domingo, 29 de marzo de 2026

COAN: Zubizarreta y el absurdo accidente que costó su vida

Todo falló, menos su valor: el último vuelo del piloto que murió tras regresar de una misión en Malvinas


El capitán de navío Zubizarreta partió hacia las islas el 23 de mayo de 1982 con su A-4Q Skyhawk. Sobre la flota, no pudo lanzar sus bombas por un desperfecto técnico. Cargado con los explosivos, casi sin combustible regresó al continente. aterrizó en ´la pista mojada y resbaladiza de Río Grande. Debía eyectarse, pero el mecanismo también falló. Los instantes finales de un héroe

El Capitán de Corbeta Carlos Maria Zubizarreta junto al piloto Teniente de Corbeta Gustavo Diaz (castrofox.blogspot)

El 23 de mayo, la guerra que se vivía en el cielo de las Malvinas, a mil kilómetros por hora, a 480 millas del continente, llegaría a la base de Río Grande. Tomaría otra dimensión, más cercana, más brutal. Mostraría su cara en el asfalto húmedo, a la vista de todos.

Sucedió en el regreso de una misión que había conducido el jefe de la Tercera Escuadrilla Aeronaval de Caza y Ataque, el capitán Rodolfo Castro Fox, con los aviones A-4Q.

Castro Fox había sufrido un accidente nueve meses antes. La tardía expulsión del asiento eyectable en una jornada de entrenamiento en el portaviones 25 de Mayo hizo que cayera al mar con su avión desde 13 metros de altura y perdió el conocimiento tras el impacto contra el agua. Lo trasladaron al hospital en helicóptero. Sufrió dos paros cardiorrespiratorios y la fractura de su brazo izquierdo. No había vuelto a volar hasta abril de 1982, cuando se declaró la guerra, pero estaba inhabilitado para realizar misiones de combate. Sin embargo, Castro Fox informó a sus superiores que se sentía obligado a desobedecer la prohibición: no podía mandar a sus pilotos al combate aéreo si él no lo hacía. Su disminución física le impedía operar el avión con normalidad. Un mecánico debía ayudarlo para abrir y cerrar la cabina; tampoco podía accionar la palanca del tren de aterrizaje con la mano izquierda, debía hacerlo cruzando el brazo derecho.

Por su parte, al inicio de la guerra, el estado de los aviones de la escuadrilla era desolador. Los A-4Q ya habían excedido su vida útil, tenían las alas fisuradas, los cañones registraban problemas técnicos para impactar sus proyectiles, y los cohetes de los asientos eyectores estaban vencidos, con un margen de seguridad limitado. Con el esfuerzo logístico del personal de mantenimiento se reemplazaron alas y también se incorporaron otros pilotos de otras unidades. La escuadrilla quedó conformada por doce pilotos con ocho A-4Q preparados para atacar las unidades de superficie del enemigo.

Castro Fox había sufrido un grave accidente meses antes y dos infartos, sin embargo informó a sus superiores que se sentía obligado a desobedecer la prohibición: no podía mandar a sus pilotos al combate aéreo si él no lo hacía (castrofox.blogspot)

El 23 de mayo, en su misión hacia Malvinas, a Castro Fox lo acompañaban el capitán Carlos Zubizarreta, el teniente Carlos Oliveira y el teniente Marcos Benítez.

El objetivo había sido el de todas las misiones: atacar las naves que encontraran en la bahía San Carlos y, si no encontraban nada, hacerlo sobre las instalaciones del puerto.

Partieron pasado el mediodía. Volaban juntos, en formación, para no perderse de vista. Pronto Oliveira tendría fallas en el traspaso de combustible y regresaría a la base. Cuando divisaron Gran Malvina, se elevaron por los cerros y luego bajaron, navegación rasante, pegados al agua. El capitán Pablo Carballo, que lideraba la misión de A-4B Skyhawk, los había precedido en la incursión, dos minutos antes. Les transmitió por radio la posición actualizada de las naves de superficie y de los Sea Harrier. Carballo estaba en el vuelo de regreso; su avión había recibido un misil en el ala derecha disparado desde tierra y otro había pasado muy cerca de su cabina cuando atravesaba Pradera del Ganso, para girar y volver a atacar. Pensó en eyectarse, pero sentía que podía dominar el avión y confiaba en que aterrizaría en Río Gallegos. Otro A-4B de su formación no había lanzado, del otro no tenía novedades, y había perdido a un piloto, al primer teniente Luciano Guadagnini, que había descargado su bomba sobre la HMS Antelope, una fragata de tipo 21 que había sustituido a Ardent como muralla, dispuesta a atacar con sus cañones y a atajar todo lo que le arrojaran.

Un proyectil lanzado desde la fragata impactó sobre el ala del A-4B de Guadagnini, y ya estaba a punto de caer al agua, pero en un esfuerzo soberbio el piloto giró e impactó sobre el mástil de Antelope. Su avión se desintegró y cayó al mar. (Después del cuarto intento frustrado por desactivarla, una de sus bombas explotaría en la sala de máquinas. Antelope quedaría envuelta en una bola de fuego, mientras los tripulantes abordaban un bote del Intrepid. Cuando estaban a mil metros se produjo la explosión, que quedaría registrada como una de las imágenes más dramáticas de la guerra por las Malvinas. El casco de Antelope se partiría en dos y la nave se hundiría).

La HMS Antelope se hunde luego de haber sido atacada por los pilotos argentinos en el Estrecho de San Carlos (AP)

Este era el reporte de Carballo sobre el estrecho San Carlos pasado el mediodía del 23 de mayo. Antes de ingresar a la zona caliente, Castro Fox puso su A-4Q a cien metros del agua y deseó suerte a sus numerales, que venían detrás. La pasada aérea por el estrecho no tomaba más de un minuto. El minuto decisivo. El sol brillaba, pero el cielo se veía negro por el humo de las explosiones y el fuego de los cañones.

Cuando vio a su blanco, el Intrepid, en la boca de la bahía, también vio una especie de luz que salía desde la proa y se dirigía hacia él. Era un misil. Giró rápido a la derecha y enfiló hacia la nave, descargó sus bombas y fue saliendo del estrecho en vuelo rasante, moviendo su avión de un lado a otro para escapar hacia la base. Detrás de él venían sus dos numerales, Benítez y Zubizarreta. Les habían tirado dos misiles desde tierra, que pasaron entre sus dos aviones, pero habían superado sin daños la barrera antiaérea. Benítez había descargado sus bombas sobre Antelope. Aunque no escuchó su explosión, había quedado alojada en la fragata. Zubizarreta no había podido lanzar por una falla en el sistema.

En su regreso, Castro Fox advirtió que se quedaba sin combustible; los tanques externos no transferían en forma normal. Optó por un perfil de vuelo diferenciado, a más de 12 mil metros de altura. No sabía si llegaría a aterrizar o se eyectaría en el mar. Lo iría evaluando. Les dijo a sus pilotos que no lo acompañaran: quería quedarse solo.

Zubizarreta y Benítez continuaron vuelo. En la base estaban contentos porque sabían que volvían los tres A-4Q de San Carlos. Lo habían verificado con el radar en tierra. Los pilotos y mecánicos de las escuadrillas los habían despedido y ahora estaban en la plataforma del hangar para recibirlos, como se hacía siempre en cada misión. El aterrizaje era inminente. En ese momento empezó a lloviznar, una garúa muy tenue, con un fuerte viento.

