas de sus procesos de reunión de información, qué armamento no deben poseer, qué temas no deben formar parte de sus planes de estudio, y qué ejercitaciones combinadas no deben realizar.

Como resultado de tantos "no", a lo largo de los años las FF. AA. han transitado un agónico camino hacia la obsolescencia.



Costumbres argentinas

En los últimos 40 años, desde el más alto nivel del Estado y en especial desde el Sillón de Rivadavia, nunca se les expresó a las FF. AA. cuál es exactamente su razón de ser en la estructura del Estado, ni se les dijo claramente para qué están.

Esto ha ocurrido pese a que la Constitución Nacional es explícita cuando se refiere a la atribuciones del Poder Ejecutivo y establece que el Presidente es el Comandante en Jefe de todas las Fuerzas Armadas de la Nación; y pese a que la Ley de Defensa Nacional prescribe taxativamente que es también al Presidente de la Nación a quien le compete en su carácter de Jefe Supremo de la misma y Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas, la Dirección de la Defensa Nacional y la Conducción de las Fuerzas Armadas. Tengamos en cuenta que esta atribución constitucional hacia las FF. AA. genera de manera tácita una responsabilidad directa diferenciada hacia ellas, habida cuenta de que no hay en la Constitución mayores referencias hacia otros organismos u organizaciones del Estado. Genera una relación directa del Presidente y las FF. AA. respecto de los ciudadanos que constituyen la Nación. Y esta relación no debiera ser meramente declamativa, sino que tiene que ir necesariamente acompañada de la definición explícita de para qué las quiere el Estado.

Que a las FF. AA. les asignen anualmente una partida presupuestaria determinada no significa que se las tenga en cuenta o que se las valore adecuadamente como parte integrante del Estado. Particularmente, cuando esa partida presupuestaria no responde a ninguna imposición específica proveniente de requerimientos definidos por el máximo nivel de conducción del país. Sólo significa que se les asigna una suma para que sea gastada de acuerdo con prioridades definidas, a propuesta de cada Fuerza, para cumplir con las misiones que dicha Fuerza ha definido como su prioridad. Eso sí, esta suma debe ser aprobada por el Estado; de allí puede originarse la confusión generalizada.

Para que esta situación no continúe con su ejecución consuetudinaria, desde el máximo nivel deberían fijarse prioridades para las FF. AA.y estas deberían ser conocidas y aceptadas por todos los niveles de decisión. Preste atención el lector: no estamos hablando de un incremento de la partida presupuestaria. La asignación que se otorgue, pobre o abundante, debe serlo en pos de un para qué superior; en función de un Master Plan que no solamente indique para qué las necesita el Estado, sino también que oriente su adiestramiento, doctrina, organización, equipamiento y despliegue.

Hace más de 30 años que las FF. AA., con su lógica, tratan de deducir, cual Oráculo de Delfos, lo que el Poder Ejecutivo pretende de ellas. Por ello, de los discursos de inauguración de las sesiones ordinarias del Honorable Congreso de la Nación, de los discursos de la cena de camaradería de las Fuerzas Armadas, de los discursos pronunciados con motivo de los aniversarios de cada componente del Instrumento Militar, e incluso de las expresiones públicas de los distintos presidentes, las Fuerzas (de manera independiente y cada una por su cuenta) extrajeron frases y concluyeron, en forma autónoma, cuál era su misión.



Y rasguña las piedras

La forma en la que, presupuestariamente, el Estado argentino se ha relacionado con su brazo armado durante más de tres décadas es haberle asignado un porcentaje (muy bajo, por lejos, el menor de toda América Latina) para que haga lo que pueda con ello. Es decir, el Estado ahogó en un sinsentido presupuestario al instrumento al que deberá recurrir cuando, acabadas las opciones diplomáticas, tenga que disponer la defensa armada ante el avasallamiento de su soberanía.

Sin una misión definida, se hace prácticamente imposible construir los argumentos que den sustento a reclamos en materia presupuestaria. Sin esa clara, precisa y expresa definición, las FF. AA. no pueden definir los medios necesarios para los fines que se les imponen. El fin orienta el desarrollo de los medios y su ausencia transforma las acciones en gestos sin sentido.

