Antes de la gesta de la “Modesta Victoria” original, hubo otros
intentos de los marinos que no pudieron coronarse con el éxito, dado el
escaso conocimiento que se tenía de los ríos de la región.
A
la Marina de Guerra de la República Argentina, le costó tres
expediciones alcanzar el Nahuel Huapi por vía fluvial, no pocos
esfuerzos y una cantidad apreciable de recursos. El objetivo recién pudo
cumplirse el 13 de diciembre de 1883, después de varios intentos
fallidos. Le cupo el honor al, por entonces, teniente Eduardo O’Connor,
al mando de una embarcación de nombre luego emblemático: la “Modesta
Victoria”.
La
historia supo de algunos sinsabores. En primer término, “por decreto
del 27 de diciembre de 1880, se dispuso que el comandante D. Erasmo
Obligado debía realizar una expedición para explorar el río Limay y el
lago Nahuel Huapi, conjuntamente con la campaña que el general Villegas
desarrollaría hasta el citado lago”, según informó Alfredo Serres
Güiraldes en su libro “La estrategia del general Roca” (1979).
El
autor explicaba que “la comisión embarcada recibió el nombre
‘Exploradora’ y estaba constituida por el comandante D. Erasmo Obligado,
el teniente D. Eduardo O’Connor, que comandaba el ‘Río Neuquén’, el
subteniente D. Santiago Albarracín y el piloto Eduardo Moyzes. En total,
el personal ascendía a 18 hombres con el agregado del teniente de
infantería D. Jorge Rhode, que había solicitado acompañar a los
exploradores”.
Como
puede advertirse, algunos de los protagonistas le prestan su apellido a
sendas calles de Bariloche, sin que la mayoría esté al tanto del
porqué. “El 25 de febrero de 1881, zarparon comenzando a navegar el río
Negro. La travesía fue penosa por los inconvenientes con que tropezaron
durante la navegación. Recién el 17 de mayo arribaron al fuerte Roca. De
allí, partieron el día 26 del mismo mes para la confluencia del Neuquén
con el Limay”.
El
“racconto” indica que “en primer término, los expedicionarios
procuraron navegar el río Neuquén pero la poca profundidad de las aguas
se los imposibilitó. En vista de ello, enfilaron hacia el Limay, pero a
poco de andar les fue dificultoso continuar la navegación como
consecuencia, también, de la bajante de las aguas”. Por entonces, las
represas aún no habían alterado los caudales fluviales.
Según
Serres Güiraldes, “en vista de estos contratiempos, Obligado ordenó al
teniente O’Connor que con un bote y la tripulación correspondiente
continuara navegando aguas arriba. Luego de efectuar 18 millas regresó
el 1 de abril. El ‘Río Neuquén’ permaneció en el paso del Neuquén a la
espera del regreso de la expedición de Villegas. El 25 de mayo, este
jefe acordó con el comandante Obligado la finalización de la exploración
del río Limay, regresando por lo tanto la nave a Carmen de Patagones”.
Persistencia
No
era cuestión de amilanarse. “El comandante Obligado pronto preparó e
inició una nueva expedición al río Limay. Esta vez, eligió la nave ‘Río
Negro’ que por su mayor velocidad sería más apta para sortear la fuerza
de la correntada. En el momento en que se comenzó el viaje, el río
estaba crecido lo que facilitó el desplazamiento del barco”. Las cosas
habían comenzado mejor. “Es así que, el día 14 de octubre de 1881, se
encontraron en Choele Choel. El coronel Vintter a cargo accidental de la
división dispuso como medida de seguridad que acompañaran por tierra al
vapor 50 hombres al mando del capitán D. Juan Gómez. La suerte seguía
acompañando a la tripulación ya que el Limay también traía más agua,
llegando hasta la confluencia en el Collón Curá”.
Pero,
hasta allí nomás, acompañó la buena estrella. “A partir de ese punto,
les fue imposible continuar la navegación ya que la correntada arrojaba
al barco contra un peñón que bautizaron con el nombre de Río Negro. Ante
la imposibilidad, Obligado resolvió continuar la navegación en un bote a
remos y vela, pero la mayor parte del viaje debieron hacerlo a la sirga
y, en algunas ocasiones, tuvieron que sacar la embarcación fuera del
agua y transportarla a pulso”.
El
relato de Serres Güiraldes, que se basa en el de González Lonzieme,
publicado en el Boletín del Centro Naval (1964), señala que “así,
realizando un esfuerzo sobrehumano alcanzaron, el 18 de noviembre, el
lugar en que Villarino había emprendido el regreso en 1783. Pero, desde
ese punto, un nuevo inconveniente se sumó a los muchos que habían
enfrentado. El día 23 de noviembre, los indios de Sayhueque les cercaron
el paso obligándoles a regresar”.
La
reconstrucción indica que “ante ese imprevisto insalvable, con los
pocos efectivos con que contaban debieron retornar hasta donde estaba
amarrado el ‘Río Negro’ y, ya en él, continuar su viaje hasta Carmen de
Patagones.
Ese
segundo viaje evidenció que era imposible la navegación por barco hasta
el Nahuel Huapí. Pero les sirvió para realizar una serie de
reconocimientos geográficos de las márgenes de los ríos Negro y Limay”.
Se va la “tercera”
Obviamente,
“Obligado no cesó en su empeño de llegar al Nahuel Huapí por vía
fluvial. El 31 de octubre de 1882, los preparativos estaban listos,
zarpando nuevamente en el ‘Río Negro’. La navegación se realizó con
mayor rapidez merced a las enseñanzas recogidas en los viajes
anteriores. Esta mayor rapidez les permitió alcanzar el 19 de diciembre
la confluencia del Neuquén con el Limay, enfilando la proa del ‘Río
Negro’ otra vez por este curso de agua hasta el peñón Río Negro, donde
amarraron el barco”.
En
esta oportunidad, parecía que todo estaba a favor. “Como la vez
anterior, Obligado continuó la navegación en una lancha, pero con mayor
suerte ya que los indios no lo molestaron. Sólo tuvieron que luchar
contra la correntada, los rápidos, los remolinos y los grandes troncos
que acarreaba la corriente. Todo ese conjunto de obstáculos contribuyó a
frustrar nuevamente la aspiración de llegar al lago”.
Con
ironía, “el destino no le deparó a Obligado la dicha de poder llegar al
lago Nahuel Huapí ya que fue designado por el gobierno para cumplir una
comisión en Europa. Encargado de la expedición quedó el teniente
O’Connor. El ‘Río Negro’ en esa travesía iba al comando del teniente
Wilson y O’Connor como jefe de la expedición. Luego de una accidentada
navegación entre lo que se contó una varadura de ocho días a la altura
de Villa Roca, el ‘Río Negro’ alcanzó la confluencia del Collon Curá con
el Limay y luego de varios intentos por vencer la correntada para
continuar el viaje, tuvieron que amarrar el barco al peñón”.
La
misión estaba a punto de coronarse. “De allí O’Connor continuó el viaje
en una lancha construida especialmente. Igual que las veces anteriores
gran parte del trayecto se realizó a la sirga. El día 30 llegaron al río
Traful, luego de ingentes esfuerzos y el 13 de diciembre hacían su
entrada al Nahuel Huapí. En el diario de navegación se puede leer: ‘A
las 2h.40m.p.m entraba triunfante en el lago Nahuel Huapí con el aparejo
largo y el Pabellón Nacional al tope, la lancha que en esos momentos se
llamó Modesta Victoria”. La epopeya había concluido.