El capitán Roberto Curilovic, que tenía experiencia porque era señalero en portaviones de A-4Q, salió corriendo a la pista y ordenó que se armase el sistema de frenado. El A-4Q, sobre pista mojada y semihelada, corría el riesgo de hacer aquaplaning. Tenía ruedas muy finas, para aterrizaje en portaviones, y con la alta presión de inflado perdía adherencia y podía hacer deslizar al avión sin control. Entonces, si el gancho de cola del avión lograba enganchar el cable que atravesaba la pista y empezaba a arrastrarlo, el propio cable le daba estabilidad y frenaba la carrera de la aeronave. Pero no llegaron a armarlo a tiempo.

El avión de Zubizarreta regresaba casi sin combustible. No había podido lanzar las bombas; sobrevoló un barco y el eyector no funcionó. Existe un sistema de emergencia que permite que se las tire inertes. El lanzador y las bombas se arrojan sobre el mar y no explotan. Pero Zubizarreta no las quiso tirar, no quiso perder el armamento; prefirió regresar con las bombas a la base para preservarlas.

Tercera Escuadrilla Aeronaval de Caza y Ataque, fotografiados el 20 de Mayo de 1982: Sylvester, Medici, Lecour, Oliveira, Carlos Zubizarreta, Olmedo, Arca, Alberto Phillippi, Castro Fox, Rótolo, Benítez y Alejandro Diaz

Su A-4Q aterrizó en la pista húmeda con viento cruzado, perdió el control, empezó a viborear y se fue a un costado de la pista delante de los pilotos y mecánicos, de todo el personal de la base. Se fue detrás de un montículo y se incrustó sobre el barro. Al irse de pista con las bombas abajo, Zubizarreta debía eyectarse hacia arriba.

En situaciones normales, el asiento sube a determinada altura, la capota de la cabina se dispara y se abre. Y si no se dispara el asiento, tiene clavijas que rompen la cabina. Pero el cartucho del asiento no lo despidió a la altura necesaria. No lo expulsó con suficiente energía. Había fallado el cohete del asiento; estaba vencido y se había prorrogado su uso.

Zubizarreta cayó al pavimento de la pista desde considerable altura sin el paracaídas desplegado. Las bombas no explotaron y solo quedó afectada la nariz del avión. A la semana el A-4Q estaba volando otra vez. Pero Zubizarreta falleció por el impacto pocas horas después.

Su féretro fue subido a un avión Fokker F-28 de la Armada. Una formación lo despidió con honores.

* Marcelo Larraquy es periodista e historiador (UBA) Su último libro publicado es “La Guerra Invisible. El último secreto de Malvinas”. Ed. Sudamericana.


sábado, 28 de marzo de 2026

Tiro de precisión: Gevär M/96 [Mauser M96 sueco] a 1.000 yardas

Doctrina militar: Diseño de una fuerza de planificación


Diseño de la Fuerza de Planificación

Entre el pensamiento científico, el pensamiento lateral y la imaginación: Una reevaluación


Haim Assa || Dado Center
 

“Es la lucha ancestral y desigual entre crítica y creación, ciencia y arte; la primera puede tener siempre razón, pero sin beneficio para nadie”.

Hermann Hesse, Bajo la rueda


Introducción

Con el paso de los años, la Investigación Operativa y el Análisis de Sistemas se han vuelto predominantes en los procesos de toma de decisiones sobre el diseño de las fuerzas armadas israelíes . Toda idea conceptual que se convierte en iniciativa práctica debe someterse a un proceso de evaluación analítica extenso, exhaustivo y sistemático. El propósito de este proceso es evaluar la viabilidad tecnológica, la utilidad y los beneficios esperados de la idea, así como otros tipos de evaluaciones que puedan servir de apoyo a los responsables de la toma de decisiones. Si bien se trata sin duda de un proceso importante, con el tiempo se ha convertido en un proceso decisivo, que prácticamente define el marco del discurso. Estos procesos analíticos sistemáticos también tienden a la cautela, es decir, priorizan, aunque sea de forma involuntaria, la reducción del riesgo sobre la maximización de las probabilidades de éxito.

Este artículo intentará esclarecer la conexión entre la tendencia mencionada y la conclusión de que las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) no están logrando diseñar una fuerza que responda a las amenazas que enfrenta Israel. En cada escalada de violencia, resulta evidente que las FDI utilizan los recursos a su alcance, en lugar de los que deberían tener.

Existe un consenso generalizado sobre la transformación de nuestro entorno, la naturaleza de los conflictos y muchas otras dinámicas. Sin embargo, los procesos de diseño de fuerzas de las FDI se han mantenido inalterados. En otras palabras, si bien el entorno y las amenazas han cambiado drásticamente, la planificación del diseño de fuerzas se ha aferrado a los mismos métodos matemáticos y científicos. En general, las FDI no consideran la necesidad de emplear la imaginación para generar una perspectiva que permita comprender el potencial existente del enemigo. Este artículo argumentará que la solución reside en una combinación de pensamiento lateral —en el contexto de las posibilidades que el enemigo pueda desarrollar y su potencial conceptual y tecnológico— junto con una metodología de investigación operativa cuya ventaja radica en la optimización local, un tipo de análisis relacionado con las misiones tácticas.

Cuando la optimización operativa se encuentra con la estrategia subversiva

El centro de gravedad de las amenazas contra Israel se ha desplazado de los Estados (con excepción de la amenaza iraní) a las organizaciones terroristas o guerrilleras. Como resultado de este cambio, surge la pregunta de por qué Israel no logra derrotar a las organizaciones enemigas (partiendo de la base de que este es su objetivo estratégico). Esta pregunta cobra mayor relevancia al analizar las enormes diferencias en inversión y las ventajas cuantitativas y de recursos de las que Israel disfruta en este tipo de conflictos. Al parecer, lo que ha sido, será. En los conflictos recientes, y previsiblemente también en los futuros, la falta de una victoria decisiva es una constante. En cierto momento, ambas partes se reúnen en el Consejo de Seguridad de la ONU y alcanzan un acuerdo para implementar un alto el fuego que no satisface a ninguna, y poco después, estos entendimientos se rompen y el conflicto se reanuda. Dentro del concepto de seguridad israelí, este ritual se conoce como el "concepto de rondas" o "gestión de conflictos".

Aparentemente, el conflicto se está gestionando. Sin embargo, desde una perspectiva amplia, la forma en que se gestiona consume numerosos recursos del Estado de Israel, principalmente en tres áreas: la vida humana, la economía y la gobernanza. Las interconexiones entre estos ámbitos crean una masa crítica que impone un coste sustancial a Israel en materia de seguridad nacional. A diferencia del ámbito de la seguridad, en su definición estricta, que se centra únicamente en cuestiones de seguridad, el ámbito de la seguridad nacional abarca múltiples dimensiones de todos los ámbitos: desde la sociedad hasta la economía, la infraestructura y la seguridad personal, pasando por la gobernanza; e incluye también la seguridad. Esta visión más amplia considera que este enfoque de gestión de conflictos por etapas perjudica los intereses generales del Estado de Israel. Esto se debe principalmente al temor de que la sensación de inestabilidad y escepticismo que probablemente resulten de nuevas rondas de violencia beneficie a las organizaciones terroristas, cuyo objetivo es subvertir el proceso de gestión de conflictos y la sensación de control inherente a él. De hecho, podríamos decir, de forma simplificada, que estas organizaciones tienen la función opuesta: erosionar la estabilidad. No solo eso, sino que las herramientas a su disposición son infinitamente más baratas, accesibles y fáciles de usar que las del Estado que gestiona el conflicto. Además, las bajas civiles que llevan a Israel a atacar a estas organizaciones, paradójicamente, las fortalecen: perjudican la imagen de Israel en el ámbito internacional y consolidan la posición de estas organizaciones en sus respectivos ámbitos internos. En esencia, en caso de guerra con Israel, lo único que estas organizaciones necesitan hacer es resistir el ataque israelí e intentar atacar a la población civil israelí. Este principio organizativo es más fácil, barato y eficiente que los intentos de Israel de atacar quirúrgicamente a grupos terroristas en zonas densamente pobladas por civiles inocentes.