Si se hubiera seguido la secuencia indicada, nadie podría sorprenderse hoy por el alto porcentaje de dinero de la asignación presupuestaria que se destina a sueldos. Tampoco podrían sorprenderse por el grado de mantenimiento de los elementos que el Estado puso a disposición de las FF. AA. hace más de 50 años para pelear una guerra que nunca fue definida y que hoy no existe la más mínima posibilidad de que se pelee.

De esa manera el Estado y el Pueblo de la Nación no deberían sorprenderse de que sus FF. AA ."de repente" estén en una situación terminal. Sí, terminal.

Para ser justos, debemos también expresar que esta situación no es sólo responsabilidad de los distintos decisores estratégicos que ha tenido nuestro país desde hace más de 30 años, ni tampoco de sus ministros de Defensa. El desliz no ha sido solo de los civiles que han descuidado el último recurso que tiene el Estado para oponerse a una voluntad ajena a los intereses de la Nación.

Analizando con rigor científico, teniendo en cuenta los pasos para efectuar los pedidos presupuestarios anuales, los Jefes de Estado Mayor de las Fuerzas Armadas y del Estado Mayor Conjunto tienen su cuota de responsabilidad, en particular este último, quien tiene la función expresa de asistir y asesorar al ministro. Ellos, que son los responsables de presentar las necesidades de las organizaciones bajo su comando, debieron haber expresado su desacuerdo ante las reducciones a lo requerido. Y justificar, argumentando cuál era la situación de cada una de sus Fuerzas, las causas por las cuales la reducción efectuada dejaba indefensa a la República, aprovechando, como mínimo una vez al año, la evidente oportunidad para expresar que lo hacían sin una clara misión definida por aquél a quien le elevaban el presupuesto.



Lamentablemente, por motivos nunca absolutamente claros, prefirieron aceptar lo que les ordenaban gastar mediante el presupuesto. Ninguno de los cuatro Jefes de Estado Mayor que tiene la Nación expresó nunca a la ciudadanía, ante la cual juró defender la bandera hasta la perder la vida, que el dinero que se les otorgaba no era el suficiente o que no se le daba una misión clara para conducir la organización que comandaban. Hacerlo no habría implicado deslealtad; al contrario, es lealtad elevada a la máxima expresión.

Bajo esta mirada, la de priorizar la protección de su país y sus ciudadanos como General de la Nación y no como General del Estado de un determinado gobierno, la inmolación del general Pierre de Villiers, jefe del Ejército de Francia que en julio de 2017 dimitió por los recortes presupuestarios ordenados por el presidente Emmanuel Macron, puede ser considerada, a ojos de muchos militares argentinos, como un sincericidio y no como lo que es, un acto de hidalguía republicana motivado por la responsabilidad hacia los subalternos y al pueblo de Francia. Esto no fue siquiera imaginado como un acto de insubordinación ni muchos menos. El General tuvo la habilidad de enmarcar perfectamente su reclamo, plantearlo e irse a su casa con la admiración y el respeto de sus pares y de los ciudadanos por los cuales, llegado el momento y por una decisión política, iba a hacer entregar las vidas de sus hombres y mujeres.

Entre muchas causas por las cuales nuestros cuatro jefes de Estado Mayor no pudieron expresar su desacuerdo por los fondos asignados, se encuentra el hecho de que su misión (la misión del Ejército, de la Armada, de la Fuerza Aérea y del Estado Mayor Conjunto) fue autoimpuesta. Nunca el para qué provino de una fuente de instancia superior a quien reclamarle porque la plata no alcanzaba para lo que pretendía de las FF. AA. Y así administraron los siempre escasos recursos, para repartir la frazada que ayer cubrió los pies y hoy el pecho, pero siempre las FF. AA. pasaron frío.

¿Quién en su sano juicio puede ser el responsable de conducir una organización sin saber exactamente para qué existe realmente la misma? Por ello, y extraídas de la más pura coyuntura, se crearon misiones subsidiarias, secundarias e incluso, en el caso del Ejército Argentino, se habló de "capacidad de disuasión creíble". Si la disuasión no es creíble, no es disuasión. Un oxímoron.



