sábado, 21 de junio de 2025

Crisis del Beagle: Libro "Sur en llamas" por Peter J. Bush


Sur en llamas




Un libro de Peter J. Bush






‘Sur en llamas’ es una novela de ficción histórica sobre el conflicto del Beagle de 1978. Una guerra entre países hermanos, donde familias unidas por el amor se dividen para defender sus propias banderas.

 


 

 Capitulo 1. A modo de prólogo

La falta de acuerdo llevada a cabo con honestidad, es un claro signo del progreso.

Mahatma Gandhi

El hecho fundamental y casi indiscutible de que naciones como Argentina y Chile, compartieron, comparten y van a compartir una raíz común que abarca el idioma y cultura española, parentesco familiar en muchos casos en ambos países, un origen independentista común y por sobre todo; una religión común: La Católica Apostólica Romana; además del judeo-cristianismo como base, cultural e histórica; ha funcionado como una póliza de seguro o un freno capaz de retardar y hasta frenar un pico de conflicto, tal como sucedió en el caso del año 1978. De haberse llevado a cabo este conflicto u otras hipótesis de conflicto históricos, sin duda el precio en sangre y el daño al espíritu nacional de ambos países; hubiese sido casi irreparable.

No es difícil ir más allá de la evidencia con nuestra imaginación; cuando las fotos de época mostraban a militares de ambos bandos rezando el rosario o celebrando misa. Esos hechos, ciertamente aunaron de una manera invisible y sobrenatural a las fuerzas militares de ambas partes; que en su gran mayoría, tenían el solo objetivo de defender la soberanía nacional y los límites que ellos racionalmente comprendían sobre la misma.

También sería ‘naive’ el negar que la Argentina perdió en su historia más territorios de los que ganó; la razón de esto se podría observar claramente en la falta de población y por sobre todo de unidad interna capaz de enhebrar la territorialidad de manera eficiente. Caso contrario; Chile siempre tuvo más unidad nacional; y su territorio se ha expandido desde su mapa inicial, de acuerdo al Chile original; originado en territorios previamente españoles. Vale la pena aclarar, que, hoy en día, gran parte de la riqueza económica de Chile se basa en la minería del cobre; que es extraído directamente de territorio conquistado por Chile a Bolivia durante la sangrienta y heroica, ‘Guerra del Pacífico’.

La hermandad argentino-chilena; o viceversa; bajo la paternidad de Dios Padre, y su pontífice; el Papa; se confirmó históricamente, aquella misma mañana del día 22 de diciembre de 1978, cuando el hoy San Juan Pablo II, hizo su llamado ante el Colegio Cardenalicio de Roma, declarando lo siguiente. ‘Confirman la urgencia de la necesidad de luchar a favor de la paz, las tristes noticias llegadas recientemente del continente sudamericano. Es motivo de profundo dolor y de íntima preocupación el enfrentamiento que se ha ido agudizando en este último período entre Argentina y Chile, a pesar del vibrante llamamiento de paz hecho a los responsables, por parte de los Episcopados de los dos países, vivamente apoyados por mi predecesor Juan Pablo I’.

Esta declaración; fue una formalización de una hermandad, teñida de rencillas innecesarias, como también apoyada por una geografía llena de desafíos.

Hermandad de origen

Luego de la pequeña y heroica desobediencia de O’Higgins hacia San Martín en la batalla de Chacabuco; nadie osó en dudar del liderazgo y valentía de Bernardo O’Higgins; quien el mismo San Martín; impulsó para que se convirtiera en el primer Director Supremo de Chile; luego de la renuncia de San Martin de ocupar dicho cargo; otorgado a él inicialmente, por los mismos chilenos.

Bernardo O’Higgins fue luego herido en la batalla y sorpresa de ‘Cancharayada’, donde heroicamente defendió una posición indefendible cerca de Talca, antes de replegarse hacia las líneas argentinas. ‘Cancharayada’ fue una pequeña derrota, sin mucho valor estratégico ni histórico; pero claramente marcó que los ‘Realistas’ defendían sus colonias en serio.

Posteriormente, durante la batalla de ‘Maipo’, una hora antes de que este hecho histórico finalizara con el triunfo del ejército libertador a las 18hs del 4 de abril de 1818; justo a las 17hs; apareció el General O’Higgins todavía herido y con el brazo en cabestrillo.

En aquel momento el ejército patriota se aprestaba el último asalto contra las tropas realistas en la hacienda de Lo Espejo; hecho no definitorio; pues la batalla ya estaba resuelta; entonces, se produjo el famoso e icónico ‘abrazo de Maipo’, ocurrido en los ‘Cerrillos de Errázuriz’; donde más allá del abrazo; O’Higgins dijo a San Martín: ‘Gloria al Salvador de Chile’, respondiendo San Martín al aquel entonces Director Supremo de Chile: ‘General, Chile ni olvidará jamás el hecho que se haya presentado herido en el campo de batalla’. Dicho abrazo, significó muchísimo; puesto que ambos generales compartieron desde siempre; la visión de hermandad latinoamericana, además de una amistad de carácter claramente fraternal; lo cual implica per se, la abundancia de rencillas, casi de carácter familiar.

La férrea y real relación entre San Martín y O’Higgins; se vio particularmente reflejada cuando el General Argentino solicitó el sobreseimiento de los hermanos Carrera; acusados de delinquir contra el estado Chileno, y contra el mismo O’Higgins. Vale la pena reafirmar que el mismo Bernardo O’Higgins solicitó indulgencia contra sus propios enemigos, corroborando el pedido de San Martín.

Este ejemplo de unión, amistad y confianza entre San Martin y O’Higgins, debería ser quizás, el marco de cualquier diálogo y relación entre Argentina y Chile; que sin duda alguna; de estar unidos; el CONOSUR se convertirá en un bastión sudamericano; con capacidad de contrarrestar cualquier interés opuesto a la región; debido al claro control territorial de ambas naciones; con costas en el Atlántico y el Pacífico; además de la proyección a los Mares y territorios Australes.


 

 Capitulo 6. De tibio a caliente

Si todos hicieran la guerra por convicción, no habría guerra.

La guerra y la Paz. León Tolstoi

6 de noviembre de 1978, SS-21 Simpson. Órdenes directas: Guerra

Aquella noche, ya en la superficie del mar; el ‘Simpson’ que se mecía ante el ondulado y maternal oleaje Bahía Tekenika, el oeste de la Isla Hoste; recargó sus baterías mientras recibía mensajes cifrados de la Flota Chilena. La tripulación yacía calma bajo la cubierta; solo dos marineros sondeaban, desde la torreta del submarino; el horizonte brumoso y con demasiadas crestas espumosas a lo lejos.

A eso de las 10 en punto de la noche; el Teniente Primero Orozco, operador de radio del submarino; un vasco temucano, de seriedad inmaculada; recibió un mensaje cifrado desde el crucero ‘Latorre’, que leía: ‘Comienzo de operaciones bélicas inmediatas, dirigirse al este de las Islas Wollaston, ejercer patrulla y atacar transportes argentinos como prioridad. Se informó alta actividad enemiga en la zona. Suerte y valor’. Orozco quedó helado al leer el papel, y mirando el documento se dirigió al Teniente Segundo Raúl Pérez a los ojos, diciéndole:

‘Pérez, iré yo mismo a comunicar esto al Capitán. Esto es serio, él duerme; y quiero darle tiempo para que reaccione’.

Fuera del submarino, las estrellas se escondían ante el rumor de guerra; el ruido predominante era el mar del Sur; que golpeaba la cercana costa; en donde se escuchaban algunas pocas aves marinas; quizás ya alertadas del desorden humano acercándose: ‘La Guerra entre dos países hermanos’.

Orozco tardó 5 minutos, antes de golpear la puerta del pequeño habitáculo del Capitán Kremsher. ‘Toc-toc’, escuchó el apacible superior de la embarcación chilena; quien se puso en pie como un resorte, colocándose su gorra de Capitán, mientras contestaba: ‘Adelante’. Con parsimonia Orozco abrió la puerta y vio a su Capitán calmo y de pie junto a su cucheta. ‘Señor, disculpe la molestia, tenemos ordenes de la Flota, es el ‘Latorre’. Señor, vamos a la guerra nomás’; dijo de manera directa el Teniente originario de Temuco. Kremsher tardó 2 minutos en leer el sucinto mensaje de proveniente del mismo puente de mando, del buque del cual su primo Cote Kross era su comandante. Levantando su mirada fijó su mirada firmemente en Orozco para luego ordenar:

‘Teniente, a esta altura las baterías deben estar recargadas. Prepare a la tripulación, llévelo a 8 nudos mostrando torreta, navegaremos por el canal Franklin entre las islas Wollaston, para salir hacia el este de las mismas; donde nos sumergiremos a profundidad de periscopio. Carguen 6 torpedos MK-27, todos a sus puestos de combate. Hablaré brevemente con la tripulación, gracias Orozco’.

Acto seguido Kremsher tomó firmemente el micrófono y comenzó un claro mensaje, de un líder sin tapujos:

‘Buenas noches marineros. Buenas noches valientes compatriotas. Vamos a la guerra. La situación es difícil y desigual; Uds. Lo saben. Nuestro Simpson está herido; pero no así nuestro valor. Vamos a hundir mínimo a tres de ellos; si es preciso nos iremos al fondo con una sonrisa. Les pido valor y honor. ¡Viva Chile!’.

Inmediatamente, el eco del grito patriótico recorrió y fue repetido por los casi 80 bravos tripulantes.

7 de noviembre de 1978: ataque a Talcahuano

A las 430am de aquella tan triste mañana, la claridad matinal a esa hora en el Sur ya hablaba de otras latitudes. Los primeros en picar desde unos 4500 metros, fueron 2 cazabombarderos A4C Skyhawk de la FAA, que arrojaron sendas bombas tipo MK 117 [1] sobre los tanques de combustible naval ubicados en el área de San Vicente, al oeste de la península de Tumbes, donde se hallaba la ciudad de Talcahuano. El ataque había sido planeado casi a la perfección, las prácticas habían sido exhaustivas y hasta obsesivas. Cuatro oficiales habían sido relevados por errores de coordinación, en los entrenamientos de ataque en las bases de Espora y Tandil.

Segundos después, cuando ya los tanques de combustible comenzaron a bramar humos negros y blancos; otros 2 A4C de la FAA lanzaron cohetes ‘Zuni’ hacia los buques anclados en la Base Naval chilena, al otro lado de la península. Siguiendo a los A4 de la FAA, aparecieron 3 ‘A4-Q’ de la ARA que ahora con precisión arrojaron bombas antibuque contra los buques anclados o en los diques secos de la base. El débil fuego antiaéreo de los chilenos, de solo ametralladoras de 12.7 mm, no alcanzó ni a subir la adrenalina de los pilotos argentinos, que huyeron culpables pero indemnes. Los que si pagaron con algo de la culpa, fueron los ‘Mentor’ y Aermacchi MB-226 [2] navales, que segundos después terminaron el ataque aplastante, que destruyó a dos submarinos en dique seco, al destructor transporte de tropas ‘Riquelme’ y 3 patrulleras navales, además de haber dañado seriamente infraestructura naval y lo principal, el preciado combustible naval de la marina chilena.