Lo asombroso, y quizás lo más triste, es que Israel continúe haciéndolo, guerra tras guerra, debido a una ceguera persistente.

¿Qué significa derrotar decisivamente al enemigo?

Cualquier debate sobre seguridad nacional debe incluir el término «derrota decisiva» (Hachra'a en hebreo). Es bien sabido que el concepto de seguridad de Israel se compone de tres elementos básicos: disuasión, alerta temprana y derrota decisiva; recientemente se añadió un cuarto concepto: defensa. En este artículo nos centraremos en el término «derrota decisiva». Sostengo que una derrota militar decisiva significa: «Una campaña militar que culmina con la capacidad de una de las partes para imponer un acuerdo diplomático a expensas de la otra». El bando vencedor puede dictar la situación diplomática tras la guerra, y el bando vencido se ve obligado a aceptar estas imposiciones, consciente de que su rechazo acarreará consecuencias aún más graves. En realidad, desde la guerra de Yom Kippur de 1973, no se ha producido ninguna operación militar que haya conducido a una derrota decisiva, salvo quizás la Operación Escudo Defensivo en 2002, que terminó con una derrota militar decisiva, pero sin coacción diplomática posterior. En este mismo contexto, pero desde la perspectiva opuesta, también existe un estado de «ausencia de derrota decisiva». Esto significa que ambas partes llegaron a la conclusión de que habían agotado su capacidad para lograr nuevos avances o que la inversión necesaria para conseguirlos sería demasiado costosa y, por lo tanto, no merecería la pena. En consecuencia, recurrieron al Consejo de Seguridad y el conflicto terminó con un alto el fuego.

La dificultad de derrotar decisivamente al enemigo

¿Cuáles son los fenómenos que dificultan que un ejército regular nacional derrote de forma decisiva a una organización terrorista o guerrillera, como se logró en la Segunda Guerra Mundial o en la Guerra de Independencia de Israel de 1948? Señalaré cuatro fenómenos clave:

La primera es la falta de soberanía de las organizaciones terroristas o guerrilleras en el territorio del Estado donde operan. Carecen de una estructura gubernamental sólida y de centros de poder militar definidos que puedan ser identificados y atacados. Su principal capacidad radica en extorsionar a los Estados enemigos, principalmente a su población civil. Estas organizaciones, por lo general, no buscan capturar territorio para derrotar al Estado enemigo, sino continuar atacando a la población civil, incluso mientras se llevan a cabo negociaciones de alto el fuego en el Consejo de Seguridad de la ONU. Esto les permite controlar la decisión sobre cuándo cesarán la extorsión a la población civil. Así se desarrollaron los acontecimientos en 2006: la resolución de alto el fuego de la ONU, la Resolución 1701 del Consejo de Seguridad, entró en vigor solo después de que el representante de Hezbolá en el gobierno libanés diera su aprobación y solo después de que Hezbolá comprendiera que las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) estaban a punto de enviar grandes contingentes al Líbano. En el estado de debilitamiento militar en el que se encontraba la organización tras tres semanas de combates contra las FDI, prefirió aceptar un alto el fuego en los términos dictados por Israel.

El segundo fenómeno, el enfoque operativo de estas organizaciones —el ocultamiento, el camuflaje y el fuego rápido tanto hacia la población civil como hacia las fuerzas militares—, dificulta que las fuerzas armadas regulares las ataquen de manera eficiente y rápida y las obliguen a cesar su actividad armada.

El origen del tercer fenómeno reside en las diferentes perspectivas sobre las bajas civiles. Para una organización guerrillera o terrorista, el daño causado a civiles de su bando —civiles que viven en el mismo estado o civiles identificados con la organización pero que «no participan» militarmente— no constituye un fracaso. Más bien, es una forma de generar apoyo popular y fomentar la identificación con la organización, además de presentar al estado enemigo como un adversario común.

El cuarto y último fenómeno se relaciona con el motivo ideológico que propició la creación y la continua motivación de estas organizaciones terroristas y guerrilleras. Buscan alcanzar objetivos políticos mediante la violencia y, por lo tanto, mientras no sean derrotadas de forma decisiva y total, seguirán aferradas a sus valores fundacionales y continuarán recurriendo a la violencia. En consecuencia, incluso las derrotas locales decisivas no suponen una derrota política. Podemos observar, por ejemplo, la falta de una derrota decisiva contra Hezbolá y Hamás reflejada en los intentos de Israel por influir en la situación diplomática, a pesar de no haber logrado una victoria militar decisiva, en las dos retiradas unilaterales que tuvieron lugar.

Una inversión no rentable

Al parecer, la disciplina conceptual que determina que una victoria decisiva sobre el enemigo provocará su rendición ha perdido vigencia en la última década, por decirlo suavemente. Sin embargo, es prematuro concluir que este concepto esté obsoleto. En la planificación del diseño de fuerzas, también se debe considerar la posibilidad de que los enemigos estatales vuelvan a ocupar un lugar central. No podemos descartar la posibilidad de que una recuperación siria amplíe el abanico de amenazas que enfrenta Israel; por ejemplo, un alto el fuego podría permitir que el ejército regular sirio vuelva a representar una amenaza para Israel. Un Estado debe tener en cuenta una amplia gama de amenazas potenciales.

Dicho esto, retomaré el tema de la derrota decisiva del enemigo y lo relacionaré con la cuestión de la inversión. Anteriormente argumenté que la derrota decisiva de un ejército regular depende de dañar su centro de gravedad y destruir sistemáticamente su columna vertebral de mando: la fuerza aérea, los cuerpos blindados, las defensas antiaéreas, el mando y control, e incluso la captura y el control de territorio crítico. Durante la Guerra del Golfo, los estadounidenses añadieron un elemento adicional: el régimen gobernante, cuyo ataque podía provocar el colapso del propio Estado.

Esta perspectiva se complica al aplicarla a las organizaciones. Estas carecen de estructuras organizativas, sistemas jerárquicos y la presencia de estados mayores y niveles logísticos. En consecuencia, los ejércitos regulares se ven obligados a perseguir escuadrones de cohetes o guerrillas que constituyen objetivos de baja detectabilidad. Los intentos por mejorar las capacidades de inteligencia, reducir el tiempo necesario para «cerrar el ciclo entre sensor y tirador» y aumentar la potencia de fuego suelen arrojar resultados insatisfactorios. Además, controlar y capturar el territorio donde operan estas organizaciones no necesariamente pondrá fin al fuego contra Israel, ciertamente no en los plazos que Israel establece para el cese de las hostilidades de este tipo.