Cuando pase el temblor

Nuestro Estado tiene por delante un gran desafío: crear futuro. En materia militar debe desarrollar el sistema que le permita enfrentar lo que viene, debe concentrarse en los fines y concebir medios acordes a nuestra realidad, en el marco de una visión geopolítica regional y global. Quebrar la inercia de la indiferencia es un desafío de todos como parte integrante de una única voluntad, la de construir un futuro para las generaciones venideras.

La política exterior y la de defensa deben formar parte de un único pensamiento estratégico y geopolítico. Argentina debe transitar las próximas décadas en el marco de fuertes alianzas políticas, económicas y de seguridad. Por consiguiente, conceptos renovados deben motorizar el posicionamiento de nuestro país y de la región.

No es objeto de esta nota el definir un para qué. Sin embargo, estamos convencidos de que esto debería ser expresado considerando al menos la defensa de la vida, los bienes y los recursos naturales de la República, integrándose con el mundo y la región para defender intereses comunes, accionando en forma sistémica (léase, con estructuras cívico-militares) y además teniendo aptitud para enfrentar amenazas definidas en el aire, mar, tierra, ciberespacio y espacio.

El para qué de nuestras Fuerzas Armadas es condición sine qua non para su desarrollo y este sólo puede definirse conociendo el escenario global, regional y local proyectado a 30 años. Un mundo hiperconectado en el que todo sucede en tiempo real, sumado a un tsunami científico tecnológico sin precedentes impondrá, con toda seguridad, la necesidad de crear nuevos instrumentos.

La obsolescencia del Instrumento Militar puede ser una oportunidad. Se debe avanzar en un análisis dejando de lado los paradigmas actuales y desarrollar un método en el que se determinen las amenazas y factores que conforman los escenarios (futuros posibles), se defina una visión (futuro deseado) y se conciban los recursos necesarios para su logro.

En los próximos 20 años seremos testigos de mayores cambios en ciencia y tecnología que en los últimos dos milenios y presenciaremos transformaciones sin precedentes. Lo obsolescente ya forma parte de nuestro día a día, sólo basta con observar la evolución de nuestro teléfono inteligente. Teniendo presente esto, cabe preguntarse qué sistemas debe crear el Estado y para qué. Con certeza, no son los mismos que desde el siglo XX intentan evolucionar y quedan rezagados por una realidad vertiginosa.

A las tres dimensiones espaciales que conocemos se le ha sumado el ciberespacio y, mientras tanto, la órbita espacial se consolida como un ámbito de desafío tecnológico militar. Estas son realidades y no debemos ignorar cómo se configura el escenario en que las FF. AA. deberán actuar.

El mundo transita por la dificultad de solucionar problemas globales sin contar con organizaciones supranacionales con autoridad suficiente para hacerlo. Ejemplo de ello es el cambio climático. A esto se le suma un sector privado hiperactivo que desafía lo público en la generación de ideas y soluciones concretas. La población mundial comparte información y conocimiento en tiempo real y demanda a sus gobiernos respuestas inmediatas.

Crear nuevos instrumentos es el gran desafío. Asumamos la obsolescencia de nuestras Fuerzas Armadas y comencemos a crear futuro.

La mayor certeza de lo aquí expuesto es una sola: así no debemos seguir.

Una cabeza de playa ocupada por 649 valientes y reforzada recientemente por una patrulla de 44 intrépidos marinos reclama que asumamos, de cara al futuro, un compromiso colectivo que trascienda su legado.



lunes, 17 de febrero de 2025

Ejército Argentino: ¿Qué opciones hay para reemplazar el legendario Oto Melara M56?

Obuses y cañones para reemplazar el Oto Melara M56



El cañón Oto Melara M56 de 105 mm ha sido una pieza fundamental en la artillería del Ejército Argentino durante décadas. Sin embargo, su antigüedad y limitaciones en el campo de batalla moderno hacen necesario considerar su reemplazo por un sistema de artillería más avanzado. Este artículo examina las razones estratégicas, operativas y logísticas que justifican esta necesidad.

1. Antigüedad y obsolescencia técnica

El Oto Melara M56 fue diseñado en la década de 1950 y, aunque ha demostrado ser un arma confiable, su tecnología ha quedado obsoleta. Las doctrinas de combate modernas han evolucionado hacia sistemas de artillería más avanzados, con mayor alcance, precisión y capacidad de integración con sistemas digitales de dirección de tiro.