El ataque a Talcahuano destruyó los submarinos chilenos ‘Hyatt’ y ‘Thomson’; armas letales de gran capacidad de fuego naval. En el informe final del ataque elevado por la FAA preocupó a Estado Mayor Conjunto, que no estuvo conforme con el resultado del ataque, puesto que el crucero ‘O’Higgins’ [3] no se hallaba en puerto; además, los aviones argentinos también informaron de un submarino sumergiéndose al momento del ataque. Probablemente, este fue el submarino SS22 ‘O’Brien’ en clara huida. Ahora los argentinos supieron como hecho cierto, que ambas unidades navales chilenas estarían operativas y potencialmente en zona de conflicto.

La primera baja de la guerra fue el Teniente de Corbeta Pettirozi, quien fuera derribado por fuego antiaéreo chileno, cayendo su avión ‘Mentor’ en las heladas aguas del Pacífico. Pettirozi murió de hipotermia, según el informe chileno.

En las próximas horas, durante los días siguientes, la FAA, atacaría duramente a todas las bases de la FACh, incluyendo aeródromos secundarios; desde Santiago hacia el Sur. Para ello emplearía toda su fuerza, incluyendo aviones ‘Mirage’, ‘Dagger’, ‘Canberra’ y ‘Skyhawk’. Durante los ataques; la FAA perdió solo 5 ‘Skyhawk’ y 1 ‘Canberra’; pero asimismo, destruyó todos los objetivos asignados para la primera semana de guerra.

En un inicio; los ‘Hawker Hunter’ y pocos F5 ‘Freedom Fighter’ que la FACh despachó desde ‘Cerro Moreno’ como interceptores contra los aviones argentinos que atacaron las pistas de Santiago y Valparaíso llegaron tarde debido a la distancia de vuelo, siendo totalmente inefectivas sus misiones. Además, la FACh, mayoritariamente, no se adentró en territorio argentino de manera ofensiva. Por una cuestión de supervivencia, la Fuerza Aérea Chilena; luego de haber perdido todas sus bases del centro y sur, y al no recibir ataque argentinos en el norte; decidió preservar sus ‘F5’ y ‘Hawker’ en el lejano norte, para un seguro ataque peruano-boliviano que se venía.

Cielos de Tierra del Fuego

Hacia las 11 de la mañana del 7 de noviembre, y ya habiendo comenzado las hostilidades; los 8 aviones ‘Hawker Hunter’ chilenos, del grupo ‘Panteras Negras’ fue ordenado por la comandancia de la FACh a despegar, con máximo combustible y armados con bombas antibuque y cohetes; al efecto de atacar buques argentinos en la zona de conflicto. La FACh al conocer el ataque de Talcahuano comenzó a movilizar sus unidades aéreas a rutas pavimentadas o aeródromos ocultos.

Los ‘Hunter’ se dirigieron a 500 nudos hacia la zona del Beagle, despegando desde Chabunco, Punta Arenas. El objetivo era atacar la flota argentina en el área de las Wollaston.

Los Panteras Negras fueron detectados brevemente por el radar de Río Gallegos, y luego confirmados por el radar de Río Grande. En minutos cazas ‘Sabre’ y ‘Mirage’, argentinos, con base en ‘Gallegos’ corrieron a interceptar a los aviones chilenos.

El resultado fue el esperado; los ‘Hunter’ no iban armados con misiles aire-aire; estando solo preparados para atacar buques. Desde las alturas los ‘Sabre’ picaron disparando sus ametralladoras de 12.7 mm y desde unos 2000 metros de altura; los ‘Mirage’ dispararon sus misiles ‘Shafir’. El resultado del ataque sorpresa fue una masacre. En la primera barrida de misiles y ametralladoras; 4 ‘Hunter’ explotaron en el aire. Los 4 restantes ‘Hunter’ soltaron sus bombas y cohetes; así como su combustible y tomaron altura. Ya a 9000 metros, entre maniobras evasivas; los bien preparados pilotos chilenos, pudieron derribar 4 ‘Sabre’ de la FAA e incluso dañar un ‘Mirage’ que tardo demasiado en virar cuando lo perseguía un demasiado maniobrable ‘Hunter’.

Pasados los minutos; todos los aviones chilenos fueron derribados. Los chilenos pelearon hasta lo último. Los interceptores de la FAA volvieron lastimados a su base.

De ahora en más la superioridad aérea en el Sur Austral, sería absolutamente argentina. La FACh no movilizo un solo avión más hacia el Sur, a fin de no descuidar por sobre todo la amenaza Peruano-boliviana.

Murciélagos

Justo cuando a la tarde, el grupo ‘Lima’ de la FAA, compuesto por 10 ‘Skyhawk’, 4 Mirage III y 3 bombarderos Canberra comenzaba sus pasadas por las bases de la FACh de Pudahuel, Cerrillos y El Bosque; con el objetivo de destruir hangares, aeronaves y lo más importante las pistas; el ataque argentino encontró pocos aviones en tierra, destruyendo solo 2 Vampire, 16 ‘Tweet Bird’, 5 ‘Mentor’ y 10 viejos ‘A-26’. Lo más importante fue el bombardeo e inutilización de las pistas mencionadas.

La FAA no perdió un solo avión en dichos ataques; pero para sorpresa de todos; 8 aviones tipo ‘Vampire’ de la FACh, que se suponían ya retirados; atacaron en reprimenda y por sorpresa la base del Plumerillo’, con bombas de 225 kg y cohetes, destruyendo 5 aviones ‘Morane Saulonier’ en tierra.

Posteriormente, los 8 ‘Vampire’ fueron derribados por ‘Dagger’ de la FAA, cuando estos regresaban de su incursión mendocina.

7 de noviembre de 1978: SS22 O’Brien

Desde el interior del submarino chileno, bajo las profundidades del Pacífico; a unos 5 kilómetros de la ahora destruida base naval de Talcahuano, el Capitán de Navío Rodolfo Alemparte (h) observó con odio e impotencia el ataque argentino. La humareda marcó el desastre y pintó una clara tragedia. El primer combate de la guerra había sido una clara victoria para Argentina, y el Capitán Alemparte lo incorporó con dolor doble: dolor como nacional chileno, y también dolor por el resentimiento visceral hacia los argentinos. En su necesaria huida hacia las profundidades, Alemparte sintió ante todo, impotencia. Se sintió un espectador atado a una silla y amordazado por las circunstancias.

Luego recorrer todo el horizonte con el periscopio, Alemparte, dio su última orden seca:

‘Profundidad 150, máxima velocidad, todo hacia mar abierto’.

Rodolfo visualizó con el periscopio a unos 2 aviones argentinos dirigiéndose hacia su posición. El Capitán chileno no quiso arriesgar nada, y por ello ordenó que el submarino hiciera lo que mejor sabía hacer: desaparecer bajo las azules aguas del océano Pacífico.

En silencio, Rodolfo Alemparte, caminó por un pasillo incómodamente estrecho del longilíneo submarino, con una cara casi de estatua; haciendo la venia a sus hombres que inevitablemente se cruzaban a su paso a través del buque. Con miradas cortas, pero profundas, sus hombres parecieron hacerle miles de preguntas.

Aquel día, Alemparte no encontró aun respuestas. Ya en su camarote, y en máxima soledad, habló con el segundo a cargo, el Capitán de Corbeta Vidal; a quien le dio la orden de que no se lo moleste hasta llegar al punto de reabastecimiento, miles de kilómetros al sur. En el silencio del opaco camarote para oficiales, Alemparte abrió su vieja biblia, y como todos los días luego de leerla sollozó pidiendo explicaciones a un cielo por ahora demasiado lejano. Alemparte era el único familiar que se había convertido en ‘evangelista’; de entre tanto otro miembros familiares con formación y cultura ciertamente católica.

El ‘O’Brien’ comenzó a navegar en silencio, en un navegar limitado a dos tercios de su velocidad máxima, al igual que su profundidad de operación. El navío, se había escapado de su turno de mantenimiento en dique seco; por lo tanto, sus capacidades de combate y operatividad se verían de ahora en más limitadas.

 Capitulo 9. La batalla del Mar de Drake

Este triunfo y cien más serán insignificantes sino dominamos el Mar.

Advertencia del General Bernardo O’Higgins al pueblo chileno luego de la batalla de Chacabuco.

Media mañana, 8 de noviembre: Artillería costera, Isla Hermite

El suboficial Ojeda, en su posición en la batería costera en Hermite, fue el primero en divisar a la ‘división acero’ a unos 14 kilómetros de distancia. El viento helado, ahora se estaba convirtiendo en una nevisca salada, que irritaba los ojos de los observadores de la Armada Argentina. El horizonte estaba tapizado de nubes y el ondulado océano hacia aparecer y desaparecer los buques chilenos que avanzaban decidida y furiosamente hacia las Wollaston.

Al recibir la información, el Capitán Bonomí, que también había recibido por radio el movimiento de la flota chilena, ordenó alerta máxima y atacar a los blancos más grandes. Luego de su primera orden en apuro, Bonomí, también comunicó a su radio-operador con una voz vivaz:

‘Solicite apoyo aéreo, avise a las otras baterías, y al ‘Belgrano’, inmediatamente’. El crucero ARA ‘Belgrano’ comenzó a preparar sus 15 y letales cañones navales de 152 mm, con un alcance mayor a los 20 km.

La isla que escupió fuego.

Justo cuando el Comodoro chileno José Juan Kross, ordenó fuego desde el ‘Latorre’; una simple andanada sin objetivo ni propósito hacia la Isla Hermite, a los efectos de provocar a sus ocupantes; la isla Hermite misma pareció cubrirse se llamas. 17 cañones argentinos dispararon a mansalva, 15 del crucero ‘ARA Belgrano’, que se hallaba al norte de la Isla, anclado y protegido; y dos de la posición de los obuses tipo ‘Schneider’ bajo el comando de Bonomí, primo hermano y amigo del mismo Kross.

Los proyectiles parecieron desafiar y también faltarle el respeto al viento polar; volaron a sus blancos grises, allá hacia el también gris horizonte.

De la primera andanada de 17 proyectiles argentinos; 2 hicieron impacto, el primero destruyendo parte de la proa y completamente la torreta doble de proa de 150 mm del ‘Latorre’, y el segundo, mucho más drásticamente, en el puente de mando del destructor ‘Cochrane’, que detuvo su marcha en seco, al recibir un golpe directo en su pañol de municiones. Una segunda andanada argentina, no fue más benigna; a pesar de que los buques chilenos ya torcían su curso hacia el Sur; otros nuevos 17 proyectiles se elevaron elípticamente, para impactar nuevamente en el ‘Cochrane’, en el ‘Zenteno’, que también quedó paralizado en medio del combate, y en el crucero ‘Prat’, que, como macho campeón, siguió navegando a 25 nudos e indemne. Ante tanto fogonazo, los chilenos también dispararon, pero a ciegas, golpeando una trinchera en el centro de la isla Hermite, y matando a unos 12 infantes de Marina argentinos.