Debido a todo lo anterior, podemos argumentar que el nivel de inversión en bajas, presupuesto y desarrollo por parte de una organización guerrillera o terrorista para lograr sus objetivos estratégicos es mucho menor que el necesario para detener, neutralizar o derrotar decisivamente a dicha organización. Este problema se agrava directamente por el hecho de que, a medida que una organización guerrillera desarrolla y utiliza tecnología más antigua o primitiva, sus probabilidades de supervivencia aumentan al enfrentarse a fuerzas armadas regulares. Los misiles Qassam, de maniobra aérea, presentan costos de fabricación y uso insignificantes en comparación con la enorme inversión israelí en el sistema Cúpula de Hierro. El costo de construir túneles para Hamás, que constituyen una amenaza significativa para Israel, es insignificante en comparación con la inversión israelí en el desarrollo de sistemas para contrarrestar esta amenaza. Estos dos ejemplos demuestran lo que aparentemente cabe esperar en el próximo conflicto: organizaciones terroristas y guerrilleras capaces de desarrollar, con relativa rapidez y a bajo costo, desafíos operativos para Israel que requerirán una inversión mucho mayor para desarrollar una respuesta adecuada.

La diferencia entre la inversión que las organizaciones deben realizar para desarrollar sistemas con alta capacidad de supervivencia, capaces de causar daños significativos a Israel, y la inversión que Israel necesita realizar para desarrollar sistemas que neutralicen dichas amenazas es de al menos dos órdenes de magnitud. Por ejemplo, si el desarrollo del sistema Qassam costó alrededor de 10 millones de dólares, el costo necesario para desarrollar el sistema Cúpula de Hierro asciende a mil millones de dólares: una diferencia de dos órdenes de magnitud.

Esta brecha permite a las organizaciones participar en combates durante un período más prolongado del que Israel desearía. El abanico de  posibilidades operativas para estas organizaciones es enorme e ilimitado. Cualquier solución a los problemas de túneles o cohetes sin duda las obligará a buscar otro sistema de armas —económico , eficiente y rápido— y, si bien Israel dará una respuesta, esta llegará tras un largo período y una gran inversión. Además, la posibilidad de lograr una derrota decisiva se vuelve más remota en este caso. Las organizaciones conocen bien esta brecha y se basan en ella para evitar que un Estado enemigo las derrote de forma decisiva. Continuarán operando de la misma manera mientras Israel siga diseñando sus fuerzas a partir de la identificación de brechas, basándose en la experiencia adquirida durante hostilidades anteriores y en su propia percepción de la situación actual.

Es decir, mientras Israel continúe diseñando sus fuerzas basándose en las discrepancias entre su evaluación de la situación y sus capacidades existentes, siempre estará un paso por detrás o se encontrará permanentemente desequilibrado en relación con las capacidades del enemigo.

Diseño científico de la fuerza comparado con el pensamiento lateral de un líder de pandilla callejera

Las metodologías de diseño de fuerzas en Israel se basan en la discrepancia entre la evaluación de la situación israelí —de las amenazas que enfrenta— y las respuestas existentes a dichas amenazas. El estamento militar debe subsanar esta discrepancia mediante una planificación adecuada del diseño de fuerzas. La lógica que subyace a esta subsanación se denomina «lógica minimax»: una lógica cautelosa y calculada que determina que no se puede permitir ninguna oportunidad al enemigo y que es necesario realizar una optimización casi matemática para distribuir los recursos entre todas estas vulnerabilidades. Este concepto tiene su origen en la teoría de juegos. La lógica minimax nos garantiza que, entre los peores resultados posibles, obtendremos el menos grave. Sin esta lógica, una ruptura sería probable y, como consecuencia, nos veríamos obligados a afrontar posibilidades intolerables.

Parecería un proceso de pensamiento lógico y apropiado. Sin embargo, en realidad presenta un problema inherente: nos dedicamos a la optimización basándonos en eventos pasados ​​o en información parcial sobre las intenciones del enemigo. Mientras planificamos en función de nuestra experiencia, el enemigo ya está preparando una amenaza nueva y más económica, que en la mayoría de los casos inicialmente consideraremos una mera curiosidad o algo sin importancia. La diferencia entre una amenaza seria y una inofensiva radica principalmente en la estrategia de uso del enemigo, que se refleja en el nivel de uso y su naturaleza. El misil Sagger era bien conocido por las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) antes de la guerra de Yom Kipur. Su uso sorprendió a las FDI. Lo mismo ocurre con los túneles. Las FDI los conocían desde hacía una década antes de que se enfrentaran a la amenaza en combate, pero su conversión en un activo estratégico por parte de Hamás —numerosos túneles y capacidades ofensivas— sorprendió a las FDI.

El uso de cohetes y misiles es otro ejemplo. Ya en 1991, Saddam Hussein lanzó misiles Scud contra Israel. Muchos investigadores de operaciones predijeron antes de la guerra que no lanzaría misiles contra Israel por temor a una respuesta israelí contundente. Argumentaban que los beneficios esperados de lanzar varios barriles de explosivos —a veces incluso rellenos de hormigón en lugar de explosivos—, comparados con la dura respuesta israelí a los lanzamientos, lo disuadirían de hacerlo. Finalmente, Saddam lanzó 39 misiles contra Israel. Lo hizo porque reconoció una vulnerabilidad israelí: la población civil. Los misiles de hormigón de Saddam no estaban destinados a causar decenas o cientos de víctimas. Su función era perturbar la vida cotidiana de los ciudadanos israelíes, menoscabar su sensación de seguridad personal e interrumpir el funcionamiento continuo de los sistemas existentes. En esencia, Saddam pensaba que estos misiles tenían como objetivo generar una ventaja estratégica al desestabilizar la coalición occidental en su contra y unificar a la opinión pública árabe a su favor. Esta idea se popularizó y, por razones similares, las organizaciones terroristas se equiparon con numerosos cohetes y misiles de gran precisión que transportan explosivos convencionales. Esto generó un nuevo problema para Israel que requirió una enorme inversión.

Hasta hace veinte años, Siria solo contaba con unas pocas docenas de misiles de superficie. Durante ese mismo período, los investigadores encargados del diseño de fuerzas consideraban esta amenaza como de muy bajo nivel. Veían los cohetes como un problema limitado que posiblemente podría convertirse en una amenaza sustancial en el futuro, pero en aquel entonces existían amenazas mayores que requerían inversión. La mentalidad israelí se guía por herramientas de investigación operativa y sigue la lógica de invertir en lo que es claramente visible. Lo que el enemigo pueda hacer en el futuro tiene baja prioridad. El problema radica en los distintos procesos de pensamiento del enemigo, en su lógica diferente: elegiré algo que sorprenda a Israel y lo obligue a luchar durante un largo período, impidiendo que me derrote decisivamente, hasta que se imponga un alto el fuego. El proceso de pensamiento del enemigo no es militar. Es similar al de una organización criminal local: dos entran a un banco, otros dos distraen a la policía y luego todos escapan.

Ante este tipo de pensamiento, contamos con planificadores de fuerzas inteligentes y talentosos que utilizan modelos matemáticos para generar optimizaciones basadas en los tipos de conflicto a los que nos hemos acostumbrado. Estos organismos de planificación no logran comprender la mentalidad de los cabecillas del crimen organizado local. Esta enorme brecha solo puede superarse evaluando las diferentes proporciones de inversión que cada parte necesita para alcanzar sus objetivos. Peor aún, si estas dos líneas de pensamiento coexisten, los delincuentes seguirán teniendo ventaja, llegando a un alto el fuego impuesto sin que el Estado pueda derrotarlos de forma decisiva.

¿Dónde está el problema?