  • Alcance limitado: Su alcance efectivo es de aproximadamente 10,600 metros, considerablemente menor que el de piezas modernas como el M777 estadounidense o los obuses autopropulsados que superan los 30 km con munición especial.
  • Falta de precisión y control digital: A diferencia de los sistemas modernos, el M56 no cuenta con integración a redes de mando y control automatizadas, lo que limita su eficacia en operaciones combinadas.

2. Desventajas operativas en el campo de batalla moderno

El rol de la artillería ha cambiado significativamente en los últimos años, con un enfoque en mayor movilidad, integración con drones y sistemas de guía avanzada. El M56 presenta varias limitaciones en este contexto:

  • Vulnerabilidad al fuego de contrabatería: Su tiempo de despliegue y reubicación es lento en comparación con piezas autopropulsadas o de arrastre ligero como el M777.
  • Dificultad en terrenos modernos: El Ejército Argentino opera en diversos entornos, desde la Pampa hasta regiones montañosas y selvas. La movilidad del M56 es limitada, lo que reduce su efectividad en terrenos difíciles.
  • Baja cadencia de fuego: Mientras que las piezas modernas pueden disparar con rapidez y precisión ajustada digitalmente, el M56 depende de cálculos manuales, lo que lo hace menos eficiente en combate dinámico.

3. Problemas de logística y mantenimiento

El Ejército Argentino ha enfrentado dificultades para mantener operativo el M56 debido a la falta de repuestos y al desgaste natural de las unidades.

  • Falta de repuestos: Dado que el Oto Melara M56 ya no se fabrica, conseguir piezas de reemplazo es cada vez más difícil y costoso.
  • Mayor costo de mantenimiento: Con el paso de los años, los costos de mantener estos cañones han aumentado debido a la necesidad de fabricar piezas específicas o adaptar componentes de otros sistemas.
  • Disponibilidad de munición limitada: Aunque el calibre 105 mm sigue en uso globalmente, muchas naciones han migrado a calibres más grandes (como 155 mm), lo que puede afectar la disponibilidad de municiones compatibles en el futuro.


Aquí te ofrezco opciones para reemplazar el cañón Oto Melara M56 de 105 mm del Ejército Argentino, con detalles de características, municiones compatibles y costos aproximados:

M777A2 de 155 mm (BAE Systems)

  • Características: Es un obús remolcado liviano de 155 mm utilizado ampliamente por fuerzas de la OTAN. Fabricado en titanio, lo que reduce su peso a unos 4,200 kg, facilita su transporte por helicópteros medianos y aviones de carga. Alcance máximo de 30 km con munición estándar y 40 km con munición asistida por cohetes.
  • Municiones compatibles: Puede disparar municiones de alto explosivo (HE), municiones de precisión GPS (M982 Excalibur), municiones de humo, y de iluminación, entre otras.
  • Costo aproximado: $3.74 millones por unidad.
  • Comentarios: Es de origen británico, por lo tanto altamente probable que sea vetada su venta.


CAESAR 155 mm (Nexter)

  • Características: Obús montado en camión de 155 mm. Cuenta con un alcance de 40 km con municiones estándar y 55 km con municiones asistidas. Ofrece alta movilidad debido a su plataforma sobre ruedas y su capacidad de ser aerotransportado en aviones C-130.
  • Municiones compatibles: Incluye HE, Excalibur, fumígenas y de iluminación, con opciones de munición guiada por GPS.
  • Costo aproximado: $5 millones por unidad.



LG1 Mark II de 105 mm (Nexter)

  • Características: Remolcado, ligero (alrededor de 1,500 kg), ideal para operaciones en terrenos montañosos y aerotransportable. Rango efectivo de hasta 17 km con municiones asistidas.
  • Municiones compatibles: Municiones de 105 mm HE, munición de iluminación y humo.
  • Costo aproximado: $600,000 a $1 millón por unidad.