Dos golpes de gracia finales, vinieron uno desde el aire y otro desde el mar; pero desde la entrada oeste, entre las islas Hermite y Hoste; por donde se coló desde el norte la lancha torpedera ARA ‘Alakush’, que pasó por el único pasadizo sin minar hacia el Pasaje de Drake, lamiendo la costa este de la Isla Hoste, y finalmente descargando sus 4 torpedos antes de volver a su escondrijo en las Wollaston. De esos 4 torpedos disparados, uno terminó en un arrecife rocoso al norte de la Isla Hermite, levantando demasiada espuma, otro falló, otro no encontró blanco y el ultimo impactó en el timón del crucero ‘Latorre’ inutilizándolo por completo; que sin control comenzó a navegar humeante y casi como un fantasma directamente hacia el Sur la Isla Hermite.

Desde el aire; y entrando en vuelo rasante sobre el canal que separa la Isla Hermite y la Isla Hoste; 3 ‘A4-Q’, de la ARA, provenientes del ‘25 de Mayo’; lanzaron sendos cohetes tipo ‘Zuni’, impactando en los ya humeantes ‘Cochrane’ y ‘Zenteno’. Otro cohete pegó en la zona de las chimeneas del ‘Prat’, que ahora también comenzó a vomitar humo, pero sin dañar gravemente al coloso chileno. Otros 3 ‘Skyhawk’ ‘A4-Q’ navales también lanzaron bombas antibuque terminando con los dos destructores y averiando seriamente al destructor ‘Blanco Encalada’; que comenzó a navegar tocado hacia el oeste; seguramente buscando refugio en los fiordos del Drake.

El comandante del ‘Prat’, el Vicealmirante Bresser Gómez, ordenó a su buque alejarse de las Wollaston haciendo ahora forzados 20 nudos hacia el Sur, previo el disparo de varias salvas fumígenas que cubrieron su huida, junto con el destructor ‘Portales’, el único buque chileno que no había sido tocado aún. Bresser Gómez, mantuvo la máxima velocidad posible, y su idea fue la de realizar un círculo y penetrar por el Sur y por la entrada al este de las Wollaston e islotes; hacia la Bahía Nassau, donde atacaría con todo a los intrusos argentinos.

El Vicealmirante Bresser Gómez, miró un cuadro del héroe chileno Arturo Prat; en el puente de mando del buque bajo su comando y del mismo nombre. Los ojos del valientísimo Capitán Prat parecieron despertar una valentía absoluta y bien chilena, en el comandante del ‘Prat’; que con mirada de depredador habló por el micrófono de mando, inundando el buque con su recia vos:

Señores, esto recién empieza. Aquí vinimos a defender la patria. Lo haremos con todo. Haremos honor a este buque y al héroe que le diera el nombre’. De todas las cubiertas del ‘Prat’, esta vez surgió un menos serio ‘Viva Chile mierda’, que compitió con el rugido de los mares australes. Bresser Gómez, en su precaria simpatía, y con una mueca dura y parcial; sonrió por milésimas de segundo. Minutos después, del Vicealmirante, se encerraría en su camarote donde rezo por los fallecidos, entre ellos; su hijo Mauricio, tripulante del destructor ‘Cochrane’. En su interior Bresser Gómez, vio con claridad, que el destino celestial de su hijo era el Cielo; El Capitán Mauricio Bresser Gómez había muerto dando la vida por el prójimo, por su Patria, un camino seguro y directo al descanso eterno.

11 am, 8 de noviembre: enfrentando a la División Bronce

Una hora y media luego de haber detectado la división acero; el ‘Santiago del Estero’ todavía no pudo acortar distancias con sus presas, el lento submarino construido durante la segunda guerra mundial, seguía siendo demasiado lento para alcanzar buques de guerra en superficie a máxima velocidad; de modo tal, que la División Acero, se le escapó de las manos al ‘Santiago del Estero’ en poco tiempo.

Arriba el mar se estaba empezando a picar, creando ruidos de mar gruesa lo que disminuía la posible detección vía sonar. ‘Señor, escucho ruidos de explosiones tenues hacia el este, el rendimiento del sonar no es bueno; 10 a 20 km de distancia. Explosiones superficiales… Fuertes explosiones’, informó el Capitán de Corbeta Guede al Capitán Etchart, que demasiado ocupado estudiaba una carta de profundidad del Pasaje de Drake y zonas aledañas. ‘Gracias Guede, espero que sean ellos los que están explotando; llévelo a la superficie para ver que hay’; contestó el comandante del navío argentino.

Ya en superficie, el periscopio fue tomado por el Capitán Etchart, que entre las olas- montañas que subían y bajaban; limitando así su visibilidad. Justo, antes de sumergirse y de insultar a la nada por el bajo rendimiento del periscopio y el sonar; debido a la mar gruesa imperante; Etchart alcanzó a divisar con el periscopio un punto lejano acercándose rápidamente por los cielos, desde el sudoeste. ‘Todo abajo, un helicóptero. Mas buques chilenos en la zona, llévelo a 80 metros, máxima velocidad. Rápido’, gritó Etchart.

El Comandante del buque argentino, al ver el helicóptero que se acercaba a su posición, por una lógica básica y no necesariamente marina; con un simple y directo sentido de supervivencia, tomó la decisión más lógica ante la amenaza alada y letal que se acercaba rápidamente.

Veinte minutos después; el submarino argentino detectó otros buques chilenos en aproximación hacia el Cabo de Hornos. ‘Señor, detecto… buques tamaño medio… deben ser destructores, haciendo 25 nudos… Espere, otros buques detrás del primer grupo… navegando más lento… distancia más de 7 millas detrás del primero’. Informó el Capitán de Corbeta Marcelo Guede. ‘Bien…’; rascándose su barba con su mano derecha, ‘… suban a profundidad de periscopio, suban la antena, vamos a informar a la Armada de estos buques; tubos delanteros, 4 con los viejos M 14 y 2 con Mk 37, también carguen 2 Mk 37 en los de popa. Preparen solución para el primer grupo. Profundidad 40, llévelo lento’, ladró Etchart.

8 de noviembre: la división bronce se desparrama

Veinticinco minutos después y con ya con 6 torpedos en carrera hacia la escuadra chilena, disparados por el ‘ARA Santiago del Estero’, la división bronce; compuesta por los destructores ‘Williams’ y ‘Riveros’, más las fragatas ‘Condell’ y ‘Lynch’; los buques más modernos de la escuadra chilena; comenzaron a dispersarse al detectar a los torpedos argentinos; además de comenzar una búsqueda activa con todos sus medios del submarino atacante. Etchart, Capitán del ‘Santiago del Estero’ aulló con nerviosismo:

‘Máxima velocidad, hacia el norte, de nuevo a los fiordos, llévelo a 120 metros’.

De los 6 torpedos disparados por el ‘Santiago del Estero’, solo 3 impactaron en los buques chilenos. Un Mk 37 pegó en medio del casco de la ‘Condell’, inmovilizándola por completo y partiéndola al medio. Su gemela la ‘Lynch’ en un acto de caballerosidad y también riesgo detuvo sus motores colocándose a estribor, a fin de salvar a la tripulación de la ‘Condell’. Para desgracia del heroísmo naval de la historia de la humanidad; nada pudo detener al frío y calculador sensor de otro torpedo Mk 37 argentino que siguió navegando en aburridos círculos en búsqueda de presa fácil. Este torpedo, sin reconocer valentía en la fragata ‘Lynch’ que cubría y socorría a su gemela; también impactó en el centro del casco de dicho buque. El último torpedo del ataque del submarino argentino, un Mk 14, de corrida directa, alcanzó la proa del ‘Williams’, que emprendió rengueando su vuelta hacia el oeste, a unos 15 nudos de velocidad.

ARA Santiago del Estero: golpe y escape

En franca huida, el submarino argentino se arrastró bajo las profundidades del helado mar polar, haciendo a penas 8 nudos. ‘Señor tres explosiones, muchas corridas; y un buque acercándose a 25 nudos, distancia 6000 metros… Señor otras explosiones, varias explosiones… no son nuestros torpedos… alguien más ataca’, informó el sonarista Guede.

Arriba en la superficie, todo fue condena para los buques chilenos; 4 ‘Skyhawk’ navales aparecieron lanzando cohetes y descargando bombas antibuque; surgieron, desde nubes negras y grises en altura; que empezaban a cubrirlo todo. De nuevo los buques chilenos fueron impactados; para sellar su destino.

Los chilenos lucharon como leones, y en la desesperación alcanzaron a lanzar un misil antiaéreo ‘Sea Cat’ que dejó humeante a un avión argentino. El avión del piloto Poch; alcanzó con suerte las alturas de las Wollaston, donde se eyectó y cayó en territorio amigo; luego de un heladísimo chapuzón en la costa norte de la Isla Hermite, a escasos 40 metros de donde se hallaba el crucero ‘Belgrano’.

‘Llévelo a la cueva y ahí nos vamos abajo y esperamos’, ordenó con absoluta tranquilidad Etchart. El ‘ARA Santiago del Estero’, había practicado ya varias veces, el refugiarse en una suave cama de arena en el fondo del mar, a menos de un km al oeste de la Isla Henderson, entre esta y la Isla Morton. Allí posándose en el fondo del mar, podría desaparecer y esperar lo necesario hasta que los cazadores de la superficie se alejaren.

Luego de una búsqueda infructuosa de unas dos horas; donde el destructor ‘Riveros’ utilizó su sonar activo de búsqueda, mientras que dos helicópteros de la flota chilena dejaban caer cargas de profundidad Mk-11 a mansalva. El único aun buque indemne de la división bronce, el ‘Riveros’, se dirigió a toda máquina hacia el Sur, alejándose de las Islas hacia el área del Cabo de Hornos y del peligro, a toda máquina, con el fin de apoyar a la maltrecha ‘División de Acero’, gravemente golpeada.

Pasadas las horas, la fuerza aérea Argentina y la Aviación Naval, se vieron severamente limitadas por una serie de ventarrones, nubes bajas y un mar que elevaba sus olas a más de 4 metros en el área de Drake.

Llamas en el Drake

Desde la Isla Hermite, solo se festejó como un gol de Boca, el primer impacto en el ‘Latorre’; luego; con respeto la batería al mando de Bonomí, siguió el silencio profesional de su líder; de quien todos sabían, tenía parientes en la Escuadra Chilena.

El pasaje de Drake estaba cubierto de humo, hacia el oeste y a escasos 7 kilómetros, los destructores ‘Cochrane’ y ‘Zenteno’ vomitaban humo y fuego. Hacia el este, el humo blanco provocado por las efectivas granadas fumígenas [4] del ‘Prat’ ocultaba la huida del crucero insignia y su escolta, el destructor ‘Portales’.