Normalmente podemos encontrar el final del hilo, pero no podemos estimar su longitud, importancia ni naturaleza. En otras palabras, podemos identificar el comienzo de una nueva amenaza para Israel, pero no somos capaces de estimar su verdadera importancia debido a nuestra adhesión al pensamiento y la planificación científica, o al pensamiento dirigido por la investigación operativa. Nos resulta difícil pensar como el líder de una pandilla callejera y, por lo tanto, nos sorprende el "ladrón" enemigo. Necesitamos liberarnos de nuestra esclavitud al pensamiento contable/de investigación operativa y empezar a pensar de forma "lateral". Pensar como ellos. Invertir en posibles situaciones que puedan surgir y que no sean las que ya hemos enfrentado.

El enfoque de la investigación operativa es relevante para evaluar los componentes de la fuerza en una misión definida, una vez que se conocen y definen todos los componentes del enemigo. Sin embargo, para obtener una visión completa, se requiere un enfoque diferente, innovador, centrado en el próximo movimiento del enemigo y en la decisión de invertir con anticipación para detenerlo.

El precio de este enfoque es evidente. Tras identificar el límite de la línea de defensa, necesitamos la capacidad de predecir los pasos lógicos que el enemigo podría dar, lo que obligará a Israel a realizar una inversión considerable para garantizar una cobertura integral, cuando en realidad es probable que no todos estos pasos se materialicen. Sin embargo, sigue siendo conveniente invertir en todas estas posibilidades. Incluso si el enemigo no ha renovado sus capacidades, crearemos un nuevo campo en el que tendremos una ventaja cualitativa preventiva, no como respuesta a una deficiencia, sino en un ámbito de capacidad operativa que nos permitirá tomar la iniciativa de una manera para la que el enemigo aún no ha desarrollado una respuesta adecuada. Y si el enemigo renueva sus capacidades, esta opción se habrá tenido en cuenta en la planificación del diseño de la fuerza. Este resultado es muy significativo e incluso podría permitir la derrota decisiva de un enemigo con capacidades organizativas limitadas.

Dado que el número de "extremos de hilo" no es grande, la inversión siempre valdrá la pena. La lógica que guía este proceso es la siguiente: ¿Cómo puede el enemigo utilizar las nuevas capacidades que surjan y aprovecharlas para convertirlas en una plataforma estratégica que le permita obtener logros (desde su perspectiva)?

El primer elemento de esta lógica consiste en evaluar la capacidad del enemigo para equiparse con armamento y entrenar a técnicos o combatientes en dichas tecnologías. Es evidente que los esfuerzos de inteligencia estatales se centran precisamente en este asunto, pero el punto crucial es el siguiente: incluso si no existen pruebas suficientes de que una nueva plataforma se convierta en un elemento ofensivo estratégico, pero existe la posibilidad de que se extienda hasta el punto de servir a Hamás o Hezbolá, la planificación del diseño de fuerzas debe tratar la amenaza como si dicha capacidad existiera y deben realizarse esfuerzos para neutralizarla lo antes posible.

Una y otra vez, el largo período de tiempo que Israel tarda en encontrar una respuesta a los nuevos acontecimientos de las organizaciones permite a estas resistir, evitar una derrota decisiva y crear una situación en la que Israel prefiere un alto el fuego.

La capacidad de una organización enemiga para sorprender y reorganizarse podría convertirse en un arma de doble filo si el diseño de las fuerzas de las FDI logra reducir la preponderancia del enfoque científico tradicional en sus procesos de planificación. No toda inversión en el diseño de fuerzas requiere pruebas físicas y de inteligencia sólidas, como las exigidas en un juicio penal. El enemigo no es inocente hasta que se demuestre su culpabilidad, y su inclinación natural es aprovechar cualquier oportunidad tecnológica para dificultarnos las cosas, sin restricciones organizativas ni procesos de minimización de riesgos ni estudios de viabilidad. El pensamiento y la imaginación son fundamentales, y debemos derivar de ellos las vías de inversión para el diseño de fuerzas. Si bien hemos aprendido que se necesitan pruebas sólidas —base de toda ciencia, excepto la ciencia de la guerra— , en la guerra hay lugar para el pensamiento lateral, que suele ser decisivo.

Conclusión

Invertir en soluciones para nuevos desafíos innovadores, con los que el enemigo pretende sorprendernos, tiene valor estratégico incluso si resulta que Israel invirtió en estrategias ilusorias. La capacidad de Israel para neutralizar el factor sorpresa del enemigo al inicio de las hostilidades también reviste una enorme importancia para su capacidad de derrotarlo decisivamente.

La posibilidad de lograrlo no reside en los procesos de diseño de fuerzas basados ​​en la investigación operativa, sino en aquellos que se fundamentan en la capacidad de imaginar y de pensar como el adversario. El personal involucrado en estos procesos debe adaptarse a una forma de pensar basada en una profunda comprensión de la lógica del sistema enemigo: la lógica del líder de una banda callejera de ladrones. Deben centrarse en cómo las organizaciones que piensan como una banda callejera conciben el éxito en un conflicto contra un Estado. Existe una considerable similitud entre este nuevo mundo y el ciberespacio. El análisis de las posibles acciones del enemigo resulta más apropiado para los «hackers» que para los intelectuales del ámbito académico. Las herramientas de la investigación operativa son cruciales para el diseño de fuerzas, pero no son las óptimas ni las más relevantes para los contextos estratégicos y operacionales. Debemos limitar su uso a los casos en que la misión esté claramente definida y se conozcan la mayoría de los aspectos clave.

[1]  El teniente coronel (res.) Dr. Haim Assa es el jefe del laboratorio de simulación Simlab en el Taller Yuval Ne'eman de Ciencia, Tecnología y Defensa de la Universidad de Tel Aviv.

viernes, 27 de marzo de 2026

ARA: Protección del Mar Argentino, por el Contralmirante Hernán Montero (Servicio de Hidrografía Naval)

Egipto: Inventario de drones en servicio

 

Vehículos aéreos no tripulados de las Fuerzas Armadas egipcias






Egipto cuenta actualmente con uno de los ejércitos más poderosos de Oriente Medio, con un total de 438 efectivos. Sus tropas están equipadas principalmente con armamento y equipo de fabricación extranjera, incluyendo armas adquiridas a Estados Unidos, la URSS/Rusia, China y Europa. Sin embargo, el país también adquiere licencias de productos de defensa extranjeros y desarrolla su propio armamento .

Egipto tradicionalmente compra equipo militar a diversos países y no depende exclusivamente de un solo proveedor. Esto le sirve de protección ante posibles sanciones repentinas que podrían privar a sus fuerzas armadas de repuestos y municiones. Actualmente, la Fuerza Aérea Egipcia opera aviones suministrados por Rusia, Francia, Estados Unidos y China, y la situación es similar para las demás ramas de las fuerzas armadas egipcias. Esto complica significativamente la adquisición de repuestos, consumibles y municiones, pero garantiza que las fuerzas armadas egipcias nunca estarán completamente desarmadas. Esto se aplica plenamente a los vehículos aéreos no tripulados.



Tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, el interés internacional por los UAVs fue escaso, considerándose principalmente como blancos aéreos para el entrenamiento de artillería antiaérea y como aeronaves de reconocimiento fotográfico de corto alcance. Entre las décadas de 1950 y 1970, Estados Unidos y la URSS desarrollaron y adoptaron UAVs propulsados ​​por reactores. Estos drones eran capaces de realizar reconocimiento fotográfico, televisivo, radiofónico y radioeléctrico de la zona, así como de interferir equipos de comunicaciones y defensa a una distancia de entre varias decenas y varios cientos de kilómetros desde el punto de lanzamiento.