M119A3 de 105 mm (BAE Systems)

  • Características: Obús remolcado ligero usado en el Ejército de EE. UU., de 2,050 kg, alcance de hasta 19.5 km con munición de cohetes asistida. Ideal para despliegue rápido en diferentes terrenos.
  • Municiones compatibles: Municiones HE, fumígenas y de iluminación.
  • Costo aproximado: $400,000 a $500,000 por unidad.
  • Comentarios: Es de origen británico, por lo tanto altamente probable que sea vetada su venta. 


 

M198 de 155 mm

  • Características: Obús remolcado que puede disparar una amplia gama de municiones de 155 mm con un alcance máximo de hasta 30 km. Aunque más pesado, ofrece gran potencia de fuego y alcance extendido.
  • Municiones compatibles: HE, de fragmentación, de humo, de iluminación y municiones de precisión Excalibur.
  • Costo aproximado: $527,000 por unidad.





FH-70 de 155 mm

  • Características: El FH-70 es un obús remolcado de 155 mm con un alcance de hasta 24 km con munición convencional y hasta 30 km con munición asistida por cohetes. Aunque más pesado (alrededor de 9,500 kg), tiene un sistema de propulsión auxiliar que le permite desplazarse por sí mismo en distancias cortas, lo que facilita su posicionamiento en el campo de batalla.
  • Movilidad: Puede desplazarse hasta 20 km/h en terreno llano gracias a su motor auxiliar Volkswagen, proporcionando cierta independencia en el posicionamiento.
  • Municiones compatibles: Dispara municiones de 155 mm, incluyendo alto explosivo (HE), iluminantes, fumígenas, y municiones de precisión como el proyectil guiado M982 Excalibur.
  • Costo aproximado: Dependiendo del estado de conservación y modernización, el costo de una unidad usada ronda entre $200,000 y $500,000. Nuevas o modernizadas pueden superar el millón de dólares.
  •  Comentarios: Existe participación británica en su diseño y producción, por lo tanto podría ser probable que sea vetada su venta. 




Estas opciones ofrecen distintas capacidades y niveles de modernización, siendo útiles en configuraciones tanto móviles como de despliegue fijo. La elección depende de factores operativos específicos como movilidad, logística y compatibilidad con municiones ya disponibles en inventario.

Por las capacidades a reemplazar, el candidato sería el LG1 de Nexter dado que es de origen francés, sin veto británico, con capacidad de disparar munición compatíble con el M56.


Boran Light Towed Howitzer
(Turquía)

Es un obús ligero remolcado de calibre 105 mm, desarrollado por MKEK (Mechanical and Chemical Industry Corporation) en Turquía. Diseñado principalmente para operaciones en terrenos difíciles y zonas montañosas, el Boran es altamente móvil y está pensado para ser transportado por helicópteros o vehículos ligeros, lo que facilita su despliegue rápido en condiciones de combate difíciles.

Algunas características clave del Boran incluyen:

  • Alcance máximo: hasta 17 km con munición de alto poder explosivo.
  • Peso ligero: alrededor de 1,780 kg, que facilita su transporte y operación en terrenos difíciles.
  • Precisión mejorada: cuenta con sistemas de control de fuego digitales, que aumentan la precisión y permiten una rápida puesta en posición para disparar.

El Boran ofrece a las fuerzas armadas la capacidad de proporcionar apoyo de fuego efectivo y flexible, ideal para unidades de reacción rápida y operaciones en áreas de difícil acceso donde otros sistemas de artillería serían menos efectivos o más difíciles de desplegar.







Consideraciones finales

Cada opción tiene sus ventajas según las necesidades operativas. Los modelos LG1 Mark III y Boran son ideales para fuerzas que buscan alta movilidad y compatibilidad con sistemas OTAN modernos. Estas opciones ofrecen distintas capacidades y niveles de modernización, siendo útiles en configuraciones tanto móviles como de despliegue fijo. La elección depende de factores operativos específicos como movilidad, logística y compatibilidad con municiones ya disponibles en inventario. Lamentablemente existen opciones muy buenas pero de producción británica.

Por las capacidades a reemplazar, el candidato sería el LG1 de Nexter dado que es de origen francés, sin veto británico, con capacidad de disparar munición compatíble con el M56. El Boran todavía es desconocido pero podría evaluarse seriamente este candidato.

Argentina: Opciones para mejorar al asalto aerotransportado