Justo en frente de la batería costera de la Isla Hermite, Bonomí gritó sorprendido y olvidándose de su primo, amigo y comandante del crucero chileno:

‘Señores, el ‘Latorre’ se dirige hacia acá, herido, pero está virando para mostrar su popa, donde tiene armamento pesado. Preparen fuego inmediatamente’. Fue demasiada lenta la orden de Bonomí, el ‘Latorre’ disparó con sus torretas dobles de 150 mm en popa, y cuatro granadas cayeron sobre una de las posiciones de artillería naval argentina, dejando humo y un cráter sin vida. El mismo Bonomí quedó ciego y sordo por un tiempo y con una pierna rota, volviendo a repetir, con lo último que le quedaba de fuerza; la orden ‘Fuegoooo, se nos viene encima’.

Desde el puente de mando del ‘Latorre’ ahora a escasos 2000 metros de la costa, donde su Comodoro, Jose Kross, se mantenía aun de pie; se vio claramente el humo del impacto de la granada chilena sobre la posición argentina, y, además, como la Isla Hermite volvió a encenderse, ante el fuego de la batería costera argentina todavía indemne y del crucero ‘Belgrano’, que también vomitó fuego contra el crucero chileno.

El ‘Latorre’ pareció detenerse en seco, un proyectil de 155 mm y 3 de 152 mm, impactaron al unísono en el puente de mando y en la mitad del buque. El emblema naval chileno ahora quedó en silencio y casi sin vida. Un sinnúmero de explosiones en cadena terminaron con el buque que luego de encallar en los arrecifes al norte de la Isla Hermite, a escasos metros de la costa, comenzó a escorarse rápidamente. José Juan Kross dejó de existir como un héroe; y su primo hermano y amigo Pedro Bonomí, ahora lo sabía con total clarividencia. El mismo lo había visto volar por los aires, el mismo había dado la orden de disparo de su último obús ‘Schneider’ de 155 mm.

El Capitán Pedro Bonomí, inmediatamente, dejando escapar lagrimones de amor y odio, ordenó el alto del fuego y el rescate de los supervivientes; mientras el ‘Latorre’, encallado, agarrado a su tierra como rasguñando su tierra amada, aún se batía contra las olas que desde lejano Sur querían llevarse al buque, a su tumba en las profundidades del Océano.

Si bien la batalla del ‘Drake’ continuó millas más hacia el Sur y hacia el este. Helicópteros argentinos y varios buques, entre ellos los barreminas ‘Neuquén’, ‘Río Negro’ y ‘Formosa’, comenzaron a retirar supervivientes y cadáveres.

De los casi 2000 marineros chilenos embarcados, solo llegaron con vida a la Isla Wollaston, a donde se había establecido una precaria carpa-hospital, unos 300 chilenos. La muerte lo había copado todo, el fuego, el humo, el agua y por sobre todo las heladísimas aguas; poco habían perdonado.

El cuerpo de José Juan Kross nunca fue recuperado. El puente de mando del ‘Latorre’ fue incinerado por completo.

Su primo hermano y amigo; se retiró rengueando con muletas y con el pelo chamuscado hacia el norte de la Isla Hermite, donde en un punto de la costa y mirando hacia el norte, hacia el crucero ‘Belgrano’ que ahora parecía inocente y rodeado de gaviotas y skúas. Allí permaneció en silencio por más de una hora; recordando a su primo, sonriendo ante los recuerdos gratos de la juventud; y por sobre todo pidiendo explicaciones al Altísimo.

Ahora el clima Austral, como pregonando misericordia; comenzó a soplar y a encrespar el Mar, definitivamente agraviado por una disputa entre hermanos. Durante las siguientes horas, las operaciones desde el portaviones ’25 de Mayo’ se verían restringidas debido el oleaje, a pesar de estar bien resguardado su integridad, al norte de la Isla de Los Estados.

Pasado el mediodía del 8 de noviembre: más hombres el agua

El submarino ‘ARA Santa Fe’, que navegaba a 10 km al oeste de la Isla Waterman en Bahía Cook, también recibió órdenes, al igual que todos los submarinos argentinos operando en el área; el ‘ARA San Luis’, en la Boca del estrecho de Magallanes y Río Grande; ‘ARA Salta’, en Bahía Nassau y ‘ARA Santiago del Estero’, entre falso Cabo de Hornos y Bahía Cook. La orden recibida por los submarinos argentinos decía: ‘atacar cualquier buque chileno en el área, ya sea militar o de apoyo naval’.

El ‘ARA Santa Fe’, el submarino argentino más adentrado en territorio enemigo; fue el primero en comunicar, días atrás, a la ARA de los movimientos de los buques chilenos, particularmente, de la división bronce y acero; cuando entraron y salieron de sus refugios en los inescrutables fiordos chilenos.

Ahora el ‘Santa Fe’, al quedar un poco rezagado del entrevero naval en el área de Hornos; salió a mar abierto en búsqueda de contactos. Allí, a unos 7 km al sur de su posición, detectó a los destructores-transporte ‘Serrano’ y ‘Orella’, que junto a la barcaza de transporte de tropas ‘Hemmerdinger’ se dirigía toda máquina hacia el ‘Cabo de Hornos’, transportando tropas.

En un ataque casi perfecto, el ‘Santa Fe’ disparó 4 torpedos Mk 14 y 2 Mk 37; de los cuales 2 impactaron en dos buques chilenos, el ‘Hemmerdinger’ y el ‘Serrano’. El ‘Orella’, también recibió un impacto, pero no de torpedo, sino de un misil ‘Exocet’; lanzado diez minutos después, por la corbeta ‘ARA Guerrico’ que apareció por sorpresa total desde el Sur, disparando a más de 30 kilómetros de distancia un misil antibuque, para luego, volver a alejarse en dirección hacia el Polo.

La ‘Guerrico’, que operaba inicialmente con el ‘GT1 [5]’; como escolta del portaviones argentino; tuvo la orden estricta de navegar subrepticiamente desde la Isla de los Estados, hacia el Sur, para luego retomar hacia el oeste a una distancia de 50 km al sur del Cabo de Hornos con su radar apagado, para volver hacia el norte y atrapar en maniobra pinza, a cualquier buque de la armada chilena navegando en el Pasaje de Drake. La ventaja de la ‘Guerrico’, era no solo sus letales misiles ‘Exocet’, sino también su bajísimo perfil al radar, que la hacía casi indetectable hasta los 15 kilómetros de distancia desde un radar embarcado.

Como ángeles de la guarda; unos 4 buques transandinos salieron de sus refugios en los fiordos, y comenzaron el rescate de los abundantes marineros chilenos en peligro de muerte. El ‘ARA Santa Fe’ permaneció observante y distante a una distancia de 5 km de los eventos. En sus adentros, el Capitán González Moreno, comandante del ‘Santa Fe’ observó con su periscopio las tareas de rescate, mientras comunicaba por radio los eventos, por radio abierta y poniendo en peligro su propia embarcación; a fin de solicitar auxilio inmediato.

El ‘Santa Fe’, finalmente se vio obligado a abandonar el área, perseguido por la corbeta ‘Papudo’, que valientemente trato de espolonear su periscopio, además de arrojarle cargas de profundidad.

Después de aquel evento, en que el ‘Santa Fe’ quedó averiado y por lo tanto terminó su cacería en los mares australes; dos cargas de profundidad de la ‘Papudo’ explotaron más cerca de lo deseado de su proa. El ahora herido sumergible argentino, comenzó su lento y largo retorno hacia Río Gallegos; su primera parada antes de llegar a Mar del Plata; a donde evaluarían los dañó profundamente.



[1] Bomba de propósito general de origen norteamericano, de 340 kg.

[2] Avión de entrenamiento y ataque a tierra operado por la ARA. La Marina Argentina operaba 12 de estos aparatos.

[3] Crucero de la clase Brooklyn, de origen norteamericano. De la misma clase que el ‘Prat’, y los ARA ‘Belgrano’ y ‘9 de Julio’.

[4] Ingenio militar por el cual se produce humo y cubre la huida y/o maniobra.

[5] Grupo de Tareas número 1.




Libro Sur en llamas

Formato: ebook.
Autor: Peter J. Bush
‘Sur en llamas’ es una novela de ficción histórica sobre el conflicto del Beagle de 1978. Una guerra entre países hermanos, donde familias unidas por el amor se dividen para defender sus propias banderas.


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viernes, 20 de junio de 2025

La importancia de la resiliencia energética en las operaciones militares


La importancia de la resiliencia energética en las operaciones militares

Cómo los ejércitos modernos están reduciendo su dependencia de combustibles fósiles mediante tecnologías limpias y sostenibles.

Por Esteban McLaren


La importancia de la resiliencia energética en las operaciones militares

La energía es un recurso esencial para las operaciones militares modernas, donde el éxito depende de la movilidad, la capacidad de comunicación y el sostenimiento de las tropas en el terreno. Tradicionalmente, los ejércitos han dependido de combustibles fósiles, pero esta dependencia conlleva riesgos logísticos y estratégicos. Las cadenas de suministro de combustible son vulnerables a ataques y su transporte puede ser costoso y peligroso, especialmente en zonas de conflicto. Para mitigar estos desafíos, las fuerzas armadas están adoptando tecnologías limpias y sostenibles que aumentan la resiliencia energética y reducen el impacto ambiental.

Dependencia de combustibles fósiles y riesgos logísticos

El transporte de combustible representa uno de los mayores desafíos logísticos en las operaciones militares. Según el Departamento de Defensa de EE. UU., el 70% del peso transportado en combate corresponde a combustible y agua. Las caravanas de reabastecimiento, que son objetivos prioritarios para los adversarios, generan una carga logística significativa y un alto riesgo para el personal. En conflictos recientes, los ataques a convoyes de combustible en Afganistán e Irak destacaron la necesidad de soluciones energéticas más seguras y autónomas.

 


Tecnologías limpias en el campo de batalla

  1. Generación de energía solar y eólica: Los ejércitos están invirtiendo en soluciones portátiles de energía renovable. Los paneles solares desplegables y las microturbinas eólicas permiten a las unidades generar electricidad in situ, reduciendo la necesidad de combustibles. Por ejemplo, el Ejército de EE. UU. ha probado sistemas como el Solar Portable Alternative Communications Energy System (SPACES), diseñado para alimentar equipos de comunicación en operaciones remotas.

  2. Baterías avanzadas y sistemas de almacenamiento: El desarrollo de baterías ligeras y de alta capacidad ha sido crucial para las fuerzas en campaña. Estas baterías, basadas en litio y otras tecnologías avanzadas, pueden alimentar equipos electrónicos y sistemas de armas durante más tiempo, minimizando la frecuencia de reabastecimiento. La integración de sistemas de almacenamiento portátiles con fuentes renovables asegura un suministro constante de energía incluso en condiciones climáticas adversas.