Los estadounidenses utilizaron activamente drones a reacción durante las operaciones de combate en el sudeste asiático, e inmediatamente después de la guerra de Vietnam, se probaron drones capaces de transportar cargas útiles de combate. Sin embargo, este campo no tuvo mucha acogida en Estados Unidos en aquel momento, y los UAVs de ataque y reconocimiento quedaron en el olvido durante un tiempo.

Sin embargo, los vehículos aéreos no tripulados no fueron olvidados en todas partes, e Israel continuó desarrollando activamente drones de reconocimiento pilotados a distancia de clase media, que demostraron su alta eficacia a principios y mediados de la década de 1980 durante los combates con las fuerzas sirias. Los drones israelíes Mastiff captaron la atención internacional tras la Operación Artsab-19, llevada a cabo en junio de 1982, que logró derrotar con éxito a la fuerza de defensa aérea siria Feda en el Líbano. Además de contrarrestar los sistemas de defensa aérea y los radares sirios, los drones también realizaron misiones de reconocimiento para las Fuerzas Terrestres.

Los egipcios siguieron de cerca los avances de Israel en tecnología de vehículos aéreos no tripulados, pero no pudieron adquirir directamente sistemas israelíes no tripulados. Se alcanzó un acuerdo preliminar en la cumbre de Camp David de 1978, y en 1979, los jefes de Estado firmaron el Tratado de Paz entre Israel y Egipto en Washington, lo que allanó el camino para que el ejército egipcio adquiriera armamento de Estados Unidos y los países de la OTAN.

UAV de reconocimiento Teledyne Ryan Modelo 324 Scarab Jet


El compromiso de Egipto con la diversificación de sus fuentes de armas y equipos también se refleja en su arsenal de vehículos aéreos no tripulados (VANT). Egipto opera actualmente varios tipos de VANT y avanza con confianza hacia el desarrollo de sus capacidades en este campo, no solo adquiriendo nuevos drones, sino también obteniendo licencias de producción y desarrollando los suyos propios. En un momento dado, el ejército egipcio incluso superó a las Fuerzas Armadas rusas en el ámbito de los sistemas militares no tripulados.

Tras el "avance no tripulado" de Israel, otros estados de Oriente Medio comenzaron a mostrar interés en los drones de reconocimiento. Para el reconocimiento de largo alcance, a distancias de 500 km o más, los generales egipcios buscaban una versión mejorada del AQM-34 Lightning Bug, que había tenido un buen desempeño en Vietnam y había servido en la Fuerza Aérea israelí. Sin embargo, a mediados de la década de 1980, esta aeronave, cuyos orígenes se remontaban a mediados de la década de 1950, estaba completamente obsoleta, por lo que la empresa estadounidense Teledyne Ryan rediseñó el dron a reacción Scarab Modelo 324 para Egipto.

El primer Scarab propulsado por reactor, construido para un pedido egipcio, realizó su primer vuelo en 1988. Se trataba de un elegante vehículo aéreo no tripulado con alas bajas en flecha, aletas de cola dobles, un motor turborreactor Teledyne CAE 373-8C que producía 4,3 kN de empuje y una toma de aire en la parte superior del fuselaje trasero. Este UAV tiene 6,12 m de longitud y una envergadura de 3,35 m. Su peso en vacío es de 1130 kg. Su velocidad máxima es de 970 km/h. Su techo de servicio es de 16 000 m. Su alcance operativo es de 2250 km.


Lanzamiento del UAV Scarab Modelo 324 mediante un propulsor de cohete sólido.

El UAV Modelo 324 se lanza desde un remolque mediante un propulsor de combustible sólido y aterriza con paracaídas. Antes del aterrizaje, se activa una bolsa inflable amortiguadora en la parte inferior del fuselaje.


El avión de reconocimiento no tripulado Modelo 324 mide 6,12 metros de largo, con una envergadura de 3,35 metros. Su peso neto es de 1130 kg. Su velocidad máxima es de 970 km/h. Su techo de servicio es de 16 000 m. Su alcance operativo es de 2250 km. Se controla en ruta mediante un programa preprogramado, pero también se proporciona un sistema de control remoto con un alcance de hasta 120 km. Para los estándares de finales de la década de 1980, era una aeronave de reconocimiento no tripulada muy avanzada, cuyo rendimiento rivalizaba con el de muchas aeronaves de reconocimiento táctico tripuladas.

La Fuerza Aérea Egipcia recibió 56 aviones de reconocimiento Scarab. Varios drones se perdieron durante operaciones antiterroristas llevadas a cabo por las fuerzas de seguridad y el ejército en la península del Sinaí. Según información actualizada, aproximadamente dos docenas de UAV Scarab Modelo 324 siguen en servicio.

UAV de reconocimiento y patrulla R4E-50 SkyEye


El modelo 324 Scarab, un vehículo aéreo no tripulado (UAV) subsónico de largo alcance propulsado por un motor a reacción, satisfizo en gran medida la necesidad de la Fuerza Aérea Egipcia de contar con una aeronave de reconocimiento estratégico. Sin embargo, este UAV era demasiado complejo y costoso para vuelos de patrulla rutinarios y misiones de reconocimiento de corto alcance para unidades terrestres relativamente pequeñas. Debido a la gran necesidad de UAV con un rendimiento comparable al del Tadiran Mastiff israelí o el IAI Scout, la adquisición de UAV estadounidenses R4E-50 SkyEye comenzó en 1989.


UAV SkyEye R4E-50

Este vehículo aéreo no tripulado (VANT) fue desarrollado por Developmental Sciences Inc., empresa que posteriormente fue adquirida por la corporación aeroespacial británica BAE Systems, a principios de la década de 1970. El primer prototipo voló en 1973. Sin embargo, debido a la escasa financiación y la falta de demanda militar, el desarrollo del VANT avanzó muy lentamente. Los pedidos de modelos de producción llegaron una década después, tras una reevaluación de la experiencia en combate de los drones israelíes.

El VANT R4E-50 SkyEye pesa 570 kg (1270 lbs) listo para volar. Mide 4,1 m (13,5 pies) de largo y tiene una envergadura de 7,23 m (23,5 pies). Su motor de pistón refrigerado por aire de 53 caballos de fuerza proporciona una velocidad de hasta 200 km/h (124 mph) y puede transportar una carga útil de 82 kg (186 lbs) de cámaras diurnas de alta resolución, cámaras termográficas u otros equipos. Su techo de servicio es de 4600 m (14 600 pies). El vehículo puede permanecer en el aire durante más de 8 horas.

Egipto adquirió cincuenta sistemas R4E-50 SkyEye, que desempeñaron un papel clave en la vigilancia de las regiones desérticas de la península del Sinaí y participaron en las operaciones de las fuerzas de seguridad contra los islamistas.


Actualmente, los drones de este tipo se consideran obsoletos y se están eliminando gradualmente durante los ejercicios de defensa aérea.

UAV de reconocimiento y patrulla ASN-209


Tras la adquisición de los drones descritos anteriormente, hubo una pausa de aproximadamente 10 años, y a principios del siglo XXI, el número de vehículos aéreos no tripulados (VANT) de patrulla y reconocimiento en las fuerzas armadas egipcias había disminuido considerablemente debido al desgaste natural y a los accidentes de vuelo. Además, los drones en servicio estaban bastante obsoletos.

Para modernizar su flota de vehículos aéreos no tripulados, en 2010 se adquirió un gran lote de VANT ASN-209 de China, y se estableció la producción bajo licencia con el apoyo técnico de Xi'an Aisheng Technology Group Co., Ltd. La Fuerza Aérea Egipcia recibió un total de cincuenta ASN-209.