  3. Sistemas de energía híbrida: Los vehículos militares están siendo equipados con motores híbridos que combinan combustibles fósiles con electricidad generada a bordo. Esto no solo reduce el consumo de combustible, sino que también permite a los vehículos operar de manera más silenciosa, una ventaja táctica en misiones de reconocimiento y sigilo. Por ejemplo, el Ejército Británico ha experimentado con vehículos eléctricos en ejercicios para evaluar su efectividad en el campo.

  4. Combustibles sintéticos y biocombustibles: Las fuerzas armadas están explorando el uso de combustibles alternativos, como biocombustibles derivados de algas o residuos agrícolas. La Marina de los EE. UU. ha liderado este esfuerzo con su programa Great Green Fleet, una flota impulsada parcialmente por biocombustibles sostenibles.

Ventajas estratégicas y medioambientales

La adopción de estas tecnologías no solo mejora la eficiencia operativa, sino que también refuerza la sostenibilidad de las operaciones militares. Las fuentes de energía renovable y los sistemas híbridos reducen las emisiones de carbono, alineando las fuerzas armadas con objetivos ambientales globales. Además, la capacidad de generar energía en el terreno disminuye la dependencia de cadenas logísticas vulnerables, otorgando a las tropas mayor autonomía y flexibilidad.

 


Futuro de la resiliencia energética

En los próximos años, se espera que los avances en inteligencia artificial y automatización se integren con sistemas de energía sostenible para optimizar el consumo y la generación. Los sensores inteligentes podrían monitorear las necesidades energéticas en tiempo real, redistribuyendo recursos de manera eficiente. Además, el desarrollo de reactores nucleares portátiles, como el Project Pele del Departamento de Defensa de EE. UU., promete una fuente de energía constante y de larga duración para bases avanzadas.

En conclusión, la transición hacia tecnologías limpias y sostenibles está redefiniendo la logística militar y fortaleciendo la resiliencia energética en el campo de batalla. Estas innovaciones no solo mejoran la seguridad de las operaciones, sino que también posicionan a los ejércitos modernos como actores clave en la transición hacia un futuro más sostenible.


 

EA: Regimiento de Infantería de Monte 9 en maniobras

Ejercicios del Regimiento de Infantería de Monte 9




La unidad con asiento de paz en San Javier llevó adelante ejercicios de nivel sección como parte de su adiestramiento operacional.



Los ejercicios incluyeron actividades operacionales y de conducción, a fin de fortalecer la instrucción táctica y certificar el nivel de preparación del Regimiento.

jueves, 19 de junio de 2025

Caza no tripulado (colaborativo) Baykar Kizilelma

El 'as en la manga' que Ucrania guarda contra Rusia empezará a fabricarse este año

La compañía Baykar ha confirmado que este año fabricará 12 unidades de su nuevo caza de combate autónomo utilizando motores a reacción ucranianos



Foto: El espectacular Kizilelma es un caza autónomo con perfil de radar reducido que puede convertirse en el terror de los rusos en Ucrania


Por Jesús Díaz || El Confidencial


La empresa turca Baykar va a fabricar 12 unidades de su nuevo caza ‘invisible’ de combate Kizilelma este año, según afirma la publicación de defensa turca Savunma Sanayi. Este caza sin piloto usará motores a reacción AI-322F y AI-25TLT fabricados en Ucrania por la empresa pública de defensa Ivchenko-Progress.

El fabricante del Bayraktar TB2 —el dron barato equipado con motor de hélice que se convirtió en la pesadilla del ejército ruso durante la invasión de Ucrania y fue clave para parar el avance de las tropas de Putin junto con las baterías de misiles Himars y los cohetes antitanque Javelin— comenzó a probar el Kizilelma el año pasado.

La compañía ha continuado impresionando a los analistas con cada prueba de este avión de combate autónomo. En un principio, la armada turca quiere estas máquinas sin piloto para equipar su buque anfibio TCG Anadolu L-400, un pequeño portaaviones y carguero de unidades de desembarco y asalto.

Sin embargo, dada la especial relación que el gobierno de Kiev tiene con Baykar —cuyo fundador y diseñador jefe ha declarado muchas veces que se mantienen hombro con hombro con Ucrania para batir al dictador ruso— y el origen de sus motores, es muy posible que veamos al Kizilelma realizando ataques en alguno de los frentes ucranianos. Según la compañía turca, este caza de combate furtivo tendrá tanta potencia de fuego como el MQ-9 Reaper de los EEUU pero tendrá un perfil de radar mucho más reducido y volará mucho más rápido: podrá llegar hasta una velocidad de crucero supersónica gracias a los motores a reacción proporcionados por sus aliados.


El Kizilelma sobre la cubierta del TCG Anadolu detrás de un Bayraktar TB2. (Reuters)

La primera unidad del Kizilelma —que comenzó su desarrollo hace ya casi una década— realizó sus primeras pruebas en tierra en las pistas del centro de pruebas de vuelo y entrenamiento de Akinci, en el noroeste turco, a finales del año 2022. Después de este primer éxito, la compañía turca tiene ya planeado el primer vuelo. Aunque todavía no ha anunciado fecha concreta, Selçuk Bayraktar —presidente y arquitecto principal de este y los otros drones de Baykar— parece muy optimista. No nos extrañaría verlo en el aire antes de fin de año, en preparación a su fabricación en serie y despliegue anunciado para el año que viene.

La conexión entre Baykar y el Gobierno ucraniano es clara. No solo los segundos comparten su tecnología de propulsión con los primeros, sino que, además, comparten una profunda aversión al Gobierno totalitario de Vladímir Putin. Según dijo el CEO de Baykar a la BBC, "nuestra amistad y cooperación con Ucrania ha continuado durante muchos años. Por lo tanto, no importa cuánto dinero se nos ofrezca, francamente (...). Todo nuestro apoyo está completamente del lado de Ucrania, porque tenemos una conexión muy fuerte, y Ucrania está experimentando ataques muy injustos, agresivos e infundados. Nada eclipsará nuestra cooperación con Ucrania, independientemente de la cantidad ofrecida, nuestra posición sobre este asunto es clara".


Vídeo de las primeras pruebas del caza de combate autónomo Kizilelma.

Así, es más que razonable pensar que el bautismo de fuego del Kizilelma será muy probablemente contra las fuerzas armadas rusas. Si la guerra dura lo suficiente, claro, algo que, lamentablemente, parece que será así.


Un dron turco con corazón ucraniano

Kizilelma significa ‘manzana roja’ en turco, quizá por ser una fruta prohibida que hasta ahora estaba reservada a potencias de primer nivel como los Estados Unidos. Su diseño y especificaciones son impresionantes.


Vista del Kizilelma durante sus pruebas de rodaje en pista. (Baykar)

Según la compañía turca, el Kizilelma tiene tanta potencia de fuego como el MQ-9 Reaper de los EEUU, pero cuenta con un motor a reacción que le permite volar a casi la velocidad del sonido en su primera versión. El plan es que la siguiente actualización ofrezca capacidad supersónica.

Los motores son precisamente uno de los aspectos más significativos del Kizilelma: la primera versión utiliza un motor turbofán Ivchenko-Progress AI-25TLT. Este motor ucraniano no tiene modo afterburner y no alcanza velocidad supersónica, pero la compañía turca afirma que las siguientes versiones estarán equipadas con un AI-322F que sí tiene afterburner y previsiblemente hará que este caza supere el Mach 1.


Vista del Kizilelma durante sus pruebas de rodaje en pista. (Baykar)

Aún sin el segundo motor, esta máquina es más rápida que el mejor y más potente de los drones actuales, el General Atomics MQ-20 Avenger de los EEUU. En su contra: no puede llevar tanto armamento como el Avenger —1.500 kilogramos de misiles y bombas contra 2.900 kilogramos— ni volar tan alto —con un techo de 12.000 metros contra los 15.240 metros del americano—. Esto no tiene importancia porque sus misiones serán diferentes. La ventaja del Kizilelma estará en su velocidad y en su bajo perfil de radar (aunque no entraría dentro de la categoría de avión invisible).

Compite directamente con tecnología de los EEUU

Sin embargo, es una máquina mucho más sofisticada que el Avenger o el Predator de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos. El caza turco es capaz de despegar y aterrizar de forma 100% autónoma, asegura Baykar, con la capacidad añadida de que puede despegar y aterrizar en pistas tan cortas que es apto para utilizarse desde pequeños portaaeronaves, incluso sin sistema de catapultas integrado, como el Juan Carlos I de la Marina española. La máquina, según el fabricante, también ha sido diseñada para ser furtiva, con un perfil de radar bajo y bahías de armas internas.


Vista del Kizilelma durante sus pruebas de rodaje en pista. (Baykar)

El Kizilelma también es un caza autónomo sorprendentemente sofisticado cuando lo comparas con máquinas norteamericanas de nueva generación como el Murciélago Fantasma —MQ-28 Ghost Bat, fabricado por Boeing—, el Kratos XQ-58 Valquiria y el Espada Oscura china —bajo estas líneas—, cuyo diseño es muy similar al caza turco.


El caza de combate chino no tripulado Dark Sword.

La otra cuestión clave para los conflictos militares del futuro, donde los cazas autónomos volarán en grandes números en una guerra de desgaste donde ganará el que tenga la inteligencia artificial más avanzada y el mayor número de unidades, será el precio. Aún no se conoce, pero es previsible que sea más barato que sus rivales norteamericanos. 


Desde este blog ya propusimos que FAdeA invierta en desarrollar o producir bajo licencia cazas no tripulados colaborativos que operan en conjunto con los F-16 que arribarán en Diciembre. 

Scaled Composites Vanguard: Un proyecto para cambiar FAdeA y traerla al Siglo 21



EA: Ejercicios del RI Mte 30


Ejercicios en el terreno del Regimiento de Infantería de Monte 30




La Unidad con asiento de paz en la Guarnición Ejército Apóstoles ejecutó ejercicios de nivel sección en Paraje Ca-á Guazú.


Estas actividades fortalecen la instrucción táctica de las fracciones y consolidan la preparación operativa del personal en el ambiente monte.

miércoles, 18 de junio de 2025

SGM: La batalla aeronaval de Santa Cruz

Batalla de Santa Cruz

Parte I  || Parte II
War History






El portaaviones de la Marina de los EE. UU. USS Enterprise (CV-6) y otros barcos de su pantalla en acción durante la Batalla de Santa Cruz, el 26 de octubre de 1942. Una bomba explota en su popa, mientras que dos bombarderos en picado japoneses son visibles directamente encima del portaaviones. y hacia el centro de la imagen. A lo lejos se puede ver el destello de los cañones antiaéreos del acorazado USS South Dakota (BB-57).

Henderson Field, utilizando el mismo enfoque general para obtener un resultado igualmente sombrío. La infantería del general Hyakutake, azotada por el fuego de ametralladoras, morteros y granadas, se vio obligada a retirarse. Las muertes japonesas ascendieron a tres mil quinientas. Las muertes estadounidenses en lo que se conocería como la batalla por el campo Henderson ascendieron a unas noventa.