Modelo de UAV ASN-209

Este dron de exportación, desarrollado en el marco de una colaboración chino-israelí, está diseñado para vigilancia en el campo de batalla, apoyo de fuego de artillería y misiones de patrulla. El modelo mide 4273 metros de largo, tiene una envergadura de 7,5 metros y un peso al despegue de 320 kg. Con una carga útil de 50 kg, el dron puede operar a una distancia de hasta 200 km de la estación de control y permanecer en el aire hasta 10 horas. Su velocidad máxima de vuelo alcanza los 180 km/h. Su velocidad de crucero oscila entre 120 y 140 km/h. Su altitud máxima de vuelo es de 5000 m.


Al igual que con otros modelos, el lanzamiento se realizó desde un camión utilizando un propulsor de combustible sólido, y el aterrizaje fue mediante paracaídas.


Varios vehículos aéreos no tripulados ASN-209 se perdieron durante los combates con militantes islámicos en la península del Sinaí.

UAV de ataque NUT


En 2021, el dron kamikaze NUT, basado en el dron de reconocimiento ASN-209, fue presentado al público en general.


Maqueta del dron de ataque egipcio NUT presentada en la feria aeroespacial EDEX 2021.

El dron tiene un peso máximo de despegue de 340 kg y transporta una ojiva de 50 kg. Su depósito de combustible de 95 litros le permite recorrer más de 1000 km. El resto de sus especificaciones son prácticamente idénticas a las del ASN-209.

UAV de reconocimiento y ataque Hamza-2


Durante la feria aeroespacial EDEX-2025, celebrada en El Cairo en diciembre de 2025, la Organización Árabe para la Industrialización (AOI) de Egipto firmó un acuerdo con la empresa china NORINCO para la producción y venta conjunta del UAV Hamza-2.


Modelo del UAV de ataque y reconocimiento Hamza-2

El UAV Hamza-2 se basa en el probado dron chino ASN-209 y está equipado con un nuevo sistema de control y sensores optoelectrónicos avanzados, un radar de apertura sintética y sistemas de guerra electrónica. Dos puntos de anclaje pueden albergar misiles guiados y armas aire -tierra.

La longitud total del dron es de 4,27 m. La envergadura es de 7,5 m. El peso máximo al despegue es de 320 kg. La capacidad de carga útil es de 50 kg. La velocidad máxima es de 180 km/h. La velocidad de crucero es de 140 km/h. El techo de servicio es de 5000 m. El alcance es de 200 km. La duración del vuelo es de hasta 10 horas.

Vehículos aéreos no tripulados de reconocimiento y ataque Wing Loong I y Wing Loong II


En 2016, la Fuerza Aérea Egipcia comenzó a operar drones de alcance medio Wing Loong I de fabricación china, capaces de transportar armas guiadas. Este vehículo aéreo no tripulado es desarrollado y fabricado por Changhe Aircraft Industries Corporation, con sede en Jingdezhen, provincia de Jiangxi. Algunas fuentes afirman que Egipto ha recibido aproximadamente 75 de estos UAV, pero esta cifra parece ser exagerada.


UAV Wing Loong I

Expertos occidentales creen que este dron es una copia adaptada del MQ-1 Predator estadounidense. Sin embargo, representantes chinos en ferias aeroespaciales afirman consistentemente que el Wing Loong I es un desarrollo completamente independiente.

Con un valor de exportación de aproximadamente 1 millón de dólares, el Wing Loong I es popular entre los compradores extranjeros. Actualmente, se han adquirido aeronaves de este modelo en, además de Egipto, Indonesia, Kazajistán, Uzbekistán, Nigeria, Serbia y los Emiratos Árabes Unidos. Según la Corporación Nacional China de Importación y Exportación de Tecnología Aeroespacial, se han exportado aproximadamente 150 UAV de este tipo.

El UAV Wing Loong I es un monoplano de ala media con alas de alta relación de aspecto. La unidad de cola consta de un único estabilizador en forma de V, que apunta hacia arriba desde el fuselaje (a diferencia del MQ-1 Predator, que apunta hacia abajo). Un motor de pistón de 100 caballos de fuerza, ubicado en la parte trasera del fuselaje, impulsa una hélice propulsora de paso variable de tres palas. Bajo el morro se aloja una unidad optoelectrónica esférica diseñada para la vigilancia continua del área objetivo, la adquisición y la designación de objetivos.

La aeronave, con un peso al despegue de 1100 kg, puede transportar una carga útil de hasta 200 kg. Su envergadura es de 14 m y su longitud de 9,05 m. Su velocidad máxima es de 280 km/h y su velocidad de patrulla oscila entre 150 y 180 km/h. Su techo de servicio es de 5000 metros. Según las preferencias del cliente, su armamento puede incluir diversas municiones guiadas lanzadas desde el aire con un peso de hasta 100 kg.


UAVs Loong I de la Ala Egipcia

El arsenal del dron incluye bombas aéreas y misiles guiados de pequeño tamaño, de clase aire-tierra. El armamento está montado en dos pilones bajo las alas. Los informes de los medios indican que, durante la operación, los UAV Wing Loong I, que están en servicio en varios escuadrones no tripulados de la Fuerza Aérea Egipcia, fueron actualizados con dos puntos de anclaje adicionales con una capacidad de carga útil de 75 kg.

En marzo de 2017, la Fuerza Aérea Egipcia llevó a cabo ataques en el norte del Sinaí como parte de una operación contra militantes islámicos. Misiles guiados por láser impactaron edificios que albergaban terroristas y vehículos en movimiento. Dieciocho militantes murieron. Drones de este tipo también se han utilizado en combate en Yemen y Libia. Al menos un dron fue derribado por fuego antiaéreo cerca de la ciudad libia de Misrata.

Tras revisar la experiencia de uso del UAV Wing Loong I, el mando de la Fuerza Aérea Egipcia inició la compra de una modificación mejorada: el Wing Loong II, también conocido como Chengdu GJ-2.

El UAV Wing Loong II está propulsado por un motor turbohélice y se diferencia de las versiones anteriores por su mayor peso máximo al despegue (4200 kilogramos), sus mayores dimensiones y su mayor autonomía de vuelo (32 horas). Este modelo es capaz de volar a una velocidad de 370 km/h (230 mph) a una altitud de hasta 9000 m (30 000 pies). El UAV Wing Loong II tiene una configuración similar a la del Wing Loong I, pero es considerablemente más grande.


El UAV Wing Loong II en el Salón Aeronáutico de Dubái de 2017.

La envergadura ha aumentado casi un 50 % (hasta 20,5 metros) y el peso al despegue se ha multiplicado por 3,5. Según información oficial, el nuevo dron de ataque y reconocimiento cuenta con una configuración aerodinámica optimizada, una estructura mejorada y sistemas a bordo actualizados. Además de un rendimiento superior, el Wing Loong II incorpora un conjunto ampliado de sistemas optoelectrónicos y electrónicos, así como una mayor capacidad de armamento. El peso de las armas, montadas en seis puntos de anclaje bajo las alas, se ha incrementado hasta los 480 kg, y se han añadido bombas guiadas por láser de 150 kg al arsenal.

UAV ligero de reconocimiento RQ-20B Puma AE I


Desde 2010, el ejército egipcio utiliza drones RQ-20B Puma AE I de la empresa estadounidense AeroVironment para realizar reconocimientos en el campo de batalla, proporcionar información de puntería a la artillería y guiar drones kamikaze. Se desconoce el número exacto de drones Puma adquiridos por Egipto, pero es posible que superen los 100.