Mientras los hombres de Vandegrift resistían de nuevo, el primer informe de los PBY llegó a Kinkaid alrededor de la medianoche y pasó a Halsey. El informe, enviado poco después de las 3 de la madrugada del día 26 (por un valiente piloto de Catalina que duplicó su suerte intentando bombardear el Zuikaku), no llegó a Kinkaid hasta dos horas después. Cuando finalmente lo hizo, el tipo de noticia lo persuadió a dudar. No lanzaría su ataque hasta que llegara información más reciente.

El Enterprise, como transportista de servicio, envió la patrulla del amanecer para reanudar las búsquedas al oeste y al norte del grupo de trabajo. A las 6:17 am, dos Dauntless que trabajaban en el sector de búsqueda occidental divisaron los acorazados, el Vanguard Force de Abe, a unas ochenta y cinco millas de distancia. Pero fueron los transportistas los más apreciados. Menos de treinta minutos más tarde, otros dos aviadores del Enterprise llegaron a la zona de peligro, espiando a los portaaviones de Nagumo al oeste-noroeste de Kinkaid, a unas doscientas millas de distancia.

Desafortunadamente para Kinkaid, su decisión de esperar mejor información antes de atacar tuvo lugar justo cuando uno de los aviones exploradores de Kondo finalmente lo localizó. Como consecuencia del retraso del comandante estadounidense y su mala suerte al ser descubierto, los japoneses lanzaron su ataque principal unos veinte minutos antes que los estadounidenses. A las siete y treinta y dos, el Hornet, que operaba a unas diez millas del grupo de trabajo Enterprise, comenzó a lanzar su primera carga de aviones.

Debido a que Kondo se dirigía hacia el sureste, directamente contra el viento, mientras que los portaaviones de Kinkaid navegaban con el viento y, por lo tanto, tenían que invertir el rumbo para lanzar o recuperar aviones, los japoneses fueron más rápidos en el sorteo en unos treinta minutos. A las siete cuarenta, sesenta y cuatro aviones japoneses (una mezcla casi pareja de torpederos Kate, bombarderos en picado Val y cazas Zero de Shokaku, Zuikaku y Zuiho) estaban en el aire y despegaban.

Los pilotos de exploración estadounidenses que detectaron los portaaviones de Nagumo fueron rápidamente interceptados y conducidos hacia las nubes por la patrulla aérea de combate enemiga. Otros dos Enterprise Dauntless escucharon el informe del avistamiento, navegaron para localizar la flota enemiga y se lanzaron en picado. Apuntando al portaaviones ligero Zuiho, el teniente Stockton B. Strong y el alférez Charles B. Irvine colocaron una bomba de quinientas libras en la parte trasera de su cubierta de vuelo. El agujero de quince metros la dejaría fuera de la refriega, pero sus pilotos de ataque ya estaban en el aire, volando hacia los portaaviones de Kinkaid.

Los dos portaaviones estadounidenses embarcaron entre ellos 137 aviones operativos (64 cazas, 47 bombarderos en picado y 26 torpederos). Sus cuatro homólogos japoneses llevaban 194 (76 cazas, 60 bombarderos en picado, 57 torpederos y un avión de reconocimiento). Pero más importante que los números era la velocidad con la que los aviones podían localizar y atacar sus objetivos. Con este pequeño pero contundente primer golpe, que destruyó el equipo de detención del Zuiho y le robó la capacidad de recuperar aviones, se unió la Batalla de Santa Cruz.

Para los comandantes que tomaban decisiones divididas en medio de una gran incertidumbre, no estaba nada claro qué enfoque instaba la prudencia: enviar aviones para atacar tan rápido como abandonaban la cubierta del portaaviones, o hacer que reunieran fuerzas cerca de sus portaaviones antes de lanzarse tras el enemigo. Con las dos fuerzas de tarea estadounidenses operando independientemente, separadas por unas diez millas, no fue fácil combinar las formaciones de aviones en cualquier caso. Los pilotos del Enterprise recibieron instrucciones contradictorias a ese respecto. Lo que siguió estuvo lejos de ser un asunto ordenado.

Con los japoneses a doscientas millas de distancia, el combustible era demasiado valioso para quemarlo dando vueltas en círculos hasta el punto de encuentro. Los principales ataques del Hornet y del Enterprise se lanzaron apresuradamente y se les ordenó buscar a los japoneses tan pronto como estuvieran en el aire. Un tripulante de la cubierta de vuelo del Enterprise sostenía en alto un cartel: "PROCEDA SIN HORNET", que indicaba que el grupo de ataque de cada portaaviones estaba solo. A las ocho y veinte, un grupo de veintisiete Intrépidos, veinte Vengadores y veintitrés Gatos Monteses, organizados libremente en tres grupos, volaba detrás de Kondo.

Los principales aviones estadounidenses llevaban apenas treinta minutos en el aire cuando el ataque japonés apareció a la vista en una trayectoria de vuelo recíproco. Así comenzó un combate improvisado cuando nueve Zeros se separaron de su servicio de escolta y se lanzaron en picado en el vuelo estadounidense a unas sesenta millas al noroeste de los portaaviones estadounidenses.

El comandante del Escuadrón de Torpedos 10, el teniente comandante John A. Collett, volando en la sección líder de cuatro aviones de los Vengadores, sintió que su avión se estremecía y su ala de estribor hundía. Cuando el artillero de la torreta abrió con su ametralladora calibre cincuenta, el operador de radio de Collett, Thomas C. Nelson, Jr., no obtuvo respuesta de su piloto por el intercomunicador. Collett, obligado a abandonar su cabina en llamas, echó hacia atrás su capota y se arrastró hasta el ala de estribor. Cuando Collett fue arrastrado por la corriente de aire y nunca más se le volvió a ver, Nelson abandonó el compartimiento del operador de radio en el vientre del avión. El fue el unico sobreviviente. La pelea aérea le costó al grupo aéreo Enterprise cuatro Wildcats y cuatro Avengers derribados o obligados a regresar. La babel de voces en la frecuencia de radio de los pilotos informó al almirante Kinkaid en el Enterprise de la pelea que se desarrolló cuando los ataques aéreos estadounidenses y japoneses se chocaron entre sí. Conectando los puntos, dibujó una imagen de un ataque entrante y ordenó a sus portaaviones, todavía navegando a unas diez millas de distancia, que empujaran al resto de sus aviones al aire.

Poco antes de las nueve, el ataque japonés se vio bañado por las transmisiones del radar de búsqueda aérea del crucero pesado Northampton, asignado para escoltar al Hornet en la Task Force 17. De algún modo, ni los ojos electrónicos del Hornet ni del Enterprise vieron nunca el fantasmas. El capitán del Northampton, sin saberlo, transmitió la información al Hornet tranquilamente, mediante banderas de señales en lugar de mediante una transmisión de radio más rápida pero menos segura. Como resultado, el Enterprise nunca recibió ninguna noticia. Peor aún, el oficial director de combate inexperto del Enterprise, responsable de guiar la patrulla aérea de combate hacia sus objetivos, se olió por completo. Informó el ángulo de aproximación del ataque japonés con referencia al rumbo relativo de su barco. Una estrella polar así era de poca utilidad para cualquier piloto que no pudiera ver el barco que informaba. Y así, en ese día nublado, la mayoría de los treinta y siete jinetes Wildcat que volaban en patrulla aérea de combate no lograron interceptar el ataque antes de que ya hubiera sobrevolado su portaaviones. Afortunadamente para el Enterprise, encontró refugio en una tormenta. Como resultado, el primer ataque aéreo japonés cayó sobre el autor del ataque de Doolittle, el Hornet.

Cuando el grupo de ataque del Hornet dejó atrás su grupo de trabajo, algunos de los pilotos vieron las nubes negras de fuego antiaéreo que salpicaban el cielo detrás de ellos. Fue entonces cuando supieron que los japoneses habían encontrado su barco. Un grupo de veintiún bombarderos en picado Val del Zuikaku, bajo el mando del teniente Sadamu Takahashi, fueron los primeros en atacar el Hornet.

Para consternación de la tripulación del portaaviones, la mitad de su potente batería antiaérea de cinco pulgadas quedó efectivamente inutilizada cuando el joven oficial que supervisaba la batería de popa de cinco pulgadas "empujó los cañones hasta los topes", congelándolos en una elevación horizontal justo cuando el El primer bombardero en picado enemigo apareció sobre nuestras cabezas. “Créanme, los capitanes de armas se tomaron esto muy, muy personal. Todo su entrenamiento, todo, directamente por la ventana”, recordó el ayudante de artillero de primera clase, Alvin Grahn. “Cinco de nuestras armas más letales ahora estaban con sus cañones bloqueados en su lugar. Habrían hecho picadillo ese avión”.

Mientras los Wildcats en patrulla aérea de combate se enredaban con los Zeros que los escoltaban, los bombarderos en picado japoneses se concentraron en su objetivo y alcanzaron al Hornet con tres bombas. Un Val alcanzado por fuego antiaéreo cayó ardiendo y se estrelló contra la superestructura de la isla en una oleada de llamas. El avión penetró varias cubiertas, esparciendo fuego a medida que avanzaba, directamente hacia una sala preparada para el escuadrón, una cubierta debajo de la cabina de vuelo. Su bomba de quinientas libras fue encontrada más tarde, sin explotar y rodando en un pasillo exterior. Mientras los Vals hacían su trabajo, los torpederos del Shokaku estaban a poca altura en el agua, acercándose al Hornet desde dos direcciones, por la proa de estribor y por la aleta de babor. El ataque de “yunque” de libro de texto expondría al portaaviones a torpedos de un grupo de Kates u otro, sin importar en qué dirección girara. En pocos minutos, dos torpedos se estrellaron contra el costado de estribor del portaaviones, inundando ambas salas de fuego y apagando su propulsión y potencia. Eran las 9:15 a.m.

A varios cientos de kilómetros al norte, el almirante Nagumo no estaba en condiciones de celebrar. En lo alto, los pilotos de los dos escuadrones equipados con el Dauntless del Hornet habían encontrado sus portaaviones.

Mientras el comandante del Escuadrón de Exploración 8, el teniente comandante William “Gus” Widhelm, inspeccionaba la flota de abajo, cuatro Zeros del Shokaku se amontonaron para interceptar. Cautivos y decididos, los bombarderos en picado estadounidenses, que no eran rivales para los cazas japoneses en el combate aire-aire, evitaron los cortes frontales y las carreras elevadas de la patrulla aérea de combate japonesa. Cuando el líder de la sección de cazas japonesa se lanzó sobre Widhelm desde las doce en punto, el estadounidense retiró su bastón y soltó sus cincuenta. Si un bombardero en picado rara vez vence a un caza en un duelo aéreo, un veterano ocasionalmente puede elegir su lugar. Los aviones convergentes estaban a sólo un corto campo de fútbol de distancia cuando el motor del Zero se incendió y explotó. Widhelm voló entre los escombros y continuó acercándose con el Shokaku delante.

Mientras Zeros y Dauntlesses participaban en su danza asesina, un piloto japonés alineó el avión de Widhelm y disparó una ráfaga de sus cañones de veinte milímetros. Mientras los compañeros de escuadrón de Widhelm se precipitaban sobre el Shokaku en picado de setenta grados, con las cabezas inclinadas hacia adelante mirando hacia las miras de sus bombas y los frenos de picado apretando el aire, fue una señal segura de su espíritu que cuando el motor de Widhelm tosió humo y se apagó, sus camaradas encontraron sus corazones en llamas al escuchar sus maldiciones de grado naval sobre la falta de ayuda efectiva de los cazas del Hornet mientras guiaba su humeante avión hacia el mar. Sobreviviendo al aterrizaje forzoso, Widhelm se quedó para observar las hazañas de sus camaradas desde una balsa salvavidas amarilla que se balanceaba.

No pasó mucho tiempo antes de que el teniente James E. “Moe” Vose, líder del segundo vuelo de Dauntlesses del Hornet, del Escuadrón de Bombardeo 8, encontrara los portaaviones de Nagumo. Al enviar por radio un informe de avistamiento, empujaron al Shokaku y se apiñaron. Los Dauntless que volaban en misiones de búsqueda o “exploración” llevaban una bomba de tamaño medio de quinientas libras, para ampliar mejor su alcance. Los Dauntless armados para atacar llevaban un huevo de mil libras. Los aviadores de Vose estaban preparados para soportar. Mientras se lanzaban sobre el veloz y desviado Shokaku, el veterano del ataque a Pearl Harbor patinó valientemente fuera del camino de las primeras tres o cuatro grandes bombas. Los siguientes, todos ellos de mil libras, impactaron fuertemente, destrozando la cubierta de vuelo del portaaviones y destruyendo su ascensor central. A las nueve y media, con los incendios arrasando la cubierta del hangar, el Shokaku ya no era capaz de realizar operaciones de vuelo. Todavía podía alcanzar treinta y un nudos, pero, al igual que el Zuiho antes que ella, estaba fuera de combate.

El crucero pesado Chikuma, menos valioso que el Shokaku pero de todos modos un activo naval importante, recibió un par de bombas de los aviadores del 8.º Escuadrón de Bombardeo Hornet y dos casi accidentes de los jinetes del Enterprise Dauntless, y quedó maltrecho y en llamas, pero navegable, con casi dos cien muertos.

Treinta minutos después de que los pilotos de ataque estadounidenses atacaran por primera vez sus objetivos, terminaron sus ataques y se dirigieron a casa.





Durante la pausa que siguió a los primeros ataques al Hornet, el Northampton maniobró para remolcar al portaaviones averiado. A varias millas de distancia, en el Task Force 16, el almirante Kinkaid se enteró de la mala suerte del Hornet cuando le llegó la noticia de que su buque insignia, el Enterprise, debía aterrizar todos los aviones que regresaran, incluidos los del Hornet. La Big E estaba preparando otro ataque aéreo en ese momento, sus artilleros cargaban bombas en bastidores y lanzaban mangueras de combustible por todas partes. Si un ataque enemigo llegara a esa ventana vulnerable, podría ser desastroso. Dio la casualidad de que fue un avión estadounidense el que sacó la primera sangre del grupo de trabajo Enterprise.

Fue ese tipo de cosas fortuitas que sólo parecen suceder en tiempos de guerra. Poco antes de las 10 de la mañana, el piloto de un Avenger averiado fue despedido de su primera aproximación en el Enterprise. Incapaz de dar vueltas para otro intento de aterrizaje, abandonó cerca del destructor Porter. Mientras él y su tripulación subían a la balsa salvavidas, el destructor se acercó a ellos y se detuvo. La fuerza de cubierta se estaba preparando para subir a bordo a la tripulación de vuelo cuando un vigía gritó: "¡Estela de torpedo en la proa de babor!" Los pilotos vieron el misil, trazando un círculo en sentido antihorario delante del Porter. Se lanzaron e hicieron dos pases de ametralladora en un esfuerzo por detonar el arma cerca del barco, pero el arma se agitó y finalmente golpeó el costado de babor en el centro del barco. La explosión mató a quince marineros y dejó el barco apto sólo para hundirlo. Aunque otro destructor informaría de un periscopio sospechoso mientras maniobraba para recuperar a los supervivientes, en realidad el torpedo procedía del mismo avión que el Porter se apresuraba a salvar. Se soltó al impactar con el agua.

Pocos minutos después, el ataque japonés alcanzó al grupo Enterprise. Desde muy por encima del techo de nubes de seis mil pies, desde detrás del Enterprise, cayó una cascada de Vals, sin oposición de los combatientes estadounidenses.

El recién equipado South Dakota, el barco más pesado en la pantalla del Enterprise, junto con el crucero antiaéreo San Juan y el crucero pesado Portland, lanzaron un volumen asombroso de fuego. “A medida que cada avión caía”, informó un piloto estadounidense, “un verdadero cono de proyectiles trazadores lo envolvía. Se podía ver cómo los proyectiles explosivos lo golpeaban y rebotaban”.

Los disparos de cinco pulgadas dirigidos por radar fueron letales. El Dakota del Sur y el San Juan encabezaron la pantalla al derribar un total de treinta y dos aviones enemigos que se acercaban al Task Force 16. Un oficial del Junyo quedó atónito por la insignificante cantidad de aviones que regresaron. “Los aviones se tambalearon y se tambalearon sobre la cubierta, cada uno de los cazas y bombarderos llenos de balas... Mientras los pilotos salían cansados ​​de sus estrechas cabinas, hablaban de una oposición increíble, de cielos obstruidos por ráfagas de proyectiles antiaéreos y trazadores”. Un líder de escuadrón de bombarderos regresaba al Junyo “tan conmocionado que a veces no podía hablar con coherencia”. Pero ninguna defensa podría ser perfecta. Entre las diez y diecisiete y las diez y veinte, el Enterprise recibió tres bombas en su cubierta de vuelo. Fue sólo mediante un hábil manejo del barco que su nuevo capitán, Osborne B. Hardison, que había reemplazado al capitán Arthur C. Davis sólo tres días antes de la batalla, evadió los misiles más mortíferos lanzados por los aviones torpederos. El buen trabajo de los equipos de extinción de incendios y control de daños impidió que las explosiones de bombas quemaran el portaaviones sin posibilidad de salvación.

A las diez y veinte, un piloto que regresaba de atacar a la flota japonesa realizó un aterrizaje forzoso con su Avenger averiado cerca de Dakota del Sur. Confundiendo el robusto fuselaje cilíndrico del avión con un submarino que emerge a la superficie, los artilleros del acorazado y los destructores cercanos dispararon contra el avión. El destructor Preston, que maniobraba para rescatar al piloto y su tripulación, tuvo que desviarse para escapar del fuego de los cañones secundarios del acorazado.

Ninguna hazaña de manejo de barcos ese día superó la realizada por el capitán del destructor Smith. Durante el ataque aéreo, un avión torpedero japonés, perseguido ferozmente por un Wildcat, cayó humeante hacia el barco y se estrelló contra su castillo de proa. Mientras las llamas envolvían toda la parte delantera del destructor, su capitán, el teniente comandante Hunter Wood, dirigió su barco en llamas hacia la voluminosa espuma arrojada por la estela del Dakota del Sur que avanzaba rápidamente delante de él. Las cascadas de espuma cubrieron las cubiertas, controlando los incendios.

Las posibilidades del afectado Hornet no se vieron favorecidas por una señal que su capitán había emitido alrededor del mediodía mediante una luz intermitente: "VAYA A ENTERPRISE". Su comandante había destinado la señal a los numerosos pilotos estadounidenses que estaban sobre sus cabezas y buscaban un lugar para aterrizar. Cuando el departamento de señales del Northampton repitió la señal, el comandante del Juneau, el capitán Lyman K. Swenson, creyó que el mensaje estaba dirigido a él. Inmediatamente el crucero antiaéreo salió de la formación y aceleró a toda velocidad para unirse a la Task Force 16 en el horizonte. La Task Force 17 necesitaba urgentemente la pesada batería antiaérea del Juneau. En el ataque aéreo de trece minutos de duración de esa mañana, sus artilleros se atribuyeron el mérito de una docena de los muchos aviones japoneses que se vieron caer alrededor del grupo de trabajo.

La insistencia del comando estadounidense en operar sus portaaviones por separado condenó al Hornet a una muerte solitaria. A la 1:35 pm, habiendo recuperado su avión de ataque que regresaba, Kinkaid decidió retirarse hacia el sur con el Task Force 16. El Enterprise, con el South Dakota y sus otras escoltas, giró hacia el sureste. Esta fue una mala noticia para el Hornet, ya que hace casi una hora, los pilotos japoneses lo detectaron e informaron sobre un objetivo de oportunidad. El Enterprise abandonó la escena, llevándose consigo su paraguas protector de aviones de combate; Otro ataque japonés, lanzado por el Junyo, llegó más tarde. Con la aparición de más aviones enemigos, el Northampton soltó su cable de remolque al Hornet a favor de renovadas maniobras evasivas. Con una escora de quince grados y el timón atascado a estribor, el Hornet era un mal candidato para ser rescatado en cualquier caso. A la deriva, se enfrentó a otro ataque.

“Sin nuestra cobertura aérea, los japoneses se salieron con la suya”, recordó el compañero de artillero Alvin Grahn. “Bombarderos en picado y aviones torpederos, como digo, todos mezclados. Había destructores y cruceros zigzagueando por todas partes y disparando sus armas como locos, y los torpederos japoneses tuvieron problemas para intentar alinearse en el Hornet con tantos otros barcos en el camino. Los aviones torpederos finalmente pudieron encontrar una abertura a nuestro lado de estribor y fue entonces cuando realmente nos encontramos en un infierno. Uno de ellos arrojó un torpedo y luego se lanzó en picado sobre la cubierta de vuelo. Alguien lo golpeó fuerte y se incendió. Sólo una masa de llamas, con el tren de aterrizaje cayendo y todo. El piloto volcó su avión e hizo un círculo cerrado y regresó y se estrelló contra el lado de babor... El motor y el fuselaje del avión penetraron en cuatro o cinco camarotes y siguieron adelante y terminaron en el foso del ascensor delantero. Todo este castigo nos dejó sin luz ni presión de agua, muertos en el agua y combatiendo incendios con brigadas de baldes”.

El grupo de trabajo Enterprise también sufrió un ataque final. A pesar de toda la fulminante resistencia que sus hermanos habían encontrado contra las fuerzas de tarea de los portaaviones estadounidenses, los pilotos que volaron en el último ataque del día de Kondo, lanzado por Junyo, que llegó tarde, desafiaron el desafío una vez más. Pusieron una bomba de quinientas libras en el San Juan que penetró sus delgadas cubiertas y explotó debajo de él, destrozando su timón. Otra bomba alcanzó la torreta delantera del Dakota del Sur. Esta explosión, que explotó sobre el techo fuertemente blindado, no tenía a dónde ir más que hacia arriba y hacia afuera.