UAV RQ-20B Puma AE I

Este UAV está diseñado para estar listo para operar en cuestión de minutos. Con un peso en vacío de tan solo 6,2 kg, el Puma se puede lanzar manualmente. Su envergadura es de 2,8 m y su longitud de 1,4 m. Un motor eléctrico de 1 caballo de fuerza le proporciona una velocidad de vuelo de hasta 83 km/h. La velocidad de patrulla es de 38 km/h. Su autonomía de vuelo supera las 3 horas. Su techo de servicio es de 180 m. La carga útil consiste en una cámara de video digital con visión diurna y nocturna. Las imágenes se transmiten en tiempo real.


El ejército egipcio utilizó activamente los drones RQ-20B Puma AE I en operaciones antiterroristas contra militantes islámicos. Varios de estos drones fueron destruidos por disparos de armas ligeras.

Vehículo aéreo no tripulado (UAV) de reconocimiento tipo helicóptero Schiebel Camcopter S-100


En 2020, se realizó una demostración del UAV tipo helicóptero Schiebel Camcopter S-100 en la cubierta de un buque de desembarco de helicópteros de la clase Mistral. Casi al mismo tiempo, surgieron informes de que Egipto se estaba preparando para obtener una licencia para producir helicópteros no tripulados, pero esto no pudo confirmarse de manera fehaciente.


Un vehículo aéreo no tripulado (UAV) tipo helicóptero Schiebel Camcopter S-100 en la cubierta del Egyptian Mistral.

El UAV tipo helicóptero Schiebel Camcopter S-100 fue diseñado por la empresa austriaca Schiebel en 2005 y ha tenido cierto éxito en el mercado internacional de armas. El número total de unidades encargadas por clientes extranjeros ha superado las 200.


La aeronave de despegue y aterrizaje vertical (VTOL) tiene un peso máximo de despegue de 200 kg. El diámetro del rotor es de 3,4 m. Un motor Schiebel Wankel de 55 hp proporciona una velocidad máxima de vuelo de 220 km/h. La velocidad de crucero es de 190 km/h. La capacidad de carga útil es de hasta 50 kg. El alcance es de hasta 180 km. La autonomía de vuelo es de 5 horas. El techo de vuelo estacionario es de 5500 m. El dron puede transportar cargas útiles como varios sensores optoelectrónicos combinados con un telémetro láser, así como dos misiles guiados ligeros diseñados para atacar objetivos terrestres y marítimos.

UAV de reconocimiento y ataque Yabhon United 40


Según datos de referencia, la Fuerza Aérea Egipcia opera drones Yabhon United 40, también conocidos como Yabhon Smart Eye II. Este dron, desarrollado en los Emiratos Árabes Unidos por Adcom Systems, cuenta con licencia para su producción en Egipto, y actualmente hay aproximadamente 15 de estas aeronaves en servicio.


UAV Yabhon United 40

Este dron cuenta con un fuselaje en forma de S y un ala en tándem de alta relación de aspecto. Las alas delanteras están impulsadas por dos motores de pistón Rotax 914UL de 115 caballos de fuerza con hélices de paso fijo. La estructura del avión está construida con materiales ligeros modernos. El UAV no tiene elevadores, y el control de cabeceo se logra ajustando el ángulo de ataque del ala delantera.

El UAV tiene 11,13 metros de largo. Su envergadura es de 17,53 metros. Su peso al despegue es de 2000 kg. Su carga útil es de hasta 900 kg. Su velocidad máxima es de 220 km/h. Su velocidad de crucero es de 120-150 km/h. Su techo de servicio es de 8000 m. Su autonomía de vuelo es de 100 horas. El UAV United 40 tiene cuatro puntos de anclaje para armas, cada uno capaz de soportar hasta 100 kg, y una bodega de bombas interna con un sistema de anclaje tipo carrusel con seis puntos de montaje.

Blanco aéreo Banshee Jet 40+

Los aviones objetivo no tripulados Banshee Jet 40+ se utilizan para el entrenamiento de defensa aérea en Egipto. Estas aeronaves son fabricadas por la empresa británica QinetiQ desde 2010 y son utilizadas por las fuerzas armadas de más de 15 países.


Blanco aéreo Banshee Jet 40+

El objetivo aéreo tiene un peso cargado superior a 80 kg. Su longitud es de aproximadamente 3 m. Su envergadura es de 2,6 m. Su velocidad máxima supera los 600 km/h. Su techo de servicio es de 8000 m. Su autonomía de vuelo es de aproximadamente 1 hora. El dron puede transportar bengalas térmicas o contramedidas electrónicas como carga útil.

Vehículo aéreo no tripulado (UAV) de reconocimiento y ataque, 6 de octubre


En EDEX 2023, el nuevo dron bimotor de gama media 6 de Octubre y su estación de control terrestre fueron presentados en la zona al aire libre.


Vehículo aéreo no tripulado (UAV) de reconocimiento y ataque, 6 de octubre

Este UAV de cola en V se desarrolló a partir de la documentación técnica proporcionada por los Emiratos Árabes Unidos. Si bien no se han revelado sus especificaciones, los expertos estiman que su peso al despegue alcanza los 3000 kg. Para mejorar su rendimiento aerodinámico, la aeronave está equipada con tren de aterrizaje retráctil. Su velocidad máxima de vuelo es de aproximadamente 260 km/h, mientras que su velocidad de crucero oscila entre 140 y 180 km/h. Su techo de servicio es de 6000 m.


La estación de control terrestre puede monitorear el dron a una distancia de hasta 240 km; para distancias mayores, se deben utilizar comunicaciones satelitales. Bajo las alas se encuentran cuatro puntos de anclaje para armas aire-aire.

UAV de ataque Jabbar-150


La Fuerza Aérea egipcia recibió recientemente el dron kamikaze Jabbar-150, que es muy similar en apariencia al Shahed-136 iraní.


Dibujo del UAV de ataque egipcio Jabbar-150

No se han revelado las especificaciones exactas del dron egipcio Shahed. Se sabe que puede transportar una ojiva de hasta 40 kg y tiene un alcance de aproximadamente 1000 km. La aeronave mide entre 3 y 3,5 metros de largo, tiene una envergadura de aproximadamente 2,5 metros y un peso bruto de aproximadamente 200 kg.


Una versión de reconocimiento del UAV Jabbar-150

También existe una versión de reconocimiento, que lleva una cámara de vídeo instalada en la sección de la cabeza y cuya imagen se transmite a una estación terrestre.

UAV de ataque Jabbar-250


Un modelo de ataque mucho más avanzado es el UAV propulsado a reacción Jabbar-250, presentado en la exposición aeroespacial internacional EDEX 2025.


Maqueta del avión de ataque no tripulado Jabbar-250 en la exposición aeroespacial internacional EDEX 2025.

El dron kamikaze, equipado con una ojiva de 50 kg, mide 2,34 m de largo y tiene una envergadura de 3,45 m. Su peso al despegue es de 250 kg. Su velocidad máxima es de 576 km/h. Su alcance es de 1500 km.

Así pues, tras examinar la línea de drones mencionada, se puede concluir que Egipto ha subsanado en gran medida el retraso en vehículos aéreos no tripulados (VANT) que sufrió a finales de la década de 1990 y principios de la de 2000, y, gracias al apoyo técnico extranjero, está desarrollando activamente su industria de VANT. Egipto aspira no solo a equipar a sus propias fuerzas armadas con drones, sino también a exportar sistemas no tripulados a países de Oriente Medio y África.