Todos los oficiales en el puente del acorazado, excepto uno, cayeron a cubierta. Ese oficial era Thomas Gatch. El capitán del barco estaba de pie en una pasarela delante de la torre de mando, observando al Enterprise que tenía delante a través de la niebla de la tarde. El popular comandante, que valoraba cierto tipo de honor al estudiar las guerras de Napoleón, la literatura de Shakespeare y la historia de la Guerra entre los Estados, diría más tarde que "estaba por debajo de la dignidad de un capitán de un hombre de negocios estadounidense". -guerra para esquivar una bomba japonesa”. La recompensa por su bravuconería fue una lluvia de metralla que le cortó la vena yugular. Mientras el jefe de intendencia se apresuraba a presionar la herida, el médico del barco se dirigió al puente. Corrieron rumores de que Gatch estaba al borde de la muerte. Para él, la preparación para la batalla dejaba todo lo demás bajo cubierta. Escupir y pulir... fuera. La regimentación por sí misma: fuera. La disciplina como medio para fomentar cualquier cosa que no sea luchar contra la eficiencia... fuera. Su estado de salud fue el tema principal entre la tripulación durante días.

Mientras el Hornet se hundía y se escoraba, con sus fuegos fuera de control, provocando 111 muertos, se designó a dos destructores estadounidenses para que lo ayudaran a morir. El Mustin y el Anderson apuntaron sus baterías de torpedos al portaaviones y dispararon, pero ninguno logró someterlo. Luego, los destructores recurrieron a sus armas y dispararon balas de cinco pulgadas a la línea de flotación del Hornet. Después de varios cientos de rondas, sus fuegos estaban aún más hambrientos, pero ella aún se negaba a ir. Fue después de que los americanos lo dejaron pasar la noche (alrededor de la 1:30 am, con incendios tan intensos que sería de poca utilidad incluso si los japoneses se apoderaran de él como botín de guerra) que los barcos de guerra de Kondo cerraron con Hulk. Fueron los destructores japoneses los que finalmente hundieron al Hornet con sus torpedos.

Lo anterior, evidentemente, fue suficiente drama por un día. Como no le gustaban sus posibilidades con un avión dañado contra dos portaaviones enemigos sin cicatrices (el Zuikaku y el Junyo estaban sueltos y eran peligrosos, y no sabía nada del estado destrozado de sus grupos aéreos), Kinkaid continuó retirándose. Se enfrentaría a severas dudas por su decisión de abandonar el Hornet.

El contraalmirante Hiroaki Abe, comandante de la Vanguard Force, también sería censurado por su precaución. Eligió no perseguir al grupo de trabajo Enterprise de Kinkaid que se retiraba cuando cayó la noche del 26 de octubre. La decisión no pudo haber sido por falta de motivación. Había estado presente en la batalla del Cabo Esperanza, donde había caído su amigo de toda la vida, Aritomo Goto. Había oído hablar de las blasfemias de Goto al morir: "¡Bakayaro!" (¡idiotas!)”, mientras el crucero Aoba era aplastado por fuerzas que él creía que eran amigas.

Mientras su barco avanzaba hacia el sur en compañía del maltrecho Enterprise, la tripulación del South Dakota se centró en las ceremonias mediante las cuales honraban a sus muertos. Después del anochecer, el capitán Thomas Gatch ordenó que los motores redujeran la velocidad y se detuvieran para poder realizar un entierro adecuado en el mar para sus dos primeros muertos. La noche era negra y una sensación de tristeza lo oprimía como un peso. El capellán, el comandante James V. Claypool, sujetó con fuerza el cinturón del portador del féretro más cercano para evitar que tropezara y cayera por la borda mientras entonaba las palabras. “Dado que el espíritu del difunto ha regresado a Dios que lo dio, encomendamos su cuerpo a las profundidades del mar…” El Capitán Gatch estaba bajo cubierta y todos los celebrantes sabían que él bien podría ser el próximo en salir de la losa. Incalculables cientos de hombres yacían muertos en otros barcos o ya estaban en el abrazo del mar. Mientras la tripulación del Dakota del Sur realizaba el entierro, levantando un extremo de la losa funeraria para que los cuerpos pudieran deslizarse hacia el mar, Claypool leyó la bendición. “Que el Señor te bendiga y te guarde…” Mientras hablaba, la luna brillaba a través de un claro entre las nubes, iluminando las cubiertas del gran barco. Claypool pensó que era una señal de inmortalidad que esperaba a todos los que creían.

El South Dakota había embarcado a los supervivientes del Porter, el destructor perdido ese día por el torpedo del Avenger que se estrelló. Los supervivientes recibieron ropa, cigarrillos, ropa de cama y todo lo que necesitaban. Varios miembros de la tripulación de la sala de máquinas de ese barco, gravemente quemados por el fuego del torpedo, murieron en la enfermería del acorazado. El capitán del Porter pidió a Claypool que realizara los ritos mientras la tripulación del destructor se reunía en popa. “Con sus ropas prestadas, estaban parados en una herradura en la popa de nuestro barco, escuchando las palabras de esperanza y amor pronunciadas por nuestro Señor Jesucristo. Se secaron las lágrimas con las mangas de sus petos, pero abandonaron el funeral con los hombros erguidos y la cabeza en alto. Al observarlos, me pareció oír una corneta que hacía sonar la emocionante llamada de la Marina: "¡Continúen!". ”, escribió Claypool.

Cuando el barco regresó a Numea después de la batalla del 26 de octubre, los heridos enviados a barcos hospitales rogaron que se les permitiera regresar, pero sólo si Gatch permanecía al mando. ¿Estaba vivo? querían saber. Muy bien, les diría el cuerpo médico de SOPAC. Se decía que era un paciente difícil. El capellán Claypool lo mantuvo en el buen camino. Gatch seguía una tradición británica que exigía que el capitán leyera la lección de las Escrituras en la misa. La fe del capitán sin duda fortaleció a su capellán, quien pensaba que la religión organizada era algo natural que la Armada debía promover. “Los hombres tienen que tener algo en la cabeza”, escribiría. “Si no tienen religión, la superstición se apresura a llenar el vacío... No resisten el fuego. En la Marina, llevamos la religión como llevamos municiones”. El Dakota del Sur había cargado ese cargador en particular al máximo de su capacidad mientras se dirigía al teatro. Al cruzar la línea internacional de cambio de fecha, Claypool se alegró de encontrarse con domingos consecutivos, gracias al cambio de zonas horarias.

Los japoneses no perdieron el tiempo haciendo las afirmaciones más optimistas sobre el desempeño de sus pilotos ese día. "Ojalá tuviéramos tantos portaaviones como dicen haber hundido", escribió Nimitz a Catherine al día siguiente. Pero no se necesitaban cuentos fantásticos para reclamar una victoria material. “Numérica o tácticamente, fue una victoria japonesa”, escribiría Tameichi Hara, capitán de un destructor de la Armada Imperial Japonesa, haciéndose eco de la opinión estadounidense al menos con respecto a las pérdidas de barcos. “El enemigo [los estadounidenses] había entrado en la contienda con una ventaja táctica y psicológica, pero la complacencia les había costado un alto precio. El enemigo podía atacar en el momento y lugar de su elección. Para su sorpresa, la cabeza y la cola del oponente japonés eran versátiles y flexibles (a diferencia de Midway) y contraatacaron eficazmente con la fuerza que tenían”.

Aunque las pérdidas de aviones fueron aproximadamente iguales (noventa y siete aviones japoneses se perdieron contra ochenta y uno estadounidenses), fue en las bajas personales donde Estados Unidos obtuvo su victoria más sorprendente, aunque rara vez apreciada. En la primera exposición concentrada de Japón al fuego antiaéreo de última generación, murieron 148 pilotos y tripulaciones, un tercio más que en Midway (110). La mitad de las tripulaciones de vuelo de los bombarderos en picado de Nagumo se perdieron. Los escuadrones americanos sufrieron veinte muertos ese día, además de cuatro más rescatados por el enemigo y hechos prisioneros. El liderazgo en las salas de preparación del escuadrón de la IJN recibió un duro golpe; Se perdieron veintitrés líderes de escuadrón y sección. Al atardecer de ese día, más de la mitad de los pilotos que atacaron Pearl Harbor el 7 de diciembre habían muerto en combate. Los portaaviones Zuikaku y Junyo, aunque no sufrieron daños graves, se vieron obligados a regresar a Japón por falta de hombres para pilotear sus aviones. Con la evisceración de sus tripulaciones aéreas navales, los japoneses sufrieron un déficit crítico que nunca podrían compensar. La evaluación del Capitán Hara fue una profunda subestimación: “Considerando la gran superioridad de la capacidad industrial de nuestro enemigo, debemos ganar cada batalla de manera abrumadora. Esta última, lamentablemente, no fue una victoria abrumadora”.

La batalla tuvo un alto precio para la fuerza de portaaviones japonesa, y también para su comandante durante mucho tiempo, Chuichi Nagumo. Demacrado y viejo, a quien sus amigos les parecían haber envejecido veinte años en menos de un año de acción, Nagumo fue relevado al mando de la fuerza de ataque del portaaviones por Jisaburo Ozawa, un destructor cuyas habilidades como comandante de la fuerza de tarea eran desconocidas para sus pares.

Después de la Batalla de Santa Cruz, Estados Unidos no tendría ni un solo grupo de trabajo de portaaviones operable en el Pacífico Sur hasta que el Enterprise pudiera ser reparado en Nouméa y puesto nuevamente en servicio. El Task Force 17 se disolvió con el hundimiento del Hornet. Y con el Enterprise yendo al astillero para reparaciones, el Dakota del Sur fue enviado a unirse al Washington en el Task Force 64.

Habiendo agotado sus fuerzas de portaaviones en los mares al este de Guadalcanal el 26 de octubre, las flotas enemigas regresaron a sus bases para reagruparse. Con los portaaviones de Halsey y Yamamoto marginados por ahora, la pregunta que debía responderse en las paradas y embestidas de las próximas semanas era: ¿la flota de combate de superficie de qué bando daría un paso al frente y controlaría los mares durante la noche? No importa cuán valientemente los hombres pudieran luchar en tierra, no resistirían mucho si su Armada finalmente les fallaba. En unas pocas semanas, el mayor desafío hasta el momento a la posición estadounidense en Guadalcanal se alzaría en las oscuras aguas de Savo Sound.

EA: Maniobras del Batallón de Ingenieros Mecanizado 11

Ejercicios de Ingenieros en Santa Cruz





El Batallón de Ingenieros Mecanizado 11 llevó adelante ejercicios de nivel sección que incluyeron operaciones a través de un curso de agua y mejoramiento de caminos.